La web más censurada en internet

Autor: Redacción (página 1327 de 1363)

Estados Unidos lleva a cabo operaciones militares encubiertas en 105 países

Nick Turse

Al final de la noche subieron al avión V-22 de despegue vertical. Después de poner pie a tierra en una región remota de uno de los países más volátiles del mundo, asaltaron una aldea y pronto se vieron envueltos en un letal tiroteo. Era la segunda vez en dos semanas que ese grupo de elite de SEAL de la marina de Estados Unidos trataba de rescatar al fotógrafo y periodista estadounidense Luke Somers. Y la segunda vez que fallaban.

El 6 de diciembre de 2014, un grupo de unos 36 comandos de Estados Unidos fuertemente armados, operando con información obtenida por satélite, drones y dispositivos de escucha de última generación, equipados con gafas de visión nocturna y respaldadas por tropas especiales de Yemen, se enfrentaron a tiros con una media docena de militantes de al-Qaeda en la Península Arábiga. Cuando todo acabó, Somers estaba muerto, lo mismo que Pierre Korkie, un maestro surafricano al que planeaban dejar en libertad al día siguiente. Según informaciones locales, los comandos también mataron a ocho civiles. La mayor parte de los militantes huyeron.
Estos sangrientos episodios fueron, dependiendo de vuestro punto de vista, un final de año de ignominia para unas fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos desplegada a niveles cercanos al récord o un comienzo de año poco auspicioso, un nuevo año que ya está en camino de alcanzar marcas similares, o incluso superarlas.
Durante al año fiscal que terminó el 30 de septiembre de 2014, las fuerzas de operaciones especiales (SOF, por sus siglas en inglés) se desplegaron en 133 países –más o menos el 70 por ciento de las naciones del mundo–, según el teniente coronel Robert Bockholt, oficial de asuntos públicos del Comando de Operaciones Espaciales de Estados Unidos (SOCOM, por sus siglas en inglés). Esto remató un periodo en el que las fuerzas más selectas del país estuvieron activas en más de 150 países del orbe, realizando misiones que iban desde la muerte o captura en asaltos nocturnos a ejercicios de adiestramiento. 2015 puede ser un año en el que se rompan récords. Apenas un día después del fallido asalto que acabó con la vida de Luke Somers –cuando habían pasado solo 66 días del año fiscal 2015– las fuerzas más selectas de Estados Unidos habían pisado el suelo de 105 países, aproximadamente un 80 por ciento del total de 2014.
A pesar de esta escala y este ámbito tan vastos, esta guerra secreta que se combate en casi todo el planeta es desconocida para la mayoría de los estadounidenses. A diferencia del desastre de diciembre en Yemen, la gran mayoría de las operaciones especiales permanecen completamente en la sombra, ocultas a toda supervisión externa o al escrutinio de los medios. De hecho, aparte de la escasa información revelada por la muy selectiva cobertura de los medios militares, las filtraciones oficiales de la Casa Blanca, el propio SEAL cuando quiere vender algo y unos pocos periodistas cuidadosamente escogidos que informan sobre temas escogidos con sumo e igual cuidado, la mayor parte de lo que hacen estos grupos especiales nunca se somete a un examen importante, lo que no hace más que aumentar las posibilidades de repercusiones imprevistas y consecuencias catastróficas.
La edad dorada de las operaciones encubiertas
“El Comando está en su absoluto apogeo. Ciertamente, esta es la edad dorada de las operaciones especiales”. Estas palabras las dijo el general Joseph Votell III, graduado en West Point y “ranger” del ejército, en el momento de asumir la jefatura del SOCOM el pasado agosto.
Su retórica quizá fuera de alto vuelo, pero de ningún modo hiperbólica. Desde el 11 de septiembre de 2001, las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos han crecido en todos los aspectos concebibles, incluso el número de integrantes, su presupuesto, su peso en Washington y su lugar en el imaginario de la población del país. Por ejemplo, SOCOM ha más que duplicado su personal, desde los aproximadamente 33.000 en 2001 a los cerca de 70.000 de hoy en día, incluyendo un salto de unos 8.000 hombres durante los tres años de la titularidad del recientemente retirado jefe de SOCOM, el almirante William McRaven.
Estos números, impresionantes como son, no dan una idea cabal de la naturaleza de la expansión y crecimiento del alcance mundial de las fuerzas más selectas de Estados Unidos en estos años. Para esto, lo más apropiado es un resumen de la estructura de SOCOM y su siempre creciente comando de operaciones especiales.
La parte del león de las tropas que forman SOCOM son los Rangers, los Boinas Rojas y otros soldados del ejército, seguidos de los comandos de la Fuerza Aérea, los SEAL, las tripulaciones de combate de embarcaciones navales especiales de la Marina, lo mismo que un contingente más pequeño de infantes de marina (marines). Pero solo es posible tener una noción de la capacidad expansiva del comando cuando se considera el alcance completo de los “comandos sub-unificados” en que están divididas esas tropas de operaciones especiales: el nombre de SOCAFRICA se explica por sí mismo; SOCEUR, el contingente de ámbito europeo; SOCKOR, dedicado exclusivamente a Corea; SOCPAC, que cubre el resto de la región asiática y el Pacífico: SOCSOUTH, que realiza misiones en Centroamérica, Suramérica y el Caribe; SOCCENT, el comando sub-unificado del CENTCOM (comando central de Estados Unidos en Oriente Medio); SOCNORTH, que está dedicado a la “defensa interior”; y JSOC, el trotamundos comando de operaciones especiales conjuntas: un sub-comando encubierto (encabezado antes por McRaven y después por Votel) compuesto por personal proveniente de cada rama de las fuerzas armadas, incluyendo SEAL, soldados especiales tácticos de la Fuerza Aérea y otros de la fuerza Delta, del Ejército, especializados en el rastreo y asesinato de sospechosos de ser terroristas.
Sin embargo, tampoco penséis que ya lo sabéis todo. Como resultado del impulso dado por McRaven para la creación de “una red global de fuerzas de operaciones especiales de aliados y socios a agencias con ideas afines”, oficiales de enlace de operaciones especiales (SOLO, por sus siglas en inglés), están hoy “incrustados” en 14 embajadas clave de Estados Unidos para asesorar las fuerzas especiales de varios países aliados. Si bien ya están trabajando en Australia, Brasil, Canadá, Colombia, El Salvador, Francia, Israel, Italia, Jordania, Kenya, Polonia, Perú, Turquía y Reino Unido, el programa SOLO está preparado, según Votel, para llegar a 20 países hacia 2019. SOCOM, y sobre todo JSOC, también han establecido estrechos vínculos con la CIA, el FBI y la NSA, entre otras agencias.
Operaciones en la sombra
El ámbito global del comando de operaciones especiales se extiende aún más gracias a unidades más pequeñas que operan en la sombra desde bases en Estados Unidos para ser enviadas a zonas remotas del sudeste asiático, puestos de avanzada en Oriente Medio o sencillos campos en África. Desde 2002, SOCM está autorizado a crear sus propias fuerzas de tareas conjuntas, una prerrogativa normalmente reservada a comandos de combate como CENTCOM. Por ejemplo, la fuerza de tareas conjuntas para operaciones especiales Filipinas (JSOTF-P), que, en su momento de máximo esplendor, tuvo una plantilla de unos 600 estadounidenses para ayudar en operaciones de contrainsurgencia de sus aliados filipinos contra grupos sediciosos como Abu Sayyaf. Después de más de una década combatiendo contra ese grupo, el número de integrantes ha ido disminuyendo, pero continúa activo, mientras que la violencia en la región se mantiene prácticamente igual.
En realidad, en junio de 2014 se anunció una retirada paulatina de esta fuerza de tareas. “JSOTF-P será desactivada y la operación OEF-P [la operación libertad duradera en Filipinas] terminará en el año fiscal 2015”, lo dijo Votel a la Comisión de la Fuerzas Armadas del Senado un mes después. “Un contingente más reducido de personal militar estadounidense que operará formando parte de un PACOM [comando Estados Unidos del Pacífico] continuará mejorando la capacidad de las fuerzas especiales de Filipinas (PSF, por sus siglas en inglés) para realizar sus propias misiones contra el terrorismo..”. No obstante, meses más tarde, la fuerza de tareas conjunta de operaciones especiales Filipinas continúa viva y funcionando“JSOTF-P sigue activa, aunque el personal asignado a ella ha sido reducido”, le dijo la portavoz del ejército Kari McEwen al reportero Joseph Trevithick, de War is Boring.
Otra unidad, la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales Bragg, durante años permaneció en las sombras antes de su primera mención oficial realizada por el Pentágono al principio de 2014. Su misión, según Bockholt, de SOCOM, es “adiestrar y equipar los servicios estadounidenses miembros que se preparan para un despliegue en Afganistán para ayudar a la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales Afganistán”. Esta última fuerza, a su vez, dedicó más una década realizando operaciones encubiertas o “negras” para “impedir actividades que amenazaban la autoridad y soberanía” del gobierno afgano. Esto implicaba asaltos nocturnos y misiones de captura y/o asesinato –frecuentemente concertadas con las fuerzas afganas– que condujeron a la muerte de un número indeterminado de combatientes y civiles. En 2013, para responder a la indignación popular contra los asaltos, el presidente afgano Hamid Karsai los prohibió.
En 2014, las fuerzas estadounidenses de operaciones especiales pasaron a desempeñar tareas de apoyo, permitiendo así que unidades de élite afganas se hicieran cargo de las misiones. “Estamos tratando de que ellos se ocupen del espectáculo”, le dijo el coronel Patrick Robertson, de la fuerza de tareas Afganistán, a USA Today. Pero según LaDonna Davis, un portavoz que acompaña a esa fuerza, integrantes estadounidenses todavía estaban realizando especiales el año pasado. La fuerza se niega a informar sobre cuántas misiones fueron comandadas por oficiales estadounidenses como tampoco en cuántas operaciones estuvieron implicados sus comandos aunque, según informaciones de las fuerzas afganas de operaciones especiales, estas llevaron a cabo al menos 150 misiones por mes en 2014. “No estoy en condiciones de referirme al número específico de operaciones realizadas”, le dijo el mayor Loren Bymer, de la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales Afganistán, a TomDispatch. “Sin embargo, hoy día los afganos comandan el 90 por ciento de las operaciones especiales, y nosotros continuamos adiestrando, asesorando y ayudando a nuestros socios para asegurar sus éxitos”.
No vayáis a pensar que con esto se acaba el diagrama organizativo de las fuerzas especiales: la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales en Afganistán tiene cinco grupos asesores cuya tarea consiste en “aconsejar y asesorar las ASSF [fuerzas especiales de seguridad de Afganistán] de nuestros socios para garantizar que las ASSF continúen la lucha contra nuestros enemigos; las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos deben estar dispuestas a continuar haciendo algún asesoramiento en relación con los aspectos tácticos más allá de 2014 con unidades escogidas en sitios escogidos”, según dijo Votel a la comisión de las fuerzas armadas del Senado. Ciertamente, el pasado noviembre, el sucesor de Karzai, Ashraf Ghani levantó muy discretamente la prohibición de los asaltos nocturnos, dejando así la puerta abierta para el regreso de los asesores estadounidenses a las operaciones especiales en 2015.
Sin embargo, para entonces habrá pocas tropas de operaciones especiales disponibles para hacerse cargo de misiones tácticas. Según palabras del ahora vicealmirante Sean Pybus, subcomandante de SOCOM, alrededor de la mitad de los grupos SEAL desplegados en Afganistán estaban a punto de ser retirados y enviados a ayudar en “el giro en Asia o a trabajar en el Mediterráneo o en el golfo de Guinea o en el Golfo Pérsico”. Aun así, el coronel Christopher Riga, comandante del 7 grupo de fuerzas especiales, cuyos hombres sirvieron el año pasado en la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales combinadas Afganistán cerca de Kandahar, prometió que “seguiría al pie del cañón”: “Todavía hay mucha pelea en Afganistán, y va a continuar”, dijo en una ceremonia de entrega de condecoraciones a finales del año pasado. “Continuaremos matando enemigos hasta que nos ordenen que dejemos de hacerlo”.
A las fuerzas ya enumeradas, agregad las unidades del comando de avanzada de operaciones especiales (SOC FWD, por sus siglas en inglés), pequeños grupos que, según los militares, “diseñan y coordinan operaciones especiales para cooperar con las fuerzas de seguridad, y se implican en el apoyo de diversas operaciones especiales en cualquier teatro de operaciones y ámbito geográfico”. SOCOM rehusó confirmar la existencia de grupos SOC FWD; aunque ha habido abundante evidencia oficial sobre la cuestión, no se brinda información que dé cuenta del número de estos grupos desplegados en el mundo. Pero aquellos que son conocidos están empeñados en operaciones clandestinas de tipo violento, entre ellos, SOC FWD Pakistán, SOC FWD Yemen y SOC FWD Líbano, como también SOC FWD África oriental, SOC FWD África central y SOC FWD África occidental.
De hecho, África se ha convertido en el principal escenario de acciones clandestinas de las unidades especiales de Estados Unidos. “Esta unidad en particular ha hecho cosas admirables. Ya fuera en Europa o en África, se ha hecho cargo de una variedad de situaciones; todos habéis contribuido muy significativamente”, dijo el comandante de SOCOM, general Votel, a los integrantes del 352 grupo de operaciones especiales en su base en Inglaterra el pasado otoño.
Los comandos aéreos raramente están solos en sus hazañas en África. En los últimos años, por ejemplo, los SEAL realizaron una exitosa misión de rescate de rehenes en Somalia y una incursión de secuestro allí que salió mal. En Libia, los comandos de la fuerza Delta tuvieron éxito en la captura de un militante de al-Qaeda en un asalto ejecutado temprano por la mañana, mientras los SEAL requisaron un petrolero que transportaba crudo desde Libia y el débil gobierno respaldado por Estados Unidos tenía por robado. Además, los SEAL se encargaron de una misión de evacuación en Sudán del Sur; la misión fracasó debido a que los integrantes del grupo resultaron heridos cuando el avión que los transportaba fue alcanzado por fuego de fusilería. Mientras tanto, una fuerza especial de respuesta rápida conocida como unidad especial 10 de guerra naval (NSWU-10, por sus siglas en inglés) llevó a cabo misiones en “países estratégicos”, como Uganda, Somalia y Nigeria.
Una misión clandestina de adiestramiento de las fuerzas de operaciones especiales en Libia acabó en fracaso cuando una milicia o “grupo terrorista” asaltó dos veces su campo, que estaba custodiado por soldados libios, y se apropió de equipos estadounidenses de última generación y cientos de armas –incluyendo pistolas Glock y rifles M4–, como también dispositivos para visión nocturna y de rayos láser que solo pueden ser vistos con un dispositivo como el mencionado antes. Como resultado de esto, la misión fue suspendida y el campo fue abandonado. La información dice que la milicia se ha apoderado del lugar.
En febrero del año pasado, tropas de elite se trasladaron a Nigeria para participar en una instrucción militar de tres semanas que forman parte de Flintlock 2014, un ejercicio de operaciones especiales contra el terrorismo de periodicidad anual que reúne las fuerzas del país anfitrión con las de Canadá, Chad, Francia, Mauritania, Holanda, Nigeria Senegal, Reino Unido y Burkina Faso. Varios meses después, un oficial de Burkina Faso, que en 2012 había recibido entrenamiento contraterrorista en Estados Unidos con los auspicios de la universidad de operaciones especiales conjuntas de SOCOM se hizo con el poder mediante un golpe militar. Sin embargo, las fuerzas de operaciones especiales en Burkina Faso permanecieron impertérritas. A finales del año pasado, por ejemplo, auspiciados por SOC FWD África occidental, miembros de 5 batallón del 19 grupo de fuerzas especiales, junto con tropas de elite marroquíes, se adiestraron en una base en las afueras de Marrakech.
Un mundo de oportunidades
No obstante, los despliegues en países africanos no eran más que una parte del rápido crecimiento del comando de operaciones especiales en ultramar. Al final de la presidencia de Bush, cuando el almirante Eric Olson era el jefe de SOCOM, las fuerzas de operaciones especiales estaban desplegadas en unos 60 países de todo el mundo. Para 2010, ese número había llegado a 75, según Karen DeYoung y Greg Jaffe, periodistas del Washington Post. En 2011, el coronel Tim Nye, portavoz de SOCOM le dijo a TomDispatch que el total llegaría a 120 hacia el final de ese año. En 2013, con el almirante McRaven al mando de SOCOM, el entonces mayor Robert Bockholt le dijo a TomDispatch que ese número había saltado a 134. Bajo el comando de McRaven y Votel en 2014, según palabras de Bockholt, el total casi no varió: 133. Sin embargo, el secretario de defensa saliente Chuck Hagel anotó que bajo el mando de McRaven –desde agosto de 2011 hasta agosto de 2014– las fuerzas de operaciones especiales operaban en más 150 países. “De hecho, SOCOM y la totalidad de las fuerzas armadas de Estados Unidos están más comprometidos que nunca en el ámbito internacional; en más sitios y con una variedad mayor de misiones, dijo en un discurso en agosto de 2014.
No estaba bromeando. Pasados solo dos meses del año fiscal 2015, el número de países donde se han realizado operaciones especiales ya llegaba a 105, según Bockholt.
SOCOM se negó a hacer comentarios tanto sobre la naturaleza de sus misiones como acerca de los beneficios de actuar en tantos países. El comando ni siquiera ha dado el nombre de un solo país en el que hayan intervenido fuerzas de operaciones especiales estadounidenses en los últimos tres años. No obstante, un vistazo sobre algunas de las operaciones, ejercicios y otras actividades que han salido a la luz pinta un cuadro de un comando trotamundos en constante movimiento con alianzas en todos los rincones de la Tierra.
Por ejemplo, en enero y febrero [de 2014], integrantes del 7 grupo de las fuerzas de operaciones especiales y el 160 regimiento de operaciones aéreas especiales realizaron un intercambio de instrucción en acciones conjuntas combinadas (JCET, por sus siglas en inglés) con fuerzas de Trinidad y Tobago, al mismo tiempo que el 353 grupo de operaciones especiales se reunía con miembros de la real fuerza aérea de Thailandia para realizar los ejercicios Teak Torch en Udon Thani, Thailandia. En febrero y marzo, en el marco de las JCET, los Boinas Rojas del 20 grupo de fuerzas especiales se adiestró con tropas de elite de la República Dominicana.
En marzo, miembros del comando de operaciones especiales de la armada y la unidad especial 1 de guerra naval se embarcaron en el crucero portamisiles USS Cowpens para participar en maniobras en el marco del programa Multi-Sail 2014, unos ejercicios anuales diseñados para defender la “seguridad y estabilidad en la región India-Asia-Pacífico”. También en marzo, soldados, marineros, infantes de marina y aviadores de elite participaron en un ejercicio de adiestramiento (cuyo nombre clave era Fused Response) con integrantes de las fuerzas armadas de Belice. “Ejercicios como este crean entendimiento y vínculos entre las fuerzas de Estados Unidos y de Belice”, dijo el teniente general de la fuerza aérea Herbert Toro, perteneciente al comando sur de operaciones especiales.
En abril, soldados del 7 grupo de fuerzas especiales se unieron a fuerzas aerotransportadas de Honduras para adiestrase en salto con paracaídas, lanzándose sobre la base aérea de Soto Cano de ese país. Soldados de la misma unidad, junto con la fuerza de tareas de Afganistán, realizaron también operaciones encubiertas en el sur del país en la primavera de 2014. En junio, miembros de grupo 19 de fuerzas especiales efectuaron unas JCET en Albania, al mismo tiempo que hombres de la fuerza Delta participaban en la misión de rescate de sargento Bowe Bergdahl en Afganistan. También en junio, comandos de la fuerza Delta ayudaron en el secuestro de Ahmed Abu Khattala, sospechoso de ser el responsable de los ataques terroristas de 2012 en Benghazi, Libia, que mataron a cuatro estadounidenses, mientras los Boinas Rojas se trasladaban a Iraq para asesorar en la lucha contra el Estado Islámico.
En junio y julio, 26 miembros del escuadrón 522º de operaciones especiales llevaron a cabo una misión de 45.000 kilómetros que los llevó a Sri Lanka, Tanzania y Japón, entre otras naciones, para proteger “tres aviones monomotor [del comando de operaciones especiales de la fuerza aérea] destinados al área de responsabilidad del Pacífico”. En julio, fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos viajaron a Tolemaida, Colombia, para competir contra otras tropas de élite llegadas de 16 países –en actividades como tiro de precisión en distancias largas (especialidad de los francotiradores), tiro al blanco, carreras con obstáculos– en la competencia anual llamada Fuerzas Comando.
En agosto, soldados del grupo 20 de las fuerzas especiales realizaron una JCET con unidades de elite de Surinam. “Juntos, hemos progresado mucho en un mes. Si hemos de operar juntos alguna vez en el futuro, ya sabemos que tenemos compañeros y amigos en los que podemos confiar”, dijo un suboficial de esa unidad. En Iráq, en ese mismo mes, los Boinas Rojas cumplieron una misión de reconocimiento en el monte Sinjar como parte de las tareas de protección de la etnia yazadí asediada por militantes del Estado Islámico, mientras comandos de la fuerza Delta incursionaban en una refinería de petróleo en el norte de Siria en una tentativa de salvar al periodista estadounidense James Foley y otros rehenes en manos del mismo grupo. Esta misión fue un desastre, y Foley fue brutalmente asesinado poco tiempo después.
En septiembre, unos 1.200 integrantes de la fuerza de operaciones especiales de Estados Unidos y personal de apoyo se unieron con tropas de élite de Holanda, República Checa, Finlandia, Gran Bretaña, Lituania, Noruega, Polonia, Suecia y Eslovenia para participar en Jackal Stone, un ejercicio de adiestramiento centrado en todo lo que tiene que ver con el combate en espacios cerrados, tácticas de francotirador, operaciones con pequeñas embarcaciones y rescate de rehenes. En septiembre y octubre, soldados del tercer batallón del 75 regimiento de Rangers estuvieron en Corea del Sur para practicar en tácticas con pequeñas unidades como neutralización de trincheras y destrucción de búnkeres. Durante octubre, comandos de la Fuerza Aérea hicieron simulaciones de misiones de rescate de rehenes en el campo de adiestramiento de Stanford cercano a Thetford, Inglaterra. Mientras tanto, en aguas internacionales frente a Chipre, un grupo SEAL de la Armada confiscó un petrolero que llevaba crudo a un puerto en poder de los rebeldes libios. En noviembre, comandos estadounidenses llevaron a término una incursión en Yemen que liberó a ocho rehenes extranjeros. El mes siguiente, una unidad SEAL realizó una sangrienta misión que dejó dos rehenes –uno de ellos Luke Somers– y ocho civiles muertos. Estas, por supuesto, solo son algunas de las misiones que consiguieron convertirse en noticia o, de algún modo u otro, ser registrados.
Quieren estar en todas partes
Para los jefes de las operaciones clandestinas de Estados Unidos, el planeta Tierra es tan inestable como interconectado. “Yo le garantizo que lo que ocurre en Latinoamérica afecta a lo que sucede en el oeste de África, lo que a su vez afecta a lo que ocurre en el sur de Europa, lo que a su vez afecta lo que sucede en el suroeste de Asia”, dijo el año pasado McRaven en Geoint, un encuentro anual que reúne a ejecutivos de la industria de la vigilancia y personal militar. ¿Qué proponen para solucionar esta entrelazada inseguridad? Más misiones en más países –de hecho, en más de las tres cuartas partes de de los países del mundo– durante el ejercicio en el cargo de McRaven. Y el escenario parece dispuesto para todavía más de lo mismo en los años venideros. “Nosotros queremos estar en todas partes”, dijo Votel en Geoint. En 2015, las fuerzas a sus órdenes ya están transitando ese camino.
“Nuestro país tiene grandes expectativas en relación con las fuerzas de operaciones especiales”, les dijo el otoño pasado a operadores especiales en Inglaterra. “Cuentan con nosotros para hacer las tareas más duras en las condiciones más difíciles”. Sin embargo, la naturaleza y la localización de esas “duras tareas” siguen siendo desconocidas para los estadounidenses. Y, aparentemente, Votel no está interesado sacarlas a la luz. “Lo siento, pero no”, fue la respuesta de SOCOM al pedido de TomDispatch de tener una entrevista con el jefe de operaciones especiales sobre las misiones en curso y futuras. De hecho, el comando se negó a que cualquier integrante de su personal estuviera disponible para conversar acerca de qué está haciendo Estados Unidos con los dólares del contribuyente y en su nombre. No es difícil adivinar el porqué.
Votel se sienta ahora sobre una de las leyendas más exitosas de la historia militar estadounidense después del 11-S de 2001, una historia plena de guerras no ganadas, intervenciones fracasadas, rampante actividad criminal, repetidas filtraciones sobre secretos embarazosos y todo tipo de impresionantes escándalos. Mediante una hábil combinación de bravuconería y secretismo, filtraciones bien colocadas, acertada promoción comercial y trabajo de relaciones públicas, el sagaz culto a la mística del superhombre (junto a una buena dosis de retorcida fragilidad) y un extremadamente popular alto perfil y el asesinato de precisión, las fuerzas de operaciones especiales se han convertido en el niño mimado de la cultura popular estadounidense; al mismo tiempo, el comando ha sido un constante ganador en las duras batallas por presupuesto libradas en Washington a puñetazo limpio.
Esto es especialmente impactante cuando se contrasta con lo en ocurre realmente en el terreno: en África, el haber armado, adiestrado y equipado a quienes realizan luego un golpe de Estado; en Iraq, las fuerzas especiales más escogidas implicadas en la tortura, la destrucción de viviendas y el asesinato de inocentes que estaban heridos; en Afganistán, la historia es similar, con frecuentes informaciones de civiles asesinados; entretanto, en Yemen, Pakistán y Somalia, ha habido más de lo mismo. Y esto es solo lo más superficial de los errores de las fuerzas de operaciones especiales.
En 2001, antes de que las operaciones “negras” de Estados Unidos empezaran su vasta guerra clandestina contra el terror, la plantilla del comando de operaciones especiales tenía unos 33.000 integrantes, de los cuales unos 1.800 eran la élite de la élite, es decir, el comando conjunto de operaciones especiales (JSOC). En ese momento, también había 23 grupos terroristas –desde Hamas al IRA irlandés– reconocidos por el Departamento de Estado; entre ellos, al-Qaeda, cuyos miembros se estimaban en un número de ente 200 y 1.000 militantes. Este grupo estaba principalmente establecido en Afganistán y Pakistán; a pesar de ello, pequeñas células suyas habían actuado en unos cuantos países, incluyendo Alemania y Estados Unidos.
Después de más de una década de enfrentamientos secretos, vigilancia generalizada, incontables asaltos nocturnos, detenciones y asesinatos, por no mencionar los miles y miles de millones de dólares gastados, los resultados hablan por ellos mismos. SOCOM ha más que duplicado su tamaño y el secretísimo JSOC puede haber alcanzado el tamaño que SOCOM tenía en 2001. Desde septiembre de ese año, han surgido 36 nuevas organizaciones terroristas, entre ellas una multiplicidad de franquicias, desprendimientos y aliados de al-Qaeda. Hoy día, estos grupos continúan operando en Afganistán y Pakistán –en este último país, hay 11 grupos reconocidamente afiliados de al-Qaeda y cinco en el primero de ellos–, pero también en Mali y Túnez, en Libia y Marruecos, en Nigeria y Somalia, en Líbano y Yemen, entre otros países. Una filial de al-Qaeda nació de la invasión estadounidense de Iraq y se crió en un campo de concentración de Estados Unidos; hoy, con el nombre de Estado Islámico, controla una amplia porción de ese país y de la vecina Siria, un protocalifato en el corazón de Oriente Medio que en 2001 no era más que una ensoñación yihadista. Esta organización, solo ella, tiene un efectivo estimado de unos 30.000 hombres y se las ha arreglado para apoderarse de un importante territorio que incluye la segunda ciudad de Iraq (Mosul), a pesar de que en su infancia fue implacablemente atacado por los JSOC.
“Necesitamos seguir armonizando el despliegue de fuerzas de operaciones especiales en todo el orbe”, dice Votel. “Todos nosotros debemos estar sincronizados, coordinados y preparados en todos los aspectos del mando”. Marginados por esa sincronización, los estadounidenses han sido mantenidos sistemáticamente en la oscuridad acerca de los encargados de las operaciones especiales de Estados Unidos y no saben qué están haciendo ni dónde lo están haciendo, menos aún los accidentados resultados y las repercusiones de lo que han hecho. Pero si la historia sirve para algo, la oscuridad que envuelve a las operaciones especiales ayuda a garantizar que esta siga siendo la “edad dorada” del Comando de Operaciones Especiales.
Fuente: Tomgram: A Shadow War in 150 Countries, TomDispatch, 20 de enero, http://www.tomdispatch.com/blog/175945/

¿Les suena de algo el triple crimen de Chapel Hill?

A Craig Stephen Hicks sus vecinos musulmanes le exasperaban. Eran tres estudiantes jóvenes que se llamaban Deah Shaddy Barakat, de 23 años, Yusor Mohammad, de 21, y  Razan Mohammad Abu-Salha, de 19. Dos de ellas, que eran hermanas, utilizaban hiyabs. Es posible que eso le exasperara aún más.
El martes de la semana pasada los mató en una localidad de Carolina del norte llamada Chapel Hill con la impronta de una ejecución sumaria: disparos a la cabeza de cada una de sus tres víctimas.
La esposa del asesino dice que fue «una disputa entre vecinos». Para la policía el asesino actuó impulsado por la rabia a causa de una plaza de estacionamiento.
Pero, ¿es normal en Estados Unidos que alguien mate a sus vecinos por un problema de aparcamiento?, ¿a todos ellos?, ¿disparando a la cabeza?
Hagamos la pregunta en sentido simétrico: ¿qué hubiera dicho la policía si la actuación hubiese ocurrido a la inversa? Los titulares de prensa serían: un acto terrorista, un crimen islámico (otro más), son gente agresiva, intolerante, violenta…
Es posible, lector, que ésta se la primera noticia que tiene del triple crimen de Chapel Hill. Si hubiera ocurrido a la inversa, su información estaría al mismo nivel de saturación que el reciente crimen de Copenhague.


El asesino ha reconocido a la policía que con anterioridad había tenido roces con sus vecinos cuando llevaba un arma en el cinturón.

El padre de las dos jóvenes musulmanas asesinadas, Mohammad Abu-Salha, recuerda que su hija Yusor Mohammad le comentó alguna vez: “Papi, creo que él nos odia por ser quienes somos”. Luego criticó durante a los medios de intoxicación, que “bombardean al ciudadano estadounidense con el terrorismo islámico, islámico, islámico, y hace que la gente aquí nos tenga miedo y nos odie y nos quiera fuera. Así que si alguien tiene un conflicto contigo, y ya te odia, recibes una bala en la cabeza”, dijo.
Al día siguiente del crimen unas 2.000 personas acudieron a una vigilia con velas por las víctimas en el campus universitario donde estudiaban. Varias personas que les conocían hablaron de su generosidad mientras los amigos recordaban gestos de amabilidad que los fallecidos tuvieron con otras personas a lo largo de los años.
Dos de las víctimas, Barakat y Mohammad, eran recién casados que ayudaban a los sin techo y recaudaban dinero para ayudar a los refugiados sirios en Turquía. Se conocieron cuando ayudaban a dirigir la Asociación de Estudiantes Musulmanes en la Universidad del Estado de Carolina del Norte, antes de que él comenzara sus estudios avanzados de odontología en Chapel Hill. Mohammad, que se graduó en diciembre, tenía previsto unirse a su esposo en la facultad de odontología en otoño.
Los asesinatos alimentaron la indignación de las personas que culpan a la campaña antimusulmana de los medios. Hemos pasado de los odiosos crímenes a los crímenes de odio, y la ofensiva no para. Hace un par de días en Houston los terroristas le prendieron fuego a un centro islámico con bidones de gasolina. El twuit de un bombero exortaba a sus colegas para que no apagaran el incendio, de manera que el centro se consumiera completamente en llamas, como así ocurrió.

Mucha gente, incluida la policía, dice que el motivo del crimen le importa poco. ¿Qué más da? El caso es que los tres jóvenes de Chapel Hill están muertos. ¿No?

Si así fuera, así debería ser en todos los casos, no sólo en algunos. Si los motivos (religiosos, raciales, nacionales) no importaran, ¿a qué viene tanto agobio con el yihadismo?, ¿por qué los parlamentarios españoles se disponen a aprobar una ley a marchas forzadas?
¿Serán los jueces españoles capaces de diferenciar entre el yihadismo y una disputa por la plaza de aparcamiento? Depende de quién cometa el crimen y quién sea la víctima. Por lo tanto, si cuando conduces eres propenso a montar follones a la mínima y tienes un Corán guardado en el armario de tu casa, ya sabes lo que tienes que hacer: prende fuego al Corán y coloca en su lugar la Epístola de San Pablo a los Corintios.

Los polvos del rey han salido muy caros

Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la amante del rey Juan Carlos, amasó una gran fortuna durante su estancia de diez años entre las sábanas de las alcobas reales españolas.
Cuando conoció al rey de España, Corinna no tenía ningún tipo de patrimonio relevante. En 2013 la hicieron abandonar España, pero no se fue con las manos vacías. Según datos en poder del gobierno, se fue con 30 millones de euros cobrados por unos «servicios» prestados, no se sabe bien si a España o a su Jefe de Estado.
Se tuvo que marchar por presiones de destacados capitalistas autóctonos a quienes debía sangrar abundantemente cada vez que querían ver al rey vestido en traje de faena. Se fue con ese dinero pero con la prohibición de volver a España.
«Nadie va a reclamar ese dinero. Nada fue ilegal; en todo caso, poco ético. Era dinero de comisiones por el AVE de Arabia Saudí, por las renovables, del fondo hispano-saudí…», publica la revista Interviú, que además añade que todos sus movimientos y «trabajos» en España los denominaba gestiones «delicadas».
Según informaciones que están en manos del gobierno, tan solo un año después de conocer al monarca fundó una empresa de consultoría internacional llamada Apollonia Associates en unos momentos en los que no tenía ningún patrimonio relevante.
Los servicios de inteligencia explicaron a la revista que se habrían abierto dos cuentas en Suiza a nombre de «Identidades Operativas» un nombre falso pero con documentación española totalmente legal. Por norma general este tipo de procedimientos se utiliza para espías encubiertos.
El dinero era destinado a dos bancos desde donde era controlado por un bróker que era el encargado de hacerle llegar el dinero a la princesa Corinna. Así el dinero no deja rastro y si un juez tratara de seguir las huellas, no encontraría nunca ningún pago a nombre de la princesa Corinna.
Hay otro problema añadido: como el rey vuelva a ligar lo llevamos crudo porque sus polvos los paga el Estado con los impuestos públicos ya que que el rey sigue siendo el rey, aunque no sepamos de qué ni de quién. ¿El rey de España, ¿el rey del polvo?
España es una monarquía bicéfala. Tenemos dos reyes y si en la Casa Real todos tienen la misma líbido, es fácil que el Palacio de la Zarzuela se llene de niños y pretendientes llamados a la suceder a la Corona.

Grecia no debe 26.000 millones de euros a España

Es posible que Usted haya oido muchas veces frases, o sea mentiras, como éstas en los medios de intoxicación:
“Los españoles les prestamos 26.000 millones, y yo no soy partidario de perdonárselos; que nos los devuelvan, porque nosotros también los necesitamos” (Esteban González Pons, portavoz del PP en el Parlamento Europeo).
“Hay 26.000 millones de euros prestados y España tiene que velar por ese dinero, que es de todos los españoles. Yo creo que cualquier político responsable lo que quiere es que ese dinero se recupere” (Luis de Guindos, ministro de Economía).
Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, da una tercera cifra, 32.744 millones de euros, que no coincide con las anteriores y sostiene, además, que si España no hubiese prestado ese dinero a Grecia podrían haber aumentado “las prestaciones un 50 por ciento o aumentar las pensiones un 38 por ciento”.

Las cifras que facilitan estos farsantes no coinciden porque son falsas. España no le ha prestado a Grecia ni 26.000 ni 32.744 millones de euros. Ni Grecia nos debe ese dinero.

España le prestó a Grecia exactamente 6.659,48 millones de euros en 2010 y 2011. El resto, unos 19.600 millones de euros, es dinero que le prestaron determinados buitres y especuladores financieros para hacer un negocio usurario.
Lo que ocurre es que el gobierno avaló ese préstamo, es decir, no puso ni un céntimo de esos 19.600 millones, pero se comprometió a pagarlos en caso de que Grecia no pagara a los buitres. Por lo tanto, ni hemos prestado 26.000 millones de euros ni obviamente los podemos recuperar porque nunca han sido nuestros.
Es posible que tengamos que pagar una parte de esa cantidad si Grecia finalmente logra aplicar una quita en su deuda pública. Pero ese dinero no se lo habremos dado a Grecia sino a una pandilla de buitres autóctonos.
Por lo tanto, lo que Ustedes se deberían preguntar es: ¿por qué el gobierno avaló esos préstamos?, ¿no sería más correcto pensar que a quien avalaron fue a los especuladores españoles?, si a ellos el negocio les ha salido mal ¿por qué nosotros debemos pagar otra vez los platos rotos?

El Punto 10 de los acuerdos de Minsk-2

Según el Punto 10 de los nuevos acuerdos de Minsk recientemente firmados, las partes se comprometen a retirar del frente las fuerzas extranjeras y el armamento pesado. Este acuerdo plantea dos problemas. El primero es la supuesta presencia de tropas rusas combatiendo justo a las milicias de Lugansk y Donetsk, que el gobierno de Kiev estima en 10.500 efectivos. El segundo es el anuncio de Estados Unidos del envío de una batallón de 600 instructores de la 173 Brigada Aerotransportada del ejército americano para entrenar a las fuerzas armadas ucranianas.

No cabe duda de que este punto se va a convertir en la manzana de la discordia, a la vista de la persistente propaganda, tanto del gobierno de Kiev como de sus amos en Washington. Durante una conferencia de prensa a Poroshenko se le vio blandiendo en público, tanto pasaportes rusos capturados en el frente, como fotografías que “demostraban” que el gobierno de Ucrania lo que combate es un extraño “expansionismo ruso” al que le debe su existencia como país.

Por lo demás, es casi aburrido insistir en que tanto los pasaportes como las fotos eran falsos, que la OSCE ha reconocido que no hay tropas regulares rusas combatiendo en el Donbás y que el jefe de Estado Mayor ucraniano Viktor Muzenko también lo ha confesado así, lo cual confirma que en esta guerra quien cuenta la verdad es Rusia y quienes mienten son los de siempre y, por consiguiente, las sanciones económicas contra Rusia se fundamentan en una farsa de Estados Unidos y la Unión Europea.

La pregunta es de cajón: si los rusos no tienen tropas en el frente del Donbás, ¿qué es lo que están obligados a retirar? Un asunto apasionante, sin duda.

Pasemos al segundo aspecto de la cuestión, que es peliagudo por una razón obvia: porque el anunció del envío de tropas de Estados Unidos a Ucrania se producía justamente en el momento en el que se firmaban los acuerdos. Desde entonces una serie de dudas nos recorren la cabeza. Las compartimos con Ustedes.

Se nos ocurre que la Casa Blanca estaba al corriente de los térmnos del acuerdo, a pesar de lo cual mantiene su decisión de enviar las tropas como un órdago a la mayor. Para ello puede argumentar que el 173 Batallón Aerotransportado no es una unidad de combate sino de entrenamiento. También puede decir que tiene un acuerdo con un Estado soberano, Ucrania, que así se lo ha pedido, con lo cual transmite la responsabilidad del asunto a uno de los firmantes que desde el principio se va saltar los acuerdos a la torera, o bien cabe otra posibilidad ridícula: que Ucrania pida a Estados Unidos que no necesita al Batallón porque tiene un acuerdo de paz, por lo que debe cancelar su envío. En caso contrario, la presencia de tropas americanas en Ucrania habilita a los rusos para que hagan lo mismo: enviar otro batallón de instructores a las Repúblicas Populares de Donets y Lugansk, cuya existencia consagran los acuerdos como verdaderas autoridades políticas locales con derecho a disponer de milicias armadas.

Supongamos ahora lo contrario, por absurdo que parezca: la Casa Blanca no conocía los términos del acuerdo y se atuvo a compromisos previos de envío de tropas a Ucrania. Sin embargo, el gobierno de Kiev no ha rectificado para decirles a los gringos que ya no las necesita porque ha llegado a un acuerdo.

El caso es que tanto Ucrania como Estados Unidos se han metido en un atolladero y van a tener que elegir entre los acuerdos o las tropas, aunque lo más probable es todo no sea más que otra provocación más del imperialismo y pretendan hacer valer dos cosas incompatibles, los acuerdos y la burla, que es lo más probable.

Conociendo a Victoria Nuland, que es quien mueve los hilos de la guerra en Washington, desde aquí apostamos por la última hipótesis, por lo que sólo nos quieda ver la cara que ponen Merkel y Hollande cuando se enteren de la última jugarreta. ¿No son ellos los garantes de los acuerdos firmados?

En Irak los paracaidistas relevarán a la Legión

El jueves el general Juan Cifuentes, jefe de la Brigada Paracaidista “Almogávares VI”, aseguró que todo apunta a que «relevaremos en el segundo semestre de este año a la Legión» en Besmaya (Irak). No hay confirmación oficial aún, pero el general Cifuentes así lo espera porque así ha venido siendo hasta ahora según el ciclo de disponibilidad de las Fuerzas Armadas.
Ahora ya nadie justifica la intervención militar en Irak con la demagogia «humanitaria», como ocurrió al principio. Los paracaidistas relizarán en el centro de entrenamiento de Besmaya, que los españoles comparten con los estadounidenses, idéntica misión de adiestramiento de las Fuerzas de Seguridad Iraquíes que ya están desarrollando casi 200 legionarios al mando del coronel Julio Salom desplegados desde primeros de febrero como parte de la aportación española a la coalición internacional que tiene invadido Irak.
El general Cifuentes aseguró a un grupo de periodistas, convocados en la Base Príncipe de la BRIPAC en Paracuellos del Jarama con motivo del próximo aniversario (23 de febrero) del primer salto paracaidista de Ejército de Tierra en 1954, que «tengo cola en mi despacho de gente que quiere ir». De hecho, los paracaidistas «están en prealerta». El general no aclaró si el deseo de los paracaidistas de acudir a Irak es desinteresado o, por el contrario, tiene su origen en los pluses de peligrosidad y la enorme diferencia de sueldos que ocasiona.
Según el general Cifuentes la Brigada Paracaidista cuenta con personal capacitado para desarrollar esa misión de adiestramiento que ya han realizado en Malí con 100 hombres hasta el mes de noviembre. «Es una nueva modalidad de empleo para el que hay que seleccionar a personal que sepa enseñar lo suyo, gente con idiomas y bien preparada». Además, «tendrán que recibir una preparación específica para saber enseñar lo suyo y enseñarlo en inglés»
Los «boinas negras», que según su general al mando, «donde se desenvuelven bien es en operaciones», sólo tienen en este momento un hombre destinado en Somalia, y están a la espera de nuevos cometidos. Dado que la instrucción específica de los 200 paracaidistas que relevarán a los legionarios en Besmaya lleva entre cuatro y seis meses, se prevé que la confirmación oficial del relevo no tarde en llegar.
Como ven, los soldaditos españoles, con boina o sin ella, ya están por todo el mundo. ¿Qué se les habrá perdido?

Los fascistas ucranianos rechazan los nuevos acuerdos de Minsk

Dmytro Iaroch
En su perfil de Facebook el máximo dirigente de Pravy Sektor, Dmytro Iaroch, ha escrito que su organización rechaza los acuerdos «de paz» firmados el jueves en Minsk y amanzó con que sus unidades paramilitares en el este de Ucrania continuarán los combates «según sus propios planes».
En su declaración el fascista Iaroch afirma que todo acuerdo con las milicias de Novorrosia, a las que califica como «terroristas», no tiene fuerza de ley, contradice la constitución ucraniana y, por consiguiente, los ucranianos no están obligados a cumplirlos.
Si el ejército recibe la orden de cesar la actividad armada y retirar las armas pesadas de las regiones orientales, los paramilitares de Pravy Sektor «se reservan el derecho de continuar la guerra», asegura Iaroch.
La organización paramilitar de Pravy Sektor, añade este nazi ucraniano, continúa desplegando sus efectivos y reservando unidades para formar y sostener logísticamente al personal, corrdinando sus actividades con el mando militar el ejército ucraniano, las unidades paramilitares del Ministerio de Defesa y del Ministerio del Interior.
Rechazando en redondo la iniciativa alemana y francesa, el fascista Iaroch declara que el presidente Poroshenko debería acudir a Estados Unidos o a Inglaterra «que llevan una política anti-Kremlin».
A petición de la policía rusa, Dmytro Iaroch tiene una orden internacional de busca y captura de Interpol desde julio del pasado año.
La organización fascista Pravy Sektor que dirige es una coalición que se formó tras las movilizaciones del año pasado en Kiev.

West is west

Acostumbrados como estamos a los clichés de Hollywood, la épica del western (las pelis «del oeste» gringo) sólo muestra aspectos parciales del legendario Far West (Lejano Oeste). Tipos e hipotipos atípicos como el gunman o pistolero, ya sea en su vertiente patológica y solitaria o como caballero andante medieval tan bien encarnado por Clint Eastwood («Clin Ísvu», para los castizos de raza). Nada que ver con la auténtica historia de los míticos cowboys, quienes, para empezar, eran malos tiradores. El «salvaje oeste» (wild west) ni era tan «salvaje» ni tan del «oeste». Los pistoleros profesionales procedían del Este, como (Wild) Bill Hickock o Butch Cassidy (el Paul Newman de «Dos hombres y un destino»).
Haremos un inciso para decir que Billy the kid (Billy el niño) era un enfermo mental, Jesse James un tacaño pervertido, Wyatt Earp, usurero y ladrón amén de proxeneta en Dodge City y «Bat» Masterson un «fantasmón» cobarde que le daba a los pordioseros con su bastón y se hizo imprimir 22 víctimas imaginarias en la culata de su colt: las «muescas». «Doc» Hollyday no era médico, sino dentista y tuberculoso. Estos son los «héroes», aparte de Daniel Boone, Davy Crockett, Kit Carson, Jim Bowie y demás que solamente existieron en el celuloide -poblando y colonizando nuestra infancia a los que ya peinamos canas- siendo su vida real pura anécdota y pretexto para engranar la parca «historia» de EE.UU. En España tienen al Cid y a Guzmán el Bueno.
En realidad, no puede hablarse de un tipo genuino de cowboy, ya saben, rudo, zafio, sucio y amante de la bronca. Lo primero que hacían al llegar a una ciudad era ir al barbero (barber shop), lavarse y comprar ropa. Y, luego, irse de farra, eso sí, después de largas jornadas por las inmensas praderas. No todos bebían ni jugaban ni montaban números. Incluso daban la paga a «su chica», quien la tuviera, pues eran solterones empedernidos y su salario no les daba para formar un hogar. Los vaqueros eran gente de gustos diversos. Como los humanos que se encuentran en sociedades creadas súbitamente, estaban convencidos de que cada uno es responsable de sí mismo y del modo como conduce su existencia, o sea, si te va mal, te jodes, tú te lo has buscado, haber seguido el ejemplo de Zaplana, que este sí que es listo de cojones. O listillo. Algo típico del puritanismo (los católicos son puritanos sin saberlo, y los puritanos ni saben que lo son) calvinista protocapitalista: ayúdate a ti mismo y el cielo te protegerá. Aún así, no soportaban -volvemos a los vaqueros- las leyes ni nada que reglamentara su libertad individual. El cowboy era el individualista más perfecto que el modo de vida americano (american way of life) haya jamás producido. Su único código de honor era «vive y deja vivir» (live and let live, y no live and let die, vive y deja morir, de la película bondiana con música de Paul MacCartney con que se queda el personal). Y jamás disparar a un hombre desarmado o no darle oportunidad de defenderse, pero muy lejos de los peliculeros duelos.
Estos hombres, que habían cortado todos los lazos con su familia, quien la tuviera, para vivir en la soledad de un microsistema exclusivamente masculino, tenía, a ver, sus urgencias sexuales. Su punto de vista respecto a la sexualidad no era cuáquero ni meapilas. Para ellos, esta necesidad – recordemos el bromuro que se metía en el rancho de los que hacían la «mili» en Hispanistán – era la más natural de todas y no veían ninguna razón válida para negarse, y menos mortificarse, la satisfacción de tener en cuenta el sexo del compañero. Lo mismo que no se privaban de comer, beber, cantar y bailar entre ellos. Si era posible, las relaciones sexuales se daban con mujeres, pero cuando el oficio obligaba a que grupos exclusivamente masculinos permanecieran aislados en regiones apartadas, tenían lugar entre hombres, o sea, como los espartanos. Y sin ninguna afectación afeminada, lo que un cowboy jamás toleraría. Igual que ver maltratar a una mujer, algo insoportable para él, por ser propio de cobardes, de poca «hombría».
La libertad individual, la confianza en sí mismos y la lealtad a los compañeros, aparte de una filosofía panteísta pegada a los indios, eran sus lemas. La silla de montar su tesoro (como hoy las llaves del coche, que si las pierdes te cagas en lo más barrido). Una cosa es el cine y otra la historia. Aquella película de hace unos años, Brokeback Mountain, de Ang Lee, que trataba de las relaciones homosexuales entre dos rudos vaqueros, se acercaba pelín a la realidad de las cosas en aquellas condiciones y circunstancias.

Fue Estados Unidos quien ordenó el asesinato del Che

En un nuevo libro titulado Who killed Che? (¿Quién mató al Che?) dos investigadores estadounidenses ofrecen nuevas pruebas que confirman que Estados Unidos ordenó el asesinato del Che. Así se refleja en varios documentos secretos.
Sus autores Michael Ratner y Michael Steven Smith ponen de relieve el papel de la CIA en el asesinato del dirigente guerrillero en 1967. La mitad de la obra lo componen los documentos que los autores obtuvieron recurriendo a la Ley de Libertad de Información.
Con ellos los investigadores ofrecen nuevas evidencias que desmienten la versión imperante según la cual el mítico revolucionario fue ejecutado unilateralmente por orden del entonces presidente de Bolivia, René Barrientos Ortuño, cuyo Gobierno respondía a los intereses de Estados Unidos.
“A pesar de los tachones, la documentación revelada demuestra que el Che fue apresado, herido y asesinado por la CIA, un crimen de guerra aprobado por el Gobierno de Estados Unidos”, enfatizó Smith, uno de los autores, en una entrevista con Amy Goodman (*).
Nacido en Argentina en 1928, Ernesto Che Guevara se hizo conocido en todo el mundo como uno de los principales dirigentes de la Revolución Cubana de 1959 que derrocó al dictador Fulgencio Batista apoyado por Estados Unidos.
Después de participar durante un período en la dirección del nuevo gobierno cubano, el Che se propuso despertar la actividad revolucionaria a escala internacional, hasta que el 8 de octubre de 1967, fue capturado por las tropas bolivianas que trabajaban con la CIA y ejecutado fríamente al día siguiente.
“El argumento del gobierno estadounidense fue ‘Los bolivianos lo hicieron; no pudimos hacer nada al respecto’. Eso no es cierto”, sostiene Smith, uno de los autores. Toda la operación la organizaron Walt Whitman Rostow y la CIA para la Casa Blanca. Rostow trabajaba para el presidente Johnson. Era el asesor de seguridad nacional.
“Estados Unidos quería al Che muerto porque esa era la manera de acabar con el fervor revolucionario en América Latina y en el mundo”, concluye Smith.
(*) http://www.democracynow.org/2012/2/7/who_killed_che_how_the_cia

Varios guardias civiles condenados por tráfico de drogas en Cádiz y Ciudad Real

La Audiencia Provincial de Cádiz ha condenado a un guardia civil de Ceuta a un año de prisión por formar parte de una red de tráfico de drogas. El cometido del guardia civil, natural de Melilla pero destinado en Ceuta, era preparar las lanchas donde se transportaba la droga.

La sentencia se impone por un delito cometido en 1999 en el que estaban implicadas siete personas -cuatro de ellas ceutíes- por formar una organización de tráfico de sustancias estupefacientes.

Los cabecillas de la red han sido condenados a un año y diez meses de prisión mientras que el guardia civil ha sido condenado a un año de cárcel y 600.000 euros de multa como cómplice de la red ilegal.

Los hechos ocurrieron el 8 de noviembre de 1999 y en el transcurso de la operación los acusados desembarcaron 578 kilos de hachís en una playa de Algeciras (Cádiz), siendo detenidos por la Policía Nacional.

El guardia civil detenido preparaba los motores y las lanchas en las que se transportaba la droga desde Marruecos o Ceuta a las costas peninsulares.

La condena contra un guardia civil es la segunda que se produce esta semana cuando el Juzgado de lo Penal número 2 de Ceuta dictó una sentencia condenatoria de un año y dos meses de prisión para otro guardia civil de Ceuta, detenido con 197 gramos de resina de hachís en su poder, por un delito contra la salud pública.

El guardia fue detenido en junio de 2010 por agentes antidroga de la Compañía de Ceuta cuando desembarcaba en la ciudad procedente de Algeciras (Cádiz) con 197 gramos de hachís en su poder, según la sentencia.

Lo mismo ha ocurrido en Ciudad Real, cuya Audiencia Provincial ha condenado a dos hombres, uno de ellos un guardia civil destinado en el cuartel de Almadén, por tráfico de drogas. La pena es de sólo dos años y medio de cárcel por la comisión de dos delitos.

El primer condenado, un civil, aceptó los hechos durante el juicio ya que le incautaron 144 gramos de cocaína, mientras que el guardia civil destinado en Almadén ha sido condenado a dos años y medio de cárcel por dos delitos, el primero de complicidad en el tráfico de drogas y otro más por revelación de información relevante.

Los hechos se remontan a diciembre de 2007, cuando los vecinos de la localidad presentan varias denuncias contra un grupo de delincuentes del que formaban parte otra serie de personas que también han sido condenadas ya por estos hechos en ocasiones anteriores.

El guardia civil, al que unía su común afición a la caza con varias personas del grupo, se dedicaba a avisar al resto de las actuaciones de sus compañeros del cuerpo para evitar que fueran detenidos en la operación que se había puesto en marcha.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies