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Entre la metáfora y el concepto

La poesía, dicho a modo de conclusión provisoria, es o bien arte de evasión que reivindica un estatuto propio con sus gramatiquerías y efluvios, o bien compromiso con uno y el resto. Por supuesto, conscientes de la simplificación, existen los matices estagiritas tipo «el ser se dice de muchas maneras» y los ismos: romanticismo, simbolismo, modernismo, ultraísmo, etc., etc. En última instancia, es una apuesta por «el arte por el arte» nacido de y contra los efectos antiestéticos de una inicial revolución industrial (Unamuno, que escribió versos aunque no lo parezca, abominaba las chimeneas de las fábricas). Una poesía antiburguesa en sentido estetizante. de «buen gusto», sin mezclar la literatura con la poluta realidad (el humo de esas chimeneas), al decir de, pongamos, Jean Cocteau. (Sin embargo, esa revolución industrial, esa chimeneas y esos humos, inspirarán a poetas futuristas como Marinetti, luego fascista).

A ello se opondría, lo ponemos adrede, César Vallejo, también antiburgués pero por razones diametralmente distintas, apostrofando contra lo que denominaba «literatura de pijama» o de gabinete, y echando pestes de la metafísica y la psicología (más precisamente el psicoanálisis). Nada de complejos, libidos, intuiciones (bergsonismo muy de moda que estudiara un precoz Antonio Machado) ni sueños (freudianos). El método de creación artística es y debe ser consciente, realista, experimental y científico. Y las musas son cazcarrias en los bajos del pantalón. «Soy hombre antes que español», dirá el zamorano León Felipe, aunque no le pregunten. Y el peruano
Vallejo, viajero por la Rusia revolucionaria (con cuatro chavos suyos y sin ser enviado por nadie, por ningún periódico, que era lo normal) de la que volvió (por dificultades con el idioma o por quedarse sin un kopek) entusiasmado y cambiado él mismo, tuvo que pagar un precio por su integridad: «mi dilema es el de todos los días: o me vendo o me arruino». Reacio a los artificios y malabarismos de las vanguardias (lo que sería su «Trilce»), le gustaba citar la frase del escritor norteamericano socialista Upton Sinclair: «el artista que triunfa en su época es un hombre que simpatiza con las clases dominantes de dicha época, cuyos intereses e ideales interpreta, identificándose con ellos». No hay literatura apolítica ni la habrá nunca (ni música, aunque aquí nos centramos más bien en la literatura), en otras palabras. Ni siquiera el escapista Poême du haschís de Baudelaire huyendo del Tedio, del spleen, soltando amarras con la canónica inspiración romántica sustituida por la estimulación artificial y paradisíaca. Abismado por el malditismo, Baudelaire, flanêur y revolucionario en las barricadas parisinas de 1848, se vuelve sobre sí mismo (gastada la herencia paterna) para hundirse en la destrucción; se le llamará perverso y, sobre todo, decadente. No así un Víctor Hugo, romántico, que concibe al poeta como un profeta que ilumina el porvenir, por lo tanto, con una misión sagrada, frente al sufriente bardo baudeleriano (pero ambos inoculados de druidismo). O el trovador como medium de Neruda. Kant considera a la poesía como la más sublime de las bellas artes, la más superior. El vate portugués A. Caeiro, a quien Pessoa tiene por su maestro, dirá que el mundo no existe (para el poeta genuino, se entiende) para ser pensado, las cosas sólo existen y existen, en todo caso, para ser percibidas, rematará el luso aquejado de solipsismo berkeleyano (de Berkeley). O a lo Alexander Pope, londinense, que asegura que «todo lo que es está bien». Para Nietszche, que no era poeta precisamente, el hombre usa el intelecto la mayoría de las veces para la simulación. San Juan de la Cruz, por último en esta mezcla heteróclita de númenes y daimones, se apoyará en un místico y humilde «no sé qué» al no encontrar verso cenital que lo acople a Dios que, en realidad, es una suerte de neoplatonismo no confeso que le transporte iónicamente al Uno cerrando los ojos -o poniéndolos en blanco- a todo lo externo. Un poeta místico a lo divino. Lírico puro, preñado de amor casi profano, como Santa Teresa, según se entiende la poesía al menos por Aristóteles (el Estagirita de más arriba) en su Poética y son sus cualidades: la subjetividad, su existencia en el presente y el desprecio por la lógica racional. La aversión a la lírica provendría de su negación a perderse en el tremedal ciudadano, en el mundanal ruido, ¿no es cierto? Ella no es la voz colectiva; contrariamente, es la exaltación del individuo.

II

La poeta María Ángeles Maeso dijo que es lugar común aseverar que la poesía, por el hecho de circular fuera del mercado y ante la escasez de receptores, está a salvo de servidumbre alguna, ya que su roma inserción social la mantiene impoluta y en una especie de reserva espiritual por donde fluyen los emocionantes y hermosos ríos de aguas cristalinas. No se lee poesía -continúa- porque se le tiene miedo. Porque la gran poesía desnuda las cosas. Como «palabra en el tiempo» definió Machado la poesía y oímos de escolares. Y sin embargo… Sin embargo, Platón expulsa a los poetas en el Libro X de La República de la ciudad ideal. Y lo hace por dos razones: por su distancia respecto a la verdad, y por estar dirigida al nivel inferior del alma dizque aquella parte que se encarga de la conservación a un nivel animal que se orienta al descanso, el placer y los instintos básicos, lo que no es bueno para la ciudadanía.

Platón muestra que la realidad está compuesta de ideas a partir de las cuales esta realidad se va estructurando (Roberto Vilchis). Cada cosa existente parte de una idea perfecta y verdadera. Cada una de estas ideas ha sido concebida por un creador y modificada o moldeada por un artífice, un artesano, que no es sino un imitador que utiliza la idea a su conveniencia por lo que la vuelve algo irreal, ya que no utiliza la verdadera esencia de las cosas creadas, sino que realiza su propia versión de la idea. Estos imitadores son los poetas que hacen uso de los sentimientos y las emociones, lo cual para Platón es lo que corrompe el alma enajenada por los deseos y pasiones que le alejan de la verdad quedándose en la apariencia. Así pues, los objetos sensibles no son más que débiles y pálidas semejanzas de unas realidades inmutables y eternas, que son las Ideas (ahora con mayúscula), y estas resultan accesibles sólo a la parte inteligente y razonadora del alma (que en la Edad Media se llamará «sustancia» de eco aristotélico), lo inteligible, y no lo sensible, que se adquieren por los sentidos que engañan o no son de fiar. Célebre es su alegoría de la caverna.

Platón -se ha escrito que toda filosofía es un eterno retorno a Platón- ve un peligro grande en algo que a nosotros nos parece totalmente inofensivo: la poesía. En su polis ideal quedarían fuera, discúlpese el anacronismo, Dante, Shakespeare, Goethe, Lorca, Leopardi, etc. Sucede que Platón está pensando en filosofía y como filósofo, y no poeta. Ocurre también que aunque tradicionalmente se ha afirmado que La República (380 a.C.) trata de la justicia como tema principal, y en concreto la formación del Estado, se puede aseverar que se trata de un corpus sobre la educación. Así lo entendió Eric Havelock para poder comprender mejor los ataques de Platón a la poesía y al arte.

La relación entre poesía y filosofía, entre la metáfora (poesía) y el concepto (filosofía), entre el verso y la proposición, siempre se ha desarrollado en medio de una permanente tensión entre ambas. Mientras el filósofo se propone explicitar su pensamiento de manera exacta y racional sirviéndose de conceptos, el poeta, por su parte, es hombre de imágenes y ritmos que posee una forma de expresión exaltada, inspirada y emotiva. La poesía es un saber que le viene del exterior, de la inspiración divina (enthousiasmos) y su naturaleza imitativa o mimética, o de las musas que se apoderan del alma, como erinias, o gorgonas, y la domina, y de ahí que los poetas no pueden crear cuando son abandonados por ellas porque, en fin, no les pertenece. Y, por tanto, no están orientados por el conocimiento. Platón
-ya le vamos entendiendo- considera que la poesía debe tener un carácter pedagógico, didascálico (los poetas fueron los primeros maestros). Platón considera que el mundo que debe aparecer en las composiciones poéticas es el mundo verdaderamente real, aquel que nos conduce a la virtud, no el de las apariencias, lo que le lleva a sugerir que la poesía debe imitar al mundo no como es, sino como debería ser (un mundo esquemático sin lucha de clases o un comunismo platónico de gobernantes que renuncian a la propiedad privada de motu proprio). El efecto de la imitación de la realidad se designa como mímesis. Platón tomaba la imitación como una copia pasiva y fidedigna del mundo exterior (la Naturaleza). Aristóteles transforma su teoría de la imitación. Imitar ahora consistirá en presentar las cosas más o menos bellas de lo que son. Y es que el arte imita a la Naturaleza dejando al artista libertad de enfoque. Sin embargo, el marmóreo y circunspecto Platón se mantiene en el mismo plano. Y, por ello, propone una condena a los fabricantes de imitaciones -aun en cuanto creadores, no plagiarios, entiéndase-, a los «falsificadores de la realidad», como llama a los poetas (extienda el lector, si gusta, el término a la realidad actual), y por los que se pedirá su expulsión de la polis. Entonces, en la biblioteca de la ciudad ideal platónica, ¿estarían prohibidos los poetas, y muchos más, que citamos anteriormente? Eduardo Zazo estima que la expulsión de los poetas -que muestran vicios propiamente humanos en los dioses, como les acusa Jenófanes de antropomorfizarlos: «a los dioses les achacan Homero y Hesíodo todo aquello que entre los hombres es motivo de vergüenza y de reproche: robar, adulterar y engañarse unos a otros»- sólo se entiende como crítica de la tradición oral. Leemos poesía y pensamos en Baudelaire, Cernuda, Rilke o Canetti. Pero Homero -referente como poeta para Platón- no es, como estos poetas nombrados, un poeta literario o estético. Homero es eminentemente un poeta oral. La escritura alfabética no aparece en Grecia hasta el siglo VII antes de nuestra era. En época de Platón se conocía a los poetas principalmente… de oídas, a través del oído, vale decir, apenas se los leía. El rapsoda recitaba sus yambos con acompañamiento musical (la lira, la cítara) y, acaso, baile.

La función tradicional del poeta era conocer todas las cosas humanas y divinas, cosa que nuestros poetas modernos no tienen, desde luego. Sin embargo, esta es la misión habitual y vocacional -el sofismo es otra cosa- de un poeta en una sociedad que no conoce la escritura: transmitir el saber socialmente relevante. En su época, la poesía ya no era capaz de dar a conocer todas las cosas humanas en relación a la virtud y el vicio. Ese papel le correspondía, según Platón, a la filosofía. Importa decir que el ateniense no está interesado en juzgar los méritos estéticos de la poesía, sino en desacreditar su función social y educativa. Propone una nueva paideia en la que los poetas no son necesarios. El sistema educativo tradicional griego, basado en los poetas, como se dijo, es sometido a examen y condenado (o suspendido). No han de admitirse en la ciudad más que los himnos a los dioses y los encomios a los héroes, leemos. Platón no expulsa a Baudelaire del Parnaso; expulsa a Homero y a la tradición oral poético-mimética. Si no absuelto, tenemos a Platón con circunstancias atenuantes.

III

Sin temor a exagerar, se podría aventurar que lo que obsesiona a Platón es, a tenor de su cosmovisión, el mundo de las apariencias que, en lenguaje actual, sería la ideología entendida como falsa conciencia frente a la Idea platónica o Noúmeno kantiano incognoscible (o Absoluto hegeliano) que queda más allá de los límites de la experiencia y no es accesible a la contemplación del hombre. Por un lado se irrita, y por otro desconsuela a los mortales sin jerarquía.

María Zambrano, orteguiana y platonizante, dirá que el filósofo quiere poseer la palabra, convertirse en su dueño. El poeta es su esclavo; se consagra y se consume en ella. El filósofo se dirige hacia el ser oculto tras la apariencia, mientras que el poeta se queda sumido en estas apariencias. Diferenciar realidad de apariencia, eso es conocimiento. Haciendo un paréntesis, es como una semiosis (que no es ningún virus) en que Lo Real es la palabra dicha off the record pensando que no se (te) oye por el micrófono, y la Realidad la apariencia discursivizada, narrativizada, hecha palabra y pasapuré para consumo de la plebe. La verdad está en lo dicho creyendo que no se oye y, por tanto, no tiene repercusión, y la mentira, el engaño, en lo que se dice a conciencia, a voz en grito y machaconamente, conformando, performativamente, la Realidad, lo que existe, lo que hay, volviendo a A. Pope, No se trata de lapsus exactamente. Zambrano, en otro diapasón, viene a decir que, si el poeta comunica pensamientos, verdades tales o mejores que el filósofo, lo hace sin pensar, puesto que estas vienen dadas por la inspiración que le ofrecen las musas. De suerte que el filósofo dice verdades pensando y el poeta las dice sin pensar, pues está en un estado alterado, como poseído, sisnestésico. Un trabalenguas místico, mágico, que tiene su aquel. Hegel concluirá que la filosofía piensa en conceptos y la imaginación poética en intuiciones, cada una a su manera y mediante medios diferentes. Es lo que Sócrates temía: «es de las apariencias de donde viene la persuasión, y no la verdad». El mundo se convierte en un gran teatro, en una caverna, en una representación carnavalizada con disfraces, máscaras y antifaces.

¿Apariencia y todo apariencia? El filósofo Pedro Fernández Liria nos insta encarecidamente a desterrar la idea de que la filosofía -póngase poesía- es una huida del mundo real hacia la pura vida contemplativa (¿eso quedaría para la poesía?). El filósofo -el poeta- es lo contrario del nihilista, la antítesis del poeta vulgar que simplemente se evade de una realidad que le horroriza o le aburre. De lo único que la filosofía -la poesía- representa una huida es de la apariencia y de la ignorancia. Es decir, el hombre vive en un mundo de apariencias; aunque fueran perfectos e infalibles nunca podrían conocer «lo real»; solamente podrían conocer la apariencia y la copia, no el original. Rasgar ese velo de Maya es propósito de una élite para Platón, de una aristocracia bienpensante y bienhechora. De reyes-filósofos. Y es aquí donde ya tomamos distancias del amigo Platón.

Van Morrison: bienvenido a la lista negra de herejes

Sabíamos que Van Morrison era un cantante auténtico y la pandemia nos ha descubierto que, además, es valiente. No disimula, ni hace ningún tipo de concesiones a nadie. Es inusual en el mundo moderno, cada vez más anodino y más atrofiado.

A nadie le debería extrañar que los medios de intoxicación se hayan lanzado contra él. Hasta ahora era intocable, pero la pandemia es aún más intocable. Variety, The Guardian, Los Angeles Times, Rolling Stone… Tanto los medios musicales como los generalistas han criticado su último disco, repleto de canciones críticas, incluso contra los medios de comunicación.

Nos dicen que la ignorancia es una bendición.
Supongo que para los que controlan los medios, así es.
Los dueños de los medios, controlan las historias que nos cuentan.
Si alguna vez intentas ir contra ellos, serás ignorado

Ellos controlan los mensajes, perpetúan el mito.
Siguen diciéndote mentiras. Te dicen que la ignorancia es una bendición.
Créelo todo y nunca obtendrás la verdad.
Nunca serás sabio, sabio a través de sus mentiras.

El León de Belfast, que ha cumplido 75 años de edad, apunta con el dedo y nadie se escapa al filo de su cuchillo: “¿A dónde se han ido los rebeldes?”, pregunta en una de sus canciones. En efecto, los que se llenan la boca con grandes palabras revolucionarias son los que parecen más domesticados.

Morrison no se muerde la lengua. Habla claro. Protesta contra el fascismo y critica implacablemente los toques de queda, confinamientos y demás restricciones sanitarias.

Por méritos propios ya está en la lista negra de herejes.

‘¿Por qué estás en Facebook?’

La varita mágica: por una ley que resuelva los problemas más acuciantes

El movimiento por la vivienda lleva tiempo con una campaña para que el Congreso apruebe una ley que garantice el derecho a la vivienda. Lo había prometido el gobierno del PSOE y Podemos, pero la parte PSOE se niega a ello y la otra insiste para demostrar que el incumplimiento no es por su culpa.

Los programas electorales no bastan para lograr los derechos. Ni siquiera bastan los derechos para disfrutar de ellos porque el derecho a la vivienda ya está en la Constitución desde que se aprobó en 1978.

La Federación de Colectivos Trans quiere una ley integral para las personas de dicha condición y la ministra Montero, de la parte Podemos del gobierno de coalición, ya tiene una en cartera, aunque también se ha encontrado con resistencias que, a su vez, han intensificado la campaña del movimiento. En Uruguay ya hay una ley de ese tipo desde 2018 que garantiza los derechos de la población trans.

El movimiento por la memoria histórica quiere una ley de memoria histórica, otra más, porque la anterior de 2007 no era buena y, además, no se ha cumplido.

Es difícil explicar al mundo por qué un país democrático necesita una ley para reivindicar a quienes han luchado por la democracia. Si España fuera un Estado democrático no hay explicación posible de los motivos por los cuales la ley de memoria histórica no se ha cumplido, los demócratas siguen enterrados en fosas comunes y las calles repletas de nombres franquistas. Lo lógico es pensar que un Estado democrático hubiera debido erradicar cualquier vestigio fascista al día siguiente de su surgimiento, sin necesidad de ninguna ley.

Otros son partidarios de que el Congreso apruebe una ley que saque las drogas de la clandestinidad, o quizá que saque sólo algunas de ellas y siga prohibiendo otras, pero a nadie parece importarle entender por qué las que se legalicen estuvieron prohibidas antes.

Afortunadamente el artículo 6 de la Constitución de Cádiz decretó que los españoles debían ser justos y benéficos y desde 1818 el carácter de los españoles cambió y ha perdurado durante más de dos siglos, a pesar de que aquella Constitución fue derogada. Desde entonces, los turistas y emigrantes llegan a raudales, atraídos por esa idiosincrasia, típicamente española.

Las Constituciones y las leyes son así: cambian las cosas de la noche a la mañana. El paro desaparecería aprobando una ley de pleno empleo. Por eso es tan importante votar en las elecciones. Una mayoría adecuada en un Parlamento convierte en blanco lo que es negro, y al revés.

Los que no votamos estamos equivocados; los que no escriben la carta a los Reyes Magos nunca tendrán regalos. Si quieres acabar con la tortura, escribe una carta a los Reyes pidiendo que no se vuelvan a producir torturas en las comisarías, y si quieres que no haya hambre, escribe otra pidiendo un plato de comida en cada mesa. Además, si eres un poco educado, pídelo por favor, sin gritar por las calles, sin estridencias y, sobre todo, sin violencia.

Ya no es el COVID, ahora es el clima

Ayer fue el Día de la Tierra. Los hashtags ambientales del día tradicional son una tendencia temporal en todos los sitios de redes sociales. Este año no fue diferente, con la excepción del olor a agenda más fuerte de lo habitual.

La narrativa de la «pandemia viral mortal» está perdiendo impulso lentamente. No está claro si esto se debe a que el público tiene «fatiga post viral» (por así decirlo), o se trata de un cambio deliberado en los puntos de conversación de los medios. Pero ciertamente hay menos energía en la historia que en este momento el año pasado.

Dicho esto, también está perfectamente claro que los gobiernos de todo el mundo no están de humor para renunciar a sus «poderes de emergencia» recién adquiridos, y que las supuestas «medidas anti-covid» no desaparecerán pronto.

Especialmente los cierres, que se están comercializando recientemente como «buenos para el planeta». La narrativa de que los confinamientos estaban «ayudando a la Tierra a sanar» en realidad se remonta al pasado mes de marzo, cuando se informó en todas las noticias del mundo que solo unas pocas semanas de bloqueo habían aclarado el agua en los canales venecianos tanto que había delfines nadando por la ciudad.

Esta historia más tarde demostró ser completamente falsa, pero eso no impidió que docenas de medios retomaran la historia y la siguieran.

En varias ocasiones, el Covid se ha vendido como un rayo de luz ambiental. Incluyendo potencialmente el de «salvar el planeta». El mes pasado, The Guardian publicó una historia con el siguiente titular «Se necesita un confinamiento global cada dos años para cumplir los objetivos de CO2 de París«.

Aproximadamente al mismo tiempo, publicaron otro artículo, advirtiendo que las emisiones aumentarán a «niveles prepandémicos» una vez que finalicen los confinamientos. O dicho de otro modo, que el bloqueo nos ha enseñado a «amar la naturaleza». Y también hubo otro titular que afirmaba que el «recuento de estrellas» del Reino Unido había aumentado gracias al bloqueo.

Todo esto dio paso a otro engranaje en el Día de la Tierra, cuyo lema es Restore Our Earth TM (sí, es una marca registrada).

Ayer por la mañana me desperté con una alerta de noticias en mi teléfono, afirmando que este Día de la Tierra deberíamos «celebrar cuánto ha sanado el planeta durante el confinamiento«.

Más tarde, vi un anuncio de un nuevo documental titulado «El año en que la Tierra cambió«, que relata las formas en que la naturaleza se ha recuperado durante el confinamiento y cuánto «se ha curado la Tierra».

La idea de que toda la actividad humana se detuvo es una mentira conveniente, vendida al tipo de personas que todavía compran periódicos y creen que absolutamente todos (o al menos, todos los que importan) tienen un trabajo que a)implica viajar a una ciudad, b)se puede hacer con la misma facilidad en casa.

Por supuesto, esto no es cierto, y la mayor parte del trabajo real y vital de mantener a la sociedad en movimiento sigue en activo.

Todavía existen minas, molinos y plantas. Las centrales eléctricas, las presas y los procesadores de aguas residuales siguen funcionando. Incluso la economía de servicios sigue funcionando, solo que diferentes personas se mueven en la dirección opuesta. Deliveroo, Uber y JustEat conducen automóviles, y cualquier disminución en la cantidad de personas que van a los restaurantes se verá contrarrestada por un aumento de las entregas para llevar.

Las fábricas en China todavía están fabricando todas las cosas que se envían a todo el mundo y luego se envían a nuestras puertas, en lugar de enviarlas a todo el mundo y hacer que las consigamos. ¿Es eso realmente un gran cambio en las emisiones?.

Incluso el estudio que se cita en The Guardian admite que las menores emisiones de CO2 para 2020 son simplemente «proyecciones».

En resumen, no, no hay evidencia públicamente disponible de que el «bloqueo» fuera bueno para el medio ambiente en absoluto.

Muchas de las soluciones propuestas para luchar contra la “pandemia” se estaban sugiriendo para luchar contra otras cosas incluso antes de que existiera la pandemia. Una sociedad sin dinero en efectivo, menos viajes aéreos, control de la población, vigilancia masiva, disminución de la producción de carne y otros han estado en la agenda desde mucho antes de que Covid estuviera cerca de convertirse en algo … y todos han sido discutidos como formas de combatir esta pandemia (o «pandemias futuras”).

Incluso el llamado Gran Reinicio en realidad es anterior a la pandemia.

El «Gran reinicio» y la «Nueva normalidad» son objetivos de política que son anteriores a Covid y son mucho más importantes que cualquiera de las herramientas que se utilizan para alcanzarlos. La «pandemia» creada no es más que un medio para lograr un fin. Pueden descartar o dejar de lado la narrativa del virus, pueden cambiar las historias durante unos meses o dejar de usar ciertas frases por completo por un tiempo. Pero eso no significa que su agenda general haya cambiado en absoluto.

Nos han mostrado su mano. Nos han dicho, por adelantado y en voz alta, lo que quieren lograr.

Control económico total, marcada depreciación del nivel de vida, eliminación de la soberanía nacional y erosión radical de las libertades individuales.

Republicano o Demócrata. Conservador o laborista. Rojo o azul. La agenda no cambia.

El color no importa. Ni siquiera cuando está verde.

Feliz día de la Tierra.

Fuente: Off Guardian.

El hackeo del SEPE y la voladura del Maine

La crisis no es la consecuencia de una tragedia, sino al revés. Suele ser difícil demostrarlo para quien duda del relato dominante, pero de vez en cuando en España se producen episodios grotescos que ponen en evidencia que tras esa tragedia hay una finalidad, una oportunidad o un interés espúreo. El problema es que en España lo grotesco nos hace reír, pero no pensar. Leer más

Cambiar mucho para que nada cambie

En el momento en que Zbigniew Brzezinski era el director de la Comisión Trilateral encargó un informe a tres sociólogos: Michel Crozier, fundador y director del Centre de Sociologie des Organisations, París, director de investigación del Centre Nationale de Recherche Scientifique, Samuel P. Huntington, director asociado del Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, y Joji Watanuki, Profesor de Sociología de la Universidad de Sophia, Tokio (1). Uno europeo, otro norteamericano y otro japonés, para disponer de un análisis global después de las movilizaciones y revueltas de 1968-69 en Europa, América y Asia que aglutinaron millones de personas, y que momentáneamente crearon un cierto pavor entre las clases dominantes ya que intuían una cierta pérdida del control social. Las élites mundiales se interrogaban como gobernar unas sociedades en las cuales la autoridad de gobiernos, partidos políticos mayoritarios y sindicatos se percibía con hostilidad, y perdían legitimidad. Estaban preocupados.

Y, como cosa lógica, cuando uno está preocupado, intenta indagar los motivos de dicha preocupación, lo cual sabe hacer muy bien el capital a diferencia de las organizaciones obreras que casi siempre han preferido esconder la cabeza bajo el ala, ya sea por incapacidad, ya sea por miedo, o ya sea por dogmatismo o burocratismo.

Dicho informe tenía por título “La crisis de la democracia. Informe sobre la gobernabilidad de las democracias para la Comisión Trilateral” (The Crisis of Democracy. Report on the Governability of Democracies to The Trilateral Commission) (2).

Junto a un cambio cultural se desencadenaba la llamada “crisis del petróleo” con un incremento del desempleo, aumento de las demandas sindicales obreras y demandas sociales de la clase media.

Una de las consideraciones que según el informe cabría analizar era la posibilidad de que algunos procesos políticos debían mantenerse bajo el control de los expertos, ya que según su opinión, en muchas ocasiones, la autoridad debe provenir de la jerarquía, de la experiencia y del conocimiento de determinados sectores, y no del debate público. Que hoy se identifica con el simplismo de los “expertos en salud”.

Las élites mundiales preocupadas

En la década de los 60 se produjeron las independencias formales de la mayoría de países africanos, con especial relevancia la independencia de Argelia (1962) después de una tenaz lucha del pueblo argelino y un genocidio nunca reconocido por Francia. A raíz de estos cambios geopolíticos, las enormes riquezas del continente africano ya no quedaban a total disposición de los países coloniales, aunque conservasen parte importante de las mismas tenían que realizar un cierto reparto con los nuevos gobernantes. La consecuencia para Europa fue una merma de sus ingresos anteriores fruto del saqueo total, y en relación con ello una insatisfacción a las demandas de sus ciudadanos a los que se les había prometido un constante aumento de sus niveles de consumo y la promesa de ascenso social.

Esta ruptura de las expectativas de los ciudadanos europeos, cuyo nivel de consumo se había realizado en una escala ascendiente desde el final de la segunda parte de la guerra mundial, junto a una cierta tolerancia hacia las organizaciones sindicales, cuya colaboración en la reconstrucción posbélica fue imprescindible para el capital, una parte importante de la clase obrera europea exigía con cierta fuerza mejoras en todos los ámbitos. En paralelo, la creación de una extensa clase media que prometía a sus hijos un futuro con ascenso en la escala social.

La conjunción de varios factores: reivindicaciones económicas de la clase obrera, multiplicidad de organizaciones ciudadanas, vecinales y profesionales, exigencia de ascenso social de las clases medias, una intelectualidad progresista emanada de la resistencia durante la guerra, y unos medios de comunicación todavía no controlados totalmente por las grandes corporaciones mediáticas, crearon las premisas de las explosiones sociales a finales de la década de los 60 que ponían en tela de juicio a gobiernos, sistemas productivos y sistemas educativos, con la consecuente pérdida de legitimidad de las élites nacionales e internacionales. Junto a ello un cierto sentimiento solidario con otras sociedades que, lejanas, se enfrentaban a la dominación imperialista (Cuba, Argelia, Vietnam, Laos, Camboya, Burkina Faso, Namibia, Angola, Mozambique, Colombia, Nicaragua, Guatemala…) rompiendo el consenso anterior que cerraba los ojos ante la depredación colonial.

En Estados Unidos el auge de la lucha por los derechos civiles contra la segregación, la rebelión de Watts (Los Ángeles) en 1965 (3), el asesinato de MalcolmX (1965); Martin Luther King (1968) y los dos hermanos Kennedy (1963 y 1968); el escándalo Watergate (1972). Y el aumento de la protesta contra la intervención en Vietnam que desde 1963 se fue incrementando mediante manifestaciones cada vez más numerosas con sabotajes a los transportes y ciertas producciones, ocupaciones de centros universitarios, bloqueos de carreteras y la resistencia al alistamiento militar con miles de deserciones, obligaron a suspender a principios de 1973 la Ley de Servicio y Entrenamiento Selectivo vigente desde 1940, un reclutamiento obligatorio para llenar las vacantes en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que no podían cubrirse por medios voluntarios.

Asia

Aunque lo más conocido fue sin duda la intervención de Estados Unidos en Vietnam, Laos y Camboya, en Asia, durante los sesenta se producía una movilización social en varios países fruto de diversos factores, pero seguramente el mayor de ellos tuvo que ver con la guerra de Vietnam cuyo momento culminante coincidió en solidaridad con la Ofensiva del Tet del Frente de Liberación de Vietnam en 1968 y en repulsa a la presencia de las tropas norteamericanas en el sudeste asiático.

En Japón, a principios de la década de los 60, un movimiento popular y estudiantil intentó evitar la ratificación del Tratado de Seguridad entre Estados Unidos y Japón y una organización estudiantil escindida del Partido Comunista de Japón consiguió el control de la Federación Japonesa de Asociaciones Estudiantiles. El 15 de enero de 1968, Día de la Juventud, una gran marcha se dirigió al puerto de Sasebo, en Negasaki, para rechazar la escala del portaviones norteamericano «Enterprise». Este mismo año una gran manifestación bloqueó el aeropuerto de Tokio para impedir que el primer ministro viajara realizara un viaje oficial a Vietnam del Sur en plena ocupación militar estadounidense. Ando Norisuke, estudiante de doctorado en pedagogía en la Universidad de Tokio, publicó un libro titulado “Teoría de la revolución estudiantil” en el describe que “las luchas universitarias que se desarrollan actualmente en todo el Japón y cuyo punto culminante se sitúa en la lucha de Todai y Nichidai sobrepasan cualitativamente, por su amplitud y el nivel de sus reivindicaciones, todas las luchas reformistas entabladas hasta ahora” (4).

En junio de 1968, los estudiantes de la Universidad de Tokio, la universidad más selecta de Japón, y la Universidad Nihon, la mayor institución de educación superior del país, con aproximadamente una décima parte de la población total de estudiantes universitarios, crearon los “Consejos universitarios de lucha conjunta” (5). Según el libro de Dan Keisuke “Japón Hoy” (6), la policía en 1969 tomó el control de la Universidad de Tokio tras dos meses de ocupación de la misma por los estudiantes exigiendo una transformación del sistema educativo denunciando el autoritarismo en las relaciones profesor-alumno y la vinculación entre universidades y las grandes empresas.

En la India, la creación del movimiento Naxalita en el noroeste de Bengala e iniciado en 1967 por Charu Majumdar, Kanu Sanyal y Jangal Santhal, en el que participaron un gran número de campesinos, estudiantes y jóvenes indios en repulsa del latifundio, la explotación feudal y la humillación social por parte de terratenientes y prestamistas. En 1970 se funda la Federación de Estudiantes de la India por parte del Partido Comunista de la India (Marxista) que demandaba organizar a los estudiantes en defensa de mejoras al sistema educativo.

En Turquía, en 1965 se fundó la Federación de la Juventud Revolucionaria de Turquía, aglutinando a una parte importante del estudiantado que explotó en 1968 exigiendo mayor participación en la toma de decisiones estudiantiles. La Universidad Técnica de Medio Oriente (METU) en Ankara, fue una de las más activas políticamente manifestando una postura antiimperialista. En 1968, Robert Komer, quien prestó asistencia militar en Vietnam, fue nombrado embajador de los Estados Unidos en Turquía; el 6 de enero de 1969, ya como embajador, visitó a la METU, provocando que su vehículo fuera incendiado por los estudiantes. A causa de ello la METU estuvo cerrada durante siete meses, y la Universidad de Estambul por cuatro. Otro hecho relevante, fue la revuelta por la llegada de la Sexta Flota de Estados Unidos a Estambul.

En Paquistán, el Movimiento de 1968 fue parte de la protesta contra el régimen dictatorial de Ayub Khan. En febrero y marzo de 1968 se produjo una ola de huelgas en el país. El 13 de febrero, se izó la bandera roja en Lahore, y más de 25.000 trabajadores ferroviarios se manifestaron con el lema «Solidaridad con el pueblo chino: Destruye el capitalismo». En el distrito industrial de Faisalabad, la administración del distrito tuvo que solicitar el permiso de un líder sindical local Mukhtar Rana para el funcionamiento del transporte por carretera. Los trenes llevaban pancartas con mensajes revolucionarios por todo el país. Fue una respuesta a la explotación y la opresión que ensancharon el abismo entre ricos y pobres. Las protestas duraron hasta marzo de 1969 durante las cuales se movilizaron entre 10 y 15 millones de personas consiguiendo la renuncia del gobierno de Ayub Khan (7).

En Filipinas, como resultado de una ola de protestas por la política dictatorial de Ferdinan Marcos desde 1965 en que asumió la presidencia del país, en 1968 se funda el partido comunista de Filipinas tras el Congreso de Restablecimiento que rompía con la tradición del antiguo partido comunista (PKP-Lava), y en 1969 se creó el Nuevo Ejército del Pueblo.

En China, durante la undécima sesión del VIII Comité Central del 8 de agosto de 1966, se tomó la “Decisión del Comité Central del Partido Comunista de China sobre la Gran Revolución Proletaria”, cuyo documento guía (Declaración de los 16 puntos), partió del principio de que la burguesía derrotada, se valía de las ideas, de la cultura y los hábitos, para tratar de corromper a las masas y así, de nuevo, tomar el poder. Se proclamó “no hay que temerle al desorden”, incitando a aniquilar la dominación de los intelectuales burgueses y proponiendo transformar el sistema educativo colocando “la enseñanza al servicio de la política proletaria y combinar el estudio con el trabajo productivo”. Una revolución cultural que erizó no solamente a las élites capitalistas, sino también al llamado socialismo real.

América Latina

En América Latina, el asesinato de Ernesto Guevara en Bolivia en octubre de 1967 se convierte en un ejemplo que había de abrir conciencias y atraer a más combatientes. No es de desdeñar el papel jugado por los cambios operados en el seno de la Iglesia católica a raíz del Concilio Vaticano II y el impulso a la llamada teología de la liberación. En 1968 Paulo Freire redacta su libro “Pedagogía del oprimido”, que es la carta de nacimiento de la educación popular y el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez pronuncia una conferencia titulada “Hacia una teología de la liberación”, con la que nace esta corriente religiosa. En el terreno del pensamiento crítico, son los años de elaboración y difusión de la teoría marxista de la dependencia por los brasileños Ruy Mauro Marini y Theotonio dos Santos, y de la formulación de la teoría de marginalidad por Aníbal Quijano, José Nun y Miguel Murmis.

En toda la América Latina, la lucha de los estudiantes no es sino la faz más visible del descontento de las clases medias y populares. Las protestas obrero-campesinas tenían como base el tema de la distribución de la tierra y las supresiones de algunos beneficios de que disponían los obreros industriales. La rebelión estudiantil expresaba el descontento de las clases medias y urbanas empobrecidas.

En México, los movimientos estudiantiles de 1968 fueron el punto de llegada de más de una década de cambios sociales particulares en México que fueron confluyendo con las movilizaciones internacionales. Fue una vorágine de movilizaciones en respuesta a las formas culturales e institucionales vigentes en las cuales además de estudiantes universitarios, escuelas preparatorias y profesionales, se unieron profesores, obreros, amas de casa, sindicatos e intelectuales tanto de la Ciudad de México como del interior de la república (8).

En un momento culminante de las protestas sociales, el 2 de octubre de 1968, en México capital, en la Plaza de las Tres Culturas se produjo una matanza de más de 300 personas que representó el cénit de las detenciones masivas, arbitrarias e ilegales que se realizaron durante los meses anteriores, y por la planificación detallada de una masacre cometida por el Ejército Mexicano y el grupo paramilitar Batallón Olimpia, creado para garantizar la seguridad de los Juegos Olímpicos, integrado por más de mil quinientos elementos de diferentes instituciones policiales y militares que se infiltraron vestidos de civiles en Tlatelolco (9).

En Chile, se estaba en vísperas de la campaña electoral que llevaría en 1970 a la victoria del candidato de la Unidad Popular, Allende. Ya en 1967, año de la Reforma Universitaria, el 11 de agosto amaneció con un lienzo en el frontis de la Casa central de la Universidad en el que se leía «El Mercurio miente» en una gran campaña de denuncia del papel que jugaban los medios de comunicación.

En Argentina, partir de 1964, la CGT aumentó su combatividad ocupando fábricas. El 15 marzo 1969, los estudiantes ocuparon las calles de Corrientes, donde uno de ellos fue asesinado por la policía. En Rosario, un joven obrero y un estudiante murieron de los tiros de la policía lo que provocó el alzamiento de la población. Tras la supresión de varios beneficios de los que gozaban los obreros cordobeses, el 15 de mayo, la población de Córdoba se enfrentó a la policía en una multitudinaria protesta que al día siguiente se transformó en huelga general. El 29 y 30 de mayo ocurrió el Cordobazo: obreros y estudiantes ocuparon el centro de la ciudad.

En Colombia, el enfrentamiento armado estaba ya consolidado y la muerte en combate del sacerdote Camilo Torres Restrepo, en febrero de 1966, atrajo a números integrantes hacia las distintas guerrillas. Al mismo tiempo una parte importante del campesinado de apartó de la tutela del Gobierno reformista de Lleras. En una clara ruptura con los terratenientes y también con el Gobierno que intentaba conciliar intereses antagónicos, se ocuparon 645 fincas de grandes propietarios durante 1970.

En Uruguay, en los cinco meses que transcurrieron entre la marcha del 1 de Mayo del 68 y la clausura de los cursos en la Universidad de la República, la Universidad del Trabajo y los colegios secundarios, decretada por Jorge Pacheco Areco el domingo de 22 setiembre, se produjeron: 56 huelgas, 40 ocupaciones, 220 manifestaciones y 433 atentados con cócteles Molotov, según cifras aportadas por Jorge Landinelli en su libro ‘1968: la revuelta estudiantil’. En mayo había 10 liceos ocupados, dos cerrados por huelga, tres cerrados por el Gobierno para evitar ocupaciones y los enfrentamientos con la policía eran casi diarios. En julio el Gobierno decretó la militarización de los funcionarios estatales de electricidad, agua, petróleo y telecomunicaciones que estaban en huelga y se produjo una confluencia entre obreros y estudiantes.

Este, a grandes rasgos es el panorama del “mundo occidental” periférico donde ya se avecinaba lo que posteriormente se denominó la “crisis del petróleo” de 1975. En octubre de 1973, los países árabes decidieron bloquear sus exportaciones de crudo a aquellos países que habían apoyado a Israel en la llamada guerra del Yom Kipur, que había tenido lugar en ese mismo mes. Esta estrategia, unida a un control de la producción, hizo subir el precio del petróleo de una forma espectacular a lo largo de los meses siguientes. Si antes del conflicto un barril valía, aproximadamente, 1,65 dólares, en 1974 el mismo barril cotizaba por encima de los 9 dólares. Este aumento, y los desequilibrios que la economía norteamericana y europea venían arrastrando, desataron una grave crisis económica caracterizada por la existencia simultánea de estancamiento e inflación. Aunque el embargo petrolero sólo duró seis meses, con el fin de hacer frente al fenómeno inflacionista se desencadenó una epidemia de alzas de tasas de interés de los bancos centrales que encareció los créditos, provocó una reducción en el crecimiento económico y aumentó el desempleo en Occidente.

Con respecto a España, un detallado análisis del papel de la Trilateral en la denominada transición, fue publicado por Aquilino González Neira en 1983 en el monográfico nº 17 de “España Crítica” con el nombre de. “El supergobierno del mundo. La Trilateral manda en España”.

Las crisis económicas, no son por sí mismas suficientes para que el capitalismo se derrumbe. La mortalidad del sistema no vendrá impuesta por las fuerzas derivadas de sus crisis. Hay que tener en cuenta la capacidad de respuesta que exhibe el capitalismo, con su aptitud y su disposición –varias veces demostradas- de captar la enseñanza de sus reveses y percances, para así perfeccionar su estrategia de conservación aplicando diversas soluciones a problemas derivados de su esencia y funcionamiento.

“De acuerdo con una estrategia fundada en la asimetría que exhibe el propio sistema globalmente: las tendencias de las crisis en las economías centrales son resarcidas o atenuadas por las contratendencias de las crisis exportadas a las economías periféricas, según los movimientos de un intercambio desigual cuyo balance favorece siempre a las economías del polo dominante” (10).

La Trilateral en marcha

En este contexto, es cuando la Trilateral publica el informe aludido “La crisis de la democracia” fruto de un escrupuloso análisis de la situación mundial, aunque en él no se hace mención a ninguno de los conflictos en Asia (con la excepción de Japón), en América Latina o en África. Lo cual no significa que no se hayan analizado al detalle, pero la diferencia estriba en que las soluciones para dichos entornos geopolíticos serían estrictamente militares (golpes de estado, dictaduras sangrientas, fraudes electorales, etc.) y en el centro del sistema las soluciones irían encaminadas en primer lugar a la cooptación de los movimientos sociales, cambios legislativos, acaparamiento de los medios de comunicación y grandes modificaciones en los sistemas educativos. Todo ello mediante una mezcla de represión y tolerancia.

El gran cambio económico, político, cultural y militar a partir de la ola conservadora mundial en los años 80, personificada por Margaret Tatcher y Ronald Reagan fué el primer resultado de la aplicación de las conclusiones del Informe de la Trilateral, el cual podemos aventurar que es plenamente vigente aunque haya mutado a instituciones como el Foro Económico Mundial, G-7, Open Society, Fundaciones multinacionales y por lo que hemos vivido este año pasado podríamos incorporar también la OMS.

¿Hoy, está preocupado el capital?

Fruto de la experiencia pasada en la década de los 60 del siglo pasado, por la cual tuvo que realizar un diagnóstico a posteriori para establecer un nuevo tipo de contrato social, de dramáticas consecuencias para la mayoría de la humanidad, en la actualidad el diagnóstico y las medidas derivadas del mismo, se ha realizado con anterioridad a la posibilidad, aunque remota, de estallidos sociales a nivel mundial.

Los diseños y metamorfosis realizados a partir de la década de los 80 al poner en práctica un nuevo patrón tecnológico basado en la aplicación microelectrónica al proceso industrial y de servicios, lo que denominaron tercera revolución industrial, estuvieron acompañados de un amplio despliegue de promesas para todos los gustos. Para limpiar la conciencia de la clase media, el invento, la creación y financiación de las llamadas organizaciones no gubernamentales a través de las cuales enrolaron a los hijos de la clase media que, sin agobiantes problemas económicos podían “ser solidarios” con los pobres de la tierra. Reflexión que llevó a cabo Gustau Nerín en el libro “Blanco bueno busca negro pobre”.

Como medida preventiva, analizados los antecedentes de la década de los 60, en los cuales la reivindicación de libertad sexual, que rompía con los moldes de una sociedad caracterizada por el puritanismo y que establecía un paralelismo entre libertad sexual y libertad política y económica, en los años 80 otra creación de alcance mundial fragmentaba las posibles derivas comunicativas entre las personas: el sida, que mediante una campaña propagandística mundial sin precedentes, se alentaba al individualismo, al recelo hacia los semejantes, se propagaba el miedo, diariamente aparecían en las cabeceras de los noticiarios los muertos, los infectados, las fotos espeluznantes, la mayoría falsas, pero con un consenso global ante un supuesto virus del cual hasta hoy, están buscando su cadena proteínica.

Una gran ofensiva de desmembramiento de algunos sindicatos algo rebeldes, y la cooptación de los mismos en otros países a base de suculentas subvenciones a cambio de no entorpecer el proceso de cambio de patrón tecnológico. La privatización de lo público, unos cambios radicales en los contratos de trabajo y las llamadas deslocalizaciones de las industrias hacia países con muy bajos salarios y nula sindicación.

Toda esta maraña encubrió las llamadas reestructuraciones industriales con el cierre de miles de empresas y millones de asalariados enviados al desempleo.

Hoy, en la segunda década del siglo XXI, el capital está inmerso en una nueva remodelación a nivel global para mantener su tasa de ganancia. Lo que denominan cuarta revolución industrial, basada en las nuevas tecnologías de la comunicación, la inteligencia artificial, la robótica, el trabajo a distancia o a domicilio, con unas consecuencias sobre los asalariados similares o peores a las de los años 80.

También, se han puesto en práctica un manojo de medidas de índole diversa para imponer un nuevo contrato social que acepte, sin más, los futuros cambios. Dentro de estas medidas, tal vez la de más calado, ha sido el experimento a nivel mundial de aislamientos y reclusiones, prohibición de reuniones, de manifestaciones, de movilidad… utilizando a semejanza de los años 80 un peligro invisible atribuido a la maldad de un virus, como el VIH-SIDA.

Así como en los años 80 los paladines y cabezas visibles de los cambios estructurales fueron los dirigentes políticos, ya en el año 2008, primera fase de la nueva debacle, aparecieron los “expertos” en economía quienes al estilo de los antiguos adivinos auguraban desdichas para muchos y alegrías para unos pocos. Estos expertos nos hablaban de crisis, de desequilibrios financieros, de déficit, etc., y el gran velo que pretendía ocultar todo el entramado despótico del capital lo caracterizaron culpabilizando a la banca por sus malos hábitos. Pero cada vez el discurso era menos creíble y daba la impresión en ciertos momentos que podrían producirse revueltas ocasionadas por los cientos de miles de desahuciados de sus casas. Los “expertos” económicos caían en desgracia a los ojos de las poblaciones.

¿Qué hacer?

Los políticos cada vez más deslegitimizados, los dirigentes sindicales comiendo de la mano de la patronal, los “expertos” en economía desautorizados, la aparición de formaciones de extrema derecha en multitud de países, y una “izquierda” con la mirada puesta solamente en los espectáculos electorales.

Espectáculos a los que cada vez asiste menos público, un pequeño ejemplo de ello han sido las recientes elecciones al Parlament de Catalunya del 2021 en las cuales la suma de la abstención, el voto nulo y el voto en blanco ha supuesto el 50,98% del electorado. ¡Mayoría absoluta! Pero no es privativo de Catalunya puesto que es una tendencia que se generaliza en Europa a excepción de los cinco países que tienen el voto obligatorio. Da lo mismo, las butacas se mantienen en el mismo número y con el mismo estipendio, aunque solo se depositara un solo voto.

“Las dos razones principales para no votar en las últimas elecciones de la UE, observadas a nivel de la Unión, son la falta de confianza en la política o el descontento con la política en general” (11).

“El fenómeno de la creciente abstención existe desde hace varias décadas y atañe en cierta medida a todas las elecciones. Hasta 1979, en Italia, la afluencia de los electores a las urnas superaba el 90%. Desde entonces ha empezado a bajar y nunca ha dejado de disminuir: en los últimos comicios europeos, solo el 57% acudió a las urnas. Excluyendo las elecciones locales, uno de los datos más bajos fue el de las elecciones regionales en Emilia Romaña, en las que solo el 38% votó. La decisión de no ir a votar si se convierte en una decisión generalizada termina por perjudicar la legitimidad de las instituciones democráticas y de los partidos políticos, y favorece una evolución hacia modelos no siempre liberales. En 2019,según el Eurobarómetro, el organismo de la Comisión Europea que mide y analiza las tendencias de la opinión pública, la confianza de los ciudadanos en las instituciones es baja en toda Europa: desde hace unos diez años, menos de la mitad de la población europea confía en las instituciones políticas de su país” (12).

Si los políticos están cada vez más desautorizados, si los “expertos” económicos han demostrado sobradamente que sus recetas conducen a una depauperación de amplias capas de la población, si las Iglesias, semivacías, no tienen la potestad de condenar al infierno a los herejes, y el recurso a la represión pura y dura puede hacer decaer todavía más el desencanto en las instituciones, los cerebros pensantes han encumbrado a otro tipo de expertos: “los científicos” que junto a los filántropos se han erigido en una nueva élite aparentemente alejada de los “políticos” y de los “economistas”.

Con la mirada puesta en el próximo decenio, han articulado, al igual que hicieron a partir de las revueltas de 1968, unas nuevas modalidades de acción política encabezadas por los correveidiles del gran capital mundial que se caracteriza en estos momentos en el conglomerado cibernético, el químico-farmacéutico y la industria militar. Como novedad en esta estrategia del capital han hecho aparecer a los directivos de la Organización Mundial de la Salud como los nuevos salvadores de la humanidad mediante una campaña de terror, que ha sido puesta en tela de juicio por miles de científicos de todo el mundo (13).

Y bajo la cobertura de los nuevos “expertos” están transformando el tejido productivo, la concepción de la ciencia, las relaciones sociales, la cultura, la educación, en un nuevo intento de sumir a la población mundial en un estado de pánico, ante el cual se intenta que acepten los grandes cambios tecnológicos previstos.

La crisis de la democracia de la Comisión Trilateral debe ser interpretada como el suplemento ideológico del ataque neoliberal de los años 80. Y dentro de este suplemento cabe destacar la necesidad del capitalismo de estructurar una metamorfosis cultural.

Como parte de la cultura, la representación del planeta, desde el siglo XVI a través de la cartografía de Mercator, realizada desde el “primer mundo”, ha representado en el subconsciente una visión del mundo en la cual el llamado norte es enorme frente a un sur decrépito. Cuando los mapamundis más populares están deformados, nuestra visión del mundo está falseada. Falsedades que se utilizan sistematicamente en cualquier ámbito de la comunicación de masas. Que ahora podemos establecer un paralelismo con la divulgación gráfica y de datos respecto de los motivos de la pandemia y del “descalabro mundial”, empezando por la reproducción caricaturesca de un patógeno, que se ha nombrado SARS-Cov-2 o Covid-19, que se divulgaban como la expresión “del mal”, cual “demonio medieval”, con reiteradas reproducciones y atribuciones carentes de rigor científico, sin plantear ni la realidad de su origen, ni mucho menos las causas reales de donde se pueden establecer el por qué de la patología que está afectando a determinados sectores de la población, en especial de los paises predominantemente “ricos”.

Patógeno, que para mantener dichas inconcreciones, los van caracterizando como un “ser mutante”, renombrándolo con apellidos de variantes, que si la Británica, Brasileña, Sudafricana, Californiana, Británica-2, etc., en un relato novelesco sobre “enemigos autoreplicantes”, con explicaciones oficiales carentes de rigor, cuando no de pura mentira, escondiendo la evidencia respecto de lo que es la tradicional modificación o mutación de los organismos microscópicos y silenciando otros factores tóxicos, ambientales o de forma de vida que también intervienen en la generación de patologías en la salud humana.

Pero todo ello sirve en pro de mantener el pánico ante el depredador invisible, símil alienígena, con el único propósito de extender un estado de terror social y así sumir a la población no solo en el desconcierto, sino en una alienación que lo desactive socialmente.

Si solamente nos paramos a mirar un árbol podemos perder de vista el bosque

Así está ocurriendo con la dichosa pandemia, nuestros ojos enfocan y ven cifras: de fallecidos, de infectados, de vacunados, de desempleados, de prestaciones económicas, de aumento de la pobreza, de cierres de entidades productivas, de número de alumnos por aula, de presupuestos en la enseñanza, de número de maestros, de cantidad de sanitarios, de presupuestos de sanidad…, cifras, cifras, cifras, pero alrededor hay todo un bosque de cambios que quedan difuminados, o aparentemente sin relación alguna con las cifras.

De la misma manera que la operación pandemia se ha organizado desde mucho antes de la fecha de su proclamación pública, otros aspectos, relacionados con el cambio cultural necesario para el capital en esta nueva “gran transformación”, parafraseando a Polanyi, también se han ido organizado en los últimos años grandes cambios culturales, insertados mediante grandes campañas publicitarias y avalados por “expertos” de todas las disciplinas provenientes del mundillo académico subvencionado. A su lado la confección de figuras “mediáticas” de corte popular para que el mensaje llegara a un amplio abanico social.

“Conforme se intensifiquen las incomodidades, el orden social se hará más problemático y aumentará el peligro de que los líderes políticos busquen distraer el descontento con chivos expiatorios internos o externos”. Así lo anuncia Fred Block en la introducción del libro de Polanyi La Gran Transformación (2ª reimpresión. Fondo de cultura económica. 2011) Lo cual ha sido tenido en cuenta por los diseñadores de la “nueva normalidad” que nos anuncian. Según Milton Friedman, sólo una crisis produce un verdadero cambio. Cuando esta ocurre, “las acciones para la reconstrucción dependen de un conjunto de ideas pre-elaboradas en el ámbito político-cultural” (14).

“En la clandestinidad de la vida social nacen nuevas aspiraciones, visiones de la sociedad deseable; el pensamiento alternativo propone una solución totalmente diferente: Estas fuerzas de la negación y de la esperanza son inciertas y confusas, heterogéneas y variables. Pero estas fuerzas son la vida que nace… hay que poner en duda la actitud general que progreso y desarrollo deban medirse con índices tecnológicos y económicos que están muy alejados del contexto humano y social.” (15). Estas reflexiones de Suchodolski nos invitan a pensar sobre los temas culturales tanto en lo referente a la ética como a la educación, las relaciones personales, los entornos sociales y la relación con la naturaleza.

Para Gramsci, el proyecto educativo debe tener como principio fundamental educar a la persona integral para que sea capaz de comprender, aceptar o criticar la política, la cultura y la sociedad. No la concepción de educar a las masas como especialistas, tecnócratas y demás expertos profesionales. Teniendo este concepto como referencia, debemos acordarnos del Plan Bolonia de 1999 que precisamente reemplaza el conocimiento integral por una amorfa especialidad fragmentada. La Declaración de Bolonia, de 1999 y la Estrategia de Lisboa de 2001 formó parte de la negociación en el seno de OMC del Acuerdo General de Comercio y Servicios iniciada y en dicho acuerdo la educación universitaria pasa a ser uno de dichos “servicios”.

“En 2003 la Comisión Europea financió y publicó un documento que se denominó “Tuning Educational Structures”, que traduce afinación o sincronización de las estructuras educativas, donde se afirma que los empleadores dentro y fuera de Europa exigirán información confiable sobre lo que significa en la práctica una capacitación o un título determinado. Antes de publicar el informe se llevó a cabo un cuestionario para seleccionar 85 competencias consideradas pertinentes por compañías privadas e instituciones de educación superior. Participaron en el estudio 150 graduados, 30 empleadores y 15 académicos, todos ellos vinculados con los gobiernos y las grandes compañías, y comienza a hablarse de la necesidad de adquirir “competencias”, dejando en un segundo plano los contenidos sustantivos propios de cada materia. Con base en estas competencias demandadas por el empresariado, se establecieron los actuales “estándares educativos” (16).

Del mismo modo que se ha exacerbado la individualidad y la competencia en todos los órdenes educativos, a nivel social la cultura del individualismo ha penetrado con asimismo con fuerza. Daniel Bernabé ha realizado una radiografía en su libro La trampa de la Diversidad en el cual Pascual Serrano en la presentación dice: “Debemos dar una respuesta urgente a estas preguntas, si no queremos que la fuerza de lo colectivo se acabe diluyendo en el irremediable individualismo de lo identitario… Ya no se busca un gran relato que una a personas diferentes en un objetivo común, sino exagerar nuestras especificidades para colmar la angustia de un presente sin identidad de clase…”

Paralelamente cabe situar todo el entramado de deshumanización, la teoría de los “transhumanistas” en la cual la reproducción de la sociedad ya no debe ser el fruto afectivo de la relación entre dos personas de distinto sexo, sino prodigando una serie de variantes en las cuales “la ciencia” interviene en los cuerpos humanos femeninos para convertirlos en máquinas reproductoras, que al igual que en el trabajo asalariado, el fruto de su trabajo es alienado y puesto a la venta en supermercados de criaturas, para aquellas personas que dispongan de recursos suficientes para comprarlos. Dichas personas-máquinas reproductoras no son miembros de la clase dominante y sus acólitos, sino el proletariado femenino mundial. La edición de criaturas con características al gusto del comprador, óvulos fecundados insertados en úteros de mujeres proletarias para proveer de sucesores a las clases dominantes y la posibilidad de edición de fetos con características de sumisión para mantener un proletariado dócil.

Todo esto es posible hoy, no solamente posible, sino ya experimentado y laureado con el premio Nobel de química 2020.

Y alrededor de esta nueva Gran Transformación, el discurso ecológico acuñado por las grandes corporaciones forma parte del entramado cultural con sus discursos, miedos, pronósticos catastróficos y figuras mediáticas a su servicio como la de Greta Thunberg paseándola por las catedrales políticas del mundo y a imagen y semejanza del flautista de Hamelin arrastrando tras de sí miles de adolescentes de todo el mundo.

Los grandes contaminantes mundiales pertenecen al complejo químico-farmacéutico-militar, así como la industria automovilística de consumo individual y la industria textil. Unos 80.000 millones anuales de prendas de ropa impulsados por la cultura del “fast-fashion”, el cual consiste en una producción y consumo masivo de ropa en un tiempo reducido. Este sector produce el 20% de las aguas residuales mundiales y el 10% de las emisiones globales de carbono. Pero no aparece en perspectiva la reducción del consumo ni militar, ni químico-farmacéutico, ni automovilístico individual, ni textil, ni energético. ¿De qué se trata pues?

Ekai Journal se hace una pregunta: ¿la transición ecológica es progresista o reaccionaria? “La financiarización de la actividad económica, la dificultad de rentabilizar las inversiones productivas, el contexto geopolítico, han llevado a la oligarquía financiera occidental a una apuesta creciente por los modelos neomalthusianos ya anunciados en los años 70 por el Club de Roma, el informe Kissinger y el informe Rockefeller. Estos modelos apuntan a una apuesta de las grandes corporaciones por asegurar el control político de Occidente en un contexto de decrecimiento económico y a una búsqueda de la rentabilidad a través de la transferencia de fondos públicos hacia sectores de actividad específicos, como el de las energías renovables” (17), fondos que irán a compensar la caída de la tasa de ganancia de las grandes corporaciones.

La Comisión Europea de Ursula von der Leyen presentó en diciembre de 2019 el denominado “Pacto Verde Europeo”, y el 14 de enero de 2020 la Comisión completó esa iniciativa con un plan de financiación que busca movilizar un billón de euros de fondos públicos durante la próxima década (18).

Y próximamente en la puerta de las oficinas de empleo aparecerá un letrero que dirá: “Los que entráis aquí, perded toda esperanza” (Advertencia escrita en el umbral de la puerta de “El Infierno”, en La Divina Comedia de Dante Alighieri).

(1) http://trilateral.org/file.showdirectory
(2) http://www.trilateral.org/download/doc/crisis_of_democracy.pdf
(3) http://crdl.usg.edu/events/watts_riots/
(4) http://www.sociologicamexico.azc.uam.mx
(5) https://www.sinpermiso.info/textos/el-68-japones-una-reaccion-colectiva-al-rapido-crecimiento-economico-en-una-epoca-de-agitacion
(6) https://books.google.es/books/about/Jap%C3%B3n_hoy.html
(7) https://es.qaz.wiki/wiki/1968_movement_in_Pakistan
(8) http://ciencia.unam.mx/contenido/infografia/49/especial-mexico-68-estallido-de-movimientos-sociales-
(9) https://www.cndh.org.mx/noticia/matanza-de-tlatelolco
(10) Comercio Exterior. vol. 32, núm. 8, México, agosto de 1982, pp. 864-875
(11) https://www.europarl.europa.eu/at-your-service/files/be-heard/eurobarometer/2019/post-election-survey-2019-complete-results/executive-summary/es-post-election-survey-2019-executive-summary.pdf
(12) https://www.internazionale.it/notizie/jacopo-ottaviani/2019/05/16/elezioni-europee-astensionismo
(13) https://gbdeclaration.org/la-declaracion-de-great-barrington-sp/
(14) Miguel Ángel Contreras Natera, El proyecto neoconservador y el 11 de septiembre, http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1012-25082008000100005
(15) Bogdan Suchodolski. Pedagogía de l’essència i pedagogía de l’existència. Eumo. 1986
(16) Antonio Valdecantos. El saldo del espíritu, capitalismo, cultura y valores. 2013
(17) http://www.ekaijournal.info/2021/03/la-transicion-ecologica-es-progresista.html
(18) https://www.europarl.europa.eu/news/es/headlines/society/20200109STO69927/un-billon-de-euros-para-financiar-la-transicion-ecologica-en-la-ue

Pepe Rei y ‘Un rey golpe a golpe’. In memoriam

Tuve el enorme privilegio de trabajar con Pepe Rei en lo que sin duda resultó ser lo mejor que he hecho en toda mi vida profesional: Un rey golpe a golpe. Cuando en 2016 salí del armario del pseudónimo con el que lo había publicado, quise recordar cómo se había fraguado el libro e incluí en la nueva versión, que saldría a la luz con mi nombre, estas páginas de profundo agradecimiento a Pepe, que hoy creo justo y necesario recordar:

Fragmento de la Introducción a la actualización de Un rey golpe a golpe, publicada en 2016 por la editorial Akal bajo el título Juan Carlos I. La biografía sin silencios

Pasear con Pepe Rei siempre fue una aventura trepidante. Lo digo tanto en sentido figurado (en lo que se refiere a haber tenido el privilegio de vivir de cerca la historia de Ardi Beltza / Kalegorria), como en el más literal. Desde la caza de brujas contra “el entorno” de ETA de 1997, Pepe se había convertido en toda una figura mediática, con constantes apariciones en los telediarios en primetime: en la Audiencia Nacional, introducido en un furgón policial, saliendo de prisión… Y ciertas calles de Madrid no eran precisamente un hervidero de sus fans. A veces le saludaban muy poco afectuosamente y no era demasiado agradable, la verdad. Por eso, en sus visitas a “la capital del imperio”, Pepe insistía en movernos en coche, a veces incluso para desplazamientos ridículos si atendíamos a la distancia, por cortesía hacia nosotros, por mucho que le aseguráramos que no era necesario.

Recuerdo que, junto con mi compañero, el periodista Andrés Sánchez, circulábamos en coche en uno de esos recorridos absurdos por el centro de Madrid, cuando comenzó a contarnos sus planes para el lanzamiento de Ardi Beltza (oveja negra).

Fue después de su juicio en la Audiencia Nacional, en 1997; después del cierre de Egin, en 1998; después de ser detenido, encarcelado y puesto en libertad, en 1999… Todas actuaciones judiciales -una tras otra, sin tregua- que nunca iban a llegar a buen puerto, fallidas en el intento desde el principio; pero con un daño inmediato indiscutible, y encaminadas más a medio y largo plazo a minar la moral y la paciencia de los más resistentes. Era increíble que después de todo eso Pepe tuviese energías, no ya para continuar, sino para empezar de cero con un proyecto nuevo tan ambicioso y tan difícil. Pero así era Pepe.

Cuando le conocí, hacía poco tiempo que yo había terminado mi frustrante tesis doctoral e intentaba ganarme la vida como reportera free-lancer, con temas de sociedad que a duras penas conseguía que llegasen a las páginas de revistas como Interviu, Tiempo, Tribuna… Mi única válvula de escape, el semanario Artículo 20, estaba a punto de cerrar sus puertas definitivamente, tras una huelga (en la que yo no tomé una parte activa, porque era solo colaboradora) que acabó como el rosario de la aurora (según la empresa editora se llegaron a lanzar huevos al director, José Luis Balbín; y yo no voy a reconocer más…). En ese contexto el discurso de Pepe era una bocanada de aire fresco que me reconciliaba con mi pasión por el periodismo.

A medida que nos iba contando el proyecto, me contagiaba su entusiasmo. Parecía dar especial valor a temas que hubieran rechazado revistas convencionales por cuestiones políticas o de conflicto con las empresas que pagaban la publicidad de las publicaciones… De eso había mucho en los cajones de los periodistas free-lancers en Madrid; e incluso de los que no eran free-lancers, como Andrés, y que estarían dispuestos a pasarlos a Ardi Beltza para publicarlos bajo seudónimo. Hablamos de temas que yo ya tenía en aquel momento listos y por distintos motivos no había podido colocar. Casi todos le parecían interesantes. Pactamos en aquel momento una colaboración estable y comprometida por mi parte, que se iba a mantener todo el tiempo que duró la publicación; aunque siempre bajo seudónimo (sobre todo, para no poner en dificultades con mi firma la inestable estabilidad laboral de mi compañero, Andrés Sánchez, en Interviu: temíamos que sus jefes, que desde hacía tiempo acechaban un motivo procedente para despedirlo, lo fueran a encontrar no ya en su colaboración, que por supuesto también la hubo, sino en la mía, atribuyendo su autoría a los trabajos bajo mi firma).

En la misma sustanciosa conversación, nos contó Pepe cómo pensaba financiar la publicación (que nadie piense mal: tendría que ser sostenida por los propios lectores, distribuyéndose exclusivamente mediante suscripción: quién quisiera leerla tendría que pagar todo el año; en aquel momento estaban en plena campaña de captación de suscriptores, previa al lanzamiento). Y nos habló de la línea editorial que pensaba iniciar en paralelo, incluyendo en el paquete anual de suscripción cuatro libros que, evidentemente, todavía no existían. Todavía no existían y Pepe quería ideas… pero algunas ya las tenía bien pensadas.

Uno de los primeros libros (quizá el segundo o el tercero de la colección, calculaba) habría de ser sobre el rey. Un tema tabú donde los haya, quizá el más tabú de todos. Ese libro quería Pepe que fuera un bombazo y seña de identidad de la publicación. Se trataba de hacer una biografía no autorizada que recogiese lo más destacado sobre el monarca, de la multitud de informaciones que circulaban fragmentadas en un exclusivo boca a boca en los mentideros de la corte, o que dormían el sueño de la censura en los cajones de la conciencia (o de alguna publicación poco audaz). Pepe necesitaba un periodista serio, riguroso, con cabeza, que escribiera bien… Pero tampoco era necesario -nos explicaba- que realizase una gran labor de investigación: sería un trabajo sobre todo de documentación; y Pepe y otros colegas le iban a facilitar el contacto para entrevistas confidenciales a personajes relevantes, y el acceso a diversas fuentes extraoficiales e inéditas. Podría firmar bajo seudónimo y se garantizaba la confidencialidad.

Yo le escuchaba cada vez más inquieta en el asiento delantero del coche, girándome hacia atrás para mirarle y pasando por la mirada escorada de Andrés al volante… Mi compañero definía ciertos aspectos de mi carácter como una pertinaz querencia a saltar en los charcos sin calcular bien los riesgos, y creo que adivinaba lo que quería decir en aquel momento. Era una novata sin apenas experiencia en el mundo del periodismo; pero hacía poco tiempo, como ya dije, que había terminado una frustrante tesis doctoral, precisamente sobre el rey (sobre sus discursos y su repercusión en la prensa, para ser exactos).. Y digo “frustrante” porque la elección del tema se había hecho con toda la intención, pero el resultado de mi trabajo se quedó muy corto en cuanto a capacidad crítica sobre la institución monárquica (mucha lingüística pragmática y poca conclusión política).

Me había pasado varios años leyendo hasta entre líneas todo lo que caía en mis manos sobre la vida y milagros del monarca y la transición española, escudriñando en las hemerotecas las páginas de la prensa que hacían la más mínima referencia al rey, interpretando gestos y analizando campañas mediáticas… Y disponía de unos archivos bien ordenados con una documentación extensa a los que apenas había podido sacar provecho en la redacción de la tesis, con cuyo resultado nunca estuve satisfecha. ¡Yo quería hacer ese libro! Yo prometía ser “seria” y “rigurosa” y poner mis cinco sentidos en ello. Prometía ajustarme al pie de la letra a todos los objetivos del editor, cumplir todos los plazos, dejarme ayudar, aconsejar y criticar todo lo necesario… Yo quería escribir ese libro. De hecho, ya estaba empezando mentalmente a darle vueltas al caldo de ideas y a pensar en cómo deconstruirlo en capítulos, cómo organizar la información…

No sé a dónde nos dirigíamos en aquel coche aquel día, eso no lo recuerdo. Pero sí que, para mi gran alivio, Andrés no puso objeciones al menos en voz alta a mi osadía, planteada con la ansiedad e insistencia de una niña frente a un escaparate de caramelos; incluso apoyó con alguna frase que sí podía ser “seria” y “ rigurosa” y esas cosas… Y Pepe, aunque es cierto que hacía muy poco que nos conocíamos, se lanzó a la piscina de creer en mí, con ese atrevimiento con el que acometía casi todo lo que hacía.

Visto ahora, con la distancia de más de una década, no puedo menos que idealizar un poco aquella etapa, atroz en algunas cosas, apasionante siempre. Hicimos varios libros y un montón de reportajes, en una constante vorágine de actividad. Para coordinarnos, planificar proyectos y, sobre todo, reír juntos del éxito que suponían los ladridos impotentes del poder cuando cabalgábamos, Andrés y yo viajábamos a Euskadi, Pepe bajaba a Madrid, nos llamábamos varias veces al día por teléfono… No parábamos y, todo hay que decirlo, pese a la multitud de dificultades y contratiempos, lo pasábamos en grande. ¡Cuánto aprendí en aquellos paseos con Pepe, por la Concha o por la zona vieja de Compostela o por donde nos pillase! No solo de periodismo, sino sobre todo de actitudes ante la vida, en la lucha, inasequibles al desaliento.

Ardi Beltza vio la luz por primera vez en enero de 2000 y tuvo una intensa y corta vida de poco más de un año, en el que se convirtió en la segunda revista vasca de información general. Durante sus primeros meses se fue pergeñando el libro del rey, en un ritmo de trabajo casi relajado al principio. Recopilaba información nueva, hacía entrevistas…. y pensaba, en interminables conversaciones con Andrés, en la forma y estructura que había que darle. Cuando se acercaba el otoño, hubo que pegar un extraordinario y estresante acelerón para cumplir con el plazo que nos habíamos propuesto. Pero las ideas sobre lo que había que decir estaban ya tan claras que la redacción salía del tirón, casi sin esfuerzo, como si estuviera ya escrito de antemano. Sin tiempo ya ni para que Andrés pudiera leerlo, aunque su colaboración había sido extraordinaria en toda la fase previa, yo le iba entregando el texto capítulo a capítulo a Pepe por correo electrónico, y él lo revisaba y lo enviaba a imprenta, directamente, con plena confianza. Me llamaba cada noche para comentar algunos cambios y correcciones que había hecho, pero se le notaba satisfecho con el trabajo.

Lo último que envié fue el rebuscado seudónimo que enmascararía mi nombre, y la biografía para la solapa:

La autora: Patricia Sverlo

Este libro no podría ser obra, evidentemente, de un monárquico, y, en efecto, Patricia Sverlo no lo es. Su formación en el campo del periodismo, en gran medida autodidacta, se ha centrado en lo que considera tres herramientas básicas: aprender a escuchar, observar y leer entre líneas; a expresarse sin autocensura; y a reconocer para quién se trabaja; es decir, el lado de la Historia desde el que se escribe. En cuanto a sus obras, las que ha hecho más a gusto, nunca pudo firmarlas, por lo que su curriculum oficial carece aquí de mayor interés. El presente libro es otra de las que quedarán fuera de él. Como la realidad manda, la editorial Ardi Beltza ha aceptado la responsabilidad, ya que en las actuales circunstancias políticas un proyecto de estas características es inasumible individualmente por nadie. El seudónimo Patricia Sverlo, más que a una persona, representa un “estado de situación” que, esperamos, cambie en el futuro.

No diré que estábamos “asustados”, pero sí en estado de alerta, desasosegados, cautelosos en nuestro bullebulle… No sabíamos qué iba a pasar, nunca se había publicado nada así, ni parecido… Cuando entregué las últimas páginas llevaba meses encerrada escribiendo, sin apenas salir de casa ni hacer vida social en absoluto, en una burbuja de concentración y expectación extraña. Me marché con Andrés al día siguiente a un viaje cuyo destino decidimos en el momento en una agencia de viajes, casi al azar, a lo más distante y exótico que permitía nuestro presupuesto: Sri Lanka, que en aquellos momentos estaba en Estado de excepción por el conflicto con los independentistas tamiles del norte (con Andrés los viajes nunca eran turísticos). No sabíamos si al regreso nos íbamos a encontrar el libro secuestrado, a Pepe Rei en la cárcel, una orden de busca y captura contra el autor… Hubiera deseado que el viaje durase mucho más, que a nuestro regreso ya hubieran pasado meses desde la publicación y ya se hubiese calmado cualquier temporal que hubiera podido provocar… Pero cuando llegamos todo estaba tranquilo, en una calma chicha todavía.

Un rey golpe a golpe salió a la venta a tiempo para la feria del libro de Durango y esa fue su verdadera presentación en sociedad, más que la distribución a los 12.000 suscriptores de Ardi Beltza por correo. Fue toda una satisfacción oír cómo batía récords de ventas día tras día, y las cariñosas quejas de Pepe Rei porque le dolía la mano de tanto firmar ejemplares de un libro que no había escrito él. La acogida fue extraordinaria; y, como autora, disfrutaba enormemente escuchando los comentarios llenos de entusiasmo de personas que no tenían ni idea de mi autoría. En seguida Pepe comenzó a lanzar nuevas ediciones, con unas tiradas impresionantes que sin embargo se vendían rápidamente.

Y eso que su presentación fue prohibida en distintos medios, y que las publicaciones se negaban a publicar siquiera el anuncio -pagado- en sus páginas. Muchos libreros, cubriéndole la espalda al monarca, no querían venderlo. En Madrid, solo algunas librerías pequeñas y alternativas lo distribuyeron. El Corte Inglés se negó en rotundo, y eso que la distribuidora ya había abierto esa vía comercial, muy astutamente, antes, con el libro sobre el programa “Gran hermano” (que, por cierto, a otra escala, también había tenido muy buenas ventas, y el Corte Inglés lo sabe bien). La Casa del Libro atendía por encargo las peticiones de la clientela, por debajo del mostrador, con los ejemplares escondidos en un cajón muy lejos de los expositores. Aun así, Un rey golpe a golpe se vendía como rosquillas, por más que ninguna de las revistas especializadas en novedades editoriales y listas de ventas hicieran referencia alguna jamás.

A casi nadie nos quedaron dudas de que el libro fue una de las razones -aunque hubo otras: el trabajo en la redacción de Ardi Beltza era muy intenso- por la que la revista fue ilegalizada, si bien nunca se la mencionó como tal en el sumario judicial ni en las noticias de la prensa. El 19 de enero de 2001, el superjuez Baltasar Garzón ordenó la enésima detención de Pepe Rei, que se produjo en la redacción de Orereta. Tampoco quedaron claros los motivos, pero la sombra de Un rey golpe a golpe revoloteaba por ahí. Estaría encarcelado 145 días en Alcalá-Meco, secuestrado por el Estado, hasta que un auto de la Sala Cuarta de la propia Audiencia Nacional contra las tesis de Garzón ordenó su libertad, el 13 de junio de 2001.

La ilegalización de Ardi Beltza no sirvió de mucho: nació Kalegorria (calle roja) en mayo de 2001, y Un rey golpe a golpe volvió a publicarse a cargo de Miatzen, la editora de la revista, domiciliada en el Estado francés para mayor seguridad. Se siguió vendiendo a buen ritmo y además se tradujo al catalán, aunque la campaña en su contra también continuó, por supuesto.

Incluso se persiguió su derecho a estar en una biblioteca pública: ABC denunciaba el 22 de enero de 2001, como si fuera un gran escándalo, que organismos como la Diputación de Guipúzcoa y el Ayuntamiento de Bilbao dispusieran de ejemplares en sus respectivas bibliotecas. Y aunque se donaron ejemplares a muchas otras, como la Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela, no llegó a figurar en sus catálogos. El Mundo, por su parte, difundía en grandes titulares (el 3 de marzo de 2002) las críticas del PP a un supuesto apoyo institucional al libro en Baleares, porque se había consentido que la edición catalana fuera presentada en el marco de la XIII edición de la Setmana del Llibre en Català, organizada por el Gremi de Llibreters, en colaboración con el Govern Balear y el Consell de Mallorca; y eso que reconocían en el mismo artículo que Un rei cop per cop, presentado apenas unos días antes, estaba ya agotado, lo que corroboraba que existía una demanda importante de la obra que justificaba la traducción que se había hecho de ella (de hecho, en el mes de noviembre se situaba en el lugar número 15 de la lista de los 25 más vendidos en Cataluña).

Repito que es difícil no idealizar aquella época, llena de pequeñas y grandes satisfacciones, aunque fueran de esas que no sirven en absoluto para escalar puestos ni “triunfar”, en el sentido más convencional que la sociedad suele darle al término. Una etapa llena de sueños y proyectos que veías crecer poco a poco e ir tomando cuerpo. Recuerdo que a comienzos de 2002 ya se había puesto en marcha la versión digital y la incipiente actividad audiovisual de Kalegorria, con la producción de dos documentales. Preparábamos un tercero basado en el libro, y yo trabajaba en el guion al tiempo que comenzaba a recoger información para una especie de segunda parte en papel, que estaría centrada en la figura del príncipe Felipe. En aquella época mi actividad laboral ya se desarrollaba en exclusiva en la empresa Kalegorria, aunque desde la distancia de Madrid y sin que mi nombre apareciese por ningún lado.

Y, entonces, pasó lo que pasó. En agosto de 2002 Pepe Rei sufrió un accidente de circulación en la variante de Donosti, con el resultado de una grave lesión cerebral. Las secuelas que ha dejado le han impedido poder seguir dedicándose a su pasión: el periodismo de investigación. Su gran proyecto quedó huérfano y, aunque Kalegorria todavía se mantuvo en pie durante un tiempo, acabó resintiéndose irremediablemente de la pérdida y las dificultades económicas terminaron por devorarla.

Nunca podré llegar a expresar todo lo que he echado de menos a Pepe, tanto profesional como personalmente estos años, si bien hemos mantenido un contacto limitado pero profundamente afectivo siempre, al amparo de su admirable compañera Miren, entrañable amiga para mí. En lo profesional he de reconocer que el mundo se me vino abajo. Después de todo lo que habíamos vivido, me resultaba imposible volver a hacer “reportajillos” -cada vez peor pagados, además- para semanarios convencionales sobre temas estúpidos. Hay caminos que tienen muy difícil vuelta atrás. Y en poco más de un año decidí que, como eso de comer todos los días y llegar a fin de mes era a pesar de todo imprescindible, habría que buscar una solución.

Desde 2004 intenté compaginar la actividad periodística en medios alternativos (nada rentables en lo económico, aunque sí en cuanto a los compromisos éticos adquiridos con el oficio) con mi trabajo como profesora de secundaria de Lengua y Literatura (en un instituto de Entrevías, en Madrid, que también tiene su reto). Y en 2006, alentada por alguna que otra oferta editorial, acometí por primera vez la revisión del libro, que ya estaba descatalogado pero seguía difundiéndose y comentándose en Internet. Pasaba el verano en Cedeira (Galicia), al borde del mar, ordenador en ristre y chaqueta gruesa al hombro para defenderme del viento nordés, cuando llegó otro terrible mazazo: la muerte de mi compañero Andrés Sánchez, repentina y fulminante.

Se podrá comprender que quedara noqueada un tiempo, sin ánimo para volver sobre el tema. Publiqué desde entonces, eso sí, algunas cosas sueltas que iban saliendo al paso, en El otro país (sobre las cacerías del rey y sobre la muerte de la hermana de Letizia Ortiz), y en Diagonal (una entrevista con Martínez Inglés, algunos apuntes sobre los negocios en Mallorca de Urdangarin y compañía…); pero poca cosa. Y solo ahora he tenido el valor de retomar una tarea que, cuanto más tiempo pasa, más urgente se hace pero también más difícil. Han pasado más de 15 años desde la primera edición y hay cada vez más cosas que actualizar.

Condenar la violencia es como condenar la ley de la gravedad

Por inútil y absurdo. Otra cosa es hacer apología de la violencia por la violencia sin más, sin un objetivo, lo que ya entra en terrenos psicológicos y pliegues psicoanalíticos, que no responden a ninguna problemática social y/o política, siendo, por tanto, extrasocial. Yo puedo estar a favor de la lucha armada en según y bajo qué circunstancias fruto de un análisis de una situación concreta que la práctica dictaminará lo acertado o erróneo de su adopción. Pero jamás postular una violencia gratis ni deportiva propia de enfermos.

Esta mañana un redomado fascista como el locutor de la emisora de los curas, la COPE, Carlos Herrera, ha echado por tierra aquel sobadísimo latiguillo que decía “condeno la violencia venga de donde venga”. Lo hacía, por supuesto, para condenar la violencia callejera por la libertad de expresión y la excarcelación de Pablo Hasel y, de paso, arrear un pescozón a Podemos por, según él, “justificar” o animar a esa violencia, algo que, cualquiera que tenga un mínimo de sentido común sabe que no es cierto, que es mentira. “Esta gentuza (se pasa la mañana insultando) condena la violencia, sí, pero no la suya”, venía a decir (22-2-2021). No concluye, como sería lo lógico, que él condena la lucha (violencia) callejera, pero NO la violencia policial. Y no lo hace porque no es un lerdo, aunque se lo pida el cuerpo, y recuerde que el monopolio de la violencia, del reparto de ostias, lo tiene el Estado y sus esbirros. Del derecho de resistencia ni hablará porque ni sabe qué es eso. Un derecho que está recogido en Constituciones universales, mientras que el monopolio de la violencia no está recogido en ninguna, que se sepa. El slogan de “venga de donde venga” les venía bien a esta “intelectualidad” áulica para situarse por encima del bien y del mal a los que nunca han roto un plato, a los “demócratas”, pero la determinación en la pelea de los resistentes ha obligado a, por si hacía falta, desenmascararse todavía más a estos fachas. Ya no podrán esgrimir ese mito, en el que nunca creyeron, por otra parte, y se tendrán que decantar, ya lo están haciendo en las televisiones, por bendecir la represión pura y dura, que es lo que les pone.

La violencia, decía Marx, es la partera de la Historia. Y la lucha de clases supone que exista. De nada sirve lamentarse de su existencia, como hace un pacifismo pánfilo, pues la misma surge de la contradicción entre unas relaciones de producción y unas fuerzas productivas injustas y desajustadas, y no precisamente armonizadas. Si a ello -a la crisis económica permanente- añadimos el pisoteo de unos derechos políticos como la libertad de expresión y el encarcelamiento de quienes no más lo ejercen, tenemos un conflicto que puede derivar en lo que estamos viendo estos días, esto es, en la manifestación y resistencia de quienes se consideran oprimidos y se muestran solidarios con quien ha sido reprimido, ¿hay acto más noble que esto? Y se emplea la violencia, sí, como único recurso que se deja para hacerse oír. Porque, de otro modo, ni puto caso.

La violencia, pues, tiene sus razones y sus causas. Nunca es gratuita. Simplemente hay que diferenciarla, como Lenin habló de “guerras justas” y “guerras injustas”, y antes que él clérigos españoles bajomedievales. La violencia ciega, a la que nos quiere acostumbrar el celuloide yanki, no va a ninguna parte. La violencia con sentido, la lucha, sí. O esa pretensión hay. Otra cosa es el desenlace de una acción-reacción que, sin quedarse sólo en este automatismo, tiene claro unos objetivos políticos. Entonces, tarde o temprano, la fruta caerá de madura. Ya ven que no hemos hablado de la pandemia para nada. No ha hecho falta.

Un ejemplo de sindicalismo traidor: el caso del sindicato mexicano de maestros

Los maestros que ingresamos al servicio las tres últimas décadas del siglo XX pasamos a formar parte del SNTE el mismo día que nos convertimos en empleados de la Secretaría de Educación Pública, en automático y sin pedirnos opinión entramos por la puerta grande al “Sindicato más grande de América Latina”.

Sin conocer las escuelas donde íbamos a trabajar, sin recibir indicaciones sobre las responsabilidades inherentes al trabajo o información acerca de los misterios del campo profesional, se nos explicaban nuestras obligaciones gremiales en voz de connotados dirigentes: disciplina, fidelidad y obediencia, eran en aquel tiempo los atributos del buen maestro según los mandamientos que recitaban los catequistas sindicales.

La lealtad al SNTE tuvo más valor que las capacidades profesionales, los saberes sobre el trabajo docente ocuparon una importancia subalterna al lado de los compromisos políticos; un maestro podía alcanzar ascensos en la carrera laboral acatando ciegamente las disposiciones de sus líderes, los aportes a la educación eran lo de menos, resultaba común ver a maestros altamente competentes y responsables acosados como reprimenda por lo que las burocracias consideraban desacatos.

Eran tiempos dorados para el sindicalismo corporativo, aquellos en que el Estado Bonapartista usaba las organizaciones creadas bajo su tutela como correas transmisoras de políticas públicas. El SNTE fue paradigmático por su articulación simbiótica con los gobiernos, desde su fundación fueron confusos los linderos entre ambos; las autoridades metían la mano en las decisiones sindicales y los caudillos del gremio se apoltronan en infinidad de instancias gubernamentales, ese matrimonio es moralmente insostenible, pero como unión de conveniencia ha sobrevivido a lo largo de casi ochenta años.

El Estado mexicano cuenta con variados dispositivos de sujeción y el SNTE ha sido pieza clave de la maquinaria de control social porque los maestros despliegan su actividad en un ámbito estratégico para la reproducción: el campo educativo. Los aparatos de control contribuyen al mantenimiento de la hegemonía usando la violencia o generando consenso, los dirigentes del sindicato de maestros fueron útiles para aglutinanar clientelas, lo hicieron convenciendo o recurriendo a la violencia en sus más variadas formas.

En aquel tiempo el trabajo de bandas sindicaleras mercenarias, el aparato ideológico, la industria cultural y las campañas propagandísticas profusamente difundidas reducían los resquicios para la libertad de pensamiento en el SNTE, además, cuando los mecanismos de sumisión sufrían amenazas, los gobiernos en contuberno con las representaciones, echaban mano del aparato político-jurídico o del poder policiaco; esos estuvieron disponibles para sofocar reclamos libertarios, en los años 40’s del pasado siglo, durante la gesta magisterial de 1959, en todas las coyunturas de insurgencia enseñaron los colmillos a los profesores que desafiaron el control.

El amasiato sindicato-gobiernos auspició grupos de dirigentes poseedores de enorme poder, el sostenimiento de la quietud fue el precio a pagar. Cada gobernante procreó sus preferidos y bajo la protección del régimen se engendraron gavillas autoritarias; la presencia de caciques y caudillos hicieron del sindicato de profesores una organización peculiar, sin cortapisas los líderes se dedicaron a negociar y pactar a espaldas de las bases sus demandas y expectativas a negociar y pactar a espaldas de las bases, actuar como cómplices de los patrones y del gobierno y de sus políticas, comprar canonjías o dejarse seducir por el poder y los cargos, vender o regalar plazas y traicionar a sus representados

“Vanguardia Revolucionaria” fue un grupo mafioso memorable que se apoderó violentamente de la dirección del SNTE al principio de los años 70’s, su hegemonía se mantuvo hasta 1989. Entonces la voluntad de Carlos Jongitud Barrios, el “líder vitalicio” de todos los maestros fue incontrovertible. Jongitud fue el gran timonel del charrismo en el SNTE pero nunca gobernó solo, como los virreyes novohispanos encomendaba la protección, la educación e ideologización de grupos de maestros a sus seguidores fanáticos. En muchos estados emergieron caudillos inamovibles como Liberato Montenegro en Nayarit, Juan Nicolás Calleja en Veracruz, Antonio Jaimes Aguilar en Michoacán.

“Vanguardia“ tuvo a su disposición un ejército de agentes diseminados por el país que trabajaban como vigilantes de la paz sindical. Los vanguardistas en posesión de puestos estratégicos de la Secretaría de Educación Pública sin ningún obstáculo manosearon las promociones laborales, cambios de zona, de escuela, de estado. Plazas, Direcciones, Supervisiones, Jefaturas de Sector fueron asignadas discrecionalmente, utilizadas como premios a la disciplina, como pagos por servicios políticos y obviamente decididos al margen de la antigüedad, la formación, la experiencia o la capacidad de los trabajadores.

Autoridades sindicales y oficiales actuaban en contubernio. Mantener quieta la base trabajadora fue su función, para eso los primeros olvidaron la defensa de los derechos, los segundos el cuidado de la educación; el aparato administrativo de la Secretaría de Educación Pública operaba como soporte del charrismo, ante su cuerpo de vigilantes todo viso de desobediencia fue razón suficiente para negar derechos y para dejar a los maestros expuestos a todo tipo de vejaciones y arbitrariedades.

Los trabajadores estaban obligados a cuidarse de la mínima expresión de indisciplina, el sistema persecutorio era eficaz, toda desviación conllevaba el riesgo de perder el trabajo, el destierro a “zonas de castigo” o el veto para cambios y promociones; las humillaciones y el despojo de lo que a cada quien correspondía, todos esos actos deleznables fueron práctica común en aquellas circunstancias vergonzantes.

Las cúpulas sindicales fueron funcionales a los gobiernos autoritarios a lo largo del período en que el Partido de Estado dominó la escena política nacional. Se podía vivir con tranquilidad mostrando el carnet de afiliación “al Partido de la Revolución”, recibiendo candidatos en escuelas inundadas de niños al borde de la insolación, entregando peticiones, cooperando para los comelitones, lanzando cohetes y recitando discursos; por temor, conveniencia o ausencia de principios muchos maestros asumieron con felicidad real o aparente la ignominia. El miedo a convertirse en objetos de la represión los mantuvo alejados de los esfuerzos democratizadores, sabían que el aparato de control era despiadado, para evadirlo a muchos les sirvió la indigencia moral.

El grueso del magisterio se mantuvo inmóvil, pero la cobija del clientelismo no alcanzaba para todos, la base se alimentaba de amenazas y esperanzas mientras que los artífices de la tranquilidad recibían buen pago por sus servicios. Estar en el lado correcto siempre tuvo ventajas, los fieles al statu quo podían alcanzar ascensos vertiginosos en la pirámide laboral, asemás, los vínculos con los depositarios del poder ponían a su alcance posiciones políticas, todo eso agudizó las tensiones en el SNTE e hizo odiosas a las dirigencias ante los ojos de gran parte de la base trabajadora.

Los jefes se quedaban con los mejores créditos, con viviendas, con los más cotizados espacios de trabajo. Recurriendo a infinidad de artimañas como el cobro por la realización de trámites, por asignación de plazas, cambios, promociones, se expoliaba sin recato a los maestros. De esa forma la crema y nata de la casta sindical amasó fortunas insultantes frente la humilde vida de la inmensa mayoría de los profesores.

Trocados todos los derechos, la movilidad laboral y la dignificación de la vida resultaban imposibles sin influencias. Se hacía pensar que tenía trabajo gracias al sindicato, que se ascendía gracias a las palancas, que una casa de interés social no podía tenerse sin el favor de los del sindicato. Los favores se pagaban con fidelidad, así que los caciques contaron con bandas de incondicionales que los defendían con gritos irracionales en asambleas, con porras, cánticos y golpes en los Congresos Seccionales, las huestes estaban disponibles para promover jefes cuando eran postulados a puestos de elección popular.

Por supuesto que en aquel modelo de sindicalismo había jerarquías, niveles, grados y clases. El arribismo lo último que puede generar es equidad, si nace y se nutre del mundo de las desigualdades sólo puede engendrar más disparidad. El charrismo de bajo perfil cosechaba minucias, los peces gordos sacaban mejores tajadas al Estado corporativo.

A lo largo de toda la belle époque el sindicato de maestros era invitado al festival del pasteleo del poder. Siempre tenía sus cuotas en el gobierno, entonces los profesores tuvimos el “honroso privilego” de que buena cantidad de compañeros accedieran a una presidencia municipal, una diputación, una senaduría, una gubernatura, a Secretarías de Estado y otras canonjías entregadas a cambio del sostenimiento de la paz en el magisterio.

Pero el “mundo feliz” no tuvo lugar para tantos, ahí estaban los notables. La vida cotidiana de los maestros era de humildad, de estrecheces, de tribulaciones laborales y humillación profesional. La defensa del salario, la mejora laboral, el reconocimiento de los saberes y el desarrollo de los maestros quedaron en el olvido, a expensas de la voluntad de los gobiernos. Las dádivas de cada quince de mayo se festinaban como logros y conquistas, pero se recibía lo que el poder determinaba porque no se conoce en la historia del SNTE una pelea colectiva para defender derechos, se sabe -eso sí-, de acciones de contención y esquirolaje a los esfuerzos combativos construidos contra la voluntad de los liderazgos.

Siendo el proceso de acumulación capitalista dinámico y cambiante, llegó un momento en el que para sus necesidades el Estado de Bienestar se convirtió en lastre. Fueron apareciendo entonces nuevas formas de gobernanza y se impusieron doctrinas económicas que consideraron pecaminosas las dádivas, se cerró la llave del huachicleo sindical y se inciaron las turbulencias que a la postre mandarían al basurero de la historia al modelo clientelar.

El advenimiento del neoliberalismo trajo nuevas ideas, modificó la envoltura de las relaciones políticas y en el plano de la cultura se planteó transformar a los sujetos en un capital humano que debe darse valor compitiendo contra todo. La nueva religión tuvo un fuerte reflejo en el campo educativo y fracturó los principios que nutrían la relación corporativa, la supervivencia del charrismo implicó su adaptación a las exigencias neoliberales.

En el capitalismo de última generación del SNTE solo queda el nombre, por la vía de los hechos ha sido desplazado como protagonista en la relación capital-trabajo. Pero las mafias siguen ahí, expoliando cuotas, medrando con recursos públicos, negociando canonjías, corrompiendo y coptando politiqueros ambiciosos que nunca faltan; el charrismo persiste, ahora como rémora que parasita las cuotas sindicales y los recursos públicos.

El Estado neoliberal le negó la intromisión en las relaciones laborales pero le ha puesto nuevo antifaz para que siga sirviendo de muro de contención contra los esfuerzos organizativos de la base trabajadora, el charrismo absolutamente inútil al magisterio en sus reivindicaciones frente al patrón, pero sigue ahí traicionero y corrupto.

Ya intentaremos caracterizar el SNTE reciclado, mientras nos toca a los profesores impedir que la flama de la libertad se extinga porque de eso depende la preservación de derechos y la transformación del mundo del trabajo.

https://ljz.mx/2021/01/09/bosquejo-para-un-cuadro-del-sindicalismo-traidor/

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