Europa se replantea su industria de guerra

El incumplimiento por parte de Australia del contrato para que Francia fabricara sus submarinos nucleares ha sacudido a Europa entera, que va saliendo de su estupor de golpe. Por primera vez en la historia, Francia ha retirado a sus embajadores de Estados Unidos y Australia.

Sin embargo, en París no pueden hacerse los ofendidos. Había pruebas más que concluyentes desde hace años de que Australia rinde pleitesía a Estados Unidos y de que, por su parte, Estados Unidos está cada vez más lejos de Europa.

Los medios europeos vuelven a la carga con un asunto recurrente: la necesidad de crear de un sistema de defensa independiente. La Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha pedido una cumbre de defensa de la Unión Europea, afirmando que Europa debe mostrar la voluntad de desplegar sus propias fuerzas armadas (1).

Tampoco es nada nuevo. Berlín y París llevan tiempo integrando sus grandes monopolios militares (2). La empresa European Aeronautic Defence and Space (EADS) se fundó en 2000 con la fusión de la alemana Daimler-Benz Aerospace AG, la francesa Aérospatiale-Matra y la española CASA, donde los franceses son los accionistas mayoritarios.

En 2016 la empresa francesa Nexter Systems S.A. y la alemana Krauss-Maffei Wegmann GmbH & Co KG (KMW) crearon el holding KNDS, que construirá blindados y artillería. En 2019 se iniciaron las negociaciones para la compra de una participación en el capital social de KNDS por parte del gigante alemán Rheinmetall, lo que refuerza las posiciones alemanas.

En 2019 la francesa Dassault Aviation y Airbus presentaron en el Salón Aeronáutico de París un proyecto conjunto para el caza SCAF (sistema de combate aéreo futuro) de nueva generación, encargado de sustituir al Rafale francés y al Eurofighter alemán. España se ha sumado al proyecto.

Los industriales franceses estaban desesperados por mantener el control del SCAF. Dassault Aviation, el único fabricante europeo capaz de construir aviones de combate competitivos en el mercado mundial, no quiso compartir sus tecnologías con los alemanes. La sospechosa muerte del jefe de la empresa, Olivier Dassault, en un “accidente”, eliminó un obstáculo. Los otros dos obstáculos eran los caballos de Troya que tiene Alemania en su interior (la OTAN y Estados Unidos) y que empujaban al gobierno en contra de Rusia.

La posición francesa era aún más intransigente cuando se trataba de la construcción naval. La idea de crear un astillero unificado circulaba en los círculos europeos desde principios de siglo. El plan de fusión de uno de los mayores grupos industriales alemanes, Thyssen-Krupp, con la empresa francesa Naval Group (antes DCNS) fue una carrera de obstáculos y los alemanes no fueron invitados al holding franco-italiano de construcción naval formado por Naval Group y la italiana Fincantieri.

Naval Group ya tenía dificultades económicas antes de la ruptura del contrato con Australia, pero ahora ha entrado en una situación imposible. La construcción del segundo portaaviones francés se canceló debido a su elevado coste (3.300 millones de dólares). La empresa tendrá que buscarse las habichuelas como apéndice menor de la industria de guerra alemana.

Estados Unidos ha orientado la industria militar francesa hacia Alemania. Lo veremos cuando concluyan las negociaciones sobre la fusión del Naval Group con Thyssen-Krupp.

(1) https://www.theguardian.com/world/2021/sep/15/von-der-leyen-eu-state-of-union-speech-political-will-build-own-military
(2) https://gunm.ru/obedinenie-nexter-i-kmw-poluchilo-nazvanie-knds/

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