Las raíces de la actual crisis entre las potencias occidentales, principalmente Estados Unidos y Reino Unido, e Irán son tan profundas y tan antiguas como cualquiera de los vastos campos petrolíferos de Oriente Medio.
Lo que atrajo la atención de los capitalistas hacia el petróleo persa fueron las obras del geólogo y arqueólogo francés Jacques de Morgan. En un artículo de 1892 informó sobre la abundancia de yacimientos en el oeste de Irán y la posibilidad de establecer una industria petrolera muy rentable en la región.
Se desató la codicia. En 1901 un capitalista británico, William Knox D’Arcy, sobornó al Sha con 5.000 libras esterlinas para firmar un contrato que le otorgaba los derechos exclusivos para la prospección petrolífera durante 60 años en una vasta extensión de un millón de kilómetros cuadrados, las tres cuartas partes del país, y que, además, alcanzaba también al gas, el asfalto y las ceras minerales.
Para completar el expolio, el Sha recibió además un mordida de 20.000 libras esterlinas en efectivo, más otras 20.000 más en acciones.
Luego D’Arcy, que jamás puso un pie en suelo persa, contrató al ingeniero George Bernard Reynolds para las perforaciones y empezaron a sondear, hasta consumir por completo el capital de D’Arcy, que pidió un préstamo al Almirantazgo británico. Inicialmente se lo denegaron, aunque Persia tenía un enorme valor estratégico para el Imperio británico, ya que era la ruta de paso hacia la India.
El Almirantazgo recurrio a uno de sus espías más legendarios, Sidney Reilly, que inspiró la leyenda 007, para convencer a D’Arcy de vender la mayor parte de su concesión a una petrolera, Burmah Oil, actual Castrol, que buscaba petróleo en Birmania.
D’Arcy y Burmah Oil firmaron el acuerdo en Londres en 1905, compartiendo la concesión con el nombre de Anglo Persian Oil Company, una multinacional actualmente conocida como BP (British Petroleum).
Con la inyección de capital de Burmah Oil, la exploración pudo continuar con dificultades y gastos cada vez mayores. D’Arcy decidió vender la mayoría de sus acciones a Burmah Oil, que logró así la mayoría de Anglo Persian Oil Company.
Hasta 1908 no localizaron el campo petrolífero más grande jamás descubierto en Abadan, cerca de la costa del Golfo Pérsico. La construcción de la refinería no se completó hasta 1912 y durante sus primeros 50 años de historia fue la mayor refinería del mundo.
Sin embargo, al año siguiente la empresa vuelve a encontrarse al borde de la quiebra. Esta vez la rescató Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo, que es el título que se le otorga al jefe de la Marina de Guerra británica.
El mundo estaba en vísperas de la Primera Guerra Mundial y los motores de los barcos debían funcionar con petróleo porque su éxito en los combates navales dependía de la velocidad, la eficacia y la maniobrabilidad. Churchill impuso el cambio en los motores de los buques de la Armada. El petróleo debía sustituir al carbón. En 1913 amenazó a la Cámara de los Comunes afirmando: “No tenemos la potencia necesaria para impulsar estos barcos a 25 nudos excepto mediante el uso de fueloil”.
“Si no podemos conseguir petróleo, no podemos conseguir maíz, no podemos conseguir algodón y no podemos conseguir mil y un productos necesarios para la preservación de las energías económicas de Gran Bretaña”, añadió.
La Cámara de los Comunes aprobó una contribución de dos millones de libras y rescató a la empresa petrolera de la quiebra: compró la mitad de las acciones y firmó un contrato para comprar 40 millones de barriles de petróleo durante los siguientes 20 años. Asociada al gobierno, la Anglo Persian Oil Company se convirtió en el verdadero poder en la sombra.
Además de hacer la transición de los buques de la Royal Navy al petróleo, el submarino también se encontraba en sus primeros días en vísperasa de la Primera Guerra Mundial. En 1914 un memorando enviado al Primer Ministro decía: “El submarino es el próximo tipo de buque de guerra para luchar, pero para alcanzar esa consumación debemos perfeccionar el motor de aceite y almacenar aceite”.
Junto a Churchill estaba John Arbuthnot Fisher, que se relevó con él en el mismo cargo, y también desempeñó un papel decisivo en la transición de la Armada al fueloil. Antes de fallecer en 1920 publicó un libro en el que escribió: “¡El petróleo es el verdadero alma del combate naval!”
Así comenzó el expolio del petróleo iraní. En 1919-1920 las importaciones asacendieron a casi 15 millones de dólares. En 1920 los beneficios de la Anglo Persian Oil Company se habían multiplicado por cien desde la venta de las acciones en 1914. Persia ocuppaba el quinto lugar en el mundo en producción de petróleo, con más de 12 millones de barriles al año.
La concesión petrolera estipulaba que sólo el 16 por cien de los beneficios de las ventas acababan en las manos del gobierno persa. En palabras de Stephen Kinzer, corresponsal del New York Times, “desde la década de 1920 hasta la de 1940, el nivel de vida de Gran Bretaña estuvo respaldado por el petróleo de Irán. Los automóviles, camiones y autobuses británicos circulaban con petróleo iraní barato. Las fábricas de toda Gran Bretaña funcionaban con petróleo de Irán”.
Desde el comienzo, en Persia el saqueo de los yacimientos levantaron oleadas de protestas populares, estimulando los movimientos nacionalistas. En 1949 Reino Unido ofreció un acuerdo petrolero suplementario para apaciguar las movilizaciones, pero no satisfizo a los nacionalistas ni a los islamistas, ya que no les otorgaba el derecho a auditar las cuentas de la petrolera.
El 7 de marzo de 1951, el primer ministro Haj Haj Ali Razmara fue ejecutado por el Fadayan-e Islam, un movimiento islámico integrado en el Frente Nacional que, en 1950, llevó a Mohammad Mossaddeq al gobierno con los dos ejes clave que siempre han formado parte de los movimientos nacionalistas iraníes: la lucha contra el sionismo y el control sobre los recursos del petróleo.
A partir de aquí, la historia parece de plena actualidad. El gobierno de Londres reaccionó imponiendo un embargo a gran escala sobre el petróleo iraní y una congelación de los activos iraníes en libras esterlinas. A los iraníes nada de eso no les pilla de sorpresa. El Consejo de Seguridad de la ONU y el Tribunal Internacional de Justicia se pusieron del lado de Irán en los juicios que emprendió el propio gobierno británico.
Los diplomáticos de Teherán fueron expulsados, el embargo fracasó y en 1951 Churchill, que había vuelto al cargo de Primer Ministro, comenzó a preparar el golpe de Estado. Pero Reino Unido ya no era una potencia capaz de imponer su hegemonía y tuvo que recurrió a Estados Unidos para que hiciera el trabajo sucio. La Operación Ajax (Operación Boot para el MI6) fue una de las primeras tareas de la CIA, que entonces era una central de inteligencia que comenzaba a enseñar sus sucias zarpas.
El petróleo iraní reanudó sus suministros y en 1954 la Anglo-Iranian Oil Company cambió su nombre por el actual, BP (British Petroleum). Pero Estados Unidos quiso cobrarse su aportación al golpe de Estado. La petrolera se vio obligada a compartir su posición con un consorcio de la competencia. En Londres se constituyó un holding denominado Iranian Oil Participants. Ninguna de las empresas tenía su sede en Oriente Medio, a pesr de lo cual llegó a dominar la industria petrolera mundial hasta la crisis de 1973. El cartel controlaba alrededor del 85 por cien de las reservas mundiales conocidas de petróleo.
Hay pocas cosas nuevas que contar. La historia del petróleo se repite. Reynolds, el descubridor del yacimiento de Abadan, murió en Sevilla en 1925. Estaba a medio camino de Venezuela, donde buscaba nuevos pozos de petróleo…