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Categoría: Salud (página 73 de 88)

El confinamiento tiene un impacto psicológico a largo plazo, especialmente si se prolonga, según la Cruz Roja

El confinamiento tiene un impacto psicológico a largo plazo, especialmente si la situación se prolonga. Muchas personas corren el riesgo de morir en soledad y desesperación, aflicciones que matan “en silencio”, dijo en marzo Jagan Chapagain, secretario general de la Federación Internacional de la Cruz Roja (*).

Es una cuestión importante que “afecta a millones y millones de personas” y, a causa de ello, la demanda de apoyo psicosocial ha «aumentado dramáticamente», dijo Chapagain.

El Presidente de la FICR, Francesco Rocca añadió durante una conferencia de prensa en Italia que “el riesgo de suicidio aumenta cuando las personas están aisladas”. Se pide a millones de personas que se queden en casa para tratar de frenar la pandemia, lo que aumenta los niveles de depresión, ansiedad y otros problemas de salud mental, según los dirigentes de la Cruz Roja.

El estrés “también tiene un impacto en la salud, en las relaciones sociales», dijo Chapagain, señalando el riesgo de aumento de los casos de violencia doméstica. Los dos miembros de la Cruz Roja dijeron que así se desprende de sus conversaciones con los trabajadores de sanidad.

Para “las personas frágiles, el aislamiento tiene muchas consecuencias”, dijo, a informó de que una enfermera italiana se había suicidado unos días después de dar positivo porque temía haber transmitido la enfermedad a otros.

“Echamos de menos los abrazos”, dijo, contando cómo él mismo no había podido abrazar a una voluntaria de la Cruz Roja que lloraba porque acababa de perder a su madre.

“Incluso en zonas de conflicto, podemos abrazarnos cuando tenemos miedo. Lo terrible de esta [pandemia] es la falta de contacto físico entre los humanos”, concluyó.

(*) https://www.bfmtv.com/international/coronavirus-pres-de-la-moitie-du-monde-en-confinement_AN-202003280002.html

El confinamiento está produciendo efectos devastadores en la salud publica a corto y largo plazo

Más de 16.000 científicos y profesionales sanitarios ya han firmado la Declaración de Great Barrington, que aboga por una política sanitaria alternativa para tratar la pandemia de coronavirus, ya que el confinamiento está produciendo “efectos devastadores en la salud publica a corto y largo plazo”.

A la Declaración se han unido más de 150.000 personas particulares.

El nombre de la Declaración procede de la localidad estadounidense en la que fue redactada y se publicó el 4 de octubre en internet (*) y que está accesible en castellano. Entre los promotores figuran tres epidemiólogos y expertos en salud pública de las universidades de Harvard, Oxford y Stanford.

Se trata de Martin Kulldorff, profesor de Medicina en Harvard; Sunetra Gupta, profesor de epidemiología teórica en Oxford; y Jay Bhattacharya, profesor de Economía y Medicina de Stanford.

La declaración sostiene que la política sanitaria implementada hasta ahora conducirá en los próximos años a un mayor exceso de mortalidad, “siendo la clase trabajadora y los miembros más jóvenes de la sociedad sobre quienes recae el peso más grande de estas medidas. Mantener a los niños fuera de las escuelas es una grave injusticia”.

El aumento de la desnutrición en el mundo ha sido otra de las consecuencias del confinamiento. Los cierres de fronteras, las cuarentenas y las restricciones de viajes han interrumpido las cadenas de suministros de alimentos. Esto se refleja en un riesgo de 12.000 muertes por hambre diarias, superiores a los 10.000 muertos por coronavirus que se registraron en todo el mundo el 2 de abril.

Los firmantes defienden el principio de lo que llaman como Protección Focalizada. Dado que una persona en la tercera edad tiene una posibilidad 1.000 veces mayor de morir por coronavirus que un joven, dice la Declaración, una aproximación «estratificada por edades» podría permitir un reparto más adecuado de los recursos para centrarse en los pacientes de alto riesgo y ancianos, permitiendo a las personas sanas mantener abiertos los comercios y a niños y adolescentes seguir asistiendo a escuelas e institutos.

La Protección Focalizada reduciría los “daños colaterales” de los confinamientos, incluyendo las muertes por suicidio, una reducción de la inmunidad en la infancia, y los incrementos en la violencia machista y los abusos familiares.

También permitiría a la población de bajo riesgo mantener su actividad laboral, lo que ayudaría a alcanzar una inmunidad colectiva más rápidamente, reduciendo la duración y la intensidad de los confinamientos.

(*) https://gbdeclaration.org/la-declaracion-de-great-barrington-sp/

El Ministerio de Salud ordenó a los epidemiólogos chilenos que falsificaran los datos de la pandemia

“Recuerdo con mucha claridad un día que nos piden que cambiemos la información. El ministro informaba con un sistema desconocido para nosotros, paralelo, que primero eran llamados telefónicos, luego un código de acceso que ponían los totales. Informaba estas cifras en la mañana, previo a que publicaremos los informes. El 24 de abril, porque previamente el valor absoluto reportado desde Epidemiología era siempre inferior a lo reportado por el ministro, ese día pasó que la información que estaba en Epivigila sobrepasó lo informado por [el ministro de Salud] Mañalich. Así que cuando ya había recibido la base de datos, mi jefatura directa, Rodrigo Fuentes, me indica que por pedido del ministro hay que borrar los últimos registros para hacerlo calzar, porque si bien podía haber diferencias, la información de Epivigila no podía exceder lo informado por el ministro. Nosotros no lo hicimos”.

Esta es parte de la declaración de la exjefa de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud (Minsal), Andrea Albagli Iruretagoyena, entregada el 30 de septiembre al Ministerio Público.

Su testimonio -de 21 carillas- lo dio en el marco de una investigación por presunta diseminación imprudente de gérmenes patógenos en medio de la pandemia, en la que están querellados el Presidente Sebastián Piñera, el exministro de Salud Jaime Mañalich, además de otras autoridades de la cartera de Estado, entre ellas, la subsecretaría Paula Daza.

Albagli dijo que renunció a la entidad porque empezó a hacer un doctorado y debido a que “me sentía éticamente muy incómoda con la forma en que se manejaba la pandemia”.

En relación al día que -según dijo- les pidieron calzar las cifras, señaló que “esta solicitud la realiza mi jefatura directa, pero a nombre del gabinete. Ese día el Gap eran 30 casos, era pequeño. Eran 30 casos de contagio no más. Me piden del gabinete del ministro que vuelva a hacerlo para que se ajuste, entre comillas, el valor sin superar a lo informado por el ministro”.

Y siguió: “Para mí fue muy evidente que eso era impropio, que no lo podíamos hacer. Esta indicación la recibimos a las 11.30 o a las 12.00. El informe (epidemiológoco) lo teníamos listo y lo estábamos terminando, antes de su publicación en la tarde, ahí fue cuando nos pidieron que modificáramos el informe y la base de datos a lo que el ministro había dicho. Fue verbal pero hay más testigos. Estaban todos los de la oficina, Pía Álvarez, Silvina Alvarado, Patricia Cerda, Rocío Martínez, Fabio Paredes, Mario Soto. Todos compartíamos el mismo espacio, excepto dos que estaban ahí circunstancialmente. Estábamos en dependencias del ministerio”.

Dijo que “con la base de datos me refiero a lo que se extrae de Epivigila, lo que se descarga. Lo que ocurrió fue que rechacé la solicitud, porque manipular la base de datos es una irregularidad. Se mantuvo la orden del ministro, que no era admisible, por lo que se pidió que cambiaran el punto de corte de la base, que si era descargada a las 22.00, por ejemplo, se descargaba antes, no recuerdo bien pero el corte se corrió para las 18.00. Adelantaron el punto de corte hasta que hubiera un valor igual o inferior a lo informado por el ministro”.

Consultada por los fiscales respecto a cómo fue la reacción el 24 de abril ante esto, la sicóloga dijo que “sé que había acuerdo entre mis pares, pero solo yo lo verbalicé. Rodrigo Fuentes me responde que era correcto, que era una irregularidad y luego volvió con una segunda propuesta”.

Después le preguntaron si hubo alguna preocupación por las diferencias, a lo que Albagli respondió que “solo en una ocasión, verbalmente, Johanna Acevedo manifestó que estaba preocupada y buscando que esto fuera reparado por el ministro (…) Enviaré los correos que tengo al respecto y una imagen del sistema paralelo creado por el ministro (…) Me llegó y lo guardé para tener registro. Ninguno de los dos eran un sistema avalado por el Departamento de Epidemiología”.

De improviso, Albagli quiso agregar un punto por si después lo olvidaba. Indicó que “si bien es distante a nuestro procedimiento, en conversaciones diversos profesionales nos comunicaron que también informaban directamente al ministro las lesiones del estallido social de manera paralela. Esto lo supe porque participaron en una mesa de riesgo y gestión de información. En un momento hicimos una propuesta de hacer seguimiento a las lesiones del estallido social, formalmente por correo, pero nos respondieron que no debiésemos hacerlo nosotros porque lo hacía el gabinete del ministro directamente”.

En otra parte del interrogatorio, la profesional dijo que “hicimos un análisis sobre el riesgo de morir por Covid en diferentes personas, se dio que los adscritos a Fonasa tenían mayor probabilidad de morir que aquellos que estaban en Isapre. Me pareció información relevante y lo informo a las jefaturas. Hace unos días el ministro Paris dice que hay información que descarta la relación entre letalidad y pobreza, eso falta a la verdad, ya que si bien son modelos complejos sujetos a mejora, al menos hay información relevante que lo sugiere, así que cuando está descartada, no existe información que pueda descartar esta información. Ese correo lo envié el 22 de junio”.

También indicó que cuando se empezó a hablar de meseta, nueva normalidad y retorno seguro, estas fueron recomendaciones que vinieron del “gabiente del ministro o subsecretaría, nunca vinieron de Epidemiología, es más, mi jefatura, Johanna Acevedo, nunca estuvo de acuerdo, no estábamos en una meseta, no se podía hablar de meseta”.

Añadió que “la primera cifra de recuperados tampoco pasó por Epidemiología, fue de gabinete. Nos pidieron publicarlas pero yo señalé que no era ético responder a solicitudes del ministro siendo que lo único que se hacía era publicar el mismo número de personas contagiadas hace dos semanas, pero a nivel internacional no había ningún instrumento que dijera que eso era correcto”.

Después volvió a retomar lo ocurrido el 24 de abril y dijo que renunció, en parte, por ese episodio. “Cuando nos piden manipular la base de datos, que aunque no se haya hecho, se tomó una decisión que si bien no es falta administrativa, sigue siendo reprochable por una decisión de no informar todo lo que se podía informar”, declaró.

“La definición de ‘casos activos’ se construye desde la definición de ‘recuperados’ que se ha adoptado en este ministerio. Dicha definición no se apega a ninguna indicación de organismos internacionales y sus implicancias no son inocuas: estamos comunicando erróneamente que todas las personas que han sido diagnosticadas hace dos semanas ya no son contagiantes y por ende no son ‘casos activos’ y, al no ser precisa esta definición, contribuimos a la propagación del virus en aquellas personas que siguen contagiando luego del período de 14 días”, escribió Albagli en el e-mail.

Y agregó: “Creo firmemente que no podemos publicar cifras irreflexivamente, por lo cual comunico también que si la incidencia actual o ‘casos activos’ (que se construye en base a un supuesto de recuperación que sabemos es equivocado) será desde ahora en adelante obligatorio para incluir en el informe, este es el último informe en el que participaré en su redacción. Haré el traspaso de esta tarea el lunes a quien Uds. consideren del equipo como responsable de darle seguimiento”.

Ante esto, la exfuncionaria indicó que “lo que decía es que la decisión del ministro no tenía sustento, se insistió y por eso escribí ese correo manifestando mi desacuerdo”.

https://www.latercera.com/nacional/noticia/la-declaracion-de-la-exfuncionaria-de-epidemiologia-del-minsal-nos-pidieron-manipular-la-base-de-datos/M7RGV7ZKRBAHTGJ5PPPX2AWSCU/

El coronavirus es menos mortífero que la gripe estacional, según los últimos datos de la OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado finalmente que el coronavirus es menos mortífero que la gripe estacional. Lo dijeron el lunes altos dirigentes de la OMS en una sesión especial de la Junta Ejecutiva del organismo, compuesta por 34 miembros.

En la sesión, Michael Ryan, jefe de emergencias de la OMS, reveló que alrededor del 10 por ciento del mundo ya está “infectado” de coronavirus. Es su mejor estimación, lo que supone un enorme aumento con respecto al número de casos reconocidos oficialmente, que es de unos 35 millones.

Margaret Harris, portavoz de la OMS, confirmó luego esa cifra, diciendo que se basaba en el promedio de los resultados de todos los principales estudios de seroprevalencia realizados en el mundo (1).

Los cabecillas de la OMS trataron de darle la vuelta al asunto y presentarlo como un mal dato. Ryan incluso dijo que “la gran mayoría del mundo sigue estando en riesgo”.

No obstante, se trata de buenas noticias ya que confirman, una vez más, que el virus no es tan mortal como habían pronosticado ellos mismos.

La población mundial es de unos 7.800 millones de personas, así que si el 10 por ciento se ha infectado, son 780 millones de “casos”. El número total de muertes atribuidas al coronavirus es actualmente de 1.066.860, según Woldometers (2).

Se trata de una tasa de letalidad relacionada con la infección de alrededor del 0,14 por ciento, que está muy próxima la de la gripe estacional y las previsiones de muchos expertos de todo el mundo.

Un porcentaje del 0,14 es más de 24 veces menor que la “cifra provisional” de la OMS del 3,4 por ciento prevista el pasado mes de marzo (3). Es el que han utilizado en los modelos que justifican el confinamiento y demás medidas políticas.

Dada la inflación de las muertes que atribuyen al coronavirus, la tasa de letalidad es probablemente inferior al 0,14 por ciento, lo que demuestra que este virus es mucho menos letal que la gripe.

(1) https://swprs.org/studies-on-covid-19-lethality/
(2) https://www.worldometers.info/coronavirus/
(3) https://www.sciencemediacentre.org/expert-reaction-to-who-director-generals-comments-that-3-4-of-reported-covid-19-cases-have-died-globally/

Un 77 por ciento de los rusos no se quiere vacunar contra el coronavirus

También en Rusia la propaganda pandémica de los medios ha querido conducir a la población a una alternativa: o la vacuna o el fin del mundo. Las diferencias son dos. Allí tienen su propia vacuna, de la que están muy orgullosos, y al partido de Putin, Rusia Unida, se le ha ocurrido hacer una encuesta sobre ella (o sobre cualquier otra vacuna).

Los resultados del sondeo son sorprendentes: a pesar de la presión mediática, el 73 por ciento de los encuestados no se van a vacunar contra el coronavirus (*). Prefieren el fin del mundo.

Además, un 4 por ciento dijo que no quieren ninguna vacuna porque ya han pasado la enfermedad.

La propaganda masiva ha vuelto a fracasar. Sólo un 52 por ciento de los rusos cree que haya un “segunda ola”.

Es posible que la propaganda tenga que intensificarse aún más, pero también es posible que el rechazo social sea aún mayor y que el gobierno de Putin tenga que regalar la vacuna a quien quiera ponérsela.

La otra alternativa es una vuelta de tuerca: obligar a la población a vacunarse, por las buenas o por las malas, es decir, pasar por encima de una opinión masiva de la sociedad.

La encuesta revela también que el 93 por ciento de la población quiere que la vacuna sea voluntaria, es decir, que el gobierno ruso debería forzar por dos veces la voluntad de la población para vacunarla en masa a la fuerza.

(*) https://ria.ru/20201005/privivka-1578199577.html

Un contratista de la CIA adjudica el dinero entregado por Trump a las multinacionales para fabricar vacunas

Los 6.000 millones de dólares de dinero público entregado por Trump a los laboratorios privados para la fabricación de las vacunas contra el coronavirus en el marco de la Operación Velocidad Punta (Warm Speed) se han concedido a través de un contratista ligado a la CIA y al Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos.

Se trata de mantener el secreto de la operación y eludir los controles reglamentarios habituales.

Lo anunció el martes la Radio Pública Nacional (NPR): el dinero no se ha adjudicado directamente a los laboratorios y multinacionales farmacéuticas, sino a través de un contratista de defensa llamado ATI (Advanced Technology International) que tiene su sede en Carolina del sur (*).

La empresa contratista mantiene lazos con la CIA, el Departamento de Seguridad Interior y el Pentágono. De esa manera queda claro, por enésima vez, que la atención sanitaria ha quedado militarizada y sometida al mismo secreto que los misiles de largo alcance.

En total la Operación Velocidad Punta asciende a 10.000 millones de dólares, de los que 6.000 se canalizan a través de ATI por vías reservadas. Paul Mango, Jefe de Personal Adjunto del HHS (Departamento de Salud y Servicios Humanos ), y Robert Kadlec, Secretario Adjunto de Preparación y Respuesta del mismo HHS, firmaron personalmente los contratos.

El positivo de Trump y el inicio de la campaña electoral apenas han servido esta vez de cortina de humo, porque la adjudicación indirecta ha logrado asomar la cabeza en algunos noticiarios de Estados Unidos.

A mediados del mes pasado, en una rueda de prensa, el general Paul Ostrowski, una figura clave de la Operación Velocidad Punta, dijo: “Los contratos los hemos firmado nosotros, el gobierno de Estados Unidos, y entidades privadas, y pueden ser revelados hasta cierto punto. Obviamente no todo puede ser revelado, pero pueden ser revelados hasta cierto punto, y estarán disponibles en algún momento”. El general se negó a concretar cuándo llegará ese momento.

La pregunta ya no es sobre el papel de los militares en la salud y en las vacunas. Trata sobre el secretismo: si el mundo está esperando un remedio milagroso para salir de la pandemia, ¿a qué viene tanto misterio? En otras palabras: ¿por qué nos mantienen tan bien informados sobre algunas cosas y otras se las guardan para ellos?

(*) https://www.npr.org/sections/health-shots/2020/09/29/917899357/how-operation-warp-speeds-big-vaccine-contracts-could-stay-secret?

Más información:
– 6.000 millones de dólares de dinero público en la carrera por las vacunas contra el coronavirus (Operación Velocidad Punta)
– Las vacunas político-militares contra el coronavirus registradas por Moderna
– El Pentágono esconde las vacunas, antídotos y medicamentos del ejército en silos estratégicos

La Unión Europea exporta venenos que están prohibidos en sus propios países

Los pesticidas europeos invaden los cinco continentes. Para las multinacionales agroquímicas con sede en el Viejo Mundo no importa si sus productos no son autorizados para la venta en la misma Europa. Todo vale y la deontología, para ellas, no existe en el diccionario de la rentabilidad.

En 2018, grandes empresas de los países de la Unión Europea (UE) exportaron más de 81.000 toneladas de pesticidas prohibidos a la venta en el propio mercado continental por contener sustancias que afectan seriamente la salud humana o el medio ambiente.

Los principales exportadores fueron empresas del Reino Unido con 32.187 toneladas; de Italia 9.499; de Alemania 8.078; de los Países Bajos 8.010. En igual período, desde Francia se vendió fuera de la UE, 7.663 toneladas; desde España 5.182 y desde Bélgica 4.907. El destino: unos 85 países, las tres cuartas partes catalogados como en desarrollo o emergentes. Entre los cuales, en América Latina, Brasil, México, Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Honduras, por citar solo algunos.

Entre los principales destinatarios de esos químicos prohibidos en suelo europeo se encuentran países que, paradójicamente, nutren, a la postre, a la Unión Europea con productos agrícolas. La UE permite así a sus empresas químicas y agroquímicas exportar desde su territorio sustancias que luego se encontrarán residualmente en las comidas consumidas por su población. Perversa práctica boomerang de mercado.

Dichas empresas aprovechan así de actividades económicas en naciones donde las reglamentaciones y controles son menos severos y los riesgos más elevados que en la misma UE, concluye la investigación elaborada por la ONG suiza Public Eye (el Ojo Público) en colaboración con Unearthed, célula de investigación de Greenpeace de Gran Bretaña. El estudio, cuyos resultados iniciales fueron develados a inicios del 2020, vuelve a ocupar hoy el espacio mediático a través de detalles y complementos difundidos a fines de septiembre.

Una pesquisa inteligente

Para evitar las respuestas edulcoradas de las multinacionales agroquímicas, durante varios meses, los investigadores de las dos ONG solicitaron informaciones, directamente, a la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA), encargada de regular las sustancias químicas y biocidas en el mercado continental. Esta instancia procesa expedientes de ese tipo de productos y observa si respetan las normas. Se dedica también, en colaboración con los gobiernos nacionales, al análisis de las sustancias más peligrosas y en ciertos casos, pone el foco en aquellas que obligan a una mayor gestión de riesgos para proteger las personas o el medio ambiente. Colabora, además, con un centenar de organizaciones acreditadas ligadas a la producción, al medio ambiente, académicas, sindicales (1), entre las cuales, Greenpeace.

A través de la ECHA lograron recolectar miles de notificaciones de exportaciones , es decir, los formularios que, según la legislación europea, las empresas deben completar cuando se trata de productos que contienen sustancias químicas prohibidas para la comercialización en la Unión Europea. Si a veces dichas notificaciones pueden diferir de los volúmenes efectivamente exportados, esa documentación constituye la fuente de información más completa señala el estudio. Resultado: las dos ONG lograron elaborar una cartografía hasta ahora inédita de las exportaciones pesticidas prohibidas que salen de los diferentes países de la UE (2). Identifican un total de 41 productos de esa categoría. De los cuales se reconocen oficialmente algunos de los efectos más graves: toxicidad aguda; malformación genética; problemas reproductivos o del sistema hormonal; cáncer; contaminación de fuentes de agua potable; impactos perversos para los ecosistemas.

Como parte de la investigación, Public Eye y Greenpeace contactaron también a unas 30 empresas, de las cuales quince incluida Syngenta- respondieron formalmente. Las mismas coinciden en cuatro argumentos retóricos repetidos: que sus productos son seguros; que están comprometidas con la reducción de riesgos; que respetan las leyes de los países donde operan y que éstos deciden libremente sobre los pesticidas más adecuados para los agricultores locales. Y, en particular, que es normal que numerosos pesticidas vendidos al extranjero no sean registrados en la UE dado que el clima y el tipo de agricultura son diferentes a los europeos.

Círculo macabro: semillas de laboratorio y pesticidas

Producido por la transnacional química suiza Syngenta en su fábrica inglesa de Huddersfield, el Paraquat está prohibido desde 1989 en Suiza y desde el 2007 en la Unión Europea.

En 2018, funcionarios británicos la autorizaron a exportar nada menos que 28.000 toneladas de un producto que incorpora dicho veneno vendido en muchos mercados bajo el nombre de Gramoxone. La mitad, destinada a Estados Unidos, donde la multinacional agroquímica es acusada ante los tribunales por campesinos que padecen del Mal de Parkinson. La otra mitad, en dirección, principalmente de los principales consumidores mundiales como Brasil, México, India, Colombia, Indonesia, Ecuador y África del Sur. Aunque su comercialización se expande en buena parte del planeta, incluido muchos países latinoamericanos.

Primer productor de pesticidas del mundo y tercer fabricante de semillas, Syngenta constituye, junto con Monsanto, el símbolo de la agricultura industrial. En 2018, la organización suiza Multiwatch publicó la versión francesa de su Libro Negro de los Pesticidas. Esa asociación que se dedica a denunciar las políticas ilegales de las transnacionales, describe en su publicación que las tres cuartas partes de la actividad de Syngenta está consagrada a productos fitosanitarios y un cuarto a organismos genéticamente modificados (OGM). Asistimos a la apropiación de la naturaleza por parte de las multinacionales con el fin de constituir monopolios en el mercado de semillas y pesticidas. Y denuncia el mecanismo diabólico que lleva a los campesinos, fundamentalmente en el Sur, a tener que comprar las semillas, con el gran riesgo de aumentar sus deudas y de disminuir la biodiversidad.

Y de estar obligados a usar pesticidas, de las mismas multinacionales, responsables de la degradación de la salud de ellos y de las poblaciones expuestas a esos productos. Los ejemplos, no faltan: de Pakistán a Hawai, de la India al continente africano y en toda América Latina. Multiwatch dedicó este libro al militante social brasilero Keno, dirigente del MST (Movimiento de Trabajadores rurales sin Tierra) asesinado en el 2007 en Santa Tereza do Oeste, Estado de Paraná, por miembros de una sociedad privada de seguridad contratada por Syngenta, quien ocho años después fue condenada por tal hecho.

En esa publicación los militantes helvéticos retoman cifras que provienen de la misma ONU. El organismo internacional calculaba ya en el 2017 alrededor de 200.000 decesos anuales resultantes del uso de pesticidas. Y subrayan la gran capacidad de las multinacionales de cambiar de ropaje cuando el descrédito amenaza sus intereses. De la misma manera que la estadounidense Monsanto desapareció en 2017 al ser absorbida por el gigante alemán Bayer, la Syngenta suiza fue formalmente vendida en el 2016 a la Chemchina, aunque su sede principal sigue estando en Basilea, capital suiza de la industria química.

Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de septiembre del 2019 indicaba, por otra parte, que cada 40 segundos se produce el suicidio en una persona en algún lugar del planeta. El envenenamiento con pesticidas es uno de los tres métodos más usados. Y concluye que la intervención con mayor potencial inmediato para reducir el número de suicidios es la restricción del acceso a los plaguicidas que se utilizan para la intoxicación voluntaria.

Concesión a las multinacionales

En julio del año en curso Baskut Tuncak, por entonces todavía Relator Especial de las Naciones Unidas sobre productos tóxicos, pidió a los países ricos que pongan fin a la deplorable práctica de exportar productos químicos y plaguicidas tóxicos prohibidos a las naciones más pobres que carecen de “capacidad para controlar los riesgos”.

Su declaración fue sostenida por otros 35 expertos del Consejo de Derechos Humanos. Entre ellos David Boyd, Relator Especial sobre derechos humanos y medio ambiente, Tendayi Achiume, Relator Especial sobre las formas contemporáneas de racismo, Francisco Cali Tzay, Relator Especial sobre los derechos de los pueblos indígenas, y Michael Fakhri, Relator Especial sobre el derecho a la alimentación.

Tuncak explicó que las naciones más ricas suelen aplicar un mecanismo cuestionable que permite el comercio y el uso de sustancias prohibidas en partes del mundo donde las regulaciones son menos estrictas, externalizando los impactos sanitarios y ambientales en los más vulnerables Estos vacíos legales son una concesión política a la industria , que permite a los fabricantes de productos químicos aprovecharse de trabajadores y comunidades envenenadas en el extranjero Hace mucho tiempo que los Estados deberían haber finalizado con esta explotación, concluyó.

Veneno para muchos -especialmente campesinos de países periféricos-, rentabilidad extrema para las grandes multinacionales agroquímicas. Cara y seca de una realidad planetaria que sin embargo no se queda solo en la sanción sanitaria y ambiental del Sur. Va y viene, como un enorme boomerang interoceánico, y llega también, inexorablemente, al plato diario del consumidor europeo.

(1) https://echa.europa.eu/es/ about-us/partners-and-networks/stakeholders/echas-accredited-stakeholder-organisations
(2) https://www.publiceye.ch/fileadmin/doc/Pestizide/202009_EU-export-pesticides_worldmap_FR.pdf

Sergio Ferrari, http://suramericapress.com/europa-exporta-venenos-prohibidos-en-sus/

Los ancianos también fallecieron por abandono en los asilos británicos, según Amnistía Internacional

Ayer Amnistía Internacional denunció la vulneración sistemática de los derechos fundamentales de miles de ancianos en los asilos de Reino Unido durante los primeros meses de la pandemia y exigió “una investigación completa, pública e independiente” para aclarar lo sucedido.

El informe pide también poner fin a las limitaciones a las visitas y explica que una serie de errores provocó que en los primeros momentos de la pandemia se abandonara a estas personas a su suerte en residencias de la tercera edad.

Entre otros fallos, critica que se tomó la decisión de trasladar a miles de pacientes de hospitales a residencias de la tercera edad sin someterlos a pruebas de diagnóstico y que se impusieron órdenes generales de no reanimar a estos pacientes. Entre marzo y junio, las residencias registraron un exceso de mortalidad de 28.186 muertes, con la confirmación de más de 18.500 fallecimientos por coronavirus en estos centros durante ese periodo.

Directores y trabajadores describieron a Amnistía Internacional un “colapso total” de los sistemas durante las primeras seis semanas de respuesta a la pandemia, con esperas para recibir instrucciones, carencia de equipos de protección individual y falta de acceso a pruebas de diagnóstico.

Según la organización, esta situación se complicó porque, “de manera increíble”, el 17 de marzo el Gobierno ordenó trasladar a 25.000 pacientes de hospitales a residencias de la tercera edad, incluidas personas infectadas por coronavirus o sospechosas de estarlo .

El 2 de abril, el mismo día en que la Organización Mundial de la Salud confirmó la existencia de casos de transmisión presintomática de coronavirus, el gobierno insistió en que “no se necesitaban pruebas de resultado negativo para ingresar a personas en residencias o trasladarlas allí” desde hospitales. De hecho, varios responsables de residencias contaron a Amnistía Internacional que no habían tenido casos de coronavirus en sus centros hasta que recibieron pacientes desde los hospitales.

Para Kate Allen, directora de Amnistía Internacional en Reino Unido, “la demoledora cifra de muertes fue totalmente evitable. Es un escándalo de proporciones monumentales”.

“Cuando el país se enfrenta a una segunda ola de coronavirus, urge llevar a cabo una investigación completa, pública e independiente sobre el escándalo de las residencias de mayores, para aprender de la experiencia y proteger a la población residente de estos centros antes de que se pierdan más vidas”, reclamó. Por ello, Amnistía Internacional ha lanzado una campaña para pedir la apertura inmediata de dicha investigación.

http://www.diariosigloxxi.com/texto-s/mostrar/382079/amnistia-denuncia-fallos-abandono-miles-personas-residencias-mayores-reino-unido-durante-primeros-meses-pandemia

El nuevo formato del consultorio radiofónico franquista: Maldita y su interpretación ‘auténtica’ de la pandemia

En 1947 la radio franquista inauguró uno de los programas de más éxito de su historia: el consultorio de Elena Francis. Las oyentes preguntaban por carta y el franquismo respondía a través de Radio Barcelona. En aquellos años las radios eran como hoy las redes sociales y, como vemos, eran más interactivas de lo cabía sospechar.

También era un proyecto más comercial de lo que aparentaba, porque trataba de publicitar de manera encubierta una marca de cosméticos. A lo largo de todo el franquismo los temas se ampliaron luego con los maridos, los niños, la decoración del hogar, las manchas de la ropa y cosas por el estilo. Muchos se criaron creyendo que en la radio había alguien llamada Elena Francis que respondía a sus preguntas sobre belleza. Pero se trataba de un equipo compuesto por siete guionistas. Uno de ellos fue Ángela Castells, miembro de la sección femenina de la Falange. El periodista Juan Soto Viñolo, que se hizo cargo del programa desde 1966, confesó que no sólo se inventó las respuestas, sino también las preguntas. Era publicidad. Se trataba de subir los índices de audiencia.

Con el éxito del programa, la radio buscó nuevos guionistas, cuyas respuestas eran supervisadas por un equipo de sacerdotes antes de emitirse en abierto. El consultorio de Elena Francis fue un gran engaño, tan grande como la transición, por lo menos, y acabó en 1984. Ya no tenía oyentes, pero cuando los autores del fraude lo confesaron, resultó una enorme decepción para sus seguidores.

Hoy los inquisidores de Maldita han renovado el formato del consultorio radiofónico franquista. Los lectores preguntan y Maldita responde. Lo mismo que la radio franquista, responde incluso antes de que nadie le pregunte nada. Los fraudes mediáticos no acabaron en la transición, porque son consustanciales a los altavoces de una clase social explotadora y dominante.

Las respuestas de Maldita también son guiones periodísticos revisados por un Sumo Sacerdote antes de salir a la luz pública para impedir que se filtren herejías. Es un refuerzo de la ideología dominante, a la que no le basta con dominar, como en tiempos de Marx y Engels: aspira a ser un canon, una ideología uniforme y única que se expresa a través de un único portavoz.

Maldita no trata de demostrar la naturaleza falaz de un bulo sino que aspira a convertirse en intérprete de la realidad. Si The Lancet afirma por dos veces que covid-19 no es una pandemia (1), Maldita expone lo que realmente quiere decir la revista, que es muy diferente a lo que hemos leído con nuestros propios ojos.

Sí, no sabemos leer. Hemos sacado el título de contexto, a diferencia de Maldita, que hace equilibrios en el alambre para darle la vuelta a un asunto que no tiene vuelta de hoja (2). No hace falta ninguna interpretación de una frase repetida dos veces que, por su simplicidad, no tiene otra interpretación posible que sus propios términos.

Desde luego que si cupiera alguna interpretación, no le corresponde realizarla a la Maldita Inquisición, que justifica su existencia por desmentir bulos, no por interpretar textos redactados por terceros.

El artículo de The Lancet es un ataque nada disimulado a la OMS, no sólo por su actitud reduccionista, típica de las corrientes dominantes de la microbiología, sino por su retorno a un concepto trasnochado, el de “pandemia”, que quiso abandonar el 31 de enero y no pudo por las presiones a las que está sometida.

Es evidente que si el 11 de marzo la OMS declaró una pandemia con poco más de 4.000 muertos en todo el mundo, hay muchísimas enfermedades que matan más y merecen el mismo calificativo, por lo menos. Pero, como se está demostrando a cada paso, se trata de imponer a los países una política sanitaria uniforme que no disperse su atención en múltiples enfermedades al mismo tiempo. Lo que se les pide es que sólo atiendan a una de ellas.

Una vez que la política sanitaria fija su atención en una parcela muy reducida de la realidad, cualquier desastre es posible, como el de los asilos. Pero esa manera de proceder es imprescindible para justificar la propia realidad de una pandemia, de tal manera que todo el exceso de mortalidad que se está produciendo, especialmente en España, se atribuye a un único motivo.

Hace un par de días OKDiario lo expresó muy claramente: “El exceso de muertes con respecto al mismo periodo del año pasado se eleva hasta esos 56.110 muertos [en España]. Puesto que la única causa extra de mortalidad en esos meses es el coronavirus, la práctica totalidad de esas muertes corresponden, por pura lógica, al Covid” (3).

Las pandemias son así “lógica pura”, o quizá peor: tautologías. Están al principio y al final de la argumentación. Es una profecía que se cumple por sí misma.

No es algo propio sólo de la actualidad. Cuando los historiadores se refieren a las epidemias pasadas, como la “gripe española” de 1918, mezclan patologías muy distintas en el mismo saco y, lo que es peor, suponen que todas ellas tienen una misma causa (4), cualquiera que sea el lugar en el que se produzcan, independientemente de las circunstancias.

Hay que agradecer que, siete meses después, The Lancet se baje del burro y no sólo se refiera a la presencia de enfermedades “no contagiosas” en medio de una delirio de contagios, sino que ponga encima de la mesa los factores sociológicos de las mismas o, en otras palabras, que las enfermedades y las muertes no son sólo fenómenos “naturales” sino que son evitables, al menos en parte, y que quienes no las evitan son responsables de ellas. La lucha de clases tiene, en efecto, este tipo de consecuencias, aunque la izquierda domesticada no quiera hacerse cargo de las mismas.

El artículo de la revista es, pues, un intento desesperado para que la medicina moderna no siga haciendo el ridículo en este punto. Bienvenido sea.

(1) https://mpr21.info/covid-19-no-es-una-pandemia-admite-por-fin-la-revista-medica-the-lancet/
(2) https://maldita.es/malditaciencia/2020/10/05/the-lancet-no-niega-existencia-covid19-no-conspiracionista-cambio-pandemia-sindemia-factores/
(3) https://okdiario.com/espana/datos-del-ine-dejan-evidencia-sanchez-espana-supera-56-000-muertos-coronavirus-6226167
(4) https://mpr21.info/ciencia-e-ideologia-la-arqueologia/

‘Covid-19 no es una pandemia’, admite por fin la revista médica The Lancet

A medida que el mundo se acerca al millón de muertes por Covid-19, debemos afrontar el hecho de que estamos adoptando un enfoque demasiado estrecho para gestionar este brote de un nuevo coronavirus. Hemos visto la causa de esta crisis como una enfermedad infecciosa. Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las líneas de transmisión viral, controlando así la propagación del patógeno.

La “ciencia” que ha guiado a los gobiernos ha sido impulsada principalmente por los modeladores de epidemias y los especialistas en enfermedades infecciosas, que comprensiblemente enmarcan la actual emergencia sanitaria en términos de plaga centenaria.

Pero lo que hemos aprendido hasta ahora nos dice que la historia de Covid-19 no es tan simple. Dos categorías de enfermedades están interactuando dentro de poblaciones específicas: la infección por el coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo severo (Sars-CoV-2) y una serie de enfermedades no transmisibles (ENT). Estas condiciones se están agrupando dentro de grupos sociales según patrones de desigualdad profundamente arraigados en nuestras sociedades. La agregación de estas enfermedades en un contexto de disparidad social y económica exacerba los efectos adversos de cada una de ellas.

Covid-19 no es una pandemia. Es una sindemia. La naturaleza sindémica de la amenaza que enfrentamos significa que se necesita un enfoque más matizado si queremos proteger la salud de nuestras comunidades.

La noción de sindicación fue concebida por primera vez por Merrill Singer, un antropólogo médico estadounidense, en el decenio de 1990. Escribiendo en The Lancet en 2017, junto con Emily Mendenhall y sus colegas, Singer argumentó que un enfoque sindémico revela interacciones biológicas y sociales que son importantes para el pronóstico, el tratamiento y la política de salud.

Limitar el daño causado por el Sars-CoV-2 exigirá prestar mucha más atención a las enfermedades no transmisibles y a la desigualdad socioeconómica de la que se ha admitido hasta ahora.

Una sindemia no es simplemente una comorbilidad. Los síndemias se caracterizan por las interacciones biológicas y sociales entre las afecciones y los estados, interacciones que aumentan la susceptibilidad de una persona a sufrir daños o empeoran sus resultados en materia de salud.

En el caso de Covid-19, atacar las ENT será un requisito previo para una contención exitosa. Como mostró nuestra recientemente publicada Cuenta atrás de las ENT 2030, aunque la mortalidad prematura por ENT está disminuyendo, el ritmo de cambio es demasiado lento.

El número total de personas que viven con enfermedades crónicas está creciendo. Abordar Covid-19 significa abordar la hipertensión, la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y respiratorias crónicas, y el cáncer. Prestar mayor atención a las enfermedades no transmisibles no es una agenda sólo para las naciones más ricas. Las enfermedades no transmisibles son también una causa descuidada de mala salud en los países más pobres.

En su Comisión Lancet, publicada la semana pasada, Gene Bukhman y Ana Mocumbi describieron una entidad a la que llamaron Pobreza ENTI, agregando lesiones a una gama de condiciones ENT como mordeduras de serpientes, epilepsia, enfermedad renal y anemia drepanocítica.

Para los mil millones de personas más pobres del mundo de hoy, las enfermedades no transmisibles constituyen más de un tercio de su carga de morbilidad. La Comisión describió cómo la disponibilidad de intervenciones asequibles y eficaces en función de los costos durante el próximo decenio podría evitar casi 5 millones de muertes entre las personas más pobres del mundo. Y eso sin considerar la reducción de los riesgos de morir por Covid-19.

La consecuencia más importante de ver a Covid-19 como una sindicación es subrayar sus orígenes sociales. La vulnerabilidad de los ciudadanos de más edad, las comunidades negras, asiáticas y de minorías étnicas, y los trabajadores clave, que suelen estar mal pagados y cuentan con menos protección social, apunta a una verdad que hasta ahora apenas se ha reconocido, a saber, que por muy eficaz que sea un tratamiento o una vacuna protectora, la búsqueda de una solución puramente biomédica para Covid-19 fracasará.

A menos que los gobiernos conciban políticas y programas para invertir las profundas disparidades, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras con Covid-19. Como escribieron Singer y sus colegas en 2017, “un enfoque sindémico proporciona una orientación muy diferente a la medicina clínica y a la salud pública al mostrar cómo un enfoque integrado para comprender y tratar las enfermedades puede tener mucho más éxito que el simple control de las enfermedades epidémicas o el tratamiento de pacientes individuales”.

Yo añadiría una ventaja más. Nuestras sociedades necesitan esperanza. La crisis económica que avanza hacia nosotros no se resolverá con una droga o una vacuna. Se necesita nada menos que un renacimiento nacional. Acercarse a Covid-19 como una sindemia invitará a una visión más amplia, una que abarque la educación, el empleo, la vivienda, la alimentación y el medio ambiente. Ver Covid-19 sólo como una pandemia excluye un prospecto más amplio pero necesario.

https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)32000-6/fulltext

Más información:
– El nuevo formato del consultorio radiofónico franquista: Maldita y su interpretación auténtica de la pandemia

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