Para tensar la cuerda con Sudáfrica y los Brics, Estados Unidos inició una campaña contra el “racismo a la inversa”, diciendo que tras el fin del apartheid, los blancos estaban siendo marginados y discriminados. Les abrieron las puertas para que emigraran a Estados Unidos. A ellos la ICE no les molestaría.
Los que llegaron hace dos meses no han encontrado ningún paraíso en Estados Unidos. Viven en condiciones precarias y se enfrentan a serias dificultades: viviendas infestadas, hambre crónica y reasentamiento en zonas de alto riesgo, según una investigación de Free Press (*). Han encontrado una brecha entre las promesas oficiales y la realidad que viven.