Estados Unidos llevaba desde 2017 analizando la hipótesis de un terremoto en Venezuela

En el año 2006, el canal 5 de la Televisión Francesa emitía un documental que ha sido eliminado de sus repositorios y que hacía un repaso de un estudio soviético sobre la actividad sísmica y pensado para prevenir terremotos que, tras la caída de la URSS, cayó en manos de la fuerza aérea estadounidense.

La paradoja de esta época en materia de masacres, hambrunas deliberadas y capacidad de daño del imperialismo es que, a diferencia de la Guerra Fría, estas capacidades ya no están teñidas de secretismo alguno. Al igual que el genocidio en Gaza, la capacidad de los Estados Unidos de generar terremotos en países hostiles está a la vista de cualquiera que quiera verlo, incluso en directo.

El generador Pamir

El documental francés analizaba un estudio realizado durante la Guerra Fría, donde la ingeniería soviética concibió y construyó una máquina cuyo objetivo inicial era provocar pequeños terremotos para liberar preventivamente la energía de uno grande. Los sismólogos querían usarla para medir el grosor de la corteza terrestre. El principio era que, al hacer pasar los gases de escape de una tobera de cohete a través de un potente campo magnético, se generaban descargas similares a rayos que podían propagarse hasta 50 kilómetros de profundidad, lo que provocaba microsismos.

La lógica del estudio pasaba por alentar o alterar las propiedades del suelo en puntos clave de «bloqueo» de una falla, lo que podría desencadenar el deslizamiento. La máquina, llamada «Generador Pamir» no crearía la energía del sismo, sino que actuaría como un «gatillo» que libera la tensión ya acumulada en la corteza. La magnitud del terremoto dependería de la energía almacenada en la propia falla.

El Pamir era una variante del generador de compresión de flujo magnético de Sájarov. Tenía forma de «queso de Camembert» de 6 metros de diámetro y podía montarse en un camión. Oficialmente, se presentaba como una herramienta de prospección geofísica para medir la conductividad del suelo mediante el envío de fuertes corrientes eléctricas a gran profundidad. El New York Times llegó a hacerse eco de esta herramienta, en una edición de 1974, con evidentes señales de alarma.

El locutor del programa subrayaba que provocar terremotos no es una ciencia exacta. Podría desencadenarse un seísmo mucho mayor que el que se intenta evitar, ya que si estas máquinas se colocaran sobre fallas tectónicas, nadie sabe qué podría ocurrir; quizás una reacción en cadena incontrolable de terremotos y tsunamis en todo el mundo. Un interviniente advierte que «experimentar con la naturaleza es muy difícil y hay que ser extremadamente prudentes«.

Estados Unidos coloniza la ingeniería rusa

Tras la disolución de la Unión Soviética, agencias del Pentágono como la Oficina de Investigación Científica de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (AFOSR, por sus siglas en inglés) intervinieron directamente sobre proyectos de investigación en institutos rusos de élite, en especial en el Instituto de Altas Temperaturas de Moscú, responsable del proyecto. El objetivo principal era aprovechar los avanzados conocimientos teóricos de los científicos rusos en física de altas densidades de energía e impedir que estos científicos vendieran su experiencia a naciones hostiles.

Cuando Vladimir Putin asumió la presidencia de la Federación de Rusia, se inició una purga de miles de funcionarios extranjeros, principalmente norteamericanos y británicos, presentes en empresas estatales e institutos públicos de investigación, que operaban como agentes de espionaje y que fueron incorporados durante la presidencia de Boris Yeltsin.

El IEEE Xplore (Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos) es la organización profesional técnica más grande del mundo y vinculada al gobierno federal, describe cómo la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, a través de su Phillips Laboratory, adquirió una unidad Pamir-3U para estudiar su posible uso en aplicaciones de armamento avanzado.

Los ensayos con esta arma se completaron con éxito en 1995. Ese año, el sistema fue llevado a las instalaciones de Aerojet Corporation en Sacramento, California, donde se sometió a un programa de pruebas de aceptación que incluyó ocho pruebas de fuego real. Durante estas pruebas, se confirmó su capacidad para generar un pulso eléctrico de 100 MJ y una potencia de 15 MW, lo que de acuerdo a la información publicada, puede ser ese «detonador» de una falla cuya concentración de energía puede dar lugar a un terremoto de proporciones, ya que es energía más que suficiente para provocarlo.

El terremoto de Venezuela

Un estudio de 2017, publicado en la revista Tectonics, había alertado sobre una alta concentración de energía que los científicos de Estados Unidos venían estudiando desde hacía tiempo. La falla de Boconó no había experimentado una ruptura importante desde el devastador terremoto de magnitud 7.1 que destruyó Caracas en 1812.

Durante esos más de 200 años, la falla permaneció «bloqueada», lo que significa que, en lugar de liberar energía de manera gradual y continua, la presión se fue acumulando sin cesar. Como explicó un geólogo, es «como un resorte que se sigue tensando sin soltarse». La falla de Boconó era un sistema geológico con una tensión máxima almacenada durante siglos, lo que la convertía en una zona de alto riesgo y con una alta concentración de energía lista para ser liberada. Si una agencia de un país enemigo venía estudiando esta posibilidad, no era por casualidad.

Vídeo de France 5:

 

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