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Categoría: Economía (página 11 de 100)

China se pone a la cabeza de la producción de energía nuclear

China tiene actualmente 102 reactores nucleares en funcionamiento, en construcción o aprobados para su construcción, con una capacidad instalada combinada de 113 millones de kilovatios, según un informe publicado ayer por la Asociación de Energía Nuclear de China.

Es la primera vez que la capacidad general de generación de energía nuclear de China encabeza la clasificación mundial, según el informe. Los planes nucleares están a cargo de tres empresas estatales: China General Nuclear Power (CGN), China National Nuclear (CNNC) y State Power Investment.

Hasta el momento, China tiene 28 reactores nucleares en construcción, con una capacidad instalada total de 34 millones de kilovatios, lo que la convierte en la central eléctrica más grande del mundo durante 18 años consecutivos. Además, el país cuenta con 58 reactores nucleares comerciales operativos con una capacidad instalada total de 61 millones de kilovatios.

La industria de energía nuclear de China está en camino de convertirse en la primera del mundo en capacidad de energía nuclear operativa para 2030. Si China mantiene el ritmo, en 2040 su parque nuclear podría rozar los 200 gigavatios, lo que equivaldría a cerca del 10 por cien de toda la producción energética local.

China está invirtiendo fuertemente en tecnología nuclear, incluyendo reactores de tercera y cuarta generación, como los Hualong One y proyectos de refrigeración por sales fundidas. Lo mismo que Rusia, busca posicionarse como exportador de tecnología nuclear.

—https://m.thepaper.cn/newsDetail_forward_30730887

El negociador japonés viaja de Tokio a Washington y siempre vuelve con las manos vacías

La guerra económica le puede costar cara a Japón, la cuarta economía más grande del mundo. Estados Unidos no cede. El negociador japonés viaja de de Tokio a Washington y siempre vuelve con las manos vacías.

Desde principios de abril Japón ha sido una de las víctimas predilectas de la subida de los aranceles estadounidenses del carbono y el acero al 25 por cien. El año pasado el automóvil representó alrededor del 28 por cien de las exportaciones de Japón a Estados Unidos.

En Tokio se han cansado de besarle el culo a Trump y también comienzan a presionar: o aranceles o deuda. El viernes el ministro de Finanzas japonés, Katsunobu Kato, al poner encima de la mesa los más de un billón de dólares en bonos del Tesoro estadounidense. Amenazan con utilizarlos como baza en la guerra económica.

Lo dijo en términos diplomáticos y con paciencia típicamente oriental, pero está muy claro: Japón ya no se contenta con ser un aliado financiero pasivo. Se está preparando para aprovechar su posición financiera para contrarrestar la creciente presión de Estados Unidos.

En Washington saben que no es un farol sino una señal en la correlación de fuerzas internacionales, que ha llegado a las divisas (como en 1945). En el fondo, se trata de que Japón reafirme su posición en un momento en que el dominio monetario de Estados Unidos se ve cada vez más cuestionado.

Hasta ahora Japón y China, lo mismo que los países del Golfo Pérsico, han reciclado sus superávits comerciales en bonos del Tesoro estadounidense para apuntalar el dólar, por diferentes motivos, que ahora ya no existen porque Estados Unidos ha acabado con ellos.

Ahora hasta la televisión habla de “guerra económica”, un orden económico militarizado donde los aranceles sólo son la guinda del pastel, junto al bloqueo económico, las sanciones, el control de los estrechos marítimos o la ruptura de las cadenas de suministros. Ya no se pueden justificar con el pretexto de la Guerra de Ucrania.

El dólar ya no es Gran Reserva ni un vino cosecha de 1945

El dólar quema en las manos. Hace unos días Warren Buffett dijo que Estados Unidos se enfrenta a fluctuaciones internacionales tan inciertas que necesita crear grandes cantidades de reservas en divisas distintas del dólar.

Desde 1945 el dólar nunca se ha visto tan cuestionado, sobre todo por los principales espadas del mundo, como Japón, que es el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro del mundo.

Los mercados apestan a inestabilidad. El oro ha subido un 30 por cien en lo que va de año y está en alturas impensables hace muy pocos meses. La confianza en la neutralidad del dólar como medio de atesoramiento se debilita, lo que impulsa a más países a buscar otras formas de pago, como expusimos ayer.

Pero la deuda de Estados Unidos es una trampa. Si Japón vendiera grandes cantidades de bonos del Tesoro, dañaría su propia cartera y correría el riesgo de ser culpado por una crisis en el mercado mundial.

Al mismo tiempo, la economía japonesa sigue ligada a la arquitectura de defensa y a los flujos tecnológicos de Estados Unidos.

Los paralelos históricos son claros. Como ya expusimos, a mediados de los ochenta presionaron a Japón para que revaluara el yen y redujera su superávit comercial, lo que desencadenó décadas de estancamiento.

Con el cambio de siglo, China utilizó amenazas similares del Tesoro para contraatacar la política arancelaria estadounidense.

Hoy Japón está dando señales de que para ellos la era del dólar ha terminado. No puede dejarse presionar otra vez. Las reservas en bonos del Tesoro ya no son pasivas; son armas de guerra económica que se han vuelto contra el emisor.

El Banco de Japón no baja los tipos de interés

A pesar de la persistente inflación, el Banco de Japón no ha subido los tipos de interés, que están en el 0,5 por cien, porque las previsiones de crecimiento económico se han redicido a la mitad: del 1,1 al 0,5 por cien.

Con el fin de contrarrestar el retorno de la inflación en Japón en los últimos dos años y medio, en marzo el Banco Central subió sus tipos después de diez años de una política monetaria muy laxa, donde se habían mantenido prácticamente nulos. Los recogió dos veces el año pasado, y de nuevo en enero.

Los precios al consumidor en Japón (excluyendo los productos frescos) se aceleraron aún más, hasta el 3,2 por cien en marzo, con un récord de casi el 100 por cien de los precios del arroz.

El petroyuan ha nacido en medio del bloqueo estadounidense

El mes pasado la empresa china ENN Natural Gas firmó un acuerdo de suministro de gas licuado por 15 años con ADNOC (Abu Dhabi National Oil Company), el mayor acuerdo de este tipo entre China y Emiratos Árabes Unidos.

Aunque no se dice expresamente, el pago se hará en yuanes. Otras empresas públicas chinas como CNOOC y Zhenhua también han cerrado acuerdos para el suministro de gas licuado con Emiratos Árabes Unidos, algunos de los cuales se liquidan en yuanes.

China está promoviendo el uso del yuan en el comercio de energía con países del Golfo, dentro de su estrategia para internacionalizar su divisa y desafiar el dominio del dólar. En marzo la empresa petrolera nacional de China, CNOOC, y la francesa TotalEnergies liquidaron una operación de 65.000 toneladas de gas licuado en yuanes por primera vez.

El intercambio se realizó a través de la Bolsa de Petróleo y Gas Natural de Shanghai. Aunque hay quien dice que la empresa francesa recurrió al yuan debido a la escasez de suministros de gas ruso al continente europeo, parece ser que hay otra explicación: ya han empezado a formar reservas en la moneda china.

El presidente de la Bolsa de Petróleo y Gas Natural de Shanghai, Guo Xu, dice que el acuerdo es un intento de promover la fijación de precios en múltiples monedas. La influencia de Estados Unidos en la economía mundial está retrocediendo, lo que representa una oportunidad para las monedas de las potencias regionales y los sistemas de pago alternativos.

China protege su seguridad energética y para ello diversifica a sus vendedores y firma contratos a largo plazo. A partir del año que viene Emiratos suministrará un millón de toneladas de gas anuales.

Por su parte, los países del Golfo perciben un cambio en la correlación de fuerzas internacionales y tienen que ampliar sus alianzas, lo que se puede hacer extensivo a Arabia Saudí y al petróleo.

Los saudíes están cambiado de política económica porque ya no son tan dependientes del crudo y se pueden permitir sacarlo al mercado en grandes cantidades, aunque caigan los precios. Recientemente en una sola jornada el crudo WTI perdió casi un 4 por cien.

Por presiones de Estados Unidos, durante mucho tiempo los saudíes defendieron la estabilidad del mercado mundial del petróleo a través de la OPEP, como en 2016, a costa de grandes sacrificios por su parte. Hoy, por el contrario, Riad es el principal elemento de incertidumbre.

En la próxima reunión de la OPEP, Arabia Saudí exigirá que se abran los grifos y que aumente la producción de crudo. Ellos pueden permitirse varios años de precios bajos, pero sus socios lo van a pasar mal. Por ejemplo, Estados Unidos. Los precios bajos pueden hundir a las empresas que explotan el gas de esquisto.

La subida de los aranceles puede dar la puntilla a los agricultores estadounidenses

Hasta su reciente desmantelamiento, la Usaid siempre fue un importante apoyo para las explotaciones agrícolas de Estados Unidos. Cada año paliaba las crisis de superproducción agraria comprando excedentes por valor de dos mil millones de dólares, lo que ayudaba a estabilizar el mercado interior y los precios.

Luego esos excedentes se llevaban a los mercados internacionales disfrazados de caridad y “ayuda” a los países pobres.

Hoy ese apoyo ha desaparecido. El gobierno ha recortado más de mil millones de dólares en subsidios y presiona a los empresarios agrícolas. La congelación de los subsidios ni es nueva, ni es obra de Trump. Como otras muchas medidas, deriva de las leyes aprobadas por Biden.

Una de las consecuencias de ello ha sido la volatilidad de los precios, sobre todo de la soja y el maíz, pilares de la agricultura estadounidense, que han caído aproximadamente un 40 por cien desde 2022, lo que agrava aún más la situación de los empresarios agrícolas, presionados por el aumento de los costos y los impuestos, y la reducción de los ingresos.

Las explotaciones agrícolas están dejado de ser rentables y muchos pequeños empresarios, que esperaban que las políticas económicas de Trump los sacara de la crisis, se encuentran ahora al borde de la quiebra.

La viabilidad de muchas explotaciones agrícolas dependía de la capacidad de Estados Unidos para exportar sus productos a precios competitivos, lo que es imposible si siguen aumentando los aranceles, incluso los que recaen sobre el acero, el aluminio y otras materias primas.

Estas subidas han incrementado los costos de producción para los agricultores porque el acero y el aluminio son esenciales para maquinaria agrícola, y el aumento de sus precios encarece los equipos y las reparaciones.

Como es obvio, las subidas arancelarias no afectan sólo a otros países, ni protegen a los empresarios locales.

China va ganando la partida

Algunos países, especialmente China, han respondido al aumento de los aranceles con la misma moneda, elevando los aranceles hasta un 265 por cien en algunos casos, a los productos agrarios estadounidenses, como la soja.

China es un mercado crítico para las exportaciones agrícolas estadounidenses, y estas restricciones han reducido significativamente la demanda agrícola, afectando a los ingresos de los empresarios agrícolas.

México y Canadá, socios comerciales importantes en el T-MEC, también han implementado aranceles de represalia, lo que podría limitar aún más los mercados de exportación para los agricultores estadounidenses.

Los fertilizantes, como la potasa, de la que Canadá suministra el 80 por cien a Estados Unidos, también se han visto afectados por la subida de los aranceles, lo que eleva los costos operativos de las explotaciones.

Los aranceles han contribuido a un aumento generalizado de precios, tanto de productos agrícolas como de bienes de consumo. Esto ya ha reducido la demanda interna de productos agrícolas porque la cesta de la compra está aumentando.

El Laboratorio de Presupuesto de Yale estima que la subida de los aranceles costará a los estadounidenses un promedio de 4.000 dólares al año, lo que está reduciendo el poder adquisitivo de los salarios.

El descontento entre los agricultores aumenta. Algunos reconocen que están al borde de la quiebra debido a la combinación de menores exportaciones, mayores costos y precios volátiles.

Las lecciones del primer mandato

Durante el primer mandato de Trump (2017-2021), los aranceles a China ya provocaron represalias que afectaron a los agricultores estadounidenses, especialmente a los productores de soja. El gobierno tuvo que implementar subsidios para mitigar las pérdidas, pero muchos agricultores enfrentaron dificultades financieras. La situación actual parece una continuación de aquel patrón, pero con aranceles aún más elevados.

Como es natural, no todas las explotaciones agrarias se están viendo afectadas por igual. Las grandes empresas con capaces de absorber mejor los costos que las pequeñas, que tienen menos margen para soportar las pérdidas.

El PIB de Estados Unidos ha caído en este primer trimestre

La economía de Estados Unidos está dando un paso atrás y ha experimentado una caída importante del PIB en el primer trimestre. La actividad disminuyó desde la llegada de Trump a la Casa Blanca.

El PIB cayó un 0,3 por cien en el primer trimestre debido a un repunte de las importaciones, lo que supone un descenso del 0,1 por cien respecto al trimestre anterior. El resultado está muy por debajo de las expectativas.

Una reducción del PIB es muy rara en Estados Unidos. En la última década sólo ha ocurrido tres veces: dos veces en 2020 durante la pandemia y en el primer trimestre de 2022, cuando la Fed declaró su primera subida en las tasas de interés para frenar la inflación.

Trump también se ha empeñado en una purga y en el recorte del gasto público, lo que ha impulsado aún más la caída de la demanda.

Las ‘zonas de influencia’ ya no son territorios sino tecnologías punteras

En la actualidad las “zonas de influencia” ya no son territorios sino tecnologías punteras. Estados Unidos está reforzando el bloqueo comercial para frenar el ascenso de China en sectores estratégicos y, a su vez, China responde invirtiendo masivamente en su propia capacidad de producción para reducir su dependencia. Entre esas “zonas de influencia” están los semiconductores y la inteligencia artificial.

Durante mucho tiempo Estados Unidos ocupó una posición dominante en esos sectores gracias a empresas como Nvidia y AMD. Ahora China acelera sus esfuerzos para desarrollar su propia tecnología, a pesar de los intentos de bloqueo.

Frente a las restricciones impuestas por Estados Unidos, Huawei ha optado por acelerar su autonomía en materia de chips dedicados a la inteligencia artificial. Privada del acceso a los productos Nvidia, la empresa china lanzó el 910C, un chip compuesto por dos 910B, capaz de alcanzar alrededor del 60 por cien del rendimiento de inferencia del H100 de Nvidia. Aunque aún está por debajo de los estándares estadounidenses más altos, es una clara ruptura con la dependencia tecnológica del pasado.

Este avance se produce en un contexto de fuerte demanda interna de equipos de inteligencia artificial y de unas empresas chinas a las que se les está cerrando el acceso a los mercados occidentales. Se espera que las primeras unidades del 910C se entreguen ya en mayo, mientras que un nuevo modelo, el 920B, ya se está preparando para finales de año. China intenta construir una infraestructura propia capaz de soportar el crecimiento de la inteligencia artificial sin recurrir a la tecnología estadounidense.

Empresas como iFlytek están aprovechando al máximo esta oportunidad. Apoyándose exclusivamente en procesadores Huawei, iFlytek afirma haber desarrollado su modelo Xinghuo X1, posicionado como equivalente a los modelos de referencia de OpenAI y DeepSeek. Hace unos años, los chips chinos representaban sólo el 20 por cien de la potencia de Nvidia; hoy alcanzarían el 80 por cien, un progreso rápido y asombroso.

El bloqueo estadounidense, impuesto para frenar el avance tecnológico chino, ha desencadenado todo lo contrario. Ha acelerado la investigación y el desarrollo local. La reciente decisión de exigir a Nvidia obtener una licencia para exportar su chip H20 a China, pese a que tenía prestaciones más reducidas que los últimos modelos estadounidenses, corre el riesgo de costarle a la empresa 5.500 millones de dólares en ingresos. La prohibición refuerza la necesidad de que las empresas chinas recurran a soluciones autóctonas.

El caso de iFlytek demuestra que China no sólo fabrica alternativas, sino que reconstruye un sector industrial completo capaz de soportar el entrenamiento de los grandes modelos de lenguaje (LLM) sin dependencias externas. La cooperación entre iFlytek y Huawei ilustra una estrategia mundial: superar el bloqueo y estimular una industria local dinámica y competitiva.

Si Huawei y otras empresas locales logran cerrar la brecha tecnológica con sus homólogos estadounidenses, China podría convertirse no sólo en un mercado de consumo, sino también en un centro puntero de fabricación e innovación en inteligencia artificial.

El efecto dominó podría ser considerable. Surgirían empresas emergentes en torno a la oferta tecnológica china, se fortalecerían las alianzas regionales en Asia y los países que tradicionalmente dependen de Estados Unidos para sus necesidades de inteligencia artificial podrían considerar otras alternativas. Esta dinámica abre la puerta a un futuro en el que el dominio estadounidense sobre las tecnologías de vanguardia será cada vez menor y en el que muchos países van a poder recurrir a China para escapar de las presiones estadounidenses.

El caso iFlytek

iFlytek no es una empresa tan conocida como Huawei o Tiktok. Es una tecnológica china fundada en 1999, dedicada al procesamiento de voz y lenguaje, con aplicaciones en telecomunicaciones, educación, salud y automóviles.

En 2023 creó un modelo de lenguaje grande (LLM) llamado Spark para aplicaciones como traducción, transcripción y asistentes virtuales.

Ofrece aplicaciones informáticas de traducción inteligente, grabadoras de voz, cuadernos inteligentes (AINOTE Air 2) y plataformas de aprendizaje de idiomas. También proporciona sistemas de inteligencia artificial para ayuntamientos, bancos y grandes empresas.

Tiene servidores en Singapur, Dubai y Frankfurt y colabora con empresas como Huawei y China Mobile, su principal accionista.

En octubre de 2019 el Departamento de Comercio de Estados Unidos incluyó a la empresa en la lista negra. Las empresas estadounidenses no pueden realizar negocios con iFlytek sin una autorización especial de la Casa Blanca, lo que limita significativamente su capacidad para adquirir tecnología, chips o servicios de empresas de Estados Unidos.

Apple traslada una parte de sus centros de producción a India

Apple está trasladando una parte significativa de su producción de iPhones a India, principalmente para diversificar su cadena de suministro y mitigar el impacto de los aranceles impuestos por Estados Unidos a los productos fabricados en China.

La multinacional planea fabricar la mayoría de los iPhones destinados al mercado estadounidense en India para finales de 2026, con el objetivo de producir más de 60 millones de unidades al año en aquel país. Actualmente, India representa alrededor del 20 por cien de la producción mundial de iPhones, con un valor de 22.000 millones de de dólares anuales, lo que refleja un aumento del 60 por cien respecto al año anterior.

Sin embargo, China sigue siendo el núcleo de la cadena de suministro de Apple, ya que aproximadamente el 90 por cien de los iPhones y más del 50 por cien de otras mercancías como iPads y Macs se ensamblan allí.

La transición a India se centra principalmente en el ensamblaje final, pero Apple aún depende en gran medida de proveedores chinos para componentes, y mover toda la cadena de suministro podría tomar años. Según Bloomberg, trasladar solo el 10 por cien de la producción de China podría llevar hasta ocho años.

India se ha convertido en una alternativa debido a las subvenciones públicas, una fuerza laboral cualificada y una infraestructura en crecimiento, aunque los costos de fabricación en India son entre un 5 y un 10 por cien más altos que en China.

Además, Apple ha creado un corredor en el aeropuerto de Chennai para acelerar los envíos y ha aumentado la producción en fábricas de proveedores como Foxconn y Tata, que ya operan tres plantas en India, con dos más en construcción.

En las últimas semanas Estados Unidos ha llegado a imponer aranceles del 145 por cien a las mercancías chinas. Aunque luego se han rebajado al 20 por cien en el caso de los móviles, los ataques han obligado a Apple a tomar precauciones diversificando sus centros de producción.

Inicialmente, Estados Unidos fijó en India unos aranceles del 26 por cien, que se suspendieron y se redujeron al 10 por cien, igual que para todos los demás países, excepto China. El gobierno indio espera concluir un acuerdo comercial con Washington para reducir al máximo los recargos aduaneros. Para ello esta semana el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, ha viajado a India.

Trump retrocede y reducirá los aranceles a China

Estados Unidos reducirá el porcentaje de aranceles a China, pero no serán cero, anunció Trump el 22 de abril. “El 145 por ciento (el total actual de aranceles estadounidenses sobre productos procedentes de China) es mucho, no serán tan altos”, dijo el presidente estadounidense durante una conversación con periodistas en la Casa Blanca.

“El 145 por cien es muy elevado, y no será tan alto ni de lejos”, declaró a la prensa en la Casa Blanca. “La tasa bajará considerablemente, pero no será cero”, añadió.

Además, Trump agregó que las consecuencias económicas de los aranceles impuestos por Estados Unidos se sentirán en el país durante algún tiempo. “Nos va bastante bien. He visto subir la bolsa, pero este es un período de transición que durará un tiempo, pero las cosas van bien en todo el país”, dijo Trump.

Ese mismo día, la portavoz de la Casa Blanca, Caroline Leavitt, dijo que Estados Unidos ya había recibido 18 propuestas comerciales desde que se introdujeron los aranceles. Según ella, la Casa Blanca tiene previstas negociaciones con otros 34 países esta semana.

Durante una visita a la India, el vicepresidente J.D. Vance dijo que Washington estaba buscando socios comerciales que compartan principios de equidad e intereses nacionales. Trump está buscando restablecer el equilibrio en el comercio mundial, dijo.

La reestructuración del orden económico mundial

La política económica escenificada por Trump, ni se le puede atribuir personalmente, ni está dirigida exclusivamente a Estados Unidos. Como ya hemos expuesto en una entrada anterior, se discutió a finales del año pasado en la mansión privada de Trump en Palm Beach, Florida, con un reducido elenco de países “socios” que, a la vez, son también adversarios.

El hecho de que Estados Unidos haya tenido que discutir su política económica con las mayores potencias económicas del mundo es relevante porque indica el declive de su hegemonía, ya escenificado en 1985, cuando tuvo que negociar el Acuerdo del Plaza con esos “socios” y, a la vez, adversarios. El principio que se impuso entonces es que Estados Unidos no puede resolver por sí mismo sus problemas, es decir, que los problemas económicos de Estados Unidos son los del mundo o, dicho de otra manera, corresponde al mundo resolver los problemas económicos internos de Estados Unidos.

Obviamente, hay que aclarar que “el mundo” al que nos referimos no es tal, sino el pequeño elenco de países “socios” y, a la vez, adversarios (que no siempre es el mismo).

También hay que aclarar que los problemas de Estados Unidos son los del mundo porque desde 1945 el comercio internacional se paga en dólares, es decir, con una moneda local.

Cuatro décadas después el planteamiento es idéntico: Estados Unidos ha quebrado, no puede pagar sus gigantescas deudas, necesita el dinero de otros países para financiar el rescate y se discute la parte que le corresponde pagar a cada uno. No se trata de saber quién se beneficia más sino quién se perjudica menos, no sólo en términos absolutos, sino también relativos, es decir, en relación con los demás.

Sin embargo, cuatro décadas después del Acuerdo del Plaza, el rescate es más complicado de pagar porque, además del pequeño círculo de países de entonces, hay nuevos protagonistas, como China, uno de sus principales acreedores, que no están dispuestos a pagar las deudas de Estados Unidos.

Por eso con China el acuerdo no es posible y con ella van a tener que recurrir a los métodos tradicionales de las grandes potencias imperialistas: las presiones, el chantaje y la fuerza.

El nuevo plan es obra de Stephen Miran, que dirige el equipo de asesores económicos de la Casa Blanca, y su objetivo inmediato es reestructurar el orden económico mundial y disimular la quiebra de Estados Unidos, dos objetivos que no se pueden separar uno de otro. No se trata, como pretende El Mundo, de “la dominación económica mundial” (1), sino de salvar lo que queda de ella.

En noviembre del año pasado Miran publicó un ensayo titulado “Guía del usuario para la reestructuración del sistema de comercio mundial”, que es un título engañoso porque no gira en torno al comercio mundial sino  al dólar y a los problemas económicos internos de Estados Unidos. El tópico de que un dólar sobrevalorado perjudica a la industria estadounidense y aumenta el déficit comercial (2).

Es un planteamiento muy simplista porque la cotización del dólar se valora “ex post”. Se considera elevada si el déficit aumenta y baja cuando se reduce. A pesar de que en 1985 el Acuerdo del Plaza devaluó el dólar cerca de un 50 por cien en dos años, con el tiempo el déficit comercial siguió creciendo. Desde entonces se ha multiplicado por ocho porque su causa no es la cotización del dólar sino el declive industrial, el parasitismo de Estados Unidos y el papel de su divisa como moneda de reserva mundial.

Es imposible que la nueva política económica de Trump salga adelante sin fuertes presiones políticas, que no sólo van dirigidas contra China. Por ejemplo, es evidente que el abandono de Europa, de la OTAN y de los demás “socios” que tiene repartidos por el mundo es un instrumento de presión para le “besen el culo”, lo cual es otro punto de inflexión importante: antes Estados Unidos estaba interesado en instalar bases militares en otros países; ahora son éstos los que quieren que las tropas estadounidenses se instale en su suelo.

La pregunta es si están dispuestos a pagar por ello, o quizá mejor, cuánto están dispuestos a pagar. Por ejemplo, ¿cuánto dinero dinero está dipuesto a pagar el gobierno español por ceder la base naval de Rota a la Marina de Estados Unidos? Aún más importante: ¿España debe pagar o debe cobrar por la cesión de la base?

(1) https://www.elmundo.es/internacional/2025/04/03/67eee00ce85ecec5098b4599.html
(2) https://www.hudsonbaycapital.com/documents/FG/hudsonbay/research/638199_A_Users_Guide_to_Restructuring_the_Global_Trading_System.pdf

La irresistible superioridad del ‘todo a 100’

Recientemente un tendero chino publicó un vídeo en TikTok sobre las mercancías que vende y las razones de su superioridad comercial sobre las grandes distribuidoras del mundo, incluida Amazon.

El tendero lo explica en inglés para que el resto del mundo acabe de entender, de una vez por todas, la verdadera naturaleza del éxito del capitalismo chino, que consiste en no poner puertas al campo, o sea, aranceles, barreras y sanciones.

El mercader de la Nueva Ruta de la Seda, que parece regresar de una historia milenaria, recurre al ejemplo más característico, la industria del lujo, porque la mayor parte de las veces las mercancías “todo a 100” se asocian a la mala calidad y la policía municipal persigue a los manteros que venden imitaciones, que veces califican de “falsificaciones”, es decir, de cometer un delito.

En un mercado el único fraude es comprar una marca de lujo en una tienda de lujo porque casi todas las mercancías, sean de lujo o no, se fabrican en China en los mismos talleres. El primer turno fabrica las mercancías con la marca exigida para la exportación y el segundo fabrica lo mismo con la imitación. Lo que cambia es el precio: el mantero te vende cien veces más barato exactamente lo mismo que en una tienda de lujo.

La única diferencia es que el capitalismo y su inundación publicitaria ha lavado el cerebro de los occidentales, que quieren pagar más por un logo, haciendo ostentación pública de su nivel adquisitivo. El comprador hace el ridículo cuando alardea de que calza unas Nike que le han costado una fortuna.

Las marcas de lujo que creían haber encontrado Eldorado, han caído en la trampa. No pueden enfrentarse a China, que puede vender exactamente lo mismo por precios irrisorios, incluida el logo

Durante décadas, los que han vendido una mentira no son los manteros sino las marcas de lujo. Asociaron su sello a la artesanía, el prestigio, el refinamiento y la calidad. En realidad, lo que vendían era un logo asociado a un engaño.

La fábrica de Louis Vuitton en Texas desperdicia el 40 por cien del cuero y los trabajadores enmascaran los defectos de fabricación con el pegamento caliente.

Ahora hasta el más modesto tendero chino te descubre todos los secretos: muestra la fábrica que elabora las mercancías, las de lujo y las otras, explica el coste de producción y te lo vende directamente, sin intermediarios, eludiendo impuestos y aranceles.

La política monetaria como instrumento de guerra económica

Mientras los “expertos” parecen concentrarse exclusivamente en los aranceles, el yuan cae hasta alcanzar su nivel más bajo en 20 años frente al dólar. No es una señal de pérdida de control por parte de Pekín sino una maniobra calculada.

La política monetaria del banco central chino forma parte de la guerra económica en ciernes. La caída del yuan persigue dos objetivos. Primero, logra que las exportaciones sean más baratas para mitigar el impacto de los aranceles estadounidenses. Segundo, protege sus reservas en dólares del rápido agotamiento y presiona sobre los mercados emergentes y la financiación en dólares mundiales.

Además de implementar su propia política monetaria, China empieza a forzar la de la Reserva Federal, obligada a defender el dólar y arriesgarse a romper los mercados de crédito, o bajar los tipos de interés y desatar una nueva ola de inflación.

Pero el problema de Estados Unidos no está China. Sus problemas son propios, internos, y no son sólo de déficit comercial, ni de inflación, ni de reindustrialización, sino de deuda o, mejor dicho, de quiebra, por lo que en la otra orilla del Atlántico cada vez se habla más de canjearla por un bono a cien años, es decir, una mora en el pago que sería una confesión clara de insolvencia.

Con más de 9 billones de dólares en deuda que vence en los próximos 12 meses, el Tesoro de Estados Unidos explora la mejor manera de alargar artificialmente el pago sin desatar el pánico.

El bono a cien años no soluciona los problemas internos de la economía estadounidense sino que los retrasa. Crearía la ilusión de que gozan de un equilibrio presupuestario.

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