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Categoría: Ecología (página 29 de 30)

El hielo de Groenlandia no se derrite ni con cinco grados más de temperatura

El vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, ha sido otro de los grandes impulsores de ciertas corrientes seudoecologistas. En 2006 difundió el documental “Una verdad incómoda” que dio la vuelta al mundo, algo que está al alcance de muy pocos. Es la décima película documental más taquillera en Estados Unidos. Ganó dos Óscar de Hollywood, entre otros premios cinematográficos, a Gore le dieron el Premio Nobel de la Paz… Los profesores de instituto mostraron esa “verdad” a sus alumnos para que fueran tomando conciencia de lo que se nos avecina.

La seudocuencia moderna ha mostrado muchas veces imágenes parecidas a las del documental: la ciudad de Nueva York sumergida 6 metros bajo el agua en 2100 porque la cubierta de hielo de Groenlandia se derrite y eso va elevar el nivel de los océanos.

Muy pocos años después de aquella patraña, un equipo científico dirigido por la danesa Dorthe Dahl-Jensen viajó a Groenlandia, perforó 2.560 metros la capa de hielo hasta llegar al lecho rocoso y luego analizó los núcleos de hielo extraídos.

Era un proyecto de investigación novedoso llamado NEEM (North Greenland Eemian Ice Drilling). La científica utilizó un nuevo fluido de perforación (no acuoso) y la posibilidad de sondear en horizontal en determinadas áreas.

Los resultados se presentaron en 2011 en el Simposio Anual de Ciencia Antártica con el titulo “El papel de la capa de hielo de Groenlandia en el nivel del mar del futuro. Basado en paleoregistros de núcleos de hielo y observaciones actuales”(1).

Los datos más interesantes del estudio se refieren a las últimas extracciones de hielo, las más profundas, que corresponden al penúltimo período interglacial que la científica llama Eemian y que aquí se conoce como  Riss-Würm (hace unos 120.000 años). Pues bien la conclusión no puede ser más chocante: la capa de hielo del sur de Groenlandia persistió durante el periodo Eemien, cuando la temperatura era 5 grados más alta que la actual.

Este resultado contrasta con otros anteriores y, sobre todo, con los modelos con los que habían venido trabajando los científicos hasta entonces, que no vamos a explicar aquí y que son erróneos según la investigación de Dahl-Jensen.

Lo que queremos poner de manifiesto ahora es que la opinión corriente acerca de que el hielo se derrite a causa de la subida de las temperaturas no se ha cumplido, al menos en Groenlandia, ni siquiera aunque la tempertura suba cinco grados más.

He aquí un gráfico de la evolución de la temperatura en Groenlandia en los últimos 4.000 años (2). Como se ve, ha oscilado en unos cuatro grados de diferencia entre los máximos y los mínimos:

Si es por el deshielo de Groenlandia, en Nueva York pueden dormir tranquilos.

(1) Eemian interglacial reconstructed from a Greenland folded ice core, Nature. 493 (7433): 489–494. Bibcode:2013Natur.493..489N. doi:10.1038/nature11789. PMID 23344358.
(2) Los datos proceden de Alley y el NOAA con perforaciones Grip2 (https://www.ncdc.noaa.gov/paleo-search/)

El Club de Roma, anatomía de un grupo de presión

La explosión demográfica y la contaminación ambiental se convirtieron en temas predilectos de la prensa latinoamericana en la década de los setenta.

Una aciaga ideología comenzó a surtir de catástrofes futuras las columnas del periodismo especializado primero, y del general, en seguida. Fue, por un momento, como si hubiera renacido de sus cenizas el mismo Oswald Spengler, profeta de hecatombes, que al trazar un paralelo entre la Historia y la vida de un organismo, fatalmente debía caer en el pesimismo.Lamentablemente, se supo que esta ideología emanaba de un círculo cerrado de intelectuales, el Club de Roma, que reconocía a su vez una paternidad directa en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

La dilatada polémica a la que dio lugar el Club de Roma está reflejada en las páginas de este libro, que abre el intelectual brasileño Celso Furtado y cierra el vicepresidente de Estados Unidos Nelson Rockefeller, paradógicamente coincidentes en que una filosofía que propone el no-crecimiento de la humanidad, es una filosofía que sencillamente niega los fundamentos de su existencia.

El idealismo con el que gran parte de la izquierda ha asumido la tesis del decrecimiento, olvidando el siniestro origen del concepto y sus autores, sin atender a conceptos como soberanía energética, liberación nacional o desarrollo para todos es un ejemplo perfecto de lo vago del término.

Es importante que pensemos no en “decrecer”, sino en preguntarnos para qué crecemos y para quién, ya que podemos crecer creando una sociedad miserable y desigual (Tailandia, Estados Unidos o Malasia, como ejemplos extremos) o podemos crecer resolviendo desde problemas ambientales o eliminando la injusta distribución de la renta bajo el capitalismo.

Descargar el libro ‘El Club de Roma: anatomía de un grupo de presión’

Más información:
— Público asume las tesis del imperialismo sobre los límites del crecimiento

Los ecologistas de WWF acusados de ‘colonialismo verde’ hacia los pigmeos del Congo

Varios Guardas Forestales financiados por WWF, el Fondo Mundial por la Naturaleza, está acusados de crímenes cometidos contra los pigmeos de Camerún, República Democrática del Congo y Centroáfrica, según un informe de Survival International publicado ayer.

Los abusos se iniciaron en 1989 y se prolongan hasta el día de hoy. Fueron cometidos por WWF y otro grupo ecologista denominado WCS (Wildlife Conservation Society, Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre), que forma parte del mismo conglomerado que el zoo de Nueva York.

En enero Survival ya denunció a la OCDE al WWF por los atentados cometidos contra las tribus autóctonas pigmeas de Camerún. Ahora el informe menciona más de 200 casos de violaciones de los derechos humanos en los tres países de la cuenca del Río Congo, en el corazón de África, y dos de las tribus pigmeas: los Baka y los Bayaka.

Los pigmeos son expulsados ilegalmente de sus tierras ancestrales por matones pagados por los ecologistas en nombre de la “conservación de la naturaleza”.

Cuando cazan en el interior de las reservas para dar de comer a sus familias, los pigmeos son hostigados, golpeados, torturados e incluso asesinados.

El informe califica los hechos como “colonialismo verde” y propone invertir la jerarquía entre los ecologistas occidentales y la población autóctona: los primeros deben preguntar a los segundos si necesitan ayuda exterior para proteger sus territorios.

Los Baka son un pueblo cazador-recolector que vive en los bosques tropicales de la cuenca del río Congo desde hace generaciones. “Los pueblos autóctonos cuidan mejor que cualquier otro de su entorno. Sólo escuchando a los Baya y los Bayaka y protegiendo activamente sus derechos, las organizaciones de protección de la naturaleza podrán poner fin a los abusos sistemáticos”.

El año pasado Survival acusó a empresa forestal francesa Rougier de desbrozar más de 60.000 hectáreas de bosque en el sudeste de Camerún sin el aval de los Baka.

Comunismo, ecologismo y otros relatos de terror

Hace unos días Pedro Núñez escribía un artículo tópico titulado “Ecologismo y comunismo” (1) sobre asuntos de los que no tiene ni la más remota noción, limitándose a repetir frases, a cada cual más manoseada. No hubiera merecido la pena mencionarlo de no ser porque alude al Mar de Aral como ejemplo de la agresión catastrófica de los comunistas a un ecosistema.

El Mar de Aral es un extraordinario ejemplo de muchas cuestiones concernientes a la ecología que se olvidan muy frecuentemente cuando se habla de “conservar” la naturaleza tal cual está en la actualidad, de manera que cualquier intervención humana sobre ella se califica negativamente como “destrucción”.

Lo que Núñez quiere poner de manifiesto es que esa “intervención humana” que perjudica a la naturaleza es, además, independiente del modo de producción, es decir, que también los países socialistas destruyeron la naturaleza, tanto o más que los capitalistas, una idea bastante extendida entre ciertos círculos seudoprogres.

La mayor parte de las veces, por no decir siempre, cuando se escribe sobre ecología de lo que se escribe, en realidad, es de terror, de alguna catástrofe: de la desertificación del mundo, de la extinción de las especies, de la lluvia ácida y otras calamidades sin par. La práctica desaparición del Mar de Aral, responsabilidad de la URSS, sería una de esas catástrofes ecológicas sobre la que habitualmente se cargan las tintas a gusto del plumífero de turno, del estilo de Núñez, para concluir que es uno los mayores ejemplos de catástrofe ecológica del siglo XX.

Cuando se habla de ecología, lo primero y lo más importante que hay que tener en cuenta es lo que hace 200 años se llamaba “historia natural”, es decir, que la naturaleza no es una foto fija sino que también tiene su historia, que cambia y evoluciona. Hoy hay desiertos donde antes había mares, y al revés. El de Aral es un ejemplo de ello: ha aparecido y desaparecido varias veces a lo largo de la historia… y de la prehistoria. Por lo tanto, lo que está ocurriendo hoy ya ocurrió antes, incluso cuando no existía ni la palabra “comunismo”.

En 2001 los arqueólogos descubrieron en el fondo seco del Mar el mausoleo de Kerderi y los vestigios de la ciudad de Aral-Asar, que ya disponía de un primitivo sistema de irrigación. Durante las excavaciones aparecieron numerosos objetos, tales como vasijas de cerámica, fragmentos de utensilios de hierro y de bronce, así como muelas de molino.

La conclusión es evidente: el Mar de Aral ya se secó en la Antigüedad, cuando el único comunismo era el comunismo primitivo, prehistórico. Se sabe, además, que el Mar de Aral es como un bañera, que se ha llenado y vaciado repetidamente, desde que apareció por vez primera. Un estudio realizado con carbono-14, fija su fecha de nacimiento hace 20.000 años, cuando nadie hablaba de comunismo.

El año pasado Lena Jassanova publicó un magnífico artículo en “Living Asia” sobre el Mar de Aral (2) en el que rastrea los mapas y las descripciones que fueron dejando los viajeros y exploradores, desde los tiempos del enciclopedista árabe Masidi en el siglo X, hasta que los relatos desaparecen porque el Mar también desapareció después, o al menos porque su extensión se redujo notablemente.

Los hallazgos arqueológicos demuestran que entre los siglos XI y XIV el fondo marino estuvo habitado gracias al retroceso de las orillas, un movimiento en el que la velocidad era variable, pero podía llegar hasta varios metros anuales.

En 1669 el Mar reaparece en el Atlas de Siberia de Semyon Remezov, la primera obra geográfica rusa que, por cierto, se basaba en testigos y referencias de los vecinos del lugar.

La primera cartografía sistemática del Mar la emprendió el capitán Alexei Butakov a mediados del siglo XIX, una tarea en la que invirtió dos años, lo que da idea de la inmensidad que alcanzaba entonces, hasta el punto de que llegó a estar considerado como el cuarto lago más grande del planeta.

A finales de los años setenta del pasado siglo, ningún científico, ni siquiera los soviéticos, fueron capaces de pronosticar que el Mar se estuviera secando. En aquella época sólo retrocedía unos pocos centímetros al año y en la URSS creyeron que el fenómeno era reversible. Al cabo de un tiempo, el Aral recuperaría su nivel anterior de agua.

Sin embargo, en la década siguiente en algunas zonas el retroceso de la orilla llegó a ser de varios kilómetros anuales y entonces los científicos soviéticos empezaron a pensar que el retroceso de las orillas era irreversible, aunque las causas eran un misterio. Una de ellas apuntaba a las obras de irrigación que se habían emprendido en las orillas de los ríos Amu Daria y Syr Daria que desembocan en el lago.

Ahora sólo se habla de esa tesis como única causa del “desastre” ecológico, pero las primeras obras de irrigación son muy anteriores a la época soviética, sin que se apreciara un descenso del nivel de las aguas.

El fenómeno no es tan sencillo de explicar, como indican los relatos anticomunistas y los de terror ambiental. El Amu Daria es un río que ha cambiado de cauce a lo largo de su “historia natural”. Antiguamente desembocaba en el Mar Caspio, mientras que ahora sus aguas contribuyen al Mar de Aral.

En la región las temperaturas son tan elevadas que la mayor parte del caudal de ambos ríos no llega nunca al Mar de Aral, es decir, no a causa de la irrigación.

Con la desaparición de la URSS y el cambio de siglo, la situación del lago, que empezó a estar bajo la soberanía de Kazajistán y Uzbekistán, no mejoró porque el ecosistema no dependía del comunismo ni de las nuevas fronteras que se dibujaron en Asia central tras su desaparición.

Con la caída de la URSS cambio también la manera de escribir, incluso la manera de escribir sobre “ciencia” porque lo que antes era “culpa” del comunismo no se convirtió después en “culpa” del capitalismo sino del “ser humano” (de la industria, de la modernidad, del desarrollismo, etc.).

Para la burguesía lo importante no son las personas sino el ambiente. La URSS hizo mal poniendo a las personas por encima de la naturaleza, irrigando los campos de algodón más prósperos de Asia central para que los campesinos tuvieran mejores condiciones de vida. En realidad, los relatos sobre la URSS, lo mismo que los ecologistas, son otra colección de desastres. Allá todo lo hizo mal y este caso no iba a ser una excepción. El espectacular desarrollo económico soviético, único en la historia, lo presentan como la entrada del elefante en la cacharrería. Estropeó el paisaje con el humo y la contaminación.

El traslado de “la culpa” de la URSS al “ser humano” tenía una ventaja: en ella estaba la solución a la catástrofe. Si “el ser humano” había creado un problema, también le podía poner remedio. El “ser humano” estaba obligado a corregir sus errores pasados (el comunismo) porque prefiere el capitalismo, como prefiere los mares a los desiertos. Es una elección propia de la cultura dominante. Aunque un tuareg optara por el desierto, en Asia central no había elección posible porque no hay ningún organismo internacional ni ninguna subvención -más o menos suculenta- para fomentar la expansión de los desiertos en el mundo.

Hay que erradicar los desiertos lo mismo que el comunismo. Se trata, pues, de volver la “historia natural” del revés: si el Mar se seca hay que volverlo a llenar de agua, por lo que en 2005 levantaron el dique de Kokoral, que subió el nivel de las aguas 42 metros en lo que se llama “el pequeño Aral”, en Kazajistán, creando una especie de pantano gigantesco, e incluso una piscifactoría en la que los vecinos pueden volver a pescar.

No importa que los pantanos no formen parte de la naturaleza y que sean tan artificiales, tan obra del “ser humano” como los “desastres ambientales”. Siempre son preferibles al desierto, lo mismo que los jardines. Definitivamente el éxtasis verde se ha instalado en la cultura dominante del “ser humano”, incluso en la política.

(1) http://andaquepaque.blogspot.com.es/2017/01/ecologismo-y-comunismo.html
(2) http://livingasia.online/2016/11/02/aral_live/

¡Que viene el lobo!

En 1953 el franquismo publicó un decreto contra las “alimañas”, o sea, contra especies animales, aves y reptiles que hoy consideramos como merecedoras de protección, organizando en cada provincia una “junta de extinción” para exterminarlas. En sus 29 años de funcionamiento las Juntas mataron oficialmente a 4 millones de “alimañas”, entre ellas lobos, pero también zorros, águilas, linces, osos o búhos.

“Hay que exterminar al lobo”, titulaba en 1974 el diario fascista “Pueblo” porque -según decía- una loba había matado a dos niños en una aldea de Ourense. Aquel suceso desató el pánico. Los aldeanos llegaron a fabricar jaulas para resguardar a sus hijos de los depredadores mientras ellos se iban a trabajar al campo. Fue el último de una serie de episodios de histeria colectiva contra el lobo en Europa.

El exterminio fascista del lobo fue uno de sus tantos exterminios fallidos. Sólo cinco años después, en 1979, el Convenio de Berna, firmado por 47 países europeos, prohibió las matanzas de lobos. Hasta entonces se remuneraban las matanzas de este depredador; a partir de entonces lo que se remunera son las matanzas de ganado que los lobos llevan a cabo.

Aquella década del siglo pasado marca, pues, una frontera en la leyenda de las relaciones entre los hombres y los lobos. Entonces al lobo se le tenía por erradicado de Europa. Parecía el fin de un problema (porque el lobo era considerado así, como un problema).

Pero la desaparición de los lobos tiene orígenes mucho más remotos, que hay que buscar en la expansión del capitalismo en el campo. En Inglaterra fue exterminado a principios del siglo XVI, en Escocia en 1684 y en Irlanda en 1710. La explicación es más económica que biológica porque los ecosistemas también muestran una cierta dependencia del modo de producción. El exterminio de los lobos proporcionó al Reino Unido e Irlanda una ventaja competitiva en la cría de ganado ovino. Menos lobos suponían más ovejas y, por lo tanto, más lana.

Además, la necesidad de madera redujo drásticamente las zonas forestales, por lo que al lobo le quedaron muy pocos hábitats para subsistir. El animal lo tenía todo en contra. Competía con los cazadores y se le consideraba como una plaga porque, lo mismo que los perros, podía transmitir la rabia.

Finalmente, la escasez de herbívoros silvestres obligó a los lobos a nutrirse del ganado doméstico, otro motivo de competencia que estimuló aún más su exterminio. Su cabeza disecada es un trofeo “de guerra” que aún sigue adornando muchas viviendas. No obstante, las batidas (“monterías”) de lobos son un caso extraño en la historia porque desde el siglo XVI la caza estaba restrigida a la nobleza. Eran la única forma de caza autorizada a los pobres.

A medida que durante la desamortización los montes se privatizaron a comienzos del siglo XIX, sobre ellos se crearon los primeros cotos de caza, propiedades en manos de la aristocracia. Las “alimañas” depredaban las poblaciones de interés cinegético (conejos, perdices, liebres, codornices, etc.) y el Estado se puso al servicio de su clase, la de los propietarios de cotos privados, autorizando la caza de alimañas para favorecer la otra caza. El Estado ponía el dinero público al servicio de los intereses estrictamente privados de ganaderos y propietarios de cotos.

Es más, ellos eran los miembros que formaban parte de las “juntas de extinción”. A mediados del siglo XIX el lobo había desaparecido de la mayor parte de Europa occidental. En Suiza, el último fue abatido en 1872. Por aquella misma época desapareció también de Bélgica y Alemania, después de haberse refugiado en los bosques de las regiones de las Ardenas y Renania.

En Francia el exterminio fue sistemático. El último fue tiroteado en 1937, aunque con cierta regularidad solían aparecer ejemplares muertos.

El depredador se mantuvo en aquellos países en los que el feudalismo perduró durante más tiempo, en Europa central, oriental y en el sur, donde el desarrollo industrial fue más débil o más tardío. En esas regiones los lobos se mantuvieron hasta el siglo XX, aunque las poblaciones decrecieron de manera ostensible.

La Ley de Caza de 1879 fomentó el envenenamiento masivo de los municipios durante días. Para evitar intoxicaciones accidentales se daban a conocer a los vecinos a través de bandos municipales. En el siglo siguiente la estricnina se hizo famosa en las zonas rurales.

Los lobos fueron perseguidos por los alimañeros, que se ganaban la vida “limpiando” los montes de lobos con lazos, cepos, trampas, jaulas y veneno. Eran una especie de “cazarrecompensas”, un oficio rural que se prolongó hasta bien entrada ya la década de los setenta del siglo pasado.

La Ley de Caza de 1970 siguió con la costumbre ancestral de subvencionar las matanzas de lobos. En las zonas rurales, que eran la mayor parte de la península, también había muchos aficionados que paliaban el hambre y la miseria con matanzas de todo tipo de animales y aves silvestres. El precio variaba en razón de la pieza. El lince se pagaba a 4 pesetas, mientras que el lobo estaba mucho mejor remunerado: entre 700 pesetas el macho y 1.000 pesetas la hembra.

En España, que había tenido las más importantes manadas de lobos, sobrevivieron unos 500 ejemplares. El último censo fiable, que data de 1988, estimó una población de entre 1.500 y 2.000 ejemplares arrinconados en las sierras del noroeste, principalmente en Zamora y León.

Pero el lobo ha vuelto como consecuencia de varios factores económicos. Los seres humanos han abandonado los montes y campos. La agricultura y la ganadería están en retroceso y el bosque se está recuperando. Gracias a ello las poblaciones de lobos se están incrementando a un ritmo del 17 por ciento anual.

Vienen del este de Europa a través de Polonia y se establecen en los países más industrializados como Alemania, Holanda o Francia. En diciembre de 2012, se descubrió una manada con cachorros procedentes de Europa del este a unos veinte kilómetros al sur de Berlín.

En Francia en noviembre de 1992 se observó por primera vez el regreso de los lobos a los Alpes. Eran ejemplares procedentes de una población italiana originaria de Génova, Florencia y Bolonia. Las manadas están repartidas en 29 regiones diferentes del país galo.

El lobo ha vuelto, además, como un problema político. En primer lugar, porque el Convenio de Berna no lo considera como una especie en vías de expansión, sino de extinción, y prohíbe las matanzas. En segundo lugar, a los ganaderos se les indemniza por las pérdidas de ganado que los lobos causan. La Generalitat de Cataluña paga 95 euros por un cordero de menos de un año y 2.150 euros por una vaca adulta. En algunos países también se habilitan fondos para la adquisición de mastines y el tendido de cercados eléctricos.

Un siglo después de su desaparición se han vuelto a ver lobos en Cataluña. Proceden de los Abruzzos italianos y se han empezado a asentar en el Pirineo, después de haber atravesado los Alpes en una emigración que ha durado dos décadas. En 2011 se acercaron a 40 kilómetros del centro de Barcelona. El número de cabezas de ganado que han matado se aproxima al centenar.

Los lobos constituyen un peligro para las ovejas, cabras, jabalíes, ciervos y venados. En las zonas afectadas por su regreso, para proteger a su cabaña los ganaderos tienen que tomar medidas que tenían olvidadas, porque desde hace décadas ni cercan el ganado por las noches, ni utilizan mastines para su cuidado.

El retorno ha reavivado las tensiones con los ganaderos, que algunos sitios han vuelto a las matanzas. En Europa han causado la muerte de 5.848 cabezas de ganado. En Castilla y León los lobos mataron en 2007 a 1.296 reses y al año siguiente a 2.859. El año pasado [2012] su depredación costó casi 12 millones de euros en ayudas públicas y compensación de pérdidas.

Por el contrario, el lobo no representa ningún peligro para los seres humanos. Huye ante su presencia. Sin embargo, inspiran un miedo ancestral que está presente en los relatos fantásticos de terror, como el del “hombre-lobo” o el lobo feroz del cuento de Caperucita Roja.

El año pasado [2012] el diario “La Opinión” de Coruña (24 de marzo) dejaba constancia de la reaparición de los lobos en los montes de Galicia, a los que calificaban como “no autóctonos”. Algunos aldeanos decían haber visto sueltas de lobos criados por el hombre. El reportaje también ponía de manifiesto el clima de miedo. Según los vecinos, los nuevos lobos se comportan de manera diferente a los que había hace años, por lo que en algunas aldeas los denominan “lobos mixtos”. Los lobos autóctonos, “genuinamente gallegos”, se han criado en el monte, en libertad, no son tan agresivos hacia los perros de caza ni hacia las personas y es muy raro que se acercaran a una zona poblada. Por el contrario, los lobos avistados en los últimos años se acercan a menos de 200 metros de las casas y a los contenedores en busca de comida.

En mayo del año pasado [2012] la Asociación de Agricultores y Ganaderos de Guadalajara informó de que los lobos habían reaparecido en la provincia, registrando tres ataques en la zona de Atienza, en los que mataron a más de diez ovejas. Luego, en octubre “El País” saludaba el retorno de los lobos a la sierra de Guadarrama, a 100 kilómetros de Madrid, y los calificaba como “ibéricos”. Los lobos, decía el periódico, habían llegado para quedarse.

Antes la frontera del lobo llegaba al río Duero; ahora está en Madrid. Es una especie en vías de expansión, por lo que volverán los alimañeros. En Asturias ya han vuelto a autorizar la caza del lobo en el parque de Picos de Europa.

Este planeta es cada vez más verde

Un estudio publicado en abril de este año en la revista científica “Nature Climate Change” reveló que la Tierra tiene hoy más superficie verde que hace tres décadas. El planeta tiene 36 millones de kilómetros cuadrados más de superficie verde que hace 33 años, lo que supone un incremento de tres veces Europa o casi dos de Estados Unidos.

En el estudio participaron numerosas universidades y en España el Centro de Investigaciones Ecológicas de la Autónoma de Barcelona. Sin embargo, que la vegetación de la Tierra haya aumentado no es ninguna novedad. Hay estudios similares desde hace 20 años que lo corroboran.

Los desiertos se están reduciendo y sobre ellos llueve en más cantidad. El cambio es uno de tantas alteraciones que experimenta este planeta desde su mismo nacimiento. La cantidad de biomasa verde ha aumentado de manera significativa en el 40 por ciento de las regiones del planeta desde 1982 a 2015, mientras que sólo en un 4 por ciento de los territorios se ha apreciado una pérdida significativa de vegetación. El incremento de la biomasa terrestre aumenta la superficie cultivable de la Tierra.

Desde hace décadas se sabe que el CO2 que se vierte a la atmósfera por la transformación de combustibles fósiles, es siempre la mitad de la que realmente se ha emitido porque la otra mitad la absorbe la vegetación, tanto continental como marina.

Para su desarrollo las plantas necesitan CO2, agua y energía solar para hacer la síntesis de ambos. Los vegetales del planeta se benefician del CO2. Al haber más CO2 en la atmósfera se potencia el crecimiento de las plantas. En muchos invernaderos se introduce CO2 para que haya un mayor crecimiento de las plantas y lo mismo ocurre con los acuarios: las algas marinas crecen más gracias al CO2.

El ciclo del agua en la Tierra es más complejo de lo que la ciencia creía

Según un estudio publicado por la revista “Science Advances” (1), en el interior de Groenlandia la parte superior de la capa de hielo no se funde sino que se transforma en vapor de agua, de manera que pasa directamente del estado sólido al gaseoso.

El estudio, dirigido por científicos de universidades de Estados Unidos y otros países, demuestra que, al menos el 40 por ciento de la costa de Groenlandia, está resguardada del deshielo gracias a que la humedad se integra en la masa de hielo.

La extensa capa de hielo de Groenlandia cubre aproximadamente el 80 por ciento de la superficie de la isla y es la segunda fuente de agua dulce más grande del planeta, después de la capa de hielo antártica.

El director de la investigación, Max Berkelhammer, quiso aclarar que el descubrimiento no se puede interpretar como una buena noticia para la capa de hielo o para el planeta, puesto que “es poca cosa en comparación con lo que está pasando a lo largo de las costas” (2).

Si, no hay que lanzar las campanas el vuelo. Pero tampoco al suelo. No sabemos si el fenómeno se puede extrapolar a otras regiones heladas de la tierra y otros cambios de estado de las grandes masas de agua que hay en el planeta. Lo que parece claro es que el ciclo del agua es más complejo de lo que creían los científicos hasta ahora. Hay al menos una parte del ciclo del agua que ha estado “oculto” hasta hoy (3) y no sabemos el alcance de este fenómeno de la naturaleza.

Por lo demás, tiene razón Berkelhammer. Lo de lanzar las campanas al vuelo es muy característico. Es posible que el profesor de Chicago se refiera a la manoseada tesis de la elevación del nivel de las aguas oceánicas como consecuencia de la fusión de los hielos, a su vez consecuencia del calentamiento de las temperaturas, etc.

Hace poco leíamos en “Science” otro artículo (4) que dio lugar a que la prensa británica (5) volviera al cuento de la lechera que hemos leído tantas veces: el derretimiento de dos glaciares en Groenlandia podría subir medio metro el nivel de las aguas. La ciencia ha estado asociando mecánicamente la pérdida de hielo con su transformación en agua. Nadie pensó que también puede transformarse en vapor de agua, por lo que el nivel de las aguas no subiría en absoluto.

Pero no es sólo eso. Es erróneo creer que todos los glaciares del planeta no hacen más que derretirse. El año pasado el Instituto de Meteorología de Dinamarca dijo otra cosa: que durante el invierno el hielo se acumuló en Groenlandia a un ritmo más rápido que el promedio de 1990 a 2011.

El ciclo del agua es complejo, pero no por eso deja de ser un ciclo, como todos los fenómenos de la naturaleza. Afirmar que Groenlandia gana (o pierde) hielo no es tan diferente de afirmar que el Miño gana (o pierde) agua.

Si en lugar de los glaciares de Groenlandia viéramos al Miño desaguar en La Guardia también creeríamos que el nivel de las aguas oceánicas sube inexorablemente, e incluso que el río se secará, una vez agotado su caudal.

“La verdad es el todo”, decía Hegel. Es un error analizar sólo el río, e incluso sólo una parte de él: la desembocadura. Lo mismo que un río, un glaciar es un ciclo y forma parte de un ciclo de la naturaleza. Si no se analiza en su conjunto, no se puede deducir nada válido.

(1) http://advances.sciencemag.org/content/2/4/e1501704
(2) https://www.sciencedaily.com/releases/2016/05/160504122212.htm
(3) http://earth.stanford.edu/events/max-berkelhammer-occult-water-cycle-ethereal-precipitation-and-surface-water-budget-0
(4) http://www.sciencemag.org/lookup/doi/10.1126/science.aac7111
(5) http://www.theguardian.com/environment/2015/nov/12/collapsing-greenland-glacier-could-raise-sea-levels-by-half-a-metre-say-scientists

Un capataz de Podemos que no sabe ni lo que es el Ártico

Ayer el diario “El Confidencial” abrió sus servidores para que Juan Carlos Barba, miembro del equipo de Podemos encargado de economía y ecología, publicara el típico y tópico artículo absurdo titulado “Por undécimo mes consecutivo, las temperaturas globales pulverizan récords” (1).

Barba se refiere a un supuesto ascenso de las temperaturas “globales” en el mes de marzo, cuando según la Agencia Española de Meteorología, hemos padecido el segundo mes más frío de lo que llevamos de siglo (2).

Como ocurre con ese tipo de noticias, se trata de cosas diferentes. Mientras Barba habla de temperaturas “globales”, que no sabe cuáles son, la Agencia española habla de algo un poco más concreto: de las de España.

Lo que no cambia nada es que “El Confidencial” abre sus páginas para un determinado tipo de noticias, mientras que no se hace eco de las contrarias, por lo que siempre ocurre lo mismo: cuentan la parte de la realidad que les da la gana.

El artículo está repleto del cúmulo de tópicos del seudoecologismo moderno (subida del nivel de las aguas, efecto invernadero) acompañadas de terribles pronósticos que se compadecen muy mal con el párrafo final, en el que Barba reconoce que “desconocemos la magnitud real de estos riesgos, ya que los modelos no son lo suficientemente precisos”.

Es siempre lo mismo: les gusta especular sobre lo que no saben. Entonces, lo que procede es tener un poco de precaución y no lanzar las campanas al vuelo.

Dejamos para el final la gilipollez de Barba con la que nos hemos reído a carcajadas. Barba está preocupado por “la subida de las temperaturas en las zonas árticas, ya que está acelerando la fusión del permafrost”.

El capataz de Podemos no sabe de lo que escribe: en el Ártico no hay permafrost y, por lo tanto, no se puede fundir. La ciencia llama permafrost a la capa superior de tierra que está congelada permanentemente, aunque no este cubierta de hielo o nieve.

Señores de “El Confidencial” y Podemos: exigimos que nos engañe alguien un poco más hábil que este sujeto, que no sabe ni lo que es el Ártico.

(1) http://blogs.elconfidencial.com/economia/grafico-de-la-semana/2016-04-22/por-undecimo-mes-consecutivo-las-temperaturas-globales-pulverizan-records_1187477/
(2) http://www.aemet.es/documentos/es/serviciosclimaticos/vigilancia_clima/resumenes_climat/mensuales/2016/res_mens_clim_2016_03.pdf

El calentamiento planetario se ha convertido en una religión

A principios de año, en su carta de dimisión, Rajendra Pachauri, el dirigente del IPCC, el organismo de la ONU encargado del clima, afirmó que la lucha contra el calentamiento planetario era su religión.

En febrero Pachauri, que dirigía el organismo internacional desde 2002, tuvo que dimitir, acusado de acosar sexualmente a una funcionaria bajo su cargo.

El papa Bergoglio ha hecho lo mismo: ha convertido el calentamiento del planeta en parte de la religión católica al promulgar la encíclica “Laudato si” a principios de este año. En ella aborda algunas cuestiones clave del asunto: el reconocimiento de la responsabilidad humana, la defensa del decrecimiento, el abandono de las energías llamadas “fósiles” y, sobre todo, caridad, mucha caridad hacia los países pobres.

El domingo Bergoglio pidió a los ministros de los 195 países reunidos en la cumbre sobre el clima de París (COP21) que tengan “valor” para adoptar “decisiones importantes” para las “generaciones futuras”.

“¿Qué tipo de mundo deseamos transmitir a los que vendrán tras nosotros, a los niños que están creciendo?”, preguntó Bergoglio durante el Ángelus ante miles de fieles reunidos en la plaza de San Pedro, en Roma.

“Por el bien de la casa común, de todos nosotros y de las generaciones futuras, se deben emprender todos los esfuerzos en París para mitigar los impactos de los cambios climáticos y, al mismo tiempo, para luchar contra la pobreza y aumentar la dignidad humana”.

“Las dos cuestiones van a la par”, insistió, recordando su encíclica sobre el medioambiente. “Rezamos por que el Espíritu Santo ilumine a quienes deben tomar decisiones tan importantes, y les dé valor para conservar siempre como criterio preferente el bien soberano de toda la familia humana”, añadió el papa argentino.

Tras su gira por África, Bergoglio afirmó que el mundo está “al borde del suicidio” y que la comunidad internacional reunida en la cumbre de París debe lograr un acuerdo “ahora o nunca” .

En los primeros días de la reunión de París, cientos de religiosos fueron a París a ayunar, hablaron a la prensa, conversaron con las altas esferas mundiales y rezaron mucho. El sábado a la noche en una capilla del centro de París, los creyentes, muchos de ellos postrados en el suelo, cantaron y oraron para que dios salve al mundo del calentamiento.

La fe “es algo mucho más visceral” que la ciencia, dijo Caroline Bader de la Federación Luterana Mundial, cuya sede está en Ginebra.

Bader dijo que un grupo de líderes de diversas religiones le entregó a los negociadores de la ONU un pliego con 1,8 millones de firmas para que detengan el calentamiento del planeta.

El hermano Alois Taize, integrante católico de un monasterio ecuménico, pidió lo mismo en sus oraciones. Durante una misa enardeció sus feligreses para que despierten y hagan lo más que puedan para evitar que el mundo se caliente.

El físico John Schellnhuber, miembro de la Academia Pontificia de Ciencias, dijo que durante 11 años ha ido a los cónclaves internacionales y que al final los negociadores de la ONU siempre salieron con las manos vacías.

Además de creyente, Schellnhuber es científico. Participó en la fundación del Instituto Postdam para Investigaciones sobre Cambio Climático, en Alemania. Durante un evento religioso, el sábado dijo que la religión aún ha calado en los negociadores de París, pero es optimista al respecto, porque “saben que serán recordados por cómo respeten la encíclica”.

Aquí no estamos de acuerdo con este religioso-científico. Nosotros creemos que los que se reúnen en París serán más bien recordados por su respeto a las leyes de la geofísica.

¿Hacia un enfriamiento generalizado de la temperatura en la Tierra?

Esta mañana el diario británico The Independent anuncia (1) que en los próximos 10 años sobrevendrá una pequeña edad de hielo. El artículo se apoya en un modelo científico sobre los ciclos solares elaborado por Valentina Zharkova, profesora de Matemáticas en la Universidad de Northumbria.

La profesora Zharkova ha presentado sus previsiones en la reunión de la Royal Astronomical Society, que se reúne esta semana en Gales. Para ello se apoya sobre una determinada concepción que califica como “ciencia” el diseño de modelos, normalmente basados en programas informáticos elaborados por matemáticos, como es el caso de Zharkova, cuya fiabilidad es muy escasa, por no decir nula. Sin embargo, en Gales la profesora Zharkova ha asegurado que la precisión de su modelo es del 97 por ciento.

El interés del modelo deriva también de la importancia que va adquiriendo una corriente alternativa a la vigente, basada en el CO2 y el efecto invernadero, según la cual la temperatura del planeta depende del Sol y de los ciclos solares.

Esta corriente está enfrentada a las hipótesis más conocidas acerca del calentamiento del planeta, hasta tal punto que sus previsiones sostienen todo lo contrario: que la Tierra camina hacia una nueva Edad de Hielo, hacia el enfriamiento. La mayor parte de los científicos soviéticos y rusos han sido partidarios de esta tesis, enfrentada a las concepciones ecologistas más extendidas en los países occidentales.

En la actualidad, dice el artículo, la ciencia es capaz de anticipar los ciclos solares con mucha más precisión que antes gracias al nuevo modelo que revela las irregularidades en el ritmo del sol que pueden producirse durante más de 11 años.

La profesora Zharkova pronostica que la actividad solar va a caer un 60 por ciento entre 2030 y 2040, lo que causará una Pequeña Edad de Hielo como la que se produjo entre 1645 y 1715, es decir, durante unos 70 años, que se conoce como el Mínimo de Maunder, una especie de glaciación (2).

Los astrónomos identifican la actividad solar en proporción inversa a las manchas sobre la superficie del Sol. Las manchas solares son regiones relativamente oscuras y frías en la superficie solar que indican regiones de intensa actividad magnética. Algunas de ellas son gigantescas, a menudo más grandes que la Tierra.

Durante siglos, los científicos han utilizado las manchas solares para medir la actividad solar. Como se pueden ver a simple vista, se conservan registros desde la época de los antiguos anales chinos, japoneses y coreanos que se remontan muchos años antes de nuestra era.

No obstante, algunos científicos creyeron que las manchas eran objetos que se interponían en la visión del Sol desde la Tierra, hasta que en 1610 Galileo demostró que eran fenómenos que ocurrían en el propio astro.

En 1801 William Herschel discutió la naturaleza de las manchas solares, su variabilidad, su efecto sobre el clima, y la posición de los planetas como posible fuerza causante.

En 1843 el alemán Heinrich S. Schwabe encontró que su número estaba sujeto a una variación cíclica, repitiéndose con un intervalo promedio de 11 años, mientras la longitud de cada ciclo dura entre 9 y 13 años. Los ciclos de Schwabe informan sobre la intensidad y la frecuencia de los fenómenos asociados con la actividad solar que afectan al clima y a la vida sobre la Tierra.

En 1893 el astrónomo inglés Edward W. Maunder buscó toda la información que pudo obtener desde las observaciones orientales más antiguas, descubriendo que la actividad solar sigue un ciclo de 11 años. Sin embargo, encontró un hueco: entre 1645 y 1715 nadie había registrado la existencia de ninguna mancha solar.

Incluso durante las fases mínimas de los ciclos de actividad solar es difícil que no haya ninguna. Los científicos creyeron que no se trataba de que no hubiera habido manchas solares en esos 70 años, sino que las mismas no habían podido ser observadas. La tesis de Maunder fue rechazada.

Aunque en 1922 Maunder volvió a insistir en las consecuencias que su tesis tiene sobre el clima del planeta, nadie le prestó atención. En occidente fue olvidado, hasta que en 1976 el astrónomo John A. Eddy publicó un estudio en la revista “Science” titulado “La desaparición de las manchas solares” en el que defendía lo que a partir de entonces se llamó “Mínimo de Maunder”.

Eddy, que falleció en 2009, investigó los datos de muchas regiones terrestres, incluyendo las “Crónicas del Lejano Oriente” que Maunder no pudo analizar y que abarcaban hasta el siglo V a.n.e. A partir de sus investigaciones la teoría del vínculo entre las manchas solares y la temperatura de la Tierra empezó a extenderse también entre los científicos occidentales, sobre todo entre los astrónomos. Esta teoría traslada el centro de gravedad del clima de la Tierra (CO2, invernadero) al Sol. No es tan sorprendente que los cambios en la actividad solar afecten a las condiciones climáticas de la Tierra porque el Sol es la fuente de energía del planeta y de él depende la vida.

En el último milenio, que ha sido predominantemente cálido, han ocurrido cinco mínimos solares que han bajado notablemente las temperaturas en la Tierra:

– Mínimo de Oort: entre 1010 y 1050
– Mínimo de Wolf: entre 1280 y 1340
– Mínimo de Spörer: entre 1450 y 1550
– Mínimo de Maunder: entre 1645 y 1717
– Mínimo de Dalton: entre 1790 y 1820

Los partidarios de la corriente ecológica más extendida se mofan afirmando que sus oponentes son astrólogos más que astrónomos, que se trata de una vieja superstición según la cual los astros condicionan la vida de la Tierra y de los hombres que la habitan. Según ellos, la causa del incremento de las temperaturas es el hombre y la intensa actividad industrial que ha desplegado desde mediados del siglo XIX.

Desde luego que las conclusiones de ambas corrientes no pueden estar enfrentadas de manera más radical: la tesis ecologista dominante pronostica un calentamiento, mientras que la otra predice un enfriamiento.

La tesis dominante es lineal: la concentración atmosférica de CO2 va a continuar aumentando y por lo tanto la temperatura también va a seguir aumentado indefinidamente. La tesis minoritaria, por el contrario, es cíclica: las temperaturas suben y bajan periódicamente, siguiendo los ritmos de las manchas solares.

(1) ‘Mini ice age’ coming in next fifteen years, new model of the Sun’s cycle shows, http://www.independent.co.uk/environment/climate-change/mini-ice-age-coming-in-next-fifteen-years-new-model-of-the-suns-cycle-shows-10382400.html
(2) Predicen una ‘mini edad del hielo’ para 2030 por baja actividad solar, http://www.europapress.es/ciencia/habitat-y-clima/noticia-predicen-mini-edad-hielo-2030-baja-actividad-solar-20150710124300.html

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