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Japón vuelve a poner en marcha las centrales nucleares diez años después de Fukushima

Tras la catástrofe de Fukushima en 2011, el gobierno japonés cerró las 54 centrales nucleares. Diez años después vuelve a poner en marcha una parte de ellas.

El último de los reactores de Japón (Tomari-3) se desconectó para mantenimiento el 5 de mayo de 2012, dejando a Japón sin energía eléctrica producida por energía nuclear por primera vez desde 1970.

La central de Mihama, en el centro de Japón, se cerró por completo tras el accidente nuclear de Fukushima y en junio ha vuelto a encender el reactor número 3, que tiene de 40 años de antigüedad.

No obstante, el gobierno ha cambiado el reglamento de seguridad.

Mihama se convierte así en la primera central nuclear que funciona en Japón más allá de los 40 años, desde la aplicación de las nuevas normas de seguridad, dijo el presidente de Kansai Electric Power, Takashi Morimoto.

También es el primer reinicio de un reactor nuclear en Japón desde 2018.

El gobierno japonés es partidario de reactivar la energía nuclear, imprescindible para entrar en la carrera armamentista, para reducir la elevada dependencia energética actual del país y cumplir con los objetivos de reducción de emisiones, que es un pretexto muy socorrido en estos casos.

A finales de abril, Tatsuji Sugimoto, gobernador de la prefectura de Fukui, donde se encuentra la central de Mihama, eliminó el último obstáculo reglamentario para la reanudación del reactor.

Dos reactores de la central de Takahama, también con más de 40 años de antigüedad y situados en la misma prefectura de Fukui, también han recibido luz verde de los gobiernos locales, pero aún no han vuelto a funcionar debido a los trabajos de mejora en curso.

Junto con Mihama, ya son diez los reactores activos en Japón, frente a los 54 de hace diez años. Se ha decidido el desmantelamiento de una veintena de reactores, incluida la central de Fukushima.

Por razones militares, la energía nuclear es una prioridad estratégica de Japón. En 2007 firmó con Estados Unidos el Plan de Acción Conjunto de Energía Nuclear con el objetivo de establecer un marco para la investigación y el desarrollo conjuntos de tecnología de energía nuclear.

En 2019 la participación de la energía nuclear en la generación de electricidad fue solo del 6,2 por ciento, frente al 30 por cien anterior a 2011. De hecho, en aquel momento planeaba aumentar esa proporción al 40 por ciento.

El país depende en gran medida de los combustibles fósiles, como el carbón o el gas natural licuado, este último importado masivamente.

¿Qué saben los grandes especuladores de las bolsas mundiales que los demás desconocemos?

Las personas con información privilegiada de las grandes empresas, como los consejeros delegados, han vendido acciones por valor de 69.000 millones de dólares en lo que va de año, según la CNBC. Se trata de un nuevo máximo histórico y de un aumento del 30 por cien respecto al año pasado.

La inminente subida de impuestos y la alta cotización de las acciones han animado a los más grandes a hacer caja: 385.000 millones de dólares, muy por encima del récord establecido en 2013. En noviembre se superó por primera vez la marca de 50.000 millones de dólares en ventas mundiales.

Las ventas aumentaron un 79 por cien respecto a la media de los últimos diez años.

Desde Satya Nadella en Microsoft hasta Jeff Bezos y Elon Musk, los consejeros delegados, fundadores y personas con información privilegiada han cobrado sus acciones a un ritmo récord.

Esta fuga está creciendo en un momento de crisis, cuando las cadenas de suministros se han roto y la inflación alcanzado niveles que no se veían desde los setenta del siglo pasado. La crisis de superproducción es evidente: las ventas del Black Friday bajaron un 28 por cien respecto a los niveles de 2019.

Los “expertos” quieren hacernos creer que las ventas al por menor han bajado porque las ventas en línea están en auge, pero no es cierto. En Estados Unidos las ventas del Cyber Monday bajaron por primera vez en la historia. El lunes los consumidores digitales gastaron 10.700 millones de dólares, un 1,4 por cien menos que el año anterior.

Es muy preocupante que los grandes especuladores salgan de la bolsa, ¿Qué saben esos cabecillas de las grandes empresas que los demás desconocemos? Leamos lo que dice Steen Jakobsen, director de inversiones de Saxo Bank:

“Hay mucha energía acumulada en nuestra sociedad, con una economía plagada de desigualdades. Si a esto le añadimos la incapacidad del sistema actual para resolver el problema, tenemos que mirar al futuro con una visión fundamental de que no es cuestión de si tendremos una revolución, sino de cuándo y cómo la tendremos. En toda revolución, unos ganan y otros pierden, pero no se trata de eso: si el sistema actual no puede cambiar, sino que debe hacerlo, la revolución es el único camino.

“La guerra cultural está haciendo estragos en todo el mundo y la división ya no es sólo entre los ricos y los pobres. También son los jóvenes contra los viejos, la clase educada contra la clase trabajadora menos educada, los mercados reales con libre formación de precios contra la intervención gubernamental, las compras en la bolsa contra el gasto en I+D, la inflación contra la deflación, las mujeres contra los hombres, la izquierda progresista contra la izquierda centrista, la señalización de la virtud en las redes sociales frente al cambio social real, la clase rentista frente a la mano de obra, los combustibles fósiles frente a la energía verde, las iniciativas ESG [socialmente responsables] frente a la necesidad de proporcionar al mundo una energía fiable… la lista continúa.

“En todo el mundo hemos colaborado en las vacunas covid en 2020 y 2021. Ahora necesitamos un nuevo Proyecto Manhattan para situar el coste marginal de la energía, ajustado a la productividad, en una senda de niveles mucho más bajos, eliminando al mismo tiempo el impacto medioambiental de nuestra producción energética. Una decisión así desencadenaría el mayor ciclo de productividad de la historia: podríamos desalinizar el agua, hacer viables las granjas verticales en casi cualquier lugar, aumentar la potencia de los ordenadores hasta los estados cuánticos y seguir explorando nuevas fronteras en biología y física”.

Para quienes no lo sepan, el Proyecto Manhattan fue organizado por el ejército de Estados Unidos para fabricar la bomba atómica en 1945, que luego desembocó en lo que Eisenhower calificó como “complejo militar-industrial”.

Las multinacionales destruyen la producción lechera africana

En 2009 el gobierno nigeriano entregó préstamos monetarios y mil hectáreas de tierra por cabeza a agricultores blancos de Zimbabwe para montar granjas lecheras en Shonga, un importante sector agrícola a 400 km de la capital, Lagos. Esto, con la esperanza de que a partir de la instalación de granjas “ultra modernas” con vacas Jersey importadas desde Sudáfrica, se lograra reducir el enorme gasto en importación de lácteos del país.

“Acá vi una oportunidad, y puedo decirte que, sin dudas, me quedo por un buen tiempo”, decía David Higgins, un sudafricano contratado para dirigir una planta de operaciones lecheras y que distribuye leche fresca para la Corporación Holandesa FrieslandCampina, la cual ha dominado el mercado nigeriano de leche por décadas.

Sin embargo, menos de diez años después, el proyecto está a punto de derrumbarse. La mayoría de los granjeros zimbabwenses se han ido y, tal como afirma un investigador nigeriano, aquellos que se quedaron están “pensando su plan de escape”.

Y es que importar granjeros blancos “modernos” y vacas de raza Jersey no solucionó los problemas de importación de lácteos en Nigeria. El problema, como bien saben todos los pastores nigerianos, es competir con la leche en polvo barata que, compañías como FrieslandCampina, importan al país. Al igual que los pastores locales, los granjeros zimbawenses y sus modernos métodos se mostraron indefensos frente a ello.

Alrededor del 98 por cien de los productos lácteos consumidos en Nigeria son importados, con un costo promedio anual de 1.300 millones de dólares. Nigeria es el mayor importador mundial de leche en polvo reconstituida con grasa vegetal desde Europa —un sucedáneo barato de leche que se hace a partir de mezclar leche en polvo con aceite de palma. A su vez, FrieslandCampina, compañía que importa enormes cantidades de leche en polvo producidas en plantas europeas con subsidios estatales, controla un 75 por cien del mercado lácteo en Nigeria, que está controlado en un 99 por cien por tan sólo cinco grandes compañías.

Sin embargo, Nigeria cuenta con uno de los hatos de ganado bovino de mayor tamaño a nivel mundial, y una producción local de lácteos de larga tradición. A partir de esto, uno podría pensar que en Nigeria las cosas debieran ser similares al caso keniano, donde los pequeños pastores y agricultores, con vacas de razas locales, suministran el 90 por cien del consumo total de leche en el país a través de una red de comerciantes a pequeña escala. La diferencia radica en que en Kenia existe una extensa protección a la producción local de lácteos a través de impuestos a las importaciones, mientras que en 1980 Nigeria abrió su mercado lechero como parte de los programas de ajuste estructural, no existiendo desde entonces ningún esfuerzo real por parte del gobierno por controlar las importaciones. FrieslandCampina culpa de esta situación a lo “precario de la cadena local de abastecimiento lechero”, y cada vez que el escenario político se caldea, promete invertir en el “desarrollo” del sector lechero. Esta corporación instaló su primera granja lechera a gran escala en Nigeria (bajo el nombre Lecherías Integradas) en Vom, Estado de Plateau, en 1984, que fue vendida una década más tarde a un político nigeriano.

Más recientemente, con financiamiento del gobierno holandés, y en conjunto con el gobierno nigeriano, la corporación lanzó el Programa de Desarrollo Lechero en el que se compromete (a través de una “integración retrospectiva o ascendente o” que va compactando los encadenamientos productivos y las empresas que los abastecen) a obtener el 10 por cien de su abastecimiento a partir de productores locales. A pesar de esto, y tras cinco años de lanzado el programa (2011-2016), las importaciones nigerianas de leche en polvo se han mantenido intactas, y la FrieslandCampina se abastece apenas en un 3 por cien de leche local.

En 2016, con los precios del petróleo desplomándose y las reservas de divisas mermadas, el gobierno nigeriano se propuso implementar restricciones a la importación de ciertos productos, entre los cuales se encontraba la leche, con el fin de fomentar la producción local. Sin embargo, tras una serie de reuniones con FrieslandCampina, en las que la compañía se comprometió a aumentar su abastecimiento a partir de leche local, el gobierno retrocedió en las medidas de protección.

Tres años después, con las importaciones lecheras en máximos históricos, y acusando a las corporaciones de tratar la “aspiración nacional [de aumentar el suministro local de leche] con desprecio imperial”, finalmente el gobierno incorporó la leche en la lista de productos con restricciones a las importaciones. Frente a estas medidas las corporaciones contraatacaron con fuerza, por lo que el gobierno, una vez más, retrocedió en sus medidas protectoras, concediéndole en febrero del 2020 a FrieslandCampina y a otras cinco corporaciones una excepción, bajo el argumento de que estaban comprometidas con la “integración ascendente”.

Este último episodio de asociación público-privada está estrechamente relacionado con una controvertida prohibición del libre pastoreo acordada por 17 gobernadores estatales de todo el sur de Nigeria en mayo de 2021, y la cual fue calificada de “satánica” por parte de los representantes de los pastores locales. Con el mismo fin, le fueron entregadas 10.000 hectáreas a FrieslandCampina y otras 4.000 hectáreas a Coca-Cola, al interior de la reserva Bobi Grazing en el Estado de Niger, para que monten granjas lecheras, y radiquen a pastores del pueblo fulani mediante producción bajo contrato. Caso similar es el de la asociación entre la multinacional lechera danesa Arla y el estado de Kaduna para construir granjas lecheras en terrenos agrícolas entregados por el gobierno, con la intención de radicar a mil pastores nómadas y contratar su producción. Estos proyectos cuentan con el financiamiento de los gobiernos holandés y danés, que además proporcionan a los pastores ganado “mejorado” y les capacitan en la producción lechera al estilo europeo. Por su parte la Fundación Bill y Melinda Gates también entrega financiamiento a través de un programa llamado Promoción Del Desarrollo Lechero Local en Nigeria.

El programa financiado por la Fundación Gates es un proyecto en cooperación con seis empresas lácteas en Nigeria y es coordinado por Sahel Consulting (anteriormente Sahel Capital). Una de las compañías, L&Z Integrated Farms Limited, es propiedad de un fondo de inversiones privado con sede en la República de Mauricio y que gestiona Sahel Consulting, y cuenta con fondos entregados por los bancos de desarrollo de Alemania, Holanda y Reino Unido, como también del fondo soberano de Nigeria. Otra de las empresas involucradas es Arla, y el resto son empresas lácteas nigerianas, en su mayoría propiedad de políticos locales o de sus familias.

Sahel afirma que están aplicando un enfoque de mercado liderado por el sector privado con el fin de resolver los problemas estructurales del sector lechero, pero ignorando por completo el verdadero problema: las importaciones de leche en polvo barata y subvencionadas. Por tanto, el esfuerzo por trasladar a los pastores a costosas granjas lecheras al estilo europeo está condenado al fracaso, tal como le sucedió los agricultores zimbabwenses en Shonga y tal como pasó con todos los esfuerzos anteriores por “modernizar” el sector lácteo de Nigeria. Después de todo, ésta es la razón principal por la que los pastores de Nigeria y de los países vecinos, que no han tenido problemas para satisfacer el consumo galopante de carne de vacuno de Nigeria durante las últimas décadas, han sido excluidos del mercado lácteo.

La mafia de la (mala) leche

Escenarios similares se multiplican por toda África. Y no es de extrañar. Con su rápido crecimiento, las poblaciones urbanas representan una mina de oro para las empresas lácteas. En 2019 FrieslandCampina obtuvo la extraordinaria suma de 48 millones de dólares en ganancias de sus operaciones en Nigeria. Ahora, expandiéndose a otros países como Costa de Marfil, donde su planta láctea recién adquirida depende exclusivamente de las importaciones, busca duplicar sus ingresos en África. Cuando se le preguntó sobre la falta de abastecimiento local, el director para África Occidental de FrieslandCampina, Roger Adou, afirmó que la compañía estaba en proceso de construir un “ecosistema” de productores locales de leche capacitados en métodos agrícolas holandeses. “No se puede culpar a las corporaciones multinacionales por la mala organización de las cadenas de suministro locales”, sentenció. Otro gran actor en el continente africano es el gigante francés Danone, quien unió fuerzas con el Grupo Abraaj, empresa de capital privado con sede en Dubai, para hacerse cargo de la empresa láctea ghanesa Fan Milk. En 2019, tras la quiebra de Abraaj, Danone tomó el control de toda la empresa, convirtiéndola en su base de expansión por el África Occidental, incluida Nigeria, en donde tiene un proyecto de “integración ascendente” en el estado de Ogun.

Todos estas operaciones llevadas a cabo por corporaciones extranjeras deben ser interpretadas como meras fachadas, proyectos diseñados para disimular las enormes cantidades de dinero que extraen de África por sus ventas de leche en polvo barata. Este sistema descansa sobre una sobreproducción fuertemente subvencionada en Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda, sobreproducción que luego es “derramada” sobre África principalmente en forma de leche en polvo con grasa vegetal añadida, que es procesada y vendida en sectores urbanos a precios tan bajos que destruyen la producción local de leche saludable. En 2019 África importó 100.000 toneladas de productos lácteos por un valor de unos 5.300 millones de dólares, frente al millón 460.000 toneladas de 2009, por un valor de 3.600 millones de dólares.

La crema

En África, la producción de lácteos tiene ribetes políticos, con intereses directos que se extienden hasta los niveles más altos de gobierno. Un ejemplo de esto es Kenia, donde la familia del presidente Uhuru Kenyatta es propietaria de Brookside Dairy, la procesadora de lácteos más grande de África Oriental. Brookside ha atraído a varios socios extranjeros, incluyendo el Grupo Abraaj de Dubai que tenía una participación del 10 por cien a través de un fondo de inversión propiedad de la Fundación Bill y Melinda Gates antes de su colapso en 2018, y el gigante lácteo francés Danone, que actualmente posee un 40 por cien de las acciones.

A partir de la adquisición de otras compañías lácteas con conexiones políticas en países vecinos, Brookside ha logrado expandirse más allá de sus fronteras. En 2016 Brookside se hizo cargo de la principal empresa de procesamiento de alimentos de Ruanda, Inyange, la cual está vinculada con el partido del presidente Paul Kagame. Además, el año anterior a esto, la compañía compró la antigua Ugandan Dairy Corporation, que había sido privatizada y adquirida por una familia cercana al presidente Yoweri Musevenila a través de un escandaloso y corrupto proceso de licitación, y de quien se rumorea que es uno de los principales proveedores de leche de Brookside.

Los donantes insisten en afirmar que la dependencia de África de las importaciones puede resolverse “modernizando” las granjas y las cadenas de suministro. En esta línea, la Fundación Gates respalda una serie de iniciativas para potenciar la producción local de leche en granjas a partir de reemplazar razas locales con razas de alto rendimiento e introduciendo piensos y forrajes comerciales y productos farmacéuticos, como es el caso del Proyecto de Desarrollo Lechero de África Oriental en Kenia, Ruanda y Uganda. El mismo tipo de programas es apoyado por los gobiernos de Holanda, Francia y Dinamarca los países donde se ubican las mayores empresas exportadoras de lácteos a África.

Mientras tanto, y siguiendo con el modelo descrito anteriormente, la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental ha lanzado una “ofensiva láctea” a cinco años ¡mientras sus estados miembros avanzan en acuerdos comerciales con Europa para reducir los aranceles sobre la leche en polvo de un insignificante 5 por cien a cero!

Los fondos privados de inversión también se están asentando masivamente en África, y gran parte de sus fondos provienen de bancos de desarrollo y fundaciones convencidas de que es posible ganar dinero a partir de esta estrategia modernizadora. Sin embargo, de las múltiples inversiones en producción local de lácteos realizadas por éstos, pocas están teniendo éxito. Un ejemplo de esto es Midcom, con sede en Dubai, quien en 2013 intentó invertir en la industria láctea de Uganda con el respaldo de la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial y The Rise Fund (un fondo privado de inversión con sede en EUA y administrado por TPG). Su subsidiaria, Pearl Dairies, afirmó que no sólo se convertiría en un actor importante en el mercado nacional, sino que además crearía un negocio de exportación a los países africanos vecinos. No obstante, una disputa comercial con Kenia, país donde la industria láctea local está controlada por la familia del presidente, terminó por hundir a la compañía. Como consecuencia de esto, en marzo de 2021, Pearl Dairies anunció que cerraría su planta de productos lácteos en Uganda, girando hacia la producción de miel orgánica para exportar a Europa.

Los bancos de desarrollo, los donantes y los gobiernos están desperdiciando dinero y recursos tratando de industrializar la producción local de lácteos en África, cuando existe un enorme potencial sin explotar en los sistemas tradicionales, pero que no ha podido desarrollarse plenamente debido a las importaciones. Los pastores de Burkina Faso, por ejemplo, alguna vez abastecieron de leche fresca a toda la nación. Pero las importaciones de leche barata con grasa vegetal adicionada de Europa han destruido prácticamente su producción durante la última década. “Intenté vender mi leche, pero la mayoría de las veces se vence y termina siendo botada”, dice Hamidou Bandé, presidente de la Unión Nacional de Pastores de Burkina Faso. Hamidou tiene 300 vacas, pero ahora sólo vende su carne porque no puede encontrar un mercado para su leche. “Duele. La leche que tiramos pudo haber sido para los terneros o para nuestros hijos”.

Comparemos esta situación con la de Uganda, donde un arancel del 60 por cien protege a los pequeños productores de leche de las importaciones de productos lácteos. Hoy en día, los pequeños productores de leche (ganaderos, pastores, vendedores y procesadores de lácteos de pequeña escala), suministran 80 por cien de la leche que se consume en Uganda. Con aranceles regionales que no permiten la entrada de importaciones de leche en polvo a África Oriental, estos pequeños productores de lácteos han podido suplir de manera efectiva un aumento en la demanda durante las últimas dos décadas, y lo han hecho con las razas de ganado autóctonas y sus prácticas agrícolas tradicionales. Si bien las pocas compañías de lácteos en el país han intentado en varias ocasiones utilizar sus conexiones políticas para conseguir la aprobación de leyes que debiliten lo que ellos llaman “sector informal”, los agricultores y los pequeños vendedores se han aliado y han logrado detenerlos. Tanto en 2007 como en 2014 protestas de agricultores y vendedores a nivel nacional obligaron al gobierno a echar marcha atrás a la prohibición de venta de leche cruda.

La rica diversidad ganadera de África

De los 222 millones de cabezas de ganado africano que dotan de productos lácteos y carne a su población, la mayoría está en manos de pequeños agricultores y pastores. Esta población ganadera es muy diversa. Se han identificado al menos 150 razas de ganado autóctonas en el continente africano, y muchas otras permanecen sin clasificar. En diversos países el pastoreo del ganado es realizado por tribus específicas, como los banyankole en Uganda, los masaai en Kenia y Tanzania, y los fulani en todo el Sahel y África occidental. Cada uno tiene sus propias razas locales, como el famoso ganado Ankole de cuernos largos que se encuentra en Uganda y sus alrededores o el ganado jorobado cebú que crían los pastores fulani, de los cuales existen una multiplicidad de variedades según las condiciones geográficas locales en donde pastan.

Muchas de estas tribus pastoras son nómadas, y se desplazan largas distancias y por periodos de tiempo prolongados en busca de alimento y agua para sus animales. Es por esto que sus razas de ganado se adaptan a las condiciones locales, como altas temperaturas, sequía, largas distancias entre fuentes de pasto y agua, diversas enfermedades endémicas, así como también a las necesidades y costumbres de quienes dependen de ellas.

Durante los últimos años los agricultores, e incluso los pastores, se han visto obligados a adoptar vacas de “alto rendimiento”, las cuáles por lo general son el resultado de cruces entre vacas utilizadas en las granjas lecheras industriales en Europa y las razas locales. Estas nuevas razas son ofrecidas a mujeres, particularmente a las viudas y madres solteras en las áreas rurales de los países donde operan organizaciones como Send A Cow y Heifer International. Debido a su naturaleza, estas razas extranjeras son costosas y vienen con costosas instrucciones de cuidado, salud y reproducción, por lo que los pastores tienen que endeudarse para financiar carísimos productos veterinarios, procesos de inseminación artificial y construcción de refugios.

A pesar de que las vacas dominan el sector lácteo en África, las ovejas, los camellos y las cabras también son importantes para su producción lechera, especialmente en determinadas zonas del continente. Es difícil obtener cifras exactas, pero se estima que África alberga el 27 por cien de las ovejas y el 32 por cien de la población mundial de cabras, y un 20 por cien del ganado bovino a nivel mundial.

Muchos pastores y agricultores en África prefieren los pequeños rumiantes ya que tienden a implicar menores costos y a ser más fáciles de manejar que las vacas. Esto es especialmente cierto con las cabras, conocidas como la “vaca de los pobres”, y que han sido criadas durante mucho tiempo en el continente africano.

La leche como elemento central de la independencia alimentaria

No existe justificación para los miles de millones de dólares que salen de África cada año debido a las importaciones de productos lácteos. Los productos lácteos pueden y deben producirse de manera local. Siguiendo el caso de Uganda y Kenia, existe una medida simple y efectiva y que puede ser tomada de manera inmediata: detener las importaciones de leche en polvo.

Si existiese voluntad política por parte de los gobiernos africanos, varias serían las medidas que de inmediato se podrían tomar para frenar las importaciones de leche en polvo. Lamentablemente, muchos gobiernos africanos van en la dirección opuesta. Por ejemplo, negociando con Europa acuerdos de asociación económica e incluso un Tratado de Libre Comercio Continental (AfCFTA), los cuales eliminan las posibilidades de los países para proteger su producción local de lácteos. Los gobiernos de países productores de leche de Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda presionan de manera incesante a los gobiernos africanos para que estos acepten una mayor cantidad de productos lácteos de sus corporaciones, incluso aunque esto sumerja a los productores locales en una crisis.

—https://grain.org/e/6778

Wall Street expulsa a las empresas chinas de la bolsa (el final de una historia de amor)

La empresa china de transportes Didi Chuxing, una especie de Uber, ha tenido que abandonar Wall Street. Poco a poco los gigantes tecnológicos chinos se tienen que marchar de unos mercados a los que calificaron como “neoliberales” porque, según decían, la nacionalidad no importa; sólo el dinero.

La luna de miel sólo ha durado siete años. Alibaba llegó a la Bolsa de Nueva York en 2014 y veremos lo que tarda en marcharse.

Es otra demostración adicional del hundimiento de una teoría, la neoliberal, que ha soltado las lágrimas de los reformistas durante 30 años. Las empresas entran y salen de los mercados porque los Estados y los gobiernos ponen el pulgar hacia arriba… o hacia abajo.

Al principio los caciques de Washington ponían el pretexto del espionaje para sacudirse de encima a las empresas tecnológicas chinas. Ya no se preocupan de invocar ningún motivo: las empresas no pueden cotizar en Wall Street porque son chinas.

Las empresas como las personas, tienen su DNI, su pasaporte y su visado, que no siempre está en regla. Estados Unidos ha inventado las empresas “sin papeles”, capitales emigrantes que tienen que ser expulsados como los “espaldas mojadas” de Río Bravo.

Didi Chuxing está presente en varios países latinoamericanos como Brasil, México, Argentina, Colombia o Chile. Tiene más de 15 millones de conductores y casi 500 millones de usuarios. Ahora se prepara para emigrar de la bolsa de Nueva York a la de Hong Kong y, mientras hace la mudanza, ha perdido casi dos tercios de su capitalización.

Tras el anuncio, las grandes empresas chinas de comercio electrónico, Alibaba, JD.com y Pinduoduo, que cotizan en Wall Street, fueron rechazadas por los especuladores como si tuvieran el “covid”.

Las acciones de Alibaba han caído a su nivel más bajo en casi cinco años y se rumorea que es el próximo candidato a salir, después de Didi Chuxing.

El jueves de la semana pasada la SEC, la comisión que regula los mercados financieros en Estados Unidos, había anunciado que las cuentas de las empresas extranjeras que cotizan en Estados Unidos deberían poder ser auditadas. En caso contrario serían excluidas del mercado.

Como es natural, las empresas chinas no quieren ser auditadas, es decir, espiadas, por los estadounidenses.

Así es la hegemonía. Wall Street y el gobierno de Washington regulan, controlan, vigilan, supervisan e incluso sancionan a cualquier empresa mundial. Las que quieren escapar al control son los que no lo aceptan.

La vacuna de Pfizer es uno de los fármacos más lucrativos de la historia

Como condición para suministrar vacunas, Pfizer ha impuesto a los gobiernos del mundo entero una cláusula de confidencialidad que, por sí misma, ya es sospechosa, dada su “eficacia” y demás ventajas que se le atribuyen.

Pero hay algo aún más extraordinario que la confidencialidad: que el periódico británico The Guardian, bastión del periodismo mundial, empiece ahora a cargar contra ella, como si los contratos de suministro fueran recientes (*).

El periódico habla de “revelación”. Dice que Tom Frieden, que fue director de los CDC, acusa a Pfizer de “aprovecharse de la guerra” durante la pandemia.

Zain Rizvi, director de investigación de Public Citizen, una organización estadounidense de defensa del consumidor, dice que el gobierno británico debe explicar por qué ha aceptado un procedimiento de arbitraje secreto. “Es el único país de renta alta que hemos visto que ha aceptado esta disposición. Permite a las empresas farmacéuticas eludir los procesos legales nacionales”.

Las multinacionales farmacéuticas están por encima de la ley, descubren ahora. “¿Cómo hemos llegado a una situación en la que un puñado de empresas farmacéuticas puede ejercer tanto control sobre los gobiernos más poderosos del mundo? Esto apunta a un sistema roto”, añade Rizvi.

La vacuna de Pfizer será uno de los medicamentos más lucrativos de la historia farmacéutica. La fabricación de una dosis sólo cuesta 76 peniques y, según parece, se está vendiendo a 22 libras al gobierno británico.

Los costes de fabricación estimados no incluyen la investigación, la distribución y otros costes, pero Pfizer afirma que sus beneficios perdurarán durante unos 20 años más. La multinacional espera suministrar 2.300 millones de vacunas este año, con unos ingresos previstos de 36.000 millones de dólares.

A los beneficios privados se le suman las cantidades percibidas en concepto de subvenciones públicas, también millonarias. El socio de Pfizer, la empresa BioNTech, anunció en septiembre del año pasado que iba a recibir 375 millones de euros del gobierno alemán para financiar el desarrollo de vacunas.

(*) https://www.theguardian.com/uk-news/2021/dec/05/wall-of-secrecy-in-pfizer-contracts-as-company-accused-of-profiteering

El Fondo Monetario Internacional advierte del colapso económico en los países más pobres

Ayer el Fondo Monetario Internacional advirtió que no se puede descartar un “colapso económico de algunos países” si los países del G20 no actúa con urgencia. Se refería a que las grandes potencias son los acreedores y la reestructuración de la gigantesca masa de deudas es imprescindible para la superviviencia del capitalismo.

Más de la mitad de los países de bajos ingresos corren un alto riesgo o están ya en situación de suspensión de pagos. En 2015 esta cifra era inferior al 30 por ciento, según el Fondo.

“Podríamos ver un colapso económico en algunos países a menos que los acreedores del G20 acuerden acelerar las reestructuraciones de la deuda y suspender el servicio de la misma mientras se negocian las reestructuraciones”, dijo la directora del Fondo, Kristalina Georgieva, y Ceyla Pazarbasioglu, directora de estrategia.

A cambio de imponer los confinamientos, los países del G20 ofrecieron a los países más depauperados una moratoria en el pago de la deuda hasta finales de año, antes de ampliarla hasta finales de este año.

Paralelamente a esta iniciativa de suspensión del pago de la deuda, en noviembre del año pasado crearon un marco común para reestructurar o incluso cancelar la deuda de los países que lo soliciten. Pero, de momento, los acreedores privados frenan su aplicación.

“Es esencial que los acreedores del sector privado apliquen un alivio de la deuda en condiciones comparables”, afirman los caciques del Fondo.

Amazon: más allá de la competencia está la guerra económica

Con la pandemia Amazon ha incrementado su facturación más de un 30 por ciento, hasta casi 400.000 millones de dólares. La multinacional ha logrado un éxito económico en medio de acusaciones constantes de explotación salvaje de sus trabajadores.

Una de las últimas noticias laborales aseguraba que los repartidores se ven obligados a utilizar botellas para orinar y bolsas para defecar, debido a las presiones para cumplir los ritmos de trabajo.

La multinacional utilizó a los propios trabajadores y posiblemente a bots para inundar las redes sociales con comentarios en los que se explicaba que la típica noticia era falsa. Las condiciones de trabajo en Amazon son excelentes.

Estamos en una nueva era de la información. Lo mismo que la pandemia, Amazon es un ejemplo de guerra cognitiva. Dice una cosa y hace la contraria. En medio de una explotación salvaje, lleva a cabo grandes campañas publicitarias sobre el impecable trato hacia sus trabajadores.

La filtración fue un fallo en el control de la información por parte de la multinacional, que tiene una política de imagen para censurar las noticias en su mismo origen. Como cualquier otra multinacional, Amazon dispone de un departamento encargado de silenciar las criticas de los medios de comunicación, tanto con presiones como con sobornos.

También utiliza a los trabajadores, especialmente a los cuadros intermedios, como misioneros de la empresa. En el primer semestre de este año gastó 5,1 millones de dólares para que 120 trabajadores predicaran a favor de sus jefes ante la casta de Washington.

Amazon ha encargado a la famosa Pinkerton, especializada en la represión de huelgas obreras, que espíe a los trabajadores (1). A un directivo que escribió un correo electrónico sobre las condiciones laborales de los trabajadores de un almacén le dieron la opción de dimitir o ser despedido (2).

Al filtrar la información saliente, Amazon consigue una situación de monopolio informativo sobre sí misma, lo que no le impide, sin embargo, tomar la delantera cuando es necesario. Oculta sus defectos y explica que no todos estamos a la altura. No somos capaces entender sus “valores” por una buena razón: “Los dirigentes establecen implacablemente estándares altos que pueden parecer inalcanzables para algunos” (3).

Sin embargo, la verdadera fuerza de Amazon reside en su capacidad para extorsionar a los Estados en los que localiza su red de almacenes, con argumentos que son también conocidos y comunes con otras multinacionales. Promete que creará puestos de trabajo a escala local y que su infraestructura generará empleos indirectos.

Cuando el argumento no convence, amenaza con trasladar sus almacenes a otro país, lo que supone una oleada de despidos que ningún político está dispuesto a asumir. Esta política siempre es eficaz y, además, trae subvenciones.

Cinco parlamentarios estadounidenses han acusado a Amazon de vender marcas falsificadas (4).

En India ha falsificado los resultados de las búsquedas digitales para aumentar las ventas de sus propias marcas. Un estudio de Upstream Commerce reveló que de 857 mercancías ofrecidas por vendedores independientes en el mercado, Amazon fabricaba y vendía el 25 por ciento de las más vendidas.

Pero la guerra de la información funciona así: no hay nadie que se haga eco de estas (y otras) noticias, como las prácticas mafiosas de AT Operalia, una subcontrata de Amazon, en Cantabria (5). Es posible que ni siquiera las consideren como tales noticias.

(1) https://www.vice.com/en/article/5dp3yn/amazon-leaked-reports-expose-spying-warehouse-workers-labor-union-environmental-groups-social-movements
(2) https://www.seattletimes.com/business/amazon-warehouse-jobs-push-workers-to-physical-limit/
(3) https://www.aboutamazon.fr/travailler-chez-amazon/nos-principes-de-leadership
(4) https://www.reuters.com/technology/five-us-lawmakers-accuse-amazon-possibly-lying-congress-following-reuters-report-2021-10-18/
(5) https://abusospatronales.es/casos-de-abusos-patronales/jornadas-interminables-y-represion-antisindical-en-una-subcontrata-de-amazon/

El capitalismo está en crisis por culpa de la ineficacia de las vacunas contra el virus

La semana pasada el New York Times publicaba un artículo que expresa la preocupación del gobierno de Biden con la inflación (*). Hasta ahora han estado calmando los ánimos, dentro y fuera de Estados Unidos, diciendo que era puramente temporal, e incluso que era consecuencia de que la economía se estaba recuperando después del confinamiento.

Ahora el periódico reconoce que los asesores de Biden “cometieron un error de previsión” (*). Ocurre siempre que uno se cuenta a sí mismo el cuento de la lechera y se lo traga. “La disponibilidad generalizada de las vacunas contra el coronavirus aceleraría la vuelta a la vida anterior a la pandemia”, dice el New York con una ingenuidad pasmosa.

Contaban con las vacunas, pero no con las variantes del virus, es decir, no contaban con nada, salvo con cuentos, por lo que se ha “frenado” la vuelta a la normalidad.

El plan de rescate ha supuesto que el gobierno de Washington ponga 1,9 billones de dólares en circulación, una cifra gigantesca como nunca se había conocido en la política económica hasta la fecha, muy superior al New Deal de los años treinta. Pero “el problema no es que haya demasiado dinero dando vueltas […] sino que los consumidores están destinando una cantidad inesperada de ese dinero a un conjunto reducido de cosas para comprar”, añade el periódico.

No obstante, en cualquier caso la culpa de la inflación la tiene el virus: “Seguimos lidiando con los difíciles retos y complicaciones causados por el covid-19, que están haciendo subir los costes de las familias estadounidenses”, dice Biden.

El virus es magia potagia, y es extraño que los feligreses no hayan emprendido procesiones y rogativas para que se vaya a otro planeta, como antiguamente cuando los rezos ahuyentaban las pertinaces sequías.

Ya no saben qué hacer. 1,9 billones de dólares no han servido para nada y la reciente reunión de Biden con los dirigentes de 14 países en la cumbre del Grupo de los 20 en Roma tampoco.

A los economistas les pasa lo mismo que a los epidemiólogos: sólo tienen fantasmas en la cabeza. Esta madrugada el índice Nikkei de la Bolsa de Tokio ha caído de manera espectacular y la prensa especializada dice que es porque los especuladores no creen que las vacunas actuales sean eficaces contra la “variante omicron” del virus.

En fin, que se han llevado un disgusto, porque el capital financiero ya no revisa los balances y cuentas de resultados sino las estanterías de las farmacias.

(*) https://www.nytimes.com/2021/11/24/us/politics/biden-inflation-prices.html

Los confinamientos han llevado el hambre a los trabajadores de Estados Unidos

Con los confinamientos decenas de millones de estadounidenses perdieron sus trabajos, sus viviendas y se multiplicó el hambre. Si la clase obrera tiene hoy un plato en la mesa es gracias a la beneficencia, la caridad y el voluntariado.

Estados Unidos es el país de las colas del hambre por antonomasia. No hablamos de miles, ni de millones, sino de decenas de millones de trabajadores que no pueden alimentarse a sí mismos ni a sus familias.

El número de personas inscritas en el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP) ha aumentado en 7 millones desde hace dos años. Más de 42 millones de estadounidenses reciben actualmente cupones de alimentos. De ellos, más del 40 por cien son miembros de familias con al menos una persona trabajando. Muchos obreros que dependen de la ayuda alimentaria tienen trabajo, pero su salario no les alcanza para comprar alimentos para sus familias.

En gran parte del sur, más del 15 por ciento de las personas reciben el SNAP. En Nuevo México, el estado con el mayor uso de cupones de alimentos del país, más de uno de cada cinco residentes está inscrito en el SNAP. En respuesta al aumento del uso del SNAP, el gobierno de Biden implementó el mayor aumento permanente del valor de los cupones a principios de este año. Con este aumento, una familia de cuatro miembros puede recibir ahora hasta 835 dólares al mes en prestaciones del SNAP.

La red de bancos de alimentos del país también se está empeñando a fondo para que la población no muera de inanición. Al comienzo del confinamiento, los bancos de alimentos distribuían 1.100 millones de libras de alimentos trimestalmente. En otoño de este año ya están distribuyendo 1.700 millones de libras.

Estas cifras son una acusación devastadora contra el capitalismo estadounidense. En el país más rico del mundo, con más multimillonarios que en cualquier otro lugar del planeta, un gran porcentaje de la población no puede comprar comida, y debe recurrir a la caridad o a la ayuda pública.

La crisis se ha visto exacerbada por las subidas de precios, como el de la carne, que ha aumentado casi un 10 por ciento en el último año. En varias categorías de alimentos, como los huevos, los precios han empezado a subir un 3 por ciento mensual, es decir, que pueden llegar a subir un 36 por ciento en un año.

La alimentación acapara una parte cada vez mayor del salario de los trabajadores. El promedio de ingresos que los estadounidenses gastan en comida (para prepararla en sus casas) se ha venido reduciendo del 14 por ciento en 1960 al 6 por ciento en 2000.

Pero no ocurre lo mismo entre la clase obrera. La quinta parte más pobre de la sociedad estadounidense gasta entre el 28 y el 42 por ciento de sus ingresos en comprar alimentos. Es la que se ve más afectada por el aumento de los precios de la comida, la vivienda y el combustible.

La subida de precio del trigo pone en peligro la alimentación mundial

El lunes el precio del trigo alcanzó un máximo histórico en Europa. Una tonelada del cereal se cotiza ahora a más de 300 euros. En un año ha subido un 55 por ciento. El trigo duro que se utiliza en panadería ha tenido un incremento aproximado del 62 por ciento en sus precios cotizados en la bolsa de Kansas (*).

La situación ha empeorado en los dos últimos años con los confinamientos, que han paralizado la producción y han disparado el coste del transporte marítimo.

La subida de precios está creando tensión en el mercado del trigo y pone en peligro el estabilidad mundial. El trigo representa una cuarta parte del consumo diario de alimentos en el mundo. Sin embargo, sólo una veintena de países producen suficiente trigo para cubrir las necesidades de su población. Una docena de ellos consiguen exportarlo.

Cuando el precio del trigo se dispara, lo que está en juego es la alimentación mundial. Por eso, si la situación sigue así, podemos esperar disturbios por hambre.

Algunos países importadores, como Egipto, Argelia y Marruecos, están comprando la paz social con alimentos, especialmente trigo. Por ejemplo, subvencionando la compra de productos a base de trigo para no cargar la factura a la población y evitar así que se repita el escenario de 2008. En aquella época, el trigo alcanzaba los 450 dólares la tonelada. Fue uno de los desencadenantes de la Primavera Árabe

La inseguridad alimentaria también podría afectar a algunos países europeos, como Polonia, Rumanía y Hungría. La subida del precio del trigo, unida a la del gas, la electricidad y los carburantes, ha hecho temer una caída del poder adquisitivo y un malestar social. Un cóctel explosivo.

Los temores del mercado mundial han aumentado recientemente. En junio, Rusia, el mayor exportador del mundo, decidió imponer cuotas de exportación, favoreciendo así a su propia población. Pero también es un medio de presión diplomática. Rusia no duda en recordar que, además de los carburantes, también tiene el grifo de los cereales: es el mayor exportador del mundo.

Los mercados mundiales cruzan los dedos para que la cosecha de este año sea buena. Pero la incertidumbre prevalece porque el precio de los fertilizantes nitrogenados, esenciales para el cultivo del trigo, también se ha disparado.

El mercado del trigo es uno de los mercados de materias primas más activos, ya que garantiza el suministro internacional de uno de los cereales básicos más consumidos en el planeta. El trigo se utiliza principalmente para producir harina, y desempeña un papel en la producción de whisky, cerveza y aceite de cocina.

(*) https://diariolalibertad.com/sitio/2021/10/15/altos-precios-del-trigo-y-costos-de-importacion-son-las-causas-del-aumento-del-precio-del-pan/

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