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El jefe de la CIA ya ha llegado a Kiev

El jefe de la CIA, William Burns, ha llegado a Kiev para celebrar una reunión urgente y secreta con Zelensky porque Ucrania está a punto de reventar. El colapso del régimen no es sorprendente. Su ejército está sufriendo demasiadas pérdidas y no puede sobrevivir así mucho más tiempo. Debe encontrar una manera de llegar a un acuerdo con Rusia o enfrentar una revuelta interna.

Zelensky prepara el terreno para purgar al general ucraniano Valery Zaluzhny. Es probable que destituya a tres generales vinculados a Zaluzhny. Su principal colaborador ya murió en lo que se calificó como un “accidente”.

Ucrania ha tenido tres ejércitos, y la mayor parte del actual está formado por hombres, mujeres y niños mayores sin entrenamiento. Se convierten en cadáveres para llenar las trincheras que intentan frenar a los rusos.

Por su parte, el Kremlin no tiene prisa. Su estrategia es aniquilar al ejército ucraniano y crear una crisis política en Kiev, que se ha adelantado más de lo previsto, lo que ha sorprendido en Moscú tanto como en Washington.

En Kiev ha estallado una guerra interna entre Zelensky y su círculo de amiguetes, por un lado, y la dirección del ejército ucraniano, por el otro.

Como dejó claro Zaluzhny en The Economist, la guerra necesita una pausa o un alto el fuego. Les daría tiempo para reconstruir el ejército y abastecerle con nuevas armas que aún no están en el inventario estadounidense o europeo. Zelensky, sin embargo, se opone a cualquier pausa en los combates y quiere que su ejército controle territorios clave como Avdeievka y retome enclaves importantes como Bajmut.

Los rusos no tienen interés para aceptar un alto el fuego o para adherirse a una solución provisional que daría lugar a que la OTAN permaneciera en Ucrania, con bases aéreas, terrestres y navales.

Uno de los principales errores de Zelensky y del jefe de la inteligencia militar ucraniana, Kyrylo Budanov, fue atacar territorio ruso, volar infraestructuras críticas, destruir aeródromos con bombarderos nucleares y enviar drones kamikaze al Kremlin.

Los rusos se dieron cuenta de lo peligrosa que es Ucrania para la seguridad de Rusia. Esos ataques han hecho que sea casi imposible alcanzar un modus vivendi entre ambos países, a menos que, como exigen los rusos, se retire la OTAN y se desmilitarice Ucrania.

Los ucranianos saben que Rusia ha acumulado al menos 1.000 cohetes para disparar contra la infraestructura ucraniana. Dependiendo de lo que suceda en los próximos días en Kiev, es probable que Rusia utilice ataques a la infraestructura para presionar aún más a Ucrania.

El último gran saqueo

El éxito de Zelensky se basa en la corrupción y el robo. Financia sus apoyos permitiendo que los funcionarios roben todo lo que puedan. De esa manera, siguen fieles a su lado. Ahora el Congreso de Estados Unidos se prepara para entregar miles de millones de dólares adicionales a Ucrania, que podrían ser los últimos en caer en los bolsillos de Zelensky y los suyos.

Tienen que aguantar un poco más. Estados Unidos y sus monaguillos europeos nunca han querido impedir la malversación de miles de millones de dólares de ayuda estadounidense y europea. Pero el Congreso de Estados Unidos está bajo una presión cada vez mayor para que rinda cuentas por el dinero y las armas enviadas a Ucrania. Pero tienen difícil transferir más dinero sin una auditoría independiente.

Mientras tanto, los enemigos políticos de Zelensky son muy conscientes de la corrupción en Kiev y lo afirman. Nadie sabe si esta información llega al Congreso de Estados Unidos, pero es posible.

Burns no puede oponerse a la política de Washington de prolongar la guerra en Ucrania hasta que Biden sea reelegido. En consecuencia, no le va a ordenar a Zelensky que hable con los rusos o que cambie de tono exigiendo que los rusos abandonen Ucrania.

Además, Washington quiere que la OTAN esté en Ucrania. Aunque saben que no puede incorporar a Ucrania a la OTAN hasta que gane la guerra, después de la reelección de Biden, Estados Unidos puede comenzar a establecer verdaderas fuerzas de combate de la Alianza, comenzando con la fuerza aérea. Por lo tanto, en Washington están dispuestos a arriesgar la estabilidad a largo plazo de la OTAN en aras de un intento de establecer sus bases en Ucrania, un área que Rusia considera extremadamente sensible.

La política de Washington es una fantasía. Una guerra directa de la OTAN contra Rusia destruirá Europa. La OTAN no está preparada para una guerra así, ni hoy ni en los próximos cinco años. Además, no está claro si la política de Washington goza de algún apoyo entre los países miembros de la OTAN.

Los rusos probablemente no quieran una guerra en Europa. En Washington manejan un calendario según el cual el Kremlin se verá presionado para poner fin a la guerra en Ucrania dentro de un año. Eso podría llevar a Rusia a centrar sus ataques en Kiev o, alternativamente, en otras ciudades importantes de Ucrania, con Odesa y Jarkov en los primeros lugares de su lista de objetivos.

Estados Unidos espió a los dirigentes europeos con la ayuda de Dinamarca

Con la ayuda de la inteligencia exterior de Dinamarca, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos espió a los dirigentes políticos de los países europeos, incluida la canciller alemana, Angela Merkel.

En 2015 el Servicio de Inteligencia de Defensa danés inició una investigación interna la sobre el papel de la NSA en el espionaje, afirma la emisora pública danesa DR.

La investigación abarca el período de 2012 a 2014. La NSA utilizó los cables submarinos daneses para espiar a altos funcionarios en Suecia, Noruega, Francia y Alemania, entre ellos el ministro de Asuntos Exteriores alemán Frank-Walter Steinmeier y el dirigente de la oposición alemana Peer Steinbrück.

Dinamarca, un lacayo muy cercano a Estados Unidos, alberga varias instalaciones de desembarco de cables submarinos de internet hacia y desde Suecia, Noruega, Alemania, Holanda y Gran Bretaña.

A través de recuperaciones específicas y el uso de aplicaciones de análisis desarrolladas por la NSA, como Xkeyscore, la NSA interceptó llamadas, mensajes de texto y mensajes de chat hacia y desde teléfonos de dirigentes de los países vecinos.

La investigación interna en el Servicio de Inteligencia de Defensa de Dinamarca se inició en 2014 tras las preocupaciones sobre las filtraciones del año anterior de Edward Snowden que revelaban el funcionamiento de la NSA.

Snowden huyó de Estados Unidos después de filtrar archivos secretos de la NSA en 2013 y recibió asilo político en Rusia.

Tras el informe de la radio danesa, Snowden publicó un comentario críptico en danés en Twitter que decía: “Si tan solo hubiera habido alguna razón para investigar hace muchos años. Oh, ¿por qué nadie nos advirtió?”

La decisión adoptada en agosto del año pasado de suspender al jefe del Servicio de Inteligencia de Defensa de Dinamarca y a otros tres funcionarios tras las acusaciones de irregularidades graves por parte de una junta independiente que supervisa a la institución se centró en la investigación de 2015.

Dinamarca dijo el año pasado que iniciaría una investigación sobre el caso basándose en la información de un denunciante. Se espera que esa investigación concluya a finales de este año.

Las fuentes oficiales son unánimes: no quieren ni que se les pregunte sobre el asunto. Tierra encima de los asuntos escabrosos. Un portavoz de la Cancillería alemana dijo que no sabía nada y que se había enterado del espionaje cuando los periodistas le preguntaron al respecto.

La ministra de Defensa danesa, Trine Bramsen, se negó a comentar sobre “especulaciones” sobre asuntos de inteligencia en los medios. “Puedo decir en términos más generales que este gobierno tiene la misma actitud que expresó el ex primer ministro en 2013 y 2014: las escuchas telefónicas sistemáticas de aliados cercanos son inaceptables”, dijo Bramsen en un comunicado.

Steinbrück dijo a la emisora alemana ARD que pensaba que era “grotesco” que el espionaje de los países amigos estuviera interceptando y espiando a altos dirigentes de otros países.

El Ministro de Defensa sueco, Peter Hultqvist, dijo a la emisora sueca SVT que “exige información completa”. El Ministro de Defensa noruego, Frank Bakke-Jensen, dijo a la emisora NRK que se toma en serio las acusaciones.

En París, el ministro francés de Asuntos Europeos, Clement Beaune, dijo a la radio France Info que el informe danés debía ser revisado y que, de confirmarse, sería un asunto grave.

“Estos posibles hechos son graves y deben ser controlados”, afirmó, añadiendo que podría haber “algunas protestas diplomáticas”.

—https://www.reuters.com/world/europe/us-security-agency-spied-merkel-other-top-european-officials-through-danish-2021-05-30/

El extraño caso de la ONG ‘Road to Relief’ y la ‘cooperante’ española muerta en Ucrania

El mundo de las ONG en zonas de guerra hay que analizarlo siempre con lupa, al igual que ocurre con la cooperación al desarrollo. Costa Gavras, en su película Estado de Sitio, narraba el diálogo que mantenían en la Embajada de Estados Unidos el cónsul de aquél país con periodistas uruguayos, interesados por el secuestro por la organización Tupamaros de un “agregado de agricultura” de ese país, cuyo secuestro era inexplicable y que reflejaba la maldad del terrorismo. Leer más

Las elecciones presidenciales norteamericanas puede decidirlas el ‘kompromat’ ucraniano

La finalización o el mantenimiento de la guerra actual en el este europeo y el flujo de dinero y armas norteamericanas puede decidirlas el “kompromat” ucraniano sobre la familia Biden.

¿Qué es un “kompromat”? Su origen proviene del ruso “компромат”, una reducción del nombre completo “компрометирующий материал”, que en español sería “material comprometedor”, el cual hace alusión a un conjunto de documentos, verídicos o falsos elaborados por los servicios de inteligencia, sobre una o varias personas para
denigrarlas públicamente, o utilizar dicho material para obligar a ciertos políticos, incluidos presidentes, a adoptar políticas concretas a favor de determinados intereses, bajo la amenaza de su publicación.

¿Pero solamente existe en Rusia? A tenor de lo que la prensa en España difunde, al parecer sí. Aunque es tanto el descaro, y las falsedades periodísticas que, de cuando en cuando han de dejar entreabierto un pequeño resquicio, por lo que pudiera pasar.

En un reciente artículo firmado por Max Abrahms, profesor de ciencias políticas en la Universidad Northeastern y autor de Rules for Rebels: The Science of Victory in Militant History (1), artículo que la prensa española, al parecer no se ha enterado de su existencia, pone sobre la mesa el concepto “kompromat” que había desaparecido de toda la prensa y medios controlados por el Partido Demócrata, desde que Hilary Clinton había utilizado este término reiteradamente en la campaña electoral más manipulada que puede recordar la memoria estadounidense. Término que en las últimas elecciones presidenciales se intensificó.

El artículo en cuestión dice así: “A lo largo de la presidencia de Trump, los principales medios de comunicación sugirieron constantemente que Rusia tenía el llamado “kompromat” sobre el presidente, materiales vergonzosos utilizados como arma de influencia a través del chantaje. Todos recordamos el diluvio diario: “¿Rusia tiene ‘kompromat’ sobre Trump?”, preguntó la CNN. “Una palabra rusa que los estadounidenses deben saber: ‘kompromat’”, escribió Greg Myre en NPR, y concluyó que “Rusia puede tener material comprometedor sobre el presidente electo Donald Trump”. The Guardian estuvo de acuerdo y escribió que había “una confirmación aparente de que el Kremlin posee ‘kompromat’, o material potencialmente comprometedor, sobre Trump… que sucedió durante los viajes de Trump a Moscú”.

Jonathan Chait escribió en New York Magazine que Rusia tenía “influencia secreta sobre Trump”, afirmación reiterada por la BBC en un artículo titulado “Rusia y el arte del ‘kompromat’”.

El Washington Post estaba obsesionado con la teoría de la conspiración y publicó numerosos artículos al respecto, al igual que el Daily Beast con un flujo constante de artículos. Incluso el New York Times promovió la teoría de la conspiración de que Rusia tenía “kompromat” sobre el presidente, basándose en una breve reunión a la que asistió uno de los hijos de Trump en la Torre Trump. Se escribieron libros completos sobre todo el “kompromat” que supuestamente tenía el Kremlin sobre el presidente Trump, que fueron citados con entusiasmo en los principales medios de comunicación (American Kompromat; House of Trump, House of Putin de Craig Unger. Devil’s Bargain de Joshua Green. Collusion de Luke Harding… etc.)”

Desde que Joe Biden asumió el inquilinato de la Casa Blanca, las órdenes a todos los medios de comunicación controlados por el Partido Demócrata, fue que borraran la palabra “kompromat” de cualquier artículo que se escribiera en relación a la familia Biden.

Pero la realidad es tozuda y cada día que pasa van apareciendo más y más datos, fechas, grabaciones, cuentas bancarias entre los oligarcas ucranianos y la familia Biden. Llegados a este punto podemos realizar una hipótesis, sólo hipótesis de momento, del por qué la lluvia de millones transferidos a Ucrania, junto a multitud de armamento, cuando miembros demócratas de la Cámara de Representantes están exigiendo la finalización de estos “regalos” a Zelenski. Seguramente lo que ignoran dichos congresistas es el alcance real del contenido del “kompromat ucraniano sibre Biden”, cuyos contenidos pueden barrer al senil Biden y su camarilla de la Casa Blanca en las próximas elecciones.

El 31 de julio de 2023 Devon Archer testificó ante el Comité de Supervisión y Responsabilidad de la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre la relación de Joe Biden con la petrolera ucraniana Burisma y por qué impuso la dimisión del fiscal ucraniano Shokin que investigaba dicha relación. Archer era un amigo cercano de Hunter Biden que se sentó junto a él en la junta de accionistas de Burisma. Bajo juramento, Archer testificó que Burisma pagó a Hunter millones de dólares únicamente porque su padre era el vicepresidente de Estados Unidos. Burisma habría quebrado sin “la marca” y la marca era Joe Biden.

Archer también testificó que el fiscal Shokin fue obligado a dimitir por Joe Biden, no por ser un fiscal corrupto sino por investigar los millones de dólares que Burisma le estaba pagando a Hunter (2).

El ‘kompromat’ español

En un artículo publicado en el diario Público de fecha 9 de Enero de 2019 y firmado por Patricia López y Carlos Enrique Bayo que llevaba por título “Las cinco mentiras de Villarejo en su misiva amenazadora a Pedro Sánchez desde la cárcel”, dan muestras de cobrar por escribir en lugar de cobrar por pensar, simplemente ya piensan otros. Digo esto en relación a una de las mentiras a las cuales aluden describiéndola de la siguiente forma: “Según Villarejo, entre la documentación sensible (en poder de Corina) estaría el ‘Archivo Jano’ o Control Integral Central (CIC) que en su día llegó a contener casi un millón de fichas individuales con datos personales y privados de vicios y virtudes de las personalidades más relevantes de España (3).

Aunque nadie sabe si es cierta la existencia de estos archivos supuestamente recopilados por el CNI, lo que si parece probado es que el creador de dossieres con información sensible sobre personas influyentes es el propio Villarejo (4).

Esto de que nadie sabe si es cierta dicha existencia, es una afirmación no solamente poco profesional por parte de unos periodistas, cuyo trabajo sería el de indagar a fondo sobre dicha existencia y no copiar cuatro líneas escritas en los despachos del CNI para salvaguardar la faz de la monarquía. Y no es que sea el
señor Villarejo santo de mi devoción, pero lo que transmite en dicha carta es totalmente coherente con el “trabajo” de muchos años en los servicios secretos españoles.

Pero vayamos al quid de la cuestión: si ha existido o no el famoso archivo Jano. Para ello, debemos realizar un recorrido a través de la impecable tesis doctoral de Carlos Barrachina Lisón que lleva por título “El regreso a los cuarteles: militares y cambio político en España (1976-1981)”. En las páginas 330 a la 333 de dicha tesis, documentado por las entrevistas personales con el General de División Juan Peñaranda y con el Teniente General del Ejército de Tierra Andrés Casinello, (entrevista realizada el 2 de diciembre de 1986 –cinta J-18-, cuyo original está depositado en la Fundación Ortega y Gasset), hay las siguientes manifestaciones:

“Peñaranda trabaja especialmente en la creación del archivo Jano —el Dios de las dos caras— , y en la Operación Promesa. En su opinión es necesaria la creación de un archivo de todos los personajes que tenga interés de cara al futuro. La filosofía no es controlar a la gente ‘peligrosa’, comenta el general, sino todo lo contrario, la prueba es que si hay unas ocho mil fichas de personas, quizás unas doscientas pueden calificarse como de gente ‘no deseable’. La filosofía es tener hasta el último detalle de las personas que tienen algún peso en España, ya sea en lo económico, o en lo social, y tener de ellos sus hojas de vida actualizadas, y todos los recortes de prensa publicados. El objetivo es saber más que nadie de las personas que luego puedan ser elegibles para desempeñar puestos políticos”.

“La Operación Promesa, en la que está participando sobre todo Javier Calderón, según Peñaranda, supone además contactar con esas personas, con “promesas”, e incluso impulsarlas. Se trata de contactar con los grupos políticos que van a participar en la transición”. Como puede comprobarse no se trata de entrevistas televisivas con anuncios de por medio realizadas por periodistas de no se sabe qué, sino de algo mucho más serio.

Y ha sido el contenido del Archivo Jano, junto a las operaciones Alborada, Promesa, Primavera y otras lo que ha marcado la ruta de la transición en España. Ha sido el “kompromat” que se ha ido publicando a medida que los intereses políticos de la monarquía, tanto defendidos por el PSOE como por el PP, lo ha precisado.

Ha sido el contenido de dicho archivo lo que aplastó políticamente a Jordi Pujol cuando había perdido las riendas y el control de sus pupilos. Años hacía que los servicios secretos conocían la manipulación contable y financiera de Banca Catalana para propiciar un enriquecimiento rápido del entorno de Pujol, y posteriormente a la desaparición de Banca Catalana como banco de la órbita pujolista, suplido por el proceso de mordidas en las concesiones de la Generalitat y el trasiego de dinero a bancos extranjeros, pero el Dios de las dos caras miraba hacia otro lado.

Cabe recordar que las mordidas concesionales no son exclusividad de la Generalitat, puesto que era conducta altamente extendida en todos los ámbitos de las Administraciones, sobre las cuales el Informe Jano nos ilustraría con detalles de nombres y apellidos de los que siguen sin divulgarse.

Ha sido el contenido de dicho archivo lo que realizó el “milagro” de convertir al Partido Comunista de España en el abanderado de la ofensiva contra el proletariado español. Ha sido el “kompromat” de Buchenwald a Jorge Semprún, que su propio hermano Carlos Semprún lo acusó sin rodeos en su libro “A orillas del Sena un español…” como “el único kapo (Kameraden Polizei) conocido, o sea con éxito de ventas, que ha escrito sus memorias de deportado”. Y se extraña del aspecto saludable que presentaba Jorge Semprún tras su liberación “nadie hizo la menor mención, ni sacó conclusiones, sobre la diferencia que existía entre su pinta y la pinta cadavérica de otros deportados”.

Aunque para lavar su imagen, Carlos Semprún escribiera “La escritura o la vida” en la cual dice “Yo soy el sobreviviente de turno, que apareció por casualidad…)” ¿Por casualidad?

Con el mismo cinismo escribió en 1976 un auténtico libelo anticomunista “Autobiografía de Federico Sánchez” por el cual le regalaron el Premio Planeta, y posteriormente lo ataviaron con el título de ministro de Cultura.

Y ha sido el “kompromat” del Archivo Jano, aderezado con “Promesas” que se regalara también el puesto de Ministro de Cultura a un anticomunista como Jordi Solé Tura, cuyo nombre aparece en la tesis doctoral de Carlos Barrachina relacionado con los militares.

Y entre amenazas de sacar a la luz los correspondientes kompromat en manos de la CEOE y promesas de buen vivir, la oligarquía española ha copado, desde hace muchos años las cúpulas sindicales de Comisiones Obreras y de la UGT.

Este ha sido el resultado del “kompromat” español caracterizado por el Archivo Jano. Villarejo nos cita la clave a la cual acudir para saber las “verdades escondidas”, pese a quién pese.

(1) https://www.newsweek.com/does-ukraine-have-kompromat-joe-biden-opinion-1818052
(2) https://oversight.house.gov/wp-content/uploads/2023/08/Devon-Archer-Transcript.pdf
(3) https://www.elindependiente.com/wp-content/uploads/2019/01/CARTA-ABIERTA-A-PEDRO-SA%CC%81NCHEZ.pdf
(4) https://www.publico.es/politica/exclusiva-cloacas-interior-mentiras-villarejo-misiva-amenazadora-pedro-sanchez-carcel.html

Finlandia permite que un avión espía sueco espíe para la OTAN cerca de Rusia

Las maniobras militares en el norte de Europa se multiplican desde hace unos meses. El 28 de julio la Luftwaffe inició las maniobras “Rapid Viking” para probar su capacidad para desplegar seis aviones de combate Eurofighter EF2000 en la Base Aérea de Keflavik, Islandia, lo más rápido posible y con un mínimo huella logística, es decir, con solo 25 toneladas de material, transportado por un A400M Atlas.

El ejercicio es capital a la vista de la importancia estratégica de Islandia, cuyo control sería como tener una pistola apuntando a Inglaterra, Estados Unidos y Canadá. La isla es fundamental para garantizar la seguridad de los suministros entre Norteamérica y Europa, a través del llamado paso GIUK (Groenlandia – Islandia – Reino Unido).

Finlandia comparte una frontera de 1.340 kilómetros con Rusia y desde que es miembro de la OTAN ha organizado cuatro ejercicios militares en el Círculo Polar Ártico: ACE (Arctic Challenge Exercise), Northern Forrest, Arrow y Lightning Strike.

Como ya hemos expuesto, el 2 de agosto el Ministerio de Defensa ruso anunció el inicio de las maniobras navales “Ocean Shield 2023” en el Mar Báltico, con la participación de alrededor de 30 barcos y otros tantos aviones. Se desarrollaron medidas para proteger las rutas marítimas, el transporte de tropas y carga militar, así como para proporcionar defensa costera. Al término de estas maniobras los buques realizaron un redespliegue entre flotas a puntos base permanentes, y la aviación regresará a sus aeródromos.

Tales maniobras tienen como objetivo preparar a la armada rusa para contrarrestar la denegación de acceso que podría implementar la OTAN para bloquear las rutas marítimas y aéreas que conducen a Kaliningrado, en un contexto en el que todos los países ribereños del Báltico forman parte de la OTAN, excepto Suecia, cuya candidatura sigue bloqueada por Hungría y Turquía.

Pero da igual porque se comporta como si ya fuera miembro.

Si bien no es raro que la fuerza aérea sueca realice misiones de inteligencia electrónica en la región del Báltico, con los dos Gulfstream S102B Korpen de su 74 Escuadrón Especial de Aviación, la realizada el pasado 2 de agosto no tiene precedentes.

Por primera vez un S102B Korpen fue a recopilar inteligencia de señales (Roem) cerca de la península de Kola, retaguardia de la Flota del Norte de Rusia y la Base Aérea de Oleynia, utilizada por los bombarderos rusos para atacar Ucrania. Sin embargo, para ello, el avión sueco obviamente tenía que sobrevolar Finlandia, algo que nunca antes había sucedido.

El S102B Korpen sobrevoló el lago Inari de un lado a otro durante unas dos horas… antes de girar hacia el sur y continuar por la frontera este de Finlandia. La misión sueca en Finlandia es una advertencia dirigida contra Moscú para mostrar la contribución de la defensa escandinava a las operaciones de la OTAN.

Durante la Guerra Fría, las fuerzas británicas y estadounidenses incrementaron las misiones de inteligencia sobre el mar de Barents y alrededor de la península de Kola. Aunque es miembro de la OTAN, Noruega nunca ha autorizado este tipo de vuelos desde su territorio, a diferencia de Finlandia que, incluso antes de ser admitida oficialmente en la Alianza, abrió su espacio aéreo a un RC-135 Rivet Joint de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

En pocas palabras, tanto Suecia como Finlandia no han aportado nada nuevo a la OTAN porque hacen lo mismo que siempre hicieron.

En el futuro las provocaciones continuarán. El gobierno de Helsinki no ha dudado en anunciar que seguirán realizando vuelos similares en su espacio aéreo, con diferentes tipos de aeronaves, tripuladas o no tripuladas.

El papel de la CIA en la Guerra de Ucrania según Newsweek

Esta semana la revista estadounidense Newsweek ha publicado un informe “en exclusiva” que sobre la participación de la CIA en Ucrania (*), algo bien sabido desde el final de la Segunda Guerra Mundial y, especialmente, desde el Golpe de Estado fascista de 2014.

Lo novedoso es que Newsweek asegura algo más: que Washington está alimentando imprudentemente -y criminalmente- las hostilidades con Rusia. El gobierno de Biden y su aparato de inteligencia militar están arriesgando demasiado.

Newsweek destaca algo ya habitual en la Casa Blanca: el incumplimiento de la promesa pública de Biden de no poner las botas estadounidenses sobre el avispero y la presencia clandestina de tropas estadounidenses dirigiendo la guerra.

En consecuencia, Biden ha vuelto a engañar a los estadounidenses al fingir que las tropas estadounidenses no están en Ucrania. Ya ocurrió en la Guerra de Vietnam, donde la intervención militar simulaba una “guerra civil” entre Vietnam del norte y las marionetas del sur.

Una vez más, la ficción no se sostiene. La política de Biden de llevar 40.000 millones en armas a Ucrania conduce a Estados Unidos y la OTAN a una guerra total contra Rusia.

Naturalmente, Newsweek lava la al papel de la CIA en la guerra. El reportaje asegura que la CIA está tratando de “asegurarse de que la guerra no se salga de control”. Es el mismo papel atribuido a los yihadistas moderados en Siria. La CIA evita los desmanes del gobierno de Zelensky. Si Ucrania se pasa de rosca no es problema de la CIA sino de que los ucranianos no han seguido sus consejos.

Es el caso de los bombardeos contra civiles dentro del territorio ruso, la voladura del gasoducto Nord Stream o el ataque contra el puente de Kerch. Estos ataques no se podrían haber ejecutado sin la participación logística de la CIA y otras instituciones de la OTAN, principalmente el MI6 británico.

La política de Biden y sus socios de la OTAN ha consistido en avivar la guerra, con envíos graduales de armamento cada vez más letal, desde misiles de largo alcance hasta tanques de combate y la prometida entrega de aviones de combate F-16. Esta semana, según informes, Biden ha dado luz verde al suministro de municiones en racimo prohibidas que, sin duda, el gobierno de Zelensky usará contra civiles en la región del Donbas, siguiendo las instrucciones de los asesores de la CIA.

Un trasfondo histórico crucial para comprender el conflicto en Ucrania es la participación de la CIA en la orquestación del Golpe de Estado en Kiev en 2014. El golpe derrocó a un presidente elegido democráticamente, Viktor Yanukovich, y dio paso a una junta neonazi que persiste hasta hoy, encabezada por Zelensky.

El gobierno de Kiev son títeres y quienes mueven los hilos son la CIA y el MI6. Su función es triple. La primera es la de socavar a Rusia, con el cambio de régimen en Moscú como objetivo final. La segunda es facilitar el plan de Washington de subyugar a Europa como una colonia vasalla de Estados Unidos. El tercero es impulsar un colosal negocio de venta de armas, que están probando para guerras futuras contra adversarios del calibre de China.

La CIA y sus pares británicos dirigen el pozo negro neonazi en el que se ha convertido Ucrania. Incluso mientras trata de encubrir el papel criminal de la CIA en Ucrania, el artículo de Newsweek admite que la central de espionaje tiene múltiples bases ubicadas en el país y que sus agentes supervisan las “redes masivas” de tráfico de armas.

La Guerra de Ucrania podría detenerse de inmediato, como ha señalado nuevamente esta semana el asesor de seguridad nacional ruso Dmitry Medvedev, si Estados Unidos simplemente deja de suministrar armas a Ucrania. Sin embargo, Biden ha rechazado de plano todos los esfuerzos diplomáticos para negociar un acuerdo de seguridad.

La CIA nació de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) al final de la Segunda Guerra Mundial. Una de sus primeras tareas de posguerra fue reclutar fascistas y asesinos en masa ucranianos que habían colaborado con el III Reich. Ahora aquellos fascistas ucranianos, como Stepan Bandera y Mykola Lebed, están considerados héroes nacionales por el régimen de Kiev.

Washington reclutó y desplegó deliberadamente a esos terroristas para atacar a la Unión Soviética con el fin de promover las ambiciones hegemónicas del imperialismo estadounidense en Europa oriental.

No ha cambiado mucho. Ucrania es la zona cero de los orígenes fascistas de la CIA y el fascismo, cabe añadir, es la guerra, como se ha vuelto a demostrar una vez más.

(*) https://www.newsweek.com/2023/07/21/exclusive-cias-blind-spot-about-ukraine-war-1810355.html

La campaña británica para espiar a los refugiados: el Proyecto Invictus

En los últimos meses, la guerra del gobierno británico contra los refugiados ha incluido un diluvio incesante de viciosa retórica xenófoba por parte de los ministros y una legislación destructora de los derechos humanos, condenada por la ONU, en forma de Proyecto de Ley de Inmigración Ilegal, y parece intensificarse cada día que pasa.

A pesar de la reacción de la población y de ciertos sectores de los medios de comunicación, esta virulenta animadversión goza de apoyo bipartidista y es probable que sea un campo de batalla clave en las próximas elecciones generales. Conservadores y laboristas compiten ya por demostrar quién puede ser más eficazmente bárbaro e impedir que más refugiados lleguen a suelo británico. Mientras tanto, los inmigrantes que intentan cruzar el Canal de la Mancha mueren sistemáticamente en el trayecto.

El Ministerio del Interior está espiando los teléfonos inteligentes de los refugiados y sus movimientos, con la esperanza de que lleven a las autoridades hasta los traficantes de personas y los “grupos de delincuencia organizada”.

El reclutamiento involuntario y no consentido por parte de Gran Bretaña de refugiados como dispositivos de rastreo vivientes se lleva a cabo infringiendo deliberadamente la normativa nacional e internacional sobre protección de datos. También puede contravenir el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

No está claro cuándo y cómo el Ministerio del Interior dio con esta monstruosa estratagema. Sin embargo, documentos filtrados indican que en noviembre de 2021 se puso en marcha un plan de prueba, apodado “Proyecto Invictus”. La empresa privada de inteligencia militar Prevail Partners dirigió el proyecto en nombre del Comando de Amenazas del Canal Clandestino. Una unidad del Ministerio del Interior, “reúne a todo el Gobierno para acabar con la viabilidad de la ruta de las pateras”.

Un espionaje comercialmente inmaduro

Un informe de impresiones iniciales sobre los temas principales de este ensayo, redactado un mes después por Prevail, expone sus dimensiones. En primer lugar, la necesidad de una confidencialidad primordial en todo momento.

Desde el punto de vista operativo, el dispositivo pretendía proporcionar puntos de partida de información a la Intelligence Fusion Cell (IFC) del Ministerio del Interior, complementando otros datos de fuente abierta. La prueba preveía una serie de “puertas pasivas” de recogida de datos desplegadas en el extranjero, en Bélgica (Operación Tartan), y en Reino Unido, que recogían datos anónimos basados en el wifi de dispositivos asociados a la inmigración ilegal y a los miedmbros de los grupos delictivos organizados.

Estas puertas “pincharían” los dispositivos electrónicos de cualquiera que las atravesara. El método  de recopilación de datos fue suministrado por Precog Systems, que se autodenomina “sistema de inteligencia criminal cabecero en el mundo”. A lo largo del juicio, Prevail colaboró con la empresa “para desplegar las unidades de recogida, supervisar, procesar y analizar los datos y solucionar problemas”.

Juntos construyeron unidades de recogida en tres centros de detención y tramitación de inmigrantes del sureste de Inglaterra: Manson, Tug Haven y Western Jet Foil. También viajaron a Bélgica para instalar unidades y establecer contactos con las autoridades locales sobre el proyecto.

Sin embargo, Prevail no quedó impresionada con el rendimiento de Precog Systems, señalando que “las limitaciones significativas eran evidentes en todo el ecosistema Invictus: en el aparato; el despliegue operativo; las autoridades de cumplimiento de datos GDPR; el marco de permisos prevaleciente UKK; y la madurez comercial del proveedor del dispositivo de datos”.

La combinación de estos factores hizo que el ensayo produjera un “nivel extremadamente bajo de dividendos de inteligencia útiles”. Los datos que se recopilaron eran “de precisión cuestionable o sólo estaban disponibles con información contradictoria, lo que los hacía inutilizables”. En total, menos del 0,001 por cien del rendimiento aportó algún conocimiento operativo, y eso después de haber sido sometido a una “cantidad significativa de procesamiento de datos”.

El dispositivo proporcionado por Precog Systems estaba diseñado para identificar y capturar objetivos “que merodearan cerca de las unidades de recogida, principalmente en infraestructuras establecidas y grandes centros de transporte”. En la práctica era tan poco fiable que los ingenieros de Precog Systems se veían obligados con frecuencia a hablar sobre “complicados procesos de reinicio” in situ con los funcionarios de la Fuerza de Fronteras, “lo que ponía en peligro el dispositivo”.

Además, algunas de las unidades desplegadas en Bélgica estaban destinadas a recopilar datos de personas que viajaban en “vehículos de alta velocidad por carreteras principales”. Sin embargo, como “dependían de una fuente de alimentación constante, carecían de antena externa y no estaban reforzadas”, las oportunidades de desplegar la tecnología eran limitadas.

En resumen, Prevail tachó a Precog Systems de “comercialmente inmadura” y de “carecer del ritmo operativo necesario”. También señaló que los procedimientos de intercambio y tratamiento de datos de la empresa eran inseguros, ya que Prevail tuvo acceso en un primer momento a todos los datos confidenciales de la empresa, lo que significaba que podía ver la información confidencial que se filtraba simultáneamente para todos los demás clientes de Precog.

“No se recomienda realizar ninguna otra actividad con Precog sobre est dispositivo”, concluyó Prevail.

Recopilación de datos indiscriminada

Aun así, no todo estaba perdido desde la perspectiva de Prevail. La empresa declaró que “el concepto de sistemas de recogida de datos sigue siendo válido” con respecto a los refugiados y sugirió que el Ministerio del Interior mantuviera este dispositivo de espionaje llevándolo “a cabo internamente”, lo que proporcionaría “un mejor control del proceso y una mayor seguridad operativa”. Pero, como veremos, se trataba de un cínico eufemismo para subcontratar el trabajo directamente a Prevail.

El saber hacer y la experiencia operativa de Prevail “informarían el diseño y el despliegue de las unidades de recogida para maximizar la recogida”. Se desplegarían múltiples unidades “a lo largo de las rutas sospechosas”, y “unidades reforzadas que permitirían la recogida marítima”, lo que sugiere que la empresa preveía implantar tecnología de espionaje en el mar para identificar a refugiados y traficantes de personas mientras cruzaban desesperadamente de Europa continental a Gran Bretaña. “Las agencias asociadas en los centros de procesamiento de inmigrantes” también recibirían asesoramiento “sobre tácticas, técnicas y procedimientos para garantizar una recogida eficaz”.

Además, Prevail instó al Ministerio del Interior a ser maleable en torno al tratamiento de los datos, ya que “el aumento de los permisos” permitiría realizar análisis de vínculos de los selectores que se encuentran junto a emigrantes sospechosos o miembros de los grupos criminales organizados. Por último, la empresa advirtió de que “el marco legal y el apetito de riesgo” en torno a cualquier esfuerzo de vigilancia de refugiados serían cruciales para su éxito.

Prevail declaró que su “pleno potencial” sólo podría aprovecharse mediante “algún tipo de exención del GDPR, ya que se trata de una recopilación indiscriminada y pasiva contra la población general”. Mediante la recopilación de las direcciones MAC (*) de los objetivos, la empresa podría seguir un “rastro de migas de pan” de los datos residuales que dejaron mientras viajaban por el noroeste de Europa.

Para ello, se llevó a cabo una campaña de guerra a lo largo de esas rutas, identificando todas las redes inalámbricas vulnerables de esas zonas con un vehículo en movimiento. Prevail señaló que tal actividad violaría los permisos actuales. De hecho, constituye una infracción extraordinaria de las normas y leyes británicas y europeas de protección de datos.

Por ejemplo, el GDPR, el reglamento general de protección de datos de la Unión Europea, del que Gran Bretaña sigue siendo signataria a pesar de haber abandonado el bloque, impone normas estrictas a los administradores de datos y ofrece importantes protecciones a las personas cuyos datos se procesan. Esto incluye la necesidad de su consentimiento claro al hacerlo y el derecho de las personas a oponerse a que sus datos sean procesados en primer lugar, incluso “con fines de elaboración de perfiles”.

También está el artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, “el derecho al respeto de la vida privada y familiar, del domicilio y de la correspondencia”. En septiembre de 2018 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos determinó que los métodos de interceptación masiva de la central británica de inteligencia de señales GCHQ violaban la intimidad personal y carecían de garantías suficientes. Esta sentencia se reforzó tres años después, con jueces que dictaminaron que estas actividades violaban la libertad de expresión.

Prevail pidió abiertamente que se concediera a su trabajo una “exención” específica para eludir el GDPR, y existen paralelismos evidentes en sus actividades encubiertas con la recopilación masiva del GCHQ. El espionaje del Ministerio del Interior sobre los refugiados ya era, según Prevail, “recolección indiscriminada y pasiva contra la población en general” y llevada a cabo sin el conocimiento o consentimiento de la población antes incluso de ser “apta para el propósito”.

Evaluaciones predictivas de inteligencia

Para que el diabólico plan funcionara eficazmente y se obtuviera información de más del 0,001 por cien del total de los datos recopilados, el Ministerio del Interior tenía que ser mucho más específico en su enfoque. Anomaly 6, una oscura empresa privada de espionaje fundada por veteranos de la inteligencia militar estadounidense, satisfacía esa necesidad.

Con sede en Fairfax (Virginia), cerca del cuartel general de la CIA, Anomaly 6 se dedica a incrustar kits de desarrollo de aplicaciones (SDK) en decenas de programas populares para teléfonos inteligentes e Internet de las Cosas. Esto permite a la empresa rastrear los movimientos de cualquier usuario individual en la Tierra en tiempo real, y luego tallar a través de capas de datos “anónimos” para descubrir una inquietante variedad de información sensible sobre el propietario del dispositivo en cuestión. Su alcance intrusivo podría superar incluso al del GCHQ y la NSA.

Una semana después de la mordaz evaluación de los esfuerzos de Precog Systems, Prevail presentó una actualización sobre el alcance y las capacidades de su programa de inteligencia interno Cerebro, ahora ampliado con la propia tecnología de Anomaly 6. La empresa se jactó de su capacidad para descubrir información confidencial sobre el propietario del dispositivo en cuestión.

La empresa presumía de su capacidad para fusionar información sobre los movimientos de los inmigrantes y los grupos delictivos organizados con “la investigación y el análisis de los comportamientos humanos” para “ofrecer evaluaciones de inteligencia predictivas del próximo intento de travesía en pateras”, previniéndolas con antelación. El Ministerio del Interior necesitaba que esas previsiones fueran “lo más cercanas al tiempo real posible” y “geográficamente precisas” en un radio de 100 metros.

Se facilitó un mapa detallado de 19 zonas de interés distintas, puntos comunes de paso de refugiados en la costa noroccidental de Europa, desde Le Crotoy (Francia) hasta Nieuwpoort (Bélgica). También facilitaron la nacionalidad de los que cruzaban, por orden de prioridad: kurdo iraní, kurdo irakí, árabe irakí, kurdo sirio, eritreo, vietnamita, afgano, sudanés y albanés. Prevail incluso había localizado las aplicaciones específicas utilizadas por los inmigrantes que viajaban por rutas concretas y controlaba sus movimientos en consecuencia. Evidentemente, Anomaly 6 había cumplido.

Umbral de bajo riesgo

Los servicios de espionaje de Anomaly 6 son ilegales en virtud de múltiples regímenes nacionales e internacionales de protección de datos. Sin embargo, desde la perspectiva de Prevail, esto no fue un impedimento para contratar los servicios de la empresa para el plan de espionaje de refugiados del Ministerio del Interior. Por el contrario, los propios altos cargos de Anomaly 6 se sentían muy incómodos con su participación, dado el riesgo de exposición pública.

Estos temores persistieron en mayo de 2022, cuando los representantes de la empresa se reunieron con altos cargos de Prevail. Las actas de su encuentro indican que Anomaly 6 “expresó preocupaciones significativas sobre el cumplimiento del GDPR”. Principalmente, a la empresa le preocupaba “recibir una Solicitud de Acceso de Sujeto de Datos (DSAR)”, que desentrañaría toda la operación y “potencialmente conduciría a una acción legal por parte de la Oficina de Comisionados de Información (ICO) de un país europeo”.

Anomaly 6 declaró que “es poco probable que la base jurídica en virtud de la cual están procesando datos europeos resista el escrutinio”, una evaluación que sus abogados habían determinado que estaba respaldada por la jurisprudencia. Además, su “umbral de bajo riesgo en esta área” se vio “exacerbado por su reciente perfil mediático”, una referencia a los informes que exponían cómo Anomaly 6 comercializaba sus proezas de vigilancia a un cliente potencial espiando los teléfonos inteligentes de los operativos de la CIA y la NSA.

Para aliviar la consternación de Anomaly 6, Prevail se comprometió a buscar asesoramiento jurídico sobre las argucias normativas y los juegos de manos que proporcionarían una base legal para el tratamiento subrepticio de datos personales y garantizarían que esta actividad pudiera defenderse ante un tribunal europeo si fuera necesario. Prevail volvió a hacer referencia a la obtención de una exención gubernamental a las normas del GDPR para permitir que el plan siguiera adelante.

Dejando a un lado las discrepancias jurídicas, Prevail estaba, en general, impresionada con los “éxitos” de Anomaly 6 hasta la fecha. No obstante, el Ministerio del Interior seguía “muy preocupado por la latencia y, en concreto, por la capacidad de ofrecer alertas NRT [casi en tiempo real] del movimiento de los objetivos”. Mejorar esta capacidad para “permitir una mejor penetración en el objetivo” iba a ser la principal prioridad de Anomaly 6 de cara al futuro.

Fue el bufete internacional de abogados de élite Cooley LLP el que contrató Prevail para legalizar de hecho la connivencia. Su solución fue una tortuosa argucia: los intermediarios a los que Anomaly 6 compró datos son designados “controladores independientes” de esos datos. Anomaly 6 es simplemente un procesador, que pasa los beneficios a Prevail y luego al Ministerio del Interior. En teoría, esto permite a Anomaly 6, Prevail y el Ministerio del Interior alegar ante los tribunales que los intermediarios son los únicos responsables del cumplimiento de las obligaciones del RGPD.

Una solución de este tipo sería conveniente para justificar legalmente el espionaje no solo de los refugiados y los grupos de delincuencia organizada que intentan entrar en Gran Bretaña, sino también de los ciudadanos del país y las poblaciones de todos los países en el punto de mira de Londres en materia de seguridad, inteligencia y asuntos militares.

Según los términos de un contrato redactado en diciembre de 2021, a Prevail se le concedieron “derechos exclusivos para comercializar y vender” la tecnología de Anomaly 6 a todo el aparato de seguridad nacional británico, incluidos el GCHQ, el MI5 y el MI6. También se reservó estos derechos en Argentina, Australia, Dinamarca, Malta y Emiratos Árabes Unidos. La DIA de Londres y el SBU de Kiev están utilizando la tecnología en la guerra por poderes de Ucrania.

Si se hubiera conseguido la participación de uno solo de esos posibles clientes en los meses transcurridos, la información personal sensible de miles de millones de personas podría haber sido explotada con diversos fines maliciosos. Otros archivos filtrados de Anomaly 6 hablan abiertamente de que su oferta es idónea para fines de “contrainteligencia” y “desarrollo de fuentes”. En otras palabras, cada ciudadano de la Tierra puede convertirse en una “persona de interés” para las agencias de espionaje, con los detalles más íntimos de su vida privada a subasta.

Parafraseando al escritor escocés Neal Ascherson: la forma en que un gobierno trata a los refugiados es muy instructiva porque muestra cómo trataría al resto de nosotros si pensara que puede salirse con la suya.

Kit Klarenberg https://www.mintpressnews.com/project-invictus-inside-uk-campaign-spy-on-refugees/284549/

(*) El número MAC (Media Access Control) identifica a cada uno de los móviles o de los ordenadores, como la matrícula identifica a un vehículo

Los secuestradores del 11-S fueron reclutados por la CIA

Un documento judicial hecho público recientemente plantea serias dudas sobre la relación entre la Estación Alec, una unidad de la CIA creada para localizar al dirigente de Al Qaeda, Osama bin Laden, y sus asociados, y dos secuestradores del 11-S antes de los atentados, que fue ocultada al más alto nivel del FBI.

El documento es una declaración de 21 páginas de Don Canestraro, investigador principal de la Oficina de Comisiones Militares, el órgano jurídico que supervisa los casos de los acusados del 11-S. Resume información clasificada publicada por el gobierno y entrevistas privadas que realizó con altos cargos anónimos de la CIA y el FBI. Muchos de los agentes que hablaron con Canestraro dirigieron la Operación Encore, la prolongada y abortada investigación del FBI sobre los vínculos del gobierno saudí con el 11-S.

A pesar de realizar numerosas entrevistas a una serie de testigos, producir cientos de páginas de pruebas, investigar formalmente a varios funcionarios saudíes y reunir un gran jurado para investigar una red de apoyo a los secuestradores con sede en Estados Unidos y dirigida por Riad, la Operación Encore se detuvo abruptamente en 2016. Al parecer, esta decisión se debió a un conflicto bizantino en el seno del FBI sobre los métodos de investigación.

Cuando se publicó en 2021 en la lista pública de audiencias del FBI, cada parte del documento estaba redactada, excepto las palabras “sin clasificar”. Dado su explosivo contenido, no es difícil ver por qué: como concluyó la investigación de Canestraro, al menos dos secuestradores del 11-S habían sido reclutados, a sabiendas o no, como parte de una operación conjunta de inteligencia CIA-Saudí que podría haber salido mal.

En 1996 se creó la Estación Alec bajo los auspicios de la CIA. Se suponía que iba a ser un esfuerzo de investigación conjunto con el FBI. Sin embargo, los agentes del FBI asignados a la unidad pronto descubrieron que tenían prohibido pasar información a su sede sin autorización de la CIA, y que se enfrentarían a severas sanciones si lo hacían. Los intentos de compartir información con la unidad equivalente del FBI -la brigada I-49, con sede en Nueva York- fueron bloqueados en repetidas ocasiones.

A finales de 1999, cuando “el sistema parpadeaba en rojo” por la inminencia de un atentado terrorista a gran escala de Al Qaeda en Estados Unidos, la CIA y la NSA seguían de cerca a un “cuadro operativo” dentro de una célula de Al Qaeda que incluía a los ciudadanos saudíes Nawaf Al-Hazmi y Khalid Al-Mihdhar. Ambos secuestraron el vuelo 77 de American Airlines, que se estrelló contra el Pentágono el 11 de septiembre de 2001.

Al-Hazmi y Al-Midhar habían asistido a una cumbre de Al Qaeda celebrada del 5 al 8 de enero de 2000 en Kuala Lumpur (Malasia). La reunión fue fotografiada y filmada en secreto por las autoridades locales a petición de la Estación Alec, pero al parecer no se realizó ninguna grabación de audio. De camino, Mihdhar pasó por Dubai, donde agentes de la CIA irrumpieron en su habitación de hotel y fotocopiaron su pasaporte. Esto reveló que tenía un visado de entrada múltiple para Estados Unidos.

Un cable interno de la CIA de la época indica que esta información se transmitió inmediatamente al FBI “para que siguiera investigando”. De hecho, la Estación Alec no sólo no informó al FBI del visado estadounidense de Mihdhar, sino que prohibió específicamente a dos agentes del FBI asignados a la unidad que lo hicieran.

“Dije: ‘Tenemos que decírselo al FBI. Estos tipos son claramente malos […] tenemos que decírselo al FBI’. Y entonces [la CIA] me dijo: ‘No, éste no es el caso del FBI, ésta no es la jurisdicción del FBI’”, declaró Mark Rossini, uno de los agentes del FBI en cuestión. “Si hubiéramos cogido el teléfono y llamado al FBI, habría infringido la ley. Me habrían expulsado del edificio el mismo día. Me habrían suspendido las autorizaciones y me habría marchado”.

La conexión con el espionaje saudí

El 15 de enero Hazmi y Mihdhar entraron en Estados Unidos por el aeropuerto internacional de Los Ángeles, pocas semanas después del fracaso del Proyecto Millennium. Omar Al-Bayoumi, un “funcionario en la sombra” del gobierno saudí, les recibió inmediatamente en un restaurante del aeropuerto. Tras una breve conversación, les ayudó a encontrar un piso cerca del suyo en San Diego, cofirmó su contrato de alquiler, abrió cuentas bancarias y les dio 1.500 dólares para pagar el alquiler. Los tres mantuvieron numerosos contactos posteriormente.

En entrevistas con investigadores de la Operación Encore años después, Bayoumi afirmó que su encuentro con los dos aspirantes a secuestradores fue una mera coincidencia. Su extraordinario apoyo práctico y financiero fue, dijo, simplemente caritativo y motivado por su simpatía hacia los dos hombres, que apenas hablaban inglés y no estaban familiarizados con la cultura occidental.

El FBI no estuvo de acuerdo y concluyó que Bayoumi era un espía saudí que trataba con varios operativos de Al Qaeda en Estados Unidos. También estimó que había un “50/50 de probabilidades” de que este espía -y por extensión Riad- tuviera un conocimiento previo detallado de los atentados del 11 de septiembre.

Este notable descubrimiento no se hizo público hasta 20 años después, cuando se desclasificaron una serie de documentos de la Operación Encore a instancias del gobierno de Biden, y fue completamente ignorado por los principales medios de comunicación. La declaración de Don Canestraro revela ahora que los investigadores del FBI fueron aún más lejos en sus evaluaciones.

Un agente especial del FBI, identificado como CS-3 en el documento, dijo que el contacto de Bayoumi con los secuestradores y su posterior apoyo a los mismos “se llevó a cabo bajo la dirección de la CIA a través de la inteligencia saudí”. El objetivo explícito de la Estación Alec era “reclutar a Al-Hazmi y Al-Mihdhar mediante una relación de enlace”, con la ayuda de la Dirección de Inteligencia General de Riad.

Una unidad de la CIA de lo más singular

La misión oficial de la Estación Alec consistía en seguir la pista de Bin Laden, “reunir información sobre él, llevar a cabo operaciones contra él, desbaratar sus finanzas y advertir a los responsables políticos de sus actividades e intenciones”. Estas actividades implicaban naturalmente el reclutamiento de informadores dentro de Al Qaeda.

Sin embargo, como le dijeron a Canestraro varias fuentes de alto nivel, era extremadamente “inusual” que una entidad de este tipo se dedicara a reunir información de inteligencia y reclutar agentes. La unidad, con sede en Estados Unidos, estaba dirigida por analistas de la CIA, que normalmente no gestionan recursos humanos. Legalmente, este trabajo es competencia exclusiva de los oficiales de casos “entrenados en operaciones encubiertas” con base en el extranjero.

CS-10, oficial de casos de la CIA en la estación Alec, confirmó que Hazmi y Mihdhar tenían relación con la CIA a través de Bayoumi, y expresó su desconcierto por el hecho de que se hubiera encargado a la unidad que intentara penetrar en Al Qaeda en primer lugar. Creían que sería “prácticamente imposible […] desarrollar informadores dentro” del grupo, dado que la estación “virtual” tenía su sede en un sótano de Langley, “a varios miles de kilómetros de los países en los que se sospechaba que operaba Al Qaeda”.

CS-10 declaró asimismo que había “observado otras actividades inusuales” en la Estación Alec. Los analistas de la unidad estaban “dirigiendo las operaciones de los agentes de casos sobre el terreno enviándoles cables en los que se les ordenaba realizar una tarea específica”, lo que constituía “una violación de los procedimientos de la CIA”. Los analistas “normalmente no tenían autoridad para ordenar a un agente que hiciera nada”.

CS-11, un especialista en operaciones de la CIA asignado a la Estación Alec, “en algún momento anterior al 11-S”, declaró que él también “observó actividades que parecían estar fuera del ámbito de los procedimientos normales de la CIA”. Los analistas de la unidad “eran en su mayoría reservados y no interactuaban frecuentemente” con los demás. Cuando se comunicaban entre sí a través de cables internos, también utilizaban alias operativos, lo que CS-11 calificó de peculiar, dado que no trabajaban encubiertos “y su empleo en la CIA no era información clasificada”.

La inusual cultura operativa de la unidad puede explicar algunas de las extrañas decisiones tomadas durante este período en relación con los informadores de Al Qaeda. A principios de 1998, cuando la CIA tenía la tarea de penetrar en el entorno islamista londinense, un informante conjunto del FBI y la CIA llamado Aukai Collins recibió una oferta sorprendente: el propio Bin Laden quería que viajara a Afganistán para que pudieran reunirse.

Collins transmitió la petición a sus superiores. Mientras que el FBI estaba a favor de infiltrarse en la base de Al Qaeda, su superior de la CIA rechazó la idea, afirmando que “no había forma de que Estados Unidos aprobara la presencia de un agente estadounidense encubierto en los campamentos de Bin Laden”.

Del mismo modo, en junio de 2001, analistas de la CIA y del FBI de la Estación Alec se reunieron con altos cargos del FBI, incluidos representantes de su propia unidad de Al Qaeda. La CIA difundió tres fotos de personas que habían asistido a la reunión de Kuala Lumpur 18 meses antes, entre ellas Hazmi y Mihdhar. Sin embargo, como recordó un agente antiterrorista del FBI cuyo nombre en clave era CS-15, no se revelaron las fechas de las fotos ni detalles clave sobre las figuras que aparecían en ellas. En su lugar, los analistas se limitaron a preguntar si el FBI “conocía la identidad de las personas que aparecían en las fotos”.

Otro funcionario del FBI presente, CS-12, ofrece un relato aún más condenatorio. Los analistas de la Estación Alec no sólo no facilitaron información biográfica, sino que sugirieron falsamente que uno de los individuos podría ser Fahd Al-Quso, sospechoso del atentado contra el [buque] USS Cole. También se negaron rotundamente a responder a cualquier pregunta sobre las fotografías. No obstante, se confirmó que no existía ningún sistema para alertar al FBI si alguno de los tres individuos entraba en Estados Unidos, una “técnica de investigación estándar” para sospechosos de terrorismo.

Dado que Hazmi y Mihdhar parecían estar trabajando simultáneamente para la Estación Alec en algún puesto, es muy posible que la reunión de junio de 2001 fuera una farsa. No fue posible obtener ninguna información preguntando si la Oficina sabía quiénes eran sus agentes, aparte de averiguar si el equipo antiterrorista del FBI estaba al corriente de sus identidades, aspecto físico y presencia en Estados Unidos.

Una tapadera detrás de otra

Otra de las fuentes de Canestraro, un antiguo agente del FBI conocido como CS-23, dijo que después del 11-S, la sede del FBI y su oficina de campo de San Diego se enteraron rápidamente de “la afiliación de Bayoumi con la inteligencia saudí y, posteriormente, de la existencia de la operación de la CIA para reclutar” a Hazmi y Mihdhar.

Sin embargo, “altos funcionarios del FBI suprimieron las investigaciones” sobre estos asuntos. “El CS-23 afirma además que los agentes del FBI que testificaron ante la Comisión Mixta de Investigación del 11-S “recibieron instrucciones de no revelar el alcance de la implicación saudí en Al Qaeda.

La comunidad de inteligencia estadounidense habría tenido todos los motivos para proteger a Riad del escrutinio y de las consecuencias de su papel en los atentados del 11-S, ya que era uno de sus aliados más cercanos en aquel momento. Pero la entusiasta complicidad del FBI en el encubrimiento de la Estación Alec puede haber estado motivada por intereses propios, ya que uno de los suyos estuvo íntimamente implicado en los esfuerzos de la unidad por reclutar a Hazmi y Mihdhar, y por ocultar su presencia en Estados Unidos a las autoridades competentes.

CS-12, que asistió a la reunión de junio de 2001 con Estación Alec, dijo a Canestraro que había “seguido presionando a la sede del FBI para obtener más información sobre las personas que aparecían en las fotografías” durante el verano. El 23 de agosto se encontraron con una “comunicación electrónica” de la sede del FBI, que identificaba a Hazmi y Mihdhar e indicaba que se encontraban en Estados Unidos.

CS-12 se puso entonces en contacto con la analista del FBI de la Estación Alec que había realizado la comunicación. La conversación se volvió rápidamente “acalorada”, y la analista les ordenó que borraran la nota “inmediatamente”, ya que no estaban autorizados a verla. Aunque no se nombra en el comunicado, la analista del FBI en cuestión era Dina Corsi.

Al día siguiente, en una conferencia telefónica entre CS-12, Corsi y el jefe de la Unidad Bin Laden del FBI, “funcionarios de la sede central del FBI” pidieron explícitamente a CS-12 que “se retirara” y “dejara de buscar” a Mihdhar, ya que el FBI tenía la intención de abrir una “investigación de recopilación de inteligencia” sobre él. Al día siguiente, CS-12 envió un correo electrónico a Corsi en el que afirmaba sin rodeos que “alguien morirá” si Mihdhar no era procesado penalmente.

No es casualidad que dos días después, el 26 de agosto, la Estación Alec informara por fin al FBI de que Hazmi y Mihdhar se encontraban en Estados Unidos. Para entonces, los dos hombres se encontraban en las últimas fases de preparación de los inminentes atentados. Si se hubiera abierto una investigación criminal, podrían haber sido detenidos en seco. En lugar de ello, como habían anunciado los funcionarios en contacto con CS-12, se inició una investigación de los servicios de inteligencia, lo que obstaculizó las labores de búsqueda.

En los días siguientes a los atentados del 11 de septiembre, CS-12 y otros agentes del FBI con base en Nueva York participaron en otra conferencia telefónica con la sede central del FBI. Durante la conversación se enteraron de que los nombres de Hazmi y Mihdhar figuraban en el manifiesto del vuelo 77. Uno de los analistas en línea buscó los nombres de los dos hombres en “bases de datos comerciales” y rápidamente los encontró junto con sus direcciones particulares en la guía telefónica local de San Diego. Resultó que vivían con un informante del FBI.

CS-12 se puso rápidamente en contacto con Corsi “para obtener información sobre los secuestradores”. Corsi respondió proporcionando una fotografía de la misma operación de vigilancia que produjo las tres imágenes mostradas en la reunión de junio de 2001 entre la Estación Alec y agentes del FBI; en ellas aparecía Walid Bin Attash, uno de los principales sospechosos de los atentados con bomba perpetrados por Al Qaeda en 1998 contra la embajada estadounidense en África Oriental y el [buque] USS Cole.

Corsi no pudo explicar por qué la foto no se había mostrado antes a los agentes del FBI. De haberla mostrado, CS-12 afirma que habrían “establecido inmediatamente una conexión” entre Hazmi y Mihdhar y Bin Attash, lo que “habría convertido una investigación basada en inteligencia en una investigación criminal”. La oficina del FBI en Nueva York habría podido entonces dedicar todos sus recursos a la búsqueda de los secuestradores antes del fatídico día del 11 de septiembre de 2001.

Los agentes de la Estación Alec son recompensados

Los incansables esfuerzos de la Estación Alec por proteger a sus activos de Al Qaeda plantean la pregunta obvia de si Hazmi y Mihdhar, y tal vez otros secuestradores, trabajaban de hecho para la CIA el día del 11-S.

Puede que nunca conozcamos los verdaderos motivos de la obstrucción de la CIA. Pero está muy claro que la Estación Alec no quería que el FBI se enterara de sus operaciones encubiertas de inteligencia ni que interfiriera en ellas. Si el reclutamiento de Hazmi y Mihdhar por parte de la unidad fue puramente para recabar información, y no para dirigir operaciones, es incomprensible que el FBI no estuviera informado y que estuviera activamente desorientado.

Varias fuentes del FBI consultadas por Canestraro especularon con la posibilidad de que la desesperación de la CIA por penetrar en Al Qaeda la impulsara a conceder a la Estación Alec autoridad para reclutar agentes y a presionarla para que lo hiciera. Pero si realmente fue así, ¿por qué Langley se negó a enviar a Aukai Collins -un agente encubierto en varias bandas islamistas- para penetrar en la red de Bin Laden en Afganistán?

Otra posible explicación es que la Estación Alec, un poderoso e irresponsable equipo disidente de la CIA, trató de infiltrarse en el grupo terrorista para sus propios fines siniestros, sin la autorización y supervisión que Langley suele exigir en tales circunstancias. Dado que Collins era un activo compartido con el FBI, no se podía confiar en que participara en una operación negra tan delicada.

Nadie en la Estación Alec fue castigado en modo alguno por los supuestos “fallos de inteligencia” que permitieron que se produjeran los atentados del 11 de septiembre. De hecho, fueron recompensados. Richard Blee, jefe de la unidad en el momento de los atentados, y su sucesora Alfreda Frances Bikowsky, se incorporaron a la división de operaciones de la CIA y se convirtieron en figuras muy influyentes en la llamada guerra contra el terrorismo. Corsi, por su parte, fue ascendida al FBI, donde llegó a alcanzar el rango de Subdirectora Adjunta de Inteligencia.

En un giro perverso, el informe del Comité de Inteligencia del Senado sobre el programa de torturas de la CIA reveló que Bikowsky había sido una pieza clave en las maquinaciones de la agencia en los sitios negros y una de sus principales apologistas públicas. Cada vez está más claro que el objetivo específico del programa era obtener falsos testimonios de sospechosos para justificar y ampliar la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo.

La comprensión pública de los atentados del 11-S está muy influida por los testimonios de las víctimas de la tortura de la CIA, prestados bajo la coacción más extrema imaginable. Y Bikowsky, una veterana de Alec que cubrió al menos a dos posibles secuestradores del 11-S, ha recibido el encargo de interrogar a los presuntos autores.

Aukai Collins, un veterano agente encubierto del FBI, concluyó sus memorias con una escalofriante reflexión que sólo se vio reforzada por la declaración bomba de Don Canestraro: “Empecé a sospechar que el nombre de Bin Laden se mencionaba literalmente horas después del atentado […] Me volví muy escéptico respecto a todo lo que la gente decía sobre lo que había ocurrido o quién lo había hecho. Me acordé de cuando aún trabajaba para ellos y tuvimos la oportunidad de entrar en el campamento de Bin Laden. Algo no olía bien […] A día de hoy, no sé quién estuvo detrás del 11-S, y ni siquiera puedo adivinarlo […] Algún día se sabrá la verdad, y tengo la sensación de que a la gente no le gustará lo que oiga”.

—Kit Klarenberg https://thegrayzone.com/2023/04/18/9-11-hijackers-cia-recruits/

¿Existe una empresa rusa de mercenarios llamada Wagner?

Los revolucionarios siempre se han opuesto a los mercenarios e incluso a los ejércitos exclusivamente profesionales. Un ejército revolucionario se basa en el pueblo en armas que, en suma, es quien debe defender a su país.

No obstante, hoy los ejércitos no sólo garantizan la independencia de los países, según una concepción tradicional. No sólo se asientan en las fronteras o en las costas, sino en algo inmaterial, como la “seguridad”, un principio moderno, difuso, que se extiende por donde quiera que las empresas de dicho país tengan intereses, incluido el extranjero.

Cuando se defienden intereses privados a lo largo de todo el orbe, la seguridad es un negocio que, finalmente, acaba en manos de empresas de la misma factura, es decir, privadas. No hay nada más capitalista que convertir algo tan volátil como la “seguridad” en un mercado y, muy especialmente, en el mercado mundial.

Así han aparecido las empresas privadas de seguridad, como Wagner, que es quizá la menos privada de ellas. En realidad, Wagner no es nada distinto del propio ejército ruso, como la guerra de Ucrania está poniendo de manifiesto. Según la revista Foreign Policy, no existe ningún Grupo Wagner, no hay ninguna empresa registrada con ese nombre que, más bien, describe una red “estrechamente vinculada al aparato de seguridad ruso” (1).

En Rusia no pueden existir oficialmente empresas privadas de seguridad porque lo prohíbe la Constitución. Los asuntos de seguridad y defensa son competencia exclusiva del Estado y, según el Código Penal, servir como mercenario es un delito. Sin embargo, las empresas públicas pueden tener fuerzas armadas y fundaciones de seguridad privadas.

En Rusia existía una empresa privada de seguridad, Moran Security Group, que estaba contratada por el gobierno sirio para acabar con los yihadistas casi desde el principio de la guerra. La empresa fracasó en la tarea y dos de sus miembros crearon otra, Slavonic Corps, en Hong Kong en 2013.

Su primera misión consistió en ayudar al ejército sirio a recuperar las pozos petrolíferos, pero la logística dependía del gobierno sirio y recibió un armamento anticuado y en cantidad insuficiente. Su primera misión de combate en Siria terminó con una derrota cerca de Deir Ezzor. Los supervivientes fueron transportados de vuelta a Rusia y la empresa se disolvió.

Wagner fue el tercer intento. Recibió su nombre del apodo del oficial de las fuerzas especiales rusas que comenzó dirigiendo militarmente a la unidad, Dmitry Utkin, teniente coronel del GRU, el servicio de inteligencia militar ruso, y veterano de la Guerra de Chechenia. Luego estuvo en Moran y en Slavonic, hasta que en Siria pasó a Wagner antes del inicio formal de la intervención oficial del ejército ruso en la guerra (setiembre de 2015).

En 2016 el coronel Utkin fue condecorado públicamente durante una recepción en el Kremlin. Operaba bajo el mando del director del GRU, Nikolay Makarov, que en 2010 defendió públicamente la necesidad de recurrir a empresas privadas “para misiones delicadas en el extranjero” (2).

Actualmente el dirigente militar de Wagner es Anton Yelizarov, alias Lotus (3), también miembro de las fuerzas especiales, con una amplia experiencia en Siria, donde fue herido, así como instructor en la República Centroafricana y comandante de las tropas rusas que operaban en Libia.

Lotus se graduó en varias academias militares rusas en la década de los noventa, entre ellas la escuela de paracaidistas de élite vinculadas al GRU. Encabezó la captura de Soledar y actualmente dirige a las tropas de Wagner en la batalla de Bajmut.

Los oficiales de Wagner son de esa misma escuela, transferidos del ejército regular para ejercer como fuerzas de choque. La base de Wagner está en Molkino, en la región Krasnodar, y es la misma que utiliza la 10 Brigada Especial del GRU. La diferencia más importante es que el cuadro de mandos de Wagner depende directamente del Kremlin.

A partir de aquí la nebulosa es la misma que en cualquier otro servicio de inteligencia, cuyas operaciones son encubiertas por definición. En Estados Unidos lo llaman “negación plausible”. Las acciones encubiertas no existen y quienes las ejecutan nunca llevan uniforme, e incluso son anónimos. Antes se camuflaban con tropas de voluntarios y a veces de asesores que participaban en guerras exteriores después de darse de baja oficialmente de sus ejércitos respectivos.

En última instancia, Wagner le permite al Kremlin tirar balones fuera, desentendiéndose de unas tropas que son como los trabajadores de cualquier empresa privada: sus acciones no pueden comprometer al Estado.

Lo explicó Putin en la Duma en abril de 2012, olvidándose de la Constitución: las empresas militares privadas permiten el logro de objetivos sin la implicación directa del Estado. Dichas empresas podrían proporcionar protección a instalaciones importantes, así como la formación de personal militar extranjero en el extranjero.

Wagner es el taparrabos del GRU.

(1) https://foreignpolicy.com/2021/07/06/what-is-wagner-group-russia-mercenaries-military-contractor/
(2) https://www.fpri.org/wp-content/uploads/2019/12/rfp4-borshchevskaya-final.pdf
(3) https://www.bitchute.com/video/OtfuPlcRGqRr/

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