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Categoría: Guerra psicológica (página 34 de 45)

Cuéntame un cuento y verás qué contento

Érase una vez,
un lobito bueno,
al que maltrataban
todos los corderos,
y había, también,
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un ladrón honrado.
Todas estas cosas
había una vez
cuando yo soñaba
un mundo al revés.
(José Agustín Goytisolo)

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos,
y sé todos los cuentos.
(León Felipe)

Siempre nos han contado el mismo cuento: curas, estafadores, politicastros, charlatanes, logreros, hijos de puta, banqueros, militronchos, intelectualillos áulicos y apesebrados, plumíferos de tres centavos, sindicalistas vendeobreros, y ahora la plaga de los “expertos” cantamañanas de pacotilla.

El espionaje británico dirige la campaña de intoxicación contra Rusia a través de la BBC y Reuters

La BBC y Reuters participan en un programa secreto del Foreign Office, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico, según documentos filtrados en febrero. El objetivo es “debilitar la influencia del Estado ruso”.

El programa está apoyado por el servicio de inteligencia británico MI6 y por Bellingcat, un equipo de propagandistas de la OTAN.

Los documentos han sido publicados por The Grayzone y analizados detalladamente por Max Blumenthal (*), a quien el New York Times calificó de “tonto útil de Putin” por sus ataques a los nazis ucranianos durante la Guerra del Donbás.

La campaña de intoxicación tiene como diana a medios de comunicación rusos, como Sputnik y RT. Sus argumentos, además de evidentes, no son nada nuevos: Sputnik y RT son medios de comunicación públicos financiados por el gobierno ruso, lo mismo que la ETB, por poner un ejemplo.

La diferencia es que Sputnik y RT vienen socavando sistemáticamente la credibilidad de la propaganda imperialista, lo que ha hecho crecer su audiencia. En la medida en que se debilitan sus altavoces, se debilita el imperialismo y, por lo mismo, crece el prestigio de Rusia y de sus propios medios de información.

En otras palabras, Sputnik y RT no son más dependientes del gobierno ruso que la BBC y Reuters de los imperialistas. La diferencia es que una cosa es sabida y la otra sigue escondida, y quien oculta algo no merece ninguna credibilidad.

Al respecto, el artículo de The Grayzone es exhaustivo. Incluye documentos procedentes de empresas, administraciones y oficinas públicas británicas y, como no se explica su origen, sospecho que han sido obtenidos por los medios típicos del espionaje ruso y luego filtrados a Blumenthal.

Los documentos confirman algo que ya hemos expuesto aquí: la campaña de intoxicación contra Rusia la dirige el MI6, que ha creado un departamento secreto dentro del Foreign Office en el que los periodistas trabajan conjuntamente con espías y subcontratistas de inteligencia.

Oficialmente el departamento se llama CDMD (Desarrollo de Medios de Comunicación y Contra-Desinformación), aunque es más conocido como “Consorcio”.

El departamento tiene un programa “de formación” para periodistas rusos supervisado por Reuters, uno de cuyos objetivos es crear un “impacto positivo” en su “percepción del Reino Unido”. El otro es crear una red de agentes de influencia en el segmento de habla rusa de las redes sociales.

Hay varios ejemplos de ello, entre los que siempre hemos destacado el Caso Skripal, como modelo de intoxicación. El tan llorado Navalny también es un buen ejemplo. Al jefe de la organización anticorrupción de Navalny, Vladimir Ashurkov, le pilló el espionaje ruso en 2012 reuniéndose con un espía del MI6, James William Thomas Ford, que operaba desde la embajada británica en Moscú. Durante la reunión se le oye a Ashurkov pedir entre 10 y 20 millones de dólares para generar “una imagen diferente” de Rusia: corrupta, oligárquica, represora…

(*) https://thegrayzone.com/2021/02/20/reuters-bbc-uk-foreign-office-russian-media/

Más información:
— El gobierno británico dirige a los medios en la campaña de intoxicación contra Rusia
— El espionaje británico supervisa la contratación de los periodistas de la BBC
— Culebrón Skripal: últimas y apasionantes revelaciones sobre un temible coronel del no menos temible GRU
— La Nueva Guerra Fría de la CIA contra Rusia

Censura, listas negras y promoción de la ideología dominante en YouTube

El mes pasado, en una entrevista Susan Wojcicki, la directora general de YouTube, reconoció que manipula los algoritmos para suprimir los contenidos independientes y poner en primer plano a las grandes cadenas de comunicación.

En su intervención en la Cumbre Mundial de Dirección Tecnológica 2021 del Foro Económico Mundial, Wojcicki explicó que siguen permitiendo que los vídeos artísticos y de entretenimiento tengan las mismas posibilidades de hacerse virales y conseguir un gran número de visualizaciones. Sin embargo, en ámbitos importantes, como la información, premian artificialmente a las “fuentes autorizadas”.

“Hemos afinado nuestros algoritmos para asegurarnos de que siempre estamos dando a los nuevos creadores la oportunidad de ser encontrados cuando se trata de música o humor o algo divertido”, dijo Wojcicki. “Pero cuando se trata de zonas sensibles, tenemos que adoptar un enfoque diferente”.

Wojcicki dijo que, además de prohibir los contenidos considerados perjudiciales, YouTube también ha creado una categoría llamada “contenido límite” que tiene un tratamiento especial:

“Cuando se trata de información, queremos asegurarnos de que las fuentes que recomendamos son información fiable, ciencia médica, etc. También hemos creado una categoría de contenidos más al límite, donde a veces vemos que la gente ve contenidos de menor calidad, al límite. Así que queremos tener cuidado de no recomendar demasiado ese contenido. Así que este es un contenido que permanece en la plataforma pero que no recomendamos. Así que nuestros algoritmos han evolucionado definitivamente en términos de manejo de todos estos diferentes tipos de contenido”, reconoció (1).

Cuando los buscadores o las plataformas cambian los algoritmos, cambia automáticamente el número de visitas. La circulación de contenidos no aumenta o se reduce por sí mismos, por la calidad de información, sino por factores externos a ellos mismos.

Los usuarios acudieron a YouTube para escapar de los canales de televisión y YouTube se ha convertido en un canal de televisión.

Wojcicki es hermana Anne, fundadora de una empresa de pruebas genéticas 23andMe, que estuvo casada con Sergey Brin, el fundador de Google y el buscador también utiliza algoritmos para manipular la circulación de contenidos.

Desde 2017 los algoritmos de búsqueda de Google fueron manipulados para frenar la circulación de ciertos contenidos políticos independientes. En 2019 el Wall Street Journal dijo que “aunque niega públicamente que lo haga, Google mantiene listas negras para eliminar ciertos sitios o evitar que otros aparezcan en ciertos tipos de resultados” (2). En 2020 el consejero delegado de Alphabet, la empresa matriz de Google, admitió abiertamente la censura en una audiencia en el Senado.

Desde su creación Google mantiene una relación muy estrecha con la CIA, la NSA y otros centros de inteligencia de Estados Unidos, recibe dinero de ellos y siempre ha sido un proveedor de inteligencia militar.

Lo mismo cabe decir de Facebook, una plataforma que nunca ha ocultado que forma parte del movimiento sionista y que recurre al Atlantic Council, es decir, a la OTAN, para censurar unos contenidos y promover otros.

(1) https://www.youtube.com/watch?v=cF50hjiwRoM
(2) https://archive.is/w8vcQ

Más información:
— YouTube ha censurado 800.000 vídeos por sus contenidos críticos sobre el coronavirus

Pepe Gotera y Otilio vuelven a la carga

Una de las noticias importantes de la semana pasada fue el intento de Golpe de Estado abortado en Bielorrusia. Por supuesto, los medios de intoxicación la ocultaron porque su papel es ese: hablar mucho sobre algunos asuntos y callar los demás.

Pero una noticia de esa envergadura no se puede tapar fácilmente en ciertos países, como la República Checa, por lo que se vieron obligados a lanzar una cortina de humo.

Los medios checos resucitaron la explosión en un depósito de armas que tuvo lugar en 2014, acusando a Rusia de haberla organizado para expulsar a 18 diplomáticos rusos.

Por si fuera poco, el gobierno checo se sacó de la chistera a dos espías rusos como presuntos autores de la explosión, que resultaron ser Petrov y Boshirov.

El comunicado oficial con el dedo acusador sólo duró una hora porque los apellidos Petrov y Boshirov coinciden con los dos espías que en 2018 envenenaron a Skripal con novichok en Inglaterra, lo que parecía un chiste ridículo. Petrov y Boshirov son los Pepe Gotera y Otilio que hacen el “trabajo sucio” que les encarga el Kremlin.

Una vez que logramos contener la risa, empezamos a buscar explicaciones para la chapuza, y se nos ocurrió que el gobierno de Praga no redactó el comunicado oficial, sino el espionaje inglés, que debe tener un listado muy reducido de espías rusos a los que imputar los atropellos reales o ficticios con los que alimentan de historietas a los medios de comunicación.

Luego nos enteramos que la investigación oficial de la explosión de 2014 concluyó asegurando que fue una negligencia y no un sabotaje.

El Golpe de Estado sanitario

El equipo de 70 expertos que asesora al gobierno suizo desde el origen de la pandemia lleva un título militar, “task force”, como si fuera una unidad de choque. Lo mismo que en otros países, su campo de acción no es sólo la enfermedad, ni la ciencia, sino los hábitos de comportamiento de las personas, es decir, que han puesto en práctica un experimento de ingeniería social.

El reglamento interno del equipo establece que sus miembros no deben comunicarse directamente con los medios de comunicación. Sólo su presidente está facultado para ello, y si la comunicación se refiere a nuevas medidas, debe hacerlo después de que se hayan hecho públicas por el gobierno.

Los miembros del equipo se han saltado a la torera estas disposiciones, participando regularmente en los medios de comunicación, que los han elevado a los altares: sólo lo que ellos afirman es ciencia. La televisión, la radio y los periódicos han convertido a unos desconocidos en auténticas estrellas de la sociedad del espectáculo (*).

Hace un año nadie conocía a Fernando Simón en España y lo mismo ocurría con Martin Ackerman, su homólogo en Suiza, que aparece en la foto de portada. Hoy no hay nadie que no los conozca en sus respectivos países. En un año, los periódicos han dedicado miles de portadas y primeras planas a estas nuevas figuras del famoseo, un fenómeno que jamás había ocurrido antes, ni siquiera con el deporte, la música o cualquier otro espectáculo de masas. Antes los periodistas eran altavoces de los políticos y ahora de los científicos.

Naturalmente, el equipo científico no se limita a aconsejar. Está creando un nuevo tipo de sociedad, de relaciones personales, de comportamientos públicos y privados.

Las armas de estos expertos son muy simples. Se componen de amenazas, miedo y falsedades. Si el gobierno (y la sociedad) no hacen lo que ellos dicen, llegará la hecatombe. Cuando el gobierno decide no seguir sus recomendaciones, los expertos se salen con la suya acudiendo a los medios, porque los periodistas, como la sociedad, siempre cree más a un científico que a un político. El científico sabe; el político sólo opina.

Así ocurrió en Suiza con el uso obligatorio de mascarillas en el transporte público, o el cierre de restaurantes, bares y discotecas.

El equipo científico es ahora uno de los organismos más influyentes de Suiza y a nadie parece importarle que no los haya elegido nadie, que no representen a nadie y no sean responsables ante nadie. Sus miembros son cooptados. Se han elegido a sí mismos. No existe ningún reglamento que establezca los criterios de elección o de destitución. En marzo del año pasado invitaron a incorporarse a Pietro Vernazza, médico jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas de un Hospital Cantonal y a continuación le despidieron sin ninguna explicación. ¿Por qué? No se sabe…

Además de la falta de legitimidad democrática, el funcionamiento de los equipos es totalmente opaco.

¿Al servicio de quién están los expertos? Ni siquiera en Suiza hay transparencia sobre los conflictos de interés de los asesores científicos del gobierno. Hasta junio del año pasado los expertos suizos no hicieron declaraciones de interés. Sin embargo, sigue pendiente la comprobación de su exactitud.

¿Cómo toman sus decisiones?, ¿por mayoría?, ¿por unanimidad?, ¿se lo juegan al mus? Nadie lo sabe.

¿Llevan actas? En caso afirmativo, ¿se darán a conocer algún día o serán secretas?

¿Cuánto tiempo estarán en su cargo, tomando decisiones que comprometen la vida y los derechos de las personas?, ¿hasta que ellos mismos decidan? Tampoco se sabe.

En Suiza dicen que los expertos no están cobrando por su asesoramiento, lo cual no hay quien se lo crea. En España parece que son de pago, pero ¿cuánto han cobrado en lo que llevamos de pandemia?, ¿han cobrado las horas extra o no?

En Suiza saben quiénes son los expertos, pero en España no. Los expertos son fantasmas (en el más amplio sentido de la palabra). ¿Qué papel están jugando los sicarios de IS Global en el equipo que asesora al gobierno español?, ¿a quién deben su lealtad?, ¿al gobierno o a La Caixa que los financia?

Por cierto, el Vicepresidente de IS Global no es otro que Javier Solana, antiguo secretario general de la OTAN.

(*) https://www.foeg.uzh.ch/dam/jcr:13f6efc8-f9c4-45dd-816c-b6a8356edfe6/2020_Gesamtausgabe.pdf

Los bulos de la CIA se estiran nueve meses

Al comienzo de la Guerra Fría la CIA puso en marcha la Operación Ruiseñor (Mockingbird) para influir en las publicaciones de los medios de comunicación. El plan era secreto porque nadie debía enterarse de que los medios no informaban sino que intoxicaban.

Hoy las cosas han cambiado mucho. Los medios de comunicación no esconden que su fuente de información es la CIA, es decir, que sus reportajes los elaboran en Langley. No es ningún secreto: la CIA y los medios son lo mismo.

Por ejemplo, en junio del año pasado el New York Times publicó que los rusos pagaban dinero a los talibanes por cada soldado estadounidense que mataran en Afganistán.

El periódico ponía como fuente a “funcionarios anónimos de inteligencia”, o sea, a la CIA. El artículo lo había escrito la CIA; el periódico se limitaba a llevarlo a la imprenta, o a la web.

La intoxicación fue reproducida por (casi) todos los medios del comunicación del mundo.

El jueves de la semana pasada el gobierno de Biden reconoció oficialmente lo que cualquier gacetillero mediocre sabía: los servicios de inteligencia de Estados Unidos tenían una confianza “de baja a moderada” en dicha “información”.

Hace unos días el propio periódico reconoció que su fuente era la CIA.

Los mismos “servicios de inteligencia” que difundieron la “noticia” en junio, la desmienten nueve meses después.

Es el momento de saber lo que pretendían lograr las mentiras de la CIA, que no era sólo desacreditar a Rusia por enésima vez, sino impedir que Trump llevara a cabo su proyecto de retirar las tropas de Afganistán.

Lo que la CIA quería transmitir al mundo a través del New York Times era: en Afganistán nuestras tropas no se enfrentan sólo a los talibanes sino también a los rusos. Si nos vamos de Asia central, los rusos llegarán otra vez a Kabul de la mano de los talibanes.

Trump seguía siendo el ‘candidato manchú’: una marioneta de Putin.

Ahora Biden demuestra que no tiene un plan diferentes del de Trump y vuelve sobre la misma promesa: retirará las tropas de Afganistán antes de setiembre de este año.

Lo que debería aclarar son dos cosas: si dentro de esas “tropas” incluye a los comandos de operaciones especiales y si incluye también a la CIA.

YouTube ha censurado 800.000 vídeos por sus contenidos críticos sobre el coronavirus

La directora general de YouTube, Susan Wojcicki, ha explicado la intensificación de la censura en la plataforma y se ha comprometido a intensificarla aún más. Para ello YouTube ha creado lo que califica como un “índice de visitas violentas” capaz de eliminar los contenidos antes de que los usuarios tengan la oportunidad de verlos.

Wojcicki reconoce que la nueva métrica se ha introducido por las presiones de los gobiernos, la prensa y los anunciantes.

Los algoritmos marcan el contenido, que luego se envía a los censores humanos, que deciden finalmente si el contenido es “violento” y debe ser eliminado.

No obstante a lo largo de la entrevista, Wojcicki deja claro que “violencia” es cualquier cosa, admitiendo que a lo largo del año pasado habían aprobado 10 reglamentos diferentes sobre la pandemia, además de otros sobre los procesos electorales.

Los comentarios de Wojcicki reflejan la censura masiva que se ha producido en la plataforma por diferentes motivos que nada tienen que ver con “la violencia”. Más de 800.000 vídeos han sido eliminados por sus contenidos críticos sobre el coronavirus, mientras que numerosos personajes públicos, periodistas y medios de comunicación se han enfrentado a sanciones después de que YouTube les acusara de difundir afirmaciones “falsas” sobre las elecciones presidenciales estadounidenses del año pasado.

—https://www.youtube.com/watch?v=cF50hjiwRoM

La normal anormalidad

El hombre que siente miedo sin peligro,
inventa el peligro para justificar su miedo
Johann Wolfgang Goethe

Normopatía: enfermedad de proporciones pandémicas

El miedo al desempleo y a la miseria, un miedo intensificado en la fase neoliberal del capitalismo, tendría un efecto normalizador en el trabajador al que hundiría en el conformismo. Su normopatía conformista sería una “estrategia defensiva” contra la ansiedad, contra la incertidumbre, contra el riesgo, contra el miedo ante “la suerte de los que no adhieren al engaño”, pero también contra el temor a reconocer “la propia cobardía” y contra el “sentimiento de culpabilidad” por no hacer nada en semejantes circunstancias (1).

Estamos ante una terrible enfermedad de proporciones pandémicas. La percepción es unánime. Especialistas de Reo Virtual, tras reunirse para celebrar las primeras Jornadas sobre Trastornos de la Existencia y Pensamiento Único, afirman de manera rotunda que: «La normalidad se ha convertido en una seria amenaza para la salud e, incluso, la vida de las personas y coinciden en la necesidad de tomar medidas urgentes”. La doctora Virginia Strangelove lleva varios años dedicando todos sus esfuerzos a la investigación y llega a la conclusión que: “Tenemos como resultado de este proceso a un individuo ‘normal’. Un adulto-consumidor domesticado. Un vegetal sin profundidad que simplemente se dedica a ver lo que le rodea sin intentar comprender nada. Un mero espectador pasivo de ‘lo que pasa’, y que forma parte de un gran rebaño tele dirigido” (2).

El psicólogo mexicano Enrique Guinsberg define al normópata como “aquel que acepta pasivamente por principio todo lo que su cultura le señala como bueno, justo y correcto, no animándose a cuestionar nada y muchas veces ni siquiera a pensar algo diferente, pero, eso sí, a juzgar críticamente a quienes lo hacen e incluso a condenarlos o a aceptar que los condenen” (3).

Aunque pueda parecer extraño, la normopatía se ha convertido en un soporte más de una supuesta objetividad. Hasta tal punto de que, no hay opción al diálogo porque imperan las normas, que en realidad convierten o, más bien disfrazan de autoridad a algunas personas. (4) Las estadísticas, los sondeos, los mensajes que marcan el criterio de normalidad se han vuelto omnipresentes, forzando a quien se sale de la norma, a los indecisos, a alienarse con la mayoría. Si una persona no cumple las normas, es expulsada. Si no hace uso de lo que llaman «lenguaje inclusivo», silenciada. Si no piensa como la norma indica, negada su existencia. Si no condena los actos declarados por el Poder como alegales, resulta criminalizado.

Este modelo de conducta se presenta hoy supuestamente avalado por algunas ciencias y, por lo tanto, como irrefutable. No hay duda de que la normopatía se ha convertido en una amenaza seria para la salud. Este grave trastorno inducido por el conductismo de masas que se difunde a través de los medios de comunicación, la propaganda comercial-política, la cultura, etc., se ha expandido hasta convertirse en una nueva forma de totalitarismo moderno” (5).

El rapto del lenguaje

Antonio Álvarez Solís solía hablar del “rapto del lenguaje” al referirse a las modificaciones lingüísticas empleadas por la clase dominante, mediante las cuales se utilizaban conceptos, palabras, que habiendo sido patrimonio del proletariado, eran aprehendidas por el capital y utilizadas en su propio beneficio con el consiguiente desconcierto para aquellas personas que solamente vislumbraban la superficialidad de las cosas.

“De todos los usos del lenguaje es, quizás, el uso emotivo el más importante. Lo que buscan las palabras es, generalmente, mover a la acción, más que comunicar pensamientos. Para lograr ese objetivo, el lenguaje se utiliza como una herramienta de persuasión, en la cual, las fórmulas mágicas, los usos retóricos, la propaganda y hasta la mentira están a la orden del día” (6).

En la actualidad, hay un nuevo ataque al lenguaje por parte de los poderes económicos y políticos neoliberales, que ha sido minuciosamente preparado y puesto en práctica a través de los medios de comunicación controlados por ellos, mediante un cúmulo de nuevos mercenarios (periodistas y tertulianos) de un ejército sin armas de fuego, o “ejército de la palabra” que combate la opinión disidente. El objetivo es subvertir el significado real de las palabras para poder modificar la realidad a su antojo y ganar la complacencia de los ciudadanos, que perciben como positivas políticas muy perjudiciales para la igualdad y el bien común (7).

Una de estas perversiones es el llamado “bien común” que ha sido, y es utilizado en la situación de excepcionalidad mundial que estamos viviendo. Cualquier medida tomada, cualquier mentira expresada, cualquier penalización impuesta, cualquier coacción,… está tomada, dicen, en pro del bien común.

Mientras el neoliberalismo exacerba el culto al individualismo y a las cacareadas libertades individuales, en contraposición a las propuestas socializantes de primar el colectivo, respetando lo individual, se da la paradoja, durante esta pandemia organizada, que los conceptos se han trastocado.

Ahora resulta que la gran preocupación de las corporaciones es el bienestar colectivo y para ello deben limitarse las libertades individuales. Ante esta metamorfosis conceptual, la supuesta izquierda, ya sea progresista, comunista o colectivista, se ha visto desarmada mientras que los defensores del reaccionarismo se enfrentan a las medidas de control social colectivo en base a la ortodoxia fundamentalista neoliberal.

¡Aguda contradicción! ¿De verdad el capital se preocupa por lo colectivo? Depende, pues precisa de lo colectivo para mantener en funcionamiento su maquinaria consumista-productiva y justificativa de su interés en el “Bien Común”. Lo blanco es negro, lo negro es blanco, como si estuviéramos asistiendo a un espectáculo de magia en el cual el ilusionista saca un conejo de su sombrero.

¿Dónde está la trampa? En este caso no se trata de las habilidades artesanas de un ilusionista. Son cientos, miles de cerebros pensantes acurrucados y pendientes de sus pingües ingresos que abarrotan las distintas disciplinas académicas de las más prestigiosas universidades. Las ciencias sociales, la psiquiatría oficial, la sociología, la psicología de masas han jugado y juegan un papel fundamental en la educación de las percepciones sensoriales de los miembros de la sociedad, que como afirma Franco Basaglia “son funcionarios del consenso”, o Ronald David Laing que los define como “Policías de la mente”. Así un enjambre de técnicos ha tomado el relevo del antiguo verdugo que era el anatomista del sufrimiento.

El Bien Común solamente es posible cuando las decisiones que atañen a la sociedad, -el común-, son puestas a consideración del mismo y en función de la libertad individual de emitir juicio, se produce un debate democrático, tras el cual, el común puede tomar decisiones. Si se coarta el debate democrático y en consecuencia, las opiniones que NO resultan convenientes al poder establecido; cualquier decisión que se tome: orden, mandato, coacción, amenaza, penalización,… atendiendo a un supuesto bien común, resultan falsas, pues la decisión ha estado tomada al margen de aquellos a los que le impone. Si tomamos el caso de la pandemia y sus consecuencias, las decisiones han sido tomadas por una élite privada corporativa multinacional que tiene la desfachatez de hablar en nombre de común, sin estar autorizados para ello, tan solo amparados por el poder otorgado por el mismo poder.

Así comprobamos que cientos de miles de honestos profesionales de la salud y científicos que no viven de las prebendas de la industria farmacéutica, cuestionan las medidas tomadas y son vilipendiados de “negacionistas”. Pero lo que niegan es una “verdad orquestada artificiosamente”, afirmando una realidad distinta, pues niegan el discurso del poder y emiten sus opiniones en aras de un bien común radicalmente distinto conceptualmente del que aparece en el leguaje discursivo del mundo corporativo.

Un ejemplo claro del rapto del lenguaje lo tenemos en el hecho de:

Tras declarar el cuarto estado de alarma en la historia de España, Pedro Sánchez dirigió una petición lingüística a los medios de comunicación: “Creo que podemos ir acuñando todos una expresión más contemporánea, que nada tiene que ver con lo que representa el ‘toque de queda’ para generaciones con más experiencia y más vida a sus espaldas”. El presidente del Gobierno propuso un sustituto de esas tres palabras con sabor militar, ‘toque de queda’, en un “ejercicio de pedagogía” para la ciudadanía.

“Esto es una ‘restricción de movilidad nocturna’ —dijo Sánchez—, nada tiene que ver con el ‘toque de queda’, que tiene otra serie de componentes y significados en la mente de todos”. Pero el Diccionario de la Real Academia Española no atiende a las connotaciones que el presidente quiere sortear con un nuevo término. Según la definición del DRAE, un toque de queda es una “medida gubernativa que, en circunstancias excepcionales, prohíbe el tránsito o permanencia en las calles de una ciudad durante determinadas horas, generalmente nocturnas” (8).

Y con la tranquilidad de no obtener una respuesta contundente por parte de las formaciones políticas ni de la inmensa mayoría de la sociedad, bien podríamos denominar el estado de alarma como un moderno “Gewollte Ausnahmezustand” (estado de excepción querido o deseado), expresión utilizada por los juristas del nazismo para justificar el decreto de 28 de Febrero de 1933 Verordnung des Reichspräsidenten zum Schutz von Volk und Staat (Decreto del Presidente del Reich para la protección del Pueblo y del Estado) que suspendía los artículos de la Constitución de Weimar sobre las libertades personales.

Erich Fromm, hace años, hablaba de “conformidad automática” y ponía el ejemplo de los guardianes de campos de concentración que, cuando estaban a punto de llegar los aliados, decían no temer nada porque, al fin y al cabo, ellos lo único que habían hecho era obedecer órdenes (9). Esto es lo que dirán como justificación, los abanderados de los confinamientos, de las inoculaciones masivas, de las catalogaciones infecciosas… si algún día de mañana se descubre todo el entramado mundial de los estados de excepción.

Mientras las críticas sobre la forma, que no sobre el contenido, sin que tengan un efecto subversivo en el seno de los movimientos políticos de los trabajadores, el Estado puede permitir la presencia de la crítica, como concreción de su “liberalidad” democrática. Por el contrario, en la medida en que la libertad de información y las críticas adquieren una fuerte dimensión política contestataria sobre los contenidos, el Estado, tiende a la utilización sistemática de la censura, la vigilancia y el encarcelamiento de la disidencia (10).

Objetividad perdida, subjetividad olvidada

Una de las razones por las que no podemos acabar con el capitalismo es precisamente su movimiento continuo que lo retroalimenta y que no deja ningún intervalo, ningún espacio para la resistencia, ninguna pausa para que se le detenga, se le cuestione, se le conteste o se le hagan objeciones. Por esto y por más, el discurso capitalista, como dice Lacan, es “locamente astuto” (follement astucieux) y “no puede funcionar mejor” (ça ne peut pas marcher mieux).

Si la dominación capitalista se realiza con tanta eficacia, es porque ha conseguido operar no solo sobre los sujetos y a pesar de ellos, sino con ellos y a través de ellos. La operación, es de “mimetismo” y no de simple “adaptación”. No hay tiempo de comprender ni siquiera las innumerables noticias inconexas con las que se nos ametralla incesantemente. ¿Cómo habríamos de comprender algo de nuestras vidas? Y no habiendo tiempo de comprender, tampoco llega el momento de concluir (11).

Normalidad

Es mucho el mal que la gente normal hace discretamente, imperceptiblemente, al actuar con su normalidad acostumbrada. Y a veces, al dejar de comportarse normalmente, la misma gente normal se delata y nos muestra lo peligrosa que es. Nosotros, los normales, tenemos la disposición y la capacidad para matar, herir, torturar, enjaular, dominar, explotar, ensuciar, contaminar, devastar. No hay nada perjudicial que no sepamos hacer y que no hagamos día con día.

Hannah Arendt al escribir sobre Adolf Eichmann, (uno de los responsables directos en aplicar “la solución final”) dice que “era normal”. Su forma de hablar era como la de un oficinista común y corriente. Su normalidad se expresaba en sus palabras lo mismo que en su aspecto, sus gestos y todo lo demás. Todo era normal en él. Y, por si quedara alguna duda, “seis psiquiatras habían certificado que Eichmann era un hombre normal”. Era normal porque “no constituía una excepción en el régimen nazi”.

Es principalmente el capitalismo, por lo tanto, el que produce nuestra normalidad y su patología. ¿Cómo la produce? Imponiendo sus normas enloquecedoras. ¿Y cómo las impone? Mediante, el conformismo, la sumisión y la obediencia. Los impone y los aplica eficazmente a través de sus dispositivos laborales, organizacionales, tecnológicos, mediáticos, publicitarios, y con sus aparatos represivos, jurídico-coactivos, disciplinarios e ideológicos (12).

Debemos explicar y no sólo describir, pensar dialécticamente y no sólo constatar empíricamente. Hay que ver lo que puede ser además de lo que aparenta ser, lo que falta o sobra en lo que se presenta. Y ante todo, organizar la resistencia ante la Nueva Normalidad, que puede ser mucho peor que la anterior, pues lo que se vislumbra es el intento de apropiación de la esencia de nuestra vida.

Epilogo

Wagner:
¡Perdone!, le he escuchado declamar; ¿no leía usted una tragedia griega? Me gustaría iniciarme en ese arte, pues resulta provechoso hoy en día. He oído muchas veces que un actor puede aleccionar a un predicador.
Fausto:
Siempre y cuando el predicador sea un actor, lo cual puede muy bien pasar en los tiempos que corren
(Johann Wolfgang von Goethe. Fausto. La tragedia. Primera parte. De noche)

(1) David Pavón-Cuéllar. Conferencia dictada el 26 de junio de 2018 en el auditorio Vicente Guerrero de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, Ciudad de México.
(2) http://psicologoslr.blogspot.com/2013/10/una-enfermedad-que-se-extiende.html
(3) https://www.lahaine.org/est_espanol.php/normopatas
(4) https://disidentia.com/normas-alma-de-la-correccion-politica/
(5) https://coterraneus.wordpress.com/2016/07/07/la-normopatia/
(6) La manipulación del lenguaje en el discurso jurídico, político y social. Critical Journal of Social and Juridical Sciences Euro-Mediterranean University Institute. Italia. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=18153297012
(7) Susan George; Roger García Lenberg. Julio 2011. La perversión del leguaje político, https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3676005
(8) https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-10-28/sanchez-toque-de-queda-lenguaje-rae-eufemismo_2808112/
(9) Anatomía de la Destructividad Humana. México: Siglo XXI. 1974
(10) Héctor Ceballos Garibay. Crítica a la democracia http://www.revistas.unam.mx
(11) David Pavón Cuéllar. Versión en español de la ponencia presentada en inglés el martes 20 de agosto de 2019 en el Simposio The usefulness or uselessness of Psychoanalysis in an Era of Acceleration. Congreso bianual de la International Society of Theoretical Psychology, en la Escuela Danesa de Educación de la Universidad de Aarhus, en Copenhague, Dinamarca. https://sujeto.hypotheses.org/category/capitalismo/capitalismo-neoliberal
(12) David Pavón-Cuéllar. Conferencia dictada el 26 de junio de 2018 en el auditorio Vicente Guerrero de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, Ciudad de México.

 

 

 

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