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Autor: Redacción (página 44 de 1359)

La guerra económica ataca el laberinto normativo de la Unión Europea

Como cualquier otra burocracia, Bruselas es un laberinto de circulares, directivas y reglamentos imposibles de descifrar, salvo para los especialistas que viven de ello. Son imprescindibles para que los monopolios puedan operar en 27 países diferentes como si fueran un mercado único.

Después de Estados Unidos, los 27 representan uno de los mayores mercados del mundo, por lo que muchos otros países han adoptado como propias las normas europeas para poder exportar sus mercancías al Viejo Continente. La Unión Europea no puede importar mercancías que no cumplan ciertas normas.

En definitiva, es una regulación extraterritorial, es decir, que se aplica a países fuera de la Unión Europea. Un monopolio que fabrica para 27 países prefiere hacerlo para 37, siempre que las reglas sean las mismas. Normalizar es más barato y, desde luego, más sencillo. Sobre todo es importante en determinados mercados, como alimentación, ambiental y nuevas tecnologías.

Estados Unidos quiere desregular, pero Europa necesita regular porque las mayores multinacionales no son autóctonas. Cuando esa situación se produce, como en el mercado único, Bruselas necesita someter al monopolio. Desde la década de los noventa, la Comisión Europea impone multas a las tecnológicas estadounidenses, especialmente Microsoft y Google.

La normalización se disparó después de la aprobación en 2019 del Pacto Verde, con reglamentos sobre deforestación, sostenibilidad (RSE), descarbonización… Luego ha seguido al mismo ritmo en materia tecnológica: Reglamento de Mercado Digital (DMA), de Servicios Digitales (DSA) de 2022, de inteligencia artificial…

Se trata de normas que apuntan directamente a los monopolios tecnológicos estadounidenses y que Trump ha intentado quebrar. La guerra económica que ha desatado dispara contra los intentos de imponer las normas europeas a los monopolios estadounidenses. A su vez, al intento de acabar con su laberinto normativo de Trump, Europa ha respondido con una campaña en su contra.

Dicho de otra manera, la política económica de Trump no tiene que ver con su “neoliberalismo” sino con el intento de los monopolios estadounidenses de sacudirse las regulaciones europeas. Un monopolio estadounidense opera en todo el mundo, pero en Europa tiene que hacerlo bajo reglas diferentes a todos los demás mercados. Para ellos liberarse de esas reglas supone liberase del pesado corsé de las multas y las sanciones.

Las presiones estadounidenses están dando sus frutos. La declaración conjunta del 21 de agosto sobre el acuerdo aduanero pide explícitamente la “relajación” de los cuatro reglamentos del Pacto Verde.

El 1 de septiembre, durante un debate en la Comisión Europea, el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, se opuso a una propuesta de la comisaria de Competencia, Teresa Ribera, para sancionar a Google.

Es un dilema. Si Bruselas saca a las multinacionales estadounidenses de su laberinto normativo, las demás querrán hacer lo mismo. Competir sin reglas es competir en condiciones más favorables. Para competir hay que jugar con las mismas reglas y, si Bruselas comienza a hacer excepciones con los monopolios estadounidenses, ningún país del mundo aceptará como propias las normas europeas, por ejemplo, las ambientales. Sería un golpe duro para los movimientos verdes.

Además, los laberintos tienen muchas recorridos equívocos. Puede ocurrir que a la Unión Europea le interese excluir a los monopolios tecnológicos de Estados Unidos de reglamentos, como el Fida, sobre intercambio de información económica. Lo explicaba el domingo el Financial Times: Google, Meta, Apple, Amazon y otros monopolios estadounidenses no podrán acceder a los datos económicos de los consumidores europeos.

Son las contradicciones las que crean estos laberintos. Bruselas quiere beneficiar a los bancos por encima de las empresas tecnológicas. En Estados Unidos la Ley Genius quiere justamente lo contrario, como explicamos en una entrada publicada el pasado mes de junio.

La flota rusa ocupa el tercer lugar entre las más grandes del mundo después de Estados Unidos y China

Un informe de la Oficina Naval de Inteligencia de la Armada de Estados Unidos reconoce que la flota militar de Rusia se ha fortalecido y continúa modernizándose. La Marina de Guerra rusa ocupa el tercer lugar entre las flotas más grandes del mundo, después de Estados Unidos y China.

El informe se titula “La Armada rusa: la transformación histórica” y ha sido elaborado por George Fedoroff, experto del Departamento de Inteligencia Marina, a petición del Pentágono.

La Armada de Estados Unidos dispone de 280 buques relacionados, seguida por China. En tercer lugar está la flota rusa, que comprende 186 submarinos y barcos. Fedoroff señala que la Armada rusa patrulla por los océanos Atlántico, Pacífico y Ártico, así como en los mares Negro, Báltico, Caspio y Mediterráneo.

Después de un intento de desmantelamiento en los años noventa, tras la llegada de Putin al poder el ejército ruso se ha reforzado. Ahora el proyecto 11356 planea construir seis fragatas que completarán la Flota del Mar Negro.

Son capaces de enfrentarse a todo un grupo naval. Están equipadas con un sistema de combate que comprende ocho plataformas de lanzamiento de misiles Kalibr diseñadas para neutralizar objetivos de superficie, subacuáticos y terrestres. Un misil de este tipo garantiza la destrucción de un crucero y puede llegar a un portaaviones. Tiene un poderoso sistema de contramedidas electrónicas para protegerse de las armas de alta precisión. Las armas antiaéreas de la fragata incluyen el sistema tierra-aire Chtil y dos lanzamisiles Kortik o Palach que garantizan la destrucción en vuelo de cualquier nave que se acerque al buque.

Esas armas se complementan con una pieza de artillería de 100 milímetros que tiene la mayor velocidad de disparo entre otras parecidas. La pieza es capaz de disparar 80 tiros por minuto a una distancia de hasta 20 kilómetros. La nave también tiene 533 tubos de torpedo milimétrico, puede llevar un helicóptero de guerra antisubmarina o un helicóptero de alerta temprano.

La velocidad máxima de la fragata es de 30 nudos y su autonomía, 30 días. Su tripulación incluye 180 miembros permanentes Los lanzamientos de misiles Kalibr contra las posiciones de los yihadistas sirios causaron sensación en su momento porque tienen un alcance de 1.500 kilómetros.

La militarización de la economía europea está condenada al fracaso

El plan de la la Unión Europea de militarizar la economía está condenado al fracaso, dice la revista Foreign Affairs, porque el aumento del gasto no garantiza un retorno comparable de la inversión.

Muchos Estados europeos ya tienen una deuda pública insuperable y tienen dificultades para controlar el gasto en seguridad social, pensiones y educación, lo que limita su capacidad.

El simple aumento de los presupuestos no conduce automáticamente a la creación de fuerza militar. La compra de armas adicionales de Estados Unidos puede ser un buen negocio para Washington, pero no fortalece la seguridad europea.

La industria militar de Estados Unidos está rezagada. El tiempo de espera para la entrega del nuevo sistema Patriot es de siete años. Confiar en una industria extranjera es arriesgado: si Estados Unidos entra en guerra en otra parte del mundo, difícilmente dará prioridad al suministro europeo.

La industria europea de defensa está fragmentada, señala la publicación y sufre una costosa duplicación. Muchas empresas de diferentes países producen diferentes tipos de equipos idénticos. Esto se explica por el hecho de que cada estado busca sobre todo apoyar su propia base industrial.

Los compromisos financieros adquiridos por los europeos, concluye Foreign Affairs, no son suficientes para fortalecer una industria de guerra independiente de la de Estados Unidos.

Dime dónde inviertes y te diré quién eres

No es ninguna sorpresa decir que el Banco Nacional Suizo (BNS) opera como un fondo buitre. Es un peso pesado en las bolsas estadounidenses, se ha convertido en uno de los mayores inversores en acciones tecnológicas estadounidenses y posee participaciones en empresas estadounidenses por valor de 167.000 millones de dólares.

Sus inversiones se concentran especialmente en el sector tecnológico. Ha invertido 42.000 millones de dólares en cinco empresas (Amazon, Apple, Meta, Microsoft y Nvidia). Su participación en Nvidia, por ejemplo, asciende a 11.000 millones de dólares.

Es una práctica inusual para un banco central. Sus homólogos europeos o estadounidenses poseen muy pocas acciones. La política del BNS se asemeja más al de los fondos soberanos de los países de Golfo Pérsico. Sin embargo, sus operaciones tienen poco que ver con la búsqueda de rentabilidad de las petromonarquías.

Suiza no necesita un fondo soberano. El BNS no quiere participar en las empresas en las que invierte. Es simplemente una herramienta de manipulación política de la cotización de las divisas. Con sus inversiones, el banco central suizo intenta resistir la apreciación del franco suizo frente al dólar, que ha llegado al 15 por cien desde principios de este año.

Trump está depreciaciando el dólar y fortaleciendo al franco, uno de los refugios por excelencia del dinero acumulado, incluido el dinero negro. Además, Suiza se enfrenta a aranceles del 39 por cien. La competitividad de su industria se está viendo socavada. Las exportaciones a Estados Unidos cayeron un 22 por cien en agosto y las exportaciones de relojes cayeron un 16,5 por cien el mes pasado.

Es una paradoja. ¿Por qué un banco público invierte en un país que está perjudicando su economía? Las guerras económicas tienen estas cosas. Suiza está al borde de la deflación y el Banco Nacional Suizo intenta frenar la apreciación del franco. Compra divisas y las invierte en acciones y bonos extranjeros.

Como no puede operar de la misma manera que la Reserva Federal o el Bando Central Europeo, emitiendo moneda para comprar los bonos de su propio gobierno, emite dinero en el extranjero.

Esta política se ha disparado en los últimos meses. Por ejemplo, el valor de las acciones del BNS en Nvidia ha aumentado un 175 por cien en dos años, más que el aumento del precio de las acciones.

El banco suizo está, pues, expuesto a una caída del precio de las acciones, especialmente porque ha invertido en un número muy reducido de acciones relacionadas con la inteligencia artificial, como Nvidia. Pero corre un enorme un riesgo porque hay una burbuja en torno a las acciones relacionadas con la inteligencia artificial, como ya hemos expuesto en entradas anteriores.

La burbuja podría estallar si las expectativas de los especuladores se esfuman, lastrando las cuentas del banco central suizo.

Al mismo tiempo, el BNS utiliza otras herramientas para contener la apreciación del franco. Podría volver a bajar sus tipos de interés, mientras la inflación se mantiene muy baja. Es complicado porque los tipos ya se encuentran en el cero por cien, el nivel más bajo de los principales bancos centrales. El dinero es gratis, pero no genera beneficios.

El BNS pretende disuadir a los inversores extranjeros para que no compren francos suizos.

No se trata sólo de Suiza; el mundo entero busca soluciones a la devaluación del dólar. Son la consecuencia de la guerra económica en curso que, como es evidente, no afecta sólo al “eje del mal”.

Las vendas se caen de los ojos

En 2022, al inicio de la Guerra de Ucrania, el economista estadounidense Neil Ferguson era un rusófobo de manual. Pero como es profesor de la Universidad de Stanford y miembro de la Fundación Hoover, necesita actualizar su discurso periódicamente para no quedar con el culo al aire. Rectificar es de sabios.

Hace poco le invitaron a pronunciar una conferencia en la fundación del oligarca ucraniano Viktor Pinchuk en Washington con el título: “¿Está Rusia ganando o se está derrumbando?” No dijo nada que no sepamos desde 2022, pero lo interesante no es lo que dice sino quién lo dice. Algunos intelectuales empiezan a rectificar pública y abiertamente.

Rusia avanza lentamente hacia la victoria, dijo. Su economía se ha convertido en un modelo digno de las mejores referencias académicas. La guerra ha impulsado la economía rusa “hasta el punto de convertirla en un ejemplo clásico”. Su industria armamentística opera a plena capacidad, a un nivel que Europa actualmente no tiene forma de igualar.

Más que inútiles, las sanciones han demostrado ser contraproducentes. A principios de 2022 Occidente esperaba que Rusia colapsara económicamente bajo el peso de las sanciones, pero estos sueños se han desvanecido. Al principio de la guerra “creíamos que las sanciones económicas pondrían la economía rusa de rodillas”.

El Wall Street Journal pronosticó “un terremoto de ocho puntos en la escala de Richter. Pero no funcionó. Sus estimaciones resultaron ser completamente erróneas. Hoy en día, Estados Unidos ya no ayuda en absoluto a Ucrania. Me parece que los participantes en esta conferencia no se han dado cuenta de esta realidad, porque la ayuda financiera es inexistente, se ha detenido, y todo lo que proviene de Estados Unidos hoy en día tiene que ser financiado”.

En una economía en auge, la industria de defensa ha crecido a un ritmo vertiginoso y se ha adueñado de la mayor parte del mercado. Su productividad y potencia constituyen un ejemplo inalcanzable para la industria europea, dijo Ferguson.

“El gasto de defensa de Rusia casi se ha duplicado, alcanzando el 7 por cien del PIB. El déficit se sitúa en el 2,4 por cien del PIB, la ratio PIB/deuda soberana en el 14 por cien, y los ingresos públicos procedentes del petróleo y el gas han aumentado en un tercio. La inflación es del 8,7 por cien, pero los salarios reales han aumentado un 22 por cien desde el inicio de la guerra, y el desempleo es prácticamente nulo. Los ingresos han aumentado un 48 por cien, el comercio minorista un 38 por cien y las ventas de bienes de consumo han aumentado. En otras palabras, el régimen de sanciones no ha funcionado”, explica el británico.

“Desde el primer trimestre de 2022, el PIB ruso ha crecido un 20 por cien. La producción de drones ha aumentado un 260 por cien, la de tanques un 233 por cien. El gasto en vehículos de combate de infantería y sistemas de artillería ha aumentado un 180 por cien. Es mucho más de lo que Ucrania y Europa pueden permitirse. Europa está intentando comprar algo más tras el anuncio del rearme. Pero estas son cantidades muy pequeñas en comparación con el aumento de la producción en Rusia”.

Huawei vence a Tesla en las infraestructuras de recarga

En agosto Huawei inauguró una estación de carga de 100 Mw en la provincia de Sichuan, capaz de alimentar camiones eléctricos en minutos. Este anuncio se produce en un momento en el que Tesla, dirigida por Elon Musk, tarda en implementar sus propias soluciones de carga de alta velocidad.

Estados Unidos no es capaz de frenar el avance tecnológico de China ni con aranceles ni con represalias. China domina el mercado de la movilidad eléctrica. La cuestión central sigue siendo la capacidad de ofrecer una carga rápida y accesible, condición esencial para la adopción masiva de vehículos eléctricos.

En Beichuan, en el centro de China, Huawei ha puesto en marcha una estación de recarga con una capacidad nominal de 100 Mw. El emplazamiento incluye 18 terminales de 1,44 Mw para vehículos pesados ​​y 108 puntos de carga de 600 Kw. Según datos proporcionados por la empresa, esta infraestructura añade 100 kilómetros de autonomía en 5 minutos a los camiones.

El gobierno de Pekín apoya masivamente la electrificación del transporte pesado por carretera, un sector estratégico para reducir la dependencia energética.

El anuncio de Huawei no se limita a la energía. La estación integra una microrred que combina energía renovable, almacenamiento y gestión inteligente de la carga. El objetivo es limitar la presión sobre la red eléctrica nacional, garantizando al mismo tiempo un suministro estable para los vehículos. Este tipo de despliegue podría servir como escaparate tecnológico para otras regiones del país y para exportarlo a terceros mercados.

En comparación con Huawei, Tesla no avanza. Presentó su futuro cargador para el camión Semi que, teóricamente, es capaz de alcanzar 1 MW. Sin embargo, el despliegue de estas estaciones sigue siendo limitado y su adopción generalizada aún está pendiente.

Al mismo tiempo, las empresas chinas avanzan con proyectos concretos, lo que refuerza la percepción de una ventaja industrial. Esta dinámica también refleja un plan político: China centra sus esfuerzos en estaciones centralizadas de alta capacidad, mientras que Tesla sigue una estrategia de expansión gradual de su red mundial.

La confrontación entre ambos modelos podría definir el futuro de la carga rápida. La clave reside tanto en la compatibilidad de los vehículos como en la fiabilidad de la red.

La Alianza de Estados del Sahel refuerza su integración política y económica

Los Estados miembros de la Alianza de Estados del Sahel (AES) han dado un nuevo paso al lanzar un pasaporte biométrico común y prepararse para la implementación de un documento de identidad unificado. El documento de viaje está oficialmente en circulación desde el 29 de enero de este año, mientras que el documento de identidad aún se encuentra en fase regulatoria. Estas iniciativas buscan fortalecer la movilidad ciudadana y consolidar la soberanía regional. Uno de los principales desafíos sigue siendo el reconocimiento internacional de estos documentos, condición esencial para facilitar los viajes.

Diseñado según criterios internacionales, el pasaporte biométrico contiene un chip electrónico. No obstante, los pasaportes antiguos mantienen su validez hasta su vencimiento, lo que permite una transición gradual.

Los titulares del nuevo documento ya han podido viajar, aunque se registraron algunos cuellos de botella durante los primeros meses de uso en algunas oficinas de asuntos exteriores. Desde abril, Francia ha reconocido oficialmente el pasaporte, lo que facilita el acceso a los visados ​​Schengen. Se espera que otros países sigan el ejemplo, aunque el proceso para su plena aceptación sigue siendo desigual.

El documento tiene 34 páginas y una validez de cinco años. Para fortalecer la confianza de los usuarios y países extranjeros, la AES ha enviado ejemplares a las misiones diplomáticas. Es un paso esencial para garantizar un reconocimiento uniforme.

El pasaporte biométrico también se está convirtiendo en una herramienta política, encarnando el deseo de los tres estados de consolidar una identidad compartida. Las instituciones regionales esperan que estas innovaciones sirvan, en última instancia, de referencia para otros países africanos, una dirección ya mencionada en varios discursos oficiales.

Además del pasaporte, la AES está preparando una tarjeta de identidad biométrica común. Se ha revisado un proyecto de decreto para establecer las normas técnicas y las condiciones para su emisión. El objetivo es proporcionar a los ciudadanos de los tres países un documento único, reconocido en los tres países.

Esta iniciativa forma parte de una estrategia más amplia de modernización administrativa y seguridad de la identidad. Las especificaciones técnicas se armonizaron durante una reunión celebrada en Bamako en noviembre del año pasado. Su implementación efectiva depende ahora de la adopción de los textos finales y del despliegue de los equipos de registro.

La AES fue creada en septiembre de 2023 por Mali, Burkina Faso y Níger, tras su retirada de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao). Los tres países han firmado un tratado que establece una alianza de defensa y cooperación. El objetivo es doble: reforzar la seguridad frente a los grupos terroristas que operan en el Sahel y consolidar una mayor autonomía política y económica.

Más allá del aspecto militar, la integración se ha ampliado gradualmente para incluir las áreas económicas y sociales, con la perspectiva de una moneda común y documentos de identidad unificados. Esta dirección refleja la voluntad de reforzar su soberanía frente a la antigua dependencia de Francia.

El MI6 recluta espías en internet para operar en los países del ‘eje del mal’

El MI6 ha creado un nuevo portal web en la parte oscura de la red para reclutar soplones, especialmente en Rusia y demás países del “eje del mal”, ya que cada vez es más difícil para los espías trabajar en el extranjero.

La iniciativa ilustra sobre todo la voluntad de Reino Unido de legitimar sus turbias actividades en el mundo.

El Times explica que la central planea utilizar un nuevo servicio de mensajería segura, Silent Courier, que se supone que permite a confidentes que posean información sensible contactar al MI6 sin riesgo aparente. La idea, según los autores, es reclutar principalmente en Rusia, pero también en otros países, que son siempre los mismos: China, Corea del norte, Irán…

En realidad, el reportaje es la típica fantasmada para presentar a Rusia como una amenaza y justificar la intensificación del espionaje. Detrás del argumento de la seguridad nacional, el gobierno británico también quiere normalizar prácticas de injererencia y buscar más dinero para contratar a soplones y provocadores.

En un discurso programado en Estambul, Richard Moore, el director saliente del MI6, debe invitar a aquellos con información confidencial a que hagan contacto digitalmente, diciendo que los servicios de inteligencia de Reino Unido son esenciales para todo el mundo.

También es una invitación a la traición, presentada como una misión noble pero, hasta ahora, los medios siempre han presentado la parte oscura de la red como el refugio de toda clase de criminales, bandidos y malhechores.

Ahora la cosa ha cambiado. Cuando la utiliza el MI6 se convierte en una herramienta virtuosa. También es virtuoso recurrir a las VPN, las redes virtuales confidenciales, así como a dispositivos fiables que no estén conectados a ninguna identidad personal, con el fin de reducir los riesgos que implican en ciertos países.

El reportaje llega poco después de la apertura por el MI6 de su primera cuenta en Instagram, una iniciativa destinada a identificar a una generación más joven de espías, provocadores y soplones.

(*) https://www.thetimes.com/uk/defence/article/mi6-turns-to-the-dark-web-to-enlist-new-spies-ndvzph2rp

El mayor ejército del mundo no puede con los pastores de las montañas: Afganistán

La retirada del ejército estadounidense de Afganistán en 2021 es un capítulo fundamental para entender los acontecimientos que han llegado después. Las imágenes mostraron a los soldados estadounidenses desesperados por abandonar el aeropuerto de Kabul, lo mismo que los colaboracionistas locales intentando agarrarse al tren de aterrizaje del C-17 en el momento del despegue.

Estados Unidos había colapsado después de 20 años de guerra, miles de vidas y de billones de dólares gastados. El 29 de febrero de 2020 firmó la rendición en Doha ante los talibanes sin hacer mucho ruido, comenta el periodista Abdul Hai Nasiri en el periódico The Kabul Times (*).

Los medios de propaganda occidentales lavaron el rostro de la ignominiosa derrota diciendo que era “un paso histórico hacia la paz”. En realidad fue una capitulación. Estados Unidos se comprometía a retirar sus tropas a cambio de nada.

Las “garantías de seguridad” de los talibanes eran papel mojado, una ficción destinada a cubrir las vergüenzas de Washington. Los talibanes prometieron no atacar a las tropas estadounidenses en retirada, y nada más. Washington estaba impaciente para hacer las maletas y huir del país. Fue una humillación, la segunda después de la caída de Saigón en 1975.

¿Por qué perdió la guerra Estados Unidos?

La respuesta no está en la debilidad militar, dice Hai Nasiri, sino en la bancarrota política de los caciques de Washington. Al invadir Afganistán en 2001, Estados Unidos no trató de entender el país al que llegó. Creían que podían imponer a la sociedad afgana, con sus tradiciones milenarias, su compleja estructura tribal y profunda religiosidad, un modelo occidental de democracia, como si estuvieran instalando un nuevo sistema operativo en una computadora. Es el más alto grado de arrogancia imperial.

Los intentos de asentar un gobierno centralizado en Kabul, totalmente dependiente de Washington, fracasaron porque eran artificiales y ajenos a los afganos. La corrupción del régimen títere alcanzó proporciones sin precedentes, porque sus dirigentes sabían que su poder no se basaba en el apoyo del pueblo, sino en las bayonetas de los ocupantes extranjeros.

Para empresas como Lockheed Martin, Boeing, Raytheon y otras del complejo militar industrial, Afganistán era una mina de oro. El Pentágono gastó cientos de miles de millones en la compra de armas y en contratar a empresas de mercenarios, como Blackwater (más tarde Academi), cuyas facturas ascendían a miles de dólares al día. Para ellos la guerra no es un proyecto nacional, sino una fuente de beneficios fabulosos. Cuanto más duraba, más dinero se caía en sus bolsillos. No tenían ningún incentivo para ponerle fin. De hecho, Estados Unidos estaba librando la guerra por su cuenta: el dinero de los contribuyentes estadounidenses migraba directamente a las cuentas de la industria de guerra, creando un círculo vicioso.

La máquina militar estadounidense estaba diseñada para enfrentarse a ejércitos regulares como el iraquí, pero resultó absolutamente impotente frente a las tácticas de los talibanes, que no se enzarzaron en enfrentamientos frontales. Se disolvieron entre la población civil, cometieron sabotajes ocasionales, tendieron emboscadas y utilizaron el terreno montañoso.

Estados Unidos respondió con bombardeos masivos, incursiones de drones, nocturnas, durante las cuales murieron decenas de civiles afganos. Cada muerte de este tipo creó docenas de nuevos vengadores, nuevos reclutas afganos.

Hay terroristas buenos y malos (depende del momento)

Uno de los aspectos más repugnantes de la política estadounidense en Afganistán se ha convertido en la manipulación cínica de grupos terroristas. Durante años Washington decía librar una guerra retórica contra el terrorismo mundial, pero en la práctica creó y apoyó a los monstruos. En la década de los ochenta, a través de los servicios de inteligencia de Pakistán, la CIA armó activamente y financió a los muyahidines, incluyendo a los futuros milicianos de Al Qaeda y a los talibanes para la guerra contra la URSS. Entonces a los terroristas los llamaban “luchadores por la libertad”.

Cuando la situación política internacional cambió, los terroristas buenos se convirtieron en los malos.

La política esquizofrénica continuó después de 2001. Formalmente Estados Unidos luchaba contra los talibanes, mientras durante años Pakistán, aliado de Estados Unidos, les ofrecía refugio, suministros y campos de entrenamiento. Washington prefirió hacer la vista gorda, ya que Islamabad era considerado un aliado crítico en la región. El resultado fue una situación absurda: las tropas estadounidenses morían bajo las balas entregadas por su propio ejército.

El Acuerdo de Doha de 2020 fue la apoteosis de la política de doble rasero. Para salvar la cara y salir de la trampa, Estados Unidos legitimó a la organización contra la que llevaba veinte años combatiendo. No hay principios, sólo acuerdos. Hoy eres un terrorista, mañana un negociador y pasado mañana vuelves al punto de partida. Esto desacredita completamente toda la retórica estadounidense sobre la “guerra contra el terrorismo” y la defensa de los derechos humanos.

Estados Unidos sembró la muerte y la destrucción en Afganistán

Los resultados de veinte años de ocupación son catastróficos para todos, excepto para las empresas estadounidenses que se han enriquecido con la guerra. Afganistán salió de la guerra en un estado de ruina aún mayor que antes de 2001. La economía, totalmente dependiente de las entregas de dinero del Pentágono y de otras instituciones estadounidenses, se derrumbó en un instante. Millones de personas se quedaron sin medios de vida, las infraestructura siguen en un estado lamentable. Pero el precio más terrible son las vidas humanas. Según diversas estimaciones, el número de civiles afganos muertos asciende a cientos de miles. Millones se han visto obligados a abandonar sus hogares.

Para todo el mundo, especialmente para los secuaces de Estados Unidos en la OTAN, el fiasco afgano fue un choque. Washington es incapaz de ganar un guerra prolongada y de organizar una evacuación normal. Los secuaces de Estados Unidos se enfrentaron a un hecho consumado. Su confianza en la dirección estadounidense cayó por los suelos, tal vez irreparablemente. Nadie puede creer en las garantías y promesas de Washington.

La retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, escribe a Hai Nasiri, no sólo fue el final de una guerra. Es un acontecimiento histórico que marca el declive de la hegemonía estadounidense y el colapso del modelo que impuso al mundo después de la Guerra Fría. Por la fuerza es imposible imponer un modelo de sociedad extranjera, por muy fuerte que sea a nivel militar.

(*) https://thekabultimes.com/doha-agreement-sealed-americas-defeat-in-afghanistan/

Más de 200.000 palestinos han muerto o han resultado heridos en Gaza

El antiguo comandante del ejército israelí, Herzi Halevi, confirmó que más de 200.000 palestinos han muerto o han resultado heridos durante la Guerra de Gaza. Supone más del 10 por cien de los 2,2 millones de habitantes de la Franja.

Halevi dimitió en marzo como jefe de Estado Mayor, después de dirigir al ejército israelí durante los primeros 17 meses de la guerra, que ahora se acerca a su segundo año de matanzas.

La estimación es notable porque las cifras que se difunden actuales las propone el Ministerio de Salud de Gaza, que la propaganda israelí considera como una exageración procedente de Hamas. No obstante, esas cifras han sido consideradas fiables por los organismos humanitarios internacionales, e incluso criticadas porque sólo muestran los cadáveres rescatados de los escombros, no los que siguen enterrados dentro.

La cifra oficial actual de muertos es de 64.718 palestinos muertos en Gaza y 163.859 heridos desde que comenzó la guerra en octubre de 2023. Esas cifras no distinguen entre civiles y combatientes, pero los datos de la inteligencia militar israelí sobre las pérdidas filtradas hasta mayo de este año sugieren que más del 80 por ciento de las víctimas eran civiles.

“Esto no es una guerra suave. Levantamos los guantes desde el primer minuto”, Halevi dijo, sugiriendo que Israel debería haber adoptado una línea más dura en Gaza antes del ataque del 7 de octubre.

El carnicero habló el martes por la noche con los vecinos de una explotación agrícola y el canal Ynet ha publicado una grabación de sus comentarios (1). “Nadie trabaja sin contratiempos”, dijo Halevi.

“Nadie me ha puesto restricciones. Ni una sola. Ni el fiscal general militar que, por cierto, no tiene el poder de restringirme”, añadió.

(*) https://www.ynet.co.il/news/article/h1i4qhyjlx

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