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Ha desertado un 20 por cien de los ucranianos enviados a Reino Unido para recibir adiestramiento

Ha desertado un 20 por ciento de los ucranianos enviados a Reino Unido para recibir adiestramiento militar, según el cuartel general de la Real Policía Militar británica.

El gobierno de Londres se ha visto obligado a adoptar medidas extremas, como la retirada de los pasaportes a los reclutas llegados de Ucrania.

A finales de enero, el Telegraph, citando a un funcionario del gobierno británico, informó de que especialistas británicos habían adiestrado a 15.000 militares ucranianos. El número de desertores se cifra en más de 700 porque no quieren ser carne de cañón. Los desertores son capturados y devueltos a las unidades del frente.

El gobierno británico ha elaborado normas para permanecer en el país: se retiran los pasaportes a los militares y se les expiden documentos de identidad temporales. Los cadetes están bajo estricto control en centros cerrados de entrenamiento sobre el terreno.

La policia militar británica ha extremado el control. Han prohibido a los reclutas ucranianos abandonar el territorio de la base, se les ha asignado un oficial británico a cada grupo para mantener el orden, y hay oficiales superiores de las Fuerzas Armadas ucranianas en unidades con las mismas funciones.

Los medios de comunicación británicos no han informado sobre las fugas masivas de militares ucranianos de los centros de entrenamiento.

<p style=»font-size: x-small;»>—https://military.pravda.ru/news/1800213-rossiiskie_mobilizovannye/</p>

El ejército ruso recurre a robots para destruir los tanques de la OTAN

El ejército ruso ha enviado robots “Marker” a Ucrania para combatir a los tanques de la OTAN. A la zona de guerra han enviado cuatro, según anunció el director ejecutivo de NPO Android Technology, Evgeny Dudorov. Según él, la carga de los sistemas robóticos ya ha comenzado.

Una de las principales tareas de los robots es la destrucción de los tanques Leopard y Abrams, si alguna vez se los entregan al ejército ucraniano. Además, supondrán una seria amenaza para los drones ucranianos.

Los sistemas Marker están dotados de una amplia gama de equipos de observación, que le permiten vigilar los territorios terrestres y el espacio aéreo a cualquier hora del día, independientemente de las condiciones meteorológicas.

Están diseñados en dos versiones: sobre ruedas y sobre orugas. La plataforma sobre ruedas permite al complejo robótico desplazarse sin repostar durante 60 horas. El alto rendimiento se consigue gracias al bajo consumo de combustible: sólo 3 litros cada 100 kilómetros.

Una plataforma sobre ruedas de tres toneladas de peso puede transportar no sólo ametralladoras y misiles, sino también drones aéreos. En la versión sobre orugas se pueden instalar ametralladoras Utes o Kord, así como varios lanzagranadas antitanque. Además, en esta versión, se pueden instalar en los drones kamikaze.

Dudorov no especificó qué variantes del “Marker” irán a los campos de batalla en un futuro próximo. Pero es evidente que esos vehículos añadirán muchos quebraderos de cabeza al mando ucraniano.

En Bajmut las tropas ucranianas se ahogan en su propia sangre

Las tropas rusas están a punto de cercar a las ucranianas en Bajmut (Artiomovsk). Queda una última carretera principal de suministro. El comandante ucraniano “Magyar” ha admitido en un vídeo que sus hombres están bajo el fuego de la artillería rusa. Algunos creen de que ya no es posible una retirada ordenada de la ciudad.

Los ucranianas experimentan dificultades de abastecimiento, por lo que la falta de refuerzos y municiones es crítica.

El Comandante en Jefe del ejército ucraniano ha informado a Zelensky sobre el cerco táctico de Bajmut y la imposibilidad de evacuar a las unidades ucranianas que permanecen sobre el terreno.

Las tropas de Wagner han irrumpido en el centro de la ciudad, casi hasta la línea del río, desde los barrios orientales, lo que significa que los ucranianos están empezando a evacuar la mitad oriental de la ciudad.

El oficial ucraniano del Estado Mayor Oriental (Donbas), S. Cherevaty, describió en el canal TSN las tácticas de desgaste de los grupos de asalto rusos, que llevan a cabo acciones violentas pero puntuales y cuidadosas.

Las tropas ucranianas se ahogan en su propia sangre. Bajmut concentra más del 60 por cien de las pérdidas registradas a lo largo del frente de guerra. Las ya apocalípticas cifras de bajas ucranianas (entre 100 y 150 muertos al día) alcanzadas durante la batalla de Severodonetsk/Lisichansk en abril del año pasado se han superado con creces.

El periodista ruso de primera línea Yevgeny Poddubny declaró que las bajas enemigas en la región de Artemivsk son de unas 500 personas al día. Para compensar las bajas, el gobierno de Kiev suele lanzar a la batalla a los movilizados que no han completado su entrenamiento.

El general Richard Barrons, antiguo comandante del Mando Conjunto de Fuerzas de Reino Unido, estima que en un día realmente malo el número de bajas del ejército ucraniano es de 200 a 300 muertos y deja al lector que calcule cuántos muertos harían falta para reconstruir una línea del frente de 2.900 kilómetros.

En la retaguardia del frente de Bajmut, los servicios de rescate ucranianos están completamente saturados. Decenas de médicos han sido enviados como refuerzo. Los hospitales y las morgues están desbordados y los muertos y heridos están siendo evacuados a Jarkov.

El servicio médico de Ucrania ha suspendido la programación quirúrgica para dedicar todos sus recursos a hacer frente a la avalancha de heridos.

Bajmut es la piedra angular de la línea del frente oriental. La ciudad concentra todas las energías y la atención desde mediados de noviembre, cuando se lucha por el control de este bastión ucraniano que abre el camino hacia Kramatorsk y Slaviansk, donde se encuentra el cuartel general del Donbas del ejército ucraniano.

El abandono de Bajmut por el mando ucraniano significaría un enorme fracaso en una batalla por la que han muerto miles de soldados desde mayo, cuando las fuerzas rusas llegaron a tener a la vista el bastión del frente norte del Donbas.

El Pentágono quiere que Ucrania pague las armas que le han suministrado

Un alto cargo del Pentágono ha advertido a Ucrania que debe pagar por las armas entregadas. Las tensiones entre demócratas y republicanos están llevando a Estados Unidos a pedir a Ucrania que pague por las armas que está recibiendo. Por todos los costados, empiezan a pedir cuentas al gobierno de Biden por el dinero que desembolsado hasta la fecha.

El martes el congresista Andrew Clyde, del partido republicano y muy crítico de la ayuda a Ucrania, interrogó a un alto funcionario del Departamento de Defensa sobre las acusaciones de pérdida y desvío de armas y de fraude.

La subsecretaria de Defensa para Asuntos de Seguridad, Celeste Wallander, compareció en una audiencia ante el Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, donde afirmó que el ejército estadounidense “no dispone actualmente de ningún tanque -Abrams- que pueda ser transferido o redesplegado a Ucrania”.

Las promesas estadounidenses de enviar tanques y la continua disposición de algunos dirigentes del Congreso a dar luz verde al envío de sistemas avanzados a Ucrania han amenazado con agotar los fondos para la guerra a un ritmo demasiado rápido, ya que los diputados ya han aprobado unos 45.000 millones de dólares en ayuda militar [para Ucrania], con la expectativa de que dure hasta finales de septiembre.

El elevado coste de la guerra ha llevado al Congreso a emitir una batería de requerimientos de supervisión para obtener información sobre cómo se ha gastado el dinero. Algunos de estos detalles se han facilitado a los diputados, pero pocos han llegado al conocimiento público.

Tanto demócratas como republicanos expresaron el martes su preocupación, exigiendo a los dirigentes del Pentágono que fueran francos con ellos sobre cuánto dinero más van a gastar en Ucrania.

En su intervención ante el Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, Michael García, del partido republicano, dijo que sería importante que Estados Unidos iniciara ventas militares extranjeras a Ucrania, en lugar de proporcionar armas a Kiev de forma gratuita, afirmando que esto tendrá consecuencias en los presuuestos.

Debido a estas peticiones, el Pentágono, a través de Wallander, anunció que “aunque los ucranianos han estado comprando armas por sí mismos, no han estado haciendo grandes compras a empresas estadounidenses”. Por ejemplo, dijo que Ucrania debería acabar asumiendo los costes de algunas de las armas que recibe de sus patrocinadores occidentales.

La entrega de armas procedentes de Estados Unidos se rige por la Ley de Préstamo y Arriendo que Biden promulgó en mayo. Algunos creen que esto dejará al gobierno de Kiev con enormes deudas independientemente del resultado de la guerra.

Sin embargo, según la Ley de Préstamo y Arriendo, todas las pérdidas en combate de armas y equipos militares suministrados en virtud del contrato de arrendamiento quedan anuladas. El Estado receptor no paga nada por ellas. La obligación de pagar por las entregas de armas sólo surgirá si Ucrania decide quedarse con las armas no destruidas.

Rusia destruye el centro de inteligencia electrónica del ejército ucraniano

Las tropas rusas han destruido el centro de inteligencia electrónica del ejército ucraniano cerca de la ciudad de Brovary, en la región de Kiev.

También fue alcanzado el centro operativo de operaciones especiales de la región de Jmelnytsky, según declaró el 27 de febrero el representante oficial del Ministerio de Defensa ruso, el general Igor Konashenkov.

“En la zona del asentamiento de Brovary, en la región de Kiev, fue alcanzado el centro de inteligencia electrónica de las fuerzas armadas ucranianas. En la zona de la ciudad de Jmelnytsky, fue alcanzado el centro operativo de operaciones especiales Oeste”, declaró Konashenkov.

Además, en el asentamiento de Dobropolye, en la República Popular de Donetsk, fue destruida una estación de radar de detección de objetivos aéreos a baja altura 36D6. También en la región de Andreievka fue destruido un apoyo de tiro autopropulsado del sistema de misiles antiaéreos Buk-M1.

En sólo 24 horas la aviación militar operativa y táctica, las fuerzas de misiles y la artillería de los grupos del ejército ruso han derrotado a 98 unidades de artillería ucranianas en posiciones de tiro, personal y equipos en 173 distritos.

El día anterior Konashenkov informó de que unidades rusas habían destruido almacenes del ejército ucraniano en la República Popular de Donetsk y en la región de Zaporiya. Además, en la zona del asentamiento de Chasov Yar, en la República Popular de Donetsk, las tropas rusas destruyeron una estación de radar contrabatería AN/ TPQ-37 de fabricación estadounidense.

El ejército ruso también ha lanzado una ofensiva para rodear Avdeievka desde dos direcciones, según el jefe de distrito ucraniano. “La situación es tan complicada que ni siquiera tenemos tiempo de contar los bombardeos”, añade.

El 25 de febrero el ejército ruso en la dirección de Krasnoliman eliminó a unos 180 militantes ucranianos, seis vehículos blindados, una instalación Grad MLRS, un obús D-20 y un radar contra-batería.

La Guerra de Ucrania puede desestabilizar a los vecinos en Moldavia y Transnistria

Los comentaristas especulan con que Transnistria (Nistru en rumano) podría ser atacada por cualquiera de los bandos de la Guerra de Ucrania. Sería como atacar a Moldavia, de la que forma parte legalmente. Ningún Estado ha reconocido la secesión de esta provincia, ni siquiera Rusia.

Hay unos 1.500 soldados rusos en Transnistria. Llevan allí desde la época de la URSS y formaban parte del 14 ejército, el del difunto general Lebed. Se mantuvieron en 1992 en la zona tras un acuerdo entre Rusia, el gobierno moldavo y las fuerzas locales.

El estatuto de esas tropas ha cambió desde entonces a Fuerzas de Mantenimiento de la Paz. El relevo de los soldados rusos y su suministro de armas y municiones se realiza por el territorio moldavo a través del aeropuerto de la capital moldava, Chisinau.

Las tropas rusas son una fuerza de interposición entre el gobierno central y las fuerzas locales. Pero desde el punto de vista no podrían defender el territorio del ataque de un tercero. Naturalmente que hablar ahora de legalidad en esa zona de Europa es un absurdo…

Para el gobierno ucraniano, el interés de una operación en Transnistria sería doble. Por un lado, intentar apoderarse de los grandes depósitos de armas de origen soviético que hay en la región. Por el otro, sería una forma de empujar a la OTAN a intervenir directamente para contrarrestar una reacción rusa a gran escala. Las 1.500 tropas rusas se defenderían sin duda si fueran atacadas, pero no son lo suficientemente numerosas como para enfrentarse solas a una ofensiva seria.

Eso abriría un nuevo frente entre la OTAN y Rusia, que es de lo que se trata. La OTAN está a la vuelta de la esquina, en Rumanía, bajo mando francés. Quizás también estén en Moldavia, cuya nueva presidenta, Maia Sandu, que aparece en la foto de portada, es una marioneta de Estados Unidos que nadie ha intentado disimular: se formó en Harvard y luego se incorporó al Banco Mundial.

Pero si la extensión de la guerra a Transnistria es un conjetura, la desestabilización no lo es.

Al desaparecer la URSS, los algunos antiguos países socialistas de población mixta, como Yugoslavia, reventaron no por rivalidades internas sino porque los imperialistas atizaron el fuego desde fuera. La desestabilización de Ucrania forma parte de ese movimiento que cuestiona la coexistencia de poblaciones a las que no han permitido un futuro en común.

Moldavia es otro Estado construido sobre cimientos artificiales. No cabe duda de que es un Estado, pero es discutible que sea una nación homogénea y diferenciable de Rumanía, de la que una vez formó parte. La actual Moldavia representa sólo un tercio de la Moldavia histórica; los otros dos tercios están en Rumanía. Esta cuestión está en el centro del problema de la identidad moldava, que se complica aún más por la existencia de una minoría rusoparlante, no sólo en Transnistria, sino sobre todo en Chisinau, y una minoría homogénea gagauz (turcoparlante pero cristiana) en un territorio autónomo.

Transnistria tampoco es homogénea. Su población se divide en tres tercios desiguales. Un tercio habla rumano, como la inmensa mayoría de los demás ciudadanos de Moldavia, un tercio habla ruso y un tercio ruso-ucraniano.

El territorio también es complicado. Hay algunos pueblos más allá del Dniéster que no están bajo el control de los separatistas, sino del gobierno central y está la pequeña ciudad rumanohablante de Tighina, en Cisnistria, ocupada por las milicias de Transdniéster.

Moldavia se encuentra además en una crisis política e institucional recurrente, y debilitado por una tensa situación social. Según su Constitución, es un Estado neutral. Pero su actual presidenta, ha roto esa neutralidad al acercarse a Estados Unidos y a la OTAN.

Para Moldavia, romper con la neutralidad es sin duda la mejor manera de verse implicada en la Guerra de Ucrania y tener el mismo destino que Kiev: una derrota segura. Por lo tanto, no es desdeñable el riesgo de que este país también estalle en algún momento. Con o sin guerra en ucrania. Lo único seguro es que, como ya hemos dicho en ocasiones anteriores, la victoria rusa en la Guerra de Ucrania no va a traer la paz a Europa.

Actualización a 1 de marzo:

Ayer los manifestantes contra la Guerra de Ucrania intentaron asaltar la sede del gobierno en la capital para exigir la dimisión de Maia Sandu. Los vuelos se han cancelado.

Miles de manifestantes volvieron a tomar las calles de la capital de Moldavia, Chisinau, para exigir que el nuevo gobierno de Sandu subvencione las facturas de la energía durante el invierno y que “no meta al país en una guerra”.

Los manifestantes ondeaban banderas moldavas y tocaban el claxon, y muchos pedían la dimisión de la Presidenta. “¡Abajo Maia Sandu!”, coreaban, “¡Abajo la dictadura!”.

Decenas de autocares trasladaron en autobús a manifestantes de todo el país, provocando atascos en las catrreteras, mientras cientos de policías desplegados para reforzar la seguridad controlaban los vehículos que entraban en la capital.

Ilan ShorLa protesta de fue organizada por el grupo Movimiento por el Pueblo y contó con el apoyo de miembros del partido dirigido por Ilan Shor, que tiene seis escaños en la asamblea legislativa de un total de 101.

El gobierno moldavo acusa a Shor, que vive exiliado, de ser “el hombre del Kremlin en Moldavia” y de desestabilizar al país. También figura en la lista negra de sanciones del Departamento de Estado.

Por su parte, Shor acusó a la policía de intentar frustrar una manifestación pacífica. “Luchar contra el propio pueblo es el último refugio de los tiranos y el principio de su caída”, declaró el martes en un comunicado.

Es la segunda concentración de protesta celebrada en Chisinau en dos semanas y se produce en medio de la creciente preocupación por la desestabilización del país. El 13 de febrero Sandu denunció un supuesto complot de Moscú para derrocar al gobierno, poner el país “a disposición de Rusia” y desviarlo de su objetivo de ingresar en la Unión Europea.

Para llevar a cabo el plan, dijo, los culpables “contarían con varias fuerzas internas, pero especialmente con grupos criminales como la formación de Shor y todos sus derivados”.

El pasado otoño el partido de Shor también inició una serie de protestas que sacudieron Moldavia -candidata a la adhesión a la Unión Europea desde el pasado junio- mientras luchaba por gestionar una aguda crisis energética provocada por las sanciones contra Rusia.

El gobierno de Moldavia ha pedido al Tribunal Constitucional que declare ilegal al partido de Shor. La fiscalía del país alega que las protestas populares se financiaron con dinero ruso.

La protesta también se produce un día después de que el Servicio de Inteligencia y Seguridad, SIS, expulsara a dos ciudadanos extranjeros que fueron sorprendidos llevando a cabo “acciones subversivas” para desestabilizar Moldavia.

La pareja estaba vigilando y documentando los procesos sociales y políticos en Moldavia, incluidas las protestas que, según el SIS, están “organizadas en la capital por determinadas fuerzas políticas”.

Alemania no suministra piezas para los nuevos tanques Leopard

Tras haber vacilado durante mucho tiempo, el canciller alemán Olaf Scholz predica ahora con el ardor de un converso. Tras autorizar finalmente el envío de tanques Leopard 2 a Ucrania, declaró que las cosas no iban lo suficientemente rápido.

“El apoyo militar a Ucrania debe continuar y esto significa que todos aquellos que puedan proporcionar dichos tanques deben hacerlo realmente”, declaró en la Conferencia de Seguridad de Munich el 17 de febrero.

Por el momento, y teniendo en cuenta las presiones a las que se ha visto sometido para dar su autorización, la cosecha de tanques es más bien exigua. Mientras que Alemania ha aceptado desprenderse de 14 de sus Leopard 2A4 y Polonia ha expresado la misma intención, pocos países han seguido su ejemplo.

“Seamos claros: no hemos llegado a un batallón, será medio batallón”, admitió Boris Pistorius, Ministro de Defensa alemán.

Además, el número de Leopard 2 prometidos a Ucrania parece muy bajo en comparación con los 178 viejos Leopard 1 que debería recibir. Los tres que Finlandia acaba de prometer, o incluso los diez que España pretende entregar, no cambiarán la situación.

Incluso un país como Polonia, que había amenazado con prescindir de la luz verde de Berlín para entregar 14 de sus Leopard 2 a Ucrania, podría tener dificultades para cumplir su promesa, según ha sugerido Andrzej Duda, el presidente polaco, en una entrevista concedida a la CNN (*).

Si los tanques prometidos están listos para ser enviados a Ucrania “dentro de un mes”, Polonia tiene sin embargo serios problemas para suministrar piezas de repuesto para los tanques, reconoció el Presidente polaco.

“No somos sólo nosotros, estos problemas son bastante comunes. Otros países también tienen problemas con sus Leopard porque los alemanes tienen dificultades para suministrar piezas de repuesto. No entendemos esta situación, pero es así”, continuó Duda.

Cabe señalar que este pasaje no aparece en el resumen de la entrevista que publica la página web del Presidente polaco.

La cuestión del mantenimiento de los tanques destinados a Ucrania es crucial en la medida en que el Leopard 2, como sus homólogos, es una máquina compleja, que requiere una logística especial, mantenimiento y revisiones. Si no hay piezas tampoco hay tanques.

En resumen, todos los días oímos a los gobiernos europeos anunciar a bombo y platillo el número de tanques que van a enviar a Ucrania, pero aún no ha llegado ninguno a su destino y es muy probable que no lleguen nunca, ni los viejos, ni los nuevos, ni las piezas.

(*) https://edition.cnn.com/videos/world/2023/02/23/exp-ukraine-russia-poland-duda-amanpour-022201pseg1-cnni-world.cnn

Hacia una nueva carrera de armamentos nucleares: el fin del tratado Start

En 2001 Bush anunció que Estados Unidos se retiraba del histórico Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM) de 1972, que prohibía (con algunas excepciones) el despliegue de sistemas de defensa antimisiles diseñados para derribar los misiles balísticos intercontinentales (ICBM) del adversario.

El Tratado ABM consolidó la doctrina de la Guerra Fría de Destrucción Mutua Asegurada: ninguna parte que poseyera armas nucleares las utilizaría contra otra potencia nuclear porque hacerlo conduciría a su propia desaparición, a través de represalias nucleares garantizadas.

La doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada allanó el camino para los acuerdos posteriores de control de armamentos, desde las Conversaciones sobre Reducción de Armas Estratégicas (SALT) hasta el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) y los posteriores Tratados de Reducción de Armas Estratégicas (Start).

Putin condenó la decisión estadounidense de retirarse del Tratado ABM. En aquel momento, tanto los arsenales nucleares estratégicos estadounidenses como los rusos estaban sujetos a las limitaciones impuestas por el tratado Start de 1991. Los esfuerzos para reducir aún más las armas nucleares estadounidenses y rusas se emprendieron en virtud del Start II.

Pero la Guerra Fría no acabó con el desmantelamiento la URSS. Al abandonar el Tratado ABM, Estados Unidos lo anuló, y lo mismo ocurrió con el tratado Start III. El Tratado de Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas (SORT), firmado en 2002, comprometía a Estados Unidos y Rusia a realizar reducciones adicionales a las previstas en el Start I, pero no contenía ningún mecanismo de verificación o cumplimiento.

El tratado Start I expiró en 2009 y el SORT en 2012. El nuevo tratado Start pretendía sustituir a ambos.

La defensa antimisiles

El punto de discordia es la defensa antimisiles. Bajo la presidencia de Putin, Rusia se negó a firmar ningún nuevo tratado sustantivo de control de armamento (el SORT era más informal que un tratado en cuanto a estructura y sustancia) que no abordara la defensa antimisiles.

Pero en 2008 Dmitry Medvedev sustituyó a Putin, que se convirtió en Primer Ministro.

Mientras el gobierno de Bush intentaba negociar un tratado de seguimiento del Start I, que pronto expiraría, Medvedev era reacio a alcanzar un acuerdo con Estados Unidos que no incluyera limitaciones a la defensa antimisiles, que el presidente Bush no aceptaba.

Al final, el problema de negociar un nuevo tratado quedó en manos de Obama, que tomó posesión de su cargo en 2009.

En su primera reunión, celebrada en Londres a finales de marzo de 2009, Medvedev y Obama emitieron una declaración en la que acordaban “proseguir las reducciones verificables de nuestros arsenales ofensivos estratégicos en un proceso escalonado, empezando por la sustitución del Programa de Reducción de Armas Estratégicas”.

En cuanto a la defensa antimisiles, Medvedev y Obama acordaron tratarla como una cuestión aparte. “Aun reconociendo que persisten las diferencias sobre los objetivos del despliegue de medios de defensa antimisiles en Europa”, dice el comunicado, “hemos debatido nuevas oportunidades de cooperación internacional mutua en el ámbito de la defensa antimisiles”.

Aunque el nuevo tratado Start que negociaron Rusia y Estados Unidos se centraba en la reducción de los arsenales nucleares ofensivos, se suponía que iría seguido de un esfuerzo por parte de Estados Unidos para abordar la preocupación de Rusia por la defensa antimisiles.

Así se reflejó en el intercambio de declaraciones unilaterales no vinculantes adjuntas al nuevo tratado Start. La declaración de Rusia sobre Defensa Antimisiles establece que el nuevo tratado Start “sólo puede ser efectivo y viable” en condiciones en las que no se produzca una mejora cualitativa o cuantitativa de las capacidades del sistema de defensa antimisiles estadounidense.

Además, la declaración añade que cualquier mejora de las capacidades de defensa antimisiles de Estados Unidos que diera lugar a una amenaza para el potencial de fuerza nuclear estratégica de Rusia, se consideraría uno de los “acontecimientos extraordinarios” mencionados en el artículo XIV del tratado y podría llevar a Rusia a ejercer su derecho a retirarse del tratado.

Por su parte, Estados Unidos emitió su propio comunicado en el que afirmaba que la defensa antimisiles estadounidense “no pretende afectar al equilibrio estratégico con Rusia”, al tiempo que declaraba su intención de “seguir mejorando y desplegando sus sistemas de defensa antimisiles para defenderse de ataques limitados”.

Putin no acepta el acuerdo alcanzado entre Medvedev y Obama

Putin no aceptó el acuerdo alcanzado entre Medvedev y Obama. Según Rose Gottemoeller, la negociadora estadounidense del nuevo tratado, estuvo a punto de impedir las conversaciones cuando, en diciembre de 2009, volvió a plantear la cuestión de la defensa antimisiles.

Putin viajó a Vladivostok, donde pronunció un discurso en el que denunció el tratado como “totalmente inadecuado”, criticando a los equipos negociadores estadounidense y ruso por “centrarse únicamente en limitar las fuerzas estratégicas ofensivas”, señalando que “no limitan la defensa antimisiles”. El tratado es una pérdida de tiempo, dijo. “Deberíamos abandonar las negociaciones”. Según Gottemoeller, Medvedev se enfrentó a Putin y le dijo: “No, continuaremos estas negociaciones y las llevaremos a buen puerto”.

Anatoly Antonov era el negociador ruso del nuevo tratado Start y siguió las instrucciones del Kremlin de elaborar un tratado centrado en la reducción de las armas estratégicas ofensivas, dando por sentado que Estados Unidos cumpliría su palabra cuando se tratara de entablar negociaciones significativas sobre la defensa antimisiles.

Sin embargo, menos de un año después de la entrada en vigor del nuevo tratado, Estados Unidos demostró que no tenía intención de cumplir sus promesas. En una entrevista concedida al periódico ruso Kommersant, Antonov dijo que las conversaciones con la OTAN sobre un sistema de defensa antimisiles propuesto en Europa Occidental habían llegado a “un punto muerto”, añadiendo que las propuestas de la OTAN eran “vagas” y que la prometida participación de Rusia en el sistema propuesto “ni siquiera es objeto de discusión”.

Antonov advirtió entonces que la “falta de buena fe” de Estados Unidos en materia de defensa antimisiles podría llevar a Rusia a retirarse por completo del nuevo tratado Start.

Estados Unidos ofreció a Rusia que observara la prueba de un interceptor de misiles estadounidense, pero la oferta nunca llegó a buen puerto, y Estados Unidos restó importancia a la capacidad del misil SM-3 para interceptar misiles rusos, señalando que carecía del alcance necesario para ser eficaz contra misiles rusos.

Siguen las promesas y la política de buenas palabras

Ellen Tauscher, Subsecretaria de Estado para el Control de Armamentos y la Seguridad Internacional, ofreció entonces a Antonov garantías por escrito de que el sistema Aegis Ashore Mk 41, que utilizaba el interceptor de misiles SM-3, no estaba dirigido contra Rusia. Sin embargo, declaró: “No podemos ofrecer compromisos jurídicamente vinculantes, ni podemos aceptar limitaciones en la defensa antimisiles, que necesariamente debe seguir el ritmo de la amenaza cambiante”.

Estados Unidos pasó inmediatamente de las palabras a los hechos: en 2015 comenzó a probar el interceptor SM-3 Block IIA contra objetivos de misiles balísticos intercontinentales. En realidad, el SM-3 tenía alcance para derribar misiles rusos de alcance intermedio e intercontinental. Esos misiles se iban a estacionar en las bases construidas por la OTAN en Polonia y Rumanía, que estaban más cerca de la frontera con Rusia de lo que nunca habían estado las fuerzas de la OTAN.

Putin tenía razón frente a Medvedev. Lo mismo que en los Acuerdos de Minsk, no había engaño ni mala fe. Estados Unidos nunca se ata las manos con ningún acuerdo internacional, y menos con Rusia. Sin embargo, también Putin cedió finalmente, como cuenta Gottemoeller: “Putin, desde que se firmó el tratado, ha adoptado una postura muy positiva en esta cuestión. Desde que el tratado entró en vigor, lo ha calificado públicamente en repetidas ocasiones como el ‘patrón oro’ de los tratados nucleares y lo ha apoyado… Sé que está comprometido con el tratado y con los esfuerzos que se están realizando ahora mismo en este diálogo de estabilidad estratégica para lanzar nuevas negociaciones”.

Sin embargo, Putin siguió preocupado por la amenaza de la defensa antimisiles estadounidense. El 1 de marzo de 2018 pronunció un discurso ante la Duma: “Quiero decir a todos aquellos que han alimentado la carrera armamentística durante los últimos 15 años, han buscado ventajas unilaterales sobre Rusia y han introducido sanciones ilegales destinadas a contener el desarrollo de nuestro país: todo lo que queríais evitar con vuestras políticas ya ha sucedido. Han fracasado en su intento de contener a Rusia”.

Putin se refería al desarrollo de varias armas estratégicas rusas nuevas, como el ICBM pesado Sarmat y el vehículo hipersónico Avangard, que eran la respuesta directa a la retirada de Estados Unidos del Tratado ABM. Putin añadió que Rusia había advertido a Estados Unidos de que tomaría tales medidas en 2004. “Nadie nos escuchó entonces”, dijo Putin. “Así que escúchennos ahora”.

Una de las personas que escuchaba era Gottemoeller. “La gente está preocupada por […] los llamados nuevos sistemas de armas exóticas que el presidente Putin desplegó en marzo de 2018”, dijo en 2021. “Ya están bajo los límites del nuevo tratado Start, el llamado [ICBM] pesado Sarmat y también el Avangard, que es su primer vehículo planeador hipersónico de alcance estratégico que se están preparando para desplegar. Ya han dicho que lo incluirán en el nuevo tratado Start”.

Cualquier futuro acuerdo de control de armamento buscaría limitaciones para estos sistemas, añadió Gottemoeller. Es la ley del embudo: lo ancho para mí y lo estrecho para los demás.

Tras la pandemia, la Guerra de Ucrania

En febrero de 2021 el nuevo tratado Start se prorrogó por cinco años más, aunque los rusos esperaban que las divergencias se pudieran resolver utilizando a la Comisión Consultiva Bilateral, exigida por el tratado, que se reúne dos veces al año para dirimir las disputas sobre la interpretación de las cláusulas.

A principios de 2020, con la pandemia, ambas partes acordaron suspender las inspecciones in situ y las reuniones de la Comisión Consultiva Bilateral. A mediados de año los negociadores estadounidenses y rusos empezaron a discutir la creación de protocolos conjuntos que pudieran implementar tanto las inspecciones como las consultas de la Comisión, a pesar de la pandemia.

Pero entonces comenzó la Guerra de Ucrania y, con ella, las sanciones, que prohibían a los aviones rusos sobrevolar el territorio de Estados Unidos e imponían restricciones de visado a los rusos que transitaran por la Unión Europea o Reino Unido de camino a Estados Unidos. Las sanciones también prohibieron el envío de equipos de inspección de armamento a Estados Unidos utilizando los protocolos de inspección de corto plazo del nuevo tratado Start, que tienen plazos estrictos de aplicación.

En junio del año pasado Estados Unidos declaró unilateralmente que la moratoria de las inspecciones impuesta por la pandemia ya no estaba en vigor. El 8 de agosto intentó enviar a Rusia un equipo de inspección con poca antelación para realizar las tareas de inspección exigidas por el tratado. Rusia rechazó la entrada del equipo y acusó a Estados Unidos de intentar obtener una ventaja unilateral realizando inspecciones in situ cuando Rusia no podía hacerlo. Era una vuelta a la ley del embudo. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso afirmó que “no existen obstáculos similares a la llegada de inspectores estadounidenses a Rusia”.

Las inspecciones entraron en un punto muerto. Los diplomáticos de ambas partes iniciaron consultas para convocar una reunión de la Comisión Consultiva y finalmente pudieron acordar la fecha del 29 de noviembre del año pasado en El Cairo. Sin embargo, cuatro días antes de la fecha prevista, Rusia anunció la cancelación de la reunión.

En declaraciones al periódico Kommersant, el viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Ryabkov, dijo que la Guerra de Ucrania estaba en el centro de la decisión. “Existe, por supuesto, el efecto de lo que está sucediendo en Ucrania y sus alrededores”, dijo Ryabkov. “No lo voy a negar. El control de armamentos y el diálogo en este ámbito no pueden ser inmunes a lo que ocurre a su alrededor.

Rusia: una concesión detrás de otra

A principios de este año el Departamento de Estado envió un informe al Congreso sobre el cumplimiento por parte de Rusia del nuevo tratado Start, en el que acusaba a Rusia de violarlo, al negar a los inspectores estadounidenses el acceso a emplazamientos en el interior de Rusia.

Rusia, dijo un portavoz del Departamento de Estado, “no está cumpliendo con su obligación en virtud del nuevo tratado Start de facilitar las actividades de inspección en su territorio”, señalando que “la negativa de Rusia a facilitar las actividades de inspección impide a Estados Unidos ejercer importantes derechos en virtud del tratado y amenaza la viabilidad del control de armas nucleares ruso-estadounidense”.

En su discurso de 21 de febrero del año pasado Putin destacó el papel de Estados Unidos y la OTAN en facilitar el uso por parte de Ucrania de aviones no tripulados de la era soviética para llevar a cabo un ataque contra una base cerca de Engels (Rusia), que albergaba los activos aéreos estratégicos de Rusia, incluidos bombarderos con capacidad nuclear. También dijo que acababa de firmar las órdenes para que los sistemas Sarmat y Avangard estuvieran operativos y, como tales, inspeccionables en virtud del nuevo tratado Start.

“Estados Unidos y la OTAN están diciendo directamente que su objetivo es infligir una derrota estratégica a Rusia”, declaró Putin. “¿Van a inspeccionar nuestras instalaciones de defensa, incluidas las más nuevas, como si no hubiera pasado nada? ¿De verdad creen que les dejaremos entrar así fácilmente?”

Rose Gottemoeller comentó que Estados Unidos “no va a cambiar su política hacia Ucrania porque él [Putin] esté enfadado por el nuevo tratado Start. Eso no va a ocurrir”.

La posición de Putin se basa en principios y nace de la retirada de Estados Unidos del tratado ABM. Estados Unidos, y Gottemoeller personalmente, se aprovecharon de las concesiones realizadas por Medvedev sobre la defensa antimisiles durante las negociaciones del nuevo tratado Start y, evidentemente, no están dispuestos a cumplir con las garantías ofrecidas a Rusia.

Las concesiones de Medvedev llevaron a Rusia a desplegar nuevas clases de armas nucleares estratégicas -el Sarmat y el Avangard- para derrotar a los sistemas de defensa antimisiles estadounidenses, incluidos los desplegados en Europa.

Estados Unidos pretende apoyarse en el nuevo tratado Start para acceder a los nuevos sistemas de armas rusos, al tiempo que niega a Rusia sus derechos recíprocos de inspección en virtud del tratado.

El nuevo tratado Start permanecerá en el limbo durante un futuro indefinido y expira en febrero de 2026. Eso significa que existe la posibilidad de que el control de armamento entre Estados Unidos y Rusia haya acabado.

Aunque Estados Unidos y Rusia se habían comprometido previamente a firmar un tratado que sustituyera al nuevo tratado Start, la Guerra de Ucrania representa un obstáculo casi insuperable para cualquiera que pretenda tener dicho tratado listo para su firma y ratificación antes de que expire el anterior.

Existe la posibilidad de que, dentro de dos años, Estados Unidos y Rusia se encuentren sin ningún mecanismo verificable para hacer frente a los temores e incertidumbres que rodean a los respectivos arsenales nucleares de ambas partes, por lo que es posible que ambos se enzarcen en una carrera armamentista desenfrenada, alimentada por la ignorancia de lo que hace el otro, que muy bien podría conducir a malentendidos y errores de cálculo de consecuencias incalculables.

La Unión Europea busca desesperadamente gas en la ribera del Mar Caspio

Tras el cierre del grifo ruso, la Unión Europea emite señales de desesperación. Quiere importar gas desde el Mar Caspio, lo que se va a convertir en otro truco porque, lo mismo que Argelia, a fecha de hoy Azerbaiyán tampoco tiene gas suficiente para cubrir la demanda exterior. Lo que hace es importarlo de Irán y Rusia.

Es lo mismo que está pasando con el petróleo: Azerbaiyán importa gas ruso para exportarlo a Europa, como si fuera suyo. Bruselas lava su mala conciencia pero no reduce la dependencia del gas ruso. Está dando un rodeo para llegar al mismo punto de partida.

No obstante, a los de Bruselas no les faltan buenas intenciones. El gobierno de Bakú se ha comprometido a duplicar sus exportaciones a Europa en un plazo de cinco años y, para lograrlo, el gigante petrolero británico BP ha comenzado a perforar dos nuevos pozos para buscar en las profundidades del Mar Caspio.

El gas azerbaiyano ya fluye a Grecia y Bulgaria y, en los últimos meses, los países del sudeste de Europa han mostrado interés por importar gas de Azerbaiyán. En julio Bruselas y Bakú firmaron un acuerdo por el que Azerbaiyán se compromete a aumentar sus entregas de gas a Europa de 10.000 millones de metros cúbicos (bcm) a 12 bcm en 2022, y duplicar sus entregas a 20 bcm en 2027.

Pero es otro cuento de la lechera. En realidad, las exportaciones a Europa alcanzaron sólo 11,4 bcm el año pasado y se espera que se limiten a 11,6 bcm este año. No está claro si esa diferencia se debe a la limitada producción o a la limitada capacidad de los tres gasoductos que componen el Corredor Meridional de Gas y que transportan el gas azerbaiyano a Europa.

Queda por averiguar si Azerbaiyán podrá suministrar el gas prometido a tiempo. Hasta el momento ha tenido dificultades para satisfacer tanto la creciente demanda interna como los compromisos de exportación.

A finales de 2021 Azerbaiyán firmó un acuerdo de intercambio tripartito en virtud del cual Turkmenistán envía gas al noreste de Irán e Irán envía un volumen correspondiente desde el noroeste de Irán a Azerbaiyán.

Pero también eso pende de un hilo. Los esfuerzos por concluir acuerdos para traer gas de Turkmenistán a través del Caspio parecen haberse estancado. Es posible que ese intercambio continue, pero Bakú ha acordado comprar gas a Rusia para compensar un déficit previsto.

Lo que no cabe duda, sin embargo, es que las reservas actuales del yacimiento azerbaiyano de Shah Deniz no bastarán para cumplir los compromisos de Bakú con Bruselas de aquí a 2027. Tendrán que encontrar el gas que BP está buscando a la desesperada.

La esperanza europea está en el fondo de un pozo muy profundo

Uno de los pozos que está perforando BP en el Mar Caspio alcanzará una profundidad de 7.000 metros. La multinacional cree el gas se encuentra bajo el actual yacimiento de gas de Shah Deniz, que suministra la mayor parte de las exportaciones de gas de Azerbaiyán. Este pozo, cuya finalización está prevista para dentro de un año, debería confirmar que es posible extraer el gas del yacimiento profundo.

El segundo pozo de BP alcanzará una profundidad de 4.500 metros y tiene como objetivo un posible yacimiento situado bajo la principal bolsa de petróleo de Azerbaiyán: el de ACG (Azeri-Chirag-Guneshli). Esa perforación seguirá a un pozo existente hasta parte de su profundidad, por lo que se espera que esté terminado en sólo tres meses.

El primer pozo se perfora en virtud del acuerdo de producción vigente entre Bakú y el consorcio que explota el yacimiento, formado por BP, la petrolera pública azerbaiyana SOCAR, la petrolera nacional turca TPAO, la petrolera nacional iraní NICO y la rusa Lukoil.

Esto significa tres cosas. La primera es que el gas pertenece al consorcio, en el que participan los rusos. La segunda es que las perforaciones en aguas profundas son extremadamente caras. Cada pozo cuesta decenas de millones de dólares y ACG no sabe si podrá recuperar el dinero invertido en el pozo con los ingresos generados por la venta del gas del yacimiento. La terera es que, como la mayoría de los yacimientos petrolíferos, ACG también produce grandes cantidades de gas. Una parte se bombea al yacimiento para aumentar la producción de petróleo y el resto se envía a tierra por gasoducto.

Pero mientras el petróleo es propiedad del consorcio, el gas que hoy se suministra a tierra pertenece a SOCAR y se utiliza para satisfacer la demanda local de Azerbaiyán.

El nuevo pozo lo financia el consorcio, que aún no ha llegado a un acuerdo sobre la propiedad del gas y que no tiene ninguna garantía de recuperación del coste de la inversión. Esto indica que confía en localizar importantes reservas y, además, que supone que luego llegará a un acuerdo de propiedad que convenga tanto al gobierno de Bakú como a los socios comerciales de AGC.

Por lo tanto, todo depende de que el sondeo vaya bien y de que BP descubra un volumen de gas en cantidad suficiente como para poder exportarlo a la Unión Europea.

El tratado de reducción de armas nucleares ya se suspendió durante la pandemia

La retirada de Rusia del tratado Start III de reducción de armas nucleares ha desatado una catarata de comentarios de los más variados colores entre políticos, redactores y comentaristas.

La síntesis de esas declaraciones redundan en la petición de que Rusia debe respetar el tratado, incluido el acceso de los inspectores estadounidenses a los emplazamientos nucleares rusos.

Por lo tanto, es necesario un recordatorio previo: la URSS realizó su última prueba nuclear en 1990 y Rusia nunca ha probado armas nucleares. Firmó el tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT) en 1996 y lo ratificó en 2000. Estados Unidos lo ha firmado pero nunca lo ha ratificado, aunque hasta la fecha ha respetado la moratoria sobre pruebas nucleares.

En consecuencia, ese tipo de peticiones y buenas intenciones son unilaterales. Podían haberse dirigido también a Estados Unidos para que ratificara el tratado. En román paladino se llama “predicar con el ejemplo”.

Hay una segunda aclaración que hacer: Rusia no está autorizada a realizar inspecciones en territorio estadounidense en virtud del tratado.

Finalmente, una tercera: cuando recientemente un globo chino intentó realizar -por su cuenta- una inspección en las instalaciones de misiles estratégicos del Pentágono, fue derribado sin ningún tipo de contemplaciones.

Resulta tragicómico pretender -en plena guerra- inspeccionar las instaciones militares del adversario, mientras esconden las propias.

Los problemas no son de ahora. El 8 de agosto del año pasado Rusia anunció la suspensión de las inspecciones de sus instalaciones, acusando a Estados Unidos de intentar reanudar las verificaciones in situ sin contar con la aprobación de Rusia.

Estados Unidos insistió en que el brote de coronavirus, por el que se suspendieron las inspecciones durante más de un año de mutuo acuerdo, ya había finalizado y que, por tanto, tenía derecho a acudir a realizar una inspección. Moscú replicó que el brote seguía activo y que los inspectores rusos no podían viajar a Estados Unidos debido a las restricciones logísticas, bancarias y de visados que pesan sobre Rusia.

El tratado prevé que cada parte restrinja sus armas estratégicas ofensivas de modo que su suma no supere las 700 unidades para misiles balísticos intercontinentales (ICBM) desplegados, misiles balísticos submarinos (SSBM) y bombarderos pesados; 1.550 unidades de ojivas para ellos; 800 unidades para sistemas vectores desplegados y no desplegados de ICBM y SSBM, así como bombarderos pesados.

También prevé la notificación previa de los lanzamientos de misiles balísticos que entren en el ámbito de aplicación del tratado, pero eso también está en consonancia con los compromisos de las partes en virtud del Acuerdo de Notificación de Lanzamientos de ICBM y SSBM de 1988.

Tras el discurso de Putin, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso difundió una declaración sobre el tratado en la que se comprometía a “respetar, mientras dure el tratado, las restricciones cualitativas en materia de armas estratégicas ofensivas”.

La declaración del Ministerio esboza las condiciones bajo las cuales Moscú podría revisar su decisión sobre tratado. “Para que eso ocurra, Washington debe demostrar voluntad política, emprender esfuerzos de buena fe para la desescalada general y la creación de condiciones para restaurar el pleno funcionamiento del tratado y, por tanto, la garantía general de su viabilidad”. Mientras Washington no cumpla estos requisitos, cualquier movimiento de Moscú en dirección a Washington en el contexto del tratado queda “absolutamente excluido”.

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