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Categoría: Salud (página 81 de 88)

Si las vacunas no son seguras, los platos rotos los pagará la Unión Europea

Las empresas farmacéuticas, que trabajan en la fabricación de una vacuna contra el coronavirus, no están dispuestas a asumir en solitario el elevado coste financiero de producir en tiempo récord un inyectable sin obtener a cambio garantías en caso de oleadas de reclamaciones de los perjudicados por ellas.

Las vacunas van a funcionar como todo lo demás: si todo va bien, los beneficios son privados, y si van mal recurrirán al dinero público para pagar los daños.

“El temor a una reacción masiva por la falta de pruebas previas está detrás de esa medida”, dicen los portavoces de la Comisión Europea (1), lo cual significa que en esta carrera delirante están jugando con la salud de las personas: no se están cumpliendo los protocolos clínicos porque hay prisas y luego ya veremos; si algo sale mal, se lo explicamos a los perjudicados a través de la televisión.

Mientras tanto, cruzan los dedos y rezan para que la chapuza no continúe. La única manera de hacerlo es que la Unión Europea asuma el riesgo, total o parcialmente, porque “los fabricantes de vacunas tienen que producirlas mucho más rápido que en circunstancias normales”, dicen en Bruselas.

La vacuna contra el coronavirus es la nueva “carrera espacial”, dice un periódico (2). De la treintena de vacunas que se encuentran en fase de ensayos según la lista de más de 170 candidatas de la Organización Mundial de la Salud, tres chinas, el país donde se originó el virus, ya han entrado en la tercera y última etapa de pruebas con la esperanza de llegar en cabeza en la carrera por el remedio y demostrar así su capacidad científica.

“Estamos hablando de un plazo de 12 a 18 meses en lugar de una década o más. Para compensar los riesgos tan elevados que corren los fabricantes, los acuerdos de compra anticipada prevén que los Estados miembros indemnicen al fabricante en ciertos casos”, explica un portavoz comunitario.

En el caso de que la vacuna provoque reacciones adversas, el dinero público ayudará a que las farmacéuticas no carguen en solitario con las indemnizaciones.

“Los Estados miembros están dispuestos a cubrir financieramente algunos de los riesgos de las empresas para garantizar que las vacunas estén realmente disponibles para los ciudadanos de la Unión Europea a fin de proteger la salud pública”, añaden en Bruselas.

Hasta el momento la Comisión Europea ha cerrado un acuerdo de compra con AstraZeneca, la farmacéutica del fondo buitre BlackRock, para asegurarse 300 millones de dosis de la vacuna, ampliables en otros 100 millones.

Además, ha rubricado precontratos con otras cuatro farmacéuticas que trabajan en su propia vacuna: Sanofi-GSK, Johnson & Johnson, CureVac y Moderna. Si todos ellos se llevaran finalmente a la práctica, la UE dispondría de unas 1.500 millones de dosis de la vacuna, el equivalente a tres por cada ciudadano europeo.

(1) https://www.publico.es/internacional/vacuna-coronavirus-ue-protege-economicamente-farmaceuticas-frente-posible-fallo-vacuna-covid-19.html

(2) https://cincodias.elpais.com/cincodias/2020/08/27/opinion/1598523779_185515.html

Avalancha de falsos positivos en Sestao por un ‘error técnico’ en las pruebas PCR

Las 24 horas transcurridas entre el martes y el miércoles arrojaron un espectacular incremento de positivos en Sestao. La localidad vizcaína de la Margen Izquierda pasó en ese lapso de tiempo de sumar 4 positivos a contabilizar 39.

El departamento de Salud del Gobierno vasco ha emitido una nota en la que explica la razón. Se trata de “un error técnico en un lote de pruebas PCR” que ha originado una avalancha de “falsos positivos” (1). De hecho, en realidad, fueron 8 los positivos.

Según el área que dirige Nekane Murga, “en el proceso de calidad que los laboratorios de Osakidetza llevaron a cabo se detectó el error por lo que ésta misma mañana ha sido comunicado el error técnico”. “Desde el departamento de Salud y Osakidetza pedimos disculpas a todas las personas que se hayan visto afectadas por esta situación”, concluyen.

Ayer la comentarista habitual de La Sexta, Deborah García, hacía gala de su estulticia asegurando que “las pruebas PCR son fiables aunque puedan dar falsos negativos” (2). Es la típica “experta de plató” dedicada a proporcionar un marchamo de credibilidad a la intoxicación. “Es prácticamente imposible que un
virus diferente dé un falso positivo”, añade.

¿Que significa “prácticamente imposible”? Que se lo pregunten a los de Sestao.

(1) https://www.elcorreo.com/sociedad/salud/error-tecnico-provoca-20200827101756-nt.html
(2) https://www.elcorreo.com/sociedad/salud/error-tecnico-provoca-20200827101756-nt.html

El confinamiento (y no el virus) es quien ha matado a más de 30.000 personas en Francia

Tras un análisis de la mortalidad por todas las causas en Francia desde 1946, tres científicos concluyen que el coronavirus no ha generado ningún exceso de mortalidad durante la temporada de invierno 2019-2020.

A finales de marzo de este año se produjo el único pico de mortalidad, que se prolongó durante un mes en un momento nunca visto en la historia de la epidemiología francesa. Dicho pico también está presente en ciertos países de latitud media del hemisferio norte, pero no en todas y con intensidades muy variables de una lugar a otro.

Los autores, Dennis Racour, Marine Baudin y Jérémie Mercier, califican dicho pico como “artificial” y no se puede considerar como una epidemia. Según la hipótesis más probable, fue causado por las medidas políticas posteriores a la declaración de la pandemia por la OMS el 11 de marzo de 2020.

Según el estudio, las medidas políticas adoptadas para frenar la propagación del coronavirus fueron responsables de aproximadamente unas 30.200 muertes en Francia.

La importancia del coronavirus en la mortalidad francesa ha sido exagerada, a diferencia del impacto en la mortalidad de las medidas políticas puestas en marcha para contrarrestarlo, que han sido “catastróficas”, dicen los científicos, que piden una revisión las políticas de salud a la luz de los resultados de su estudio.

El artículo aparece en la revista científica ResearchGate (1), pero las conclusiones son tan demoledoras que, en apenas 60 minutos, fue censurado en la plataforma Scribd (2). Se puede consultar en el repositorio Archiv (3).

(1) https://www.researchgate.net/publication/343775235_Evaluation_of_the_virulence_of_coronavirus_in_France_from_all-cause_mortality_1946-2020
(2) https://www.scribd.com/document/473280230/Evaluation-of-the-virulence-of-SARS-CoV-2-in-France-from-all-cause-mortality-1946-2020
(3) https://archive.org/details/evaluation-of-the-virulence-of-sars-co-v-2-in-france-from-all-cause-mortality-1946-2020

Con confinamiento o sin él, los países muestran un patrón epidémico similar

Un artículo publicado en la revista científica La Recherche, lamenta las “simulaciones epidemiológicas” que llevaron a los gobiernos a imponer unos confinamientos que no incluyeron los daños colaterales en el modelo.

Los países que no han impuesto un confinamiento generalizado muestran una evolución epidemiológica similar a los demás, dice la revista. Se demuestra una vez más que los confinamientos sirven para nada.

El doctor Jean-François Toussaint y el investigador en bioestadística Andy Marc señalan que las medidas de contención fueron sugeridas por un grupo de epidemiólogos británicos del Imperial College de Londres, que aconsejó una “respuesta uniforme a la mayoría de los gobiernos”, basada en modelos matemáticos, algunos de cuyos supuestos eran inconsistentes.

Los autores los califican de confinamientos “ciegos”.

Proponer un confinamiento selectivo habría sido una medida de prevención más eficaz. Los gobiernos no debieron inmovilizar al 80 por ciento de la población activa y especialmente a los que salen de ella curados e inmunizados después de dos semanas.

La propagación de la enfermedad, dicen los autores, también depende de factores ambientales y de población que no se han tenido en cuenta en los modelos, como es el caso del continente africano.

Además, el confinamiento, a veces aplicado en exceso en muchos países del mundo, también ha servido para fortalecer a los gobiernos autocráticos.

El artículo apunta también a los recortes presupuestarios de cientos de miles de millones de euros en sanidad, que ha reducido el equipamientos de los hospitales y otros servicios sanitarios.

También es necesario tener en cuenta el impacto del confinamiento en los pacientes que sufren de leucemia no diagnosticada, infarto tratado demasiado tarde, anemia falciforme mal vigilada y otros, como “el desánimo de las personas solitarias que habrán sido abandonadas lentamente”.

Los autores de las simulaciones que condujeron al confinamiento deben demostrar la calidad de sus modelos, aunque difícilmente aceptarán la inclusión de este daño colateral, a lo que se sumarán las consecuencias en la investigación, la cancelación de grandes eventos científicos o culturales.

(*) https://www.larecherche.fr/covid-19-coronavirus-epid%C3%A9miologie/sortir-dun-confinement-aveugle

La doctrina del contagio vuelve a quedar en evidencia ante las nuevas directrices impuestas por los CDC estadounidenses

No sabemos si eso que algunos califican de “ciencia” mejora o empeora con el paso del tiempo. Lo cierto es que cambia de la noche a la mañana, de manera que lo que hoy es ciencia antes no lo era. O quizá sea al revés.

El caso es que dicha “ciencia” no son más que decretos y normas de una tela de araña de organismos que se atribuyen su monopolio, como la Marina de Guerra de Estados Unidos, que se pronuncia a través de uno de sus organismos: los CDC.

Si, desengáñense: también en la “ciencia” quien impone las normas es el Pentágono; los demás, esos expertos de plató, no son más que sus altavoces.

Como buen organismo burocrático militar, los CDC justifican su propia existencia promulgando continuas órdenes y normas. La última de ellas desmiente a los expertos españoles, que se han quedado con el culo al aire: no se deben practicar tests de coronavirus masiva e indiscriminadamente (1), como han empezado a hacer aquí las comunidades autónomas.

Más concretamente: no se deben practicar tests a los asintomáticos, aunque hayan estado expuestos al virus recientemente. Esta es la norma hoy, pero ayer era diferente: “se recomienda la prueba para todos los contactos cercanos” de personas infectadas con el coronavirus, independientemente de los síntomas.

Es el gran dilema del contagio: “el potencial de transmisión asintomática y presintomática”. Antes lo consideraban un factor importante en la propagación del virus y ahora ya no. La “ciencia” ha vuelto a cambiar sobre la marcha.

Pero las leyes de su “ciencia” tienen sus excepciones, como la vida misma: si los asintomáticos forman parte de los grupos de riesgo o si los médicos lo recomiendan, entonces sí se deben hacer test.

Después de llevar meses afirmando lo contrario, el New York Times manifiesta su estupor (2). Hay quien asegura que Trump ha cambiado la “ciencia” por la escasez de suministros. El portavoz de los NHS (Institutos Nacionales de Salud) lo niega: “La capacidad de prueba se ha expandido enormemente y no estamos utilizando toda la capacidad que hemos desarrollado”.

La mayor parte de los médicos, expertos, virólogos y catedráticos ya no saben lo que tienen que decir en las cadenas y cada uno empieza a ir a su aire. Ya no está claro quién es un negacionista y quién sigue el Boletín Oficial del Estado.

A los expertos de plató la “ciencia” les importa un bledo. Las subvenciones son su manjar y hace solo unas semanas los NIH anunciaron la primera ronda de beneficiarios de subvenciones para su programa de Aceleración Rápida de Diagnósticos, o RADx, para ampliar las pruebas PCR en las próximas semanas y meses.

Para que el dinero no deje de fluir, los expertos se aferran a que los asintomáticos son en realidad “presintomáticos”. No están enfermos pero lo estarán, porque la doctrina no puede fallar. Es una tendencia imparable de la medicina moderna: no hay personas sanas porque todo el mundo enferma tarde o temprano.

Es enternecedor. Los Estados modernos quizá no se preocupen por los trabajadores en paro, pero no pueden olvidarse de su salud bajo ninguna circunstancia; ni siquiera aunque estén sanos.

La doctrina seudocientífica del contagio vuelve a quedar en evidencia y los expertos quieren tapar la via de agua, no vaya a ser que las personas se aperciban (erróneamente, claro) de que los asintomáticos no transmiten el virus. No transmiten ningún virus. Nunca jamás. Amén

(1) https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/hcp/testing-overview.html
(2) https://www.nytimes.com/2020/08/25/health/covid-19-testing-cdc.html

Más información:
– Dossier coronavirus

Las secuelas siquiátricas de la pandemia: suicidio, depresión, ansiedad y abuso de fármacos

En junio de este año, el 40 por ciento de los adultos estadounidenses informaron de un trastorno de salud mental o de abuso de fármacos como resultado de la ola de histerismo, según un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que ofrece un panorama alarmante de la situación psiquiátrica de la población estadounidense. Los jóvenes y las minorías étnicas son los más afectados.

En comparación con los datos recogidos en el segundo trimestre del año pasado, la prevalencia de los trastornos de ansiedad o depresión parece tres veces mayor en este nuevo estudio, señalan los autores de la encuesta, que también revela una frecuencia particularmente alta de pensamientos suicidas entre los adultos jóvenes.

“Sigue siendo urgente luchar contra las disparidades en materia de salud mental y adaptar los medios de apoyo a fin de limitar las consecuencias psicológicas” de la ola de histeria. Según los investigadores, las acciones deben llevarse a cabo sobre todo entre las poblaciones más frágiles, como los trabajadores precarios o las minorías étnicas, que son más pobres.

Para hacer un balance del estado de la salud mental y el abuso de fármacos entre los adultos estadounidenses en el contexto de la histeria, los CDC realizaron una encuesta en línea durante la última semana de junio de 2020. Respondieron un total de 5.412 personas mayores de 18 años, representativas de la población de Estados Unidos (*).

Un análisis de las respuestas muestra que el 31 por ciento de los encuestados muestra signos de ansiedad o depresión, el 26 por ciento informó de síntomas de trauma o estrés relacionados con la histeria y el 13 por ciento indicó que había iniciado o aumentado el consumo de estupefacientes para aliviar su malestar.

Casi el 10 por ciento habían pensado en el suicidio en los 30 días anteriores debido a la crisis de salud. Una tasa que se vuelve aún más alarmante cuando se mira a personas más jóvenes o grupos étnicos. Por ejemplo, una cuarta parte de los jóvenes de 18 a 24 años se han enfrentado a pensamientos suicidas. La proporción se eleva al 18 por ciento entre los hispanos y al 15 por ciento entre los negros.

Los pensamientos suicidas también son muy frecuentes entre los que trabajan en empleos considerados esenciales, que además de ser poco remunerados, los exponen a un mayor riesgo de contaminación, en particular debido a la imposibilidad de teletrabajar (cajero, repartidor, asistente de cuidados, etc.). La encuesta muestra que casi el 22 por ciento de las personas que trabajan en estas profesiones han pensado en el suicidio.

Las tres cuartas partes de los jóvenes de 18 a 24 años informaron de al menos un trastorno que afectaba a su salud mental. La prevalencia disminuye con la edad, pero sigue siendo alta entre las personas de 25 a 44 años, llegando al 52 por ciento en este grupo de edad.

En general, considerando la totalidad de la muestra, el 40 por ciento de los individuos informaron sobre trastornos de salud mental o uso de sustancias relacionadas con la ola histérica.

Los investigadores consideran que se deben realizar más estudios para identificar los factores de riesgo y evaluar el impacto de algunos de ellos, como el aislamiento social, el desempleo o las dificultades económicas.

(*) https://www.cdc.gov/mmwr/volumes/69/wr/mm6932a1.htm

Hamas impone el toque de queda en Gaza tras detectar por fin los primeros ‘casos’ de coronavirus

Ayer saltó la sorpresa: Hamas ha impuesto un toque de queda de 48 horas en la Franja de Gaza después de que detectaran los primeros “casos” de coronavirus transmitidos localmente.

Gaza es una gigantesca cárcel con dos millones de palestinos hacinados y aislados que no han conocido la pandemia, algo parecido a lo que ya explicamos en relación a los campos de refugiados de Grecia: para que brote una epidemia tiene que haber muchos y muy malos médicos preocupados por buscar donde no hay.

Da la impresión de que donde los servicios sanitarios son más precarios no ha habido pandemia, ni brotes, ni olas (salvo las del mar). En Gaza se han detectado 100 “casos” y un único muerto, que era una mujer que cruzó la frontera con Egipto. Padecía “trastornos de salud crónicos”, pero su muerte se la imputaron al coronavirus porque así tenía que ser.

En Gaza las cifras de la pandemia son irrelevantes desde el punto de vista epidemiológico, por más que las ONG lleven meses alertando de que allá se avecinaba una catástrofe por la falta de infraestructuras, médicos, equipos, medicamentos, etc. En la Franja solo hay 60 camas de cuidados intensivos. Pero no ha pasado nada. Se han vuelto a equivocar.

De haber existido, la catástrofe hubiera debido llevar a la tumba a una buena parte de la población, que también carece de los servicios más básicos, como higiene, electricidad y agua potable. Tampoco ha sido así.

La Franja de Gaza reúne las mejores condiciones para una pandemia de manual: es la tercera zona del mundo más densamente poblada, tras Hong Kong y Singapur. Este año 2020 ha sido el primero en que Gaza ha sido considerada por la ONU como un territorio inhabitable.

A ver si todos esos farsantes que tanto se preocupan por los muertos en la pandemia toman nota: en Gaza no ha muerto nadie a causa del coronavirus, pero hasta junio murieron 73 palestinos por el cierre de fronteras, que les impidió recibir tratamiento médico en Israel o Egipto. En otras palabras, los muertos en Gaza no son consecuencia de ninguna pandemia sino de las medidas políticas impuestas por sus vecinos Israel y Egipto, que los han dejado más abandonados de lo que ya lo estaban.

Han muerto y están muriendo muchos de gazatíes con enfermedades cardíacas o respiratorias, que necesitaban operaciones quirúrgicas o diálisis renal y a quienes el mundo les ha vuelto a cerrar las puertas por enésima vez desde 1948.

Pero no se lo pierdan: pronto veremos a algún cretino hablar del “exceso de mortalidad” causado en Gaza por la pandemia y las responsabilidades no serán políticas ni diplomáticas, sino de un virus.

Los grandes crímenes se tapan de esa manera y todos contribuyen a la mascarada, incluidos los que se dicen defensores de los derechos del pueblo palestino.

Más información:
– Dossier coronavirus

YouTube censura un vídeo del epidemiólogo Knut Wittkowski

Para que los charlatanes puedan mantener la ficción de la “comunidad científica” es necesario que los médicos, los epidemiólogos y los virólogos sean convenientemente censurados en todos los medios, tanto públicos como privados.

De esa manera luego pueden desatar sus furibundos anatemas contra los negacionistas, terraplanistas y magufos. La ciencia son ellos y sólo ellos.

YouTube es otro de los monopolios digitales metido a celoso Inquisidor empeñado en que el mundo no pueda conocer otro mensaje que el único. Ya censuraron un vídeo del doctor Dan Erickson por sostener que la tasa de letalidad del coronavirus era inferior a la de la gripe. Un horror inconcebible.

Ahora le ha tocado al profesor Knut Wittkowski, que desde el principio ha destacado en la batalla contra el mensaje único. El vídeo fue producido por los documentalistas de Journeyman Pictures (1) y tuvo más de un millón de entradas. Wittkowski expresaba sus dudas sobre el confinamiento y defendía la inmunidad colectiva.

El sitio Spiked se hizo eco de esta censura en un artículo reciente titulado “¿Por qué YouTube censura a los científicos?” (2).

La censura de las redes sociales ha tomado un alcance delirante desde la pandemia y YouTube están en cabeza de los censores.

El mes pasado su cabecilla dijo que la plataforma eliminaría cualquier contenido que no sea “médicamente sólido” o contraria a las recomendaciones de la OMS. Sólo valen los altavoces, los que repiten el mismo mensaje una y mil veces.

Las opiniones de Wittkowski son similares a las que el sueco Anders Tegnell ha puesto en marcha en su país, sin paranoias, sin mascarillas y sin cierre de escuelas. Lo significativo no es la censura de un negacionista del montón sino de un científico que acepta buena parte de las tesis corrientes sobre la pandemia. La lección es clara: no van a permitir la más mínima disidencia.

(1) https://www.youtube.com/playlist?list=PLlGSlkijht5jFHF2o8rIhiOPHNT1OzyWE
(2) https://www.spiked-online.com/2020/05/18/why-is-youtube-censoring-scientists/

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