Médicos Sin Fronteras imputa al abandono las muertes de 27.000 ancianos en los asilos durante el estado de alarma, según un informe presentado hoy. Leer más
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La situación en Bielorrusia no puede ser más familiar. La vimos en Maidan, en Siria, en Venezuela, en Hong Kong… Lo llamaron guerra híbrida, revolución de colores, de los paraguas y ahora “las damas de blanco”. Sólo cambian las etiquetas periodísticas.
Lukashenko afirma que defiende a su país como la fortaleza de Brest durante la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, Rusia ha visto otro flanco abierto a la OTAN delante de sus narices.
Como es costumbre, Putin no se anda con rodeos ya ha desplegado las ojivas nucleares tácticas de sus misiles Iskander M. El mensaje no puede ser más claro y trasciende sus malas relaciones con el Presidente bielorruso. Por fin, la dura lección ucraniana ha sido bien aprendida.
Moscú ha desplegado a la 12 Gumo con camiones Vystrels, normalmente asociados a los misiles balísticos intercontinentales, en las proximidades de la frontera común. Sólo tiene que demostrar que la nueva doctrina militar va en serio y se extiende a países como Bielorrusia.
A Lukashenko le corresponde aplastar a la Quinta Columna dentro de Minsk y a Rusia disuadir a la OTAN de que haga el más mínimo movimiento desde Polonia o Ucrania. Putin ha dejado claro que actuará que la entrada de la OTAN es Bielorrusia es como si entrara en su propio territorio, lo que dará lugar a ataques nucleares tácticos masivos contra el agresor.
Las fuerzas de la OTAN están desplegadas en Lituania y Polonia y pueden ser desplegadas en tiempo récord en el norte de Ucrania.
Los imperialistas, incluidos la Unión Europea y su valido Borrell, no van a poder hacer en Bielorrusia lo que hicieron en Ucrania en 2014. Tendrán que limitarse a protestar contra “el último dictador de Europa” y exhibirnos las imágenes de los antidisturbios golpeando a las indefensas “damas de blanco”.
Por cierto, hay que recriminar a las empresas de publicidad contratadas por el imperialismo la poca originalildad de un nombre que ya utilizaron contra Cuba hace diez años. ¿No les pagan lo suficiente o qué está pasando?
La desconfianza de los estadounidenses hacia la policía ha alcanzado un nuevo máximo, por la brecha cada vez mayor entre los blancos y las minorías raciales.
Alrededor del 48 por ciento de los estadounidenses dijeron que tienen “mucha” o “bastante” confianza en la policía, frente al 53 por ciento del año anterior, según una encuesta de Gallup.
La encuesta se realizó en las semanas posteriores al asesinato de George Floyd en mayo, que movilizó a miles de manifestantes para marchar contra el terrorismo policial y el racismo.
Los resultados son parte de la encuesta anual de Gallup sobre la confianza en las instituciones, un referente de la confianza de los estadounidenses en el sistema médico, los medios de comunicación, las escuelas públicas, la presidencia y otros.
Gallup ha encuestado a los estadounidenses sobre su confianza en la policía durante casi 30 años. Este es el nivel más bajo que ha caído desde la primera encuesta policial en 1994. El máximo anterior fue del 64 por ciento en 2004.
Desde que en 1993 Gallup comenzó a incluir a la policía en su encuesta de confianza, los blancos expresan más confianza que los negros.
Este año, la confianza en la policía disminuyó por parte de los negros y blancos, pero la caída entre los participantes negros fue más marcada: el 19 por ciento de los participantes negros dijeron que tenían “mucha” o “bastante” confianza en la policía. El 56 por ciento de los participantes blancos dijeron lo mismo.
Es la brecha más grande entre los encuestados negros y blancos que Gallup registró en la encuesta actual, que interroga a personas sobre 16 instituciones.
La confianza de los estadounidenses negros en la policía rondaba el rango medio del 30 por ciento hasta 2014 (un año después de que George Zimmerman fuera absuelto del asesinato de Trayvon Martin; el mismo año en que comenzaron las protestas en Ferguson, Missouri). Desde entonces, la confianza de los negros en la policía ha seguido cayendo al 30 por ciento, mientras que la de los encuestados blancos se mantuvo en el 60 por ciento.
La encuesta es un indicador de que la percepción de los estadounidenses sobre la actividad policial está cambiando rápidamente desde que comenzaron las protestas contra el racismo en mayo. Los gestos policiales pidiendo públicamente disculpas por sus actuaciones terroristas no han servido de mucho.
Varias ciudades han tomado medidas, aunque pequeñas, para retirar presupuestos a la policía. Esta semana el Parlamento de Seattle votó para recortar casi 4 millones de dólares del presupuesto policial de la ciudad, que es de 400 millones de dólares. Los funcionarios de Los Ángeles y Nueva York también prometieron no aumentar sus presupuestos policiales.
Michael Dempster, propietario de Mirage Beer, que se anuncia a sí misma como una cervecería Puget Sound “centrada en una granja”, lanzó una lata lupulada en junio llamada “Choosey Lover” que tiene un sello en la parte inferior que dice: “ACAB significa todos los policías”.
En inglés el acrónimo ACAB significa “Todos los policías son unos hijos de puta” y la marca de cerveza se ha convertido en la favorita de los antifascistas y del movimiento contra el racismo.
La marca de cerveza se distribuye por todo el país, desde el Bajo Manhattan hasta Portland, Oregón.
Dempster defendió su postura anti-policía después de recibir un revés en las redes sociales, incluso por algunos que dijeron que nunca volverían a comprar su cerveza. “Recurrí a la marca porque me opongo al racismo institucional, del cual la policía moderna es un brazo militarizado”.
“Si eso significa que alguien ya no comprará mi cerveza, bien”, dice Dempster. Cualquiera que no esté de acuerdo con el mensaje debe saber que no la he creado pensando en ellos, añadió. “Hago mi cerveza para gente que es activamente anti-racista, anti-Trump, anti-fascista y pro-igualdad”.
El gerente de la tienda Chuck’s Hop Shop de Seattle dijo que el mensaje contra la policía no ha afectado a las ventas de la cerveza, aunque el acrónimo ACAB llama la atención de los compradores. “La gente habla de eso”, dijo el gerente.
“Creo que su mensaje es correcto, y estoy orgulloso de él por tomar una posición, honestamente”, añadió el gerente y es que pesar de los gestos de disculpa, la policía de Estados Unidos está muy mal vista entre la población.
Un grupo de trabajadoras de la empresa argentina de limpieza JetLimp se presentó ante la justicia laboral. Filtraron audios de uno de los gerentes en los que se escucha la violencia de la que fueron víctimas: “Tenés que convencerlas, cogerlas, violarlas, manoseálas, hacé lo que quieras Luis, pero las minas tienen que salir renunciando”.
Empleadas de una empresa de limpieza denunciaron maltrato, discriminación y misoginia perpetrados por un gerente. Como prueba se filtraron unos audios escandalosos en los que el ejecutivo recomienda hasta violaciones para obligarlas a renunciar.
“Yo necesito que cumplan la carga horaria. Poné a las mujeres a fregar con una mopa. No se les va a caer el útero ni la matriz por una rotativa, ponelas a laburar”. “A las encargadas tenés que convencerlas, cogerlas, violarlas, manoseálas, hacé lo que quieras Luis, pero las minas tienen que salir renunciando”. “¡Que se mueran en el servicio!”, son algunas de las frases que se escuchan en los audios del gerente difundidos.
Además, el ejecutivo reclama constantemente que las empleadas trabajen las 8 horas y si se enferman, se lastiman o tienen un inconveniente “que queden afuera”.
Mari, una de las trabajadoras de JetLimp, una empresa de limpieza que brinda servicio al shopping Alto Palermo y a los supermercados Coto -entre otras empresas-, contó que trabaja ahí desde hace 10 años. Tiene artiritis y la enfermedad de Chagas. Cuando comenzó la cuarentena tenía mucho dolor en una rodilla y fue a una guardia. Allí le recomendaron que pidiera la baja porque es paciente de riesgo, presentó el certificado y la empresa le envió un telegrama diciendo que si no se presentaba, la iban a despedir con causa.
La empleada relató que el maltrato es constante. La gerente de recursos humanos manda audios burlándose si alguien tiene un accidente laboral. En los mensajes se escucha al gerente dar órdenes como: “Le decís que ella sale de ART de licencia y sabe que está afuera. ¡Ya decile! No sé cómo carajo hizo para golpearse con un tacho de basura la cabeza“ o “Andá al kiosco, comprate una gotita y pegásela en la cabeza a la idiota esa”.
Mari decidió demandar a la empresa por los sueldos impagos. Durante los últimos estos meses no pudo cobrar el IFE ni la asignación familiar porque la empresa no la dio de baja.
Esta semana el juzgado nacional de primera instancia en lo laboral 50, a cargo de Horacio Ojeda, resolvió a su favor. JetLimp tendrá que pagarle todos los sueldos “que no fueron pagados desde el inicio de la cuarentena con el argumento que su enfermedad no estaba incluida”.
https://11noticias.com/noticias/Nacionales/Un-empresario-recomienda-manosear-y-violar-empleadas-para-obligarlas-a-renunciar–AUDIO_12588.html
El forense alemán Klaus Püschel ha examinado más de 140 muertes por coronavirus en Hamburgo en las últimas semanas. Dijo en la televisión alemana que la histeria que rodea al virus ha sido exagerada. Todas las personas que han muerto tenían enfermedades previas y habrían muerto rápidamente de todos modos, con o sin el virus, dijo Püschel, y agregó que no existe un «virus asesino«.
«Esto puede sonar duro, pero todos habrían muerto este año«, dijo el profesor del Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf. El 80% de los pacientes padecían enfermedades cardiovasculares y la edad media era de 80 años.
Las personas sanas no tienen que preocuparse, dice Püschel . “No es un virus asesino del que muchos morirán. No podemos protegernos de todo. Este virus tampoco es necesariamente una sentencia de muerte para los ancianos y los enfermos. La mayoría sobrevivirá a la enfermedad«.
El forense también predijo que el coronavirus ni siquiera provocará un aumento en la tasa de mortalidad anual.
Añadió que muchos pacientes que murieron y que su muerte fue atribuida al coronavirus eran muy ancianos, fumaban o tenían afecciones subyacentes como diabetes.
Püschel es una figura de relevancia en el campo médico de Alemania, y en especial, en las ciencias forenses. Los grupos de trabajo dirigidos por Klaus Püschel y Stefan Kluge lograron detectar en los últimos meses que múltiples trombosis venosas y embolias pulmonares fatales en pacientes fallecidos fueron la causa de muertes inicialmente atribuidas al COVID-19. De esto resultó que no fue la neumonía relacionada con el virus y la interrupción resultante del intercambio de gases, sino más bien la insuficiencia cardíaca debido a la obstrucción extensa de la circulación pulmonar por embolias pulmonares la que ha sido responsable de una gran proporción de muertes.
Un informe de la oficina científica del gobierno británico, publicado en junio por Sage, estima que la tasa de falsos positivos puede llegar al 2,3 por ciento.
No obstante, un estudio reciente de la revista British Medical Journal (BMJ) indica que la tasa de falsos positivos es aún mayor, alrededor del 5 por ciento.
Por su parte, un equipo de microbiólogos escoceses confirma en otro artículo publicado por la misma revista que, en efecto, la tasa de falsos positivos es mayor en un contexto, como el actual, de baja prevalencia de la epidemia.
Los científicos recomiendan, en consecuencia, que los gobiernos pongan fin a los tests masivos, porque carecen de sentido en este momento, ya que contribuyen a crear la ilusión de una epidemia y dan lugar a medidas contraproducentes (*).
“Las pruebas de detección a gran escala en épocas de baja prevalencia pueden hacer más mal que bien y algunas de estas estrategias deben suspenderse temporalmente”, afirman en su artículo.
Los científicos escoceses señalan que la especificidad de las pruebas PCR depende del nivel de exigencia que se le pide. Dan resultados positivos cuando el sujeto ya no tiene la enfermedad, es decir, crea una impresión falsa de infección.
De esa manera, la epidemia es el cuento de nunca acabar porque cuantas más pruebas, más falsos positivos, más brotes, segundas y terceras olas.
(*) https://www.bmj.com/content/369/bmj.m1808/rr-22
En 1876 el krausista Gumersindo de Azcárate publicaba una serie de artículos en uno de los cuales hacía mención del papel negativo que, a su modo de ver, había desempeñado la intolerancia sobre nuesta cultura. Sus palabras exactas fueron: «Según que, por ejemplo, el Estado ampare o niegue la libertad de la ciencia, así la energía de un pueblo mostrará más o menos su peculiar genialidad en este orden, y podrá darse el caso de que se ahogue casi por completo su actividad, como ha sucedido en España durante tres siglos».
Lo que afirma Azcárate -en La Revista de España– es que cuando el Estado no ampara la libertad no puede darse un desarrollo científico y eso es lo que ha ocurrido en España durante los tres últimos siglos. Esta afirmación que, en principio, carecía de mayor trascendencia -hubo anteriores artículos verdaderamente «duros» a este respecto, como los de Gaspar Núñez de Arce o el matemático y futuro Nobel de Literatura José Echegaray-, al menos Azcárate no se la quiso dar, no pasó inadvertida para otros celosos y vigilantes ojos. Un catedrático de la Universidad de Valladolid, Gumersindo Laverde, escribió a su joven amigo (de veinte años) Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) haciéndole ver que el aserto de Azcárate constituía una ofensa contra la religión católica a la que acusaba de haber cercenado toda actividad intelectual en España durante los siglos XVI, XVII y XVIII (en realidad, Azcárate estaba pensando en el XVII, XVIII y XIX).Por ello, le instaba a escribir una réplica. Es la llamada «segunda polémica de la ciencia española».
Menéndez Pelayo elabora un trabajo donde no sólo defiende a la Iglesia española, sino que rechaza que la Inquisición hubiera ejercido una acción negativa en el terreno cultural; es más: la defiende como una institución que preservó el espíritu genuino del pueblo español.Como ruido cósmico de fondo estaba la primera polémica habida en 1782 cuando el enciclopedista Masson de Morvilliers, a la pregunta ¿qué se debe a España?, contestaba que la aportación de España a la ciencia era prácticamente nula. Más que un ataque general a España, Masson hacía una crítica a las instituciones feudales absolutistas y al Antiguo Régimen, imperantes en España.Si esta polémica dividió a España, la España instruida, se sobreentiende, entre los renovadores y los partidarios de la tradición, como trasfondo ideológico, la segunda polémica lo hizo entre quienes pensaban, como Manuel de la Revilla, Salmerón, Núñez de Arce, Vidart (militar), que la intolerancia religiosa había asfixiado la actividad intelectual desde el siglo XVI, y quienes, como Menéndez Pelayo, Laverde, Juan Valera, Leopoldo Alas («Clarín») y otros, negaban la mayor, es decir, entre partidarios del progreso, como los krausistas, positivistas y neokantianos, y partidarios de la reacción, como el neotomismo que veía en la escolástica el principio y fin de lo mejor de la intelectualidad española de todos los tiempos; incluso criticaron a Menéndez Pelayo por no condenar el Renacimiento que veían como paganizante.La entrada del darwinismo ya sería el non plus ultra.
Controversias de análogas características tuvieron lugar por las mismas fechas en otras latitudes, no fue un fenómeno privativo de la piel de toro. Pero no hubo eruditos de talla como Menéndez Pelayo que reivindica, sin medias tintas, la intolerancia propia de espíritus valientes (que ratificaría en su «Brindis del Retiro» en 1881 en homenaje a Calderón), el dogmatismo, pues la verdad ha sido revelada por la Providencia, o el rechazo a lo extranjero (krausismo, positivismo), ya que de él vienen los males. Para el montañés (nació en Santander donde también murió con 55 años), ciencia y teología vienen a ser lo mismo, pero aquella subordinada a ésta.
Vayan esta pocas líneas como complemento de las cuatro entregas que hemos ofrecido, entre lo jocundo y lo ditirámbico, para solaz del lector avisado.
Soy consciente que la tendencia general es endosar a Gobierno y comunidades autónomas ocultamiento, por subestimación, del verdadero número de fallecidos por Covid-19. No comparto totalmente este enfoque y, por el contrario, considero que las defunciones por Covid-19, incluso en infectados “confirmados” (30% de falsos positivos posibles, Sin Hang Lee, “Journal of Geriatrics and Rehabilitation”, 17/07/2020), son menos que las oficiales. Si cabe, esto es aún más grave al apuntar a muertes en exceso de personas no infectadas, fragilizadas y desatendidas. La mayoría de exceso de muertes (respecto a la media de defunciones del mismo periodo de los últimos años) se debe a otras causas.
En primer lugar, el «syndrome de glissement-abandon» (dejarse ir) o muerte «psychogène» (Jean Carrié, 1952) en personas mayores que durante la epidemia se sintieron, con razón o sin ella, traumáticamente abandonas a domicilio, hospital o residencias (fallecen en tres semanas); en segundo lugar, el terror a infectarse en el hospital de personas con patologías graves, para todos los efectos huidas, que al no recibir seguimiento, intervención ni atención urgente fallecieron (y las que fallecerán).
Así las cosas, del Informe n°36 del Centro Nacional de Epidemiología (CNE), “Situación De Covid-19. Casos diagnosticados a partir 10 de mayo” obtenemos conclusiones demoledoras relativas a la estrategia y directrices de política sanitaria impuestas por el Gobierno y CC.AA. en aras de minimizar el número de muertos causados por la epidemia en curso. Se trata de una encuesta epidemiológica de casos confirmados. Abstracción hecha de falsos positivos, los casos reales, de haberse hecho más test, serían a buen seguro el doble lo cual haría caer mecánica e imparablemente la tasa de letalidad al 0,3%-0,4%.
En la Tabla 4 del susodicho informe (distribución por grupos de edad) confeccionada por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) con los casos de Covid-19 por nivel de gravedad notificados a Renave con inicio de síntomas y diagnóstico posterior al 10/05/2020 (23/07/2020, fecha de la extracción de datos) se observa que hubo en total 228 defunciones por 35.482 infectados. Obtenemos una tasa de letalidad de 0,6% (228/35.482=0.006=0,6%). Esta tasa discrepa incontestablemente de la que se obtendría para la población general con el número de fallecidos (casi 45.000 confirmados y sospechosos) por Covid-19 estimados por nuestros colegas de «El País» (26/07). EP, Johns Hopkins University, INE, SCIII, deben revisar sus cifras, al copiarse entre sí repercuten los errores. Hay que orientarse siempre por la tasa de letalidad. La pertinente es la aquí calculada (por exceso).
Un primer estudio (26/04) de cuatro investigadores universitarios estimó la tasa de letalidad española en 3,1% contabilizando aproximadamente 38.000 fallecidos en cálculo deslizante. El Ministerio de Sanidad, en el momento de la publicación de la insostenible investigación, proponía 23.822 muertos (28/04). La discrepancia provenía de considerar fallecidos por Covid-19 prácticamente todas las muertes en exceso a partir de los informes del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) elaborados por el ISCIII. Los cálculos eran tan chocantes que con 32 infectados obtenían un fallecido. El estudio nacional de seroprevalencia llevado posteriormente a buen término por el ISCIII es más solvente pero también adolece de graves limitaciones a pesar de haber sido publicado por «The Lancet» (6/07/2020).
Los autores del estudio lo reconocen elegantemente. La tasa de letalidad que obtienen sigue siendo excesivamente elevada (1,14%). Sin embargo, al haber confirmado el estudio del ISCIII la elevada seroprevalencia del personal sanitario disponían de todos los elementos para una estimación robusta. Es cierto que un muestreo aleatorizado, representativo de la población española, debe tener en cuenta criterios de sexo, edad, categoría socioprofesional, región, renta, talla de la aglomeración, etc. Estos criterios no los cumple en su totalidad el colectivo de sanitarios pero se pueden aproximar bastante bien. Con cifras oficiales, la tasa de letalidad entre profesionales sanitarios (52.500 infectados hasta el 25 de junio) puede estimarse en el 0,13% para un rango de edad entre más de 20 y menos de 70 años. Si ponderamos con la tasa de letalidad para la población entre 0 y 20 años obtenemos aproximadamente una tasa de letalidad de 0,11% en el rango 0-70 años. Finalmente, teniendo en cuenta la tasa de letalidad de mayores de 70 años obtenemos una estimación global de 0,5%-0,6%, en consonancia con la que se desprende del informe del CNE arriba referenciado.
Viene ahora lo más inquietante. En la susodicha Tabla 4 se observa que solamente en los rangos 70-79 años y más de 80 se constatan más defunciones que estancias en la UCI. En los de más de 80 años el dato es aterrador: de 781 pacientes hospitalizados solo 20 pasaron por la UCI pero se registran 150 fallecidos. Con una prognosis correcta, dada la sintomatología tan brutal en fase severa (neumonías especificas y «tormentas de citocinas») es dudoso que los 130 pacientes hospitalizados, de más de 80 años, que fallecieron sin pasar por la UCI muriesen por el Covid-19. Habida cuenta que se los reportó infectados se les asignó esa causa de muerte. Además, una cosa es haber sido infectado por el Sars-CoV-2 y otra, bien distinta, morir de ello. Uno puede padecer cáncer y fallecer de un ataque al corazón o una peritonitis sobre todo si ha sobrepasado la esperanza de vida teórica. Entonces ¿de qué fallecieron? Fallecieron del “syndrome de glissement-abandon”: no es el virus el que mata sino la situación resentida. La tristeza, la pena, el desamparo que invade a los mayores en el hospital (o residencias o a domicilio) les resulta fatal, no el virus (o no siempre).
En síntesis, tomando en cuenta falsos positivos, tasa de letalidad discrepante con exceso de muertes por el Covid-19 (confirmadas y sospechosas), muertos por distintas dolencias que en vida, aterrorizados, no acudieron al hospital para no infectarse y fallecidos por “syndrome de glissement-abandon” estimo entre 20.000-24.000 los fallecidos directamente por Covid-19. Siguen siendo muchos, ciertamente, pero no son menos los no infectados que no supimos salvar.
Más información:
– Dossier coronavirus

Miles de manifestantes se han reunido hoy en Minsk para protestar contra los resultados electorales que mantienen a Alexander Lukashenko en la Presidencia de Buelorrusia.
Las protestas se suceden desde que la oposición perdió las elecciones hace una semana.
Lukashenko ha hablado por teléfono con Putin sobre la situación. Unos minutos antes, el Presidente bielorruso dijo que quería hablar con Putin sobre la “amenaza” que se cierne sobre su país y “toda nuestra región”, una señal de que la tensión sigue siendo alta entre ambas partes.
El bielorruso sostiene que las manifestaciones ponen en peligro el Tratado de Unión entre Rusia y Bielorrusia. Según Lukashenko, su país se enfrenta a una “revolución de colores” como las que se han producido en Rusia y en otros países de la antigua URSS en los últimos 20 años, con “elementos de interferencia externa”.
No obstante, rechazó “toda mediación extranjera”, refiriéndose a un plan propuesto por Polonia, Lituania y Letonia, miembros de la Unión Europea vecinos de Bielorrusia. Washington y sus secuaces en Varsovia llaman al gobierno de Minsk a dialogar “con la sociedad civil”, en referencias a los caballos de Troya internos que ellos manejan.
La cabeza visible de dicho caballo es Svetlana Tijanovskaia, que se ha instalado en Lituania para dirigirt la desestabilización, desde donde ha convocado las manifestaciones de este fin de semana.
Es la Guaidó bielorrusa. Obtuvo en las urnas el 10 por ciento de los votos en la segunda vuelta y ha anunciado la creación de un comité para organizar el “traspaso de poderes” tras un “diálogo” con el gobierno actual.
Para acompañar la desestabilización, la Unión Europea ha acordado nuevas sanciones contra Minsk.
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