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Categoría: Ecología (página 23 de 30)

La autopista al infierno climático de la ONU

Ante el nulo interés que ha despertado la COP27, la Conferencia de la ONU sobre cambio climático, Antonio Guterres ha tenido que saltar a la palestra para declarar que el mundo está “en la autopista al infierno climático”.

El domingo la Organización Meteorológica Mundial hizo lo propio emitiendo un comunicado de prensa titulado “Los ocho años más calurosos registrados indican un aumento de los impactos del cambio climático” (1).

Es más falso de un billete de tres euros.

Los registros de temperatura por medio de satélites y globos meteorológicos comenzaron en 1979. Desde entonces la temperatura ha subido +0,013°C cada año. Entre 2015 y 2022, es decir, durante los últimos 8 años, las temperaturas se han estabilizado, e incluso han disminuido ligeramente. En consecuencia, no hay ninguna aceleración.

En 2015 el objetivo fijado por la COP21 fue que la temperatura mundial se estabilizara. Es lo que está ocurriendo ahora mismo. ¿Es sólo un respiro o el comienzo de una tendencia? Nadie lo sabe, por supuesto, excepto la Organización Meteorológica Mundial, cuyo director, Petteri Taalas, dijo otra estupidez: que la Guerra de Ucrania había sido una bendición para el clima (2).

El caso es que las emisiones y la concentración de CO2 en la atmósfera han seguido aumentando a pesar de los discursos oficiales en contra. La temperatura no ha cambiado porque al clima el CO2 no le importa nada.

(1) https://public.wmo.int/en/media/press-release/eight-warmest-years-record-witness-upsurge-climate-change-impacts
(2) https://apnews.com/article/russia-ukraine-business-united-nations-weather-ece2a951b35fe8be9a7090cd93b3a0ac

Los niños de papá se entretienen con el cambio climático

Este fin de semana se celebra en El Cairo la COP 27, la Conferencia de la ONU sobre el cambio climático y el capital financiero internacional ha puesto a sus peones en movimiento porque este tipo de fastos ya no logran atraer la atención del mundo.

A falta de efectivos, los seudoecologistas se dedican a atraer a las cámaras de la televisión con acciones simbólicas, como arrojar tomates a cuadros famosos, como “Los girasoles” de Van Gogh en la National Gallery de Londres. En el Museo del Prado posaron ante los cuadros de Goya y con pintura negra escribieron en la pared “+1,5 grados”.

En La Haya dos seudoecologistas que se pegaron a la ventana que protegía el cuadro “La Niña de la Perla” de Johannes Vermeer fueron condenados por un tribunal a dos meses de prisión.

Las corrientes seudoecologistas creen que el clima se puede regular como el grifo del agua fría y caliente. Lo llaman “protección del clima”. La campaña estuvo organizada por la red A22, formada el pasado mes de abril para que los gobiernos reduzcan “drásticamente” las emisiones de CO2.

La red está financiada por el Fondo de Emergencia Climática, un organismo estadounidense creado en 2019 por tres grandes oligarcas. En primer lugar, Trevor Nelson, empresario y antiguo alumno de la Fundación de Bill Gates, cercano a Howard Warren Buffett, nieto del financiero más famoso de Wall Street. Pero también Rory Kennedy, hija del senador Bob Kennedy, y representante de la familia presidencial estadounidense.

Aileen Getty contribuyó al Fondo con 600.000 dólares. Es la tercera generación del imperio Getty, fundado por su padre John Paul Getty, un magnate de los combustibles fósiles. Propietario de la Getty Oil Company, fue considerado en su día el hombre más rico del planeta.

Un museo privado en las alturas de Los Ángeles exhibe las colecciones de arte moderno, fruto de las inversiones del multimillonario. Sus hijos pasaron la página del petróleo en 1984, ocho años después de su muerte. Les dejó una fortuna de 5.400 millones de dólares. Su hermano Mark fundó la agencia de fotografía Getty, pero Aileen se convirtió en la típica pija que se aburre en las grandes mansiones con piscina.

“Creo que la crisis climática ha avanzado hasta un punto en el que tenemos que tomar medidas contundentes para intentar cambiar el rumbo de un planeta que cada vez es más inhabitable. Mi apoyo al activismo climático es una afirmación del valor de la desobediencia civil como la vía más rápida para el cambio. No queda tiempo para otra cosa que no sea una acción climática rápida y completa”, escribió en un reciente artículo para The Guardian.

Dos bisnietos de los Rockefeller, Rebecca Rockefeller Lambert y Peter Gill Case, crearon la Equation Campaign, un organismo que financia a los seudoecologistas. Entregaron 30 millones de dólares, más donaciones de la propia Fundación Rockefeller, o de Open Society, la fundación de Soros.

Las grandes fortunas también suelen codearse con los famosos en las plataformas de filantropía. El director de “No mires hacia arriba”, Adam McKay, una película de Netflix que tuvo una difusión mundial, forma parte de la junta directiva del Fondo de Emergencia Climática.

Estos grandes fondos reivindican un radicalismo infantil y fueron decisivos para la aparición del grupo Extinción Rebelión a finales de la década pasada. Se creó gracias un cheque del Fondo de Emergencia Climática.

Para hacerse con una parte del botín, los “expertos” en el clima han comenzado a imitar a los niños de papá. Han creado colectivos, como la Rebelión de los Científicos, y la primavera pasada asaltaron la sede del banco JPMorgan, acusándolo de financiar los combustibles fósiles. El físico de la NASA Peter Kalmus fue uno de los detenidos.

El apoyo a los niñatos del cambio climático es rentable para las fundaciones filantrópicas, incluso desde un punto de vista estrictamente financiero. Un estudio publicado en la Stanford Social Innovation Review explicaba en primavera que el impacto de las movilizaciones vinculadas a la desobediencia civil era menos costoso en términos de emisiones de gases de efecto invernadero, y más rentable en términos de impacto político y mediático, que la simple financiación de las ONG tradicionales.

La financiación de la seudoecología sigue aumentando, pero el destino del dinero cada vez está menos claro. ClimateWorks estimó en su último informe que de los 750.000 millones de dólares invertidos por las fundaciones filantrópicas, sólo se gastaron entre 6.000 y 10.000 millones en el clima.

Un impuesto para limitar los pedos que lanza el ganado a la atmósfera

En 2003 el gobierno de Nueva Zelanda quiso introducir un impuesto al ganado por sus emisiones de metano. Los ganaderos se opusieron ferozmente a  lo que lamaron el “impuesto a los pedos” y posteriormente el gobierno retiró el proyecto.

Ahora la Primera Ministra, la nefasta Jacinda Ardern, vuelve a la carga: quiere imponer un impuesto a las vacas y ovejas neozelandesas con el pretexto de “financiar la investigación”, lo que ha vuelto a provocar la reacción de los ganaderos.

Hay que tener en cuenta los motivos de esta paranoia gubernamental que está a punto de superar a la de la pandemia: Nueva Zelanda tiene cinco veces más ovejas y dos veces más vacas que personas.

Por lo tanto, las emisiones de “gases de efecto invernadero” del ganado son más importantes que las de los seres humanos. Las ventosidades ganaderas pueden suponer hasta un 14,5 por cien de las emisiones mundiales de “gases de efecto invernadero”. Afortunadamente en España el ganado tira menos ventosidades: sólo son un 9,1 por cien, dicen los “expertos” (1).

Según el periódico Financial Times (2), el gobierno de Nueva Zelanda está estudiando un nuevo impuesto que tendría en cuenta el número de animales que cada ganadero tiene en su cabaña, el tamaño de la granja, el tipo de abono utilizado y los métodos empleados para mitigar los pedos y eructos que lanzan a la atmósfera cada día.

Con diferentes pretextos, las corrientes seudoecologistas no sólo pretenden destruir el sector energético tradicional, sino también las explotaciones ganaderas, como se ha comprobado recientemente en Países Bajos.

No obstante, hay propuestas menos radicales, como una de la Universidad de Adelaida, en Australia: seleccionar un ganado con bajas emisiones, es decir, que tire menos pedos o bien pedos con una composición de gases baja en matano.

Este nuevo ganado sería como el coche eléctrico en los verdes prados.

(1) https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/6-medidas-para-reducir-metano-emitido-por-ganado_17538
(2) https://www.ft.com/content/7942faf0-2026-49b6-9ffa-12dd2697456e

La especulación de rostro humano: BlackRock

BlackRock es uno de los mayores impulsores de las llamadas inversiones ESG, políticamente correctas porque promueven el medio ambiente, las causas sociales y una administración impecable.

El fondo buitre, que gestiona 10 billones de dólares en el mundo, se empeña en aparentar algo muy distinto de lo realmente es: la personificación misma de la especulación sin escrúpulos.

La inversiones ESG apoyan el capitalismo de rostro humano, en las que el beneficio no es lo primordial. El objetivo es canalizar fondos hacia las empresas en función de su compromiso con los objetivos verdes y causas nobles, como la diversidad racial y de género.

El capitalismo es cada vez más verde y, a su vez, en el capitalismo lo verde es una mina de oro.

BlackRock es, con diferencia, el mayor proveedor de fondos políticamente correctos en Estados Unidos y, además, cada movimiento que realiza en “inversiones sostenibles” tiene un efecto dominó masivo en las demás industrias.

“La inversión ambiental, social y de gobierno (ESG) consiste en invertir en el progreso y reconocer que las empresas que resuelven los mayores desafíos del mundo pueden estar mejor posicionadas para crecer”, escribe el fondo buitre en su página web (*).

El cabecilla de BlackRock, Larry Fink, lleva varios años sosteniendo que “el riesgo climático es un riesgo de inversión”.

“La mayoría de las partes interesadas -desde los accionistas hasta los empleados, pasando por los clientes, las comunidades y los reguladores- esperan ahora que las empresas desempeñen un papel en la descarbonización de la economía mundial”, escribía Fink en la carta de este año. “Pocas cosas tendrán más impacto en las decisiones de asignación de capital -y, por tanto, en el valor a largo plazo de su empresa- que la eficacia con la que navegue por la transición energética mundial en los próximos años”.

Al mismo tiempo, Blackrock es uno de los mayores inversores en petróleo, si no el mayor. Sólo en Texas tiene más de 100.000 millones de dólares invertidos en el negocio de los combustibles fósiles.

El crecimiento de las inversiones y empresas ESG ha sido asombroso. Más de 35 billones de dólares en activos en todo el mundo supervisan el clima y la sostenibilidad, con un aumento del 55 por cien desde 2016.

Inversores, bancos y empresas se han adherido a una serie de alianzas, desde la Alianza Financiera de Glasgow para el Net Zero (GFANZ) hasta la Alianza Mundial de Inversiones Sostenibles (GSIA), los Principios de Inversión Responsable (PRI) y el Instituto Internacional de Gestión de Conflictos (IICM), comprometiéndose a reducir sus propias emisiones de carbono y las de sus carteras.

Los administradores del índice brusátil S&P500 mencionan ahora los ESG una media de nueve veces al trimestre en sus presentaciones de resultados, en comparación con sólo una vez, o ninguna, en 2017.

(*) https://www.blackrock.com/mx/intermediarios/estrategias/inversion-sostenible/integracion-de-esg

La industria nuclear ya no tiene ninguna ‘carga ideológica’

Suecia quiere construir nuevos reactores nucleares, ha anunciado Ebba Busch, dirigente del partido democristiano, que forma parte de la nueva coalición de gobierno que llega hoy al poder tras ganar las elecciones parlamentarias de septiembre.

“Se construirán nuevos reactores nucleares”, dijo Busch al presentar el nuevo gobierno, que incluirá por primera vez a los fascistas en el parlamento, mientras la vecina Finlandia inauguraba el jueves su primer reactor EPR tras casi 20 años de construcción.

Durante los ocho años de gobierno socialdemócrata, Suecia inició un declive en la producción de energía nuclear. Seis de sus doce centrales eléctricas fueron cerradas. En la actualidad, la energía nuclear proporciona un tercio de la producción local de electricidad.

El pretexto es siempre el mismo: necesitan salir desesperadamente de la crisis energética. Sin embargo, hay otro aspecto más oscuro: estamos en guerra, Suecia entra en la OTAN y la tecnología nuclear es de doble uso. Se está comprobando en Irán, donde Estados Unidos vigila cada uno de sus reactores.

Fuera de Escandinavia, la energía nuclear experimentó un notable resurgimiento incluso antes de que estallara la crisis energética. Hasta Japón se ha olvidado de Fukushima y ha reactivado su industria nuclear. La nuclearización ha destapado el mito de la transición ecológica y la Agenda 2030. En todo el mundo los movimientos verdes han acabado en el polo opuesto al que empezaron hace 50 años.

Francia va a construir seis nuevos reactores EPR, y SMR más pequeños para 2035 como parte de la estrategia energética de Francia. La Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), dependiente de la ONU, impulsa el desarrollo de la energía nuclear con el pretexto de reducir el calentamiento.

“La energía nuclear es parte de la solución al calentamiento planetario. No es una panacea, puede que no sea para todos, pero ya proporciona más del 25 por cien de la energía limpia. Sin ella, no lo conseguiremos”, dice Rafael Grossi, director de la OIEA.

El organismo internacional apoyó a la industria nuclear en la COP 26 de Glasgow en noviembre del año pasado, antes de las sanciones contra Rusia y del estallido de la Guerra de Ucrania. “La COP 26 es tal vez la primera vez que la energía nuclear ha tenido un asiento en la mesa, donde se ha considerado e intercambiado sin la carga ideológica que existía antes”, afirma.

En efecto, una vez que los seudoecologistas se han liquidado a sí mismos, la industria nuclear ya no tiene ninguna “carga ideológica”. Ya todo es ciencia, industria y tecnología.

Una empresa recoge excrementos humanos para cultivar moscas destinadas a la alimentación

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) anima a las empresas a cultivar insectos con los mismos pretextos que ya utilizaron antes para defender los transgénicos: acabar con el hambre en el mundo y mejorar el medio ambiente.

El Banco Mundial asegura que 2.500 millones de seres humanos ya tienen la ingesta de insectos en su dieta. El 70 por cien de los congoleños, el 85 por cien de los centroafricanos y el 91 por cien de la población de Botsuana afirman comer larvas de insectos regularmente.

En África ya funcionan 850 granjas de insectos para el consumo humano y animal y cada año aparecen otras nuevas, especialmente en Kenia, donde se han identificado entre 25 y 50 especies comestibles: saltamontes, hormigas negras, langostas, moscas, termitas… La FAO, el Banco Mundial, países, empresas y universidades han comenzado a investigar el potencial nutricional de estos insectos.

La Universidad de Lieja acaba de publicar un estudio sobre el valor nutricional de las larvas de lepidópteros (mariposas) en el África subsahariana. Las larvas secas comestibles tienen un contenido medio de proteínas de hasta el 63,5 por cien y un valor energético de 457 kilocalorías por cada 100 gramos.

Dichas larvas representan el 31 por cien de las especies de insectos comestibles en África, de un total de 472 especies identificadas.

Aunque algunas especies tienen un único ciclo reproductivo al año, otras otras, como el gusano de seda Eri, pueden reproducirse varias veces en un solo año, lo que favorece su cultivo industrial.

En Nairobi, la capital de Kenya, la empresa Insectipro cultiva millones de saltamontes en una granja, donde también fabrica una tonelada de moscas negras secas para fabricar pienso. Forma parte de una iniciativa, a la vez científica y comercial, del Centro Internacional de Fisiología y Ecología de los Insectos (Icipe).

Otra gran fábrica es Sanergy, una empresa con más de 400 trabajadores que utiliza la capacidad de reciclaje de las moscas negras para gestionar los residuos orgánicos. La fundaron en 2011 unos estudiantes del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Diariamente recoge los excrementos humanos de los inodoros que ha instalado en los barrios marginales de la capital africana (*).

Sumados a los residuos de los mercados de frutas y verduras, la mierda sirve de alimento a las moscas, que reciclan 70.000 toneladas al año y acaban como pienso, abono o biomasa para la combustión.

“Los pollos alimentados con insectos crecen mejor y desarrollan más carne que grasa”, afirma John Kinyuru, investigador de la Universidad Agrícola Jomo Kenyatta. También tienen efectos favorables para los seres humanos. “Comer insectos permite el desarrollo de microorganismos y bacterias beneficiosas para el sistema digestivo. Esto se traduce en una mayor inmunidad, una reducción de las bacterias dañinas y, por tanto, una mejor salud”, asegura Kinyuru.

El Icipe asegura que el aceite de los insectos es más rico en ácidos grasos omega-3, antioxidantes y vitamina E que los aceites vegetales.

(*) https://www.lemonde.fr/afrique/article/2022/02/09/au-kenya-l-elevage-d-insectes-se-developpe-pour-renforcer-la-securite-alimentaire_6112957_3212.html

Greta Thunberg es partidaria de la energía nuclear

En una entrevista concedida ayer a la televisión alemana, Greta Thunberg, el peluche de la lucha contra el calentamiento, apoyó la energía nuclear para reducir las emisiones de los llamados “gases de efecto invernadero”.

Preguntada por la decisión de Alemania de mantener el cierre de sus centrales nucleares y prolongar el funcionamiento de varias centrales de carbón, a pesar de que el objetivo es abandonar esta energía el año que viene, respondió: «Si ya las tenemos [las centrales nucleares] en funcionamiento, creo que es un error cerrarlas para centrarse en el carbón».

Los grupos seudoecologistas ya no ocultan su giro de 180 grados. La crisis energética está destapando su verdadero programa, algo que en Alemania no era necesario después de su postura beligerante durante la Guerra de los Balcanes.

Debido al elevado coste del gas natural, muchos países europeos han recurrido al carbón para producir electricidad. Alemania, Austria, Bulgaria, Italia, Reino Unido y los Países Bajos lo utilizan.

Cada vez más viviendas alemanas vuelven a utilizar el carbón para la calefacción, aunque los planes para la Agenda 2030 contaban con su eliminación. Su producción local aumentó un 40 por cien entre enero y agosto en el Rin.

Las declaraciones de Greta Thunberg se producen en un contexto tenso en Alemania, donde la coalición gobernante, formada por socialdemócratas, verdes y liberales, está dividida sobre la manera de afrontar la crisis energética. Inicialmente, Alemania tenía previsto cerrar sus tres últimos reactores nucleares en funcionamiento a finales de este año.

Pero el gobierno de Olaf Scholz ha revocado recientemente la decisión y ha prorrogado dos de las tres plantas restantes.

Por el contrario, el gobierno austriaco se opone a que la Comisión Europea conceda la etiqueta “verde” a la energía nuclear, según anunció el Ministerio de Medio Ambiente. Para impedirlo el viernes recurrió al Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

En 1978 Austria prohibió la energía nuclear, lo que se elevó a principio constitucional en 1999.

Pero la postura de Austria es minoritaria dentro de la Unión Europea. Sólo ocho países se oponen a la etiqueta “verde” para la energía nuclear, muy lejos de la mayoría de veinte países necesaria para bloquear la declaración.

Algo se mueve muy rápidamente en la industria nuclear. Westinghouse, que estaba en manos de Toshiba, vuelve a cambiar de manos. Acaba de ser recomprada por Cameco, una empresa productora de uranio, por el fondo buitre Brookfield Renewable Partners y otras empresas. El precio es de 8.000 millones de dólares.

Empiezan a oler el dinero nuclear.

La masa forestal aumenta con el desarrollo de las fuerzas productivas

Se ha producido un notable aumento de la masa forestal en Europa, dijo ayer el eurodiputado belga Benoit Lutgen. En 25 años la superficie cubierta por los bosques ha crecido en una extensión equivalente a la de Portugal.

Ahora el continente es un lugar más verde. En España la masa forestal ha aumentado de 13.81 millones de hectáreas en 1990 a 18.42 en 2017 según la FAO. Esto equivale a un incremento del 25 por cien en 27 años.

No es ninguna novedad. Hoy hay más bosques que hace 100 años en el Viejo Continente. La masa forestal se ha incrementado. El año pasado el holandés Richard Fuchs, de la Universidad de Wageningen, lo volvió a confirmar (1).

Hace un siglo, la madera era utilizada para casi todo: como combustible, para producir metal, muebles y viviendas, por lo que para 1900 había ya muy pocas áreas forestales en Europa. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial ha aumentado el uso de otras fuentes de energía, como el carbón, sumado a la reducción de las tierras cultivables y a la emigración a la ciudad.

En consecuencia, si en un principio el desarrollo de las fuerzas productivas redujo la masa forestal, en la actualidad ocurre al revés. El crecimiento del bosque es típico de los países más desarrollados, según Pekka E. Kauppi, investigador de la Universidad de Helsinki (2).

Kauppi lo llama “transición forestal” y es un cambio que en los países más desarrollados comenzó ya en el siglo XIX. La transición forestal comenzó primero en los países de Europa occidental, después en Europa central y el este de Estados Unidos, seguidos del norte y este de Europa, Japón y Nueva Zelanda.

La emigración del campo a la ciudad tiene luego su reverso cuando una parte de la población retorna al campo, ya no en una condición de fuerza de trabajo sino como dominguero. Le gustan los bosques pero los encuentra cambiados. Admiten a regañadientes que, en efecto, no hay desforestación en Europa, pero apuntan a que los bosques actuales son “de peor calidad” (3). No vale el “cuanto más mejor”. Los bosques nuevos son “peores” que los antiguos, son menos frondosos, más jóvenes…

Es verdad que no hay desforestación, dicen otros, pero “la masa forestal crece sin control y aumenta el riesgo de incendio” (4). Están tentados de decir que lo mejor es acabar con los bosques antes de que se quemen o que las comunidades autónomas deben intervenir sobre ellos, como si fueran jardines. Los domingueros han construido segundas residencias en zonas que los bosques empiezan a invadir y temen que un incendio acabe con ellas.

Un bosque no es sólo un ecosistema natural, un “pulmón”, cuya evolución se pueda analizar desde el punto de vista biológico. Hay que tener en cuenta las relaciones de producción. En España los bosques se privatizaron con la desamortización de 1833. Dejaron de ser propiedad colectiva y se convirtieron en una mercancía. La mayoría fue expropiada y una minoría se los apropió, de una forma parecida a las tierras cultivables.

Bajo el capitalismo un bosque es un medio de producción y su historia cambia con el desarrollo del capitalismo. En Europa hay más bosques y más árboles, pero también ha aumentado la explotación de los mismos para obtener diferentes aprovechamientos industriales.

(1) http://www.geo-informatie.nl/fuchs003/
(2) https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29758029/
(3) www.eldiario.es/sociedad/espana-bosques-peor-calidad_1_4267539.html
(4) https://www.lasprovincias.es/comunitat/masa-forestal-crece-20220719180438-nt.html

El ‘agujero en la capa de ozono’ no se acaba de cerrar

El “agujero en la capa de ozono” es un nombre tan inapropiado como el de “efecto invernadero”. En la atmósfera no hay ningún agujero ni ningún invernadero. El ozono es un gas que está presente en distintas concentraciones. Cuando la concentración baja de un determinado punto, dicen que hay un “agujero”.

Sin embargo, la concentración de ozono cambia en distintas altitudes de la atmósfera, de un lugar a otro, del hemisferio norte al sur, y también con las estaciones del año.

Lo que los seudoecologistas quieren decir es que la concentración de ozono en la atmósfera se está reduciendo. La preocupación concierne, especialmente, a la Antártida, donde la concentración de ozono se reduce cada año en primavera, volviendo a recuperarse después. En el hemisferio norte hay una pequeña reducción de ozono, que Noruega rastrea desde 1929. Sus registros muestran que la reducción varía muy poco desde 1940.

La presencia de ozono en la atmósfera se descubrió en 1911 y la oscilación antártica la anunció George Dobson en 1957 en el Año Geofísico Internacional.

En 1974 Mario Molina y F. Sherry Rowland publicaron un estudio en la revista científica Nature que culpabilizaba a los gases CFC (clorofluorocarbonados o freones) de la destrucción del ozono atmosférico. En 1995 les concedieron a ambos el Premio Nobel de Química por el descubrimiento.

Los gases CFC se utilizaban a gran escala en los sistemas de refrigeración (frigoríficos, congeladores, aparatos de aire acondicionado) y en los pesticidas, disolventes y aerosoles (desodorantes).

En 1985 Joseph Farman sostuvo que el “agujero” de la Antártida estaba creciendo y que, además de la Antártida, podía extenderse a otras regiones de la atmósfera. No se ampliaba y luego se reducía periódicamente, sino que era cada vez mayor. Los medios de comunicación lanzaron la voz de alarma, como es característico en este tipo de mitos. El vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, llegó a escribir que los conejos y los salmones se quedarían ciegos.

El ozono llegó a ser uno de los compuestos químicos más conocidos y en 1975 dio el nombre a una revista española, portavoz típico de la oposición domesticada en la transición. La campaña de propaganda sirvió de pretexto para que la ONU tomara cartas en el asunto. La Convención de Viena de 1985, el Protocolo de Montreal de 1987 y la Enmienda de Kigali (Ruanda) en 2016 prohibieron los CFC.

Las emisiones de CFC se han reducido en un 90 por cien y muy pronto lanzaron las campanas al vuelo. Es un caso paradigmático de éxito científico y político. La ciencia ayudó a que los políticos salvaran a la Tierra del desastre (1). Gracias al Protocolo de Montreal, la capa de ozono se está recuperando, proclamó la ONU. En fin, estamos ante uno de los mayores éxitos de la seudoecología.

Debíamos esperar que el agujero se fuera cerrando poco a poco. Pero cuando una hipótesis es falsa, los hechos que la desmientan no tardan en aparecer. Al principio los propagandistas de la hipótesis se excusaron diciendo que se necesitarían muchos años para comprobar los efectos beneficiosos de la prohibición. El “agujero” se acabaría cerrando en 2050, aunque luego la NASA movió el calendario hasta 2070.

En el momento de la prohibición de los CFC los cálculos estimaban que el “agujero” medía unos 14 millones de kilómetros cuadrados y han transcurrido ya casi 40 años desde la prohibición. Si no se ha cerrado por completo, por lo menos se debería haber reducido de tamaño.

Pero las medidas no confirmaron las previsiones y los medios de comunicación empezaron a cambiar el tono de los titulares. “Los científicos no saben qué está impidiendo que, una vez eliminados los CFC, la capa de ozono se recupere” (2). En 2002 el “agujero” era de 12 millones de kilómetros cuadrados. Era un pequeño triunfo; muy pequeño. Sin embargo, en 2006 se duplicaba hasta los 30 millones de kilómetros cuadrados, en 2016 era de 21 millones y este año ha sido de 23 millones.

El “agujero” tiene hoy casi el doble de tamaño que en los años ochenta, cuando lanzaron lá hipótesis. Por lo tanto, la prohibición de los CFC no ha servido para nada y la concentración de ozono en la atmósfera sigue su curso, que no va siempre en la misma dirección. Unas temporadas el “agujero” se abre y otras se cierra. En 2019 era muy pequeño, un éxito, y dos años después muy grande, un fracaso.

Para justificarse, los charlatanes hablan ahora de “altibajos” causados por “anomalías atmosféricas”, o recurren a las erupciones volcánicas, o (¡cómo no!), al calentamiento. Hay muchas hipótesis para tratar de sostener una doctrina que, como es corriente en este campo, hace aguas por todas partes. Cuando los hechos no confirman las hipótesis, lo que deberían hacer es reconocer que es falsa, y no seguir inventando más hipótesis.

(1) https://eapsweb.mit.edu/news/2015/susan-solomon-on-lessons-from
(2) https://elpais.com/elpais/2018/02/05/ciencia/1517848528_575974.html

Se frena el crecimiento de la población mundial

La población mundial sigue creciendo, pero a un ritmo mucho más lento. Mientras el mundo se prepara para superar la marca de los 8.000 millones a finales de este mismo año. La población mundial es ocho veces mayor que en el siglo XIX, sigue creciendo y podría alcanzar los 10.000 millones de habitantes a finales de siglo. Sin embargo, el ritmo de crecimiento sigue disminuyendo considerablemente.

En 2022 el número de habitantes del planeta sólo habrá aumentado un 1 por cien, mientras que hace sesenta años seguía aumentando un 2 por cien cada año. La razón es el descenso de la fertilidad. Actualmente hay una media de 2,3 hijos por mujer en el mundo, frente a los 5 de 1950.

Algunas previsiones van más allá de las previsiones y estiman que la población mundial probablemente se reducirá a la mitad en 2100, tras haber alcanzado un máximo de algo menos de 9.000 millones de personas a mediados de siglo. Otras calculan que se estabilizará prácticamente a finales de siglo en torno a los 10.000 millones de habitantes.

La dinámica demográfica es muy diferente en las distintas regiones del mundo. El crecimiento demográfico es mucho mayor en la mayoría de los países de África y Oriente Medio y en el norte de la India. Es donde se producirá la mayor parte del crecimiento demográfico mundial en las próximas décadas. La población de África podría casi triplicarse de aquí a 2100, pasando de 1.400 a 3.900 millones de habitantes.

El año que viene India superará a China como país más poblado del mundo. Actualmente tiene una tasa de fecundidad de 2 hijos por mujer, frente a los 1,2 de China. Ambos países tienen algo más de 1.400 millones de habitantes este año. Para 2050 es probable que Estados Unidos también pierda su posición como tercer país más poblado del mundo en favor de Nigeria.

Europa, en cambio, está marcada por el envejecimiento de la población. El 21 por cien de su población tiene actualmente 65 años o más, frente a una media mundial del 10 por cien. Su tasa de fertilidad es también 0,8 puntos inferior a la media mundial. En consecuencia, la tasa de crecimiento natural anual de la Unión Europea es negativa.

España perderá 17 millones de habitantes durante este siglo por la baja natalidad. El actual gobierno ha transformado el Ministerio de Transición Ecológica en el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, una dualidad pintoresca que retrata el absurdo de las doctrinas seudoecologistas, fundadas sobre el malthusianismo.

Un estudio de la Fundación Bertelsmann advierte de que el envejecimiento demográfico de España reducirá el PIB en 200.000 millones en 2050. La población en edad de trabajar decrecerá a partir de 2025, lo que se traducirá en una caída de la renta per cápita progresiva, que será de 750 euros en 2030, 3.400 euros en 2040 y 6.500 euros en 2050.

La población envejece y, si no se reduce la precariedad y no llegan inmigrantes, la fuerza de trabajo se reducirá drásticamente.

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