Nuevas revelaciones arrojan una más luz sobre la naturaleza de la cooperación en materia de seguridad entre Emiratos Árabes Unidos e Israel, implicando a Abu Dabi en operaciones de espionaje dirigidas contra la Franja de Gaza y Qatar. Según documentos confidenciales atribuidos a los servicios de inteligencia emiratíes, la colaboración va mucho más allá de un simple intercambio de información y refleja una alineación estratégica deliberada con las prioridades de seguridad israelíes.
Según estos documentos, difundidos por varios medios de comunicación árabes, los servicios de inteligencia emiratíes trabajaron en estrecha coordinación con el Mosad, incluyendo la realización de misiones de vigilancia y recopilación de inteligencia en Gaza y Qatar.
Las operaciones se llevaron a cabo siguiendo instrucciones directas del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, con plazos estrictos y recursos técnicos proporcionados por Israel.
Los documentos describen órdenes emitidas en un lenguaje considerado condescendiente, incluso humillante, por algunos de los propios dirigentes emiratíes. Esta actitud, descrita como carente de cualquier consideración por una colaboración entre iguales, revela un claro desequilibrio en la relación entre ambas partes. Israel, en particular, exigió una drástica intensificación de las actividades de inteligencia emiratí en Qatar, quintuplicando el número de equipos desplegados, considerando a Doha un actor sensible debido a su apoyo político a Hamás.
Las revelaciones confirman la sumisión de Emiratos Árabes Unidos y su lealtad hacia Israel. El hecho de que un Estado árabe se preste a ejecutar órdenes dictadas desde Israel, en un contexto regional marcado por altas tensiones, intensifica las críticas a la política exterior de Abu Dabi.
Las relaciones entre Emiratos Árabes Unidos e Israel no comenzaron con la normalización oficial de 2020. Durante años, contactos discretos y acuerdos de seguridad no declarados allanaron el camino para una colaboración ahora reconocida. La firma de los acuerdos de normalización marcó un punto de inflexión, abriendo la puerta a una cooperación más amplia en los ámbitos de seguridad, militar y tecnológico.
Las recientes filtraciones revelan el lado oscuro de la alianza y la participación directa en operaciones de espionaje contra Gaza, un territorio ya sometido a un severo bloqueo, y contra Qatar, un Estado árabe soberano. También confirman la intensificación de las relaciones de seguridad entre Tel Aviv y ciertas capitales árabes, en detrimento de la confianza regional.
El secuestro de Maduro ha puesto en un segundo plano la campaña de desestabilización de Irán y los nuevos planes de ataque del ejército israelí. Estados Unidos se encamina hacia una nueva escalada. No solo las cifras israelíes lo han insinuado, sino que las principales cuentas de OSINT que rastrean los movimientos militares estadounidenses han observado un aumento de aviones de transporte C-17 que vuelan a través del Atlántico hacia Europa y luego a Oriente Medio.
Aproximadamente una docena de C-17 aterrizaron en la Base Aérea de Fairford. La mayoría ya han volado a Ramstein, Alemania, tras dejar suministros en Fairford.
El más notable, sin embargo, fue el transporte de los “Night Stalkers” del 160 SOAR a Europa, la misma unidad aérea de fuerzas especiales que acaba de realizar el ataque contra Maduro en Venezuela la noche anterior.
Podría ser una maniobra estadounidense destinada a presionar a Irán mediante el despliegue de recursos en la región. Sin embargo, es muy probable que las protestas actuales, orquestadas como parte de una operación de guerra sicológica, tengan como objetivo desestabilizar al gobierno iraní hasta un punto crítico donde Estados Unidos e Israel podrían intervenir y rematar el golpe.
Las protestas, que comenzaron en diciembre, se tornan cada vez más violentas (1). Las imágenes muestran a manifestantes armados con Kalashnikov en medio de una violencia generalizada, explosiones, incendios y otras atrocidades.
‘Irán no se puede comparar con Venezuela’
El caso de Irán no puede compararse con el de Venezuela, asegura el South China Morning Post (2). A pesar de la desestabilización interna y las provocaciones de Estados Unidos e Israel, la correlación de fuerzas en Oriente Medio difiere significativamente del de América Latina.
El periódico recuerda específicamente la importancia estratégica de Irán y las posibles implicaciones para varios actores internacionales, elementos ausentes en el caso venezolano.
El periódico señala que cualquier acción contra los dirigentes iraníes tendría repercusiones que superarían con creces los acuerdos bilaterales, lo que limita la probabilidad de que se repita el escenario observado en Caracas.
Irán enfrenta persistentes dificultades económicas y movimientos de desestabilización, una situación que Estados Unidos e Israel han creado, organizado y estimulado. El South China Morning Post cree que esta presión no es suficiente para que Teherán siga una trayectoria comparable a la de Venezuela. Las diferencias en el contexto político, militar y diplomático explican que Irán «no sea una nueva Venezuela».
Hace pocos días hablamos de la “guerra de todos contra todos” en el Golfo Pérsico y ahora hay que insistir porque el enfrentamiento está alcanzando cotas impensables, y no sólo por la Guerra de Yemen.
Emiratos Árabes Unidos mantiene un contubernio con Israel que tiene todas las trazas de un matrimonio de conveniencia. Abu Dhabi quiere remodelar el Golfo Pérsico e incluso el Cuerno de África. Son los funambulistas de la Guerra de Libia, apoyan a las fuerzas paramilitares en Sudán, a las fuerzas secesionistas del sur en Yemen, quieren construir una base militar en Somalilandia, mantienen una base militar en la isla de Socotra…
Arabia Saudí tiene sus propios planes, y no sólo en Yemen, donde ha conquistado grandes extensiones de territorio para las fuerzas secesionistas. Los saudíes también se han pasado de rosca y es normal que acaben chocando con los emiratíes, que han retirado a sus tropas en Yemen y se han marchado con el rabo entre las piernas.
Las relaciones entre los dos sátrapas ya se habían deteriorado en los últimos años debido a la rivalidad de sus proyectos económicos y políticos. El 7 de octubre de 2023 pareció relajar la tensión.
Pero el contubernio entre Israel y los Emiratos sobrevivió, aunque Abu Dhabi hizo el paripé, reforzando sus críticas contra la colonización israelí de Cisjordania.
Israel quiere ser el principal socio de Emiratos Árabes Unidos. Si dejamos de lado la situación en Cisjordania y, en menor medida, la cuestión siria, el contubernio entre Tel Aviv y Abu Dhabi se basa en una visión estratégica común, pero también en intereses económicos.
Los saudíes querían afirmarse como la principal potencia del Golfo Pérsico y del mundo árabe y ahora ve sus intereses amenazados por el contubernio porque Estados Unidos ni está ni se le espera. Simplmente ha arrojado la toalla, lo mismo que en Europa.
Como se comprobó durante el embargo lanzado contra Qatar en 2017, la competencia entre los sátrapas de Golfo va en aumento, lo que aumenta la inestabilidad en la región más inestable que cabe imaginar.
A pesar de su poder financiero, político y simbólico, Arabia saudí sigue dependiendo demasiado de Estados Unidos. Ciertamente, Abu Dhabi ha dado marcha atrás en Yemen, pero no puede haber nada más frágil.
Las apuestas van en una línea muy peligrosa: si Emiratos Árabes Unidos se arroja en los brazos de Israel, Riad va a hacer lo propio en los de Teherán, lo cual son palabras mayores.
Hace décadas que las relaciones entre Rusia e Israel son un tobogán. Desde la “nakba” en Palestina de 1948 hasta los ataques israelíes en Siria, pasando por la agresión de junio contra Iran, Moscú ha expresado regularmente su oposición a las posturas defendidas por Tel Aviv en los foros internacionales.
Los desacuerdos, confinados durante mucho tiempo a escenarios bien definidos de Oriente Medio, se extienden ahora al Cuerno de África. El reconocimiento por parte de Israel de la independencia de Somalilandia ha reavivado las tensiones, lo que ha llevado a una postura firme de Rusia ante el Consejo de Seguridad de la ONU.
Si bien Rusia mantiene mecanismos de coordinación militar con Israel para evitar incidentes en Siria, también ha condenado la ocupación de los altos del Golán y los ataques israelíes. Las críticas se expresan en nombre del respeto a la soberanía de Damasco, entonces encabezada por Bashar Al Assad, un aliado clave de Moscú. A esas diferencias se suma el apoyo de Rusia a Irán, socio estratégico en Oriente Medio, cuyo papel regional es percibido por Israel como una amenaza directa.
Con el reconocimiento diplomático de Somalilandia, los sionistas pretenden tener una base en el Cuerno de África para atacar a los huthíes en Yemen y, de paso, debilitar las posiciones de Irán en la entrada del Mar Rojo.
En este contexto complejo, el reconocimiento de un nuevo país por parte de Israel se presentó ante el Consejo de Seguridad. Para Moscú, la decisión constituye una nueva violación de los principios que ha defendido durante mucho tiempo, a la vez que sienta un precedente considerado peligroso para la estabilidad regional.
En su intervención ante el Consejo de Seguridad, la representante rusa, Dina Gilmutdinova, expresó su profunda preocupación por la decisión israelí. Sin detenerse en consideraciones bilaterales, la diplomacia rusa enfatizó las implicaciones directas de este reconocimiento para Somalia, de la cual Somalilandia ha sido una región oficialmente reconocida desde su declaración unilateral de autonomía en 1991.
Según Moscú, reconocer la independencia de Somalilandia socava la unidad y la integridad territorial del Estado somalí. Rusia reiteró que esta postura es compartida por gran parte de la comunidad internacional, incluyendo la Unión Africana y varios países de la región, que siguen apoyando a Mogadiscio en sus esfuerzos de estabilización y reconstrucción institucional.
Más allá de los aspectos legales, Rusia llamó la atención sobre las consecuencias inmediatas para la seguridad. Advirtió sobre una posible escalada de tensiones en el Cuerno de África, una región ya debilitada por crisis políticas y persistentes conflictos armados. Según Moscú, reconocer a Somalilandia podría complicar aún más el equilibrio interno de Somalia y socavar las iniciativas para fortalecer al gobierno central.
La lucha contra el terrorismo también se planteó como un tema central. Rusia cree que decisiones unilaterales de esta naturaleza corren el riesgo de desviar la atención y los recursos del gobierno somalí y sus socios internacionales, en un momento en que la amenaza que representa Al Shabaab sigue siendo alta. Para Moscú, cualquier acontecimiento político que pueda fragmentar aún más el país podría proporcionar un terreno fértil para este grupo armado, que ya está establecido en varias regiones.
Ante esta situación, Rusia abogó por un enfoque basado en el diálogo entre los propios somalíes, sin injerencias externas. Reafirmó su apoyo a las autoridades de Mogadiscio en su búsqueda de estabilidad y soberanía, al tiempo que instó a los actores internacionales a evitar cualquier iniciativa motivada por intereses geopolíticos inmediatos.
La reacción rusa al reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel no es un incidente aislado. Forma parte de una serie de posturas en las que Moscú se posiciona como defensor de un orden internacional basado en el respeto a las fronteras reconocidas y el papel central de las Naciones Unidas en la resolución de disputas. Al oponerse públicamente a Israel en esta cuestión africana, Rusia amplía el alcance de sus desacuerdos con Tel Aviv, que hasta ahora se han centrado principalmente en Oriente Medio.
Para Israel, este reconocimiento se basa en sus propias consideraciones estratégicas, aunque estas no se hayan detallado oficialmente en el Consejo de Seguridad. Para Rusia, sin embargo, la cuestión trasciende el caso de Somalilandia. Afecta a la credibilidad de los mecanismos multilaterales y al riesgo de una proliferación de iniciativas que podrían debilitar a los Estados más vulnerables.
El 11 de diciembre se conmemoró el aniversario de la “revolución siria”, que derrocó al gobierno de Bashar Al Assad. El gobierno de Trump recibió los honores, mientras que Turquía, Gran Bretaña y Francia tomaron el control.
HTS, el grupo armado que invadió Siria en diciembre pasado, es en realidad un proyecto de turcos y británicos. El actual presidente sirio, Ahmad Al Sharaa, fue reclutado y entrenado por los servicios de inteligencia británicos en 2011, cuando comenzó la ofensiva contra Siria. El principal mecenas político de Al Sharaa fue, y sigue siendo, el antiguo primer ministro británico Tony Blair, a través de su jefe de gabinete, Jonathan Powell.
A pesar de su papel en la invasión de Irak en 2003 y la sangrienta guerra de 2011 en Siria, Powell reapareció mágicamente en la política exterior británica en noviembre del año pasado como Asesor de Seguridad Nacional de Keir Starmer, justo a tiempo para coordinar el derrocamiento del gobierno sirio con la ayuda de los turcos y los “yihadistas moderados”.
Powell fue uno de los que elaboraron el fraude de las armas de destrucción masiva en poder de Saddam Hussein, que en 2003 allanó el camino para la invasión estadounidense de Irak. Ahora, sin embargo, parece que la inteligencia británica y varias ONG dirigen el gobierno sirio. Todos los hoteles de cuatro estrellas de Damasco están repletos de oficiales y espías británicos.
Los lacayos estadounidenses en la región (los kurdos y lo que queda del Ejército Libre Sirio) se han quedado privados de sus derechos, y las relaciones entre Estados Unidos y Turquía (el socio menor de Gran Bretaña en el acuerdo general) se han deteriorado hasta el punto de rozar la hostilidad. Por ello, el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró recientemente que Siria podría sumirse pronto en una sangrienta guerra civil.
Desde entonces las cosas han cambiado. El 15 de octubre de este año, el nuevo presidente sirio viajó a Moscú y se reunió con Putin. Tres semanas después, Al Sharaa se encontraba reunido con Trump en la Casa Blanca.
Hasta el año pasado, se ofrecía una recompensa de 10 millones de dólares por su captura, por ser uno de los terroristas más buscados.
Estados Unidos vuelve a asumir las riendas de Siria
Tony Blair, que debía dirigir las negociaciones “de paz” en Gaza, fue repentinamente apartado, y Trump arrebató a los británicos la gestión de la situación en Siria. En el Foro de Doha de la semana pasada, el periodista independiente C.J. Wellerman conversó con, Tom Barrack, el embajador estadounidense en Siria, quien le informó que las tensiones entre Estados Unidos e Israel habían alcanzado un punto álgido sin precedentes en relación con Siria, y añadió que Trump le había pedido a Netanyahu que diera marcha atrás.
Israel quería fomentar una nueva guerra en Siria para dividir el país, debilitarlo y socavar al nuevo gobierno, mientras que Estados Unidos cree que mantener la paz y la estabilidad interna tendrá repercusiones positivas en toda la región.
Esta postura ha enfurecido a Israel, razón por la cual ahora el gobierno de Tel Aviv ataca públicamente al embajador estadounidense, acusándolo de favorecer los intereses de Turquía a expensas de la seguridad de Israel. Netanyahu considera que Barrack es hostil hacia Israel y está demasiado influenciado por los intereses turcos en Siria, comportándose como un embajador al servicio de los intereses de Ankara.
Tom Barrack reconoció que, para los israelíes, un estado árabe sunita unificado en su frontera es su mayor temor, ya que representaría una amenaza existencial para la ocupación israelí de los Altos del Golán sirios y la Cisjordania palestina. Ven a Siria no solo como un posible punto de partida para futuros ataques contra ellos, sino también como una fuerza que podría impulsar movimientos revolucionarios en toda la región, en particular en los vecinos Jordania y Egipto.
Las declaraciones de Barrack fueron corroboradas por un alto oficial de inteligencia israelí en la televisión: “Lo que está sucediendo aquí es un evento —estamos hablando de un evento estratégico que se está desarrollando en la región—, un evento megaestratégico. Es esencialmente un colapso tectónico del Acuerdo Sykes-Picot, que ha sido el orden establecido en Oriente Medio desde 1916. Y hay un colapso importante de los cimientos del antiguo orden. Necesitamos asegurar que haya una zona de seguridad entre nosotros y los sunitas. Una zona de seguridad garantizada por las Fuerzas de Defensa de Israel, por cierto, lo cual podría ser un poco menos realista”.
Más de mil ataques aéreos contra Siria en los últimos 12 meses
HTS y sus predecesores es que nunca mostraron hostilidad hacia Israel, y no hace mucho, Al Sharaa habló abiertamente sobre la paz y la normalización de las relaciones con Israel. En julio el propio Netanyahu le pidió a Trump que levantara las sanciones contra Siria. Trump accedió, pero ahora Netanyahu se arrepiente de esa solicitud. Al Sharaa y su gobierno se han quitado la máscara de amistad hacia Israel.
El 8 de diciembre el nuevo ejército sirio realizó un desfile durante el cual las tropas corearon consignas propalestinas, expresando solidaridad con Gaza y prometiendo su liberación. Las reacciones en Israel fueron rápidas y duras: “Un ministro israelí afirma que la guerra es inevitable después de que las tropas sirias se pronunciaran en favor de Gaza”. La afirmación de que “la guerra es inevitable” revela más sobre el miedo de Israel a Damasco que cualquier cambio real de política, dado que Israel ya ha llevado a cabo más de mil ataques aéreos contra Siria en los últimos 12 meses.
En Washington ya no toleran estos ataques y recientemente Trump lanzó una reprimenda, acusando a Israel de desestabilizar Siria. Un alto funcionario de la Casa Blanca declaró: “Estamos tratando de decirle a Bibi que tiene que detener esto porque si continúa, se autodestruirá”. Los medios israelíes informaron esta semana que el enviado estadounidense Barack “había marcado límites a Netanyahu en Siria”. Trump ha declarado que no permitirá que Israel obstaculice el desarrollo de Siria para convertirse en un estado próspero. Sin embargo, Israel no cede y desafía a Estados Unidos. La muerte de dos militares podría ser una advertencia.
Los crecientes problemas de Tel Aviv también incluyen a Hamas, que ahora parece tener una estrecha relación con el nuevo régimen sirio. Israel cree que Hamas aún tiene unos 40.000 combatientes en Gaza, la misma cantidad que antes de los ataques del 7 de octubre de 2023. El New York Times citó a Shalom Ben Hanan, un alto dirigente del Shin Bet, quien ha declarado que “Hamás ha sido duramente golpeado, pero no ha sido derrotado. Sigue en pie”.
Las centrales de inteligencia estadounidenses estiman que la influencia de Hamas ha crecido en los últimos dos años y que “se ha posicionado con éxito en otras partes del mundo árabe y musulmán”.
El ánimo en Israel, que se sentía jubiloso tras la caída de Bashar Al Assad, se ha ensombrecido repentinamente. Está rodeado de fuerzas hostiles que parecen estar ganando fuerza y confianza, incluyendo a Turquía. Tel Aviv considera a Turquía “una amenaza estratégica inmediata para Israel”. Turquía posee, con diferencia, el mayor ejército de la región, con un vasto arsenal de armamento avanzado, unos 300 cazas F-16 y miles de potentes drones Bayraktar.
El mayor enemigo de Israel podría ser el propio Israel. Al iniciar hostilidades imprudentemente contra seis potencias regionales y negarse a ceder durante más de dos años, ha agotado su propia economía y fuerza militar.
Más malas noticias para Israel: Trump ha pedido a Pakistán que proporcione tropas “de paz” para Gaza. Al parecer, Estados Unidos quiere que las fuerzas “de paz” provengan de países musulmanes. Por ahora, parece haber una resistencia significativa a esta idea, pero en última instancia, Trump podría salirse con la suya.
Alex Krainer https://trendcompass.substack.com/p/middle-east-tectonic-shift-is-israel
En una acción sin precedentes, la aviación saudí ha lanzado ataques aéreos contra una facción armada en Yemen respaldada por Emiratos Árabes Unidos, lo que subraya una brecha cada vez más profunda entre las dos monarquías del Golfo (*).
El Consejo de Transición del Sur (STC), respaldado por Emiratos Árabes Unidos, dijo el viernes que el bombardeo saudí era preocupante y que tenía como objetivo algunas de sus fuerzas de élite en la provincia de Hadhramaut, en el centro de Yemen, que limita con Arabia Saudí.
La intervención militar de Riad se produce tres semanas después de que el STC lanzara una ofensiva para tomar el control de Hadhramaut, tras chocar con facciones alineadas con el gobierno yemení respaldado por Arabia Saudí, así como con la provincia de Al Mahra en el sureste, que limita con Omán.
Es poco probable que el STC hubiera lanzado la ofensiva sin la aquiescencia de Emiratos Árabes Unidos. Hadhramaut es la región más grande y rica de Yemen y tiene estrechos vínculos con Arabia Saudí. El avance del STC fue considerado una amenaza directa a los intereses de seguridad nacional saudíes, así como al papel de Riad en Yemen, donde respalda al gobierno reconocido internacionalmente.
La crisis ha dejado al descubierto las tensas relaciones entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, aliados tradicionales cada vez más enfrentados por las guerras en Yemen y Sudán.
El STC lanzó su ofensiva tres semanas después de que el príncipe saudí Mohammed Bin Salman expresara su preocupación sobre la guerra civil en Sudán. Los dos acontecimientos están relacionados, y Emiratos Árabes Unidos están molestos porque Mohammed había planteado el papel de las fuerzas paramilitares de apoyo rápido en la guerra sudanesa y tenía la intención de enviar un mensaje a Riad.
El papel de Emiratos Árabes Unidos en Sudán ha sido objeto de un escrutinio cada vez mayor porque supuestamente suministraron armas a las RSF, acusadas de genocidio. Arabia Saudí es considerada partidaria del ejército regular sudanés, el principal rival de las RSF.
“Los acontecimientos en el este de Yemen apuntan a una rivalidad tranquila pero consecuente entre Riyadh y Abu Dhabi, cuyos efectos indirectos corren el riesgo de intensificar la violencia por poderes tanto en Yemen, Sudán y más allá, dijo Mohammed Albasha, fundador de Basha Report, un grupo asesor de riesgos con sede en Estados Unidos
Arabia Saudí considera que Sudán es vital para su seguridad nacional, ya que comparte una larga frontera con el Mar Rojo. Pero lo mismo piensa Emiratos Árabes Unidos.
En Yemen, Arabia Saudí encabezó una coalición árabe que intervino en la guerra civil de ese país en 2015 para luchar contra los huthíes, respaldados por Irán, después de que Ansarollah se apoderara de Saná, la capital, y derrocara al gobierno.
Emiratos Árabes Unidos era su principal socio en la coalición, pero ellos y Arabia Saudí respaldaron a diferentes facciones antihuthíes que en ocasiones han luchado entre sí.
Abu Dhabi comenzó a retirar sus fuerzas de Yemen en 2019 cuando cambió su política. Ese año el gobierno yemení lo acusó de bombardear sus fuerzas. Continúa respaldando al STC, que es el grupo sureño más poderoso. El STC es aparentemente parte del gobierno yemení, pero quiere que el sur se convierta en un estado separado, como lo era antes de la unificación de Yemen en 1990.
Arabia Saudí condenó el jueves los avances militares del grupo, afirmando que se llevaron a cabo unilateralmente sin la aprobación del gobierno yemení ni en coordinación con la coalición que encabeza Arabia Saudí. “Por lo tanto, estos movimientos resultaron en una escalada injustificada que perjudicó los intereses del pueblo yemení”, declaró el Ministerio de Asuntos Exteriores saudí.
El CTS declaró que lanzó su ofensiva después de que las facciones locales detuvieran la producción de crudo en Hadramaut, la principal fuente de ingresos petroleros del gobierno del sur. La ofensiva también tenía como objetivo prevenir el contrabando de armas a los hutíes, que controlan la mayor parte del populoso norte, según el CTS.
El grupo afirmó que la ofensiva le otorgó el control de las provincias del sur de Yemen, lo que desencadenó una crisis en el gobierno respaldado por Riad y socavó la influencia saudí en Yemen.
Arabia Saudí lleva varios años intentando retirarse de la guerra, tras acordar una tregua con los hutíes en 2022. No obstante, ahora ha concentrado más de 15.000 combatientes yemeníes en zonas estratégicas a lo largo de la frontera con el reino.
Las zonas donde se han desplegado estas fuerzas están situadas en el borde de territorios capturados en las últimas semanas por un movimiento separatista, apoyado por los Emiratos Árabes Unidos.
Diez palestinos han muerto de hipotermia, o frío, en las últimas 24 horas en Gaza. Estas 10 víctimas de la tormenta Byron no murieron a causa del clima, sino por decisiones políticas. Los daños causados por este diluvio no son un desastre natural.
Entre las 10 personas asesinadas, tres eran niños. Sus nombres eran Taim Al Khawaja, Hadil Al Masri y Rahaf Abu Jazar.
El terrorismo israelí continúa causando estragos en Gaza, donde los residentes, exhaustos tras dos años de genocidio, bombardeos, hambruna y caos, deben lidiar ahora con lluvias torrenciales que inundan sus refugios improvisados y amenazan a los más vulnerables.
“Para los 1,5 millones de palestinos que viven bajo lonas de plástico y lonas rotas, la tormenta representa mucho más que mal tiempo. Es un peligro adicional que se suma a su lucha diaria por la supervivencia”, explica el periodista Hani Mahmoud en Al Jazira.
Durante semanas, los trabajadores humanitarios han advertido sobre los peligros que representa el invierno para los palestinos en Gaza, donde casi 850.000 personas que viven en 761 asentamientos de desplazados corren el mayor riesgo de inundaciones.
A pesar de las advertencias, Israel ha seguido impidiendo la entrada al enclave palestino de los suministros necesarios para abordar la emergencia. Si bien se necesitaban al menos 300.000 tiendas de campaña, se ha permitido la entrega de menos de 40.000. Las herramientas para reparar los sistemas de alcantarillado y agua, cruciales para prevenir inundaciones, también están sujetas al bloqueo.
Las tiendas de campaña que siguen disponibles para los residentes son frágiles y a menudo están rotas, lo que ofrece una protección mínima contra las fuertes lluvias, que amenazan con dañar gravemente las pocas pertenencias que aún poseen las familias.
Además de la amenaza directa para sus vidas, la lluvia ha provocado el derrumbe de al menos 10 edificios desde ayer, y muchos más corren el riesgo de derrumbarse, hiriendo a los residentes que se han refugiado en ellos.
Las inundaciones también suponen un grave riesgo de contaminación del agua potable y los suministros de alimentos por aguas residuales, lo que aumenta el riesgo de enfermedades en la densamente poblada Franja de Gaza, donde 2,2 millones de personas viven hacinadas en tan solo el 43 por cien del territorio, mientras que el 57 por cien restante permanece bajo el control militar israelí.
Más allá del peligro físico, el impacto psicológico es profundo. Tras meses de desplazamiento, pérdidas y privaciones, una nueva crisis parece insuperable. “Nuestras tiendas han sido destruidas. Estamos exhaustos”, declaró Wissam Naser. No nos quedan fuerzas. Cada día nos azota el miedo: hambre, frío, enfermedades y ahora la tormenta.
Israel continúa sus ataques
El ejército israelí no ha cesado sus operaciones durante la tormenta, impidiendo el movimiento de los palestinos por Gaza. El 11 de diciembre un ataque aéreo israelí tuvo como objetivo la calle Escuelas, en el campo de refugiados de Jabalia, al norte de la ciudad de Gaza. La explosión causó la muerte de una mujer y heridas a varias personas. La calle atacada por el fuego israelí se encontraba fuera de la zona controlada por el ejército israelí en virtud del acuerdo de alto el fuego.
También ayer, bombardeos israelíes tuvieron como objetivo una escuela ubicada cerca de la rotonda de Bani Suheila, al este de Jan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza.
Israel ha violado el acuerdo de alto el fuego en Gaza al menos 738 veces desde que entró en vigor hace apenas dos meses. Según un recuento de Al Jazira, el ejército israelí ha violado el alto el fuego casi a diario, 51 veces en 62 días desde el 10 de octubre.
Estos ataques han causado la muerte de al menos 383 palestinos y herido a otros 987. Además, se han recuperado de los escombros 627 cadáveres, víctimas de bombardeos anteriores, lo que eleva el número total de muertos por la masacre perpetrada por Israel en Gaza a 171.069.
La película “Palestina 36” recuerda lo que fue el Imperio Británico, contra cuya tiranía lucharon los palestinos, quien allanó el camino para los abominables crímenes de guerra que Israel está cometiendo en Gaza. No se centra en el período histórico actual, sino en lo que ocurrió hace casi 90 años. Dirigida por la notable cineasta palestina Annemarie Jacir, “Palestina 36”, arroja más luz sobre los acontecimientos que se han desarrollado en Gaza durante los últimos dos años que cualquier cosa que se pueda leer en un periódico británico o ver en la BBC; si es que hay algo sobre Gaza en los medios desde que Trump rebautizó la masacre y el despojo de los palestinos como un “alto el fuego”.
“Palestina 36” logra esa hazaña con un presupuesto digno de una superproducción de Hollywood y un elenco que incluye nombres muy conocidos para el público occidental, desde Jeremy Irons hasta Liam Cunningham, algo excepcional para una película palestina.
Relata un episodio crucial de la historia colonial británica, no desde la perspectiva de los británicos, sino, por una vez, desde la de sus víctimas.
El “36” del título se refiere al año 1936, cuando los palestinos se alzaron contra el colonialismo británica, a menudo denominado engañosamente como el “Mandato Británico” emitido por la Sociedad de Naciones.
El problema para los palestinos no fue solo la violencia sistemática de esas tres décadas de tiranía. Fue el hecho de que el papel del Estado británico, como autoproclamado guardián de Palestina —un “juez de paz” entre los palestinos indígenas y los inmigrantes, predominantemente judíos—, sirviera como tapadera para un programa mucho más siniestro.
Fueron los funcionarios británicos quienes expulsaron a los judíos de Europa —donde fueron rechazados por gobiernos racistas, incluido el de Gran Bretaña— y los llevaron a Palestina. Allí, se les animó activamente a convertirse en la infantería de un futuro “estado judío” que debía depender de Gran Bretaña y ayudaría a controlar la región.
De hecho, Gran Bretaña luchaba por controlar las fronteras de su vasto imperio y esperaba externalizar la administración de algunas de sus colonias a un estado fortaleza “judío”.
La lucha anticolonial de los palestinos
Una de las principales prioridades de Gran Bretaña era aplastar el nacionalismo árabe, que se oponía al dominio colonial británico y francés en la región de Oriente Medio conocida como el Levante.
El nacionalismo árabe era una ideología política secular y unificadora que buscaba superar las fronteras arbitrarias impuestas por las potencias coloniales y fortalecer la identidad árabe frente a la ocupación extranjera. Era profundamente anticolonial, lo que explica que Gran Bretaña y Francia fueran tan hostiles.
Los palestinos fueron de crucial importancia para el nacionalismo árabe, ya que su patria sirvió de puente geográfico entre las potencias nacionalistas árabes del Líbano y Siria, al norte, y Egipto, al sur.
Los británicos intentaron por todos los medios sofocar el movimiento de liberación en Palestina. Pero la creciente brutalidad del despotismo británico finalmente transformó, en 1936, esta oposición silenciada en lo que Occidente denominó una “revuelta árabe” de tres años y lo que los palestinos llaman su “primera intifada” o levantamiento.
Más tarde, en 1987 y de nuevo en 2000, estallaron levantamientos palestinos mucho más grandes y prolongados, esta vez contra el colonialismo israelí, aún más violento y bárbaro.
La revuelta de 1936-1939 alcanzó tal magnitud que, en su punto álgido, según el historiador palestino Rashid Khalidi, Gran Bretaña tenía estacionados más soldados británicos en la pequeña Palestina que en toda la India.
Ésta es la historia que cuenta “Palestina 36”, una historia que los escolares británicos nunca aprenden y que los medios británicos nunca divulgan, a pesar de que explica los crímenes cometidos hoy en la Palestina histórica.
Por eso, es probable que los espectadores británicos de la película no solo se sientan impactados por la magnitud y la naturaleza de la violencia colonial británica, sino que también se den cuenta de que estos brutales acontecimientos presagiaron, en cierto modo, lo que está ocurriendo actualmente en Gaza.
Entrenados para cometer crímenes de guerra
Un pequeño segmento del movimiento de solidaridad con Palestina condena rápidamente la brutalidad de Israel hacia los palestinos como algo excepcional, exclusivo de Israel y de su ideología sionista.
La película de Jacir demuestra, sin lugar a dudas, lo absurdo de este enfoque. La violencia colonial actual de Israel es simplemente una versión más sofisticada y tecnológica de las técnicas empleadas por el colonialismo británico hace casi un siglo. El ejército israelí aprendió literalmente de los británicos.
Uno de los personajes principales de “Palestina 36” es el oficial británico Orde Wingate, quien dirigió incursiones nocturnas en aldeas palestinas para aterrorizar a sus habitantes. Wingate organizó incursiones punitivas con soldados británicos y miembros de milicias judías recién llegadas. El entrenamiento que impartieron a las milicias judías en la estrategia militar colonial británica y la guerra híbrida sirvió posteriormente de modelo para el ejército israelí.
La muerte de Wingate en un accidente aéreo en Birmania en 1944 fue lamentada por David Ben Gurion, el padre fundador de Israel. Afirmó que, si Wingate hubiera sobrevivido, podría haberse convertido en el primer Jefe del Estado de Israel.
La película muestra a Wingate cometiendo crímenes de guerra típicos: utilizando a un niño palestino como escudo humano; acorralando a mujeres y niños y confinándolos en un campamento al aire libre rodeado de alambre de púas, privándolos de agua en el calor del mediodía; quemando cultivos palestinos; y haciendo estallar un autobús que transportaba a hombres palestinos detenidos arbitrariamente.
Mientras tanto, Charles Tegart, oficial de la policía colonial británica, instalaba fuertes militarizados por toda Palestina, idénticos a los que había diseñado y construido previamente en la India para reprimir los levantamientos allí.
Estos fuertes servirían de modelo para la serie de muros y puestos de control de acero y hormigón erigidos por Israel, que han fragmentado la Palestina histórica y encarcelado a gran parte de la población palestina en prisiones al aire libre, la mayor de las cuales se encuentra en Gaza.
Cuando uno ve en la película a palestinos constantemente humillados, maltratados y asesinados por los británicos, supuestamente para inculcarles obediencia, se puede entender fácilmente por qué, generación tras generación, los palestinos, cada vez más desesperados, se han vuelto cada vez más radicalizados.
La brutal represión colonial británica del levantamiento de 1936, que duró tres años, finalmente condujo a la audaz fuga de Hamas de la prisión de Gaza el 7 de octubre de 2023 y a la guerra genocida librada por el régimen colonial israelí.
El genocidio perpetrado por Israel no pacificará a esta generación de palestinos, como la represión de la revuelta árabe por parte de Wingate no pacificó a la generación anterior. Solo aumentará el sufrimiento y fortalecerá la voluntad colectiva de resistencia.
El fanatismo ideológico
La película también aborda, aunque de forma más indirecta, la contribución de Gran Bretaña al fanatismo ideológico que generalmente se atribuye a Israel. La implacable subyugación del pueblo palestino por parte de Wingate, su visión de ellos como poco más que una especie animal y su apasionada devoción al pueblo judío tenían sus raíces en la ideología sionista.
Con demasiada frecuencia se olvida que el sionismo es anterior a su encarnación moderna como nacionalismo judío. Wingate pertenecía a una larga tradición de influyentes sionistas cristianos europeos que creían que la profecía bíblica se cumpliría con la “restauración” del pueblo judío a su antigua patria. Solo entonces, en el supuesto “fin de los tiempos”, Cristo podría regresar y establecer su reino en la tierra.
Lord Balfour, autor de la Declaración Balfour de 1917, que prometía un “hogar nacional” para el pueblo judío en Palestina, fue también un destacado sionista cristiano británico.
El pueblo palestino, muchos de los cuales, según estudios genéticos, descienden de los antiguos cananeos que vivieron en la región hace miles de años y posteriormente se convirtieron al cristianismo y al islam, era visto por los sionistas cristianos del tipo de Wingate como un obstáculo para el cumplimiento de la profecía divina.
Si no se sometían a la voluntad de dios abandonando voluntariamente su patria para dar paso al pueblo judío, debían ser obligados. Como muestran las encuestas, el sionismo israelí los ha llevado a un racismo tan fanático como el de Wingate: muchos apoyan la limpieza étnica y el genocidio de los palestinos.
En las redes sociales, los soldados israelíes se jactan abiertamente de la violencia inhumana y antinatural que infligen a la población de Gaza.
’Los palestins no son seres humanos del todo’
Pero volvamos al presente. La recepción de “Palestina 36” en la prensa cinematográfica británica fue, en el mejor de los casos, tibia. Todo lo que el Guardian, a pesar de su reputación de liberal, pudo decir fue que la película era “sincera y auténtica”, como si se tratara de no molestar a un niño que había entregado un ensayo mediocre.
Esto no debería sorprender. El establishment británico, al igual que el establishment estadounidense que sustituyó a Gran Bretaña como policía mundial después de la Segunda Guerra Mundial, sigue considerando el nacionalismo árabe una amenaza. Sigue viendo a Israel como un puesto colonial indispensable. Sigue viendo a Palestina como un campo de pruebas para técnicas de vigilancia y contrainsurgencia. Todavía considera a los palestinos como seres menos que plenamente humanos.
Por eso, el primer ministro británico Keir Starmer —que parece un Wingate moderno, reinventado como político— no dudó en defender la decisión de Israel de privar a la población de Gaza, incluyendo a su millón de niños, de comida, agua y electricidad, violando así los principios fundamentales del derecho internacional.
Por eso Starmer y el establishment británico siguen enviando armas a Israel y proporcionándole la inteligencia que utiliza para atacar a civiles. Por eso Starmer recibió en Downing Street al presidente israelí Isaac Herzog, quien justificó el genocidio declarando que no había civiles “no involucrados” en Gaza.
Por eso el ejército británico sigue entrenando a oficiales militares israelíes en Reino Unido, al igual que Wingate hizo con sus predecesores. Por eso los oficiales británicos siguen viajando a Israel para aprender de su ejército genocida.
Por eso Gran Bretaña sigue ofreciendo protección diplomática a Israel y amenazó al Tribunal Penal Internacional por intentar responsabilizar al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por los crímenes de lesa humanidad que Israel ha cometido en Gaza.
Por eso Starmer y su gobierno cambiaron la definición de terrorismo para criminalizar a los británicos que expresan su oposición al genocidio en Gaza.
Lo cierto es que no podemos confiar en nuestro gobierno, nuestras escuelas ni nuestros medios de comunicación para que nos informen sobre la historia colonial británica, ya sea en Palestina o en cualquier otro lugar del mundo donde Gran Bretaña ejerció su tiranía.
Al contrario, debemos empezar a escuchar a las víctimas de nuestra violencia si queremos comprender no solo el pasado, sino también el presente.
Jonathan Cook https://www.middleeasteye.net/opinion/palestine36-story-90-years-ago-key-grasping-gaza-today
¿A qué llaman alto el fuego? El Ministerio de Sanidad de Gaza ha registrado la muerte de tres palestinos adicionales en las últimas 24 horas, después de los ataques israelíes contra la Franja de Gaza, lo que eleva el número de víctimas palestinas a 356 y 908 heridos desde que entró en vigor el alto el fuego el 11 de octubre (1).
También se encontraron 607 cuerpos de personas muertas en ataques anteriores, agregó el ministerio en su última actualización el domingo, advirtiendo que “varias víctimas permanecen bajo los escombros y en las carreteras”, con equipos de ambulancia y de defensa civil aún incapaces de llegar a ellos.
El Ministerio de Salud local también dijo que las últimas cifras incluyen dos nuevas víctimas “restringidas directamente por los ataques israelíes”, mientras que se encontró el cuerpo de otra víctima previamente asesinada.
Las nuevas cifras elevan al menos 70.103 muertos y 170.985 heridos el número total de víctimas humanas de la ofensiva israelí contra la Franja de Gaza desde octubre de 2023, según la misma fuente.
Más de 100.000 palestinos han muerto en la guerra
Las guerras y la inestabilidad política tienen un impacto dramático en las sociedades. Un estudio reciente realizado por el Instituto Max Plank para la Investigacion Demográfica ha intentado hacer una estimación cuantitativa de los estragos causados por la Guerra de Gaza (2), que no coincide con los datos manejados hasta ahora.
“Nuestro objetivo es estimar la esperanza de vida y la pérdida de esperanza de vida causada por el conflicto en Gaza en Palestina de una manera que tenga en cuenta los datos incompletos o dispersos”, dice Ana Gómez-Ugarte, una de las directoras de la investigación.
El estudio concluye que en la Guerra de Gaza han muerto más de 100.000 personas. Entre el 7 de octubre de 2023 y finales de 2024 murieron 78.318 personas como consecuencia directa de la guerra y, a partir del 6 de octubre de este año, el número de muertes probablemente superó los 100.000.
“Debido a esta mortalidad sin precedentes, la esperanza de vida en Gaza cayó un 44 por ciento en 2023 y un 47 por cien en 2024 en comparación con lo que habría sido sin la guerra, lo que equivale a pérdidas de 34,4 y 36,4 años, respectivamente”, dice Gómez-Ugarte.
La distribución por edad y género de las muertes violentas en Gaza entre el 7 de octubre de 2023 y el 31 de diciembre de 2024, se parece mucho a los patrones demográficos observados en varios genocidios documentados por el Grupo Interinstitucional de la ONU sobre la Estimación de la Mortalidad Infantil.
No obstante, en toda guerra aparece una “niebla estadística” que impide conocer con exactitud la magnitud de la tragedia. La investigación del Instituto Max Plank se ha centrado exclusivamente en las muertes directas, pero los efectos indirectos, que a menudo son mayores y más duraderos, no se cuantifican, reconoce Gómez-Ugarte.
Cerca de Al Saha, en el este de la ciudad de Gaza el ejército israelí bombardeó una casa, matando a más de 30 miembros de una familia extensa. La mayoría de sus cuerpos quedaron atrapados bajo los escombros.
Un equipo de la fuerza de Defensa Civil de Gaza de Al Shaghnobi sacó a dos jóvenes muertas de la casa bombardeada y siguió excavando, arrastrándose bajo pisos colapsados. “No nos hundimos a menos que alguien esté vivo”, dijo uno de ellos. “De lo contrario, cavamos desde arriba, techo por techo”. Lo que siguió fue un descenso a algo onírico y horrible.
“Caminamos 12 metros bajo los escombros”, dijo. “Cada metro, el aire crecía menos. Me arrastré más allá de las piernas, los brazos, el cuerpo de un niño abrazando a su madre muerta. Sentí que el suelo temblaba de los bombardeos de arriba”. Desde lo más profundo de los restos, el equipo escuchó a una joven llamando: “Estoy aquí. Estoy aquí”.
La Fuerza de Defensa Civil es un grupo de operaciones de emergencia y rescate administrado por el Ministro del Interior palestino. Después de dos años de genocidio israelí, tiene un estimado de 900 personas y ha perdido aproximadamente el 90% de su capacidad operativa, dijeron los trabajadores de Defensa Civil a The Intercept. En ausencia de equipo pesado, los equipos de defensa civil utilizan herramientas simples como martillos, hachas y palas. Sin excavadoras o equipos pesados, una sola recuperación puede tardar días.
Los trabajadores locales de defensa civil estiman que todavía hay 10.000 cuerpos enterrados bajo los escombros. “Lo que nos motiva”, dijo Al Shaghnobi, “es que cuando escuchas una voz, incluso una, sabes que hay vida. Eso es suficiente para hacerte arriesgar la vida para recuperar esta alma viva”.
Cuando Al Shaghnobi finalmente llegó a Malak, estaba inconsciente sin pulso. Sus ojos se abrieron, con las piernas azules, había fallecido. “Traté de despertarla, pero ya era demasiado tarde”, dijo Al Shaghnobi. “Estaba en un momento de absoluta quietud, y no podía oír nada más que mi propio aliento”.
Con 24 años Al Shaghnobi ha pasado ya siete años trabajando para la fuerza de Defensa Civil de Gaza. Como muchos de sus colegas, come y duerme en su lugar de trabajo. La casa de su familia en el área de Tal Al Hawa, en el oeste de la ciudad de Gaza, fue destruida en los últimos días de la guerra, y su familia sigue desplazada en el sur. “La gente piensa que el alto el fuego significa que podemos respirar”, dijo. “Pero para nosotros, el final de la guerra es el comienzo de la verdadera guerra: sacar a los muertos”.
Al Shaghnobi cree que el cadáver de su tía se encuentra entre los 10.000 cuerpos que permanecen sin ser recuperados. Grandes regiones como Shujayaa y partes de Rafah todavía son inaccesibles. Las fuerzas israelíes están estacionadas allí, marcando las áreas como “zonas amarillas”. Los equipos de defensa civil no pueden llegar a ellos. “Apenas recuperamos algunos cuerpos durante este alto el fuego”, dijo Al Shaghnobi. “No tenemos maquinaria. En algunas áreas sabemos que hay cientos bajo los escombros, pero no podemos ir”.
Alaa Khammash, de 25 años, dijo que se siente terrible cuando su equipo de Defensa Civil no puede rescatar a alguien. “Cuando me envían a una misión, siento la responsabilidad de terminarla. Simplemente no puedo parar a mitad de camino”, dijo. Podemos tardar de 10 a 12 horas en recuperar un solo cuerpo si está debajo de un techo o pared colapsado. “A veces no podemos recuperar el cuerpo ya que necesitamos equipo pesado”.
Los años de genocidio han dejado a Al Shaghnobi entumecido. “Al comienzo de la guerra, no podíamos mirar los cuerpos”, dijo Al Shaghnobi. “Cerramos los ojos al recuperarlos. En medio de la guerra, los envolvíamos en sudarios blancos como si fuera una rutina diaria. Al final de la guerra, mis emociones se volvieron más derrotistas. La acumulación de presión hizo difícil tocar los cuerpos”.
“Los cuerpos se encuentran en varios estados: descompuestos, no descompuestos, quemados o incluso evaporados, a veces es solo un cráneo o un esqueleto”, agregó. “La textura del cuerpo es suave y lisa cuando se encuentra”. Los miembros del equipo de defensa civil usan un uniforme especial, guantes y máscaras debido al olor de los cuerpos en descomposición.
Los cuerpos se descomponen rápidamente cuando están en el sol, dice Khammash. “Ocurre cuando están expuestos, sujetos al sol y al aire. La descomposición lenta ocurre cuando el cuerpo está bajo un techo o protegido del aire y la luz solar”.
El olor puede hacer que Al Shaghnobi pierda el apetito durante días. Durante seis meses, ha luchado con problemas digestivos. Una vez, durante el Ramadán, “estuve ayunando”, dice Al Shaghnobi: “Tiramos de un cuerpo que había estado bajo los escombros durante un año en el hospital Al Shifa. Estaba medio descompuesta. El olor me golpeó, mi visión se difuminó, casi me derrumbé”.
“Identificamos la ubicación de los mártires durante el día en función de las manchas de sangre, los huesos y los cráneos”, explica. “Contamos con las familias de los mártires. Llaman a nuestro equipo, a menudo proporcionando su propio costo personal para honrar y enterrar a sus seres queridos”.
Sin pruebas de ADN, los trabajadores identifican cuerpos a partir de ropa, zapatos, anillos, relojes, implantes metálicos, identificaciones y dientes de oro. Los cuerpos desconocidos, a menudo solo cráneos o esqueletos, van a un cementerio para anónimos. Después de recuperar los cuerpos, los trabajadores de la Defensa Civil escriben un documento detallado que describe el área, el ángulo, el edificio, la medición de la altura y la ubicación del entierro, todos escritos en la cubierta para que las familias puedan identificar el cuerpo más tarde.
A veces, las familias insisten en ver los restos para creer que su ser querido se ha ido. “La gente acepta la muerte con más facilidad”, explicó Al Shaghnobi, “cuando ven el cuerpo”.
“Moví a mi amigo de una tumba a otra”, dijo, recordando un nuevo entierro. “Era sólo un cráneo. Seguí pensando, este es el fin de cada persona. Huesos”. Recuperar el cuerpo de una persona implica una extraña paradoja emocional, dijo Mohammad Azzam, de 27 años. “Se siente bien porque los encontraste”, dijo, “pero es malo porque están descompuestos. Un sentimiento que no puedo explicar”.
Las familias a menudo esperan cerca, y cuando el equipo saca el cuerpo, sus reacciones están marcadas por un dolor intenso y abrumador. “Cuando encontramos a alguien, por lo general están medio descompuestos”, dijo Azzam. “La cara es irreconocible. Solo un zapato, una billetera, una pulsera te dice quiénes eran”.
Los trabajadores navegan por estos momentos traumáticos mientras viven los horrores del genocidio en sus propias familias y hogares. Khammash, como Al Shaghnobi, ahora vive en el trabajo: su casa en el este de la ciudad de Gaza se encuentra peligrosamente cerca de la presencia militar israelí.
En el trabajo un día, Khammash relata que recibió una temida llamada de un amigo: “Me dijeron que mi hermano había resultado herido en el sur, cerca del punto de distribución de ayuda estadounidense, y llevado al Hospital Al Awda en Nuseirat. Llamé a un amigo mío que trabaja como enfermero allí, y me dijo que mi hermano había muerto”. Fue insoportable. “Mi hermano no era solo mi hermano, era mi amigo más cercano, solo un año más joven que yo”, comentó. “Compartimos todo, nos entendimos sin hablar. Fuimos a todas partes juntos. Es ese tipo de pérdida que nunca te deja, y la separación es el dolor más duro”.
“La muerte es segura”, dijo Khammash. “Como dijo Allah: toda alma probará la muerte. Y como musulmanes, entendemos que lo que viene después es mucho mejor que lo que soportamos aquí”.
Durante el alto el fuego, los equipos de rescate reciben llamadas constantes: un vecino informa de un olor, una familia pide ayuda para recuperar a su ser querido, un edificio se está derrumbando, una extremidad ha surgido a través de los escombros, las moscas que se reúnen en una esquina revelan lo que se encuentra debajo.
Khammash ha comenzado a sentir la muerte como una presencia, no como un evento. “Nos rodea”, dijo. “Tal vez somos los próximos. Aceptamos el plan de dios, pero aún así, dentro de nosotros, amamos la vida”.
Una de las misiones más difíciles que Khammash ha tenido bajo el alto el fuego fue en una torre bombardeada en el barrio de Al Rimal. Una mujer estaba viva en algún lugar debajo del piso superior derrumbado, gritando, pero los rescatistas no pudieron localizarla. “Estaba ocuro”, recordó. “Seguí moviendo mi luz, tratando de entender de dónde venía su voz”. De repente, estaba debajo de él. “Había puesto mi pie junto a su cabeza sin darme cuenta. La sacamos con vida”.
La recuperación más larga que Khammash haya trabajado tardó un día completo: sacar a Marah Al Haddad, una niña enterrada debajo de varios pisos en el área de Al Daraj hace un mes. “Aún estaba viva cuando la alcanzamos”, dijo. “Había estado respirando polvo y explosivos. Mi colega Abdullah Al Majdalawi y yo seguimos llamando: ‘¿Dónde estás, Marah?’ Y ella respondió: ‘Estoy aquí. Estoy aquí’”.
“Cuando nos vio, la esperanza volvió a su cara”, dijo. “Lo que nos mantiene en marcha es traer a alguien de vuelta de la muerte”.
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