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Autor: Redacción (página 840 de 1362)

Lucy Parsons: una revolucionaria en el corazón de los trabajadores

Lucy Parsons fue una luchadora que testimonió que nunca la mujer en el movimiento obrero vivió la relación con el hombre como una lucha, sino ambos en lucha contra el poder del capitalismo, que era quien sometía a la mujer, y a los niños a condiciones de infrapersona. También a los varones, pero en mayor grado sometía a los que consideraba más débiles de entre los débiles, mujeres y niños. Esa era la lucha de mujeres y hombres, juntos contra la estrategia de opresión en la historia de la humanidad: la explotación de los débiles.

Lucy Parsons nació en 1853, en la ciudad de Waco, estado de Texas (EE.UU.). Nació esclava, hija de una mexicana negra llamada Marie del Gather y de padre mestizo John Waller. Quedó huérfana a los 3 años y fue testigo del racismo más crudo. Vio con sus propios ojos los linchamientos del Ku Kux Klan y debió huir a Chicago. Allí, en 1870, se unió a un hombre blanco, quien luego fue su compañero, Albert Parsons, que había sido amenazado de linchamiento por defender el registro de votantes negros. Tuvieron que casarse ilegalmente, por las leyes contra la mezcla racial.

Al llegar a Chicago, Albert Parsons consiguió un empleo como auxiliar en una empresa tipográfica, mientras que Lucy abrió un taller de costura donde hacía vestidos por encargo. Al mismo tiempo los Parsons se involucraron en el movimiento obrero de finales del siglo XIX. Ambos contribuyeron con una serie de artículos y reseñas en los periódicos. Lucy escribió para el periódico The Socialist en 1878 y The Alarm, el diario de la Asociación Internacional de los Trabajadores que habían fundado, junto con otros colaboradores, en 1883.

Inspirada por la gran acción de los obreros ferroviarios de 1877 -que desembocó en una histórica huelga general-, redoblaría su compromiso militante. Cuando Albert fue despedido por su actividad política, Lucy, único sustento del hogar y madre de dos hijos, se involucró en el Partido Socialista Laborista y se hizo miembro de los Caballeros del Trabajo, una de las primeras organizaciones que admitieron a negros y mujeres. Cuando no trabajaba como costurera, escribía regularmente artículos y pronto se convirtió en una destacada organizadora del Sindicato de Mujeres Trabajadoras del Partido Socialista Laborista. En 1883 rompería con este partido junto a Albert, enfrentándose a una corriente que adoptó una estrategia reformista, estaba convencida de que solo una revolución podría acabar con este sistema.

El año 1886 marcó un quiebre en la historia estadounidense. El 1 de Mayo fue declarada la huelga general. En Chicago, las fábricas y las calles se convirtieron en un hervidero de reivindicaciones obreras. Frente a la represión, que no se hizo esperar, miles de personas se reunieron en la Plaza Haymarket. Allí, la policía arremetió contra trabajadores y militantes socialistas y anarquistas. Ocho fueron falsamente acusados de poner una bomba. Entre ellos estaba Albert Parsons.

Lucy Parsons sufriría un duro golpe. Sin ninguna evidencia presentada a la corte que vinculase a Albert Parsons a las bombas de los episodios de Haymarket, Albert fue preso y condenado a muerte junto con August Spies, Adolf Fischer, Louis Lingg y George Engel por el estado de Illinois, todos ellos comprometidos con el movimiento obrero en la lucha a favor de la jornada laboral diaria de ocho horas.

Durante el año y medio que Albert estuvo detenido esperando la ejecución, Lucy viajó por todo el país, vendiendo panfletos y realizando multitudinarios discursos. El 21 de octubre de 1886 el diario argentino La Nación publicó una carta del escritor cubano José Martí en la que describía los sucesos que fue testigo el 2 de septiembre en la ciudad de Nueva York cuando fueron sentenciados los ocho obreros de Chicago.

En ella pueden leerse los siguientes fragmentos: “Allí la mulata de Parsons, implacable e inteligente como él, que no pestañea en los mayores aprietos, que habla con feroz energía en las juntas públicas, que no se desmaya como las demás, que no mueve un músculo del rostro cuando oye la sentencia fiera. Los noticieros de los diarios se le acercan, más para tener qué decir que para consolarla. Ella aprieta el rostro contra su puño cerrado. No mira; no responde; se le nota en el puño un temblor creciente; se pone en pie de súbito, aparta con un ademán a los que la rodean, y va a hablar de la apelación con su cuñado”.

De los ocho condenados, cinco fueron ejecutados en la horca el 11 de noviembre de 1887, pasando a ser conocidos en la historia de las luchas obreras como “Los Mártires de Chicago”, y Lucy Parsons –“la mulata que no llora”, como la describió Martí- se convirtió en “la viuda mexicana”.

La ejecución de Albert Parsons ocurrió el día 11 de noviembre de 1887 y, junto con la ejecución de los otros cuatro compañeros se tornó un referente para todo el movimiento obrero mundial, que pasaron gradualmente a adoptar el aniversario del 1º de mayo, como día de memoria y manifestación de la clase trabajadora.

Ese día, Lucy fue apresada y no pudo verlo antes de que fuera ejecutado. Esto no la desmoralizó. Posteriormente escribiría: “Nuestros camaradas no fueron asesinados por el estado porque tuvieran una conexión con la bomba sino porque estaban organizando a los esclavos del salario. La clase capitalista (…) creyó tontamente que matando a los espíritus activos del movimiento obrero del momento, iban a asustar a toda la clase obrera, manteniéndola esclava”.  Esta indómita mujer dedicó su vida a demostrar lo contrario.

Lucy consideraba que sólo la lucha por la libertad de la clase obrera en su conjunto podía llevar a una emancipación total de las mujeres. Por ello, llegó a acusar a la feminista Emma Goldman de perseguir una libertad individual (libertad sexual…) “dirigida a audiencias de clase media”.

La autora Carolyn Ashbaugh publicó en su libro: Lucy Parsons: American Revolutionary, Chicago: “El feminismo de Lucy Parsons consideraba que la opresión sufrida por las mujeres era resultado directo del capitalismo, se basaba en los valores de la clase obrera. Mientras que el feminismo de Emma Goldman tenía un origen diferente que el de la clase obrera”. Lucy cree que el matrimonio y la familia existe de forma natural en la condición humana y criticó a periódicos anarquistas por la realización de artículos de ataque a estas instituciones.

En 1905 se fundó la combativa organización Trabajadores Industriales del Mundo (IWW). Sólo hubo dos mujeres presentes. Una fue la valiente Mother Jones; la otra fue Lucy Parsons. En esa ocasión tomó la palabra: “Nosotras somos las esclavas de los esclavos. Somos explotadas más crudamente que los hombres. Cuando los sueldos deben ser rebajados, la clase capitalista usa a las mujeres para reducirlos (…) si cada hombre y cada mujer que trabaja (…) decide que debe tener lo que le pertenece por derecho (…) entonces no hay ejército lo suficientemente grande para vencerlos”. Comenzaron a editar el periódico Liberator, que servía de vehículo de comunicación para la IWW en la ciudad de Chicago. El enfoque de Lucy siempre tenía como base la lucha de clases, contra la pobreza y el desempleo. En enero de 1915 Parson organizó personalmente manifestaciones de hambrientos por las calles de Chicago, llevando tras de sí a la AFL y al Partido Socialista a tomar parte en una gigantesca manifestación el 12 de febrero.

Algunos años más tarde, en 1920 sería etiquetada por el Departamento de Policía de Chicago como “más peligrosa que mil insurrectos”. Parsons precedió a las huelgas sit-down (sentadas) en los Estados Unidos y, más tarde, las ocupaciones de fábricas en la Argentina. Habría dicho, “Mi concepto de la huelga en el futuro no es una paralización que a su fin la gente se vaya a su casa volviendo a sus hogares hambrientos, sino una huelga en que todos se mantendrán de paro y tomarán los medios de producción necesarios para sí”.

En 1927 comenzó a trabajar en el Comité Nacional de Defensa del Trabajo, una organización que tenía como objetivo defender la libertad de organización de las actividades políticas de los trabajadores y la defensa de los afroamericanos que habían sido injustamente acusados por crímenes que claramente no habían cometido.

En 1941 Lucy realizaría su última aparición pública, durante una huelga. Ni la temperatura helada, ni la ceguera, ni sus 88 años, amainaron su discurso. Curiosamente, se dirigía a obreros que se enfrentaban a la fábrica Internation al Harvester, heredera de la planta McCormick, en la cual el asesinato de seis trabajadores había encendido la chispa para la revuelta de la plaza Haymarket en 1886.

Cuando Lucy Parsons murió en 1942, la policía allanó su departamento y confiscó sus cuantiosos libros y artículos, más de 1.500, que fueron entregados al FBI. Aunque la pérdida fue grande, las huellas de Lucy se mantienen vivas. Elizabeth Gurley Flynn escribió en su obituario: “Ella no vivió en el pasado. Ella vivió para el futuro. Ella vivirá en el futuro, en el corazón de los trabajadores”.

https://solidaridad.net/lucy-parsons-luchadora-del-movimiento-obrero/

El Club de Roma, anatomía de un grupo de presión

La explosión demográfica y la contaminación ambiental se convirtieron en temas predilectos de la prensa latinoamericana en la década de los setenta.

Una aciaga ideología comenzó a surtir de catástrofes futuras las columnas del periodismo especializado primero, y del general, en seguida. Fue, por un momento, como si hubiera renacido de sus cenizas el mismo Oswald Spengler, profeta de hecatombes, que al trazar un paralelo entre la Historia y la vida de un organismo, fatalmente debía caer en el pesimismo.Lamentablemente, se supo que esta ideología emanaba de un círculo cerrado de intelectuales, el Club de Roma, que reconocía a su vez una paternidad directa en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

La dilatada polémica a la que dio lugar el Club de Roma está reflejada en las páginas de este libro, que abre el intelectual brasileño Celso Furtado y cierra el vicepresidente de Estados Unidos Nelson Rockefeller, paradógicamente coincidentes en que una filosofía que propone el no-crecimiento de la humanidad, es una filosofía que sencillamente niega los fundamentos de su existencia.

El idealismo con el que gran parte de la izquierda ha asumido la tesis del decrecimiento, olvidando el siniestro origen del concepto y sus autores, sin atender a conceptos como soberanía energética, liberación nacional o desarrollo para todos es un ejemplo perfecto de lo vago del término.

Es importante que pensemos no en “decrecer”, sino en preguntarnos para qué crecemos y para quién, ya que podemos crecer creando una sociedad miserable y desigual (Tailandia, Estados Unidos o Malasia, como ejemplos extremos) o podemos crecer resolviendo desde problemas ambientales o eliminando la injusta distribución de la renta bajo el capitalismo.

Descargar el libro ‘El Club de Roma: anatomía de un grupo de presión’

Más información:
— Público asume las tesis del imperialismo sobre los límites del crecimiento

La burguesía no ha creado una corriente ‘feminista’ en torno a las mujeres sino a las subvenciones

El feminismo burgués parece tener un tamaño mayor del que en realidad tiene porque está dopado con subvenciones públicas y privadas, que a lo largo de los años han ido tejiendo una amplia red clientelar que alcanza a institutos, fundaciones, observatorios, ONG, que van del ámbito más general, el europeo, al más local y restringido.

En tiempos de recortes, este año el Instituto de la Mujer ha incrementado su presupuesto en un 25 por ciento, a pesar de que es un organismo absolutamente parasitario y vacío de contenido, que se limita a subcontratar y repartir prebendas entre las principales correas de transmisión de los partidos políticos institucionales y, en especial, del PSOE.

La burguesía no ha creado un movimiento “feminista” en torno a la mujer sino en torno a subvenciones. “Estamos ante los presupuestos más feministas de la historia”, dijo la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, cuando el 14 de enero compareció en el Congreso de los Diputados a presentar las cuentas públicas (1).

La ministra aseguró a los medios que se había puesto “las gafas moradas” a la hora de echar cuentas. Es un signo de la modernidad: en todo tiene que aparecer un impacto ecológico y otro “de género”. Una parte del gasto público tiene que revertir en inflar las subvenciones del entramado feminista burgués.

Además, en los presupuestos había un factor coyuntural que no podía dejar de aparecer, la famosa “ultraderecha”, verdadera navaja suiza multiusos. Los presupuestos “feministas” eran “el mejor antídoto contra Vox o contra los populismos que quieren retroceder en materia de género en esta país”, dijo la ministra.

Ambos se necesitan porque se justifican con su espejo: el feminismo burgués define a los “ultras” con relación a sí mismo, y a la inversa. El eje fascista – antifascista se acabará confundiendo con el feminista – machista.

Por supuesto, no es necesario recordar que las subvenciones no son asistenciales, ni sus destinatarios son las mujeres afectadas, maltratadas o emigrantes sino las propias organizaciones “feministas”. El capitalismo todo lo convierte en mercancía y la mujer -los distintos tipos de mujeres- no podían ser una excepción. La burguesía no podía hacer otra cosa más coherente con su clase social que esa: convertir a las mujeres en mercancías.

El pastel es tan grande que para apoderarse de un trozo los partidos institucionales han creado sus propias correas de transmisión “feministas”, aunque no todo se rige sólo por las leyes del mercado. No olvidemos que el problema principal es político, que se trata de abducir la lucha de la mujer trabajadora, sacarla de la lucha de clases.

Para ello hay que presentar el negocio como una “lucha”, especialmente como una lucha por la igualdad. Al mismo tiempo, para que el mercado no se agote, la igualdad es algo que no se puede ni se debe alcanzar nunca. La lucha por la igualdad es como la lucha por justicia, o por la paz, o por la verdad: entelequias inagotables.

Eso mismo le imprime a este movimiento un carácter reivindicativo, que es el terreno fértil del reformismo y el progrerío. Por eso el feminismo burgués lo dirige básicamente el PSOE, que si no tuviera ese asidero tendría muy poco sitio. “El PSOE impulsará una Escuela de Feminismo para formar en igualdad y contra la violencia de género”, titulaba un medio en julio del año pasado (2).

Otro de los proyectos es crear facultades especializadas en estudios “de género” porque la mujer es una fuente temática inagotable. En matemáticas están los grandes ordenadores, en astronomía los grandes telescopios, en física los aceleradores de partículas y en las ciencias humanas las mujeres acaparan buen parte de los fondos de investigación más sustanciosos.

En el entramado “feminista” del PSOE hay algunos organismos clave: la Fundacion Mujeres, la Federación de Mujeres Progresistas, la Asociación de Juristas Themis, la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), la Asociación Española de Mujeres Profesionales de los Medios de Comunicación (AMECO), la Coordinadora Española del Lobby Europeo de Mujeres (CELEM), la Federación Nacional de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas y su Centro de Atención Reinserción y Rehabilitación de Mujeres Maltratadas (CARRMM).

Estos organismos son auténticos “holdings” monopolistas. No sólo obtienen subvenciones, tanto europeas como autóctonas, para sí mismas sino que, a su vez, reparten bocados o migajas a miles de colectivos de mujeres de muy diferente tipo, todas ellas “sin ánimo de lucro”.

A partir de ahí, las asociaciones crean su red clientelar de puestos de trabajo, estudios de campo, casas de acogida, puntos de encuentro, gabinetes psicológicos, despachos de abogados y trabajadores sociales.

Los sueldos tienen muy poca relación con una trabajadora cualquiera. Pero la burguesía no se refiere a eso cuando habla de “brecha salarial”. De media, los institutos de la mujer que están en funcionamiento pagan 50.000 euros anuales de sueldo a sus cargos. Si quieren ver lo que ganan en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, echen un vistazo a este enlace (3).

La consecuencia es que el PSOE recauda más votos femeninos que masculinos, que es de lo que se trata. Ahora bien, cuando la votante se define como “feminista”, su elección va un poco más allá, hacia Podemos e Izquierda Unida.

El reformismo se quedaría vacío de contenido sin el “feminismo” burgués que llena sus alforjas.

(1) https://www.lavanguardia.com/economia/20190115/454145749312/presupuestos-2019-feminismo-vox-politicas-genero-montero-sanchez.html
(2) https://www.20minutos.es/noticia/3394686/0/psoe-impulsara-escuela-feminismo-para-formar-igualdad-contra-violencia-genero/
(3) http://transparencia.gob.es/servicios-buscador/contenido/retribuciones.htm?id=RET_anyo_2016_E04921901&lang=es&fcAct=2017-02-17T07%3A28%3A46.943Z

Alejandra Kolontai: la mujer alcanzó la mayoría de edad en la Revolución de 1917

Alejandra Kolontai era la hija única de la familia Domontovitch, su apellido de soltera, perteneciente a la nobleza terrateniente. Su padre era un general del ejército imperial de origen ucraniano y su madre, casada en segundas nupcias, era de origen finlandés y campesino.

Su infancia y juventud transcurrieron entre Petrogrado y Finlandia, entonces una región perteneciente al imperio zarista. Sus padres no la enviaron a la escuela para evitarle las malas compañías, por lo que estudió con clases particulares, especialmente bajo la dirección de Víctor Ostrogorski, historiador de la literatura rusa, quien le animó a escribir en la prensa.

Para emanciparse de su familia, se casó muy joven con un primo suyo, el ingeniero Kolontai, de quien tomó el apellido, tuvo un hijo y se separó a los tres años.

Hacia 1890 comenzó a colaborar con asociaciones de difusión cultural que servían de instrumento para actividades clandestinas, para instruir y organizar a los trabajadores. Imparte clases en escuelas nocturnas para obreros y también toma parte en los debates intelectuales que tienen lugar ene la oposición liberal. En una de ellas, concretamente en la de la familia de Elena Stassova, conoce la existencia de una corriente que pretende revisar el marxismo y que en Rusia tiene como traductores a los llamados marxistas legales, una variedad temprana del revisionismo cuyo objetivo era la modernización de Rusia como paso previo al socialismo. Pero los cantos de sirena del reformismo no la seducen.

La convivencia con las 12.000 obreras tejedoras de la fábrica Kremgolskaia, en Nerva, le impresionó profundamente. La huelga de 36.000 obreros textiles de Petrogrado en 1896 consolidó definitivamente sus ideas políticas revolucionarias. Junto con Elena Stassova y muchas otras militantes que entonces trabajaban al margen del Partido, organizó colectas para sostener económicamente a los huelguistas.

Entonces aún no conocía el marxismo y sus simpatías estaban próximas al populismo y la lucha armada. Tras la experiencia en la fábrica Kremgolskaia comenzó a estudiar el marxismo para consolidar su formación ideológica.

En un primer momento intentó abrirse vías como escritora. Escribió una novela que envió a Vladimir Korolenko, el escritor populista que ayudaba a los jóvenes escritores. Korolenko le contestó que era una mala novela pero que debía de continuar en su empeño. Cambió la ficción por el ensayo. En 1898 escribió su primer estudio sobre sicología de la educación, titulado “Bases de la educación según Dobroliubov” que publicó la revista Obrazovanie que entonces tenía una carácter pedagógico antes de transformarse, bajo la dirección de A.Yu.Ostrogorski, en uno de los órganos legales de los marxistas rusos.

En busca de una formación ideológica más sólida, ese mismo año salió para Zurich a fin de estudiar ciencias económicas y sociales bajo la dirección de Herkner, un teórico socialdemócrata. En Alemania conoció a Clara Zetkin cuyo pensamiento feminista le influyó poderosamente.

Aquel mismo año se produjo en la socialdemocracia alemana la aparición del revisionismo de Bernstein, al cual se adhirió Herkner. Pero no fue éste el camino adoptado por Kolontai, que se alineó con las posiciones, entonces revolucionarias, de Kautski y Luxemburgo, según contó ella misma en sus memorias: “Me entusiasmé con Kautsky”, dirá, devorando la revista Die Neue Zeit, editada por él, y con los artículos de Rosa Luxemburgo. “Me interesó particularmente el librito de ésta ‘Reforma o revolución’, donde refutaba la idea integracionista de Bernstein”.

En 1899 Herkner la envía a Inglaterra para estudiar el movimiento obrero inglés y le pone en contacto con Sydney y Beatrice Webb a fin de disuadirle de sus posiciones revolucionarias y que se adhiriera al revisionismo. Pero Kolontai había entrado en contacto con las organizaciones marxistas revolucionarias. Regresa a Rusia y escribe artículos contra el revisionismo en la revista Nautchnoie Obozrenie y se incorpora a la lucha clandestina contra el zarismo. Organiza círculos obreros en Finlandia, redacta octavillas, distribuye la prensa ilegal y escribe también sobre la lucha de liberación nacional de aquel pueblo en revistas económicas alemanas. También redacta una de sus obras más importantes, la Vida de los obreros finlandeses.

En 1901 sale de nuevo al extranjero y colabora estrechamente con Kautski y Luxemburgo en Alemania, con Plejanov en Ginebra y con Paul Lafargue en Francia. En 1903 publicó su libro Las condiciones de vida de los obreros finlandeses. Cuando aquel mismo año la socialdemocracia rusa se escinde entre mencheviques y bolcheviques, Kolontai simpatiza con los bolcheviques pero su estrecha relación personal con Plejanov le impide romper definitivamente con los mencheviques, por lo que se ofrece a ambos como agitadora.

El inicio de la Revolución de 1905 le sorprende en la calle y es testigo de la impresionante masacre de los obreros a manos de la policía zarista:

“Me dirigía con los manifestantes hacia el Palacio de Invierno -recuerda- y la imagen de la masacre cruel de los obreros desarmados se grabó para siempre en mi memoria, un día de enero extraordinariamente soleado, los rostros confiados en la espera, la señal fatídica de las tropas desplegadas en torno al Palacio… mares de sangre sobre la blancura de la nieve, los látigos de cuero, los gritos, los gendarmes, los muertos, los heridos… los niños tiroteados. El comité del partido desconfiaba de esta manifestación de 9 de enero. Un buen número de camaradas en las reuniones obreras convocadas a este efecto trataron de disuadir a los obreros de participar en esta manifestación que les parecía no ser más que una provocación y una trampa. En cuanto a mí, yo pensaba que había que acudir. Esta manifestación demostraba la determinación de la clase obrera, era una escuela de actividad revolucionaria. Yo entonces era una apasionada de las decisiones del Congreso de Amsterdam sobre las acciones de masas”.

Tras la jornadas de enero la actividad revolucionaria adquirió más fuerza y energía. Los bolcheviques de Petrogrado comenzaron a editar su diario clandestino en el que Kolontai colaboraba no sólo en calidad de periodista sino también en la técnica de edición. Se esfuerza en promover la unidad de acción de los socialdemócratas rusos y finlandeses.

Fue una de las primeras mujeres en promover la organización de las mujeres obreras dentro del Partido, organizando reuniones específicas para ellas. A partir de 1906 defendió la idea de que una organización de las obreras no debía ser independiente pero que debía crearse una comisión en la dirección del partido para defender y representar los intereses de la mujer trabajadora.

En aquel año se separó de los bolcheviques porque se declaró contraria a la participación en las elecciones a la Duma y desde entonces hasta 1915 se incorporó a los mencheviques.

En 1908 publicó otro libro, “Finlandia y el socialismo” que da buena prueba de la capacidad de análisis y de investigación de Kolontai. Pero ese mismo año tiene que huir otra vez de Rusia porque le abren dos procesos, uno por organizar a las obreras del textil y otro por realizar un llamamiento a la insurrección. Permanecerá en el exilio hasta la revolución de febrero de 1917. Se instala en Alemania, afiliándose al partido socialdemócrata alemán y luego al partido belga. Trabaja como agitadora, escritora y propagandista en Francia, Inglaterra, Suiza, Bélgica, Italia, Dinamarca, Noruega y Estados Unidos, en donde permanece en los años 1915 y 1916.

En 1914, al comenzar la guerra imperialista, adoptó una posición revolucionaria internacionalista. Escribió un folleto titulado ¿A quien sirve la guerra? que tuvo una gran acogida y en el que denunciaba los intereses imperialistas y el patriotismo burgués como principales responsables de la feroz contienda. Participa en la II Conferencia Internacional de las Mujeres Socialistas y en la famosa Conferencia de Zimmervald. Fue detenida en Alemania, expulsada a Suecia y detenida de nuevo por propaganda antimilitarista. Su postura internacionalista le lleva a romper hacia 1915 con los mencheviques, volviendo a incorporarse al Partido bolchevique donde, por encargo de Lenin, colabora en agrupar a las corrientes antimperialistas de la socialdemocracia internacional en los países escandinavos y en Estados Unidos.

La Revolución de febrero de 1917 le permite regresar de nuevo a Rusia, donde es la primera mujer elegida para el comité ejecutivo del soviet de Petrogrado y desarrolla su labor revolucionaria entre los marinos de la Flota del Báltico y los soldados de la guarnición de la capital.

En las jornadas de julio de aquel año fue detenida y encarcelada junto con otros dirigentes bolcheviques por el gobierno provisional burgués de Kerenski. Estando encarcelada, el VI Congreso del Partido bolchevique, celebrado en 1917, le elegió miembro del Comité Central. Fue liberada poco antes de la Revolución de Octubre por exigencia del soviet de Petrogrado.

En el momento de preparar la Revolución de Octubre se pronunció a favor de la toma del poder. En las elecciones a la Asamblea Constituyente, ocupó el tercer puesto dentro de la candidatura bolchevique.

Tras la Revolución fue comisaria del pueblo o ministra de Previsión Social, encargada de la asistencia pública y la Seguridad Social en el primer gobierno revolucionario. Era la primera vez en la historia que una mujer era nombrada ministra en un gobierno. Se hizo mundialmente conocida a causa de ello pero los viejos funcionarios zaristas, hostiles a la revolución y ser dirigidos por una mujer, la recibieron con una huelga.

Desde su cargo promovió más medidas avanzadas de los que ningún gobierno capitalista ha sido nunca capaz de alcanzar: firmó la supresión de los cultos, el reparto de las tierras de los monasterios a los campesinos, redactó los primeros decretos de asistencia maternal y protección a la infancia, habilitó infinidad de comedores públicos y creó las primeras guarderías públicas. También era la primera vez en la historia que un gobierno se preocupaba de ese tipo de problemas de los trabajadores. En muy pocos días la revolución adoptó numerosas medidas sociales que poco antes parecían imposibles. Se facilitó el derecho al aborto y desapareció el concepto de hijo ilegítimo. El matrimonio y el divorcio se redujeron a un trámite sin complicaciones. En el terreno económico se abolieron las trabas que impedían el acceso de la mujer al trabajo y a la administración.

Con la Revolución de 1917 la mujer rusa alcanzó su mayoría de edad. Podía participar en todos los sectores de la vida pública en igualdad de condiciones con los hombres y estas enormes posibilidades iban acompañadas por el ejemplo que constituían mujeres que, como Kolontai y otras bolcheviques, adelantaban las características de un tipo de mujer del futuro. La situación de igualdad recién adquirida por las mujeres rusas las situaba en una posición ventajosa respecto a las mujeres del resto de Europa. Efectivamente, los países de la Europa burguesa apenas empezarían a reconocer el derecho de voto a las mujeres entre los años 20 y 30. La propia Alejandra hizo en 1921 el siguiente balance de los primeros tiempos del poder soviético: Durante los tres años de revolución, en los que se derribaron los pilares fundamentales de la sociedad burguesa y se intentaba tenazmente erigir con la mayor rapidez posible las bases para la sociedad comunista, reinaba una atmósfera en la que las tradiciones rebasadas se extinguían con rapidez increíble. En su lugar brotaban ante nuestros ojos formas totalmente nuevas de sociedad humana. La familia burguesa ya no era indispensable. La mujer por razón del trabajo general obligatorio para la comunidad, y en ésta, se encontraba con formas de vida totalmente originales. Se hallaba obligada a estar presente en el trabajo no sólo exclusivamente para su propia familia, sino también para la colectividad; surgían nuevas condiciones de vida y también nuevos tipos de matrimonio.

En 1919 se trasladó al comisariado del pueblo de Propaganda y Agitación de la República de Crimea.

A partir de 1920 fue responsable de la organización de mujeres del Partido bolchevique, encargada del trabajo político entre las obreras.

En los años 1920 y 1921, durante la discusión acerca de los sindicatos, Kolontai participó activamente en la fracción antipartido denominada oposición obrera, que comenzó a actuar por primera vez con este nombre en setiembre de 1920 en la IX Conferencia del Partido bolchevique. Sus tesis eran de tipo anarcosindicalista y preconizaban que la dirección de la economía pasara a los sindicatos, a los que reputaban como una forma superior de organización de la clase obrera, contraponiéndolos al Estado y al Partido. El X Congreso criticó estas posturas y la mayor parte de sus miembros de la fracción, entre ellos Kolontai, la abandonaron.

Por eso precisamente, la obra más divulgada de Kolontai en los países capitalistas es precisamente “La oposición obrera”, en los que exponía sus erróneos puntos de vista sobre la cuestión sindical.

De 1921 a 1922 fue responsable del Secretariado Femenino Internacional adjunto a la Internacional Comunista.

Desde 1923 ocupó cargos de responsabilidad en el cuerpo diplomático. Fue la primera mujer embajadora de la historia. Primero fue representante comercial plenipotenciaria de la URSS en Noruega, después agregada al cuerpo diplomático en calidad de encargada de negocios en mayo de 1924 y, finalmente, ministra plenipotenciaria y enviada extraordinaria de la URSS en Noruega en agosto de 1924. De 1926 a 1927 dirigió la embajada de la URSS en México pero, a causa de problemas cardiacos, volvió a su puesto en la embajada de Noruega hasta 1930, donde logró que el renegado Trotski fuera expulsado de aquel país. Entre este año y 1945 fue embajadora en Suecia y desempeñó un papel activo en la preparación del Tratado de Paz con Finlandia por lo que fue candidata para el Nobel de la Paz en 1943.

En 1945 regresó a Moscú, donde vivió retirada y falleció el 9 de marzo de 1952.
 

Más información: 

– Recuperemos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora de las manos de la burguesía
– 8 de Marzo, el día que las mujeres proletarias le prendieron fuego al mundo 

Ejércitos privados, mercenarios legales

Marcelo Colussi

Con el surgimiento del mundo moderno que trae el capitalismo y el afianzamiento de los Estados nacionales, la defensa de la soberanía, o las guerras de conquista, cada vez más fueron confiándose a ejércitos regulares bien entrenados, profesionalizados y crecientemente especializados. De tal forma, los mercenarios  figura histórica, legendaria, que existió desde la antigüedad en todos los contextos (psicópatas hubo siempre)  fueron desapareciendo. La sistematización de los ejércitos modernos inspirados en el modelo prusiano decimonónico terminó definitivamente con los combatientes mercenarios (no así con los psicópatas). Pero el neoliberalismo de fines del siglo XX los trajo nuevamente.

Desde la última década del pasado siglo, la proliferación de estas empresas militares privadas, habitualmente conocidas como contratistas, ha tenido un aumento exponencial. Si bien muchas potencias las poseen, es en Estados Unidos donde se registra el mayor crecimiento. Entre otras pueden mencionarse: Academi (la más grande del mundo, anteriormente llamada Blackwater nombre que debió cambiar por cuestiones de imagen al haber sido denunciada por tremendos excesos en las operaciones en que participó,  “una prolongación patriótica de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos”, según dijera uno de sus fundadores), DynCorp, Aegis Defense Services, G4S, CACI , Titan Corp,  Triple Canopy, Unity Resources Group, Defion International. La gran mayoría de ellas son de origen estadounidense, pero el fenómeno se expandió por todo el mundo. Incluso Rusia, retornando al sistema capitalista, también presenta estos  contratistas.

Varios son los motivos que explican este impresionante crecimiento: por un lado, el fabuloso negocio que representan. En la actualidad estos ejércitos privados mueven más de 100.000 millones de dólares al año. Como dice el epígrafe de Scahill: “La guerra es un negocio y el negocio ha ido muy bien”.

Las guerras de Irak y Afganistán, formalmente desplegadas por coaliciones multinacionales, pero en verdad lideradas por las fuerzas armadas de Estados Unidos, marcaron el uso abierto de ejércitos privados (mercenarios), pagados con dineros federales por Washington. Para inicios del 2008 había en Irak más contratistas privados (se calculan 190.000) que tropas regulares del ejército. Según un informe del Congreso de ese país, en la guerra del Golfo Pérsico se pagaron 85.000 millones de dólares en el período 2003-2007, lo cual representa el 20 por ciento de todo lo desembolsado por Estados Unidos en esa contienda.

Otro gran motivo que fundamenta este crecimiento es de orden político: resentida aún del síndrome de Vietnam (con alrededor de 60.000 muertos), la clase dirigente estadounidense y su administración federal prefieren ocultar el número de bajas en sus aventuras bélicas. Los contratistas, al no ser soldados regulares de sus fuerzas armadas, pasan más desapercibidos para la opinión pública.

Existe otro motivo más, no muy explícito, pero de gran peso: los mercenarios, por no ser miembros de una fuerza regular sino personal “independiente”, no están sujetos a regulaciones internacionales que norman las guerras, como las Convenciones de Ginebra. Si bien Estados Unidos firmó esos tratados, no los ratificó, por lo que no se somete a ellos. De esa cuenta, los ejércitos privados están en un cierto limbo legal, lo cual les excluye del Derecho Internacional. Así, las tropelías y excesos que puedan cometer (y que de hecho cometen) quedan relativamente fuera de toda normativa. Ejemplos al respecto hay numerosos. La tristemente célebre empresa Blackwater, ahora rebautizada Academi para borrar su anterior mala imagen, está asociada a los peores crímenes de guerra, pero pese a ello, el gobierno federal de Estados Unidos sigue asignándole millonarios contratos. La corrupción y la impunidad, como se ve, no son patrimonio de los  atrasados  países del Sur. (A título complementario: Donald Trump insiste enfermizamente en la construcción del muro en la frontera con México ¡porque está ligado a empresas constructoras!).

Las empresas contratistas militares se especializan en todo tipo de servicios que tengan que ver con una avanzada bélica; se encargan de aspectos logísticos y aprovisionamiento de la tropa, de telecomunicaciones, tareas de enlace, vigilancia, adiestramiento de combatientes y, por supuesto, de combate abierto (las torturas o acciones  oscuras  no se declaran, pero también las hacen, como fue el caso de la famosa cárcel de Abu Ghraib, en Irak, o las operaciones encubiertas para provocar a Venezuela realizadas desde territorio colombiano, donde participan paramilitares  de difusa procedencia). En lo tocante a lucha frontal, la experiencia de numerosas intervenciones en distintos puntos del globo muestra que efectivamente tienen una gran capacidad operativa, pues actúan al lado de las fuerzas regulares, en muchos casos con vehículos blindados, helicópteros artillados y armamento de asalto de alta tecnología.

El personal que contratan está dado, en general, por ex miembros de ejércitos con alta capacitación y experiencia de combate; muchas veces son comandos especializados, soldados de élite (a tal punto, que muchos cuerpos de estas unidades regulares de lujo se han visto afectados, dado que sus integrantes prefieren la paga de una empresa privada a la recibida en su puesto estatal). Un mercenario en algunas de estas contratistas puede llegar a cobrar 1.000 dólares diarios. El negocio de la muerte paga bien, sin dudas. ¡Eso es el capitalismo!

Dentro de las fronteras estadounidenses, después de la fiebre paranoica desatada con la caída de las Torres Gemelas en el 2001, proliferaron estas empresas privadas ofreciendo  seguridad. De ahí que hoy es común ver a contratistas custodiando puertos, aeropuertos, cárceles y centrales nucleares. Salvando las distancias, sucede lo mismo que en un pobre paisucho atrasado  como Guatemala; allí, ante la proliferación fabulosa de agencias de seguridad privada (¡que no pagan 1.000 dólares diarios a sus agentes contratados!), es  aleccionador lo dicho por un ex pandillero:  “No soy sociólogo ni politólogo, pero me doy cuenta que hay una relación entre un chavo marero al que le dan la orden de cobrarle extorsión a todas las tiendas de una comunidad y el diputado que tiene una agencia de seguridad, y al día siguiente está ofreciendo sus servicios”.

El negocio de la guerra, o si se quiere, el negocio de la violencia  que se alimenta del miedo de la gente da muy buenas ganancias. Palabras altisonantes como libertad, democracia, derechos humanos y otras preciosuras por el estilo, quedan perforadas por los disparos. “Donde hay balas sobran las palabras”, rezaba una pinta callejera en algún arrabal latinoamericano. Lamentablemente, es cierto.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=253282

Argentina está otra vez a un paso del colapso económico y los despidos en masa

“A un paso del colapso económico (de nuevo)”. Así define la revista estadounidense de finanzas Forbes, en su versión mexicana, la situación de la Argentina tras casi cuatro años de gobierno de Mauricio Macri.

Para Forbes, el “rescate financiero del FMI hizo que Argentina no tocará fondo, pero, su situación se agrava debido a la fuga de capitales”. Menciona que empresas como Coca Cola-Femsa pidieron un procedimiento preventivo de crisis y planean despidos. Ya la versión estadounidense de Forbes había alertado en febrero del año pasado a los inversores que podía ser el “momento de salir de la Argentina”.

El artículo de Forbes señala la devaluación del 50 por ciento del peso frente al dólar en 2018 y señala que el crédito del Fondo Monetario Internacional sirvió apenas para frenar la caída de la moneda argentina.

“A los tres meses se le entregaron otro 7.000 millones de dólares más respecto al paquete original, con el objetivo de detener su alta inflación, que cerró en 40,5 por ciento durante 2018”, recuerda la revista y señala que como contrapartida a ese préstamo el Gobierno debe apuntar a “déficit cero” en 2019. Ese es el único “acierto” que destaca Forbes, que Cambiemos logró superar la meta fiscal acordada con el FMI para el año pasado.

Sin embargo, menciona como uno de los principales problemas de la economía argentina su nivel de endeudamiento. “Aumentó 20 puntos porcentuales del PIB entre 2017 y el segundo trimestre de 2018, alcanzando una deuda pública de 77,4 por ciento del PIB”, alerta al citar cifras de la Cepal.

Como parte del panorama, Forbes agrega que “empresas de talla internacional como Coca-Cola Femsa, Avianca y Carrefour” ya pidieron procedimientos preventivos de crisis para avanzar con despidos masivos.

(*) https://www.forbes.com.mx/argentina-esta-a-un-paso-del-colapso-economico-de-nuevo/

El subconsciente anticapitalista

Yago Paris

En una escena del principio de “El circo”, Charlot deambula por una feria, entre atracciones y puestos de comida callejera. Un ladrón ha ocultado en uno de los bolsillos del protagonista, sin que este último se haya percatado, una cartera repleta de dinero que acaba de robar. Cuando el delincuente trata de recuperarla,  un policía lo pilla con las manos en la masa y lo arresta. El agente de la ley le entrega la cartera al vagabundo intrepretado por Charles Chaplin porque cree que le pertenece.

Charlot, un pobre diablo que vive en la calle, es un ser sin maldad que sobrevive gracias a su picaresca —en la escena anterior, preso del hambre, había desarrollado un gag donde se comía el perrito caliente de un niño. Vive de la forma más honrada posible, sin mayor aspiración que encontrar un techo cada noche y alguna migaja que llevarse al estómago. Todo cambia cuando recibe la cartera.

Para tomar conciencia de que ahora posee mucho dinero gracias a un giro del destino, el personaje interpretado por Charles Chaplin sigue el proceso básico del payaso: detenerse ante lo que acaba de suceder, comprenderlo y reaccionar de manera consecuente expresando con total franqueza los sentimientos que le suscita la situación. El vagabundo, que ha vivido toda la escena al lado de un puesto de perritos calientes, cambia de carácter de manera radical, dejando atrás su sonrisa afable y su inofensiva picaresca para dar paso a un estado mental transitorio dominado por el capitalismo.

Se siente un ser superior al resto por tener la cartera llena, con la potestad de maltratar al prójimo. Se gira hacia el dependiente del puesto y, sin dudarlo, comienza a gritarle y a hacer aspavientos, indicándole que prepare una buena tanda de comida. El gag se desarrolla en segundo plano, como si el autor no le prestase especial atención al momento. Rodada con la lejanía del plano americano, la situación termina al instante, como si fuera un mero nexo con el que dar paso a la siguiente escena.

El circo es uno de los muchos ejemplos donde el actor y director inglés mostró su ideología de izquierdas. En este caso, la cinta aborda el mundo del circo, y cómo la parte artística del espectáculo ha sido aplastada por la gestión capitalista, por la cual la disciplina militar y el uso de la violencia contra los artistas están a la orden del día. En su conjunto, el filme se construye como un alegato en favor de la expresión artística entendida como acto puro, espontáneo, que no puede ejecutarse como si de una ecuación matemática se tratase. Aunque loable, parece evidente que la reflexión es un tanto ingenua, o, cuando menos, tremendamente simplista, si lo que se quiere es establecer un retrato veraz de todo lo que implica el arte.

Al mismo tiempo, llama la atención que el gag de la cartera, ese al que el creador apenas ha prestado atención y que para muchos espectadores habrá pasado desapercibido, acabe siendo, por su lucidez y por las múltiples capas de lectura, la mayor crítica al capitalismo que presenta la película. Como si fuera de manera subconsciente, da la impresión de que Chaplin volcó su ideología en ese pequeño gag sin que pareciera que fuera realmente consciente de lo que estaba haciendo.

https://insertoscine.com/2019/03/06/el-subconsciente-anticapitalista/

Trump rectifica: mantendrá a las tropas de Estados Unidos ocupando Siria

Ahora Trump rectifica y les dice a los miembros del Congreso de Rrepresentantes que está totalmente de acuerdo en mantener a las tropas de Estados Unidos ocupando Siria, el canal NBC.

Un grupo de senadores y representantes de ambos partidos, republicanos y demócratas, escribió a Trump el 22 de febrero para celebrar su decisión de mantener un pequeño contingente de soldados en Siria como fuerza de estabilización.

Una copia de esa carta muestra que Trump destacó un párrafo sobre los objetivos de la prolongada presencia estadounidense en Siria. “Estoy de acuerdo al 100 por cien. Todo se está haciendo”, escribió Trump en la carta como respuesta, antes de añadir su firma.

El 21 de febrero la Casa Blanca anunció que Estados Unidos dejaría unos 200 soldados en Siria incluso después de la retirada del resto de las tropas estadounidenses. Al día siguiente Trump confirmó que una pequeña porción de las fuerzas estadounidenses permanecería en Siria con tropas de otros países.

Citando a un alto funcionario del gobierno, los medios de comunicación informaron posteriormente que el ejército estadounidense dejaría unos 400 soldados en dos regiones diferentes de Siria.

Según dicho funcionario, la mitad de esos soldados se unirían a la fuerza multinacional de 800 a 1.500 soldados que ha invadido el noreste de Siria para mantener una zona de amortiguación entre Turquía y las fuerzas kurdas respaldadas por Estados Unidos. Los 200 soldados restantes permanecerían en la base de Al-Tanf, cerca de la frontera de Siria con Irak y Jordania.

Después de proclamar su victoria sobre el Califato Islámico, Trump anunció en diciembre de 2018 la retirada de las tropas estadounidenses de Siria. Esta decisión llevó a la dimisión de James Mattis, entonces Secretario de Defensa de Estados Unidos.

Clara Zetkin: el feminismo, la clase obrera y la revolución socialista

Clara Zetkin nació el 5 de julio de 1857 en Wiedenau (Sajonia). Era hija de un maestro rural. De los 17 a los 21 años estudió magisterio en Leipzig, en donde entró en contacto con un grupo de estudiantes rusos exiliados, entre los que se hallaba el revolucionario Ossip Zetkin, afiliado a la socialdemocracia alemana, con quien se casó en 1882.

En 1880 se trasladó a Austria y luego se trasladó a Zurich, donde al año siguiente se afilió al Partido Socialdemócrata alemán.

En 1882 se instaló en París, donde también desarrolló una intensa actividad política. En 1889 trabajó activamente en la preparación del Congreso de fundación de la II Internacional con numerosos artículos en la prensa socialista alemana. Acudió al mismo como corresponsal del órgano de prensa del Partido y en calidad de delegada de las mujeres socialistas de Berlín, destacando ya por su gran preocupación por la organización del movimiento femenino proletario.

Volvió a Alemania en 1890, como organizadora de la sección femenina del Partido y redactora del órgano de prensa femenina de la socialdemocracia alemana. Desde entonces hasta el estallido de la I Guerra Mundial en 1914, participó en todos los Congresos de la II Internacional. En 1893 conoció a Engels en el III Congreso, con quien le unió siempre una estrecha amistad.

Durante toda su vida fue una activa promotora de la incorporación de la mujer a la lucha proletaria, realizando importantes investigaciones históricas sobre el papel de la mujer trabajadora en la sociedad capitalista. Siempre fue una valiente propulsora de los derechos de la mujer dentro y fuera del movimiento obrero. Esta gran revolucionaria se había planteado una gran tarea: organizar el movimiento feminino socialdemócrata. Las condiciones para alcanzar este objetivo eran realmente difíciles: no se reconocía el derecho de voto a la mujer y se la prohibía su adhesión y participación en organizaciones y asambleas políticas. En 1896, en el Congreso de Gotha, desarrolla su primer informe importante sobre la cuestión femenina, sentando las bases del trabajo entre este sector. En este Congreso plantea así las cosas:

“La lucha de emancipación de la mujer proletaria no puede ser una lucha similar a la que desarrolla la mujer burguesa contra el hombre de su clase; por el contrario, la suya es una lucha que va unida a la del hombre de su clase contra la clase de los capitalistas […] El objetivo final de su lucha no es la libre concurrencia con el hombre, sino la conquista del poder político por parte del proletariado. La mujer proletaria combate codo a codo con el hombre de su clase contra la sociedad capitalista […] ¿Cuáles son las conclusiones prácticas para llevar nuestra agitación entre las mujeres? […] El principio-guía debe ser el siguiente: ninguna agitación específicamente feminista, sino agitación socialista entre las mujeres. No debemos poner en primer plano los intereses más mezquinos del mundo de la mujer: nuestra tarea es la conquista de la mujer proletaria para la lucha de clases. Nuestra agitación entre las mujeres no incluye tareas especiales. Las reformas que se deben conseguir para las mujeres en el seno del sistema social existente ya están incluidas en el programa mínimo de nuestro partido”.

En la conclusión de su informe al Congreso señaló:

“La inclusión de las grandes masas de mujeres proletarias en la lucha de liberación del proletariado es una de las premisas necesarias para la victoria de las ideas socialistas, para la construcción de la sociedad socialista.

“Sólo la sociedad socialista podrá resolver el conflicto provocado en nuestros días por la actividad profesional de la mujer. Si la familia en tanto que unidad económica desaparece y en su lugar se forma la familia como unidad moral, la mujer será capaz de promover su propia individualidad en calidad de compañera al lado del hombre, con iguales derechos jurídicos, profesionales y reivindicativos y, con el tiempo, podrá asumir plenamente su misión de esposa y de madre”.

En 1907 impulsa la primera conferencia internacional de mujeres, y en 1910, durante la conferencia de mujeres socialistas celebrada en Copenhague, propone la resolución que convirtió al 8 de marzo en el Día Internacional de la Mujer, homenajeando así a las 129 trabajadoras de la fábrica Sirtwood Cotton de Nueva York, que, tras encerrarse en su lugar de trabajo para reivindicar un salario digno y la reducción de la jornada de trabajo a 10 horas, murieron carbonizadas en el interior del recinto tras un incendio que provocó su patrono en respuesta a esta pacífica huelga.

Pero, como gran revolucionaria, Zetkin participa también activamente en la vida política del Partido Socialdemócrata alemán, destacando como una de las principales protagonistas de la lucha contra el creciente reformismo en su seno. Abandonó el periódico femenino en 1917 por no seguir la línea política del Partido, entonces manejado por los revisionistas seguidores de Bernstein, representante del ala oportunista de la socialdemocracia alemana.

El reformismo había ido anidando en el Partido Socialdemócrata alemán en los años anteriores a la I Guerra Mundial y en los escritos de Zetkin notables testimonios de la lucha contra esta corriente, primero intentando hacer comprender sus errores al ala reformista del Partido y, posteriormente, combatiéndolos a muerte.

Desarrolló una importante actividad contra la guerra imperialista, trabajando incansablemente durante este periodo en una campaña antimilitarista y antimperialista. En 1912, ante la inminente amenaza de la guerra, en el Congreso de la II Internacional celebrado en Basilea, pronuncia un apasionado discurso sobre la amenaza de guerra y por la movilización del proletariado en contra de la misma. En 1915 organiza en Suiza una conferencia internacional de mujeres socialistas contra la guerra imperialista.

A partir de 1917 rompe con la camarilla revisionista y trabaja junto a Rosa Luxemburgo en la lucha antimperialista, se une a los espartaquistas y es encarcelada en numerosas ocasiones. En 1918 es miembro del primer Comité Central del Partido Comunista y, al año siguiente, interviene en la fundación de la Internacional Comunista. Desde entonces su actividad se funde con la del Partido Comunista alemán y la de la Internacional. A partir de 1921 formó parte del Comité Ejecutivo y del Presidium de la Internacional Comunista y mantuvo estrechos contactos con Lenin, con quien contrasta sus ideas respecto a la cuestión femenina y al movimiento obrero internacional.

Representó como diputada al Partido Comunista alemán en el Reichstag desde 1920 hasta 1932, aprovechando su última intervención parlamentaria para hacer un llamamiento a la unidad antifascista para frenar a los nazis.

En 1920 fue elegida presidenta del Movimiento Internacional de Mujeres Socialistas.

En 1924, junto con Elena Stasova y Tina Modotti, fundó y dirigió el Socorro Rojo Internacional, organización solidaria de asistencia a las víctimas de la reacción y el fascismo.

Por su veteranía, en 1932 fue nombrada Presidenta del parlamento alemán, el último antes de la llegada de los nazis al poder al año siguiente. Cuando sucedió esto, se exilió a la Unión Soviética y falleció en un hospital cerca de Moscú el 20 de junio de 1933, a la edad de 76 años, enferma y prácticamente ciega. En una solemne ceremonia en la que tomaron parte cientos de miles de moscovitas y numerosos delegados del movimiento obrero internacional, la urna con los restos de esta gran comunista quedó depositada en la muralla del Kremlin.

Intervención de Zetkin en un mitin

La jueza que ha confirmado la prisión de los repobladores de Fraguas absolvió a los cargos del PSOE en el incendio de la Riba de Saelices

Isabel Serrano Frías, actualmente presidenta de la Audiencia Provincial de Guadalajara y magistrada ponente de la Sentencia por la que ha confirmado el ingreso en prisión de los seis repobladores del antiguo municipio de Fraguas, así como la demolición y el pago del derribo, a instancias de la fiscalía y la acusación de la Junta de Castilla-La Mancha, fue precisamente quien firmó el auto por el que se dejaba sin efecto el procesamiento de varios cargos de la Junta imputados por el Juzgado de Instrucción de Sigüenza, por las negligencias, tanto en las operaciones de extinción del incendio que en 2005 costó la vida de 11 retenes forestales, arrasó con más de 12.000 hectareas de bosque del Parque Natural del Alto Tajo, así como la muerte de dos trabajadores más en la saca de madera quemada. También se les imputaba su responsabilidad en la falta de mantenimiento de estas zonas recreativas.
En aquella ocasión, la Audiencia de Guadalajara asumió las tesis de la fiscalía, y de los representantes de la Junta, quienes sostenían que el procesamiento de los técnicos y los políticos por un presunto delito de incendio forestal por imprudencia grave carecía de fundamentos jurídicos debido a que «su conducta no fue la típica de quien comete este tipo de delitos».
Los magistrados José Aurelio Navarro (también firmante de la Sentencia de Fraguas) e Isabel Serrano exculparon en un auto de 21 de julio de 2010 de cualquier responsabilidad tanto a la ex Consejera de Medio Ambiente, Rosario Arévalo como al que fuera director general del Medio Natural de la Junta, José Ignacio Nicolás, que dimitió en mayo de 2009 de su nuevo cargo al frente de la Política Forestal de la Junta tras conocer su imputación por la jueza de Sigüenza, María del Mar Lorenzo.
También revocaron el procesamiento por «no revestir carácter de delito»
los hechos que se imputaban al ex-delegado provincial de Medio Ambiente
de la Junta, Sergio David González, así como al que fuera responsable
del parque natural del Alto Tajo, Rafael Ruiz.
De esta manera se pudo encauzar un procedimiento que terminó con la condena de las personas que encendieron aquella barbacoa, eximiendo al entonces gobierno de Jose María Barreda de cualquier clase de responsabilidad. Cuando veamos a los cargos de la Junta justificar la acción contra los repobladores, hecha supuestamente «en defensa del medio natural», acordémonos de esta noticia.

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