El antiguo director de la CIA de Trump, Mike Pompeo, y los principales periódicos israelíes afirman que el Mosad está omnipresente en las protestas iraníes. Aproximadamente cada dos años, la CIA y el Mosad fomentan levantamientos en Irán con el objetivo de derrocar al régimen.
Hasta ahora estos intentos han fracasaado sistemáticamente.
Actualmente miles de jóvenes incendian coches, mezquitas, tiendas y comisarías de policía por la noche en varias ciudades iraníes. Los pistoleros disparan y matan a los policías, como en Ucrania. Las estas células se coordinan a través de internet.
El gobierno iraní suele tardar entre una y dos semanas en identificar las conexiones, rastrear las redes hasta sus fuentes y desmantelar sus organizaciones. Este proceso podría tardar un poco más en esta ocasión, ya que algunas células terroristas han sido equipadas con terminales Starlink.
El columnista oficioso de la CIA en el Washington Post, David Ignatius, escribe: “Para Washington, la cuestión más urgente es si introducir de contrabando terminales Starlink en el país para restablecer el acceso a internet tras el apagón impuesto por Teherán el viernes. El gobierno de Biden estudió esta estrategia durante las protestas de Mujeres, Vida y Libertad de 2022 y 2023, pero la abandonó por temor a que comprometiera las rutas de contrabando esenciales para la CIA y los servicios de inteligencia israelíes. Quizás esta vez, las ventajas superen las desventajas” (1).
Ignatius confirma que esas terminales ya están instaladas.
Mientras tanto, Rusia ha desarrollado equipos capaces de detectar terminales Starlink activas desde el aire. Irán ya ha recibido copias y pronto producirá suficientes para cubrir sus ciudades.
Ignatius también afirma que los disturbios son diferentes esta vez porque su objetivo es instaurar un régimen títere patrocinado por Estados Unidos e Israel: “La revuelta de este año está impulsada más por la ira por los fracasos económicos de Irán que por la represión islámica impuesta por los mullahas. La tasa de inflación anual del país alcanzó el 42 por cien en diciembre, y su moneda perdió más de la mitad de su valor el año pasado. Otra diferencia notable: muchos manifestantes apoyan a Reza Pahlavi, hijo del sha derrocado en la revolución de 1979. Esto le da a la rebelión un tono más conservador, con tintes de nacionalismo persa, y quizás incluso una visión nostálgica”.
Reza Pahlavi es un personaje absolutamente irrelevante en Irán. Su campaña actual para obtener un apoyo más activo, incluso violento, para un cambio de régimen por parte del gobierno de Trump está financiada por Israel, a donde viajó a principios de 2023.
Los periódicos israelíes Haaretz y TheMarker fueron los primeros en informar sobre la vasta campaña que Israel estaba llevado a cabo en las redes sociales de Irán, financiada por una entidad privada que recibía subvenciones públicas (2).
La campaña promueve la imagen pública de Pahlavi y amplifica los llamamientoos a la restauración de la monarquía. Se basa en perfiles falsos en línea que se hacen pasar por ciudadanos iraníes. Utiliza las herramientas clásicas de la ingeniería social que ya se utilizaron en la Primavera Árabe y en el Golpe de Estado en Ucrania.
Para la operación se reclutaron hablantes nativos de persa y, además de cuentas falsas en las redes, recurrió a herramientas de inteligencia artificial para intoxicar, elaborar mensajes y generar contenidos.
La inteligencia artificial también se está utilizando para crear imágenes y vídeos de disturbios en lugares de Irán donde no se han producido.
El viernes Trump afirmó que Estados Unidos estaba preparado para intervenir si los manifestantes eran asesinados en Irán. “Si Irán dispara a manifestantes pacíficos y los mata violentamente, como ya lo ha hecho, Estados Unidos acudirá en su ayuda”, declaró el Presidente de Estados Unidos. “Estamos listos, armados y preparados para intervenir”, añadió.
Aprovechando el movimiento de protesta iniciado en Teherán, donde los comerciantes cerraron sus negocios para protestar por el hundimiento de la moneda y la consiguiente hiperinflación, los alborotadores atacaron edificios públicos, incluida una comisaría. Los enfrentamientos dejaron seis muertos el jueves en el oeste de Irán.
Las declaraciones de Trump han provocado una advertencia de Teherán contra los intereses estadounidenses en la región. Un asesor del dirigente iraní Ali Jamenei, Ali Shamkhani, reaccionó afirmando que cualquier intervención estadounidense en Irán se enfrentaría a represalias. “La seguridad de Irán es una línea roja y no un asunto para un tuit aventurero”, advirtió. “El pueblo iraní conoce perfectamente la experiencia del ‘rescate’ estadounidense en Irak y Afganistán, hasta Gaza”, añadió.
Una advertencia similar provino de Ali Larijani, secretario del Consejo de Seguridad Nacional: “Trump debe saber que cualquier injerencia estadounidense en este asunto interno equivaldría a desestabilizar a toda la región y perjudicar los intereses estadounidenses”, declaró. “El pueblo estadounidense debe comprender que Trump instigó esta aventura y que debe tener cuidado con sus soldados”, añadió.
“Sabemos distinguir claramente entre las demandas de los comerciantes que protestan y las de los elementos destructivos”, enfatizó.
Sadeq Larijani, presidente del Consejo de Discernimiento de la Conveniencia del régimen iraní, también respondió a las amenazas de Trump. “Pretender que se preocupan por el pueblo iraní es pura hipocresía por parte de Estados Unidos, especialmente después del martirio de más de mil jóvenes durante la agresión israelí apoyada por Estados Unidos”.
Según Sadeq Larijani, “Amenazar a Irán es una locura. Si cometen un error, se enfrentarán a una respuesta más severa”.
“Nuestraa fuerza supera la de la Guerra de los Doce Días”. Por su parte, el ministro de Defensa iraní, general de brigada Aziz Nasirzadeh, declaró que “las capacidades de misiles balísticos de Irán son innegociables e indestructibles”.
“Nuestras capacidades actuales superan con creces las de la Guerra de los Doce Días, y si una amenaza se dirige contra la República Islámica de Irán, la respuesta de las fuerzas armadas será integral y decisiva, sin vacilación alguna”, advirtió.
“Nadie en Irán cree en incluir el tema de los misiles en las negociaciones”, continuó. “Las capacidades de los misiles balísticos no pueden erradicarse mediante bombardeos, negociaciones ni el asesinato de científicos y comandantes, porque este conocimiento está profundamente arraigado en la conciencia colectiva iraní y se enseña en las universidades y a los jóvenes”.
Israel medita un ataque contra Irán
Durante la reunión del lunes con Netanyahu, Trump dio luz verde a Israel para atacar a Irán. El miércoles 31 de diciembre, el Mosad israelí instó a los provocadores iraníes a intensificar las movilizaciones, afirmando que estaba presente con ellos “sobre el terreno”. El diario Israel Hayom reveló que Tel Aviv está “considerando llevar a cabo un ataque contra Irán en medio de las protestas”.
En respuesta a las amenazas de Trump, el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní declaró: “Los iraníes no aceptarán ninguna forma de injerencia extranjera y resolverán sus problemas mediante el diálogo y la consulta mutua”.
“Un simple análisis del largo historial de supuestas políticas estadounidenses destinadas a ‘salvar al pueblo iraní’ basta para comprender la verdadera naturaleza de su supuesta simpatía”, afirmó, recordando que “esta falsa simpatía estadounidense se manifestó en la orquestación del golpe de Estado de 1953 contra el gobierno electo de Mossadegh, mediante la financiación y el suministro de armas a los provocadores”.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní también recordó: “Esta falsa simpatía estadounidense se manifestó en el derribo de un avión civil iraní en 1988, que cobró la vida de mujeres y niños sobre el Golfo Pérsico. Esta falsa simpatía estadounidense se manifestó en el apoyo inquebrantable a Saddam Hussein durante la guerra de ocho años contra Irán. Esta falsa simpatía estadounidense se manifestó en la connivencia con Israel en el asesinato de iraníes y el ataque a la infraestructura iraní en junio de 2005”.
“No olvidaremos las sanciones descritas como las más severas de la historia, ni la amenaza de atacar hoy a Irán con el pretexto de la ‘preocupación’ por los iraníes, en flagrante violación del derecho internacional y de sus principios”, concluyó.
La diferencia entre manifestantes y provocadores
El fiscal del distrito central de la provincia de Lorestán, en el oeste de Irán, Ali Hassanvand, advirtió el viernes que “cualquier participación en reuniones ilegales y cualquier acción destinada a alterar el orden público” constituyen delitos que serán sancionados “con la máxima firmeza por la justicia”. Subrayó la necesidad de distinguir entre manifestantes que defienden sus medios de vida y provocadores. “Nadie puede cometer actos ilegales ni amenazar la seguridad de las personas con el pretexto de problemas económicos o sociales”, afirmó.
Treinta personas acusadas de “alterar el orden público” fueron detenidas en Teherán. El jueves por la noche, la agencia de noticias Tasnim informó que no se habían registrado incidentes en la capital en los últimos días.
En el distrito de Sadaf, en Hamadán, los provocadores quemaron el Corán y libros de oraciones. Según medios iraníes, la mezquita Hawz Agha, en el distrito de Bein Nahrain, en Hamadán, también fue atacada por una veintena de alborotadores. El viernes las provincias de Fars y Hamadán fueron escenario de multitudinarias marchas, exigiendo a la policía iraní medidas contra cualquiera que amenace la seguridad pública, tras las manifestaciones que tuvieron lugar en estas ciudades en los días anteriores.
Los disturbios se producen mientras Irán conmemora seis años del asesinato del jefe de la Fuerza Quds, el general Qassem Soleimani, quien murió el 3 de enero de 2020 en un ataque con drones estadounidenses en Irak. Decenas de miles de iraníes han acudido en masa a las mezquitas en los últimos días, especialmente a su ciudad natal, Kermán, en el sureste del país. El jueves por la noche, cientos de personas se congregaron alrededor de su tumba, coreando consignas, como “¡Muerte a Estados Unidos!”.
El colectivo iraní Handala difundió en redes sociales una lista de 600 provocadores que trabajan para el Mosad israelí. Los provocadores están vinculados a Mehrdad Rahimi, considerado el principal agente del Mossad en Irán e involucrado en actividades destinadas a sembrar la violencia y la inestabilidad.
En sus inicios, Handala era un colectivo emergente de piratas informáticos. Luego se transformó en protagonista una campaña de filtrado de información dirigida a figuras israelíes de alto rango.
Al transmitir imágenes de vídeo del lanzamiento de cócteles molotov contra viviendas de ciudadanos, la televisión pública declaró que los perpetradores eran “mercenarios de habla persa afiliados al Mossad”.
‘Estamos en guerra’
El CGRI también afirmó haber “detenido a un espía de nacionalidad extranjera que trabajaba para la inteligencia israelí”. Los medios iraníes informaron que “entró secretamente en ell país, recopiló información y evaluó la situación relacionada con los actos terroristas perpetrados por agentes”.
Ayer el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán declaró: “Estamos en guerra; no hay paz ni alto el fuego. Se ha identificado a los instigadores de los disturbios, algunos han sido detenidos y, en algunos casos, se han descubierto armas como pistolas G3 y Colt, lo que sugiere premeditación”.
El gobierno iraní anunció que nueve miembros de la policía han muerto durante los disturbios. Siete de ellos murieron en la ciudad de Mashhad, al noreste del país. Los otros dos fueron asesinados a puñaladas en la ciudad santa de Qom, en el centro de Irán. Sus funerales se celebraron ayer, asistiendo una gran multitud.
En la ciudad de Lordegan, al este de Irán, dos policías murieron y otros 30 resultaron heridos. Cuarenta y dos autobuses y ambulancias fueron incendiados, así como 24 edificios residenciales y 10 instituciones públicas, según la agencia de noticias Fars.
Los medios de comunicación iraníes difundieron imágenes de actos terroristas perpetrados en varias ciudades iraníes, donde los provocadores atacaron tanto edificios públicos como propiedades privadas, comercios y otros establecimientos.
En la ciudad de Rasht, al norte de Irán, los alborotadores incendiaron una clínica médica, matando a una enfermera.
Las fuerzas Basij en Teherán
La agencia de noticias Fars informó que Teherán experimentó una relativa calma y una marcada disminución de los disturbios durante la noche del viernes al sábado, tras el despliegue de las fuerzas Basij, afiliadas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, junto con la policía.
El sábado se produjeron nuevas manifestaciones en apoyo al gobierno en varias ciudades. Una de ellas tuvo lugar en la ciudad norteña de Qazvin. En entrevistas, los manifestantes expresaron su rechazo a los actos de vandalismo y terror perpetrados por los alborotadores, a la vez que manifestaron su apoyo a las protestas contra la inflación y el alto coste de la vida causado por el desplome de la moneda.
Ayer la televisión pública transmitió imágenes de los funerales —a los que asistieron grandes multitudes, sobre todo en la ciudad sureña de Shiraz— de los miembros de la policía fallecidos durante las protestas.
Según la emisora pública Irib, se produjeron grandes manifestaciones en las ciudades de Zanjan y Rasht.
Los profesores universitarios de todo Irán se han unido al movimiento en oposición a los disturbios. En una declaración firmada por 12.400 profesores universitarios pertenecientes a la milicia Basij, condenaron “los brutales crímenes cometidos por grupos terroristas y los ataques a símbolos religiosos y nacionales”, a la vez que extendieron sus saludos y deseos de paz al “gran pueblo iraní”.
La declaración dice: “Cuando el presidente estadounidense, símbolo de la arrogancia mundial, hizo declaraciones intervencionistas a favor de los alborotadores y los grupos terroristas, quedó claro que el Gran Satán busca venganza contra el pueblo iraní”.
La declaración advierte que Trump “ha sustituido la opción de la agresión militar externa por una estrategia de caos y sabotaje interno, y ha trabajado para organizar y armar a grupos terroristas y sus mercenarios para aprovechar cualquier oportunidad”. El hijo del Sha quiere regresar a Irán
“Estados Unidos apoya al valiente pueblo iraní”, ha escrito el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en las redes sociales.
Nuevas revelaciones arrojan una más luz sobre la naturaleza de la cooperación en materia de seguridad entre Emiratos Árabes Unidos e Israel, implicando a Abu Dabi en operaciones de espionaje dirigidas contra la Franja de Gaza y Qatar. Según documentos confidenciales atribuidos a los servicios de inteligencia emiratíes, la colaboración va mucho más allá de un simple intercambio de información y refleja una alineación estratégica deliberada con las prioridades de seguridad israelíes.
Según estos documentos, difundidos por varios medios de comunicación árabes, los servicios de inteligencia emiratíes trabajaron en estrecha coordinación con el Mosad, incluyendo la realización de misiones de vigilancia y recopilación de inteligencia en Gaza y Qatar.
Las operaciones se llevaron a cabo siguiendo instrucciones directas del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, con plazos estrictos y recursos técnicos proporcionados por Israel.
Los documentos describen órdenes emitidas en un lenguaje considerado condescendiente, incluso humillante, por algunos de los propios dirigentes emiratíes. Esta actitud, descrita como carente de cualquier consideración por una colaboración entre iguales, revela un claro desequilibrio en la relación entre ambas partes. Israel, en particular, exigió una drástica intensificación de las actividades de inteligencia emiratí en Qatar, quintuplicando el número de equipos desplegados, considerando a Doha un actor sensible debido a su apoyo político a Hamás.
Las revelaciones confirman la sumisión de Emiratos Árabes Unidos y su lealtad hacia Israel. El hecho de que un Estado árabe se preste a ejecutar órdenes dictadas desde Israel, en un contexto regional marcado por altas tensiones, intensifica las críticas a la política exterior de Abu Dabi.
Las relaciones entre Emiratos Árabes Unidos e Israel no comenzaron con la normalización oficial de 2020. Durante años, contactos discretos y acuerdos de seguridad no declarados allanaron el camino para una colaboración ahora reconocida. La firma de los acuerdos de normalización marcó un punto de inflexión, abriendo la puerta a una cooperación más amplia en los ámbitos de seguridad, militar y tecnológico.
Las recientes filtraciones revelan el lado oscuro de la alianza y la participación directa en operaciones de espionaje contra Gaza, un territorio ya sometido a un severo bloqueo, y contra Qatar, un Estado árabe soberano. También confirman la intensificación de las relaciones de seguridad entre Tel Aviv y ciertas capitales árabes, en detrimento de la confianza regional.
El secuestro de Maduro ha puesto en un segundo plano la campaña de desestabilización de Irán y los nuevos planes de ataque del ejército israelí. Estados Unidos se encamina hacia una nueva escalada. No solo las cifras israelíes lo han insinuado, sino que las principales cuentas de OSINT que rastrean los movimientos militares estadounidenses han observado un aumento de aviones de transporte C-17 que vuelan a través del Atlántico hacia Europa y luego a Oriente Medio.
Aproximadamente una docena de C-17 aterrizaron en la Base Aérea de Fairford. La mayoría ya han volado a Ramstein, Alemania, tras dejar suministros en Fairford.
El más notable, sin embargo, fue el transporte de los “Night Stalkers” del 160 SOAR a Europa, la misma unidad aérea de fuerzas especiales que acaba de realizar el ataque contra Maduro en Venezuela la noche anterior.
Podría ser una maniobra estadounidense destinada a presionar a Irán mediante el despliegue de recursos en la región. Sin embargo, es muy probable que las protestas actuales, orquestadas como parte de una operación de guerra sicológica, tengan como objetivo desestabilizar al gobierno iraní hasta un punto crítico donde Estados Unidos e Israel podrían intervenir y rematar el golpe.
Las protestas, que comenzaron en diciembre, se tornan cada vez más violentas (1). Las imágenes muestran a manifestantes armados con Kalashnikov en medio de una violencia generalizada, explosiones, incendios y otras atrocidades.
‘Irán no se puede comparar con Venezuela’
El caso de Irán no puede compararse con el de Venezuela, asegura el South China Morning Post (2). A pesar de la desestabilización interna y las provocaciones de Estados Unidos e Israel, la correlación de fuerzas en Oriente Medio difiere significativamente del de América Latina.
El periódico recuerda específicamente la importancia estratégica de Irán y las posibles implicaciones para varios actores internacionales, elementos ausentes en el caso venezolano.
El periódico señala que cualquier acción contra los dirigentes iraníes tendría repercusiones que superarían con creces los acuerdos bilaterales, lo que limita la probabilidad de que se repita el escenario observado en Caracas.
Irán enfrenta persistentes dificultades económicas y movimientos de desestabilización, una situación que Estados Unidos e Israel han creado, organizado y estimulado. El South China Morning Post cree que esta presión no es suficiente para que Teherán siga una trayectoria comparable a la de Venezuela. Las diferencias en el contexto político, militar y diplomático explican que Irán «no sea una nueva Venezuela».
Hace pocos días hablamos de la “guerra de todos contra todos” en el Golfo Pérsico y ahora hay que insistir porque el enfrentamiento está alcanzando cotas impensables, y no sólo por la Guerra de Yemen.
Emiratos Árabes Unidos mantiene un contubernio con Israel que tiene todas las trazas de un matrimonio de conveniencia. Abu Dhabi quiere remodelar el Golfo Pérsico e incluso el Cuerno de África. Son los funambulistas de la Guerra de Libia, apoyan a las fuerzas paramilitares en Sudán, a las fuerzas secesionistas del sur en Yemen, quieren construir una base militar en Somalilandia, mantienen una base militar en la isla de Socotra…
Arabia Saudí tiene sus propios planes, y no sólo en Yemen, donde ha conquistado grandes extensiones de territorio para las fuerzas secesionistas. Los saudíes también se han pasado de rosca y es normal que acaben chocando con los emiratíes, que han retirado a sus tropas en Yemen y se han marchado con el rabo entre las piernas.
Las relaciones entre los dos sátrapas ya se habían deteriorado en los últimos años debido a la rivalidad de sus proyectos económicos y políticos. El 7 de octubre de 2023 pareció relajar la tensión.
Pero el contubernio entre Israel y los Emiratos sobrevivió, aunque Abu Dhabi hizo el paripé, reforzando sus críticas contra la colonización israelí de Cisjordania.
Israel quiere ser el principal socio de Emiratos Árabes Unidos. Si dejamos de lado la situación en Cisjordania y, en menor medida, la cuestión siria, el contubernio entre Tel Aviv y Abu Dhabi se basa en una visión estratégica común, pero también en intereses económicos.
Los saudíes querían afirmarse como la principal potencia del Golfo Pérsico y del mundo árabe y ahora ve sus intereses amenazados por el contubernio porque Estados Unidos ni está ni se le espera. Simplmente ha arrojado la toalla, lo mismo que en Europa.
Como se comprobó durante el embargo lanzado contra Qatar en 2017, la competencia entre los sátrapas de Golfo va en aumento, lo que aumenta la inestabilidad en la región más inestable que cabe imaginar.
A pesar de su poder financiero, político y simbólico, Arabia saudí sigue dependiendo demasiado de Estados Unidos. Ciertamente, Abu Dhabi ha dado marcha atrás en Yemen, pero no puede haber nada más frágil.
Las apuestas van en una línea muy peligrosa: si Emiratos Árabes Unidos se arroja en los brazos de Israel, Riad va a hacer lo propio en los de Teherán, lo cual son palabras mayores.
Hace décadas que las relaciones entre Rusia e Israel son un tobogán. Desde la “nakba” en Palestina de 1948 hasta los ataques israelíes en Siria, pasando por la agresión de junio contra Iran, Moscú ha expresado regularmente su oposición a las posturas defendidas por Tel Aviv en los foros internacionales.
Los desacuerdos, confinados durante mucho tiempo a escenarios bien definidos de Oriente Medio, se extienden ahora al Cuerno de África. El reconocimiento por parte de Israel de la independencia de Somalilandia ha reavivado las tensiones, lo que ha llevado a una postura firme de Rusia ante el Consejo de Seguridad de la ONU.
Si bien Rusia mantiene mecanismos de coordinación militar con Israel para evitar incidentes en Siria, también ha condenado la ocupación de los altos del Golán y los ataques israelíes. Las críticas se expresan en nombre del respeto a la soberanía de Damasco, entonces encabezada por Bashar Al Assad, un aliado clave de Moscú. A esas diferencias se suma el apoyo de Rusia a Irán, socio estratégico en Oriente Medio, cuyo papel regional es percibido por Israel como una amenaza directa.
Con el reconocimiento diplomático de Somalilandia, los sionistas pretenden tener una base en el Cuerno de África para atacar a los huthíes en Yemen y, de paso, debilitar las posiciones de Irán en la entrada del Mar Rojo.
En este contexto complejo, el reconocimiento de un nuevo país por parte de Israel se presentó ante el Consejo de Seguridad. Para Moscú, la decisión constituye una nueva violación de los principios que ha defendido durante mucho tiempo, a la vez que sienta un precedente considerado peligroso para la estabilidad regional.
En su intervención ante el Consejo de Seguridad, la representante rusa, Dina Gilmutdinova, expresó su profunda preocupación por la decisión israelí. Sin detenerse en consideraciones bilaterales, la diplomacia rusa enfatizó las implicaciones directas de este reconocimiento para Somalia, de la cual Somalilandia ha sido una región oficialmente reconocida desde su declaración unilateral de autonomía en 1991.
Según Moscú, reconocer la independencia de Somalilandia socava la unidad y la integridad territorial del Estado somalí. Rusia reiteró que esta postura es compartida por gran parte de la comunidad internacional, incluyendo la Unión Africana y varios países de la región, que siguen apoyando a Mogadiscio en sus esfuerzos de estabilización y reconstrucción institucional.
Más allá de los aspectos legales, Rusia llamó la atención sobre las consecuencias inmediatas para la seguridad. Advirtió sobre una posible escalada de tensiones en el Cuerno de África, una región ya debilitada por crisis políticas y persistentes conflictos armados. Según Moscú, reconocer a Somalilandia podría complicar aún más el equilibrio interno de Somalia y socavar las iniciativas para fortalecer al gobierno central.
La lucha contra el terrorismo también se planteó como un tema central. Rusia cree que decisiones unilaterales de esta naturaleza corren el riesgo de desviar la atención y los recursos del gobierno somalí y sus socios internacionales, en un momento en que la amenaza que representa Al Shabaab sigue siendo alta. Para Moscú, cualquier acontecimiento político que pueda fragmentar aún más el país podría proporcionar un terreno fértil para este grupo armado, que ya está establecido en varias regiones.
Ante esta situación, Rusia abogó por un enfoque basado en el diálogo entre los propios somalíes, sin injerencias externas. Reafirmó su apoyo a las autoridades de Mogadiscio en su búsqueda de estabilidad y soberanía, al tiempo que instó a los actores internacionales a evitar cualquier iniciativa motivada por intereses geopolíticos inmediatos.
La reacción rusa al reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel no es un incidente aislado. Forma parte de una serie de posturas en las que Moscú se posiciona como defensor de un orden internacional basado en el respeto a las fronteras reconocidas y el papel central de las Naciones Unidas en la resolución de disputas. Al oponerse públicamente a Israel en esta cuestión africana, Rusia amplía el alcance de sus desacuerdos con Tel Aviv, que hasta ahora se han centrado principalmente en Oriente Medio.
Para Israel, este reconocimiento se basa en sus propias consideraciones estratégicas, aunque estas no se hayan detallado oficialmente en el Consejo de Seguridad. Para Rusia, sin embargo, la cuestión trasciende el caso de Somalilandia. Afecta a la credibilidad de los mecanismos multilaterales y al riesgo de una proliferación de iniciativas que podrían debilitar a los Estados más vulnerables.
El 11 de diciembre se conmemoró el aniversario de la “revolución siria”, que derrocó al gobierno de Bashar Al Assad. El gobierno de Trump recibió los honores, mientras que Turquía, Gran Bretaña y Francia tomaron el control.
HTS, el grupo armado que invadió Siria en diciembre pasado, es en realidad un proyecto de turcos y británicos. El actual presidente sirio, Ahmad Al Sharaa, fue reclutado y entrenado por los servicios de inteligencia británicos en 2011, cuando comenzó la ofensiva contra Siria. El principal mecenas político de Al Sharaa fue, y sigue siendo, el antiguo primer ministro británico Tony Blair, a través de su jefe de gabinete, Jonathan Powell.
A pesar de su papel en la invasión de Irak en 2003 y la sangrienta guerra de 2011 en Siria, Powell reapareció mágicamente en la política exterior británica en noviembre del año pasado como Asesor de Seguridad Nacional de Keir Starmer, justo a tiempo para coordinar el derrocamiento del gobierno sirio con la ayuda de los turcos y los “yihadistas moderados”.
Powell fue uno de los que elaboraron el fraude de las armas de destrucción masiva en poder de Saddam Hussein, que en 2003 allanó el camino para la invasión estadounidense de Irak. Ahora, sin embargo, parece que la inteligencia británica y varias ONG dirigen el gobierno sirio. Todos los hoteles de cuatro estrellas de Damasco están repletos de oficiales y espías británicos.
Los lacayos estadounidenses en la región (los kurdos y lo que queda del Ejército Libre Sirio) se han quedado privados de sus derechos, y las relaciones entre Estados Unidos y Turquía (el socio menor de Gran Bretaña en el acuerdo general) se han deteriorado hasta el punto de rozar la hostilidad. Por ello, el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró recientemente que Siria podría sumirse pronto en una sangrienta guerra civil.
Desde entonces las cosas han cambiado. El 15 de octubre de este año, el nuevo presidente sirio viajó a Moscú y se reunió con Putin. Tres semanas después, Al Sharaa se encontraba reunido con Trump en la Casa Blanca.
Hasta el año pasado, se ofrecía una recompensa de 10 millones de dólares por su captura, por ser uno de los terroristas más buscados.
Estados Unidos vuelve a asumir las riendas de Siria
Tony Blair, que debía dirigir las negociaciones “de paz” en Gaza, fue repentinamente apartado, y Trump arrebató a los británicos la gestión de la situación en Siria. En el Foro de Doha de la semana pasada, el periodista independiente C.J. Wellerman conversó con, Tom Barrack, el embajador estadounidense en Siria, quien le informó que las tensiones entre Estados Unidos e Israel habían alcanzado un punto álgido sin precedentes en relación con Siria, y añadió que Trump le había pedido a Netanyahu que diera marcha atrás.
Israel quería fomentar una nueva guerra en Siria para dividir el país, debilitarlo y socavar al nuevo gobierno, mientras que Estados Unidos cree que mantener la paz y la estabilidad interna tendrá repercusiones positivas en toda la región.
Esta postura ha enfurecido a Israel, razón por la cual ahora el gobierno de Tel Aviv ataca públicamente al embajador estadounidense, acusándolo de favorecer los intereses de Turquía a expensas de la seguridad de Israel. Netanyahu considera que Barrack es hostil hacia Israel y está demasiado influenciado por los intereses turcos en Siria, comportándose como un embajador al servicio de los intereses de Ankara.
Tom Barrack reconoció que, para los israelíes, un estado árabe sunita unificado en su frontera es su mayor temor, ya que representaría una amenaza existencial para la ocupación israelí de los Altos del Golán sirios y la Cisjordania palestina. Ven a Siria no solo como un posible punto de partida para futuros ataques contra ellos, sino también como una fuerza que podría impulsar movimientos revolucionarios en toda la región, en particular en los vecinos Jordania y Egipto.
Las declaraciones de Barrack fueron corroboradas por un alto oficial de inteligencia israelí en la televisión: “Lo que está sucediendo aquí es un evento —estamos hablando de un evento estratégico que se está desarrollando en la región—, un evento megaestratégico. Es esencialmente un colapso tectónico del Acuerdo Sykes-Picot, que ha sido el orden establecido en Oriente Medio desde 1916. Y hay un colapso importante de los cimientos del antiguo orden. Necesitamos asegurar que haya una zona de seguridad entre nosotros y los sunitas. Una zona de seguridad garantizada por las Fuerzas de Defensa de Israel, por cierto, lo cual podría ser un poco menos realista”.
Más de mil ataques aéreos contra Siria en los últimos 12 meses
HTS y sus predecesores es que nunca mostraron hostilidad hacia Israel, y no hace mucho, Al Sharaa habló abiertamente sobre la paz y la normalización de las relaciones con Israel. En julio el propio Netanyahu le pidió a Trump que levantara las sanciones contra Siria. Trump accedió, pero ahora Netanyahu se arrepiente de esa solicitud. Al Sharaa y su gobierno se han quitado la máscara de amistad hacia Israel.
El 8 de diciembre el nuevo ejército sirio realizó un desfile durante el cual las tropas corearon consignas propalestinas, expresando solidaridad con Gaza y prometiendo su liberación. Las reacciones en Israel fueron rápidas y duras: “Un ministro israelí afirma que la guerra es inevitable después de que las tropas sirias se pronunciaran en favor de Gaza”. La afirmación de que “la guerra es inevitable” revela más sobre el miedo de Israel a Damasco que cualquier cambio real de política, dado que Israel ya ha llevado a cabo más de mil ataques aéreos contra Siria en los últimos 12 meses.
En Washington ya no toleran estos ataques y recientemente Trump lanzó una reprimenda, acusando a Israel de desestabilizar Siria. Un alto funcionario de la Casa Blanca declaró: “Estamos tratando de decirle a Bibi que tiene que detener esto porque si continúa, se autodestruirá”. Los medios israelíes informaron esta semana que el enviado estadounidense Barack “había marcado límites a Netanyahu en Siria”. Trump ha declarado que no permitirá que Israel obstaculice el desarrollo de Siria para convertirse en un estado próspero. Sin embargo, Israel no cede y desafía a Estados Unidos. La muerte de dos militares podría ser una advertencia.
Los crecientes problemas de Tel Aviv también incluyen a Hamas, que ahora parece tener una estrecha relación con el nuevo régimen sirio. Israel cree que Hamas aún tiene unos 40.000 combatientes en Gaza, la misma cantidad que antes de los ataques del 7 de octubre de 2023. El New York Times citó a Shalom Ben Hanan, un alto dirigente del Shin Bet, quien ha declarado que “Hamás ha sido duramente golpeado, pero no ha sido derrotado. Sigue en pie”.
Las centrales de inteligencia estadounidenses estiman que la influencia de Hamas ha crecido en los últimos dos años y que “se ha posicionado con éxito en otras partes del mundo árabe y musulmán”.
El ánimo en Israel, que se sentía jubiloso tras la caída de Bashar Al Assad, se ha ensombrecido repentinamente. Está rodeado de fuerzas hostiles que parecen estar ganando fuerza y confianza, incluyendo a Turquía. Tel Aviv considera a Turquía “una amenaza estratégica inmediata para Israel”. Turquía posee, con diferencia, el mayor ejército de la región, con un vasto arsenal de armamento avanzado, unos 300 cazas F-16 y miles de potentes drones Bayraktar.
El mayor enemigo de Israel podría ser el propio Israel. Al iniciar hostilidades imprudentemente contra seis potencias regionales y negarse a ceder durante más de dos años, ha agotado su propia economía y fuerza militar.
Más malas noticias para Israel: Trump ha pedido a Pakistán que proporcione tropas “de paz” para Gaza. Al parecer, Estados Unidos quiere que las fuerzas “de paz” provengan de países musulmanes. Por ahora, parece haber una resistencia significativa a esta idea, pero en última instancia, Trump podría salirse con la suya.
Alex Krainer https://trendcompass.substack.com/p/middle-east-tectonic-shift-is-israel
En una acción sin precedentes, la aviación saudí ha lanzado ataques aéreos contra una facción armada en Yemen respaldada por Emiratos Árabes Unidos, lo que subraya una brecha cada vez más profunda entre las dos monarquías del Golfo (*).
El Consejo de Transición del Sur (STC), respaldado por Emiratos Árabes Unidos, dijo el viernes que el bombardeo saudí era preocupante y que tenía como objetivo algunas de sus fuerzas de élite en la provincia de Hadhramaut, en el centro de Yemen, que limita con Arabia Saudí.
La intervención militar de Riad se produce tres semanas después de que el STC lanzara una ofensiva para tomar el control de Hadhramaut, tras chocar con facciones alineadas con el gobierno yemení respaldado por Arabia Saudí, así como con la provincia de Al Mahra en el sureste, que limita con Omán.
Es poco probable que el STC hubiera lanzado la ofensiva sin la aquiescencia de Emiratos Árabes Unidos. Hadhramaut es la región más grande y rica de Yemen y tiene estrechos vínculos con Arabia Saudí. El avance del STC fue considerado una amenaza directa a los intereses de seguridad nacional saudíes, así como al papel de Riad en Yemen, donde respalda al gobierno reconocido internacionalmente.
La crisis ha dejado al descubierto las tensas relaciones entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, aliados tradicionales cada vez más enfrentados por las guerras en Yemen y Sudán.
El STC lanzó su ofensiva tres semanas después de que el príncipe saudí Mohammed Bin Salman expresara su preocupación sobre la guerra civil en Sudán. Los dos acontecimientos están relacionados, y Emiratos Árabes Unidos están molestos porque Mohammed había planteado el papel de las fuerzas paramilitares de apoyo rápido en la guerra sudanesa y tenía la intención de enviar un mensaje a Riad.
El papel de Emiratos Árabes Unidos en Sudán ha sido objeto de un escrutinio cada vez mayor porque supuestamente suministraron armas a las RSF, acusadas de genocidio. Arabia Saudí es considerada partidaria del ejército regular sudanés, el principal rival de las RSF.
“Los acontecimientos en el este de Yemen apuntan a una rivalidad tranquila pero consecuente entre Riyadh y Abu Dhabi, cuyos efectos indirectos corren el riesgo de intensificar la violencia por poderes tanto en Yemen, Sudán y más allá, dijo Mohammed Albasha, fundador de Basha Report, un grupo asesor de riesgos con sede en Estados Unidos
Arabia Saudí considera que Sudán es vital para su seguridad nacional, ya que comparte una larga frontera con el Mar Rojo. Pero lo mismo piensa Emiratos Árabes Unidos.
En Yemen, Arabia Saudí encabezó una coalición árabe que intervino en la guerra civil de ese país en 2015 para luchar contra los huthíes, respaldados por Irán, después de que Ansarollah se apoderara de Saná, la capital, y derrocara al gobierno.
Emiratos Árabes Unidos era su principal socio en la coalición, pero ellos y Arabia Saudí respaldaron a diferentes facciones antihuthíes que en ocasiones han luchado entre sí.
Abu Dhabi comenzó a retirar sus fuerzas de Yemen en 2019 cuando cambió su política. Ese año el gobierno yemení lo acusó de bombardear sus fuerzas. Continúa respaldando al STC, que es el grupo sureño más poderoso. El STC es aparentemente parte del gobierno yemení, pero quiere que el sur se convierta en un estado separado, como lo era antes de la unificación de Yemen en 1990.
Arabia Saudí condenó el jueves los avances militares del grupo, afirmando que se llevaron a cabo unilateralmente sin la aprobación del gobierno yemení ni en coordinación con la coalición que encabeza Arabia Saudí. “Por lo tanto, estos movimientos resultaron en una escalada injustificada que perjudicó los intereses del pueblo yemení”, declaró el Ministerio de Asuntos Exteriores saudí.
El CTS declaró que lanzó su ofensiva después de que las facciones locales detuvieran la producción de crudo en Hadramaut, la principal fuente de ingresos petroleros del gobierno del sur. La ofensiva también tenía como objetivo prevenir el contrabando de armas a los hutíes, que controlan la mayor parte del populoso norte, según el CTS.
El grupo afirmó que la ofensiva le otorgó el control de las provincias del sur de Yemen, lo que desencadenó una crisis en el gobierno respaldado por Riad y socavó la influencia saudí en Yemen.
Arabia Saudí lleva varios años intentando retirarse de la guerra, tras acordar una tregua con los hutíes en 2022. No obstante, ahora ha concentrado más de 15.000 combatientes yemeníes en zonas estratégicas a lo largo de la frontera con el reino.
Las zonas donde se han desplegado estas fuerzas están situadas en el borde de territorios capturados en las últimas semanas por un movimiento separatista, apoyado por los Emiratos Árabes Unidos.
Diez palestinos han muerto de hipotermia, o frío, en las últimas 24 horas en Gaza. Estas 10 víctimas de la tormenta Byron no murieron a causa del clima, sino por decisiones políticas. Los daños causados por este diluvio no son un desastre natural.
Entre las 10 personas asesinadas, tres eran niños. Sus nombres eran Taim Al Khawaja, Hadil Al Masri y Rahaf Abu Jazar.
El terrorismo israelí continúa causando estragos en Gaza, donde los residentes, exhaustos tras dos años de genocidio, bombardeos, hambruna y caos, deben lidiar ahora con lluvias torrenciales que inundan sus refugios improvisados y amenazan a los más vulnerables.
“Para los 1,5 millones de palestinos que viven bajo lonas de plástico y lonas rotas, la tormenta representa mucho más que mal tiempo. Es un peligro adicional que se suma a su lucha diaria por la supervivencia”, explica el periodista Hani Mahmoud en Al Jazira.
Durante semanas, los trabajadores humanitarios han advertido sobre los peligros que representa el invierno para los palestinos en Gaza, donde casi 850.000 personas que viven en 761 asentamientos de desplazados corren el mayor riesgo de inundaciones.
A pesar de las advertencias, Israel ha seguido impidiendo la entrada al enclave palestino de los suministros necesarios para abordar la emergencia. Si bien se necesitaban al menos 300.000 tiendas de campaña, se ha permitido la entrega de menos de 40.000. Las herramientas para reparar los sistemas de alcantarillado y agua, cruciales para prevenir inundaciones, también están sujetas al bloqueo.
Las tiendas de campaña que siguen disponibles para los residentes son frágiles y a menudo están rotas, lo que ofrece una protección mínima contra las fuertes lluvias, que amenazan con dañar gravemente las pocas pertenencias que aún poseen las familias.
Además de la amenaza directa para sus vidas, la lluvia ha provocado el derrumbe de al menos 10 edificios desde ayer, y muchos más corren el riesgo de derrumbarse, hiriendo a los residentes que se han refugiado en ellos.
Las inundaciones también suponen un grave riesgo de contaminación del agua potable y los suministros de alimentos por aguas residuales, lo que aumenta el riesgo de enfermedades en la densamente poblada Franja de Gaza, donde 2,2 millones de personas viven hacinadas en tan solo el 43 por cien del territorio, mientras que el 57 por cien restante permanece bajo el control militar israelí.
Más allá del peligro físico, el impacto psicológico es profundo. Tras meses de desplazamiento, pérdidas y privaciones, una nueva crisis parece insuperable. “Nuestras tiendas han sido destruidas. Estamos exhaustos”, declaró Wissam Naser. No nos quedan fuerzas. Cada día nos azota el miedo: hambre, frío, enfermedades y ahora la tormenta.
Israel continúa sus ataques
El ejército israelí no ha cesado sus operaciones durante la tormenta, impidiendo el movimiento de los palestinos por Gaza. El 11 de diciembre un ataque aéreo israelí tuvo como objetivo la calle Escuelas, en el campo de refugiados de Jabalia, al norte de la ciudad de Gaza. La explosión causó la muerte de una mujer y heridas a varias personas. La calle atacada por el fuego israelí se encontraba fuera de la zona controlada por el ejército israelí en virtud del acuerdo de alto el fuego.
También ayer, bombardeos israelíes tuvieron como objetivo una escuela ubicada cerca de la rotonda de Bani Suheila, al este de Jan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza.
Israel ha violado el acuerdo de alto el fuego en Gaza al menos 738 veces desde que entró en vigor hace apenas dos meses. Según un recuento de Al Jazira, el ejército israelí ha violado el alto el fuego casi a diario, 51 veces en 62 días desde el 10 de octubre.
Estos ataques han causado la muerte de al menos 383 palestinos y herido a otros 987. Además, se han recuperado de los escombros 627 cadáveres, víctimas de bombardeos anteriores, lo que eleva el número total de muertos por la masacre perpetrada por Israel en Gaza a 171.069.
La película “Palestina 36” recuerda lo que fue el Imperio Británico, contra cuya tiranía lucharon los palestinos, quien allanó el camino para los abominables crímenes de guerra que Israel está cometiendo en Gaza. No se centra en el período histórico actual, sino en lo que ocurrió hace casi 90 años. Dirigida por la notable cineasta palestina Annemarie Jacir, “Palestina 36”, arroja más luz sobre los acontecimientos que se han desarrollado en Gaza durante los últimos dos años que cualquier cosa que se pueda leer en un periódico británico o ver en la BBC; si es que hay algo sobre Gaza en los medios desde que Trump rebautizó la masacre y el despojo de los palestinos como un “alto el fuego”.
“Palestina 36” logra esa hazaña con un presupuesto digno de una superproducción de Hollywood y un elenco que incluye nombres muy conocidos para el público occidental, desde Jeremy Irons hasta Liam Cunningham, algo excepcional para una película palestina.
Relata un episodio crucial de la historia colonial británica, no desde la perspectiva de los británicos, sino, por una vez, desde la de sus víctimas.
El “36” del título se refiere al año 1936, cuando los palestinos se alzaron contra el colonialismo británica, a menudo denominado engañosamente como el “Mandato Británico” emitido por la Sociedad de Naciones.
El problema para los palestinos no fue solo la violencia sistemática de esas tres décadas de tiranía. Fue el hecho de que el papel del Estado británico, como autoproclamado guardián de Palestina —un “juez de paz” entre los palestinos indígenas y los inmigrantes, predominantemente judíos—, sirviera como tapadera para un programa mucho más siniestro.
Fueron los funcionarios británicos quienes expulsaron a los judíos de Europa —donde fueron rechazados por gobiernos racistas, incluido el de Gran Bretaña— y los llevaron a Palestina. Allí, se les animó activamente a convertirse en la infantería de un futuro “estado judío” que debía depender de Gran Bretaña y ayudaría a controlar la región.
De hecho, Gran Bretaña luchaba por controlar las fronteras de su vasto imperio y esperaba externalizar la administración de algunas de sus colonias a un estado fortaleza “judío”.
La lucha anticolonial de los palestinos
Una de las principales prioridades de Gran Bretaña era aplastar el nacionalismo árabe, que se oponía al dominio colonial británico y francés en la región de Oriente Medio conocida como el Levante.
El nacionalismo árabe era una ideología política secular y unificadora que buscaba superar las fronteras arbitrarias impuestas por las potencias coloniales y fortalecer la identidad árabe frente a la ocupación extranjera. Era profundamente anticolonial, lo que explica que Gran Bretaña y Francia fueran tan hostiles.
Los palestinos fueron de crucial importancia para el nacionalismo árabe, ya que su patria sirvió de puente geográfico entre las potencias nacionalistas árabes del Líbano y Siria, al norte, y Egipto, al sur.
Los británicos intentaron por todos los medios sofocar el movimiento de liberación en Palestina. Pero la creciente brutalidad del despotismo británico finalmente transformó, en 1936, esta oposición silenciada en lo que Occidente denominó una “revuelta árabe” de tres años y lo que los palestinos llaman su “primera intifada” o levantamiento.
Más tarde, en 1987 y de nuevo en 2000, estallaron levantamientos palestinos mucho más grandes y prolongados, esta vez contra el colonialismo israelí, aún más violento y bárbaro.
La revuelta de 1936-1939 alcanzó tal magnitud que, en su punto álgido, según el historiador palestino Rashid Khalidi, Gran Bretaña tenía estacionados más soldados británicos en la pequeña Palestina que en toda la India.
Ésta es la historia que cuenta “Palestina 36”, una historia que los escolares británicos nunca aprenden y que los medios británicos nunca divulgan, a pesar de que explica los crímenes cometidos hoy en la Palestina histórica.
Por eso, es probable que los espectadores británicos de la película no solo se sientan impactados por la magnitud y la naturaleza de la violencia colonial británica, sino que también se den cuenta de que estos brutales acontecimientos presagiaron, en cierto modo, lo que está ocurriendo actualmente en Gaza.
Entrenados para cometer crímenes de guerra
Un pequeño segmento del movimiento de solidaridad con Palestina condena rápidamente la brutalidad de Israel hacia los palestinos como algo excepcional, exclusivo de Israel y de su ideología sionista.
La película de Jacir demuestra, sin lugar a dudas, lo absurdo de este enfoque. La violencia colonial actual de Israel es simplemente una versión más sofisticada y tecnológica de las técnicas empleadas por el colonialismo británico hace casi un siglo. El ejército israelí aprendió literalmente de los británicos.
Uno de los personajes principales de “Palestina 36” es el oficial británico Orde Wingate, quien dirigió incursiones nocturnas en aldeas palestinas para aterrorizar a sus habitantes. Wingate organizó incursiones punitivas con soldados británicos y miembros de milicias judías recién llegadas. El entrenamiento que impartieron a las milicias judías en la estrategia militar colonial británica y la guerra híbrida sirvió posteriormente de modelo para el ejército israelí.
La muerte de Wingate en un accidente aéreo en Birmania en 1944 fue lamentada por David Ben Gurion, el padre fundador de Israel. Afirmó que, si Wingate hubiera sobrevivido, podría haberse convertido en el primer Jefe del Estado de Israel.
La película muestra a Wingate cometiendo crímenes de guerra típicos: utilizando a un niño palestino como escudo humano; acorralando a mujeres y niños y confinándolos en un campamento al aire libre rodeado de alambre de púas, privándolos de agua en el calor del mediodía; quemando cultivos palestinos; y haciendo estallar un autobús que transportaba a hombres palestinos detenidos arbitrariamente.
Mientras tanto, Charles Tegart, oficial de la policía colonial británica, instalaba fuertes militarizados por toda Palestina, idénticos a los que había diseñado y construido previamente en la India para reprimir los levantamientos allí.
Estos fuertes servirían de modelo para la serie de muros y puestos de control de acero y hormigón erigidos por Israel, que han fragmentado la Palestina histórica y encarcelado a gran parte de la población palestina en prisiones al aire libre, la mayor de las cuales se encuentra en Gaza.
Cuando uno ve en la película a palestinos constantemente humillados, maltratados y asesinados por los británicos, supuestamente para inculcarles obediencia, se puede entender fácilmente por qué, generación tras generación, los palestinos, cada vez más desesperados, se han vuelto cada vez más radicalizados.
La brutal represión colonial británica del levantamiento de 1936, que duró tres años, finalmente condujo a la audaz fuga de Hamas de la prisión de Gaza el 7 de octubre de 2023 y a la guerra genocida librada por el régimen colonial israelí.
El genocidio perpetrado por Israel no pacificará a esta generación de palestinos, como la represión de la revuelta árabe por parte de Wingate no pacificó a la generación anterior. Solo aumentará el sufrimiento y fortalecerá la voluntad colectiva de resistencia.
El fanatismo ideológico
La película también aborda, aunque de forma más indirecta, la contribución de Gran Bretaña al fanatismo ideológico que generalmente se atribuye a Israel. La implacable subyugación del pueblo palestino por parte de Wingate, su visión de ellos como poco más que una especie animal y su apasionada devoción al pueblo judío tenían sus raíces en la ideología sionista.
Con demasiada frecuencia se olvida que el sionismo es anterior a su encarnación moderna como nacionalismo judío. Wingate pertenecía a una larga tradición de influyentes sionistas cristianos europeos que creían que la profecía bíblica se cumpliría con la “restauración” del pueblo judío a su antigua patria. Solo entonces, en el supuesto “fin de los tiempos”, Cristo podría regresar y establecer su reino en la tierra.
Lord Balfour, autor de la Declaración Balfour de 1917, que prometía un “hogar nacional” para el pueblo judío en Palestina, fue también un destacado sionista cristiano británico.
El pueblo palestino, muchos de los cuales, según estudios genéticos, descienden de los antiguos cananeos que vivieron en la región hace miles de años y posteriormente se convirtieron al cristianismo y al islam, era visto por los sionistas cristianos del tipo de Wingate como un obstáculo para el cumplimiento de la profecía divina.
Si no se sometían a la voluntad de dios abandonando voluntariamente su patria para dar paso al pueblo judío, debían ser obligados. Como muestran las encuestas, el sionismo israelí los ha llevado a un racismo tan fanático como el de Wingate: muchos apoyan la limpieza étnica y el genocidio de los palestinos.
En las redes sociales, los soldados israelíes se jactan abiertamente de la violencia inhumana y antinatural que infligen a la población de Gaza.
’Los palestins no son seres humanos del todo’
Pero volvamos al presente. La recepción de “Palestina 36” en la prensa cinematográfica británica fue, en el mejor de los casos, tibia. Todo lo que el Guardian, a pesar de su reputación de liberal, pudo decir fue que la película era “sincera y auténtica”, como si se tratara de no molestar a un niño que había entregado un ensayo mediocre.
Esto no debería sorprender. El establishment británico, al igual que el establishment estadounidense que sustituyó a Gran Bretaña como policía mundial después de la Segunda Guerra Mundial, sigue considerando el nacionalismo árabe una amenaza. Sigue viendo a Israel como un puesto colonial indispensable. Sigue viendo a Palestina como un campo de pruebas para técnicas de vigilancia y contrainsurgencia. Todavía considera a los palestinos como seres menos que plenamente humanos.
Por eso, el primer ministro británico Keir Starmer —que parece un Wingate moderno, reinventado como político— no dudó en defender la decisión de Israel de privar a la población de Gaza, incluyendo a su millón de niños, de comida, agua y electricidad, violando así los principios fundamentales del derecho internacional.
Por eso Starmer y el establishment británico siguen enviando armas a Israel y proporcionándole la inteligencia que utiliza para atacar a civiles. Por eso Starmer recibió en Downing Street al presidente israelí Isaac Herzog, quien justificó el genocidio declarando que no había civiles “no involucrados” en Gaza.
Por eso el ejército británico sigue entrenando a oficiales militares israelíes en Reino Unido, al igual que Wingate hizo con sus predecesores. Por eso los oficiales británicos siguen viajando a Israel para aprender de su ejército genocida.
Por eso Gran Bretaña sigue ofreciendo protección diplomática a Israel y amenazó al Tribunal Penal Internacional por intentar responsabilizar al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por los crímenes de lesa humanidad que Israel ha cometido en Gaza.
Por eso Starmer y su gobierno cambiaron la definición de terrorismo para criminalizar a los británicos que expresan su oposición al genocidio en Gaza.
Lo cierto es que no podemos confiar en nuestro gobierno, nuestras escuelas ni nuestros medios de comunicación para que nos informen sobre la historia colonial británica, ya sea en Palestina o en cualquier otro lugar del mundo donde Gran Bretaña ejerció su tiranía.
Al contrario, debemos empezar a escuchar a las víctimas de nuestra violencia si queremos comprender no solo el pasado, sino también el presente.
Jonathan Cook https://www.middleeasteye.net/opinion/palestine36-story-90-years-ago-key-grasping-gaza-today
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