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Negra y comunista: Charlene Mitchell fue la primera candidata negra a la Presidencia de Estados Unidos

Charlene Mitchell, comunista, feminista y activista por los derechos civiles, fue la primera mujer negra en ser nominada para el cargo más importante de los Estados Unidos por un partido político.

De igual forma, Mitchell no ha sido la única candidata negra del Partido Comunista de los Estados Unidos, CPUSA, que ha aspirado a cargos de alto mando en su país. En 1980 y 1984 la filósofa, dirigente política marxista, activista antirracista y feminista Angela Davis fue candidata vicepresidencial en la fórmula con Gus Hall, el líder de la época del CPUSA.

El texto que sigue a continuación es un discurso hecho por Mitchell mientras se desarrollaba la campaña presidencial en el año 1968. Su vigencia reside en que parecen ser las palabras de cualquier joven negra en un mitin del movimiento “Black Lives Matter” (Las vidas negras importan) que estremecen en la actualidad las calles de los Estados Unidos.

Esta es la traducción de los extractos del discurso que aparecieron en las páginas del diario Daily Worker, antecesor del medio de comunicación People’s World. El discurso completo también se publicó como un folleto con el título “La candidata comunista habla sobre la liberación negra”:

Un sistema incapaz de destruir el racismo

Yo he sido comunista la mayor parte de mi vida adulta. Yo entré al Partido cuando finalmente decidí que el sistema económico que controla este país no puede resolver los problemas de la gente negra. El sistema económico del capitalismo y de las instituciones políticas, le han fallado a la gente porque es incapaz de destruir el racismo que infecta a este país.

Son incapaces porque hacerlo significaría poner fin a las ganancias adicionales obtenidas al mantener la discriminación laboral y un estándar salarial desigual. Esto significaría poner fin a la situación en que mucha gente negra se mantiene, como un grupo de trabajadores desempleados y subempleados, lo cual representaría acabar con la ventaja de los jefes privilegiada por la división social.

Además, tal ataque contra el racismo eliminaría el fundamento ideológico de la conducción de los asuntos exteriores que permite librar una guerra genocida y racista en Vietnam. Este sistema económico no funciona pues desconoce las necesidades de la gente en su país. Garantiza solo las necesidades básicas para los trabajadores; mantiene un gran grupo de pobres; y los ricos se vuelven más y más y más ricos, obteniendo más dinero del que no saben qué hacer.

Mientras que una madre negra esclavizada para llegar a fin de mes para sus hijos cuenta solo con un escaso cheque de asistencia social y a un trabajador negro se le dice que trabaje más y más rápido para producir más y más en cada vez menos tiempo, el número de multimillonarios aumenta y los ricos gastan más en sus perros y gatos que la mayoría de nosotros con nuestros hijos.

Tengo un hijo de 17 años y yo, como cualquier otra madre negra en este país, me preocupo constantemente por su futuro. Las escuelas del gueto envejecen cada vez más, la calidad de la educación de nuestros hijos se vuelve cada vez más pobre. El mundo está abriendo grandes cosas para que la gente haga con sus manos y sus mentes. Pero en su mayor parte, a los niños negros se les niega la preparación para aprovecharse de ellos.

Unidad del pueblo negro

El capitalismo también nos reprime. Los hombres que ostentan el poder en este país temen a los negros y al poder potencial que reside en las comunidades negras. Ahora los negros se han movido para afirmar ese poder mientras la represión aumenta. Cada vez se envía más al club de la policía para atender violentamente la protesta de los negros. Nuestros líderes militantes están siendo incriminados y encarcelados. Otros están sujetos a intentos de intimidarlos para que acepten la situación actual.

Los negros debemos unirnos si queremos resistir a este ataque. Debe haber unidad en nuestros pueblos así sean socialistas, liberales, conservadores, comunistas o independiente. Debemos exigir que todas las barreras discriminatorias que nos impiden aprovechar todo lo que existe para otras personas, sean destruidas de una vez.

Nosotros debemos demandar poder para determinar las condiciones en nuestras comunidades. Nosotros debemos demandar control sobre la policía que patrulla la comunidad, sobre las escuelas que educan a nuestros niños. Nosotros, las personas afectadas, debemos dirigir la comisión de bienestar, la comisión de la biblioteca, la junta de reclutamiento y de salud pública.

En el país, estas demandas son hechas por personas con poder. En nuestras comunidades, estas demandas deben ser hechas por el poder negro.

Únanse

Estas son las cosas que debemos hacer en nuestro país incluso mientras el capitalismo está presente. Este es el tipo de exigencias que nosotros podemos tener ahora. Pero como comunista, yo tengo decidido que en un tiempo tendremos que enfrentarnos a este asunto fundamental, introducir un sistema en que la gente posea y controle la riqueza en conjunto y traer consigo el socialismo.

El hombre que gobierna este país sabe lo que nosotros buscamos. Ellos saben lo que nosotros necesitamos. Saben lo que estamos dispuestos y podemos hacer para conseguirlo y por eso buscan mantenernos divididos a unos de otros, en vez de aliados, fuera de nuestra propia comunidad.

Otra cosa que me hizo una comunista fue darme cuenta de que nuestros únicos posibles aliados en esta lucha, son los trabajadores. A pesar de sus problemas, son el único grupo que no se beneficia de nuestra opresión y están oprimidos por el sistema. Los gobernantes del país quieren mantener separados a los trabajadores negros y blancos. El Partido Comunista está dedicado a la idea de que, sin importar las dificultades, hay que unirnos, de lo contrario ninguno podrá avanzar.

Llamo a mis hermanos y hermanas negras a que consideren la alternativa que ofrece mi Partido. Si están de acuerdo con la mayoría o con todos los programas, si quieren participar en esto, únanse.

http://semanariovoz.com/charlene-mitchell-negra-comunista/

¡Los Borbones son unos ladrones!

Tal día como hoy del año 1878, hace 142 años, moría en Le Havre (Normandía-Francia) María Cristina de Borbón Dos-Sicilias; sobrina y viuda de Fernando VII, reina consorte de España (1829-1833), reina regente de España (1833-1480), y máxima expresión de la corrupción española del siglo XIX. A la finalización de la I Guerra Carlista (1833-1840), el gobierno del liberal Espartero estimó que era propietaria de un depósito opaco denominado «bolsillo secreto» que acumulaba un saldo de 80 millones de reales, y le retiró la condición de reina regente.

No obstante, en el transcurso de su vida, y con los recursos de su particular bolsillo secreto —un agujero negro de dudosísimo origen— y la asociación con la camarilla de palacio (las clases extractivas de la época) financió monopolios oligopolísticos, golpes de estado en España y en las repúblicas americanas de nueva creación y una potente y opaca trama ilegal de comercio de esclavos a través de la colonia de Cuba. Cuando se filtró el escándalo (1854), huyó precipitadamente a Francia, incluso antes de que las Cortes españolas votaran su expulsión.

Poco antes de morir estuvo en el punto de mira de la prensa española, que la acusó de codirigir una trama desde Francia (con su yerno Montpensier), que habría urdido y cometido el asesinato del general Prim, entonces presidente del Gobierno (1870). Joan Prim (Reus, 1814 – Madrid, 1870), que había liderado la Revolución Gloriosa (1868) y había destronado y expulsado a Isabel II (la primogénita de María Cristina), estaba negociando secretamente la venta de Cuba a los Estados Unidos a cambio de enjugar el déficit público español. Pero, en aquel momento, Cuba era la base del mercado negro de esclavos.

https://www.elnacional.cat/es/efemerides/muere-maria-cristina-de-borbo-la-reina-de-la-corrupcion_532026_102.html

‘Pol Pot no es el asesino de masas que nos han hecho creer’, tituló el New York Times en 1990

El ejército de ocupación vietnamita cesó la ocupación militar de Camboya en septiembre de 1989. Poco después el gobierno camboyano que encabezaba Hun Sen, apoyado por Vietnam, negoció con la oposición armada compuesta por tres grupos diferentes aliados para la ocasión, de los cuales el más importante eran los Jemeres Rojos, que aún dirigía Pol Pot.

El gobierno de Hun Sen sólo firmó un acuerdo de paz con dos de las organizaciones armadas. Los Jemeres Rojos, que por sí solos constituían más del 80 de la oposición armada, quedaron fuera, lo cual supuso la continuación de la guerra durante otros 10 años más.

El 17 de agosto de 1990 apareció en el New York Times un sorprendente artículo del periodista Richard Dudman que, desde su aparición, ha sufrido varios cambios, incluido el titular, que primero fue “Pol Pot: brutal sí, pero no un asesino de masas” (1) y luego “Pol Pot no es el asesino que nosotros creemos” (2).

El New York Times fue uno de los que rehabilitó, aunque sea parcialmente, el régimen de Pol Pot afirmando que no sólo no había cometido genocidio sino que era un nacionalista sincero que luchaba contra la ocupación vietnamita. Dudman, fallecido hace tres años, proponía que Estados Unidos siguiera apoyando a los Jemeres Rojos como lo han hecho desde 1979.

Por el contrario, Bush había resuelto apoyar el proceso de paz entre las partes, pero Dudman seguía unas consignas anticuadas: frente a Vietnam, el papel de peón del imperialismo en Indochina era Pol Pot: “El miedo y el odio ciego y desinformado hacia los Jemeres Rojos puede llevarnos a ignorar la principal amenaza para el futuro de Camboya y su pueblo, a saber, Vietnam”, sostenía Dudman.

En su artículo Dudman admitía que Estados Unidos había sostenido a los Jemeres Rojos hasta el inicio de las negociaciones de paz y que, a partir de entonces, abrió una ronda de conversaciones con Vietnam y proporcionó ayuda humanitaria a la Camboya dirigida por Hun Sen.

Durante décadas Pol Pot nunca tuvo más mejor apoyo propagandístico que New York Times. Según el periódico Pol Pot fue “un dirigente revolucionario montado en un tigre”. Los Jemeres Rojos tampoco fueron “fanáticos irracionales”, ni cometieron ningún genocidio, ni masacraron a más de un millón de camboyanos, ni destruyeron la economía del país. El New York Times los califica de “movimiento guerrillero”.

Las víctimas de los Jemeres Rojos eran las “clases medias” y altas de Camboya, no la población en general, mayoritariamente campesina, donde Dudman no vio señales de hambre o desnutrición.

“En cuatro o cinco comunidades, vi un impresionante programa nacional de viviendas para personas de bajos ingresos en marcha. Los agricultores construían casas de madera sencillas sobre pilotes para reemplazar las chozas tradicionales con techos de paja y paredes infestadas de escarabajos, ratones y serpientes”, escribió Dudman.

“¿Pero qué hay de los «campos de la muerte» y las pilas de cráneos? Los restos de unos pocos cientos de víctimas son una prueba innegable de ejecuciones en masa, pero no tienen ninguna relación con la cuestión de cuántos fueron asesinados y ciertamente no prueban que se haya producido un genocidio”, añade el periodista.

Pero lo más importante es que en 1990, decía el New York Times, los Jemeres Rojos seguían siendo la única fuerza de combate capaz de resistir a lo que calificaba como “expansionismo vietnamita”.

(1) http://www.paulbogdanor.com/deniers/cambodia/dudman.pdf
(2) https://www.nytimes.com/1990/08/17/opinion/pol-pot-not-the-killer-we-think-he-is.html

Condenan a una activista contra el robo de bebés del franquismo por «calumnias» a un juez que encubrió los hechos

El Juzgado de lo Penal nº1 de Madrid ha condenado a Consuelo García del Cid, escritora que denunció los reformatorios durante el franquismo y el robo de niños en esos centros, a pagar una multa de 3.600 euros por calumniar a un magistrado de la Audiencia de Tarragona en una conferencia en el Senado. Los hechos se remontan al 28 de mayo de 2017 cuando la acusada impartió la conferencia La defensa de los niños.

La Fiscalía Provincial de Madrid presentó una denuncia contra Consuelo García del Cid por los presuntos delitos de injurias y calumnias contra funcionario público, en concreto, el presidente de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Tarragona, Antonio Carril Pan.

García del Cid pronunció el 28 de mayo de ese año una conferencia en la Cámara Alta sobre «Los derechos de los niños» y manifestó que «magistrados octogenarios que aplican el derecho de una manera autárquica y parcial, como por ejemplo el señor Carril Pan de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Tarragona«.

En su intervención, la conferenciante dijo que Carril Pan «evita de forma inconstitucional el traslado de dichas causas al Tribunal Supremo y debido a que la falta de competencias es un derecho de gravedad y trascendencia jurídica por ser un claro indicio de prevaricación (…)«, denunciando en la práctica que Carril Pan estaba entorpeciendo una investigación en profundidad sobre el robo de bebés.

García del Cid es la autora de un libro «El desmadre de los servicios sociales» en el que se recogen las manifestaciones de Judit Martínez, hermana de Natalia Martínez, que ha tenido diversos pleitos de familia en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Tarragona.

Las hermanas presentaron diversas denuncias contra Carril Pan en en el Consejo General del Poder Judicial, que fueron archivadas, excepto la última. Carril ha sido signado en varias investigaciones como numerario del Opus Dei, y muy cercano a la Iglesia Católica, la más señalada por estos delitos que el propio Tribunal Supremo ha modificado su doctrina para declararlos prescritos.

1945: Estados Unidos impone un régimen de terror contra Japón con asesinatos y violaciones masivas

El 28 de agosto de 1945, pocos días después de la rendición del Japón, las tropas aliadas compuestas por soldados estadounidenses y australianos desembarcaron en el archipiélago. Lo que siguió fue un infierno para los civiles japoneses, detallado por A.B. Abrams en un libro que publicó a finales del año pasado (*).

Los ejércitos de ocupación reclutaron mujeres para trabajar a los burdeles, pero eso no impidió horribles violaciones y asesinatos en masa de las japonesas, además de otros crímenes, como los robos, en vandalismo, los asaltos e incendios.

Los primeros crímenes comenzaron a las pocas horas de que las unidades de avanzada desembarcaron. Cuando la prensa aún no estaba sometida a la censurada del gobierno militar de Estados Unidos los crímenes fueron ampliamente difundidos.

Cuando los paracaidistas estadounidenses aterrizaron en Sapporo, se produjo una orgía de saqueos, violencia sexual y peleas de borrachos. Las violaciones en grupo y otras atrocidades sexuales no eran infrecuentes. Los tribunales militares detuvieron a relativamente pocos soldados por sus delitos y condenaron a un número aún menor, y la restitución para las víctimas de saqueo fue poco frecuente.

Por el contrario, los intentos japoneses de defenderse fueron severamente castigados. En sus memorias el general Eichberger registra uno de esos casos, cuando los vecinos formaron un grupo de autodefensa y tomaron represalias contra los soldados fuera de servicio. El Octavo Ejército ordenó el despliegue de vehículos blindados en las calles y detuvo a los dirigentes del grupo, que fueron condenados a largas penas de prisión.

En abril de 1946 soldados estadounidenses llegaron en tres camiones e invadieron el hospital de Nakamura en el distrito de Omori. Los soldados violaron a más de 40 pacientes y 37 mujeres del personal. Una mujer que había dado a luz sólo dos días antes vio a su hijo arrojado al suelo y asesinado, y luego también fue violada. Los pacientes varones, tratando de proteger a las mujeres, fueron asesinados.

La semana siguiente, docenas de militares estadounidenses cortaron las líneas telefónicas de un edificio en Nagoya y violaron a todas las mujeres que pudieron capturar allí, incluyendo niñas de diez años y mujeres de cincuenta y cinco.

Tan pronto como las tropas australianas llegaron a Kure a principios de 1946, los soldados arrastraron a las jóvenes en sus jeeps, las llevaron a la montaña y las violaron durante días enteros. Ese comportamiento era común, pero los informes sobre actividades delictivas de las fuerzas de ocupación se censuraron rápidamente.

El oficial australiano Allan Clifton testificó sobre un caso de violación: “Estaba de pie junto a una cama en el hospital. Allí yacía una chica, inconsciente, con su largo pelo negro en un salvaje tumulto sobre la almohada. Un médico y dos enfermeras luchaban por revivirla. Una hora antes, había sido violada por veinte soldados. La encontramos donde la habían dejado, en un terreno baldío. El hospital estaba en Hiroshima. La chica era japonesa. Los soldados eran australianos. Los gritos y los gemidos habían cesado y ahora estaba tranquila. La tensión torturada de su cara había desaparecido y la suave piel marrón era lisa y no arrugada, manchada de lágrimas como la cara de un niño que se durmió llorando”.

Cuando fueron descubiertos, los soldados australianos que cometieron esos delitos en Japón fueron condenados a penas muy leves. Incluso éstas fueron reducidas o anuladas con mayor frecuencia por los tribunales australianos. El propio Clifton relató un hecho de este tipo, cuando un tribunal australiano anuló una condena dictada por un consejo de guerra militar por “insuficiencia de pruebas”, a pesar de que el incidente contó con varios testigos.

Al igual que durante la guerra, el hecho de que no se denunciaran las violaciones en tiempos de paz debido a la vergüenza asociada a ellas en una sociedad tradicional y a la inacción de las autoridades, redujo significativamente las cifras. Para evitar que se intensifique el malestar hacia la ocupación militar, el mando de Estados Unidos implementó una estricta censura sobre los medios de comunicación. La mención de los crímenes cometidos por personal militar occidental contra civiles japoneses estaba estrictamente prohibida. Las fuerzas de ocupación emitieron códigos de prensa que prohibían la publicación de todos los informes contrarios “a los objetivos de la ocupación”.

Cuando, unas semanas después del comienzo de la ocupación, la prensa japonesa informó sobre la violación y el saqueo generalizados de los soldados estadounidenses, las fuerzas de ocupación reaccionaron rápidamente censurando todos los medios de comunicación e imponiendo una política de tolerancia cero contra la denuncia de esos delitos. No sólo la denuncia de los crímenes cometidos por las fuerzas occidentales, sino también cualquier crítica a las potencias aliadas occidentales estaba estrictamente prohibida durante el período de ocupación que duró más de seis años. Esto dejó al gobierno militar de Estados Unidos, la autoridad suprema del país, fuera de toda responsabilidad.

Lo que es particularmente notable sobre la censura impuesta bajo la ocupación es que se pretendía ocultar su propia existencia. Esto significaba que no sólo se prohibían estrictamente ciertos temas, sino que también se prohibía la mención de la censura. La censura de la ocupación era aún más exasperante que la censura militar japonesa porque insistía en que se ocultaran todos los rastros de la censura. La libertad de prensa era de hecho más restringida de lo que había sido en tiempos de guerra bajo el régimen imperial.

Si bien la brutalidad de los militares estadounidenses y australianos contra los civiles japoneses fue evidente durante la guerra e inmediatamente después de ella, no terminó con la ocupación. Desde entonces, Estados Unidos ha mantenido una importante presencia militar en el Japón y siguen cometiendo delitos, incluidas violaciones y asesinatos contra civiles japoneses.

A.B. Abrams, Power and Primacy: The History of Western Intervention in the Asia-Pacific, Lang AG International Academic Publishers, 2019, pgs.66 a 69

El tiro en la nuca lo daba el CESID: el caso de Lutxi Urigoitia

El 22 de julio de 1987, una unidad especial de la Guardia Civil asalta un piso del barrio de Trintxerpe, en Donosti. Según la nota oficial: como consecuencia del tiroteo que se produjo en el interior de la vivienda, resultó muerta la militante de ETA Lucía Urigoitia. Según el atestado elaborado por los agentes, Urigoitia iba armada e hizo frente a los guardias.

Días después, el diario Egin publicaba la autopsia, que aclaraba que Urigoitia había recibido «dos disparos en dos momentos distintos» y que la bala que la mató fue disparada con el cañón de la metralleta «prácticamente tocando la piel», y el abogado de la familia, Iñaki Esnaola, consiguió la apertura de un sumario judicial para determinar de qué manera había muerto la joven, ya que todo indicaba que había sido ejecutada mediante un tiro en la nuca.

Aunque no figuraba en ningún documento, los guardias civiles que protagonizaron el asalto sabían lo que había pasado y también lo conocieron sus mandos en el cuerpo y en el Ministerio del Interior, según reveló posteriormente el ex director de la Guardia Civil, Luís Roldán. Como podía ser un descrédito para la lucha antiterrorista, alguien decidió que había que tapar los agujeros que podían llevar a demostrar que el tiro en la nuca lo daba el CESID.

Unidades especiales de la Guardia Civil entraron en el domicilio del juez para sustituir un proyectil por otro. En el laboratorio de balística se cambió secretamente el cañón y se manipuló un chaleco antibalas. Sin que nadie se hubiera enterado, habían desaparecido todas las pruebas que podían apoyar la versión del tiro en la nuca. De hecho, en octubre de 1990, el juez instructor dictó el sobreseimiento provisional de la causa, sin que hubiera motivos para que el abogado de la familia Urigoitia presentara recurso. Por no haber, no hubo ni denuncia de la desaparición de las pruebas por parte de los encargados de custodiarlas. Era todo una opereta.

En el CESID tenían cabal conocimiento de lo que en realidad había pasado. El 3 de noviembre de 1987, el jefe del Departamento de Acción Operativa, Alberto Perote, escribió una «nota interior», en la que informaba al director de todos los extremos de las actuaciones irregulares de la Guardia Civil, información que procedía de agentes del cuerpo destinados en el cuartel de Intxaurrondo.

¿Qué hizo el director o alguien del servicio secreto respecto al tema? Absolutamente nada. Según escribió Perote en el informe, «esta información parece ser que es conocida por el presidente del Gobierno, el ministro del Interior, Rafael Vera y alguna persona más«. Según el periodista Fernando Rueda, autor del libro «Las Alcantarillas del poder», todo fue un acto al servicio del ocultamiento donde todas las estructuras del Estado estuvieron involucradas.

‘El asesinato de Olof Palme fue un Golpe de Estado’

“Sígueme. Vamos a hacer un recorrido por todos los puntos clave del atentado”, me dice en un sueco ágil y de acento balcánico. Y por tétrica que suene la propuesta, lo hacemos. Y resulta apasionante. Porque todo está oscuro en el corazón de Estocolmo. Nieva y de las calles vacías se desprende una atmósfera que recrea a la perfección cómo fue la noche de autos. Y porque Ivan Von Birchan (Yugoslavia, 1952) es un hombre culto y dicharachero que ilustra todo cuanto afirma como solo pueden hacerlo quienes han protagonizado los temas de los que hablan.

“Mira, aquí está la placa en su memoria”, dice con su incesante sonrisa mientras señala el punto exacto donde el 28 de febrero de 1986, a las 23.21 horas, murió asesinado de dos disparos el primer ministro sueco, Olof Palme. Quien fuera entonces el mayor referente de la Internacional Socialista regresaba del cine con su esposa atravesando a pie Sveavägen, una céntrica avenida por la que apenas transitaba nadie. Aquella noche, Palme y su mujer, Lisbeth, regresaban a la residencia oficial solos, sin compañía ni guardaespaldas.

El asesino, que además hirió a su esposa, mató a Palme con un potente revólver antes de huir hacia un laberíntico cruce de calles y callejones en el que los amantes del género noir no echarán nada en falta, pues tiene un túnel largo y oscuro, una sórdida sex shop y una endemoniada escalinata que termina en un viejo cementerio sin tapias que obstaculicen la visión de sus lápidas. Tampoco les defraudará asomarse al informe del Caso Palme, pues supone una panorámica sin igual a la segunda mitad del siglo pasado, con agentes del apartheid sudafricano, policías de ultraderecha, episodios del Irán-Contra, croatas del movimiento ustacha, guerrilleros del PKK, agentes de Pinochet y miembros de la logia P2 entre otras muchas líneas de investigación.

“En lo que estamos de acuerdo casi todos aquellos que conocemos bien el tema es que fue un golpe de Estado urdido entre suecos descontentos y fuerzas extranjeras”, afirma Von Birchan, suscribiendo la hipótesis que el difunto autor de la saga Milennium, Stieg Larsson, dejó entrever en el fondo de su tercera y última novela.

Pasados dos años de unas diligencias sembradas de irregularidades –“al principio ni acordonaron el área en busca de pruebas”, resalta Von Birchan mientras explica in situ cómo fueron los disparos– se detuvo a un delincuente común como el  presunto autor del asesinato. El acusado, un politoxicómano con lesiones cerebrales llamado Christer Pettersson, explotó su papel de sospechoso acudiendo a platós de televisión y cobrando grandes sumas por entrevistas en las que nunca reveló nada.

“Su perfil era el de alguien que disfruta ser el centro atención de forma enfermiza. De joven quiso ser actor. Era un pobre desgraciado. Un cabeza de turco demasiado obvio”, remarca Von Birchan. Tan frágil resultó el pliego acusatorio contra Petersson que, al poco de ser condenado, hubo de ser puesto en libertad e indemnizado, pues no se había encontrado ni un móvil, ni una sola prueba, ni tampoco –hasta hoy– el arma homicida.

Para Ivan Von Birchan, la férrea oposición de Palme a los planes de la OTAN en general, y a estadistas como Kissinger o Brzezinski en particular, fue lo que motivó su asesinato. “Comenzó manifestándose junto a los vietnamitas del norte ante la embajada de Estados Unidos; hizo amistad con Fidel Castro; ayudó a los sandinistas en Nicaragua; a los opositores del apartheid, Franco y Pinochet… Provocó demasiado, aunque lo que verdaderamente enfureció a la CIA fueron sus planes para detener la guerra de las galaxias y sus planes de penetración hacia el  Este. Todo eso de los misiles balísticos  que ya es realidad desde los noventa”.

Palme, un holmiense de clase alta, educado en EEUU y pacifista convencido, hizo de la barrera natural que supone Suecia, entre el mar Báltico y el mar del Norte, un espacio neutral que aspiraba a ampliarse y sumar nuevos socios favorables a la paz y al desarme. “Esta idea la iba a llevar a gran escala como secretario general de Naciones Unidas. Y, si crees que exagero, recuerda lo que le pasó al anterior sueco que fue secretario general de Naciones Unidas y se opuso al colonialismo en África”. Von Birchan se refiere al malogrado Dag Hammarskjöld, quien falleció en 1961 tras ser derribado su avión (aún se discute si fue por un rayo o un caza) en la colonia británica de Rodesia. “Es que yo de África y aviones sé un poco”, presume, no sin razón, quien fue piloto de la fuerza aérea yugoslava y trabajó en Rodesia “como mercenario, pero sin cometer crímenes de guerra”, asegura con rostro grave.

Von Birchan, que se autodefine como “conservador y monárquico”, dice proceder “de una familia medio rusa y medio germana. Zaristas exiliados por la revolución bolchevique de 1917 y alemanes sometidos por la Yugoslavia socialista de Tito”. Según cuenta, quedó huérfano a muy temprana edad, siendo criado “prácticamente por las fuerzas armadas yugoslavas, en las que llegué a ser capitán de la Fuerza Aérea y miembro de la inteligencia”. Pasó por la Unión Soviética, donde fue entrenado y perfeccionar el ruso, idioma que ya hablaba, además del serbocroata, el alemán, el inglés, el francés y el sueco.

Y, precisamente para poder hablar tranquilo y mostrar alguna de las fotografías que guarda, Von Birchan me invita a ir a su casa en un modesto suburbio del sur de Estocolmo. Allí, rodeado de innumerables libros, reminiscencias militares y recuerdos que dan brío a su existencia de buscavidas, toma un álbum de fotos y muestra algunas imágenes de su etapa como hombre de acción. “Son exclusivas, no se han publicado nunca. Mira, ésta es en Libia. Fui instructor de vuelo a principio de los setenta”. En la imagen se le ve portando una metralleta junto a un oficial libio en pleno desierto. “Y ésta es de cuando fui mercenario en Rodesia (actual Zimbabwe). Estoy a los mandos de un helicóptero. Trabajé para el gobierno colonial de Ian Smith, pero no cometí crímenes de guerra, aunque vi cómo otros arrojaban desde las alturas a los partidarios de Robert Mugabe”.

Fue en Rodesia, en 1973, donde conoció “a un estadounidense que se hacía llamar Charles Morgan. En aquel entonces, este tipo se dedicaba a llevar armas al Gobierno blanco”, en alusión al régimen colonial de Ian Smith por el que pasaron mercenarios y neofascistas de Europa, Sudáfrica y EEUU. “Años después –prosigue- otros amigos me lo presentaron en otro lugar con otro nombre: Peter Brown. No me extrañó, ya que en ese tiempo, con mercenarios, instructores y agentes de todo el mundo, era habitual hacerlo y poco importaba el nombre”.

Tras varias idas y venidas por la Sudáfrica del apartheid, la actual Zimbabwe y Libia, Von Birchan decidió desertar y cortar toda relación con la Yugoslavia socialista. “El 4 de junio de 1976, llegué a Suecia y pedí asilo. No tenía a dónde ir. Si iba a un país de la OTAN me usarían. Pensé que siendo Suecia neutral sería mejor, pero después descubrí que no era nada neutral, que lame las botas de EEUU.”

Llegados los ochenta, encontró un trabajo estable como conserje del Hotel Sheraton en Estocolmo. Allí se hizo un personaje popular y conoció a mucha gente ligada a los círculos de ultraderecha que no ocultaban su odio hacia las políticas promovidas por Palme. “Trabajando de abrepuertas en un hotel de lujo se ve de todo, y no siempre bueno. Fue en ese contexto cuando me reencontré con Charles Morgan. La primera vez fue alrededor del 15 de noviembre de 1985. Me preguntó cuál sería la mejor forma de matar a alguien en la ciudad. Al principio me reí, pero luego hablamos de balística, de que no podría ser un francotirador porque sonaría a la CIA y otras opciones. En un segundo encuentro, en febrero de 1986,  Morgan apareció con una oferta millonaria y un sobre amarillo que contenía información precisa sobre las rutinas del primer ministro Olof Palme. Le dije que me olvidaba de él y de esa reunión”.

A partir de aquí, lo que podría sonar a fantasiosa teoría de la conspiración, comienza a adquirir una escalofriante verosimilitud. “Alarmado, pensé en avisar a las más altas instancias. Sabía cómo llegar a la oficina de la concejal socialdemócrata Inger Bavner, la cual me dijo que fuera a la policía, pero le dije que ya había ido”. En un inciso, Von Birchan reconoce, por primera vez, que era confidente de la policía, motivo por el cual le pudo resultar fácil hacer llegar su aviso a K-G Olsson, un comisario de policía al que informaba de cualquier actividad ilegal que viera en su trabajo como conserje de hotel. “Sí, informaba de actividades delictivas, pero ninguna política”, admite para seguir su relato. “Justo una semana antes le di el aviso a K-G Olsson para que se informara a Alf Karlsson, director de la SAPÖ (la agencia de seguridad nacional sueca), a quien también mandé aviso. Pero la SAPÖ no hizo nada de nada pese a mis advertencias. Y entonces le mataron”.

Tanto la socialdemócrata Inger Bavner como el comisario de policía K-G Olsson confirmaron a los investigadores de varios medios de comunicación –como el diario  Expressen y la televisión pública, SVT– que, efectivamente, Von Birchan les había avisado del posible asesinato de Palme pocas semanas antes de que este se produjera. Por su parte, el director de la SAPÖ, Alf Karlsson, reconoció haber recibido dicho aviso, pero a su favor, declaró que este le llegó después del asesinato y no antes, extremo que desata la ira de Von Birchan.

“Es un mentiroso, y los testigos me dieron la razón. Lo que pasa es que los propios servicios de seguridad suecos estaban implicados. Escúchame. Cuando salió a la luz que 45 minutos antes del atentado la zona estaba llena de hombres escondidos con walkie-talkies, dijeron que estaban allí por una vigilancia de narcóticos, pero dos mujeres testificaron haber pedido la hora a un hombre que estaba con un walkie-talkie escondido justo en la esquina donde mataron a Palme. Qué casualidad, ¿no?”. Ivan se refiere a uno de los grandes interrogantes de la instrucción judicial: el misterioso hombre del edificio Skandia. Un personaje, aún no identificado, que varios testigos sitúan apostado en la misma esquina donde mataron a Palme.

Dos meses y medio después del atentado, miembros de la SAPÖ acudieron a registrar la casa de Ivan Von Birchan. Según su relato, le pidieron que cambiara la versión de lo que afirmó. “Y, como no lo hice, fueron contra mí fabricando evidencias para desacreditarme”, dice refiriéndose al juicio por posesión ilegal de armas al que tuvo que hacer frente después de que los agentes encontraran un fusil de pesca submarina en su trastero. “Se valieron de un arpón de esos que compran las familias cuando van de vacaciones al Mediterráneo para desacreditarme. Así es como me premia el Estado sueco por haber tratado de salvar la vida de su primer ministro”, se lamenta en tono amargo quien ya es uno de los últimos protagonistas del caso que quedan vivos para contarlo.

Unai Aranzadi https://www.lamarea.com/2020/07/01/el-hombre-que-aviso-del-asesinato-de-olof-palme/

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El tráfico de drogas es consustancial al colonialismo y el imperialismo desde su origen

El tráfico de drogas (“legal”) fue iniciado por el Imperio Británico. Hay una continuidad. La etiqueta colonial se abandonó. Hoy en día el comercio de drogas (“ilegal”) es un negocio multimillonario.Los dos principales centros de producción hoy en día son:

Afganistán, que produce alrededor del 90 por ciento de la oferta mundial de opio (transformado en heroína y derivados). En 2000-2001 se puso en marcha un exitoso programa de erradicación de drogas (con el apoyo de la ONU) antes de la invasión encabezada por Estados Unidos y la OTAN en octubre de 2001. Desde la invasión y la ocupación militar, según la ONU (1), la producción de opio se ha multiplicado por 50, llegando a 9.000 toneladas en 2017.

— La región andina de América del Sur (Colombia, Perú, Bolivia) que produce cocaína. Colombia es un narcoestado apoyado por Estados Unidos.

La economía de las drogas es una parte integral de la construcción del imperio. El comercio de drogas está protegido por el ejército y el aparato de inteligencia de Estados Unidos.

Históricamente, el tráfico de drogas ha sido una parte integral del colonialismo británico. Era “legal”. El opio producido en Bengala por la Compañía Británica de las Indias Orientales se enviaba al puerto de Guangzhou, en el sur de China.

“La exportación de opio de la India británica a China, financiada por el Estado, fue posiblemente la mayor y más persistente operación de tráfico de drogas de la historia. En su momento de mayor apogeo, a mediados del siglo XIX, representó alrededor del 15 por ciento del total de los ingresos coloniales de la India y el 31 por ciento de las exportaciones de ese país. Para abastecer este comercio, la Compañía de las Indias Orientales -y más tarde el gobierno británico- desarrolló un sistema de cultivo altamente regulado en el que se contrató a más de un millón de agricultores al año para cultivar la adormidera.

“El sistema de organismos garantizaba que los agricultores no participaran en los grandes beneficios del comercio de opio. Gracias a su poder monopolista, lor organismos del opio fueron capaces de mantener el precio del opio en bruto justo al borde de la economía” (2).

Si bien la proporción de tierras agrícolas asignadas al opio era relativamente pequeña, la producción de opio bajo el dominio colonial contribuyó al empobrecimiento de la población india, desestabilizó el sistema agrícola y desencadenó muchas hambrunas.

Según un informe de la BBC:

“Los cultivos comerciales [de opio] solían ocupar entre un cuarto y la mitad de la granja de un campesino. A finales del siglo XIX el cultivo de la adormidera tuvo un impacto en la vida de unos 10 millones de personas en lo que hoy son los estados de Uttar Pradesh y Bihar.

“El comercio era administrado por la Compañía de las Indias Orientales, la poderosa multinacional establecida para el comercio con una carta real que le daba el monopolio de los negocios con Asia. Este comercio estatal se logró en gran medida a través de dos guerras, que obligaron a China a abrir sus puertas al opio de la India británica.

“Los estrictos objetivos de producción establecidos por el organismo del opio también significaban que los agricultores -el típico cultivador de adormidera era un pequeño agricultor- no podían decidir si producían o no opio. Se vieron obligados a someter parte de su tierra y su mano de obra a la estrategia de exportación del gobierno colonial” (3).

Cuando el emperador chino Qing Daoguang ordenó la destrucción de las existencias de opio en el puerto de Guangzhou en 1838, el Imperio Británico le declaró la guerra a China con el argumento de que estaba impidiendo la libre circulación del comercio de mercancías.

El término “tráfico” se aplica a Gran Bretaña. Fue tolerado y apoyado durante todo el reinado de la Reina Victoria (1837-1901). En 1838 se exportaban 1.400 toneladas de opio al año de la India a China. Tras la primera guerra del opio, el volumen de esos envíos (que duró hasta 1915) aumentó drásticamente.

La primera guerra del opio (1838-1842), que representó un acto de agresión contra China, fue seguida por el Tratado de Nanking de 1842, que no sólo protegió las importaciones británicas de opio en China, sino que también otorgó derechos extraterritoriales a Gran Bretaña y otras potencias coloniales, lo que dio lugar a la formación de puertos abiertos (Tratado de los Puertos).

Los enormes ingresos procedentes del comercio del opio fueron utilizados por Gran Bretaña para financiar sus conquistas coloniales. Hoy en día se llamaría “lavado de dinero negro procedente de las drogas”. La canalización de los ingresos procedentes del opio también se utilizó para financiar el Banco de Hong Kong-Shanghai (HKSB), creado por la Compañía de las Indias Orientales en 1865 tras la primera guerra del opio.

En 1855 John Bowring negoció, en nombre del Ministerio británico de Asuntos Exteriores, un tratado con el Rey Mongkut (Rama IV) de Siam, llamado ”Tratado anglo-siamés de amistad y comercio”, que permitía la importación libre e ilimitada de opio en el Reino de Siam (Tailandia).

Si bien el comercio de opio de Gran Bretaña con China fue abolido en 1915, el monopolio británico del comercio de drogas continuó hasta la independencia de la India en 1947. Las filiales de la Compañía Británica de las Indias Orientales, como Jardine Matheson, desempeñaron un papel importante en el comercio de drogas.

Los historiadores se han centrado en la trata triangular de esclavos del Atlántico: esclavos de África exportados por las potencias coloniales a las Américas, seguidos de bienes producidos en plantaciones con mano de obra esclava y exportados a Europa.

El comercio colonial de drogas en Gran Bretaña tenía una estructura triangular similar. El opio producido en las plantaciones coloniales por los agricultores pobres de Bengala se exportó a China, cuyos ingresos (pagados en monedas de plata) se utilizaron en gran medida para financiar la expansión imperial de Gran Bretaña, incluida la minería en Australia y Sudáfrica.

No se pagó ninguna compensación a las víctimas del tráfico de drogas del Imperio Británico, ni a los empobrecidos campesinos de Bengala.

Junto con la trata de esclavos en el Atlántico, el tráfico de drogas colonial fue un crimen contra la humanidad.

Tanto el comercio de esclavos como el de drogas están alimentados por el racismo. En 1877, Cecil Rhodes propuso un plan secreto que consistía en integrar los imperios británico y americano en un solo imperio anglosajón:

“Sostengo que somos la raza más hermosa del mundo… Sólo imagina las regiones que actualmente están habitadas por los más despreciables especímenes de seres humanos… ¿Por qué no deberíamos formar una sociedad secreta… para que la raza anglosajona se convierta en un imperio?

“África siempre está lista para nosotros; es nuestro deber tomarla… Es nuestro deber aprovechar todas las oportunidades para adquirir más territorio, y debemos tener constantemente ante nuestros ojos la idea de que más territorio significa simplemente más de la raza anglosajona, más de la mejor, más humana, más honorable raza que tiene el mundo”.

Existe una continuidad entre la legítima “guerra contra las drogas” de estilo colonial dirigida por el Imperio Británico y las actuales estructuras del tráfico de drogas: Afganistán bajo la ocupación militar de Estados Unidos, los narcoestados de América Latina.

Hoy en día el tráfico de drogas es un negocio multimillonario. La Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito estima que el blanqueo de dinero de las drogas y otras actividades delictivas representan entre el 2 por ciento y el 5 por ciento del PIB mundial (4), es decir, entre 800 y 3 billones de dólares. El dinero de la droga se blanquea a través del sistema bancario mundial.

Recuerden el escándalo de la cocaína crack revelado en 1996 por el periodista Gary Webb. El crack se vendía a comunidades afroamericanas en Los Ángeles.

Desde 2001, la venta al por menor de heroína y opioides se ha ido «armando» cada vez más para luchar contra el racismo, la pobreza y la desigualdad social.

Si bien el comercio de drogas es ahora una fuente de riqueza y enriquecimiento, la drogadicción, incluido el uso de heroína, opioides y opioides sintéticos, ha explotado. En 2001, 1.779 estadounidenses murieron como resultado de una sobredosis de heroína. En 2016 la adicción a la heroína provocó 15.446 muertes.

Estas vidas se habrían salvado si Estados Unidos y sus aliados de la OTAN no hubieran invadido y ocupado Afganistán en 2001.

(1) https://www.unodc.org/documents/crop-monitoring/Afghanistan/Afghan_opium_survey_2017_cult_prod_web.pdf
(2) http://barrett.dyson.cornell.edu/NEUDC/paper_364.pdf
(3) https://www.bbc.com/news/world-asia-india-49404024
(4) https://www.unodc.org/unodc/en/money-laundering/globalization.html

Más información:

— El imperialismo cambia su política ‘antidrogas’
— La CIA llenó de drogas los barrios pobres de Los Ángeles
— Cuanto más dinero gasta Estados Unidos en la ‘lucha contra las drogas’, más drogas se fabrican
— La guerra del opio en Afganistán

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