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Mujer y aborto en la Unión Soviética

Como todo lo que concierne a “la mujer” (a secas), la burguesía conduce el aborto a una galaxia de normas de todo tipo, que van desde las religiosas y morales (“es un pecado”, “un crimen”) a las jurídicas (“es un derecho”). Los movimientos seudofeministas, pues, no tienen una perspectiva diferente de la Inquisición sobre el aborto; es la misma posición pero invertida.

Es el discurso que predomina ampliamente en los círculos posmodernos y, como es evidente, siempre que se habla de “derechos” la realidad se resume en leyes, sentencias y reglas formales, cuya conexión con la realidad no siempre está clara.

Por lo demás, el mundo de los derechos conduce al individualismo porque los titulares de ellos son personas y, en el caso del aborto, mujeres. Es propio de quienes se llenan la boca de frases como “cada cual hace con su cuerpo lo que quiere” y otras parecidas.

Una vez metidos en ese universo jurídico, la primera confusión histórica que hay que aclarar es que todo tiene que empezar por la despenalización del aborto, es decir, por impedir que las mujeres sean encarceladas por ello. Pues bien: la Unión Soviética fue un país pionero en este punto.

Cuando en 1917 los bolcheviques llegan al gobierno, una de sus primeras medidas ya fue suficientemente revolucionaria: una mujer, Alejandra Kolontai, fue nombrada ministra, por primer vez en la historia, un punto a partir del cual todas y cada una de las políticas implementadas fueron igualmente revolucionarias: supresión del matrimonio religioso, abolición de la autoridad marital y paterna, derecho al divorcio, igualdad entre los niños legítimos y extramatrimoniales…

En la misma línea, el 18 de noviembre de 1920 el gobierno soviético despenaliza el aborto y concede a las embarazadas la posibilidad de hacerlo de manera legal, gratuita y a cargo del servicio público de salud: “El aborto, la interrupción del embarazo por medios artificiales, se podrá llevar a cabo de manera gratuita en los hospitales públicos, donde la mujer disfrutará de las mayores garantías de seguridad en la operación”, decía el decreto, anticipándose 60 años a cualquier otro país del mundo en el que con posterioridad se ha establecido.

No obstante, se hace preciso aclarar que, como decía el propio decreto, la legalización se hacía con carácter temporal: el Estado soviético “lucha contra el aborto fortaleciendo el régimen socialista y la propaganda desarrollada en su contra entre las mujeres trabajadoras y dotándose de los medios para proteger la maternidad y la infancia. Esto lleva a la desaparición gradual de esta práctica”, en referencia a la interrupción artificial del embarazo.

Pero la burguesía ignora que la historia no se hace con decretos ni reglas formales, del tipo que sean, jurídicas o morales. Al mismo tiempo hay que cambiar las condiciones materiales para que los “derechos” se conviertan en realidades. “Una cosa es predicar y otra dar trigo”, dice el refrán. Precisamente en referencia a la situación de la mujer en los primeros años de la URSS, Lenin escribió:

“Por supuesto, las leyes no son suficientes, y no estamos satisfechos con los decretos. Pero, en el ámbito legislativo, hemos hecho todo lo necesario para que las mujeres alcancen el nivel de los hombres y podemos estar orgullosos de ello. La situación de las mujeres en la Rusia soviética puede servir como un ideal para los Estados más avanzados. Sin embargo, esto es sólo el principio. El ama de casa sigue oprimida. Para que sea verdaderamente emancipada, para que sea verdaderamente igual al hombre, debe participar en el trabajo productivo común y el hogar privado debe dejar de existir. Sólo entonces estará al mismo nivel que el hombre […] Aunque la mujer pueda disfrutar de todos los derechos, de hecho sigue oprimida, porque es responsable de todos los cuidados del hogar […] Creamos instituciones modelo, comedores, guarderías, para liberar a la mujer del hogar. Hay que reconocer que en la actualidad en Rusia estas instituciones, que permiten a las mujeres dejar su condición de esclavas domésticas, son muy raras. Su número es muy pequeño y las actuales condiciones militares y alimentarias son un obstáculo para su aumento. Sin embargo, hay que decir que surgen siempre que existe la menor posibilidad. Decimos que la emancipación de los trabajadores debe ser el trabajo de los propios trabajadores. Del mismo modo, la emancipación de las mujeres trabajadoras será obra de los propios trabajadores. Las mujeres trabajadoras deben asegurar el desarrollo de estas instituciones por sí mismas; de esta manera podrán cambiar completamente su destino en la sociedad capitalista”.

Respecto al aborto, el Partido Bolchevique combatía el malthusianismo y las políticas antinatalistas, como cualquier otra organización marxista. Además, la política soviética estuvo condicionada por las guerras y, por lo tanto, por el descenso demográfico que eso supuso. Antes de la Primera Guerra Mundial, Rusia tenía uno de los mayores índices de natalidad del mundo, muy próximo al 50 por ciento, un porcentaje paralelo al de mortalidad infantil: antes del primer año de vida morían la tercera parte de los recién nacidos.

La alta mortalidad infantil, consecuencia de la miseria extrema, no fue óbice para un fuerte crecimiento demográfico que, como consecuencia de las guerras, primero mundial y luego civil, dejó a muchos niños huérfanos y abandonados por las calles y los campos, una situación ampliamente conocida gracias a las obras de Anton Makarenko.

Además de las “condiciones militares y alimentarias” a las que se refería Lenin, existían muchas circunstancias económicas y sociales de las que, tanto entonces como ahora, dependen cualquier tipo de “derechos”. El decreto que en 1920 legalizó el aborto ni siquiera lo consideraba como un “derecho” sino como un remedio, consecuencia de la herencia del pasado: “Los supervivientes de las condiciones económicas pasadas y actuales todavía llevan a las mujeres a recurrir a esta operación. La Oficina del Comisionado de Salud del Pueblo y la Oficina del Comisionado de Justicia del Pueblo, si bien protegen la salud de la mujer y en interés de la especie, considerando que la represión en esta esfera no da los resultados esperados, decreta” la legalización del aborto.

Sobra añadir que las circunstancias y necesidades que dan lugar al reconocimiento de los “derechos” cambian con el tiempo, lo que hace que cambien esos mismos “derechos”. Para todos aquellos que se interesan por la construcción del socialismo en la URSS los cambios en la situación interna desde 1917 hasta la época de los planes quinquenales son muy conocidos. En los años treinta la situación había dado un vuelco total y no sólo porque la política del Partido Bolchevique lo había decidido, sino porque la demografía también había cambiado y con ella la sitación de la mujer e incluso de las familias.

En los primeros años de la URSS, continuaron las mismas tasas de natalidad, mientras que la mortalidad se redujo por las mejoras en la atención sanitaria, las condiciones de trabajo, la vivienda y la alimentación, lo que tuvo como consecuencia un enorme crecimiento demográfico, que en la URSS estuvo vinculado a la emigración a las ciudades.

El crecimiento demográfico estuvo acompañado de un fuerte crecimiento en el número de abortos, aunque es posible que dicho crecimiento no sea tan grande o no se corresponda a la realidad sino consecuencia de un registro estadístico mucho más estricto. En cualquier caso, en 1926 los datos oficiales registraron 400.000 abortos en la URSS, cifra que se disparó a los 700.000 en 1934, una cifra gigantesca en relación con los tres millones de nacimientos de ese mismo año.

A partir de la colectivización la tasa de natalidad disminuye bastante rápidamente, entrando en esa etapa que se suele llamar de “transición demográfica” que, como es natural, cambió la política social del gobierno soviético en un sentido que la burguesía califica como “conservadora” e incluso de “marcha hacia atrás” y que se relaciona de manera tópica con Stalin.

El 27 de junio de 1936 la legislación soviética sobre la familia cambia y con ella cambia, como es lógico, la legislación sobre la mujer, poniendo el acento de las necesidad de tutelar a la infancia. El año anterior se habían divorciado un 44 por ciento de los matrimonios, a los que seguían segundos matrimonios y luego terceros, y así sucesivamente, con los consiguientes cambios de vivienda, pensiones alimenticias y demás.

Los servicios y las ayudas sociales y familiares favorecían esa situación. Con el tiempo se fueron introduciendo más restricciones. Por ejemplo, se favorecía el matrimonio imponiendo una tasa a los solteros y se aumentaron las de los divorcios, que pasaron a 3 a 50 rublos para el primero, 150 rublos para el segundo y 300 para el tercero.

Lo mismo ocurrió con el aborto, al que desde 1924 se fueron imponiendo restricciones porque los presupuestos sobre los que se había legalizado el aborto eran erróneos. El poder soviético había supuesto que a medida que la posición económica y social de la mujer soviética fuera mejorando, disminuiría el número de abortos.

Pero sucedió todo lo contrario: quienes abortaban con mayor frecuencia eran aquellas mujeres que tenían una mejor posición social, por lo que gobierno empezó a dar prioridad a las mujeres de los sectores sociales más desfavorecidos. Primero las desempleadas que estaban solteras, luego las que trabajaban solteras con un hijo, a continuación las que trabajaban en la industria y ya tenían varios hijos y luego las demás.

Dichas restricciones ponían de manifiesto que entonces aún no había suficientes medios materiales para llevar a cabo los abortos con las debidas garantías de atención sanitaria.

Finalmente, en 1936 y en 1944 se prohibió (con excepción del aborto terapéutico) ya que empezaron a poner la vista en una inminente guerra mundial, volviéndose a restablecer el 23 de noviembre de 1955, primero gratuitamente y luego de manera onerosa.

En este punto a la burguesía hay que volverle a recordar de nuevo que la prohibición del aborto fue tan formal como su opuesto, el “derecho”, ya que en realidad se siguieron practicando abortos, entre otras razones porque los médicos los avalaban con excusas terapéuticas.

Por lo tanto, si el feminismo burgués busca un modelo, no lo va a encontrar en la URSS, donde las concepciones eran las opuestas, empezando por la inexistencia de una política sobre “la mujer” en abstracto, al margen de las clases sociales. El aborto en la URSS tampoco fue nunca un “derecho” en el sentido en el que predican actualmente los movimientos pequeño burgueses.

La política soviética fue lo más opuesto que cabe imaginar al malthusianismo que la burguesía sostiene y, en consecuencia, fue una política natalista, de donde se desprende que no ponía el acento en “la mujer” sino en la infancia, a la que no se consideraba como una “carga”, sino todo lo contrario, porque el Estado soviético puso toda clase de medios materiales para que no fuera así y, como se dice ahora, la mujer pudiera compatibilizar la vida laboral con la familiar.

Una política basada en la infancia es una política para el futuro. Cuando la burguesía propugna políticas malthusianas es porque es plenamente consciente de que el capitalismo no tiene ningún futuro.

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Operación Litempo: el papel de la CIA en la matanza de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco en 1968

Mayo del 68 no fue sólo París sino una crisis generalizada del capitalismo que se extrendió por varios países que en aquella época se definían a sí mismos como “el mundo libre”. Es el caso de México, donde el gobierno se sintió libre para asesinar indiscriminadamente a más de 300 estudiantes que protestaban en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.Fue el 2 de octubre de 1968, en plena capital mexicana, y ahora 50 años después, miembros del Comité 68 ProLibertades Democráticas quieren reabrir el proceso contra Luis Echeverría Álvarez, quien durante la protesta era el secretario de Gobernación, al que acusan de “genocidio”, un término que se está convirtiendo en multiusos.

La imputación judicial deja al margen a un personaje clave, como la CIA, que nunca falta en este tipo de carnicerías. La CIA planificó, asesoró y llevó a cabo labores de inteligencia a favor del gobierno mexicano. Mucho de lo que sabemos de la matanza es gracias a los archivos de la CIA que se han desclasificado (*).

Winston Scott, el capo de la CIA en México, operaba desde la embajada de Estados Unidos desde 1956 y había convertido al gobierno mexicano en un nido de espías. Era amigo del Presidente Gustavo Díaz Ordaz, de Luis Echeverría y de altos funcionarios mexicanos que espiaban a su propio país en beneficio de los vecinos del norte.

Entre 1956 y 1969 Scott reclutó en los niveles más altos del gobierno a un total de 12 espías, entre ellos dos Presidentes y dos hombres que posteriormente fueron condenados por crímenes de guerra. Iniciada en 1960, Litempo era el nombre en clave que la CIA dio a aquella red de traidores. Las letras “li” eran el código que la CIA daba a sus operaciones secretas en México; “tempo” lo utilizaban para indicar el nombre secreto de cada una de ellas. Operación Litempo-1, por ejemplo, era Emilio Bolaños, sobrino de Gustavo Díaz Ordaz, secretario de Gobernación y presidente en los años sesenta. Diaz Ordaz era Operación Litempo-2. Como su predecesor en los Pinos Adolfo López Mateos, eran amigos personales de Scott. Asistieron a la boda con su tercera esposa, en diciembre de 1962, con López Mateos fungiendo como padrino, o testigo principal, en la ceremonia.Scott también cultivó su relación con Fernando Gutiérrez Barrios, quien era conocido como Litempo-4, en la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Scott conocía a El Pollo por lo menos desde 1960. Gutiérrez Barrios asistió a Scott en los días de pánico posteriores al asesinato del presidente John F. Kennedy, en noviembre de 1963, al interrogar a mexicanos que habían tenido contacto con el acusado como asesino, Lee Harvey Oswald.

Otro de los agentes de Scott, según los registros de la CIA, era Luis Echeverría, subsecretario de Gobernación a principios de los años sesenta, que es identificado como Litempo-8. Echeverría empezó a manejar solicitudes especiales del gobierno estadounidense para conceder visados a viajeros cubanos que buscaban huir de la Isla. Cuando Echeverría ascendió en la jerarquía mexicana, también lo hizo en la importancia que le daba su amigo norteamericano. Se convirtió en un invitado ocasional a las cenas que Scott daba en su casa de las Lomas de Chapultepec.

En 1966 un subordinado no identificado de Gutiérrez Barrios, conocido como Litempo-12, comenzó a tener reuniones diarias con George Munro, uno de los peones de confianza de Scott, para traspasar copias de informes procedentes de sus agentes en la DFS sobre insurgentes. Litempo-12 se convirtió en la fuente más productiva de información sobre el Partido Comunista, cubanos en exilio y grupos culturales del bloque soviético.

Además, Scott tenía una red de confidentes en la universidad mexicana y otras escuelas, llamada Limotor, que lo mantenía bien informado sobre el campus universitario.

La información circulaba en las dos direcciones. Ferguson Dempster, un alto oficial de la inteligencia británica destacado en México, y amigo de mucho tiempo de Scott, contó a uno de los hijos de éste, que Scott entregaba un reporte diario al presidente mexicano sobre los «enemigos de la nación».

Cuando en 1968 el movimiento estudiantil convulsionó las calles de la capital, la Operación Litempo cobró mayor importancia. Scott se apoyó en sus peones en la cúspide del gobierno mexicano para seguir el curso de los eventos que el 2 de octubre culminó en la matanza.

Tras los acontecimientos de mayo en París, la embajada de Estados Unidos en México compiló una lista de 40 incidentes aislados de agitación estudiantil desde 1963, pero Scott creía que en México Día Ordaz tenía la situación bajo control y así lo hizo saber a la central de la CIA en Langley.

A finales de agosto, Díaz Ordaz designó a Echeverría para diseñar la respuesta gubernamental a los disturbios estudiantiles. Pero el jefe de la DFS, Fernando Gutiérrez Barrios, confesó que el gobierno no contaba con ningún plan para enfrentar los desórdenes estudiantiles, según un despacho confidencial de la CIA.

Los comunistas infiltrados no podían faltar

Scott enviaba frecuentes informes de situación, conocidos en la CIA como “sitreps”, en los que al más puro estilo de la Guerra Fría, hacía énfasis en la filiación comunista de los profesores que dirigían el movimiento estudiantil. En un informe de agosto de 1968, titulado “Los estudiantes escenifican desórdenes mayores en México”, el espía argumentaba que los disturbios en el Zócalo representaban “un clásico ejemplo de la habilidad comunista para transformar una manifestación pacífica en un disturbio mayor”.

Otro de sus informes dice: “Pese a que el gobierno pretende tener sólidas evidencias de que el Partido Comunista maquinó el alboroto del 26 de julio, y aparentes indicios de complicidad de la Embajada soviética […] es improbable que los soviéticos socavaran así sus cuidadosamente cultivadas relaciones con los mexicanos”.

Coincidió con las Olimpiadas que, como suele ocurrir, sirvieron para lavar la cara a los crímenes más espantosos. Los intereses turísticos y comerciales llamaban a una acción rápida, pero las movilizaciones estudiantiles no cedían. Los mexicanos se estaban liberando del miedo hacia su gobierno.

A fines de septiembre, Scott reportó que el gobierno mexicano “no está buscando una solución de compromiso con los estudiantes, sino más bien poner fin a todas las acciones estudiantiles organizadas antes de que empiecen los Juegos Olímpicos… Se cree que el objetivo del go[bierno] es cercar a los elementos extremistas, y detenerlos hasta que pasen las Olimpíadas”, programadas para su inauguración a mediados de octubre.

“Los dirigentes de la agitación estudiantil han sido y están siendo llevados a la cárcel”, dice Scott en uno de sus informes. “La ofensiva [gubernamental] contra los desórdenes estudiantiles se ha abierto hacia frentes físicos y psicológicos”, añade. “Cualquier estimación como ésta, de la probabilidad de actos intencionales diseñados para alterar el curso normal de los acontecimientos, debe tomar en cuenta la presencia de radicales y extremistas, cuya conducta es imposible de predecir. Y personas y grupos como estos existen en México», escribió el 2 de octubre, momentos antes de la matanza.

¿Radicales?, ¿extremistas?, ¿impredecibles? Los espías de la CIA no tenían ni la más remota idea de lo ocurrido.

El espía que no sabía nada

La manifestación en Tlatelolco se inició alrededor de las cinco de la tarde. Al atardecer, se habían reunido entre cinco y diez mil personas. Los tanques rodearon la Plaza y los jefes militares recibieron la orden de impedir que el acto se llevara a cabo.

Un grupo de oficiales vestidos de civil, conocido como el Batallón Olimpia, debían impedir que cualquiera entrara o saliera de la Plaza, mientras los dirigentes estudiantiles eran detenidos. Finalmente, un grupo de policías recibió la orden de detener a los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga.

Hasta treinta años después nadie supo que Luis Gutiérrez Oropeza, el jefe de Estado Mayor del ejército mexicano, había apostado en el piso superior de un edificio a diez hombres armados y les había dado órdenes de disparar sobre la multitud. Actuaba por órdenes de Díaz Ordaz, según publicó Proceso en 1999.

De acuerdo con el libro de Jorge G. Castañeda, Oropeza era el enlace entre Díaz Ordaz y Echeverría. También era amigo de Scott y cenó por lo menos una vez en su casa, de acuerdo con un libro de invitados conservado por su familia. Sin embargo, aún no ha aparecido documentación explícita de que Oropeza fuera uno de los sicarios de Litempo o de que el 2 de octubre actuara por órdenes de la CIA.

Justo en el momento en que un orador de los estudiantes anunciaba que la marcha programada no se llevaría a cabo por la amenaza de violencia armada, aparecieron repentinamente bengalas en el cielo y todo mundo miró automáticamente hacia arriba y los francotiradores apostados iniciaron el tiroteo, algo que se ha repetido luego en muchos lugares, como Plaza Maidan en Ucrania o Plaza Tahrir en El Cairo.

Fue una ratonera. Una ola de gente corrió hacia el otro extremo de la Plaza, para toparse con una fila de soldados que venía en sentido opuesto. Corrieron entonces hacia el otro lado, donde estaba la zona de fuego. Cayendo en la trampa de la provocación, el ejército persiguió a los manifestantes y unas horas después, la Plaza estaba inundada de cadáveres. A los estudiantes los reunieron a culatazos los obligaron a desnudarse. Los periodistas fueron detenidos, se les confiscaron sus rollos fotográficos y todo su material. Los detenidos fueron encarcelados y enviados a campos militares de detención.

Scott envió su primer informe alrededor de la medianoche repleto de falsedades: “Una fuente clasificada dijo que los primeros tiros fueron disparados por estudiantes, desde departamentos del edificio Chihuahua”.

Ninguno de los informes que Scott envió a sus jefes era cierto. Es como admitir que una agencia de información no tiene ni idea de lo que ocurre.

Lo mismo cabe decir de los policías del FBI en México que trabajaban con Scott, aunque su imaginación falsaria era aún mayor: en sus informes reconvirtieron a la Brigada Olimpia en un grupo trotskista armado, a su vez vinculado con comunistas de Guatemala…

En fin, la matanza era como todas las demás: la obra de un plan comunista perfectamente planificado.

La otra parte de la desinformación también es de manual: se trata de gente venida del extranjero, lo que encajaba con la Guerra Fría, la cercanía de Cuba, las Olimpiadas… “Muchísima gente ha entrado al país”, dijo el Presidente. “Las armas usadas eran nuevas y tenían borrado el número de registro. Los grupos de Castro y del comunismo chino estaban involucrados en el esfuerzo. Los comunistas soviéticos tendrían que ponerse a la altura para evitar que se les llamara gallinas”.

En Washington el asesor de seguridad del Presidente Johnson, Walt Rostow, intentó clarificar la chapuza de informes que les llegaban sobre la matanza. “¿Es posible verificar la historia del FBI sobre una Brigada Olimpia compuesta por comunistas que había provocado un tiroteo?”, preguntaban desde la Casa Blanca.

En efecto, les respondió Scott desde Mérxico: un pequeño grupo de estudiantes trotskistas había formado la Brigada Olimpia para volar transformadores, secuestrar autobuses que transportaran atletas e impedir las celebración de las Olimpiadas…

O Scott no sabía nada sobre la matanza o mentía descaradamente. Un consejero de la embajada de Estados Unidos en México, Wallace Stuart, confesó más tarde que la CIA había presentado 15 versiones diferentes del tiroteo de Tlatelolco: “¡Todas ellas procedían de fuentes fiables o de observadores entrenados sobre el terreno”

Es uno de los problemas clásicos de todos los espías. Dependen tanto de sus fuentes (que a la vez son juez y parte) que no tienen forma alguna de conseguir información fidedigna. Como dice Jefferson Morley, el biógrafo de Scott, “el titiritero se había convertido en títere”.

Ocho meses después, a Scott le despidieron como jefe de la CIA en México. Al año siguiente le concedieron uno de los honores más altos del espionaje: la Medalla de la Inteligencia Distinguida. El texto que acompañaba a la medalla se refería al programa de Operación Litempo como uno de sus más grandes logros.

El espía que no se enteraba de nada murió en México en 1971 pero, como dice su biógrafo, “la CIA llegó a México para quedarse”.

https://nsarchive2.gwu.edu//NSAEBB/NSAEBB204/index.htm

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Feminismo y resistencia antifascista: la lucha heroica de Marie Claude Vaillant-Couturier

Resistente contra el fascismo desde el primer minuto, Marie Claude Vaillant-Couturier es una heroína francesa, una de las puntas de lanza de la lucha contra la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial.

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Nazis y sionistas: ¿cuándo acabará el mayor tabú histórico de la posguerra?

Son cosas tan sabidas como calladas. Incluso los propios sionistas lo han reconocido desde hace muchos años, pero es algo que interesa mantener bajo la alfombra, todo un tabú que ya forma parte de la historia, sobre todo de la historia de la manipulación.

En 1989 el diario israelí “Jerusalem Post” admitió los vínculos de los sionistas con los nazis porque unos y otros perseguían el mismo objetivo: sacar a los judíos de Alemania para llevarlos (deportalos, en realidad) a “su sitio” (Palestina).

El diario se refería a un caso concreto: los vínculos establecidos en 1941 entre el III Reich y los sionistas-terroristas de Stern Gang que dirigía Isaac Shamir.

En realidad tales vínculos proceden de la llegada de los nazis a la Cancillería en 1933, pero pasaremos por alto este detalle (al menos de momento).

Cuando el “Jerusalem Post” destapó el asunto, la agencia Reuters lo reprodujo, calificándolo como “el fin de un tabú nacional”, creyendo que bastaba la divulgación “nacional” en Israel para que los vínculos entre nazis y sionistas fueran conocidos por todo el mundo. Si los israelíes, que estaban implicados de manera directa, los admitían, la historia de la Segunda Guerra Mundial debería acabar con sus propios mitos.

Obviamente, no ha sido así; seguimos leyendo toda clase de basura sobre la Shoah, el Holocausto (con mayúsculas) judío y demás, con el agravante de que es algo que no se puede poner en duda porque te acusan de nazi, de negacionista e incluso te meten a la cárcel porque está considerado como un delito.

En el caso concreto de Shamir, que fue Primer Ministro de Israel en los ochenta, el asunto es harto evidente: además de compartir los mismos objetivos políticos, los nazis y los sionistas utilizaban los mismos métodos terroristas, por lo que no es de extrañar que llegaran a acuerdos entre ellos.

Hay otra conclusión obvia: a los sionistas les importaba un bledo que los nazis asesinaran masivamente a los judíos porque ellos nunca intentaron defenderles sino defender la creación de un nuevo Estado en Palestina a su imagen y semejanza, es decir, terrorista, basado en la deportación y el exterminio de los árabes.

En 1941, cuando la “Solución Final” ya estaba en marcha en Alemania, Shamir buscaba la cooperación de los asesinos en la creación de lo que siete años después se convirtió en el Estado de Israel.

Para ocultar sus propios planes, los sionistas divulgaron que en la Segunda Guerra Mundial quienes se aproximaron a los nazis no fueron ellos sino los árabes.

Se trató de una disputa típica entre potencias imperialistas, donde la hegemonía regional correspondía entonces a los británicos. El plan de Shamir consistía en poner a su banda terrorista al servicio del III Reich contra los británicos y les dio muestras de su eficacia: en 1944 Shamir asesinó a Lord Moyne, virrey de Gran Bretaña en Oriente Medio.

Shamir no sólo era un sionista y un terrorista. No sólo trató de venderse a Hitler sino también a Mussolini porque era un fascista. El mundo ha tenido que soportar sin sonrojarse que alguien así estuviera hasta 1992 a la cabeza de un Estado moderno.

Tan moderno que tiene armas nucleares a su disposición. Ahora pensemos por un momento en un nazi-sionista como Shamir provisto de tales capacidades armamentistas…

El III Reich creó esta medalla para recordar su alianza con los sionistas. A un lado tenía la cruz gamada y al otro la estrella de David
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Cherid: el mercenario de los GAL asesinado por sus jefes del Ministerio del Interior

Jean Pierre se convirtió en un testigo incómodo, negativo, para sus jefes; y esos mismos jefes, los del GAL, fueron quienes lo eliminaron el 19 de marzo de 1984, asegura Teresa Rilo, su viuda.

Cherid es el eslabón perdido entre el Batallón Vasco Español (BVE) y los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). Era un reconocido mercenario que formó parte del ejército francés como paracaidista, fue miembro de la OAS (Organización del Ejército Secreto), soldado a sueldo en Biafra y otras guerras africanas que, finalmente, recaló en España.

Aquí, como destacado anticomunista, consiguió la protección de los servicios secretos y trabajó en ATE (Antiterrorismo ETA) con el capitán de navío Pedro Martínez, cuyo alias era Pedro el Marino. Entre 1975 y 1982 colaboró con el BVE y estuvo a las órdenes tanto de Pedro el Marino como del inspector jefe Antonio González Pacheco, más conocido por Billy el Niño.

A partir de 1982, tras la llegada del PSOE al gobierno, trabajó para los GAL bajo la supervisión directa del sargento de la Guardia Civil Manuel Pastrana, que estaba destinado en la Secretaría de Estado de Interior con Rafael Vera.

Jean Pierre Cherid murió el 19 de marzo de 1984 en Biarritz (Francia) cuando manipulaba unos explosivos que había colocado en un vehículo en la calle de Víctor Hugo, con el fin de atentar contra un grupo de refugiados vascos que tenían que pasar por aquel punto.

Sin embargo, 27 años más tarde, Teresa Rilo, su viuda, revela que su marido no murió por un error de manipulación de explosivos, como siempre se había especulado: “Era un experto en la utilización y manejo de explosivos y recibió la contraorden de sus superiores de retirar aquel vehículo, trasladarlo hasta Irún y entregarlo a la Guardia Civil de allí. Es decir, no había que manipular nada y, además, la carga estaba desconectada. Fue una trampa de su propia gente para eliminar a un testigo negativo”.

Ése es el principal argumento por el que Teresa Rilo considera que ella y sus dos hijas son también víctimas del terrorismo de los GAL y reclaman una indemnización por los años en que su marido trabajó para el Ministerio del Interior, de 1976 a 1984: ”Jean Pierre trabajó con Pedro Martínez (Pedro el Marino) en los servicios secretos, con el inspector Antonio González Pacheco (Billy el Niño) y con el sargento Manuel Pastrana, que estaba en la Secretaría de Estado. Es decir, mi marido trabajaba para un grupo parapolicial de Interior que montó el propio Ministerio y siguió trabajando cuando Felipe González era presidente del Gobierno”.

Cherid en Montejurra

Tras la muerte de Cherid, su viuda intentó reclamar una ayuda de los supervisores de su marido, pero nunca consiguió nada: “Jean Pierre, antes de morir, me dijo que si algún día le pasaba algo, que no me preocupara, que sus jefes me ayudarían y que no me dejarían tirada. Después, todo fue al contrario. Vinieron a casa y se llevaron todos los papeles y las armas que relacionaban a Jean Pierre con el BVE y con los GAL, y me dijeron que no abriera la boca, que no hablara con ningún periodista y que tuviera mucho cuidado con lo que hacía. Se puede decir que me amenazaron. Yo estaba muerta de miedo porque tenía presiones por todas partes, de ETA y del Ministerio del Interior”.Con los años, Teresa Rilo y sus hijas han ido investigando y reconstruyendo cómo fue la muerte de su marido: “Hoy sabemos, por medio de confesiones e informaciones que nos han aportado sus antiguos compañeros y amigos, que a Jean Pierre lo eliminaron. Paco, un guardia civil muy cercano a mi marido, siempre me decía que era una lástima lo que le habían hecho a Jean Pierre, que no se merecía eso. Estoy convencida de que él sabía o escuchó el plan que tenían para taparle la boca”.

Jean Pierre Cherid, que nació en Argel en 1940, participó como mercenario y militante fascista en los atentados de Montejurra 76, donde murieron dos carlistas, y, dos años más tarde, en la voladura del refugiado vasco José Miguel Beñaran, Argala.

En 1979 Cherid, asesinó en París al dirigente del PCE(r) Francisco Javier Martín Eizaguirre con la ayuda de Mohamed Talbi. De regreso a suys bases en España, asesinaron en Ipar Euskal Herria a los refugiados vascos Enrique Gómez “Korta” y Jon Lopetegi, ”Pantu”. En el periodo comprendido entre 1978 y 1982 el Ministerio del Interior y Cherid utilizaban el BVE para reivindicar sus crímenes.

En aquella etapa Cherid asesinó a un gran número de refugiados vascos, entre los que estaba Sagardía Saldua, “Uzurbil” y en 1980 intentó secuestrar y trasladar a España a Dolores González Catarain, Yoyes, haciéndose pasar por un gendarme francés.

En tiempos de los GAL (1983-1984), el mercenario francés se vio involucrado en los atentados de Oñaederra, Perurena, Gurmindo, Antxon, y Pérez Arenaza (cuñado de Txomin), entre otros. Marzo de 1984, el mes en que murió Cherid, fue uno de los periodos de mayor intensidad de los GAL, con un total de cuatro asesinatos.

Jean Pierre Cherid voló por los aires el 19 de marzo de 1984 a las 13.30 horas en Biarritz y su mujer se enteró por la televisión de que aquel hombre destrozado por la acción de una bomba era su marido:

“Aquel día nadie daba señales de quién era la persona que había muerto, pero me di cuenta de que era Jean Pierre cuando en un reportaje de televisión vi cómo enfocaban un pie con un zapato, que era lo poco que había quedado de aquella persona. Al ver el zapato supe, de manera automática, que aquel pie era de Jean Pierre, y también intuí que aquello no era normal”.

Teresa Rilo, 27 años después de la muerte de Jean Pierre Cherid, sabía lo que se traía entre manos su marido y las diferencias que estaba manteniendo con sus jefes de Interior en los últimos tiempos: “Aquel coche estaba allí desde hacía meses, preparado para atentar contra un grupo de etarras que iba a los bares de aquella zona. Jean Pierre quería que la reivindicación del atentado se realizara a través del BVE y Madrid, sus jefes, le dijeron que tenían que ser los GAL. Eso llevó a un enfrentamiento entre ambas partes y Jean Pierre, incluso, llegó a amenazar a sus interlocutores en Interior”.

La viuda va más lejos en los pormenores del vehículo cargado de explosivos (un Renault 18 blanco con matrícula francesa 8185 RL 64) e indica: “El coche estaba desconectado, según me contó él. No era tan tonto como para dejarlo conectado, pues conocía muy bien el mundo de los explosivos. Le dieron la orden, desde Madrid, de retirarlo de Biarritz, llevarlo a Irún y entregárselo a la Guardia Civil. Estoy segura de que alguien de los GAL manipuló el coche y los explosivos y por eso le dieron la orden de que lo trasladara, para que, de esa forma, al abrirlo muriera y así eliminaban a un testigo negativo”.

Después de la muerte de uno de los jefes más sanguinarios de los GAL se produjo el silencio policial y judicial, tanto en Francia como en España. Toda la investigación se centró en que Cherid murió al manipular la pila del detonador de los explosivos.

”En Interior me dijeron que para demostrar que Jean Pierre había trabajado para la Policía y la Guardia Civil tenía que acreditarlo alguno de sus jefes. Durante todos esos años tanto Antonio [Billy el Niño] como Manolo [el sargento Manuel Pastrana] me dijeron que no me moviera, que no dijera nada, y cuando los he llamado no han querido saber nada. Pues ahora, que les llame la Justicia y que digan quiénes eran sus jefes, quién proporcionaba a mi marido los explosivos, las armas y el dinero para trabajar en el sur de Francia como grupo parapolicial de Interior, y así sabremos toda la verdad de aquellos años”.

http://elmundo.orbyt.es/2011/04/01/elmundo_en_orbyt/1301687091.html

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Memoria Histórica

En los Balcanes el imperialismo y el fascismo van de la mano siempre

En los años noventa los imperialistas desataron la Guerra de los Balcanes por razones harto evidentes. El imperialismo y el fascismo van de la siempre siempre y en todas partes. Tras la destrucción de la URSS había que destruir Yugoslavia, trocearla y poner de nuevos a los nazis al frente de cada uno de los pedazos.

Si en España los antifascistas luchan por recuperar la memoria que les han arrebatado tras 80 años de fascismo, en los Balcanes ocurre al revés: son los fascistas los que tienen que recuperarla, a su manera, naturalmente, es decir, falsificándola.

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Memoria Histórica

Solidarnosc: el gran montaje sindical de la CIA contra Polonia

En su edición del 29 de septiembre de 1981, el Wall Street Journal, que no destaca por ser “pro-sindicalista”, publicó un interesante editorial a favor del sindicato polaco Solidarnosc (Solidaridad). El Wall Street Journal atacaba a aquellas fuerzas que, según dijo, cuestionaban la conexión entre la AFL-CIO y Solidarnosc. Mostró especial irritación por la afirmación de que, a través de la AFL-CIO, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) estaba manipulando a Solidarnosc: “Qué fácil es hacer listas de las conexiones de la CIA [con la AFL-CIO]; los objetivos paralelos, las instancias de colaboración, las comunicaciones y las amistades compartidas. Qué fácil es usar la lista para tratar de desacreditar la tarea de la AFL-CIO en Polonia, y, más importante aún, para tratar de borrar la vergüenza colosal que representa Solidarnosc para el comunismo mundial”.

El editorial del Wall Street Journal no niega, curiosamente, la conexión AFL-CIO/CIA/Solidaridad en absoluto. Más bien, advierte que cualquier publicidad dada a esta conexión tiende a “empañar” o “deslegitimar” a Solidarnosc y a la AFL-CIO, y así juega a favor de la Unión Soviética. Correcto, sin duda; y la revista Counterspy, especialmente criticada por el editorial del Wall Street Journal, está ideológicamente aliada con los soviéticos, publicando frecuentemente artículos de miembros del Partido Comunista de Estados Unidos. Pero, ¿cuál es la veracidad de estas acusaciones?

La columna de Albert Shanker en la edición del 4 de octubre de 1981 del New York Times también ataca la conexión de la CIA con Solidaridad. Shanker dice que está en desacuerdo con un reportaje publicado en Literaturnaya Gazeta, un periódico soviético, alegando vínculos entre la AFT [American Federation of Teachers] y la CIA. Este artículo, del corresponsal de LG Anatoli Manakov (LG, 30 de septiembre, p.9) examina la oficina de información de Solidaridad en Nueva York, que se instaló en un edificio propiedad de la AFT de Shanker, en el 260 de Park Avenue. Manakov afirma que la AFT es miembro del Instituto Americano para el Desarrollo del Trabajo Libre (AIFLD), un frente de la CIA, que concede 100.000 dólares al año a la AFT para servicios como la oficina de Solidaridad. La respuesta de Shanker es interesante. Aunque niega que la AFT reciba dinero de la CIA, Shanker admite que sí recibe fondos de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID).

Tampoco Shanker niega el hecho indiscutible de que la AFT sea miembro de la AIFLD. Philip Agee, antiguo agente de la CIA y autor de Inside The Company (publicado en 1975, mucho antes del ascenso de Solidaridad), escribe sobre AIFLD: “La CIA controla los sindicatos a través de un centro financiado por la AID” (p. 620). El New York Times de 15 de enero de 1981 informó que dos miembros de la AIFLD asesinados en El Salvador fueron denunciados por error como agentes de la CIA por un abogado. Según A.J. Langguth en su libro sobre el terrorismo patrocinado por Estados Unidos y la tortura en América Latina, Hidden Terrors (1978):

“La AIFLD fue una criatura de principios de los años sesenta, una fusión de talento y fondos de la CIA, la AFL-CIO, y unas sesenta corporaciones estadounidenses” (pg. 93).

Langguth cita al Director de la AIFLD atribuyéndole el mérito de haber entrenado a muchos de los dirigentes sindicales de derecha que ayudaron en el derrocamiento del gobierno de Goulart en Brasil en 1964 y el establecimiento de la dictadura militar fascista (pg.115).

El Congreso de Solidarnosc de septiembre de 1981 cursó una invitación a Lane Kirkland, Presidente de la AFL-CIO, y el comunicado de prensa de la AFL-CIO sobre la invitación añadió que Kirkland estaría acompañado por “Irving Brown, representante europeo de la AFL-CIO”. Tom Braden, ex jefe de la división Internacional de la CIA, reveló en 1967 que Brown era un agente de la CIA. Brown, escribió, reunió a ex nazis y mafiosos corsos (muchos de ellos, muy metidos en el contrabando de heroína, todavía hoy trabajan con la CIA) para infiltrarse en sindicatos dirigidos por comunistas y aterrorizar a los trabajadores en la Europa de la posguerra; la CIA financió estos esfuerzos, junto con la ILGWU (Braden, I’m Glad the CIA Is ‘Immoral’, Saturday Evening Post, 20 de mayo de 1967). Agee simplemente escribe que Brown era el “principal agente de control de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres”. Brown, un hombre de la CIA, fue también el orador invitado principal en la Convención de la AFT de 1977.

La AFL-CIO envió más de 160.000 dólares a Solidarnosc (New York Times, 7 de enero de 1981). Agee señala que George Meany, difunto presidente de la AFL-CIO, ayudó con el trabajo de la CIA; Kirkland sin duda sigue haciéndolo. Los antecedentes de Kirkland se parecen más a los de un analista de la CIA que a los de un trabajador: graduado de la Escuela de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown; miembro de la Comisión Rockefeller para investigar a la CIA; trabaja con Nelson Rockefeller en la AIFLD y con su hermano David en la Comisión Trilateral. El presidente Gerald Ford, por cierto, había prohibido a la Comisión Rockefeller investigar las operaciones extranjeras de la CIA porque, en palabras de Ford, eran un “pozo negro” que “arruinaría la imagen de Estados Unidos en todo el mundo” (Harrison Salisbury, New York Review of Books 9/25/80, p.32).

Por lo tanto, verosímilmente Solidarnosc está ligada a la CIA, que es una organización antiobrera. Como muestra Langguth, el “anticomunismo” se utiliza como una razón conveniente para que los regímenes pro-estadounidenses de todo el mundo, ayudados por la CIA, repriman todos y cada uno de los movimientos que apuntan a mejorar el nivel de vida de los trabajadores. A principios de los años sesenta, “al menos un agregado laboral de la embajada de Estados Unidos, un veterano del movimiento sindical en Estados Unidos, sintió una punzada al ver a la AIFLD interrumpir el progreso en Brasil de la organización sindical con el pretexto de proteger a los trabajadores del comunismo” (Langguth, pg.115).

A través de AID, la CIA dirigía escuelas en Estados Unidos a finales de la década de 1960 en las que se enseñaban técnicas de tortura, terrorismo y tácticas de asesinato de escuadrones de la muerte a policías de toda América Latina. Estas tácticas se utilizaron para aplastar sindicatos, huelgas y movimientos obreros. De manera similar, la CIA utilizó a la mafia y a los terroristas cubanos del exilio para apuntalar a fascistas como Somoza de Nicaragua y llevar a cabo ataques terroristas contra Cuba, guiñando el ojo a su contrabando de heroína (ver W. Hinckle y W. Turner, The Fish Is Red. Harper & Row, 1981). Estos ataques incluyeron la importación del virus de la peste porcina a Cuba en la primavera de 1970, hasta la fecha el único ejemplo verificado de guerra bacteriológica por una gran potencia (Newsday, 6 de enero de 1977).

La CIA ayudó a los terratenientes pro-estadounidenses a sacar opio de Laos para el tráfico de heroína durante la guerra de Vietnam (Alfred McCoy, The Politics of Heroin in Southeast Asia, 1973). Ahora ayuda a los miembros de las tribus antisoviéticas afganas en su comercio de opio (Hoag Levins, The Kabul Connection, Philadelphia Magazine, agosto de 1980). Los mismos mafiosos corsos que golpearon a los trabajadores franceses pro-comunistas en la década de 1940 siguen trabajando hoy con la CIA en el contrabando de heroína (Hendrik Krüger, The Great Heroin Coup, 1980). Este comercio instigado por la CIA mata a decenas de miles de trabajadores en todo el mundo cada año, muchos de ellos en Estados Unidos.

¿Por qué la CIA apoya a Solidarnosc? Como muestra el histérico editorial del Wall Street Journal, la CIA, la AFL-CIO, la clase dominante de Estados Unidos, de hecho todo el mundo menos la población, a la que se ha ocultado la verdad, sabe que Solidarnosc es tan reaccionaria como parece. Es una organización fascista, no muy diferente a la de Hitler, que no se parece en nada tanto a los “comunistas” de Moscú y Varsovia a los que se opone tan amargamente.

Solidarnosc no sólo tolera, sino que también promueve el antisemitismo. Folletos no firmados en el congreso de verano [de 1981] de Solidarnosc aludían sombríamente a las personalidades judías del sindicato; en algunas reuniones sindicales se hicieron preguntas sobre el papel o la presencia de los judíos; en la sección de Solidarnosc en Varsovia creció una verdadera “facción polaca”, una reacción a las erupciones de fanatismo en la Polonia anterior a la Segunda Guerra Mundial (V. Hamill, Washington Post, 26 de diciembre de 1981).

Frederick Kempe, del Wall Street Journal, que asistió al Congreso de Solidarnosc de Gdansk (septiembre-octubre de 1981), escribió que unos 100 de los más de 800 delegados eran “al menos simpatizantes” del KPN, un grupo conservador y nacionalista “manchado por una historia de antisemitismo”. Marian Jurczyk, vicepresidenta de Solidarnosc de Szczecin y candidata presidencial, utilizó el antisemitismo para atacar al gobierno polaco en un discurso pronunciado en octubre (New York Times, 9 de enero de 1982). Solidarnosc ha adoptado a Josef Pilsudski, dictador fascista de la preguerra de Polonia, como su héroe, rebautizando los astilleros de Gdansk con su nombre el 11 de noviembre de 1981.

Bajo el régimen de Pilsudski los sindicatos fueron clausurados, los trabajadores derrotados, los opositores torturados, se establecieron campos de concentración (después de una visita de Goebbels en 1934, acompañada de pogromos oficialmente tolerados) y se hicieron cumplir las leyes antisemitas. Los dirigentes de Solidarnosc incluyen miembros del Partido Socialista Polaco de la preguerra y veteranos del Ejército Nacional; ambos grupos eran antisemitas.

La Iglesia Católica polaca, también poderosa en Solidarnosc, tiene una historia repugnante de antisemitismo. En 1936 el Cardenal Hlond, Primado de Polonia (hasta 1948), escribió en una carta pastoral, leída en voz alta en todas las iglesias: “La influencia judía sobre la moral es fatal”. Los judíos, continuó, propagaban el fraude, la usura, la esclavitud y la pornografía. Los buenos cristianos deberían boicotearlos.

En Polonia, como en otros lugares, el racismo se utiliza para desviar el movimiento obrero hacia chivos expiatorios, lejos de sus verdaderos enemigos, y hacia direcciones pro-capitalistas. El mismo Congreso de Solidaridad que invitó a Kirkland votó a favor de la adhesión de Polonia al Fondo Monetario Internacional (es decir, el fin de las subvenciones a los trabajadores de la alimentación, la vivienda, etc.) y aprobó directamente un aumento de precios y la renuncia a los sábados gratuitos. En cuanto a Walesa, es un entusiasta partidario de Reagan (Evans y Novak, New York Post, 8 de diciembre de 1980) y del capitalismo. Walesa se reunió en secreto con los presidentes de Ford, General Dynamics, Westinghouse, y los peces gordos de IBM, Heinz, TWA, etc. en París en octubre [de 1981] para discutir la manera de “poder controlar el movimiento obrero” (Le Canard Enchaîné, 16 de diciembre de 1981). Porque -como todos los buenos capitalistas convienen- hay que pagar a los banqueros.

Quizá debería entristecernos e indignarnos, pero no sorprendernos, que Shanker y la AFT promuevan bandas racistas y antiobreras como la CIA y Solidarnosc. Shanker apoyó la guerra de Vietnam y se llama a sí mismo un “halcón acreditado”; ocupa el cargo por la corrupción y el “gobierno de unidad” en la AFT de la ciudad de Nueva York y del estado de Nueva York. Él y Walesa son pájaros de un plumaje, leales partidarios de las grandes empresas, enemigos de los trabajadores de todo el mundo, clones unos de otros, al igual que la CIA y la KGB, o Reagan y Brezhnev. Una verdadera revuelta obrera, aquí como en Polonia, se dirigiría primero contra estos lobos con piel de cordero, traidores que se aprovechan de las necesidades de los trabajadores y de otros para una vida mejor.

Grover C. Furr, The AFT, the CIA and Solidarnosc, Comment, Montclair State College, vol. 1, núm. 2, Spring, 1982), pgs. 31-34 https://msuweb.montclair.edu/~furrg/furraft82.pdf

Después de trabajar para el imperialismo en Solidarnosc, Tadeusz Mazowiecki se jubiló
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Los franquistas realizaron experimentos humanos en la cárcel de Yeserías con presos antifascistas

Rafael Molina Mantas fue el último alcalde republicano del municipio granadino de Huétor-Tájar. Como tantos otros alcaldes republicanos sufrió la cruel represión del franquismo. Tras el golpe de Estado franquista fue detenido en Granada, trasladado luego a Madrid y encarcelado. El 23 de junio de 1939 fue condenado a muerte por un tribunal militar. Posteriormente le fue conmutada la pena de muerte por la de 20 años de prisión. Rafael falleció en 1945 en extrañas circunstancias en la cárcel de Yeserías tras ser sometido a una dudosa operación de hernia.

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Memoria Histórica

El terror de los falangistas y la Guardia Civil en León: los ‘paseos’ de 1936

Las nuevas investigaciones sobre lo ocurrido en los primeros meses de la Guerra Civil Española apuntan cómo se desarrollaban los ‘paseos’. Incluso con documentos tan extraordinarios como la denuncia, con nombre y apellidos del delator, que provocó el del abogado izquierdista José Fuertes; siendo la primera vez que se publica uno de estas características. Los diarios de los Roa de la Vega cuentan también cómo se asesinó al famoso abogado del Estado Esteban Zuloaga, que apareció muerto con once tiros en la carretera de San Andrés. Además, las autoridades tuvieron que ‘imaginar’ que algunos ciudadanos habían desaparecido extrajudicialmente al emitir certificados de su paradero.

Por ‘paseado’, cuando no se refiere al participio del verbo pasear, hay que entender que se trata de todo aquel asesinado —en particular durante el período de la Guerra Civil—, que no fue sometido a un juicio previo ni ‘ajusticiado’ de modo regular por las autoridades gubernativas del momento. Es decir, que no ha sido procesado formalmente, aunque sí ha podido ser detenido.

Tanto en las listas publicadas de represaliados (fusilados tras consejo de guerra y ‘paseados’), como de presos ‘residentes’ en San Marcos, es común encontrar graves errores en publicaciones recientes. De lo que no  cabe la menor duda es de que las muertes reales son superiores a las publicadas y de que los leoneses presos en San Marcos fueron muchos más que los que aparecen en ellas. Sencillamente hubo cientos de leoneses de la capital que fueron retenidos en San Marcos, pero al no habérseles abierto proceso no figuran en lista alguna.

José Fuertes Martínez, el ‘paseado’ que no está en ninguna lista

Así sucede con el abogado, natural de Trobajo del Camino y residente en León (avenida del Padre Isla número 33), José Fuertes Martínez, quien, como tantos otros ‘desaparecidos’ tampoco figura en lista publicada alguna y que, sin embargo, también fue ‘paseado’. José Fuertes era un joven conocido abogado soltero de 24 años, que aparece citado en la prensa de la época junto a los casos profesionales en los que intervenía defendiendo a todo tipo de presuntos delincuentes. Además, como él reconoce en sus propias declaraciones, pertenecía a Izquierda Republicana y después de la Revolución del 34 intervino y recogió firmas para solicitar la libertad de los presos. También ayudaba en asuntos jurídicos a miembros del Sindicato Minero Castellano liderado en León por Antonio Fernández Martínez. En agosto de 1936 José Fuertes fue detenido. Un despiadado informe de la Comisaría de Investigación y Vigilancia decía:

1º. A raíz del comienzo del Glorioso Movimiento Nacional fue detenido por su significación extremadamente izquierdista, y puesto más tarde en libertad, sin saberse más de él. Era mala persona en su conducta moral, pues se acompañaba continuamente de mujeres de vida pública, formando escándalos, por los que alguna vez fue presentado en esta Comisaría. En el aspecto religioso también era malo, pues no sólo no cumplía sus deberes en tal aspecto, sino que maldecía de ellos, y parece ser que en una ocasión con otros colocó una bomba en la casa de un sacerdote; en su ideología coincidía con las del partido de Izquierda Republicana, habiendo contribuido con dos pesetas para regalar un pergamino a Azaña; virtudes no se le conocía ninguna, en cambio tenía muchos vicios, pues además de lo expuesto solía embriagarse.

2º. Se dedicaba a dar mítines por varios pueblos, y en uno de ellos dado en Armunia, dijo que había que hacer desaparecer a la Guardia Civil, a la que odiaba como igualmente a los agentes de Policía. Fue siempre gran propagandista y especialmente durante el período preparatorio de las últimas elecciones, siempre de las ideas más avanzadas e incitaba a los obreros a la violencia.

3º. Después del Alzamiento Nacional, y antes de ser detenido, no se le vio actuar, pudiéndose asegurar que, dada su manera de ser y de pensar, no podía estar conforme con este Movimiento.

4º. Como arriba queda indicado, parece ser que estaba afiliado a la Izquierda Republicana, figurando también como socio del Ateneo Obrero, de tendencias marxistas.

5º. Carece en absoluto de bienes propios y el único medio de vida se lo daba su carrera de abogado, si bien, por su poco amor al trabajo, los ingresos debían ser pocos.

Además, José Fuertes había tenido unos días antes del ‘alzamiento’ más problemas con la Justicia. Otro informe de la Comisaría le acusaba de haber intentado violar a una mujer «que reclamó auxilio» el 8 de julio de 1936, ante lo que un mozo del hotel Nieto le amenazó con una escopeta de caza «al tratar de penetrar con una tanguista en dicho hotel» y se asegura que se negó «a firmar [José Fuertes] la comparecencia en esta Comisaría por no haber sido redactada por él como abogado, observando una conducta poco correcta con los funcionarios de servicio».

A pesar de lo aquí expuesto, el 22 de agosto de 1936 el juzgado de instrucción certifica que José Fuertes carece de antecedentes penales y tampoco ha sido condenado en ningún juicio de faltas. Éste explica en sus declaraciones que no tuvo parte activa en el ‘alzamiento’, y de este modo propone a varios testigos, algunos de reconocido prestigio y considerados ‘hombres de orden’ como el médico Olegario Llamazares, el farmacéutico Matías Robla Contreras, el procurador Manuel Menéndez Ramos o Sira San Pedro, viuda de Zarauz.

La denuncia del vecino que ‘condenó’ a Fuertes

Con lo que no contaba José Fuertes es que un personaje de Trobajo llamado Gumersindo de Toledo Fernández lo había denunciado el 16 de agosto. A Gumersindo se le puede localizar en los archivos durante el mes de agosto de 1936 efectuando numerosas aportaciones económicas para la suscripción Pro Fuerza; algunas en su nombre pero otras muchas a nombre «del pueblo de Trobajo», o «por orden de un tejero de Trobajo». Estas prácticas eran comunes que las realizaran importantes falangistas, como así las realizaba el conocido jefe de centuria Florentino Borge, quien enviaba a la Comisión Pro Fuerza, oro, dinero y todo tipo de suministros en especie desde San Emiliano.

Esos días de agosto de 1936 fueron terribles en cuanto a la presentación de denuncias. El propio doctor Eduardo Pallarés se queja amargamente de que su encarcelamiento se debe a una denuncia de otro reputado doctor llamado Joaquín Valcarce. Eduardo Pallarés acusa directamente al doctor Valcarce de ser el causante de la denuncia que lo llevó a prisión ese mismo 17 de agosto (causa 493/37, Archivo Intermedio Militar del Ferrrol, folio 44 vuelto): «Fui detenido por orden del médico presidente de la Cruz Roja Sr. Valcarce […]». Este delator era el oculista del hospital San Antonio Abad y sustituyó en la presidencia de la Cruz Roja de León al ex seleccionador nacional de la Selección de Fútbol Joaquín Heredia Guerra que a finales del noviembre del 36 sería ‘paseado’ cerca de Mansilla de las Mulas.

Y, sin embargo, esas denuncias tan difíciles de demostrar documentalmente existieron. Y para muestra, la que tal vez le supuso la muerte al abogado José Fuertes Martínez. En la fotografía se lee una de las primeras denuncias que se hacen públicas en España con el nombre y apellidos del delator. Las hay en los archivos, pero pocas, ya que la Guardia Civil se deshizo de muchos. Este tipo de documentos ofrecen consistencia al dato frente a la ‘memoria oral’, que no suele ser nada fiable en estos casos como se está demostrando con ellos.

Cuando encuentran el cuerpo de Fuertes, en el expediente de incautación se adjunta un certificado de defunción en el que se especifica que: «[…] natural de Trobajo del Camino […] fue hallado junto a otro en una huerta en las afueras de esta Villa, vestía gorra negra, mono y pantalón claro, gabuchas claras, piso goma, el cual se le encontró un mechero de mecha y un pañuelo en el bolsillo de color, que quedó en poder del Juzgado. Falleció […] a las dos horas a consecuencia de heridas de arma de fuego según resulta de dictamen facultativo […]».

Once tiros para el abogado Esteban Zuloaga

Otra de las historias versa sobre Esteban Zuloaga Mañueco, que se cuenta entre las víctimas de los abogados del Estado. Manuel Santamaría Andrés entre los catedráticos de Instituto. Aquilino Huerta del Río en el Ayuntamiento y otros tantos. Ahí residía la idea, porque las víctimas no fueron elegidas al azar. Así funciona el terror, como si se tratara de «una inevitable, aséptica y quirúrgica amputación que evitará que el cáncer se extienda por todo el cuerpo [o nación]», según palabras de los militares sublevados.

El caso es que este abogado del Estado (defensor de Alfredo Nistal, líder de la Revolución del 34 en León, y cuñado de José Pallarés Torres), realizó donaciones a la causa sublevada. Se le detecta en los archivos ofreciendo una segunda ‘donación’ de 250 pesetas (otras 200 ya las había entregado el 10 de agosto) a la ‘Suscripción’ el 24 de agosto.

Sin embargo, una semana más tarde un grupo de hombres vestidos de falangistas lo van a buscar y lo sacan de la casa de su cuñado José Pallarés Torres. Esteban Zuloaga, que había sido el abogado defensor del líder de la Revolución de Octubre en León, Alfredo Nistal, aparece muerto en una cuneta con once impactos de bala.

La noticia del asesinato conmociona a la ciudad. Hasta Roa de la Vega lo indica en su diario personal: «Viernes, 4 de septiembre. Aparece en la carretera de San Andrés el cadáver de Zuloaga muerto la noche anterior. D.E.P.»

Juan Manuel Roa, hijo de este ex alcalde monárquico Francisco Roa de la Vega, escribió en en su libro ‘La memoria olvidada’ lo que ocurrió con él en las páginas 339 y 340: «Tal fue el caso del Abogado del Estado don Esteban Zuloaga, que sufrió el más humillante de los paseos, por no hacer caso a los consejos que le dio mi padre, al que le llegó el soplo de que D. Esteban no se recataba de hablar en cualquier parte reprobando en voz alta las atrocidades que en León se cometían. Fue el mes de agosto del 36 cuando más cadáveres aparecían en las carreteras leonesas, y en el que mi padre se presentó en casa de Zuloaga, que también tenía su familia en zona roja, para decirle que las tropas nacionales no tardarían en conquistar San Sebastián, donde veraneaban su mujer y sus dos hijas, en una situación parecida a la nuestra. Le aconsejó, sin poder disimular el apremio, que saliera de León lo más pronto posible y se instalara en cualquier pueblo guipuzcoano próximo a la capital, para poder entrar en ella detrás de los soldados, como él también pensaba hacerlo cuando se acercasen a Celorio, pero añadió: «Tú debías quedarte en San Sebastián durante el mayor tiempo posible, prolongando el veraneo con Maravillas y las niñas, ya que no tienes hijos en el frente que te den preocupación, así podrás volver a casa cuando esto se apacigüe».

«No era fácil engañar a un hombre tan inteligente y suspicaz como era don Esteban Zuloaga; ¿pero qué te crees?, respondió, ¿piensas que me van a matar? No hubo manera de convencerle de que en León corría un serio peligro, y mi padre fue a decirle a D. José Pallarés, cuya esposa era hermana de doña Maravilla [quiere decir Enriqueta], para ver si ellos conseguían vencer la tenacidad de su cuñado, porque estaba seguro de que su compañero y amigo corría un gran peligro. No pudieron con él […] Don José Pallarés, llorando, se lamentaba de que no hubiese hecho caso del consejo de mi padre».

El asesinato a tiros de un abogado del Estado, que no parecía ser enemigo declarado sino simple servidor de la Administración, demuestra que cualquier excusa era válida para las ejecuciones extrajudiciales. Sólo haber defendido al líder de la Revolución del 34 en León, aparte de otras circunstancias y odios personales, serviría para condenarlo. Y, de paso, atenazar a toda la población leonesa para que se mantuviese sumisa a la nueva ‘causa’.

El ‘terror’ de los falangistas y la Guardia Civil

Por los archivos se conoce que los grupos incontrolados de falangistas, requetés, miembros militarizados de la CEDA e incluso grupos formados por los propios militares, se dedicaban a protagonizar todo este tipo de razzias contra «el adversario», cumpliendo órdenes, por acción directa u omisión, del Gobernador Militar. Lo que conocemos como policía, dependía del Gobierno Civil y de la Delegación de Orden Público. Las cúpulas policiales, al igual que el Gobierno Civil, estaban militarizadas. En León, la cúpula de la Guardia Civil formaba parte de los cuadros de Falange; es el caso de Luis Medina Montoro, donde ya tenemos constatación de su militancia en Jaén, de donde era nativo.

Un documento sobre Serapio Pedrejón nos demuestra cómo se solicita información sobre una persona a la que, como en muchas de las ejecuciones de ésa época, se la ha eliminado sin procedimiento alguno.

Las muchas autoridades que lo han eliminado son incapaces de tener constancia documental sobre el crimen, por lo que especulan con la posibilidad de que haya sido ejecutado valiéndose de la única fuente que poseen, que es la declaración de los funcionarios hecha a su mujer. Y escriben años después un documento ultrajante.

Este tipo de situaciones son las que impiden a los historiadores cuantificar el número de personas asesinadas. Serapio Pedrejón de la Fuente no aparece en ninguna lista de presos de San Marcos, ni de fusilados, ni de procesados. Sin embargo fue de los primeros en sufrir la más radical de las represiones. Como se constata en el documento, otra vez se repite el patrón sobre la actuación de la Guardia Civil, que es quien lo detiene y quien presuntamente se ‘deshace’ de él a los pocos días. Así funcionaba la máquina del terror.

Esta primera etapa de violencia dará paso en 1937 a otro tipo de ejecuciones ‘regulares’, que son las de las sentencias de muerte producidas tras juicio militar, y en especial sobre todos los huidos a zona ‘roja’ que lucharon en los frentes de batalla y que son capturados cuando cae el Frente Norte en octubre de 1937.

Javier González Fernández Llamazares http://www.ileon.com/actualidad/065744/los-paseos-en-leon-en-1936-los-asesinatos-de-los-abogados-fuertes-y-zuloaga

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Las secuelas psíquicas de los lavados de cerebro financiados por la CIA en Canadá

La artista canadiense Sarah Anne Johnson siempre conoció a grandes rasgos la historia de Velma Orlikow, su abuela materna. Con la esperanza de recibir ayuda para la depresión postparto, Orlikow ingresó en 1956 en el Allan Memorial Institute de Montreal, un renombrado hospital psiquiátrico de Canadá. Pero después de pasar tres años entrando y saliendo de la clínica, su estado había empeorado, en lugar de mejorar, y su personalidad había sufrido grandes cambios.

Tuvieron que pasar más de dos décadas antes de que Johnson y su familia tuvieran una explicación de lo que había ocurrido y fue mucho más extraña de lo que cualquiera de ellos hubiera podido imaginar. En 1977 se descubrió que la CIA había estado financiando el Allan Memorial Institute para desarrollar experimentos de lavado de cerebro y control mental como parte de un proyecto para toda América del norte conocido como MK Ultra.

La agencia de espionaje estadounidense buscaba mejorar sus conocimientos sobre el lavado de cerebro desde que un grupo de estadounidenses capturados en la guerra de Corea elogiara públicamente al comunismo y denunciara a Estados Unidos. Esa búsqueda llevó a la agencia al norte de la frontera en 1957, donde Ewen Cameron, un psiquiatra de origen escocés, trataba de descubrir si los médicos podían borrar la mente de una persona para introducirle nuevos patrones de comportamiento.

A finales de los 50 y principios de los 60, Orlikow fue una más entre los cientos de pacientes que se convirtieron en víctimas de estos experimentos en Montreal. “Es casi imposible de creer”, dice Sarah Anne Johnson, que tras la muerte de su abuela comenzó a investigar sobre el instituto indagando en los papeles y documentos judiciales sobre Orlikow. “Algunas de las cosas que [Cameron] hizo a sus pacientes son tan horribles e increíbles que parecen pesadillas”.

Los pacientes eran sometidos a electroshocks de alto voltaje varias veces al día, les daban medicamentos para dormirlos durante períodos que podían durar meses y les inyectaban enormes dosis de LSD.

Tras reducirlos a un estado infantil (algunas veces, despojándolos de habilidades básicas como la de vestirse o atarse los zapatos), Cameron intentaba reprogramarlos bombardeándolos con mensajes grabados que se repetían durante 16 horas seguidas. Primero, los mensajes negativos sobre sus defectos. Luego, los positivos. En algunos casos se repetían hasta medio millón de veces.

“No podía hacer que sus pacientes los escucharan lo suficiente, así que instaló altavoces en el interior de unos cascos de fútbol americano y los cerró con llave sobre sus cabezas”, dijo Johnson. “Como enloquecían hasta golpearse la cabeza contra las paredes [Cameron] pensó que podría inducirles un coma para ponerles las cintas todo el tiempo que hiciera falta”.

Además de los intensos ataques del electroshock, a la abuela de Johnson le inyectaron LSD en 14 ocasiones. “Ella decía que eso le hacía sentir como si sus huesos se derritieran. ‘No lo quiero’, decía, y los médicos y las enfermeras le respondían: ‘Eres una mala esposa, eres una mala madre, si quisieras mejorar, harías esto por tu familia, piensa en tu hija’”, contó Johnson.

Cuando Orlikow murió, Johnson tenía 13 años. La experiencia de su abuela, y la profunda huella que dejó en su familia, está presente en su obra como artista. “Ya desde una edad muy temprana, yo sabía que mi abuela no era como las otras abuelas”, dijo Johnson, de 41 años. “Los nervios y la ira estaban siempre a flor de piel. Si alguien se tropezaba con ella o si estábamos en un restaurante y alguien le derramaba algo encima, explotaba sin más. No le hacía daño a nadie, sólo gritaba y tardaba horas en calmarse”.

Buscaban borrar las emociones

Johnson pasó mucho tiempo con su abuela. Solía estar en su casa por las tardes mientras sus padres trabajaban. Las dos se sentaban en el sofá y veían la televisión juntas, rodeadas de montañas de libros y de periódicos. Años más tarde, Johnson comprendió los estragos que los experimentos habían provocado en el cerebro de Orlikow: podría llevarle tres semanas leer un periódico, meses escribir una carta, y años terminar un libro. “Pero siguió intentándolo, intentó ser la misma de siempre y hacer las cosas que antes amaba”, dijo Johnson. “Ahora pienso que todos los días en ese sofá ella tenía que enfrentarse a un montón de sus propios fracasos”.

Escenas similares ocurrieron a lo largo de todo Canadá cuando los antiguos pacientes del instituto trataron de regresar a sus vidas. Como dice Alison Steel, cuya madre fue internada en 1957, “contaminó a toda la familia”. Su madre entró con 33 años porque mostraba signos de depresión tras la pérdida de su primer hijo. “En esa época, el doctor Cameron era considerado un psiquiatra milagroso”, dijo Steel. “Se suponía que era maravilloso tratando a personas deprimidas o con problemas de salud mental”.

A Jean, la madre de Steel, le inducían el sueño con productos químicos. Una vez pasó 18 días sin despertar. En otra ocasión, fueron 29 días. La sometían con rondas de electroshocks, le daban inyecciones de drogas experimentales y la acosaban con ataques aparentemente interminables de mensajes grabados. “Dicen que fue una tortura para seres humanos, una tortura humana”, dice Steel, que tenía cuatro años cuando hospitalizaron a su madre. “Lo que intentan hacer es borrar tus emociones. Te despojan de tu alma”.

Después de tres meses en la institución, Jean regresó a casa. El tratamiento habían afectado a su memoria y la había dejado en un estado de nerviosismo y ansiedad. “No era capaz de hablarme de la vida y de cosas normales. No era capaz de bromear y reír”, dijo Steel. A veces, su madre interrumpía inesperadamente las conversaciones para hacer declaraciones que Steel atribuye a los mensajes grabados. “Ella soltaba algo así como: ‘Debemos hacer lo correcto’”, contó Steel.

El psiquiatra detrás de los experimentos, Ewen Cameron, murió en 1967 por un ataque al corazón mientras escalaba una montaña. Pero en las últimas décadas ha habido varios intentos de expacientes y familiares por responsabilizar al Gobierno canadiense y a la CIA.

El Gobierno de Canadá, que había subvencionado la investigación de Cameron desde varias agencias, ofreció en 1992 compensaciones de unos 70.000 euros a 77 expacientes del instituto reducidos a un estado infantil. A cientos de otras personas (entre ellas, la madre de Steel) les denegaron la indemnización. En algunos casos, por considerar que el daño no había sido suficiente.

Steel, que demandó al Gobierno en 2015, llegó a un acuerdo el año pasado por el que recibió 70.000 euros a cambio de firmar un contrato de no divulgación. Según el abogado Alan Stein, representante de varios expacientes y familiares, el acuerdo es uno de los pocos que se han firmado en los últimos años. Sin tener pleno conocimiento del alcance de los experimentos que se llevaron a cabo, el Gobierno canadiense ha dicho que esas compensaciones tienen un carácter puramente humanitario y de compasión. Según Stein, el Gobierno “nunca ha admitido su responsabilidad legal”.

En 1980, la abuela de Johnson y otros ocho expacientes se enfrentaron a la CIA con una demanda colectiva por los seis años en que la agencia financió a Cameron. El desafío legal dejó a su abuela con ansiedad y ataques de pánico, dijo Johnson. “Y entonces ella juntaba, tan difícil como le resultaba, cada pedacito de energía y coraje para afrontarlos”. Los demandantes empezaron pidiendo una disculpa pública y un millón de dólares cada uno en daños y perjuicios. En 1988 llegaron a un acuerdo y recibieron poco más de 80.000 dólares por persona.

El arte se convirtió en la herramienta de Johnson para procesar la dolorosa historia familiar. En una serie de 2009 usa a una ardilla para representar a su abuela, después de que Orlikow dijera que las inyecciones de LSD la hacían sentir como una ardilla atrapada en una jaula. Una videoinstalación de 2016 muestra a Johnson con una máscara hecha a partir de una antigua foto de la abuela y tratando de preparar la comida. “Una tarea imposible, teniendo en cuenta que el médico la desmontó y la volvió a juntar”, dijo Johnson.

La experiencia de Velma Orlikow en el hospital de Montreal le dejó profundas cicatrices pero su lucha por la justicia es un profundo motivo de orgullo para su nieta. Es esa combinación la que Johnson intenta capturar en una obra de 2009 pintada sobre una imagen de su abuela sonriendo mientras balancea a sus dos nietos en el regazo con las manos convertidas en enredaderas y bucles que envuelven con firmeza a los niños.

“Esas enredaderas son un hecho. No son oscuras. No es algo malo”, dijo. “Parece extraño decir esto pero. debido a la terrible experiencia por la que pasó mi abuela y lo de demandar a la CIA después, he crecido sintiéndome parte de una familia que defiende lo que cree. Así que esto forma parte de mí ahora, así es como veo yo el mundo”.

https://www.eldiario.es/theguardian/lavados-cerebro-financiados-CIA-Canada_0_767823894.html

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