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Mantener el terreno, perder la guerra

A finales de 1942, cuando la Wehrmacht no pudo avanzar más hacia el este, Hitler cambió las fuerzas terrestres alemanas de una estrategia focalizada “contra la fuerza del enemigo” a otra de “mantener el terreno”. Hitler exigió que sus ejércitos defendieran vastas franjas de territorio soviético, muchas de ellas vacías e irrelevantes.

El “mantenimiento del terreno” no sólo privó al ejército alemán de su libertad de movimientos operativos y, lo que es más importante, de superar al lento y metódico adversario soviético; el “stand befhel” también llevó la logística alemana al límite. Cuando el mantenimiento del terreno se combinaba con interminables contraataques para recuperar territorios inútiles, la Wehrmacht estaba condenada a una destrucción lenta y aplastante.

El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky (probablemente con el consejo de sus asesores militares estadounidenses y británicos) también adoptó una estrategia de mantener el terreno en el este de Ucrania. Las fuerzas ucranianas se han inmovilizado dentro de las zonas urbanas y han preparado defensas. Como resultado, han convertido los centros urbanos en fortalezas para lo que se han convertido en “últimos puestos”. Se prohibieron las retiradas razonables de ciudades como Mariupol, que podrían haber salvado a muchas de las mejores tropas ucranianas. Las fuerzas rusas respondieron aislando y aplastando metódicamente a los defensores que no pudieron escapar ni ser rescatados por otras fuerzas ucranianas.

La determinación de Moscú de destruir las fuerzas ucranianas con el menor coste de vidas rusas se impuso. Las bajas ucranianas siempre han sido superiores a las registradas desde el momento en que las tropas rusas cruzaron al este de Ucrania, pero ahora, gracias al reciente fracaso de los contraataques ucranianos en la región de Jerson, han alcanzado niveles terribles que no se pueden ocultar. El número de víctimas ha alcanzado los 20.000 muertos o heridos al mes.

A pesar de la incorporación de 126 obuses, 800.000 proyectiles de artillería y Himars (artillería de cohetes estadounidense), los meses de duros combates están erosionando los cimientos de la fuerza terrestre de Ucrania. Ante este desastre, Zelensky sigue ordenando contraataques para retomar el territorio con el fin de demostrar que la posición estratégica de Ucrania frente a Rusia no es tan desesperada como parece.

El reciente avance ucraniano hacia la ciudad de Izium, el enlace entre el Donbas y Jarkov, parecía ser un regalo para Kiev. Sin duda, las redes de satélites estadounidenses proporcionaron a los ucranianos una imagen en tiempo real de la zona que mostraba que las fuerzas rusas al oeste de Izium contaban con menos de 2.000 efectivos ligeros (el equivalente a la policía paramilitar, por ejemplo, el Swat y la infantería aerotransportada).

El mando ruso optó por retirar su pequeña fuerza de la zona, que representa aproximadamente el 1 por cien del antiguo territorio ucraniano ahora bajo control ruso. Sin embargo, el precio de la victoria para la propaganda de Kiev fue alto: según la fuente, entre 5.000 y 10.000 soldados ucranianos murieron o resultaron heridos en una zona llana y abierta que la artillería, los cohetes y los ataques aéreos rusos convirtieron en un campo de exterminio.

Dada la incapacidad de Washington para poner fin a la guerra en Ucrania con la derrota de las armas rusas, parece seguro que el “Beltway” (*) intentará, en cambio, convertir las ruinas del Estado ucraniano en una herida abierta en el bando ruso que nunca sanará. El problema de este planteamiento desde el principio fue que Rusia seguía teniendo recursos para intensificar considerablemente los combates y acabar con ellos en Ucrania en condiciones muy duras. La escalada ya está en marcha.

En una declaración pública que no debería sorprender a nadie, el presidente Putin anunció la movilización parcial de 300.000 reservistas. Muchos de estos hombres sustituirán a las fuerzas regulares del ejército ruso en otras partes de Rusia y los liberarán para las operaciones en Ucrania. Otros reservistas reforzarán las unidades rusas que ya participan en el este de Ucrania.

Washington siempre ha confundido la voluntad de Putin de negociar y limitar el alcance y la destructividad de la campaña en Ucrania como una prueba de debilidad, cuando estaba claro que los objetivos de Putin siempre se limitaron a eliminar la amenaza de la OTAN para Rusia en el este de Ucrania. La estrategia de Washington de aprovechar el conflicto para vender aviones de combate F-35 a Alemania -así como grandes cantidades de misiles, cohetes y radares a los gobiernos aliados de Europa Central y Oriental- está resultando contraproducente.

El establishment de defensa de Estados Unidos tiene un largo historial de éxito en aplacar a los votantes con clichés sin sentido. A medida que las condiciones favorables a Moscú se desarrollan en el este de Ucrania y la posición de Rusia en el mundo se fortalece, Washington se enfrenta a una dura elección: afirmar que ha logrado “degradar el poder ruso” en Ucrania y reducir sus acciones. O arriesgarse a una guerra regional con Rusia que envuelva a Europa.

En Europa, sin embargo, la guerra de Washington con Moscú es algo más que un tema desagradable. La economía alemana está al borde del colapso. Las industrias y los hogares alemanes están hambrientos de energía, que se encarece cada semana. Los inversores estadounidenses están preocupados porque los datos históricos indican que los resultados económicos de Alemania suelen ser un presagio de tiempos económicos difíciles en Estados Unidos.

Y lo que es más importante, la cohesión social en los Estados europeos, especialmente en Francia y Alemania, es frágil. Al parecer, la policía de Berlín está elaborando planes de contingencia para hacer frente a los disturbios y saqueos durante los meses de invierno si la red energética de la ciudad “multicultural” se colapsa. El descontento va en aumento, por lo que es muy probable que los gobiernos de Alemania, Francia y Gran Bretaña sigan el ejemplo de sus colegas de Estocolmo y Roma, que han perdido o perderán el poder frente a las coaliciones de centro-derecha.

En este momento, Kiev sigue haciéndole un favor a Moscú al empalar las últimas reservas de mano de obra de Ucrania en las defensas rusas. Washington, según insiste el Presidente Biden, apoyará a Ucrania “todo el tiempo que sea necesario”. Pero si Washington sigue agotando las reservas estratégicas de petróleo de Estados Unidos y enviando sus reservas de guerra a Ucrania, la capacidad de proteger y abastecer a Estados Unidos competirá con el apoyo a Ucrania.

Rusia ya controla el territorio que produce el 95 por cien del PIB de Ucrania. No es necesario que apoye más al oeste. En el momento de escribir estas líneas, parece seguro que Moscú terminará su trabajo en el Donbas, y luego se dedicará a tomar Odesa, una ciudad rusa que vio las terribles atrocidades cometidas por las fuerzas ucranianas contra los ciudadanos rusos en 2014.

Moscú no tiene prisa. Los rusos son muy metódicos y decididos. Las fuerzas ucranianas se desangran en un contraataque tras otro. ¿Por qué las prisas? Moscú puede ser paciente. China, Arabia Saudí e India compran petróleo ruso en rublos. Las sanciones perjudican a los aliados europeos de Estados Unidos, no a Rusia. El próximo invierno probablemente hará más por cambiar el panorama político de Europa que cualquier acción que pueda llevar a cabo Moscú. En Zakopane, una ciudad de 27.000 habitantes en el extremo sur de Polonia, ya está nevando.

Coronel Douglas Mac Gregor del ejército de Estados Unidos

(*) En la jerga política de Estados Unidos, “beltway” (carretera de circunvalación) designa a los círculos dirigentes de Washington

Estados Unidos y Europa no tienen más armas para enviar a Ucrania

En la industria armamentística estadounidense, el nivel normal de producción de cartuchos de artillería para el obús de 155 milímetros -un arma de artillería pesada de largo alcance que se utiliza actualmente en los campos de batalla de Ucrania- es de unos 30.000 cartuchos al año en tiempos de paz. Los soldados ucranianos que luchan contra las fuerzas rusas gastan esa cantidad en dos semanas aproximadamente, según Dave Des Roches, profesor asociado de la Universidad de Defensa Nacional de Estados Unidos.

“Estoy muy preocupado. A menos que tengamos una nueva producción, que tarda meses en aumentar, no vamos a tener la capacidad de abastecer a los ucranianos”, dice Des Roches.

Europa también se está quedando sin existencias. “Las reservas militares de la mayoría de los Estados miembros [europeos de la OTAN] se han agotado en una alta proporción, porque hemos estado proporcionando mucha capacidad a los ucranianos”, ha reconocido Borrell.

El Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, celebró el martes una reunión especial de los directores de armamento de la Alianza para debatir la forma de reponer los arsenales de los países miembros.

Los países occidentales han estado produciendo armas en volúmenes mucho menores en tiempos de paz, y los gobiernos han optado por reducir la fabricación, que es muy costosa, y producir armas sólo cuando es necesario. Algunas de las armas que se están agotando ya no se fabrican, y para su producción se requiere mano de obra altamente cualificada y experiencia, que han escaseado en las fábricas estadounidenses de armas durante años.

Ante la Asamblea General de la ONU Stoltenberg dijo que los miembros de la OTAN necesitan reinvertir en sus bases industriales en el sector armamentístico. “Ahora estamos trabajando con la industria para aumentar la producción de armas y municiones”, declaró Stoltenberg, añadiendo que los países deben animar a los fabricantes de armas a ampliar su capacidad de producción a largo plazo mediante la realización de más pedidos de armas.

Pero aumentar la producción de guerra no es rápido ni fácil.

Estados Unidos ha sido, con mucho, el mayor proveedor de ayuda militar a Ucrania en su guerra con Rusia, proporcionando 15.200 millones de dólares en paquetes de armas hasta el inicio de las hostilidades. El gobierno de Biden ha dicho que apoyará a Ucrania durante “todo el tiempo que sea necesario” para derrotar a Rusia. Eso significa muchas más armas.

Estados Unidos se ha quedado prácticamente sin obuses de 155 milímetros para dar a Ucrania; para enviar más, tendría que recurrir a sus propias existencias, reservadas para las unidades militares estadounidenses, que las utilizan para el entrenamiento. Pero el Pentágono no puede hacerlo, lo que significa que es muy poco probable que los suministros reservados para los propios estadounidenses se vean afectados.

“Hay una serie de sistemas en los que creo que el Departamento de Defensa ha alcanzado los niveles en los que no está dispuesto a proporcionar más de ese sistema concreto a Ucrania”, dijo Mark Cancian, antiguo coronel del Cuerpo de Marines de Estados Unidos y asesor principal del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

Esto se debe a que “Estados Unidos necesita mantener reservas para apoyar los planes de guerra”, dijo Cancian. “Para algunas municiones, el plan de guerra impulsor sería un conflicto con China sobre Taiwán o en el Mar de la China Meridional; para otras, particularmente los sistemas terrestres, el plan de guerra impulsor sería Corea del Norte o Europa”.

Algunos de los equipos ucranianos más cruciales para el campo de batalla -como el obús de 155 milímetros- están teniendo que ser sustituidos por armamento más antiguo y menos óptimo, como el obús de 105 milímetros, que tiene una carga útil más pequeña y un menor alcance. “Es un problema para los ucranianos”, dice Des Roches, porque “el alcance es fundamental en esta guerra. Esta es una guerra de artillería”.

Otras armas con las que cuenta Ucrania y que ahora están clasificadas como limitadas en el inventario de Estados Unidos son los lanzadores Himars, los misiles Javelin, los misiles Stinger, el obús M777 y la munición de 155 milímetros.

El Javelin, producido por Raytheon y Lockheed Martin, ha adquirido un papel icónico en Ucrania: el misil antitanque de precisión disparado desde el hombro ha sido indispensable para combatir los tanques rusos. Pero la producción en Estados Unidos es baja, a un ritmo de unos 800 al año, y Washington ha enviado ahora unos 8.500 a Ucrania, más de una década de producción.

Biden visitó en mayo una planta de Javelin en Alabama y dijo que “se aseguraría de que Estados Unidos y nuestros aliados puedan reponer nuestras propias reservas de armas para reemplazar las que hemos enviado a Ucrania”. Pero, añadió, “esta lucha no va a ser barata”.

El Pentágono ha pedido cientos de millones de dólares en nuevos Javelins, pero la puesta en marcha lleva tiempo. Los numerosos proveedores que suministran los productos químicos y los chips informáticos de cada misil no pueden acelerarse lo suficiente. Y la contratación, selección y formación de personal para construir la tecnología también lleva tiempo. Según Cancian, Estados Unidos podría tardar entre uno y cuatro años en aumentar significativamente la producción general de armas.

“Tenemos que poner nuestra base industrial de defensa en condiciones de guerra”, dijo Des Roches. “Y no veo ningún indicio de que lo hayamos hecho”. El Pentágono está “trabajando con la industria para reponer las existencias agotadas de forma acelerada”, dice Jessica Maxwell, portavoz del Pentágono. “Esto incluye la provisión de fondos para comprar más equipos, establecer nuevas líneas de producción y apoyar turnos de trabajo adicionales. Todavía tenemos el inventario necesario para nuestras necesidades”.

—https://www.cnbc.com/2022/09/28/the-us-and-europe-are-running-out-of-weapons-to-send-to-ukraine.html

Europa no quiere la paz

Al menos de manera retórica, la Unión Europea siempre se caracterizó por sus declaraciones en favor de la paz. De hecho, siempre escuchamos que la Unión Europea se había creado precisamente para evitar la guerra en Europa, un Continente dividido por viejas rivalidades a las que había que poner fin.

Ahora las cosas son distintas. En Estrasburgo la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha dejado bien claros los derroteros por los que marcha la política de Bruselas: “No debemos buscar el apaciguamiento”.

En otro discurso pronunciado el jueves en la Universidad de Princeton ha repetido: “Sé que algunos piden el fin de los combates, pero tengo que decir que la realidad es esta: si Rusia deja de luchar, la guerra se acaba, si Ucrania deja de luchar, no habrá más Ucrania”.

“Hay mucho en juego, no sólo para Ucrania, sino para Europa, para la comunidad internacional y para el orden mundial”, añadió.

Habría que leer esas declaraciones un par de veces o tres porque, en efecto, hay quien cree que el escenario de estala guerra es Ucrania y Von der Layen les vuelve a recordar que no es así. En Ucrania hay una guerra mundial que nunca ha necesitado ninguna escalada bélica para mostrar lo que está “en juego”.

Por lo demás, las consecuencias de la guerra no serán sólo la derrota total de Ucrania, ya que este choque no es sólo militar. La guerra es una de las manifestciones más obvias de la fragmentación del mundo y de la vuelta a los bloques, rompiendo una ilusión creada hace hace 30 años por la caída del muro de Berlín. Hoy los muros están por todas partes.

Una de las consecuencias de la fragmentación del mundo son las sanciones impuestas a Rusia. En una entrevista con la CNN, Von der Leyen pidió más sanciones con el pretexto del discurso previo de Putin, en el que las grandes potencias occidentales han querido ver una “escalada militar”.

En Ucrania no va a haber ninguna escalada militar, ni mucho menos nuclear. No hace falta. La escalada es la propia Guerra de Ucrania.

Ahora bien, no podemos descuidar una cuestión: si Von der Layen ha necesitado asentar con claridad que la política de la Comisión Europea es la guerra, es poque se está gestando un movimiento en favor de la paz en el interior mismo de Europa que, por cierto, irá indisolublemente ligado a la lucha contra la crisis capitalista y sus secuelas: paro, carestía y racionamiento.

Loe veremos.

‘El objetivo de occidente es la destrucción de nuestro país’, dice Putin

Esta mañana Putin ha pronunciado un discurso televisado en el que ha anunciado una movilización parcial de las reservas militares:

“Sólo los ciudadanos que estén actualmente en la reserva y, sobre todo, los que hayan servido en las filas de las Fuerzas Armadas, tengan determinadas especialidades militares y experiencia relevante serán objeto de reclutamiento para el servicio militar.

“Los llamados al servicio militar, antes de ser enviados a las unidades, recibirán necesariamente una formación militar complementaria teniendo en cuenta la experiencia de una operación militar especial”.

Todos los contratos de servicio militar (normalmente de 3 a 12 meses) actualmente en vigor se prorrogan indefinidamente.

Putin ha afirmado que la guerra actual ha sido iniciada por occidente, señalando que las potencias occidentales buscaban la destrucción y desintegración de Rusia.

Occidente, ha dicho Putin, ha apoyado a los terroristas internacionales, promovido la infraestructura ofensiva de la OTAN cerca de las fronteras de Rusia y fomentado la rusofobia.

Por su parte, el ministro de Defensa, Serguei Shoigu, ha dicho que se movilizarán 300.000 reservistas. Los reclutas y los que estén estudiando no serán enviados a Ucrania.

También dijo que hasta ahora han muerto 5.937 soldados rusos en la guerra de Ucrania, una cifra no incluye a las milicias de las repúblicas del Donbas, ni a los mercenarios del grupo Wagner, que han realizado la mayor parte del trabajo en primera línea y, por tanto, han sufrido las mayores pérdidas.

Shoigu cifra las pérdidas ucranianas en unos 62.000 muertos y unos 50.000 heridos. Si esas cifras son ciertas, más de la mitad del ejército ucraniano ha sido aniquilado.

La reserva militar total de Rusia, los que ya han recibido formación militar, es de 25 millones. También tiene el equipo suficiente para armar a esas tropas.

Ucrania se está preparando para una ofensiva total, movilizando y preparando nuevas unidades desde Kiev y el oeste para un gran impulso contra el ejército ruso. Tardarán meses en prepararse. Ucrania necesita mucho más equipo y munición de occidente, incluidos tanques y vehículos de combate de infantería occidentales, y aún no ha entrenado a las tropas para utilizarlos. Es probable que sólo tenga la intención de lanzar la ofensiva en la primavera.

El llamamiento anunciado ahora por Rusia puede tener como objetivo llevar al gobierno ucraniano a un lanzamiento prematuro de su ofensiva general.

Las tropas rusas movilizadas tardarán unos tres meses en estar listas para la guerra. Así, Rusia podría lanzar su propia ofensiva durante la temporada de invierno. Mientras tanto, el trabajo defensivo constante seguirá degradando gravemente a las unidades ucranianas que se encuentran actualmente en el frente o cerca de él.

Con una fuerza de 300.000 efectivos adicionales, mucho más allá de los 100.000 ó 150.000 que participan actualmente en la guerra, las fuerzas rusas podrían cambiar su táctica, pasando del ritmo lento actual a una guerra de maniobras a mayor escala, con fuertes golpes en la profundidad operativa de la línea del frente.

Bielorrusia, aliada de Rusia, también se está preparando para la guerra. Como ha anuncido, podría cortar las líneas de suministro de la OTAN a Ucrania en la parte occidental de ese país.

Si los actuales ataques ucranianos contra civiles e infraestructuras en Rusia y en el Donbas continúan, hay que esperar que las fuerzas rusas comiencen a degradar la infraestructura ucraniana a gran escala. Las redes eléctricas y ferroviarias serán los primeros objetivos.

El viernes comenzarán los referéndums para que la población de las repúblicas de Donetsk y Lugansk voten si se unen a Rusia. Las asambleas de las dos repúblicas han pedido la organización inmediata de los referéndums.

Al mismo tiempo, las autoridades de la región de Jerson también han anunciado la organización de un referéndum sobre la integración con Rusia, según Vladimir Saldo, jefe de la administración militar-civil de la región.

El jefe de la administración de Zaporiya, Vladimir Rogov, ha declarado que en los próximos días podría celebrarse un referéndum sobre la entrada de la región en Rusia.

En Moscú, Vlasheslav Volodin, Presidente de la Duma Federal, dijo que el Parlamento ruso apoyará los resultados de los referéndums.

Dichos referéndums asustan a occidente por sus implicaciones geopolíticas e históricas, ha dicho el antiguo presidente ruso Dmitri Medvedev.

https://uacde.tv/video/discurso-completo-de-putin-a-la-nacion-sobre-armas-nucleares-y-llamamiento-parcial-a-las-armas/

Alemania no cree en la victoria de Ucrania en la guerra

El gobierno alemán sigue sin tomarse en serio al ejército ucraniano, dice el semanario alemán Die Zeit (*). Para el Canciller, la guerra debe resolverse por las vías diplomáticas.

El gobierno de Olaf Scholz vuelve a estar en el punto de mira de Ucrania, según Die Zeit. Para intensificar sus contraataques contra los rusos, Kiev necesita armas, que Berlín parece reacio a enviar. “Una victoria ucraniana -definida como el retroceso de las fuerzas rusas a las fronteras anteriores a 2014- no sólo contradice los pronósticos de muchos expertos alemanes”, explica Die Zeit.

“También va en contra de la posición política del canciller Olaf Scholz, y esto debe quedar muy claro”, añade.

Las dudas del Canciller socialdemócrata sobre el envío de tanques Marder y Leopard a Kiev se explican por su falta de confianza en el ejército ucraniano. Scholz considera que esta última no puede imponerse frente a la “superioridad militar” de Rusia. “Lo que quiere, y ha querido, desde el principio del conflicto es negociar con el Kremlin”.

Die Zeit basa su análisis en las declaraciones del Scholz. En las reuniones del G7 o en el Foro Económico Mundial de Davos, siempre ha dicho que “Putin no debe ganar esta guerra”. Para Die Zeit, “esto no es lo mismo que decir: ‘Putin debe perder la guerra’, o incluso ‘Estaremos junto a Ucrania hasta la victoria final’”.

La llamada telefónica del dirigente alemán al presidente ruso, el martes, parece una forma de volver a poner sobre la mesa las conversaciones diplomáticas, al tiempo que acalla las críticas por su falta de implicación en la guerra.

En un país en el que el 77 por cien de la población quiere que se negocie con los países occidentales para poner fin a la guerra, la medida sólo puede ser vista de forma positiva, señala el periódico, citando un sondeo del Instituto Forsa publicado a finales de agosto. “El canciller conoce bien a los alemanes”.

(*) https://www.zeit.de/politik/deutschland/2022-09/waffenlieferung-ukraine-gegenoffensive-russland/komplettansicht

España adiestrará a los reclutas del ejército ucraniano en Zaragoza

En junio el Ministerio de Defensa británico lanzó una iniciativa para adiestrar a 10.000 reclutas del ejército ucraniano en Reino Unido cada 120 días. Desde entonces, otros países, incluidos los miembros de la Unión Europea, han anunciado su participación en el programa, entre ellos España (*).

España acogerá a 20 soldados ucranianos en Zaragoza para que se formen en combate, desminado y medicina de guerra.

A finales de agosto, los ministros de Defensa de la Unión Europea aceptaron el principio de una misión de asistencia militar europea para Ucrania. El objetivo era “mejorar el funcionamiento del ejército ucraniano, que se enfrenta a grandes desafíos”, según Borrell. “Podemos responder mejor poniendo en común nuestras capacidades”, dijo.

Otros países europeos han acogido a soldados ucranianos en su territorio para entrenarlos. Pero se trataba sobre todo de enseñarles a utilizar el material de guerra que se les había prometido.

Durante una visita a la capital ucraniana el 13 de septiembre el ministro de Defensa danés, Morten Bodskov, también se ha sumado a la iniciativa británica.

“Habrá entrenamiento en Dinamarca. No puedo dar más detalles, pero habrá entrenamiento del ejército ucraniano en Dinamarca”, dijo Bodskov, mientras que 130 instructores militares daneses participan en la formación de reclutas ucranianos en Reino Unido.

Hasta el pasado mes de junio, Dinamarca tenía una cláusula de exención de defensa dentro de la Unión Europea. Tras un nuevo referéndum, finalmente renunció a esta cláusula, que ahora le permite participar en la Política Común de Seguridad y Defensa y, por lo tanto, en las operaciones militares europeas.

(*) http://www.heraldo.es/noticias/aragon/2022/09/14/defensa-militares-ucranianos-campo-maniobras-san-gregorio-1599602.html

La constitución de una alianza militar contra Rusia: el Tratado de Kiev

La presidencia ucraniana acaba de publicar el Tratado de Seguridad de Kiev (*), cuya redacción ha dirigido muy discretamente Anders Rasmussen, antiguo secretario general de la OTAN, con la contribución de ex primeros ministros, ex ministros, altos funcionarios y académicos occidentales. El Tratado prevé el establecimiento de un mecanismo para la intervención militar de la OTAN y los países aliados en la Guerra de Ucrania. El objetivo no es sólo convertir a toda Ucrania en una plataforma de lucha contra Rusia, sino sobre todo destruir a la propia Rusia.

“Las garantías de seguridad deberían codificarse en un documento de asociación estratégica conjunta llamado Pacto de Seguridad de Kiev, cofirmado por un grupo central de socios que actuarían como garantes de la autodefensa de Ucrania. Esto podría incluir, entre otros, a Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Polonia, Italia, Alemania, Francia, Australia, Turquía y los países nórdicos, bálticos y centroeuropeos. Además del Documento de Asociación Estratégica, Ucrania y algunos Estados garantes pueden firmar acuerdos bilaterales sobre cuestiones específicas relacionadas con las garantías de seguridad entre Ucrania y los Estados garantes. Además de los principales garantes, varios niveles de países podrían sumarse a cuestiones adicionales o específicas relacionadas con las garantías de seguridad”.

Se trata de una coalición con diferentes grados de implicación, incluyendo un grupo estable de países plenamente implicados. El propósito general de esta coalición es la defensa de Ucrania, que se convierte así en el nuevo interés general de estos países:

“El formato Rammstein, también conocido como Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania, formado por unos 50 países, podría constituir la base de este grupo más amplio, que podría formalizarse en una coalición de voluntades. Deben tomarse medidas para que Ucrania pueda disuadir y, en caso necesario, defenderse de otro ataque armado o actos de agresión. Para ello, Kiev necesitará grandes fuerzas de defensa, capacidades sólidas y una industria de defensa fuerte y reformada. Esto debe estar apuntalado por una inversión sostenida en su base industrial de defensa, por importantes transferencias de armas y apoyo de inteligencia por parte de los aliados, y por fuerzas bien entrenadas y ejercitadas”.

No se trata formalmente de una defensa, sino que también está previsto el ataque. Para que la arruinada Ucrania pueda convertirse en el campo de batalla de esta guerra mundial, se requiere un esfuerzo bélico por parte de los países mencionados para fortalecer la potencia económica e industrial del país, además de la militar.

Hay dos áreas. Una de ellas es la militar, la otra es la económica. Según el documento, Ucrania debe participar en las maniobras de la OTAN y de la Unión Europea, beneficiarse de la formación de su ejército, de la transferencia gratuita de tecnología, de la reconstrucción de su industria militar, de la entrega de armas, etc. Es como el artículo 5 del tratado de la OTAN, del que Ucrania no forma parte:

“El proceso de toma de decisiones debe basarse en el principio de las consultas colectivas seguidas de las contribuciones individuales. A petición de Ucrania, los garantes se reunirán para celebrar consultas colectivas en un plazo muy breve (por ejemplo, 24 horas) y decidirán ampliar las garantías sobre la base de una coalición de voluntades (por ejemplo, 72 horas)”.

Así pues, los garantes tienen 72 horas para convertirse en beligerantes, en cuanto firmen esos acuerdos, puesto que ya reconocen la “agresión rusa”. En otras palabras, no se realizará ninguna consulta nacional y las poblaciones europeas, en particular, se encontrarán en guerra, sin tener nada que decir al respecto. El texto también especifica que no es una alternativa al ingreso de Ucrania en la OTAN. Una premisa quizás, porque si se aprueba este texto, se romperá la última barrera psicológica y sólo quedará por dar un paso simbólico.

En cuanto al aspecto económico, los países garantes y beligerantes pierden el poder de decisión sobre las sanciones adoptadas contra Rusia. No obstante, esos países están hoy divididos, tanto en materia de gas como de visados. Bajo la apariencia de Ucrania, la OTAN podrá determinar la política exterior de los países firmantes:

“Sin perjuicio del mecanismo de sanciones descrito a continuación, los garantes deben abstenerse de levantar las sanciones contra Rusia acordadas desde 2014, hasta que Moscú: a) cese su agresión contra Ucrania; b) garantice que no atacará a Ucrania en el futuro; c) compense a Ucrania por los daños causados durante la invasión. Cualquier decisión de levantar o suspender temporalmente las sanciones, como parte de un acuerdo de paz negociado, debe tomarse en estrecha coordinación con Ucrania. El acuerdo de garantía de seguridad debe contener una disposición que establezca la reimposición de las sanciones (disposiciones de reactivación) en caso de nuevos ataques o agresiones. Las sanciones deben mantenerse hasta que Rusia deje de ser una amenaza para la soberanía ucraniana […]

“El paquete de sanciones debe ser iniciado y aplicado por los garantes de la seguridad de Ucrania, en estrecha coordinación con otros organismos internacionales como el G7 y la UE. Otros países afines que apoyan las sanciones (por ejemplo, Suiza, Noruega, Singapur, Corea del Sur, Australia y otros) también deberían ser invitados a unirse”.

Para ayudar económicamente a Ucrania, se propone embargar propiedades y fondos rusos, para ayudar a reconstruir Ucrania.

“Cuando esta guerra termine, debemos asegurarnos de que Rusia no pueda volver a invadir Ucrania. La mejor manera de hacerlo es que Ucrania tenga una gran fuerza militar que pueda resistir cualquier futuro ataque ruso”, subrayó Rasmussen. La construcción y el mantenimiento de una fuerza de este tipo requerirá décadas de compromiso por parte de los aliados de Ucrania, añadió Rasmussen.

Es la muerte política y económica de los países miembros de esta coalición beligerante, formada directamente por la OTAN en nombre de la defensa de Ucrania. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso lo subrayó en estos términos:

“Poner a los países occidentales en total dependencia, obligarles a seguir con esa ayuda al régimen de Kiev, es incinerarlos. Imagínese, se propone hacer esto a los Estados, que ahora están pensando en cómo pueden sobrevivir al invierno […] Ahora los países desarrollados han caído instantáneamente al nivel de los países subdesarrollados, que no saben cómo calentarse”, dijo Zakharova.

La portavoz añadió que a los países que ya se encuentran en esta situación “también se les ofrece una servidumbre tan terrible, que tienen que firmarla con toda su sangre, lo que será un horror sin fin”.

Para la OTAN se trata de la aniquilación de Rusia como potencia. La Alianza militar intenta limitar el campo de batalla principal a Ucrania principalmente y, en la medida de lo posible, extenderlo a Rusia.

(*) https://www.president.gov.ua/en/news/andrij-yermak-ta-anders-fog-rasmussen-prezentuyut-rekomendac-77729

El más fiel vasallo de Estados Unidos en Europa: Polonia

El pasado mes de mayo el Primer Ministro polaco, Mateusz Morawiecki, en el Foro Económico Mundial de Davos, exigió que Alemania cerrara unilateralmente el Nord Stream I antes de finales de año. Antes, había propuesto añadir el cierre del gasoducto al paquete de sanciones del Golden Billion (*) justo después del inicio de la última fase (provocada por Estados Unidos) del conflicto en Ucrania hace 6 meses. Ahora conocemos el desastre que ha supuesto el corte de las exportaciones rusas para la estabilidad europea, algo que era de esperar, pero que debería hacer que los observadores se pregunten: ¿por qué quería Polonia que ocurriera?

Desde el principio, esta potencia que aspira a la hegemonía sobre Europa Central y Oriental ha impulsado las políticas antirrusas más radicales posibles, y sus dirigentes han llegado a jactarse de haber establecido el estándar mundial de la rusofobia. El “nacionalismo negativo” explica en parte la constitución del nacionalismo polaco en los últimos años, que ve a los polacos obsesionados con una supuesta diferenciación de los rusos, en lugar de abrazar un “nacionalismo positivo” que remite al orgullo y no recurre a la comparación con los demás.

La otra razón es mucho más estratégica, y tiene que ver con el deseo de sabotear los intentos de los principales países europeos de maximizar su autonomía estratégica. En particular, Polonia teme que una Alemania fuerte imponga su visión hegemónica del continente a todos los demás países, empezando por su vecino oriental. Así, los dirigentes polacos han decidido seguir una política doble: presentarse como la principal fuerza antirrusa en Europa, para convertirse en el principal socio de la hegemonía unipolar en declive del continente, y al mismo tiempo intentar llevar a Alemania al suicidio económico.

El primero de estos dos ejes se ha perseguido desplegando una furia rusófila, y el segundo se ha impulsado instando constantemente a Berlín a cerrar el gasoducto Nord Stream I, bajo el falso pretexto de la “solidaridad con las democracias”, una retórica manipuladora que el embajador polaco en la India acaba de mencionar al intentar presionar a Delhi para que condene y sancione a Moscú. Aunque el cierre del gasoducto prometía perjudicar los propios intereses de Polonia, Varsovia apostó por la idea de que su pueblo no protestaría más que eso, adoctrinado como está con el “nacionalismo negativo”.

Polonia considera que sus intereses estratégicos más amplios, destinados a socavar el ascenso de Alemania en la escena mundial, son mucho más importantes que sus intereses a corto plazo, perjudicados por el corte de gas ruso al continente. Polonia ha planeado desde el principio equivocarse con Alemania y promulgar políticas contraproducentes que debilitarían irremediablemente su autonomía estratégica frente a Estados Unidos, y permitirían así a Washington restablecer su menguante hegemonía unipolar sobre Berlín y el bloque dibujado e influenciado por el poder alemán.

El propósito subyacente de estas acciones es conseguir que Estados Unidos favorezca a Polonia en detrimento de Alemania como su principal vasallo en Europa, como recompensa por obedecer perfectamente las demandas antirrusas de Washington, y conseguir que Berlín debilite irreversiblemente su autonomía estratégica, permitiendo a Estados Unidos reafirmar su control hegemónico sobre todo el continente. Es poco probable que Alemania pueda volver a competir con Estados Unidos.

Este resultado se habría conseguido incluso antes si Alemania se hubiera sumado al descabellado plan polaco de sancionar el Nord Stream I hace seis meses, cuando Morawiecki pidió a Alemania que anunciara que cortaría unilateralmente las importaciones de gas a través del gasoducto para finales de año. A través de estos objetivos de desestabilización, Polonia esperaba conseguir que Alemania se debilitara a sí misma y a la Unión Europea, y poder responsabilizarse de ello, para reafirmar la hegemonía estadounidense en el continente, y evitar para siempre cualquier acercamiento a Rusia.

Por muy lejano que pareciera este segundo escenario, hasta hace poco todavía era teóricamente posible que una Alemania estratégicamente autónoma reparara sus relaciones con Rusia después de algún tiempo, siempre y cuando los fundamentos económicos del dirigente de facto del bloque europeo se mantuvieran relativamente estables, y pudiera así mantener cierta independencia de la hegemonía estadounidense en declive. Fue precisamente por esta razón por la que Polonia quería que Alemania cortara Nord Stream I: para que el objetivo de su guerra híbrida saboteara sus propios intereses nacionales objetivos.

Independientemente de lo que uno pueda pensar del corte del Nord Stream I y de si es o no realmente el resultado de problemas técnicos, este acontecimiento está arruinando a Alemania y consignándola a la condición de vasallo de Estados Unidos, en plena consonancia con el gran diseño estratégico que Polonia ha estado persiguiendo durante los últimos seis meses, como se ha explicado anteriormente. Las dificultades socioeconómicas sin precedentes que la crisis energética amplificada promete infligir a millones de personas en la Unión Europea hacen que este último acontecimiento sea extremadamente impopular, lo que probablemente provoque algunas miradas muy oscuras en dirección a los pensadores estratégicos polacos.

Aunque Polonia no es responsable en última instancia de lograr el resultado que lleva esperando tanto tiempo -al fin y al cabo, son los problemas técnicos los que justifican el cierre del gasoducto y no la propia voluntad de Alemania-, Varsovia no quiere que se la asocie con las inmensas dificultades que este desarrollo ha infligido a los pueblos de Europa. Quería que Berlín asumiera la culpa, lo que habría llevado al colapso final de la influencia de su objetivo, pero ahora los responsables de la percepción en los principales medios de comunicación pueden culpar tranquilamente a Moscú, mientras intentan que todo el mundo olvide que ese era el objetivo de Varsovia todo el tiempo.

Polonia no quiere ser recordada por la energía que sus dirigentes gastaron para lograr precisamente la situación actual, porque cientos de millones de personas están sufriendo como resultado: por eso es tan importante ahora que los activistas den prioridad a asegurar que todo el mundo conozca la realidad de este hecho “políticamente inconveniente”. Los europeos tienen derecho a saber que todo esto es el resultado de una guerra híbrida polaco-estonia contra Alemania, en pos de los amplios objetivos estratégicos explicados anteriormente, aunque el punto álgido de la crisis se deba a la invocación de problemas técnicos y no a que Berlín haya caído en la trampa de cerrar el grifo por sí mismo.

Andrew Korybko https://oneworld.press/?module=articles&action=view&id=3213

(*) La expresión “golden billion” es típica en los medios rusos en los últimos años. Se refiere a la población de los países más desarrollados, que disfrutan de un alto nivel de vida, a costa del resto del mundo, empobrecido y expoliado.

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