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La medicina moderna es la brujería de los ‘expertos’

Una de las revistas mejores y más interesantes que publica el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) es “Asclepio” y es lamentable que los científicos que forman parte de dicho organismo no le presten la atención que merece.

Asclepio, el Escolapio de los romanos, es el dios griego de la medicina. Su hija y ayudante se llamaba Higea porque desde tiempos inmemoriales la humanidad ha sabido que la higiene es uno de los dos pilares de la salud; el otro es la alimentación.

A lo largo de la historia los pobres, que viven en la imundicia y que padecen hambre, han sido el mejor caldo de cultivo de las plagas, eso que ahora llaman “enfermedades contagiosas”. El hambre es el reverso dialéctico de la alimentación y hasta hace muy pocos años las sociedades nunca diferenciaron entre la nutrición, los fármacos y las drogas.

Antes de que las farmacias pusieran una cruz verde en sus locales, su símbolo era la “Copa de Higea” que contenía una poción que el enfermo debía beber para restablecer la salud, lo mismo que en misa el pecador bebe la sangre de Cristo que le ofrece el sacerdote para expiar sus culpas.

En otros tiempos tampoco conocieron esa diferencia que hoy introducimos entre magia y farmacia.

En las farmacias la “Copa de Higea” aparecía rodeada por una serpiente que escupe en su interior. Las serpientes elaboran venenos, que los médicos usaban no sólo para matar, sino también para curar. Ambas prácticas van unidas. Lo mismo que te mata tambien te cura. Es cuestion de no pasarse, de tener cuidado con los excesos.

La serpiente simboliza la ciencia y la sabiduría. Al comienzo de la Torá, la Biblia y el Corán, la serpiente -o sea, los científicos- engaña a Eva para que coma el fruto del árbol prohibido, desobedeciendo el mandato de dios. Podía comer el fruto de cualquier árbol, excepto de aquel precisamente: era el árbol de la sabiduría, identificada con el mal. La ciencia es pecado porque basta la palabra de dios. La humanidad no debe pensar por sí misma.

En las estatuas antiguas, en el emblema de la Organización Mundial de la Salud y en la mayor parte de los colegios de médicos, Asclepio aparece con un bastón rodeado por dos serpientes. Se llama “caduceo” que, con el tiempo, evolucionó hacia la varita mágica y el símbolo de ETA, donde el bastón se ha trasformado en el mango de un hacha.

En las ceremonias oficiales, los alcaldes ostentan ese mismo bastón que recuerda a la sociedad perfecta de Platón, donde quienes mandan son los sabios. Los políticos se rodean de “expertos” y hombres de ciencia. Sus recomendaciones, como la de no comer carne en exceso, tienen el aval de las disciplinas nutricionales modernas, preocupadas por la salud pública.

El ministro de Consumo le ha dado una pirueta de 180 grados a la historia. Se podía haber interesado por el millón y medio de familias que pasan hambre en España, pero no ha sido así. La ciencia ha diagnosticado que el verdadero problema es que comemos carne con glotonería, y ya sabemos que los políticos van de la mano de la sabiduría y el conocimiento auténticos. ¿O es al revés?, ¿van los cientificos de la mano de los políticos?

Lo mismo que en la Torá, la Biblia y el Corán, hoy seguimos comiendo la fruta del árbol prohibido del conocimiento. ¿Nos engaña la serpiente como a Eva en el paraíso?, ¿escupirá una medicina o un veneno? Las vacunas ¿son un remedio que nos cura o un tóxico que nos mata?, ¿apoyamos a los provacunas o a los antivacunas?

Perseguimos respuestas simples a dilemas complejos. No nos gustan las explicaciones largas, y menos las que se sostienen sobre la historia y la experiencia. Las soluciones deben aparecer en blanco y negro; sin grises.

Recientemente tres científicas del CSIC falsificaban la historia de las vacunas, cuyo origen atribuían al británico Jenner. Pero ni Jenner inventó las vacunas, ni era médico, sino todo lo contrario: era un curandero de esos que hoy ellas mismas denostarían como “anticientífico”. Las vacunas son una práctica médica ancestral, cuando no había jeringuillas, y los primeros documentos escritos aparecen en China hace más de mil años.

En el griego antiguo la palabra farmacia (“pharmakeia”) se puede traducir como “magia”. En los akelarres las brujas utilizaban pociones y conjuros. Los participantes sanaban de sus enfermedades, como en Lourdes, y en el peor de los casos mitigaban su dolor con un buen colocón de setas venenosas y otras drogas.

Paracelso fue uno de aquellos magos, que antes también fue despreciado y ahora sus obras han sido traducidas y editadas por el CSIC, por lo que ha salido de las filas del ocultismo. La Wikipedia le define como “un médico moderno, adelantado a sus contemporáneos”. Ya podemos hablar de él como científico de primer nivel sin que nos insulten.

Fue pionero en la utilización de metales, como el mercurio, en las medicinas. Hasta su tiempo la botica era la botánica porque los únicos remedios era el herbolario, las plantas. Desde entonces y durante más de 300 años los médicos trataron enfermedades, como la sífilis, con mercurio, un metal que hoy está absolutamente prohibido, incluso en los termómetros por su toxicidad.

Los sifilíticos no morían por la enfermedad sino por el remedio que prescribían los médicos. En algunos idiomas al mercurio se le llama “plata viva”. En inglés se dice “quick silver”, de donde deriva “quack salber” que se puede traducir como matasanos, curandero o charlatán.

En el mundo moderno, donde la medicina quiere presumir de ser una ciencia, la situación no ha cambiado. Más de una tercera parte de las muertes son iatrogénicas, es decir, que los enfermos están muriendo a causa de los médicos, de los fármacos, las intervenciones quirúrgicas y los hospitales.

Es cosa de la magia (o sea de la farmacia).

Más información:
— La ideología del contagio
— Materialismo, idealismo y teoría del contagio en la medicina clásica

Las publicaciones científicas aparecen envueltas en los montajes políticos de la pandemia

Durante el año pasado, la hipótesis de que el coronavirus podría no tener un origen “natural” sino “artificial”, es decir, fabricado o fugado del laboratorio de Wuhan, en China, fue tratada como conspiranoica y, como tal, aborrecida y censurada por los comentaristas oficiales.

Sólo los medios más reaccionarios y los partidarios de Trump se atrevieron a insistir en ella.

Pero llegó Biden, un demócrata que se ha empeñado en sostener la hipótesis de la reacción, y en los primeros meses de este año todo ha cambiado. Ahora la hipótesis oficial es lo que antes era conspiranoico.

Sostener el origen “artificial” del virus ya no están tan mal visto porque sirve a la política antichina del imperialismo. No importa que sea verdad o mentira porque el argumento es políticamente impecable: la culpa de la pandemia corresponde a China.

Ahora a los “expertos” les corresponde investigar a fondo hasta demostrar la tesis prefabricada, es decir, contratar laboratorios “prestigiosos” hasta que sean capaces de llevar sus elucubraciones hasta una revista con tragaderas para publicarlo.

Pero una maniobra de esa envergadura huele a podrido desde el principio. No es fácil de digerir, ni quiera para los científicos más vendidos. No pueden dar una pirueta de 360 grados sin que su servilismo se note demasiado.

Una revista como el British Medical Journal ya está sobre aviso y ha abierto una rueda de opiniones con los divulgadores científicos. “¿Han sido los medios víctimas de una campaña de desinfomación”, pregunta el British Medical Journal (1).

La desinformación, pues, ya no es propia sólo de los medios generalistas, sino también de los científicos. Ya no es posible saber si las publicaciones científicas lo son realmente, es decir, si corresponden a una investigación académica o sólo son una continuación de las grandes cadenas de intoxicación política, como la CNN, Der Spiegel, la BBC, el Corriere de la Sera o Sky.

No es algo que haya comenzado ahora, cuando han estirado demasiado la pandemia, que amenaza con reventar sus costuras. La cuestión del “orígen” del coronavirus se torció desde los primeros días, ya que “los investigadores financiados para estudiar los virus con potencial pandémico lanzaron una campaña en la que calificaban la hipótesis de la fuga del laboratorio como una teoría de la conspiración”.

Uno de los que encabezaron esa campaña fue Peter Daszak, el personaje de la foto de portada, presidente de la EcoHealth Alliance, una organización que recibió millones de dólares en subvenciones del gobierno de Estados Unidos para la investigación de los virus y la previsión de pandemias.

Pero como tantos otros tinglados siniestros, EcoHealth Alliance no es nada por sí mismo, ya que a lo largo de los años subcontrató su investigación a científicos de varios laboratorios de nula fiabilidad, de esos que declaran no tener interés económico alguno en los artículos científicos que publican.

Sin embargo, del dinero desembolsado por el gobierno de Estados Unidos, unos 600.000 dólares fueron a parar al Instituto de Virología de Wuhan.

Los “expertos” como Daszak son los matones de la ciencia moderna, los que imponen el canon y silencian a los demás. Poco después de que comenzara la pandemia, Daszak logró acallar el debate sobre la posibilidad de una fuga en el laboratorio con una declaración publicada en febrero de este año en otra revista científica, The Lancet (2).

Era una carta en la que Daszak figuraba como uno de los 27 firmantes, algo que se está convirtiendo en característico de varias disciplinas científicas. “Nos unimos para condenar enérgicamente las teorías conspirativas que sugieren que el COVID-19 no se produce de forma natural”, decían los sicarios de Daszak en aquella carta.

Ninguna de las hipótesis sobre el “origen” del coronavirus tienen ningún carácter científico, como ya hemos explicado tantas veces. No son otra cosa que declaraciones políticas para poner a China contra las cuerdas. Demuestran que la “unanimidad científica” que han aparentado desde el inicio de la pandemia es falsa, y si las peleas internas continúan, el montaje político urdido desde el año pasado se puede desplomar como un castillo de naipes.

Sin ningún lugar a dudas, este montaje se vendrá abajo tarde o temprano, pero los navajazos por debajo de la mesa pueden hacer que caiga de manera rápida y estrepitosa, dejando en ridículo al trío de políticos, periodistas y “expertos” que la ha sostenido.

(1) https://www.bmj.com/content/374/bmj.n1656
(2) https://www.thelancet.com/pdfs/journals/lancet/PIIS0140-6736(20)30418-9.pdf

La primera hambruna causada por motivos climáticos es otra manipulación de los organismos internacionales

Madagascar es “el primer país que se enfrenta a una hambruna relacionada con el calentamiento global”, según un comunicado de 23 de junio difundido por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (1).

El director de dicho Programa, David Beasley, visitó el sur de la isla y se ha puesto a largar sobre escenas dignas de una película de terror. “Algunos habitantes han llegado a comer tiras de cuero”, dijo.

Como suele ocurrir con este tipo de tonterías, a las cadenas internacionales de intoxicación les ha faltado para llevar esta “información” a las primeras planas de sus noticiarios (2). Lo mismo cabe decir de las ONG, como “Acción contra el Hambre” (3), que han aprovechado la calamidad para recaudar dinero.

El sur de Madagascar sufre episodios recurrentes de sequía que provocan hambrunas. Son tan habituales que en malgache hay una palara para referirse a ellas: “keré”. El primer “keré” registrado oficialmente data de 1896. Desde entonces, el país ha sufrido dieciséis episodios de hambruna, el último de los cuales, aún en curso, comenzó en mayo del año pasado.

En noviembre del año pasado Paubert Mahatante Tsimanaraoty, investigador de la Universidad de Tulear, explicó en una conferencia que estas sequías periódicas existen desde hace 6.000 años. La posición geográfica del sur de Madagascar predispone la región a la sequía. Ese tipo de situaciones se agravan por el fenómeno periódico de El Niño.

“Keré” es, ante todo, un problema político, dijo Paubert Mahatante Tsimanaraoty en su conferencia: “El gobierno sabía que iba a llegar y no aportó las soluciones esperadas, como hicieron los gobiernos anteriores”.

Su afirmación está en consonancia con los trabajos del indio Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, que ha demostrado que las hambrunas casi siempre están causadas, allí donde se producen, por el imperialismo y no por el clima.

Cuando las condiciones meteorológicas no son favorables para la agricultura, el remedio frente al hambre requiere un diagnóstico previo y unas medidas políticas y económicas adecuadas. Lo demás es un intento de instrumentalizar las miserias del capitalismo para promover la tesis del calentamiento.

En todo el mundo el hambre es consecuencia del capitalismo, no del clima.

(1) https://news.un.org/fr/story/2021/06/1098762
(2) https://canal1.com.co/entretenimiento/madagascar-primer-pais-del-mundo-en-sufrir-hambruna-debido-al-calentamiento-global/
(3) https://www.accioncontraelhambre.org/es/africa/madagascar

Las inversiones ‘filantrópicas’ en la industria farmacéutica se superponen con la investigación científica

Una característica cada vez más clara de la pandemia de Covid-19 es que la respuesta a la salud pública está siendo impulsada no sólo por los gobiernos y las instituciones multilaterales, como la Organización Mundial de la Salud, sino también por una serie de asociaciones público-privadas en las que participan empresas farmacéuticas y fundaciones privadas.

Una de las voces más destacadas es la de Wellcome Trust, uno de los principales financiadores de la investigación sanitaria del mundo, cuyas extensas actividades benéficas en la pandemia incluyen la codirección de un programa de la OMS para apoyar nuevas terapias contra el Covid-19. El proyecto Acelerador del Acceso a las Herramientas de Covid-19 (ACT) espera recaudar miles de millones de dólares y suministrar cientos de millones de tratamientos en el próximo año, incluyendo la dexametasona y una serie de anticuerpos monoclonales.

Al mismo tiempo, según el British Medical Journal, la propia Wellcome tiene inversiones en empresas que producen estos mismos tratamientos. Las declaraciones financieras de finales de 2020 muestran que Wellcome tiene una participación de 275 millones de libras (318 millones de euros) en Novartis, que fabrica dexametasona y está investigando otras terapias. Y Roche, en la que Wellcome tiene una participación de 252 millones de libras, está ayudando a fabricar anticuerpos monoclonales con Regeneron. Tanto Roche como Novartis afirman haber mantenido conversaciones con quienes dirigen el proyecto del Acelerador ACT de la OMS acerca de sus propios medicamentos terapéuticos.

Los intereses financieros de Wellcome se han publicado en el sitio web del consorcio y a través de los registros financieros reguladores, pero no parecen haber sido revelados como conflictos de intereses financieros en el contexto del trabajo de Wellcome sobre el covid-19, pese a que muestran que el consorcio está posicionado para beneficiarse potencialmente de la pandemia, financieramente hablando.

Las revelaciones sobre los conflictos de intereses financieros del Wellcome Trust se producen después de las noticias que indican que otra organización benéfica, la Fundación Gates, también está posicionada para beneficiarse potencialmente de su papel de liderazgo en la respuesta a la pandemia. Una investigación de The Nation reveló que Gates había invertido más de 250 millones de dólares (206 millones de euros) en empresas que trabajan en la lucha contra el covid-19 y citó a grupos de la sociedad civil que expresaron su alarma por la enorme influencia que ejerce la multimillonaria organización benéfica en la respuesta a la pandemia, que consideran que eleva el papel de la industria farmacéutica.

Sin embargo, organizaciones filantrópicas como Gates y Wellcome -e incluso las empresas farmacéuticas- han sido generalmente elogiadas en los medios de comunicación durante la pandemia por sus esfuerzos para resolver la crisis de salud pública, prestando relativamente poca atención a sus intereses financieros, y con pocos controles y equilibrios sobre su trabajo.

“Lo que la pandemia está haciendo es dar brillo a la reputación de organizaciones como Gates y Wellcome y las compañías farmacéuticas, cuando no creo que realmente merezcan ese brillo“, dice Joel Lexchin, profesor emérito de la escuela de política y gestión sanitaria de la Universidad de York en Toronto. “Creo que están actuando como siempre lo han hecho, que es, desde el punto de vista de las compañías farmacéuticas, velar por sus propios intereses financieros, y desde el punto de vista de las fundaciones perseguir sus propios objetivos, determinados de forma privada, sin ser responsables ante nadie más que ante sus propios consejos de administración”.

¿Conflicto de intereses?

Mohga Kamal-Yanni, un asesor político de ONUSIDA y otras organizaciones que recientemente corredactó un documento en el que se citaban los problemas de la influencia de la Fundación Gates en la pandemia, afirma que las inversiones de Wellcome plantean cuestiones críticas en torno a la transparencia y la responsabilidad.

“En relación al Covid, estas dos palabras tienen un significado muy grande, porque queremos saber que las decisiones se están tomando basadas en la evidencia y la ciencia“, dice. “¿Sabemos con qué empresas hablan? ¿Cómo toman las decisiones sobre la financiación de una empresa concreta, o de este o aquel producto?”.

El Wellcome Trust niega que sus inversiones comprometan -o entren en conflicto- con su independencia. “No tenemos conocimiento de ninguna situación en nuestras relaciones con… el acelerador ACT en la que haya surgido un conflicto como resultado de nuestra cartera de inversiones, o en la que hubiera sido necesario que los representantes de Wellcome se recusaran“, dijo un portavoz, declinando comentar sus inversiones en Novartis o Roche. “Nunca tomaríamos decisiones ni asesoraríamos a otros sobre la respuesta a la pandemia por una razón distinta a la salud pública”.

Los partidarios de Wellcome describen el profundo nivel de conocimientos biomédicos que la organización benéfica aporta a la pandemia, sobre todo de la mano de su director, Jeremy Farrar, un afamado investigador de enfermedades infecciosas al que se atribuye un papel destacado en anteriores brotes de ébola y gripe aviar.

Kenny Baillie, jefe de un grupo de investigación en el departamento de genética y genómica de la Universidad de Edimburgo, que ha recibido fondos de investigación de Wellcome, dice que la organización benéfica también merece crédito como “faro de probidad y buena gobernanza”.

Explica: “Ciertamente puedo hablar de mi experiencia personal interactuando con la parte científica, y no ha habido ningún intento de influir en mí o en cualquier otro investigador que conozco para que no haga la mejor ciencia en beneficio de la humanidad”. Sin embargo, aún no está claro qué estructuras de gobierno existen para garantizar que la vasta dotación de Wellcome no influya en su función de fijar la agenda a través de la OMS o de su otro trabajo en la pandemia.

Unitaid, que codirige el proyecto ACT Accelerator de la OMS, dice que tiene un “claro entendimiento mutuo” con Wellcome “de que los intereses institucionales relevantes se revelarán de forma transparente”. Pero, según declaró Unitaid el pasado diciembre, “no hemos recibido ninguna declaración de conflicto de intereses”.

Marc Rodwin, profesor de Derecho de la Universidad de Suffolk, en Boston (Massachusetts), afirma que las instituciones con conflictos de intereses financieros pueden seguir haciendo valiosas contribuciones a la respuesta a la pandemia, pero no deben estar en una posición de influencia o de toma de decisiones.

“Yo iría más allá de decir que deberían recusarse de determinadas decisiones. ¿Por qué se les elige en primer lugar para ocupar esos puestos [de autoridad]?“, se pregunta. “Nótese el concepto de factor de riesgo epidemiológico en este caso: es introducir un nivel de riesgo que es innecesario. Cuando hay mucho dinero en juego, uno no debe tener tal tipo de conflictos de intereses financieros, que puedan influir en esas decisiones”.

Asesor del gobierno

Además de su trabajo a través de la OMS, Wellcome también influye en la respuesta a la pandemia a través de la posición de Farrar en el Grupo de Asesoramiento Científico para Emergencias (SAGE) que asesora al gobierno del Reino Unido sobre el covid-19, así como su puesto en la junta directiva de la Coalición para las Innovaciones de Preparación para la Epidemia (CEPI), una asociación público-privada líder en la pandemia que ha prometido más de mil millones de dólares para el desarrollo de la vacuna contra el covid-19.

También aparece con frecuencia como experto en los medios de comunicación, incluyendo el BMJ [British Medical Journal], donde ha citado el potencial de medicamentos específicos contra el covid-19. Estas actividades de asesoramiento y de los medios de comunicación parecen coincidir con la dotación de 28.000 millones de libras de Wellcome, que tiene al menos 1.250 millones de libras invertidas en empresas que trabajan en vacunas, terapias y diagnósticos contra el covid-19: Roche, Novartis, Abbott, Siemens, Johnson & Johnson y -a través de sus participaciones en la sociedad de inversión Berkshire Hathaway- Merck, AbbVie, Biogen y Teva.

Farrar forma parte del comité interno de inversiones de Wellcome, que desempeña una amplia función de asesoramiento en relación con la dotación del fondo. Wellcome no quiso hacer comentarios sobre la conveniencia de la doble función de Farrar -ayudar a gestionar el dinero del fondo y su misión filantrópica- y rechazó múltiples peticiones para entrevistar a Farrar o a otros representantes de la organización benéfica.

Se desconoce el alcance total de las inversiones de Wellcome en empresas que trabajan en el covid-19 porque el fondo también se negó a revelar los detalles de su cartera de inversiones, la mayor parte de la cual se describe sólo de forma general como invertida en “fondos de cobertura”, “acciones públicas”, “capital privado” o “propiedades”. Wellcome publica en su sitio web una lista de unas pocas docenas de sus mayores inversiones corporativas individuales, y el BMJ [British Medical Journal] descubrió información adicional sobre la dotación de Wellcome a través de las presentaciones financieras ante el fisco que hizo en Estados Unidos.

Sobre la base de esta limitada información pública, Wellcome parece estar ampliando sus inversiones relacionadas con el Covid, informando el verano pasado de casi dos millones de acciones en Abbott Laboratories, un importante proveedor de pruebas de diagnóstico de Covid-19. Los archivos reguladores de Wellcome afirman que, de julio a octubre de 2020, el valor de sus 1,95 millones de acciones en Abbott aumentó de 178 millones de dólares a 212 millones de dólares, una ganancia inesperada para la organización benéfica sin ánimo de lucro.

Wellcome informa de ganancias de 3.300 millones de libras de todas sus inversiones en 2020, tres veces más dinero que el que la fundación donó en caridad.

Influencia de los inversores

El papel de Wellcome en los mercados financieros se ha manifestado de otras formas sorprendentes durante la pandemia. El Wall Street Journal ha informado de que Wellcome celebró conferencias telefónicas con empresas de inversión privadas ya en enero de 2020, en las que Farrar advertía a los gestores de dinero sobre la gravedad del covid-19. Las llamadas llevaron a los inversores a reorganizar sus carteras, ya fuera para minimizar las pérdidas o para obtener ganancias financieras, informó el periódico.

El fideicomiso no quiso facilitar las transcripciones de las conferencias telefónicas de Farrar con inversores externos, pero declaró que ofreció a los inversores las mismas advertencias sobre el Covid que ofreció en los medios de comunicación y otros lugares.

Dos de las empresas de inversión que participaron en las llamadas con Farrar -Sequoia y Blackstone- han pagado dividendos a Wellcome en los últimos años, según se desprende de las declaraciones fiscales recientes de la organización benéfica en Estados Unidos. Wellcome no quiso comentar si tenía dinero invertido en estas empresas en el momento en que organizó las llamadas de Farrar.

La ética de las actividades de inversión de Wellcome ha sido objeto de escrutinio público en varias ocasiones en los últimos años, incluida una campaña pública organizada por el periódico The Guardian en 2015 para presionar a Wellcome y a la Fundación Gates para que se desprendan de los combustibles fósiles. Decenas de miles de personas firmaron una petición de la campaña, en la que se argumentaba que las inversiones en combustibles fósiles de Wellcome y Gates estaban en contradicción con su labor de apoyo al “progreso humano y la igualdad”.

En una carta de respuesta, Farrar descartó la desinversión como estrategia, diciendo que Wellcome estaba utilizando su posición como inversor para empujar a las empresas de combustibles fósiles hacia un mejor comportamiento. Un ex empleado de Wellcome dijo que las inversiones en combustibles fósiles del fideicomiso se convirtieron en una fuente de gran controversia entre los empleados, que cuestionaron la estrategia de inversión de la organización benéfica.

En 2018 la revista Science informó de que Wellcome tenía casi 1.000 millones de dólares en inversiones en el extranjero, incluido un fondo de energía de las Islas Caimán que tenía una participación en una empresa que vende combustibles marítimos altamente contaminantes. Science citó a economistas que critican duramente las inversiones offshore de Wellcome y otras organizaciones benéficas en paraísos fiscales como las Islas Caimán, acusando de institucionalizar y normalizar el comportamiento de evasión fiscal, que exacerba la desigualdad de ingresos.

Gobernanza del sector público y privado

A lo largo de la pandemia, las acusaciones de conflictos de intereses financieros han rodeado a muchos actores públicos y privados en muchas jurisdicciones. En Reino Unido el principal asesor científico del gobierno, Patrick Vallance, fue noticia cuando se demostró que tenía vínculos financieros con la empresa farmacéutica GlaxoSmithKline. Fuentes gubernamentales han defendido a Vallance de las acusaciones de irregularidades.

En EE.UU., cuatro miembros del Congreso fueron investigados por operar con acciones basándose en información no pública a la que tenían acceso por sus cargos políticos. Todos fueron absueltos durante la investigación, según informó el New York Times.

El año pasado, el BMJ [British Medical Journal] informó de que el Grupo de Asesoramiento Científico para Situaciones de Emergencia del Reino Unido no había revelado públicamente los intereses contrapuestos relacionados con el covid-19, después de lo cual se liberaron para su revisión pública.

A pesar del enorme papel que desempeñan las organizaciones benéficas privadas en la respuesta a la pandemia, sus intereses financieros han sido poco examinados, probablemente porque las fundaciones no están sujetas a los mismos mecanismos de supervisión que las instituciones públicas.

Linsey McGoey, profesora de sociología de la Universidad de Essex, que ha escrito extensamente sobre la responsabilidad en la filantropía, considera las inversiones farmacéuticas de Wellcome y Gates en el contexto de su apoyo a los mecanismos de mercado imperantes que impulsan la medicina moderna, lo que se ha traducido en que las naciones ricas tengan acceso prioritario a los medicamentos contra el virus Covid-19. Muchas partes interesadas están desafiando este modelo económico durante la pandemia, señala McGoey, incluida la presión ejercida sobre la Organización Mundial del Comercio para que relaje las restricciones de propiedad intelectual relacionadas con las vacunas y los productos terapéuticos.

Según ella, “parecen estar totalmente comprometidos con un modelo caritativo que entra en conflicto con el enfoque de justicia sanitaria y de vacunas que reclaman la mayoría de los activistas y responsables políticos del Sur. Estas fundaciones perpetúan la falsa impresión ideológica de que están resolviendo el problema, aunque no sea así. Y puede que lo agraven perpetuando esta impresión ideológica de salvación del sector privado”.

Tim Schwab BMJ 2021;372:n556
https://extramurosrevista.com/covid-19-la-confianza-y-el-wellcome-trust-como-las-inversiones-filantropicas-en-la-industria-farmaceutica-se-superponen-con-la-investigacion/

Greta Thunberg pide dejar de comer carne ya que, en caso contrario, ‘la próxima pandemia será mucho peor’

En un vídeo la sueca Greta Thunberg advierte lo que le ocurrirá al planeta “si la carne sigue siendo tan importante en nuestra alimentación”. Sostiene que el “sufrimiento ecológico” solo podría aliviarse si “se dejara de criar ganado”, abandonando el consumo de carne.

Es la última tonteoría de los imperialistas: comer carne ya no es sostenible, por los recursos naturales que consume. “Nos quedaremos sin tierra y sin alimentos”, afirmó.

Los altavoces del imperialismo, como Thunberg, quieren hacer de la necesidad virtud: no es que falte tierra ni recursos; lo que faltará es cobrar un salario suficiente para comer carne y debemos pasarnos a una dieta basada en insectos y gusanos.

“Seamos realistas: si no cambiamos, estamos jodidos”, sentenció Thunberg. La solución que propone es una dieta “basada en plantas” dentro de un “cambio de sistema” mundial.

Israel está fabricando carne elaborada con impresoras 3D, asemejando partes de músculo y vetas de grasa, a partir de compuestos vegetales. El Foro de Davos lo considera como “el sabor del futuro”.

Thunberg recurre al tópico de la pandemia para explicar que la agricultura industrial ha ayudado a que las enfermedades se traspasen de animales a humanos: “Estamos creando las condiciones perfectas para que la enfermedad se propague de un animal a otro y a nosotros”. Concluye afirmando que “la próxima pandemia podría ser mucho, mucho peor”.

“Miles de personas han muerto por coronavirus”, sostuvo y citó más enfermedades. “Hasta un 75 por ciento de las nuevas enfermedades provienen de otros animales. Por la forma en la que cultivamos y tratamos la naturaleza, talando bosques y destrozando hábitats”.

Para que no falte de nada, también dedicó unas palabras al cambio climático, para pedir que la reducción de emisiones de CO2 empiece “ya”.

Los grandes monopolistas, como Bill Gates y otros, están invirtiendo en “carnes sintéticas” y “carnes vegetales”, así como en derivados alimenticios de insectos y gusanos que están destinados a una población empobrecida por la crisis.

Empresas como las norteamericanas Impossible Foods y Beyond Meat han sido las pioneras de un nuevo sector industrial que terminará reemplazando a la carne en las próximas décadas.

Gates Ventures es uno de los principales accionistas de Beyond Meat. Bill Gates comenzó a invertir en la empresa en 2013: “No puedo notar la diferencia entre Beyond Meat y la carne de pollo real”, dijo.

Por su parte, Impossible Foods cuenta entre sus accionistas a Google, UBS, Temasek Holdings y a Bill Gates.

—https://kontrainfo.com/greta-thunberg-en-linea-con-el-foro-de-davos-pidio-dejar-de-comer-carne-ya-que-si-no-la-proxima-pandemia-podria-ser-mucho-mucho-peor/

Más información:
— Hoy el menú del día se compone de una amplia variedad de insectos comestibles
— De la cartilla covid a la cartilla de racionamiento

 

Consideraciones sobre ecología

Epidemias, enfermedades “de etiología desconocida”, que son la inmensa mayoría, mortalidades por insuficiencia coronaria y respiratoria, cánceres de todo tipo, junto a los suicidios y los accidentes de coche, dibujan el mapa de la enfermedad en los países fuertemente industrializados. No es así en el llamado Tercer Mundo en el cual las diarreas, la carencia de agua potable, la desnutrición llevan la muerte a millones de personas. Es la frontera entre la dominación y los dominados, entre los opresores y los oprimidos, entre la riqueza y la pobreza, entre los que comen más de la cuenta y los que no disponen de suficientes alimentos.

La ecología debe concebirse como un todo, puesto que corresponde al conjunto del planeta, y como tal su interpretación tiene que ser desde la óptica del internacionalismo proletario. Y es desde esta perspectiva que lo debemos mesurar, al mismo tiempo que seguramente podremos empezar a encontrar respuestas sobre multitud de fenómenos que nos enferman. No podemos obviar las exigencias del consumo como necesidad de la producción, como uno de los elementos capitales a analizar desde la perspectiva ecológica.

Podemos interpretar algunas afirmaciones de Marx como la consideración de que la conservación del medio ambiente es una tarea fundamental del comunismo. Por ejemplo en el volumen III del El Capital opone a la lógica capitalista de la gran producción agraria, basada en la explotación y agotamiento de la tierra, otra lógica, de naturaleza comunista. “El tratamiento conscientemente racional de la tierra como propiedad comunal eterna, y como condición inalienable (unveräusserlichen) de la existencia y de la reproducción de la cadena de generaciones humanas sucesivas […] Incluso una sociedad entera, una nación, en fin, todas las sociedades contemporáneas juntas, no son dueñas de la tierra. Ellos sólo la ocupan, los usufructuarios (Nutzniesser), y ellos deben, como bonis patres familias (el buen padre de familia), de dejar en buen estado a las generaciones futuras” (1).

“Y, todo progreso de la agricultura capitalista no es tan solo un progreso en el arte de exprimir el obrero, sino también en el arte de exprimir la tierra, y cada paso que se da en el incremento de su fertilidad dentro de un periodo de tiempo determinado, supone al mismo tiempo un adelanto en la ruina de las fuentes permanentes de esta fertilidad […] la producción capitalista tan solo desarrolla, por lo tanto, la técnica y la combinación del proceso social de producción al tiempo que debilita las fuentes originarias de toda riqueza: la tierra y el trabajador” (2).

“El desarrollo de la civilización y de la industria en general […] siempre se muestra tan activo en la devastación de los bosques que todo el que puede llevarse a cabo por su conservación y producción, es completamente pequeño en comparación con el destrozo” (3).

No es solo el derroche de la tierra. La proliferación de agrotóxicos, las contaminaciones de NO2, los xenoestrógenos, el estrés debido a los ritmos de producción para conseguir incrementos de productividad, la comida que se tira, las producciones agrarias que se destruyen para mantener los precios. Unos ejemplos: “La actividad agraria más potente de esta Comunidad Autónoma (Canarias), el plátano, recibe 141 millones de euros anualmente en ayudas directas de la Unión Europea. Organizaciones de productores, gestionan de manera irregular parte de los residuos agrarios de la llamada “pica”, la retirada de fruta por las bajas cotizaciones en el mercado, con 2,3 millones de kilos “tirados a los desechos” (más de un 10% del cosechado) estas semanas. El total de la “pica” del año 2017 está alrededor de los 14 millones de kilos” (4).

“La Asociación de Productoras de Frutas y Hortalizas de Andalucía (APROA) ha emitido un comunicado en el que se indica que durante el año 2015 y las dos primeras semanas de 2016 han retirado (destruido) más de 11 millones de kilos de frutas y hortalizas” (5).

“La Consellería de Agricultura de la Generalitat pactó con el sector de la fruta solicitar la declaración de perturbación de mercado en la UE y exigir que se retire (destruya) un stock de 40.000 toneladas” (6).

Las modificaciones genéticas en cereales, la inyección de hormonas y antibióticos a los animales de consumo, los residuos industriales, los residuos radiactivos, las grandes densidades de población en las ciudades, los alimentos elaborados industrialmente, los conservantes, la superlativa medicalización, las vacunas sintéticas, los ansiolíticos, antidepresivos, calmantes, antibióticos, y la insatisfacción a la hora de recibir algunas de las falsas promesas del capitalismo, forman un conjunto condiciones que sin ningún tipo de duda enferman y deben ser la base de la consideración ecológica.

Voces contra estas epidemias cotidianas derivadas del proceso de acumulación del capital hace años que se han levantado, a pesar de que el conjunto del movimiento obrero, entendido este como la suma de organizaciones sindicales y partidos políticos representantes de las varias tendencias en el seno de la clase obrera, no han prestado atención suficiente al deterioro del planeta y del propio proletariado, pues la prioridad reivindicativa ha sido exigir más, más “trabajo” sin importar de qué tipo, más “consumo” sin importar de que, más “sanidad” sin importar porque, todo ello con independencia de los efectos de estas exigencias sobre la humanidad. Tenemos recientes ejemplos de las protestas en los astilleros para reivindicar construir más barcos de guerra, en las fábricas de coches para que se subvencione su producción y la compra de vehículos nuevos y, en las fábricas de armamento, preocupados por la posible pérdida de puestos de trabajo si se cumplen ciertos requisitos limitantes aprobados por algunos organismos internacionales.

La perspectiva ecológica tiene que empezar por saber que producimos y como lo producimos, que comemos y como ha sido elaborado, porque enfermamos y la causa de la enfermedad. La perspectiva ecológica debe estar alejada de las “recetas” de los científicos a sueldo de las multinacionales causantes del desastre, pues toda su recomendación es continuar y aumentar el consumo de cualquier tipo, ya sea para comer, vestir, ociar, medicalizar… pues su objetivo es que no se pare la rueda de la producción y el beneficio derivado de ella.

“La modernización ecológica del capitalismo, tiene tanto peligro como la propia destrucción de las bases naturales de la vida. En efecto, las bases “naturales” de la vida pueden ser producidas o reproducidas industrialmente por medio del desarrollo de una eco– industria o de un eco – negocio que obedezca a los mismos imperativos de máxima rentabilidad que tienen las demás industrias de consumo […] La reproducción de las bases de la vida puede estar organizada dentro del marco de un eco-tecno-fascismo que ocupe artificialmente el lugar de los ciclos naturales por nidos sintéticos: que economice de alguna manera los medios de vida; que industrialice la producción de la vida misma incluyendo la vida humana; que comercialice fetos y órganos y que mejore las capacidades de los organismos vivos, incluyendo las capacidades humanas, por medio de la ingeniería genética” (7).

El planteamiento del capitalismo “sostenible” es  cambiar los métodos de producción, pero no disminuir la producción superflua y mucho menos la productividad para generarla. Nuevos métodos que se nos presentan más “sostenibles” y previsiblemente en unos años, los “científicos” del sistema dirán que también hay que sustituirlos por otros que no generen problemas “medio-ambientales”, sin entrar en el fondo del modelo de producción y consumo.

Y, como nos movemos?, pues el coche individual se ha convertido en algo más que una herramienta, es un “status” competencial en algunos casos y una necesidad impuesta por el sistema de producción aislando los centros de trabajo de los lugares de residencia que tiene como consecuencia, como señala Iván Ilich: “El americano típico consagra más de mil quinientas horas el año (es decir treinta horas en la semana, o cuatro horas en el día, incluyendo el domingo) en su coche; este cálculo incluye las horas que pasa al volante, en marcha o parado”. ¿Cuántas horas de trabajo son necesarias para pagar la gasolina, las ruedas, los peajes, el seguro, las multas y los impuestos? Todo esto para recorrer 10.000 km. a 6 km por hora. La gente acaba por trabajar una buena parte de la jornada laboral para pagar los desplazamientos necesarios para ir a trabajar.

Pero, las reivindicaciones del transporte colectivo, tan preciadas por algunas formaciones de izquierdas sin cuestionar el porqué de las “necesidades” de los desplazamientos, nos tiene que llevar a plantear otras cuestiones: “La alternativa al coche tendrá que ser global. Para que la gente pueda renunciar a sus coches, no es suficiente ofrecer medios de transporte colectivo más cómodos. Es necesario que la gente pueda prescindir del transporte al sentirse como en casa en sus barrios, dentro de su comunidad, dentro de su ciudad a escala humana y disfrutar de ir andando de la casa al trabajo. Ningún medio de transporte rápido y de evasión compensará nunca el malestar de vivir en una ciudad inhabitable, de no estar en casa en ningún lugar, tan solo de pasar por allí para ir a trabajar o, para aislarse y dormir” (8).

A raíz de estas consideraciones, una pregunta obligada: ¿cómo es que tan solo se atribuye al inocente CO2 la principal causa de todos los males? Por poco que pensemos, podemos entrever una malévola intencionalidad de esconder la lacra y engaño del capitalismo verde.

(1) K. Marx. El Capital, III, pág 784, 820. Ciencias Sociales. Habana. 1980
(2) El Capital, II, pág. 251. Ciencias Sociales. Habana. 1980
(3) El Capital, II, pág. 247. Ciencias Sociales. Habana. 1980
(4) Lo Diario.es 05/12/2017
(5) Hortoinfo, 14/01/2016
(6) El País, 07/08/2017
(7) André Gorz. Capitalismo, socialismo, ecología. pág. 75
(8) André Gorz. La ideología social del automóvil. Le Sauvage, 1973

Los negacionistas no son como los pintan en la televisión

Un grupo de investigadores del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) ha analizado los foros en los que los críticos de la pandemia discuten los documentos científicos y llegan a una conclusión sorprendente: son más sofisticados en el estudio de la ciencia que quienes se dejan guiar por el canon oficial (*).

El enfoque de la pandemia de los críticos se basa en un incremento del rigor científico, no en una reducción del mismo, dice el MIT.

Las corrientes críticas buscan el acceso directo a la información científica, prefieren la investigación de primera mano y la lectura de las fuentes originales sobre las interpretaciones de los “expertos”, es decir, los argumentos de autoridad que caracterizaron a la Edad Media.

“Son muy reflexivos sobre la naturaleza intrínsecamente sesgada de cualquier análisis y les molesta lo que consideran la arrogante santurronería de las élites científicas”, afirma el MIT en su estudio.

De la falta de transparencia en la recopilación de datos, muchos críticos deducen una falta de honestidad que erosiona su confianza en las instituciones gubernamentales y en los datos que publican.

En sus foros, los críticos argumentan que la confusión de los casos asintomáticos y sintomáticos hace difícil determinar la gravedad de la pandemia.

Los críticos tratan de ayudar a los que tienen problemas para interpretar los gráficos, con explicaciones, ayudando a los lectores a encontrar las fuentes originales para que puedan comprobar los datos por sí mismos, haciendo referencia a estudios debidamente acreditados.

La motivación explícita de muchos de estos críticos es encontrar información para poder tomar las mejores decisiones para sus familias y, por extensión, para las sociedades que les rodean.

El estudio afirma que la ridiculización que los medios han tratado de verter sobre los críticos carece de fundamento porque “están profundamente comprometidos con las formas de crítica y producción de conocimiento que reconocen como las señas de identidad de la práctica científica”.

El conocimiento científico ha sido usurpado por una élite paternalista y condescendiente que espera la sumisión intelectual en lugar del pensamiento crítico de los lectores. Hay quien pretende darlo todo hecho y hay quien quiere que el lector piense por sí mismo.

(*) https://arxiv.org/pdf/2101.07993.pdf

El Pentágono y Bill Gates liberan millones de mosquitos genéticamente modificados en Florida

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos ha aprobado la liberación de millones de mosquitos asesinos modificados genéticamente en los Cayos de Florida. El asesor científico de Biden está involucrado en el desarrollo de la tecnología Crispr para la modificación genética de los seres vivos, desde los mosquitos hasta el salmón, pasando por las vacunas de ARNm de Pfizer y Moderna.

El 30 de abril, el Comité de Control de Mosquitos de los Cayos de Florida y la empresa de biotecnología Oxitec anunciaron que comenzarían a liberar unos 750 millones de mosquitos Aedes aegypti modificados genéticamente. El Aedes aegypti representa sólo un 4 por ciento de la población de mosquitos en los Cayos. La liberación está siendo combatida por los residentes y los grupos ecologistas que pidieron un referéndum en las votaciones del año pasado, pero el Comité de Control de Mosquitos lo rechazó. Oxitec y el Comité de Control de Mosquitos dicen que la liberación pretende eliminar la presencia del mosquito Aedes aegypti, que transmite el dengue, el Zika y otras enfermedades.

El proyecto suena estupendo en las declaraciones de prensa, aunque es alarmante en muchos aspectos. En primer lugar, la negativa a permitir una votación ciudadana sobre la controvertida liberación de OMG (organismos genéticamente modificados). En segundo lugar, no hay un análisis de de los riesgos frente a los beneficios de liberar millones de mosquitos cuyos rasgos genéticos mutan de forma a menudo impredecible. ¿Merece la pena el riesgo de mutar una variedad de mosquito cada vez más robusta? Nadie puede decirlo. Las técnicas tradicionales de control de mosquitos han funcionado bien hasta ahora.

El director general de Oxitec, Grey Frandsen, tiene un oscuro historial en el Departamento de Estado en los Balcanes, como asesor de la Armada y como miembro del Grupo Internacional de Crisis de George Soros, que desempeñó un papel clave en la destrucción de Yugoslavia en la década de los noventa. Sin experiencia previa en biotecnología, Frandsen aparece como director general de Oxitec en 2017. La empresa británica Oxitec es ahora propiedad de Third Security, una empresa estadounidense de capital riesgo con sede en Radford (Virginia), dirigida por Randal J. Kirk, que también es propietario del productor de salmón genéticamente modificado AquaBounty.

Los mosquitos OGM fracasaron en Brasil

En otro ensayo realizado por Oxitec con el mismo mosquito Aedes aegypti modificado genéticamente en Bahía, Brasil, trataron de comprobar si podían aparearse con mosquitos locales portadores del Zika, la malaria u otras enfermedades transmitidas por ellos. Tras una reducción inicial de la población de mosquitos, al cabo de unos meses la población que había sido fuertemente suprimida volvió a niveles cercanos a los anteriores a la liberación, según un estudio publicado en la revista Nature Reports.

Un equipo de científicos de la Universidad de Yale y de varios institutos científicos de Brasil supervisó el experimento. Comprobaron que, tras un periodo inicial en el que la población de mosquitos objetivo disminuyó significativamente, la población de mosquitos volvió a los niveles previos a la liberación después de unos 18 meses. Además, el documento señala que algunos de los mosquitos probablemente tienen “vigor híbrido”, lo que significa que un híbrido entre el natural y el modificado genéticamente ha creado una población más robusta que la población previa a la liberación que puede ser más resistente a los insecticidas, en definitiva, mosquitos superresistentes. Este estudio realizado por la empresa Oxitec en Brasil concluye: “No se sabe cómo puede afectar a la transmisión de enfermedades o a otros esfuerzos para controlar estos peligrosos vectores”.

Las mutaciones genéticas son imprevisibles. Otro estudio científico de 2020 descubrió que los insectos “estériles” vuelven a ser fértiles, lo que da lugar a poblaciones persistentes de OMG resistentes en el medio ambiente. El estudio, publicado por científicos de China, Alemania y el USDA de Estados Unidos, muestra que pueden producirse mutaciones espontáneas en las moscas de laboratorio, lo que da lugar a una resistencia genética al rasgo deseado. En otras palabras, supermoscas o mosquitos.

El dengue o del Zika no es un problema grave en los Cayos de Florida. Según el informe oficial de los CDC, el año pasado no hubo ni una sola incidencia de Zika en todo Estados Unidos por parte de la población nativa y sólo 4 por parte de viajeros extranjeros. En cuanto al dengue, mucho más leve y raramente mortal, que tiene síntomas similares a los de la gripe, hubo 26 casos en los Cayos de Florida en 2020. Se trata del primer brote en casi una década. Sospechosamente, fue un pequeño brote de dengue en 2010 lo que Oxitec utilizó para justificar la liberación de su mosquito genéticamente modificado en Florida. La nueva epidemia en 2020 también se ajustó sospechosamente al esfuerzo de Oxitec para liberar los mosquitos genéticamente modificados en Florida, que fue aprobado el año pasado.

El Pentágono, Gates, Oxitec (tanto monta, monta tanto)

El hecho de que el proyecto de Oxitec esté respaldado por dos organizaciones muy controvertidas -la Fundación Bill y Melinda Gates y la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada del Pentágono (Darpa)- no hace sino aumentar las sospechas sobre la liberación de mosquitos modificados genéticamente en Florida. La Fundación Gates, que no sólo es uno de los principales financiadores de las vacunas contra el coronavirus de Pfizer y Moderna, sino también el mayor donante privado de la OMS, lleva más de una década financiando la investigación en edición genética. Gates es muy consciente del potencial malicioso de la tecnología de edición genética. Puede utilizarse para fabricar armas biológicas.

En 2016 Gates declaró: “La próxima epidemia podría nacer en la pantalla del ordenador de un terrorista decidido a utilizar la ingeniería genética para crear una versión sintética del virus de la viruela”. En julio de 2017, John Sotos, de Intel Health & Life Sciences, dijo que la investigación sobre la edición de genes podría “allanar el camino para las armas biológicas con un potencial destructivo inimaginable”.

En 2016 la Fundación Gates entregó 1,6 millones de dólares a la empresa de relaciones públicas Emerging Ag para bloquear un amplio esfuerzo para asegurar una moratoria de la Convención de la ONU sobre la Diversidad Biológica (CDB) sobre la tecnología de modificación genética hasta que se pueda establecer su seguridad. Según los correos electrónicos obtenidos por el Grupo ETC, Emerging Ag reclutó a más de 65 expertos, entre los que se encontraban un alto funcionario de la Fundación Gates, un funcionario de Darpa y científicos que recibieron financiación de Darpa.

Una guerra entomológica

Darpa lleva varios años trabajando en la edición genética de mosquitos. A través de su programa “Insect Allies”, mediante las tecnologías Crispr de edición genética, el Pentágono trata de manipular el genoma del mosquito Aedes aegypti. El Departamento de Defensa ha gastado al menos 100 millones de dólares en la tecnología de edición genética, lo que convierte al ejército estadounidense en uno de los principales patrocinadores de dicha tecnología.

“La manipulación genética es una nueva tecnología poderosa y peligrosa y un arma biológica potencial que podría tener efectos desastrosos para la paz, la seguridad alimentaria y el medio ambiente, especialmente si se utiliza de forma incorrecta”, dijo Jim Thomas, codirector del Grupo ETC, un grupo de seguridad medioambiental. “El hecho de que el desarrollo de la edición genética esté ahora principalmente financiado y estructurado por el ejército estadounidense plantea cuestiones alarmantes sobre todo el campo”.

La guerra entomológica es un tipo de guerra biológica que utiliza insectos para transmitir enfermedades. El Pentágono ha estado realizando en secreto estas pruebas entomológicas en la República de Georgia y en Rusia. ¿Es el desarrollo de mosquitos genéticamente modificados por Darpa, en colaboración con la Fundación Gates y Oxitec, un programa secreto de guerra entomológica?

El Pentágono tiene actualmente laboratorios biológicos de alta seguridad en 25 países de todo el mundo, financiados por la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa (DTRA) en el marco de un programa militar de 2.100 millones de dólares, el Programa de Compromiso Biológico Cooperativo (CBEP). Se encuentran en países de la antigua Unión Soviética, como Georgia y Ucrania, en Oriente Medio, en el sudeste asiático y en África. Entre sus proyectos, se recogieron especies de flebótomos en el marco del trabajo de vigilancia de enfermedades febriles agudas, en el que se analizó la infectividad de todos los flebótomos (hembras). Un tercer proyecto, que también incluía la recogida de moscas de la arena, estudiaba las características de sus glándulas salivales. Es investigación en armamento.

La controvertida persona elegida por la administración Biden para ser el primer asesor científico del Gabinete, Eric Lander, procede del Instituto Broad del MIT-Harvard. Lander es un especialista en tecnologías de edición de genes y desempeñó un papel importante en el defectuoso proyecto estadounidense del genoma humano. Forma parte de una agenda eugenésica más amplia y Bill Gates vuelve a desempeñar un papel clave.

—F. William Engdahl https://journal-neo.org/2021/05/11/why-are-gates-and-pentagon-releasing-gmo-mosquitoes-in-florida-keys/

Rusia creará su propia la Estación Espacial Internacional

Rusia tiene planeado retirarse del proyecto conjunto que tiene lugar en la Estación Espacial Internacional (EEI) con otros países, a partir de 2025, para dar paso al establecimiento de su propia estación espacial.

El anuncio fue realizado por el viceprimer ministro ruso, Yuri Borisov, durante un programa del canal de televisión estatal Rossiya 1. La decisión fue tomada el pasado abril 12, Día Mundial de la Aviación y la Cosmonáutica, en una reunión con el presidente Vladimir Putin, porque la actual EEI, está anticuada.

“Rusia planea crear su estación espacial nacional. La EEI está seriamente desactualizada y el Gobierno ofrece hablar con los socios extranjeros de antemano”, subrayó Borísov a la televisión.

Si bien es cierto que la EEI está desfasada, lo cierto es que la decisión se ha tomado por las pésimas relaciones entre Rusia y Estados Unidos

“Rusia llevará a cabo un examen técnico de la EEI y notificará sobre su decisión final”, adelantó el viceprimer ministro, quien destacó que “cada vez hay más información sobre fallas técnicas. Para evitar cualquier riesgo en caso de emergencia, es necesario realizar un examen técnico de la estación. Y al final, tomar una decisión y advertir honestamente a los socios”, añadió.

“Tenemos un período de trabajo acordado con los socios de la EEI en la estación el año 2024. Después de este período, la decisión se tomará sobre la base del estado técnico de los módulos de la estación, que en su mayoría han llegado al final de su vida útil, así como nuestros planes para desplegar una estación orbital nacional de nueva generación”, resaltó por su parte, el comunicado dado a la prensa recientemente por la corporación espacial estatal rusa Roscosmos.

La agencia aclaró que “cuando se tomen las decisiones pertinentes, entonces comenzarán las negociaciones con los socios sobre las condiciones y formas de cooperación posteriores”.

“Ya hay varios elementos de la estación que están seriamente afectados por daños y están fuera de servicio, muchos de ellos no son reemplazables”, advirtió en noviembre pasado, Vladímir Soloviov, subdirector de RSC Energia, que es una fábrica rusa de naves espaciales y componentes para estaciones espaciales, durante una reunión del Consejo de la Academia de Ciencias de Rusia.

Por otra parte, adelantó Soloviov que “una decisión sobre el destino futuro de la base solo la puede tomar el gobierno “después de una elaboración detallada de las decisiones que serán propuestas a Roscosmos por las empresas de la industria responsables del vuelo de la estación, principalmente RSC Energia, así como [después de] discusiones con los socios del programa de la EEI”.

Después de 2025, “se pronostica una avalancha de fallas de numerosos elementos a bordo de la estructura”, calculando una financiación adicional de la estación entre 10.000 y 15.000 millones de rublos, alrededor de 131 millones a 197 millones de dólares estadounidenses.

—https://www.noticieronews.com/2021/04/18/regresara-la-mir-rusia-se-plantea-restablecer-una-estacion-espacial-enteramente-rusa/

Rusia y China crearán una estación científica conjunta en la Luna

El director general de Roscosmos, Dmitry Rogozin, y el jefe de la Administración Espacial Nacional de China (KNKA), Zhang Kejian, han firmado un memorando de cooperación en nombre de los gobiernos ruso y chino para crear una estación lunar científica internacional, según la página web de Roscosmos.

“La Corporación Pública Roscosmos y la KNKA, guiadas por los principios de distribución equitativa de derechos y obligaciones, promoverán la cooperación en la creación de una estación lunar científica internacional de acceso abierto para todos los países interesados y socios internacionales, con el objetivo de fortalecer la cooperación en materia de investigación y promover la exploración y el uso del espacio exterior con fines pacíficos en beneficio de toda la humanidad”, dice el mensaje.

La Estación Científica Lunar Internacional es un complejo de instalaciones de investigación experimental en la superficie y la órbita de la Luna, diseñada para llevar a cabo una investigación multidisciplinar y polivalente, que incluye la exploración y utilización de la Luna, las observaciones lunares, los experimentos de investigación básica y la verificación de la tecnología con la posibilidad de una operación no tripulada a largo plazo con la perspectiva de una presencia humana en la Luna.

En el marco de este proyecto, Rusia y China desarrollarán conjuntamente un plan para la creación de una estación lunar y también interactuarán estrechamente en la planificación, la justificación, el diseño, el desarrollo, la implementación, la operación de un proyecto para la creación de una estación, incluyendo su presentación a la comunidad mundial, dijo el mensaje.

En 2016 Rusia firmó un acuerdo parecido con Estados Unidos que ha fracasado por la tensión entre ambos países. La estación lunar se llamaría “Deep Space Gateway” y debía permitir a los seres humanos viajar aún más lejos en el universo, especialmente a Marte.

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