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Categoría: Guerra psicológica (página 4 de 45)

La audiencia de la cadena RT supera a la CNN incluso en Estados Unidos

Uno de los farsantes que propagó el bulo del “candidato manchú”, el espía James Clapper, admite que la cadena rusa RT supera a la CNN en audiencia en Estados Unidos, a pesar de la censura impuesta desde 2017.

Clapper fue director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos y participó en la creación del bulo de que Rusia había apoyado a Trump para ganar las elecciones de 2016. La cadena rusa RT habría desempeñado un papel activo en el apoyo a Trump, frente a Hillary Clinton.

A principios de julio, Tulsi Gabbard, sucesora de Clapper, desclasificó una serie de documentos de la era Obama que detallan los esfuerzos del presidente estadounidense y sus secuaces para promover las acusaciones de interferencia de Moscú en las elecciones estadounidenses de 2016.

En una entrevista concedida a CNN el 23 de julio, Clapper mantuvo su posición sobre lo que califica como “una campaña de información sofisticada, vasta y agresiva” llevada a cabo por Moscú para “sembrar la duda, la discordia y la sospecha entre la población estadounidense”.

RT “tiene una audiencia mayor en Estados Unidos que este canal”, dijo Clapper en referencia a la CNN. Naturalmente, la cadena rusa se dedica a difundir “información falsa”, a diferencia de la CNN que destaca por su veracidad.

Sin embargo, como escribió Rafael Poch en 2018, “el secreto del enorme éxito de Russia Today está en el fracaso de los demás”.

La cadena RT se enfrenta a la censura y a obstáculos legales cuya magnitud no ha dejado de crecer en Estados Unidos desde 2017, fecha en la que el Departamento de Justicia le catalogó como “agente extranjero”.

Primero a RT le retiraron la acreditación de prensa del Congreso y luego se vio obligada a cerrar en 2022 definitivamente, a raíz del inicio de la Guerra de Ucrania y la decisión de las potencias occidentales de imponer sanciones sin precedentes a Rusia.

El contenido de RT fue restringido y luego eliminado de las principales plataformas digitales, incluyendo YouTube, donde el canal había acumulado 5.000 millones de vistas y varios millones de suscriptores. Ocurrió lo mismo en Facebook.

Washington también sancionó a Margarita Simonyan, redactora jefa de RT, así como a varios periodistas del canal, sin que las organizaciones profesionales hayan protestado por uno de los ataques más graves a la libertad de expresión.

En Alemania censuran la solidaridad con los palestinos mediante la inteligencia artificial

A mediados de febrero, la Relatora Especial de la ONU, Francesca Albanese, tenía previsto dar una charla junto con Eyal Weizman, fundador de Forensic Architecture, en la Universidad Libre de Berlín. Pero la universidad pronto se tuvo que enfrentar a la presión política del embajador israelí, Ron Prosor, y del alcalde de Berlín, Kai Wegner, quien exigió a sus directivos que “cancelaran el evento inmediatamente y enviaran un mensaje claro contra el antisemitismo”. La universidad finalmente canceló la charla, alegando vagamente “preocupaciones de seguridad”. El periódico de izquierdas Junge Welt finalmente ofreció su espacio editorial como sede alternativa.

El evento se celebró bajo una gran intimidación policial: doscientos agentes armados y antidisturbios rodearon el edificio, con presencia policial adicional en las oficinas del periódico para garantizar que no se cometiera ningún delito de pensamiento. En los días previos y posteriores, los medios de comunicación alemanes tradicionales intentaron no enfatizar que la intervención de dirigentes políticos en los asuntos de la universidad podría amenazar la libertad académica. La atención se centró en no promover el antisemitismo, acusando implícitamente a Albanese y Weizman de ese delito.

Los ataques abiertos contra la diáspora palestina, sus partidarios, representantes de la ONU y ONG no son exclusivos de Alemania. Tanto los medios estadounidenses como los británicos citan a menudo las afirmaciones de organismos cívicos como la Liga Antidifamación, las comisiones de diputados, el Fondo de Seguridad Comunitaria y otras organizaciones antisemitas. Los medios alemanes, especialmente las emisoras públicas, suelen referirse a “expertos” en antisemitismo, ya sean académicos o simplemente charlatanes. Habitualmente se les presenta como testigos independientes, ajenos al discurso político o incluso al debate académico. En cambio, sus evaluaciones —o mejor dicho, sus acusaciones de antisemitismo— se presentan como hechos científicos objetivos, incuestionables.

Un ‘experto‘ en antisemitismo

Un ejemplo es la entrevista del periódico alemán Tagesspiegel al lingüista y “experto en antisemitismo” Matthias J. Becker tras la cancelación de la charla de Albanese en la Universidad Libre. En ella, acusa a Albanese de comparar las políticas de Israel en Palestina con las del régimen nazi.

Becker es “uno de nuestros expertos“, dice el Instituto Tel Aviv. Forma parte del proyecto Decoding Antisemitism (Descifrando el Antisemitismo) del Centro de Investigación sobre Antisemitismo de la Universidad Técnica de Berlín, que dirigió de 2019 a 2025. Con la ayuda de un modelo de computación lingüística de gran tamaño, el proyecto busca crear un algoritmo de inteligencia artificial que reconozca automáticamente las declaraciones antisemitas en los comentarios web para que las plataformas en línea puedan eliminar las publicaciones antisemitas de forma sistemática. En una charla con el Instituto para el Estudio del Antisemitismo y la Política Mundial, Becker expone el enfoque político del proyecto:

“Lo que nos interesa no es tanto el antisemitismo de la extrema derecha o las plataformas de supremacía blanca, sino la sociedad en general, porque el antisemitismo en los campus, el antisemitismo que proviene de la izquierda, entre los artistas, es en realidad la corriente dominante, el discurso político moderado, lo que constituye un desafío en sí mismo. Porque tan pronto como el antisemitismo se comunica de manera implícita, muy a menudo hay una falta de sanción en contraste con los ejemplos de tropos antisemitas pronunciados por un neonazi”.

El camelo del antisemitismo de nuevo cuño

Aunque oficialmente afirma centrarse en la corriente dominante, el proyecto se centra principalmente en el antisemitismo relacionado con Israel, o “nuevo antisemitismo”. De los más de 100.000 comentarios en línea recopilados para entrenar el algoritmo y puestos a disposición como metadatos en el sitio web del proyecto, dos tercios se relacionan con Palestina e Israel, mientras que un tercio trata sobre otros incidentes antisemitas cubiertos por los medios. Un subconjunto de 21.000 comentarios recopilados inmediatamente después de los atentados del 7 de octubre encontró aproximadamente 2.400 incidentes antisemitas, es decir, el 11,7 por cien. Casi la mitad se clasifican como “ataques a la legitimidad de Israel”.

El conjunto de datos se divide en etiquetas que representan diferentes formas de supuesto antisemitismo, como “analogías con el nazismo”, el fascismo, el apartheid o el colonialismo; calificar a Israel de estado racista o terrorista; acusarlo de genocidio; hacer referencia al movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS); Culpar únicamente a Israel de la difícil situación de los palestinos; aplicar un doble rasero; y negar el derecho de Israel a existir.

Aunque utiliza datos públicos, el proyecto Decoding Antisemitism no ha publicado el conjunto completo de datos. Por lo tanto, es imposible comprender en detalle qué comentarios se clasificaron y archivaron como antisemitas y por qué. Además, impide cualquier análisis holístico o control de los datos por parte de terceros (generalmente realizado mediante revisión por pares en el ámbito académico). Sin embargo, el pasado noviembre, el proyecto publicó “Una guía para identificar el antisemitismo en línea”, un glosario de quinientas páginas que explica cada etiqueta con cierto detalle. Ofrece ejemplos de comentarios antisemitas explícitos e implícitos, seguidos de comentarios no antisemitas como puntos de referencia neutrales.

Bajo la etiqueta “Analogía con los nazis/Analogía con los fascistas”, se ofrece un claro ejemplo de una declaración antisemita: “Los judíos están haciendo lo mismo que Hitler les hizo”. Un ejemplo de antisemitismo implícito es: “Te opones al antisemitismo y al holocausto, pero no a los asesinatos de palestinos inocentes. ¡Eres una mujer de doble moral y una vergüenza!”

Según el glosario, esto es antisemita porque “se está estableciendo una ecuación implícita” entre Israel y la Alemania nazi. Este argumento resulta confuso considerando el ejemplo de un comentario no antisemita: “Estudiar el holocausto debería ser una advertencia contra todas las formas de opresión e injusticia, ya sea en Oriente Medio o en otros conflictos”. No está claro dónde radica la diferencia sustancial entre estos dos últimos ejemplos, aparte de la cortesía, el civismo y una supuesta orientación hacia el sionismo. Ambos exigen coherencia con las lecciones aprendidas del pasado.

El ejemplo más flagrante de este enfoque se encuentra en el capítulo titulado “Libelo de sangre/Asesinato de menores”. El argumento es que acusar a Israel de matar niños palestinos es similar a la fantasía antisemita de acusar a los judíos del asesinato ritual de niños cristianos. No se explica que este vil tropo es equivalente a las acusaciones contra el ejército israelí. Como prueba de esta cruda tesis, el capítulo ofrece un ejemplo de antisemitismo explícito: “Lo que quieres decir es que Israel bombardea niños. No andemos con rodeos”, mientras que un ejemplo de antisemitismo implícito es: “¿Cuántos cohetes ha disparado Israel contra niños inocentes?”. Quizás los comentaristas podrían creer en el tropo del libelo de sangre. Sin embargo, es evidente que ninguno de estos comentarios prueba eso. Queda sin explicar que esos comentarios son sustancialmente diferentes y cómo una fantasía antisemita medieval se relaciona con un genocidio actual en la vida real. La posibilidad de que alguien que habla mal de Israel y sus acciones sea antisemita se convierte en algo inevitable simplemente por la emotiva percepción de la amonestación sobre las acciones de Israel, o por lo política que es la indignación. No sorprende, entonces, que el ejemplo no antisemita que se ofrece sobre cómo comentar la matanza de niños palestinos se presente en voz pasiva: “Nueve niños murieron en Gaza el mes pasado como resultado de ataques aéreos”. Según el autor, esto no es antisemita porque “la declaración no sugiere ninguna acción deliberada, centrando su atención en las trágicas muertes” y “elegir el verbo ‘murieron’ en lugar de ‘fueron asesinados’ reduce aún más la intensidad emocional”.

Un giro paranoico: la ‘Umwegkommunikation’

Según Becker, el antisemitismo es como un iceberg. Tiene una punta visible que es posible identificar hoy día. Pero la gran mayoría del antisemitismo aparentemente se encuentra bajo la superficie y solo puede descifrarse con el enfoque metodológico adecuado, aún por desarrollar. La creencia de que la mayor parte del antisemitismo se esconde bajo la superficie, sin ser detectado ni visto, apunta a una predisposición paranoica, un fenómeno demasiado común en la cultura política alemana, pero, lo que es más preocupante, también en su cultura académica.

Podría decirse que este aparente giro paranoico se originó en la investigación alemana sobre antisemitismo de la posguerra, o más precisamente en la distorsión y la adulación acrítica de algunos de estos estudios. La teoría más influyente, utilizada con frecuencia hoy en día para justificar la criminalización de la solidaridad con Palestina y para considerar antisemita la oposición a Israel, se denomina “Umwegkommunikation” o comunicación indirecta. En una charla con la Fundación Shoah de la UCLA, Becker enfatiza que la comunicación indirecta forma parte del marco conceptual del proyecto Decoding Antisemitism.

La comunicación indirecta surgió en 1986 cuando los sociólogos Werner Bergmann y Rainer Erb se preguntaron, con razón, adónde había ido a parar el antisemitismo, tan prevalente e institucionalizado durante la era nazi, tras el desmantelamiento del Tercer Reich. El antisemitismo había sido desterrado de la esfera pública prácticamente de la noche a la mañana, y lo que antes formaba parte del discurso político cotidiano se había convertido no solo en un tabú, sino también en un asunto de derecho penal.

A pesar de ello, la mayor parte de la investigación académica en Alemania y Occidente se centró en el surgimiento histórico de un antisemitismo aniquilacionista en la Europa de principios del siglo XX, que tuvo su catastrófica conclusión en el holocausto. Estos debates fueron encabezados principalmente por Theodor W. Adorno y Max Horkheimer, y hasta Bergmann y Erb, pocos estudiosos se interesaron por el antisemitismo de posguerra. Las encuestas de la sociedad de Alemania Occidental de posguerra mostraron que las actitudes antisemitas no habían cambiado mucho, sino que simplemente ya no se expresaban públicamente. Por lo tanto, Bergman y Erb observaron que el antisemitismo había pasado de ser un fenómeno institucionalizado a uno latente y oculto que solo resurgió en circunstancias y condiciones específicas.

Teorizaron que el antisemitismo no es solo un fenómeno sicosocial y cultural, sino también comunicativo. Dado que el antisemitismo era un tabú en el discurso público, era necesario encontrar otras maneras de expresar opiniones antisemitas sin sufrir las consecuencias sociales de esta transgresión. Una forma sería asegurar que el entorno social del hablante sea consciente y acepte sus creencias antisemitas, de modo que no haya ningún tabú que romper, principalmente en el ámbito privado.

En entornos públicos, el orador se ve obligado a usar un lenguaje codificado, lo que garantiza que la intención antisemita de su discurso no se identifique como tal, ya que no hay certeza de que la transgresión del tabú se tolere en lugar de sancionarse de inmediato. En este sentido, el concepto de lenguaje codificado no difiere del de los mensajes racistas. Sin embargo, en el contexto del antisemitismo, Bergmann y Erb sugieren que uno de estos códigos podría ser hablar de Israel cuando no se puede mencionar abiertamente a los judíos. En este contexto, hablar negativamente de Israel constituye una estrategia de comunicación indirecta en lugar de atacar abiertamente a los judíos.

El camelo de convertir el antisionismo en antisemitismo

Lo que Bergmann y Erb plantearon como reflexiones teóricas sobre el antisemitismo de posguerra, que requerían una rigurosa comprobación, fue adoptado gradualmente sin crítica por otros estudiosos alemanes del antisemitismo, y durante las últimas tres décadas, aproximadamente, se transformó de un concepto teórico en un lema y un hecho científico no comprobado para numerosos estudiosos alemanes del antisemitismo, zares designados del antisemitismo, cabilderos israelíes y otros supuestos “expertos”, a pesar de la insuficiente evidencia empírica. Se ha convertido en el argumento de referencia para explicar que el antisionismo es, de hecho, antisemitismo, y por qué las críticas radicales a Israel son un código que oculta creencias antisemitas.

Desde 2019 la “Umwegkommunikation” figura en la sección sobre antisemitismo relacionado con Israel del sitio web de la Agencia Federal para la Educación Cívica y sus homólogos regionales, una institución de educación cívica financiada por el Estado que proporciona material educativo a organizaciones cívicas y escuelas. La entrada, escrita por el profesor Lars Rensmann, explica la “Umwegkommunikation” en una versión distorsionada de la obra original y añade: “La comunicación verbal antisemita desviada también es adecuada para legitimar y desencadenar la violencia directa contra los judíos”, algo que Bergmann y Erb no afirmaron ni investigaron.

Si bien los estudios sobre el antisemitismo de posguerra deben tomarse en serio, las discusiones de Bergmann y Erb sobre la “Umwegkommunikation” se ven eclipsadas por su instrumentalización, al intentar afirmar que su trabajo demostró que cualquiera que hable mal de Israel o se oponga a sus políticas lo hace por motivos antisemitas. Además, este concepto, con casi cuarenta años de antigüedad, se ha vuelto prácticamente obsoleto en la lucha contra el antisemitismo, en un momento en que el apoyo público a Israel se ha convertido en un sello distintivo de la extrema derecha y de prominentes dirigentes empresariales, políticos y evangélicos que difunden teorías conspirativas antisemitas, apoyan materialmente y envalentonan a la extrema derecha mientras posan para fotos en Auschwitz e Israel, todo en nombre del “Nunca Más”.

Acabar con cualquier oposición al Estado de Israel

El proyecto Descifrando el Antisemitismo es, hasta la fecha, el intento más autoritario de utilizar la investigación sobre antisemitismo para borrar del dominio público no solo la oposición incómoda a Israel, sino también millones de voces palestinas.

Sin embargo, esta evidencia se ignora en gran medida para no perjudicar la utilidad política del concepto entre los “expertos”, académicos y las fuerzas del orden designadas por el Estado alemán, quienes lo afirman como un hecho científico y lo utilizan para exigir sanciones y regulaciones cada vez más drásticas contra quienes critican a Israel. Dado que la extrema derecha ha reconocido a Israel como modelo para sus propias fantasías etnosupremacistas, el uso del concepto de “Umwegkommunikation” para comprender el antisemitismo lo ha transformado de una herramienta para conceptualizar e investigar el antisemitismo en una herramienta para combatir a la izquierda, ignorando o directamente protegiendo a la extrema derecha.

El proyecto Decoding Antisemitism es el mejor ejemplo de adónde conduce esta lógica. Hasta la fecha, es el intento más autoritario de utilizar la investigación sobre antisemitismo para borrar del dominio público no solo la oposición incómoda a Israel, sino también a millones de voces palestinas. Por ahora, no está del todo claro hacia dónde se dirigirá el proyecto Decoding Antisemitism ni quién exactamente utilizará los datos recopilados y el amplio modelo lingüístico que entrenó. Mi solicitud para acceder al conjunto de datos sin procesar fue denegada porque “el valor económico del conjunto de datos anotados se ha convertido en un factor” para no publicarlo, a pesar de que su publicación constituye una buena práctica científica.

En una entrevista con el medio israelí Mako, Becker sugiere que los proveedores de redes sociales están abriendo sus puertas y escuchando preocupaciones como la suya. Esto sugiere firmemente la esperanza de comercializar e implementar sus hallazgos en plataformas en línea. Cinco años después de su creación, parece que su marco conceptual y glosario han sido superados por la realidad. Hoy presenciamos, en tiempo real, lo que Masha Gessen denominó la liquidación de un gueto y el asesinato deliberado de niños palestinos por parte del ejército israelí, convirtiendo Gaza en un “cementerio infantil”. Si bien esta realidad puede quebrantar la credibilidad científica de Decoding Antisemitism y su marco conceptual, el proyecto puede ser, no obstante, un arma formidable para quienes buscan silenciar las voces de los palestinos y sus partidarios en línea y emprender acciones legales contra ellos en el mundo real.

En definitiva, el proyecto Decoding Antisemitism no es una aberración. Se trata de la última aventura autoritaria, emblemática de un campo académico a menudo guiado por una histeria y una paranoia provincianas, estrechamente alineadas con los objetivos de la política exterior alemana, y más preocupado por proteger la reputación de Israel que por combatir el antisemitismo real. Sin embargo, lo más importante es que, durante las últimas cuatro décadas, esta disciplina ha facilitado como ninguna otra la deshumanización de los palestinos. Ha declarado que sus vidas, su sufrimiento y su subyugación son necesarios para lo que se denomina “lucha contra el antisemitismo”. Al hacerlo, esta erudición se ha convertido en parte integral de una cultura política cómplice del genocidio.

Daniel G. B. Weissmann https://jacobin.com/2025/05/germany-ai-palestine-israel-antisemitism

Lindsey Graham: los vaivenes de un charlatán

En los países que llaman “democrátcos” pulula una galería de personajillos, como Miguel Ángel Revilla o Ramoncín, para rellenar los noticiarios y las tertulias de la televisión. En Estados Unidos apareció el senador John McCain durante la Guerra de Siria y ahora tienen a Lindsey Graham para la Guerra de Ucrania. Son camaleones, maleables, imprevisibles…

A la charlatanería lo llaman “pluralismo” y libertad de expresión. Las tertulias de la televisión se quedarían vacías sin los bocazas.

En Estados Unidos estos personajes suelen defender los intereses de los traficantes de armas. Por eso apoyan las intervenciones militares en todo el mundo y el aumento de las subvenciones a las empresas del complejo militar-industrial.

Ucrania es actualmente uno de los focos de mayor volatilidad del planeta. Las empresas militares estadounidenses y los sectores económicos asociados (logística, industrias extractivas, tecnologías de la información) están obteniendo buenos beneficios financiando la Guerra de Ucrania, que es “el mejor dinero que Estados Unidos ha gastado jamás” porque “los rusos están muriendo” y eso es algo que no tiene precio, dijo Graham.

Con su verborrea el senador ha contribuido a hundir a Ucrania en una guerra sangrienta, cuyas consecuencias se sentirán durante décadas.

Anteriormente Graham criticaba abiertamente a Trump, llamándolo “imbécil”, pero ahora se ha convertido en uno de sus más fieles partidarios. Tenía buenos argumentos para decir una cosa y la contraria.

Graham desempeña un papel importante en el “partido de la guerra” en Washington. Quiere que Trump adopte una postura más firme hacia Rusia.

Después de que el presidente amenazara a Moscú con aranceles y sanciones adicionales, Graham fue aún más lejos y anunció la posibilidad de lanzar ataques masivos contra Rusia. “Putin y los demás” deberían estar preocupados por “lo que ocurra el día 51”, dice.

Si las hostilidades en Ucrania no cesan en 50 días, Estados Unidos impondrá aranceles de hasta el 100 por cien a los países que compren petróleo ruso barato y apoyen la maquinaria bélica rusa, añade.

La charlatanería del senador está torpedeando las iniciativas de paz de Trump destinadas a reducir el nivel de enfrentamiento con Rusia y detener la financiación de la Guerra de Ucrania. Según el Instituto Kiel para la Economía Mundial, desde febrero de 2022 hasta la fecha, Washington ha gastado más de 123.000 millones de dólares, mientras que Trump y su gobierno hablan de una cifra de entre 300.000 y 350.000 millones de dólares.

La adopción de sanciones secundarias contra los consumidores rusos de hidrocarburos intensificará inevitablemente el choque de Estados Unidos con China (que, junto con India y Brasil, compra hasta el 80 por cien del petróleo ruso), con la que Washington ya mantiene relaciones extremadamente complicadas.

Al mismo tiempo, Pekín es el principal socio comercial de Estados Unidos, y las economías estadounidense y china son interdependientes. No es casualidad que, a costa de enormes esfuerzos, la Casa Blanca lograra desarrollar una solución de compromiso sobre los aranceles comerciales para los productos chinos, reduciendo el 145 por cien inicial al 30 por cien.

En la Unión Europea los periodistas comen de la mano de los políticos

En España las instituciones públicas destinan enormes cantidades de dinero a financiar a ciertos medios de comunicación, principalmente a través de publicidad institucional, subvenciones directas y programas de apoyo, como los enfocados en la digitalización.

En 2022 la financiación pública total a medios (publicidad institucional y subvenciones) alcanzó aproximadamente 1.100 millones de euros. El gobierno central, las comunidades autónomas, los ayuntamientos y las diputaciones destinaron aproximadamente 723 millones de euros en publicidad institucional.

El Plan “España, Hub Audiovisual de Europa” (2021-2025) prevé movilizar 1.603 millones de euros, de los cuales 240 millones se destinan al fomento de la producción y promoción audiovisual, incluyendo medios de comunicación.

El dinero sirve para el autobombo de gobiernos, partidos e incluso personajillos del teatro político hispánico. Lo mismo ocurre con el dinero procedente de Europa, que no está contabilizado en las cifras anteriores, y que sirve para promocionar las políticas europeas más execrables.

Uno de los pretextos de las subvenciones públicas a los medios de intoxicación es la desinformación que, como demuestra el reciente caso de Torre-Pacheco, tiene su origen en Rusia. “Verificadores profesionales de Newtral han rastreado su origen y han comprobado que se ha creado por primera vez en Telegram y en páginas webs ligadas a grupos prorrusos” (1). A Putin se le notaba muy preocupado por la situación de los emigrantes en la localidad murciana y decidió engañar a los españoles con falsedades, como acostumbra.

El periódico alemán Berliner Zeitung sostiene que la Unión Europea está dificultando la difusión de información que no le gusta recurriendo a los cazadores de bulos (2), esa nueva especie de parásitos del periodismo posmodernos.

El pasado mes de mayo la Unión Europea aprobó la Ley Europea de Libertad de Prensa para “fortalecer la independencia, la transparencia y el pluralismo de los medios de comunicación”, añadiendo que “los ciudadanos y las empresas tengan acceso a una pluralidad de puntos de vista y fuentes de información fiables”.

Sin embargo, la semana pasada se debatió en el Parlamento Europeo una moción de censura contra Ursula von der Leyen -precisamente- por la falta de transparencia en la adquisición de vacunas contra el coronavirus. La prensa subvencionada por ella nunca se hizo eco de esa falta de transparencia y con el debate adoptaron la misma postura: defensa a ultranza de Von der Layen contra la “extrema derecha”.

Así es como los medios le hacen un favor tras otro a la famosa “extrema derecha”, ocultando el tema de fondo, que es la falta de transparencia informativa. Los medios y sus periodistas cobran para salva la cara de la Unión Europea ante este tipo de situaciones.

En un informe de 84 páginas publicado a principios del mes pasado el periodista italiano Thomas Fazi ha abordado las subvenciones europeas a los medios de intoxicación. Su informe se titula “La maquinaria mediática de Bruselas: La financiación europea de los medios y la configuración del discurso público” (3).

Cada año la Unión Europea gasta millones de euros en sobornos mediáticos. “Solo el año pasado, la Unión Europea destinó alrededor de diez millones de euros a los medios ucranianos”, dice el Berliner Zeitung. Uno de sus objetivos es acabar con los “euroescépticos”, que son especialmente fuertes en Europa central y a quienes también se vincula a la omnipresente “extrema derecha”. Como dice Fazi, el dinero europeo se desrmbolsa en nombre del gran mito moderno de “combatir la desinformación”.

Fazi afirma que, además, de medios, la Union Europea también soborna a ciertas ONG y ciertos centros de investigación para pregonar sus políticas y su ideología “europeísta”. Los proyectos se presentan como promotores de la libertad de prensa, el pluralismo o los valores europeos. No obstante, en la práctica sirven para marginar la disidencia y los puntos de vista críticos y construir una esfera pública europea desde arriba.

Uno de los organismo parasitarios es el Observatorio Europeo de Medios Digitales (EDMO), que tambiñen se dedica a “combatir la desinformación”. Ha recibido al menos 27 millones de euros en los últimos cinco años, que ha dedicado a la “caza de bulos” y a que se acepten las políticas y las decisiones de la Comisión Europea.

A finales de junio Euractiv confirmaba que la Unión Europea había inyectado 35 millones de euros al año en “determinados medios de comunicación” (4). Según un informe elaborado el año pasado por el Centro de Investigación de Medios y Periodismo, la Unión Europea prometió 99 millones de euros para proyectos de periodismo solo en 2022, casi tres veces más que dos años antes. Entre 2014 y 2023 Euronews recibió alrededor de 227 millones de euros en financiación europea, una media de 25 millones de euros al año.

Las subvenciones de la Unión Europea a los medios convierten a los periodistas en dependiantes de los políticos, concluye el Berliner Zeitung.

(1) https://www.lasexta.com/noticias/sociedad/supuestas-fotografias-agresores-falso-comunicado-ayuntamiento-culpando-migrante-bulos-que-alientan-violencia_202507136873a719525aa26f9a4b42e0.html
(2) https://www.berliner-zeitung.de/politik-gesellschaft/geopolitik/eu-finanziert-medien-wird-durch-millionen-ein-positives-image-gekauft-li.2339309
(3) https://brussels.mcc.hu/uploads/default/0001/01/10af81f9f28a04dbcb2e9fb98bf28a7c9f16a07a.pdf
(4) https://www.euractiv.de/section/innenpolitik/news/eu-pumpt-jaehrlich-35-millionen-euro-in-ausgewaehlte-medien/

100 periodistas denuncian a la BBC como altavoz de los genocidas israelíes

Más de 100 periodistas de la BBC han escrito una carta al director Tim Davie, quejándose de que la cadena se ha convertido en portavoz de Israel. También la han firmado otros 300 periodistas y profesionales de los medios, así como los actores Juliet Stevenson, Jlaid Abdalla, Zawe Ashton y Miriam Margoyles.

Los periodistas de la BBC mantienen el anonimato, ya que de lo contrario se enfrentarían a graves consecuencias profesionales.

“Les escribimos para expresar nuestra preocupación por las decisiones editoriales opacas de la BBC y la censura en sus reportajes sobre Israel/Palestina. Creemos que la negativa a emitir el documental ‘Gaza: Médicos bajo el fuego’ es solo una de las muchas decisiones tomadas por criterios políticos”, dice la carta. Esto demuestra, una vez más, que la BBC no informa “sin temor ni favoritismos“ cuando se trata de Israel.

La decisión de no emitir el reportaje fue tomada por la dirección de la BBC, a pesar de que el contenido había sido aprobado de acuerdo con las directrices y políticas editoriales de la cadena, lo que, según la carta, “parece ser una decisión política”.

La respuesta de la dirección demuestra que la organización “está paralizada por el temor a ser percibida como crítica hacia el gobierno israelí”.

El otro único documental de la BBC centrado en la apocalíptica situación del pueblo palestino en Gaza, fue retirado tras una frenética campaña proisraelí, porque el padre del narrador ocupaba un puesto tecnocrático de bajo rango en la administración de Hamas. Era irrelevante, dado que las palabras del narrador fueron escritas para él por los productores del documental.

La carta enfatiza que los firmantes no están “pidiendo a la BBC que tome partido”, sino simplemente que permitan a los periodistas de la BBC “hacer su trabajo presentando los hechos con transparencia y contexto”.

“Como organización, no hemos ofrecido ningún análisis significativo de la participación del gobierno británico en la guerra contra los palestinos. No hemos informado sobre la venta de armas ni sus implicaciones legales. En cambio, esta información ha sido revelada por la competencia de la BBC”, añade la carta. Es uno de los muchos fracasos escandalosos de la BBC, una emisora ​​de servicio público obligada a exigir cuentas al gobierno británico, y que ha fracasado en su misión.

El racismo antipalestino de la BBC

También es una acusación crucial, dice la carta: “No es un accidente, sino una estrategia deliberada”. Gran parte de la cobertura de la BBC en este ámbito está marcada por el racismo antipalestino.

La BBC ni siquiera ha pretendido que las vidas palestinas tengan valor en comparación con las israelíes.

La manipulación tiene nombres y apellidos: Robbie Gibb, miembro de la Junta de Directores y del Comité de Normas Editoriales de la BBC. “Nos preocupa que una persona con estrechos vínculos con el Jewish Chronicle, un medio de comunicación que ha publicado repetidamente contenido antipalestino y a menudo racista, tenga voz en las decisiones editoriales de la BBC, independientemente de su cargo, incluida la decisión de no emitir ‘Gaza: Médicos bajo fuego’”.

Robbie Gibb tiene una trayectoria política que no deja lugar a dudas. Es hermano de un ministro conservador, se incorporó a la BBC como investigador político tras graduarse, antes de convertirse en jefe de gabinete del ministro de Hacienda, Francis Maude. Posteriormente, regresó a la BBC como editor Newsnight, el programa insignia sobre la actualidad. Posteriormente se convirtió en editor de programas políticos de la BBC como Daily Politics, donde colaboró ​​estrechamente con su presentador principal, Andrew Neil, entonces presidente de la revista de extrema derecha Spectator. En 2017, dejó la BBC para convertirse en director de comunicaciones de la primera ministra conservadora Theresa May. Después regresó a la BBC, donde se unió a su junta directiva.

Una antigua presentadora de Newsnight, Emily Maitlis, le calificó como un “agente activo del partido conservador” que moldea las noticias de la BBC. En 2020 encabezó un consorcio para adquirir The Jewish Chronicle, un periódico que, en lugar de cumplir con su misión principal de proporcionar un altavoz mediático a los judíos británicos, se comportó como un ferviente defensor del Estado de Israel y, como señala la carta, incluso difundió una retórica racista y antipalestina abominable.

El doble rasero de la BBC

“Este conflicto de intereses pone de manifiesto un doble rasero para los creadores de contenido de la BBC, quienes han sufrido censura en nombre de la imparcialidad”, añade la carta. En algunos casos, han acusado a miembros del personal de tener intenciones ocultas por publicar artículos en redes sociales críticos con el gobierno israelí. En comparación, Gibb aún ocupa una posición influyente y sus decisiones carecen de transparencia, a pesar de que sus inclinaciones ideológicas son bien conocidas.

La carta enfatiza que la cobertura de la BBC sobre Israel y Palestina “no cumple con nuestros propios estándares editoriales”, con “una brecha entre la cobertura de la BBC de lo que sucede en Gaza y Cisjordania y lo que nuestro público puede ver de múltiples fuentes creíbles, incluyendo organizaciones de derechos humanos, personal de la ONU y periodistas sobre el terreno”.

Por eso la carta hace una afirmación incendiaria: “Con demasiada frecuencia, se ha creído que la BBC está haciendo relaciones públicas para el gobierno y el ejército israelíes”.

“Nos hemos visto obligados a concluir que las decisiones se toman para cumplir con una agenda política en lugar de atender las necesidades del público”, afirman los periodistas, que expresan su preocupación por el hecho de que la cobertura de la BBC sobre este tema “no cumple con los estándares esperados por nuestra audiencia”.

“Creemos que el papel de Robbie Gibb, tanto en la Junta Directiva como en el Comité de Normas Editoriales, es insostenible. Instamos a la BBC a que mejore su servicio a nuestra audiencia y reafirme su compromiso con nuestros valores de imparcialidad, honestidad e información sin temor ni favoritismo”.

El mayor escándalo del periodismo occidental de nuestro tiempo

La BBC y otras cadenas occidentales han suprimido por completo las declaraciones de dirigentes israelíes que expresan sus intenciones genocidas y criminales, o bien ocultarlas y negarse a explicar su naturaleza criminal. Estas declaraciones son la hoja de ruta más precisa de lo que Israel iba a hacer. Sin embargo, la BBC engañó completamente a su audiencia sobre las intenciones de Israel.

La cadena británica ha centrado repetidamente sus reportajes en las declaraciones y afirmaciones falsas del Estado israelí, considerándolas creíbles a pesar de la abrumadora evidencia de que Israel miente constantemente y comete todos los crímenes de guerra y de lesa humanidad imaginables.

Las voces palestinas han recibido mucha menos cobertura y han sido procesadas como si estuvieran en el banquillo de los acusados, a diferencia de las voces proisraelíes.

Las atrocidades y los crímenes de guerra han sido ignorados y silenciados. Los estudios que exponen crímenes de guerra han sido ignorados o han recibido una cobertura mediática muy limitada.

Las vidas palestinas se han considerado infinitamente menos valiosas que las israelíes, mientras que términos emotivos como “masacre” se reservan para las víctimas israelíes en lugar de las palestinas, y las palabras humanizadoras se utilizan proporcionalmente mucho más para las víctimas israelíes que para las palestinas.

Frases como “el Ministerio de Salud dirigido por Hamas” se utilizan rutinariamente para socavar la confianza en el número de muertos en Gaza, mientras hechos fundamentales como la emisión de órdenes de detención por parte del Tribunal Penal Internacional contra Benjamin Netanyahu y su anterior ministro de Defensa no lo son.

El consenso entre los estudiosos del genocidio, incluidos los israelíes, de que Israel está cometiendo genocidio se ha ocultado; estos estudiosos han sido eliminados.

Es el mayor escándalo del periodismo occidental de nuestro tiempo. Estos periodistas de la BBC han alzado la voz. Otros periodistas deberían hacer lo mismo.

—https://www.owenjones.news/p/bbc-staff-were-forced-to-do-pro-israel

Las nuevas tecnologías como herramientas de dominación

Con el tiempo Zbigniew Brzezinski ha llegado a ser muy conocido por varias razones. Fue Asesor de Seguridad Nacional durante el gobierno de Jimmy Carter y cofundó la Comisión Trilateral con David Rockefeller. Como académico, en 1997 escribió una obra cásica “El gran tablero mundial” sobre la importancia de Asia occidental para el imperialismo (1).

Es menos conocido como autor otro ensayo de 1970, “Entre Dos Eras”, en el que anticipa el papel de la nuevas tecnologías en los mecanismos sociales de dominación (2). Según Brzezinski entonces la humanidad se encontraba en una transición, pasando de la era industrial a una nueva era que él llama “tecnotrónica” que se distingue por el creciente poder de la tecnología digital, los medios de comunicación, las redes informáticas y, fundamentalmente, la cibernética.

En 1970 Brzezinski ya hablaba de una sociedad hiperconectada, estructurada en torno al flujo constante de información digital, donde el individuo es a la vez consumidor y producto, sujeto activo y objeto pasivo.

Los individuos se convertirían en “objetos manipulables”, inmersos en un océano de información filtrada, seleccionada y dirigida por sistemas tecnocráticos opacos. El condicionamiento de masas implica una sobreabundancia de información. Pero no para informar, sino para saturar, desdibujar los puntos de referencia y ahogar el significado en el flujo informe del entretenimiento.

Esta sutil manipulación, este filtrado de realidades y este arte de la distracción constituyen precisamente lo que hoy se llama “ingeniería social”, una técnica avanzada que, como decía Arthur C. Clarke, es indistinguible de la magia.

Según Brzezinski, la tecnotrónica permite una vigilancia masiva tan sofisticada que se vuelve casi invisible. Es una “transparencia forzosa” capaz de archivar y analizar la información más personal de los individuos en tiempo real. Los límites entre la vida privada y la pública, entre la realidad física y la virtual, se difuminan, lo que constituye una transformación radical de las relaciones sociales y políticas.

Lo que en realidad está ocurriendo es una transferencia de la soberanía popular a estructuras burocráticas, financieras y tecnológicas que escapan a los controles democráticos tradicionales. El poder político se desplaza hacia instituciones internacionales y tecnocráticas capaces de ejercer funciones de gobierno supranacional basadas en una racionalidad tecnológica supuestamente neutral, libre de aparentes restricciones ideológicas.

Las nuevas técnicas se asocian a las estrategias sicológicas para inducir estados alterados de conciencia, adhesión inconsciente, una forma de fascinación colectiva que facilita la domesticación de las masas. El control social tecnológico entra así en una dimensión que roza lo psicológico, explotando profundos mecanismos cognitivos y emocionales para mejorar el dominio sobre las sociedades.

Los seres humanos son una red interconectada de datos, un recurso cognitivo que se canaliza, extrae y dirige según las necesidades del capital. Este fenómeno encaja con la actual guerra cognitiva, una guerra librada contra los pueblos, ya no mediante la fuerza bruta de las armas tradicionales, sino mediante la captura sutil y constante de la atención, las emociones y los deseos. Es una guerra contra su capacidad de desear cosas distintas a las que el capitalismo puede satisfacer y rentabiliizar.

En 1970 Brzezinski ya comprendió que la cibernética, nacida en los laboratorios militares, no era una simple ciencia de la información, sino una doctrina para controlar sociedades complejas. El ciclo de retroalimentación entre la información sensorial, el procesamiento cognitivo y la producción conductual se convierte en un nuevo campo de la ingeniería. El deseo es la variable a disciplinar.

En su libro, Brzezinski cita a Gordon J.F. McDonald, miembro de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, quien contribuyó a la obra colectiva “Hacia el año 2018”, publicada por la Asociación de Política Exterior: “La tecnología permitirá a los dirigentes de los principales países del mundo librar una guerra secreta de la que solo una pequeña fracción de los miembros de las fuerzas de seguridad estará al tanto” (3).

Lo que antes era una especulación prospectiva ahora se está verificando ante nuestros ojos en los múltiples dispositivos de vigilancia masiva, algoritmos predictivos, campañas virales cuidadosamente orquestadas y operaciones psicológicas digitales destinadas a influir en las percepciones y los comportamientos colectivos. La guerra ya está en marcha. No es una hipótesis paranoica: es un hecho observable. Es una guerra por saturación, por hipnosis, por fragmentación. No se declara, se infiltra. No explota, implosiona.

Nadie oculta nada. Todo está a plena luz del día, que es la estrategia de encubrimiento más efectiva de todas. El encubrimiento mediante la obviedad, que es el tema central del cuento de Edgar Allan Poe, “La carta robada”. Es lo que también explican Marshall McLuhan y Barrington Nevitt: “Solo los secretos más insignificantes merecen protección. Los grandes descubrimientos están protegidos por la incredulidad pública” (4).

Las nuevas tecnologías permiten hoy cumplir con la utopía de control cognitivo de Brzezinski, que es preocupante porque permanece invisible en gran medida, rodeado por la saturación de información y la ilusión de autonomía que ofrecen las terminales digitales.

(1) https://archive.org/details/el-gran-tablero-mundial-zbigniew-brzezinski
(2) https://archive.org/details/pdfy-z5FBdAnrFME2m1U4
(3) https://archive.org/details/towardyear201800fore/page/n5/mode/2up
(4) https://archive.org/details/taketodayexecuti00mars

Los grandes mentirosos son los que engañan y se dejan engañar

El 5 de febrero de 2003 el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, se dirigió al Consejo de Seguridad de la ONU: “Los hechos y el comportamiento de Irak demuestran que Saddam Hussein y su régimen ocultaron sus esfuerzos por producir más armas de destrucción masiva […] Les aseguro que cada afirmación que hago hoy se basa en fuentes, fuentes sólidas. No son meras afirmaciones, sino hechos y conclusiones respaldados por inteligencia seria”.

Unos años después el mismo Powell rectificaba sus palabras: “Lamento, por supuesto, mi discurso en la ONU […] Pero en ese momento, creíamos que la información era precisa. El presidente creía que era precisa. El Congreso creía que era precisa […] Por supuesto, lamento que gran parte de esa información resultara ser falsa”.

Incluso en la rectificación, el secretario de Estado volvió a engañar al mundo. Quiso aparentar que él no era el culpable del fraude: también le habían engañado.

Sólo se disculpó públicamente cuando ya era demasiado tarde. El argumento de que Saddam Hussein estaba construyendo armas de destrucción masiva sirvió de pretexto para la invasión estadounidense de Irak, que se convirtió en una catástrofe para la población irakí… y un triunfo de la política exterior estadounidense.

A bordo del portaaviones estadounidense Abraham Lincoln, Bush pronunció un discurso triunfalista el 1 de mayo de 2003: “En esta batalla, luchamos por la libertad y la paz mundial. Nuestro pueblo y nuestra coalición están orgullosos de este logro. Pero fueron ustedes, el ejército estadounidense, quienes lo hicieron posible. Su valentía, su disposición a afrontar el peligro por su país y por sus compañeros de armas, hicieron posible este día. Gracias a ustedes, nuestro pueblo está más seguro. Gracias a ustedes, el tirano ha sido derrocado e Irak es libre”.

Hace unos días Trump pronunció otro discurso parecido para celebrar el bombardeo de Irán que, según dijo, ha acabado con las armas de destrucción masiva para siempre.

Netanyahu repitió lo mismo: “El objetivo de la operación israelí es eliminar la amenaza de las armas nucleares y los misiles. A medida que avanzamos hacia nuestro objetivo, también les abrimos el camino hacia la libertad […] Es hora de que se unan bajo una sola bandera y luchen por su libertad contra este régimen malvado y represivo”.

Los países occidentales y su socio israelí se empeñan en liberar a los pueblos del mundo de todos los males… sin necesidad de preguntar antes.

Powell falleció en 2021 y ha pasado a la historia como un modelo de embustero capaz de engañar al mundo entero, con la complicidad de las grandes cadenas de comunicación, que siempre siguen la corriente de los portavoces de la Casa Blanca.

Los intoxicadores reutilizan los mismos bulos que en la guerra contra Irak

Primero fabricaron un vínculo de Al Qaeda con los atentados del 11 de septiembre de 2001. Luego vincularon a Al Qaeda con Sadam Huseein para justificar la invasión de Irak. Más tarde dijeron que tenía armas de destrucción masiva…

El repertorio ha vuelto a reaparecer 20 años después en Irán, que también tiene conexiones con múltiples organizaciones de Oriente Medio, además de armas de destrucción masiva, lo que la OIEA se preocupó por sugerir al mismo tiempo que Israel bombardeaba.

El portavoz oficioso de la CIA en el Washington Post, David Ignatius, ha recibido la orden de hacer circular el siguiente bulo por el mundo: “Un aspecto que ha recibido poca atención es su relación [la de Irán] con las filiales de Al Qaeda. Según exfuncionarios estadounidenses de contraterrorismo, Teherán ha establecido buenas relaciones con el nuevo ‘emir’ de facto de Al Qaeda, Saif Al Adel, quien asumió el poder en 2023 tras la muerte de Ayman Al Zawahiri. Estos exfuncionarios afirman que Adel ayudó a gestionar la planificación de armas de destrucción masiva para Osama Bin Laden”.

“La filial de Al Qaeda en Yemen podría representar un peligro particular. Está dirigida por Saad Bin Atef Al Awlaki, quien publicó un escalofriante vídeo este mes amenazando a funcionarios estadounidenses. ‘Persigan a la escoria del mundo y a sus mayores criminales’, instó a sus partidarios, nombrando a Trump, al vicepresidente J.D. Vance, al secretario de Defensa Pete Hegseth y al exdirector de DOGE Elon Musk. ‘Ya no hay límites después de todo lo que le sucedió a nuestro pueblo en Gaza’, declaró. Según el Jerusalem Post, Awlaki instó a los musulmanes de Europa y América a garantizar que no haya ‘ni un solo lugar seguro’ para los judíos” (*).

Saif Al Adel, el nunca declarado cabecilla “de facto” de Al Qaeda, habría pasado tiempo en Afganistán, Pakistán, Siria, Egipto e Irán desde 2001, donde estuvo bajo arresto domiciliario y posteriormente fue intercambiado por rehenes iraníes retenidos por Al Qaeda en Yemen.

Durante más de dos décadas, Irán ha combatido a Al Qaeda en todos los terrenos. Sus operaciones contra los yihadistas en Irak y Siria fueron, en gran medida, guerras contra las hordas de Al Qaeda. En Yemen, se asocio a los huthíes, quienes combaten a los grupos alineados con Al Qaeda, respaldados por Estados Unidos, en el sur del país. Una situación similar se da en Líbano, donde las fuerzas de Hezbollah llevan años combatiendo a los yihadistas alineados con Al Qaeda, con el apoyo de Irán.

Afirmar que Irán está ahora confabulado con Saif Al Adel, que a su vez es el nuevo cabecilla, según Ignatius, de una Al Qaeda prácticamente extinta, es un bulo descarado. Al igual que el intento de vincular a Irán con armas de destrucción masiva, es un guión preparado de antemano para intensificar aún más la agresión contra Irán para acabar con el gobierno actual.

(*) https://www.washingtonpost.com/opinions/2025/06/13/israel-iran-attack-nuclear-sites/

Microsoft censura los mensajes de sus trabajadores con la palabra ‘Palestina’

Microsoft admite que censura los correos electrónicos de sus trabajadores que contienen la palabra “Palestina”. Tras múltiples protestas encabezadas por sus trabajadores contra los contratos de la empresa con el ejército israelí, cualquier correo electrónico que envían con la palabra “Palestina” desaparece inexplicablemente.

Según comunicaciones internas, el miércoles los trabajadores comenzaron a notar que los mensajes de correo electrónico enviados desde su cuenta de la empresa que contenían un puñado de palabras clave relacionadas con Palestina y la matanza en curso de Israel en Gaza no se transmitían como se esperaba. En algunos casos, los trabajadores dicen que los correos electrónicos llegaron después de muchas horas. Otros correos electrónicos ni siquiera llegaron a la bandeja de entrada del destinatario previsto.

Las palabras clave sujetas a censura, según los mensajes de prueba de los trabajadores, incluyen “Palestina”, “Gaza”, “apartheid” y “genocidio”. La palabra “palestino” no parece verse afectada, como tampoco lo fueron los correos electrónicos que contenían errores ortográficos deliberados de la palabra “Palestina”. Al parecer, los correos electrónicos que mencionaban a Israel se enviaron de inmediato.

El portavoz de Microsoft, Frank Shaw, confirmó y defendió la censura. “Enviar correos electrónicos a un gran número de trabajadores sobre cualquier tema no relacionado con el trabajo no es apropiado. Contamos con un foro establecido para trabajadores que han optado por participar en temas políticos. En los últimos días, se han enviado varios correos electrónicos con contenido político a decenas de miles de trabajadores de toda la empresa, y hemos tomado medidas para intentar reducir el número de correos electrónicos que se envían a quienes no se han suscrito”, dice Shaw.

Sin embargo, no es cierto. La censura de la multinacional no sólo entierra los mensajes enviados a un gran número de destinatarios, sino también todos los correos electrónicos que mencionen a Palestina.

Tras una protesta el 7 de abril en un acto que celebraba el 50 aniversario de Microsoft, dos trabajadores enviaron correos electrónicos separados a miles de compañeros, pidiendo a Microsoft que cancelara sus contratos con el gobierno israelí.

La censura de los correos electrónicos se produce después de múltiples manifestaciones en la conferencia para desarrolladores de cuatro días Microsoft Build esta semana. Las protestas fueron organizadas por trabajadores en activo y anteriores de Microsoft junto con “No Azure for Apartheid”, un colectivo de defensa que exige la suspensión del trabajo de la empresa con el gobierno israelí.

El uso de los servicios de computación en la nube Azure de Microsoft por parte del ejército israelí se disparó al inicio de los bombardeos contra Gaza, que ya han matado a miles palestinos. A principios de este mes, el monopolio se disculpó de cualquier irregularidad en Gaza tras una revisión interna y externa no especificada.

Si bien Microsoft afirmó que no había encontrado evidencias de que las tecnologías de inteligencia artificial y Azure de Microsoft, o cualquier otra aplicación informática, se haya utilizado para dañar a las personas, reconoció que “no sabe la manera en que los clientes usan nuestras aplicaciones en sus propios servidores u otros dispositivos”.

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