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Los drones de cartón llegan a la Guerra de Ucrania

Era sabido que los drones suicidas pueden causar grandes estragos a un precio asequible, pero la inversión aún podía abaratarse más y ya ha llegado: son los aparatos de cartón, cuyo coste está a la altura de un mercadillo.

Ya han aparecido en la Guerra de Ucrania. El domingo el ejército de Kiev lanzó un ataque con drones contra la base aérea de Kursk, en Rusia, donde había numerosos aviones de combate. Las redes sociales hablan de incursiones de drones kamikazes fabricados con cartón.

Estos dispositivos, fabricados en Australia por la empresa Sypaq, fueron suministrados a Ucrania la primavera pasada y están empezando a utilizarse en el frente. El fuselaje del modelo Corvo PPDS está fabricado en cartón y espuma, y ​​tiene una autonomía de vuelo de 120 kilómetros, lo suficiente como para llegar a la ciudad de Kursk, situada a unos cien kilómetros de la frontera con Ucrania.

Los drones pueden transportar hasta 5 kilos de carga explosiva y, por lo tanto, habrían sido utilizados como dispositivos suicidas contra los cazas, los radares, los depósitos de combustible y otras infraestructuras rusas.

El Ministerio de Defensa ruso reconoció que sus fuerzas derribaron dos drones durante la noche en las regiones de Bryansk y Kursk. Las fuentes ucranianas, por su parte, aseguraron a los periodistas de Ukrayinska Pravda que lanzaron 16 drones, 13 de los cuales podrían haber alcanzado su objetivo.

Los daños reales no fueron especificados ni por el ejército ruso ni por el ucraniano.

“La característica principal de este dron es su versatilidad y naturaleza desechable, ya que está hecho casi en su totalidad de papel empapado en cera y bandas elásticas, lo que lo hace casi invisible para el radar”, dicen algunas redes sociales en Rusia, añadiendo que recientemente se han encontrado restos de estos aparatos en el frente.

Estos dispositivos de bajo coste pueden resultar rentables para dañar equipos mucho más caros, como radares o aviones en la pista. Sin embargo, las condiciones climáticas pueden perturbar su vuelo.

El ejército ucraniano agota sus últimas reservas en el frente de Rabotino

El ejército ucraniano ha lanzado sus últimas reservas en Rabotino. Han trasladado hasta allí hasta 80 vehículos blindados, Challengers, Strykers, Leopards, Bradleys y sistemas de guerra electrónica.

Han tratado de romper la línea de defensa rusa o, quizá mejor, queden satisfechos como en el “desembarco” de Crimea: poner la bandera y hacerse una foto cerca de los “dientes de dragón”. Al fin y al cabo, viven de la televisión. Necesitan más un efecto mediático que una victoria real.

El ejército ruso también se ha reforzado con marines y paracaidistas, al tiempo que ha incrementado la densidad de artillería aumentando el tamaño de la “zona gris”, que ahora se extiende hasta el centro de la pequeña aldea.

Esto ha permitido a los rusos recuperar sus posiciones en la parte sur del pueblo, donde han encontrado varias unidades de equipo ucraniano abandonadas.

Las pérdidas ucranianas superan los 30 vehículos en los últimos días, pero eso aún no se ha podido confirmar. Lo más probable es que el ejército ucraniano siga atacando entre Rabotino y Verbovoye hasta que agoten sus reservas.

El ejército de Kiev parece relajar su presión ofensiva, excepto en el sector sur de Orejov, donde lanza la mayor parte de sus reservas operativas a la desesperada y sin escatimar pérdidas.

Los ataques enfilan sobre dos ejes principales. Por un lado, hacia el sur de Rabotino, donde los ataques y contraataques se suceden sin interrupción y con una rara violencia.

Rabotino es una localidad agrícola de sólo tres kilómetros cuadrados y con menos de 500 habitantes antes el inicio de la guerra. Pero está situada en una carretera que conduce al sur hacia Tokmak (20 kilómetros) y Melitopol (70 kilómetros).

Por otro lado, los ataques se encaminan hacia el flanco oriental, hacia el pueblo de Verbovoye para ampliar el saliente y dispersar allí a las tropas rusas.

Es un poblado completamente destruido y sembrado de decenas de cadáveres y blindados de la OTAN, tras sucesivos ataques que han costado la vida a miles de soldados, por no hablar de los heridos.

Está siendo una matanza, otra más.

Brics: los que entran y los que quedan fuera

Seis países han sido aceptados en el club de los Brics, que hasta ahora parecía cerrado. Entre ellos hay dos del continente africano, Egipto y Etiopía, junto con Argentina, Irán, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

Sorprendentemente la candidatura argelina ha sido rechazada debido a la oposición de la India.

Los Brics han logrado encontrar puntos comunes en torno a los criterios de entrada y a los candidatos a aceptar, ya que la elección debía hacerse por unanimidad.

La decisión es histórica y, ciertamente, transformará la dinámica dentro del grupo, con la incorporación de países muy variados en términos de economías y afinidades políticas.

Quizá demasiado variados. Los Brics corren el mismo riesgo que el Movimiento de lo No Alineados, que fracasó porque en su seno había un poco de todo.

La cuestión es analizar los motivos por los que ingresan unos y otros no. Algunos son obvios, como el caso de Irán. Otros son propagandísticos, como el de Argentina. También parece evidente que es China quien ha introducido a Egipto y Etiopía, dos países endeudados hasta las cejas, por razones estratégicas: el control del Canal de Suez, el Mar Rojo, el cuerno de África y, en definitiva, el Océano Índico.

Argelia y el Mediterráneo occidental quedan fuera del foco de atención de los Brics.

Por lo demás, el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, ha explicado con sencillez la participación de su país en los Brics: la colaboración con ciertos países (China, Rusia) no nos impide mantener buenas relaciones con otros (Estados Unidos).

Los Brics no forman un bloque y mucho menos opuesto a las potencias occidentales. Aunque tenga su propio banco, tampoco es un organismo económico. Es una válvula de escape frente a la presión asfixiante del orden internacional creado en 1945 bajo la batuta de Estados Unidos.

Estados Unidos sabotéo tres negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania

En las primeras semanas posteriores al inicio de la guerra el 24 de febrero del año pasado, Rusia y Ucrania emprendieron tres intentos separados y significativos de negociar una solución pacífica.

Estas negociaciones tuvieron varias cosas importantes en común. Las tres podrían haber puesto fin a la guerra antes de la devastación de la infraestructura ucraniana, la pérdida masiva de vidas ucranianas y el mayor riesgo de una escalada incontrolada.

Las tres incluían una oferta de Ucrania de no unirse a la OTAN y las tres fueron arrestados por Estados Unidos.

El 25 de febrero, el día después de que comenzara la guerra, Zelensky ya había dado señales de que estaba dispuesto a abandonar los esfuerzos de Ucrania por convertirse en miembro de la OTAN. Zelensky anunció que no tenía miedo de negociar neutralidad y garantías de seguridad con Moscú. Esta concesión fue la primera señal de que se podían alcanzar los objetivos de Ucrania y Rusia y de que la guerra podría terminar con un acuerdo diplomático.

La concesión de Zelensky probablemente tuvo muchas motivaciones. El primero fue la fuerza de la propia invasión. El segundo fue su aceptación de que era poco probable que la OTAN aceptara la solicitud de incorporación de Ucrania. El 26 de febrero, segundo día de la guerra, Zelensky respondió a la invasión declarando: “No tenemos miedo de hablar con Rusia. No tenemos miedo de decirlo todo sobre las garantías de seguridad de nuestro estatuto de neutralidad. Ahora no estamos en la OTAN… Necesitamos hablar sobre poner fin a esta invasión. Necesitamos hablar de un alto el fuego”.

El asesor presidencial ucraniano Myjailo Podolyak también afirmó que “Ucrania quiere la paz y está dispuesta a negociar con Rusia, incluso sobre el estatus de neutralidad frente a la OTAN”. Dijo a Reuters el 25 de febrero que “si las conversaciones son posibles, deberían llevarse a cabo. Si en Moscú dicen que quieren mantener conversaciones, incluso sobre el estatuto de neutralidad, no nos asustaremos. También podemos hablar de eso”, dijo.

Pero Zelensky también estaba frustrado con la OTAN: “Les pregunté: ¿están con nosotros?” Zelensky dijo el 25 de febrero: “Respondieron que estaban con nosotros, pero no querían incorporarnos a la alianza. Pregunté directamente a 27 dirigentes europeos si Ucrania sería parte de la OTAN. Todos estaban asustados y no respondieron.

La primera ronda de negociaciones: Bielorrusia

El 27 de febrero, apenas tres días después del inicio de la guerra, Rusia y Ucrania anunciaron que mantendrían conversaciones en Bielorrusia. La delegación ucraniana se presentó con la voluntad de negociar la neutralidad. Zelensky dijo: “Acordamos que la delegación ucraniana se reunirá con la delegación rusa sin condiciones previas”. Después de la primera ronda de conversaciones, las dos delegaciones regresaron a sus países para realizar consultas, tras identificar los temas prioritarios. Es alentador que se haya llegado a un acuerdo para una segunda ronda de conversaciones. Estas conversaciones tuvieron lugar en Bielorrusia, en la frontera entre Bielorrusia y Ucrania, el 3 de marzo.

Sin embargo, mientras Ucrania estaba dispuesta a discutir la neutralidad y “el fin de esta invasión”, Estados Unidos no. El 25 de febrero, el mismo día en que Zelensky dijo que “no tenía miedo de hablar con Rusia” y que “no tenía miedo de hablar sobre el estatus de neutralidad”, al portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, le preguntaron en una conferencia de prensa: “¿Qué piensa Estados Unidos de la efectividad de tales conversaciones? El periodista hizo preguntas específicas sobre las conversaciones con Bielorrusia, refiriéndose a ellas como “conversaciones entre Rusia y Ucrania que tienen lugar en Minsk”, la capital de Bielorrusia. Price respondió: “Ahora vemos a Moscú sugiriendo que la diplomacia se lleva a cabo con el cañón de un arma o cuando los cohetes, morteros y artillería de Moscú apuntan al pueblo ucraniano. Esto no es verdadera diplomacia. Éstas no son las condiciones para una verdadera diplomacia. Estados Unidos ha dicho no a las conversaciones en Bielorrusia”.

El 17 de diciembre de 2021, apenas dos meses antes de la invasión de Ucrania, Rusia presentó propuestas sobre garantías de seguridad a Estados Unidos y la OTAN. Las demandas clave incluyeron que no se expandiera la OTAN en Ucrania ni que se desplegaran armas o tropas en Ucrania. El 26 de enero, Estados Unidos y la OTAN rechazaron la petición esencial de Rusia de una garantía por escrito de que Ucrania no se uniría a la OTAN. Derek Chollet, asesor del secretario de Estado Antony Blinken, reveló que Estados Unidos dijo a Moscú que negociar la ampliación de la OTAN a Ucrania ni siquiera había estado sobre la mesa. Putin simplemente comentó “que se han ignorado las preocupaciones fundamentales de Rusia”.

La respuesta oficial de Rusia llegó el 17 de febrero de 2022. Dijo que Estados Unidos y la OTAN no habían ofrecido “ninguna respuesta constructiva” a las demandas clave de Rusia. Luego añadió que si Estados Unidos y la OTAN continuaran negándose a proporcionar a Rusia “garantías jurídicamente vinculantes” en relación con sus preocupaciones de seguridad, Rusia respondería con “medios técnico-militares”.

La invasión, una semana después, fue la respuesta técnico-militar prometida por Rusia a la negativa de Estados Unidos de ofrecer una garantía de que Ucrania no se uniría a la OTAN. Si la invasión pretendía ser un ataque rápido con el objetivo de obtener de Kiev la promesa de no unirse a la OTAN que Rusia no pudo obtener de Washington, entonces esta intención podría haberse cumplido en Bielorrusia durante la primera semana de la guerra. Pero Estados Unidos lo detuvo.

La segunda ronda de negociaciones: Bennet

La segunda ronda de negociaciones reveló una tendencia. Había, una vez más, una posibilidad de poner fin a la guerra y una oferta ucraniana de neutralidad. El bloqueo de Estados Unidos no fue un hecho aislado que surgió de las circunstancias de la primera ronda de negociaciones en Bielorrusia, sino más bien una política.

El 6 de marzo, pocos días después de la conclusión de las segundas negociaciones en Bielorrusia, los medios israelíes informaron que el ex primer ministro Naftali Bennett realizó una visita sorpresa a Moscú para reunirse con Putin en un intento de mediar. Después de reunirse con Putin, Bennet habló dos veces con Zelensky. También habló con el presidente francés, Emmanuel Macron, y voló a Alemania para hablar con el canciller alemán, Olaf Scholz.

Los detalles de las reuniones eran escasos en ese momento. Pero en una entrevista del 2 de febrero de 2023, Bennet reveló detalles sobre lo que se había acordado, hasta dónde llegaron las conversaciones y qué pasó. Según Bennett, “Zelensky inició la solicitud de contacto con Putin”. Bennett dijo que “Zelensky me llamó y me pidió que me pusiera en contacto con Putin”. Bennett dijo más tarde a Estados Unidos que “tiene la confianza de ambas partes” y que “tengo el oído de Putin. Puedo ser un oleoducto”.

Estas conversaciones provocaron una serie de llamadas telefónicas entre Bennett y Putin y Bennett y Zelensky. Bennett luego voló a Moscú para reunirse con Putin y luego a Alemania para reunirse con Scholz. Siguió con un “maratón de negociaciones”. Todo lo que hice, dice Bennett, “fue totalmente coordinado con Biden, Macron, Johnson, Scholz y, obviamente, Zelensky”.

Según Bennet, aunque Estados Unidos le dijo que “no había ninguna posibilidad de éxito”, Putin le dijo que “podemos lograr un alto el fuego”. Para lograr este alto el fuego, Bennet dice que Putin hizo “enormes concesiones”. Cuando Bennett preguntó a Putin si iba a matar a Zelensky, Putin respondió: “No mataré a Zelensky”. Putin también “renunció” al “desarme de Ucrania” exigido por Rusia.

Zelensky también hizo una “gran concesión”. Según Bennet, Putin se quejó de la promesa incumplida de Occidente sobre la expansión de la OTAN y le dijo a Bennet que le pasara el mensaje a Zelensky: “Dime que no te unirás a la OTAN, no invadiré. Bennett dice que “Zelensky ha renunciado a unirse a la OTAN”. Después de haber prometido no unirse a la OTAN, Zelensky quería garantías de seguridad.

Para Putin, los acuerdos de seguridad con las principales potencias equivalían a ser miembro de la OTAN. Bennett sugirió abandonar las salvaguardias al estilo de la OTAN en favor de que Ucrania adopte el “modelo israelí” y cree un ejército fuerte e independiente capaz de defenderse. Esta solución fue aceptada tanto por Putin como por Zelensky.

Habiendo obtenido esas promesas, Bennett voló a Alemania e informó a Scholz, los estadounidenses, Macron y Johnson. “Boris Johnson ha adoptado una línea agresiva. Macron y Scholz fueron más pragmáticos. Biden era ambas cosas”. Bennett dijo que “había muchas posibilidades de alcanzar un alto el fuego”. Pero el patrón de obstrucción estadounidense que se manifestó por primera vez en Bielorrusia ha continuado. Bennett dice que Occidente ha tomado la decisión de “seguir atacando a Putin”.

“¿Entonces lo bloquearon?”, preguntó su interlocutor. “Lo bloquearon”, respondió Bennett. Su relato de lo que se dijo en conversaciones privadas contradice los relatos de un alto funcionario ucraniano que se quejó de que “Bennett propuso que nos rindiéramos”, sugiriendo que la declaración ucraniana era más para consumo público. Fuentes “familiarizadas con los detalles de la reunión” dijeron entonces que Zelensky encontró la propuesta “difícil” pero no “imposible” y que “las diferencias entre las partes no son grandes”.

El periodista Barak Ravid informó en “Axios” que las concesiones rusas incluían que la desmilitarización podría limitarse al Donbas, no habría cambio de régimen en Kiev y Ucrania podría conservar la soberanía. Zelensky dijo que se había “calmado” acerca de unirse a la OTAN y encontró que la propuesta de Putin “no es tan extrema como esperaban”.

Al igual que en Bielorrusia, Estados Unidos “bloqueó” la posibilidad de hacer una concesión para no unirse a la OTAN y lograr la paz.

La tercera ronda de conversaciones: Estambul

Luego, en marzo y principios de abril de 2022, los esfuerzos de negociación se trasladaron a Estambul. Turquía era un candidato prometedor para la mediación. Turquía tiene una relación con Rusia y se negó a romper esa relación una vez que comenzó la guerra. Turquía también tiene relaciones con Ucrania, y los drones con los que estaban armadas las fuerzas ucranianas mientras se concentraban en la frontera oriental con el Donbas antes de la guerra fueron proporcionados por Turquía.

Las conversaciones turcas fueron las más exitosas de todas y de hecho resultaron en un acuerdo “provisionalmente acordado”.

El 20 de marzo Zelensky aparentemente aceptó que la puerta abierta de la OTAN a Ucrania era un juego de manos. Dijo que pidió personalmente a los dirigentes de los países miembros de la OTAN “que digan directamente que los aceptaremos en la OTAN en un año, dos o cinco, que lo digan directa y claramente, o simplemente digan que no”. La respuesta fue muy clara: “no vas a ser miembro de la OTAN, pero públicamente las puertas seguirán abiertas”.

Durante las conversaciones de Estambul a finales de marzo, Zelensky actuó basándose en este principio y prometió no unirse a la OTAN. El 29 de marzo los negociadores ucranianos dijeron que estaban dispuestos a aceptar la neutralidad si, en virtud de un acuerdo internacional, los estados occidentales como Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña ofrecían garantías de seguridad vinculantes.

En abril de 2022 los negociadores rusos y ucranianos parecían haber acordado provisionalmente las líneas generales de un acuerdo provisional negociado: Rusia daría marcha atrás en su posición del 23 de febrero, cuando controlaba parte del Donbas y toda Crimea. A cambio Ucrania prometería no aspirar a ser miembro de la OTAN y recibiría garantías de seguridad de varios países.

Putin reveló recientemente más detalles sobre el acuerdo. El 13 de junio de 2023 respondiendo a preguntas de los corresponsales de guerra del Kremlin, confirmó que “alcanzamos un acuerdo en Estambul”. Luego reveló el detalle no anunciado previamente de que el acuerdo no era meramente verbal. Llegó incluso a presentar un documento firmado: “No recuerdo su nombre y puede que me equivoque, pero creo que el señor Arajamia encabezaba el equipo negociador de Ucrania en Estambul. Incluso rubricó este documento. Rusia también firmó el documento: “Durante las conversaciones de Estambul, rubricamos este documento. Discutimos durante mucho tiempo, chocamos, etc., pero el documento era muy grueso y estaba rubricado por Medinsky, de nuestra parte, y por el dirigente de su equipo negociador.

Dos días después, el 17 de junio, Putin fue aún más lejos. En una reunión con una delegación de líderes de países africanos que una vez más intentaban negociar conversaciones de paz, presentó el proyecto de acuerdo rubricado. Sosteniendo el documento dijo:

“Me gustaría llamar su atención sobre el hecho de que, con la ayuda del presidente Erdogan, como saben, se han celebrado en Turquía una serie de conversaciones entre Rusia y Ucrania para resolver tanto la confianza como medidas de construcción que usted mencionó y redactar el texto del acuerdo. No discutimos con la parte ucraniana que este tratado sería clasificado, pero nunca lo presentamos ni comentamos al respecto. Este proyecto de acuerdo fue rubricado por el jefe del equipo negociador de Kiev. Puso su firma en él. Está aquí”.

El acuerdo, que se tituló “Tratado sobre Neutralidad Permanente y Garantías de Seguridad para Ucrania”, estipulaba que Ucrania haría de la “neutralidad permanente” una característica de su constitución. Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña, China y Francia figuraban como garantes, lo que, si es correcto, parece suavizar la respuesta de Putin a Bennet de que para él, los acuerdos de seguridad entre las principales potencias equivalían a unirse a la OTAN.

Al igual que con las negociaciones de Bennett, Rusia supuestamente se alejó de la demanda de una desmilitarización total de Ucrania, aunque todavía hay una brecha entre las propuestas de Rusia y Ucrania sobre los límites al tamaño de las fuerzas de los ejércitos ucranianos y el número de tanques, aviones y lanzadores de cohetes.

Pero entonces volvió el sabotaje estadounidense. “Lo hicimos”, dijo Putin a los corresponsales de guerra del Kremlin, “pero luego lo rechazaron y eso fue todo”. Dirigiéndose a la delegación africana, Putin dijo: “Después de que retiramos nuestras tropas de Kiev –como prometimos– las autoridades de Kiev… arrojaron [sus compromisos] al basurero de la historia. Lo dejaron todo”.

Putin implícitamente culpó a Estados Unidos, diciendo que cuando los intereses de Ucrania “no están alineados” con los intereses estadounidenses, “en última instancia son los intereses de Estados Unidos. Sabemos que [Estados Unidos] tiene la clave para resolver los problemas”.

El relato de Putin sobre el acuerdo provisional y la promesa de Ucrania de no unirse a la OTAN, así como su afirmación de que Estados Unidos boicoteó el acuerdo, está comprobado. El ministro de Asuntos Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, afirmó que gracias a las conversaciones “Turquía no cree que la guerra ruso-ucraniana vaya a durar mucho más”. Pero añadió: “Hay países dentro de la OTAN que quieren que la guerra continúe”. Después de la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN, explicó, “quedó la impresión de que… hay quienes dentro de los estados miembros de la OTAN quieren que la guerra continúe y que Rusia se debilite”.

La historia de Cavusoglu no es aislada. Numan Kurtulmus, vicepresidente del partido gobernante de Erdogan, aludió a la misma obstrucción. “Sabemos que nuestro presidente está hablando con los dirigentes de ambos países. En algunos temas se ha avanzado hasta llegar al punto final, y de repente vemos que la guerra se acelera… Alguien está tratando de no poner fin a la guerra. Estados Unidos ve su interés en prolongar la guerra… Hay quienes quieren que esta guerra continúe… Putin y Zelensky iban a firmar, pero alguien no quiso”.

A Estados Unidos se unió Reino Unido como “Estados miembros de la OTAN que quieren que la guerra continúe”. El 9 de abril, el entonces primer ministro británico, Boris Johnson, se apresuró a viajar a Kiev para someter a Zelensky, insistiendo en que Putin “debía ser presionado, no negociado con él” y que, incluso si Ucrania estuviera dispuesta a firmar acuerdos con Rusia, Occidente no quería.

¿Por qué Estados Unidos y Reino Unido no querían que Zelensky firmara?

Cuando se le preguntó al portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, si Zelensky estaba “abierto a una solución diplomática” durante una conferencia de prensa el 21 de marzo de 2022, rechazó un fin negociado de la guerra, incluso si el acuerdo negociado cumplía con los objetivos de Ucrania. “Es una guerra”, respondió Price, “que en muchos sentidos es más grande que Rusia, es más grande que Ucrania. Estados Unidos impidió que Ucrania negociara un acuerdo con Rusia que cumpliera los objetivos de Kiev, en cambio presionó a Ucrania para que siguiera luchando en pro de objetivos más amplios de Estados Unidos”.

Tres veces durante las primeras semanas de la guerra, las negociaciones produjeron la posibilidad real de paz. El tercero incluso dio lugar a un acuerdo de principio que, según Putin, fue firmado. Ambas partes hicieron “enormes concesiones”, incluida Ucrania prometiendo cada vez no unirse a la OTAN. Pero cada vez, Estados Unidos rompió la promesa de una solución diplomática y de paz, permitiendo que la guerra continuara y se intensificara, aparentemente en pos de los intereses estadounidenses, no los ucranianos.

La encrucijada rusa

En Rusia es muy conocida esta frase atribuida a Pushkin: Si quieres escuchar tonterías, deja que un europeo hable sobre Rusia. Y es cierto, sobre todo en el caso de las élites políticas occidentales. Probablemente por eso han perdido una tras otra las guerras contra ella, a pesar de los gigantescos aparatos bélicos desplegados.

Para las organizaciones políticas revolucionarias -sobre todo para aquellas que han comprendido la esencia imperialista de la guerra de la OTAN contra Rusia que usa como ariete el fascismo ucraniano– es vital intentar analizar la complejidad y las contradicciones de la Rusia actual, por muchas razones que no voy a enumerar, pero sobre todo, porque está actuando en primera línea.

Sin atribuirme la capacidad de comprender en profundidad los procesos en juego en ese enorme país, si creo que es posible trazar algunas líneas de estudio tomando como referencia a analistas y escritores que además de dedicarse con clarividencia a desentrañar la realidad de su país, consideran, como la mayoría de la población rusa y bielorrusa, que el hundimiento de la URSS fue una inmensa catástrofe. Sin duda, el más lúcido de los que he podido consultar es Serguei Kurginyan, dirigente del movimiento político “Esencia del Tiempo” (1), y a sus análisis me remito en muchas de las consideraciones que aquí transmito.

Treinta años después del hundimiento de la URSS, la guerra en Ucrania, y sobre todo las posibilidades de que se transforme en un conflicto de larga duración, están obligando a la sociedad rusa a despertar de un prolongado letargo basado en las falsas ilusiones de “entrar en occidente” o al menos, de mantener relaciones amistosas con él. Por otra parte, la rebelión militar dirigida por el líder del grupo Wagner, Yevgeni Prigozhin, el pasado mes de junio, ha puesto de manifiesto debilidades y contradicciones profundas presentes en la propia estructura del Estado que, de no resolverse positivamente, podrían poner en cuestión la victoria de Rusia en una guerra larga, más allá de Ucrania, que, con toda la razón, se considera como existencial.

Sin entrar a valorar en este artículo las causas internas y externas del colapso de la URSS, quiero destacar algunos hechos que contribuyen a explicar la situación actual: la destrucción de la estructura social se realizó en un tiempo récord, se demolieron los aparatos del estado soviéticos para sustituirlos por otros proclives a occidente, se cerraron miles de empresas y se privatizó buena parte de ellas. Las consecuencias fueron brutales para la población. Según el CIDOB: “En 1995 el índice de mortalidad creció un 70% por comparación con el año 1989, llegando a la cifra de sobremortalidad de 2,2 millones de personas al año” (2). Los suicidios, los asesinatos, las drogas, las mafias, el alcoholismo, el abandono de niños, la morbilidad por enfermedades prácticamente erradicadas, etc, reflejan el desplome total de una sociedad.

Stuckler, D., King, L. P. y Basu, S. (2008). International Monetary Fund Programs and Tuberculosis Outcomes in Post-Communist Countries. PLos Medicine 5 (7): e143. DOI: 10.1371/journal.pmed.0050143Estos hechos no sucedieron en toda la URSS. En Bielorrusa, Lukashenko, viendo el desastre, no sólo no privatizó empresas y servicios, sino que revirtió las pocas privatizaciones realizadas. La gráfica que sigue, que relaciona la mortalidad por tuberculosis entre países de las ex URSS que siguieron las políticas del FMI (todos excepto Bielorrusia) y los que no las siguieron es suficientemente explícita.

Un técnico estadounidense destinado a Rusia en la época se expresaba así: “Me di cuenta rápidamente de que el plan de privatizaciones de la industria rusa se iba a llevar a cabo de la noche a la mañana, con costes muy altos para centenares de miles de personas […] Se iban a fulminar decenas de miles de empleos. Pero además las fábricas que iban a cerrar proveían a la población de escuelas, hospitales, atención sanitaria y pensiones de la cuna a la tumba. Informé de todo esto en Washington y les dije que allí no iba a quedar red alguna de seguridad social. Comprendí claramente que se trataba precisamente de eso; querían eliminar todos los restos posibles del estado para que no volviera el Partido Comunista” (3).

La desaparición de la URSS fue una hecatombe social. No sólo se destruyeron en un tiempo récord las estructuras del estado soviético –como si los dirigentes imperialistas hubieran leído “El estado y la revolución”- se demolió modo de vida y se intentó aniquilar la identidad de su pueblo.

La vivencia de todo este desastre, el imperialismo lo llamó “terapia de choque”, ocasionó en la población un trauma severo en todos los órdenes que no se ha rehabilitado. Kurginyan, que viene analizando este proceso en profundidad, lo llama “heridas en la conciencia”, y valora que “la conciencia deformada pierde su adecuación y no puede comprender normalmente lo que ocurre en el tiempo y en el espacio” (4).

Sobre esa profunda herida social se erigió la Rusia postsoviética. Se construyó una sociedad amnésica y anestesiada, con un profundo vacío ideológico, que en parte ocupó la iglesia ortodoxa (5), sobre la ausencia de todo proyecto colectivo en una sociedad en la que lo comunitario –más allá de la superestructura política- estaba profundamente inscrito en la conciencia popular. A ello se sumaron las insultantes desigualdades sociales producto del robo impune de empresas socializadas y la degradación científica, cultural y educativa.

La destrucción, autodestrucción, de las fuerzas productivas rusas de alta tecnología es uno de los factores determinantes de la profunda regresión sufrida por la Rusia postsoviética. Como señala Kurginyan, ningún otro país, en ningún proceso político, ha hecho algo parecido. Quizás ahora, habría que incorporar a la UE a esas excepciones históricas de autoaniquilación productiva, exactamente bajo el mismo hegemón.

En definitiva, los aparatos del Estado de esa Rusia mutilada y desestructurada, estaban, y lo están en buena mediada, controlados por élites políticas y económicas, preparadas y dirigidas desde mucho tiempo antes por estructuras como el Club de Roma, o la soviética “Firma” (6). Estas élites fueron las que dirigieron la demolición de la URSS y las que, además de apropiarse de gran parte de los recursos del país, actuaron como valedores de las políticas del imperialismo para Rusia. Este nuevo poder, gestado desde el interior de las estructuras del Estado ruso modificó totalmente su naturaleza; el Ejército, el más sovietizado, constituye una excepción relativa. Esta oligarquía, política y económica, y el correspondiente engranaje del Estado, ha estado trabajando durante treinta años para el objetivo que se presentó como un sueño dorado: “entrar en occidente”.

Los cambios paulatinos en la política exterior de Rusia

Desde la desaparición de la URSS, EEUU – secundado de forma contradictoria por la UE hasta su subordinación absoluta actual a la OTAN y apoyado de forma cada vez menos encubierta por el Estado sionista – fue arrasando uno tras otro países cuyos gobiernos no se sometían a sus designios: Iraq (1991, 2003), Yugoslavia (1999), Afganistán (2001), Libia (2011).

Hasta el caso de Libia, en todo este sangriento proceso, la representación rusa en el Consejo de Seguridad de la ONU votó a favor de todas las resoluciones que amparaban las criminales agresiones militares del imperialismo, incluida la Resolución 1244 de 1999 que daba vía libre a los bombardeos de la OTAN sobre la nación hermana de Yugoslavia.

La destrucción completa a manos de la OTAN de Libia en 2011, el país más desarrollado de África y que sustentaba importantes proyectos de soberanía para el continente, también fue avalada por el CS de la ONU, pero esta vez China y Rusia se abstuvieron.

Este momento marca un punto de inflexión en la política exterior Rusa que alineada con China, ha vetado a partir de entonces todos los proyectos de resolución presentados por el imperialismo euro-estadounidense para avalar su intervención militar en Siria. Además, como es bien sabido, Rusia aceptó la solicitud de ayuda militar del gobierno sirio que ha contribuido decisivamente a modificar una correlación de fuerzas en la zona, que ya venía gestándose. A este respecto hay que destacar acontecimientos tan importantes en la región como la derrota de Israel en 2006 por una coalición libanesa liderada por Hezbolah y que marca el comienzo del desarrollo del Eje de la Resistencia antimperialista y antisionista (7).

Los intentos de los dirigentes rusos de mantener buenas relaciones con occidente, incluidas sus sorprendentes propuestas de entrada en la OTAN, fueron chocando progresivamente desde 1999, fecha en la que Polonia, Hungría y la República Checa se integran en la Alianza, con la evidencia de que el imperialismo anglosajón no perseguía otra cosa que la desintegración de Rusia previa a su dominación. Doce países de la zona de influencia de la URSS se incorporaron a la Alianza, desde que en 1991 se aprobara un documento (8) suscrito por los ministros de AA.EE. de Reino Unido, EE.UU., Francia y Alemania en el que se le garantizaba a Rusia que la OTAN no se ampliaría hacia el Este.

No se trató sólo de la incorporación de nuevos países. Las sucesivas maniobras militares del OTAN fueron ratificando materialmente lo que los documentos de Seguridad Nacional de EEUU afirmaban con toda claridad: Rusia, seguida inmediatamente por China, era el enemigo principal (9).

Se fue configurando así un cambio progresivo pero radical en la política de alianzas políticas, económicas, militares, culturales, deportivas, etc, que sitúa a Rusia, junto a China, como columnas vertebrales de un frente multipolar, que no hace más que ampliarse sobre la base del respeto a la soberanía y la independencia de los países, frente a un imperialismo que sólo ofrece la política de las cañoneras. Insisto, no obstante, en que todo este proceso se lleva a cabo con grandes contradicciones en el interior de unas estructuras estatales y gubernamentales rusas construidas para objetivos políticos totalmente diferentes.

El golpe fascista de febrero 2014 en Ucrania, diseñado, financiado y organizado por EEUU. y la UE, incluyendo todo tipo de atrocidades como la masacre de la Casa de los Sindicatos de Odesa, la persecución y tortura de la población de cultura rusa o los bombardeos cotidianos de la población civil del Donbas, estaba claramente dirigido contra Rusia. Era una amenaza inminente de guerra, que incluía el ingreso de Ucrania en la OTAN. Aún así, un año después, en 2015, Rusia junto a Francia, Alemania y Ucrania firmó el Acuerdo de Minsk que planteaba una solución negociada al conflicto del Donbas. Ángela Merkel declaró en diciembre de 2022 que no había ninguna intención de cumplir sus condiciones y que tal Acuerdo se firmó para que Ucrania ganara tiempo para armarse (10).

La firma del Acuerdo de Minsk no se produjo porque Rusia fuera engañada, como se suele decir. Fue el último acto de un Estado, construido a la medida de los intereses de occidente, que se resistía a enfrentar la evidencia: el imperialismo anglo-sajón iba a declarar la guerra a Rusia.

La Operación Militar Especial, un camino sin retorno

La decisión del gobierno ruso de intervenir militarmente en Ucrania supone un paso decisivo para en futuro de Rusia. Le conecta directamente con un sentimiento popular que, a pesar de todo, conserva marcado a fuego en su cerebro el recuerdo de los 27 millones de muertos que le costó a la URSS derrotar al fascismo, y que forma parte indeleble de la identidad nacional rusa. Ese sentimiento popular que incluye la reivindicación de la Unión Soviética sin que se haya concretado aún como objetivo político, y que va creciendo cada vez más como muestran hasta las encuestas occidentales, ha sufrido y sufre como propias las masacres de los nazis ucranianos en el Donbas y clamaba por el apoyo militar a sus milicias populares. Implica también el odio creciente a los oligarcas, los denostados “nuevos ricos”, y con él al individualismo consumista identificado con occidente.

El imperialismo juega con los oligarcas como quinta columna. Ellos, que deben a occidente sus fabulosas fortunas y que tan jugosos negocios estaban haciendo con sus bancos y multinacionales, son también los valedores de sus políticas. Por si acaso flaqueaban a la hora de ejercer sus influencias en el Estado, contra ellos se han dirigido buena parte de las sanciones. Sintiendo sus presiones y comprobando las importantes pérdidas sufridas por sus empresas, los mayores magnates como Mordashov (siderúrgica Everstal, minería de oro NordGold, banco Rossiya), Tinkov (banco digital Tinkoff), Mixail Fridman (supermercados DIA y AlfaBank) y algunos otros, han clamado contra la guerra, lamentándose amargamente por la muerte de inocentes, pronunciándose contra el gasto militar, etc.

Putin les fulminó inmediatamente, sólo con palabras, tratándolos de títeres de occidente y amenazando con que “el pueblo ruso sabría limpiar adecuadamente a los traidores, escupiéndoles como mosquitos que se meten accidentalmente en la boca”. El tratamiento pareció surtir efecto y las pocas algaradas que se convocaron “contra la guerra” quedaron en agua de borrajas.

A pesar de ello, los conflictos de fondo siguen desarrollándose, entre el reto histórico que supone la necesidad de responder a una confrontación militar a gran escala y durante largo tiempo con un enemigo muy poderoso, con unos aparatos del Estado diseñados para otros objetivos y una estructura social que, hasta ahora, no parece ser consciente de que muchas cosas deben cambiar para ser capaz de hacerle frente.

A pesar de que la supuesta contraofensiva ucraniana resulto un fiasco, no por ello dejará el imperialismo de inundar al gobierno de Kiev con todo tipo de armas “hasta el último ucraniano”. “Lo único que Occidente no quiere hacer y no hará, por ahora, es poner a su propio pueblo bajo las balas. Unos cinco millones de hombres ucranianos, que ya han sido vendidos a Occidente por cerca de un billón de dólares, están destinados a este fin. La élite ucraniana está muy satisfecha con este sangriento intercambio”, señala Kurginyan.

Además, recuerda que las palabras que señalaron desde el principio los objetivos de la intervención militar “la desnazificación y la desmilitarización de Ucrania”, no son un mantra vacío de sentido, sino que por el contrario muestran el núcleo de la cuestión (11). El fascismo que se ha desarrollado en Ucrania, seguido por alrededor de un millón de personas, alimentado por el imperialismo y al que ha entregado todos los recursos del estado, es especialmente bestial y considera a los rusos como su enemigo principal. Sería un gran error subestimar esa fuerza, señala el dirigente de “Esencia del Tiempo”.

Lo que la rebelión militar de Prigozhin ha puesto de manifiesto

Los delirantes análisis de los “expertos” occidentales sobre los Wagner, que pasaron de ser para ellos de paladines de la libertad a sucios mercenarios, ponen de manifiesto que no tenían la menor idea de que la rebelión se iba a producir y que no entienden lo que sucede en Rusia. Todo ello, dice Kurginyan, no exime al pueblo ruso de valorar en profundidad lo ocurrido y, sobre todo, de extraer las consecuencias.

Para crear los Wagner el Estado invirtió ingentes cantidades de dinero, armamento y se les otorgaron grandes poderes, como por ejemplo, el reclutamiento. Se creó, señala Kurginyan, un sistema paralelo al del Ministerio de Defensa. Y, ese sistema, se creó por mandato del Presidente del Gobierno y le obedecía a él directamente. ¿A qué responde su creación? ¿Cuándo un líder, se pregunta Kurginyan, crea un sistema paralelo?. Y se responde: “En primer lugar cuando sospecha que el sistema no le es del todo leal, y en segundo lugar, cuando sospecha que no cumple con las tareas que tiene asignadas”.

La rebelión de Prigozhin ha puesto de manifiesto las graves contradicciones existentes. Su fracaso, creyó que parte sustancial del ejército iba a seguirlo, si bien ha permitido al sistema, léase el Ministerio de Defensa, confrontar directamente con el sistema paralelo creado por Putin y eliminar, por el momento, la posibilidad de alternativas, no le ha destruido.

El juego interno de fuerzas se puso en evidencia. La rebelión de los Wagner, que se encaminó a Moscú prácticamente sin oposición interna, terminó con un indulto y con Prigozhin participando en la Cumbre África – Rusia, en San Petersburgo. Además, nuevas tareas de Estado han llegado para los Wagner: Bielorrusia, tras la inteligente y oportuna mediación de Lukashenko, y la intervención en África a petición de los nuevos movimientos anticoloniales de diferentes países del Sahel.

Los grandes problemas siguen sin resolver y son en el sentido estricto de la palabra, estructurales. Una parte del Estado ruso, es decir, la representación de los oligarcas en los poderes del Estado, estaría abogando por una paz negociada con Ucrania, casi a cualquier precio, y volver a las buenas relaciones y negocios anteriores, y otra es consciente del carácter irreversible de la ruptura con occidente y de la envergadura de la confrontación que deberá asumir el pueblo ruso. “El sistema existente fue construido para ser parte de la civilización occidental y, por lo tanto, no puede estar en guerra con esta civilización, insiste Kurginyan. No puede garantizar estratégicamente que Rusia se enfrente a Occidente, que es 10 veces más poderoso que Rusia, durante mucho tiempo. Si un sistema creado para los viejos propósitos no logra hacer frente a la nueva situación, acumulará disfunción. No se trata de individuos como Shoigu, Gerasimov, Surovikin, etc., sino de la arquitectura del sistema, construida para otras tareas, para otros tipos de guerra”.

La disfunción esencial entre el “sistema”, la maquinaria del Estado y las élites económicas a las que sirve, y los objetivos –la guerra contra occidente– radicalmente diferentes a los que responde su creación y funcionamiento, puede dar lugar a que sea precisamente el “sistema” el que cambie la realidad, para adecuarla a las finalidades que le dieron origen. Y si eso se pretendiera materializar, se pregunta el dirigente de la Esencia del Tiempo, ¿quién se convierte en su principal oponente? El que le impide hacer lo de siempre: trabajar poco, robar mucho y drogarse. ¿Quién es el estorbo? Objetivamente: el líder del país.

Los grandes retos de Rusia

El país se enfrenta a una guerra de larga duración frente a un enemigo muy poderoso, que va más allá de Ucrania y que puede resurgir en Polonia, Países Bálticos, etc. Todo ello en un marco en el que EEUU se prepara para enfrentar a la gran potencia que empieza a superarles y a disputar su hegemonía, China. En este caso, plantea lúcidamente Kurginyan, “cuando EEUU se ve superado por algún país según sus propias reglas, no le dan un premio, sino que cambian las reglas del juego. La introducción de la agenda ambiental o la pandemia Covid, son buenos ejemplos de cómo cambian las reglas del juego” (12). Y para enfrentarse a China, no basta desestabilizar Taiwan; no son suficientes las batallas navales. Como planteaba el geógrafo británico Mackinder, para que un imperio marítimo domine el planeta, primero tiene que controlar el “corazón continental”, el “pivote del mundo”, es decir, Rusia (13).

Las previsiones del gobierno ruso de una rápida victoria militar en Ucrania, resultaron completamente erróneas, aunque afortunadamente identificó como objetivos la desnazificación y la desmilitarización del régimen de Kiev. Una vez más el “sistema” postsoviético intentaba obviar la realidad: Rusia no estaba sólo frente a un conflicto con Ucrania, se trataba de una guerra contra la OTAN. Y, claro que había que desnazificar y desmilitarizar Ucrania, pero era occidente quien había colocado a los fascistas en el poder y los armaba hasta los dientes.

Rusia se enfrenta a una guerra de larga duración contra la OTAN, una guerra de posiciones, de desgaste, que además no acabará con la guerra de Ucrania. En muchos aspectos esta guerra es todavía más terrible que la II Guerra Mundial y el pueblo ruso debe saber la verdad. Y la verdad aprendida en la Gran Guerra Patria, es que esa guerra se pudo ganar sólo porque la dictadura del proletariado, es decir, el proletariado erigido en clase dirigente, fue capaz de comprender y transmitir al conjunto de la sociedad soviética el gigantesco reto que debía asumir: la defensa de la humanidad contra el fascismo, de la humanidad contra la esclavitud, de la vida contra la muerte. Y todo ello, se resumió en una consigna bien concreta: “Todo para el Frente, Todo por la Victoria”. Y el pueblo soviético latió y actuó como un solo ser colectivo.

La enorme potencia que el pueblo soviético fue capaz de desplegar no respondía sólo a un deber patriótico. Defendía también su dictadura del proletariado, la primera revolución obrera triunfante, y por ello, tenía una dimensión internacional, no sólo antifascista, sino histórica para la clase obrera mundial.

La Rusia de hoy tiene ante sí grandes retos que superar para enfrentar a un enemigo no inferior al que enfrentó la URSS. Kurginyan identifica dos objetivos:

En primer lugar, abordar un salto científico -técnico en el complejo militar– industrial que permita superar al enemigo con todo tipo de armamento y de equipos. Después de la destrucción de las empresas y equipos más avanzados de la URSS, para ganar la guerra contra la OTAN –más allá de Ucrania– es preciso dar un salto descomunal. Las palabras de Stalin en 1931 fueron claves para la victoria en la Gran Guerra Patria: “Si en diez años no recorremos el camino que costó a las potencias occidentales entre 50 y 100 años, seremos aplastados”. Rusia necesita reconstruir la poderosa industria de bienes de equipo, destruida durante el colapso de la URSS, imprescindible para poner en marcha al nivel requerido el complejo militar industrial. A su vez, esto precisa el concurso del sistema educativo para la preparación acelerada de cuadros técnicos y de capacidades humanas en alguna medida semejante al esfuerzo de la sociedad soviética en los años previos y durante la II Guerra Mundial.

La URSS lo pudo hacer gracias a la industrialización, que requería que toda la sociedad funcionara como un puño en movimiento. Y la gran duda es, ¿lo podrá hacer la Rusia actual?

En segundo lugar, es imprescindible abordar la batalla ideológica, la lucha de ideas contra el imperialismo y el fascismo. No es sólo Ucrania, el fascismo crece en toda Europa y en EEUU. Es inútil que Rusia espere que la extrema derecha la trate mejor que la actual élite occidental. ¡Es exactamente todo lo contrario!, afirma Kurginyan. Además, la moral del ejército decae si no hay un trabajo ideológico poderoso y si la sociedad no está penetrada por ese impulso espiritual. Y “si el jolgorio en la retaguardia no desaparece, si el robo no desaparece, advierte, entonces la victoria en una guerra larga es imposible”. La guerra de la información no debe llevarse a cabo en el lenguaje de las ovejas. Kurginyan aboga por un sistema de movilización, de despliegue, y un sistema de formación de nuevos cuadros que pueda convertir a las “sub-ovejas” en “perros lobo”. Y no se trata de sacar banderas y de dar lecciones de patriotismo en las escuelas, sino de la movilización de un millón de personas en el bando antifascista. Pero hasta ahora, subraya, se ha hecho todo lo posible para que esto no sucediera.

El problema de fondo es cómo despertar la fuerza vital necesaria para galvanizar a una sociedad que se creyó el mito ideológico del capitalismo y que en buena medida vive ajena a lo que sucede en el frente; a una clase obrera que asiste desmoralizada e impotente al robo cotidiano de la oligarquía y que no ha rehabilitado las “heridas de la conciencia” porque eso sólo puede hacerse reanudando el hilo histórico de la lucha por su emancipación.

Kurginyan plantea activar el resorte antifascista que sin duda es muy potente en Rusia. El asunto es si la comprensión histórica colectiva e internacional de lo que entraña el fascismo, y sobre todo, la actuación consecuente para impedir que triunfe – Cueste lo que Cueste, Todo para el Frente, Todo para la Victoria – es posible abordarla sin la reconstrucción de la herramienta que concentra la fuerza obrera y popular: el partido comunista.

La lucha es internacional

La situación internacional actual guarda semejanzas con la II Guerra Mundial. La voluntad manifiesta de control del mundo por parte de la Alemania nazi está representada hoy sin tapujos por el imperialismo anglosajón, inmerso en una crisis económica terminal y cuya hegemonía en decadencia le empuja a la guerra como única opción.

Tras la derrota de la República española y en pleno auge del fascismo, Alemania fue ocupando uno tras otro los países europeos sin apenas resistencia. Hoy el sometimiento de la UE a la OTAN, dirigida con mano de hierro por EE.UU., con su territorio plagado de bases militares, es absoluto. También lo es el vasallaje de la política económica europea, autodestrucción incluida, a los intereses estadounidenses. A ello hay que añadir la colonización cultural o el control de los medios de comunicación, es un escenario político de auge del fascismo, hoy como entonces, facilitado por la socialdemocracia.

Es en este contexto en el que hay que analizar el apoyo económico y militar masivo del imperialismo a la Ucrania nazi. No se trata sólo de que use al pueblo ucraniano como carne de cañón. La alianza es mucho más íntima y más antigua. Es la propia continuidad del nazismo alemán en los aparatos políticos y militares de EE.UU. y de la OTAN (14), es el odio primario a todo lo ruso de los banderistas ucranianos y, sobre todo, es el fascismo con la supresión de derechos y libertades, con la represión salvaje y la militarización social, el que necesita el capitalismo en crisis irreversible y la guerra imperialista a gran escala que se está gestando.

Es el pueblo ruso, como ayer el soviético, el que ha comprendido que es su propia identidad y existencia como pueblo la que está en juego; aunque como hemos visto – si bien ha sido capaz de responder atacando a la amenaza ucronazi – su situación objetiva y subjetiva dista mucho de ser la de entonces.

Como se ha venido analizando, hoy no se vislumbra la solución a la incógnita de si el pueblo ruso será capaz o no de llevar a cabo las transformaciones revolucionarias que le permitan afrontar con éxito las tareas vitales para su futuro y para el resto de los pueblos. Lo que es cierto es que, tras treinta años de dominación ideológica, el pueblo ruso demuestra con sus actos -seguramente porque la herencia recibida es muy poderosa- que no ha sido doblegado. El apoyo popular mayoritario e incontestable a la intervención militar contra el fascismo en Ucrania es un gran ejemplo.

Lo que es una realidad incuestionable, tanto para el pueblo ruso, como para el resto de los pueblos del mundo –especialmente para los de Europa– es que nos encaminamos a una época de gran inestabilidad política caracterizada por profundos cambios destructivos en los medios de producción y en las condiciones de vida de millones de personas y por la imposición de un escenario de guerra permanente de intensidad variable contra Rusia y China.

La agudización de la lucha de clases en situaciones de profundas crisis, y sobre todo la guerra, amplían e intensifican las contradicciones internas de la burguesía, debilitan su hegemonía ideológica, y abren, como se ha demostrado históricamente, posibilidades de revolución obrera y popular. Y hoy, más que nunca, es imprescindible que la lucha que la clase obrera y los sectores populares desarrollen en cada lugar tenga dimensión internacional.

El atraso organizativo y político en la construcción de la única herramienta que ha demostrado ser capaz tanto de conducir a la victoria la revolución, como de derrotar al fascismo, el partido comunista, debe dejar de ser una justificación o un lamento. Debe convertirse en el campo de trabajo en el que los comunistas y las comunistas de hoy llevemos a cabo las tareas históricas de las que depende, no sólo la revolución socialista, sino el futuro de la humanidad.

(1) ehttps://rossaprimavera.run lengua rusa. Su caracterización política y la traducción de algunas de sus principales publicaciones al castellano pueden consultarse aquí: https://eu.eot.su/es/acerca-de/
(2) https://apuntesdedemografia.com/2022/03/18/el-misterio-de-la-mortalidad-en-rusia/
(3) Maestro, A. (2020) Crisis capitalista, guerra social en el cuerpo de la clase obrera. https://www.lahaine.org/b2-img10/Angeles_Maestro_ESP.pdf
(4) https://rossaprimavera.ru/video/afb341fb
(5) El intento de EE.UU. de colonizar Rusia con grupos evangelistas inmediatamente después del colapso de la URSS, al igual que hizo en América Latina, sin embargo, no prosperó.
(6) https://tsargrad.tv/news/sekret-firmy-s-chego-nachalos-unichtozhenie-sssr_439718
(7) El Eje de la Resistencia es un bloque histórico laíco, antiimperialista y antisionista que pretende superar divisiones de carácter religioso o étnico impuestas por el imperialismo, uniendo a los pueblos en un proyecto común de independencia y soberanía sobre sus recursos. Liderado por Hezbollah, agrupa a la <resistencia Palestina, Irán, Siria, Yemen y organizaciones iraquíes.
(8) El documento citado se puede consultar aquí: https://espanol.almayadeen.net/news/politics/1558112/otan-prometi%C3%B3-en-1991-no-expandirse-ni-una-pulgada-hacia-el
(9) https://www.nytimes.com/2016/02/03/opinion/the-pentagons-top-threat-russia.html
(10) https://www.msn.com/fr-fr/divertissement/actualite/angela-merkel-les-accords-de-minsk-ont-%C3%A9t%C3%A9-sign%C3%A9s-pour-donner-du-temps-%C3%A0-l-ukraine/vi-AA152UVJ
(11) https://rossaprimavera.ru/video/c98f9bd3
(12) https://rossaprimavera.ru/video/81bf7a03
(13) https://archivo.kaosenlared.net/las-contradicciones-entre-el-imperialismo-estadounidense-y-el-europeo-controlar-el-pivote-del-mundo/index.html
(14) https://cnc2022.wordpress.com/2023/03/07/el-imperialismo-anglosajon-la-otan-y-el-fascismo-caras-de-la-misma-moneda/

Nuevas alianzas, nuevos vendedores de armas en Oriente Medio

En 2018 Estados Unidos impuso sanciones a Arabia saudí con el pretexto del asesinato del periodista Jamal Khashoggi en Turquía. Desde entonces las luces rojas se encendieron, sellando el final del Pacto del Quincy y décadas de apoyo mutuo entre ambos países en una región muy delicada del mundo.

Tras un recorte en la producción de petróleo por parte de Riad, el Congreso estadounidense amenazó con congelar las ventas de armas al país del Golfo Pérsico.

La nueva situación pone de relieve la fragilidad de la Casa Saud, obligando a replantear sus alianzas estratégicas, con la posibilidad de que compre cazas Dassault Rafale, de fabricación francesa.

La compra de equipamiento militar francés se inscribe en una estrategia de diversificación. Riad, que históricamente ha dependido de Estados Unidos y Reino Unido para sus adquisiciones militares, está buscando alternativas.

Los vecinos Emiratos Árabes Unidos y Qatar ya han integrado los Rafale en su arsenal y los saudíes pueden hacer lo mismo. No es una simple compra sino una redefinición de las alianzas de Riad en el escenario mundial.

Ahora mismo Francia, con su diversa historia de venta de armas en Medio Oriente, parece ser un socio atractivo. A diferencia de otros países occidentales, no pone tantas excusas cuando se trata de exportar armamento, ni siquiera la situación opresiva de las mujeres saudíes.

Sin embargo, la adquisición de los Rafale por el gobierno de Riad no está exenta de problemas. Tendrá que integrar nuevos sistemas de armas y entrenar pilotos para los nuevos aparatos.

En cualquier caso, los saudíes parecen decididos a garantizar sus propios intereses estratégicos por vías diferentes a las que han tenido hasta ahora. La adquisición es un símbolo. Tiene menos que ver con las aeronaves que con las alianzas en Medio Oriente, donde el equilibrio de fuerzas está cambiando muy rápidamente.

La OTAN trata de convencer a Ucrania de que arroje la toalla

No es que la derrota de Ucrania en la guerra sea previsible, sino que ya es un hecho. Ahora hay que discutir cómo van que dar las cosas el día después de su formalización sobre una mesa de negociaciones, de la que sabemos que tendrá tres pilares: Rusia, la OTAN y Ucrania.

De momento hay que dejar a Polonia fuera de esa mesa, porque ya ha empezado a dar pasos por su cuenta. Persigue sus propios objetivos, que son territoriales: apoderarse del “kresy” oriental, es decir, los territorios ganados durante la guerra civil rusa de 1922 y luego perdidos en 1939.

En la mesa Ucrania ha empezado a ser un problema para la OTAN porque sigue creyendo que puede recuperar Crimea y el Donbas y, además, entrar en la OTAN, aunque sea por la puerta trasera. Es imposible, y la primera parte de la negociación ya ha empezado: la OTAN trata de convencer a Ucrania de que arroje la toalla.

A la “fórmula mágica” de Stian Jenssen, jefe de gabinete del secretario general de la OTAN, sobre las concesiones territoriales a cambio de la incorporación a la Alianza militar, se le ha sumado el antiguo presidente francés Nicolas Sarkozy: la anexión de Crimea por parte de Rusia es irreversible. El discurso oficial comienza, pues, a cambiar.

Según la CNN los dirigentes estadounidenses son escépticos sobre el enfoque que Ucrania muestra sobre Crimea. Ven este enfoque como «en el mejor de los casos, una distracción», señalando los riesgos de estirar demasiado los recursos militares ucranianos entre diferentes frentes de ataque.

Sin embargo, los imperialistas sólo saben negociar desde posiciones de fuerza. Las conversaciones “de paz” no empiezan cuando la guerra termina, sino que forman parte de la guerra misma.

Pero es imposible presionar a Rusia cuando la contraofensiva se acabó antes de empezar. Ya sólo queda la opción del desgaste y comprobar quién es el que se desgasta más o más rápidamente.

Para ello hay que seguir enviando material de guerra a Ucrania. Países Bajos y Dinamarca van a entregar 42 cazas de combate F-16. Pero los aparatos no estarán operativos antes del año que viene porque hay que ponerlos a punto, hay que adiestrar a los pilotos…

Algunos medios estadounidenses ya dicen que el envío de los F-16 se lleva a cabo sin ninguna esperanza de avance sobre el campo de batalla. La ayuda militar ya no es una muestra de fortaleza de Ucrania, sino de debilidad. Nadie cree que el curso de la guerra pueda cambiar con más o mejores armas.

La suerte parece echada. A las potencias occidentales la situación se complica por momentos. Ya no pueden seguir diciendo que Ucrania tiene la culpa y que no es capaz de avanzar ni un paso, a pesar del norme apoyo militar y diplomático que ha recibido.

En occidente cada vez se escuchan más voces culpando a los gobiernos propios.

La industria bélica estadounidense se ha deshecho de la competencia alemana

A pesar del apoyo de Estados Unidos y sus aliados, Ucrania no ha avanzado en el campo de batalla. Detrás de esa derrota hay una victoria aplastante del sector militar-industrial estadounidense sobre su principal rival europeo, los fabricantes de armas alemanes Rheinmetall y KMW.

En enero la OTAN aumentó el suministro de tanques al ejército ucraniano. Los británicos fueron los primeros en aprobar la transferencia, proporcionando a los ucranianos un número simbólico de 14 tanques Challenger 2. Alemania resistió durante mucho tiempo, pero terminó aceptando una transferencia similar de tanques Leopard 2. Solo lo hizo después de que Washington prometiera a Kiev la entrega de blindados Abrams con la última modificación M1A2.

A principios de año, más de 2.000 tanques alemanes estaban en los arsenales de 13 ejércitos europeos. Es el vehículo más desplegado dentro de la OTAN después del Abrams. Recientemente, solo han sido utilizados por los turcos en 2016 contra los miembros del Califato Islámico en la ciudad siria de Al-Bab. Ankara perdió una docena de Leopard 2A6 en esta batalla, pero Berlín logró evitar daños a su reputación. Los funcionarios alemanes y la prensa atribuyeron todos los fracasos a la mala planificación de la operación por parte del Estado Mayor turco.

En Ucrania la situación es radicalmente diferente. Occidente ha enfatizado repetidamente que todas las estrategias y tácticas del campo de batalla han sido planificadas por oficiales de la OTAN. Eso significa que el Bundeswehr no permitirá que la creación de Rheinmetall se use fuera de las reglas de combate.

En vísperas de la contraofensiva ucraniana, la campaña intoxicadora “Libertad para los Leopard” estaba en pleno apogeo, cuando los usuarios de las redes sociales comenzaron a publicar fotos de ellos mismos con ropa estampada de leopardo. Los ucranianos esperaban que el “arma milagrosa” alemana marcara un punto de inflexión en la guerra.

Cuando finalmente se lanzó la operación Pryazovia, las imágenes de los tanques alemanes calcinados se difundieron por todo el mundo. De repente, resultó que todos los artículos en los que se presentaban los vehículos blindados alemanes como los mejores del mundo, con la máxima protección, eran solo publicidad.

Ucrania ha recibido los tanques alemanes más modernos: Leopard 2A5, 2A6 y el más reciente 2A7. Como la práctica ha demostrado, todos pierden no solo ante los T-90 rusos, sino que incluso se queman por un ataque con un dron Lancet. Los vídeos muestran claramente que el dron penetra la armadura de la torreta con una carga explosiva.

Un dron ruso valorado en 30.000 dólares destruye un buque insignia de la ingeniería alemana valorado en 10.000.000 de dólares. Pero el mayor golpe a la reputación de la Bundeswehr lo han dado los vídeos que muestran su equipo siendo embestido por drones FPV, cada uno de los cuales cuesta entre 1.000 y 1.300 dólares.

El desastre de los “leopardos furiosos” se complementó con críticas negativas de los modernos obuses autopropulsados ​​PzH 2000, que demostraron estar menos adaptados a las condiciones climáticas de Ucrania y fallaron con más frecuencia que los sistemas de artillería de fabricación soviética. Un artículo de mayo en el New York Times destaca la necesidad de ser demasiado cuidadoso con el equipo para evitar desactivar la electrónica. En condiciones de combate, es difícil imaginar a los soldados poniéndose botas o zapatillas especiales cuando se suben a un arma autopropulsada. Pero el ejército ucraniano debe hacerlo cuando trabaja con las piezas fabricadas por la KMW alemana.

No hay una sola historia similar con respecto a los Himars estadounidenses. Por el contrario, la demanda mundial de estos equipos ha aumentado considerablemente.

Estados Unidos retrasó la entrega de sus Abrams. No los expuso a la picadora de carne de Bajmout, ni a los campos de Zaporiya. La industria de guerra estadounidense permitió que Berlín desperdiciara contratos potenciales para la entrega de la próxima modificación de los tanques Leopard 2A8.

Ahora se sabe que Kiev no recibirá tanques Abrams M1A2, sino tanques M1A1 obsoletos, que se utilizaron por última vez durante la Operación Tormenta del Desierto en 1991 contra el ejército iraquí. La Casa Blanca quiere mantener la reputación de sus equipos militares.

El mundo ha sido testigo de la destrucción de la imagen impecable de los modelos tecnológicos alemanes. Estados Unidos ha borrado a su principal competidor en seguridad en Europa y, al mismo tiempo, ha ganado experiencia al librar una guerra contra un adversario igual a expensas de Alemania.

Francia prueba en Ucrania sus nuevos rifles de asalto

La empresa francesa de armamento Thales ha suministrado a Ucrania una pequeña cantidad de su nuevo rifle de asalto desarrollado y fabricado en Australia, el ACAR o rifle de asalto de combate australiano.

El mes pasado Francia entregó al ejército ucraniano una pequeña cantidad de rifles de asalto ACAR australianos para probarlos en combates reales. “No es un contrato ni una venta”, ha acalarado un portavoz de Thales. “Por eso no hemos hecho ninguna comunicación hasta la fecha”, añade.

Esta colaboración tiene como objetivo probar el rendimiento de esta arma avanzada en condiciones reales, al tiempo que fortalece las potencia militar de Ucrania.

Los rifles de asalto son la culminación de varios años de inversiones empresariales, fruto del trabajo de su subsidiaria australiana, Lithgow Arms. Un desembolso de varios millones de dólares que demuestra la pretensión de la empresa francesa de establecer su nueva arma en el mercado internacional.

Su flexibilidad de municiones lo hace particularmente atractivo para el ejército ucraniano. Versátil, es capaz de disparar diferentes calibres, desde el estándar OTAN de 5,56 milímetros hasta el calibre de 7,62 milímetros, pasando por el nuevo cartucho americano de 6,8 milímetros.

El rifle también puede equiparse con multitud de accesorios, como lanzagranadas, miras láser y gafas de visión nocturna.

La presentación completa del ACAR está prevista para septiembre. El lanzamiento del fusil debería tener lugar durante la feria de armas DSEI, que se celebrará en Reino Unido.

Más allá de los rifles ACAR, el holding francés ya ha contribuido al despliegue de varias innovaciones en el país, como el sistema de detección de radar móvil GM200 asociado a una plataforma antiaérea, así como un sistema de comunicación seguro destinado al ejército ucraniano y diseñado según los estándares de la OTAN.

Una fórmula mágica para Ucrania: ceder territorios a cambio de incorporarse a la OTAN

El jefe de gabinete del secretario general de la OTAN, Stian Jenssen, ha propuesto una fórmula mágica para consagrar su derrota en Ucrania: que el país ceda parte de su territorio a Rusia a cambio de incorporarse a la alianza imperialista.

“Creo que una solución podría ser que Ucrania ceda territorio y obtenga a cambio la incorporación a la OTAN”, dijo Jenssen durante un debate en la ciudad noruega de Arendal, agregando que es solo una de las posibles soluciones.

Sin embargo, “debe depender de Ucrania decidir cuándo y en qué términos quiere negociar”, dijo al periódico noruego VG.

La discusión sobre el estatus de Ucrania después de la guerra ya está en marcha, añadió, y otros países ya están planteando la cuestión de la cesión de territorio a Rusia.

Los caniches de Zelensky no están de acuerdo. Myjailo Podolyak, asesor del jefe de gabinete presidencial de Kiev, afirmó que la idea de que Ucrania ceda territorio a cambio de ingresar a la OTAN es “ridícula”.

Cambiar territorio por incorporación significa “elegir la derrota de la democracia, alentar a un criminal mundial, preservar el régimen ruso, destruir el derecho internacional y pasar la guerra a otras generaciones”, dijo Podolyak.

Cualquier cosa que no sea una “derrota aplastante” para Putin resultará en “el apetito de Rusia por más”, añadió, para aparentar que el objetivo de Rusia no es otro que mover la frontera.

Si bien Ucrania no recibió una invitación para unirse a la OTAN en la cumbre de Vilnius en julio, el G7 acordó oficialmente compromisos de seguridad a largo plazo para Ucrania que, en definitiva, no sirven para nada, ya que requieren una unanimidad que cada vez es más difícil de lograr.

En su discurso de 12 de julio, Zelensky dijo que, por primera vez desde la independencia de Ucrania, el país había creado una base para allanar su camino hacia la OTAN con garantías de seguridad concretas “que están confirmadas por las siete principales democracias del mundo”.

La OTAN, el G7 y Zelensky quieren consagrar su estrepitosa derrota con palmaditas en la espalda y exponiendo las mejores intenciones de los unos hacia los otros. No han entendido que Rusia inició una guerra hace un año y medio para exigir todo lo contrario de la incorporación a la OTAN: desmilitarizar Ucrania.

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