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Categoría: Oriente Medio (página 63 de 79)

China abre el camino a la paz en Yemen

La guerra en Yemen parece estar llegando a su fin. La semana pasada los medios estadounidenses dijeron que se había alcanzado un alto el fuego que duraría hasta final de año, pero los huthíes lo han negado.

Pero en los círculos huthíes hay optimismo, creen que se puede llegar a un acuerdo y que la guerra está llegando a su fin. Los representantes saudíes van a viajar a Sanaa para discutir los términos de un alto el fuego permanente.

Lo novedoso es el papel de China y la ausencia total de Estados Unidos. Biden prometió poner fin a la guerra y, dos años después, es posible que China tenga que cumplir su promesa.

Décadas de política exterior militarizada de Estados Unidos en Oriente Medio han permitido que China desempeñe el papel de pacificador, mientras Washington ofrece garantías de seguridad, en las que nadie confía, y contratos de suministro de armas.

Estados Unidos siempre ha apoyado a Arabia saudí a distancia y se ha opuesto firmemente a los huthíes, que están respaldados por Irán.

Los saudíes parecen estar capitulando ante las exigencias de los huthíes, que incluyen abrir el puerto principal para permitir el ingreso de suministros esenciales al país, autorizar los vuelos a Sanaa y que el gobierno acceda a su moneda para pagar a los funcionarios.

Las concesiones saudíes, incluido el posible levantamiento del bloqueo y la salida de la guerra, demuestran que la prioridad de Riad es el desarrollo económico del país.

El acuerdo de Yemen está respaldado por el acercamiento entre Irán y Arabia saudí, también negociado por China. Los ministros de Asuntos Exteriores de Irán y Arabia saudí se reunieron en Pekín para restablecer los vuelos directos entre Riad y Teherán, reabrir embajadas y ampliar la cooperación económica.

El vuelco en Oriente Medio ha decepcionado a Washington. El director de la CIA, William Burns, salió corriendo a Riad para expresar su frustración a los saudíes.

Los sicarios locales de Riad en Yemen comparten esa misma frustración. Como los saudíes ya no les respaldan, no hay dinero y sin él no hay razones para seguir luchando.

La forma en que va a terminar la guerra también es importante para la campaña de imagen que tendrán que llevar a cabo los medios de comunicación. Parece que Estados Unidos y sus lacayos locales están perdiendo en todas partes: Ucrania, Yemen, Venezuela, Siria…

El llamado “gobierno legítimo de Yemen”, que Estados Unidos ha respaldado durante años, no era diferente de la camarilla de Guaidó o la oposición moderdada de Siria: una pandilla de vividores repartidos por los hoteles de lujo de Riad. De sus decretos no hacían caso ni los camareros.

El “gobierno legítimo de Yemen” fue el último en enterarse de que sus patrocinadores saudíes estaban a punto de cerrar un acuerdo con el enemigo. No hay final más triste que el de los sicarios.

Continuará la ocupación de Siria por las tropas estadounidense

La llegada sin previo aviso del alto mando militar estadounidense, el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, a una polvorienta base estadounidense en el remoto noreste de Siria puede traer a la memoria una famosa cita de Dick Cheney, vicepresidente en la presidencia de George W. Bush: “El buen Dios no tuvo a bien poner petróleo y gas sólo donde hay regímenes democráticamente elegidos amigos de Estados Unidos. De vez en cuando tenemos que operar en lugares donde, teniendo en cuenta todo, uno normalmente no elegiría ir. Pero vamos donde está el negocio”.

Solo durante el 27 de febrero las tropas estadounidenses transportaron al menos 34 camiones cisterna llenos de petróleo sirio robado a través del paso fronterizo ilegal de Al-Mahmoudiya hacia sus bases en Irak. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores sirio, las pérdidas acumuladas por el sector del petróleo y el gas del país a causa de los robos y otras acciones estadounidenses ascienden a 107.000 millones de dólares en agosto del año pasado.

El petróleo es un mineral único que anestesia el pensamiento, nubla la visión, corrompe. Pero la visita de Milley tenía que ver con algo más que el petróleo: “evaluar los esfuerzos para prevenir un resurgimiento” del Califato Islámico y “revisar las defensas para las fuerzas estadounidenses contra ataques, incluidos los de aviones no tripulados pilotados por milicias respaldadas por Irán”.

Se trata de una exageración por dos razones: en primer lugar, sólo hay unos 900 soldados estadounidenses en total en Siria y Milley no tiene por qué emprender una misión tan rutinaria; en segundo lugar, no hay antecedentes de que el Califato Islámico haya atacado nunca a las fuerzas estadounidenses en Siria.

Entre los Estados de la región es conocido que Estados Unidos asesora al Califato Islámico, entrena a los cuadros del oscuro grupo yihadista en la remota base estadounidense de Al-Tanf en la frontera sirio-irakí, e incluso proporciona apoyo logístico a las operaciones del grupo en la región desértica de Siria.

No está claro que Milley se reuniera con comandantes de las Fuerzas Democráticas Sirias dirigidas por kurdos, que han sido el principal aliado de los estadounidenses en el noreste de Siria.

Una explicación plausible sería que Milley acudió siguiendo instrucciones de la Casa Blanca con el telón de fondo de una ley para poner fin a la implicación de Estados Unidos en Siria. El mes pasado el congresista estadounidense Matt Gaetz, que ha presentado una Resolución de Poderes de Guerra para ordenar a Biden que retire las tropas de Siria, ha atacado frontalmente la visita de Milley.

Gaetz dijo en un comunicado: “Si el general Milley desea tanto esta guerra, debería explicar por qué estamos luchando y por qué merece la pena [gastar] el dinero y la sangre estadounidenses. Una política exterior America First exige realismo, pensamiento racional y seriedad”.

Añadió que “Siria es un polvorín cenagoso. Estados Unidos no tiene ningún interés discernible en seguir financiando una lucha en la que las alianzas cambian más rápido que las arenas del desierto”.

Pero Milley ni se inmutó. Preguntado por los periodistas si cree que el despliegue en Siria merece la pena, Milley dijo que “es importante”. Explicó: “Creo que una derrota duradera del Califato Islámico y seguir apoyando a nuestros amigos y aliados en la región […] son tareas importantes que se deben hacer”.

El congresista Gaetz presentó el proyecto de ley tras un comunicado de prensa del Mando Central de Estados Unidos el 17 de febrero en el que anunciaba que cuatro miembros del servicio habían resultado heridos durante una incursión en helicóptero en el noreste de Siria al producirse una explosión desde tierra.

La conclusión es que las únicas razones para que Estados Unidos siga ocupando alrededor de un tercio del territorio sirio son consideraciones geopolíticas. Principalmente:

— mantener la huella de Estados Unidos en el estratégico Mediterráneo oriental
— las relaciones problemáticas de Estados Unidos con Turquía
— la seguridad de Israel
— las bases rusas en Siria
— el eje ruso-sirio-iraní
— la geoestrategia para mantener a Siria débil y dividida en un futuro previsible

Un comentario publicado el año pasado en el diario gubernamental China Daily reflejaba la tragedia siria: “El presunto saqueo del petróleo sirio por Estados Unidos y sus apoderados no hará sino empeorar las condiciones en el país, golpeado por las sanciones, en su lucha por reconstruirse tras años de guerra […] el consumo de los limitados recursos de Siria por parte de la potencia hegemónica y sus grupos apoderados en la atribulada nación fomentará la militancia y socavará los esfuerzos por estabilizar la región en general”.

El comentario citaba al Ministerio de Asuntos Exteriores sirio en el sentido de que la presencia de fuerzas estadounidenses en el noreste del país y el saqueo del petróleo sirio son un intento de obstaculizar una solución política y socavan la estabilidad y la seguridad. Afirmaba que “la forma de actuar de Washington y su apoyo ilimitado a los grupos terroristas muestran la hipocresía de Estados Unidos en la región, una situación que ya no es aceptable ni moral ni políticamente”.

El proceso de normalización del gobierno de Assad con los Estados regionales del Golfo -especialmente, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar-, así como con Egipto y Turquía, ha puesto a Estados Unidos en un aprieto. Resulta especialmente irritante para Estados Unidos que Rusia esté mediando en el acercamiento turco-sirio.

El viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Mijail Bogdanov, ha anunciado que su país, Turquía, Irán y Siria están debatiendo la organización de una reunión de sus respectivos ministros de Asuntos Exteriores: “Estamos trabajando en ello. Puedo decir que hemos acordado no revelar detalles por el momento; no todo es tan sencillo; debemos trabajar reservadamente según los principios de la diplomacia discreta”, añadió en una oblicua referencia a los tortuosos intentos de hacer descarrilar el proceso.

Baste decir que a Washington cada vez no le queda más remedio que agitar de nuevo la olla siria y crear agitación con vistas a tener una coartada para la continua ocupación de Siria. El gobierno sirio ha llamado la atención sobre ello en una declaración en la que condena la “visita ilegal de Milley a una base militar ilegal estadounidense”.

La declaración alegaba que “la comunidad internacional sabe muy bien que el Califato Islámico es un vástago ilegítimo de la inteligencia estadounidense [y] el apoyo prestado por las fuerzas estadounidenses a las milicias terroristas y separatistas en las zonas de su ocupación es una postura estadounidense declarada destinada a prolongar la guerra terrorista contra Siria por objetivos que ya no se ocultan a nadie”.

El propio Milley ha sido sincero al afirmar que la ocupación militar estadounidense debe continuar. Dada la reputación profesional de Milley de hacer siempre lo que le ordenan, que es muy consciente del “factor viento” (como dirían los chinos) en los pasillos del poder en Washington en un momento dado, es totalmente concebible que Biden obtenga ahora exactamente la retroalimentación y la recomendación que necesita para bloquear el impulso en el Congreso de Estados Unidos para la retirada de las tropas estadounidenses de Siria.

El diario moscovita Vedmosti considera que Rusia, Turquía, Irán y Siria tienen una posición común que exige el fin de la ocupación estadounidense de Siria, que dura ya 7 años.

—https://www.indianpunchline.com/us-occupation-of-syria-will-continue/

El Pentágono puede desatar una guerra abierta con Irán sobre suelo sirio

El miércoles el jefe del Estado Mayor Conjunto del ejército estadounidense, el general Mark Milley, dijo ante el Congreso que Estados Unidos debe atacar a la Fuerza Qods de Irán, una rama del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), tras un ataque con drones en Siria que mató a un subcontratista militar estadounidense.

“Sabemos que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria iraní, y en particular la Fuerza Qods, es el grupo que debemos atacar, y atacarlo muy duramente a lo largo del tiempo, y eso es exactamente lo que pretendemos hacer”, dijo Milley.

El Pentágono dijo que el avión no tripulado que alcanzó una base estadounidense en Siria la semana pasada era de origen iraní, pero no aportó pruebas que apoyaran esa afirmación. Biden ordenó ataques aéreos contra instalaciones que, según el Pentágono, eran utilizadas por grupos afiliados al CGRI, en referencia a las milicias antiestadounidenses y antiisraelíes que operan en Siria a petición del gobierno de Bashar Al Assad.

Teherán niega que Estados Unidos tuviera como objetivo instalaciones militares iraníes y afirma que los ataques aéreos alcanzaron un centro de desarrollo rural y un centro de cereales.

Más tarde, el Pentágono afirmó que los ataques habían tenido como blanco dos objetivos de la Fuerza Qods del CGRI y estimó que al menos ocho militantes habían muerto en los ataques aéreos, pero dijo que no eran iraníes. Otros informes no confirmados elevan el número de muertos a 19.

Si Estados Unidos comienza a atacar directamente a la Fuerza Qods de Irán, como sugiere Milley, podría desencadenarse una guerra abierta con Irán. Ambos países estuvieron al borde del conflicto en enero de 2020, cuando el gobierno de Trump lanzó un ataque con drones que mató al general iraní Qasem Soleimani, que era el comandante de la Fuerza Qods en ese momento.

La ocupación estadounidense del este de Siria sigue corriendo el riesgo de desencadenar una guerra más amplia, ya que las bases estadounidenses son atacadas con frecuencia. Según el Pentágono, desde enero de 2021 se han producido unos 80 ataques contra tropas estadounidenses en Siria.

El Pentágono afirma que todos estos ataques fueron apoyados por Irán, pero nunca ha aportado pruebas que respalden la denuncia. Muchas milicias chiíes operan independientemente de Teherán, y otros grupos en Siria tendrían interés en atacar a las fuerzas estadounidenses, incluido el Califato Islámico, que es enemigo tanto de Estados Unidos como de Irán y tendría interés en avivar un conflicto entre ambos.

(*) https://www.al-monitor.com/originals/2023/03/top-us-general-advocates-targeting-irans-irgc-quds-force-after-syria-drone-attack

En Oriente Medio la correlación de fuerzas cambió en menos de 24 horas

El gobierno de Trump diseñó los Acuerdos de Abraham para forjar una alianza contra Irán entre Israel y los países árabes. Faltaba la rúbrica saudí para cobrar todo su significado.

El 9 de marzo los saudíes anunciaron que estaban dispuestos a firmar un tratado de paz con Israel y unirse a los Acuerdos de Abraham, si Estados Unidos garantizaba su seguridad frente a Irán, le ayudaba a construir un programa nuclear civil y le abría sin restricciones su catálogo de venta de armas (1).

Era un ultimátum. Estados Unidos no respondió ni propuso alternativas, por lo que al día siguiente los saudíes se buscaron la vida en otro lugar y anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Irán. En cuestión de horas la situación había dado un vuelco total.

Ante el silencio de Washington, las nuevas reglas del juego las patrocinó China, que nunca había tenido ningún protagonismo en Oriente Medio. A los países árabes les pilló desprevenidos. Biden quería escapar de Oriente Medio para enfrentarse a China en su propio terreno, en Extremo Oriente y dos años más tarde, Arabia saudí permite a China entrar en Oriente Próximo por la puerta grande.

Los Acuerdos de Abraham han empezado a desmantelarse. El enemigo ya no es Irán y, lo que es peor, los países árabes se pueden agrupar en torno a la República Islámica.

Emiratos Árabes Unidos, que firmó los Acuerdos, se muestra -por primera vez- especialmente cariñoso con Irán. El 16 de marzo Ali Shamjani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad iraní, realizó una visita oficial a Emiratos que “representa una nueva etapa en las relaciones políticas, económicas y de seguridad” entre ambos países.

Otro firmante de los Acuerdos de Abraham, Bahrein, ha estado acusando a Irán de apoyar los levantamientos chiítas en el país para derrocar al gobierno, una acusación que no se ha vuelto a repetir. Otro dirigente iraní ha visitado tambien el país y ambas partes negocian para restablecer vínculos aéreos comerciales y abrir embajadas.

Como ocurre desde hace décadas, Egipto ya no encabeza nada en el mundo árabe. Se limita a seguir determinadas corrientes, en este caso la de Emiratos. El gobierno egipción ya había asegurado a Teherán en julio del año pasado que no apoyaría ni participaría en ninguna alianza militar regional en su contra (2). Luego, a finales de año, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Hossein Amir-Abdollahian, y el presidente egipcio, Abdel Fattah Al-Sisi, mantuvieron una reunión positiva en la cumbre Bagdad II.

Jordania es otro país que también nada siempre a favor de la corriente, con la diferencia de que antes soñaba con una “OTAN árabe” (dirigida contra Irán, naturalmente) e incluso firmó un tratado de paz con Israel. El rey Abdalah acusó a las milicias proiraníes de Siria de introducir drogas de contrabando en el país. Ahora aboga por un acuerdo regional con Siria, principal aliado de Irán en la región.

Es más, el 13 de enero el ministro iraní de Asuntos Exteriores declaró que estaban estudiando la posibilidad de que el rey Abdullah visite Teherán.

Sólo son unas pocas muestras del vuelco que ha dado la correlación de fuerzas en Oriente Medio en menos de 24 horas. Por si quedan dudas, Irán ha aclarado que la mejora de sus relaciones con los países árabes no supone abandonar al Eje de la Resistencia, es decir, a Siria, Hezbollah y Ansarollah.

(1) https://www.wsj.com/articles/saudi-arabia-seeks-u-s-security-pledges-nuclear-help-for-peace-with-israel-cd47baaf
(2) https://www.mei.edu/publications/how-tehran-views-iranian-saudi-agreement

Sigue el saqueo del petróleo sirio por las tropas estadounidenses de ocupación

Decenas de camiones cisterna llenos de petróleo sirio han sido introducidos de contrabando por las tropas de ocupación estadounidenses en sus bases del norte de Irak.

El 25 de marzo el ejército estadounidense transportó de contrabando al menos 80 camiones cisterna cargados con cientos de toneladas de petróleo sirio robado desde la región de Yazira hasta sus bases en Irak.

Los camiones cisterna salieron de Siria como parte de un convoy de 148 vehículos que cruzó el paso fronterizo ilegal de Al-Walid a primera hora del sábado de la semana pasada.

Entre los demás vehículos del convoy estadounidense había camiones frigoríficos y vehículos blindados.

La última operación de robo de petróleo de Washington se produjo pocas horas después de que los yacimientos de Conoco y Al-Omar, en el noreste de Siria, fueran bombardeadas con misiles y drones en represalia por un ataque aéreo estadounidense perpetrado el viernes en la provincia de Deir Ezzor que causó varios muertos.

El yacimiento de Conoco fue alcanzado por más de 15 misiles. En declaraciones a la cadena de televisión Al Yazira, un funcionario estadounidense declaró que uno de los yacimientos había sido alcanzado por “ocho cohetes”.

Los medios de comunicación estadounidenses citaron al Pentágono diciendo que los ataques habían causado varias víctimas. Ningún grupo ha reivindicado la autoría del ataque, que supone la tercera operación armada exitosa contra tropas estadounidenses en Siria en 24 horas.

Al comentar los ataques aéreos del viernes, lanzados desde la base aérea qatarí de Al-Udeid, Biden afirmó que su país estaba preparado para “actuar con contundencia para proteger a nuestros hombres”, y añadió que Estados Unidos “no busca un conflicto con Irán”.

Es la tercera vez que las tropas estadounidenses saquean los recursos de Siria desde que el país sufrió un devastador terremoto el 6 de febrero.

Washington mantiene unos 900 soldados en Siria, repartidos principalmente entre la base de Al-Tanf y la región nororiental del país. Aunque las tropas estadounidenses, seguidas por los kurdos de las Fuerzas Democráticas Sirias, ocuparon inicialmente grandes franjas del país con el pretexto de luchar contra el Califato Islámico, la justificación oficial de la ocupación cambió una vez que los yihadistas fueron derrotados.

En 2019, Trump dijo: “Nos quedamos con el petróleo. Tenemos el petróleo. El petróleo está a salvo. Dejamos tropas atrás solo por el petróleo”.

Decenas de camiones cisterna realizan cruces ilegales entre Irak y Siria cada semana en convoyes acompañados por aviones de guerra o helicópteros estadounidenses. Pastores de la región corroboran estas afirmaciones, afirmando que el petróleo sirio se transporta al emplazamiento militar de Al-Harir en Erbil, capital de la región autónoma del Kurdistán irakí, una zona conocida por ser un centro de operaciones del espionaje occidental e israelí.

En agosto del año pasado el Ministerio de Asuntos Exteriores sirio afirmó que las pérdidas sufridas por el sector del petróleo y el gas del país debido a las acciones de Estados Unidos ascendían a 107.000 millones de dólares desde que comenzó la Guerra de Siria en 2011.

Los países del Golfo se liberan de la tutela de Washington

La mediación de China para normalizar las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudí e Irán ha sido muy bien acogida internacionalmente, sobre todo en la región de Asia Occidental. Un grupo de Estados descontentos, que no quieren ver cómo China se adelanta en ningún frente, aunque con ello avance la causa de la paz mundial, observaban en silencio.

Estados Unidos ha tomado la delantera en ese grupo de almas muertas. Pero también se enfrenta a un dilema. ¿Puede permitirse ser un aguafiestas? Arabia Saudí no sólo es la fuente de reciclaje de petrodólares -y, por tanto, un pilar del sistema bancario occidental-, sino también el mayor mercado de exportación de armas de Estados Unidos. Europa se enfrenta a una crisis energética y la estabilidad del mercado del petróleo es una de sus principales preocupaciones.

Arabia Saudí ha demostrado una notable madurez al afirmar que su política de “mirar al este” y su asociación estratégica con China no significan que se deshaga de los estadounidenses. Los saudíes se lo toman con calma.

Al fin y al cabo, Jamal Khashoggi era un activo estratégico del establishment de seguridad estadounidense; Estados Unidos es parte interesada en la sucesión saudí y tiene un historial de patrocinio de cambios de régimen para crear otros perversos.

No obstante, el acuerdo entre Arabia Saudí e Irán clava un cuchillo en el corazón de la estrategia estadounidense en Asia Occidental. Aísla gravemente a Estados Unidos e Israel. Los sionistas pueden mostrar su descontento ante la candidatura del presidente Biden para un nuevo mandato. China se ha adelantado a Estados Unidos, con consecuencias de largo alcance, lo que supone un desastre en política exterior para Biden.

Washington no ha dicho su última palabra y puede estar conspirando para impedir que el proceso de paz se convierta en la principal política de la región de Asia Occidental. Los comentaristas estadounidenses creen que la normalización entre Irán y Arabia Saudí será una empresa a largo plazo y que las posibilidades de éxito son escasas.

Sin embargo, los protagonistas regionales ya están creando cortafuegos locales para preservar y fomentar el nuevo espíritu de reconciliación. Por supuesto, China (y Rusia) también están ayudando. China ha lanzado la idea de celebrar una cumbre regional entre Irán y los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo a finales de año.

Un funcionario saudí anónimo declaró al diario Asharq Al-Awsat que el presidente chino Xi Jinping planteó el año pasado al príncipe heredero saudí, Mohammed Bin Salman, que Pekín sirviera de “puente” entre el reino e Irán, y éste lo acogió con satisfacción, ya que Riad considera que Pekín se encuentra en una posición “única” para ejercer una “influencia” sin parangón en el Golfo.

“Para Irán en particular, China es el primer o segundo socio internacional. La influencia es, por tanto, importante en este sentido, y no existe una alternativa equivalente en términos de importancia”, añadió el funcionario saudí.

El funcionario saudí afirmó que el papel de China hacía más probable que se mantuvieran los términos del acuerdo. “China es un actor importante en la seguridad y la estabilidad del Golfo”, señaló. El funcionario también reveló que las conversaciones en Pekín incluyeron “cinco sesiones muy profundas” sobre temas espinosos. Los temas más espinosos fueron Yemen, los medios de comunicación y el papel de China.

Mientras tanto, también hay noticias positivas en el aire: la probabilidad de una reunión a nivel de ministros de Asuntos Exteriores entre Irán y Arabia Saudí en un futuro próximo y, sobre todo, la carta de invitación del rey Salman de Arabia Saudí al presidente iraní, Ebrahim Raeisi, para visitar Riad. El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Hossein Amirabdollahian, señaló el domingo sobre la crisis yemení que “nosotros [Irán] estamos trabajando con Arabia Saudí para garantizar la estabilidad en la región. No aceptaremos ninguna amenaza de los países vecinos.

Ciertamente, el entorno regional está mejorando. Hay signos de una relajación general de las tensiones. En la primera visita de este tipo en más de una década, el ministro turco de Asuntos Exteriores estuvo en El Cairo y el ministro egipcio de Asuntos Exteriores visitó Turquía y Siria. La semana pasada, a su regreso de Pekín, el almirante Ali Shamkhani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, visitó Emiratos Árabes Unidos, donde le recibió el presidente Sheikh Mohammed.

Poco después, el domingo, el presidente sirio Bashar Al-Assad llegó a Emiratos Árabes Unidos para una visita oficial. “Siria ha estado ausente de sus hermanos durante demasiado tiempo, y ha llegado el momento de que regrese a ellos y a su entorno árabe”, dijo el jeque Mohamed Al Assad durante su histórico encuentro en el palacio presidencial.

Shamkhani describió sus conversaciones de cinco días en Pekín que condujeron al acuerdo con Arabia Saudí como “francas, transparentes, exhaustivas y constructivas”. Y añadió: “Aclarar los malentendidos y mirar hacia el futuro en las relaciones Teherán-Riad conducirá sin duda al desarrollo de la estabilidad y la seguridad regionales y al fortalecimiento de la cooperación entre los países del Golfo Pérsico y del mundo islámico para gestionar los desafíos actuales”.

Es evidente que los Estados regionales se están beneficiando del “buen rollo” generado por la entente saudí-iraní. Contrariamente a la propaganda occidental sobre un reciente distanciamiento entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, el jeque Mohammed se identifica estrechamente con las tendencias positivas del entorno regional.

Aquí es donde el papel protagonista de China en la promoción del diálogo y la amistad resulta decisivo. Los países de la región consideran a China como un interlocutor benévolo y los intentos concertados de Estados Unidos y sus socios menores de aplastar a China no tienen ninguna repercusión en los Estados de la región.

China tiene inmensos intereses económicos en la región, especialmente la expansión de la Ruta de la Seda en Asia Occidental. Por tanto, la estabilidad política y la seguridad de la región son de vital interés para Pekín, razón por la cual se ha convertido en patrocinador y garante del acuerdo entre Irán y Arabia Saudí. Evidentemente, no hay que subestimar la durabilidad del acuerdo saudí-iraní. El acuerdo saudí-iraní seguirá siendo el acontecimiento más importante en Asia Occidental durante mucho tiempo.

Fundamentalmente, Arabia Saudí e Irán se ven obligados a cambiar el enfoque de sus estrategias nacionales hacia el desarrollo y el crecimiento económico. Esta cuestión ha recibido poca atención. Los medios de comunicación occidentales lo han ignorado deliberadamente y han preferido demonizar al príncipe heredero saudí y crear un escenario catastrofista para el régimen islámico iraní.

El programa nuclear iraní

Dicho esto, la incógnita conocida es la creciente tensión en torno al programa nuclear iraní. Esta cuestión es uno de los principales puntos de desacuerdo entre Teherán y el Reino. Además, las amenazas israelíes de ataques contra las instalaciones nucleares iraníes se están intensificando. Es importante señalar que está previsto que el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Amirabdollahian, visite Moscú esta semana.

Es necesario un esfuerzo coordinado entre Rusia y China para impedir que Estados Unidos plantee la cuestión nuclear junto con Israel y aumente las tensiones, incluidas las militares, de modo que se disponga de un pretexto para desestabilizar la región y marginar el acuerdo saudí-iraní como leitmotiv de la política regional.

Todas las partes entienden perfectamente que “si el acuerdo de Pekín se materializa, el violento y fanático gobierno de derechas israelí será el primer perdedor, porque el cumplimiento del acuerdo daría lugar a un sistema regional estable y próspero que allanaría el camino para una mayor normalización y todos los logros que conlleva”, como escribía hoy un editorialista libanés en el diario Asharq Al-Awsat.

En general, los Estados de la región actúan por voluntad propia, abandonando cada vez más su determinismo ligado a decisiones y acciones que se creían causalmente inevitables. Los Estados soberanos se han dado cuenta de que son capaces de tomar decisiones o emprender acciones independientemente de cualquier acontecimiento o estado previo en el universo.

—https://www.indianpunchline.com/free-will-trumps-determinism-in-gulf-politics/

Estados Unidos ha matado a más de medio millón de personas en Irak

Más de medio millón de muertos ha causado la Guerra de Irak destada por Estados Unidos hace 20 años, según una estimación del Instituto Watson de la Universidad de Brown (*).

Estados Unidos inició la invasión militar con el pretexto de unas armas de destrucción masiva que no existían y sigue atacando militarmente el país 20 años después.

La guerra comenzó con bombardeos el 19 de marzo de 2003. Las tropas estadounidenses abandonaron Irak en 2011, nueve años después, para desencadenar la Primavera Árabe.

Pero la evacuación fue puramente formal. Trasladó sus bases a Siria, desde donde realiza importantes operaciones militares hasta el día de hoy.

Miles de personas -desde las tropas y la policía irakíes hasta combatientes estadounidenses y de otros aliados- han muerto y resultado heridos. Si se suman los civiles en Irak (desde la invasión estadounidense en 2003) y Siria (desde 2014), el número de muertos oscila entre 550.000 y 580.000.

Esa cifra de muertes puede multiplicarse por dos, tres o cuatro debido a causas indirectas como la malnutrición relacionada con los refugiados, la falta de acceso a agua potable, atención sanitaria y enfermedades prevenibles.

Más de 7 millones de personas de Irak y Siria tienen estatuto de refugiado y casi 8 millones de personas han sido desplazadas dentro de los dos países.

La devastación de las infraestructuras locales perdurará mucho más allá de los principales combates. De hecho, aún no se pueden calcular los costes totales definitivos de la guerra de Estados Unidos en Irak y Siria.

El año pasado el  ejército estadounidense llevó a cabo 313 misiones: 122 en Siria y 191 en Irak. También continúan los daños a combatientes y civiles.

Los soldados condenados por cometer crímenes de guerra fueron indultados por Trump en 2019. Las tropas británicas tambien ha sido acusadas de cometerlos y las investigaciones han sido archivadas sin obtener ningún resultado. En su informe de 2017, la fiscal del Tribunal Penal Internacional, Fatou Bensouda, afirmó que tenía indicios sólidos de que las tropas británicas habían cometido crímenes de guerra en Irak.

(*) https://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/2023/Costs%20of%2020%20Years%20of%20Iraq%20War%20Crawford%2015%20March%202023.pdf

El fracaso de Estados Unidos en Irak ha abierto las puertas a Rusia y China

Hace veinte años Estados Unidos invadió Irak. Bush describió la agresión militar como necesario para “liberar a su pueblo y defender al mundo de un grave peligro”. Unas semanas más tarde, se jactó de que la guerra había sido un éxito porque “las tropas estadounidenses habían expulsado al dictador irakí Sadam Husein y derrotado a su ejército”.

Bush aterrizó en un portaaviones estadounidense y se enfundó un traje de las Fuerzas Aéreas estadounidenses al estilo de Tom Cruise en “Top Gun”, orquestando la sesión fotográfica más grandiosa de la historia de Estados Unidos. “El tirano ha caído e Irak es libre”, anunció bajo una gran pancarta que proclamaba “Misión cumplida”.

El alarde publicitgario no tardó en desmoronarse. Antes de que Bush dejara el cargo, aumentó el número de tropas para luchar contra los yihadistas y los partidarios de Sadam. El caos ha continuado casi sin tregua desde entonces.

Gran parte de las críticas a la Guerra de Irak son el equivalente político de mirarse el ombligo. Se presta cierta atención, aunque quizá no la suficiente, a las posibles repercusiones regionales negativas. Tampoco se ha prestado suficiente atención, al menos al principio, a los importantes efectos sobre Rusia y China. Estas omisiones deben considerarse otros errores garrafales.

Desde el principio Arabia saudí se negó categóricamente a participar en la agresión. “No aceptamos que esta guerra amenace la unidad o la soberanía de Irak”, declaró un alto funcionario.

Arabia saudí permitió a los aviones de guerra estadounidenses utilizar sus bases aéreas, pero las relaciones han cambiado: Arabia Saudí ha estrechado poco a poco sus lazos con China y Rusia, esta última miembro asociado a la OPEP.

En los últimos años los saudíes han insistido en que pretenden evitar verse arrastrados a lo que Estados Unidos denomina “competición de grandes potencias”, según Gerald Feierstein, ex embajador estadounidense en Yemen. “Los saudíes han dejado claro que sus intereses se centran en mantener una relación sólida con su principal socio en materia de seguridad, Estados Unidos, su principal socio económico, China, y su principal socio en la OPEP, Rusia”.

La Guerra de Irak ha alterado radicalmente los puntos de vista saudíes hacia Estados Unidos y estos cambios se reflejan ahora dramáticamente en los asuntos internacionales.

Durante la Guerra del Golfo de 1990-1991, cuando Estados Unidos encabezaba el desalojo de las fuerzas invasoras irakíes de Kuwait, Moscú ayudó a los estadounidenses facilitando el paso de vuelos militares sobre Rusia.

Pero en 2003 Rusia consideró la Guerra de Irak como una violación del derecho internacional y un ataque a un gobierno con el que Moscú había mantenido relaciones diplomáticas y comerciales.

Putin intentó frenar las tendencias unilaterales de Estados Unidos. En los Balcanes se opuso a la guerra aérea de Clinton contra Serbia y en favor de Kosovo.

En marzo de 2003 pidió el fin de la Guerra de Irak. “Si permitimos que la ley del revólver sustituya al derecho internacional, según el cual los fuertes siempre tienen razón y derecho a hacer cualquier cosa, se pondrá en tela de juicio uno de los principios fundamentales del derecho internacional: el principio de la soberanía inalienable de los países”, afirmó.

Desde entonces, Putin ha protegido a quienes considera sus amigos, incluido el gobierno sirio dirigido por Bashar Al-Assad, diplomática, política y militarmente. Rusia ha proporcionado bombardeos aéreos para paralizar a los yihadistas, ayudando al ejército de Assad y a sus aliados libaneses a hacerlos retroceder hacia el noroeste de Siria.

Rusia ha llenado el vacío dejado por Estados Unidos. El firme apoyo aflojó después de que Estados Unidos, escaldado en Irak, se negara a apoyar plenamente incluso a los “rebeldes moderados”.

La disposición de Irán a suministrar aviones no tripulados a Rusia para que los utilice en sus bombardeos sobre Ucrania es la última manifestación del nuevo papel de Moscú.

Mientras tanto, la influencia económica de China en Oriente Medio se ha visto reforzada por la ineptitud de Estados Unidos en Irak. La región se ha incorporado a los planes de la Nueva Ruta de la Seda, desvelados en 2013. En 2020 China fue uno de los mayores importadores de petróleo de Oriente Medio.

Antes China se centraba en sus cercanías y en cuestiones económicas. Ahora se encuentra en el centro de la diplomacia mundial. Su ayuda para reanudar las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudí e Irán es un ejemplo llamativo: los saudíes fueron en su día aliados incondicionales de Estados Unidos.

También lo es el plan de Pekín para poner fin a la guerra en Ucrania fomentando un alto el fuego y conversaciones de paz.

Los planificadores de la guerra de Bush tenían en mente la organización de un nuevo Oriente Medio. No pensaron que la guerra de Irak y su ineptitud se vería como una apertura a nuevas actividades políticas y militares exteriores por parte de Rusia y China.

“La guerra de Irak puso fin a una era de arrogancia occidental sobre la teoría y la práctica de la promoción de la democracia”, escribe Louise Fawcett, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford. “Para Rusia y China, la guerra de Irak ha contribuido así a erosionar el mito de la omnipotencia occidental y a convertir Oriente Medio en un espacio competitivo de oportunidades económicas y estratégicas”.

La estrechez de miras y las falsas expectativas contribuyeron a configurar estas nuevas realidades geopolíticas, al igual que los engaños utilizados por el gobierno de Bush para promover la guerra.

La razón declarada de la invasión era impedir que Irak desarrollara armas de destrucción masiva: nucleares, químicas y biológicas. A pesar de la insistencia de Bush y sus funcionarios en que tales programas existían, no se encontró ninguno.

El gobierno estadounidense y sus funcionarios de inteligencia también han insistido en que Sadam Husein estuvo implicado en los atentados de Al Qaeda de 2001 en Nueva York y Washington. Pero la historia demuestra que no es así.

Las acusaciones estaban “llenas de basura”, afirmó Robert E. Kelly, investigador asociado del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (Sipri). Kelly formó parte de un equipo del Organismo Internacional de Energía Atómica que investigó la afirmación de que Irak tenía armas nucleares.

“Prevalecieron la política, la conformidad y el pensamiento de grupo”, escribe Kelly en un ensayo en un ensayo publicado por el Sipri el 9 de marzo. “El resultado de todo esto fue una guerra que mató a cientos de miles de personas y alimentó años de inestabilidad en Irak y en toda la región”.

Una nueva arquitectura para Oriente Medio: el acuerdo irano-saudí

El acuerdo entre Arabia Saudí e Irán (garantizado por China) no consiste principalmente en restablecer las relaciones diplomáticas. Ambos equipos estaban dirigidos por sus jefes de seguridad. El acuerdo pretende construir una nueva arquitectura de seguridad para la región.

Esta arquitectura es potencialmente revolucionaria. Desde que Isaac Rabin decidiera a principios de la década de 1990 invertir el paradigma de seguridad original de Israel de “periferia” (Estados no árabes) frente a la vecindad árabe de Israel (para allanar el camino a la aspiración de Rabin de un cierto entendimiento con los palestinos), la región se ha transformado en un páramo de arquitectura fabricada contra la seguridad.

Para alcanzar los objetivos de buscar la paz con la esfera árabe, los dirigentes israelíes -que necesitaban una causa en torno a la cual pudieran unirse los israelíes y el Congreso estadounidense- demonizaron a Irán. Desde entonces, se ha dicho (durante algunas décadas) que Irán está a punto de adquirir un arma nuclear (aunque eso nunca ha sucedido).

Las consecuencias han sido desastrosas: Irán se ha convertido en un puercoespín espinoso, con Ahmadineyad rezongando a quienes pudieran acercársele que mantengan las distancias. Estados Unidos e Israel convirtieron la polarización intelectual y cultural inherente a la revolución iraní en un casus bellum [motivo de guerra].

El mantra era que para que Israel y sus aliados árabes se sintieran seguros, Irán y su mentalidad revolucionaria tenían que ser destruidos, o al menos “reconectados” mentalmente con los modos de vida occidentales.

Cualquier paralelismo con los actuales llamamientos occidentales para que Rusia sea desmantelada y sometida a rehabilitación mental no es coincidencia.

Como resultado, a medida que este bellum (guerra) se desarrollaba en la región, Irak, Siria, Líbano y otros países -todos ellos en su día Estados ricos- se transformaron en basureros económicos de pobreza.

Pero entonces los “platos” geoestratégicos cambiaron: el interés de Estados Unidos en la región menguó bruscamente y China y Rusia pasaban a primer plano, con una fórmula mucho más atractiva que la de Washington: en lugar de exigir lealtad y subordinación absolutas, China insistía en el respeto de la soberanía y la autonomía en los asuntos internos de otros Estados.

Ahí estaba el “atractivo” que ejercía sobre los dos Estados islámicos rivales el ascenso de las nuevas potencias mundiales (China-Rusia). Pero la otra parte de la ecuación era que los saudíes habían entrado en cólera porque Estados Unidos los degradaba como vasallos. Incluso Trump les insultó diciendo que “no podrían durar una semana” sin la protección estadounidense. Luego, cuando las instalaciones de Aramco fueron atacadas con misiles, ¿dónde estaba la protección estadounidense? No había tal.

Fueron necesarios otros dos elementos para que este acuerdo viera la luz. El primero fue una mediación paciente y a la vieja usanza (el proceso había comenzado en Pekín hace unos seis años, durante la visita del rey Salman), pero con el presidente Xi prestando su atención personal a la mediación (una característica de la diplomacia olvidada hace tiempo en Occidente).

En segundo lugar, Irán estaba saliendo de su larga estancia de introspección, gracias en gran parte al compromiso de Rusia y China, y a la “ventana” abierta por la posibilidad de unirse a la Organización de Cooperación de Shanghai y a los Brics. A Irán le han ofrecido “profundidad”: estratégica y económica.

Al mismo tiempo, Arabia Saudí se fue distanciando, lenta pero constantemente, de la propuesta planteada por primera vez a Abdul Aziz ibn Saud a principios del siglo XX por St. John Philby de que el wahabismo radical era el arma secreta del reino para asegurar su dominio sobre el mundo islámico. Esta idea fue adoptada entonces con entusiasmo por los servicios de inteligencia occidentales para debilitar y contener a Irán. Simplemente, Mohamed Bin Salman fue desarmando poco a poco al wahabismo.

Entonces llegó el momento. Y China lo aprovechó. Las conversaciones duraron tres días (del 6 al 10 de marzo) y no salió nada. El resultado golpeó a Washington y Tel Aviv como un trueno.

Por supuesto, no conocemos los acuerdos secundarios secretos, pero es seguro que Arabia Saudí habrá pedido -y recibido- garantías de que Irán no buscará armas nucleares, que no amenazará las infraestructuras vitales del reino, que no tratará de desestabilizarlo y que Arabia Saudí e Irán trabajarán juntos para poner fin a la guerra en Yemen.

Irán habrá pedido a Arabia saudí que deje de financiar a medios de comunicación exteriores que tratan de difundir sus mensajes de cambio de régimen en Irán y de apoyar a movimientos como la Organización de Muyahidines del Pueblo (MEK), algunos grupos kurdos con base en Irak y militantes que operan desde Baluchistán hacia Irán.

¿Qué presagia esta arquitectura? Hay demasiadas cosas para enumerarlas brevemente, pero como ejercicio de reflexión, imaginemos las consecuencias en Líbano si Arabia saudí e Irán decidieran juntos acabar con el sufrimiento del pueblo libanés; la casi inanición en Siria o el colapso del Estado irakí.

Imagine las consecuencias económicas para Asia de una determinación conjunta de Irán, Arabia Saudí, el Golfo y Rusia de aplicar una nueva política energética en la que ambos actúen para configurar los precios de las materias primas y darles una estructura de precios y ventas diferente.

¿Qué pasa con Estados Unidos e Israel? Mark Dubowitz, del equipo neoconservador Fundación para la Defensa de las Democracias, lo expresó sucintamente: “Esto es un fracaso para los intereses estadounidenses. Demuestra que los saudíes no confían en que Washington les respalde, que Irán ve una oportunidad de deshacerse de sus aliados estadounidenses para acabar con su aislamiento internacional, y establece a China como el mayordomo de la política de poder en Oriente Próximo”.

El sueño de Netanyahu de una alianza árabe unida para apoyar la acción militar israelí contra Irán ha llegado a su fin. Netanyahu sabe muy bien que Washington nunca apoyaría una acción militar contra Irán sin un apoyo árabe activo y sustancial. Eso también es cosa del pasado. La Doctrina Carter de 1980, según la cual Estados Unidos no permitiría el desarrollo de ningún rival en Oriente Próximo, también ha terminado. China, Rusia y Eurasia están creciendo.

El acuerdo llega en un momento delicado para Netanyahu. Irán pretendía ser una distracción ante el creciente trauma interno de Israel. Ahora tiene que hacer frente a la crisis sin nada más que la propia crisis.

Alastair Crooke https://english.almayadeen.net/articles/analysis/iransaudi-deal:-not-a-diplomatic-normalisation-but-an-archit

La OTAN traslada a los yihadistas chechenos de Siria a Ucrania

Hace unos años empezaron a aparecer mercenarios sirios en guerras, como las de Libia y Azerbaiyán. Pocos prestaron atención a los yihadistas extranjeros en Siria, como los chechenos. Sin embargo, su reciente salida de Siria para luchar contra Rusia en Ucrania ha sorprendido.

Los chechenos estuvieron entre los primeros mercenarios extranjeros en unirse a la agresión contra Siria. La primera unidad chechena en Siria la formó en 2012 Omar Al Shishani, un comandante que se convirtió en ministro de guerra del Califato Islámico al año siguiente.

Además de unirse a grupos como el Califato Islámico y Jabhat Al-Nusra, predecesor de Hayat Tahrir Al-Sham (HTS), los mercenarios chechenos formaron sus propias unidades. Entre ellos destacafron Junud Al-Sham, dirigido por Murad Margoshvili (más conocido por su nombre de guerra, Muslim Al-Shishani), y Ajnad Al-Kavkaz, dirigido por Abdul Hakim Al-Shishani (cuyo verdadero nombre es Rustam Azhiev).

El número de mercenarios chechenos en Siria no se conoce con exactitud. Fuentes locales dicen que ahora sólo hay unos cientos, pero que en algún momento hubo varios miles.

Los chechenos ya no son bienvenidos en el noroeste de Siria. El alto el fuego negociado por Turquía y Rusia en marzo de 2020 hizo que los mercenarios extranjeros en las zonas controladas por los yihadistas pasaran a ser una amenaza, cuando no un lastre.

HTS, que gobierna de facto la región, está expulsando a los chechenos. Para consolidar su control sobre la última región bajo dominio yihadista, HTS lleva años cooptando sistemáticamente a las unidades armadas de su territorio y eliminando a las que se resisten. El grupo primero atacó a facciones rivales, como Ahrar Al-Sham, antes de ir a por cualquier grupo que no doblara la rodilla.

Algunas organizaciones, como Ajnad Al-Kavkaz, tomaron el camino más fácil y suspendieron sus operaciones desde el principio, mientras que otras, como Junud Al-Sham, se resistieron inicialmente y sólo se sometieron cuando la amenaza de un enfrentamiento directo con HTS se hizo inminente. En cualquier caso, a los mercenarios chechenos no se les permitió luchar contra Rusia, que fue la razón por la que se desplazaron a Siria.

Varias condiciones hicieron de la guerra en Ucrania una alternativa atractiva para los mercenarios chechenos.

En primer lugar, Ucrania permite a los chechenos enfrentarse directamente a Rusia. De hecho, el deseo de los chechenos de luchar contra Rusia es más apremiante que las diferencias religiosas e ideológicas que mantienen con el gobierno ucraniano.

En segundo lugar, la actitud acogedora de Ucrania hacia los mercenarios extranjeros ha facilitado la reubicación. A diferencia de 2014, tras el Golpe de Estado fascista, ahora el gobierno ucraniano está más dispuesto a cooperar con los mercenarios extranjeros, incluidos los chechenos, curtidos en la lucha contra las tropas rusas en frentes calientes.

Por último, según Abdul Hakim Shishani, el gobierno ucraniano considera a los yihadistas chechenos como aliados y les permite establecerse legalmente. Los mercenarios chechenos incluso han firmado un acuerdo con el gobierno ucraniano para crear una brigada exclusivamente chechena que depende directamente del Ministerio de Defensa.

La presencia de mercenarios chechenos en Ucrania ha facilitado la entrada de otros chechenos en el país. La experiencia de Abdul Hakim demuestra que pudo viajar desde Turquía con la ayuda de chechenos que ya estaban sobre el terreno. Para aumentar aún más su fuerza, las brigadas chechenas están intentando persuadir al gobierno ucraniano para que facilite la entrada de más yihadistas procedentes de Siria y Turquía, entre otros países.

La afluencia de mercenarios chechenos a Ucrania animará probablemente a otros grupos yihadistas de Siria a hacer lo mismo.

Como en Siria, la decisión de los mercenarios chechenos de ponerse del lado de Kiev demuestra su disposición a alinearse con cualquiera, siempre que Rusia sea el enemigo.

—https://asiatimes.com/2023/03/with-russia-in-their-sights-chechens-depart-syria-for-ukraine/

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