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Arabia saudí va a impulsar la demanda de petróleo de los países en desarrollo

Arabia saudí está implementando un plan de inversión mundial masiva para suministrar petróleo y gas a los países en desarrollo, asegura el periódico británico The Guardian. Se llama Programa de Sostenibilidad de la Demanda de Petróleo (ODSP).

Según las previsiones saudíes, el uso de automóviles, autobuses y aviones que funcionan con combustibles fósiles aumentará en África y otros lugares.

El Programa planea acelerar el desarrollo de los viajes aéreos supersónicos, que utilizan tres veces más combustible que los aviones convencionales, y asociarse con un fabricante de automóviles para producir en masa un vehículo con motor de combustión barato. Otros proyectos fomentan el uso de “barcos a motor” que utilizan combustibles convencionales para suministrar electricidad a las poblaciones costeras.

Dirigido por el Príncipe Heredero Mohammed Bin Salman, el Programa involucra a las organizaciones más grandes de Arabia saudí, como el Fondo de Inversión Pública de 700.000 millones de dólares, la empresa petrolera más grande del mundo, Aramco, la empresa petroquímica Sabic y los ministerios más importantes del país árabe.

El Programa pretende eliminar las barreras a la energía y el transporte en los países más pobres. Los proyectos planificados implican un aumento en el uso de petróleo y gas, que es “uno de los objetivos principales”, según ha reconocido un dirigente saudí.

El Banco Mundial quiere desarrollar las energías renovables, mientras Arabia saudí prefiere vender su propia producción petrolífera.

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Emiratos Árabes Unidos aprovecha la cumbre del clima para firmar contratos sobre energía

Es una auténtica tomadura de pelo organizar una cumbre sobre el clima en uno de los mayores países productores de petróleo y gas del mundo, Emiratos Árabes Unidos, pero es aún más burlesco poner al frente de la misma a Sultan Al Jaber, director de la empresa petrolera pública ADNOC y de una empresa de energía renovable, Masdar.

A pesar de ello, la cumbre climática COP28 comenzará mañana en Dubai y Emiratos Árabes Unidos va a aprovechar el evento para firmar 27 nuevos contratos sobre energía, dice la BBC.

Al Jaber juega con todos los ases en la manga. Si un país quiere “energías fósiles” le firma un contrato, y si las quiere “renovables” también tiene los papeles preparados. Al menos 27 gobiernos extranjeros firmarán acuerdos de suministro energético durante la cumbre.

Para ello hay varias reuniones previstas al margen de las oficiales. Las primeras son privadas (a puerta cerrada); las otras son públicas (de cara a los medios de comunicación).

Los documentos filtrados a la BBC (*) contienen los objetivos y el orden del día redactados por las dos empresas, ADNOC y Masdar, sobre el desarrollo conjunto de proyectos de petróleo y gas con al menos quince gobiernos, incluidos China, Colombia, Egipto y Alemania. Las propuestas incluyen un posible acuerdo con China sobre gas licuado en Mozambique, Canadá y Australia.

En las reuniones privadas participarán Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania, los Países Bajos, Brasil, China, Arabia Saudita. Arabia, Egipto y Kenia. Las empresas emiratíes buscan el apoyo del gobierno de Reino Unido para ampliar un parque eólico frente a Sheringham, Norfolk, en el que Masdar tiene participación.

También buscan el apoyo brasileño para una oferta de ADNOC sobre Braskem, la mayor empresa procesadora de petróleo y gas de América Latina.

Emiratos Árabes Unidos confiesa que ha utilizado la cumbre climática para reuniones de negocios, pero considera que “las reuniones privadas son privadas”. “El Dr. Sultan Al Jaber tiene un enfoque singular en los negocios de la COP y en lograr resultados climáticos ambiciosos y transformadores en la COP28”, dice un comunicado oficial.

A causa de las críticas dirigidas a la organización de la cumbre y la presidencia de Al Jaber, la empresa emiratí ha contratado a varios grupos de presión estadounidenses para maquillar su imagen.

(*) https://www.bbc.co.uk/news/science-environment-67508331

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Los especuladores huyen de las industrias verdes

La seudoecología es una política económica al servicio del capital monopolista. Habla el mismo lenguaje que la bolsa de Wall Street: acciones, obligaciones, bonos, cotizaciones…

En torno a los planes de transición energética se crearon empresas y fondos de inversión que ahora desaparecen. A pesar de las ventajas fiscales, los mercados verdes no marchan. El dinero comienza a esfumarse, dice el Wall Street Journal.

Los fondos de inversión ambientalmente correctos han perdido 14.000 millones de dólares en lo que va de año. Al menos seis de ellos han anunciado que abandonan sus activos verdes antes de que acabe el año, mientras que otros 32 cerrarán.

No hace mucho, dice el Wall Street Journal, las empresas rebautizaban los fondos en crisis para que parecieran “sostenibles” y sacar provecho de los miles de millones de dólares que especulan en bolsa con el calentamiento climático.

El barco se hunde. Las industrias verdes están experimentando importantes reveses, en particular la energía eólica marina y los vehículos eléctricos, dice la cadena Fox News. Muchos de los problemas proceden, como en Alemania, de la energía eólica.

Los proyectos de energía eólica marina luchan por conseguir financiación para mantenerse en funcionamiento. El mayor golpe se produjo el mes pasado, cuando el mayor promotor de la energía eólica marina del mundo, la empresa alemana Ørsted, de la que ya hemos hablado, canceló dos proyectos importantes frente a las costas de Nueva Jersey.

Ørsted también ha suspendido su proyecto en las costas de Maryland y Delaware.

La cadena CNBC ha decidido cerrar su “mesa climática”, un equipo de periodistas a tiempo completo que se dedicaba a intoxicar sobre la “ebullición climática” (3). El tema está agotado y el dinero que lo financió también.

(1) https://www.wsj.com/livecoverage/stock-market-today-dow-jones-11-20-2023/card/esg-branding-is-disappearing-on-wall-st–Md3p1udf74JjgjUEu4PE
(2) https://www.foxnews.com/opinion/slow-demise-green-energy
(3) https://notthebee.com/article/cnbc-has-dismantled-their-climate-desk-amid-layoffs-so-they-will-no-longer-have-a-dedicate-global-warming-team/

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La seudociencia del cambio climático se sostiene a golpe de subvenciones

Un parásito de la ONU, Volker Türk, acaba de publicar un artículo en Nature, la revista científica por antonomasia, en el que propone “proteger los derechos de la ciencia” para luchar contra el “cambio climático” (*).

El plan es acabar con los debates y eliminar la libertad de cátedra en cuestiones climáticas, algo que ya se llevó a cabo durante la pandemia. La ciencia necesita tanta protección como la salud pública. El calentamiento del planeta no se debería poner en cuestión bajo ninguna circunstancia y los negacionistas deberían ser silenciados y despedidos de las aulas.

Türk no es científico sino el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, lo cual es irónico porque lo que quiere es suprimir la libertad de cátedra, el derecho a la libre expresión científica y, en definitiva, a criticar cualquier programa político o económico, tanto si lo promueve la ONU como el gobierno de Honduras.

Muy mal deben andar las tesis climáticas en el mundo académico para que la ONU se precupe de quienes siembran dudas sobre la “ebullición” y la Agenda 2030.

A falta de buenos argumentos, Türk se ve obligado a forzar el lenguaje para sostener la alarma sobre el clima: no se trata sólo de una crisis sino de un “desastre”. Ha llegado “la era de la ebullición mundial”, asegura, lo que significa que “si no tomamos medidas colosales de inmediato para abordarla”, el clima se convertirá en “una amenaza insuperable para el futuro de la humanidad”.

También carga contra algo bien conocido, como es la corrupcion de los científicos: “Demasiados gobiernos, formuladores de políticas y dirigentes de grandes industrias deliberadamente hacen la vista gorda ante la ciencia y emplean a ‘expertos’ sesgados para sembrar dudas y socavar los hechos científicos”, escribe este farsante.

Hay que acabar con la ciencía “mala” para situar a la “buena” en su lugar, y no hay nadie mejor que mequetrefes como Türk y otros parásitos de la ONU para diferenciar a una de otra.

Los tópicos no se acaban ahí. A Türk se le llena la boca con palabras mágicas, como “crítica”, “debate”, “desinformación” o “progreso científico” con lo cual trata de que las publicaciones científicas controlen los artículos que difunden de una manera más estricta. Las buenas recetas climáticas, escribe Türk, son políticamente correctas porque benefician a las mujeres, los niños, los indígenas, los negros, los discapacitados y los pobres. No podemos negarnos a reconocer el cambio climático porque interesa a los explotados, los pobres y los humillados de la tierra.

Tal y como la entiende Türk, la crítica no es una polémica entre las diferentes corrientes científicas, sino la excomunión de quienes se oponen a las tesis oficiales del calentamiento, como ya se hizo durante la pandemia con médicos y profesores universitarios. No es casualidad que Türk se refiera indistintamente tanto a las políticas de salud pública como a las ambientales.

El plan es sustituir la libertad científica por las subvenciones científicas, que es el modelo de los parástos profesionales como Türk. Mientras unos investigadores son censurados, otros deben ser financiados, propone, porque eso no entra dentro del capítulo de corrupción científica. Aquí no hay conflicto de intereses. “Los gobiernos deberían financiar la investigación sobre el cambio climático al nivel que merece una amenaza verdaderamente existencial”, dice.

Las revistas como Nature forman parte de ese sistema seudocientífico de corrupción. Hace un par de meses el climatólogo Patrick T. Brown confesó que había falsificado los resultados de un estudio sobre los incendios forestales al omitir factores importantes. Si su texto hubiera sido más flojo, los redactores de Nature habrían rechazado su publicación (2). Hay que cargar las tintas para que ciertos estudios climáticos lleguen a las revistas.

Así está ciencia hoy día. Los editores de las revistas seudocientíficas han dejado muy claro, tanto en lo que publican como en lo que rechazan, que quieren artículos sobre el clima que respalden las hipótesis canónicas establecidas de antemano, y si exageran un poco, la posibilidad de publicar aumenta aún más.

(1) https://www.nature.com/articles/d41586-023-03332-8
(2) https://www.thefp.com/p/i-overhyped-climate-change-to-get-published

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‘Producir hidrógeno verde a escala industrial no es económicamente viable’

Primero Alemania cerró las centrales nucleares, luego acabó con el gas procedente de Rusia y ahora las energías “limpias” se hunden, una tras otra. Las empresas de la transición ecológica son un pozo sin fondo de subvenciones públicas que el Tribunal Constitucional no va a permitir en lo sucesivo.

La industria “verde” está al borde del colapso y arrastra con ella a las políticas de un gobierno que tenía a la transición ecológica en su foco. Tres empresas, Raffinerie Heide, Ørsted Alemania y Hynamics Alemania, no construirán los talleres necesarios para fabricar hidrógeno.

Hace más de tres años las tres empresas unieron fuerzas y fundaron H2 Westend GmbH para levantar una fábrica en el lugar de unas viejas instalaciones industriales en Dithmarschen.

“Producir hidrógeno verde no tiene sentido, sobre todo debido a los elevados costes de inversión y los riesgos económicos asociados. A pesar de la financiación gubernamental, el funcionamiento a largo plazo de una planta de producción de hidrógeno verde a escala industrial no es económicamente viable”, afirman los consejos de administración de las tres empresas.

El proyecto estaba financiado por el Ministerio Federal de Economía desde 2020 en el marco del programa de transición energética por un importe total de 36 millones de euros. Según un representante de H2 Westend GmbH, del importe total se gastó alrededor de un millón. El proyecto fue considerado uno de los proyectos emblemáticos de las políticas verdes alemanas.

Como ya explicamos en otra entrada, la energía eólica tampoco marcha y la empresa Siemens Gamesa pierde dinero en abundancia. Este año el agujero subirá a los 4.500 millones de euros.

Siemens Energy no logró comprar la empresa española Gamesa, especializada en aerogeneradores rurales. Últimamente han surgido serios problemas con la calidad de sus turbinas.

El gigante alemán, al igual que otros productores europeos de energía limpia, ha celebrado contratos de suministro a largo plazo a precios fijos y ahora se enfrenta a un fuerte aumento de los precios del acero y el litio.

Además, los constructores de centrales eléctricas están perdiendo la competencia por las turbinas cada vez más grandes y potentes que fabrican las empresas chinas.

Siemens Energy se encuentra en una profunda crisis, a pesar de una cartera de pedidos por valor de alrededor de 110.000 millones de euros que no ha podido suministrar. Su solvencia se ha deteriorado considerablemente últimamente. Los bancos ya no están dispuestos a seguir concediendo más préstamos.

Hace unas semanas los directivos recurrieron al gobierno, que hasta ahora ha sido la tabla de salvación de las industrias verdes. Se trataba de que el dinero público avalara los préstamos privados. Al presupuesto alemán le costaría 15.000 millones de euros.

El Tribunal Constitucional también ha cerrado ese grifo. El gobierno ya no puede retirar dinero de fondos extrapresupuestarios para seguir financiando de manera indirecta a las empresas verdes.

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El desierto del Sáhara no está ampliando su extensión

Habitualmente las intoxicaciones sobre el calentamiento del planeta abundan en la discusión sobre las regiones polares y las grandes extensiones de hielo, como Groenlandia. Nadie se preocupa de los desiertos porque dan por sentado que allí hace mucho calor y en el futuro las temperaturas subirán aún más.

Sin embargo, en los desiertos también hace mucho frío por la noche, a pesar de lo cual la publicidad climática los convierte en un patrón de lo que les espera a otras regiones del mundo: se convertirán en desiertos, lo cual es algo malo por definición. Los desiertos son regiones inhóspitas.

El geólogo Stefan Kröpelin opina todo lo contrario y nos saca de un tópico manoseado: el desierto del Sáhara no sólo no está ampliando su extensión sino que se está reduciendo.

Kröpelin es un investigador climático de la Universidad de Colonia, en Alemania. Durante más de 40 años se ha especializado en el estudio del desierto del Sahara oriental.

En una entrevista (*) afirma que desde finales de los ochenta “el desierto se está reduciendo; no está creciendo”. Las lluvias han comenzado a extenderse hacia el norte de Sudán, y desde entonces han aumentado, lo que ha provocado una expansión de la vegetación hacia el norte.

Cuando terminó la última glaciación (hace unos 12.000 años), explica Kröpelin, el Sáhara oriental se volvió verde por la vegetación. Rebosaba de vida salvaje, e incluso hace 5.000 años, también contaba con numerosas masas de agua.

“Todos los estudios más importantes que llevamos a cabo muestran que después de la Edad de Hielo, cuando las temperaturas aumentaron, el Sáhara reverdeció […] las lluvias monzónicas aumentaron y el agua subterránea también”. La vegetación y la vida silvestre prosperaron, aunque luego, en los últimos miles de años, la región se secó. No ocurrió de repente, como sugieren los modelos climáticos actuales, subraya Kröpelin.

Los medios académicos convencionales hablan de “crisis climática” y “puntos de inflexión dramáticos”. Pero Kröpelin sostiene que “la naturaleza no funciona así. Las cosas cambian gradualmente”.

La hipótesis de que “tenemos que tener cuidado para que las cosas no se calienten medio grado porque, de lo contrario todo colapsará, son, por supuesto, una completa tontería […] Yo diría que este concepto [los puntos de inflexión] no tiene fundamento”.

(*) https://eike-klima-energie.eu/2023/11/09/klimaforscher-stefan-kroepelin-die-wueste-schrumpft-und-waechst-nicht/

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Plan de rescate del gobierno alemán para salvar a la energía eólica del fracaso

Uno de los mayores fabricantes de turbinas eólicas del mundo, Siemens Energy, negocia con el gobierno alemán un rescate en forma de avales públicos por valor de miles de millones de euros (*).

Los molinos de viento que agitan aire no son suficientes para producir la electricidad que necesitan las grandes fábricas alemanas para funcionar. En la jerga de los “expertos” de Bruselas son  “electrointensivas”.

A donde el capital privado no llega, tiene que llegar el Estado con su cartera de billetes para garantizar a los bancos que cobrarán sus préstamos hasta el último céntimo.

Siemens no puede pagar sus deudas, ni tampoco puede financiar las energías verdes, ni la transición ecológica que exige Bruselas.

La Unión Europea se ha lanzado a toda marcha hacia el abismo. Han cometido la torpeza de suponer que si las engergías limpias no eran rentables, bastaría con aumentar el precio de la energía.

En las religiones verdes hay dogmas que deberían haberse meditado un poco más, como el de producir electricidad solar durante el día cuando se consume por la noche. Es un principio que sólo vale para ciertas actividades económicas diurnas, como las oficinas públicas.

Por más que los seudoecologistas lloren por el destino su querido planeta, sus postulados económicos son una chapuza total… contando con el desarrollo actual de las fuerzas productivas.

(*) https://www.spiegel.de/wirtschaft/siemens-energy-bittet-um-staatshilfe-a-d603aea8-48f9-4abf-bd66-013f6b8c5820

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El coche eléctrico da marcha atrás

Los monopolios del automóvil están frenando la producción de sus modelos eléctricos. Es la tendencia que predomina en Estados Unidos, y en todo el mundo. Las empresas están cada vez más preocupadas por el rechazo de los clientes y los precios desorbitados de repuestos como las baterías.

Toyota se felicita por haber acertado al mantenerse alejado de los vehículos eléctricos, mientras Honda pone fin a su proyecto de coches eléctricos baratos con General Motors, que ha hecho lo propio. La crisis económica ha provocado una caída de la demanda. Los coches eléctricos cuestan miles de euros más que los modelos térmicos.

La electrificación de la red de estaciones de carga llega tarde y sigue apoyándose en generadores convencionales de fácil instalación en la red de autopistas. El Parlamento Europeo aprobó una ley para instalar una estación de carga cada 60 kilómetros de aquí a 2026. Pero tres años es una eternidad y los conductores no pueden esperar tanto.

Un viaje en coche eléctrico es una experiencia delicada en la que el placer de conducir se desvanece al cabo de un cuarto de hora para encontrar las ubicaciones de las estaciones de carga. Un viaje en un coche eléctrico también se alarga por el tiempo de recarga, que es más dilatado en comparación con el que se tarda en llenar un depósito de gasolina. El coche eléctrico sólo tenía un futuro urbano consistente en trayectos cortos y menor necesidad de recarga.

Las tarifas de los seguros de automóviles se van a disparar un 27 por cien. Las aseguradoras tienen que cubrir los incendios provocados por baterías eléctricas cuando el coche está en el garaje, lo que -en el caso de las viviendas unifamiliares- ha provocado un aumento del seguro del hogar del 5 por cien.

General Motors, Ford y muchos otros fabricantes de automóviles tradicionales han invertido miles de millones en el desarrollo de vehículos eléctricos y empresas conjuntas de fábricas de baterías en los últimos años para tratar de alcanzar a Tesla, mientras Toyota se ha tomado su tiempo. Hasta ahora se ha centrado en los vehículos híbridos y sus nuevos modelos no llegarán hasta después de 2025, cuando la multinacional este preparada para producirlos en masa sobre una nueva plataforma, con un sistema de suministro de energía que supera a Tesla en términos de velocidad y coste de producción.

General Motors ya no fabricará los 400.000 vehículos eléctricos que tenia planeados para mediados de 2024 y ha puesto fin a una asociación de 5.000 millones de dólares con Honda para desarrollar un automóvil de bajo costo. A partir de ahora ambas multinacionales trabajarán por su cuenta.

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Millones de canadienses están sumergidos en un invierno glacial

Esta semana ha llegado una una ola de frío temprana al oeste de Canadá, alcanzando a las provincias de Alberta, Columbia Británica, Saskatchewan y Manitoba. La masa de aire ártico pondrá las temperaturas bajo cero y causará fuertes nevadas.

Esta ola de frío repentina marca el inicio del período invernal en el oeste de Canadá. Las temperaturas están cayendo en picado y han mostrado temperaturas bajo cero varios días consecutivos.

El pronóstico indica noches heladas con temperaturas inferiores a los -10°C. Para los habitantes de esas provincias es hora de sacar los abrigos de invierno y prepararse para afrontar los rigores de la estación fría.

Entre las regiones más afectadas por el enfriamiento repentino destaca Calgary, con nevadas que oscilaron entre 10 y 15 centímetros hasta ayer. La situación ha requerido una mayor vigilancia de las carreteras.

La primera ola de frío marca el comienzo del invierno. Aunque las nevadas importantes en octubre no son un fenómeno completamente desconocido, las cantidades esperadas superarían la media de todo el mes de octubre, que suele rondar los 12 centímetros.

La nieve también ha llegado al Parque Nacional de los Glaciares de Montana, a pesar de que hace unos años los carteles turísticos anunciaban que en 2020 el hielo desaparecería. Ahora el Parque presenta el aspecto de la imagen de portada.

En un país africano, como Marruecos, el gobierno ha puesto en marcha una operación de gran envergadura para proteger a las poblaciones de los municipios de Teluet, Juzama e Imi N’Ulaune, en la provincia de Uarzazat) contra una ola de frío polar.

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El 40 por cien de los datos de temperatura son inventados

El número de estaciones que miden las temperaturas de la USHCN, la red de climatología histórica de Estados Unidos, ha cambiado con el tiempo. Algunas son nuevas y las antiguas desaparecen.

Desde finales de la década de los noventa el número de estaciones meteorológicas comenzó a caer en picado. De unas 1.200 entre 1930 y 1996 se redujeron a solo 830 a partir de 2020. Más del 40 por cien de las estaciones que formaban parte de la red USHCN ya no existen.

En una época de “ebullición climática”, cuando necesitaríamos más y mejores estaciones de medición, su número desciende.

Pero lo más sorprendente es que la NOAA, la central encargada de procesar las mediciones para emitir sus informes oficiales, sigue mostrando los datos de temperatura de las estaciones desmanteladas.

Un ejemplo es la estación de Belle Glade, en Florida (*). No existe desde 2005 pero, como en los demás casos, la NOAA ha sustituido los datos reales de temperatura por sus propias “estimaciones”, o sea, que el 40 por cien de los datos son inventados.

La NOAA admite abiertamente la manipulación, pero recurre a un eufemismo para suavizar el truco: es necesario hacerlo así para “mejorar la calidad de los datos”.

Al comparar los datos reales de temperatura desde hace más de un siglo, con los datos “mejorados” por las instituciones seudocientíficas, lo que aparece es que en la primera serie (azul) el mundo se va enfriando, mientras que en la segunda (rojo) el mundo se calienta, como se ve en el cuadro adjunto.

La paradoja es consecuencia de ese empeño por “mejorar” la realidad.

(*) https://twitter.com/_ClimateCraze/status/1713596440411271333