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Autor: Redacción (página 947 de 1360)

En Oriente Medio Rusia no resolverá ningún problema que las partes no sean capaces de resolver

En Siria la bandera de la URSS también desfila
Darius Shahtahmasebi publica unas apasionantes reflexiones en Information Clearing House (*) sobre los motivos por los que Rusia no hace nada ante los bombardeos israelíes contra Siria. ¿Por qué Rusia los consiente?, ¿acaso es un apoyo discreto a Israel?, sugiere un lector.

La pregunta se puede extender a otros aliados del gobierno de Damasco, como Irán o Hezbollah, o al propio gobierno. ¿Por qué nadie hace nada?, ¿se debe a que Israel amenaza con lanzar bombas nucleares contra cualquier objetivo?, ¿le tienen miedo a Israel?

Shahtahmasebi comenta que en la pregunta hay varias hipótesis que se dan por supuestas: Rusia puede hacer algo para frenar las agresiones israelíes y, además, está obligada a hacerlo.

Nosotros añadimos una tercera que también se podría poner encima de la mesa: lo que quiere Israel es precisamente provocar que alguien haga algo, que siempre ha sido muy típico de las tácticas sionistas.

Por su parte, Shahtahmasebi comenta que no está de acuerdo con ninguna de las dos hipótesis que, a falta de argumentos, siempre conducen a una paradoja hipócrita:

a) todo lo que hace Rusia está mal, es erróneo
b) cuando no es así es porque debería hacer más de lo que hace

Pero, ¿cómo podría Rusia frenar las agresiones isrelíes? Podría haber puesto en marcha su maquinaria diplomática, plantear una queja al Consejo de Seguridad de la ONU, expresar su protesta en público y en privado, o bien pasar a la acción y abatir alguno de los cazas israelíes.

Medio siglo de experiencia demuestra que eso se hace sólo para quedar bien ante los espectadores del mundo. A Israel nunca le han frenado las resoluciones de la ONU, los comunicados y las lamentaciones. Ellos sólo entienden el lenguaje de la fuerza.

El sistema ruso de defensa antiaérea se localiza alrededor de las bases de Hmeimim y Tartus, escribe Shahtahmasebi, porque la aviación israelí, a diferencia del ejército de tierra, está muy bien preparada y guarda un distancia de seguridad con los misiles rusos.

Pero supongamos que un misil ruso alcanza a un bombardero israelí, ¿qué pasaría? A la inversa, supongamos que es el bombardero israelí el que destruye un arsenal ruso. ¿Cómo debería reaccionar Rusia?, ¿debería declarar la guerra a Israel?, ¿debería atacar?

La respuesta ya la sabemos: en noviembre de 2015 Turquía derribó un caza ruso en la frontera de Siria, mató al piloto Oleg Peshkov y no ocurrió nada de eso; ni siquiera tomaron represalias contra los turcos.

El sistema antiaéreo ruso en Siria es -con gran diferencia- el más avanzado del mundo y podría acabar con una parte de la aviación israelí, pero son pocos y no bastarían para acabar con todos ellos. Por el contrario, un ataque sostenido de los cazas israelíes sí podría acabar con las defensas antiaéreas rusas en Siria.

Por lo tanto, si Rusia no incrementa la escala de sus operación aéreas en Siria, está condenada a una derrota sin paliativos frente a Israel, por lo que se impone el principio número uno de cualquier estrategia militar: no te metas en ninguna guerra que no estés en condiciones de ganar.

La segunda hipótesis es: ¿tiene Rusia alguna obligación de frenar los bombardeos israelíes contra Siria? Es una pregunta muy extendida desde que en 2014 se produjo el Golpe de Estado en Kiev. Algunos están convencidos de que los entuertos que el imperialismo causa a los países del mundo tienen que ser resueltos por Rusia.

Pero formulen Ustedes la pregunta al revés: ¿qué países han corrido en auxilio de Rusia cuando lo ha necesitado?, ¿en la guerra de Chechenia?, ¿en la de Georgia?, ¿la de Osetia del sur?, ¿la de Abjasia?, ¿en la anexión de Crimea?

No tienen más que acudir a las hemerotecas para recordar las declaraciones públicas de los mandatarios del mundo en esos conflictos. Repasen las votaciones en la ONU de los diferentes países. Recuerden lo que dijeron los países árabes “amigos” durante la Guerra de Kosovo…

¿Quién pagará los gigantescos gastos del despliegue del ejército ruso en Siria?, ¿quién consolará a los familiares de los soldados rusos que han muerto en el campo de batalla?, ¿el gobierno de Damasco?, ¿Irán?, ¿Hezbollah?, ¿la Liga Árabe? ¿la Organización de Cooperación Islámica?

En este tipo de debates lo único que se olvida es justamente lo principal, que es lo que Putin no se ha cansado de repetir y nadie le ha hecho ni caso: el ejército ruso está en Siria defendiendo los intereses de Rusia y por eso su despliegue es limitado. A partir de ahí podemos empezar a entender los demás asuntos de Oriente Medio, que Rusia no puede resolver si los países implicados no los resuelven por sí mismos.

Pero que no se confunda nadie; también aquí hay un punto de partida obvio: en Oriente Medio al imperialismo y sus acólitos no les interesa resolver ningún problema, sino más bien todo lo contrario.

Si no confundimos las cosas, lo cual es bastante corriente, caeremos en la cuenta de que, en efecto, Rusia no sólo ha defendido a Siria en el terreno militar sino que ha apoyado siempre al gobierno de Bashar Al-Assad por un principio también muy simple y muy sencillo: el gobierno de Damasco es el único que tiene legitimidad en Siria.

A partir de ahí se puede avanzar cuanto se quiera: si dicho gobierno no sirve a los intereses de la población siria, o los contradice, es algo que sólo concierne decidirlo a ella.

Aparte de Rusia, el país que más ha trabajado por Siria durante la guerra, ha sido Irán que, lo mismo que Rusia, tampoco es un país árabe, lo cual está teniendo efectos contraproducentes porque la reacción árabe se preocupa mucho en ponerlo de manifiesto a cada paso para alinearse en favor de Estados Unidos e Israel.

Tiene absoluta razón el dirigente de Hezbollah, Hassan Nasrallah, cuando califica a los países árabes de traidores y cómplices del imperialismo y el sionismo.

Si eso está claro podemos pasar al otro aspecto de la cuestión, que es la alianza entre Siria, Rusia, Irán y Hezbollah, un compromiso singular porque no aparece en ningún tratado mutuo de defensa, por lo que son independientes: ninguno tiene ninguna obligación hacia el otro.

Eso también requiere una explicación. Todas esas partes tienen objetivos comunes y otros que no lo son. Ninguno de ellos puede ni debe verse involucrado en batallas que no le conciernen. En noviembre de 2015 Siria, Irán o Hezbollah no podían declarar la guerra a Turquía por haber derribado el caza ruso. El tiempo ha demostrado que eso hubiera sido un gravísimo error.

En una guerra nadie se puede andar por las ramas: los bombardeos de Israel demuestran que el desenlace de la Guerra de Siria es uno de los mayores desasatres para sus planes. Israel ha sido uno de los grandes derrotados en los campos de batalla de Siria y Rusia ha contribuido a ello de una manera muy importante.

Eso no quiere decir que Rusia deba ignorar la potencia militar de Israel en ninguna parte del mundo, y menos en Oriente Medio, no sólo por su armamento nuclear sino por sus estrechos vínculos con Estados Unidos.

La relación de Rusia con Israel es compleja, viene de lejos y no va a cambiar -si es que tiene que hacerlo- de la noche a la mañana. Los hechos decisivos que marcarán el futuro de Siria y de Oriente Medio son los siguientes:

a) hay una parte que demuestra interés por resolver los complejos problemas de la región y no por aumentarlos, ni por crear otros nuevos


b) en la mesa de negociaciones donde esos problemas se discuten no están ni Estados Unidos, ni Israel, ni los países del Golfo

c) Rusia no trata ni a Siria, ni Irán, ni a Hezbollah de la manera que el imperialismo pretende, como parias, sino todo lo contrario: como protagonistas en la lucha por la paz y en la resolución de los problemas de Siria y Oriente Medio

Una causa justa, como la que persigue el Eje de la Resistencia en Oriente Medio, no busca enemigos; no lo necesita porque son los enemigos los que les buscarán a ellos para aplastarlos.

(*) http://www.informationclearinghouse.info/48576.htm

La niña de 14 años violada y asesinada por los falangistas en Pamplona jamás será olvidada

Con apenas 14 años, la menor Maravillas Lamberto fue secuestrada junto a su padre y fusilada. Antes de morir fue violada delante de su progenitor. Los verdugos fascistas, conocidos e identificados por los lugareños, nunca pagaron por sus crímenes. No tenían alma ni corazón. Mucho menos piedad. Sólo les movía el placer de humillar y matar, independientemente de la edad o situación de la víctima. Nada, absolutamente nada, parecía detenerles.

Maravillas lo experimentó en carne propia. Nunca mejor dicho. Nunca tan terriblemente dicho. Tenía 14 años. Y ellos, los verdugos que enarbolaban la bandera franquista, la violaron repetidamente delante de su padre. Cuando se cansaron, o parecían cansarse, la sometieron por última vez. Y entonces sí, también con su progenitor de testigo, la fusilaron. Para ella ni siquiera hubo una cuneta: según distintos relatos, sus restos fueron arrojados a los perros.

“La noche los vio entrar
eran hombres sin luz
venían a todo gritar
eran la muerte azul”

Así dicen las primeras estrofas de “Maravillas”, escrita y cantada por el músico navarro Fermín Valencia. Este frío sábado de febrero, la canción-himno recorrió el aire gélido de Lezkairu, uno de los barrios más nuevos de Pamplona. La emoción también estaba en el aire, donde se mezclaba con la rabia y el dolor: desde esta mañana, la plaza de esta zona de la capital navarra lleva el nombre de Maravillas Lamberto. El acto, tan emotivo como simbólico, fue impulsado por el ayuntamiento.

En una Navarra que suma 3.500 víctimas del franquismo, el nombre de esta niña resume los sufrimientos de cada una de ellas. “Es un símbolo de la fuerte represión que hubo en este territorio”, comenta el presidente de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra (AFFNA-36), Jokin de Carlos Mina, también presente en el acto. Junto a él estaba Josefina Lamberto, la única hermana de Maravillas que aún vive y que entonces, cuando la muerte llegó a su casa, tenía siete años. Es, por tanto, el último relato viviente del horror vivido aquel 15 de agosto de 1936 en Larraga, el municipio situado a unos 40 kilómetros de Pamplona donde vivía junto a su familia.

Era de noche. De repente, sonó la puerta. El mensaje era claro: o la abrían, o la tiraban. Así lo advirtieron los dos guardias civiles del puesto de Artajona que se presentaron en el hogar de la familia Lamberto. “Hicieron levantar a mi padre, que estaba en la cama. Mi hermana Maravillas, que sabía lo que estaba pasando esos días en el pueblo, les preguntó qué le iban a hacer”, recuerda Josefina.

Los temores ya rondaban desde hacía varios días. Vicente Lamberto, marido de Paulina Yoldi y padre de Maravillas, Josefina y Pilar (ya fallecida), era un humilde campesino afiliado a UGT. Con eso era suficiente para que los falangistas del pueblo lo pusieran en la diana. Primero amenazaron con expulsarle de Larraga. Luego optaron por ir a buscarle a casa, despertarle a punta de metralleta y llevárselo para siempre. Maravillas pidió ir con él. Los captores, que sabían cómo transcurrirían las horas posteriores, cogieron a la niña y la subieron al camión. En este secuestro participaron, además de los dos agentes de la Benemérita, el falangista Julio Redín Sanz y otro hombre que fue identificado como “el hijo del churrero de Larraga”.

El relato más terrible de la represión franquista en Navarra se completa con una serie de hechos difíciles de describir con palabras. Vicente fue encerrado en el calabozo del ayuntamiento, y Maravillas fue subida a la Secretaría. Allí comenzaron las violaciones. “En el pueblo cuentan que se oían sus gritos”, dice el presidente de AFFNA-36. El calvario duró, como mínimo, lo que dura una noche de verano. “A la mañana siguiente –apunta Josefina-, los vecinos vieron salir a mi hermana con la ropa destrozada”.

Maravillas y su padre fueron llevados hasta el término municipal de Ibiricu, situado a unos 40 kilómetros de Larraga. Según reconstruye el historiador Iñaki Egaña en el libro “Los crímenes de Franco en Euskal Herria. 1936-1940” (Editorial Txalaparta), el vehículo se detuvo a la altura del kilómetro 12 de la carretera de Estella a Etxarri Aranaz. “La volvieron a violar delante de su padre y luego los mataron a ambos”, añadió De Carlos Mina.

En ese contexto, Egaña incluye en su obra el testimonio de un vecino de la zona que fue recogido en su momento por el historiador navarro José María Jimeno Jurío. “Tardaron en descubrir el cadáver de Maravillas una semana. Lo descubrieron por el olor. Era verano, tiempo de mucho calor, y se descompuso. Además, los perros le habían comido los gordos de las piernas. Porque estaba desnuda del todo. Desnuda del todo. Eso ya nos acordamos bien. Hubo que matar a los perros por eso. Tratamos de cogerla para llevarla a enterrar a esa huerta nuestra, pero no se podía. Estaba destrozada por los perros y los gusanos. Así que bajaron al pueblo, trajeron de la trilladora de Ibiricu gasolina y la quemaron. No quedó nada de ella. Hasta el pueblo bajó el olor de carne quemada”, describió el lugareño.

Siguiendo la tónica habitual, los autores de este crimen disfrutaron la absoluta impunidad. De nada sirvió que en Larraga todos conocieran sus nombres. En cualquier caso, Josefina se niega a bajar los brazos. No lo hizo cuando era una niña y vio cómo se llevaban a su hermana y a su padre. Tampoco cuando los franquistas, para aumentar el dolor y el daño, les robaron la tierra que trabajaban. Su madre incluso acabó en la cárcel. Tras ser puesta en libertad, se marchó a vivir con sus dos hijas a Pamplona, la ciudad que hoy, por fin, dedica una plaza a Maravillas.

“La muerte no fue capaz

de sepultar tu mañana
ni podrá pintar de olvido
la acuarela de tu alma”
Así continúa la canción de Fermín Valencia que este sábado volvió a conmover a los presentes en la plaza de Lezkairu. “Desde el ayuntamiento hemos hecho distintas cosas en torno a la memoria, pero posiblemente este acto sea, a nivel emocional, el más sentido”, confesaba a este periódico el concejal de EH Bildu y tercer teniente de alcalde Joxe Abaurrea, una de las personas que se involucró para conseguir que la plaza de este barrio lleve el nombre de Maravillas. “Su historia es un ejemplo de hasta dónde puede llegar el nivel de brutalidad de un ser humano –subrayó el responsable municipal-. Del mismo modo, también nos muestra hasta dónde fue capaz de llegar el régimen fascista”.

La historia no termina ahí. Josefina, que acabó haciéndose monja y fue una de las fundadoras de la asociación AFFNA-36, consiguió llevar los asesinatos de su hermana y su padre hasta un juzgado de Buenos Aires: desde hace cuatro años, el caso de la familia Lamberto forma parte de la querella contra los crímenes del franquismo presentada en Argentina. Las esperanzas, en cualquier caso, siguen siendo pocas. “Sabemos quiénes siguen mandando en este país, y también sabemos que nunca va a haber justicia para los nuestros”, afirma el presidente del colectivo memorialista. 82 años después, la sombra de la impunidad sigue cubriendo el cielo de Navarra.

http://m.publico.es/politica/2031584/maravillas-lamberto-la-nina-violada-y-asesinada-por-falangistas-jamas-sera-olvidada-en-pamplona

 

Acusan a los kurdos irakíes de cometer crímenes de guerra contra el Califato Islámico

Fuerzas kurdas Assayech
El viernes la ONG Human Rights Watch acusó a las milicias peshmergas del Gobierno Regional del Kurdistán irakí de perpetrar crímenes de guerra contra los yihadistas del Califato Islámico que tenía encarcelados en Al-Maliha, a 70 kilómetros al noroeste de Mosul.

Lama Fakih, directora adjunta de la ONG para Oriente Medio, leyó un comunicado de denuncia que se apoya en los relatos de un antiguo miembro de los peshmergas y seis civiles (1). Según estas fuentes, los milicianos kurdos encarcelaron a un número indeterminado de irakíes y extranjeros en el centro escolar de Al-Maliha.

Luego los servicios de seguridad kurdos Assayech los trasladaron a la cárcel de Shiglia, a unos 45 kilómetros de distancia, y posteriormente a dos lugares cercanos a la localidad de Zumar, donde los ejecutaron y entrerraron en fosas comunes.

Las pruebas que presenta Human Rights Watch dan la impresión de que durante una semana los kurdos han llevado a cabo ejecuciones extrajudiciales masivas por la noche, estimando que centenares de yihadistas han sido ejecutados por ese procedimiento.

En 2015 Amnistía Internacional lanzó una acusación similar contra las milicias kurdas YPG, que habrían cometido crímenes de guerra al provocar el “desplazamiento deliberado de miles de civiles” árabes y turcomanos y la destrucción de pueblos enteros habitados por estas etnias en el territorio bajo su control (2).

En una guerra nadie se libra de cometer crímenes de guerra o, por lo menos, de ser acusado de cometerlos. En 2013 la ONU aseguró que tanto el ejército regular como “los rebeldes” los estaban cometiendo porque atacaban “a la población civil”(3). Pero si la Guerra de Siria es una “guerra civil” o un levantamiento de “la población civil”, ¿a quién hay que atacar?, ¿dónde está la línea de separación entre civiles y combatientes?

No existen guerras humanitarias, ni ejércitos humanitarios. Los Convenios de Ginebra no forman parte de los manuales de instrucción de los reclutas en los cuarteles militares.

(1) https://www.hrw.org/news/2018/02/08/kurdistan-regional-government-allegations-mass-executions
(2) https://elpais.com/internacional/2015/10/12/actualidad/1444686889_203833.html
(3) https://es.wikinews.org/wiki/ONU_denuncia_cr%C3%ADmenes_de_guerra_y_lesa_humanidad_en_Siria

Para lograr el voto las mujeres británicas recurrieron a la lucha armada hace un siglo

La semana pasada el Reino Unido recordó a las sufragistas, cuya lucha, muy polémica en la época, permitió que las mujeres consiguieran el derecho a voto hace exactamente 100 años.

La primera ministra británica, Theresa May -la segunda en la historia del país, tras Margaret Thatcher- pronunció un discurso en Manchester en homenaje a esas militantes “heroicas”, como su dirigente Emmeline Pankhurst, como Emily Davison, que murió en una acción de protesta al lanzarse a los pies de un caballo en el Derby de Epsom de 1913, o quienes realizaron huelgas de hambre.

Las militantes se encadenaban a las vías del tren, rompían ventanas y saboteaban líneas eléctricas. Llegaron incluso a lanzar una bomba contra la casa del entonces ministro de Finanzas, Lloyd George.

Muchas fueron juzgadas y condenadas. Aprovechando el centenario, se abre paso una petición para que la ministra de Interior, Amber Rudd, perdone a las más de mil que fueron a la cárcel.

“La campaña de las militantes fue absolutamente esencial para hacer avanzar la causa del voto”, explicó Krista Cowman, profesora de historia en la Universidad Lincoln en Reino Unido. “Antes, hubo cincuenta años de campaña pacifista que, en realidad, no sirvió para nada”.

Finalmente, el 6 de febrero de 1918 el parlamento británico adoptó la ley sobre la representación popular que permitió que ocho millones de mujeres, de más 30 años, fueran sumadas al censo electoral.

Hubo que esperar todavía diez años para que las mujeres pudieran votar a los 21, como los hombres.

“Aquellas que lucharon para instituir su derecho -mi derecho, el derecho de todas las mujeres- a votar en las elecciones, a ser candidatas y a ocupar plenamente su lugar en la vida pública, lo lograron afrontando una feroz oposición”, dijo May en su discurso en Manchester, cuna de Pankhurst.

“Perseveraron pese a todo el peligro y el desaliento porque sabían que su causa era justa”, añadió May, apelando a la tolerancia con la discrepancia y la lucha de las minorías.

“Aunque hay mucho que celebrar, me preocupa que nuestro debate público se está volviendo agresivo. Que para muchos, discrepar es cada vez es más difícil”.

“Persisten las injusticias para las mujeres, para el colectivo LGBT, los negros y los británicos de minorías étnicas, para quienes vienen de familias más pobres y para los discapacitados”, enumeró la primera ministra.

El centenario llega con otros frentes abiertos, como el de la brecha salarial entre hombres y mujeres, que ha provocado un escándalo en la BBC británica, o el de los abusos sexuales, tras las revelaciones sobre el poderoso productor cinematográfico estadounidense Harvey Weinstein o la cena benéfica para empresarios de Londres en la que hubo manoseos a las azafatas, tal y como reveló una periodista encubierta.

La lucha de las sufragistas británicas es quizás la más notoria de su clase, pero hubo otras heroínas como la uruguaya Paulina Luisi, la brasileña Bertha Lutz o la mexicana Elvia Carrillo.

De hecho fue Nueva Zelanda el primer país del mundo en aprobar el voto femenino, en 1893, seguida por Australia, en 1902, Finlandia en 1906 y Noruega en 1913.

La Unión Soviética lo aprobó en 1917, Alemania en 1918, Estados Unidos en 1920, Uruguay en 1927, España en 1931 y Brasil en 1932, mientras que en Francia hubo que esperar a 1944 y en Suiza mucho más, hasta 1971.

Hoy en día siguen existiendo restricciones en algunos países, como en los del Golfo.


Sufragistas españolas posan en Madrid, en la calle de Alcalá, hace 100 años.
En España el voto de la mujer tuvo que esperar a la Segunda República.

Pablo Hasel y la censura

Antonio Gómez Movellán
Pablo Hasel es un cantautor rap y un poeta. En mi opinión, un gran poeta. Muchos dicen de Pablo Hasel que es un estalinista, un prosoviético y un largo etcétera y que parece salido de otro tiempo; se equivocan: son de este tiempo sus canciones y, si las escuchan, verán que son muy contemporáneas. Los fiscales ahora le vuelven acusar, por unas canciones y unos tweets, de diversos delitos de enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona.

El problema de fondo es un cantautor y se expresa como un poeta. Todo es una expresión, una opinión, sea esta cual sea. Para la opinión y la expresión no debería haber ningún límite. Particularmente estoy en contra también de que el enaltecimiento de cualquier ismo sea un delito.

En este país, además, esto es para partirse de risa: ¡pero que más enaltecimiento al nazismo puede haber que el Valle de los Caídos! Las tipificaciones de odio, enaltecimiento y opiniones deberían salir del código penal deprisa y corriendo. También debería salir del código penal el humillante y bochornoso delito de blasfemia maquillado como delito de ofensa a los sentimientos religiosos. Por cuestiones de libre expresión cualquiera, en este país, te puede acusar de cualquier cosa y según el juez te toque ser condenado o no. Esa percepción está muy extendida y es una percepción que, por desgracia, se corresponde a la realidad.

La censura es la historia del poder y se ha ejercido de mil maneras a lo largo de la historia. Hoy la censura burda, decimonónica, la del funcionario en manguitos censurando una galerada todavía pervive en muchos países del mundo y tiene que ser condenada con todas las fuerzas se justifique ésta en tal o cual ideología; pero la censura que hoy se ha impuesto es la censura de los oligopolios informativos, la de la manipulación informativa y la de la televisión basura.

Y es paradójico que en este país se quiera seguir, en la era digital, censurando a palos la libertad de expresión. Puesto que es imposible controlar lo que se dice en las redes sociales, lo que se hace es castigar para ejemplarizar. Los procesamientos y condenas últimas de Strawberry, Valtonic, Casandra o la joven Rosamaría de “Femen” son algunos ejemplos. En realidad estas acusaciones y condenas no son más que avisos para navegantes.

La detención y encarcelamiento de sindicalistas y activistas por realizar protestas sociales son casos muy peligrosos ya que lo que se pretende es criminalizar la protesta social sin más y por tanto limitar la libertad de manifestación. La ley mordaza es la culminación de la criminalización de la libertad de expresión.

Las limitaciones a la libertad de expresión o manifestación es posible porque todavía persisten en las leyes y en el código penal unas tipificaciones que permiten una censura burda y decimonónica de palo y tentetieso y que se justifican de mil maneras (orden público, honor de las instituciones, defensa de las religiones, lucha contra el terrorismo etc., etc.). En realidad son justificaciones para imponer legislaciones de excepción, que trasgreden las libertades y derechos fundamentales de las personas, legislaciones típicas de estados autoritarios que pisotean las libertades individuales y la libertad de conciencia en favor de un supuesto interés general.

Mientras halla condenas como la de la joven Casandra o la joven Rosa Maria de Femen tiene razón Pablo Hasel: en España no hay una plena libertad de expresión. Si Quevedo estuviera vivo ya tendría varias acusaciones como las de Pablo Hasel tiene ahora.

La libertad de conciencia de las personas es un elemento imprescindible para la democracia y quiere decir que nadie puede ser molestado por sus opiniones y/o creencias. La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano lo expresó precisamente y también de forma rotunda lo expresó la primera enmienda de los EEUU de América: “El Congreso no podrá hacer ninguna ley (…) limitando la libertad de expresión, ni de prensa; ni el derecho a la asamblea pacífica de las personas” [otra cosa es que se respete]. Todo lo contrario al Código Penal español que amenaza en decenas de tipificaciones a la libertad de expresión y a la libertad de conciencia.

El efecto de la censura es el que Pablo Hasel refleja en uno de sus más hermosos versos:

“Sopla el viento fuerte
y me devuelve todas las palabras que nunca dije
y debí gritar”

Calpu


https://www.lahaine.org/aD7T

El fascismo y el evangelismo van de la mano en Latinoamérica

En el diario “El País” de Costa Rica, Alfonso J. Palacios Echeverría publica un interesante artículo (*) sobre el triunfo de un partido evangelista en las últimas elecciones, que es una oportunidad para volver a analizar las relaciones entre el fascismo (al que califica como “ultraderecha”) y la religión, en este caso, la evangélica en cualquier contexto internacional y, en particular, en Latinoamérica.

En Brasil, los diputados del Frente Parlamentario Evangélico propusieron una ley para otorgar a las iglesias la autoridad de cuestionar las decisiones del Tribunal Supremo, hasta poder declararlas “inconstitucionales”.

En Colombia, los evangelistas son una fuente de poder político para el fascismo. Los dirigentes evangélicos coinciden con los fascistas en campañas contra ciertos grupos sociales creando conflictos artificiales con los valores patriarcales, familiares, machistas y los del colectivo LGTBI.

No obstante, lo mismo que en España, este tipo de ofensivas -católicas o evangelistas- son una mera coartada ideológica para imponer otro tipo de políticas reaccionarias, alineadas con el imperialismo estadounidense en todos los terrenos.

En Costa Rica los votantes evangélicos suponen un 15 por ciento aproximadamente del censo electoral, aunque obtuvieron un 25 por ciento de los votos en las pasadas elecciones. Aunque no representan una mayoría significativa de la totalidad, si se mantiene el nivel de abstención en la segunda vuelta, o aumenta, el riesgo de que una minoría religiosa se haga con el gobierno, traería consecuencias desastrosas para Costa Rica, escribe Palacios Echevarría.

La penetración del evangelismo en América Latina estuvo fuertemente apoyada por el imperialismo estadounidense para que Latinoamérica pasara de la teología de la liberación (católica) a la teología de la prosperidad (evangélica). Las iglesias evangelistas no suponen, pues, nada diferente de Estados Unidos y están tan financiadas por la Usaid como los yihadistas.

La financiación les ha permitido crear un gran emporio mediático que alcanza a toda Latinoamérica. Según el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, los predicadores evangelistas explotan políticamente su fuerza mediática gracias a sus propias emisoras, canales de televisión y redes sociales, operando con ventaja respecto a los demás candidatos políticos.

El dominio mediático dota a los evangelistas del marca sesgo demagógico y populachero de su programa y sus discursos, que son un canto al neoliberalismo, a la sociedad de consumo “made in USA”.

Los evangelistas están cada vez más presentes en la vida política de América Latina. En países como Costa Rica, República Dominicana, Perú y México han organizado marchas en contra del movimiento LGBT.

En Colombia, donde representa el 20 por ciento de la población, los evangelistas, asociados con el ex presidente Álvaro Uribe, tuvieron un rol fundamental en la derrota del plebiscito de 2016 para ratificar el Acuerdo de Paz, debido a que implementaba los derechos de la mujer y del colectivo LGBT.

En Brasil, con unos 22 millones de pentecostales, Eduardo Cunha, antes de ser condenado a 15 años de prisión por corrupción, dirigió la bancada evangelista en contra de las reformas a favor de los derechos reproductivos de la mujer y la dudosa destitución juicial de Dilma Rousseff.

En Guatemala, donde el evangelismo prácticamente ha alcanzado al catolicismo, el gobierno está encabezado por Jimmy Morales, un humorista y teólogo evangelista, que en sus discursos exhibe aires de predicador.

La asociación entre religión y política no es cosa nueva, y menos en América Latina. La religión católica siempre ha estado presente a través de la democracia cristiana y de los partidos conservadores más reaccionarios, que en algunos países llegó a la presidencia.

A partir del Concilio Vaticano II, el movimiento de la Teología de la Liberación tuvo una gran influencia entre los grupos reformistas latinoamericanos. En la actualidad, el catolicismo sigue presente pero ya no es monopólico. Ha ido cediendo terreno durante las últimas décadas frente al evangelismo, que es practicado por casi el 20 por ciento de la población de América Latina y en algunos países centroamericanos está cerca de alcanzar a la mitad de la población.

Además, los evangelistas han penetrado en el lumpen y los sectores más empobrecidos y marginados de la sociedad para ponerlos al servicio de una reacción de la peor especie. No es de extrañar que en Costa Rica relacionan al evangelismo con el fascismo y la reacción, dice Palacios Echeverría.

(*) https://www.elpais.cr/2018/02/11/ultraderecha-y-evangelismo-como-peligro-inminente/

Más información:

— El evangelismo mediático gana las elecciones en Costa Rica
— El fascismo católico en Latinoamérica
— Católicos y fascistas

Guerra de Libia: los secretos inconfesables que escondía Berlusconi

Entre otras muchas cosas, la Guerra en Libia fue una auténtica guerra colonial que, además de condenar a toda la región del Sahel a una matanza sin final, también fue una “guerra contra Italia”. Según Berlusconi, perjudicó los intereses económicos italianos y las sólidas relaciones entre ambos países.

Berlusconi, que se encuentra en plena campaña electoral, realizó sus comentarios en la cadena de televisión SkyNews.

Entre Libia e Italia había una alianza militar y estratégica. En 2009, dos años antes de la agresión, Italia había firmado el Tratado de Amistad, Asociación y Cooperación con Libia. Berlusconi pidió perdón a Gadafi por la ocupación colonial italiana entre 1911 y 1943 y prometió indemnizar a Libia con 5.000 millones de dólares en 20 años, abriendo así una intensa fase de entendimiento económico y político.

 “Yo luché para que Gadafi no fuese derrocado de esa manera”, ha manifestado. ¿De qué manera hay que derrocar al Jefe de un Estado extranjero? Berlusconi no lo dice, pero traslada la responsabilidad del “desastre” a Cameron y Sarkozy, o sea, a Inglaterra y Francia. Ellos efectuaron los primeros bombardeos en Sirte, Bengasi y Trípoli, siguiendo sus propios objetivos imperialistas.

Uniéndose a Macron, el antiguo Primer Ministro italiano también define aquella guerra como un “desastre”, pero él no fue el culpable. “Fue el Presidente de la República Giorgio Napolitano en 2011 el que pidió la intervención militar en Libia”, asegura.

La injerencia de la OTAN ha causado un caos humanitario sin precedentes. Gracias a Gadafi los flujos migratorios procedentes de África estaban controlados. En 2010 las patrullas de ambos países en aguas libias frenaron en un 90 por ciento la llegada de refugiados a Sicilia. Tras 7 años de guerra, hoy ha vuelto la emigración incontrolada de miles de africanos que intentan llegar a Europa.

Norman Bethune: un comunista canadiense en ‘La Desbandá’

Norman Bethune, a la derecha
“España es una cicatriz en mi corazón”
(Norman Bethune)

“Imaginaos ciento cincuenta mil hombres, mujeres y niños que huyen en busca de refugio hacia una ciudad situada a cerca de doscientos kilómetros de distancia. No hay más que un camino. No hay más vía de escape. Y este camino, encajonado entre los altos picos de la Sierra Nevada y el mar, cortado en sus mismos tajos, sube y baja, desde el nivel del mar a las montañas, en declives de más de 30 metros”. Quien escribe este párrafo no se lo imaginó. Lo vivió. Lo fotografió. Lo contó. Y ayudó a muchos de esos hombres, mujeres y niños a salvar sus vidas. Es Norman Bethune, un médico canadiense que llegó desde Barcelona a Almería, con un camión con sangre para practicar transfusiones, el 10 de febrero de 1937, en plena desbandá del pueblo malagueño.

“En Almería supimos la noticia de la caída de Málaga y nos aconsejaron que no siguiésemos nuestro camino”, cuenta Bethune en su relato “El crimen del camino Málaga-Almería”, que fue reeditado en 2014 por la Consejería de Aministración Local y Relaciones Institucionales. Él y su ayudante, Hasen Sise, continuaron a bordo de la UVI móvil de aquel momento. Un cambión ambulancia pintada de gris, conducida por otro canadiense, con el siguiente letrero: “Servicio permanente de transfusión de sangre”. “Llévate a este, mira este niño. Este va herido. Niños con los bracitos y las piernas enredados en trapos ensangrentados; niños sin zapatos, con los pies hinchados; niños que lloraban desesperados de dolor, de hambre, de cansancio. Doscientos kilómetros de miseria. Imaginaos lo que serían cuatro días de andar escondiéndose en el puerto”. ¿A quién elegir? ¿A quién ayudar ante la multitud de padres clamando ayuda? El doctor y sus ayudantes terminaron desmontando el interior de la ambulancia y la usaron para trasladar a los más necesitados, sobre todo a los niños.

En 2014 el Centro Andaluz de Fotografía publicó las únicas fotos que dan testimonio de aquel horror, acompañada por una publicación trilingüe (español, inglés y francés) que contiene, junto a las imágenes, las narraciones del propio Bethune y de cómo vivió la tragedia que sufrieron los civiles malagueños, e incluso, testimonios de quienes entonces eran unos niños recopilados por Jesús Majada. “Yo me encontré con ese horror de casualidad. Me dedicaba a estudiar cómo los extranjeros veían a los andaluces y tuve noticias sobre un médico que había escrito un libro sobre el crimen del camino Málaga-Almería. Lo encontré en una biblioteca de Cataluña”.

El profesor Majada no tenía ni idea en ese momento de lo que habían vivido estas personas a pesar de que llevaba treinta y tantos años viviendo en Málaga. Hasta que un día, delante del televisor, horrorizado por las imágenes de la guerra de Yugoslavia, se dijo: “Esto es lo mismo que lo que vi en aquellas fotografías”. Nada decían los libros de esa historia tan cercana que, sin embargo, sí estaba presente en muchas familias malagueñas. “Era una historia muy viva que estaba silenciada”, añade Majadas. Entonces tampoco se hablaba de memoria histórica. Ni cuando se expuso por primera vez esta muestra, hace diez años, que ha recorrido ya una docena de ciudades españolas y ha pasado por Montreal y México.

Durante cinco días, sin apenas descansar ni dormir, este médico canadiense salvó vidas y ayudó a muchas familias desfallecidas y hambrientas, “a costa de poner él mismo en riesgo su propia existencia y la de sus heróicos ayudantes”, escribe el director general de Memoria Democrática de Andalucía, Luis Naranjo, en el prólogo del libro reeditado. Héroes, sin embargo, ignorados en España. “Hasta hace muy poco el hospital principal de Málaga se llamaba Carlos Haya, el aviador que bombardeó la ciudad”, recuerda Majada. “Bethune debe ser recuperado como parte importante de la memoria democrática de este país, ya que representó como pocos los valores de solidaridad, resistencia y lucha por la libertad y la justicia que constituyen el mayor patrimonio histórico de las clases trabajadoras”, añade Naranjo.

“Deliberadamente arrojaron diez bombas en el centro mismo de la ciudad, en la calle principal, donde, amontonados en el pavimento, dormían exhaustos los refugiados. Cuando se habían alejado los aviones levanté del suelo los cadáveres de tres niños que habían estado tres horas de pie en una cola frente al Comité Provincial de Evacuación, esperando su ración de una taza de leche condensada y un pedazo de pan, único alimento disponible. La calle parecía un degolladero, con los muertos y los agonizantes, alumbrado por las llamas de los edificios que ardían”, escribió Bethune. “¿Qué crimen habían cometido estos hombres de la ciudad para ser asesinados de modo tan sangriento?”, se preguntaba el médico. “Su único crimen había sido el de votar por un Gobierno del pueblo”.

En 1938, Bethune viajó a China para unirse al Ejército Popular, donde ejerció como cirujano de campaña. Las condiciones insalubres en las que operaba le provocaron una septicemia que le causó la muerte el 12 de noviembre de 1939. En China es una figura legendaria. En Canadá, un genio. En España, de momento, un desconocido.

http://www.asturbulla.org/index.php/politica/republica-e-historia/24485-norman-bethune-el-medico-que-ayudo-a-las-victimas-de-la-desbanda

Más información:

– La fascinante historia del doctor Bethune, el pionero de la donación de sangre en la Guerra Civil española que es venerado en China

– Mao Zedong: En memoria de Norman Bethune
– Exposición de posters chinos de Norman Bethune
– La desbandá: el ametrallamiento indiscriminado de los malagueños que huían de la Guerra Civil 

Bethune en Almería con la primera ambulancia para la realización de transfusiones de sangre que él diseñó

Mao Zedong con Norman Bethune, conocido por ‘Baiqiuen’ en China

‘Recuerdo el sufrimiento y la necesidad que pasé en la carretera’

Emilio Chamizo. Huyó con 5 años.

El recorrido: Los padres de Emilio y sus cuatro hijos salen de Ardales cuando ven que está a punto de caer el frente republicano que hay allí. Al poco tiempo de llegar a Málaga, cuando es inminente su ocupación por los nacionales, han de salir para Almería. El padre se pierde en el trayecto y la madre no consigue pasar de Motril. La familia se reencuentra, de vuelta, a la altura de Rincón de la Victoria.

Su historia: El frente republicano retiene a los nacionales en Ardales, donde residen José Chamizo, panadero de profesión, su mujer Rafaela, y sus cuatro hijos, Pepa (10 años), Aurora (8), Emilio (5) y Rafael (2). Preocupados por el cariz que van tomando los acontecimientos, deciden marchar para Málaga. Pronto caerá también este frente y el resto. El día 7 de febrero, las tropas nacionales e italianas están ya a las afueras de Málaga. La única salida posible es Almería.

Desde su corta edad, a Emilio le sorprende, sobre todo, la cantidad de gente que avanza por la carretera. “Iba igual que cuando va una romería. Es que no se cabía de tantísimas criaturas como íbamos andando, porque no era Málaga sola, era Málaga y la provincia la que venía”. También recuerda los bombardeos y la angustia por buscar un refugio. “Mi padre nos metía en un agujero hasta que ya terminaba aquello, que solía ser por la noche. Caminábamos más de noche que de día”.

La sed del pequeño Emilio le lleva a separarse de sus padres cuando contempla que un grupo de personas está sacando agua de un pozo. “Mi padre vio que me despistaba y fue en mi busca. Pero yo me fui a buscar a mi madre y, entonces, ya no volvimos a ver a mi padre”. Rafaela se hace cargo, sola, de sus cuatro hijos y sigue adelante, pero no puede evitar que le embargue el temor de que su marido pueda ser alguno de los muertos que encuentra por la carretera. “Mi misma madre me decía: ‘Ay, ¿será tu padre?’ y yo levantaba la cabeza a los cadáveres para mirarles la cara”.

En Motril, les resulta ya imposible continuar. Allí han llegado las tropas italianas, que les cortan el paso. La vuelta será a pie porque no hay camiones para todos. En el camino de regreso se reencuentran con el padre, que marcha a lomos de un burro. “Nos subió a mi hermano de dos años y a mí y ya nos volvimos para Málaga”.

http://www.diariosur.es/malaga/desbanda-testimonios-huida-20180206145526-nt.html

‘No llevábamos tres pasos andados cuando una bomba voló la casa’

Dolores Jiménez. Huyó con 11 años.

El recorrido: Huye con su padre José, su madre Dolores y su hermano José, de dos años. En el trayecto, en un momento de confusión, el grupo se divide en dos. Su padre y su hermano consiguen llegar a Valencia. Ella y su madre son interceptadas por las tropas nacionales en Almuñécar y deben regresar a Málaga antes de tiempo.

Su historia: Un colchón le sirve a la familia Jiménez como improvisada maleta para ocultar todo lo que tienen de valor. El rumor en la calle es insistente. “Vinieron diciendo a mi madre y a mi padre que venían los fascistas matando a los hijos delante de los padres”. No esperan para comprobar si es verdad. Deciden llenar el colchón de alhajas y empezar a andar. Ella tiene 11 años, su hermano José, tan sólo dos. Los cuatro comienzan el recorrido, pero pronto sus destinos se separan. Su padre, José Jiménez, vendedor de pescado, es un hombre recio, acostumbrado a andar, y lleva al pequeño a hombros. “Empezó a andar y andar con el niño a cuestas y al final se perdieron”.

La pequeña Dolores se queda sola con su madre. “Por la carretera iba la gente chillando, la gente llorando, buscando a la familia. Nosotros íbamos buscando a mi padre y a mi hermano. Le preguntábamos a mucha gente que le conocían de Málaga si los habían visto…, pero nada”.

Ante los insistentes bombardeos, madre e hija deciden adentrarse campo a través. El hambre les pasa factura y provoca desvanecimientos a la joven. El cansancio también hace mella. “Mi madre iba con los pies hechos polvo, los pies iban echándole sangre”. Es entonces cuando se cobijan en una casa, atestada de refugiados. Uno de los hombres, al parecer un miliciano, decide salir del cortijo y empieza a disparar al cielo, contra los aviones que sobrevuelan la zona. “Todo el mundo empezó a gritar: ‘¿Pero qué ha hecho usted? Tuvimos que salirnos deprisa y corriendo de allí porque entonces los aviones y los barcos se dieron cuenta de que aquello estaba lleno de gente. Y fue salir, no llevábamos ni unos metros andando, cuando la casa entera cayó. Habían tirado una bomba encima”.

Sin embargo, no es el episodio que más impacta a Dolores. “Una de las veces me voy a orinar a un lado y entonces siento llorar a un niño. Miro y es una criaturita, con la madre muerta al lado, que no se me olvida que llevaba una chaqueta azulina. Me impactó mucho. Mi madre me dijo que me tranquilizara porque de esas cosas íbamos a ver uchas por el camino”.

Pasado el pueblo de Salobreña, aparecen camiones llevándose a algunos refugiados. Algunas personas le aconsejan a su madre que suba a la pequeña a uno de los vehículos, pero se niega. “Ella se opuso. Les dijo: ‘Si yo voy andando, va mi hija andando. Mi madre no se quería separar de mí”.

El recorrido de Dolores acaba antes de tiempo, en Almuñécar. Allí las tropas italianas les cortan el paso y las obligan a dar media vuelta. Su padre y su hermano sí llegan hasta Valencia, pero no volverán hasta acabada la guerra. “Mi padre no sabía ni leer ni escribir, pero nos escribió otra persona y nos dijo que estaba vivo y que el niño estaba bien”. Ella y su madre, mientras tanto, deben hacer frente a la miseria que les espera en Málaga. Su casa ha sido desvalijada y todo lo que tienen de valor quedó en aquel colchón, que dejaron tirado en el camino.

http://www.diariosur.es/malaga/desbanda-testimonios-huida-20180206145526-nt.html

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