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A pesar del parón los accidentes laborales mortales crecieron en Pontevedra por un ‘efecto coronavirus’

La estadística sobre siniestralidad laboral en Galicia deja un panorama negro por el repunte significativo de los accidentes con resultado mortal. Preocupa especialmente el repunte en el periodo que abarca el estado de alarma -desde mediados de marzo hasta mediados de junio- con el siguiente resultado: 12 muertes en la comunidad, un 50 por ciento más que un año antes.

En el caso de la provincia de Pontevedra la Consellería de Emprego contabiliza dos en ese período, pero habría que sumar varios más ocurridos en las últimas semanas en Vigo y su área y que dejan un total de cuatro accidentes mortales sólo entre junio y julio. Galicia ya partía de una situación muy negativa, finalizó 2019 como cabecera absoluta en España en accidentes graves, que son la antesala de los mortales.

Los sindicatos apuntan a la incertidumbre generada por la pandemia como un factor desencadenante de accidentes en el puesto de trabajo que pueden causar despistes, ansiedad y estrés, así como el desánimo que acusan muchos trabajadores por la crisis sanitaria y económica. “No podemos despistarnos de los riesgos psicológicos que está causando el Covid, pero la siniestralidad laboral es un problema muy grave que ya teníamos y ahora aflora”, apunta Roi Fernández, secretario de salud laboral de CC OO.

En los cinco primeros meses del año la siniestralidad laboral en Galicia descendió un 26,8 por ciento con un total de 8.682 accidentes, y una  bajada de los leves y los graves, mientras que los mortales se mantuvieron igual que en el mismo periodo del año pasado, 19 casos, la gran mayoría en el sector servicios y la industria. En la provincia de Pontevedra los accidentes con resultado mortal aumentaron pasando de 4 a 6 hasta mayo. Los de junio y julio de la comarca de Vigo fueron en la industria naval, automoción y transporte.

El primer trimestre del año ya arrojaba muy malos datos con un repunte de accidente mortales en la provincia de Pontevedra pasando de 2 el año pasado a 5 éste y también los graves que crecieron en la industria, pesca y construcción. Entre las causas de los fallecimientos en el trabajo, la estadística revela que infartos y patologías no traumáticas están detrás de la mayor parte de los episodios mortales, junto con choques o golpes con objetos en movimiento, aplastamiento o amputación y ahogamiento y sepultamiento.

https://www.atlantico.net/articulo/economia/accidentes-laborales-mortales-crecen-provincia-pese-paron/20200802011745788195.html

Si no protestamos la pesadilla de la pandemia no acabará nunca

Ni brotes, ni rebrotes, ni repuntes, ni mascarillas. Ayer Berlín celebró con una gigantesca manifestación de protesta el fin de la pesadilla iniciada por el gobierno de Angela Merkel con el pretexto de la pandemia.

Al final la policía intervino y cargó contra los últimos manifestantes. Los organizadores han sido denunciados porque los participantes no llevaban mascarillas, ni guardaron la debida distancia social.

Las cifras de participantes en la protesta son las mismas que las de la pandemia. Hay mucho para elegir. Según la policía fueron 17.000 y según los organizadores fueron 1.300.000. Como ven la diferencia es de casi cien veces, pero las fotos no dejan lugar a dudas de que ha sido la más importante de los últimos años.

El tratamiento de los medios, sobre todo fuera de Alemania, ha sido el silencio y, cuando no ha sido posible, la intoxicación habitual: conspiranoicos, negacionistas, extrema derecha e incluso “populistas”.

Lo mismo asegura la socialdemocracia, el reformismo y la izquierda domesticada, convertidos en los más fieles defensores de la ley marcial, lo mismo que en España.

No obstante, las pancartas y los gritos de los manifestantes tampoco dejan lugar a dudas. “El virus de la libertad ha llegado a Berlín”, era una de las consignas. “Somos la segunda ola”, decían otros. Muchos se centraban en las mascarillas: “Nos obligan a llevar bozal”.

Lo mismo que en España, el gobierno y sus “expertos” de pacotilla no paran de alarmar a la población con los “repuntes”, mientras en la calle hay quien no se lo traga y opina de manera muy diferente: los rebrotes son un humo muy poco espeso. “Falsa alarma”, era otra de las consignas más coreadas.

La policía recurrió a los megáfonos para instar a los participantes a respetar la “distancia social” y a llevar bozal, sin ningún éxito.

En Alemania el número de muertes que se atribuyen al coronavirus, 9.150 personas, es especialmente insignificante en relación a otros, como España. El rendimiento político obtenido de la misma es, pues, muy grande. Ahora tratan de estirarlo lo más posible con los fantasmagóricos “rebrotes” y las declaraciones constantes de los “expertos” en las cadenas de televisión.

La obligación de llevar mascarillas sólo alcanza al transporte público y a los comercios.

 
Más información:
– Dossier coronavirus
– Berlín acogerá a medio millón de manifestantes este fin de semana para celebrar el fin de la pandemia

‘No somos esclavas’: huelgas de trabajadoras en las maquilas de todo el mundo

Josefina Martínez

Desde los suburbios empobrecidos de la península indochina hasta las barriadas obreras de Ciudad Juárez, capital del feminicidio y la maquila mundial, ¿qué experiencias comunes unen las vidas de las trabajadoras precarias a un lado y otro del mundo? ¿Qué rebeliones y resistencias dan forma a una nueva clase obrera global, feminizada y racializada, que produce para grandes emporios capitalistas?

La historia de Soy Sros me pareció tan increíble que necesité leerla varias veces y tuve que comprobar la información en distintas fuentes. La joven camboyana trabaja en la fábrica Superl, que confecciona carteras de lujo para marcas como Michael Kors, Jimmy Choo o Versace. El 31 de marzo, al conocerse el despido de un centenar de trabajadoras, Soy Sros cogió su teléfono y publicó el siguiente mensaje en Facebook: “Superl está incumpliendo las instrucciones de Hun Sen, el primer ministro del Gobierno camboyano. Ha rescindido los contratos de las trabajadoras de la fábrica, incluyendo una trabajadora embarazada, alegando la falta de materia prima debido a la covid-19”. El revuelo generado obligó a la empresa a dar marcha atrás con los despidos el mismo 1 de abril y a continuación Soy Sros borró el post de sus redes sociales. Pero la cosa no terminó allí. Dos días después, la trabajadora fue detenida por la policía, acusada por la empresa de “incitar disturbios sociales”, “difamar” y “difundir fake news”. Estuvo 55 días en una celda de 10×20 metros, hacinada con otras 70 prisioneras, sin condiciones de higiene, en medio de la pandemia. Eran tantas mujeres amontonadas allí, que no podían recostarse al mismo tiempo para descansar, debían hacerlo por turnos. Soy Sros tuvo febrícula varias veces, pero no recibió asistencia sanitaria. Dice que la ayudaron otras presas, que compartieron medicinas con ella.

Madre soltera de dos hijos, Soy Sros es referente del Sindicato Colectivo del Movimiento de Trabajadores (CUMW) de Camboya e intenta organizar a sus compañeras contra un sistema laboral basado en la precariedad y los abusos patronales. Superl Leatherware Manufacturing es un emporio textil creado en 2012, que emplea a 18.000 trabajadores y trabajadoras en sus plantas de China, Filipinas y Camboya, para la exportación a Europa y Estados Unidos. A unos metros de la Gran Vía de Madrid, en una tienda de Michael Kors, se puede comprar un pequeño bolso de piel con logotipo de la marca y tiras decorativas por 365 euros. Es más que lo que cobran mensualmente las compañeras de Soy Sros.

Se calcula que hay entre 40 y 60 millones de trabajadoras y trabajadores en la industria textil de exportación a nivel global. Son empresas especializadas en subcontratar grandes talleres con mano de obra barata en países pobres que fabrican ropa para marcas conocidas. La mayoría de las ocupadas en la industria textil son mujeres –esto es algo que se mantiene desde los orígenes del capitalismo–, y, en muchos casos, son ellas la principal fuente de ingresos en sus hogares. Largas jornadas laborales, bajos salarios y escasa mecanización; es la despiadada extracción de plusvalía absoluta, el verdadero secreto detrás de los grandes emporios de la moda.

La pandemia hizo colapsar en pocos días las cadenas internacionales de suministros, descargando la crisis con especial virulencia sobre las trabajadoras del sur global. De un lado, el freno de las exportaciones chinas impidió la llegada de materias primas a numerosos países. A su vez, grandes marcas europeas y norteamericanas suspendieron las órdenes de compra, dejando muy tocadas a las empresas proveedoras, cuando no al borde de la quiebra. Como resultado, cientos de miles de trabajadoras fueron despedidas o perdieron sus jornales en las maquilas de Bangladesh, Vietnam, Camboya, México o Centroamérica.

“No somos esclavas”

En medio de esta catástrofe, se está desarrollando una dura lucha de clases: las empresas aprovechan la excusa de la covid para barrer las nuevas organizaciones sindicales, y las trabajadoras están respondiendo con huelgas, concentraciones y protestas.

En mayo, 300 trabajadoras de la fábrica Rui-Ning de Myanmar fueron despedidas, poco después de haber registrado un sindicato. Un caso similar se vivió en la fábrica Huabo Times, donde 100 trabajadoras y trabajadores fueron enviados a la calle después de formar una organización sindical. Estas fábricas birmanas producen ropa para marcas como Zara y Primark. Las trabajadoras escribieron una carta al dueño de Inditex, exigiendo la readmisión y denunciando las condiciones laborales: “Cuando comenzó la pandemia, muchos trabajadores como nosotros continuaron fabricando su ropa, incluso cuando la dirección de la fábrica inicialmente no nos concedió medidas de seguridad como mascarillas y distanciamiento social para protegernos a nosotros y a nuestras familias de la covid-19. Ahora, la dirección ha aprovechado la crisis mundial como una oportunidad para destruir nuestros sindicatos, despidiendo masivamente a los afiliados”.

Amancio Ortega acumula una fortuna personal de 62 mil millones de euros y se encuentra en el podio de los 10 hombres más ricos del mundo. Pero poco se dice acerca de las bases de su fortuna, ese trabajo en condiciones semi esclavas. La buena noticia es que, después de varias semanas de concentrarse en las puertas de la fábrica y apoyadas por una campaña internacional de solidaridad, las trabajadoras de Rui-Ning lograron que las reincorporaran a sus puestos de trabajo.

En otra fábrica, que confecciona bolsos para los ordenadores Dell, las trabajadoras mantuvieron un piquete de huelga durante varios días. En sus redes sociales, compartieron un mensaje muy claro: “Nosotras hacemos vuestros bolsos en Myanmar. Hemos tratado de organizar un sindicato para pedir protección ante la covid-19 y hemos sido inmediatamente despedidas. No somos esclavas”.

Andrew Tillett-Saks es organizador sindical y vive en Myanmar. Conversamos sobre este proceso, tras intercambiar algunas opiniones en las redes sociales. Para él estas protestas han empezado a lograr algunos frutos: “Las trabajadoras de la fábrica de Rui-Ning ganaron la reincorporación y derrotaron al consorcio patronal con dos armas: acciones directas del sindicato dentro de la fábrica, y la solidaridad de otras organizaciones de trabajadores a nivel internacional”. El internacionalismo en este caso es algo muy concreto: “Dado que la producción y los mercados capitalistas son tan globales ahora, los trabajadores y sus luchas deben serlo también si quieren tener alguna oportunidad. En la industria de la confección, por ejemplo, los trabajadores producen en un país, el propietario de la fábrica suele tener su sede en un segundo país, y las marcas y los consumidores suelen tener su sede en un tercer país. Sin solidaridad y coordinación internacional se hace muy difícil ganar las luchas de los trabajadores”.

Los nudos que enlazan patriarcado, racismo y explotación laboral son el entramado del modelo capitalista en la industria maquiladora. “El capital utiliza el racismo tanto para facilitar la sobreexplotación de ciertos segmentos de la clase trabajadora, como políticamente para dividir a los trabajadores entre sí, y vemos ambas cosas en la industria de la confección”, asegura Tillett-Saks.

Lo novedoso es que todo indica que estamos ante una importante ola de conflictividad laboral, protagonizada por miles de trabajadoras en condiciones muy duras. Luchas que nos recuerdan a aquellas de principios del siglo XX, cuando las obreras organizaban huelgas salvajes en los centros del capitalismo mundial. Desde el terreno, Tillett-Saks nos confirma esta intuición:

“En los últimos dos años, el sector manufacturero de Myanmar ha experimentado una enorme oleada de huelgas. Casi el 90% de las trabajadoras son mujeres jóvenes, de entre 18 y 25 años, y casi todas las huelgas son autoorganizadas por las trabajadoras. A menudo son trabajadoras no sindicalizadas que se declaran en huelga por cientos de miles, y forman sindicatos mientras están en huelga. Se concentran en gran medida en la industria de la confección, pero también en otras manufacturas ligeras. En Myanmar, cada semana durante los últimos dos años, hubo nuevas y grandes huelgas. La prensa apenas lo cubre, pero es una lucha enorme que francamente empequeñece las luchas sindicales que están lanzando los sindicatos en cualquier otro país que yo haya visto. Las mujeres, por supuesto, siempre han trabajado y siempre han participado en la organización de sindicatos, pero las jóvenes que encabezan esta oleada de huelgas demuestran que las trabajadoras serán fundamentales para dirigir la lucha del siglo XXI por un movimiento obrero más fuerte y un mundo mejor”.

Paraíso capitalista, infierno de precarización laboral

Más de 15.000 kilómetros separan la capital birmana de Ciudad de Juárez, México, en el desierto de Chihuahua. Pero la experiencia vital de una trabajadora de las maquilas, a un lado y otro del mundo, se encuentra mucho más próxima.

“Paraíso capitalista, infierno de precarización laboral, emergente protesta obrera”. Así describe Pablo Oprinari, sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, la situación de la industria maquiladora en este país en medio de la pandemia. El control estatal de las fronteras, abiertas para la circulación de materias primas y mercancías, pero cerradas para las personas, permite a las multinacionales aprovechar las desiguales condiciones a un lado y otro del muro, utilizando una mano de obra cada vez más feminizada y racializada. En las últimas décadas, industrias norteamericanas se han deslocalizado al otro lado de la frontera, creando nuevas ciudadelas obreras en medio del desierto, un desarrollo combinado de tecnología avanzada y mano de obra sobreexplotada.

En el pico de la pandemia, entre el 60% y el 80% de la industria maquiladora mexicana se mantuvo produciendo, sin tomar medidas de protección para las trabajadoras y trabajadores. El norte de México se transformó así en un foco del virus, tal como había ocurrido en el norte industrial italiano. En este contexto, en el mes de abril se multiplicaron las huelgas en la maquila, con la consigna: “¡Queremos vivir!”.

Por vía telefónica, conversamos con Yessica Tzunalli Morales, quien responde nuestras preguntas desde Ciudad Juárez. Ella tiene 27 años y trabajó un tiempo en la maquila, forma parte del colectivo de mujeres Pan y Rosas.

“Los trabajadores y las trabajadoras se empezaron a contagiar de covid dentro de las fábricas. Por eso hubo protestas, “paros locos” [huelgas salvajes], porque querían que las mandaran a cuarentena. Hay un video muy famoso de una obrera que dice que ella no quiere contagiar a su hija, que es un bebé. Entonces, las mujeres fueron las que más pelearon para que la industria parara y las primeras en salir a manifestarse a decir: ‘¡Respeta mi vida!’”.

Como en otras partes del mundo, las grandes empresas maquiladoras se basan en una mano de obra muy feminizada: “Hay más de 350.000 obreras y obreros laborando en la
maquila, y la mayoría son mujeres. Y de esas mujeres, muchas, la mayoría, son madres solteras. Hay una desigualdad social muy profunda, que la pandemia vino a develar
aún más. Estas mujeres también cargan con el trabajo doméstico”. Ahora, con la “nueva normalidad”, muchas empresas han reorganizado los horarios: “Todo el día haciendo
trabajos repetitivos, producción, producción. Doce horas dentro de la fábrica, con sueldos raquíticos. Es una explotación muy tremenda”, explica.

La maquila destroza los cuerpos. En Ciudad Juárez los cuerpos de las mujeres envejecen más rápido, hay cuerpos doloridos, cuerpos que desaparecen y cuerpos de mujeres asesinadas. Yessica Tzunalli Morales y otras activistas de Ciudad Juárez lo vienen denunciando: “Durante la pandemia el feminicidio no ha parado. Las trabajadoras salen de sus casas a las 4 de la mañana para tomar el camión de transporte de personal, pero estos no entran a las colonias, y en muchas ocasiones las obreras tienen que caminar largas distancias, atravesar parques a oscuras, solas. En ese tramo que ellas caminan, se han cometido feminicidios y han desaparecido mujeres. Por eso nosotras sostenemos que la industria maquiladora en Ciudad Juárez es caldo de cultivo para el feminicidio, por estas condiciones estructurales”.

La maquila devora cuerpos de mujeres, pero también genera nuevas olas de protestas y resistencia. “¡No somos esclavas!”, “¡Queremos vivir!”, son los gritos de insubordinación de una nueva clase obrera global, cuya mitad son mujeres. Ellas retoman los hilos rojos y morados de quienes mucho antes ya lucharon.

En 1912, las trabajadoras textiles de Lawrence, en Estados Unidos, protagonizaron la huelga de “pan y rosas”. La mayoría no estaba sindicalizada, pero comenzaron a hacerlo, apoyadas por la IWW (Trabajadores Industriales del Mundo). Miles de mujeres pararon las fábricas contra las condiciones laborales de superexplotación, largas jornadas y bajos salarios, sabiendo que podían caer presas. Crearon un comité de huelga donde se hablaba 25 idiomas, incorporando a las trabajadoras inmigrantes. Las huelguistas también organizaron de forma colectiva los cuidados, con comedores sociales, guarderías y enviando a sus hijos a otras ciudades, donde serían acogidos temporalmente por familias obreras. Después de dos meses de piquetes, enfrentamientos con la policía y enormes muestras de solidaridad (por ejemplo, los estudiantes de Harvard organizaron cajas de resistencia), la huelga logró su objetivo. Se redujo la jornada laboral y se consiguió un aumento de salario.

Desde entonces, el poema de James Oppenheim se identificó con la lucha de aquellas mujeres. Hoy lo seguimos cantando:

Mientras vamos marchando, marchando, gran cantidad de mujeres muertas
van gritando a través de nuestro canto su antiguo reclamo de pan;
sus espíritus fatigados no conocieron el pequeño arte y el amor y la belleza
¡Sí, es por el pan que peleamos, pero también peleamos por rosas!

Mientras vamos marchando, marchando, a través del hermoso día
un millón de cocinas oscuras y miles de grises hilanderías
son tocados por un radiante sol que asoma repentinamente
ya que el pueblo nos oye cantar: ¡pan y rosas! ¡pan y rosas!


https://ctxt.es/es/20200801/Politica/32950/Josefina-Martinez-maquilas-industria-textil-esclavas-Asia-M

¿Se dirigían a Venezuela los mercenarios rusos de Wagner detenidos por el KGB en Bielorrusia?

33 mercenarios rusos de Wagner fueron detenidos en Bielorrusia por el KGB cuando se dirigían a Venezuela con escala en Estambul.

A partir de ahí, la imaginación puede volar muy alto. Bielorrusia asegura que 11 de los detenidos se dirigían a Venezuela, 15 a Turquía, dos a Cuba y sólo uno a Siria. Uno de los detenidos dijo que no tenía ni idea de adónde iba, mientras que otros tres se negaron a responder a la policía.

Por si no fuera suficiente, el gobierno de Minsk asegura que algunos de ellos eran ucranianos.

Según Rusia, todos los detenidos se dirigían a Estambul.

Otras fuentes aseguran que Wagner mantiene relaciones con Turquía o, más precisamente, con empresas turcas que operan a escala internacional, lo cual es paradójico, dado que en Libia ambas partes están enfrentadas. Wagner ha sido contratada por el Haftar en Libia, mientras Turquía sostiene al gobierno de Unidad Nacional.

Unos dicen que este año los esquemas se han roto; otros que el “enemigo de mi enemigo es amigo”; otros de que los mercenarios se venden al mejor postor, incluidos los rusos…

Lo cierto es que las relaciones entre Moscú y Minsk no son buenas, o son mucho peores de lo que suponemos. Con el pretexto de la pandemia, el Kremlin ha endurecido los controles fronterizos entre ambos países, que antes eran muy buenos aliados.

Putin ha convocado el Consejo ruso de Seguridad, aunque en Moscú se multiplican los llamamientos a la calma, mientras despliegan unidades del FSB y guardias fronterizos rusos en las aduanas. Las colas para cruzar la frontera alcanzas más de cuatro kilómetros.

Ante unas elecciones inminentes, la amenaza de desestabilización de Bielorrusia es evidente. La oposición vendida al imperialismo se manifiesta un día sí y otro también. Pero al Kremlin tampoco le gusta Lukashenko, o le gusta menos y presenta su propio candidato. Hay quien cree que la desestabilización de Bielorrusia puede tener su origen en Moscú y que eso es lo que explica la presencia de Wagner en el país en vísperas de los comicios.

No es el caso. Los mercenarios de Wagner no son especialistas en operaciones clandestinas. No se puede desestabilizar un país con ese tipo de mercenarios. Hacen falta otros cómplices, como ONG, partidos domesticados, prensa, provocadores bien adiestrados…

Moscú tiene suficientes simpatías dentro de Bielorrusia como para influir en el curso de los acontecimientos, sin necesidad de muchos alardes de guerra sucia.

Bielorrusia está sometida a una presión creciente de la OTAN, a través de países vecinos como Polonia y Ucrania. Lukashenko está muy mal visto por los imperialistas y su política ante la pandemia de coronavirus ha sido el remate. Les ha dejado en evidencia al denunciar el chantaje financiero para que ordenara el confinamiento.

Pero también es cierto que Moscú le reprocha su actitud en la Guerra del Donbas.


https://strategika51.org/2020/07/31/les-membres-du-groupe-pmc-wagner-arretes-en-bielorussie-se-dirigeaient-vers-istanbul-et-caracas/

Aparece un escondite en Siria donde los yihadistas descuartizaban los cadáveres para traficar con sus órganos

El ejército sirio ha descubierto un escondite utilizado por los yihadistas encargados de descuartizar los cadáveres para traficar con sus órganos en la aldea de Al-Ghadfah, al sur de Idlib. En el depósito han aparecido corazones, hígados y cabezas.

Los órganos se guardaban en frascos que contenían cloroformo. Cada uno de ellos llevaba el nombre de la víctima. Las identidades personales, tanto mujeres como hombres, también han aparecido en el escondite.

Un panel del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Nueva York mostró pruebas de la participación de los Cascos Blancos en el tráfico de órganos en Siria. Sus miembros capturaban los cadáveres de civiles sirios. Las fotos de la agencia siria Sana muestran varias partes de cuerpos humanos embotelladas.

Los Cascos Blancos son un grupo criminal premiado y alabado por las ONG, las grandes cadenas de intoxicación y demás altavoces del imperialismo.

La localidad de Al-Ghadfah se encuentra cerca de la ciudad de Maarat Al-Numan y fue liberada por el ejército sirio y sus aliados en enero de 2020. Durante mucho tiempo ha estado controlada por el principal socio de Turquía en Idlib, Hayat Tahrir Al-Sham.

https://ahtribune.com/world/north-africa-south-west-asia/syria-crisis/4327-preserved-human-organs.html

Han inflado la cifra oficial de muertos atribuidos al coronavirus en Inglaterra y el gobierno abrirá una investigación

El 17 de julio el ministro británico de Salud, Matt Hancock, ordenó la apertura de una investigación sobre el recuento fraudulento de las muertes atribuidas al coronavirus en Inglaterra de manera oficial (1).

El fraude fue destapado por un artículo científico que revelaba que uno de los organismos encargados de recopilar las estadísticos de víctimas del coronavirus, el PHE (Public Health England), había inflado las cifras.

El PHE ha estado cotejando las notificaciones de defunción con una base de datos de resultados de pruebas positivas al virus, de tal manera que una persona que diera positivo al test y muriera por otra causa meses después, sería contabilizada dentro del número de muertes diarias anunciado oficialmente por el gobierno de Londres.

La falsificación fue destapada por un artículo de los profesores Yoon K. Loke y Carl Heneghan del Centro de Medicina Basada en la Evidencia de la Universidad de Oxford, titulado “Por qué nadie puede curarse de Covid-19 en Inglaterra. Una anomalía estadística” (2).

Según el artículo, una persona que diera positivo al coronavirus en el mes de febrero, se curara y luego fuera atropellada por un autobús en julio, el PHE lo registraba como una muerte atribuida al coronavirus.

“Cualquiera que haya dado positivo en el test de Covid pero haya muerto posteriormente, sea cual sea la causa, será incluido en las cifras de mortalidad de PHE Covid”, según los profesores Yoon K. Loke y Carl Heneghan.

“Un paciente que haya dado positivo pero que haya sido tratado con éxito y dado de alta del hospital seguirá siendo considerado como una muerte Covid aunque haya tenido un ataque cardíaco o haya sido atropellado por un autobús tres meses después”, añadían.

El fraude estadístico también significa que los casos asintomáticos, las personas infectadas y luego curadas, pero también los falsos positivos vinculados a las pruebas de PCR, han sido contabilizados falsamente como muertes causadas por el coronavirus.

Algunos países imponen un límite de tiempo entre la fecha de la prueba positiva y la de la muerte para contabilizar esta última entre las estadísticas de fallecimientos por coronavirus. Escocia, por ejemplo, tiene un límite de 28 días y Suecia de 31 días, pero el profesor Carl Heneghan propone un límite un poco más reducido: 21 días.

Como no podía ser de otra forma, lo más chistoso es la explicación con la que el PHE trata de salir del apuro: “Esta es una enfermedad nueva y emergente. No conocemos las implicaciones a largo plazo, por lo que no establecemos un umbral para contar las muertes”.

Afortunadamente hay países donde los científicos de verdad aún tienen posibilidades de destapar las versiones oficiales. Incluso hay periodistas que cumplen con su función de mostrar los criterios de unos y de otros, así como de exponer los que contradigan a “la autoridad” establecida.

No es el caso de España, donde la censura es absoluta, como corresponde a un país en que ha pasado de la Inquisición al fascismo sin solución de continuidad. Aquí a los “expertos” y a la intoxicación mediática los muertos les parecen pocos y lo que buscan es inflar aún más las cifras. Puro amarillismo.

(1) https://www.standard.co.uk/news/uk/matt-hancock-review-coronavirus-deaths-miscounted-a4501466.html
(2) https://www.cebm.net/covid-19/why-no-one-can-ever-recover-from-covid-19-in-england-a-statistical-anomaly/

Más información:
– Dossier coronavirus
 

Las manifestaciones seguirán prohibidas en Suiza hasta el año que viene gracias al coronavirus

El 22 de junio la ciudad suiza de Berna limitó el tamaño de las reuniones a 1.000 participantes, después de haber limitado anteriormente el número de participantes a 300. La medida expira el 31 de agosto, pero el gobierno está considerando extenderla hasta marzo del año próximo (*).

Es una decisión inédita en Suiza. Para justificarla, el pretexto es el mismo y no se agota nunca: brotes, rebrotes, repuntes…

Cientos de eventos culturales y deportivos también se han visto eliminados, como el Festival de Paleo, el Festival de Jazz de Montreux, los Open Airs de St. Gallen, Frauenfeld y Gurten.

El 27 de febrero Virginie Masserey, miembro de la Oficina Federal de Salud Pública, reconoció que “aún no se puede hablar de epidemia en Suiza”, pero las medidas represivas contribuirían a frenar la propagación del virus.

El primer caso de coronavirus en Suiza no apareció hasta mediados del mes de marzo, pero para entonces ya se habían eliminado hasta los carnavales de febrero, es decir, que la represión aparece antes que el pretexto omnipresente.

Las medidas represivas, que al principio eran temporales y se justificaban por el “peligro”, ya se han convertido en permanentes y no se preocupan en buscar nuevos pretextos para justificarse a sí mismos.

Poco antes de la pandemia, las manifestaciones contra la Cumbre de Davos también se prohibieron porque “había nevado mucho”.

Los pretextos del gobierno convencen a muy pocos porque las escuelas no se han cerrado y los cuarteles del ejército también han seguido abiertos y con las tropas hacinadas.

En pleno centro de Europa, la pandemia es, cada vez con más claridad, la típica ley marcial que se impone después de un Golpe de Estado Militar. Cuando se han eliminado de un plumazo todos los derechos fundamentales, a nadie le puede sorprender que el de manifestación sea uno de ellos.

(*) https://www.nzz.ch/schweiz/allfaellige-verlaengerung-des-veranstaltungsverbots-bis-maerz-2021-ld.1568829

El gobierno del PSOE y Podemos engañó a todos con un ‘comité de expertos’ sobre la pandemia que nunca existió

En una respuesta oficial al Consejo de Transparencia, el gobierno del PSOE y Podemos ha reconocido que no existió ningún “comité de expertos” encargado de decidir qué territorios iban avanzando en la desescalada del confinamiento.
Las decisiones que se han tomado no han sido de naturaleza técnica sino política.

A raíz de una denuncia, el organismo le preguntó si se ajustaba a la ley su negativa a hacer públicos los nombres de las personas que le asesoraban en la desescalada.

Fue el propio Pedro Sánchez quien en su día denominó al supuesto equipo como “comité técnico para la desescalada” a principios del mes de mayo, pero desde el anuncio de su creación, se ha negado a dar información sobre su composición o los nombres que lo conformaba, pese a las reiteradas preguntas de periodistas o partidos políticos. “Lo que importa es que son funcionarios del Ministerio de Sanidad quienes junto a las direcciones de Sanidad Pública de las comunidades, deciden de manera coordinada los territorios que pueden pasar de una fase a otra y es es lo más importante”, respondía en rueda de prensa el 9 de mayo.

En esa misma rueda de prensa, insistió en que “estamos siendo asesorados por expertos de una extraordinaria calidad desde el punto de vista científico y de compromiso de servicio público y lo único que puedo hacer es reivindicar su profesionalidad y reconocer su compromiso”.

Fernando Simón también mintió. El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias fue preguntado al respecto el 6 de mayo y se negó a dar nombres. “No les voy a dar el nombre de ninguna persona del equipo”, respondía tajante, ante la insistencia de los medios. “Las presiones que sufre cualquier persona a la que se nombre […] acaban haciendo muy difícil que puedan trabajar con la suficiente libertad […] Lo mejor que podemos hacer es dejar que hagan su trabajo correctamente y de la forma más independiente posible”, justificaba para no dar sus nombres. El único dato que apuntó es que se trataba de 12 técnicos “que trabajan en la Dirección General de Salud Pública”.

La petición de los nombres también fue transmitida al ministro de Sanidad, Salvador Illa, sin obtener una respuesta clara. “Todo el mundo conoce quién es el ministro de Sanidad, todo el mundo conoce quién es el director del Centro de Coordinación de Emergencias y quién es la directora general de Salud Pública del Ministerio”.

“Yo creo que esto está muy claro. Las comunidades transmites sus propuestas que después son evaluadas por el Comité. Se celebra una reunión bilateral y se llega a un acuerdo”, añadía. “Los técnicos, profesionales, funcionarios que trabajan en el Centro son conocidos” e insistía en que “es un procedimiento claro y transparente”.

“El comité de expertos lo que hace es asesorar al gobierno”, explicaba por su parte la ministra portavoz, María Jesús Montero, un 8 de mayo. “Pero los encargados de evaluar el panel de indicadores, de establecer los criterios, de dialogar con las Comunidades Autónomas con reuniones bilaterales a diario, son los funcionarios habituales y miembros del CCAES, que están con todos los datos disponibles y que disponen de todos los criterios para poder mantener ese diálogo y el ministro finalmente firma la orden”, aclaraba.

https://www.20minutos.es/noticia/4339395/0/gobierno-alusiones-comite-tecnico-expertos/

El gobierno holandés no recomienda a la población el uso mascarillas porque su eficacia no está probada

La ministra holandesa Tamara van Ark

Los europeos ya no sabemos si debemos hacer caso a la ciencia, al gobierno o a nuestro propio miedo.

El miércoles el gobierno holandés dijo que no recomendará a la población el uso de mascarillas, añadiendo que su eficacia no está probada.

La decisión fue anunciada por la ministra de Atención Médica, Tamara van Ark, después de una revisión del Instituto Nacional de Salud (RIVM). En su lugar, el gobierno buscará una mejor aplicación de las normas de distanciamiento social después del aumento de los casos de coronavirus en el país esta semana, dijo Van Ark en una conferencia de prensa en La Haya.

“Debido a que desde el punto de vista médico no se ha demostrado la eficacia de las mascarillas, el gabinete ha decidido que no impondrán la obligación de usar mascarillas no médicas”, dijo Van Ark.

Esta decisión va en contra de la corriente, ya que muchos países europeos han hecho obligatorio el uso de mascarillas en las tiendas o en zonas exteriores muy frecuentadas.

El jefe del Instituto Nacional de Salud, Jaap van Dissel, dijo que la institución está al tanto de los estudios que mostraban que las mascarillas ayudan a frenar la propagación de la enfermedad, pero no estaba convencido de que fueran útiles durante la actual epidemia en Holanda.

El uso incorrecto de mascarillas, así como la menor adhesión a las normas de distanciamiento social, podría aumentar el riesgo de transmisión de enfermedades, añadió van Dissel.

“Así que pensamos que si usas mascarilla [en un lugar público] … entonces tienes que estar bien entrenado para ello”, dijo.

Actualmente, las mascarillas sólo son obligatorias en el transporte público en Holanda, así como en los aeropuertos.

La decisión es consecuencia de una reunión de la burocracia sanitaria y del gobierno después de que los nuevos “casos positivos” de coronavirus en el país llegaron a 1.329 la semana pasada, un aumento de más de un tercio.

En Holanda los “casos positivos” han aumentado constantemente desde el 1 de julio, cuando el Gobierno anunció una flexibilización de las medidas de confinamiento para incluir los restaurantes y las reuniones públicas, si las personas mantienen una distancia física de 1,5 metros.

https://www.smh.com.au/world/europe/dutch-government-will-not-advise-public-to-wear-masks-minister-20200730-p55grt.html

‘Sol y camas baratas’: el paradigma de Manuel Fraga

Darío Herchhoren

Según  Manuel Fraga Iribarne, el turismo extranjero en España era el maná del cielo que iba a caer, y que acabaría para siempre con el atraso secular español. Para eso había que aprovechar la cantidad de días de sol de que gozaba la península ibérica, y las camas las pondrían los hoteleros que llenaban sus hoteles con turistas ingleses y alemanes.

Si miramos con atención veremos que esta consigna significó que España recibiera año tras año con la presencia de millones de turistas provenientes de toda Europa, que dejaran su dinero en el país y que fueron el germen del crecimiento español, y que muestran a las claras cual era el concepto de desarrollo que la burguesía española tenía, y todavía tiene, sin pensar en la diversificación de la economía nacional, sin invertir una sola peseta en otros renglones de la economía como podía ser la industria naval, la investigación en materia de pesca, la ciencia aplicada, la siderurgia y la minería.

Otro de los campos donde la burguesía española ha invertido muchísimo dinero es la construcción de viviendas, y para ello no hacen falta grandes científicos, ya que para pegar un ladrillo con otro, no son necesarios grandes conocimientos.

Tanto en la industria (¿Industria?) hostelera como en la construcción los aportes en tecnología son muy limitados. Para un hotel, sea de cinco o menos estrellas hacen falta edificios con buenas habitaciones, muebles y una buena decoración y un personal entrenado sobre todo en idiomas, y en dar un buen trato a los pasajeros.

En la construcción, ocurre otro tanto. Hacen falta ingenieros y arquitectos, constructores, albañiles, personal que pegue azulejos y ponga vidrios en las ventanas, y sobre todo bancos que financien la construcción con garantías hipotecarias.

La burguesía española todavía no ha asimilado la idea de clase para si, y se ha quedado en lo de clase en si. La burguesía española no invierte en investigación, ni en ciencia, ni financia a estudiantes de carreras de ciencias, solo se dedica a aquellas actividades de beneficio inmediato, y por eso no ha peleado para la conservación de los altos hornos de Vizcaya ni los del Mediterráneo en Sagunto.

España no tiene tecnología propia, y se limita a fabricar bajo licencia de patentes extranjeras, pagando altos royaltis por su uso.

Si miramos a la industria del automóvil y la fabricación de camiones, observamos que todas son marcas extranjeras. Las únicas fábricas españolas que había eran Pegaso (fabricante de camiones) que fue comprada por Fiat, y Seat, fabricante de automóviles, que fue comprada por el grupo Wolksvagen.

Si todas las fábricas extranjeras decidieran cerrar, en su lugar crecería el pasto, y lo estamos viendo con el cierre de la fábrica de automóviles japonesa Nissan, y con el cierre de Alcoa, el gran holding mundial del aluminio.

El turismo es la gran teta que da leche todos los años, pero este año los turistas no podrán venir por la pandemia de coronavirus, lo cual implicará que toda la industria hotelera entrará en una situación de ruina.

Este es el resultado de no diversificar la economía española, y jugar todo a una sola carta. Es indispensable gastar mucho dinero en la formación de jóvenes en carreras de ciencias y de investigación como lo hace Alemania y Francia, y desarrollar tecnologías propias, y no depender del pago de royaltis que son muy caros, y que siempre los países centrales nos van a alquilar cuando ya sean viejas, con lo cual España será siempre un país de segunda.

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