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Autor: Redacción (página 888 de 1363)

La Guerra de Darfur: es importante mantener a África en el olvido (1)

La guerra sicológica no es más que una parte de la guerra misma y no se trata de una noticia falsa por aquí y otgra por allá sino de campañas perfectamente diseñadas, muy parecidas a las campañas publicitarias para vender marcas comerciales, vehículos o votos.

Como el resto de la guerra, esas campañas publicitarias se emprenden desde los grandes centros de poder que, en el caso de los asuntos internacionales, se reconducen al imperialismo y, por lo tanto, a Estados Unidos y sus aliados, difundiéndose a través de todos yt cada uno de los canales de comunicación imperialistas: televisión, prensa, radio e internet.

Los demás son gregarios, como las ONG, pequeñas hormigas que llevan el mensaje hasta el último rincón del planeta porque las subvenciones de las viven dependen de ello.

Hace 15 años la Guerra de Darfur fue un ejemplo de lo que luego hemos visto reproducirse en Ucrania, Libia o Siria, con los mismos lugares comunes a los que ningún ser humanos se puede resistir y que se resume en palabras mágicas como genocidio, derechos humanos o campos de concentración para homosexuales.

La capaciudad de penetracion de ese tipo de mensajes se multiplica cuando las responsabilidad no recae sobre un Estado sino sobre un “régimen”, que es otra palabra mágica habitual en cualquier clase de campaña de intoxicación y que, además, va ligada al racismo y la xenofobia, es decir, al menosprecio hacia determinadas culturas, como las africanas.

El gobierno de Sudán que emprendió la guerra en Darfur fue calificado como un “régimen árabe e islamista” que masacraba a las “poblaciones africanas” de la región occidental de Sudán. Es bien sabido que la vida de un africano importa un bledo cuando son nuestras víctimas, pero podemos hacer una excepción si son víctimas de árabes y musulmanes. El asunto no depende del muerto sino del que lo mate.

Cuando se produce una matanza aparecen los humanitarios para pedir su cese. Las noticias se llenan de sangre y de cadáveres mutilados, incluidos niños, una imagen que siempre entra fácilmente por los ojos. Las ONG piden la intervención militar para detener la sangría.

En 2002 en Darfur se estaba gestando un levantamiento. La región sudanesa es más grande que España pero sólo tiene 6 millones de habitantes, marginados y pobres. La movilización estuvo dirigida por intelectuales pertenecientes a tres grupos étnicos: los fur, los massalit y los zaghawa. Nada los unía entre sí. Unos eran islamistas y otros querían un Sudán laico, pero tenían el apoyo de político y militar en los Estados vecinos: Chad, Libia, Eritrea.

En abril de 2003 la rebelión llevó a cabo su primera operación militar contra una base aérea que el ejército sudanés tenía en Darfur. Un mes después el gobierno respondió brutalmente contra la población. Sin embargo, como el ejército sudanés se compone gran medida de habitantes originarios de Darfur, reclutó milicias (conocidas localmente como Jenjaweed) entre las poblaciones nómadas más pobres de la región: pastores de camellos sin derechos sobre la tierra.

Apoyadas por la fuerza aérea, las milicias arrasan las aldeas a cuya población acusan de apoyar la rebelión debido a su origen étnico. Se producen masacres, incendios, violaciones, torturas, destrucción de cultivos y fuentes de agua que causan el éxodo de dos millones de habitantes de Darfur, que se refugian en grandes campamentos, generalmente ubicados cerca de las ciudades de guarnición, donde la policía y las fuerzas regulares proporcionan un nivel mínimo de seguridad. Otros huyen y se refugian en el Chad.

Se estima que la represión gubernamental mató a 131.000 personas entre septiembre de 2003 y junio de 2005. Una cuarta parte de las víctimas fueron asesinadas (41.000); las otras murieron de hambre y enfermedades durante su huida.

A finales de 2004 el gobierno sudanés interrumpe las matanzas y empieza una calma precaria, marcada por enfrentamientos breves y localizados. En los campamentos de refugiados internos se despliega una cantidad considerable de asistencia humanitaria. A partir de 2005 más del 85 por ciento de la población afectada es atendida en sus necesidades básicas. La situación sanitaria mejora y las tasas de mortalidad y malnutrición están por debajo de los umbrales de emergencia en la mayoría de los campamentos.

La Unión Africana envía 6.000 Cascos Blancos, cuyos primeros contingentes llegan en agosto de 2004 para vigilar un alto el fuego, firmado cuatro meses antes entre el gobierno y los insurrectos. Las negociaciones de paz se llevan a cabo bajo una mediación internacional, mientras el 31 de marzo de 2005 el Consejo de Seguridad de la ONU remite las violaciones del derecho internacional humanitario en Darfur al Fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI).

Las negociaciones políticas culminan en mayo de 2006 con la firma del Acuerdo de Paz de Darfur (APD) entre el gobierno y una única facción rebelde minoritaria. Sobre la base del Acuerdo, en agosto de 2006 el Consejo de Seguridad decide, a propuesta de Estados Unidos, sustituir los Cascos Blancos de la Unión Africana por una fuerza de la ONU, pero Sudán se opone a su despliegue, obligando al Consejo de Seguridad a retirarse en julio de 2007 para enviar una “fuerza híbrida” de 26.000 efectivos bajo el mando conjunto de la Unión Africana y la ONU.

La fuerza tiene por objeto hacer cumplir un Acuerdo de Paz rechazado por casi todos los movimientos rebeldes y la población de Darfur, así como proteger a la población civil y al personal de socorro. Tras intensas negociaciones diplomáticas, el 1 de enero de 2008 los primeros ”híbridos” toman el relevo de la Unión Africana.

Paradógicamente, la firma del Acuerdo de Paz da lugar a la reanudación de la guerra. Surgen enfrentamientos entre los rebeldes partidarios del Acuerdo (apoyado por el ejército) y los que se oponen al mismo.

Abandonadas por el Acuerdo, algunas de las milicias nómadas también se vuelven contra el gobierno; atacan a la policía y al ejército o se unen a la revuelta. Se entablan sangrientas batallas por el control de los territorios arrebatados a las poblaciones campesinas que se han trasladado a los campamentos de refugiados.

La fragmentación de la oposición y las milicias va acompañada de un crecimiento exponencial de la delincuencia organizada. La regionalización del conflicto se intensifica. Chad, que alberga las bases de la retaguardia de la rebelión, aumenta su apoyo a los insurgentes. Sudán hace lo propio con la insurgencia chadiana.

Las zonas rurales se vacían y los campamentos de refugiados crecen. Su población alcanzó los 2,45 millones de habitantes a finales de 2007. Sin embargo, el número de muertes violentas parece estar disminuyendo, de 4.470 civiles y militares en 2006 a menos de 3.000 en 2007 y 1.800 en 2008, según la Unión Africana y la ONU.

https://books.openedition.org/ifpo/1377

El reputado criminal de guerra liberiano Charles Taylor era un agente de la CIA

Estados Unidos ha confirmado que el dirigente liberiano Charles Taylor, reputado criminal de guerra, trabajaba para sus agencias de inteligencia, incluida la CIA, según el Boston Globe.

La revelación se produjo en respuesta a una solicitud del periódico de la Ley de Libertad de Información.

Un periodista del Globe dijo a la BBC que ésta era la primera confirmación oficial de viejas informaciones sobre la relación entre la inteligencia estadounidense y Taylor.

En julio de 2009 se difundieron rumores sobre vínculos con la CIA cuando el propio Taylor dijo en su juicio ante el Tribunal Especial para Sierra Leona en La Haya, que en 1985 espías estadounidenses le habían ayudado a escapar de una prisión de alta seguridad en Boston.

La CIA en ese momento negó esas declaraciones como “totalmente absurdas”. Pero ahora la Agencia de Inteligencia de Defensa, el brazo espía del Pentágono, reveló que sus agentes y los de la CIA usaron a Taylor como informante.

El periodista Bryan Bender dijo al programa Network Africa de la BBC que el Pentágono se negó a dar detalles del papel exacto de Taylor, escudándose en la “seguridad nacional”.

Pero confirmaron que Taylor, que tiene ciudadanía estadounidense, comenzó a trabajar con los servicios de inteligencia de Estados Unidos en la década de 1980, cuando se hizo con el poder en Liberia, desatando una terrible guerra civil contra el entonces presidente Samuel Doe. La guerra se desencadenó desde Burkina Faso y como Thomas Sankara se oponía a ella, fue asesinado antes de que comenzara.

Taylor llegó a la Presidencia de Liberia y se convirtió en uno de los dirigentes políticos más famosos del mundo. También está acusado de armar y controlar a los terroristas del RUF en la vecina Sierra Leona durante una campaña de crímenes que duró 10 años y estuvo dirigida principalmente contra civiles.

Ahora el agente de la CIA está a la espera del veredicto de su juicio por los crímenes de guerra que cometió.

https://www.bbc.co.uk/news/world-africa-16627628

Holanda también ha estado apoyando a los grupos terroristas sirios durante años

El gobierno holandés ha sostenido en Siria al menos a un grupo yihadista identificado, Jabhat Al-Shamiya (Frente de Levante), que la fiscalía califica de “terrorista”, según denuncian los periódicos Nieuwsuur y Trouw (*).

El gobierno holandés justificó su apoyo a los terroristas encuadrándolo en un programa denominado hipócritamente NLA (Asistencia No Letal), pero los periódicos han descubierto que enviaron camiones Toyota Hilux e Isuzu D-max, entre otros, que fueron luego equipados con ametralladoras y artillería pesada, como muestran las imágenes de vídeo que los propios grupos terroristas muestran en sus canales de YouTube.

También les suministraron uniformes, teléfonos satelitales, ordenadores portátiles, colchones, mochilas y cámaras.

En los últimos meses ambos medios de comunicación han entrevistado a
unos 100 terroristas y a otras personas que participaron en el
programa “no letal”. Los entrevistados aseguran que todos los equipos recibidos los utilizaron para la guerra contra Siria.

Las entrevistas les han permiutido identificar a seis brigadas específicas que han combatido en Siria con apoyo holandés. Entre 2015 y principios de este año el gobierno holandés ayudó a 22
grupos terroristas en el marco del mismo programa “no letal”.

Como se ha hecho costumbre en estas “democracias avanzadas”, el gobierno no informó al Parlamento, pero ante el escándalo periodístico el viernes los ministros Blok y Kaag, de Asuntos Exteriores, enviaron una carta a la Cámara Baja anunciando que no lo volverán a hacer. El apoyo al terrorismo en Siria se ha acabado, o al menos eso prometen. La victoria de Bashar Al-Assad parece inminente y el viento ya no sopla a favor, según los propios ministros.

En la Cámara Baja el Ministerio holandés de Asuntos Exteriores siempre ha admitido que Holanda sólo apoyaba a los “moderados” con cuatro condiciones:

a) debían respetar el derecho humanitario de guerra
b) no podían cooperar con los extremistas
c) debían esforzarse por encontrar una solución política inclusiva
d) el programa “no letal” debía ser objeto de un seguimiento permanente

A partir del escándalo llegan los reproches: las condiciones no se han cumplido. Los terroristas apoyados por Holanda han cometido graves violaciones de los derechos humanos, han cooperado con los demás grupos terroristas…

El programa tampoco ha sido supervisado adecuadamente. Su objetivo (dicen ahora en el Ministerio de Exteriores) era que los combatientes “moderados” pudieran protegerse mejor de los extremistas

La conclusión a la quieren llegar es: paralizar el programa de ayuda a los “moderados” significa que los extremistas se hagan con el poder en los territorios que aún permanecen ocupados.

Lo del seguimiento era, pues, un chiste. Durante todos estos años los diputados de la Cámara Baja han estado pidiendo acceso a la información sobre el programa, pero el gobierno ha mantenido en secreto los nombres de los grupos a los que apoyaba. El tipo específico de vehículos que los Países Bajos enviaron a Siria también se declaró secreto de Estado.

El mes que viene se inicia un juicio contra un holandés que en 2015 se integró en el grupo terrorista Jabhat Al-Shamiya. La fiscalía afirma que dicho grupo es salafista y yihadista, que “se esfuerza por establecer un califato” y que “sólo se puede calificar como una organización delictiva con fines terroristas”.

https://nos.nl/nieuwsuur/artikel/2249806-nederland-steunde-terreurbeweging-in-syrie.html

Estados Unidos mantendrá el caos en Siria hasta que consiga lo que quiere (a cualquier precio)

En las últimas semanas la situación en Siria se ha tensado significativamente ante la inminente batalla de Idlib, como ya ocurriera en Alepo hace un año y medio. El imperialismo busca la mejor manera de digerir una de las derrotas más amargas de los últimos años.

El ejército regular sirio tiene allí concentradas sus fuerzas, apoyadas por la fuerza aérea rusa. Pero en la madriguera del zorro no sólo se enconden los resto de las huestes yihadistas, sino sus mentores de la OTAN, la CIA, el MI-6, el Mosad y demás espías y comandos de operaciones especiales de los ejércitos imperialistas.

Ellos han sido el auténtico Estado Mayor del bando que ha invadido Siria durante siete años. El número de efectivos es difícil de precisar. Se calcula que Estados Unidos tiene allí un contingente de 2.000 soldados que presenta al mundo como una fuerza antiterrorista, pero que desempeñan el papel contrario.

Es normal que los altavoces mediáticos estén preocupados por la previsible matanza que se va a producir. Tienen buenos motivos. El primero es impedir que eliminen a las fuerzas que combaten entremezcladas con los yihadistas.

El segundo es que la estrategia de Estados Unidos ha vuelto a cambiar en las últimas semanas, por enésima vez, fruto de la confusión que se vive en Washington.

En Helsinki Trump pactó con Putin que Estados Unidos abandonaría sus posiciones en Siria para permitir que el ejército regular completara la tarea de aniquilación de los miembros del Califato Islámico.

Para ello Siria se prestó a conceder un plazo de tiempo, en el cual el Pentágono debía sacar a sus tropas del agujero en el que están metidos.

Pero Washington jamás cumple lo que promete. Han dado un giro de 180 grados y ahora prevalecen las posiciones del clan Bolton, el consejero de Seguridad, partidario de una posición inflexible frente a la ofensiva de Idlib, hasta tal punto que están dispuestos a tensar al máximo sus relaciones con Rusia (si cabe).

De ahí el envío de una poderosa flota de la Marina de Guerra al Mediterráneo oriental, donde Rusia ha lanzado una seria advertencia con unas maniobras navales sin precedentes.

De ahi también todos los rumores sobre un inminente ataque químico de “falsa bandera”, otro más, que los imperialistas y los “humanitarios” no pueden consentir, y que darán lugar a accciones de represalia…

La otra consecuencia de ese nuevo viraje es que ahora Estados Unidos está tratando de alargar la guerra lo máximo posible. “Nuestra estrategia consiste en mantener el caos en Siria hasta que consigamos lo que queremos”, ha confesado un alto responsable de la Casa Blanca al Washington Post.

Vuelve la política que Obama implementó en 2013: alargar la guerra lo máximo posible, que no haya un vencedor y poder ocupar un lugar en la mesa de negociaciones políticas.

Porton Down está mucho más cerca que Moscú del escenario del crimen con ‘novichok’

El nombre de Porton Down se ha hecho omnipresente en Reino Unido desde el descubrimiento de las intoxicaciones con “novitchok”, el agente nervioso utilizado a principios de marzo contra el agente doble Serguei Skripal y su hija, Julia. Dos ciudadanos británicos, Charlie Rowley  y su compañera Dawn Sturgess, también entraron en contacto con el veneno.
El primero de ellos falleció posteriormente a causa de un tóxico que en ruso significa “nada nuevo” y que se descubrió en la Unión Soviética en los años setenta. A principios de los noventa, a
través de los desertores soviéticos, los occidentales se apoderaron de su fórmula química.

El laboratorio militar de Porton Down confirmó que ambas parejas habían sido envenenadas por el mismo tóxico, pero no localizó su lugar de fabricación.

El periódico francés Le Figaro asegura que Londres “no ha proporcionado hasta ahora ninguna prueba de la implicación de Moscú”(1).

Porton Down está mucho más cerca que Moscú del escenario del crimen. Como recuerda el diario The Independent (2), es un centro de guerra química y biológica está situado a pocos kilómetros de Salisbury, el lugar del primer envenenamiento, y de Amesbury, el lugar del segundo, en el suroeste de Inglaterra. “No hay absolutamente ninguna evidencia de que la ubicación sea otra cosa que una coincidencia”, añade The Independent.
Pero no se trata de una coincidencia sino dos.

En el New York Times el antiguo director del Servicio Federal de Seguridad (FSB), Nikolai Kovalyov, sugiere que un “científico deshonesto” del laboratorio de Porton Down podría haber realizado experimentos con personas que vivían cerca (3).

Actualmente Porton Down emplea a más de 3.000 científicos, tiene un presupuesto anual de 500 millones de libras esterlinas (558 millones de euros) y cubre casi 1.100 hectáreas. Fue creado en 1916 para permitir inicialmente a los soldados británicos protegerse durante la Primera Guerra Mundial contra los ataques químicos del ejército alemán, que utilizaba gas mostaza, cloro y fosgeno, un gas tóxico.

En la década de los cincuenta los científicos de Porton Down desarrollaron gas CS, más conocido como gas lacrimógeno, y gas nervioso VX. A principios del año pasado este gas causó la muerte a Kim Jong-nam, el hermanastro del dirigente norcoreano, Kim Jong-un, sospechoso de haber ordenado el asesinato. Junto con el gas sarín, el gas VX está considerado como una de las armas químicas más terribles, aunque se estima que es de cinco a diez veces menos potente que el “novitchok”.

Dadas las convenciones internacionales que prohíben el uso de armas químicas, se supone que en Porton Down las investigaciones tienen un objetivo puramente defensivo. Según el Ministerio de Defensa británico, su único objetivo es mejorar el equipo de protección de las tropas o de la población. En los últimos años, el laboratorio ha participado en el programa de investigación del virus del Ébola y en la lucha contra la epidemia que asoló Sierra Leona a partir de 2013. También ha realizado investigaciones sobre el uso de armas químicas en la Guerra de Sirio, incluido el gas sarín.

El secreto que rodea su trabajo ya ha alimentado muchos rumores y acusaciones contra experimentos con seres humanos y animales en el pasado. “El pasado de Porton Down no se puede ocultar”, tituló The Guardian en 2014, describiendo el laboratorio como “una de las instituciones científicas más infames de Gran Bretaña”(4).

En 1999 la policía abrió una investigación sobre experimentos que habían puesto en peligro la vida de algunos soldados sin su conocimiento. “De 1945 a 1989 Porton Down expuso a más de 3.400 conejillos de indias humanos a agentes nerviosos. Parece probable que, durante un período de tiempo tan largo, Porton haya expuesto a estos gases a más sujetos humanos que cualquier otra institución científica del mundo”, comentó el diario británico.

La investigación no tuvo éxito, pero en 2008 el Ministerio de Defensa concedió una indemnización de 3 millones de libras esterlinas a 360 antiguos miembros de las fuerzas armadas que afirmaban haber utilizado contra su voluntad como cobayas en pruebas químicas durante la Guerra Fría.

El Ministerio británico de Defensa reconoció la muerte en 1953 de un soldado de la fuerza aérea, Ronald Maddison, tras participar en un experimento con gas sarín.

El siniestro pasado de Porton Down fomenta las sospechas de que los envenenamientos con “novitchok” están muy lejos de Moscú.

(1) http://www.lefigaro.fr/international/2018/07/06/01003-20180706ARTFIG00258-affaire-du-novitchok-porton-down-le-centre-de-recherche-militaire-au-centre-de-rumeurs.php
(2) https://www.independent.co.uk/news/science/porton-down-what-is-explained-experiments-salisbury-wiltshire-novichok-latest-a8431951.html
(3) https://www.nytimes.com/2018/07/05/world/europe/uk-novichok-salisbury-amesbury.html
(4) https://www.theguardian.com/science/2004/may/06/science.research

Golpe de Estado contra Maduro: enviados de Estados Unidos se han reunido con militares venezolanos en secreto

Eviados del gobierno de  Trump se han reunido en secreto con militares venezolanos para dar un Golpe de Estado y derrocar al Presidente Maduro por la fuerza, asegura el New York Times (*).

Establecer contactos clandestinos con golpistas en Venezuela fue una gran apuesta para Washington, dado su largo historial de intervenciones encubiertas en toda América Latina. Muchas personas de la región aún sienten un gran resentimiento contra Estados Unidos por haber respaldado rebeliones, golpes de Estado y complots en países como Cuba, Nicaragua, Brasil y Chile, así como por haber guardado silencio ante los abusos que los regímenes militares cometieron durante la Guerra Fría.

En respuesta a las preguntas sobre esas conversaciones secretas, la Casa Blanca señaló mediante un comunicado que era necesario participar en un “diálogo con todos los venezolanos que expresan el deseo de restablecer la democracia” con el fin de “aportar un cambio positivo a un país que ha sufrido mucho bajo el gobierno de Maduro”.

Sin embargo, un comandante militar de ese país que estuvo involucrado en las conversaciones difícilmente puede ser considerado como un emisario democrático: está en la lista de funcionarios corruptos de Venezuela que han sido sancionados por el gobierno estadounidense.

Él y otros miembros del aparato de seguridad venezolano han sido acusados por Washington de un gran número de delitos graves, entre ellos torturar a los opositores del régimen, encarcelar a cientos de prisioneros políticos, herir a miles de civiles, traficar drogas y colaborar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), un grupo guerrillero que Estados Unidos considera como una organización terrorista.

Al final, los funcionarios estadounidenses decidieron que no ayudarían a los conspiradores, y el plan del golpe de Estado quedó estancado. No obstante, la disposición del gobierno de Trump de reunirse varias veces con oficiales rebeldes que pretenden derrocar a un mandatario de este hemisferio podría resultar políticamente contraproducente.

Desde hace mucho tiempo, Maduro afirma que los imperialistas de Washington están intentando destituirlo de manera activa, y las reuniones secretas podrían proporcionarle argumentos para cambiar la postura de la región que, en general, se muestra en su contra.

“Esto caerá como una bomba” en la región, comentó Mari Carmen Aponte, quien fungió como la principal diplomática en asuntos de América Latina durante los últimos meses del gobierno de Barack Obama.

Además del complot golpista, el gobierno de Maduro ya ha eludido varios ataques, entre ellos una descarga de artillería desde un helicóptero el año pasado y un dron que explotó mientras pronunciaba un discurso en agosto.

Los militares venezolanos buscaron tener acceso directo al gobierno estadounidense durante la presidencia de Obama, pero fueron rechazados, señalaron los funcionarios.

Después, en agosto del año pasado, el presidente Trump declaró que Estados Unidos tenía una “opción militar” para Venezuela, una afirmación que atrajo el repudio de los aliados de Estados Unidos en la región, pero que animó a los militares rebeldes venezolanos a comunicarse con Washington una vez más.

“Ahora era el presidente quien lo decía”, señaló el excomandante venezolano que se encuentra en la lista de sancionados durante una entrevista, quien habló con la condición de conservar su anonimato por temor a represalias por parte del gobierno de Venezuela. “No iba a dudar de la información si provenía de ese mensajero”.

Durante una serie de reuniones secretas en el extranjero —que comenzaron el otoño pasado y continuaron este año— los militares le dijeron al gobierno estadounidense que representaban a varios cientos de miembros de las fuerzas armadas que no estaban de acuerdo con Maduro. Le pidieron a Estados Unidos que les proporcionara radios cifradas, pues aseguraron que necesitaban comunicarse de manera segura, mientras desarrollaban un plan para instalar un gobierno de transición dirigido por el Ejército con el fin de gestionar el país hasta que pudieran convocar elecciones.

Los funcionarios estadounidenses decidieron no proporcionar el material de apoyo y los planes se vinieron abajo después de un operativo de represión en el que se detuvo a decenas de conspiradores.

El recuento de las reuniones clandestinas y los debates políticos que las precedieron se elaboró a partir de entrevistas con once funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, además del excomandante venezolano. Este dijo que por lo menos tres grupos distintos dentro de las fuerzas armadas venezolanas habían conspirado contra el gobierno de Maduro.

Uno estableció contacto con el gobierno estadounidense a través de la embajada de Estados Unidos en una capital europea. Cuando se informó a Washington sobre este acercamiento, los funcionarios de la Casa Blanca se mostraron intrigados pero recelosos. Les preocupaba que la solicitud de reunirse pudiera ser una trampa para grabar clandestinamente a algún agente estadounidense mientras al parecer conspiraba contra el gobierno venezolano, señalaron los funcionarios.

No obstante, el año pasado, los estadounidenses decidieron que valía la pena correr el riesgo con el fin de tener un panorama más claro de los planes y los oficiales que buscaban destituir a Maduro. “Después de muchas discusiones, acordamos que debíamos escuchar lo que querían decirnos”, comentó un funcionario gubernamental de alto nivel que no tiene autorización para hablar sobre las reuniones secretas.

Al principio, el gobierno consideró enviar a Juan Cruz, un agente veterano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que recientemente renunció a su puesto como principal autoridad normativa de la Casa Blanca en asuntos de América Latina. Sin embargo, los abogados de la Casa Blanca dijeron que sería más prudente enviar a un diplomático de carrera.

Le pidieron al enviado estadounidense que asistiera a las reuniones “solo para escucharlos”, y no le dieron autorización para negociar ningún asunto importante durante estos encuentros, de acuerdo con un funcionario de alto nivel del gobierno.

Después de la primera reunión, que tuvo lugar a finales de 2017, el diplomático informó que los venezolanos no parecían tener un plan detallado y se habían presentado con la esperanza de que los estadounidenses llegaran con ideas o directrices de apoyo.

El excomandante venezolano señaló que los rebeldes jamás pidieron una intervención militar por parte de Estados Unidos. “Jamás acordé ni se propuso un operativo conjunto”, precisó el excomandante.

Agregó que él y sus colegas consideraron llevar a cabo su plan el verano pasado, cuando el gobierno suspendió los poderes de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, e instaló la Asamblea Nacional Constituyente que es leal a Maduro. No obstante, dijo que abortaron el plan por temor a que sucediera una masacre.

Después planearon hacerse con el poder en marzo, relató el exmilitar, pero el plan se filtró. Finalmente, los disidentes decidieron que ejecutarían la operación durante las elecciones del 20 de mayo, fecha en que Maduro fue reelecto. Pero una vez más, se corrió el rumor de que los conspiradores se estaban preparando y tuvieron que detener sus planes, aunque no hay pruebas de que el Presidente supiera que los golpistas habían contactado a los estadounidenses.

Para que cualquiera de los complots funcionara, explicó el excomandante, él y sus colegas creían que era necesario detener a Maduro y a otros personajes principales del gobierno al mismo tiempo. Para lograrlo, los funcionarios golpistas necesitaban un medio para comunicarse en forma segura. Hicieron su petición durante la segunda reunión con el diplomático estadounidense, que sucedió el año pasado.

A su vez, el enviado comunicó la petición a Washington, donde fue rechazada por los altos funcionarios. “Quedamos frustrados”, comentó el excomandante venezolano. “No hubo seguimiento. Me dejaron esperando”.

Después el diplomático estadounidense se reunió con los conspiradores por tercera ocasión, a principios de este año, pero no lograron obtener una promesa de ayuda material ni una señal clara de que Washington apoyaba los planes de los rebeldes, según el excomandante venezolano y varios agentes estadounidenses.

Aun así, los venezolanos consideraron las reuniones como una aprobación tácita de sus planes, argumentó Peter Kornbluh, historiador del Archivo Nacional de Seguridad en la Universidad George Washington.

“Estados Unidos siempre ha mostrado interés en conocer información de inteligencia sobre posibles cambios de liderazgo en los gobiernos”, dijo Kornbluh. “Pero tan solo el hecho de que un diplomático estadounidense se presentara a una reunión como esa probablemente se percibiría como un espaldarazo”.

Agentes estadounidenses han citado abiertamente la posibilidad de que las fuerzas armadas de Venezuela puedan tomar medidas.

El 1 de febrero, Rex Tillerson, que en ese entonces era secretario de Estado, dijo que Estados Unidos no había “promovido un cambio de régimen ni la destitución del presidente Maduro”. Sin embargo, en respuesta a una pregunta, Tillerson indicó la posibilidad de que se produjera un golpe de Estado militar.

“Cuando las cosas estén tan mal que el mando militar se dé cuenta de que ya no puede servir a los ciudadanos, encontrará la forma de realizar una transición pacífica”, comentó.

Días después, Marco Rubio, el senador de Florida que ha buscado influir en el enfoque del gobierno de Trump sobre Latinoamérica, publicó una serie de tuits que animaron a los disidentes de las fuerzas armadas venezolanas a derrocar a su presidente.

Durante su época como director de políticas de la Casa Blanca para América Latina, Cruz les envió un mensaje a los venezolanos durante un discurso en abril. Se refirió a Maduro como “demente”, Cruz dijo que todos los venezolanos debían “instar a las fuerzas armadas a respetar el juramento que hicieron de desempeñar sus funciones”, dijo. “Cumplan con su promesa”.
En años recientes los funcionarios estadounidenses debatieron los pros y los contras de establecer diálogos con facciones golpistas de las fuerzas armadas.

“Eran diferencias de opinión”, dijo Aponte, la exdiplomática principal en materia de Latinoamérica del gobierno de Obama. “Había gente que le tenía mucha fe a la idea de que podían aportar estabilidad, ayudar a distribuir alimentos y trabajar en cuestiones prácticas”.

No obstante, otros —entre ellos Aponte— vieron los riesgos de establecer vínculos con líderes de las fuerzas armadas que, según el análisis de Washington, se habían convertido en un pilar del tráfico de cocaína y los abusos a los derechos humanos.

Roberta Jacobson, una exembajadora en México que antecedió a Aponte en el puesto de funcionaria principal del Departamento de Estado para políticas de Latinoamérica, dijo que, aunque desde hace mucho Washington considera que las fuerzas armadas venezolanas sufren de “corrupción generalizada, están muy involucradas en el narcotráfico y son despreciables”, ella pensaba que valía la pena establecer un canal diplomático extraoficial con algunos de sus miembros”.

“Dada la descomposición extendida de las instituciones venezolanas, se tenía la idea de que, aunque no necesariamente eran la respuesta, cualquier tipo de resolución democrática habría tenido que incluir a las fuerzas armadas”, dijo Jacobson, quien renunció al Departamento de Estado a principios de este año. “La idea de escuchar a los líderes de esos lugares, sin importar qué tan indeseables resulten, es esencial para la diplomacia”.

Sostener discusiones con los golpistas podría hacer sonar alarmas en una región con una lista de intervenciones infames: la invasión fallida de la CIA en Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro en 1961; el golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en Chile en 1973, que llevó a la larga dictadura militar de Augusto Pinochet, o el apoyo encubierto del gobierno de Reagan a los rebeldes de derecha conocidos como los Contras en Nicaragua durante la década de 1980.

En Venezuela, un golpe de Estado en 2002 destituyó brevemente a Hugo Chávez, el predecesor de Maduro. El gobierno de Bush abrió un canal de comunicación con el jefe golpista pero Chávez fue restituido como presidente.

En el complot más reciente, el año pasado había de 300 a 400 miembros de las fuerzas armadas vinculados con el plan, pero esa cantidad se redujo a casi la mitad después de las enérgicas medidas emprendidas por el gobierno de Maduro este año.

El excomandante venezolano lamentó que Estados Unidos no proveyera los radios a los rebeldes, pues cree que eso pudo haber cambiado la historia del país. “Estoy decepcionado”, dijo el exgeneral. “Pero soy el menos afectado. Yo no soy prisionero”.

(*) https://www.nytimes.com/es/2018/09/08/trump-golpe-de-estado-maduro/

Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (y 4)

Los terroristas que apoyaba Reino Unido tenían una relación muy estrecha con el Frente Al-Nosra. En 2013 Paul Wood, de la BBC, informó que “el Ejército Libre de Siria [estaba] tan cerca del Frente Al-Nosra que casi se había fusionado”. El “Ejército Libre de Siria” colaboró regularmente con el Frente Al-Nosra durante toda la guerra.

En 2015 se desestimó una demanda presentada ante el Tribunal Penal Old Bailey contra Bherlin Gildo, un ciudadano sueco acusado de asistir a un campo de entrenamiento terrorista para luchar en Siria, cuando se descubrió que los servicios de inteligencia británicos apoyaban a los mismos grupos de oposición que él. Los medios de comunicación británicos informaron de que Gildo estaba luchando en las filas del Frente Al-Nosra o en un grupo yihadista afiliado, Kataib Al-Mujahidin.

Sin embargo, no se sabía si realmente Gran Bretaña apoyaba a este grupo en particular. Probablemente la desestimación de la demanda estuvo relacionada más bien con el hecho de que Gran Bretaña apoyó al “Ejército Libre de Siria” y que estas fuerzas eran en gran medida indistinguibles de los grupos yihadistas a los que se unieron individuos como Gildo.

Aunque es poco probable que Gran Bretaña haya armado directamente o formado grupos yihadistas en Siria, su guerra secreta ha aumentado la certeza de que estos grupos se beneficiaron de sus políticas. “Occidente no está entregando armas a Al-Qaeda, y mucho menos al Califato Islámico, pero el sistema que ha construido está conduciendo precisamente a ese resultado”, señaló Alastair Crooke, director del MI6. Las armas proporcionadas al “Ejército Libre de Siria” fueron un supermercado que abastecía a los grupos más extremistas para imponer la yihad.

El esfuerzo por controlar a esos grupos antes de enviar ayuda occidental sonó como un reconocimiento del papel dominante que dentro de la oposición desempeñaban los grupos yihadistas. En gran medida esa política careció de sentido. La operación secreta británica formaba parte de un programa masivo en el que Arabia saudí gastó “varios miles de millones de dólares” y Qatar 3.000 millones de dólares para financiar principalmente a grupos yihadistas.

El año pasado el gobierno británico reveló que desde 2015 había gastado 199 millones de libras esterlinas (unos 229 millones de euros) para apoyar a la oposición “moderada” frente a Assad y al Califato Islámico.

El apoyo incluía “equipos de comunicación, médicos y logísticos”, así como la formación de periodistas en el desarrollo de “medios de comunicación sirios independientes”. Sin embargo, los detalles de las últimas operaciones secretas británicas siguen siendo poco claros y se ha proporcionado poca información para revelar el papel desempeñado por Reino Unido.

En la actualidad, el gobierno sigue dando respuestas engañosas a las preguntas parlamentarias. La semana pasada no respondió a una pregunta del diputado laborista Lloyd Russell-Moyle, que preguntó qué grupos armados había formado Reino Unido desde 2012. En cambio, dio a entender que desde 2016 sólo había formado grupos que luchaban contra el Califato Islámico.

En respuesta a otra pregunta parlamentaria del mes pasado sobre el número de soldados que actualmente tiene Gran Bretaña en Siria, el gobierno también despertó sospechas al no responder con precisión, dando fe únicamente de la presencia de 600 soldados desplegados por todo Oriente Medio, una vez más con el único propósito de luchar contra el Califato Islámico.

Paralelamente, el gobierno británico sigue argumentando que “los principales grupos armados de oposición sobre el terreno” en Siria “no son terroristas” y, en cambio, apoyan una solución política negociada de lo que califican como “una crisis”.

La política británica, al igual que la de los aliados de Gran Bretaña, ha contribuido a que los sirios sigan sufriendo y no se ha visto motivada en modo alguno por su angustia. También ha contribuido a la amenaza terrorista a nivel nacional.

Cientos de británicos, incluidos los yihadistas que trabajan con los grupos más violentos, han recibido formación en Siria y les han alentado a regresar a Reino Unido para llevar a cabo los ataques. La política activa y beligerante de Gran Bretaña contra Siria es un desastre para la población de ambos países.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (3)

En el otoño de 2013 Gran Bretaña reorientó su campaña de apoyo a los terroristas sirios. Según el periódico The Guardian, el gobierno británico proporcionó 2,4 millones de libras esterlinas (unos 2,75 millones de euros) a empresas privadas de mercenarios para prestar apoyo estratégico a los medios de comunicación de los grupos que combatían en Siria.

Jaysh Al-Islam (Ejército del Islam), una coalición formada por unas 50 facciones yihadistas financiada por Arabia Saudí, fue uno de los grupos clasificados por Gran Bretaña como parte de la “oposición armada moderada”.

A finales de 2013 el espionaje británico y estadounidense se reunió en secreto en Ankara con los dirigentes de algunos grupos yihadistas para forjar una nueva alianza entre ellos. El diario Telegraph señaló que durante las discusiones, los terroristas exigieron la creación de un Estado confesional gobernado por la shariá, mientras las fuerzas laicas iban perdiendo terreno.

Aunque no sabemos con qué grupos yihadistas se reunieron los espías británicos, parece que en aquel período surgió una nueva coalición, el Frente Islámico, que incluía a Jaysh Al-Islam y Ahrar Al-Sham, que cooperaron regularmente con el Frente Al-Nosra y el Califato Islámico hasta enero de 2014. El cofundador de Ahrar Al-Sham, Abu Jaled Al-Suri, fue representante de Al-Qaeda en Siria antes de ser asesinado en febrero de 2014; una serie de transferencias de dinero y contactos personales le relacionan con los atentados de Atocha de 2004.

Durante los primeros años de la guerra las operaciones secretas británicas y estadounidenses estaban centradas en derrocar a Assad. Estados Unidos comenzó sus ataques aéreos contra el Califato Islámico en Siria en septiembre de 2014. No he encontrado ninguna prueba del entrenamiento británico de la oposición siria para combatir al Califato Islámico hasta mayo de 2015, cuando Londres envió 85 soldados a Turquía y Jordania para entrenar a los terroristas en la lucha contra Assad.

En julio de 2015 Gran Bretaña estaba entrenando sirios en Arabia Saudí, Turquía, Jordania y Qatar para luchar contra el Califato Islámico, pero la guerra contra Assad continuaba.

Durante varios años las operaciones desplegadas por los británicos con sus aliados en Siria incluyeron la creación y el apoyo a grupos yihadistas. En 2016 el antiguo embajador británico en Siria, Peter Ford, dijo a una comisión parlamentaria de investigación que la existencia de grupos “moderados” en la oposición armada era “en gran medida imaginaria”.

Aunque el “Ejército Libre de Siria” tenía algunas unidades laicas, fue un aliado de hecho del Califato Islámico hasta finales de 2013 y colaboró con dicha organización en el campo de batalla hasta 2014, a pesar de las tensiones entre ambos grupos. “Tenemos buenas relaciones con nuestros hermanos en el Ejército Libre de Siria”, dijo Abu Al-Atheer, dirigente del Califato Islámico en 2013 tras comprarles sus armas.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

Abu Jaled Al-Suri, representante de
Al-Qaeda en Siria y fundador de Ahrar Al-Sham, relacionado con los atentados de Atocha de 2004

Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (2)

La formación de terroristas por parte de Reino Unido en bases en Jordania para luchar contra Assad fue autorizada entonces por informes de que las fuerzas especiales que operaban desde esas bases “probablemente” habrían sido enviadas a Siria para ejecutar misiones militares. En agosto de 2012 la base militar y de inteligencia británica en Chipre también proporcionó inteligencia al “Ejército Libre de Siria” a través de Turquía, mientras que Reino Unido proporcionó teléfonos satelitales a los grupos terroristas para coordinar las operaciones militares.

Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores enseñó técnicas de negociación y estabilización a los dirigentes yihadistas y les asesoró sobre cómo debían dirigirse al pueblo sirio y al público internacional.

Estados Unidos era plenamente consciente de que la mayoría de las armas proporcionadas por sus aliados saudíes y qataríes estaban llegando a yihadistas terroristas y no a los grupos más laicos de la oposición. Sin embargo, la participación de Estados Unidos y Gran Bretaña en la guerra se intensificó aún más en noviembre de 2012, cuando en una conferencia en Qatar de los “amigos” de Siria, un grupo de países opuestos a Assad, Gran Bretaña anunció que estaba tratando de organizar a los terroristas sirios en una fuerza de combate efectiva.

El secretario de Asuntos Exteriores, William Hague, estudió la posibilidad de establecer un gobierno interino en el norte de Siria y reunir a las fuerzas de la oposición siria sobre el terreno para derrocar a Assad.

Dos días después, el general David Richards, jefe del Estado Mayor del ejército británico, convocó una reunión en Londres para intensificar el armamento de la oposición. Poco después Estados Unidos coordinó un transporte aéreo de 3.000 toneladas de armas para el “Ejército Libre de Siria” desde Croacia, con la ayuda de Gran Bretaña y otros Estados europeos, una iniciativa pagada por Arabia saudí.

Lord Ashdown, el dirigente de los Liberales Demócratas, afirmó más tarde que esta enorme cantidad de armas terminó “casi exclusivamente” en manos de los grupos terroristas más radicales. El Frente Al-Nosra y otro grupo yihadista islamista, Ahrar Al-Sham, incautaron algunas de las armas suministradas al “Ejército Libre de Siria”, mientras que otras fueron recuperadas por miembros del Califato Islámico en el vecino Irak.

Gran Bretaña estuvo estrechamente asociada al programa “Timber Sycamore” de Obama, iniciado en abril de 2013, que se convirtió en la principal operación estadounidense para suministrar armas y entrenamiento a los terroristas sirios. Las salas de mando de Turquía y Jordania, gestionadas por funcionarios de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Turquía, Francia, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, suministraron misiles y cohetes antitanque a diversos grupos de la oposición.

Una vez más, muchas de las armas cayeron en manos del Califato Islámico y Al-Qaeda, a veces después de haber sido comercializadas en el mercado negro. Estados Unidos gastó más de mil millones de dólares en la Operación “Timber Sycamore”, que Trump clausuró en 2017, cuando quedó en evidencia que todo el esfuerzo había sido inútil.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (1)

Durante más de seis años Reino Unido ha ejecutado operaciones secretas con sus aliados para derrocar al Presidente Bashar al-Assad, y esa política contribuyó a prolongar y radicalizar una terrible guerra. Pueden pasar varios años antes de que se conozca toda la historia de esta operación secreta, pero algunos elementos ya se pueden reconstruir.

El Reino Unido y sus aliados vieron la oportunidad que durante mucho tiempo habían buscado para eliminar un régimen nacionalista independiente en la región y fortalecer su control general sobre el Oriente Medio.

En la primavera de 2011 Qatar comenzó a enviar armas a grupos de oposición en Siria con la aprobación de Estados Unidos. En pocas semanas, el gobierno de Obama recibió informes de que estas armas estaban llegando a los grupos terroristas. En noviembre el agente de la CIA Philip Giraldi escribió que a Turquía llegaban “aviones de combate no identificados de la OTAN”, que transportaban armas y que 600 cazas despegaron de Libia para apoyar al “Ejército Libre de Siria”.

El MI6 británico y las fuerzas especiales francesas ayudaron a los terroristas sirios y evaluaron sus necesidades de entrenamiento, armamento y comunicación, mientras que la CIA proporcionó equipo de comunicación e inteligencia. 

El gobierno de David Cameron inició la operación secreta en Siria después de que acabara de derrocar a Muammar Gaddafi en Libia, donde también trabajó junto a los yihadistas. Algunos de los terroristas libios que se unieron a los yihadistas sirios fueron entrenados por fuerzas británicas, francesas o estadounidenses en Libia para luchar contra Gaddafi. Algunos de ellos se unieron más tarde al Califato Islámico o a la filial de Al-Qaeda en Siria, el Frente Al-Nosra, que se convirtió en el grupo terrorista sirio más poderoso.

Gran Bretaña participó en una red de transporte de armas entregadas a Siria desde Libia a través del sur de Turquía, que fue autorizada a principios de 2012 tras un acuerdo secreto entre Estados Unidos y Turquía. Revelado por el periodista Seymour Hersh, el proyecto fue financiado por Turquía, Arabia saudí y Qatar, mientras que la CIA, con el apoyo del MI6, era responsable del transporte de armas desde los arsenales de Gaddafi hasta Siria.

La operación no fue revelada a las comisiones de inteligencia del Congreso de Estados Unidos, lo cual es necesario por la ley de Estados Unidos, y la participación del MI6 permitió a la CIA eludir la ley al clasificar la misión como una operación de enlace.

Hersh señaló que un gran número de terroristas en Siria que finalmente recibieron las armas eran yihadistas, algunos de los cuales estaban afiliados a Al-Qaeda. Qatar, principal aliado de Reino Unido en el derrocamiento de Gaddafi y que recuperaba su papel en Siria, ha estado suministrando armas y dinero al Frente Al-Nosra. El diario Telegraph informó de los comentarios de un diplomático de Oriente Medio de que Qatar era responsable del hecho de que el Frente Al-Nosra tuviera dinero, armas y todo lo que necesitaba parea la guerra.

En 2012 el ejército británico desarrolló planes para formar un ejército de 100.000 terroristas sirios “moderados” con el objetivo de derrocar a Assad, que iba a avanzar sobre Damasco bajo la cobertura aérea occidental y de los países del Golfo. Cameron fue informado de que esta iniciativa de extracción, equipamiento y formación tardaría un año en desarrollarse, pero el Consejo de Seguridad Nacional Británico rechazó la idea por considerarla demasiado arriesgada.

El plan estadounidense de formar una gran fuerza terrorista siria, que apareció en 2013, ha sido descrito como un eco de aquel plan británico.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

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