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‘Un ejercicio de esterilización masiva’: médicos de Kenia encuentran un agente antifertilidad en la vacuna antitetánica de la ONU

Los obispos católicos de Kenia acusan a dos organizaciones de la ONU de esterilizar a millones de niñas y mujeres al amparo de un programa de vacunación contra el tétanos patrocinado por el gobierno de Kenia, lo que le ha obligado a abrir una investigación.

Según una declaración publicada por la Asociación de Médicos Católicos de Kenia, la organización ha encontrado un antígeno que causa abortos involuntarios en una vacuna administrada a 2,3 millones de niñas y mujeres por la Organización Mundial de la Salud y UNICEF.

Según los informes, los sacerdotes de Kenia aconsejan a sus congregaciones que rechacen la vacuna. “Enviamos seis muestras de todo Kenia a laboratorios en Sudáfrica. Su resultado positivo fue el antígeno HCG”, una hormona producida por la placenta de mujeres embarazadas con efectos abortivos, dijo a la prensa local el doctor Muhame Ngare, del Centro Médico Mercy en Nairobi.

El doctor Ngare, portavoz de la Asociación de Doctores Católicos de Kenia, declaró en un boletín publicado el 4 de noviembre: “Esto demostró nuestros peores temores; que esta campaña de la OMS no trata de erradicar el tétanos neonatal, sino que se trata de un ejercicio de esterilización masiva, potente y bien coordinado, para el control de la población utilizando una vacuna comprobada que regula la fertilidad. Esta evidencia fue presentada al Ministerio de Salud antes de la tercera ronda de inmunización, pero fue ignorada”.

Pero el gobierno dice que la vacuna es segura. El ministro de Salud, James Macharia, dijo a la BBC que “recomendaría a mi propia hija y esposa que lo tomen, porque estoy totalmente de acuerdo y confío en que no tiene efectos adversos para la salud”.

Los obispos y los médicos advierten que inyectar HCG a las mujeres, que imita una hormona natural producida por mujeres embarazadas, hace que desarrollen anticuerpos contra ella. Cuando quedan embarazadas y producen su propia versión de HCG, desencadena la producción de anticuerpos que causan un aborto espontáneo.

“Sabíamos que la última vez que se utilizó esta vacuna con cinco inyecciones fue en México en 1993 y en Nicaragua y Filipinas en 1994”, dijo el doctor Ngare. “No causó abortos espontáneos hasta tres años después”, razón por la cual, agregó, las afirmaciones de que las mujeres que recibieron la vacuna recientemente y luego quedaron embarazadas no tienen sentido.

Ngare dijo que la OMS trató de llevar el mismo programa antifertilidad a Kenia en la década de 1990. “Alertamos al gobierno y detuvo la vacunación. Pero esta vez no lo han hecho”.

Ngare también comparó el secreto de esta campaña con la fanfarria habitual que acompaña los programas nacionales de vacunación. “Por lo general, reúnen a todos los interesados ​​tres meses antes de la campaña, como lo hicieron con la polio hace poco tiempo. Y utilizan personal en todos los centros para distribuir la vacuna”.

Pero con esta campaña contra el tétanos, “solo unos pocos agentes del gobierno la han dado a conocer. Los vacunadores vienen con escolta policial y se llevan los resultados con ellos cuando terminan. ¿Por qué no dejarlo en manos del personal médico local para que lo administre?”

Más información:
— Crece la resistencia africana a las vacunaciones masivas de las empresas farmacéuticas

El histórico concierto de Woodstock convocó a medio millón de personas en 1969 en plena pandemia de gripe

En 1968 comenzó una epidemia de gripe H3N2 en Hong Kong que luego alcanzó a Estados Unidos, con un punto máximo al año siguiente. Dicen que mató a un millón de personas en todo el mundo, la mayoría de ellas mayores de 65 años.En aquellos días la esperanza de vida en Estados Unidos era de 70 años, mientras que hoy en día es de 78. La población era de 200 millones en comparación con los 328 millones de hoy.

Entonces murieron 100.000 personas en Estados Unidos. El gobierno no confinó a nadie, ni cerraron los establecimientos públicos. La mayoría de las escuelas permanecieron abiertas. Se podía ir al cine, a los bares y a los restaurantes. El histórico concierto de Woodstock de agosto de 1969 convocó a medio millón de personas en plena pandemia.

Cientos de miles de personas fueron hospitalizadas, pero el Congreso no aprobó ninguna legislación especial. No hubo escaladas ni desescaladas, ni fases.

Las tonterías fueron las justas. A los expertos no los llevaron a hablar por la tele, ni por la radio. A ningún idiota se le ocurrió proponer un “distanciamiento social”, ni aplanar ninguna curva.

Durante meses los medios hablaron de la pandemia sin ningún alarde, sin atosigar. El amarillismo aún no había llegado a la sanidad y la pandemia ocupaba su sitio junto al viaje a la Luna, la Guerra de Vietnam, las manifestaciones pacifistas y por los derechos civiles…

¿Saben ahora más los científicos sobre los virus de lo que sabían entonces o, más bien al contrario, cada vez están más idiotizados?

Jimi Hendrix en el escenario

Los expertos que asesoran al gobierno francés sobre la pandemia cobran de la industria farmacéutica

Durante la campaña presidencial de 2017, Macron iba de la mano de Jean Jacques Mourad, un cardiólogo que se manifestó a favor del reembolso de los medicamentos para la presión arterial, que son una especialidad del monopolio farmacéutico Servier.

Si el precio de un medicamento se devuelve o no, es una decisión de política económica, no médica. No es más que ejemplo de que ciertos expertos meten sus pies en charcos que no les corresponden. Lo hacen por dos motivos. El primero es que, como expertos, respaldan determinadas decisiones con un aura científica y “apolítica”. El segundo es que sus consejos no tienen nada que ver con la ciencia sino que están pagados por sus amos de la industria.

En el caso del cardiólogo, estaba al servicio de la propia multinacional Servier, una empresa especializada en vender medicamentos contra la presión arterial precisamente. En tres años y medio Mourad había cobrado unos 80.000 euros de ella.

Ahí se acabó su carrera política, aunque los expertos, lo mismo que los políticos, no son más que piezas de quita y pon. Murad desapareció y ahora quienes asesoran a Macron en la pandemia son otros clones equivalentes, según acaba de denunciar un documentado reportaje de la revista Marianne: en los últimos cinco años los clones han cobrado 450.000 euros de las empresas farmacéuticas (*).

Hay quien cree que las decisiones sobre la pandemia las toma Macron, hay quien cree que las toman los expertos y, finalmente, estamos quienes pensamos que las toma el capital monopolista.

Los expertos no sólo cobran en dinero sino que viven de manera ostentosa gracias a sus amos: chalets, viajes, hoteles, comidas, cenas, transporte, dietas, honorarios… No les falta de nada.

Macron ha creado dos equipos de expertos para asesorarle en la pandemia. Pues bien, en cinco años dichos expertos han cobrado casi medio millón de euros de las multinacionales farmacéuticas. Una de las más generosas, MSD, trabaja para fabricar una vacuna contra el coronavirus. Otra, Roche, trabaja en los tests de detección rápida. Pero no falta ninguna: Johnson & Johnson (22.487 euros), Sanofi (18.551 euros), Abbvie (14.706 euros), GSK (15.412 euros), Gilead (9.096 euros)…

Hay quien no se corta un pelo. La microbióloga Marie Paule Kieny colgó su bata blanca y ahora dedica su tiempo al consejo de administración de BioMérieux, un laboratorio que compite en fabricar una prueba rápida para el coronavirus.

La corrupción no está sólo en las alturas. En 2018 las empresas farmacéuticas pagaron unos 1.360 millones de euros a médicos y otros profesionales franceses de la salud, un sobresueldo (no lo llamaremos soborno) cuyo único fin es aumentar las ventas de fármacos.

Un estudio académico publicado en el British Medical Journal en noviembre del año pasado demostró que en Francia los médicos vinculados a las empresas farmacéuticas prescriben más fármacos que los otros.

Luego los hipócritas se echan las manos a la cabeza, pero en Francia aún colea el escándalo del Mediator, un fármaco distribuido por Servier durante 37 años que ha causado numerosas patologías… a pesar de que tenía todas las bendiciones de la burocracia sanitaria, debiendo aclarar que dicha burocracia trabajaba para Servier. Ya saben lo que ocurre en estos casos: una vez que los muertos están en el hoyo, cambiaron la ley, impusieron controles más estrictos, exigieron garantías de transparencia… Cualquier cosa excepto lo más elemental: sacar a las multinacionales de la sanidad e imponer una nueva política de salud pública.

(*) https://www.marianne.net/societe/118000-euros-de-msd-116000-euros-de-roche-faut-il-s-inquieter-des-liens-entre-labos-et

La OMS reconoce, por fín, que los tests dan falsos negativos y también falsos positivos

En un comunicado oficial, la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha reconocido, finalmente, que todas las pruebas disponibles dan falsos negativos y también falsos positivos al coronavirus.“Las pruebas inmunodiagnósticas incorrectas pueden clasificar falsamente a las personas de dos maneras: la primera es que puede etiquetar falsamente a las personas que han sido infectadas como negativas, y la segunda es que las personas que no han sido infectadas han sido etiquetadas como positivas. Los dos errores tienen consecuencias graves y afectarán los esfuerzos de control”, admite la OMS (*).

Por lo tanto, dice este organismo, es necesaria “una validación adicional” para determinar si son correctas”.

De ello se desprende que las cifras de contagio carecen de valor y que la etiología de los fallecimientos imputados al coronavirus se ignora porque así lo han decidido gobiernos, como el español, por ejemplo.

En fin, la organización se ha pasado a las filas del negacionismo, lo cual es evidente cuando elucubra que los casos detectados como positivos pueden serlo por virus distintos al coronavirus, sobre todo los cuatro que producen la gripe. Quizá sí, o quizá no, o quién sabe.

Todo esto conduce a la OMS a pedir que no se implante ningún “certificado de inmunidad”, que es el mecanismo que algunos gobiernos fascistas, como el de Chile, están estudiando para imponer un régimen de apartheid en la sociedad.

Sin embargo, a pesar de los errores, la OMS es favorable a realizar tests de manera aleatoria y en grupos de riesgo concretos, como los trabajadores de la salud, para poder estudiar el grado de diseminación del virus en la población.

“La OMS apoya estos estudios, que son críticos para comprender el alcance y los factores de riesgo asociados a la infección. Estos estudios proporcionarán datos sobre el porcentaje de personas con anticuerpos detectables del Covid-19, pero la mayoría no están diseñados para determinar si estas personas son inmunes a segundas infecciones”.

(*) https://www.who.int/news-room/commentaries/detail/immunity-passports-in-the-context-of-covid-19

Más información:
– Dossier coronavirus
– Las pruebas para detectar el coronavirus fallan más que una escopeta de feria
– Para paliar los errores de los tests, Estados Unidos quiere duplicar las pruebas de detección
-La OMS es una veleta que cambia de criterio de la noche a la mañana según sople el viento
– El término ‘pandemia’ fue sinónimo de corrupción hasta hace muy poco tiempo
– La OMS pone a Suecia como ejemplo de tratamiento modélico de la pandemia por no imponer el toque de queda
– El coronavirus no se contagia por contacto con objetos, según el último informe de la OMS

Enfermedades, clases sociales y lucha de clases: el caso de la pelagra

El año pasado Mariví Cascajo Almenara, del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo, publicó un artículo sobre la pelagra (1), que es muy interesante porque ese tipo de análisis no proliferan, ya que hay mucho que esconder bajo la alfombra impoluta de la ciencia y, sobre todo, de la medicina.

Antiguamente a la pelagra se le otorgaron otros nombres, como “lepra asturiana” o “italiana”. Actualmente es bastante desconocida, pero en el siglo XVIII y durante más de 200 años causó enormes estragos entre la población más pobre del sur de Europa, y lo mismo ocurrió a principios del siglo XIX en el sur de Estados Unidos.

Originalmente, recuerda Cascajo, la pelagra se consideró, y así se trató, como una enfermedad infecciosa, a pesar de que ya en 1735, un médico español, Gaspar Casal Julián, sugirió el origen dietético o nutricional de esta dolencia.

Es evidente que, tampoco aquí, apareció ese invento que ahora llaman “consenso científico” sino todo lo contrario: existieron dos doctrinas contrapuestas, de donde surgió un debate que es el verdadero motor del conocimiento.

Durante años la ciencia hizo caso omiso a la hipótesis nutricional, escribe la científica, por una razón que a mi modo de ver es evidente: el Estado burgués puede aceptar que una determinada enfermedad sea infecciosa, pero nunca que sea consecuencia de inadecuadas condiciones de vida, alimentación y trabajo.

A comienzos del siglo XX se produjo algo premonitorio que marca el rumbo de la ciencia moderna: intervino el gobierno de Estados Unidos, que encargó un informe para que los expertos le confirmaran lo que querían oír: que la pelagra es una enfermedad infecciosa. Configuradas de esa manera, las enfermedades son como “brotes” silvestres. No se le puede culpar a nadie de ellas, ni al capitalismo, ni a la pobreza, ni al hambre.

Dicha doctrina no se impuso, pues, por motivos científicos sino políticos.

En 1914 Joseph Goldberger sostuvo, por el contrario, que la enfermedad es consecuencia de la desnutrición de los más pobres de la sociedad, especialmente en las regiones rurales. Tuvo que luchar durante el resto de su vida contra la tesis infecciosa dominante.

Charles B. Davenport

Las poblaciones pobres del sur de Estados Unidos se alimentaban casi exclusivamente a base de maíz, lo que impedía la absorción de la niacina (ácido nicotínico) y de un aminoácido, el triptófano. Para evitarlo, los pueblos precolombinos, mayas y aztecas, ablandaban el grano con una solución de agua y cal (2).En 1937 Conrad A. Elvehjem demostró que, en efecto, la pelagra era consecuencia de la falta de vitamina B3 o niacina que se encuentra en la carne fresca y la levadura.

Los errores médicos no sólo forman parte de ciencia sino que tienen un coste en vidas humanas, que en el caso de la pelagra se cuenta por millones. El remedio no estaba en ningún fármaco ni en ninguna vacuna sino en lograr que la población se alimentara correctamente.

Como ocurre en la actualidad, en 1914 el gobierno de Estados Unidos actuó bajo la coartada de los criterios seudocientíficos de determinados expertos podridos hasta el tuétano. En aquella época su cabecilla era un perro de presa, Charles B. Davenport, profesor de la Universidad de Chicago, que hoy es un perfecto desconocido pero entonces era quien marcaba la pauta de la ciencia en Estados Unidos.

Davenport sostenía la naturaleza hereditaria de la pelagra. En 1902 había creado la Oficina de Registro Eugenésico, que contaba con la financiación de los grandes monopolios estadounidenses, entre ellos el de Rockefeller. Se trataba, pues, de un científico racista al más puro estilo de aquella época.

El experimento oficial sobre la pelagra se llevó a cabo con presos que fueron utilizados como cobayas humanas y la tesis nutricional de Goldberger se confirmó, pero se mantuvo en secreto durante 20 años porque lo más funcional para el capitalismo era defender la naturaleza infecciosa de aquella enfermedad.

(1) https://www.eldiario.es/andalucia/lacuadraturadelcirculo/Pelagra-antigua-enfermedad-vuelve_6_855374456.html
(2) M.Á.Almodóvar: El hambre en España. Una historia de la alimentación, Oberon, Madrid, 2003, pgs.29 y 30.

Menos tests y más autopsias: ‘es la única manera de saber lo que pasa ahí fuera’

El 20 de marzo, después de que estuviera seis días enfermo, llevaron al hospital de Oklahoma a un anciano de 77 años porque tenía fiebre, debilidad y respiraba con dificultad.Su corazón se detuvo por el camino y murió poco después de llegar al hospital.

El día anterior un hombre discapacitado de 42 años de edad fue admitido en estado crítico en el mismo hospital con fiebre, dificultad para respirar y tos. Sobrevivió sólo unas pocas horas.

Han sido los dos primeros en ser sometidos a una autopsia que han dado positivo al coronavirus en Oklahoma.

Afortunadamente tampoco serán los últimos. El jefe de patología del hospital, el doctor Eric Pfeifer, quiere que su departamento examine todas las muertes que caen bajo su jurisdicción para tener una mejor idea sobre el alcance de la pandemia.

Su actitud es sorprendente. “Creo que es la única manera de saber lo que pasa ahí fuera”, dice el doctor.

“Para analizar todas las muertes, necesitaríamos aproximadamente 8.000 kits de hisopado (por) año y un congelador especial para mantener los especímenes hasta que puedan ser enviados para su análisis externo”, dijo.

Cada vez se practican menos autopsias en el mundo. Por ejemplo, en los años cincuenta en Estados Unidos realizaban la autopsia a casi la mitad de los fallecidos. Ahora, sólo a un dos por ciento.

En España los porcentajes son mucho menores, por varias razones. La primera son los recortes presupuestarios, de lo que una parte son reducciones de personal especializado. Se trata, pues, de motivos puramente económicos: si el enfermo ha muerto, ¿para qué gastar más dinero?, ¿qué importa que sea por un motivo o por otro?, ¿no es mejor dedicarse a atender a los vivos que a los muertos?

Los médicos ponen lo suyo de su parte, por una razón importante: casi una tercera parte de todos los diagnósticos que realizan en los hospitales españoles son erróneos, según un estudio realizado en 2004.

Por lo tanto, la realización de autopsias demostraría que los médicos también son seres humanos, se equivocan y, además, bastante a menudo.

Lo peor de todo es que entre el 5 y el 10 por ciento de los errores de diagnóstico contribuyen a la muerte del enfermo, lo cual puede dar lugar a responsabilidades de todo tipo, incluso penales.

La autopsia es el único método científico que tiene la medicina para determinar la causa de la muerte de una persona y es del máximo interés que se practiquen cuantas más mejor, no solamente en los casos de muertes violentas.

Con la pandemia, los epidemiólogos de pacotilla han dado un vuelco total a la ciencia, trasladando el eje de gravedad de las autopsias a los famosos tests, de manera que si da positivo, todo lo demás sigue automáticamente: está contagiado de coronavirus y si muere, la causa ya se sabe de antemano.

Es más, el Ministerio de Sanidad “recomienda” que no se realicen autopsias a los fallecidos cuya muerte se imputa al coronavirus. El gobierno del PSOE y Podemos “recomienda” algo ilegal porque la Ley 29/1980 y el Decreto 2230/1982 (artículo 6.5) dicen: “El informe de la autopsia remitido por el Servicio de Anatomía Patológica al Médico de cabecera o en su caso, al Jefe del Servicio correspondiente, servirá para extender el certificado médico del fallecimiento, que deberá reunir los requisitos legalmente establecidos al efecto”.

En Grecia impera la misma recomendación con la excusa de que ni siquiera en Atenas hay locales preparados para llevar a cabo estas autopsias. Lo médicos pueden atender a un contagiado si está vivo, pero no hacerle la autopsia cuando muere.

Los movimientos que defienden la salud pública deberían defender unas secciones hospitalarias de patología bien dotadas y la práctica sistemática de autopsias, máxime en situaciones como la actual.

Si no lo hacen es porque las autopsias a los fallecidos “a causa del coronavirus” resultaría una caja de sorpresas. Pero, más allá del momento, sin autopsias es imposible implementar una política sanitaria correcta. Las autopsias, y no los tests, son la guía que debe orientar los planes de salud de la población.

Las causas de la muerte consignadas en las autopsias pasan al Boletín Estadístico de Defunción que, a su vez, es el documento a partir del cual hace los recuentos el Instituto Nacional de Estadística. Sin autopsia no hay estadísticas (fiables) de defunción.

El certificado digital de vacunación se probará en niños del Tercer Mundo con implantes bajo la piel

Los ingenieros del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) han desarrollado nanopartículas que se inyectan bajo la piel, emitiendo una luz fluorescente que es invisible a simple vista, pero capaz de ser detectada por un móvil. Se podría utilizar para confirmar si una persona ha sido vacunada o no.La Fundación Gates, que financia el proyecto, ha puesto en marcha encuestas de opinión pública en Kenya, Malawi y Bangladesh para determinar si la población estaría dispuesta a soportar estas partículas microscópicas o si preferirá quedarse con las viejas cartillas de vacunación.

La idea es insertar la prueba de la vacuna bajo la piel, en los países en desarrollo donde las tarjetas de vacunación en papel suelen ser defectuosas o incompletas, y donde no existen registros médicos electrónicos.

El sistema se expuso en diciembre del año pasado en la revista Science Translational Medicine (*) y hasta ahora sólo se ha probado en ratas, aunque los investigadores a sueldo de la Fundación Bill y Melinda Gates, esperan probarlo en niños de Asia y África en los próximos dos años, dijo la ingeniera biomédica del MIT, Ana Jaklenec, que dirigió el estudio.

Los ingenieros han pasado mucho tiempo buscando componentes que sean seguros para el cuerpo, estables y capaces de durar varios años.

La solución consiste en nanocristales de cobre llamados puntos cuánticos, de 3,7 nanómetros (nm) de diámetro, encapsulados en micropartículas de 16 micras (μm, 1 μm equivale a una millonésima parte de un metro, y 1 nm equivale a una billonésima parte). El conjunto es inyectado por un parche de microagujas de 1,5 mm de largo.

Tras ser aplicadas sobre la piel durante dos minutos, las microagujas se disuelven y dejan pequeños puntos bajo la piel, distribuidos por ejemplo en forma de círculo o de cruz. Estos pequeños puntos son excitados por una parte del espectro de luz invisible para el ojo humano, cercano al infrarrojo.

Un móvil modificado, apuntando a la piel, hace que el círculo o la cruz aparezca fluorescente en la pantalla. A los investigadores les gustaría poder inyectar la vacuna contra el sarampión al mismo tiempo que estos pequeños puntos. Un médico podría años más tarde apuntar a un móvil para comprobar si la persona ha sido vacunada.

Se supone que la técnica es más duradera que los rotuladores indelebles, para los cuales los investigadores han simulado cinco años de exposición al sol. Y requiere menos tecnología que un escáner de iris o el mantenimiento de bases de datos médicas.

La técnica sólo sirve para identificar a los niños no vacunados si se convierte en la herramienta exclusiva. Además, ¿aceptarán las personas múltiples marcas bajo la piel para cada vacuna?, ¿qué pasará con los puntos a medida que los cuerpos de los niños crezcan?

La Fundación Gates continúa el proyecto y financia encuestas de opinión en Kenya, Malawi y Bangladesh para determinar si la población es capaz de soportar estas cajas cuánticas microscópicas, o si prefiere seguir con las antiguas cartillas de vacunación.

(*) https://stm.sciencemag.org/content/11/523/eaay7162 DOI: 10.1126/scitranslmed.aay7162

Más información:
– Ya tiene a su disposición su tarjeta de apestado y puede pasar a recogerla en cualquier momento
– Antes la policía nos fichaba por nuestros crímenes, ahora los médicos nos fichan por nuestras enfermedades

Una empresa vinculada a Donald Rumsfeld tiene ya la ‘vacuna’ contra el coronavirus, igual que con la Gripe A

Las acciones de la empresa farmacéutica Gilead Sciences se han disparado tras la publicación de un supuesto estudio de la Universidad de Medicina de Chicago que mostraba ua rápida recuperación en 125 pacientes infectados con el Covid-19 que han sido tratados con Remdesevir, un antiviral cuya patente ostenta el propio laboratorio.

La noticia ha corrido como la pólvora y los medios de comunicación de todo el mundo están repitiendo como loros la esperanza en esta vacuna. Sin embargo, esta historia parece repetir el guion que en su día se desarrolló con la Gripe A, ya que uno de los principales accionistas de esta empresa es el ex Secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, y que fue en su día su Director General.

Gilead Science, uno de los principales proveedores de tecnología química del Pentágono, es además el laboratorio responsable de la muerte de 73 ciudadanos georgianos víctimas de los experimentos que esta empresa realizó en el período 2007-2018, y que según denunciaron en su día portavoces del gobierno de la Federación Rusa, responden a experimentos de guerra bacteriológica.

En el caso de la declarada “epidemia” de Gripe A del año 2009 fue el Tamiflú, también inventado por Gilead Sciences y que forma parte del catálogo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el medicamento galardonado como “eficaz” para curar la gripe causada por el virus mutado H1N1, causante de los brotes de la llamada influenza porcina en México y Estados Unidos.

El consejero de la malograda OMS, Marion Koopmans, declaró en marzo de 2018 al diario The Telegraph advirtiendo del peligro que suponía una enfermedad a la que se bautizó como X, siendo la primera vez en la historia de la medicina mundial en la que se hacía un llamamiento para prevenirse de una enfermedad inexistente. Les aseguramos que no es una broma.

El comunicado en su día difundido decía que “La enfermedad X representa el conocimiento de que una epidemia internacional grave podría ser causada por un patógeno que actualmente se desconoce”, algo así como el hombre del saco.

Quien afirmó esta estupidez fue John-Arne Rottingen, director ejecutivo del Consejo de Investigación de Noruega y asesor científico del comité de la OMS.

También dijo que la enfermedad X podría ser provocada por una enfermedad zoonótica, una que salta de animales a humanos, y luego propagarse para convertirse en una epidemia o pandemia de la misma manera que el virus de la gripe A.

No hace falta reducir estos datos a “teorías de la conspiración”, pues básicamente lo que hizo la OMS es dar un cheque en blanco para la creación de supuestas enfermedades, para luego fabricar los remedios. Sería algo parecido a provocar una guerra para luego vender hospitales.

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Tampoco en Austria aparece la pandemia por ninguna parte, según un estudio de la Universidad de Viena

Un estudio realizado por la Universidad Médica de Viena concluye que no ha habido ningún cambio en el perfil de muertes por coronavirus y que los índices de mortalidad son normales. Martin Posch, del Centro de Estadísticas Médicas de Viena, ha analizado el número de muertos imputados al coronavirus en Austria, que está por debajo de los 300, así como su distribución por edad y sexo.

El estudio no advierte ningún cambio en la curva de víctimas de coronavirus con respecto a otros años y los índices de mortalidad también son los habituales, tanto en hombres como en mujeres y en los diferentes grupos de edad.

Los científicos basan su análisis en 112 muertes imputadas al coronavirus que se registraron en el sistema de notificación epidemiológica del Ministerio de Salud hasta el 31 de marzo, de un total de 118 víctimas de coronavirus en esa fecha.

Basándose en la distribución por edad y sexo, Posch concluye que la mayoría de los fallecidos se encuentran en los grupos de edad entre 61 y 70 años (hombres) y entre 71 y 80 años (mujeres).

Si se comparan esas cifras con las tablas de esperanza de vida normal de la población austríaca, el coronavirus muestra que las tasas de mortalidad de hombres y mujeres no son significativamente diferentes entre sí. El riesgo de muerte de los hombres sigue siendo mayor que el de las mujeres hasta la vejez y sólo se acerca al de las mujeres al final de la curva.

Comparando este riesgo de mortalidad por coronavirus con las anteriores tasas de mortalidad, se observa que las curvas son casi paralelas. Esto sugiere que el riesgo de morir con el coronavirus es esencialmente proporcional al riesgo normal para el grupo de edad en cuestión y la vulnerabilidad al riesgo en relación con la edad es, por lo tanto, similar.

En Austria también es muy difícil estimar la tasa de mortalidad del número total de personas infectadas por coronavirus porque depende del número de pruebas y del número de infecciones que no se han denunciado. Sin embargo, el número estimado de casos no detectados puede dar lugar a una sobreestimación de la tasa de mortalidad y probablemente explica algunas de las diferencias en las tasas de mortalidad observadas en los distintos países.

Al igual que otros epidemiólogos, a falta de datos fiables, Posch recurre al caso del crucero Diamond Princess, donde se hicieron pruebas a todos los pasajeros, observando una tasa de mortalidad del 1,5 por ciento y donde 11 de 712 dieron positivo.

Las estadísticas disponibles hasta la fecha no responden a la pregunta de si el riesgo de morir a causa del coronavirus es adicional o si estas personas habrían muerto en cualquier caso durante ese año de vida. No se sabe cuántos años de vida se pierden en promedio debido a una infección por coronavirus. Sin embargo, dado que se ven afectadas muchas personas gravemente enfermas cuya esperanza de vida ya se ha reducido, parece claro que el efecto adicional sobre la esperanza de vida en general será menor de lo que podría deducirse sólo de las tasas de mortalidad.

Aunque los informes de Suiza e Italia indican actualmente que en algunas regiones las tasas de mortalidad en el pasado reciente han sido más altas que el promedio a largo plazo, aunque no es posible hacer declaraciones claras al respecto. “La medida en que las muertes afectan realmente a todos los que habrían muerto este año, incluso sin el coronavirus, probablemente aparecerá en las estadísticas anuales”, concluye Posch.


https://www.vienna.at/analyse-zeigt-coronavirus-opferkurve-entspricht-normaler-mortalitaet/6581246

‘Nunca más deberíamos volver a estrechar la mano de nadie, incluso cuando esta pandemia haya terminado’

Estamos en manos de degenerados que, como Anthony Fauci, al que ya hemos mencionado en otras entradas, se han apoderado de la ciencia y hablan en su nombre para decir toda clase de estupideces.

Luego van los que siguen sus homilías porque creen que lo de Fauci es “ciencia pura”, por más absurdas que sean.

Durante una entrevista en la televisión Fauci ha recomendado que evitemos volver a estrecharnos la mano, incluso después de que acabe esta pesadilla.

No cabe ninguna duda que es este tipo de estupideces, no sus conocimientos, el que hace trepar a ciertos “expertos”, les permite abandonar el laboratorio y acolcharse en un cargo de asesor “científico” en la Casa Blanca, tanto con los demócratas como con los republicanos o con quien sea.

“No necesitamos darnos la mano”, dijo Fauci ante las cámaras. “Tenemos que romper esa costumbre. Porque, de hecho, esa es una de las principales formas en que puede transmitir una enfermedad transmitida por las vías respiratorias”.

Es pura ingeniería social para tarados. Quieren acabar hasta las más arraigadas e inocuas costumbres sociales. Quieren acabar con el hombre como ser social. Nos han confinado por la cara y no nos van a dejar salir de este agujero tan fácilmente.

Como en Valladolid, quieren que aplaudamos a los policías municipales que sacaron de su casa a la fuerza a una persona, la ataron a una camilla y la trasladaron al Clínico para que le practicaran un test de coronavirus (*).

No queremos ni imaginar la actitud de adoptaron los médicos del Clínico ante dicha situación, es decir, si se transformaron en apéndices de la policía o se comportaron como lo que se espera de ellos: como médicos.

Fauci forma parte de esa entelequia que algunos llaman “comunidad científica” y que, en efecto, no representa a los científicos, y lo que es más importante aún, tampoco representa a la ciencia. Es su peor enemigo.

Pero como hay algunos que no tienen claro nada de eso, nos veremos obligados a dar nuestra opinión al respecto porque nadie debería admitir que se confunda a un médico con un policía municipal.

(*) https://www.tribunavalladolid.com/noticias/la-policia-municipal-se-lleva-atado-a-la-camilla-al-clinico-a-un-hombre-que-no-queria-hacerse-el-test-del-coronavirus/158627

Más información:

— El vidente que profetizó la pandemia con tres años de antelación: el gran Anthony Fauci

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