La web más censurada en internet

Categoría: Espionaje (página 8 de 13)

El espionaje occidental se ha convertido en una herramienta para falsificar la realidad

Larry Johnson, ex analista de la CIA, escribe: “Ya no tengo autorizaciones y no he tenido acceso a las evaluaciones de inteligencia clasificadas. Sin embargo, he oído que la inteligencia final que se suministra a los responsables políticos estadounidenses sigue declarando que Rusia está contra las cuerdas, y que su economía se está desmoronando. Además, los analistas insisten en que los ucranianos están derrotando a los rusos”.

Johnson responde que, a falta de fuentes humanas válidas, “las agencias occidentales dependen hoy casi totalmente de los ‘informes de enlace’ (es decir, de servicios de inteligencia extranjeros ‘amigos’), sin hacer la ‘diligencia debida’ cotejando las discrepancias con otros informes”. En la práctica, esto significa en gran medida que los informes occidentales se limitan a reproducir la línea del departamento de relaciones públicas de Kiev. Sin embargo, existe un gran problema a la hora de contrastar la información de Kiev, como dice Johnson, con los informes de Reino Unido para corroborarla.

La realidad es que la propia información británica también se basa en lo que dice Ucrania. Esto se conoce como un falso colateral, es decir, cuando lo que se utiliza para corroborar y validar procede en realidad de la misma fuente. Se convierte -deliberadamente- en un multiplicador de la propaganda.

Sin embargo, en términos sencillos, todos estos puntos son “pistas falsas”. En pocas palabras, la llamada “inteligencia” occidental ya no es un intento sincero de comprender una realidad compleja, sino que se ha convertido en una herramienta para falsificar una realidad matizada con el fin de manipular la psique rusa hacia un derrotismo colectivo (no sólo con respecto a Ucrania, sino también a la idea de que Rusia debe permanecer como entidad soberana).

Y en la medida en que las “mentiras” se fabrican para acostumbrar al público ruso a una derrota inevitable, la arista opuesta pretende claramente entrenar al público occidental hacia el “pensamiento de grupo” de que la victoria es inevitable. Y que Rusia es un “Imperio del mal no reformado” que amenaza a toda Europa.

La desorientación mental creada durante la pandemia

Esto no es casual. Es intencional. Es sicología de la conducta en acción. La desorientación mental creada durante la pandemia del “covid”, la lluvia constante de análisis de modelos basados en datos, el etiquetado de cualquier crítica al “mensaje uniforme” como desinformación antisocial, permitieron a los gobiernos occidentales persuadir a sus ciudadanos de que el confinamiento era la única respuesta racional al virus. No era cierto, como ahora sabemos, pero el ensayo “piloto” de sicología conductual funcionó mejor, incluso mejor de lo que sus propios arquitectos habían imaginado.

El catedrático de Psicología Clínica Mattias Desmet ha explicado que la desorientación de las masas no se forma en el vacío. Surge, a lo largo de la historia, de una sicosis colectiva que ha seguido un guión predecible:

“Al igual que con el confinamiento, los gobiernos han utilizado la sicología del comportamiento para infundir miedo y aislamiento con el fin de agrupar a grandes grupos de personas en rebaños, donde el desprecio tóxico hacia cualquier contrariedad desplaza todo pensamiento o análisis crítico. Es más cómodo estar dentro del rebaño que fuera. La característica dominante aquí es permanecer leal al grupo, incluso cuando la política funciona mal y sus consecuencias perturban la conciencia de los miembros. La lealtad al grupo se convierte en la forma más elevada de moralidad. Esa lealtad exige que cada miembro evite plantear cuestiones controvertidas, cuestionar argumentos débiles o poner freno a las ilusiones”.

El “pensamiento de grupo” permite que una realidad imaginada por uno mismo se desprenda, se aleje cada vez más de cualquier conexión con la realidad y, a continuación, se convierta en un delirio, siempre recurriendo a animadores afines para su validación y radicalización ampliada.

Así pues, ¡adiós a la inteligencia tradicional! Y bienvenidos a la inteligencia occidental 101: la geopolítica ya no gira en torno a la comprensión de la realidad. Se trata de la instalación del seudorealismo ideológico, que es la instalación universal de un pensamiento de grupo singular, de tal manera que todo el mundo lo vive pasivamente, hasta que es demasiado tarde para cambiar de rumbo.

Superficialmente, esto puede parecer una nueva e inteligente operación sicológica, incluso “guay”. Pero no lo es. Es peligroso. Al trabajar deliberadamente sobre miedos y traumas profundamente arraigados (por ejemplo, la Gran Guerra Patria para los rusos (II Guerra Mundial), despierta un tipo de sufrimiento existencial multigeneracional dentro del inconsciente colectivo -el de la aniquilación total- que es un peligro al que Estados Unidos nunca se ha enfrentado, y hacia el que existe una nula comprensión empática estadounidense.

Tal vez, al resucitar largos recuerdos colectivos de la peste en los países europeos (como Italia), los gobiernos occidentales han descubierto que eran capaces de movilizar a sus ciudadanos en torno a una política de coerción, que de otro modo iría totalmente en contra de sus propios intereses. Pero los países tienen sus propios mitos y costumbres civilizatorias.

Si ése era el propósito (aclimatar a los rusos a la derrota y a la balcanización final), la propaganda occidental no sólo ha fracasado, sino que ha conseguido lo contrario. Los rusos se han unido estrechamente contra una amenaza existencial occidental, y están dispuestos a “ir hasta las últimas consecuencias”, si es necesario, para derrotarla. Dejemos que estas implicaciones calen hondo.

Por otro lado, promover falsamente una imagen de éxito inevitable para Occidente ha aumentado inevitablemente las expectativas de un resultado político que no sólo no es factible, sino que se aleja cada vez más en el lejano horizonte, a medida que estas afirmaciones fantásticas de retrocesos rusos persuaden a los dirigentes europeos de que Rusia puede aceptar un resultado acorde con su falsa realidad construida.

Ahora la tarea es desactivar las informaciones falsas

Otro “gol en propia meta”: Occidente se enfrenta ahora a la tarea de desactivar la mina terrestre de la convicción de su propio electorado de una “victoria” ucraniana, y de la humillación y descomposición rusas. Después vendrá la ira y una mayor desconfianza hacia las élites occidentales. El riesgo existencial sobreviene cuando la gente no cree nada de lo que dicen las élites. Dicho sin rodeos, este recurso a ingeniosas “teorías del empujón” sólo ha conseguido intoxicar la perspectiva del discurso político. Ni Estados Unidos ni Rusia pueden ahora pasar directamente al discurso político puro:

En primer lugar, las partes deben llegar inevitablemente a una asimilación sicológica tácita de dos realidades bastante desconectadas, ahora convertidas en seres palpables y vitales mediante estas técnicas de “inteligencia” sicológica. No habrá aceptación por ninguna de las partes de la validez o corrección moral de la Otra Realidad, pero sus contenidos emotivos deben ser reconocidos psíquicamente -junto con los traumas subyacentes- si se quiere desbloquear la política.

En resumen, es probable que esta exagerada “psyops” occidental alargue perversamente la guerra hasta que los hechos sobre el terreno acaben por acercar las expectativas contrapuestas a lo que puede ser una “nueva posibilidad”. En última instancia, cuando las realidades percibidas no pueden “igualarse” y matizarse, la guerra restriega una u otra de forma más emoliente.

La politización de la inteligencia

La degeneración de la inteligencia occidental no empezó con la reciente “excitación” colectiva ante las posibilidades de la “sicología del empujón”. Los primeros pasos en esta dirección comenzaron con un cambio en el ethos que se remonta a la era Clinton/Thatcher en la que los servicios de inteligencia fueron “neoliberalizados”. Ya no se valoraba el papel de “abogado del diablo”, de llevar las “malas noticias” (es decir, el realismo duro) a los dirigentes políticos pertinentes; en su lugar, lo que se introdujo fue un cambio radical hacia la práctica de la “escuela de negocios”, en la que se encomendaba a los servicios la tarea de “añadir valor” a las políticas gubernamentales existentes, e (incluso) ¡de crear un sistema de “mercado” en la inteligencia!

Los políticos-gestores exigían “buenas noticias”. Y para que “se mantuvieran”, la financiación se vinculó al “valor añadido”, y los administradores expertos en la gestión de la burocracia pasaron a ocupar puestos directivos. Esto marcó el fin de la inteligencia clásica, que siempre fue un arte más que una ciencia.

En resumen, fue el comienzo de la fijación de la inteligencia en torno a las políticas (para añadir valor), en lugar de la función tradicional de dar forma a las políticas para un análisis sólido.

En Estados Unidos la politización de la inteligencia alcanzó su punto álgido con la creación por Dick Cheney de una unidad de inteligencia del Equipo B que le rendía cuentas personalmente. Su objetivo era proporcionar antiinteligencia para combatir los resultados de los servicios de inteligencia. Por supuesto, la iniciativa del Equipo B sacudió la confianza entre los analistas y pasó por alto el trabajo de los cuadros tradicionales, tal y como Cheney pretendía. Tenía una guerra, la de Irak, que justificar.

Pero hubo por separado otros cambios estructurales. En primer lugar, en el año 2000, el narcisismo había empezado a eclipsar el pensamiento estratégico, creando su propio pensamiento de grupo. Occidente no podía quitarse de encima la sensación de ser el centro del Universo (aunque ya no en un sentido racial, sino a través de su despertar a la “política victimista” -que exige interminables compensaciones y resarcimientos- y esos valores despiertos parecieron ungir a Occidente con una renovada “primacía moral” global).

En un cambio paralelo, los neoconservadores estadounidenses se apoyaron en este nuevo universalismo “woke” para cimentar el meme de que “el imperio importa primordialmente”. El corolario tácito de esto, por supuesto, es que los valores originales de la República Americana o de Europa no pueden volver a concebirse y traerse al presente, mientras el pensamiento grupal liberal del imperio los configure como una amenaza para la seguridad occidental. Este enigma y esta lucha constituyen el núcleo de la política estadounidense actual.

La ola de falsedades de los ‘expertos’

Sin embargo, la pregunta sigue siendo cómo puede la inteligencia que se suministra a los responsables políticos de Estados Unidos insistir en que Rusia está implosionando económicamente, y que Ucrania está ganando, en contra de lo que se puede observar fácilmente en los hechos sobre el terreno.

Bueno, no hay problema; los “think tanks” de Washington tienen una gran financiación, muy grande, del Mundo Militar Industrial, con la preponderancia de estos fondos destinados a los neoconservadores, y su insistencia en que Rusia es una pequeña “gasolinera” que se hace pasar por un Estado, y no una potencia a ser tomada en serio.

Las garras de los neoconservadores arañan a cualquiera que contradiga su línea, y los “think tanks” emplean a un ejército de analistas para elaborar informes académicos que sugieren que la industria rusa -en la medida en que existe- está implosionando. Desde el pasado mes de marzo, los expertos militares y económicos occidentales han estado prediciendo como un reloj que Rusia se ha quedado sin misiles, aviones no tripulados, tanques y proyectiles de artillería, y que está gastando su mano de obra lanzando oleadas humanas de tropas sin entrenamiento sobre las líneas de asedio ucranianas.

La lógica es simple, pero de nuevo errónea. Si una OTAN combinada lucha por suministrar proyectiles de artillería, Rusia, con una economía del tamaño de un pequeño Estado de la Unión Europea, lógicamente, debe estar en peor situación. Y si sólo nosotros Estados Unidos amenazamos a China lo suficientemente fuerte como para que no suministre a Rusia, entonces esta última acabará por quedarse sin municiones, y Ucrania, apoyada por la OTAN, ganará.

La lógica entonces es que una guerra prolongada (hasta que se acabe el dinero) debe dar como resultado una Rusia desprovista de municiones, y la Ucrania abastecida por la OTAN ganará.

Este planteamiento es totalmente erróneo debido a las diferencias conceptuales: la historia rusa es la de una Guerra Total que se libra en un largo enfrentamiento “sin cuartel” y sin concesiones contra una fuerza similar abrumadora. Pero lo que es inherente a esta idea es la convicción de que este tipo de guerras se libran a lo largo de los años y sus resultados están condicionados por la capacidad de aumentar la producción militar.

Desde el punto de vista conceptual, Estados Unidos abandonó en la década de 1980 su paradigma militar-industrial de posguerra para trasladar la fabricación a Asia y utilizar líneas de suministro “just-in-time”. Efectivamente, Estados Unidos y Occidente cambiaron en la dirección opuesta hacia la “capacidad de reacción”, mientras que Rusia no lo hizo: mantuvo viva la noción de sostenimiento que había contribuido a salvar a Rusia durante la Gran Guerra Patria.

Entonces, ¿los servicios de inteligencia occidentales volvieron a equivocarse, malinterpretaron la realidad? No, no se equivocaron. Su objetivo era otro. Los pocos que acertaron fueron caricaturizados sin piedad como chiflados para que parecieran absurdos. Y la inteligencia 101 se volvió a concebir como el negacionismo intencionado de todo pensamiento fuera del equipo, mientras que la mayoría de los ciudadanos occidentales vivirían pasivamente abrazados al pensamiento de grupo, hasta que fuera demasiado tarde para que despertaran y cambiaran el peligroso rumbo en el que se habían embarcado sus sociedades.

Por lo tanto, los informes ucranianos no verificados (informes de enlace) que se sirven a los dirigentes occidentales no son un “fallo”, sino una “característica” del nuevo paradigma de inteligencia 101 destinado a confundir y embotar a su electorado.

—https://strategic-culture.org/news/2023/03/06/how-could-western-intelligence-have-got-it-wrong-again-they-didnt-they-had-other-purposes/

Acerca de esos países que quieren desprenderse de sus ‘agentes extranjeros’

A principios de este mes Georgia fue noticia por el intento del gobierno de aprobar dos leyes sobre los agentes extranjeros. Los proyectos tuvieron que ser retirados finalmente y el tema queda fuera del orden del día, al menos de momento. El caso es inusual en el sentido de que los dirigentes georgianos, lejos de ser prorrusos y antioccidentales, se vieron repentinamente calificados con esa etiqueta por los medios de intoxicación internacionales. No hay nada peor que ser prorruso.

Rusia hizo lo propio hace años y lo que este falso debate esconde es que la Unión Europea sigue la pauta: quiere apartar de su seno a los grupos de influencia prorrusos o calificados como tales. Las grandes potencias quieren influir pero no admiten ser influidas, ni siquiera por la propaganda, por lo que no tienen empacho en censurar a los medios de comunicación rusos con el pretexto de la desinformación.

La noción de “agente extranjero” fue introducida en Estados Unidos en vísperas de la Segunda Guerra Mundial para contrarrestar la propaganda nazi y hoy ha encontrado un nuevo aliento. Hasta hace poco se utilizaba principalmente en las polémicas entre Rusia y Occidente. Occidente acusaba a Moscú de utilizar el reglamento para apartar a los disidentes políticos.

El argumento de Moscú fue que la población tiene que saber que se gastan fondos extranjeros en el país y a quién van a parar. Naturalmente los intoxicadores lo rechazan diciendo que es una justificación para restringir las libertades. El argumento es que una sociedad tiene derecho a financiarse independientemente de su gobierno. Les falta decir lo principal: que no se financian independientemente de un gobierno extranjero.

La mundialización y el llamado “nuevo orden mundial” han sido la via de penetración moderna de las grandes potencias imperialistas que tiran la piedra y esconden la mano. Los anglosajones lo llaman “soft power” (poder blando) y quieren aparentar que ciertas políticas imperialistas forman parte de la sociedad civil (fundaciones, ONG, asociaciones) y no de un Estado. Ese tipo de movimientos han privatizado la desestabilización y la injerencia política en terceros países.

Tras la caída del muro de Berlín empezaron a hablar de un mundo abierto, sin fronteras, donde distintas sociedades pudieran relacionarse entre sí, independientemente de los gobiernos. Se constituyeron médicos sin fronteras, bomberos sin fronteras y notarios sinfronteras. Internet fue su momento de mayor esplendor. Hoy eso es imposible. Cada vez hay más aduanas, y no sólo para los emigrantes. El mundo se ha fraccionado mucho más, tanto desde el punto de vista político, como económico, social y cultural.

“Esta nueva fase es la consecuencia inevitable de la anterior era de apertura. El péndulo está volviendo a oscilar tanto como lo hizo en la otra dirección”, escribe Fyodor Lukyanov (1). Las fronteras no son bilaterales. Normalmente los flujos sólo se mueven en una dirección. Los europeos no viajan al norte de África en patera.

Hay potencias mundiales que financian a sus propias ONG para desembarcar en los países receptores, que sufren la invasión, no siempre de manera paciente. Las poblaciones de los invadidos son captadas por el dinero extranjero y su lealtad cambia hasta el punto de que no vacilan a la hora de traicionar a los suyos.

De esa manera las grandes potencias han llegado a constituir una quinta columna a su servicio en ciertos países, provocando graves desestabilizaciones, como Irán recientemente, que son aplaudidas a coro por los medios de intoxicación occidentales y sus secuaces. De un tiempo a esta parte la experiencia viene demostrando que, como en Ucrania en 2014, el tipo de injerencia imperialista más común no se lleva a cabo con golpes de estado militares, ni sacando los tanques a la calle, sino con ONG y redes sociales al servicio de intereses espurios, ajenos a los mismos que participan en ellas.

La presencia de masas en la calle emboba a los más atolondrados, que no son capaces de diferenciar entre un movimiento y quien lo dirige (lo convoca, lo financia, lo organiza y lo promueve). En ciertos países, como Georgia, o Siria, o Irán, quien dirige ni forma parte del movimiento, ni está a su servicio. El movimiento se ha convertido en un ejército mercenario que se vende al mejor postor.

Recientemente el presidente argelino Abdelmadjid Tebbun ha provocado un revuelo en las redes sociales al popularizar la expresión árabe “jabardyi”, una especie de confidente que no está lejos de la traición (2). Se refiere a aquellas personas (periodistas, políticos) que pasan más tiempo en contacto con las embajadas occidentales que con su propio pueblo.

El imperialismo no tendría ninguna posibilidad de someter a ninguna población del mundo sin las tropas de “jabardyi” que tiene a su servicio.

(1) https://www.rt.com/news/573121-foreign-agents-and-new-world-order
(2) https://www.lnr-dz.com/2023/02/25/les-medias-et-largent-le-journaliste-et-le-khabardji

Ya aparece Turquía en la red de espionaje del Parlamento Europeo

La investigación de la policía belga sobre la red de espionaje de los eurodiputados se enreda cada vez más más, por las conexiones que aparecen en el flujo de sobornos de Marruecos y Qatar hacia la Unión Europea. Ya se han abierto investigaciones en Bélgica, Italia y Grecia, y pronto aparecerá Turquía.

El diario italiano “La Verità” explica que Hakan Camuz, un empresario vinculado a la familia de Erdogan, fue el enlace entre Pier Antonio Panzeri, Francesco Giorgi y los corruptores de Qatar.

La vida de Camuz es como una película. En 1991 se peleó con su padre y abandonó Ankara para volar a Londres, donde ahora tiene un bufete de abogados. Es presidente de Musiad, una de las patronales turcas y apaña los problemas de los turcos en Inglaterra, donde se le conoce como “hermano Hakan”, escribe la revista turca Arti90.

Desde que en 2017 Bahrein, Arabia saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos interrumpieran sus relaciones diplomáticas con Qatar, Turquía se convirtió en el principal país islámico aliado en la carrera hacia el Mundial de Fútbol de 2022.

La policía belga sospecha desde hace semanas que el dinero enviado por las empresas de Camuz y el misterioso “Team organizasyon” de Estambul son un operación de blanqueo de dinero montado por Qatar para pagar los servicios de Panzeri, contratado con petroeuros para defender la reputación de Doha en Bruselas.

Si este triángulo Qatar-Turquía-Unión Europea se confirma, habrá que averiguar quién estaba al mando. La policía belga busca cualquier prueba que conduzca a Panzeri, Camuz, Qatar o incluso al gobierno de Erdogan para entender el origen de la red de corrupción.

Mientras tanto, se ha abierto oficialmente en Milán un sumario derivado de la red con otros dos sospechosos de blanqueo de dinero. Se trata de dos socios de la consultora Equality que, según la policía, servía de “lavadora” para blanquear en Italia el dinero -unos 300.000 euros- del flujo de sobornos procedentes de Marruecos y Qatar.

Los sospechosos son Manfred Forte y Dario Scola. Según la fiscalía de Milán, son los testaferros de Francesco Giorgi, antiguo colaborador de Antonio Panzeri y ayudante de otro inculpado, Andrea Cozzolino, y emparejado con la vicepresidenta del Parlamento Europeo, Eva Kaili.

La policía belga investiga los 300.000 euros que fueron a parar a Equality, una empresa propiedad de la contable de Panzeri, Monica Rossana Bellini, y del hermano y el padre de Giorgi, cuyas acciones pasaron después a Forte y Scola.

En la orden de detención de Bellini en Bélgica, el fiscal la califica de “contable”. Junto con Silvia Panzeri, la hija de Pier Antonio, creó una fachada empresarial para lavar el flujo de sobornos.

—https://www.ilsussidiario.net/news/qatargate-nuova-pista-in-turchia-manager-di-erdogan-legame-tra-qatar-e-panzeri/2500012/

Dinamarca espió a los dirigentes europeos por encargo de Estados Unidos

Un antiguo ministro de Defensa danés, Claus Hjort Frederiksen, denuncia que su país espiaba a dirigentes europeos para Estados Unidos y le acusan de revelar secretos de Estado.

En varias entrevistas concedidasn en 2020 y 2021, Fredriksen afirmó que los servicios secretos de su país habían ayudado a Estados Unidos a espiar a varios dirigentes europeos durante años.

El antiguo ministro, de 75 años, puede acabar en el banquillo de los acusados por revelación de secretos con una petición de 12 años de cárcel (*). Fue miembro del Partido Liberal y ministro de Defensa entre 2016 y 2019. Lleva fuera del gobierno desde noviembre.

En octubre de 2013 el diario británico The Guardian reveló el escándalo de las escuchas telefónicas secretas de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Los teléfonos móviles de nada menos que 35 dirigentes mundiales fueron vigilados por los estadounidenses. En una entrevista de 2020, Fredriksen destapó que los servicios de inteligencia daneses habían desempeñado un papel activo a escala europea en esas operaciones de espionaje.

Poco después, en mayo de 2021, la cadena de televisión Danemarks Radio comenzó a investigar. Denominada “Operación Dunhammer”, las investigaciones periodísticas confirmaron la existencia de un acuerdo secreto entre los dos servicios de inteligencia respectivos. Ahora se ha establecido que entre 2012 y 2014, al menos, Washington utilizó la red de cable submarino de Dinamarca para escuchar a los jefes de Estado de cuatro países europeos vecinos (Alemania, Suecia, Noruega y Francia).

En diciembre de 2021, al ser preguntado de nuevo por los medios de comunicación, Fredriksen aseguró que el acuerdo sobre el uso de los cables fue alcanzado a finales de la década de los noventa por el presidente estadounidense Bill Clinton y el primer ministro danés Poul Nyrup Rasmussen.

Cuando realizó esta entrevista, el político sabía a lo que se enfrentaba: “Seguramente me enfrente a una pena de cárcel por sostener estas acusaciones”, dijo. La semana pasada el Ministro de Justicia danés inició una querella en su contra por divulgar secretos de Estado. “Niego haber rebasado los límites de mi libertad de expresión como político, y no he revelado ningún supuesto secreto de Estado”, escribió en su cuenta de Facebook.

El año pasado, el gobierno intentó que le levantaran la inmunidad parlamentaria, sin éxito. Pero este año no se presentó a la reelección, “así que mi inmunidad parlamentaria ha expirado”, explicó en su cuenta. “El camino está libre para que el Ministro de Justicia me procese”.

La fiscalía ha solicitado que la vista se celebre a puerta cerrada. “El caso involucra información altamente confidencial que no puede hacerse pública”, dijo el fiscal Jakob Berger Nielsen en un comunicado. Aún no se ha fijado fecha para el juicio. Si es juzgado y declarado culpable, Frederiksen se puede enfrentar hasta 12 años de prisión.

(*) https://apnews.com/article/politics-denmark-49bac780e26f1ff348d6c417df4beea0

Estados Unidos recluta yihadistas para llevar a cabo atentados dentro de Rusia

Ayer la oficina de prensa del Servicio Ruso de Inteligencia Exterior (SVR) reveló que Estados Unidos está reclutando yihadistas para llevar a cabo atentados terroristas en el territorio de Rusia. Al menos 60 terroristas se entrenan ya en la base siria de Al-Tanf.

En esa base, así como en las zonas fronterizas de Jordania, la CIA lleva más de 6 años entrenando terroristas. “Según datos fiables recibidos por el Servicio de Inteligencia Exterior de la Federación Rusa, el ejército estadounidense está reclutando activamente militantes de grupos yihadistas afiliados al Califato Islámico y Al Qaeda para llevar a cabo ataques terroristas en el territorio de Rusia y los países de la CEI”, declaró el servicio de prensa del SVR.

“En enero seleccionaron a 60 de estos terroristas con experiencia en operaciones de combate en Oriente Medio. Actualmente están recibiendo formación acelerada en la base estadounidense de Al Tanf, en Siria. Se les entrena en las técnicas de fabricación y uso de artefactos explosivos improvisados, así como en métodos de sabotaje y actividades subversivas, declaró el servicio de prensa.

En un futuro próximo está previsto el traslado de los yihadista en pequeños grupos al territorio de Rusia y de los Estados de la CEI. Se les ha encomendado la preparación y ejecución de atentados terroristas contra diplomáticos, funcionarios, fuerzas del orden y miembros de las fuerzas armadas. “Se presta especial atención a la planificación de atentados contra instalaciones bien vigiladas, incluidas las misiones diplomáticas extranjeras”.

Otro llamamiento de la embajada de Estados Unidos a los ciudadanos estadounidenses para que abandonen el territorio de Rusia, emitido el 12 de febrero, podría convertirse en la señal de futuros ataques terroristas en territorio ruso preparados por Estados Unidos y su régimen títere en Kiev. Los ciudadanos estadounidenses deben abstenerse de viajar a Rusia debido a las “consecuencias imprevisibles” de la Guerra de Ucrania, y los que ya se encuentran en el país deben abandonarlo urgentemente, según la embajada de Estados Unidos.

Los funcionarios estadounidenses no proporcionaron ninguna información fiable sobre los motivos por los que los ciudadanos estadounidenses debían abandonar Rusia lo antes posible, sino que se limitaron a explicar que “Rusia puede negarse a reconocer la ciudadanía estadounidense de los ciudadanos con doble nacionalidad, denegarles el acceso a la asistencia consular estadounidense, someterlos a movilización, impedir su salida de Rusia y/o reclutarlos”.

Así pues, no se reveló ninguna amenaza urgente. Entre los motivos se mencionó la posibilidad de terrorismo. “Si quiere salir de Rusia, debe hacer arreglos independientes lo antes posible. La embajada de Estados Unidos tiene serias limitaciones en su capacidad para ayudar a los ciudadanos estadounidenses a abandonar el país y las opciones de transporte pueden verse repentinamente aún más limitadas”.

Anteriormente, el jefe de la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania reconoció que el régimen de Kiev utilizaba métodos terroristas. El régimen terrorista de Kiev tiene agentes en Rusia que participan en la preparación de atentados y explosiones en territorio ruso. Los saboteadores en territorio ruso están coordinados por servicios ucranianos que, a su vez, colaboran estrechamente con Estados Unidos y otros servicios occidentales.

El próximo campo de batalla es el espacio

El próximo campo de batalla es el espacio. La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos acaba de presentar los planes para el lanzamiento de prueba de dos satélites cazadores diseñados por empresas militares privadas (*).

Se trata de dispositivos capaces de rastrear una nave extranjera en órbita y recuperar información sobre ella. Los satélites han sido fabricados por la empresa True Anomaly y se espera que sean lanzados con un cohete SpaceX en octubre de este año. Los dos modelos Chacal pueden captar información cuando están lo suficientemente cerca de su objetivo. Pueden obtener datos sobre los sistemas de vigilancia o armamento del enemigo o interceptar comunicaciones.

La empresa afirma que su producto opera con seguridad a corta distancia para recoger imágenes multiespectrales, vídeo en movimiento y datos de observación métrica de cualquier objeto espacial residente en cualquier órbita. Se trata de una empresa emergente que recaudó 23 millones de dólares el año pasado.

Estados Unidos sigue gastando dinero en nuevas tecnologías de guerra, incluidas las tecnologías espaciales. Quiere ir un paso por delante. El año pasado intentó 78 lanzamientos gubernamentales, 72 de los cuales tuvieron éxito.

China realizó 64 lanzamientos, con 62 aparatos puestos en órbita. Rusia ocupa el tercer lugar, con 21 satélites lanzados. En el firmamento, Estados Unidos domina con diferencia todo el espacio que le rodea: de los 8.000 satélites que hay en el aire, más de 3.500 pertenecen a SpaceX, la empresa fundada por Elon Musk.

Dado que este servicio estaba originalmente destinado a profesionales, se convirtió en un blanco perfecto para el espionaje. Una vez lanzados los primeros Chacales, habrá auténticas persecuciones en órbita sobre nuestras cabezas.

Los satélites tienen importantes inconvenientes con respecto a los drones o los globos. El tiempo de observación está limitado por su trayectoria orbital y su altitud. Los drones y globos se desplazan más despacio. Tienen más tiempo para detectar objetivos en tierra.

Después de los satélites espaciales, los globos son los más utilizados y su empleo se remota a la Guerra Fría. Hoy Israel, por ejemplo, los utiliza paa vigilar cada rincón de Palestina y los vende a terceros países. Tienen 7 metros de diámetro y están inflados con inflados con helio. Pueden volar bajo, a unos 800 metros de altura, o también a 30 kilometros, como los chinos.

Pero la verdadera novedad no es el espionaje, sino la caza y destrucción de este tipo de aparatos, tanto satélites, como drones y globos.

(*) https://www.wired.com/story/true-anomaly-jackal-pursuit-satellites/

La campaña secreta de sabotajes de la CIA en Rusia

Planificada desde hace años, la campaña de sabotajes de la CIA ha provocado muchas de las explosiones inexplicables y otros incidentes que han asolado el complejo militar-industrial de Rusia desde el inicio de la guerra, según tres antiguos funcionarios de inteligencia estadounidenses, dos antiguos oficiales militares estadounidenses y una persona estadounidense que fue informada sobre la campaña (*).

Puentes ferroviarios, depósitos de combustible y centrales eléctricas de Rusia han sufrido daños en incidentes inexplicables desde febrero del año pasado.

Aunque no hay personal estadounidense sobre el terreno en Rusia para llevar a cabo estas misiones, oficiales paramilitares de la central dirigen y controlan las operaciones. Los oficiales paramilitares están asignados al Centro de Actividades Especiales de la CIA, pero en comisión de servicio en el Centro de Misiones Europeas de la central. El uso de un servicio de inteligencia aliado para dar a la CIA una capa adicional de negación plausible fue un factor clave en la decisión de Biden de aprobar los ataques.

Aunque el mando y control del programa de sabotaje corresponde a la CIA por razones legales, el aliado de la OTAN tiene voz y voto en las operaciones que se llevan a cabo, ya que sus hombres asumen los riesgos. Aunque no se nombra al aliado europeo cuyos agentes están llevando a cabo la campaña de sabotaje, ya que ello podría poner en peligro la seguridad de las células operativas en Rusia, se trata del MI6, el servicio de inteligencia británico.

Cualquier acción encubierta de las agencias estadounidenses debe ser autorizada por una declaración presidencial. Después de que la inteligencia de Estados Unidos concluyera que Rusia había interferido en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016, Obama firmó dicha conclusión para una acción encubierta contra Rusia antes de dejar el cargo, según el Washington Post. El hallazgo implicaba a la Agencia de Seguridad Nacional y al Mando Cibernético del Ejército, además de a la CIA, e incluía un plan para instalar “armas cibernéticas en la infraestructura de Rusia”, según el Washington Post.

Ese hallazgo de 2016 también incluía lenguaje sobre operaciones de sabotaje. La actual campaña de sabotaje habría requerido una conclusión totalmente nueva o una enmienda a una conclusión preexistente sobre Rusia.

La Banda de los Ocho

La portavoz de la CIA, Tammy Thorp, negó cualquier implicación de la central en la oleada de misteriosas explosiones que sacudieron las infraestructuras de defensa y transporte de Rusia el año pasado. “La acusación de que la CIA está apoyando de alguna manera las redes de sabotaje en Rusia es categóricamente falsa”, dijo la portavoz. En virtud del Título 50 del Código de Estados Unidos, que autoriza las acciones encubiertas, la CIA puede negar legalmente la existencia de estas operaciones a todo el mundo excepto a la llamada “Banda de los Ocho”: los presidentes y los miembros minoritarios de mayor rango de los Comités de Inteligencia del Congreso, el Presidente y el dirigente de la minoría de la Cámara de Representantes, y los dirigentes de la mayoría y la minoría del Senado.

La campaña del MI6, supervisada por la CIA, es sólo una de las muchas operaciones encubiertas de países occidentales en Rusia. Alarmados por la ofensiva militar rusa, otros servicios de inteligencia europeos activaron redes de resistencia largo tiempo inactivas en sus propios países, que a su vez enviaron operativos a Rusia para sembrar el caos sin ayuda de la CIA. Además, la inteligencia ucraniana y las fuerzas de operaciones especiales están llevando a cabo sus propias operaciones detrás de las líneas rusas.

Las múltiples campañas de sabotaje están surtiendo efecto, según Mick Mulroy, antiguo oficial paramilitar de la CIA. “Su valor es considerable y sirve para múltiples propósitos”, afirmó. Rusia ha tenido grandes dificultades para mantener sus líneas de suministro logístico. Estos ataques complican aún más sus esfuerzos por abastecer a sus fuerzas.

Al negarse a atribuirse el mérito de los actos individuales de sabotaje cometidos por el servicio de espionaje europeo dirigido por la CIA, las dos centrales envían un mensaje al Kremlin al tiempo que dispersan a los servicios de seguridad rusos en desbandada en todas direcciones para encontrar a los culpables. “El sabotaje y la subversión tienen un componente psicológico”, afirmó uno de los funcionarios.

Caen dos células de sabotaje

“En los últimos meses se han producido numerosos incendios en toda Rusia, especialmente en fábricas de armas y otros lugares cruciales”, declaró la analista rusa Olga Lautman, miembro del Centro de Análisis de Políticas Europeas. “Los medios de comunicación rusos informaron de estos incendios como incidentes separados. No crearon propaganda en torno a estos incidentes y los trataron como accidentes”.

Cuando a finales de abril se incendió un edificio de las Fuerzas de Defensa Aeroespacial rusas, en el que murieron más de 20 personas, los medios de comunicación públicos rusos informaron de que el incendio había sido provocado por un cableado defectuoso. Pero el Kremlin entiende que no se trata sólo de incendios accidentales y accidentes industriales, a pesar de lo que informan los medios de comunicación oficiales.

El solapamiento de varias campañas de acción encubierta tras las líneas rusas ha creado problemas a los servicios de espionaje occidentales encargados de estas misiones. Durante el verano, quedó claro para los oficiales de la CIA que existía una creciente necesidad de desconflictivizar a sus propios intermediarios en Rusia. Se han producido numerosos incidentes en los que se han cortado líneas de ferrocarril o tendidos eléctricos y han interferido involuntariamente con otras misiones.

Peor aún, dos células de sabotaje se destaparon mutuamente mientras apuntaban al mismo objetivo. Un agente murió y otro fue capturado en el tiroteo posterior con los servicios de seguridad rusos, añadieron. Según uno de los antiguos oficiales de operaciones especiales, desde entonces se ha trabajado mucho para evitar que vuelvan a producirse incidentes de este tipo.

Una vasta red de empresas tapadera

Las raíces de estas misiones de sabotaje dentro de Rusia son profundas. El servicio de espionaje aliado instaló algunos de los alijos de explosivos y materiales utilizados por estas células más de una década antes. En aquel momento, este servicio de espionaje actuó unilateralmente, sin ninguna participación de la CIA.

La CIA se involucró a fondo a partir de 2014, después del Golpe de Estado en Kiev. La central comenzó a planificar con el servicio de espionaje aliado la introducción de más agentes en Rusia con órdenes de pasar desapercibidos hasta que fueran necesarios. La primera de estas células durmientes bajo el control combinado de la CIA y el servicio de espionaje aliado se infiltró en Rusia en 2016.

Con el conocimiento de la CIA, el Servicio de Espionaje Aliado proporcionó a los agentes encubiertos de la célula durmiente lo que la comunidad de inteligencia denomina “leyendas” -falsas biografías que explicarían su presencia en Rusia- y los documentos para respaldar estas historias de tapadera. También existe lo que un ex militar denominó “una vasta red” de empresas tapadera que se crearon como plataformas de apoyo a estas operaciones entre bastidores. “Algunos de ellos se remontan a casi 20 años atrás”, afirmó un antiguo militar.

Las dos centrales han dado prioridad a garantizar que los agentes tengan una negación plausible si son descubiertos por los servicios de seguridad rusos.

Tras las infiltraciones de 2016, otros equipos se colaron en Rusia en los años siguientes. Algunos introdujeron de contrabando nuevas municiones, mientras que otros aprovecharon los alijos existentes.

Dos días antes del inicio de la guerra, el MI6 a través del cual la CIA dirige la campaña de sabotaje utilizó un sistema secreto de comunicaciones para activar sus células durmientes en toda Rusia. Esas células se desplazaban discretamente hasta los alijos de munición enterrados en el país y desenterraban explosivos y otros materiales necesarios para futuras operaciones. Tras inventariar y comprobar su equipo, los agentes esperaron la orden de atacar a sus objetivos.

Los comandos estaban preparados antes de la guerra

Algunos de los primeros ataques de sabotaje tras las líneas rusas tuvieron lugar fuera de Rusia, en Bielorrusia, cuando una red clandestina de trabajadores ferroviarios, piratas informáticos y fuerzas de seguridad disidentes comenzó a atacar las líneas ferroviarias que conectan Rusia y Ucrania, según el Washington Post. “A partir del 26 de febrero, dos días después del comienzo de la invasión, una sucesión de cinco ataques de sabotaje contra cabinas de señales paralizó prácticamente el tráfico ferroviario”, informó el Washington Post.

Mientras prosigue la guerra en Ucrania, algunos de los equipos supervisados por la CIA y el servicio de espionaje del aliado de la OTAN han estado viajando de un lado a otro de las fronteras internacionales para recoger más municiones y realizar ensayos de misiones.

La CIA y el MI6 han supervisado algunos de estos ensayos de misión, que tienen lugar en Reino Unido. El JSOC también apoyó las operaciones de sabotaje con información sobre objetivos procedente de plataformas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, como aviones no tripulados, que pueden ver y oír en las profundidades de Rusia.

“Los equipos de élite con los que tenemos mejores relaciones casi siempre reciben apoyo de vigilancia aérea para grandes operaciones de sabotaje” detrás de las líneas rusas, dijo una persona informada sobre la campaña, añadiendo que algunas de las plataformas ISR son modelos que nunca se han revelado públicamente. “Hay drones que aún no conocemos y que están por todo el espacio aéreo ucraniano y ruso”, añadió.

La CIA se creó en 1947 para ejecutar sabotajes contra la URSS

La CIA lleva realizando operaciones de sabotaje desde su creación en 1947. Durante la Guerra Fría, la central planificó y ejecutó operaciones de este tipo desde Cuba hasta Vietnam y por toda América Central. Misiones similares eran también una parte clave de los planes de la central para Europa Occidental, en caso de invasión de la Unión Soviética.

Pero mientras que esos planes contra los países del otro lado del Telón de Acero incluían redes de los llamados partisanos “rezagados” -civiles que llevan una vida normal hasta que el enemigo invade, momento en el que pasan a la acción y comienzan a llevar a cabo misiones de sabotaje y espionaje-, la actual campaña en Rusia se parece más a las operaciones de la CIA previas a la invasión de Irak en 2003.

En el periodo previo a la invasión, agentes paramilitares de la CIA entrenaron a 70 células kurdas y las desplegaron en las zonas de Irak controladas por Sadam Husein, atacando infraestructuras. “Acabamos con múltiples equipos operando dentro del espacio controlado por los iraquíes”, dijo Sam Faddis, ex oficial de operaciones de la CIA que dirigió uno de esos equipos. Sus actividades incluyeron el descarrilamiento de un tren de 90 vagones y la voladura de la oficina de un oficial de inteligencia iraquí, afirma Faddis.

Aunque el sabotaje pueda parecer un concepto anticuado, reminiscencia de las hazañas de T. E. Lawrence (“de Arabia”) en la Primera Guerra Mundial y de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) en la Segunda Guerra Mundial, sigue siendo una herramienta relevante para desbaratar la logística del enemigo y confundir sus zonas de retaguardia.

Las líneas ferroviarias y eléctricas son objetivos que pueden destruirse con explosivos y otras técnicas. “Aunque los materiales han mejorado, el montaje de las líneas ferroviarias ha permanecido esencialmente inalterado desde la invención de los trenes”, escribe el comandante del Ejército Daniel Meegan en su tesis de la Escuela Naval de Postgrado de 2020 titulada “Rompiendo los juguetes de otros: sabotaje en un mundo multipolar”.

Meegan utilizó tres estudios de caso en su investigación: la campaña de Lawrence contra los turcos en la Primera Guerra Mundial, las operaciones de la OSS en Grecia durante la Segunda Guerra Mundial y la actividad terrorista interna de Weather Underground en Estados Unidos en los años setenta. Estas operaciones “demuestran que grupos muy pequeños de saboteadores pueden tener un impacto considerable en organizaciones enemigas mucho mayores”. Este uso de pequeñas fuerzas de sabotaje permitió a los dirigentes y planificadores concentrar sus limitados efectivos y equipos en otros lugares, al tiempo que planteaban a sus enemigos múltiples dilemas”.

Fumar mata

El gobierno estadounidense ha guardado silencio sobre los misteriosos incendios y explosiones en Rusia. Pero Ucrania ha estado acosando al Kremlin en las redes sociales con los ataques, sugiriendo en más de una ocasión que unos fumadores descuidados eran los responsables de los inexplicables incendios en las instalaciones militares rusas. Después de que un misterioso incendio destruyera en agosto un depósito de municiones ruso en Belgorod, justo al otro lado de la frontera con Ucrania, el Ministerio de Defensa ucraniano se burló de Moscú diciendo que “¡Fumar mata!”

“Otra detonación de munición” debida al calor “en la región rusa de Belgorod”, se burló el Ministerio de Defensa ucraniano en agosto tras la noticia de una explosión en un depósito de municiones en Belgorod. “Dentro de unos meses sabremos si la munición rusa puede explotar a causa del frío”.

Los ucranianos también han empezado a insinuar su propia capacidad para atacar objetivos con operaciones de guerrilla tras las líneas enemigas, tanto en las zonas ocupadas de Ucrania como en Rusia. En agosto un alto funcionario ucraniano declaró al New York Times que un ataque contra una base aérea rusa en Crimea fue llevado a cabo por “partisanos” y que una “unidad militar de élite” de Ucrania fue responsable de la explosión de un depósito de municiones ruso en la península.

“Se ha informado ampliamente de que, tras la invasión de Crimea en 2014, la inteligencia estadounidense puso en marcha un sólido programa de entrenamiento para las fuerzas de operaciones especiales ucranianas. Es probable que estas mismas fuerzas estén dirigiendo los esfuerzos en estas operaciones de sabotaje en Crimea ahora”, dijo Mulroy.

Mientras tanto, continúan las misteriosas explosiones en el corazón del territorio ruso. Aunque estos actos de sabotaje pueden tener un impacto tanto psicológico como sustantivo en el Kremlin, también corren el riesgo de escalar el conflicto entre el mundo occidental y Rusia más allá de la capacidad de cualquiera de las partes para controlarlo.

Cuanto más dure la guerra, más descarados serán los sabotajes

Hasta ahora, los objetivos alcanzados por los agentes dirigidos por la CIA a través del MI6 han sido principalmente tácticos, más que estratégicos. Sin embargo, existe el peligro de que los actos de sabotaje, así como las bajas en el campo de batalla, puedan arriesgar una escalada militar.

Los ataques envían un mensaje a los dirigentes rusos de que pueden ser golpeados en su patio trasero. Eso podría tener un doble efecto: limitar las opciones militares de Rusia y provocar al Kremlin para intensificar la guerra. “Aunque su valor militar puede ser discutible, tales acciones podrían responder a las mayores preocupaciones de Putin y tener un impacto significativo en su cálculo de escalada”, dijo Douglas London, antiguo oficial de la CIA.

Pero estas consideraciones no excluyen las operaciones encubiertas, según Michael Kofman, director de estudios sobre Rusia en el Centro de Análisis Navales. Siempre existe el riesgo de un error de cálculo sobre las líneas rojas del adversario”, afirma Kofman. “Es un riesgo persistente, pero hay que sopesarlo con los objetivos de cada uno y las probables opciones de represalia del adversario. La clave está en navegar por un espacio entre la aversión al riesgo hasta el punto de la parálisis y la temeridad gratuita”.

A medida que la guerra se alarga, algunos aliados de la OTAN han dejado de apoyar las operaciones tras las líneas enemigas en Rusia. A medida que la guerra evolucionaba, las implicaciones políticas de estas operaciones asustaron a algunos gobiernos, pero Estados Unidos y Reino Unido, encargado de los programas de sabotaje, se mantuvieron agresivos.

Cuanto más dure la guerra, más descarada será la campaña de sabotaje, según un antiguo oficial de operaciones especiales, sobre todo si el Kremlin pasa a utilizar armas de destrucción masiva. “Como tenemos que enviar un mensaje más contundente a Putin, es posible que veamos operaciones en Moscú y otras ciudades clave”, concluyó.

(*) https://jackmurphywrites.com/169/the-cias-sabotage-campaign-inside-russia

El británico que dirigió la labor humanitaria de la ONU en Yemen es un espía

Martin Griffiths, el británico que dirigió la labor humanitaria de la ONU en Yemen, cofundó y asesora a una empresa privada de resolución de conflictos que colabora estrechamente con el MI6. Hasta hace poco era el enviado especial de la ONU en Yemen, un país en guerra en el que combatieron las fuerzas especiales británicas.

Griffiths, de 71 años, ha ocupado varios puestos importantes en el ámbito internacional. Fue enviado especial de la ONU en Yemen hasta 2021. Anteriormente fue responsable de negociar un acuerdo para poner fin a la guerra en el país de Oriente Medio, que se ha prolongado durante casi siete años.

Reino Unido apoya a los saudíes en la Guerra de Yemen en un intento de restaurar el gobierno de Abdrabbuh Mansour Hadi, que se vio obligado a huir en 2015.

Una empresa de resolución de conflictos cofundada por Griffiths y de la que sigue siendo “asesor estratégico” trabaja en estrecha colaboración con el MI6 y el Ministerio británico de Asuntos Exteriores. Entre sus directores y asesores figuran antiguos militares y diplomáticos británicos.

La empresa, Inter Mediate, “se centra en los conflictos más difíciles, complejos y peligrosos, en los que otras organizaciones no pueden intervenir” y “reúne a algunos de los mayores expertos mundiales en diálogo y negociación”. Lo más relevante es que la resolución de guerras y conflictos internacionales se encomiende a empresas privadas que, por lo demás, son tentáculos de las centrales de espionaje de las grandes potencias.

El hallazgo también suscita dudas sobre la imparcialidad de la ONU, crucial para el papel de un enviado especial que, además, interviene por razones supuestamente “humanitarias”.

Inter Mediate empezó a trabajar en Yemen y Siria seis años antes de que Griffiths se convirtiera en enviado de la ONU en Yemen, en una época en la que era asesor principal de la ONU sobre Siria. Se desconoce si la empresa sigue activa en Yemen.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ascendió a Griffiths al puesto de enviado especial de la ONU para Yemen en febrero de 2018. “Una exitosa campaña para conseguir el nombramiento de un nuevo Enviado Especial de la ONU para Yemen ha conducido al nombramiento de Martin Griffiths, británico y experto en mediación internacional”, decía el comunicado oficial.

En 1994 Griffiths fue ascendido a director del Departamento de Asuntos Humanitarios de la ONU (DAH) en Ginebra. Antes había pasado cuatro años como director general de la ONG británica de desarrollo ActionAid y también había trabajado en Save the Children y UNICEF, el departamento de la ONU dedicado a la infancia.

Existen antecedentes de funcionarios británicos que han ocupado altos cargos humanitarios en la ONU. Desde 2010 los cinco jefes de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), que sucedió al DAH, han sido británicos.

El gobierno británico ha estado financiando la oficina del enviado especial de la ONU, aportando 650.000 libras del presupuesto de ayuda de Reino Unido en los años 2019 y 2020, e incluso en la ONU rige el principio de que “quien paga manda”. Los organismos internacionales sólo ponen su sello, que sirve de cobertura para manejos muy sucios.

Inter Mediate fue creada en 2011 por Griffiths y Jonathan Powell, antiguo jefe de gabinete de Tony Blair. Powell ayudó a negociar el Acuerdo de Viernes Santo en Irlanda del Norte y desempeñó un papel central en la política exterior británica bajo Blair.

Ha sido director de Inter Mediate desde su creación. Antiguo funcionario del Foreign Office, Powell fue nombrado en 2014 por el entonces primer ministro David Cameron enviado especia del Reino Unido a Libia, mientras dirigía Inter Mediate.

Powell e Inter Mediate han dirigido numerosos proyectos financiados por el Ministerio de Asuntos Exteriores en países como Birmania, Libia y Corea del norte. La documentación encontrada incluye 23 pagos realizados por el Ministerio de Exteriores a la empresa entre 2013 y 2020.

El Ministerio de Asuntos Exteriores dijo que había pagado “algo más de 4 millones de libras a Inter Mediate entre 2011 y 2020 para apoyar el trabajo de resolución de conflictos internacionales”.

Es otro claso claro de corrupción institucionalizada en el que participan los organismos internacionales, los espías, las empresas privadas y, naturalmente, las ONG humanitarias.

—https://declassifieduk.org/former-un-envoy-to-yemen-linked-to-mi6-a-party-to-the-war/

La privatización la guerra (la industria de la seguridad en Ucrania)

Si se privatiza la sanidad o la educación, no hay ningún motivo para no hacer lo mismo con la policía o el ejército. El capitalismo ha creado empresas cuyo negocio es la guerra y baratijas intangibles, como la “seguridad” o la “defensa”.

Las empresas militares privadas son de dos tipos. Por un lado, hay empresas mercenarias o ejércitos privados que llevan a cabo campañas militares autónomas. Por el otro están los contratistas militares, que refuerzan a las tropas regulares de un Estado y subcontratan alguno de sus servicios.

Las empresas de mercenarios reclutan tropas en cualquier país del mundo y pagan sueldos que en Ucrania llegan a los 2.000 dólares diarios. Pero la ventaja más importante es que no están sometidos a ningún tipo de responsabilidad. Tienen carta blanca.

Es un fenómeno que surgió en los años ochenta del siglo pasado, cuando Eeben Barlow, antiguo coronel del ejército sudafricano fundó Executive Outcomes reclutando a las unidades disueltas tras el fin del apartheid.

Los mercenarios de Executive Outcomes intervinieron en Angola en 1992, donde lucharon junto al ejército regular contra UNITA después de que ésta se negara a aceptar los resultados de las elecciones de aquel año.

En 1996 participaron en Sierra Leona para derrotar a los rebeldes del Frente Revolucionario Unido, cobrando en parte con concesiones mineras de diamantes.

La guerra contra el terrorismo desatada en 2001 llevó la privatización del ejército de Estados Unidos a un nivel más alto. En 2010 las empresas militares privadas superaban en número a las tropas estadounidenses en Irak y Afganistán.

En un país arruinado, como Ucrania, hay un mercado frenético para las empresas privadas. La guerra está siendo el Eldorado de los mercenarios ya que, uno de los bandos, la OTAN no quiere intervenir directamente en el campo de batalla. Una de las empresas que participan en ella es TMG (The Mozart Group), fundada en marzo del año pasado en réplica inmediata a Wagner.

Su fundador es Andrew Milburn, un antiguo infante de Marina que formó parte de las fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos en Somalia, Irak, Afganistán, Mali y Libia. En el colmo de la desfachatez, este capo de los mercenarios califica a su empresa como “una organización humanitaria”.

TMG se encarga de múltiples tareas dentro del ejército ucraniano. Una de elas son las “operaciones de influencia” dirigidas contra las tropas y la población rusa, a las que intoxica con supuestas atrocidades y crímenes de guerra cometidos para animar a los soldados a desertar.

También sirve informes al ejército ucraniano sobre los planes de gobiernos extranjeros, empresas, medios de comunicación y ONG, para lo cual dispone de “expertos”, periodistas y universitarios repartidos entre varios países. Promueve la difusión de “noticias” a través de redes sociales que luego, a su vez, nutren a los medios de comunicación convencionales, acompañadas de fotos y vídeos.

El propio Milburn es el primero de los “expertos” y en tal condición asiste asiduamente a las tertulias televisivas y las entrevistas en los medios de Estados Unidos.

Esta empresa de mercenarios está ligada a la Ukrainian Freedom Fund, una ONG creada tras el Golpe de Estado de 2014 para recaudar fondos, comprar material militar e instruir tropas paramilitares.

También está ligada a un grupo de presión, el Consejo Comercial US-Ukrania (USUBC), que tiene por objeto promover los intereses de las empresas estadounidenses en el país. A su vez, el USUBC es un conglomerado en el que se puede encontrar de todo un poco pero, especialmente, conocidos traficantes de armas, como Lockheed Martin, Northrop Grumman o BAE Systems.

El ejemplo de TMG demuestra que la hegemonía moderna sólo es militar si por tal se entiende una amplia constelación de intereses que también son comerciales, periodísticos e incluso “humanitarios”.

Sabotaje y guerra secreta contra Rusia

Como ha ocurrido a menudo en las últimas guerras de Estados Unidos, en Ucrania se está produciendo un conflicto clandestino en gran medida oculto, paralelo a los combates reales sobre el terreno. Es de suponer que una serie de espías occidentales que utilizan diversos tipos de tapadera están operando a todos los niveles, así como en zonas adyacentes de Polonia y los países bálticos. Sin duda, los rusos tienen sus propios informadores dentro del propio gobierno ucraniano y Kiev ha demostrado ser capaz de llevar a cabo supuestas acciones secretas en Moscú, incluido el atentado con coche bomba contra Darya Dugin el 20 de agosto.

Al mismo tiempo, se sabe que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el MI-6 británico trabajan asiduamente para recopilar información que sugiera vulnerabilidades en las capacidades ofensivas de Rusia, al tiempo que tratan de identificar a personas potencialmente reclutables que no apoyen al Presidente Vladimir Putin. Las actividades de los espías y los agentes que dirigen deben considerarse una parte importante del esfuerzo bélico general de ambos bandos.

Recientemente se han publicado interesantes artículos que revelan lo que algunos de los espías y sus amos políticos han estado haciendo en los últimos seis meses. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la actividad de espionaje está encubierta al 50 por cien para ocultar lo que realmente ocurre, por lo que es más que probable que lo que han revelado los distintos servicios de inteligencia incluya al menos un error deliberado. Se recordará que en febrero de 1981, Bill Casey, el nuevo director de la CIA nombrado por el presidente Ronald Reagan, bromeó: “Sabremos que nuestro programa de desinformación ha terminado cuando todo lo que crea el público estadounidense esté equivocado”.

Si la cita es exacta, Casey probablemente estaría encantado de ver el enorme esfuerzo propagandístico dirigido por la Casa Blanca de Joe Biden para lanzar y mantener una guerra por poderes contra Rusia que era completamente evitable y no sirve a ningún interés nacional más allá de probar cómo reiniciar la Guerra Fría acompañada de amenazas de aniquilación nuclear. Y cabe señalar que Casey bien podría haber transmitido un mensaje más sutil en su comentario aparentemente improvisado. Podría haber sugerido que nadie debe fiarse de nada que salga de la boca de un alto funcionario del Gobierno, especialmente si ese funcionario es un oficial de inteligencia.

En este sentido, ha sido interesante leer una reseña de unas recientes declaraciones realizadas en Londres por el jefe del MI-5, Ken McCallum. McCallum no es tonto y sus comentarios pretendían claramente reforzar el mensaje de que el gobierno británico se ocupa bien de la seguridad nacional. En otras palabras, pretendía contar una historia que tranquilizara a un público cada vez más preocupado por el curso de la guerra de Ucrania y las posibles dolorosas consecuencias de una implicación directa británica en ella.

Lo que McCallum está vendiendo es una sugerencia de que la guerra en Ucrania es en realidad buena para la seguridad nacional porque ha permitido la expulsión de cientos de oficiales de inteligencia rusos en toda Europa. El reportaje de la CNN sobre la evaluación anual del MI-5 de la situación de seguridad en Gran Bretaña describe cómo la “capacidad de espionaje del Kremlin en Europa ha recibido el ‘mayor golpe estratégico’ de la historia reciente tras las expulsiones coordinadas de diplomáticos [rusos] desde la invasión de Ucrania, con unas 100 solicitudes de visados diplomáticos denegadas sólo en el Reino Unido en los últimos años”.

McCallum dijo que sólo en este año, 600 funcionarios rusos habían sido expulsados de Europa, 400 de los cuales se creía que eran agentes de inteligencia encubiertos. Ha ampliado los detalles en comentarios posteriores a su discurso: “Hemos seguido trabajando intensamente para hacer de Reino Unido el entorno operativo más difícil posible para la acción encubierta rusa. En el caso del Reino Unido, desde que expulsamos a 23 espías rusos que se hacían pasar por diplomáticos, hemos rechazado por motivos de seguridad nacional más de 100 solicitudes de visados diplomáticos… lo grave es que Reino Unido debe estar preparado para la agresión rusa en los próximos años”.

¿Qué significa todo esto? McCallum explicó cómo se ha producido “una brecha muy, muy grande en [las capacidades de inteligencia rusas] en toda Europa”. Dado que la información de contraespionaje se comparte en toda la OTAN, no es fácil para los rusos transferir [a un oficial] expulsado del país A al país D… Espero que lo que siga siendo cierto es que un gran número de talentos rusos de inteligencia entrenados y experimentados, si puedo utilizar ese término, serán mucho menos útiles [en] el mundo durante muchos años”.

McCallum concluyó su discurso con algunos comentarios obligatorios sobre las amenazas de adversarios como Irán y China. La historia del MI5 probablemente calentó los corazones de todos los neoconservadores estadounidenses que esperaban buenas noticias, pero hay algo grande que falta en la historia de Rusia. Eso sería que las expulsiones masivas de diplomáticos y “espías” rusos comenzaron claramente mucho antes de que la guerra de Ucrania fuera una chispa a los ojos de Volodymyr Zelensky, por lo que parecería que el MI-5 y la OTAN estaban planeando algo con mucha antelación, lo que es ciertamente interesante. Pero lo más importante es que la expulsión de diplomáticos es recíproca, lo que significa que lo que se hace a los rusos se devuelve a Moscú, que también ha expulsado a presuntos agentes de inteligencia extranjeros y se ha negado a aceptar las credenciales de muchos de los sometidos al Ministerio de Asuntos Exteriores en su lugar. Esto significa que reducir la capacidad de espionaje de Rusia a través de sus misiones diplomáticas y comerciales también significa reducir su propia capacidad.

No sé si la inteligencia occidental ha penetrado en el Kremlin reclutando a uno o más funcionarios rusos del círculo íntimo del gobierno de Vladimir Putin, pero sospecho que sí. A los espías de este nivel se les proporcionan habitualmente medios electrónicos seguros de comunicación con sus superiores de los servicios de inteligencia estadounidenses o británicos, pero todos los responsables de casos saben que la posibilidad de reunirse personalmente, aunque sea fugazmente en Moscú, produce información mucho más específica que los intercambios de textos electrónicos. Los rusos seguramente son conscientes de ello, al igual que son más o menos conscientes de quiénes son los diplomáticos espías entre ellos. Expúlselos a todos y ¿qué le queda? Por ello, el alarde de McCallum refleja, en el mejor de los casos, una victoria pírrica.

Hay otros indicios de que los servicios de inteligencia occidentales están buscando nuevas fuentes de información, y así lo denuncian los propios rusos. Ciertamente, ha habido muchas historias en los medios de comunicación occidentales sobre el descontento de los rusos de a pie con la guerra, incluyendo sugerencias de que algunos de los altos asesores y oficiales militares de Putin también se han vuelto muy críticos con los acontecimientos. Estas historias, filtradas por gobiernos occidentales hostiles a Rusia, pueden ser ciertas o no, aunque los sondeos de opinión rusos indican que el índice de aprobación de Putin sigue estando por encima del 70 por cien.

Russia Today (RT), el medio de comunicación estatal, informa de que la CIA está intensificando sus esfuerzos para reclutar a rusos presuntamente desafectos. Basándose en la cobertura de un reciente evento “CIA at 75” celebrado en la Universidad George Mason de Virginia, RT cita al director adjunto de operaciones de la agencia, David Marlowe, diciendo a una “audiencia selecta” que los oficiales de la CIA en el extranjero han participado recientemente en un importante esfuerzo explotar un “terreno fértil” para reclutar operativos rusos entre “militares descontentos, oligarcas que han visto mermadas sus fortunas por las sanciones, empresarios y otras personas que han huido del país”.

Marlowe explicó cómo funciona: “Buscamos por todo el mundo rusos que estén tan indignados por [el conflicto en Ucrania] como nosotros”.

Marlowe no explicó cómo los disidentes rusos que han huido del país podrán proporcionar información útil sobre la toma de decisiones en el Kremlin, pero quizá sea optimista. De hecho, Rusia ha denunciado varios intentos manifiestos de reclutar a sus diplomáticos y agregados militares restantes en Europa y Estados Unidos mediante los llamados “argumentos fríos”, en los que alguien se acerca a un objetivo en la calle o en un entorno social y le ofrece dinero u otros incentivos a cambio de información. Informes rusos indican que oficiales estadounidenses han estado merodeando por las embajadas rusas repartiendo tarjetas con números de teléfono para contactar con el FBI y la CIA a quienes entraban y salían del edificio. Inevitablemente, las propuestas frías rara vez funcionan, porque incluso si el objetivo estuviera dispuesto, tendría que considerar la posibilidad de que su propia lealtad pudiera ser puesta a prueba por la agencia para la que trabaja.

Así que hay cierta incoherencia en que McCallum y Marlowe, que representan al MI-5 y a la CIA respectivamente, afirmen que están ganando la guerra secreta contra Rusia deportando a sus objetivos potenciales de vuelta a Moscú mientras aumentan sus propios esfuerzos para reclutar a las mismas personas que acaban de expulsar. Pues bien, el espionaje es una profesión como ninguna otra, y lo que está ocurriendo actualmente en Ucrania y sus alrededores tiende a demostrar este axioma. Pero tenga en cuenta que la CIA está ahora “abierta a los negocios”.

Philippe Giraldi https://www.unz.com/pgiraldi/spies-and-more-lies-add-confusion-to-the-ukraine-conflict/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies