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Autor: Redacción (página 966 de 1359)

Mauricio Macri apadrina la inversión de una firma que financia al ISIS

Por Ricardo Ragendorfer
 
Los graves acontecimientos parlamentarios y represivos del 18 de diciembre no torcieron la agenda del presidente Mauricio Macri. Tanto es así que luego de jugar al paddle en la residencia de Olivos, arribó a Casa Rosada poco antes de las 15 horas. Hasta allí llegaba el eco de los escopetazos y la humareda de las bombas lacrimógenas que estallaban en la Avenida de Mayo. Pero él, ajeno a esas circunstancias, recibía en su despacho –tal como informó Tiempo aquel día– a los directivos locales el grupo franco-suizo LafargeHolcim, la mayor cementera del mundo. Los visitantes traían una buena noticia: la inversión de 120 millones de dólares para ampliar su planta en Córdoba. Sin ninguna duda se trata de una empresa que apuesta por la «nueva» Argentina. Pero Macri no puede ignorar que –según la Justicia francesa– LafargeHolcim es también una corporación que financia el terrorismo yihadista.

Un tribunal de París acababa de procesar a los principales ejecutivos del grupo –su presidente, Bruno Lafont; su vice, Christian Herrault; y su director general, Eric Olsen– por el pago de sumas millonarias entre 2011 y 2015 a la milicia fundamentalista Estado Islámico (ISIS), además de comprarle petróleo y colaborar en la construcción de sus fortificaciones, con el fin de mantener en funcionamiento su planta cementera en Jalabiya, al noroeste de Siria, en plena guerra civil y pese al embargo de la Unión Europea.

El tal Olsen no es un desconocido para Macri. De hecho, ambos solían reunirse con frecuencia, como –por ejemplo– el 26 de mayo de 2016, cuando el CEO de LafargeHolcim acudió a la Rosada para acordar la participación del grupo en obras de infraestructura que planeaba realizar el gobierno en todo el país. Tales proyectos aún siguen en pie a pesar de este «problemita».

Los socios del silencio

El asunto saltó a la luz por un artículo publicado el 21 de junio de 2016 en el diario Le Monde. Y ubicaba su inicio en 2011, cuando la guerra en Siria hizo que las grandes empresas europeas abandonaran el país. No fue el caso de Lafarge –aún no fusionada con la suiza Holcim–, dispuesta a no perder los 700 millones de dólares invertidos en su fábrica de Jalabiya.

Es allí donde entra a tallar la figura de monsieur Jean-Claude Veillard, su jefe de seguridad. Aquel hombre, un exagente de inteligencia vinculado al ultraderechista Frente Nacional, fue quien negoció la inmunidad territorial de Lafarge, primero con el Frente Al-Nusra (la sección siria de Al Qaeda) y luego con el ISIS. El trato fue fructífero.
 

De modo que desde entonces Lafarge tributó alrededor de 13 millones a tales milicias para mantener en condiciones pacíficas la actividad de la planta, garantizar su aprovisionamiento y la circulación del personal. La otra parte del pacto establecía la compra de petróleo a destilerías bajo el control del ISIS por sumas aun no precisadas por la Justicia, cuyos registros en los libros contables de París fueron realizados con facturas falsas.

También se estima que Lafarge habría proporcionado cierta parte de su producción cementera en Jalabiya –unas seis millones de toneladas– para que los yihadistas edificaran una línea de fortificaciones subterráneas que dividió el territorio sirio en dos. Esa arquitectura secreta fue clave para la expansión del ISIS en el conflicto.

Recién entre noviembre de 2015 y los primeros meses del año siguiente la aviación rusa, por orden de Vladimir Putin –en apoyo al régimen de Bashar al-Asad–, pulverizó tales bunkers con bombas penetrantes.

A su vez, Francia –que con Estados Unidos e Inglaterra anhela la caída del presidente sirio– bombardeaba las posiciones de ISIS tras los atentados del 13 de noviembre en París.

Por entonces, Lafarge ya hacía un año que había cerrado la fábrica de Jalabiya, abandonando a sus trabajadores. Muchos fueron asesinados. Pero la compañía –ya fusionada con Holcim– siguió financiando a los yihadistas hasta casi 2016 con la anuencia, claro, de sus más altos directivos.
 

La pregunta es: ¿hasta qué punto en el Palacio del Elíseo –ocupado por el socialista François Hollande– se sabía sobre los negocios de LafargeHolcim con el terrorismo islámico?

El eco de los escopetazos

Cuatro meses después, el CEO Olsen se acomodaba en un sillón de la Rosada, a un metro del asiento de Macri. Se trataban como dos viejos conocidos. Allí también estaba el ministro de Producción, Francisco Cabrera; el mandamás de la filial argentina, Ubaldo Aguirre, y otros dos ejecutivos. Primero hablaron de los «nuevos desafíos en la región». Luego, de «inversiones».

Veinticinco días más tarde Le Monde haría explotar el affaire sirio de LafargeHolcim, con Olsen a la cabeza. Él y Macri volvieron a verse el 3 julio de 2016 en París, durante el viaje oficial de este último a Francia. Al parecer, Olsen no se mostraba preocupado por el escándalo en cuestión.

Todo indicaría que aquel hombre mantuvo su «paz interior» durante un tiempo prolongado. Incluso, su siguiente salto a las tapas de la prensa mundial fue por un motivo ajeno al lazo espurio que lo unía con el ISIS: el 16 de marzo de 2017 Olsen hizo pública la candidatura de LafargeHolcim para construir el muro fronterizo entre México y Estados Unidos. Otro proyecto humanitario. Pero, de pronto, en abril presentó su renuncia después de que la empresa se viera obligada a reconocer su apoyo económico a los yihadistas.

Los efectos políticos y judiciales del asunto se tornaban imparables. Por lo pronto, exhibía el lado oscuro de la «guerra contra el terror» emprendida por Francia y sus aliados en la OTAN, al ser precisamente una de sus empresas líderes el sostén financiero de una milicia terrorista que efectuó atentados en aquel país y en toda Europa. ¿Acaso Olsen y los suyos actuaron así por una ambición industrial o fueron el medio utilizado por la coalición internacional para mantener a flote una fuerza beligerante afín a su anhelo por derrocar el régimen de al-Asad?

Sea como fuere, los acontecimientos para Olsen y sus dos jefes directos –el presidente corporativo Lafont y su vice, Herrault– se precipitaron el 6 de diciembre al quedar bajo arresto en París. Dos días después fueron procesados por «financiamiento de una entidad terrorista» y «poner en peligro la vida de terceros», antes de obtener la libertad bajo control judicial.Última escena de esta historia: Macri en un sillón de su despacho, junto al señor Aguirre, el CEO local de LafargeHolcim; también estaba la gerente de Relaciones Públicas, María Daghero; y el ministro Cabrera. Hablaban de inversiones. Hasta allí llegaba el sonido de los escopetazos policiales contra la multitud. Era la tarde del 18 de diciembre.

 
Tiempo Argentino

Rusia vuelve sus ojos hacia Stalin y el pasado soviético

La semana pasada Alexandre Bortnikov, el jefe del FSB, el servicio secreto ruso, concedió una entrevista al diario Rossiiskaya Gazeta en la que alude a las purgas internas emprendidas por el Partido bolchevique (o sea, por Stalin) en los años treinta.

El motivo de la entrevista es el 100 aniversario de la fundación de la Cheka, la policía soviética, antecedente del KGB y luego del FSB.

Pero para que el lector ubique política e ideológicamente a Bortnikov hay que aclarar que es miembro de lo que en Rusia llaman el “Clan de San Petersburgo”, un grupo cercano al Primer Ministro Medvedev, o sea, neoliberales y oligarcas, muy impopulares en la Rusia actual. Nada más opuesto al bolchevismo o a Stalin.

A diferencia de los charlatanes que soportamos por estos lares, Bortnikov ha consultado los archivos, en los que ha descubierto que, en efecto, como dijeron entonces los bolcheviques, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial los imperialistas trataron de dar un golpe de Estado en la URSS con el apoyo de ciertos sectores internos del propio Partido bolchevique que, además, mantenían relaciones con el espionaje exterior.

Como consecuencia de la entrevista, más de 30 miembros de la Academia de Ciencias han enviado una carta colectiva al sitio del Kommersant en internet porque temen que la revisión del papel del KGB en los años treinta sea “intencional” y concluya en una rehabilitación de Stalin.

Resultaría paradógico que un “comunista” como Jruschov condenara a Stalin y 60 años después un burgués como Putin lo rehabilitara.

El caso es que, al menos en Rusia, muchos se van dando cuenta de que la historia no ha sido como se la han contado. Incluso la rehabilitación llega a figuras denostadas hasta el ridículo durante la Guerra Fría, como el botánico Lysenko, y no sólo en Rusia sino también en occidente. Las máscaras van cayendo. Revistas científicas, como Current Biology o Evolutionary Biology, vuelven sobre sus pasos y le consideran como un precursor.

Si pudiéramos simplificar el arco ideológico de la oligarquía dominante en Rusia, a los neoliberales de Medvedev habría que sumar los nacionalistas de Putin, cuyo partido Rusia Unida está cada vez más desprestigiado (a diferencia del propio Putin).

No obstante, el nacionalismo ruso es un valor en alza a causa del asedio de las grandes potencias imperialistas. Los rusos ya no buscan referencias fuera de sí mismos, de su propia historia, de toda ella, incluida la historia soviética.

Estamos tentados de asegurar rotundamente que tras la “desestalinización”, Rusia se vuelve a “stalinizar”, pero sería un error. Ni la URSS ni Rusia se “desestalinizaron” nunca. Fue cosa de los papeles, de los “historiadores” de pacotilla, de los intelectuales burgueses, de los altavoces del imperialismo y de sus sicarios revisionistas que caló mucho menos de lo que cabría pensar, dado lo agobiante de la propaganda.

Dentro y fuera de la URSS, las masas siempre reservaron un lugar para Stalin, como máximo símbolo del poderío del movimiento obrero mundial, cuya cabeza visible fue la URSS.

El rearme militar mundial supera los niveles más altos de la Guerra Fría

En 2018 el despilfarro militar mundial superará los niveles más elevados registrados desde el final de la Guerra Fría, según un informe de IHS Jane.

El rearme militar es unilateral; concierne únicamente a la OTAN y las grandes potencias imperialistas porque los presupuestos militares de Rusia han seguido disminuyendo este año y ahora son un 10 por ciento más bajos que en 2015.

Los impulsores del despilfarro armamentista son Estados Unidos y Europa. El año que viene el gasto militar mundial será de 1,67 billones de dólares, excediendo el récord previo de la Guerra Fría de 1,63 billones, establecido en 2010. Los 1,67 billones suponen un aumento del 3,3 por ciento respecto al nivel de este año, el mayor crecimiento interanual en más de una década.

En Washington se espera que el año que viene Trump aumente el presupuesto militar de Estados Unidos en un 4,8 por ciento.

En Europa occidental el gasto de defensa aumentará un 1,6 por ciento, con ocho países de la OTAN (sin incluir a los Estados Unidos) que cumplan con las directrices de la alianza imperialista para que los miembros gasten el 2 por ciento de su PIB en el ejército. Esos ocho países son Grecia, Estonia, Turquía, Letonia, Inglaterra, Lituania, Polonia y Rumania.

Se espera que el gasto militar crezca especialmente rápido en Europa oriental, que tendrá la tasa de crecimiento más rápida del mundo. Se espera que muchos países aumenten el gasto de defensa en un 2 por ciento o más el año que viene.

Los Estados bálticos son especialmente beligerantes a causa de su incorporación a la OTAN. El próximo año duplicarán el gasto militar en relación con sus niveles de 2014.

Indulto a Fujimori: también Perú concede ‘licencia para matar’

Alberto Fujimori
Ayer el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, otorgó un “indulto humanitario” a su predecesor en el cargo Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión por homicidio calificado con alevosía, por las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta.

Preparando el terreno, Fujimori, de 79 años y que gobernó el país entre 1990 y el 2000, fue internado el día anterior en una clínica local por un cuadro de «hipotensión» y «arritmia». Una junta médica completó la farsa al recomendar su liberación por “una enfermedad progresiva, degenerativa e incurable”.

El asunto es mucho más sencillo. Se trata de un intercambio. Unos días antes 10 congresistas de Fuerza Popular, el partido de Fuhimori, salvaron a Kuczynski de la destitución, y “de bien nacidos es ser agradecidos”.

Fujimori fue recluido en setiembre del 2007 en el penal de Barbadillo, tras llegar extraditado de Chile.

También fue condenado por el delito de secuestro agravado, por las detenciones del periodista Gustavo Gorriti y el empresario Samuel Dyer.

Otra de sus condenas fue por usurpación de funciones, soborno y falsedad ideológica, al probarse el pago de 15 millones de dólares a Vladimiro Montesinos por compensación de tiempo de servicios.

En setiembre del 2009 fue sentenciado a 6 años de cárcel por los pagos ilegales a los congresistas tránsfugas, por el espionaje a políticos y periodistas y por la compra de Cable Canal de Noticias y de la línea editorial del diario “Expreso”.

En enero del 2015 había sido condenado a 8 años de cárcel por malversación de fondos públicos, al haber ordenado el desvío de fondos de las Fuerzas Armadas al Servicio de Inteligencia Nacional. Sin embargo, el Tribunal Supremo anuló esta condena.

En 2013 el gobierno de Ollanta Humala denegó otra petición de “indulto humanitario” solicitado por sus hijos un año antes.

https://elcomercio.pe/politica/alberto-fujimori-libertad-ppk-le-dio-indulto-humanitario-noticia-483996

La Navidad más sangrienta del franquismo: casi 200 asesinatos en Cárceres en 1937

Matías Escalera
Fue el día de Navidad más sangriento de la historia de Cáceres. El 25 de diciembre de 1937 un piquete compuesto por 60 guardias civiles fusiló a 34 hombres en el campo de tiro adyacente al cuartel del regimiento de Infantería Argel 27. Entre las víctimas se encontraban maestros, sindicalistas, militantes de partidos democráticos y hasta cargos públicos como el alcalde de la ciudad, el socialista Antonio Canales, y el presidente de la Diputación, Ramón González Cid, de Izquierda Republicana. La ejecución masiva conmocionó a la ya de por sí atemorizada población extremeña. Sin embargo, la orgía de sangre no había hecho más que empezar. En los días siguientes se multiplicaron los fusilamientos en la capital cacereña hasta completar la escalofriante cifra de 196 ejecutados.

El cerebro de esta operación represiva fue el gobernador militar Ricardo de Rada, un general africanista que se sumó desde el primer minuto al golpe de Estado contra la República liderado por Mola y por Franco. Prácticamente toda la provincia de Cáceres estaba bajo control de los golpistas desde el 22 de julio de 1936, pero los mandos militares franquistas siempre se sintieron amenazados. De Rada, que había sido destinado a Cáceres en julio de 1937, en contacto con sus superiores y especialmente con el general Saliquet, denunció en diciembre la existencia de un complot republicano para recuperar el control de la provincia. Como represalia por esa supuesta amenaza empezó todo. Los estudios históricos han demostrado que ese complot nunca existió.

Los propios franquistas también reconocieron, años más tarde, que se trató de un burdo montaje. El dirigente de la Falange cacereña José Montes fue uno de los que lo dijo con total claridad: “No hubo complot, entre otras cosas porque no había nada organizado, siendo una cosa inventada por los militares de mayor graduación, caso del gobernador militar Rada, para demostrar su autoridad”. La invención se llevó por delante a 182 hombres y 14 mujeres. Sus nombres aparecen en un macabro documento en el que los verdugos hicieron el recuento final de su operación. Por si alguien tenía dudas, en el encabezado del mismo puede leerse: “Relación nominal de personas fusiladas con motivo del abortado complot del 23 de diciembre en Cáceres dirigido por el cabecilla rojo Máximo Calvo”.

Máximo Calvo Cano fue un comunista cacereño y comandante de las milicias que se instaló clandestinamente en Cáceres, desencadenando una intensa actividad guerrillera en la retaguardia franquista.

“A mi abuelo Matías y a muchos otros los detuvieron durante la cena de Nochebuena. Sabían que estarían en sus casas con sus familias. Así era la cruel y endurecida pasta de los que ordenaron sus asesinatos”. Matías Escalera comparte nombre y apellido con su abuelo, uno de los primeros en ser fusilados: “Mi abuela envió a mi padre, que aunque era el mayor de cuatro hermanos solo tenía doce años ¡doce años!, a seguir de lejos al grupo que le llevaba detenido. Quería saber a dónde le trasladaban. Y mi padre les siguió hasta el mismo cuartel, en donde estuvo esperando, a la intemperie, hasta que le echaron de allí los centinelas. Mi abuela Lucía fue también una víctima más desde aquel día. Representa a miles de mujeres que se vistieron de negro siendo jóvenes y murieron de negro, ancianas, guardando una silenciosa memoria de sus maridos asesinados, con una dignidad imbatible”.

Buena parte de los que fueron fusilados el día de Navidad junto a Matías, como el alcalde de Cáceres, el presidente de la Diputación o un grupo de trabajadores ferroviarios de la UGT, llevaban meses en prisión y habían sido condenados a muerte en consejo de guerra. A partir de ahí, y hasta el 21 de enero, no pararon de fusilar. Entre las víctimas destacan algunos colectivos como los 40 militares del ejército franquista que fueron acusados de tener ideología republicana, los 16 mineros ejecutados la noche de Reyes o los 47 vecinos de Cáceres vinculados a organizaciones republicanas.

En Navas del Madroño, un pueblo de apenas 3.000 habitantes, fueron asesinadas 54 personas en un solo día. En Malpartida de Cáceres fusilaron a una decena, entre ellos al popular tabernero Juan Doncel que pudo despedirse de su familia en una emotiva carta: “Escribo a mi esposa e hijos para despedirme de ellos. No podréis dudar de la conducta de vuestro padre que siempre ha sido bueno, honrado y trabajador. Os lo juro por la ceniza de mi padre. Querida esposa, a ti te toca con la ayuda de nuestros hijos defender el pan del día. De lo que disponemos tú dispondrás. ¿Qué más os voy a poner? Tengo en la imaginación tanto que no puedo poner más. Un adiós para todos, para ti Josefa y María, Víctor, Dionisia, Rafael, Luisa, mi Alfonso y mi Antoñita, qué pequeñitos y sin padre. Recuerdos a mi hermana y a todos en general. Se despide tu esposo para siempre. Adiós a todos”. Pero Josefa no pudo “defender el pan del día”. Poco después de recibir la carta fue también detenida y, finalmente, fusilada el 2 de enero junto a otras 26 personas. Sus hijos fueron internados en orfanatos franquistas.

El documento en el que el ejército hizo balance de su acción terminaba con una “suma total” de 196 asesinatos. En el frío listado aparecen apellidos repetidos que indican la ejecución de padres e hijos o de hermanos. Entre los fusilados el 4 de enero pueden leerse los nombres de Ángeles, Antonio y Asunción Brú Casanova, cuyo hermana Rafaela ya había “desaparecido” a manos de los franquistas en agosto de 1936.

Tras más de 40 años de olvido, en 1979 fueron exhumados los primeros cuerpos de las víctimas. El ayuntamiento cacereño levantó un monumento que recoge los nombres de 675 hombres y mujeres asesinados por el franquismo, entre ellos las 196 personas que perecieron mientras sus verdugos celebraban la Navidad de su “segundo año triunfal”.

http://www.eldiario.es/sociedad/anos-masacre-franquista-Navidad_0_721977932.html

42 policías juzgados por torturar a los detenidos en una cárcel de Ecuador

Un total de 42 policías serán juzgados por un delito de torturas a detenidos en la cárcel en Cuenca, informó la fiscalía el viernes.

Los hechos ocurrieron el 31 de mayo del año pasado, “cuando la policía solicitó permiso para realizar un operativo y buscar objetos prohibidos dentro de las celdas” de un pabellón del Centro de Rehabilitación Social Regional Turi.

“Las personas privadas de libertad fueron sacadas de sus celdas y sin motivo alguno los policías les habrían agredido”, señala la fiscalía.

Entre los detenidos, que podrían ser condenados a penas de hasta 13 años de cárcel, figuran un mayor, tres subtenientes y agentes de las llamadas Unidades de Mantenimiento del Orden de la Policía Nacional.

La fiscalía sustenta su acusación con varias pruebas, entre ellas videos de las cámaras de seguridad del penal, versiones de las víctimas e informes médicos.

El juez ordenó que se mantengan las medidas cautelares de presentación periódica ante la justicia y la prohibición de salida del país en contra de los policías acusados.

http://www.elcomercio.com/actualidad/policias-acusados-tortura-carcel-juicio.html

La Audiencia Nacional deniega la libertad a Ibon Iparragirre gravemente enfermo

Ibón Iparraguire, condenado a muerte
Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión

El Juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional española ha denegado la libertad al preso político vasco gravemente enfermo Ibon Iparragirre, a pesar de que sus condiciones de salud son extremas. En lugar de enviar a Ibon a su casa junto a su familia, le ha enviado al hospital para dolencias cerebrales Aita Menni de Arrasate.

El Movimiento Pro Amnistía quiere recordar que el titular de este Juzgado de Vigilancia Penitenciaria es el juez José Luis Castro Antonio. Él fue, precisamente, el que en el año 2005 concedió el tercer grado al que fuera uno de los responsables del GAL, Enrique Rodríguez Galindo (desde el 2004 estaba preso en casa). Según el auto escrito entonces por Castro, “el estado de salud del interno permite tener esta circunstancia en cuenta para la progresión de grado pretendida”. Castro también aprobó la libertad condicional para Galindo en 2013, que finalmente solo cumplió 4 años de cárcel por el secuestro, tortura y asesinato de Lasa y Zabala.

José Luis Castro Antonio es, igualmente, uno de los Jueces de Vigilancia Penitenciaria que durante la década de los 90 miró hacia otro lado ante las graves torturas y asesinatos sufridos por los presos sociales clasificados como FIES, ofreciendo así un espacio de opacidad a los abusos de los carceleros. José Luis Castro es, por tanto, un mayordomo imprescindible para sacar brillo a las cloacas del Estado.

El caso de Ibon Iparragirre es ahora mismo el más grave de entre los presos políticos enfermos, pero no el único. Aitzol Gogorza, Txus Martín y varios más se encuentran en una situación extrema como consecuencia de su estado de salud. Nuestro movimiento quiere subrayar, una vez más, que esta tortura crónica que se aplica a los presos políticos no tiene un simple toque de venganza, sino que es el resultado de una violencia estructural que persigue objetivos políticos.

Aitzol Gogorza ya denunció en julio de este año que un carcelero le aconsejó firmar una declaración de arrepentimiento si quería salir de la cárcel. Con los presos políticos utilizan la lógica del “arrepiéntete o muere”, convencidos de que sus arrepentimientos pueden ayudar a perpetuar la actual situación de opresión.

El Movimiento Pro Amnistía no tiene duda de que, si no se encienden las calles, los presos políticos seguirán muriendo en las cárceles. Es por ello que, una vez más, quiere hacer un llamamiento a la lucha a Euskal Herria, porque solo agitando las calles conseguiremos sacar de la cárcel a los presos enfermos.

En Euskal Herria, a 22 de diciembre de 2017.

Las tropas especiales del Pentágono también combaten en Yemen

En la Guerra de Yemen no falta nadie. Están todos los que son y son todos los que están, naturalmente intensivamente involucrados en la “lucha contra el terrorismo”.

En 2015 Mondafrique reveló la presencia de tropas especiales del ejéercito francés en la Guerra de Yemen.

Ese mismo año Forbes reveló la presencia de mercenarios de Blackwater.

Al año siguiente Press TV anunció que el Pentágono también había enviado a sus tropas especiales.

Ahora le toca el turno a Newsweek (*), que repite una primicia que no lo es: en Yemen también hay tropas especiales estadounidenses.

Todas esas tropas se añaden a las saudíes y emiratíes, aunque si los anteriores se justifican con la excusa ambivalente del “terrorismo”, éstos se escudan con otros argumentos: los rebeldes huthíes.

Llegamos a la conclusión absurda de que en Yemen hay dos guerras al mismo tiempo: una contra Al-Qaeda y otra contra Ansarollah.

Pero eso es una contradicción, si tenemos en cuenta que AQPA, Al Qaeda de la Península Arábiga, no es otra cosa que una sucursal de saudíes y emiratíes.

Luego quienes han llevado a AQPA a Yemen no son otros que los saudíes y emiratíes. Pero si ambos Estados luchan contra Ansaarollah, hay que entender que han llevado a AQPA a Yemen para hacer lo mismo: combatir a los huthíes.

Por lo demás, si Estados Unidos está en Yemen combatiendo a AQPA, deberá empezar por combatir a Arabia saudí y Emiratos Árabes Unidos, para lo cual debería apoyarse en Ansarolah…

No hay nada de lo que Newsweek invoca: Estados Unidos no ha invadido Yemen para luchar contra AQPA sino para prevenir que los huthíes ganen la guerra.

(*) http://www.newsweek.com/yemen-pentagon-confirms-boots-ground-against-isis-and-al-qaeda-754960

La Fundación Rosa Luxemburgo ‘privatiza’ el imperialismo alemán

Las fundaciones políticas alemanas, especialmente la Ebert, tuvieron un papel decisivo en la creación, financiación y fortalecimiento de los partidos políticos en la España de la transición, especialmente del PSOE.

A pesar de ello, es un opinión muy extendida que los partidos políticos son creaciones de la sociedad, se podría decir que espontáneas, incluso.

El artículo 21 de la Constitución (Ley Fundamental) alemana ya deja claro que no es así: no es la sociedad la que crea los partidos sino los partidos los que “crean” la sociedad, por decirlo de una manera gráfica.

Es una característica diferenciadora de la etapa monopolista del capitalismo: los partidos políticos no son órganos de la sociedad sino del Estado burgués, y lo mismo podemos decir de los sindicatos e incluso de las Iglesias y las ONG.

En Alemania el Estado financia a los partidos a través de fundaciones. Cada partido tiene su fundación, de manera que cuando en los ochenta aparecieron Los Verdes, recurrieron al Tribunal Constitucional para reclamar su cacho del pastal. Asi se creó la Fundación Regenbogen (Arco Iris) que hoy se llama Heinrich Böll.

Lo mismo ocurrió diez años después, cuando cayó la República Democrática Alemana. Todos esperaban el hundimiento del viejo SED (Partido Socialista Unificado), pero se equivocaron. Se reconvirtió en el nuevo PSD, al que las elecciones transformaron en la segunda fuerza política en la zona oriental, lo que desmentía la propaganda imperialista de la Guerra Fría.

Por eso nadie dijo nada. En la Alemania unificada había otra fuerza política más que debía “competir” en las elecciones al más puro estilo capitalista burgués, por lo que hizo lo mismo que los Verdes: recurrir al Tribunal Constitucional para que el Estado le financiara su propia fundación: la Rosa Luxemburgo.

Con el dinero del Estado el SED/PDS fue fagocitando a los pequeños movimientos de la época, deviniendo una especie de Izquierda Unida a la alemana, con esas mareas altermundialistas, LGTB y demás oportunismos de moda entre la pequeña burguesía radicalizada. Así apareció Die Linke (La Izquierda), otro de esos infumables gazpachos de la posmodernidad.

Con la pasta en el bolsillo, la Fundación Rosa Luxemburgo paga las nóminas de los 170 empleados a su servicio y, sobre todo, de sus 16 oficinas en el extranjero porque todas las fundaciones políticas alemanas son instrumentos del imperialismo autóctono y la Rosa Luxemburgo no es una excepción.

Por su propio origen, la Fundación Rosa Luxemburgo era la idónea para llevar a cabo la transición de Polonia al capitalismo. Además de partidos burgueses reaccioniarios y ultracatólicos a la vieja usanza, Polonia necesita también a la izquierda, los “progres” laicos, ecosocialistas, trotskistas y demás.

Los reformistas son imprescindibles para el imperialismo. Vean. En setiembre de 1993 la clase obrera polaca estaba al borde del levantamiento a causa del paro, la miseria, las privatizaciones y demás lacras del capitalismo.

Lo mismo que en la antigua RDA, el voto popular se inclinó muy pronto hacia la coalición SDL, el viejo partido de la Polonia socialista, y el Partido Campesino, tradicionalmente aliado al anterior. Hastiados, en menos de tres años, los polacos querían dar marcha atrás a la historia, pero nada era ya lo que fue algún día: tanto el SDL como el Partido Campesino habían sido reconvertidos al “modelo alemán”.

Los nuevos “progres” no eran nada distito de la reacción pura y dura. No sólo traicionaron las esperanzas a la clase obrera sino que la desmoralizaron.

En 2005 la tarea de seguir fabricando “progres” en Polonia se la encomendaron a uno de los capataces de la Fundación Rosa Luxemburgo, el alemán Holger Politt, quien empezó por el lavado de cerebro a través de conferencias, cursos, revistas y libros para concluir que lo realmente moderno no era la Polonia socialista sino la Alemania capitalista.

Afortunadamente Pollit lo hizo muy mal. Les dio a los polacos un tratamiento abiertamente colonial y paternal, ganándose su desprecio.

Ingenuos ellos, los “progres” polacos fueron a quejarse a los diputados alemanes que dirigían Die Linke, que ellos consideraban como la casa matriz de la Fundación. Pero se equivocaban, los jefes de Die Linke no eran los que mandaban en la Fundación, sino al revés. Esto es lo verdaderamente interesante…

Las Fundaciones alemanas manejan ingentes cantidades de dinero que procede de eso que ahora llaman “cooperación internacional”, que en Alemania tiene su propio Ministerio, el BMZ o Ministerio de Cooperación, una rama paralela al Ministerio de Asuntos Exteriores y el espionaje exterior.

Es lo de toda la vida: el que paga manda. Por eso las fundaciones alemanas, lo mismo que las ONG, no rinden cuentas a los partidos políticos de los que teóricamente dependen, sino al BMZ. No ejecutan la política exterior de su partido sino la del Estado, o dicho de otra manera: todas las fundaciones alemanas sostienen la misma política .

Lo mismo que las ONG, las fundaciones alemanas han “privatizado” en cierta manera al imperialismo porque a un país no se le somete sólo mediante la fuerza “pública” sino mediante el soborno “privado” (la sopa boba).

En 2014 la profesora de la Universidad de Estrasburgo, Dorota Dakowska, analizó el papel de ésta y otras fundaciones alemanas en su obra “Le pouvoir des fondations, des acteurs de la politique étrangère allemande”, imprescindible para conocer el origen imperialista de los nuevos grupos “progres” del estilo de Podemos, Syriza y otras.

El imperialismo también tiene un lenguaje ‘de izquierdas’ para el consumo de los progres

El viaje de Lenin en el tren blindado a través de una Europa en guerra

Lenin y su mujer Krupskaia llegaron a Berna, Suiza, en 1914 en calidad de exiliados políticos. Años antes, la pareja había vivido en Ginebra. En esta segunda ocasión se establecieron en la capital helvética hasta febrero de 1916, cuando se mudaron al número 14 de Spiegelgasse, en el casco antiguo de Zurich. Una placa junto al portal recuerda la estancia de Lenin.

Las razones del traslado fueron políticas: en plena guerra imperialista, Lenin buscaba aliados para reconstruir la Internacional y los socialistas de Zurich estaban más avanzados que los de Berna. En la ciudad a orillas del Limmat, Lenin pasó buena parte de su tiempo asistiendo a las reuniones de los socialistas suizos. En Zurich escribió su obra “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, publicada hace 100 años.

Lenin permaneció durante poco más de un año en Zurich. La Revolución de Febrero y la caída del zarismo le abrían las puertas para regresar a Rusia.

Pero para volver necesitaba pasar por Alemania, entonces en guerra con Rusia. A Alemania le interesaba Lenin y a Lenin le interesaba Alemania. Por eso Alemania organizó la expedición en un tren blindado que evitara cualquier contacto entre la población alemana y los bolcheviques rusos.

El 9 de abril de 1917, cuando la dirección bolchevique se reunió en la Estación y se preparaban para salir, apareció otro grupo de exiliados rusos (eseristas, mencheviques y otros) que se les acercó para insultarles, gritándoles que se habían vendido al imperialismo alemán.

Los bolcheviques se habían guardado un as en la manga, una ficción jurídica: obligaron a los alemanes a declarar que el tren era “extraterritorial”, es decir, que es como si nunca hubieran pisado suelo alemán.

El tren dejó la estación de Zurich para adentrarse en la historia. Lenin viajaba en el último vagón del convoy, acompañado de Krupskaia y otros 32 dirigentes bolcheviques que, hasta entonces, habían vivido exiliados repartidos por toda Europa. La mayoría eran rusos, pero también había un suizo y un polaco.

El tren llegó a Berlín el 11 de abril, de donde continuó hacia el Báltico, al puerto de Sassnitz, donde un memorial recuerda la llegada del legendario tren blindado.

En el puerto tomaron un ferry que los trasladó a Malmoe, Suecia, en la otra orilla del Báltico, desde donde se trasladaron a Estocolmo. En la capital sueca hicieron una breve parada para mantener una reunión con los internacionalistas suecos.

Luego no tomaron otro ferry para ir directamente a Petrogrado sino un tren que recorrió toda la costa del Báltico, cruzó la frontera con Finlandia en Tornio e hizo una breve escala en Tampere, el lugar donde Lenin había conocido por primera vez a Stalin en 1905. Hoy en la localidad sigue existiendo el Museo Lenin que evoca los numerosos lazos comunes entre la URSS y Finlandia.

Tras ocho días de viaje, el 16 de abril el tren arribó finalmente a San Petersburgo, donde a Lenin le esperaban muchos bolcheviques en la Estación de Finlancia, la mayor parte de ellos recién salidos de la cárcel.

Estaban exultantes. Creían que la Revolución de Febrero colmaba sus muchos años de lucha y le insistieron a Lenin para que pronunciara un discurso allí mismo. No le quedó más remedio que tomar la palabra, que fue como un jarro de agua fría para sus camaradas: la Revolución no había acabado, como suponían, sino que empezaba en ese momento.

Para eso había viajado enfrascado en la redacción de las Tesis de Abril.

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