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La apertura de un segundo frente de la Guerra de Ucrania en Transnistria

Una serie de atentados terroristas han afectado a la República Moldava de Pridnestrovia (PMR), más conocida aquí como Transnistria. Es un caso parecido al Donbas: una república que surgió al final de la URSS hace 30 años, con un territorio largo y estrecho, encajado entre Moldavia y Ucrania en el que está desplegado un grupo de combate ruso de unos 1.500 soldados.


El 25 de abril el edificio del Ministerio de Seguridad Nacional fue atacado con lanzacohetes antitanque en la capital, Tiraspol. Otro ataque se llevó a cabo contra el cuartel de una unidad militar en el pueblo de Parkany.

Al día siguiente otras dos explosiones sacudieron una estación de radio en el pueblo de Mayak, destruyendo las dos antenas más grandes de la República, que transmitían emisoras rusas.

Por la noche, varios drones procedentes de Ucrania fueron vistos en el cielo de Transnistria sobre el pueblo de Kolbasna, en la región de Rybnitsa.

No hubo víctimas, pero en el contexto actual de guerra en Ucrania, Transnistria está en alerta roja, mientras que Moldavia declara que no descarta una operación militar para integrar Transnistria por la fuerza.

El 27 de abril, Vitaly Ignatiev, ministro de Asuntos Exteriores de Transnistria, declaró que los autores de los atentados habían sido vistos por las cámaras de vigilancia y posteriormente se les observó huyendo hacia territorio ucraniano.

A las 8:45 otros atentados confirmaron sus declaraciones. Un grupo de sabotaje ucraniano fue visto infiltrándose hacia el pueblo de Kolbasna. Se produjo un intercambio de disparos con la policía local.

Este último sector se encuentra a sólo dos kilómetros de la frontera ucraniana y hay un depósito de municiones que data de la época soviética y que contiene al menos, según los moldavos, 20.000 toneladas de reservas procedentes del país y también de la República Democrática Alemana en la época de la reunificación.

Los incidentes en Transnistria no son sucesos aleatorios, sino acciones planificadas por la OTAN. Son una caja de resonancia de la Guerra de Ucrania, porque esta República, a pesar de su diminuto tamaño (4.163 kilómetros cuadrados), tiene una gran importancia estratégica.

Es una zona tampón entre Moldavia y Ucrania, dos países que suspiran por convertirse en lacayos de las provocaciones de la OTAN. Transnistria controla la mayoría de las comunicaciones terrestres entre Rumanía (y, por tanto, la OTAN) a través de Moldavia y Ucrania, incluida la estratégica región de Odesa, objetivo de las operaciones militares rusas, a sólo cincuenta kilómetros de la frontera. Esta semana el ejército ruso ha comenzado a destruir las pocas carreteras y vías férreas entre Moldavia y Ucrania en el sur de Transnistria, cerrando el suministro directo a Odesa.

El puente ferroviario entre Zatoka y Belgorod-Dnestrovsk, que constituía el principal enlace entre Rumanía y Ucrania en la región meridional de Besarabia, fue destruido por un misil de crucero ruso Kalibr, lo que ha obligado a que la ayuda de la OTAN a Odesa pase por encima de Transnistria.

La República es especialmente adecuada para abrir un segundo frente contra Rusia, ya que ni Ucrania ni Moldavia son oficialmente miembros de la OTAN, por lo que, por un lado, esta última no se vería legalmente implicada por la extensión de la guerra y, por el otro, la propaganda occidental, al igual que para la Guerra del Donbas, iniciaría su intoxicación a partir de la reacción a este tipo de provocaciones terroristas para cargar la responsabilidad de la guerra a Moscú.

El 24 de abril, la víspera de los atentados terroristas, el secretario de Estado norteamericano Anthony Blinken y el jefe del Pentágono, Lloyd Austin, visitaron Kiev para estudiar, entre otras cosas, los medios de imponer al ejército ruso una extensión de su línea de contacto en operaciones de dispersión de sus fuerzas.

Si el interés de la OTAN por abrir un segundo frente atacando Transnistria es evidente, por otro lado, las fuerzas moldavas no son suficientes para lograrlo, incluso con la ayuda de las fuerzas ucranianas, que necesariamente se verían reducidas debido a la prioridad dada al frente de Nikolayev y a la defensa de la costa de Odesa. El 27 de abril, Arestovich, asesor de Zelensky, dijo sobre Transnistria: “Moldavia debería pedir ayuda a Ucrania y Rumanía por el agravamiento de Transnistria. Si Moldavia se vuelve hacia Ucrania, entonces podemos tomar Transnistria. Las fuerzas armadas ucranianas tienen suficientes fuerzas para ello”.

Actualmente, en el lado de Transnistria hay unos 1.500 soldados rusos y 7.500 de Transnistria, más una fuerza de reserva. En el lado moldavo hay 5.200 soldados y en el rumano 70.000. Pero, sin duda, son las fuerzas polacas, mejor equipadas y entrenadas y, sobre todo, más motivadas para una agresión contra Rusia, las que estarían al frente de las operaciones militares contra Tiraspol. Desde principios de abril se han desplegado en Rumanía grandes fuerzas conjuntas polacas para realizar maniobras militares conjuntas con las fuerzas rumanas, pero también ejercicios militares en territorio moldavo. Las fuerzas polacas que ya han llegado se estiman en 8.000 hombres.

Así, se podría imaginar fácilmente la participación de un cuerpo de batalla polaco-rumano-moldavo que intervendría a petición del gobierno de Chisinau para “pacificar” una situación caótica en Transnistria, en coordinación con los ataques llevados a cabo en el este por el ejército ucraniano.

Abrir un segundo contra Rusia, tanto político como militar, permitiría a la OTAN recuperar la iniciativa y obligar a Moscú a poner más cartas sobre el mapa y retomar una estrategia en este sector basada en la velocidad y muy costosa en hombres y equipos, pero también en daños colaterales civiles (porque tendrán que apoderarse de Nikolaïev a toda costa). Cuando las unidades rusas lleguen a Tiraspol, tendrán que reforzarse considerablemente porque su corredor terrestre estará probablemente sometido a contraataques ucranianos localizados (al menos bombardeos) procedentes de Odesa en el sur, de Voznessensk en el norte, por no hablar de un posible contacto con las unidades polaco-rumanas llamadas de refuerzo.

Militarmente, si tal escenario se produjera, obligaría a Rusia a realizar esfuerzos prioritarios en este sector para lograr una unión territorial con Transnistria lo antes posible y, por tanto, a reforzar considerablemente sus fuerzas, que hoy no superan los 30.000 hombres en el frente de Jerson. Estos esfuerzos rusos se harían o bien a costa del frente del Donbas, o bien recurriendo a las fuerzas de reserva del Estado Mayor, o a ambas cosas.

El segundo frente abriría la internacionalización radical de la Guerra de Ucrania, pero sin implicar la asistencia automática en materia de defensa de los países de la OTAN, ya que este frente se desarrollaría territorialmente fuera de la Alianza y bajo la única responsabilidad de los Estados participantes.

El estado de alerta máxima ha cancelado las próximas ceremonias del 9 de mayo en Transnistria, aniversario de la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial. La salida precipitada de una parte de la población hacia Rumanía o Ucrania será sin duda provocada por el ejército ucraniano, hasta que Transnistria pida ayuda a Rusia y Moldavia a Polonia y Rumanía, que son países pertenecientes a la OTAN.

—https://alawata-rebellion.blogspot.com/2022/04/la-carte-moldave-dans-la-manche-de.html

Argelia amenaza con cortar el suministro de gas a España

El gobierno español está sometido a las presiones de Estados Unidos sobre el Sáhara y da muestras claras de sumisión, lo que compromete el suministro de gas argelino.

Argelia satisface el 40 por cien de las necesidades de gas de España y en agosto rompió sus relaciones diplomáticas con Marruecos, por lo que no puede admitir que el gobierno del PSOE y Podemos revenda el gas argelino a Marruecos fraudulentamente. En Madrid van de traición en traición y no muestran escrúpulos de ningún tipo.

Ayer el Ministerio de Energía argelino amenazó con romper el contrato de suministro de gas con España si ésta lo envía “a un tercer destino”, en medio de las tensiones diplomáticas con Madrid y Marruecos por el Sáhara.

La mayor parte del gas argelino llega a España a través del gasoducto submarino Medgaz, de 10.000 millones de metros cúbicos al año. Hasta octubre otra parte del gas argelino llegó a través del Gasoducto Magreb-Europa (GME), que pasa por Marruecos. Pero Argel lo cerró tras la ruptura de relaciones diplomáticas con Rabat, privando a Marruecos del gas argelino que transitaba por su territorio.

Según un comunicado de prensa del gobierno argelino, la ministra española Teresa Ribera ha comunicado que España autoriza la explotación, en “flujo inverso”, del oleoducto Magreb-Europa y que esta explotación tendrá lugar hoy o mañana.

El comunicado no especificaba el nombre del país que se beneficiaría de esta operación de “flujo inverso”, pero en febrero el gobierno español anunció que ayudaría a Rabat a “garantizar su seguridad energética” permitiéndole transportar gas a través del GME después de que Argel dejara de suministrárselo.

El gobierno argelino ha advertido que cualquier envío del gas suministrado a España, cuyo destino sea distinto al previsto en los contratos, se considerará un incumplimiento de los compromisos contractuales y, en consecuencia, podría dar lugar a la rescisión del contrato que vincula a Sonatrach con España.

Esta advertencia se produce en el contexto de las presiones cada vez más acuciantes de Estados Unidos contra los países europeos, lo que ha llevado al gobierno español a un callejón sin salida en la cuestión del Sáhara.

Antigua colonia española, esta vasta zona desértica considerada como “territorio no autónomo” por la ONU, opone desde hace décadas a Marruecos -que controla el 80 por cien- al pueblo saharaui.

España, que depende en gran medida de Argel para el suministro de gas, dio un giro radical a su posición en este delicado asunto el 18 de marzo, al apoyar públicamente el proyecto de autonomía marroquí y despertar la ira de Argel, principal valedor de los saharahuis. Argel retiró a su embajador en España el 19 de marzo y Sonatrach mencionó una subida del precio del gas suministrado a España.

El sábado, el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, calificó la traición del gobierno del PSOE y Podemos de “moral e históricamente inaceptable”.

Los imperialistas quieren prolongar la Guerra de Ucrania el mayor tiempo posible

En el día 57 de la guerra ruso-ucraniana, el Ministerio de Defensa ruso anunció la conquista de la ciudad de Mariupol. Es hora de analizar cómo ha evolucionado la campaña militar en los últimos dos meses, cómo podría evolucionar en un futuro próximo y, sobre todo, cuáles serán sus repercusiones internacionales: cada vez está más claro que las potencias anglosajonas quieren utilizar el conflicto para debilitar a Rusia y, al mismo tiempo, desestabilizar a Alemania e Italia.

Poco menos de dos meses después del inicio de las hostilidades ruso-ucranianas, el Ministerio de Defensa ruso anunció la conquista de la ciudad de Mariupol, de unos 400.000 habitantes y situada en la costa del mar de Azov: sólo el gran complejo siderúrgico, parte del kombinat de acero construido en el Donbass en los años 30, sigue en manos de las ahora escasas tropas ucranianas, pero su caída es cuestión de tiempo. Rusia ha conseguido así un primer resultado estratégico tangible: ha recreado un puente terrestre con la península de Crimea (anexionada en 2014) y ha convertido el mar de Azov en un lago interior. Las fronteras de Rusia han vuelto así, en el frente sur, a la conformación de la primera mitad del siglo XVIII, cuando el Imperio zarista logró arrebatar el Mar de Azov a los turcos y entrar en los mares cálidos.

Resulta especialmente útil reconstruir cómo lo ha conseguido Rusia en el espacio de dos meses. En nuestro análisis del “día 1”, habíamos supuesto una campaña militar a gran escala que duraría entre 30 y 40 días y que llevaría a los rusos hasta el Dniéper y desde Odesa hasta el Dniester. Sin embargo, los hechos demuestran que esta opción, una campaña militar a gran escala en territorio ucraniano, nunca fue prevista por los estrategas rusos, que pensaron erróneamente que podían limitarse a una “operación militar especial” con fines eminentemente políticos, a saber, el derrocamiento del gobierno de Zelensky y el advenimiento de una junta militar que restaurara la cooperación tradicional entre Rusia y Ucrania.

Llamar a las operaciones que duraron del 25 de febrero al 31 de marzo la “Batalla de Kiev” es un error: a lo sumo, se puede hablar de una “intimidación de Kiev”, porque los rusos nunca se plantearon conquistar la ciudad en esta fase de la guerra. La “primera fase” de la campaña militar puede resumirse en el llamamiento de Putin a los militares ucranianos el 26 de febrero de 2022 para que tomen el poder y se deshagan de la “panda de drogadictos y neonazis”, facilitando así el inicio de las negociaciones.

Estos cálculos resultaron ser erróneos, ya que Moscú subestimó el grado de penetración de las potencias anglosajonas en el aparato ucraniano: en ocho años (el tiempo transcurrido entre la revolución de colores de 2014 y la actualidad), Londres y Washington dispusieron de medios para insinuarse hasta en el rincón más oculto del Estado y el ejército ucranianos, eliminando los elementos que podrían haber aceptado la llamada de Putin y derrocar a Zelensky.

En ese momento, los rusos se encontraron en una posición militar tan incómoda como improductiva: una cabeza de puente alrededor de Kiev, abastecida con grandes dificultades logísticas por Bielorrusia y expuesta a la guerra de guerrillas de los nacionalistas ucranianos. Mientras existió la posibilidad de una solución política al conflicto (las negociaciones celebradas en Bielorrusia y luego en Turquía), los rusos permanecieron a las puertas de Kiev.

Una vez descartado este escenario, se retiraron en buen orden del norte de Ucrania para perseguir objetivos militares más concretos en el sureste de Ucrania: es la “fase dos”, anunciada en los últimos días de marzo. El nombramiento del general Aleksandr Dvornikov, ya encargado de las operaciones militares en Siria, como comandante único del frente ucraniano, anunciado el 9 de abril, puede considerarse el punto de inflexión de la campaña, que cada vez adquiere menos connotaciones políticas y más militares. Sin embargo, hay que tener en cuenta que a los dos meses de iniciado el conflicto, Rusia aún no se había embarcado en la destrucción sistemática de la infraestructura ucraniana, que, de haberse seguido un enfoque puramente militar, debería haber tenido lugar en las primeras horas de la campaña.

La conquista de Mariupol (con sus fábricas de acero) anunciada el 21 de abril, con el consiguiente despliegue de tropas en la ciudad, debería ser el pródromo de la ya famosa “Batalla del Donbass”, para la que los rusos sentaron las bases al conquistar el saliente de Izyum el 24 de marzo: sobre el papel, se prefigura así una gran tenaza que, partiendo del norte y del sur, debería acercarse a la ciudad de Kramatosk. Los beneficios para los rusos serían múltiples: la destrucción del ejército ucraniano concentrado desde el inicio de las hostilidades en el Donbass (estimado en unas 40.000-60.000 unidades) y el perfeccionamiento de las futuras fronteras, para que la región a anexionar a Rusia sea compacta. En cualquier caso, aunque el ejército ucraniano sea severamente derrotado, es poco probable que la “Batalla del Donbass” marque el fin de las hostilidades.

Las potencias anglosajonas tienen interés en prolongar el conflicto el mayor tiempo posible y, para ello, se disponen a verter más y más armas en Ucrania para alimentar la “resistencia”. Reino Unido, en particular, que está desempeñando un papel destacado en Ucrania, como lo demuestra el viaje de Johnson a Kiev el 9 de abril, ha prometido enviar entrenadores, artillería, misiles antibuque Harpoon e incluso vehículos blindados para transportar sistemas antiaéreos Starstreak. La razón de esta actividad británica es que, en la “Tercera Guerra Mundial” que libran las potencias anglosajonas contra las continentales por el control de la Rimland, el cuadrante europeo de Eurasia ha quedado en manos de Londres, mientras que Washington y Canberra tienen que concentrarse en el Pacífico y China.

¿Qué esperan ganar las potencias anglosajonas prolongando la guerra en Ucrania hasta el final, creando una nueva “Siria” en el corazón de Europa? Cualquier comprensión geopolítica de los acontecimientos actuales debe abarcar Eurasia en su conjunto y, por tanto, el eje horizontal China-Rusia-Alemania (con sus numerosas ramificaciones verticales en Birmania, Pakistán, Irán, Italia, etc.). Prolongando el conflicto al menos durante todo el año 2022, lanzando más y más armas letales en el teatro de operaciones ucraniano, las potencias marítimas anglosajonas esperan :

— debilitar aún más a Rusia, a fin de hacer posible la caída de Putin y la reubicación estratégica del país en una función antichina (o al menos la desaparición de Rusia como factor de poder, tras la crisis política y el colapso socioeconómico);

— llevar a cabo la desestabilización de Europa, con especial énfasis en Alemania e Italia.

Los objetivos anglosajones de la guerra en Ucrania están en dos frentes: el ruso y el alemán. Las invectivas cada vez más violentas de Zelensky contra los dirigentes alemanes por no suministrar suficientes armas y obstruir el embargo total a Rusia ilustran este fenómeno. Exacerbando el conflicto en Ucrania y alargándolo hasta el próximo otoño, los angloamericanos esperan imponer el codiciado bloqueo de los suministros energéticos procedentes de Rusia, sumiendo así a Alemania e Italia, que son los más dependientes del gas ruso, en una grave y prolongada recesión económica.

En ese momento, el “eje medio” de Europa, que tiene su extensión natural en Argelia y tiende naturalmente a converger con Rusia y China, se vería sumido en el caos o, al menos, seriamente debilitado, también porque los anglosajones están trabajando activamente en tierra quemada allí donde los italianos y los alemanes pueden abastecerse, tanto en Libia como en Angola. Cada misil Starstreak enviado por los británicos a Ucrania es un misil para dejar sin energía a Alemania e Italia: todo indica que el otoño de 2022 será uno de los más difíciles que se recuerdan.

Federico Dezzani https://www.ariannaeditrice.it/articoli/dopo-la-conquista-del-mare-di-azov%20&%20Federico%20Dezzani

Ucrania ha lanzado armas químicas contra las tropas rusas

El 21 de abril las posiciones rusas fueron atacadas desde un dron utilizando sustancias tóxicas, asegura el general Igor Kirillov, jefe de las Fuerzas de Defensa Radiológica, Química y Biológica del Ministerio de Defensa de Rusia. El general subrayó que el gobierno de Kiev, tratando de desacreditar a Rusia, está dispuesto a llevar a cabo una provocación que podría provocar la muerte de decenas de miles de ciudadanos ucranianos o causar un desastre humanitario.

En una sesión informativa difundida por el canal de televisión Rossiya 24 y la plataforma mediática Look, Kirillov señaló que los ucranianos lanzaron un contenedor de ampollas desde un dron sobre las posiciones de las unidades rusas. Los organizadores de la provocación planearon que cuando se destruyeran las ampollas se produjera una explosión y un incendio, durante los cuales se liberarían sustancias tóxicas que no figuran en las listas de prohibición de armas químicas. Pero eso no ocurrió.

El análisis químico del contenido de las ampollas lo realizan especialistas del laboratorio del Centro Científico del Ministerio de Defensa de Rusia. Está acreditada por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ). Los resultados del estudio se enviarán a la secretaría técnica de la OPAQ en la forma prevista, dijo Kirillov.

Previamente Kiev envió una solicitud a la empresa turca que produce los drones Bayraktar (Banner Bearer), por si es posible equiparlos con equipos de aerosol adjuntos. El 9 de marzo, en la región de Jerson, la inteligencia rusa encontró tres drones con equipos de fumigación y contenedores de 30 litros. En enero de este año Ucrania adquirió más de 50 dispositivos de este tipo a través de intermediarios.

“Pueden utilizarse para aplicar fórmulas biológicas y productos químicos tóxicos”, añadió Kirilov, quien añadió que hoy en día Estados Unidos es el único Estado del mundo que ha utilizado los tres tipos de armas de destrucción masiva.

Estados Unidos lanzó productos químicos tóxicos en Vietnam e Irak y lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial.

—https://www.vesti.ru/article/2711587

OTAN: una semana de juegos de guerra digital contra Rusia

Esta semana especialistas informáticos que representan a 30 países miembros de la OTAN han llevado a cabo ejercicios de guerra digital en “Berylia”, una nación insular ficticia del Océano Atlántico Norte.

Los juegos de guerra, denominados “Locked Shields” (1) por el Centro de Excelencia para la Ciberdefensa Cooperativa (CCDCOE) de la OTAN, han sido calificados por la Alianza como “el mayor ejercicio cibernético internacional con fuego real”. La OTAN organiza cada año estos ejercicios, que en esta ocación se han celebrado durante una semana en Estonia, siempre muy cerca de Rusia.

Berylia no existe, los juegos son virtuales y las explicaciones de los informáticos son mentira. En plena de Guerra de Ucrania dicen que se preparan para un ataque informático ruso, cuando lo cierto es que, entre otros objetivos, tratan de mejorar el control de la información. “Buscamos replicar problemas del mundo real”, dijo el año pasado Adrian Venables, investigador de la Universidad Tecnológica de Tallin, Estonia. “Sigue siendo muy técnico, pero [incluye] también aspectos de la información, la vertiente de los medios sociales y cómo se manipula a la gente en términos de percepción e influencia” (2).

No se puede ser más claro: quien maneja los medios de comunicación mundiales es la OTAN, que todos los años entrena a sus peones a conciencia, sobre todo cuando la guerra no es un juego sino una realidad.

Pero el masivo lavado de cerebro no es el único aspecto de los juegos de guerra. Los participantes tuvieron que defenderse de más de 4.000 ataques diferentes y mantener 150 complejos sistemas informáticos por equipo. Los atacantes formaron el “equipo rojo” y se les encomendó la tarea de comprometer diversos sistemas de Berylia, como las redes eléctricas, el control de misiones por satélite, las defensas aéreas, las plantas de tratamiento de agua, las radios de uso militar y las comunicaciones móviles.

Los ataques informáticos ficticios habían dejado las telecomunicaciones civiles y militares casi a cero. Con el caos resultante, la opinión pública del país se preocupa y estallan protestas masivas. Los países de la OTAN se enfrenten, pues, a “múltiples eventos hostiles” que tienen como objetivo los sistemas informáticos militares y civiles.

“El ejercicio de este año es significativo para los países participantes porque sus unidades de ciberdefensa han estado en alerta máxima desde el comienzo de la guerra en Ucrania”, dijo un portavoz del CCDCOE, un organismo que “ha demostrado un grado de cooperación con Ucrania en el pasado y seguirá haciéndolo en el futuro”, añadió.

Los juegos de guerra cibernéticos no son especialmente nuevos en el sector de la defensa, aunque se han generalizado entre las empresas privadas en los últimos años. La OTAN tiene previsto basarse en la “situación geopolítica actual” para desarrollar escenarios realistas a los que la ciberguerra debe responder rápidamente.

Los ejercicios de este año incluyen una simulación de los sistemas de gestión de reservas y de mensajería financiera de un banco central. Los participantes también tuvieron que responder a incidentes en los que estaba implicada una plataforma de comunicaciones móviles 5G autónoma considerada como infraestructura crítica, una primicia en los juegos.

El director del Centro de Ciberseguridad de la OTAN, Ian West, dijo que los ejercicios estaban diseñados, en parte, para ayudar a los países a comunicarse entre sí cuando los ataques se dirigen a una pieza de tecnología compartida (3).

Estos juegos de guerra no se juzgan en una escala binaria del tipo “¿Sobrevivió la infraestructura del país a un ciberataque devastador?” Hay una especie de escalafón por puntos, como en la olimpiadas. Suecia salió victoriosa de los ejercicios de los “Locked Shields” del año pasado, mientras que Finlandia y la República Checa se llevaron la plata y el bronce respectivamente.

Si de la ficción pasamos a realidades, como la Guerra de Ucrania, el acceso a internet ha sido prácticamente igual que siempre. Los ucranianos han podido mantenerse en contacto y organizarse, tanto militarmente como entre los civiles. Internet les ha permitido realizar grandes campañas propagandísticas, como la matanza de Bucha, porque Rusia no ha llevado a cabo ninguno de los ciberataques que estaban previstos en los ejercicios de la OTAN.

(1) https://ccdcoe.org/news/2022/locked-shields-2022-exercise-to-be-launched-next-week/
(2) https://www.youtube.com/watch?v=oHmVjwKi1P8
(3) https://www.wsj.com/articles/nato-cyber-game-tests-defenses-amid-war-in-ukraine-11650274203

La Guerra de Ucrania fomenta la exportación de armas desde Israel

Las exportaciones militares de Israel ascendieron a 9.000 millones de dólares el año pasado, frente a los 8.300 millones de 2020, es decir, el 3 por cien del gasto militar mundial. Se espera que estas exportaciones vuelvan a aumentar este año debido a la Guerra de Ucrania.

Israel es ahora el décimo exportador de armas del mundo. Algunas de las exportaciones de armas de los últimos años se han dirigido a los Estados árabes del Golfo, que han adquirido armas y sistemas de vigilancia sin publicidad, incluso antes de los acuerdos públicos de la llamada “normalización”. A principios de 2020 pagaron a Israel 800 millones de dólares por estas entregas, incluida la informática software de defensa y el ataque electrónico.

La reciente cumbre del Neguev también dará lugar a más ventas de armas al mundo árabe, ya que los regímenes tienen presente el desarrollo nuclear de Irán. Es probable que se ofrezca el infame programa espía Pegasus a cambio de los sobrevuelos israelíes.

La cuota de Europa en las exportaciones de armas de Israel es del 30 por cien; Asia y la región del Pacífico representan el 44 por cien; América del Norte compra el 20 por cien y el resto se reparte entre América Latina y África. La Guerra de Ucrania significa que más armas israelíes se dirigirán a Europa, en competencia con la industria armamentística estadounidense, de la que Europa importa actualmente el 54 por cien del total de sus armas y sistemas de seguridad.

El anuncio de Alemania de aumentar en 100.000 millones de euros anuales su presupuesto de defensa fue seguido con interés por Israel. Se espera que exporte misiles antitanque y blindajes a los alemanes, que a su vez venden submarinos a los israelíes.

Se espera que el mayor presupuesto de defensa de Suecia compre decenas de millones de dólares en proyectiles para tanques a Israel, y Gran Bretaña seguirá su ejemplo, a pesar de que ha recortado drásticamente su presupuesto de defensa en las últimas décadas. Mientras continúan las discusiones sobre su aumento, los británicos han comprado equipo militar por valor de unos 11 millones de libras a fabricantes israelíes.

India es el segundo importador de armas del mundo, por delante de Egipto, Australia y China. India argumenta que no tiene más remedio que armarse contra China, cuyo poderío militar y económico va en aumento. Las exportaciones israelíes a India ascienden a 1.000 millones de dólares al año. Israel permite a los indios fabricar y exportar aviones no tripulados y municiones de diseño israelí a todo el sudeste asiático. Se cree que los sistemas láser que se están desarrollando en Israel también acabarán en India.

Coincidiendo con el estallido de la guerra en Ucrania, Israel celebró su feria anual de armas, con delegaciones de muchos países con un historial de derechos humanos espantoso.

Las armas y la munición israelíes se prueban sobre el terreno contra los palestinos en los territorios ocupados, como reveló Yotam Feldman en su documental de 2013 The Lab. Por eso a Israel le interesa mantener su brutal ocupación militar: beneficia a la industria armamentista.

El Estado ocupante espera que la última guerra en Europa acelere las necesidades de armamento de los gobiernos europeos, en beneficio de Israel, que está a punto de sacar mucho dinero de la crisis de Ucrania, y no sólo de Europa. Mantiene amplias relaciones militares con 130 países que llevan décadas invirtiendo en armas israelíes a través de importaciones, exportaciones, formación y otros tipos de cooperación en materia de seguridad y militar.

No existen restricciones legales relacionadas con los derechos humanos a la hora de autorizar las exportaciones de armas a Israel. Las empresas israelíes pueden exportar armas y tecnología ofensiva a países que cometen graves violaciones de los derechos humanos y crímenes contra la humanidad, como Myanmar y Sudán del Sur. Israel mantuvo estrechos vínculos militares con el régimen del apartheid en Sudáfrica, la junta de Argentina y Ruanda durante el genocidio de 1994.

La economía de Israel depende de la exportación de armas, y aprovecha sus frecuentes ofensivas militares contra los palestinos para comercializar sus armas de combate en todo el mundo. La industria armamentística de Israel se siente perjudicada si no hay operaciones militares a gran escala contra los palestinos.

No es de extrañar que, tras la guerra contra la población civil en la Franja de Gaza el pasado mes de mayo, la industria aeroespacial israelí llegara a un acuerdo con un país asiático para adquirir drones militares por valor de 200 millones de dólares.

En 2020, de toda la inversión mundial en internet, un tercio se dirigió a empresas electrónicas israelíes, muchas de las cuales están dirigidas por graduados de las agencias de inteligencia del Estado de ocupación.

Ya no es un secreto que las industrias militares israelíes operan sin supervisión ni transparencia, lo que permite a Israel seguir haciendo tratos de seguridad, militares y de armas, con el apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea, y establecer relaciones casi normales con regímenes fascistas desde Europa del Este y África hasta Brasil.

Esto perjudica a comunidades ya frágiles y perpetúa las divisiones étnicas, sociales y económicas incluso dentro de la sociedad israelí.

La ampliación del alcance de los conflictos armados en todo el mundo, recientemente en Ucrania, está impulsando la industria armamentística de Israel. Y mientras sus intereses militares y económicos dominen su política, le interesa financieramente mantener la ocupación militar de Palestina y fomentar guerras sangrientas en todo el mundo.

—https://www.middleeastmonitor.com/20220406-its-no-surprise-that-israel-has-boosted-its-arms-sales-thanks-to-the-war-in-ukraine/

Los nazis tratan de escapar de los subterráneos de la acería de Mariupol en pequeños grupos

Como en 1945 en Berlín, los nazis han acabado escondiéndose en el subsuelo con el rabo entre las piernas. Esta vez son los subterráneos de la época soviética que hay bajo la acería Azovstal de Mariupol. Hay más de mil nazis agazapados allí, muchos de ellos heridos, así como población civil que utilizan como escudos humanos para que las tropas rusas no entren a saco.

Los escondidos están intentando salir solos o en pequeños grupos de dos o tres, vestidos de civiles e incluso de mujeres. A menudo intentan pasar directamente por los puestos de control, lo que indica que o bien están bajo la influencia de las drogas, o bien que su nivel de desesperación es máximo. Están dispuestos a todo, incluso a caer en medio de un tiroteo.

Uno de los combatientes de las milicias de la República Popular de Donetsk que participa en el bloqueo de los nazis dice que, después de haber sido gravemente herido en las piernas, uno de ellos trató de resistir. No emitía los lamentos característicos de un herido, lo que hace sospechar que toman algún tipo de estupefacientes.

Cuanto más dure el cerco de la acería, más numerosos serán los casos de este tipo y los intentos de fuga. El ejército ruso alerta a sus tropas de que muchos de los que permanecen cercados quieren rendirse y que deben permitirlo.

La acería tiene en sus entrañas una ciudad subterránea con muchas plantas y refugios a lo largo de decenas de kilómetros. Los escondidos llevan muchos días sin recibir avituallamiento, ni agua, ni medicinas, por lo que su situación es desesperada.

En la madriguera hay muchos oficiales de alto nivel que la OTAN quiere recatar con vida, en especial los mercenarios extranjeros que dirigen los combates. La OTAN ha querido negociar con Rusia una rendición y una evacuación bajo supervisión de alguno de los países que son miembros de la Alianza.

El miércoles Victoria Nuland, subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos y máxima responsable del Golpe de Estado de 2014 en Kiev, declaró a la CNN que los países de la OTAN podrían participar en la evacuación de los “civiles” atrapados en Mariupol.

Pero Mariupol ya ha caído en poder de los rusos y no hay civiles que rescatar. Naturalmente se refería a los que están secuestrados por los nazis ucranianos en los subterráneos de la acería, e incluso a los propios nazis, que es un asunto bien distinto.

Pero la evacuación de los civiles nunca le ha interesado al gobierno de Ucrania porque su ejército los utiliza como escudos humanos. El ejército ruso abrió una puerta para que los combatientes de la acería depusieran las armas, mientras que a Kiev le interesa mantener la ficción de la resistencia, lo cual ha causado malestar entre los propios nazis, que insultan al gobierno de Zelensky y a sus propios dirigentes en las redes sociales por exigirles continuar la lucha, mientras no son capaces de abastecerles de nada.

El hecho es que los ratones no abandonan la ratonera. Ni siquiera fueron capaces de dejar salir a los numerosos heridos que tienen, que necesitan asistencia médica.

Si nadie quiere salir, ¿para qué hace falta un pasillo de salida? La única explicación es que la OTAN quiere validar su presencia sobre el terreno, algo que hasta ahora no ha reconocido formalmente.

En su estilo trapacero, lo que Nuland quiere decir es que pretende evacuar a los nazis clandestinamente, lo cual es imposible. Si quieren encubrir la presencia de mercenarios extranjeros y mandos de la OTAN, deben evitar que sean capturados por el ejército ruso o, como mínimo, negociar con ellos una salida camuflada.

“Hubo alguna esperanza de que los rusos permitieran la evacuación segura de civiles y soldados heridos desde Mariupol”, dijo el miércoles un cabecilla del Departamento de Estado, quien añadió que “si sucede, habrá aliados de la OTAN involucrados en ello”.

El mensaje de los verdaderos dirigentes de la guerra es claro: en cualquier solución negociada al cerco de la acería debe intervenir la OTAN y sus aliados. Los pasillos asegurados sólo por Rusia no son aceptables para la OTAN ni para Estados Unidos. Está claro que hay personas que no deben ser vistas, que no deben salir públicamente en las fotos y deben ser retiradas discretamente del lugar para mantener la fábula de que la OTAN no participa en la Guerra de Ucrania.

Pero si no participa, ¿por que se empeñan en controlar la evacuación de los nazis atrapados en la acería?

Estados Unidos está directamente al mando de la Guerra de Ucrania

Sobre el terreno, Estados Unidos está directamente al mando de la Guerra de Ucrania, ha asegurado Georges Malbrunot, un periodista que acaba de regresar del frente tras viajar allí con una expedición de mercenarios extranjeros.

Malbrunot, corresponsal del diario francés Le Figaro, ha mantenido una entrevista con la cadena CNews. Afirma haber acompañado a varios mercenarios franceses, dos de los cuales ya habían combatido en Oriente Medio.

“Me sorprendió, y a ellos también, descubrir que para reunir al ejército ucraniano, bueno, los estadounidenses están al mando”, dijo Malbrunot, añadiendo que él y los mercenarios “estuvieron a punto de ser detenidos” por los estadounidenses, que decían estar al mando. El periodista reveló entonces que les habían obligado a firmar un contrato “hasta el final de la guerra”.

“¿Y quién está al mando? Son los estadounidenses, los vi con mis propios ojos”, dice Malbrunot, quien también añade: “Creí que estaba en compañía de las brigadas internacionales, y me encontré frente al Pentágono”.

Malbrunot también menciona la entrega por parte de Estados Unidos de drones suicidas Switchblade a Ucrania, algo que mencionó Lloyd Austin, el Secretario de Defensa de Estados Unidos en un mensaje en las redes sociales en el que revelaba que los soldados ucranianos estaban siendo entrenados para utilizar los drones en Biloxi, Mississippi.

Citando una fuente de la inteligencia francesa, Malbrunot también aseguró que las unidades SAS británicas de las fuerzas especiales “también han estado presentes en Ucrania desde el comienzo de la guerra, al igual que las unidades Delta estadounidenses”.

Rusia parece haber entendido perfectamente la guerra secreta lanzada en Ucrania por los mercenarios extranjeros instalados en la región desde febrero.

Tanto Reino Unido como Estados Unidos han declarado públicamente que ni un solo soldado “pisaría suelo ucraniano”, pero aparentemente la presencia militar de Estados Unidos y Reino Unido ha estado allí desde el comienzo de la guerra.

“Las encuestas realizadas en el período previo a la guerra han demostrado que la abrumadora mayoría de los estadounidenses quiere que nuestro gobierno se mantenga al margen, pero nuestros dirigentes lo saben mejor, y están más que felices de arriesgar una tercera guerra mundial para defender el régimen títere en Ucrania”, escribe Chris Menahan.

El Pentágono es una mina de oro para la industria de guerra

La Guerra de Ucrania ha desencadenado una ola de aumentos en los presupuestos militares, tanto en Estados Unidos como en Europa, por lo que la industria armamentista, esencialmente estadounidense, está de fiesta.

Pero antes de que estallaran las hostilidades, los caciques de las principales empresas armamentistas ya se preparaban para aumentar sus ventas. En una conferencia telefónica de enero de este año con los inversores de su empresa, Greg Hayes, director general de Raytheon Technologies, se jactó de que la perspectiva de una guerra en Europa oruental y otros puntos calientes del planeta sería buena para el negocio: “Vemos, yo diría, oportunidades de ventas internacionales… Las tensiones en Europa del este, las tensiones en el Mar de China Meridional, todas esas cosas ejercen presión sobre algunos de los gastos de defensa allí. Así que espero que obtengamos algún beneficio de ello”.

A finales de marzo, en una entrevista concedida a la Harvard Business Review tras el inicio de la guerra en Ucrania, Hayes defendió que su empresa se beneficiaría de la guerra: “Así que no me disculpo por ello. Creo que una vez más reconocemos que estamos ahí para defender la democracia y el hecho es que acabaremos beneficiándonos de ella con el tiempo. Todo lo que se está enviando a Ucrania hoy, por supuesto, proviene de reservas, ya sea del DoD [Pentágono] o de nuestros aliados de la OTAN, y eso es una gran noticia. Con el tiempo tendremos que reponerlos y obtendremos un beneficio para el negocio en los próximos años”.

Ucrania sólo pone los muertos

La guerra en Ucrania será, en efecto, un impulso para empresas como Raytheon y Lockheed Martin. En primer lugar, estarán los contratos de reabastecimiento de armas como el misil antiaéreo Stinger de Raytheon y el misil antitanque Javelin producido por Raytheon/Lockheed Martin que Washington ya ha suministrado a Ucrania por miles. Sin embargo, el mayor flujo de beneficios provendrá de los aumentos asegurados en el gasto de “seguridad nacional” tras la guerra, aquí y en Europa, justificados, al menos en parte, por la invasión rusa de Ucrania y el desastre que siguió.

Las transferencias directas de armas a Ucrania ya reflejan sólo una parte del dinero extra para las empresas militares estadounidenses. Sólo en este año fiscal tienen garantizados importantes beneficios de la Iniciativa de Ayuda a la Seguridad de Ucrania (USAI) del Pentágono y del programa de Financiación Militar Extranjera (FMF) del Departamento de Estado, que financian la adquisición de armas y otros equipos estadounidenses, así como la formación militar. Son los dos principales canales de ayuda militar a Ucrania desde el momento en que los rusos tomaron Crimea en 2014. Desde entonces, Estados Unidos ha comprometido unos 5.000 millones de dólares en ayuda militar a Ucrania.

Todo estaba previsto antes de la guerra

El 31 de marzo del año pasado, antes del inicio de la guerra, el Mando Europeo de Estados Unidos declaró una “crisis potencial inminente”, dados los cerca de 100.000 efectivos rusos ya presentes a lo largo de la frontera con Ucrania. A finales del año pasado el gobierno de Biden prometió 650 millones de dólares en armas a Ucrania, incluyendo equipos antiaéreos y antiblindaje como el misil antitanque Javelin de Raytheon/Lockheed Martin.

Desde el 24 de febrero Estados Unidos ha prometido unos 2.600 millones de dólares en ayuda militar al país, con lo que el gobierno de Biden ha entregado ya más de 3.200 millones de dólares.

Parte de esa ayuda se incluyó en un paquete de gastos de emergencia para Ucrania en marzo, que exigía la compra directa de armas de la industria de defensa, incluyendo drones, sistemas de cohetes guiados por láser, ametralladoras, munición y otros suministros. Las principales empresas armamentistas buscarán ahora más contratos con el Pentágono para entregar el armamento adicional, incluso mientras se preparan para reponer las existencias del Pentágono ya entregadas a los ucranianos.

En este frente, de hecho, las empresas militares tienen mucho que celebrar. Más de la mitad de los 6.500 millones de dólares asignados al Pentágono como parte del plan de gastos de emergencia para Ucrania están destinados a reponer las reservas del Departamento de Defensa. En total, los legisladores asignaron 3.500 millones de dólares al esfuerzo, 1.750 millones más de lo que había solicitado el Presidente. También aumentaron la financiación del programa FMF del Departamento de Estado para Ucrania en 150 millones de dólares. No hay que olvidar que esas cifras no incluyen la financiación de emergencia para los costes de adquisición y mantenimiento del Pentágono, que están garantizados para proporcionar flujos de ingresos adicionales a los principales fabricantes de armas.

Pero todavía quedan muchos bocados en la manzana de la ayuda militar a Ucrania. Biden ya ha dejado claro que “vamos a dar a Ucrania las armas para luchar y defenderse en los difíciles días que se avecinan”. Es de suponer que se están preparando más acuerdos.

Otro efecto secundario positivo de la guerra para Lockheed, Raytheon y otros traficantes de armas como ellos es la presión ejercida por Adam Smith, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, y Mike Rogers, para acelerar la producción de un misil antiaéreo de nueva generación que sustituya al Stinger. En su audiencia de confirmación en el Congreso, a principios de este mes, William LaPlante argumentó que Estados Unidos también necesitaba más “líneas de producción en caliente” de bombas, misiles y drones.

El Pentágono es una mina de oro

Sin embargo, para los fabricantes de armas estadounidenses, los mayores beneficios de la guerra en Ucrania no serán las ventas inmediatas de armas, por importantes que sean, sino el cambio de la naturaleza del debate actual sobre el gasto del Pentágono en sí mismo. Los portavoces de la industria bélica ya apuntan al desafío a largo plazo que supone China. La Guerra de Ucrania no es más que el último grito de guerra para aumentar el gasto militar. Incluso antes de la guerra, el Pentágono iba a recibir al menos 7.300.000 millones de dólares durante la próxima década, más de cuatro veces el coste del plan nacional de Biden de 1.700.000 millones de dólares (Build Back Better), que ya ha sido bloqueado por los miembros del Congreso, que lo han calificado de “demasiado caro” por un amplio margen. Dado el actual repunte del gasto del Pentágono, esos 7.300.000 millones de dólares pueden resultar una cifra mínima.

Dirigentes del Pentágono, como la subsecretaria de Defensa Kathleen Hicks, han mencionado a Ucrania como una de las razones del proyecto de presupuesto de seguridad nacional récord de 813.000 millones de dólares del gobierno de Biden, calificando la invasión rusa de “amenaza aguda para el orden mundial”. En otras circunstancias, este presupuestó se habría considerado asombroso, ya que es superior al gasto en el momento álgido de las guerras de Corea y Vietnam y más de 100.000 millones de dólares más de lo que el Pentágono recibía anualmente en los momentos estelares de la Guerra Fría.

A pesar de su tamaño, los republicanos del Congreso -a los que se han unido un número importante de sus colegas demócratas- están presionando para conseguir más. Cuarenta miembros republicanos de los Comités de Servicios Armados de la Cámara de Representantes y del Senado han firmado una carta dirigida a Biden en la que piden un aumento del 5 por cien en el gasto militar por encima de la inflación, lo que podría añadir hasta 100.000 millones de dólares a la solicitud de presupuesto. La diputada Elaine Luria acusa a Biden de “recortar el presupuesto de la Marina” porque planea retirar algunos barcos viejos para dejar espacio a los nuevos. La queja se presentó a pesar de que el servicio planea gastar 28.000 millones de dólares en nuevos buques en el presupuesto del año que viene.

El gasto militar sólo beneficia a la industria de guerra

El aumento en la financiación de la construcción naval forma parte de un paquete de 276.000 millones de dólares propuesto en el nuevo presupuesto para la adquisición de armas y la investigación y el desarrollo. Es donde los cinco principales contratistas de armas -Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, General Dynamics y Northrop Grumman- ganan más dinero. Estas empresas ya se reparten más de 150.000 millones de dólares en contratos con el Pentágono cada año, una cifra que se disparará si Biden se sale con la suya. Para poner esto en contexto, solo una de estas cinco empresas principales, Lockheed Martin, recibió 75.000 millones de dólares en contratos del Pentágono solo en 2020. Esa cantidad es considerablemente superior a todo el presupuesto del Departamento de Estado, lo que demuestra lo sesgadas que están las prioridades de Washington, a pesar de la promesa de Biden de “dar prioridad a la diplomacia”.

El nuevo submarino de misiles balísticos de clase Columbia, construido por la planta de General Dynamics Electric Boat en el sureste de Connecticut, verá incrementado su presupuesto de 5.000 a 6.200 millones de dólares. El gasto en el nuevo misil balístico intercontinental (ICBM) de Northrop Grumman, el Ground Based Strategic Deterrent, aumentará aproximadamente un tercio al año, hasta los 3.600 millones de dólares. Se espera que la categoría de defensa y neutralización de misiles, una especialidad de Boeing, Raytheon y Lockheed Martin, reciba más de 24.000 millones de dólares. Los sistemas de alerta de misiles basados en el espacio, un componente clave de la Fuerza Espacial creada por Trump, aumentarán de 2.500 millones de dólares a 4.700 millones de dólares en el presupuesto previsto para este año.

F-35: chatarra para el desguace de última generación

Entre todos estos aumentos, sólo hubo una sorpresa: una propuesta de reducción de las compras del avión de combate F-35 de Lockheed Martin de 85 a 61 aviones. El avión tiene más de 800 defectos de diseño identificados y sus problemas de producción y rendimiento son legendarios. Afortunadamente para Lockheed Martin, este recorte no ha ido acompañado de una reducción proporcional de la financiación y que Suiza y Alemania están comprando F-35. Mientras que los aviones de nueva producción pueden reducirse en un tercio, la asignación presupuestaria real para el F-35 se reducirá en menos de un 10 por cien, de 12.000 millones de dólares a 11.000 millones.

Desde que Lockheed Martin obtuvo el contrato del F-35, los costes de desarrollo se han duplicado con creces, mientras que los retrasos en la producción han hecho retroceder el avión casi una década. Sin embargo, se han vendido tantos aviones de este tipo que los fabricantes no pueden satisfacer la demanda de repuestos. La eficacia en combate del F-35 ni siquiera puede probarse adecuadamente, porque los programas informáticos de simulación no sólo no están acabados, sino que ni siquiera hay una fecha de finalización prevista. Por lo tanto, el F-35 está a años luz de producir aviones que realmente funcionen como se pretende, si es que eso es posible.

Una serie de sistemas de armamento que, en el contexto de la guerra de Ucrania, tienen garantizada un derroche de dinero, son tan peligrosos o disfuncionales que, como el F-35, deberían ser eliminados. Por ejemplo, el nuevo ICBM (misil balístico intercontinental). El ex secretario de Defensa William Perry calificó a los misiles balísticos intercontinentales como “una de las armas más peligrosas del mundo”, ya que un presidente dispondría de sólo unos minutos para decidir su lanzamiento en caso de crisis, lo que aumentaría enormemente el riesgo de una guerra nuclear accidental basada en una falsa alarma. Tampoco tiene sentido comprar portaaviones de 13.000 millones de dólares cada uno, sobre todo porque la última versión tiene problemas incluso para lanzar y aterrizar aviones -su función principal- y es cada vez más vulnerable a los ataques de misiles de alta velocidad de última generación.

Los pocos puntos brillantes del nuevo presupuesto, como la decisión de la Armada de retirar el inútil e inviable Buque de Combate Litoral -una especie de “F-35 de los mares” diseñado para múltiples tareas que no realiza bien- deberían ser anulados. La Cámara de Representantes, por ejemplo, cuenta con un poderoso Caucus de Cazas de Ataque Conjunto, que en 2021 hizo que más de un tercio de todos los miembros de la Cámara presionaran para conseguir más F-35 de los que el Pentágono y las Fuerzas Aéreas solicitaron, como probablemente volverán a hacer este año. Un grupo de construcción naval, copresidido por los diputados Joe Courtney y Rob Wittman, luchará contra el plan de la Armada de retirar los barcos viejos y comprar otros nuevos. Preferirían que la Armada mantuviera los barcos viejos y comprara otros nuevos con más dinero de sus impuestos. Asimismo, la “Coalición ICBM”, formada por senadores de estados con bases o centros de producción de ICBM, tiene un historial casi perfecto de lucha contra los recortes en el despliegue o la financiación de estas armas y, en 2022, saldrá a defender su asignación presupuestaria.

La modernización del Pentágono

Desarrollar una política de defensa sensata, realista y asequible tendría que incluir cosas como la reducción del número de contratistas privados en el Pentágono, cientos de miles de personas, muchas de las cuales se dedican a tareas totalmente redundantes que podrían ser realizadas de forma más barata por empleados civiles del gobierno o simplemente eliminadas. Se calcula que una reducción del 15 por cien del gasto en contratistas permitiría ahorrar unos 262.000 millones de dólares en 10 años.

El plan de “modernización” del Pentágono, de tres décadas y casi dos billones de dólares, para construir una nueva generación de bombarderos, misiles y submarinos con armamento nuclear, así como nuevas ojivas, debería, por ejemplo, abandonarse por completo, de acuerdo con la estrategia nuclear de “disuasión estricta” desarrollada por la organización de política nuclear Global Zero. El impacto militar mundial de Estados Unidos -una invitación a nuevos conflictos que incluye más de 750 bases militares en todos los continentes excepto en la Antártida, y operaciones antiterroristas en 85 países- debería, como mínimo, reducirse en gran medida.

Una revisión estratégica relativamente minimalista podría ahorrar al menos un billón de dólares en la próxima década, lo suficiente para hacer un buen desembolso inicial para inversiones en salud pública, o para empezar a reducir los niveles récord de desigualdad de ingresos.

Por supuesto, ninguno de estos cambios puede producirse sin desafiar el poder y la influencia del complejo militar-industrial en el Congreso. Una nueva fiebre del oro del gasto en defensa es un desastre a punto de ocurrir para todos los que no formamos parte de ese complejo.

—https://tomdispatch.com/the-new-gold-rush/

Últimos detalles del ataque de la OTAN al crucero ruso Moskva en el Mar Negro

El hundimiento del crucero Moskva en la noche del 13 de abril es uno de los indicadores más evidentes de la intervención de la OTAN en la Guerra de Ucrania. Es inverosímil que el ejército ucraniano sea capaz de hacerlo por sus propias fuerzas y tampoco es cierta la versión rusa de que fue un incendio accidental.

Sólo la OTAN dispone de los medios técnicos para localizar y hundir un navío de esas características. El ataque lo llevaron a cabo baterías costeras emplazadas en Odessa y operadas por especialistas de la Alianza Atlántica.

El buque se encontraba a 110 kilómetros de distancia y fueron necesarios dos misiles para hundirlo. Sin embargo, más importante que la puntería de los dos disparos es la ubicación exacta de buque, cuyos radares no fueron capaces de advertir a tiempo la llegada de los proyectiles.

Algunas fuentes sugieren que el buque fue detectado por drones turcos Bayraktar TB-2 y que, a su vez, el Moskva no fue capaz de detectarlos, o bien no fue capaz de derribarlos antes de que comunicaran su posición. Tampoco es una versión creíble.

El diario británico The Times asegura (1) que un avión de patrulla marítima P-8A Poseidon de la OTAN [AE681B] estaba en una misión sobre el Mar Negro poco antes del ataque contra el crucero. Así se desprende de los datos de seguimiento del tráfico aéreo del 13 de abril.

El P-8A Poseidón despegó de la base militar que tiene la OTAN en Sigonella, Sicilia y fue visto a las 13:32, hora de Kiev, sobrevolando el Mediterráneo en dirección a los Balcanes y Bulgaria. Se perdió el rastro a las 15:27 sobre Rumanía, a 20 kilómetros de la frontera ucraniana y 180 kilómetros de la última posición del Moskva. Poco antes de apagar su transpondedor, había descendido a una altitud de 3.600 metros.

Faltaban tres horas para el ataque. El primer mensaje informando del ataque contra el crucero se envió a las 20:42 a través de las redes sociales. La información fue confirmada a las 22:31 por el gobernador de Odessa.

El avión de la OTAN reapareció a las 18:23 en Rumanía, apagó su transpondedor de nuevo a las 18:42 y lo volvió a encender 42 minutos después, cerca de Abrud, desde donde se dirigió de nuevo a la base de Sigonella.

El patrullero pudo vigilar todos los movimientos de los barcos entre la costa rumana y Crimea, aunque es más discutible que su presencia durante horas no fuera advertida por el Moskva ni por ningún otro radar ruso.

Un alto funcionario del Pentágono ha admitido que “como parte de nuestro apoyo al flanco oriental de la OTAN, hemos realizado algunas patrullas aéreas limitadas frente a la costa rumana”, pero no quiso dar más detalles de ningún operativo.

Pero hay otro dato importante. El 8 de abril el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, admitió por primera vez que Estados Unidos estaba proporcionando información a las fuerzas ucranianas “para llevar a cabo operaciones en el Donbass”.

Luego un funcionario estadounidense confirmó a la CNN (2) que la OTAN estaba transmitiendo “información útil” al gobierno de Kiev. “A medida que la lucha migre más hacia la región del Donbass, ajustaremos nuestro flujo de información según sea necesario”, admitió.

Blanco y en botella. La presencia de los aviones P-8A Poseidon en el Mar Negro no es excepcional, al igual que la presencia de otros aviones de inteligencia pertenecientes a los distintos Estados miembros de la OTAN.

Por ejemplo, el 19 de abril el mismo avión, Poseidón AE681B, apareció de nuevo en la misma región con el indicativo AE6833. El día del hundimiento del Moskva, el indicativo AE67FF estaba patrullando en la zona junto con un dron de la OTAN RQ-4B Global Hawk con indicativo Forte 10.

(1) https://www.thetimes.co.uk/article/ukraine-war-us-spy-plane-on-patrol-in-black-sea-before-sinking-of-russian-flagship-moskva-fblbg0znd
(2) https://edition.cnn.com/2022/04/07/politics/us-intel-ukraine-donbas-operations/index.html

Miembro de la Royal Navy británica caído cerca de Kramatorsk

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