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Autor: Juan Manuel Olarieta (página 37 de 60)

El imperialismo no va a regresar al patrón oro

Juan Manuel Olarieta

El artículo de Michelle Jamrisko y Elizabeth Dexheimer que publica la agencia Bloomberg (1) es otra perla de los tópicos y vulgaridades que envuelven a la teoría y a la política económica del imperialismo, incapaz de salir de la profunda crisis en la que está sumido. Merecería ser analizado detalladamente en cualquier aula, no sólo de economía sino de filosofía, al más puro estilo marxista.

La burguesía y sus teóricos jamás asocian el capitalismo a las crisis y, por lo tanto, para ellos el concepto de “crisis” no lo tienen en su vocabulario.

Cuando se refieren a cualquier crisis, como la actual, la entienden en un sentido subjetivo, vinculada a algún tipo de fallo humano, aun error de la política económica o a un factor que ellos consideran extraño a la economía “pura”.

Pero a la fuerza ahorcan y cuando la realidad de la crisis se muestra tozuda, buscan nuevas teorías o desempolvan las viejas, de las que siempre se burlaron en sus manuales. “Lo alternativo se ha convertido en corriente dominante”, dice Jesse Hurwitz, economista para Estados Unidos del Barclays Capital.

Pero la burguesía y sus economistas siguen inmersos en sus ilusiones subjetivas: creen que en algún sitio hay una herramienta olvidada de política económica que les va a sacar del atolladero y, puestos a buscar novedades, se han fijado en el viejo patrón oro.

Ahora, 35 años después, podríamos saborear nuestra venganza y regodearnos del “fracaso” del monetarismo, de la Escuela de Chicago y demás teorías económicas burguesas que han prevalecido estos últimos años. Pero sería incurrir en el mismo error que la burguesía: lo que ha fracasado no son unas u otras teorías sino que el capitalismo está en crisis y, por lo tanto, en su estado “natural”, del que no va a salir con ninguna teoría ni con ninguna política económica, ni vieja ni nueva.

De lo que nos regodeamos es de que el tiempo haya vuelto a demostrar que, en plena crisis, los escritos de Marx sigan de plena actualidad y muestren su precisión y su predicción, la misma que nos lleva a asegurar que el patrón oro no va a volver al capitalismo porque la historia no es reversible, no da marcha atrás.

Pero no será porque no lo intenten una y otra vez, no solamente Rusia y China, como es conocido, sino el mismo Estado de Texas, que se ha independizado del Banco de la Reserva Federal y ha creado su propio banco central, con su propias reservas de oro (2).

Los mismos buenos deseos expresó Donald Trump el año pasado a la cadena de televisión WMUR. Le gustaría volver al patrón oro, pero hay una pequeña gran pega: es muy difícil “porque no tenemos oro. Lo tienen otros lugares”. Podría haber añadido que no tienen oro y, además, tienen muchas deudas, que se pagan con emisiones crecientes de dólares de papel.

Hablando de deudas… Los lectores que conozcan la historia del movimiento obrero recordarán que en 1914 uno de los motivos de la ruptura de los comunistas con la socialdemocracia fue la aprobación de los créditos con los que en Europa los imperialistas financiaron la Primera Guerra Mundial.

Por eso es erróneo hablar de “neoliberalismo” y “financiarización” como si se tratara de alguna novedad. El endeudamiento masivo es consecuencia del imperialismo desde su mismo origen. Aunque no lo cuenten en los manuales de economía, ese endeudamiento condujo al abandono del patrón oro y a la inflación para forzar a las masas a pagar los gastos de la guerra.

El patrón oro no puede regresar, como tampoco el capitalismo premonopolista. La crisis necesita de emisiones masivas de papel moneda y de un endeudamiento gigantesco. El tercer pilar de esa ecuación es, naturalmente, la guerra imperialista.

Notas:

(1) http://www.bloomberg.com/latam/2016/05/17/impulso-de-brexit-acelera-oleada-de-salidas-a-bolsa-en-amsterdam/
(2) http://www.thenewamerican.com/usnews/constitution/item/23115-texas-contracts-to-build-nation-s-first-state-gold-bullion-depository

La renta básica es el fruto de un reformismo putrefacto

El próximo 5 de junio se celebra un referéndum en Suiza sobre la anteúltima imbecilidad que se le podía ocurrir a un reformista: la renta básica. A los suizos les preguntan si quieren una renta mensual incondicional y suficiente para vivir desde el momento del nacimiento hasta la muerte, cualesquiera que sean los ingresos que puedan adquirir por otras vías.La renta básica no es una cuestión económica, ni asistencial; es una cuestión ética que sólo la degeneración del capitalismo ha podido engendrar en el podrido intelecto de los reformistas.

Desde sus orígenes, el lema del movimiento obrero ha sido “8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de educación”. Los trabajadores nunca se han manifestado exigiendo un salario sin trabajar, sino pidiendo trabajo.

Algún degenerado quiere convertir a los trabajadores en un espejo de lo que son ellos, los burgueses: parásitos.

Algún degenerado pretende que los proletarios se transformen en parias mendicantes, que en lugar de ponerse a pedir unas monedas en la esquina, hacen cola en una ventanilla pública.

Algún degenerado suspira para que la clase obrera se vea obligada a agradecer su limosna al Estado burgués y sus organismos asistenciales y caritativos.

Algún degenerado persigue equiparar al trabajador con el funcionario ocioso que pasa la jornada leyendo el periódico sentado ante su mesa.

La renta básica lleva un mensaje muy claro a los parados: que mientras exista el capitalismo deben perder la esperanza de poder desempeñar un trabajo algún día.

Frente a ese mensaje hay que continuar la lucha en contra del paro, que es tanto como decir por el socialismo.

Nosotros, lo mismo que los millones de parados, sí rendimos culto al trabajo. Queremos trabajar, queremos trabajar menos, queremos mejores condiciones de trabajo, queremos un mejor salario…

El dinero en la época del imperialismo

La “financiarización” es el último grito; está en la boca de todos los comentaristas del mundo. Las noticias relacionadas con el dólar, el oro y las finanzas ocupan un lugar cada vez más importante, poniendo de manifiesto -ineludiblemente- que sus redactores no saben lo que es el dinero, ni tampoco -desde luego- el papel que juega en la época imperialista.

Si -como decía Marx- las mercancías son un fetiche, el dinero lo es por partida doble, una especie de reliquia venerada dentro de un santuario a la que todos quieren ver y nadie ha tenido nunca entre sus manos.

La mayor parte de los economistas burgueses, incluidos los “marxistas”, sostienen que la teoría monetaria de Marx está desfasada, entre otros motivos porque se sostiene sobre una moneda convertible, que ha desaparecido de todo el mundo hace más de un siglo.

Sin embargo, la no convertibilidad de las monedas ya existía a mediados del siglo XIX y Marx se refirió a esa situación en varias ocasiones (1) porque ya era bastante frecuente entonces. No le prestó demasiada importancia porque, además, no cambia sustancialmente su teoría del dinero.

Pero lo más importante es que las noticias confusas que ahora empezamos a leer confirman las previsiones de Marx, demostrando que lejos que quedarse anticuadas, son de plena actualidad.

La actual “fibre del oro” lo que demuestra es que la moneda no es sólo un medio de intercambio sino, además, un medio de atesoramiento. Los Estados, los bancos centrales y los grandes capitalistas no forman sus reservas de valor en rupias, ni en dinares, ni en ningún tipo de papeles, sino en oro, fundamentalmente.

Ese es el motivo de que la cotización del oro se haya multiplicado exponencialmente desde que en 1971 Estados Unidos declaró la inconvertibilidad del dólar, pasando de 35 dólares la onza a los 2.000 dólares que va a alcanzar dentro de muy poco tiempo.

Cada uno de los Estados del mundo puede promulgar todas las leyes que le quepan en su boletín oficial declarando la inconvertibilidad de su moneda. Las verdaderas leyes son las del capitalismo y éstas dicen lo contrario de las otras: que el dinero tira hacia el oro como la cabra tira hacia el monte.

Los economistas también pueden largar lo que les venga en gana sobre el dinero de plástico, los bitcoin y la posibilidad de emitir papel moneda en cantidades ilimitadas con una fotocopiadora. Es absolutamente falso. La burguesía monopolista lo sabe bien y por eso no llena sus cajas fuertes con papeles, ni con pagarés, ni con rupias.

Cuando llenan sus cofres con dinero “de verdad”, los burgueses ponen de manifiesto que no es cierto que sólo sea un “intermediario” o medio de circulación, sino que se convierte en un fin en sí mismo, como escribió Marx, un símbolo de la codicia capitalista porque “todo se puede comprar con dinero”.

Ante la evidencia, cuando no les queda otro remedio, los economistas reconocen algo que no está en sus teorías más en boga: que el oro es un “valor de refugio”. Sin embargo, no estoy seguro de que -ni siquiera entonces- sean conscientes de lo que dicen, a saber, que el dinero tiene un valor intrínseco y que por eso los capitalistas se refugian en él.

Ahora mismo todos los capitalistas -y las potencias capitalistas- corren hacia ese refugio y no hacia los papeles, el plástico o los bitcoin. Se ha desatado una nueva “fiebre del oro”. Pero los economistas deberían explicar dos cosas que no son obvias:

a) por qué motivo se ha desatado este fenómeno, es decir, el vínculo entre la crisis capitalista y la “fibre del oro”, que en lo sucesivo seguirá creciendo

b) por qué la huida es hacia el oro precisamente, cuya cotización se seguirá multiplicando

Los hechos demuestran que todas y cada una de las teorías que suelen impartir los economistas sobre el dinero son erróneas. Entre ellas cabe destacar, sin embargo, un olvido importante: el de que el dinero sólo funciona “en toda su plenitud” como dinero mundial.

Con el tiempo, la llegada del imperialismo ha reforzado la importancia del dinero mundial, que no depende de ningún país, ni siquiera de Estados Unidos, ni de instituciones como el Fondo Monetario Internacional. Como cualquier otro país, Estados Unidos no impone las leyes monetarias sino que las leyes monetarias se imponen a todos los países capitalistas, incluido Estados Unidos.

En el dinero mundial convergen todas las fantasías de los economistas, especialmente la de la inconvertibilidad de las monedas locales, que asocia el dinero con alguna ley o reglamento dictado por un Estado y no con otros factores, como la balanza de pagos, la deuda exterior o las exportaciones de capital, entre otros.

En el comercio internacional el dinero se tiene que convertir, más temprano que tarde, en su forma originaria de dinero “metálico”, que es lo que está ocurriendo ahora mismo.

El dinero mundial es indisociable, tanto del oro como del imperialismo, que desde 1945 es tanto como decir de Estados Unidos, Bretton Woods, el Fondo Monetario Internacional y el dólar, muestras obvias del alcance de su hegemonía internacional, de la que sólo se libraron los países del antiguo bloque socialista.

No es de extrañar que desde 1945 los incautos economistas escriban que el oro es “un bien escaso”. Es escaso el que circula porque es gigantesco el que se atesora, un fenómeno parecido al de la concentración de capital, de la que también habló Marx. A medida que Estados Unidos acaparó casi todo el oro del mundo capitalista, puso al dólar en su lugar y, a través del Fondo Monetario Internacional, expandió el crédito internacional.

Los economistas creyeron que Bretton Woods era tan eterno como el mismo capitalismo y Estados Unidos inundó el mundo de dólares y el Fondo de créditos, creando una burbuja sobre otra, inflación, deuda y despilfarro público. Pero si en 1945 el dólar aún era convertible, en 1971 dejó de serlo, lo cual fue una declaración de quiebra por parte de Estados Unidos, es decir, por la potencia hegemónica del capitalismo.

En el imperialismo la deuda no sólo es un problema serio para el Tercer Mundo sino, sobre todo, para las grandes potencias hegemónicas, como Estados Unidos, que son países en quiebra, con gigantescas deudas que nunca van a poder pagar, por lo que el mundo está dirigido por quienes están en bancarrota.

Los economistas son los primeros que se creen sus propias fantasías. En el dinero no ven otra cosa que papeles, deudas o plástico, y tras ellas a quienes lo emiten. Pero finalmente las deudas, incluidos los dólares, hay que pagarlas, porque se contraen con ese fin, y eso hay que hacerlo “en metálico”, si se puede, por lo que el dinero vuelve a su punto de partida. Deja de ser sólo un signo y quiere adquirir su significado.

En la actualidad el análisis del dinero no es más que otra manera de analizar el imperialismo, el papel hegemónico que Estados Unidos ostenta en su seno y el intento de otras potencias, como China y Rusia, de escapar a la misma, para lo cual están recurriendo al oro, que es una manera de huir del dólar y de la quiebra del sistema financiero del imperialismo.

La actuación de Rusia y China hoy es parecida a la que trató de imponer Francia a comienzos de los años sesenta. En aquellos tiempos las Facultades de Economía aún no estaban abducidas por completo por la bazofia teórica procedente de Estados Unidos. Aún había referencias de otros economistas, como el francés Jacques Rueff, inspirador de la política económica de De Gaulle.

Al calor de la declaración de quiebra de 1971, Rueff escribió un libro titulado “El pecado monetario de occidente” del que ya nadie se acuerda (2). Como si quisiera reivindicar a Marx, en su obra reclamaba la vuelta a la convertibilidad de la moneda, es decir, hacer lo mismo que están haciendo ahora Rusia y China.

Para Rueff el capitalismo debía dar marcha atrás, volver a sus mejores tiempos. Para Rusia y China se trata sólo de huir de sus más perniciosos efectos. No es de extrañar que Rueff acabara su libro con una cita de… Lenin.

(1) Carlos Marx, El capital. Crítica de la economía política, tomo I, México, 1973, pgs.83 y stes.
(2) Jacques Rueff, El pecado montetario de occidente, Barcelona, 1971

—http://www.marcha.org.ar/dinero-la-epoca-del-imperialismo/

Europa crea una policía militar para aplastar las movilizaciones populares

El 15 de abril 600 policías de varios países europeos, militares algunos de ellos, participaron en unas maniobras de entrenamiento en Westfalia, Alemania, con el fin de preparar la Fuerza de Gendarmería Europea (Eurogendfor), una fuerza de policía militarizada para aplastar las movilizaciones populares que surjan en Europa.

Hasta el portavoz alemán del Ministerio de Asuntos Europeos, Andrej Huko, ha expresado su preocupación por la creación de esta organización entrenada para dominar futuros disturbios civiles en los países europeos.

La Gendarmería europea se ha formado con policías de siete países pertenecientes a la Unión Europea, entre ellos España, que está omnipresente en este tipo de organismos represivos.

Con su característica retórica, la web oficial de la Gendarmería habla de su intervención en “misiones de estabilización internacional con un componente policial”. Lo cierto es que las maniobras de Westfalia consistieron en el aislamiento de motines, control de muchedumbres, intervención de “grupos de choque” así como “investigación criminal”.

El portavoz alemán del Ministerio de Asuntos Europeos quiso asistir al espectáculo policial, pero no le dejaron y se rebotó mucho. Convocó una rueda de prensa para decir que los eurogendarmes se estaban preparando para disolver reuniones políticas y protestas populares.

Según Huko, la militarización de la policía europea es contraria al principio alemán de separar a la policía del ejército.

La creación de la Gendarmería europea se aprobó en una declaración de intenciones firmada por los ministros europeos de Defensa en Noordwijk, Holanda, el 17 de setiembre de 2004, aunque la ceremonia oficial de firma del tratado se llevó a cabo el 18 de octubre de 2007 en Velsen, también en Holanda.

Actualmente es una fuerza compuesta por 3.000 policías. Inicialmente estuvo dirigida por el general de la Gendarmería francesa Gérard Deanaz, sustituido luego por el coronel italiano de Carabineros Giovanni Truglio.

—http://www.marcha.org.ar/europa-crea-una-policia-militar-aplastar-las-movilizaciones-populares/

El ciclo del agua en la Tierra es más complejo de lo que la ciencia creía

Según un estudio publicado por la revista “Science Advances” (1), en el interior de Groenlandia la parte superior de la capa de hielo no se funde sino que se transforma en vapor de agua, de manera que pasa directamente del estado sólido al gaseoso.

El estudio, dirigido por científicos de universidades de Estados Unidos y otros países, demuestra que, al menos el 40 por ciento de la costa de Groenlandia, está resguardada del deshielo gracias a que la humedad se integra en la masa de hielo.

La extensa capa de hielo de Groenlandia cubre aproximadamente el 80 por ciento de la superficie de la isla y es la segunda fuente de agua dulce más grande del planeta, después de la capa de hielo antártica.

El director de la investigación, Max Berkelhammer, quiso aclarar que el descubrimiento no se puede interpretar como una buena noticia para la capa de hielo o para el planeta, puesto que “es poca cosa en comparación con lo que está pasando a lo largo de las costas” (2).

Si, no hay que lanzar las campanas el vuelo. Pero tampoco al suelo. No sabemos si el fenómeno se puede extrapolar a otras regiones heladas de la tierra y otros cambios de estado de las grandes masas de agua que hay en el planeta. Lo que parece claro es que el ciclo del agua es más complejo de lo que creían los científicos hasta ahora. Hay al menos una parte del ciclo del agua que ha estado “oculto” hasta hoy (3) y no sabemos el alcance de este fenómeno de la naturaleza.

Por lo demás, tiene razón Berkelhammer. Lo de lanzar las campanas al vuelo es muy característico. Es posible que el profesor de Chicago se refiera a la manoseada tesis de la elevación del nivel de las aguas oceánicas como consecuencia de la fusión de los hielos, a su vez consecuencia del calentamiento de las temperaturas, etc.

Hace poco leíamos en “Science” otro artículo (4) que dio lugar a que la prensa británica (5) volviera al cuento de la lechera que hemos leído tantas veces: el derretimiento de dos glaciares en Groenlandia podría subir medio metro el nivel de las aguas. La ciencia ha estado asociando mecánicamente la pérdida de hielo con su transformación en agua. Nadie pensó que también puede transformarse en vapor de agua, por lo que el nivel de las aguas no subiría en absoluto.

Pero no es sólo eso. Es erróneo creer que todos los glaciares del planeta no hacen más que derretirse. El año pasado el Instituto de Meteorología de Dinamarca dijo otra cosa: que durante el invierno el hielo se acumuló en Groenlandia a un ritmo más rápido que el promedio de 1990 a 2011.

El ciclo del agua es complejo, pero no por eso deja de ser un ciclo, como todos los fenómenos de la naturaleza. Afirmar que Groenlandia gana (o pierde) hielo no es tan diferente de afirmar que el Miño gana (o pierde) agua.

Si en lugar de los glaciares de Groenlandia viéramos al Miño desaguar en La Guardia también creeríamos que el nivel de las aguas oceánicas sube inexorablemente, e incluso que el río se secará, una vez agotado su caudal.

“La verdad es el todo”, decía Hegel. Es un error analizar sólo el río, e incluso sólo una parte de él: la desembocadura. Lo mismo que un río, un glaciar es un ciclo y forma parte de un ciclo de la naturaleza. Si no se analiza en su conjunto, no se puede deducir nada válido.

(1) http://advances.sciencemag.org/content/2/4/e1501704
(2) https://www.sciencedaily.com/releases/2016/05/160504122212.htm
(3) http://earth.stanford.edu/events/max-berkelhammer-occult-water-cycle-ethereal-precipitation-and-surface-water-budget-0
(4) http://www.sciencemag.org/lookup/doi/10.1126/science.aac7111
(5) http://www.theguardian.com/environment/2015/nov/12/collapsing-greenland-glacier-could-raise-sea-levels-by-half-a-metre-say-scientists

El mito de la biodiversidad

Juan Manuel Olarieta

Sólo hay algo peor que el mito de la biodiversidad: el mito de la pérdida de biodiversidad, que es otra de esas leyendas de la ciencia moderna, que aún tiene una versión más dramática: la próxima extinción masiva de las especies que pueblan el planeta.

En los cuentos infantiles los mitos se refieren a un pasado, que se describe muy lejano porque de ese modo la memoria se pierde con el tiempo: “Érase una vez en un remoto reino…”

Pero los mitos seudoecológicos son peores porque no se refieren al pasado sino al futuro. Se emiten en forma de peligros, de gravísimas amenazas y de riesgos inevitables si no hacemos esto o lo otro. Es propio de los seguidores de la quiromancia, las bolas de cristal y las cartas astrales.

Del futuro no sabemos casi nada, pero del pasado podemos aprender algo elemental: las extinciones que se han producido a lo largo de la evolución de las especies nunca han reducido la diversidad biológica, sino todo lo contrario. En otras palabras: hasta la fecha, la evolución ha supuesto siempre un incremento de la biodiversidad y la complejidad de los organismos vivos.

Hay que tener un poco de precaución con el lenguaje al hablar de biodiversidad, porque nadie sabe cuántas especies hay en este planeta. Es imposible calcularlas, ni siquiera de manera aproximada.

A ojo de buen cubero, un grupo de biólogos de la Universidad de Indiana ha calculado recientemente (*) que el planeta contiene aproximadamente 1 trillón de especies, de las cuales el 99,99 están por descubrir.

Como reconocen los autores, a la investigación aún le faltan especies, ya que no han podido contar las que habitan en la Antártida y, posiblemente, otros lugares de difícil acceso.

A esa cifra le podemos seguir añadiendo aquellas especies extintas que la ciencia ha conocido después de que hubieran desaparecido.

Al hablar de biodiversidad los seudoecologistas siempre incurren en el mismo vicio: se refieren a las especies desaparecidas y a las que están en riesgo de desaparecer, pero les falta la otra parte del cuento: las especies que están a punto de aparecer y aparecen cada día. ¿Aparecen más de las que desaparecen?, ¿menos? No se sabe en absoluto. En su estudio los científicos de Indiana reconocen que cuantificar el número de especies es una tarea imposible a día de hoy.

Cuando nos referimos a especies que aparecen, debemos incluir no sólo aquellas que vamos descubriendo sobre la marcha sino a especies que la evolución está creando cotidianamente. ¿O lo que pretenden afirmar los seudoecologistas es que la evolución se ha detenido?, ¿creen que es posible que eso suceda? La experiencia biológica demuestra todo lo contrario.

(*) http://peerj.com/preprints/1451/

El imperialismo cambia su política ‘antidrogas’

Ahora mismo la ONU está reunida para replantear la política antidrogas en el mundo entero y, para calentar el ambiente, el mes pasado la revista científica “The Lancet”, una de esas a la que siempre acompaña la etiqueta de “prestigiosa”, lanzó un extenso informe para pedir que cese la represión del comercio de drogas.Pocos temas hay más apasionantes que el de las drogas, que se ha simplificado hasta el punto de hablar de “la droga”, en singular, aunque tiene aspectos políticos, económicos, culturales, médicos… todo en el mismo paquete.

A pesar de la complejidad, en pocos asuntos se ha simplificado más que en éste, hasta el punto de convertirlo en una caricatura. Ha sido la única manera de encubrir lo más esencial, a saber, que hace un siglo el imperialismo convirtió a determinadas drogas en un instrumento de dominación política.

Ciertamente el consumo de drogas ya existía; siempre existió. También el colonialismo británico había convertido al opio en un medio de sometimiento de China, pero fue Estados Unidos quien incorporó las drogas a su arsenal de una forma sistemática.

Las drogas están prohibidas en el mundo por imposición de Estados Unidos. La política “antidrogas” de Estados Unidos es la política mundial. El cine lo ha retratado mil veces porque hace 100 años entre las drogas se contaba al alcohol. Nadie como Estados Unidos para decir -e imponer- al mundo lo que es bueno para nuestra salud, lo que debemos consumir y lo que no.

Según “The Lancet” lo que hace 100 años se justificó por razones de salud, ahora ya no lo es tanto, con lo cual ya no podemos saber ni siquiera a qué llaman “salud” algunas revistas científicas. Con sus giros copernicanos los médicos nos llenan de preguntas: ¿a qué llaman “drogas”?, ¿en qué se diferencia una droga de un medicamento o de un alimento?, ¿quién hace esa diferencia y por qué?, ¿tiene eso algún carácter científico o es sólo ideológico, político y económico?, ¿están los médicos al servicio del comercio de drogas?

Este tipo de asuntos son otro filón de reflexiones. Se me ocurre una comparación con el tabaco y creo que dentro de otros 100 años es posible que nuestros nietos sean víctimas de otra campaña “científica” por parte de “The Lancet” y la ONU a favor del tabaco porque es beneficioso para la salud. Al tiempo.

Nada me parece más estupendo que la ciencia rectifique sus errores. Si las drogas no son tan malas para la salud quiere decir que los médicos nos han estado engañando durante 100 años, lo cual no es tan sorprendente como parece. No es la primera vez que ocurre.

Pero aquí hay muy poca ciencia y que “The Lancet” se introduzca en un terreno tan pantanoso es significativo. Las drogas no sólo alucinan a quienes las consumen. También los médicos de “The Lancet”, como tantos otros, científicos o no, parecen haberse metido una buena sobredosis de tontería: que algunas drogas estén prohibidas formalmente no significa que el imperialismo haya pretendido erradicar nunca el tráfico y el consumo de drogas en el mundo.

Muy al contrario, como los hechos ponen de manifiesto: en su forma actual, las drogas son una creación del imperialismo, que las ha difundido, justificado, promovido y financiado hasta alcanzar la cota actual, es decir, hasta convertirlas en la subcultura que hoy son en las grandes metrópolis imperialistas.

Dicho con otras palabras: hace 100 años el imperialismo prohibió las drogas para difundirlas por todo el mundo en la forma en la que hoy se difunden, es decir, ilegalmente, porque hasta donde llega el último alijo de drogas, llega el imperialismo.

El avispado lector apreciará que las drogas no son nada diferente del yihadismo y otros instrumentos del imperialismo, que es capaz de crear sus propios enemigos como Don Quijote creó gigantes para luchar contra ellos y alcanzar una gloria imperecedera. Alucinaba.

Política y estrategia

No cabe duda de que el general nazi Reinhardt Gehlen es uno de los personajes más fascinantes, no sólo de la Segunda Guerra Mundial sino, sobre todo, de la posguerra. Estuvo a las órdenes del III Reich, luego de Estados Unidos y, finalmente, de la República Federal de Alemania, lo cual, expuesto de esa manera, parece aludir a tres cosas muy distintas…

Es inevitable que un personaje así escribiera sus memorias tras jubilarse en 1968 como director del servicio secreto alemán (*), bastante decepcionantes por cierto porque no cuenta ni la décima parte de lo que sabía.

Cuando las escribió hacia 1970, el nazi quiso dejar bien claro que, antes que nada, era un anticomunista furibundo. Habría que haberle escuchado en 1940, en plena etapa de esplendor del hitlerismo.

Pero con la derrota nazi y el paso del tiempo, el general se presentaba como un “nacionalista alemán”, quizá escorado hacia eso que llaman “extrema derecha” los que nunca llaman a las cosas por su nombre.

Veamos. Durante toda la guerra Gehlen luchó en el frente oriental contra el Ejército Rojo al mando de algo impropio de un “nacionalista alemán”: las unidades “extranjeras” incorporadas a la Wehrmacht.

En cuanto acabó la guerra se puso, con todos sus hombres y sus medios, al servicio de su anterior “enemigo” (pg.125), una potencia también “extranjera”, Estados Unidos, que ocupaba militarmente el suelo alemán, del que nunca se ha marchado. ¿Dónde está el nacionalismo de los fascistas?

Es ocioso insistir en la naturaleza ideológica de Gehlen. Su “nacionalismo” era como el de todos los fascistas, pura retórica, la misma que le impide referirse a su enemigo en el frente como “soviético”. Lo que él vio en las trincheras eran “rusos”.

Como buen oficial de Estado Mayor, Gehlen entendió a la perfección las causas de la victoria del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial: “Los rusos tenían una inteligencia estratégica y política de formidable calibre y gran astucia”, escribe (pg.81).

Si Gehlen no hubiera estado tan absorbido por su mentalidad chovinista podía haber añadido que en 1941-1945 los verdaderos “alemanes” fueron “los rusos”.

No es, pues, como lo pintan los documentales de la tele. La guerra no la perdieron “los alemanes”, a los que siempre presentan, por su propia naturaleza, como superiores a “los rusos” antes y ahora. Si, como explica Gehlen, la Segunda Guerra Mundial, como cualquier otra guerra, no es más que política (pg.93), la victoria soviética significa que políticamente la URSS estaba por encima del III Reich -faltaba más- y, consiguientemente, por encima de cualquier otro país de aquella época.

Cuenta Gehlen que el proyecto de Hitler era la “destrucción del estado ruso”, la “liberación” del comunismo, lo cual sólo era posible “con la ayuda del propio pueblo ruso” porque las guerras modernas no se entablan entre ejércitos sino entre pueblos (pg.92). “En la política y la guerra modernas no se puede prescindir del factor psico-político”, concluye el general nazi (pg.110) en un capítulo de sus memorias sugerentemente titulado “Cortejando a los rusos”.

Las alusiones de Gehlen ayudan a entender el verdadero proyecto político que los nazis tenían para la URSS tras su rápida victoria militar: ¿a quién cortejar?, ¿a quién poner al frente del nuevo Estado ruso?, ¿quiénes eran sus sicarios en Moscú?, ¿quiénes formaban parte de las redes de Gehlen en la URSS? El general reconoce que en la posguerra uno de sus espías llegó a ministro de la República Democrática Alemania. Pero no dice nada de la etapa anterior a la guerra, ni de sus infiltrados dentro de la URSS.

A la inversa, las redes de Gehlen explican las depuraciones políticas y militares inmediatamente anteriores a la guerra que se llevaron a cabo en el Partido, el Estado, el Ejército Rojo y todas y cada de las instituciones públicas y privadas de la URSS. Los depurados eran esos cómplices rusos que el III Reich pretendía “cortejar” para imponer sus planes de destrucción de la URSS. La conclusión es obvia: en la victoria soviética de 1945 tan importante como los disparos de la artillería fueron las previas depuraciones políticas de finales de los años treinta.

Lo que Gehlen recuerda en sus memorias no sólo es el abecedario de cualquier guerra sino, naturalmente, de cualquier desafío político moderno. Las batallas políticas no sólo las pierden quienes sostienen una estrategia equivocada, sino -sobre todo- quienes no tienen ninguna, quienes la reducen a seguir una táctica tras otra, a eso que ahora llaman “gestión”, a interpretar sondeos electorales y contar votos.

Si en las batallas políticas y militares no sólo triunfan los ejércitos sino las masas, quien se pone incondicionalmente, de verdad, a su servicio tendrá ganada la primera pelea y la más importante.

(*) Servicio secreto. Memorias del jefe del servicio de inteligencia alemán, Barcelona, 1972.

‘Me negarás tres veces’

Ai Siqi (1910-1966)
Juan Manuel Olarieta

La doble negación (o negación de la negación) se ha puesto de moda. En octubre el secretario general del PCE(r), Manuel Pérez, publicó desde la cárcel un folleto sobre el asunto (1) y los maoístas franceses del PCF(mlm) también se refieren a dicha ley dialéctica en un reciente artículo, publicado en dos idiomas simultáneamente (2).

Como bien dice Manuel Pérez en su obra, a pesar de ser una de las leyes fundamentales de la dialéctica, la doble negación nunca ha recibido mucha atención en los manuales de filosofía marxista, por lo que esta coincidencia temporal sorprende bastante.

No obstante, si se lee el texto de los franceses, la sorpresa es un poco menor porque, según ellos, Mao rechazó la doble negación, aunque no dicen de dónde han deducido esa conclusión.

Por el contrario, en su folleto Manuel Pérez se propone recuperar esta ley de la dialéctica, así como otros principios marxistas-leninistas asociados a ella pero abandonados por el camino.

Los maoístas franceses hacen alarde de inventiva y, como es tópico, separan a “los comunistas de la Unión Soviética”, a los que califican de antropocéntricos, de Mao y los sacrosantos lemas de la Gran Revolución Cultural, que -vuelvo a repetir- nadie es capaz de decir de dónde salen. A los “comunistas soviéticos”, como Stalin, quedan asociados otros de la misma época, tan variopintos como Gorki, Vernadski o Michurin, es decir, que mezclan las churras con las merinas.

De una manera muy confusa los maoístas franceses asumen, a su manera, los postulados de la llamada “teoría sintética” o “darwinismo” en su crítica de lo que califican de “lamarckismo” y “finalismo” y que no está más que en su cabeza, a saber, que la evolución biológica es un desarrollo de lo inferior a lo superior que culmina en el hombre.

Pero eso no es “lamarckismo” ni antropocentrismo, ni tampoco necesita serlo; es la constatación de un hecho cierto al que nadie debería cerrar los ojos, ni siquiera los maoístas o los biólogos.

La mitad del texto del PCF(mlm) es así de confuso y el resto es erróneo. Atribuyen el “punto de vista soviético” al atraso de la agricultura, por lo que ya sólo queda que nos expliquen el “atraso” de Engels, el de Lenin, el de la agricultura china y el de la dialéctica materialista, en general.

El PCF(mlm) quiere defender su “monismo” y que en el universo no hay más que una misma materia en desarrollo, de la que no se puede separar a la humanidad. Ciertamente, la humanidad es materia, pero no es cualquier clase de materia.

En ese punto ni Mao ni la Gran Revolución Cultural han desarrollado nada y el “rechazo” de la doble negación que inventan, no tiene nada que ver con el “monismo”.

Lo quieren decir -pero dicen muy mal- es que en la evolución biológica no hay división en etapas diferentes, ya que eso rompe su “monismo”. Es falso. Los maoístas franceses exponen una imagen de la evolución (“cosmología”, lo llaman) como si fuera un churro continuo, en el que la unidad del proceso no se rompe nunca… ni siquiera cuando el churrero saca sus tijeras.

En la evolución de cualquier fenómeno, como la historia de un país, la existencia de etapas separadas, por trascendentales que sean, no rompe la unidad interna del país, que sigue siendo el mismo.

Ellos atribuyen esa supuesta ruptura al reconocimiento de la doble negación y ponen el ejemplo del feudalismo, de la que el capitalismo sería su negación, que a su vez sería negado por el socialismo. En fin, siempre es posible presentar las cosas de manera que nadie sea capaz de reconocerlas. A mi personalmente se me ocurre una presentación muy distinta:

1ª etapa: Inicialmente, en el comunismo primitivo, la humanidad no conoció las sociedades de clase

2ª etapa: luego apareció su negación, las clases sociales y la lucha entre ellas, que a su vez tiene sus propias etapas diferenciadas

3ª etapa: a las sociedades clasistas les seguirá su negación: un nuevo comunismo (negación de la negación)

Se pueden poner cuantos ejemplos sean necesarios, ninguno de los cuales, en efecto, demuestra nada. Sin embargo, ayudan a ilustrar el significado de esa ley dialéctica que lleva un nombre tan extraño. La doble negación es algo que está incluso en idiomas, como el francés, donde la negación se expresa con un duplicado (“ne … pas”). Incluso en castellano, expresiones como “No es imposible” suavizan la afirmación.

La negación, que no es más que una de las formas de la contradicción, es la esencia de la dialéctica. No obstante, como se manifiesta en el terreno retórico, ha conducido siempre a todo tipo de paradojas lógicas y matemáticas, como la famosa “Soy un mentiroso”, de la que no se puede decir si es verdad o es mentira. Por eso en algunos idiomas la doble negación es enfática (“No he dicho nada”). No deja lugar a dudas.

Si sólo hay dos negaciones subsiste, pues, una ambigüedad, porque es posible que no se trate de una negación sino de todo lo contrario: de una (re)afirmación. Cuando alguien quiere negar sin lugar a dudas lo hace tres veces, como la premonición de Jesucristo dirigida a San Pedro (“Antes de que cante el gallo me negarás tres veces”) que aparece en el Nuevo Testamento (Mateo 26:34, Marcos 14:30).

Ni Stalin ni Mao mencionan la doble negación, ni directa ni indirectamente, lo que ha dejado a esta ley dialéctica a una especie de limbo. La ausencia en Stalin quizá sea explicable por la brevedad de su texto, mientras que para explicar la de Mao hay que recurrir a la filosofía tradicional oriental y la manera en que Li Dazhao, el maestro de Mao en la Universidad de Pekín, la incorporó al marxismo.

Los maoístas, como los del PCF(mlm), tienen la mala costumbre de empeorar a Mao hasta dejarle en ridículo. Han convertido a la contradicción de elemento principal de la dialéctica, en elemento único. De ahí que reduzcan la filosofía marxista a una “teoría de las contradicciones”, en la que, además, siguen faltando contradicciones.

A mi modo de ver, el mejor manual de dialéctica materialista que se ha escrito es justamente el del comunista mongol Ai Siqi, publicado en 1961, donde la doble negación desempeña el papel básico que le corresponde. Al tratarse de una obra traducida al francés en 1978, es difícil entender de dónde sacan sus conclusiones los maoístas franceses.

Notas:

(1) Manuel Pérez Martínez, La negación de la negación. Revolución dentro de la revolución, octubre de 2015
(2) http://lesmaterialistes.com/english/dialectical-materialism-and-living-matter, http://lesmaterialistes.com/materialisme-dialectique-matiere-vivante
(3) Ai Siqi, Matérialisme dialectique, matérialisme historique, Paris, 1978, pgs.165 y stes.

Los ‘Papeles de Panamá’ forman parte del golpe de Estado judicial (3)

Los “Papeles de Panamá”, la filtración de once millones de documentos reservados, la mayor de la historia del periodismo, forman parte del golpe de Estado judicial en curso en varios países, incluidos Brasil, Venezuela, Siria y, naturalmente, Rusia.Lo mismo que las últimas maniobras desestabilizadoras que se han producido en el mundo, como las “revoluciones” de colores o la Primavera Árabe, detrás está la mano de Estados Unidos. Los medios de comunicación que trabajan con el imperialismo en la desestabilización son uno de sus largos tentáculos.

Los periodistas se rasgan las vestimentas como buenos fariseos. Los hechos ni siquiera son nuevos. Hace ya tiempo que Yves Smith publicó (1) varios reportajes sobre el bufete panameño Mossak Fonseca. En diciembre de 2014 Ken Silverstein publicó otro en la revista Vice (2). Entonces la revista “Intercept” de Pierre Omidyar, rechazó la publicación.

En aquel momento el malo de la película se llamaba Bashar Al-Assad y lo que Silverstein quería contar era que un primo suyo millonario, Rami Makhlouf, tenía dinero escondido en el bufete panameño. Naturalmente se trataba de un testaferro de Al-Assad… Es “casi” seguro.

Hay que empezar todo este asunto, como dice el diario “Moon of Alabama” (3), preguntando por lo que no aparece entre las toneladas de papeles. ¿No hay bancos implicados?, ¿no hay fondos buitre?, ¿no hay grandes multinacionales?, ¿no hay senadores y congresistas de Estados Unidos? Los abogados panameños, titula la web “ZeroHedge”, tenían 441 clientes estadounidenses (4), ¿dónde están?

No, la pieza maestra de la corrupción mundial es el Primer Ministro… de Islandia.

No cabe duda: además de quitarse de encima a sujetos incómodos para Estados Unidos, en el listado de los 14.000 clientes sólo hay hombres de paja destinados a alimentar el morbo y el cotilleo de los medios de comunicación, empezando por Almodóvar y siguiendo por Messi, en el caso de España, aunque naturalmente al poner en marcha el ventilador la mierda pueda ir un poco más allá. Pero merece la pena correr algún riesgo.

Sin embargo, como ha reconocido el periódico británico The Guardian, “la parte más sustancial de las informaciones capturadas jamás se divulgará”. Ya nos vamos enterando de que la tarea de la prensa imperialista no es publicar lo que sabe sino callar la mayor parte de la información. Pues a mí personalmente lo que me gustaría saber no es lo que cuentan sino lo que callan…

El segundo pilar de las filtraciones, el “Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación”, es una organización creada y financiada por el llamado “Centro de Estados Unidos para la integridad pública”, a su vez creado y financiado por la Fundación Ford, la Fundación Carnegie, la Fundación Rockefeller, la Fundación W.K.Kellogg y la Fundación para una sociedad abierta, o sea, el especulador internacional George Soros, que de paraísos fiscales sabe bastante.

A través de la USAID, que doy por conocida, el referido “Consorcio” forma parte de un proyecto más amplio del imperialismo de control de lo que califican como crimen organizado y corrupción (OCCRP, Organized Crime and Corruption Reporting Project) pero que, en realidad, vigila a la mafia… rusa, es decir, vigila a Rusia con la disculpa de la mafia, tal y como muestran las últimas películas fabricadas en Hollywood.

La foto que encabeza este artículo está tomada en la sede del despacho de abogados de Panamá; pero si alguien ha creído ver ahí el emblema de la OTAN, ha padecido un espejismo. Sólo se parecen, y además eso no significa nada.

Lo que no es ningún espejismo es que la fuga no procede de ese bufete sino de los organismos de inteligencia de Estados Unidos y la filtración se irá dosificando a los medios internacionales en función de los intereses políticos y económicos de Estados Unidos.

La manera en que se va a divulgar la información gota a gota es un instrumento descarado de chantaje por parte del imperialismo, que filtrará unos datos y callará otros en función de la sumisión del hombre de paja correspondiente en algún remoto país.

(1) http://www.nakedcapitalism.com/?s=Mossack+Fonseca+
(2) http://www.vice.com/read/evil-llc-0000524-v21n12
(3) http://www.moonofalabama.org/2016/04/selected-leak-of-the-panamapapers-creates-huge-blackmail-potential.html
(4) http://www.zerohedge.com/news/2016-04-04/mossack-fonseca-has-441-us-clients-who-are-they

Más información:
— El golpe de Estado judicial. Primera parte
— Del árbol caído todos hacen leña

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