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Categoría: Guerra psicológica (página 40 de 45)

El Caso Browder: un aspecto siniestro de la campaña de propaganda contra Rusia

El lunes en Helsinki, en la conferencia de prensa conjunta con Trump, Putin devolvió la pelota a las grandes cadenas de comunicación del mundo cuando le preguntaron por su injerencia en las elecciones presidenciales estadounidenses. La campaña de Clinton había percibido 400 millones de dólares del financiero William Browder, dijo Putin, de procedencia ilegal. En la operación, añadió, estaba involucrado el espionaje estadounidense que “acompañó y dirigió las transacciones”.

Públicamente Putin ofreció permitir una investigación de Estados Unidos en Rusia, a cambio de que ellos pudieran hacer lo mismo en Estados Unidos.

El asunto es apasionante e involucra numerosos flecos, que precisarían de un espacio muy grande para poderlos desentrañar cabalmente, empezando por William Browder, un oscuro personaje desconocido en España, pero que goza de un enorme eco en los medios anglosajones.

La biografía de Browder explica muchas cosas de Rusia y del mundo actual. Es nieto del antiguo secretario general del Partido Comunista de Estados Unidos, Earl Browder, destituido en 1945. En 1998 renunció a la ciudadanía estadounidense para no pagar impuestos y ahora es ciudadano británico.

Acumuló miles de millones en los noventa con el hundimiento de la URSS y el retorno del capitalismo a Rusia. Es uno de esos oligarcas del estilo Boris Berezovsky a los que Putin tuvo que meter en cintura al llegar a la Presidencia y, desde entonces, son enemigos feroces. Por eso los medios se hacen eco de las declaraciones de Browder sobre la corrupción y la falta de derechos humanos en Rusia.

Putin acusa a Browder de ganar ilegalmente más de 1.500 millones de dólares sin pagar impuestos, ni en Rusia ni en Estados Unidos. En 2013 un tribunal de Moscú le condenó por evasión fiscal y en diciembre volvió a ser condenado en rebeldía a nueve años de prisión por quiebra fraudulenta.

El dinero que Browder saqueó en Rusia se lo llevó a Estados Unidos y en 2012 sirvió para que el Congreso de Estados Unidos aprobara la “Ley Magnitsky” que sanciona a los rusos que “violan los derechos humanos”. El principal impulsor de la Ley Magnitsky fue el senador por Maryland Ben Cardin, quien a su vez estaba financiado por Browder.

Los medios presentan a Serguei Magnitsky a su manera, como un abogado que luchaba contra la corrupción en Rusia, lo que le llevó a la cárcel, donde murió en 2009. Según organizaciones de defensa de los derechos humanos, falleció por falta de asistencia médica. Según Browder, Magnitsky murió porque se negó a admitir su implicación en la evasión de impuestos de Hermitage Capital.

Pero Magnitsky no luchaba contra la corrupción en Rusia sino que era parte de ella. Tampoco era un abogado sino el contable de Browder precisamente.

La versión de Browder es que Magnitsky descubrió un plan de evasión fiscal de 230 millones de dólares que involucraba a su financiera, Hermitage Capital, que tenía fondos ocultos en una cuenta que, en realidad, fue creada por policías rusos corruptos que detuvieron a Magnitsky y permitieron su muerte en una prisión.

Al respecto el cineasta ruso Andrey Nekrasov, otro furibundo enemigo de Putin, realizó en 2016 un documental titulado “Magnitsky Act: Behind The Scenes” que versa sobre ambos, Browder y Magnitsky, donde el primero no sale bien parado.

Pero los tentáculos de Browder llegan tan lejos que logró que el Parlamento Europeo cancelara la proyección del documental porque importantes fuerzas están trabajando sin descanso para tensar todo lo posible las relaciones entre Rusia y Estados Unidos.

La policía española deja escapar a Browder

Al estar condenado por sentencia firme, Browder tiene órdenes internacionales de busca y captura emitidas por la Interpol. Por eso fue detenido en un hotel Madrid en mayo de este año, aunque por muy poco tiempo porque el cartel de “disidente ruso” vende mucho y, como todo lo que afecta a Rusia, es rocambolesco.

Fue el propio Browder quien informó de su detención a través de su cuenta de Twitter: “Acabo de ser detenido por la policía española en Madrid en base a una orden de detención rusa de Interpol. Camino de la comisaría de policía en estos momentos”. Es evidente: la policía española ni siquiera le esposó, ni le retiró su móivil, como ordenan los protocolos. Son los privilegios de ser un “disidente ruso”.

Una vez en libertad, Browder siguió explicando en Twitter que la secretaría general de Interpol en Lyon “aconsejó” a la policía española que no hiciera ni casode  la orden de detención emitida por Rusia. “Es la sexta vez que Rusia abusa de Interpol en mi caso”, añadió.

Pero la complicidad con este delincuente no procedió sólo de la Interpol, ni de la policía española, porque fue invitado a venir a España por la fiscalía, concretamente por José Grinda, que investiga a las mafias rusas y el dinero del caso Magnitsky que ha acabado en España.

Los encargados de perseguir a los delincuentes funcionan así: en lugar de detenerlos se reúnen con ellos y los dejan marchar para que todo siga como siempre.

No hubo ningún ataque químico del ejército sirio contra Duma en abril

La imagen de portada es una captura de pantalla de una manipulación de la CNN divulgada en abril en la que aparece la corresponsal de la cadena, Clarissa Ward, olisqueando la ropa para demostrar que el ejército sirio había lanzado armamento bioquímico contra la población de Duma, un barrio en los alrededores de Damasco.

La campaña no sólo fue una de las tantas desinformaciones de las grandes cadenas, sino que los imperialistas lo tomaron como pretexto para una operación de represalias masivas en la que la aviación de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia bombardearon Siria.

En España en los embustes ha venido destacado durante años el farsante de Mikel Ayestarán, premio Periodistas Vascos 2015, que entonces escribía en ABC que “además del cloro, el régimen ha empleado también gas sarín, un agente nervioso extremadamente potente, según recogió el informe publicado por Naciones Unidas en septiembre. El organismo internacional investigó durante cinco meses el ataque contra la aldea de Jan Sheijun, en el que 83 personas murieron, y concluyó que la bomba lanzada por un avión sirio era un artefacto de gas sarín producido por la antigua URSS con 40 kilos de sarín y otros agentes nerviosos” (1).

Este manipulador mezclaba torpemente el ataque a Duma con el de Jan Sheijun, como mezclaba el cloro con el sarín, a Siria con la desaparecida URSS, e incluso con Rusia, a la que había que poner siempre en primer plano, porque “Rusia ampara por sistema todos los ataques químicos lanzados por Al Assad”, concluía Ayestarán.

Otra información decía que Estados Unidos disponía de “multitud de informes” que demostraban que el Gobierno de Siria había empleado gas cloro y sarín contra la localidad de Duma. “El uso de armas químicas -aseguraba- se suma al cúmulo de ‘brutalidades’ cometidas por el ‘régimen’ de Bachar Al Assad contra su propio pueblo” (2).

Pues bien, el viernes la OIPC publicó un informe preliminar sobre el asunto en el que concluye lo siguiente: “No se ha detectado ningún agente neurotóxico organofosforado o sus productos de degradación en las muestras ambientales o en los restos de plasma obtenidos de las supuestas víctimas”.

No hay nada de nada. Por no haber no hay ni víctimas, que son “supuestas” aunque la Cadena Ser cifró su número en 40, por lo menos (3).

Era sabido, y la campaña de mentiras en las grandes cadenas sólo trataban de justificar los bombardeos porque los imperialistas siempre necesitan un pretexto. Tanto la ONU como la OIPC advirtieron entonces, a quien quisiera escuchar, que había que tener prudencia antres de acusar al “animal Al-Assad”.

(1) https://www.abc.es/internacional/abci-damasco-burla-todos-vetos-y-sigue-produciendo-cloro-y-empleando-sarin-201804110222_noticia.html
(2) https://www.lainformacion.com/mundo/ataque-siria-eeuu-acusa-a-assad-de-usar-gas-cloro-y-sarin-en-duma/6346222
(3) http://www.cadenaser.com/ser/2018/04/08/internacional/1523174978_919047.html

Odio, discurso de odio, delito de odio, grupo de odio

El odio y sus conexos, como el llamado “discurso de odio”, son uno de los mejores ejemplos de la basurilla intelectual que fabrican las facultades de sociología de Estados Unidos, las ONG, los periodistas, los grupos reformistas y los movimientos LGTB, entre otros.

Lo políticamente correcto está de moda y el odio se ha quedado fuera. Le han dado sustantividad propia y lo han convertido en un delito por sí mismo. Hay fiscalías y grupos de la policía dedicados especialmente a perseguir este tipo de delitos. Cabe suponer que si los grupos de estupefacientes han erradicado las drogas, los grupos antiodio acabarán con el odio y el rencor, y harán realidad el mandato bíblico de “amaos los unos a los otros”.

Esta imbecilidad intelectual cumple numerosas funciones de control social, diversión ideológica y ataque a la libertad de expresión.

El recurso al odio es una explicación extremadamente subjetiva de un fenómeno social, de una conducta personal y de un delito del estilo que difunde la telebasura, como “mentes criminales”.

Te radicalizas porque lees páginas radicales en internet. De ese modo, tienes que tener cuidado porque puedes acabar en la extrema derecha o en la extrema izquierda. Así los “expertos” aseguran que los yihadistas cometen crímenes atroces porque leen ese tipo de propaganda y se “reconvierten”. Si leyeran a Bakunin pondrían en práctica la acción directa y si leyeran a Mao, la guerra popular prolongada.

Por eso es imprescindible acabar con el odio, el extremismo y las páginas extremistas en internet, que es su incubadora. “El discurso del odio invade la red”, decía el año pasado un informe del Ministerio del Interior (1).

Es la típica falsedad propagada al unísono desde un Ministerio tan propenso, como el de Interior, cuyas tonterías los medios jalean para crear una (falsa) alarma: internet es el moderno Sodoma y Gomorra, un ámbito especial de criminalidad repleto de piratería y pornografía.

Convierten a lo que es puramente virtual en real. Por ejemplo, es habitual el empleo de expresiones como “ataque” o “agresión” para referirse a mensajes aparecidos en las redes sociales. Alguien se ha debido quedar hipnotizado: un mensaje no es una paliza ni una cuchillada.

El segundo paso es convertir lo virtual en viral. Es otro vuelco de 180 grados. Quieren aparentar que un determinado mensaje se ha expandido por la red, cuando en realidad lo que expande el mensaje es la censura y la represión.

En fin, es una cadena que luego pasa de lo viral a lo “visible”, otra expresión absurda de la jerga moderna.

Un mensaje no es en sí mismo viral; lo viral es la represión. Los delitos cometidos en el ejercicio de la libertad de expresión, como el de enaltecimiento (artículo 578 del Código Penal), requieren publicidad. Pero un mensaje en Twitter no es público; alguien lo convierte en público. Quien ha elevado a Casandra Vera a los altares de la fama no es un chiste, sino la policía, los tribunales y los medios de comunicación.

Además de constituir un delito por sí mismo (artículo 510 del Código Penal), el odio es una circunstancia agravante (artículo 22.4 del Código Penal) en cualquier otro delito, como en el Caso Altsasu.

Por estúpida que resulte, la ideología dominante se propaga como la peste a golpe de subvenciones, ONG y prensa. En el caso del odio ha llegado al delirio, como se comprueba en la noticia del diario ecuatoriano “El Universo” de la semana pasada, donde se informa de que el actual Presidente de la República, Lenín Moreno, había denunciado por un delito de odio a su predecesor Correa porque le llamó “Efialtes” en su cuenta de Twitter (2).

Hay que recurrir a Herodoto para averiguar que Efialtes fue un ateniense de hace 2.500 años que, durante la batalla de las Termópilas, envió a los persas a masacrar a los espartanos que defendían el desfiladero. Es, pues, sinónimo de traidor, el Malinche azteca o el Caín bíblico.

La leyenda es común a muchos pueblos: los extranjeros no nos derrotaron porque fueran más valientes, sino porque uno de los nuestros nos traicionó…

Si dos políticos que ocupan los cargos de máximo relieve de un país, tienen que recurrir a los tribunales llevándoles este tipo de “delitos”, es porque estamos rodeados de gilipollas, y no se trata sólo de periodistas, sino de juristas (jueces, abogados, fiscales, profesores universitarios) y de todos esos colectivos seudoprogres.

A pesar de la represión, el odio aumenta a través de internet, que es su correa de transmisión. “Las redes sociales han permitido el aumento de los ataques y casos de odio en Estados Unidos”, asegura el SPLC (Southern Poverty Law Center).

Además internet pone en contacto a unos odiadores con otros, los recluta y los organiza, de tal modo que el referido SPLC ha registrado unos 900 grupos de odio en Estados Unidos, que Rick Halperin uno de esos “expertos” de pacotilla de una universidad metodista, atribuye a los mensajes de Trump: “Todo empieza con el Presidente”, sostiene Halperin. “Ha demostrado quién es: un intolerante, un mentiroso, una persona que odia”(3).

La conclusión es obvia: si todo empieza con Trump, para acabar con el odio primero deberíamos acabar con él… Pero no podemos. Lo que sí podemos hacer es censurar internet de manera que el odio, el racismo, el yihadismo y el extremismo no se propaguen.

Ahora bien, la censura está mal vista y es antipática si llega desde fuera, sobre todo desde el Estado y sus funcionarios. Lo mejor -y más barato- es que internet se autocensure: que los buscadores se autocensuren, poner a Facebook y Twitter a vigilar a sus usuarios, cerrar los servidores a saco…

(1) https://politica.elpais.com/politica/2017/06/08/actualidad/1496913111_575299.htm
(2) https://www.eluniverso.com/noticias/2018/06/20/nota/6821237/denuncian-rafael-correa-supuesto-delito-odio-tras-llamar-efialtes
(3) https://mundohispanico.com/noticias/aumenta-racismo-y-odio-en-redes-sociales-experto-lo-atribuye-a-trump-video

En la Wikipedia la manipulación la lleva a cabo un robot infomático

La Wikipedia es una gran iniciativa, una de las mejores de internet, heredera de los viejos sueños de la Enciclopedia del gran D’Alembert y los materialistas franceses finales del siglo XVIII.

Todo sería muy bonito si la Wikipedia no estuviera manipulada. Cualquiera no puede escribir o modificar una entrada, por falsa que sea. Muchos colaboradores que intentan corregir algunas de las descarados manipulaciones han tenido que desistir, por lo que la Wikipedia se ha convertido en una de las fuentes menos fiables de cultura general en internet.

En 2012, durante una ceremonia Londres a la que asistieron numerosos políticos reaccionarios, el director de la Wikipedia, Jimmy Wales, se casó con Kate Garvey, la secretaria privada de Tony Blair, que también estuvo presente en la ceremonia. A Garvey su propio marido la considera como “la mujer mejor conectada de Londres”.

Tras pasar por Downing Street, Garvey trabajó para la Tony Blair Faith Foundation, la Reina Rania de Jordania y Bono, el cantante de U2, entre otros. Luego fundó Project Everyone, una de esas ONG dedicadas a la beneficencia (“desarrollo sostenible”) que incluye entre sus socios a la Fundación de Bill Gates.

Garvey había sido administradora de una importante empresa de relaciones públicas, Freud Communications, fundada en 1985 por Matthew Freud, un bisnieto del conocido psicoanalista.

Es necesario recordar que en la familia Freud hay otro miembro, Edward Bernays, que está considerado como “el creador de las relaciones públicas”, es decir, de la manipulación propagandística.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Bernays utilizó el término “relaciones públicas” para sustituir a la palabra “propaganda” que había adquirido connotaciones de manipulación masiva, en la que él era un experto. Por lo tanto, ambos nombres son sinónimos.

Freud es un intoxicador, un especialista en comunicación publicitaria aplicada a la política y al periodismo. En su documental “The Ego Century”, el director de la BBC Adam Curtis considera a Matthew Freud como “una estrella en la nueva cultura de relaciones públicas y marketing en política, negocios y periodismo dedicada durante los años de Clinton-Blair”.

La institucionalización de la censura

En la Wikipedia la censura está institucionalizada y mecanizada informáticamente. Entre otros, la llevan a cabo bajo la apariencia de un sujeto llamado “Philip Cross”, que se dedica a perseguir a los que introducen textos contra las guerras imperialistas, o a favor de los palestinos o contra Israel o proclive a la desaparecida Unión Soviética.

Un político británico, George Galloway, ofreció públicamente 1.000 libras esterlinas a cualquiera que pudiera darle alguna indicación de la identidad de ese censor, que no parece ser un personaje individual, como hace creer, sino todo un equipo de profesionales de la intoxicación.

La respuesta no se hizo esperar y el tal “Philip Cross” desapareció de la Wikipedia, afirmando en su cuenta falsa de Twitter (@philipcross63) que habían puesto precio a su cabeza. Ahora figura como colaborador “inactivo” pero no “prohibido” por Wikipedia y, además, eliminó su cuenta de Twitter e inmediatamente abrió otra bajo el nombre de “Julian” (@Wikipedianhidin) y se lanzó a escribir una serie de mensajes disparatados.

Su comportamiento en Twitter corrobora lo que sugerían sus modificaciones obsesivas de las entradas de Wikipedia.

En los 15 años que estuvo activo en la Wikipedia, el tal “Cross” realizó un promedio de 175 modificaciones diarias de diversas entradas, lo cual es notoriamente excesivo para una persona individual.

Todo parece indicar que no existe tal sujeto y que la censura la lleva a cabo un robot informático. Las correcciones se hacen tanto a altas horas de la madrugada, como en días festivos tan señalados, como la Navidad.

—https://wikipedia.fivefilters.org/

La actual propaganda anti-rusa de los imperialistas está copiada de la que difundían los nazis bajo el III Reich

A comienzos de 1935 los nazis desataron en Alemania una campaña de intoxicación propagandística contra la URSS y sus peligros de dominación mundial. El cartel de portada corresponde a una exposición itinerante que se abrió en Karlsruhe, la capital de Baden.

Luego el cartel lo reprodujo el diario británico The Guardian, cuyo dibujante Steve Bell demuestra una falta absoluta de originalidad, aparte de que sus fuentes de inspiración nazis quedan al descubierto, lo mismo que el periódico:

Este otro dibujo es más de lo mismo, una portada de The Economist, el portavoz de los bancos y las grandes multinacionales británicas que le tienen pánico a Putin y sus ansias de dominar el mundo (lo quieren dominar ellos solitos a su antojo). Otro plagio de la propaganda del III Reich:

A la propaganda imperialista se la nota atascada desde 1945, falta de nuevas ideas y de originalidad, a pesar de que el gobierno de Obama presupuestó 160 millones de dólares para propaganda negra de este tipo, que es la que financia a The Economist y The Guardian, entre otros.

El más ferviente y estúpido plumilla antiruso de The Guardian, Luke Harding, tuvo que disculparse públicamente por haber plagiado pasajes enteros de The Exile, una revista rusa en inglés.

En 2015 un informe divulgado precisamente por The Guardian admitía la existencia de un fondo de reptiles contra Rusia destinado a los medios de la Unión Europea. El informe había sido redactado por la agencia de propaganda RFE/RL de Estados Unidos (*).

Todo esto es tan zafio que los medios ya ni se molestan en disimular su papel: un artículo de propaganda del gobierno de Wasgington sobre un fondo de reptiles para los medios de la Unión Europea termina convirtiéndose en un artículo de The Guardian, como si el dinero no fuese para sobornarles a ellos.

(*) https://www.theguardian.com/world/2015/jun/25/eu-russia-propaganda-ukraine

Los que persiguen las ‘noticias falsas’ son los inquisidores de siempre

En castellano, “pasquín” es una palabra tomada del italiano “pasquino”, que es el nombre de una estatua de Roma en la que se fijaban escritos satíricos anónimos, generalmente de carácter político.

La palabra se comenzó a usar a principios del siglo XVI, que es cuando surgió la costumbre de colocar las críticas en público, dirigidas contra el gobierno o la Iglesia católica.

Con el tiempo pasó a describir el cartel anunciador, un hoja de papel con publicidad, propaganda o cualquier otro mensaje pero, dice la Wikipedia, siempre conservó un significado peyorativo, lo mismo que cualquier otra modalidad de expresión de las opiniones, como el “libelo”.

En una de sus acepciones la Academia de la Lengua no se corta un pelo a la hora de definirlo: “Diario, semanario o revista con artículos e ilustraciones de mala calidad y de carácter sensacionalista y calumnioso”.

Desde hace 500 años todos los gobiernos del mundo han combatido los pasquines, los libelos y demás formas espontáneas de expresión con la misma excusa: porque sus contenidos son falsos, engañosos, fraudulentos, calumniosos, exagerados…

Ya conocen Ustedes el axioma “Tu libertad acaba donde empieza la mía”, al que le falta la parte más importante: “Tu libertad es muy pequeña porque mis derechos llegan muy lejos”.

A los pasquines les ocurría entonces como a las redes sociales hoy. Recurrían a ellos quienes carecían de cualquier otra posibilidad de expresarse. Las dianas también eran las mismas: los monarcas, los aristócratas, los obispos, los militares, los banqueros, las autoridades, los potentados…Los detentadores del poder siempre fueron “víctimas” de la ironía, el sarcasmo y la sátira del populacho y la chusma, que nunca tuvieron ninguna razón para quejarse porque todo lo que hacían sus protectores era por su propio interés (bien entendido).

Los pasquines, las octavillas y los libelos se quemaban y sus autores siempre dieron con sus huesos en la cárcel, o en el destierro. La mayor parte de los impresos desaparecieron para siempre y la historia lo lamenta. Hoy aquellos papeles despreciados son un tesoro. Todas las bibliotecas del mundo pagan millones por ellos, mientras que nadie se acuerda de las víctimas de sus insultos.

La política, la verdadera política, es así y siempre se ha hecho con ese tipo de materiales, serios y satíricos, falsos y verdaderos, mordaces y misericordiosos.

En China la Revolución Cultural llenó las calles de pasquines (dazibaos) y lo mismo ocurre hoy en Israel a causa de una estricta censura política y religiosa.

La transición también llenó las paredes de pasquines, pintadas y pegatinas porque a los antifascistas nunca los dejaron aparecer en televisión, ni en la radio, ni en los periódicos. Hoy es un delito hacer una pintada en un muro de la calle o en las paradas de autobús porque cada vez que la plebe encuentra una manera de expresar su mala leche, se lo impiden.

Ni siquiera tenemos derecho a disfrutar de nuestra válvula de escape. Las redes sociales, que son los pasquines cinco siglos después, están sometidas a vigilancia. Hay quien vela porque sólo nos enteremos de mensajes que sean ciertos, veraces y auténticos, pero nadie nos ha preguntado si, además, no preferimos los bulos, los rumores o las groserías de nuestro tuitero favorito.

¿Por qué suponen que queremos saber la verdad?, ¿quién les autoriza a privarnos de nuestras mentiras más queridas? Les advertimos desde ahora que siempre nos quedará un último remedio: pintaremos en los retretes de los bares y de las gasolineras.

Retrete de un bar de Brooklyn, en Nueva York

El Pentágono creó Google para dominar la guerra de la información en el mundo (y 4)

En 1994, el mismo año en que el Highlands Forum fuera fundado bajo los cuidados de la Oficina de la Secretaria de Defensa, la ONA y DARPA, dos jóvenes estudiantes de doctorado en Stanford, Sergey Brin y Larry Page, hicieron el estreno de su primer buscador y clasificador automatizado en la web. Esa aplicación sigue siendo el núcleo de lo que se convertiría en el servicio de búsqueda de Google. Brun y Page hicieron este trabajo con la financiación de la Digital Library Initiative (DLI), un programa multi-agencia de la National Science Foundation (NSF), la NASA y la DARPA.

Pero esto es solamente una parte de la historia. A través de todo el desarrollo de ese buscador, Sergey Brin informó de forma regular y directa a dos personas que nada tenían que ver con Stanford: la doctora Bhavani Thuraisingham y el doctor Rock Steinheiser. Ambos representaban a un activo grupo de inteligencia de Estados Unidos que investigaba sobre seguridad de la información y búsqueda de datos.

Thuraisingham es actualmente profesora distinguida con la Cátedra Louis A. Beecherel y directora ejecutiva del Cyber Security Research Institute en la Universidad de Texas en Dallas, y valiosa experta en minería de datos, gestión de datos y seguridad de la información. Pero en los años 90 trabajó para MITE Corp., un destacado contratista del Departamento de Defensa, donde dirigió el proyecto Massive Digital Data Systems, patrocinado por la CIA y por el director de Central Intelligence, para promover investigación innovadora sobre tecnología de la información.

“Financiamos a la Universidad de Stanford a través del científico informático Jeffrey Ullman, que tenía a muchos estudiantes graduados prometedores trabajando en muchas áreas interesantes”, me dijo Thuraisingham. “Uno de ellos era Sergey Brin, fundador de Google. El grupo de inteligencia en el programa MDDS esencialmente realizó la financiación de Brin, quien fue apoyado por muchas otras fuentes, incluyendo el sector privado”.

Este tipo de financiación ciertamente es frecuente, y que Sergey Brin lo recibiera siendo simplemente un graduado en Stanford parece haber sido algo incidental. El Pentágono en aquel entonces estaba pendiente de cualquier investigación sobre informática. Pero ilustra la profundidad a la que está imbricada la cultura de Silicon Valley con la inteligencia de Estados Unidos.

En un extraordinario documento en la web de la Universidad de Texas, Thuraisingham recuerda que desde 1993 a 1999, la Intelligence Community (IC) comenzó “un programa denominado Massive Digital Data Systems (MDDS) que yo dirigía para esa IC cuando estaba en MITRE Corp.” El programa financió 15 líneas de investigación en varias universidades, incluyendo la de Stanford. Su meta era el desarrollo de “tecnologías de gestión de datos que administraran desde bastantes terabytes hasta petabytes de datos”, incluyendo “procesamiento y recuperación, gestión de transacciones, gestión de metadatos, gestión de almacenamiento e integración de datos”.

Por entonces, Thuraisingham era directora científica de datos e información en MITRE, en donde dirigía equipo de investigación y desarrollo de líneas para la NSA, la CIA, el US Air Force Research Laboratory, así como para el US Navy’s Space and Naval Warfare Systems Command (SPAWAR) y Communications and Electronic Command (CECOM). Daba cursos para funcionarios del gobierno de Estados Unidos y contratistas de defensa sobre minería de datos en contraterrorismo.

Ese artículo en la Universidad de Texas tiene un anexo con una copia de un resumen del programa MDDS que fue presentado en el “Annual Intelligence Community Symposium” en 1995. El resumen revela que los principales patrocinadores del programa MDDS eran tres agencias: la NSA, la oficina de la CIA de Investigación y Desarrollo y el Community Management Staff (CMS), que operaba bajo el director de Central Intelligence. Los administradores del programa, que proporcionaron financiación de entre 3 y 4 millones de dólares durante 3 ó 4 años, fueron identificados como Hal Curran (NSA), Rick Steinheiser (de la ORD, Oficina de Investigación y Desarrollo de la CIA) y la propia doctora Thuraisingham.

Thuraisingham continúa su artículo reiterando que este programa conjunto CIA-NSA ayudó parcialmente a Sergey Brin a desarrollar el núcleo de Google, mediante un préstamo a Stanford dirigido por el supervisor de Brin, el profesor Jeffrey Ullman:

“De hecho, el fundador de Google Sergey Brin fue parcialmente financiado por este programa mientras era estudiante de doctorado en Stanford. Junto con su consejero el profesor Jeffrey Ullman y mi colega en MITRE, el doctor Chris Clifton (director científico de MITRE en tecnología de la información) desarrollaron el Query Flocks System, que daba soluciones para buscar en grandes cantidades de información almacenada en bases de datos.

“Recuerdo una visita a Stanford con Steinheiser de la Intelligence Community, y a Brin llegando en patines, dar su presentación, e irse rápidamente. De hecho, la última vez que nos encontramos en 1998, Brin nos demostró su dispositivo de búsqueda que se convirtió en Google poco después”.

Brin y Page formaron oficialmente la empresa Google en septiembre de 1998, el último mes que informaron a Thuraisingham y a Steinheiser. “Query Flocks” (técnica de consulta masiva) era también parte del sistema patentado de búsqueda “PageRank” (presentación de los resultados de la búsqueda), que Brin desarrolló en Stanford bajo el programa CIA-NSA-MDDS, así como la financiación de NSF, IBM e Hitachi. Aquel año, el Dr. Clifton, que trabajó bajo Thuraisingham para desarrollar el Query Flocks, redactó un informe con el supervisor de Brin, Ullman, y Steinheiser, de la CIA. Con el título de “Knowledge Discovery in Text” el informe fue presentado en una conferencia académica.

“La financiación del MDDS que recibió Brin fue significante en tanto que financiación inicial, pero probablemente fue superada por otras fuentes de financiación”, declaró Thuraisingham. “La duración de esa financiación fue de unos dos años. En ese período, yo y mis colegas del MDDS visitamos Stanford para ver a Brin y comprobar sus progresos cada tres meses más o menos. No era una supervisión exactamente, pero queríamos comprobar el progreso, señalar problemas potenciales y sugerir ideas. En esos encuentros, Brin nos presentó la búsqueda por ‘query flocks’, y también nos demostró distintas versiones del buscador de Google”. Brin informaba así de forma regular a Thuraisingham y a Steinheiser sobre el desarrollo de Google.

[Actualización del artículo al 2 de febrero de 2015]

Desde la publicación de este artículo, Thuraisingham ha rectificado el artículo al que hacemos referencia más arriba. La versión modificada incluye una copia de la versión original de su resumen sobre el MDDS. En esta versión modificada, Thuraisingham rechaza la idea de que la CIA fundara Google, y dice por el contrario:

“En realidad, el profesor Jeffrey Ullman en Stanford y mi colega en MITRE Chris Clifton junto con algunos más desarrollaron el Query Flocks System, como parte del MDDS, que proporcionó soluciones para búsquedas en grandes cantidades de datos almacenados en bases de datos. Igualmente, Sergey Brin, cofundador de Google, formaba parte del grupo de investigación de Ullman por entonces. Recuerdo visitas periódicas a Stamford con Steinheiser de la Intelligence Community, y a Brin llegando en patines, dar su presentación e irse rápidamente. Durante nuestra visita a Stanford en septiembre de 1998, Brin nos enseñó su buscador, que yo creo que se convirtió en Google poco después”.

“Hay también bastantes inexactitudes en el artículo del Dr. Ahmed de 22 de enero de 2015. Por ejemplo, el programa MDDS no era un programa “delicado”, como él afirma; era un programa desclasificado que financiaba a universidades en Estados Unidos. Por otra parte, Sergey Brin nunca nos informaba, ni a mi ni a Rick Steinheiser; sólo nos hizo algunas presentaciones durante nuestras visitas al Departamento de Ciencias de la Computación, en Stanford durante los años 90. Y MDDS nunca financió a Google; financiaba a la Universidad de Stanford”.

Aquí no existen diferencias efectivas entre los relatos de Thuraisingham, aparte de aseverar que su declaración asociando a Sergey Brin con el desarrollo de los “query flocks” es equivocado. Hay que subrayar que este reconocimiento no se deriva de su propio saber, sino de este mismo artículo, citando a un portavoz de Google.

El extravagante intento de disociar a Google del programa MDDS patina. En primer lugar, MDDS nunca financió a Google, porque durante el desarrollo del núcleo del sistema de búsqueda de Google no existía una empresaa con ese nombre. La beca fue por el contrario proporcionada por la Universidad de Stanford mediante el profesor Ullman, a través de quien se empleó algo de financiación del MDDS para apoyar a Brin, que en aquel tiempo estaba desarrollando Google.

En segundo lugar, Thuraisingham añade que Brin nunca la “informó” ni a ella ni a Steinheiser, de la CIA, pero admite que “nos dio presentaciones durante nuestras visitas al Departamento de Ciencia Computacional en Stanford, durante la década de los 90”. Queda poco claro aquí cual es la diferencia entre informar y dar una presentación detallada; de otra forma, Thuraisingham confirma que ella y la CIA se tenían mucho interés en el desarrollo de Google por parte de Brin.

En tercer lugar, Thuraisingham describe el programa de MDDS como “no reservado”, pero ello no contradice su naturaleza “delicada”. Habiendo trabajado durante décadas como contratista y consejera de inteligencia, Thuraisingham debe ser consciente de que hay muchas maneras de clasificar la inteligencia, incluyendo “delicada pero no reservada”. Algunos antiguos funcionarios de la inteligencia con los que hablé comentaron que la práctica total ausencia de información pública sobre esta iniciativa de la CIA y del MDDS sugiere que, pese a que el programa no estaba clasificado, es probable que su contenido fuera considerado muy delicado, lo que explicaría los esfuerzos para minimizar la transparencia sobre el programa y la forma en que trataron de desarrollar herramientas para la inteligencia norteamericana.

En cuarto término y finalmente, es importante señalar que el informe del MDDS que Thuraisingham incluye en su documento de la Universidad de Texas afirma claramente que no solo el Director de Central Intelligence, la CIA y la NSA eran los que controlaban la iniciativa del MDDS, sino que los futuros destinatarios del proyecto eran “el Departamento de Defensa, la IC y otras organizaciones gubernamentales”: el Pentágono, las centrales de inteligencia de Estados Unidos y otras destacadas agencias del gobierno de Estados Unidos.

En otras palabras, la provisión de financiación de MDDS a Brin por mediación de Ullman, bajo la supervisión de Thuraisingham y Steinheiser, se debió en lo fundamental a que éstos reconocieron la potencial utilidad del trabajo de desarrollo de Google por parte de Brin para el Pentágono, y para el gobierno federal y la inteligencia del Estado en su conjunto.

Nafeez Ahmed https://medium.com/insurge-intelligence/how-the-cia-made-google-e836451a959e https://medium.com/insurge-intelligence/why-google-made-the-nsa-2a80584c9c1

El Pentágono creó Google para dominar la guerra de la información en el mundo (1)

En el entorno de los ataques contra “Charlie Hebdo” en París, los gobiernos occidentales se están movilizando rápidamente para legitimar y expandir los medios de vigilancia masiva y los controles sobre internet, todo ello en nombre de la lucha contra el terrorismo. Los políticos europeos y estadounidenses han llamado a proteger el estilo de espionaje utilizado por la NSA, y a progresar en la capacidad de intrusión en la intimidad de internet, ilegalizando el cifrado. Una idea es el establecimiento de colaboraciones en la telecomunicación a fin de borrar de forma unilateral contenidos que se consideren “impulsores del odio y la violencia” en situaciones consideradas “convenientes”. A niveles parlamentarios y gubernamentales se plantean acerbas discusiones a fin de explorar la supresión de la confidencialidad en las conversaciones entre cliente y abogado.

Que algo de lo anteriormente mencionado hubiera servido para impedir los ataques a “Charlie Hebdo” sigue siendo un misterio, y especialmente teniendo en cuenta que los terroristas estaban en el radar de la inteligencia francesa desde hacía una década. No hay muchas novedades en esta historia. Las atrocidades del 11-S fueron las primeras de varios ataques terroristas, cada uno de ellos seguido por el incremento de draconianos poderes estatales a expensas de las libertades civiles, respaldado con el establecimiento de fuerzas militares en zonas identificadas como refugios terroristas. Pero poco indica que esta fórmula probada y comprobada haya hecho nada para reducir el peligro. En cualquier caso, parecemos estar atrapados en un progresivo círculo de violencia sin ningún fin claro a la vista.

Mientras nuestros gobiernos presionan para incrementar sus atribuciones, “Insurge Intelligence” puede revelar ahora el nivel al que la inteligencia norteamericana estuvo implicada en el origen de las plataformas de internet que hoy conocemos, con el propósito concreto de emplear la tecnología como mecanismo de lucha en la “guerra mundial de la información”, destinada a legitimar el poder de unos pocos sobre el resto de la población. El eje de esta historia es esa empresa que, en muchas formas, define el siglo XXI con su presencia discreta: Google.

El “estilo Google” es amable, divertido, una tecnología “user-friendly”, amistoso para el usuario, que llegó a destacar mediante una combinación de habilidad, suerte y auténtica innovación. Esto es cierto. Pero sólo es un mero fragmento de la historia. En realidad, Google es una cortina de humo tras la que acecha el complejo militar-industrial de Estados Unidos. La historia interna del ascenso de Google, que se revela aquí por primera vez, abre un bote de gusanos que va más allá de la empresa, encendiendo una luz de forma inesperada sobre la existencia de una red parasitaria que dirige la evolución del aparato de seguridad nacional de Estados Unidos, beneficiándose de forma obscena de su funcionamiento.

Durante las dos últimas décadas, la estrategia exterior y de inteligencia de Estados Unidos ha desembocado en una “guerra mundial contra el terror”, consistente en invasiones prolongadas del mundo musulmán y una vigilancia total de la población civil. Estas estrategias han sido incubadas, si no dictaminadas, por una red secreta dentro del Pentágono y más allá de él. Establecida bajo la administración Clinton, consolidada bajo Bush, y firmemente reforzada con Obama, esta red, en su mayoría formada ideólogos neoconservadores, selló su dominio sobre el Departamento de Defensa a principios de 2015, mediante las operaciones de una oscura entidad empresarial ajena al Pentágono, pero dirigida por éste. En 1999 la CIA creó su propia empresa de capital riesgo, “In-Q-Tel”, para la financiación de empresas emergentes, que pudieran crear tecnologías útiles para las centrales de inteligencia. Pero la inspiración para “In-Q-Tel” había llegado antes, cuando el Pentágono estableció su propio equipo en el sector privado.Conocido como Highlands Forum, esta red privada operó como un puente entre el Pentágono y las poderosas élites norteamericanas ajenas al Ejército desde mediados de los años 90. Pese a los cambios en la administración civil, la red alrededor del Highlands Forum se ha convertido de forma progresiva en la triunfadora por el dominio de la política de defensa de Estados Unidos.

Gigantescos contratistas como “Booz Allen Hamilton” y “Science Applications Internacional Corporation” son descritos a veces como la “comunidad influyente en la sombra”, debido a las puertas giratorias entre ellas y los gobiernos, y su capacidad para influenciar y aprovecharse de la política de Defensa, simultáneamente. Pero mientras estos contratistas compiten por poder y dinero, también colaboran entre sí cuando conviene. El Highlands Forum ha proporcionado durante veinte años los medios para que algunos de los más destacados miembros de esa comunidad en la sombra se reunieran con antiguos funcionarios gubernamentales, y con otros dirigentes de importantes empresas.

Me topé por primera vez con la existencia de esta red en noviembre de 2014, cuando informé para “Vice’s Motherboard” que la nuevamente anunciada “Defense Innovation Initiative” del secretario de Defensa Chuck Hagel trataba en realidad sobre la construcción de Skynet, o algo similar, esencialmente para dominar la inminente era de una guerra robotizada. Esta historia estaba basada en un informe poco conocido financiado por el Pentágono, publicado dos meses antes por el NDU (National Defense University) en Washington, una institución dirigida por militares que, entre otras cosas, genera investigación para el desarrollo de la política de defensa de Estados Unidos a los más altos niveles. Ese informe clarificaba el pensamiento tras la nueva iniciativa, y los revolucionarios adelantos científicos y tecnológicos que se esperaban capitalizar.

Un coautor de este informe del NDU es Linton Wells, un funcionario de Defensa de 51 años que actuó como jefe de información del Pentágono con la administración Bush, supervisando la NSA y otras agencias de espionaje. Aún mantiene el control sobre materias reservadas, y según un informe de una publicación del ejecutivo, presidió el Highlands Forum, fundado por el Pentágono en 1994.

La revista “New Scientist” ha comparado este Foro con los encuentros elitistas de Davos, Ditchley y Aspen, describiéndolo como “mucho menos conocido, pero… tan influyente como ellos”. Los encuentros regulares del Forum unen “gente innovadora para evaluar interacciones entre la política y la tecnología. Sus mayores éxitos han estado en el desarrollo de redes bélicas basadas en alta tecnología”. Dado el papel de Wells en este Forum, tal vez no sea sorprendente que su informe fuera capaz de tener un impacto tan profundo en la política del Pentágono. Pero si eso fue así, ¿por qué nadie se dio cuenta? Pese a estar patrocinado por el Pentágono, no lo pude encontrar en la web del Departamento de Defensa sobre el Forum. Actuales y antiguas fuentes militares y de inteligencia nunca habían oído hablar de ello, así como tampoco los periodistas sobre seguridad nacional. Yo estaba perplejo.

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Alienación, cortina de humo, fábrica de sueños

La película “Cortina de humo” (Wag de dog) del director Barry Levinson, estrenada en 1997, es un fiel retrato del modo en que funcionan en Washington las altas esferas: poco antes de las elecciones, acusan al presidente de Estados Unidos de la violación de una menor, un asunto que amenaza con hundir la candidatura para su segundo mandato.

Antes de que el escándalo trascienda, la Casa Blanca prepara la típica cortina de humo. El asesor Conrad Brean (Robert De Niro) desvía la atención de los votantes creando una “historia” ficticia: la guerra contra Albania.

Con la ayuda de Stanley Motss (Dustin Hoffman), un famoso productor de cine y televisión afincado en Hollywood, Brean reúne un gabinete de crisis que trama un conflicto universal muy distinto de los vistos hasta entonces.

Ya saben lo que son los famosos “efectos especiales” en el cine: sustituyen el mundo real por el virtual. La película está basada en una novela de Larry Beinhart que se parece demasiado a la realidad, ya que su estreno coincidió con el Caso Monica Lewinsky y una nueva intervención de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.

Además de los medios de comunicación, el cine (la fábrica de sueños) es el mejor ejemplo moderno de lo que Marx calificaba como alienación. Los vemos cada día día cuando preguntamos a nuestro colega: “Pero tú, ¿en qué mundo vives?” Deberíamos repetirnos la pregunta a nosotros mismos: ¿realmente sabemos en qué mundo vivimos?

La película muestra que la capacidad de los medios de comunicación y el cine para contar “historias” no se detiene. Según avanza la trama, el contrincante del presidente no desmiente la farsa sino que la da por terminada. Entonces los farsantes suben un peldaño en la escalada de engaños: crean la continuación de la “historia” por medio de un héroe (que nunca puede faltar en Estados Unidos).

Sí, la guerra que nunca empezó ya ha terminado. Pueden sentirse aliaviados porque han ganado los de siempre, los buenos, pero ha quedado un soldado atrapado tras las líneas enemigas…

La angustia vuelve a atrapar a los consumidores y productores de noticias.

La trama se complica cuando los productores eligen mal al héroe, que no resulta tan heroico como en la gran pantalla, sino todo lo contrario, un criminal que muere antes de aparecer triunfalmente, dar ruedas de prensa, aparecer en los platós, las portadas de las revistas…

Pero tanto Hollywood como la CNN pueden convertir un funeral en otro “show” más para seguir manteniendo la farsa hasta el final de tal manera que los pecados del presidente se mantengan en un segundo plano.

Es verdad que siempre hay quien no se deja engañar y sabe que detrás de una frase mil veces repetida hay una mentira. Pero incluso los que nadan contra la corriente, se dejan arrastrar por ella: es más fuerte. Tienen que entrar al trapo de las cortinas de humo, los bulos y ficciones como la guerra contra Albania, las armas de destrucción masiva, los tirantes con la bandera “nacional” que causaron la muerte a un “patriota” en Zaragoza…

Por medio de las redes sociales Estados Unidos quiere desestabilizar Cuba

Estados Unidos creará una nueva Fuerza de Tarea en internet para difundir mensajes desestabilizadores contra Cuba. La decisión se corresponde con lo dispuesto en el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional del 16 de junio de 2017, emitido por Trump en Miami.

Rodeado por gusanos de origen cubano, Trump anunció entonces un cambio de política hacia la mayor de las Antillas con el fin de fortalecer el bloqueo y limitar los viajes entre ambos países.

El departamento de Estado ha reunido una Fuerza de Tarea en internet para Cuba compuesta de funcionarios gubernamentales y no gubernamentales con el objetivo de “promover el libre flujo de información” y “ampliar el acceso a internet y los medios independientes” en la isla.

Una fuerza de tarea es un término propio de las Fuerzas Armadas estadounidenses, y define una unidad temporal para trabajar en una operación o misión específica.

La primera reunión pública del grupo de trabajo tendrá lugar el 7 de febrero en la propia sede del Departamento de Estado en Washington.

En 2014 la agencia Associated Press publicó documentos que probaban la itervención de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) en el proyecto ZunZuneo -creado en 2009-, con el que se pretendía estimular una plataforma de mensajería entre los jóvenes cubanos similar a Twitter, pero cuyo verdadero propósito era promover acciones contra el gobierno cubano.

Poco después el Programa Piramideo promovió la creación de una red de amigos, ofreciéndoles la posibilidad de que una persona enviara a los miembros de su pirámide un mensaje de texto masivo por el valor de un solo mensaje.

Otra iniciativa de la Usaid preveía entregar a diversas empresas subcontratadas 4,3 millones de dólares para montar redes inalámbricas clandestinas en Cuba, como parte del proyecto denominado Conmotion.

La finalidad era ofrecerles a supuestos emprendedores tecnológicos cubanos el equipamiento necesario para sus propias redes, y posteriormente enlazar éstas a otras en el exterior, creando una red de usuarios para intoxicarlos y convocar manifestaciones.

—http://www.cubadebate.cu/noticias/2018/01/23/eeuu-crea-una-fuerza-de-tarea-en-internet-para-subversion-en-cuba/

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