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Categoría: Oriente Medio (página 3 de 76)

Biden dio luz verde a los ataques israelíes contra Líbano en plenas negociaciones de ‘paz’

El antiguo embajador israelí en Washington, Michael Herzog, ha revelado que el gobierno de Tel Aviv llegó a acuerdos informales con Washington para continuar bombardeando objetivos en Líbano, a pesar del alto el fuego negociado por Estados Unidos y Francia a finales de 2019.

La diplomacia de Estados Unidos e Israel es así: con un mano negocian y con la otra golpean.

Herzog reveló este acuerdo verbal, que no había sido confirmado previamente, durante una mesa redonda organizada el viernes por el Instituto de Washington para la Política de Oriente Medio.

Uno de los resultados del acuerdo, que Herzog ayudó a negociar, es el mantenimiento de la “libertad de acción” de Israel frente a amenazas cuando otras partes son incapaces o no están dispuestas a contenerlas. “Fue posible gracias a acuerdos informales con el gobierno de Estados Unidos”, dijo.

Esta revelación ayuda a explicar el relativo silencio de Estados Unidos en los últimos meses respecto a las presuntas violaciones del alto el fuego por parte de Israel, incluyendo ataques aéreos casi diarios e incursiones de comandos contra sitios que Israel afirma que están vinculados a Hezbollah en el sur de Líbano.

Los ataques, que han causado la muerte de al menos 100 civiles libaneses, distan mucho del “cese definitivo de las hostilidades” prometido por Biden tras el alto el fuego.

En los últimos meses han circulado rumores sobre un acuerdo de este tipo, a raíz de informes de la prensa israelí sobre un “memorando de entendimiento” que autoriza a Israel a “defenderse” de las amenazas en Líbano, siempre que notifique previamente a Estados Unidos.

Sin embargo, las declaraciones de Herzog parecen constituir la primera confirmación oficial de este acuerdo secreto, y la indicación más clara hasta la fecha de que Israel considera este protocolo como una carta blanca para continuar su campaña aérea unilateral contra Líbano.

Herzog no especificó si estos “acuerdos paralelos” siguen vigentes bajo el gobierno de Trump que, al igual que el de Biden, ha ignorado en gran medida las violaciones del alto el fuego por parte de Israel.

Las declaraciones de Herzog también arrojan nueva luz sobre la situación previa a la visita del yihadista sirio, Ahmed Al Sharaa, a Washington, donde se reunirá con Trump para abordar, entre otros temas, la posibilidad de un acuerdo de seguridad sirio-israelí.

Según el exembajador israelí, Israel desea implementar un acuerdo paralelo similar a cualquier otro acuerdo con Siria. “Es importante que los israelíes sepan que pueden conservar su libertad de acción”, afirmó Herzog, mientras las demás partes tienen las manos atadas.

Los huthíes desmantelan un red de espionaje de la CIA, el Mosad y los saudíes

Los huthíes han desmantelado una red de espionaje que operaba desde una sala de operaciones conjunta integrada por la CIA, el Mosad y los servicios de inteligencia saudíes, según un comunicado del Ministerio de Interior del gobierno de la capital yemení.

El Ministerio explica que la operación se desarrolló en varias fases, tras una meticulosa vigilancia e investigación, lo que permitió a las fuerzas de seguridad descubrir planes hostiles contra Yemen, así como los métodos y las conexiones externas de la red.

La sala de operaciones conjunta, que tenía su sede en Arabia Saudí, coordinaba esfuerzos de sabotaje y espionaje contra Yemen mediante la formación de pequeñas células independientes directamente vinculadas a ella.

Las células estaban equipadas con sofisticados equipos de vigilancia para llevar a cabo misiones que incluían vigilancia, fotografía y la recopilación de coordenadas e información.

Los miembros de las células recibieron entrenamiento de oficiales estadounidenses, israelíes y saudíes en Arabia Saudí.

Los espías intentaban localizar centros de producción de armas, así como rampas de lanzamiento de misiles y drones utilizadas por los huthíes contra Israel. Además, recababan información sobre funcionarios civiles y de seguridad y vigilaban la infraestructura civil.

La red participó en las masacres de civiles yemeníes durante varios ataques perpetrados por las fuerzas de ocupación estadounidenses e israelíes contra zonas residenciales, mercados y lugares públicos. “Las células proporcionaron al enemigo información y coordenadas de ciertas infraestructuras objetivo, con el fin de perjudicar los intereses del pueblo yemení y empeorar sus condiciones de vida y económicas”, asegura el comunicado.

Muere otro palestino preso en las cárceles israelíes

Unas semanas después de la liberación de cerca de dos mil presos palestinos, las condiciones en las cárceles israelíes siguen siendo brutales. Un prisionero de 63 años, Muhammad Hussein Ghawadra, falleció el domingo en la prisión de Janout, en Israel, según el Comité de Asuntos de Prisioneros y Ex Prisioneros Palestinos. Con esta muerte, el número de palestinos fallecidos bajo custodia asciende a 81.

Llevaba detenido desde agosto del año pasado y era originario de Yenín, en Cisjordania. Uno de sus hijos permanece encarcelado bajo detención administrativa (sin juicio), mientras que otro fue liberado a principios de octubre como parte del acuerdo de alto el fuego firmado entre Israel y Hamas.

Hace unas semanas, cerca de dos mil prisioneros palestinos fueron liberados dentro del acuerdo de alto el fuego firmado el 10 de octubre. Numerosos testimonios publicados en los medios de comunicación detallan las duras condiciones de su detención y las torturas que sufrieron. Abusos, privaciones de todo tipo… Para un palestino, estar encarcelado en las prisiones israelíes es como descender a los infiernos.

Según el Comité de Prisioneros Palestinos, la represión se ha intensificado aún más tras esta oleada de liberaciones, a pesar de la atención mediática recibida: “La administración penitenciaria de ocupación ha intensificado sus crímenes y violaciones, ya que los testimonios de los prisioneros liberados constituyen prueba concluyente de torturas y ejecuciones acumuladas dentro de las prisiones, lo cual quedó claramente reflejado en los cuerpos de los mártires entregados como parte del acuerdo”. Desde 1967, 318 palestinos han muerto en prisiones israelíes.

Un comunicado publicado el domingo por el Comité advierte sobre el deterioro de las condiciones de vida en la prisión de Megido desde la entrada en vigor del alto el fuego. Con repetidas palizas y una represión cada vez más intensa, el ambiente se ha vuelto insoportable: “La atención médica es prácticamente inexistente y los detenidos solo pueden ducharse durante su breve periodo de ejercicio”. La cantidad de alimentos distribuidos a los detenidos se ha reducido, al igual que los productos de higiene: apenas un cuarto de taza de champú y un rollo de papel higiénico por semana por preso, dice el abogado del Comité, que describió esas prácticas como “una flagrante violación de los derechos humanos y legales de los presos palestinos” e hizo un llamamiento a la intervención de las instituciones internacionales para presionar a Israel.

Lejos de considerar la mejora de las condiciones de detención de los presos palestinos, el gobierno israelí parece avanza hacia un endurecimiento de la legislación que les afecta. Recientemente fue aprobado un proyecto de ley por el Parlamento israelí.

Con el apoyo de Netanyahu, el Comité de Seguridad Nacional del Parlamento votó el lunes a favor de una ley que establece la pena de muerte para quienes cometan “ataques terroristas”, en clara referencia a los presos palestinos. Esta medida también cuenta con el respaldo del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, uno de los políticos más fanáticos del gobierno de Tel Aviv. De hecho, fue Otzma Yehudit, miembro del partido de Ben-Gvir, quien presentó el proyecto de ley.

Para los presos palestinos, la aprobación de la ley representa “un paso más en la legalización de un crimen que se ha practicado durante décadas”. Según ellos, “la ocupación nunca ha cesado de ejecutar a palestinos fuera de todo marco legal, ya sea mediante detenciones, interrogatorios, asesinatos selectivos o negligencia médica deliberada, que se ha convertido en un método sistemático de eliminación lenta”.

Los debates en torno a la ley se desarrollan en un contexto de tensión, tras la detención de la abogada militar Yifat Tomer-Yerushalmi. La policía sospecha que filtró un vídeo de una cámara de seguridad en agosto del año pasado. El vídeo muestra a una prisionera palestina siendo violada en grupo por aproximadamente diez soldados israelíes en el campo de detención de Sde Teiman, célebre por el terror que perpetran los carceleros contra los presos palestinos. De los soldados que aparecían en el vídeo, cinco fueron finalmente detenidos el miércoles pasado gracias a la acumulación de pruebas.

El caso ha causado revuelo en Israel. La polémica sobre las condiciones de detención de los presos palestinos se ha reavivado con los últimos avances en la investigación. De ahí la importancia del proyecto de ley. Según los presos palestinos, el gobierno israelí “ha condicionado la supervivencia política de su coalición a la aprobación de esta ley”.

—http://www.presos.org.es/index.php/2025/11/07/muere-otro-palestino-preso-en-las-carceles-israelies-y-van-81-por-juanma-olarieta/

El asesinato del ‘ángel de la misericordia‘

Cuando Israel comete un crimen atroz que recibe una gran atención mediática, la rutina de los países europeos para lavarse la cara es la siguiente: hemos transmitido un mensaje al gobierno de Tel Aviv para que inicie una investigación para aclarar los hechos, y bla, bla, bla, bla…

Que se lleve a cabo o no una investigación es irrelevante, ya que, en el mejor de los casos, el gobierno israelí anuncia que ha identificado a un chivo expiatorio y luego, al cabo de varias semanas, echa tierra encima.

Sin embargo, lo más frecuente es que los pistoleros de Tel Aviv aleguen que sus tropas actuaron en defensa propia o contra individuos armados, o incluso que su víctima, considerada inofensiva, murió accidentalmente. O bien, alegan que la víctima estaba siendo utilizada, voluntaria o involuntariamente, como escudo humano de los combatientes palestinos.

Esta última versión es la que aportaron los israelíes tras una “investigación” sobre la muerte de Razan Al Najjar, asesinada el 1 de junio de 2018 por un francotirador de la Haganah cuando auxiliaba a una persona herida.

La versión sionista fue posteriormente desmentida por una investigación de la ONU, que no provocó ninguna reacción particular por parte de los medios de comunicación, que se han habituado a que las versiones israelíes sean una mentira detrás de otra. Con el tiempo todo se olvida. Hay que pasar página.

Pero en extrañas ocasiones aparecen personas con “mala conciencia”, incluso en los gobiernos europeos, como Alistair Burt, ministro de Asuntos Exteriores británico para Oriente Medio y Norte de África en el gobierno de Theresa May, entre 2017 y 2019.

Además de mentir, Burt señaló a los palestinos como culpables, afirmando que “elementos extremistas habían explotado las protestas con fines violentos”.

Años después, cuando ya nadie se acuerda de Razan Al Najjar, Burt admite haberse equivocado al no haber clasificado la muerte de Razan Al Najjar como un crimen de guerra, e incluso haber cuestionado la responsabilidad de los propios palestinos.

Burt también acusa ahora a Israel de llevar a cabo investigaciones simuladas sobre la muerte de Al Najjar y la de otros palestinos en las que participó el ejército israelí, en un intento por encubrir los crímenes.

Israel ha perdido el encanto que había cultivado con esmero durante décadas en los medios de comunicación del mundo entero. Después de las recientes matanzas de Gaza, a Burt le persiguen los remordimientos. Esas matanzas se pueden evitar, sobre todo cuando tienes bien identificado a los asesinos, como es el caso.

Su cambio de postura se revela en un nuevo libro sobre el papel del imperialismo británico en la guerra de exterminio de Gaza, escrito por el periodista Peter Oborne y titulado “Cómplices: El papel de Gran Bretaña en la destrucción de Gaza” (*).

Pequeño recordatorio de una mujer palestina heroica

Razan Al Najjar era una joven paramédica palestina de 21 años. La llamaban el “ángel de la misericordia” por su incansable tarea de socorro a los palestinos heridos en los ataques de la chusma sionista.

Najjar fue asesinada a tiros mientras atendía a un manifestante herido, lo que provocó indignación internacional y le otorgó fama póstuma a su heroica personalidad.

Ya era un icono para los palestinos antes de su asesinato. Sus fotos circulaban en las redes sociales, donde se la veía con coloridos pañuelos en la cabeza y una expresión de determinación en el rostro.

En el momento de su muerte, vestía una túnica blanca y tenía las manos sobre la cabeza, un gesto reconocido por todas las partes como señal de que era una trabajadora de la sanidad que no debía ser atacada.

La investigación realizada por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU concluyó que estaba claramente identificada como enfermera y que “no representaba una amenaza para la vida ni la integridad física de los soldados israelíes cuando le dispararon”.

La CDHNU “encontró motivos razonables para creer que francotiradores israelíes dispararon intencionalmente contra trabajadoras de la sanidad que estaban claramente identificadas como tales”.

En una entrevista con el New York Times un mes antes de su muerte, Najjar habló sobre su labor como socorrista voluntaria. “Ser socorrista no es solo trabajo de hombres. También es trabajo de mujeres. Tenemos un objetivo: salvar vidas y evacuar personas”.

Su muerte en junio de 2018 se produjo poco antes de que ella y su prometido, Izzat Shatat, anunciaran su compromiso al finalizar el Ramadán.

Miles de gazatíes asistieron a su funeral. Su cuerpo fue envuelto en una bandera palestina. Su padre vestía su bata de médico manchada de sangre.

(*) https://www.stopwar.org.uk/article/complicit-by-peter-oborne-is-a-devastating-expose-of-britains-role-and-of-the-genocide-says-chris-nineham/

Israel: de la dominación a la limpieza étnica

Israel es uno de los países más militarizados del mundo. El ejército y, en términos más generales, las fuerzas de seguridad son el núcleo en torno al cual las instituciones, las estructuras financieras y la economía del país se han desarrollado desde que David Ben-Gurion ordenó la creación del ejército el 26 de mayo de 1948. En las décadas que siguieron, la economía política del país creció en torno a este principio central de organizar la guerra, evolucionando a medida que la naturaleza de la guerra cambió con la política exterior de Estados Unidos en Oriente Medio.

En la década de los cuarenta, las milicias coloniales descentralizadas se unieron para formar una empresa pública para la producción de equipo militar. El Estado israelí ha limitado las exportaciones de esta industria, una tendencia que continuó después de la independencia, con los fabricantes públicos de armas produciendo armas con fines expansivos. Al comienzo de la Guerra Fría y durante el período postcolonial, la estrategia militar israelí reflejaba este modelo económico. En lugar de librar una guerra convencional, la colonización fue alentada por las pequeñas unidades militares que llevaban a cabo campañas de limpieza étnica con armas pequeñas. Si Israel importaba armas, principalmente de Francia, equipaba a estas milicias principalmente gracias a la producción nacional.

A raíz de la guerra árabe-israelí de 1973, con el aumento de la financiación militar por parte de Estados Unidos, los suministros del ejército israelí cambiaron. La nueva fase de la Guerra Fría marcó el comienzo de un período de cambio sectorial dentro de la industria de guerra israelí. La guerra puso de relieve las graves debilidades en la defensa israelí, que había luchado contra los ejércitos de los países árabes equipados por la Unión Soviética. La respuesta de Israel ha sido un rápido y fuerte aumento en las importaciones de sistemas de armas estadounidenses. Pero esta decisión requirió un ajuste estructural: para fortalecer sus lazos con la industria de defensa de Estados Unidos, Israel ha privatizado y liberalizado su aparato militar nacional. En las últimas décadas del siglo XX, el ejército israelí se han convertido en una fuerza policial colonial de alta tecnología, administrando las poblaciones palestinas de Gaza y Cisjordania a través de la vigilancia y el control. A medida que las importaciones de armas de Estados Unidos continuaron a un ritmo constante, Israel ha trasladado su propia producción a nuevas tecnologías especializadas de vigilancia y represión. Ha surgido una nueva división mundial del trabajo en la producción de equipo militar, moldeada por la “guerra contra el terrorismo” y el mercado militar mundial encabezado por Estados Unidos hasta 2023.

La campaña genocida de Israel en la Franja de Gaza marca una ruptura con el status quo que había prevalecido durante décadas. Desde el 7 de octubre, la industria militar israelí ha tratado cada vez más de compensar su abrumadora dependencia de las importaciones militares con su propia producción nacional, volviendo así a sus orígenes a medida que una nación de milicias se movilizaba para hostilidades constantes. Este cambio es cualitativo y cuantitativo. Al producir para el consumo nacional, el complejo militar-industrial israelí ha comenzado a recomponer su perfil de producción en torno a armas de baja tecnología diseñadas para la destrucción y el desplazamiento masivo, por lo que para productos y prácticas más cercanas a su estrategia fundacional.

Un Estado colonial

Las raíces de la industria armamentística israelí son anteriores a la fundación del propio Estado. Israel Military Industries, la empresa detrás del Desert Eagle (arma semiautomática) y el Uzi (ametralladora de armas), se estableció en 1933 como un fabricante de armas pequeñas para abastecer a las primeras milicias sionistas. Sus armas fueron producidas en secreto [era el momento del mandato británico, que se extendía desde 1922 hasta 1947, después de la decisión de 1917], contrabandeado y almacenado ilegalmente para su uso por estos grupos armados sionistas. Las milicias que más tarde formaron el ejército israelí estaban principalmente armadas con ametralladoras, morteros y vehículos blindados ligeros, armas bien adaptadas para intimidar a los civiles y, en última instancia, eficaces en la limpieza étnica de Palestina. Estas armas favorecían las tácticas de las unidades pequeñas y la guerra irregular en terrenos difíciles, alineándose con la doctrina inicial de Israel de alta movilidad y comando descentralizado, e ilustrando lo que los generales israelíes a menudo describieron como el ideal de un “pequeño ejército inteligente”.

La mentalidad colectivista de los colonos jugó un papel vital en el militarismo del movimiento sionista, sus estrategias de armas y sus relaciones con la población palestina indígena. Bajo la dirección del ex primer ministro israelí David Ben-Gurion, dirigente del Partido Laborista y los sindicatos [también era un dirigente de la banda armada Haganah], el Estado monopolizó la fabricación de armas israelíes. Este monopolio de la producción de armas ha promovido el desarrollo del sector público del país, con los ingresos reinvertidos en investigación y desarrollo. Este tipo de guerra también influyó en la política de reclutamiento militar. Con el fin de mantener la cohesión y la lealtad de las unidades, Israel eximió del reclutamiento a una gran parte de la población: palestinos, judíos ultraortodoxos y, más tarde, un número creciente de judíos seculares. Esta estrategia demostró ser efectiva en 1948, 1956 y 1967, cuando las unidades ligeras y ágiles pudieron ganar la ventaja sobre las fuerzas árabes menos organizadas. Sin embargo, con el estallido de la guerra en 1973, los límites de esta estrategia se destacaron rápidamente.

Infraestructura de la dominación

Mientras que los éxitos militares de Israel contra Egipto, Siria y Jordania durante la Guerra de los Seis Días de 1967 generaron un exceso de confianza entre las élites militares israelíes, la Guerra de Yom Kipur de 1973 socavó esta concepción de la autosuficiencia, incluso en la fabricación de armas. Las compras masivas de equipo militar ruso por parte de los gobiernos iraquí y sirio, así como la explosión de los ingresos del petróleo árabe y la afluencia de armas compradas a través de estos ingresos, marcaron el comienzo de una carrera armamentista regional en muchas rutas de conflicto. Cuando estalló la guerra en octubre de 1967, pequeñas unidades israelíes e incluso la superioridad aérea no pudieron detener el avance de las divisiones siria y egipcia. En medio de la guerra, Israel recurrió a las importaciones de armas fabricadas por Estados Unidos, que requerían nuevas tácticas y, en última instancia, una nueva estrategia.

La dependencia de la financiación militar estadounidense comenzó en medio de la Guerra de Iom Kipur y rápidamente se convirtió en una característica esencial de la industria de armas de Israel. La hostilidad inherente de Israel a los gobiernos socialistas árabes financiados por los soviéticos lo convirtió en un aliado natural de los intereses de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Al salvar a Israel de la destrucción, Estados Unidos ha obtenido una nueva herramienta para proyectar su poder en Oriente Medio y una oportunidad encontrada para reestructurar la industria militar de Israel de acuerdo con sus propias prioridades económicas y geoestratégicas.

En los años siguientes, Estados Unidos utilizó fondos militares para presionar el tipo de tecnología y equipo que Israel podría producir en casa. El Pentágono ha identificado proyectos de investigación militar israelí que podrían competir con las empresas de defensa de Estados Unidos y negociar su cierre final. Estos incluyeron el trabajo en un misil antitanque para competir con el misil LAU de fabricación estadounidense, así como el proyecto de armas insignia de Israel, el avión de combate Lavi, desarrollado en la década de los ochenta y diseñado para superar al caza F-16 de Lockheed Martin. El Pentágono también vigiló las exportaciones de armas israelíes que contienen tecnologías estadounidenses, prohibiendo su venta a países como Rusia y China.

Desde 1973, Israel se ha convertido en el mayor receptor de ayuda militar extranjera estadounidense en el mundo y, desde la Revolución iraní de 1979, el mayor comprador de equipo militar estadounidense en la región, y con diferencia. Desde el comienzo de la Guerra de Yom Kipur, los Estados Unidos han otorgado a Israel ayuda militar total de más de 171 mil millones de dólares, independientemente de la inflación y sin intereses [3]. Este cambio en la base de adquisiciones militares israelíes ha reorientado profundamente el papel de los fabricantes de armas locales. Mientras que Estados Unidos es, con mucho, el mayor exportador de armas del mundo, Israel se ha convertido a su vez en un importante exportador de armas, con la tasa de exportación de armas más alta del mundo. Sin embargo, mientras que las exportaciones de armas de Estados Unidos favorecen a los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la mayoría de las exportaciones de armas israelíes están destinadas a países no pertenecientes a la OTAN.

El matrimonio entre los intereses militares de Estados Unidos e Israel tendría dos consecuencias. En primer lugar, bajo la influencia de los Estados Unidos, las empresas privadas de armas tenían prioridad sobre las empresas estatales en las compras militares israelíes, ya que el país pasó por un período de intensa privatización. La presión para la privatización ha aumentado como resultado de los dolorosos ajustes impuestos por los Estados Unidos a la producción de armas y la reducción del gasto militar que refleja el final de la Guerra Fría. En 1993, un comité gubernamental presidido por el profesor Israel Sadan se reunió para estudiar el futuro de las adquisiciones militares israelíes y recomendó la privatización de las funciones de “dispositivo”, desde el almacenamiento y la distribución hasta las adquisiciones logísticas, o incluso la seguridad de las propias bases. La competencia entre los proveedores privatizados se ha presentado como una medida económica que, según las garantías dadas a los israelíes, no comprometería la seguridad. La eficacia fue la consigna, un principio del que se hicieron eco el entonces jefe del ejército israelí, Ehud Barak, jefe de personal del ejército de 1991 a 1995, entonces Ministro de Relaciones Exteriores y Primer Ministro de 1999 a 2001, quien dijo: “Todo lo que no dispara o no ayuda directamente a disparar será suprimido”.

La privatización no se ha limitado a la industria de armas. Con el Plan de Estabilización Estructural de 1985, Israel se embarcó en un proceso de privatización a gran escala de su infraestructura y servicios de telecomunicaciones, su aerolínea nacional, el sector bancario, así como una privatización parcial de los sectores del agua, la salud y los puertos [5]. Además de cumplir con las preferencias de Estados Unidos, la privatización ha ofrecido a los miembros de la élite de seguridad de Israel oportunidades lucrativas en la gestión de empresas privadas de armas.

En segundo lugar, estas empresas privadas se involucrarían cada vez más en la guerra mundial contra el terrorismo liderado por Estados Unidos. La privatización fue de la mano con la especialización en tecnologías utilizadas en la guerra cibernética, drones de ataque y sistemas electrónicos avanzados para vehículos militares [6]. Tras los ataques de la Segunda Intifada (2000-2005) y la destrucción de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, Israel y Estados Unidos compartieron un interés común en el desarrollo de sistemas de alta tecnología para la supervisión, regulación y control.

Desde 2001, entre el 70 y el 80 por cien de las armas fabricadas en Israel se han vendido para la exportación. Las empresas de armas israelíes han fabricado su reputación como vendedores de armas para clientes marginales: países sujetos a un embargo militar, grupos rebeldes, milicias, estados sin relaciones diplomáticas con otros grandes productores de armas, e incluso clientes que luego usaron estas armas contra Israel. Esa reputación se fraguó en la década de los sesenta, en el apogeo de la Guerra Fría, exportando armas a Uganda, Angola, Chile, Sudáfrica, Singapur, Taiwán, Nicaragua, Guatemala e Irán prerrevolucionario. Más tarde, a medida que la geografía de las guerras calientes evolucionó, sus exportaciones se desplazaron a Ruanda, Yugoslavia, Turquía, Azerbaiyán e India. En las últimas décadas, los Estados del Golfo han comenzado a importar más y más armas israelíes, además de los ejércitos estadounidenses. Aunque Israel está muy por detrás de los principales exportadores de armas del mundo, como Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania, ha alcanzado el estatus del mayor exportador de armas per cápita del mundo alrededor de 2009, después de que la invasión de la Franja de Gaza en 2008 matara a unos 1.400 palestinos.

Palestina: un campo de tiro

En 2003 Bush creó el Departamento de Seguridad Nacional con un presupuesto de más de 59.000 millones de dólares. El DHS y el clima de la “guerra contra el terrorismo” han brindado a las empresas militares y de seguridad israelíes la oportunidad perfecta para aprovechar su experiencia en los territorios ocupados. Las empresas israelíes han presentado los territorios palestinos ocupados como un campo de pruebas para desarrollar productos adaptados a un proyecto de seguridad nacional de Estados Unidos en rápida evolución, y Tel Aviv se ha convertido rápidamente en la capital mundial del sector de la seguridad en la industria de las armas. La serie de operaciones militares israelíes en Gaza, Líbano y otros lugares ha sido una bendición para las empresas de armas del país, lo que les permite comercializar sus productos como “probados en combate” en las diversas ferias de comercio de armas que siguieron a cada operación. En la actualidad, estos productos militares se han convertido en un negocio muy lucrativo y un sector clave de la economía israelí. En 2012 Israel recaudó 7.500 millones de dólares a través de exportaciones militares; en el mismo año, el ex ministro de Defensa israelí Ehud Barak dijo que 150 000 hogares israelíes dependían de la industria armamentística para sus ingresos.

La relación especial entre Israel y Estados Unidos es esencial en todo esto. Esta es una relación predominantemente militar, donde los flujos de divisas y las exportaciones/importaciones de armas desempeñan un papel estructurador en la economía israelí. Si alrededor del 75 por cien de los 3.100 millones de dólares en ayuda militar estadounidense a Israel se gastarán en armas estadounidenses, el resto se puede gastar en armas producidas localmente. Este fortalecimiento de la alineación diplomática facilitó la integración industrial, como cuando la empresa estadounidense Magnum Research transfirió la producción de sus pistolas Magnum y Desert Eagle a Israel. Hoy en día, incluso cuando Israel compra armas fabricadas en Estados Unidos, a menudo se construyen con componentes israelíes. Los fondos de investigación asignados por el gobierno y los programas conjuntos de investigación académica han dado legitimidad científica a las tecnologías represivas. En 2018 la ola de privatización y la nueva demanda de exportaciones dieron como resultado la compra de la empresa estatal Israel Military Industries por la empresa privada Elbit Systems. Esta última se ha convertido en la empresa de armas más grande de Israel y la vigésimo octava empresa de armas más grande del mundo en 2019. Proporciona a los ejércitos no solo directamente, sino también indirectamente como subcontratista a grandes empresas como General Dynamics y Airbus. Elbit Systems encarna claramente la nueva cara de la industria armamentística israelí: tecnologías opresivas, gamas complementarias en lugar de competitivas de armas estadounidenses y exportaciones mundiales que apuestan por el valor que los gobiernos de todo el mundo están poniendo en la experiencia de Israel en la ocupación.

En las cinco décadas desde la guerra de 1973, las milicias de colonos respaldadas por Israel se han convertido en un sistema de alta tecnología diseñado para oprimir a los palestinos. En su ahora ejército intensivo de capital, las empresas de armas demuestran su tecnología de vanguardia a través de ataques militares contra los palestinos y la vigilancia y el control diario de la ocupación.

Especializado en sistemas de vigilancia, equipo antidisturbios e infraestructura penitenciaria, este “laboratorio” ha producido herramientas ideales para mantener la ocupación, pero poco adaptada a la guerra convencional. Ya no es una fuerza de combate, el ejército israelí se convirtió en un ejército de la policía colonial, centrándose en la disuasión, la humillación y la represión de la resistencia palestina en lugar de la supremacía en el campo de batalla. Decenas de miles de guardias de seguridad privados han recibido capacitación en el desarrollo y mantenimiento de estas tecnologías.

Aniquilación y limpieza étnica

La dependencia de décadas de Israel en este modelo de monitoreo de alta tecnología de las poblaciones palestinas sin litoral ha sido cuestionada por los ataques del 7 de octubre. Las investigaciones internas filtradas en marzo de 2025 revelan que los oficiales habían descartado la posibilidad de un ataque palestino, diciendo que su régimen de disuasión era infalible. Cuando Hamas rompió esta ilusión, el gobierno de extrema derecha israelí regresó a lo que antes parecía ser una forma de guerra obsoleta: armas pesadas proporcionadas por los Estados Unidos (artillería, tanques, drones armados, bombardeos navales y aviones de combate) para asediar a una población entera.

El genocidio perpetrado por Israel en Gaza, así como la invasión del Líbano y los ataques aéreos en Siria, Yemen e Irán, tienen un punto común importante: se llevan a cabo principalmente con armas importadas. La mayoría de ellos están subvencionados por los contribuyentes estadounidenses, aunque Israel paga un precio más alto por las armas de Alemania, Serbia y, cada vez más, “de países con los que no tenemos relaciones diplomáticas, incluidos los estados musulmanes en todos los continentes”, dijo un funcionario de defensa israelí a Yediot Aharonot en noviembre de 2024. Mientras que el ejército israelí agotó sus municiones y armamento durante su campaña posterior al 7 de octubre, los traficantes de armas israelíes se convirtieron en carroñeros en un comercio mundial de armas cuyos precios se inflan por la demanda en Ucrania, intercambiando sistemas de armas de alta tecnología como drones y equipos informáticos para equipos básicos como proyectiles, pólvora y otros explosivos.[15] Según el Wall Street Journal, en diciembre de 2023, Estados Unidos había entregado a Israel más de 5000 bombas Mk82 no guiadas, 5400 Mk84 bombas no guiadas de 907 kg, 1000 bombas GBU-39 de 110 kg y alrededor de 3000 kits JDAM (Junt Direct Attack Munition). Desde el 7 de octubre, Estados Unidos ha proporcionado a Israel aproximadamente 17.900 millones de dólares en armas y municiones, además de la financiación militar externa anual de 3.800 millones de dólares y ha pagado importaciones de 8.200 millones de dólares de las empresas de armas de Estados Unidos.

El cambio a una estrategia para maximizar la destrucción también ha dado lugar a un renovado interés en la fabricación de armas a nivel nacional. En la conferencia de accionistas de Elbit Systems en 2025, la tendencia fue clara: Israel sigue dependiendo de las importaciones de armas, pero está tratando de obtener tanto como sea posible de las empresas nacionales para escapar del impacto del creciente embargo militar contra él. La participación de Elbit Systems en las exportaciones aumentó del 79 por cien en el primer trimestre de 2023 al 58 por cien en el cuarto trimestre de 2024. Pero esta recomposición de la demanda centrada en el cliente nacional fundador de la empresa no redujo las ventas. Los últimos informes financieros de Elbit Systems revelan que los ingresos y las ganancias operativas de la empresa aumentaron no a través de las exportaciones, sino a través de “un aumento significativo en la demanda de sus productos y soluciones del Ministerio de Defensa israelí (IMOD) en comparación con los niveles de demanda anteriores a la guerra”. Para el año que terminó en diciembre de 2024, la empresa obtuvo 1.600 millones en ganancias de más de 6.800 millones de dólares en ingresos, en comparación con 1.5000 millones de dólares en ganancias de 6.000 millones de dólares en ingresos en 2023. Su cartera de pedidos ha aumentado de 17,8 a 23.800 millones de dólares. En general, las empresas de armas israelíes vieron el flujo de comandos del ejército nacional. En mayo de 2025, Elbit emitió 588 millones de dólares en nuevas acciones, suscritas por Bank of America Securities, J.P. Morgan, Jefferies Group LLC y Morgan Stanley.

La estrategia de destrucción ciega

Al igual que en períodos anteriores, este punto de inflexión económico estuvo acompañado de cambios en la estrategia militar. El nuevo cañón Sigma de 155 milímetros de Elbit Systems es un ejemplo revelador. A primera vista, su desarrollo parece paradójico: Israel se enfrenta a una escasez crítica de proyectiles de 155 milímetros, así que, ¿por qué invertir en un arma que duplica la tasa de fuego? Las innovaciones de Sigma revelan las profundas prioridades del ejército israelí: su cargador automático robótico reduce las necesidades de personal de solo siete soldados, lo que permite que las unidades más pequeñas operen con una coordinación o disciplina mínima. Con la continua afluencia de bombas estadounidenses y ayuda financiera de Estados Unidos para la compra de municiones por parte de Israel en todo el mundo, este nuevo equipo puede facilitar una reorganización de la estrategia del ejército israelí.

El Sigma es un arma para los bombardeos de tipo milicia, que maximiza la destrucción de los soldados mientras institucionaliza la falta de disciplina que caracterizó la campaña israelí en Gaza. Encarna la transformación del ejército israelí: un ejército tecnológicamente avanzado que regresa a la artillería, donde la potencia de fuego reemplaza la estrategia y donde la aniquilación reemplaza a la ocupación.

Estas herramientas se utilizan con la mentalidad de las milicias. “La artillería y el fuego directo de tanques son más efectivos que las costosas armas de precisión”, dijo un oficial del ejército israelí en noviembre. “Matar a un terrorista con un proyectil de tanque o un francotirador, en lugar de un misil disparado desde un avión no tripulado, se considera más ‘profesional’. Los tanques bombardean campamentos de refugiados a corta distancia; los ataques aéreos arrasan barrios enteros para matar a un solo militante. La doctrina estadounidense de armas combinadas y ataques de precisión es ignorada, reemplazada por la destrucción ciega. La industria armamentista creada para controlar las áreas de ocupación en los países del sur al final de la Guerra Fría se ha vuelto a centrar en el interior, con el fin de completar una gama moderna de equipo de Estados Unidos con la máxima capacidad destructiva.

Shir Hever https://www.phenomenalworld.org/analysis/israel-military/

Los yemeníes también combaten en los túneles subterráneos

En Yemen la guerra de túneles, una táctica militar asociada a Corea, Vietnam o Gaza, ha cobrado protagonismo tras la agresión internacional protagonizada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, a la que luego se han unido Estados Unidos e Israel.

Los túneles permiten a los huthíes compensar la superioridad aérea y tecnológica de sus adversarios. En la actual guerra de guerrillas, el objetivo no es enfrentarse de forma convencional, sino resistir, desgastar y sorprender al enemigo.

Los túneles, excavados en las montañas y zonas rocosas del norte del país, permiten a los yemeníes movilizar tropas, almacenar armas —incluyendo misiles balísticos y drones— y lanzar ataques sorpresa sin ser detectados por los satélites o aviones de reconocimiento.

La guerra subterránea no solo sirve para la defensa. Los huthíes utilizan los pasadizos para infiltrarse en territorios controlados por sus adversarios y llevar a cabo emboscadas con ataques relámpago. Esta táctica ha sido empleada en provincias como Marib o Hajjah, donde han logrado tomar posiciones clave tras emerger de túneles excavados cerca de las líneas enemigas.

Esta táctica ha complicado significativamente los esfuerzos de los atacantes para recuperar zonas clave, como la ciudad portuaria de Hodeida o las provincias fronterizas con Arabia Saudí.

Los saudíes y sus aliados tuvieron que realizar operaciones de desminado y destrucción de túneles, con apoyo de los servicios de inteligencia occidentales. Han recurrido a realizar operaciones especiales para descubrir y destruir los escondites, utilizando tecnología de detección subterránea y drones de reconocimiento. Sin embargo, la topografía montañosa del norte de Yemen y la experiencia de los huthíes las han frustrado.

En varias ocasiones el ejército de Estados Unidos ha bombardeado los arsenales subterráneos que los huthíes utilizan para almacenar componentes de misiles y drones sin demasiado éxito.

Los huthíes controlan gran parte del norte de Yemen, incluyendo la capital, Saná. Con más de 370.000 muertos y millones desplazados, el país se ha convertido en un campo de pruebas para tácticas militares y una guerra de las potencias regionales. En este contexto, los túneles representan tanto una herramienta de supervivencia como un símbolo de la resistencia huthí, mientras que para sus enemigos, constituyen un obstáculo persistente.

Los huthíes negocian con Omán el tendido de cables submarinos en el Mar Rojo

Hay negociaciones secretas en curso entre Omán y los huthíes para reanudar el tendido de cables submarinos en el Mar Rojo. El objetivo de Omán, que representa a los monopolios de telecomunicaciones, que ejerce de mediador, es que los huthíes permitan la reparación y expansión de los cables que cruzan aguas yemeníes, lo cual es clave para la conectividad entre Europa, Asia y Oriente Medio.

Aunque los huthíes han negado públicamente ser los autores de los cortes de cables ocurridos en 2024 y 2025, su control sobre la costa yemení del Mar Rojo les da un poder de facto sobre los cables. Les convierte en actores clave en cualquier intento de reparación o nuevas instalaciones. Sin su aquiescencia, ninguna empresa de telecomunicaciones puede operar con seguridad en la zona.

Los huthíes no negocian los cortes como táctica de presión internacional. El objetivo de Omán es que no obstaculicen los trabajos de reparación y expansión. No obstante, Ansarollah no ha dado su visto bueno a las propuestas de Omán y sus mentores.

Los rebeldes yemeníes no reconocen la legitimidad de los monopolios internacionales que gestionan los cables y exigen garantías de que no se usarán estos proyectos para fines de inteligencia o militarización del Mar Rojo.

Además, quieren obtener contrapartidas políticas, como el levantamiento del bloqueo o el reconocimiento internacional de su gobierno.

El presidente libanés ordena al ejército que responda a los ataques israelíes

Harto de las numerosas violaciones del alto el fuego, el presidente libanés, Joseph Aoun, ordenado el jueves al ejército que responda a los ataques israelíes. La orden se produce tras un ataque israelí contra un edificio municipal en el sur del Líbano, durante el cual murió un funcionario.

Aoun ha ordenado responder a cualquier incursión israelí en las zonas liberadas del sur del Líbano. Es la primera acción de este tipo desde que el alto el fuego entró en vigor a finales del año pasado.

La Agencia Nacional de Noticias (NNA) asegura que el presidente libanés condenó el ataque israelí, calificándolo como “parte de un patrón continuo de agresión israelí”.

Durante una reunión con el comandante del ejército, el general Rudolph Haykal, en el Palacio de Baabda en Beirut, Aoun declaró que el ataque se produjo al día siguiente de una reunión del comité de seguimiento del alto el fuego, “el cual no debe limitarse a registrar incidentes, sino que debe actuar para ponerles fin presionando a Israel para que respete el acuerdo de alto el fuego de noviembre y cese sus violaciones de la soberanía libanesa”.

El ejército israelí afirmó que el edificio municipal de Blida había sido utilizado recientemente para actividades de Hezbolah bajo la apariencia de infraestructura civil.

Hezbolah, por su parte, condenó el ataque israelí y celebró la decisión de Aoun, comprometiéndose a apoyar al ejército en el fortalecimiento de su fuerza de defensa. Exhortó al gobierno a “adoptar medidas diferentes a las tomadas durante los últimos 11 meses y a asumir sus responsabilidades aprobando un plan político y diplomático para poner fin a los ataques y proteger a los ciudadanos libaneses y sus intereses”.

En agosto el gobierno libanés aprobó un plan para poner todas las armas bajo control del Estado. Hezbolah rechazó el plan e hizo hincapié en que mantendría sus armas hasta que Israel se retirara de los cinco puestos fronterizos que ocupaba en el sur del país.

El ejército israelí ha matado a más de 4.000 personas y herido a casi 17.000 en sus ataques contra Líbano, que comenzaron en octubre de 2023 y se intensificaron hasta convertirse en una ofensiva a gran escala en septiembre del año pasado.

En noviembre de 2024 se alcanzó un alto el fuego entre Hezbolah e Israel. El ejército israelí debía retirarse del sur de Líbano en enero del año pasado, pero solo llevó a cabo una retirada parcial y aún mantiene presencia militar en cinco puestos fronterizos.

Trump y otros cómplices siniestros de los crímenes de Israel

El sionismo no empieza ni acaba en el Estado de Israel, ni en su ejército, ni en sus guerras, ni en el Mosad, ni en sus colonos. Opera a través de numerosos tentáculos que están fuera de Israel, especialmente una red de magnates que mueven gigantescas masas de dinero con las que sobornan a sus colaboradores. Estos personajes son los verdaderos embajadores de Israel. Crean empresas y equipos de charlatanes a sueldo en las universidades y en los medios.

El apoyo a Israel no es una opción ideológica, ni tampoco es gratis. El caso de Epstein es un ejemplo. No sólo creó una red de pedofilia, ni tampoco creó sólo un negocio rentable, sino ante todo un nido de espionaje y chantaje al servicio del Mosad.

Lo mismo se puede decir de Larry Ellison, un magnate de la industria tecnológica que ha empezado a ponerse al frente de las redes de intoxicación que los sionistas tienen repartidas por el mundo, pero sobre todo en Estados Unidos.

El caso de Sheldon Adelson es igual. Es otro capitalista que, además de devolver el dinero a los sionistas que lo auparon en sus inicios, ha financiado las campañas electorales de Trump con enormes sumas de dinero.

Como es característico, desde 2016 los medios desviaron la atención sobre el origen del dinero hacia Rusia (“el candidato manchú”), en lugar de poner el foco sobre personajes como Adelson. De esa manera tapaban a Israel y a la mafia al mismo tiempo. Desde 2016 Adelson le entregó a Trump la friolera de 424 millones de dólares para que ganara las elecciones.

Tras de la muerte de Adelson en 2021, su viuda le ha seguido entregando el dinero que ha necesitado: 100 millones de dólares en la última entrega para las elecciones del año pasado. Las puertas de la Casa Blanca siempre estuvieron abiertas para el matrimonio. Así lo ha reconocido Trump repetidamente, la última vez en su discurso ante el parlamento israelí, que es el lugar idóneo para expresar este tipo de agradecimientos, no sólo a los diputados sino a la viuda de Adelson, que estaba presente en la asamblea.

A cambio del dinero, Trump renunció al tratado nuclear con Irán y luego bombardeó el país, reconoció oficialmente a Jerusalén como capital de Israel, trasladando la embajada desde Tel Aviv, y aceptó la anexión de los altos del Golán.

Los charlatanes se hicieron los ofendidos por la mera posibilidad de que Rusia hubiera financiado la campaña electoral de Trump, pero nunca han mecionado la única financiación real procedente de los sionistas y agentes de Israel.

El trío perfecto: Israel, Adelson y la mafia

En varias entradas hemos explicado los estrechos vínculos de Trump con la mafia a través de personajes como su gran mentor Roy Cohn, un personaje de la misma factura que Epstein: negocios, sexo, prostitución y altos enchufes políticos. No debe extrañar a nadie que Trump esas mismas relaciones se entablaran con Sheldon Adelson.

El magnate fundó Las Vegas Sands Corporation, un empresa que administra grandes centros de ocio como The Venetian y Marina Bay Sands en Singapur. Sus empresas de juego, hostelería, ocio y prostitución lavaron miles de millones de dólares, un dinero que devolvió multiplicado varias veces.

Desde los inicios de su emporio en Las Vegas, Adelson siempre estuvo vinculado a la mafia, aunque lo mismo que Meyer Lansky, nunca fue condenado. Pero el desierto de Las Vegas se le quedó pronto muy pequeño y amplió el negocio a Macao, la antigua colonia portuguesa del Pacífico.

Adelson comenzó en la industria del juego en 1989 al adquirir el Sands Hotel & Casino por 128 millones de dólares. Demolido en 1996, el Sands original había sido propiedad de personajes ligados a la mafia, algunos de ellos socios de Meyer Lansky en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.

El enclave de Macao siempre fue “Las Vegas de Asia”. Funcionó en Extremo Oriente de la misma manera que en medio del desierto de Nevada. Sus casinos lavaban el dinero negro de la prostitución y el tráfico de drogas de los mafiosos chinos. En 2002 abrió como el primer casino estadounidense y, para operar, Adelson se asoció con ellos. En 2013 el Departamento de Justicia multó a Sands con 9 millones por pagar sobornos en Macao.

En los países capitalistas, el sexo es un negocio que va de la mano del poder. En Estados Unidos hay que añadir, además, a los sionistas y a la mafia. Antiguamente se llamaban “poderes fácticos”.

Eurovegas: la mafia en Alcorcón

Después de Las Vegas y Macao, en 2013 llegó Alcorcón, un pueblo obrero al suroeste de la Comunidad de Madrid, que estuvo a punto de convertirse en la sede de la mafia en Europa porque España no tiene otra política económica que el turismo, el juego, la hostelería, las carreras de Fórmula 1, los juegos olímpicos, los mundiales de fútbol…

En 750 hectáreas Adelson quería construir 12 hoteles de más de 140 metros de altura, seis casinos, tres campos de golf y tenis, centros comerciales y de reuniones, restaurantes, centros deportivos y de ocio, balnearios y tiendas de suvenirs.

Eran los tiempos de Esperanza Aguirre, que quiso hacer de Eurovegas el casino de Europpa. Nunca fue un proyecto para los vecinos, ya que se planeo a espaldas a la ciudad, para los turistas.

Tras la crisis de 2008, el caramelo era engañoso y prometía una ciudad paralela con nada menos que 250.000 puestos de trabajo: camareros, limpiadores, crupieres, conserjes, cocineros…

Adelson exigió cambiar la legislación española, los planes de urbanismo, jornadas de trabajo, visados, tributos, seguridad social… “Habrá que cambiar las normas que necesiten ser cambiadas”, anunció Esperanza Aguirre.

Afortunadamente la mafia no desembarcó en Alcorcón; España tiene a sus propios mafiosos y no caben más.

Una cifra récord de israelíes abandonan el país y no tienen intención de regresar

Los israelíes se marchan y regresan a sus lugares de procedencia. En los últimos años se ha invertido el flujo migratorio: son más los que se van que los que llegan, lo que es un mal indicio para un país colonial

Los datos oficiales muestran que Israel ha registrado un fuerte balance migratorio negativo en los últimos cuatro años. El gobierno “no tiene ningún plan para detener la preocupante tendencia”, dicen los medios israelíes.

34.400 habitantes emigraron en 2020, en comparación con los 32.500 que regresaron y cada año la brecha se amplía. En 2021 fueron 41.400 los que se fueron, 59,400 en 2022 y un récord de 82,800 en 2023.

Para 2024, que cubre el período de enero a agosto, 49.000 israelíes abandonaron, mientras que solo 12.100 han regresado.

En general, entre 2020 y 2024, Israel perdió 145.900 residentes netos por la emigración. Las cifras marcan la salida de población sostenida más pronunciada en décadas.

La conclusión es bastante obvia: mientras los palestinos se quedan en Gaza a pesar del hambre y las matanzas, los israelíes se marchan porque la tiera a la que llegaron no es suya.

Los medios israelíes mencionan una evaluación del Centro de Investigación e Información del Parlamento. “Ya no es una tendencia de personas que abandonan el país, es un tsunami. Muchos israelíes están eligiendo construir su futuro fuera del Estado de Israel, y cada vez menos eligen regresar”, reconoce el presidente del Comité parlamentario, Gilad Kariv. La situación “amenaza la resiliencia de la sociedad israelí y debe verse como una amenaza estratégica real”, añadió.

“No es el destino, sino el resultado de las acciones del gobierno, que han fracturado la sociedad israelí antes de la guerra y descuidaron el frente civil en los últimos dos años”, concluye.

El aumento de número de personas que abandonan Israel refleja una creciente frustración y descontento, ya que Israel ha entrado en una fase de guerra permanente en múltiples frentes desde finales de 2023.

A pesar del alto el fuego en Gaza, que Tel Aviv ya ha violado docenas de veces, los dirigentes israelíes continúan amenazando a los palestinos con renovar su campaña de ataques, lo que suma a las amenazas similares emitidas contra Hezbollah, Irán y Yemen.

Según una encuesta del año pasado realizada por la Organización Sionista Mundial, el 80 por ciento de los israelíes que viven en el extranjero dijeron que no tenían la intención de regresar a la “tierra prometida”.

Incluso antes del estallido de la guerra en Gaza, el número de israelíes que solicitaban pasaportes extranjeros se disparó debido al pésimo clima político.

La oleada de salidas ha resucitado el antiguo temor israelí de una “Aliyah inversa”, un éxodo masivo de la población a otras partes del mundo, justamente lo opuesto a la inmigración masiva de principios del siglo pasado, que condujo a la formación del Estado.

—https://thecradle.co/articles/a-real-strategic-threat-emigration-of-israelis-hits-record-numbers

La élite israelí concluye que la resistencia palestina ha ganado la batalla de Gaza

El pasado 19 de octubre, tras la firma del texto de Sharm el Sheij promovido por el gobierno de Estados Unidos, el diario israelí Haaretz publicaba un editorial ilustrativo que desnudaba el supuesto júbilo israelí por el llamado «acuerdo de paz». «No hemos ganado, pero nunca admitiremos que hemos perdido. Necesitábamos desesperadamente una victoria real, así que convertimos la recuperación de los prisioneros en una victoria ilusoria.» Leer más

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