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El declive de Estados Unidos arrastra al dólar y detrás va Swift

Controlar el sistema financiero mundial siempre fue una piedra angular de la política exterior estadounidense. Por eso Washington impone su dictado a la Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales (Swift), un servicio financiero que antes vestían como una plataforma neutral, pero que cada vez se utiliza más abiertamente para que los países occidentales impongan el bloqueo económico.

Trump amenazó con sanciones económicas a los países que abandonaran el dólar, pero sus primeros cien días en el cargo han visto la mayor caída de la moneda desde los tiempos de Nixon. El momento ha coincidido con un cambio que ya estaba en marcha: los esfuerzos de muchos países por reducir su dependencia de la infraestructura financiera controlada por Estados Unidos.

Hoy en día, una creciente coalición de países —algunos sancionados, otros simplemente cautelosos— se está alejando del dólar estadounidense y de la red Swift hacia nuevos sistemas financieros que prometen operar fuera del alcance de Washington.

Swift no es un banco ni un proveedor de servicios de pago, sino una plataforma de intercambio que permite a las instituciones financieras transmitir instrucciones sobre transacciones seguras a través de las fronteras. Su principal atractivo radica en su velocidad, cifrado, estandarización y aceptación casi universal. Los bancos de diferentes países, que operan en diferentes idiomas y monedas, siempre han confiado en este sistema para realizar sus operaciones.

La imagen quedó empañada en 2006 cuando se reveló que Swift había transmitido en secreto datos de transacciones a la CIA y al Tesoro de Estados Unidos como parte del Programa de Seguimiento del Financiamiento del Terrorismo (TFTP). Esta vigilancia no ha cesado y ahora es la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) la que vigila las transacciones Swift.

En 2012 la United Against Nuclear Iran (UANI) presionó a Swift para que cortara lazos con Teherán, acusándolo de violar las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea. Swift cumplió rápidamente y luego llegaron otros países: Corea del norte en 2017 y Rusia en 2022.

El mensaje fue claro: Swift no es neutral sino un instrumento de guerra económica.

Empiezan a surgir alternativas

Después de que Occidente amenazara con cortar la conexión tras la anexión de Crimea en 2014, Rusia desarrolló su propia plataforma: el Sistema de Transferencia de Mensajes Financieros (SPFS), que se lanzó en 2017. Hoy, el SPFS reúne a 177 instituciones extranjeras de 25 países.

Irán, que comenzó a integrar sistemas de comunicación y transferencia interbancaria con Rusia en 2023, trabaja en su propia infraestructura de intercambios financieros, conocida como Gestión Automatizada de Divisas e Informes de Cambio (ACUMER).

China lanzó el Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo (CIPS) en 2015. Si bien continúa utilizando Swift para muchas transacciones, CIPS tiene su propia plataforma, lo que permite un comercio fluido con Rusia y otros socios.

Actualmente, casi 4.800 bancos participan en CIPS, aproximadamente la mitad del número total de Swift, aunque el sistema tiene menos de una década de antigüedad.

Reconociendo la necesidad de una alternativa transfronteriza unificada, en 2018 el bloque Brics comenzó a desarrollar “Brics Pay”. Con un despegue económico que supera al del G7, los países Brics representan más de un tercio de la economía mundial. Brics Pay comenzó a realizar pagos piloto en 2019 y recibió pleno apoyo chino en octubre del año pasado. El proyecto todavía está en la fase piloto, pero su escala potencial lo convierte en el rival más serio de Swift hasta el momento.

El abandono del dólar no será rápido

Pero el abandono de Swift ya no se limita a los adversarios de Estados Unidos. En 2022 la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), un bloque de diez estados políticamente alineados con Estados Unidos, con una población de 600 millones, lanzó la iniciativa de Conectividad de Pagos Regionales (RPC). Utiliza sistemas de pago nacionales en tiempo real, como PayNow de Singapur y PromptPay de Tailandia, para permitir transferencias directas sin necesidad de recurrir a Swift.

Anteriormente, las transacciones transfronterizas entre los países de la ASEAN requerían la conversión hacia y desde el dólar estadounidense. Por ejemplo, los dólares de Singapur se convertían primero en dólares estadounidenses y luego en pesos filipinos. Con RPC se evitan dichas conversiones, lo que reduce los costos y aumenta la eficacia.

Ese mismo año, la Unión Africana puso en marcha el Sistema Panafricano de Pagos y Liquidaciones (PAPSS), que también prescinde del Swift y del paso intermedio del dólar.

Esta revolución silenciosa entre los socios de Washington señala un cambio más profundo: incluso los aliados se muestran cautelosos ante el control de Estados Unidos sobre Swift.

El monopolio se desmorona

A pesar de esta tendencia, Swift no desaparecerá de la noche a la mañana. Muchas instituciones lo utilizan junto con otras alternativas para maximizar el acceso al mercado. Pero la difusión de los nuevos sistemas de intercambio está dando a los países la oportunidad de apuntalar su independencia económica por primera vez.

En 2012 Irán todavía tenía que recurrir al trueque y al contrabando de oro para eludir las sanciones. Hoy en día, puede comerciar con China a través del CIPS y con Rusia a través del SPFS. Con cada nueva plataforma, la prohibición de Swift pierde su efectividad.

La verdadera fuerza de Swift reside en que todo el mundo lo utiliza. Por eso cualquier alternativa lo debilita. En cambio, el CIPS de China carece de antecedentes de sanciones de alto perfil, lo que lo convierte en un refugio más atractivo para los estados que buscan estabilidad financiera.

El control del dólar se está aflojando

La caída de Swift va de la mano del debilitamiento de la influencia del dólar que, a su vez, es consecuencia de la debilidad económica y política de Estados Unidos.

China y Arabia Saudita están explorando el comercio basado en yuanes, un cambio que habría sido impensable en la era del dominio del dólar.

Por supuesto, el dominio estadounidense en la esfera financiera no desaparecerá de la noche a la mañana. Pero el rápido ascenso de los sistemas paralelos de intercambio muestra que las potencias mundiales –tanto adversarios como aliados– están buscando formas de escapar de la órbita financiera de Occidente.

El contrato sobre las materias primas entre Ucrania y Estados Unidos: ¿quién engaña a quién?

El contrato sobre las materias primas entre Ucrania y Estados Unidos, basado en un fondo de inversiones, recuerda al llamado “fondo de desarrollo” irakí, creado por los imperialistas y firmado por el gobierno títere impuesto en Bagdad inmediatamente después del final de la invasión de 2003.

El “fondo” irakí era idéntico al ucraniano: las materias primas a disposición de un Estado soberano se transferían a un organismo privado y se adjudican a empresarios que realizan proyectos de infraestructura para la reconstrucción del país después de la guerra.

En Irak se adjudicaron enormes sumas del fondo a contratistas fantasmas, sin concurso previo, para proyectos inexistentes o que nunca se acabaron. El Tribunal de Cuentas de Estados Unidos destapó que se habían esfumado unos 18.000 millones de dólares del fondo, lisa y llanamente. Nadie fue castigado por el desfalco. Muchos proyectos que sólo existían en el papel permanecieron en los balances contables del fondo.

En Ucrania, el acuerdo sobre la explotación de los recursos es mucho más descarado aún. Está redactado para defender los intereses de Estados Unidos y reducir su dependencia de China en materia de minerales estratégicos.

Según el Washington Post, el acuerdo sobre tierras raras firmado entre Estados Unidos y Ucrania a finales del pasado mes de abril tenía como objetivo ofrecer a Washington una compensación por sus gastos militares y financieros por el apoyo prestado al ejército ucraniano (*). Ahora parece que eso no va a ser así y que lo que se pagan son gastos futuros para la reconstrucción económica de posguerra.

El principio es simple: los beneficios de la explotación de los minerales estratégicos ucranianos, como el titanio, el litio y el grafito, sirven de compensación. El plan de Trump evoca también cientos de miles de millones de dólares en tierras raras. Sin embargo, según el periódico estadounidense, “Ucrania no produce actualmente tierras raras y probablemente no las producirá en un futuro próximo”.

Unas veces parece que el contrato consagra el saqueo de las riquezas naturales de Ucrania, pero otras la impresión es que a Estados Unidos le venden humo. Quizá por eso no hay dinero por medio sino sólo buenas intenciones.

Los desafíos técnicos y económicos hacen muy improbable la implementación del contrato. Como explicamos en una entrada anterior, todos los mapas geológicos disponibles datan de la era soviética y no se han realizado trabajos de prospección modernos durante más de 35 años. Según el Washington Post, las grandes empresas mineras no quieren invertir en un país en guerra donde la infraestructura está destruida. Ashley Zumwalt-Forbes, antigua funcionaria del Departamento de Energía de Estados Unidos, resume: “Ya tenemos dificultades para recaudar fondos para explorar en Estados Unidos, Canadá o Australia. Imaginen la dificultad en Ucrania”.

El yacimiento de litio más prometedor ya no está en Ucrania, sino en Rusia, lo que hace que cualquier explotación sea ilusoria.

Incluso si se extrajeran las materias primas, su procesamiento seguiría siendo un problema importante, dice el Washington Post. “Requiere una infraestructura pesada que actualmente no existe”. El contrato no prevé ninguna planta de procesamiento.

A pesar de la intoxicación mediática en torno al contrato, el panorama es sombrío. No se podrán explotar recursos estratégicos a corto o medio plazo, no se fortalecerá ninguna cadena de suministro y no parece probable ningún retorno de la inversión.

(*) https://www.washingtonpost.com/climate-environment/2025/05/03/ukraine-minerals-metals-rare-earths

Estados Unidos amenaza a Ryanair para impedir que compre aviones chinos

Estados Unidos ha impuesto aranceles de hasta el 145 por cien a productos chinos, afectando desde bienes de consumo hasta equipos tecnológicos y médicos. Si bien algunas mercancías, como los móviles, han escapado a los incrementos, otras medidas, como la eliminación del umbral de exención de 800 dólares para paquetes pequeños, apuntaron directamente a plataformas chinas de distribución, como Shein y Temu.

Los aliados de Estados Unidos tampoco se han salvado. Desde marzo, también se aplican aranceles del 25 por cien al ​​acero, al aluminio, a los automóviles y a los repuestos en Canadá, la Unión Europea, México y Australia. A esta medida se añadió un recargo del 10 por cien a la mayoría de las importaciones, afectando directamente a las cadenas de suministro mundiales.

En medio de esta guerra económica, Ryanair ha considerado públicamente cambiar de proveedor para sus futuros aviones, planteando la posibilidad de recurrir a COMAC, el fabricante chino del C919. La aerolínea irlandesa de bajo coste ha condicionado la continuación de su enorme pedido de 330 aviones Boeing 737 Max, estimado en 30.000 millones de dólares, a la estabilidad de precios, que se ha visto afectada por las políticas aduaneras estadounidenses. COMAC, cuyo avión insignia entró en servicio en China en 2023, sigue excluida de los mercados europeo y norteamericano.

La declaración de Ryanair provocó una rápida reacción en Washington. El congresista Raja Krishnamurthi envió una amenaza clara al director de la aerolínea, Michael O’Leary, con la misma cantinela de siempre: COMAC tiene vínculos con el ejército chino y el diseño del C919 se basa en la transferencia ilegal de tecnología occidental. Krishnamurthi llamó a las aerolíneas occidentales a no hacer negocios con fabricantes vinculados a “estructuras militares extranjeras”, considerando que tales relaciones son contrarias a la seguridad y los intereses económicos de sus respectivos países.

En el mundo hay que mirar con lupa a las empresas que fabrican aviones para comprobar si existe alguna que no tenga vínculos con sus respectivos ejércitos.

Mientras COMAC intenta establecerse como una alternativa a los monopolios Airbus y Boeing, la falta de certificación de sus aviones fuera del mercado chino sigue siendo un obstáculo importante. Ninguna aerolínea occidental ha realizado pedidos, lo que refuerza la idea de que la integración del fabricante chino en la aviación comercial mundial sigue siendo limitada.

Las declaraciones estadounidenses contra Ryanair ponen de relieve las presiones políticas que pesan sobre las decisiones industriales en Europa, en un momento de guerra comercial. El enfrentamiento entre Washington y Pekín va ahora más allá de las consideraciones económicas y afecta incluso a las cadenas de producción del transporte aéreo. Para las aerolíneas europeas como Ryanair, esto podría complicar las perspectivas de diversificación.

Ante el nuevo bloqueo estadounidense a la COMAC, Pekín podría responder en varios frentes. Podría tratar de fortalecer la posición de COMAC apoyando activamente el desarrollo de sus exportaciones a países que no aceptan las restricciones occidentales, particularmente en el mundo árabe, África o América Latina.

China se pone a la cabeza de la producción de energía nuclear

China tiene actualmente 102 reactores nucleares en funcionamiento, en construcción o aprobados para su construcción, con una capacidad instalada combinada de 113 millones de kilovatios, según un informe publicado ayer por la Asociación de Energía Nuclear de China.

Es la primera vez que la capacidad general de generación de energía nuclear de China encabeza la clasificación mundial, según el informe. Los planes nucleares están a cargo de tres empresas estatales: China General Nuclear Power (CGN), China National Nuclear (CNNC) y State Power Investment.

Hasta el momento, China tiene 28 reactores nucleares en construcción, con una capacidad instalada total de 34 millones de kilovatios, lo que la convierte en la central eléctrica más grande del mundo durante 18 años consecutivos. Además, el país cuenta con 58 reactores nucleares comerciales operativos con una capacidad instalada total de 61 millones de kilovatios.

La industria de energía nuclear de China está en camino de convertirse en la primera del mundo en capacidad de energía nuclear operativa para 2030. Si China mantiene el ritmo, en 2040 su parque nuclear podría rozar los 200 gigavatios, lo que equivaldría a cerca del 10 por cien de toda la producción energética local.

China está invirtiendo fuertemente en tecnología nuclear, incluyendo reactores de tercera y cuarta generación, como los Hualong One y proyectos de refrigeración por sales fundidas. Lo mismo que Rusia, busca posicionarse como exportador de tecnología nuclear.

—https://m.thepaper.cn/newsDetail_forward_30730887

El negociador japonés viaja de Tokio a Washington y siempre vuelve con las manos vacías

La guerra económica le puede costar cara a Japón, la cuarta economía más grande del mundo. Estados Unidos no cede. El negociador japonés viaja de de Tokio a Washington y siempre vuelve con las manos vacías.

Desde principios de abril Japón ha sido una de las víctimas predilectas de la subida de los aranceles estadounidenses del carbono y el acero al 25 por cien. El año pasado el automóvil representó alrededor del 28 por cien de las exportaciones de Japón a Estados Unidos.

En Tokio se han cansado de besarle el culo a Trump y también comienzan a presionar: o aranceles o deuda. El viernes el ministro de Finanzas japonés, Katsunobu Kato, al poner encima de la mesa los más de un billón de dólares en bonos del Tesoro estadounidense. Amenazan con utilizarlos como baza en la guerra económica.

Lo dijo en términos diplomáticos y con paciencia típicamente oriental, pero está muy claro: Japón ya no se contenta con ser un aliado financiero pasivo. Se está preparando para aprovechar su posición financiera para contrarrestar la creciente presión de Estados Unidos.

En Washington saben que no es un farol sino una señal en la correlación de fuerzas internacionales, que ha llegado a las divisas (como en 1945). En el fondo, se trata de que Japón reafirme su posición en un momento en que el dominio monetario de Estados Unidos se ve cada vez más cuestionado.

Hasta ahora Japón y China, lo mismo que los países del Golfo Pérsico, han reciclado sus superávits comerciales en bonos del Tesoro estadounidense para apuntalar el dólar, por diferentes motivos, que ahora ya no existen porque Estados Unidos ha acabado con ellos.

Ahora hasta la televisión habla de “guerra económica”, un orden económico militarizado donde los aranceles sólo son la guinda del pastel, junto al bloqueo económico, las sanciones, el control de los estrechos marítimos o la ruptura de las cadenas de suministros. Ya no se pueden justificar con el pretexto de la Guerra de Ucrania.

El dólar ya no es Gran Reserva ni un vino cosecha de 1945

El dólar quema en las manos. Hace unos días Warren Buffett dijo que Estados Unidos se enfrenta a fluctuaciones internacionales tan inciertas que necesita crear grandes cantidades de reservas en divisas distintas del dólar.

Desde 1945 el dólar nunca se ha visto tan cuestionado, sobre todo por los principales espadas del mundo, como Japón, que es el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro del mundo.

Los mercados apestan a inestabilidad. El oro ha subido un 30 por cien en lo que va de año y está en alturas impensables hace muy pocos meses. La confianza en la neutralidad del dólar como medio de atesoramiento se debilita, lo que impulsa a más países a buscar otras formas de pago, como expusimos ayer.

Pero la deuda de Estados Unidos es una trampa. Si Japón vendiera grandes cantidades de bonos del Tesoro, dañaría su propia cartera y correría el riesgo de ser culpado por una crisis en el mercado mundial.

Al mismo tiempo, la economía japonesa sigue ligada a la arquitectura de defensa y a los flujos tecnológicos de Estados Unidos.

Los paralelos históricos son claros. Como ya expusimos, a mediados de los ochenta presionaron a Japón para que revaluara el yen y redujera su superávit comercial, lo que desencadenó décadas de estancamiento.

Con el cambio de siglo, China utilizó amenazas similares del Tesoro para contraatacar la política arancelaria estadounidense.

Hoy Japón está dando señales de que para ellos la era del dólar ha terminado. No puede dejarse presionar otra vez. Las reservas en bonos del Tesoro ya no son pasivas; son armas de guerra económica que se han vuelto contra el emisor.

El Banco de Japón no baja los tipos de interés

A pesar de la persistente inflación, el Banco de Japón no ha subido los tipos de interés, que están en el 0,5 por cien, porque las previsiones de crecimiento económico se han redicido a la mitad: del 1,1 al 0,5 por cien.

Con el fin de contrarrestar el retorno de la inflación en Japón en los últimos dos años y medio, en marzo el Banco Central subió sus tipos después de diez años de una política monetaria muy laxa, donde se habían mantenido prácticamente nulos. Los recogió dos veces el año pasado, y de nuevo en enero.

Los precios al consumidor en Japón (excluyendo los productos frescos) se aceleraron aún más, hasta el 3,2 por cien en marzo, con un récord de casi el 100 por cien de los precios del arroz.

El petroyuan ha nacido en medio del bloqueo estadounidense

El mes pasado la empresa china ENN Natural Gas firmó un acuerdo de suministro de gas licuado por 15 años con ADNOC (Abu Dhabi National Oil Company), el mayor acuerdo de este tipo entre China y Emiratos Árabes Unidos.

Aunque no se dice expresamente, el pago se hará en yuanes. Otras empresas públicas chinas como CNOOC y Zhenhua también han cerrado acuerdos para el suministro de gas licuado con Emiratos Árabes Unidos, algunos de los cuales se liquidan en yuanes.

China está promoviendo el uso del yuan en el comercio de energía con países del Golfo, dentro de su estrategia para internacionalizar su divisa y desafiar el dominio del dólar. En marzo la empresa petrolera nacional de China, CNOOC, y la francesa TotalEnergies liquidaron una operación de 65.000 toneladas de gas licuado en yuanes por primera vez.

El intercambio se realizó a través de la Bolsa de Petróleo y Gas Natural de Shanghai. Aunque hay quien dice que la empresa francesa recurrió al yuan debido a la escasez de suministros de gas ruso al continente europeo, parece ser que hay otra explicación: ya han empezado a formar reservas en la moneda china.

El presidente de la Bolsa de Petróleo y Gas Natural de Shanghai, Guo Xu, dice que el acuerdo es un intento de promover la fijación de precios en múltiples monedas. La influencia de Estados Unidos en la economía mundial está retrocediendo, lo que representa una oportunidad para las monedas de las potencias regionales y los sistemas de pago alternativos.

China protege su seguridad energética y para ello diversifica a sus vendedores y firma contratos a largo plazo. A partir del año que viene Emiratos suministrará un millón de toneladas de gas anuales.

Por su parte, los países del Golfo perciben un cambio en la correlación de fuerzas internacionales y tienen que ampliar sus alianzas, lo que se puede hacer extensivo a Arabia Saudí y al petróleo.

Los saudíes están cambiado de política económica porque ya no son tan dependientes del crudo y se pueden permitir sacarlo al mercado en grandes cantidades, aunque caigan los precios. Recientemente en una sola jornada el crudo WTI perdió casi un 4 por cien.

Por presiones de Estados Unidos, durante mucho tiempo los saudíes defendieron la estabilidad del mercado mundial del petróleo a través de la OPEP, como en 2016, a costa de grandes sacrificios por su parte. Hoy, por el contrario, Riad es el principal elemento de incertidumbre.

En la próxima reunión de la OPEP, Arabia Saudí exigirá que se abran los grifos y que aumente la producción de crudo. Ellos pueden permitirse varios años de precios bajos, pero sus socios lo van a pasar mal. Por ejemplo, Estados Unidos. Los precios bajos pueden hundir a las empresas que explotan el gas de esquisto.

La subida de los aranceles puede dar la puntilla a los agricultores estadounidenses

Hasta su reciente desmantelamiento, la Usaid siempre fue un importante apoyo para las explotaciones agrícolas de Estados Unidos. Cada año paliaba las crisis de superproducción agraria comprando excedentes por valor de dos mil millones de dólares, lo que ayudaba a estabilizar el mercado interior y los precios.

Luego esos excedentes se llevaban a los mercados internacionales disfrazados de caridad y “ayuda” a los países pobres.

Hoy ese apoyo ha desaparecido. El gobierno ha recortado más de mil millones de dólares en subsidios y presiona a los empresarios agrícolas. La congelación de los subsidios ni es nueva, ni es obra de Trump. Como otras muchas medidas, deriva de las leyes aprobadas por Biden.

Una de las consecuencias de ello ha sido la volatilidad de los precios, sobre todo de la soja y el maíz, pilares de la agricultura estadounidense, que han caído aproximadamente un 40 por cien desde 2022, lo que agrava aún más la situación de los empresarios agrícolas, presionados por el aumento de los costos y los impuestos, y la reducción de los ingresos.

Las explotaciones agrícolas están dejado de ser rentables y muchos pequeños empresarios, que esperaban que las políticas económicas de Trump los sacara de la crisis, se encuentran ahora al borde de la quiebra.

La viabilidad de muchas explotaciones agrícolas dependía de la capacidad de Estados Unidos para exportar sus productos a precios competitivos, lo que es imposible si siguen aumentando los aranceles, incluso los que recaen sobre el acero, el aluminio y otras materias primas.

Estas subidas han incrementado los costos de producción para los agricultores porque el acero y el aluminio son esenciales para maquinaria agrícola, y el aumento de sus precios encarece los equipos y las reparaciones.

Como es obvio, las subidas arancelarias no afectan sólo a otros países, ni protegen a los empresarios locales.

China va ganando la partida

Algunos países, especialmente China, han respondido al aumento de los aranceles con la misma moneda, elevando los aranceles hasta un 265 por cien en algunos casos, a los productos agrarios estadounidenses, como la soja.

China es un mercado crítico para las exportaciones agrícolas estadounidenses, y estas restricciones han reducido significativamente la demanda agrícola, afectando a los ingresos de los empresarios agrícolas.

México y Canadá, socios comerciales importantes en el T-MEC, también han implementado aranceles de represalia, lo que podría limitar aún más los mercados de exportación para los agricultores estadounidenses.

Los fertilizantes, como la potasa, de la que Canadá suministra el 80 por cien a Estados Unidos, también se han visto afectados por la subida de los aranceles, lo que eleva los costos operativos de las explotaciones.

Los aranceles han contribuido a un aumento generalizado de precios, tanto de productos agrícolas como de bienes de consumo. Esto ya ha reducido la demanda interna de productos agrícolas porque la cesta de la compra está aumentando.

El Laboratorio de Presupuesto de Yale estima que la subida de los aranceles costará a los estadounidenses un promedio de 4.000 dólares al año, lo que está reduciendo el poder adquisitivo de los salarios.

El descontento entre los agricultores aumenta. Algunos reconocen que están al borde de la quiebra debido a la combinación de menores exportaciones, mayores costos y precios volátiles.

Las lecciones del primer mandato

Durante el primer mandato de Trump (2017-2021), los aranceles a China ya provocaron represalias que afectaron a los agricultores estadounidenses, especialmente a los productores de soja. El gobierno tuvo que implementar subsidios para mitigar las pérdidas, pero muchos agricultores enfrentaron dificultades financieras. La situación actual parece una continuación de aquel patrón, pero con aranceles aún más elevados.

Como es natural, no todas las explotaciones agrarias se están viendo afectadas por igual. Las grandes empresas con capaces de absorber mejor los costos que las pequeñas, que tienen menos margen para soportar las pérdidas.

El PIB de Estados Unidos ha caído en este primer trimestre

La economía de Estados Unidos está dando un paso atrás y ha experimentado una caída importante del PIB en el primer trimestre. La actividad disminuyó desde la llegada de Trump a la Casa Blanca.

El PIB cayó un 0,3 por cien en el primer trimestre debido a un repunte de las importaciones, lo que supone un descenso del 0,1 por cien respecto al trimestre anterior. El resultado está muy por debajo de las expectativas.

Una reducción del PIB es muy rara en Estados Unidos. En la última década sólo ha ocurrido tres veces: dos veces en 2020 durante la pandemia y en el primer trimestre de 2022, cuando la Fed declaró su primera subida en las tasas de interés para frenar la inflación.

Trump también se ha empeñado en una purga y en el recorte del gasto público, lo que ha impulsado aún más la caída de la demanda.

Las ‘zonas de influencia’ ya no son territorios sino tecnologías punteras

En la actualidad las “zonas de influencia” ya no son territorios sino tecnologías punteras. Estados Unidos está reforzando el bloqueo comercial para frenar el ascenso de China en sectores estratégicos y, a su vez, China responde invirtiendo masivamente en su propia capacidad de producción para reducir su dependencia. Entre esas “zonas de influencia” están los semiconductores y la inteligencia artificial.

Durante mucho tiempo Estados Unidos ocupó una posición dominante en esos sectores gracias a empresas como Nvidia y AMD. Ahora China acelera sus esfuerzos para desarrollar su propia tecnología, a pesar de los intentos de bloqueo.

Frente a las restricciones impuestas por Estados Unidos, Huawei ha optado por acelerar su autonomía en materia de chips dedicados a la inteligencia artificial. Privada del acceso a los productos Nvidia, la empresa china lanzó el 910C, un chip compuesto por dos 910B, capaz de alcanzar alrededor del 60 por cien del rendimiento de inferencia del H100 de Nvidia. Aunque aún está por debajo de los estándares estadounidenses más altos, es una clara ruptura con la dependencia tecnológica del pasado.

Este avance se produce en un contexto de fuerte demanda interna de equipos de inteligencia artificial y de unas empresas chinas a las que se les está cerrando el acceso a los mercados occidentales. Se espera que las primeras unidades del 910C se entreguen ya en mayo, mientras que un nuevo modelo, el 920B, ya se está preparando para finales de año. China intenta construir una infraestructura propia capaz de soportar el crecimiento de la inteligencia artificial sin recurrir a la tecnología estadounidense.

Empresas como iFlytek están aprovechando al máximo esta oportunidad. Apoyándose exclusivamente en procesadores Huawei, iFlytek afirma haber desarrollado su modelo Xinghuo X1, posicionado como equivalente a los modelos de referencia de OpenAI y DeepSeek. Hace unos años, los chips chinos representaban sólo el 20 por cien de la potencia de Nvidia; hoy alcanzarían el 80 por cien, un progreso rápido y asombroso.

El bloqueo estadounidense, impuesto para frenar el avance tecnológico chino, ha desencadenado todo lo contrario. Ha acelerado la investigación y el desarrollo local. La reciente decisión de exigir a Nvidia obtener una licencia para exportar su chip H20 a China, pese a que tenía prestaciones más reducidas que los últimos modelos estadounidenses, corre el riesgo de costarle a la empresa 5.500 millones de dólares en ingresos. La prohibición refuerza la necesidad de que las empresas chinas recurran a soluciones autóctonas.

El caso de iFlytek demuestra que China no sólo fabrica alternativas, sino que reconstruye un sector industrial completo capaz de soportar el entrenamiento de los grandes modelos de lenguaje (LLM) sin dependencias externas. La cooperación entre iFlytek y Huawei ilustra una estrategia mundial: superar el bloqueo y estimular una industria local dinámica y competitiva.

Si Huawei y otras empresas locales logran cerrar la brecha tecnológica con sus homólogos estadounidenses, China podría convertirse no sólo en un mercado de consumo, sino también en un centro puntero de fabricación e innovación en inteligencia artificial.

El efecto dominó podría ser considerable. Surgirían empresas emergentes en torno a la oferta tecnológica china, se fortalecerían las alianzas regionales en Asia y los países que tradicionalmente dependen de Estados Unidos para sus necesidades de inteligencia artificial podrían considerar otras alternativas. Esta dinámica abre la puerta a un futuro en el que el dominio estadounidense sobre las tecnologías de vanguardia será cada vez menor y en el que muchos países van a poder recurrir a China para escapar de las presiones estadounidenses.

El caso iFlytek

iFlytek no es una empresa tan conocida como Huawei o Tiktok. Es una tecnológica china fundada en 1999, dedicada al procesamiento de voz y lenguaje, con aplicaciones en telecomunicaciones, educación, salud y automóviles.

En 2023 creó un modelo de lenguaje grande (LLM) llamado Spark para aplicaciones como traducción, transcripción y asistentes virtuales.

Ofrece aplicaciones informáticas de traducción inteligente, grabadoras de voz, cuadernos inteligentes (AINOTE Air 2) y plataformas de aprendizaje de idiomas. También proporciona sistemas de inteligencia artificial para ayuntamientos, bancos y grandes empresas.

Tiene servidores en Singapur, Dubai y Frankfurt y colabora con empresas como Huawei y China Mobile, su principal accionista.

En octubre de 2019 el Departamento de Comercio de Estados Unidos incluyó a la empresa en la lista negra. Las empresas estadounidenses no pueden realizar negocios con iFlytek sin una autorización especial de la Casa Blanca, lo que limita significativamente su capacidad para adquirir tecnología, chips o servicios de empresas de Estados Unidos.

Apple traslada una parte de sus centros de producción a India

Apple está trasladando una parte significativa de su producción de iPhones a India, principalmente para diversificar su cadena de suministro y mitigar el impacto de los aranceles impuestos por Estados Unidos a los productos fabricados en China.

La multinacional planea fabricar la mayoría de los iPhones destinados al mercado estadounidense en India para finales de 2026, con el objetivo de producir más de 60 millones de unidades al año en aquel país. Actualmente, India representa alrededor del 20 por cien de la producción mundial de iPhones, con un valor de 22.000 millones de de dólares anuales, lo que refleja un aumento del 60 por cien respecto al año anterior.

Sin embargo, China sigue siendo el núcleo de la cadena de suministro de Apple, ya que aproximadamente el 90 por cien de los iPhones y más del 50 por cien de otras mercancías como iPads y Macs se ensamblan allí.

La transición a India se centra principalmente en el ensamblaje final, pero Apple aún depende en gran medida de proveedores chinos para componentes, y mover toda la cadena de suministro podría tomar años. Según Bloomberg, trasladar solo el 10 por cien de la producción de China podría llevar hasta ocho años.

India se ha convertido en una alternativa debido a las subvenciones públicas, una fuerza laboral cualificada y una infraestructura en crecimiento, aunque los costos de fabricación en India son entre un 5 y un 10 por cien más altos que en China.

Además, Apple ha creado un corredor en el aeropuerto de Chennai para acelerar los envíos y ha aumentado la producción en fábricas de proveedores como Foxconn y Tata, que ya operan tres plantas en India, con dos más en construcción.

En las últimas semanas Estados Unidos ha llegado a imponer aranceles del 145 por cien a las mercancías chinas. Aunque luego se han rebajado al 20 por cien en el caso de los móviles, los ataques han obligado a Apple a tomar precauciones diversificando sus centros de producción.

Inicialmente, Estados Unidos fijó en India unos aranceles del 26 por cien, que se suspendieron y se redujeron al 10 por cien, igual que para todos los demás países, excepto China. El gobierno indio espera concluir un acuerdo comercial con Washington para reducir al máximo los recargos aduaneros. Para ello esta semana el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, ha viajado a India.

Trump retrocede y reducirá los aranceles a China

Estados Unidos reducirá el porcentaje de aranceles a China, pero no serán cero, anunció Trump el 22 de abril. “El 145 por ciento (el total actual de aranceles estadounidenses sobre productos procedentes de China) es mucho, no serán tan altos”, dijo el presidente estadounidense durante una conversación con periodistas en la Casa Blanca.

“El 145 por cien es muy elevado, y no será tan alto ni de lejos”, declaró a la prensa en la Casa Blanca. “La tasa bajará considerablemente, pero no será cero”, añadió.

Además, Trump agregó que las consecuencias económicas de los aranceles impuestos por Estados Unidos se sentirán en el país durante algún tiempo. “Nos va bastante bien. He visto subir la bolsa, pero este es un período de transición que durará un tiempo, pero las cosas van bien en todo el país”, dijo Trump.

Ese mismo día, la portavoz de la Casa Blanca, Caroline Leavitt, dijo que Estados Unidos ya había recibido 18 propuestas comerciales desde que se introdujeron los aranceles. Según ella, la Casa Blanca tiene previstas negociaciones con otros 34 países esta semana.

Durante una visita a la India, el vicepresidente J.D. Vance dijo que Washington estaba buscando socios comerciales que compartan principios de equidad e intereses nacionales. Trump está buscando restablecer el equilibrio en el comercio mundial, dijo.

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