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Autor: Redacción (página 1290 de 1362)

El Presidente del Parlamento Europeo llama al cambio de gobierno en Grecia

En Bruselas la escalada de ataques contra Grecia sigue su curso. En declaraciones al diario económico alemán Handelsblatt, el Presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz ha declarado esta mañana que espera un “gobierno tecnocrático” en Grecia que acabe con la “era Syriza” tras una eventual victoria del “sí” en el referéndum del domingo.

Como demostraron en el referéndum de Escocia, a la canalla europeísta no le gustan las urnas y prefiere inventarse un nuevo gobierno, impuesto desde los cenáculos de Bruselas.

No saben perder. Schulz se ha permitido la licencia de decir que Tsipras es “impredecible y manipula a la gente en Grecia, con un carácter casi demagógico”. Cuando son sus colegas los que ganan en las urnas, el tono es completamente diferente. No hay demagogia, ni manipulación.

Como cualquier otro sátrapa, Schulz se permite decirle a Tsipras lo que tiene que hacer: “Si el pueblo griego vota a favor del programa de reformas y por lo tanto a favor del mantenimiento en la zona euro, serían imperativas unas nuevas elecciones y, de manera lógica, la dimisión de Tsipras”.

Schulz sigue dirigiendo los pasos de Grecia. Mientras se celebran nuevas elecciones, dice, la continuidad la debería asegurar “un gobierno de tecnócratas para que nosotros podamos continuar negociando”.

“Si ese gobierno de transición encuentra un acuerdo razonable con los acreedores, entonces sería el fin de la era Syriza. Después Grecia tendría una nueva oportunidad”, dice Schulz.

Por el contrario, el actual gobierno no le gusta al Presidente de la Eurocámara: “Ahora mi confianza en la voluntad de negociar del gobierno griego a alcanzado su grado más bajo”.

Estas declaraciones canallescas van en paralelo con otras de Varufakis a la radio australiana en las que ha sugerido que el gobierno podría dimitir en caso de que venciera el “sí”. En tal caso “yo no sería ministro”, ha dicho Varufakis.

De aquí al domingo, las presiones y chantajes contra Grecia van a continuar para que el resultado sea del agrado de Bruselas. Son los métodos favoritos de los mafiosos, los banqueros y la manada de vividores que anida en las instituciones europeas.

La Unión Europea: un sueño nazi hecho realidad

[…] No solo los nazis, sino los fascistas y los colaboracionistas de muchos países europeos utilizaron el europeísmo para justificar la agresión. Los nazis, los vichystas, los fascistas italianos y muchos otros pasaron muchos años antes y durante la guerra elaborando sofisticados programas de integración política y económica de Europa…

[…] El plan de Hitler de establecer una sola entidad política en toda Europa, su necesidad de buscar respaldo en los propios países ocupados, y muchos elementos centrales de la filosofía nazi, todo ello formaba parte de su pensamiento europeísta.

Los proyectos elaborados por los nazis proclamaban que los estados miembros de la futura Confederación Europea tenían que asegurar que en su territorio no se cometieran actos incompatibles con la solidaridad europea y las obligaciones europeas. En 1943 en una Nota sobre la fundación de una Confederación Europea, Cecile von Renthe-Fink, que ocupaba el rango diplomático de ministro con Hitler, sostenía que las naciones europeas tenían un desarrollo común; decía que Alemania deseaba unir a Europa sobre una base federal; proclamaba que no había intención de inmiscuirse en los asuntos internos de otros países: “Lo único que se requiere de los estados europeos es que sean miembros leales y proeuropeos de la comunidad y colaboren voluntariamente en sus tareas […] El objeto de la cooperación europea será promover la paz, la seguridad y el bienestar de todos los estados europeos y su población”. No se trataba de que un estado o grupo de estados dominara a otros sino de que se establecería una relación de alianza y lealtad mutua en vez de los métodos imperiales de la era anterior. En un tono similar, Werner Daitz declaraba que Europa no se puede administrar de forma centralizada: se debe conducir de modo descentralizado.

Una versión avanzada del plan nazi sobre la futura Confederación Europea volvía sobre el tema del federalismo con la esperanza de encontrar así una solución a la rivalidad entre las potencias imperialistas europeas. Argumentaban que el problema europeo era que una multiplicidad de pueblos tenía que vivir en una superficie relativamente reducida en una combinación de unidad e independencia:

“Su unidad debe ser tan firme como para que nunca más pueda haber guerra entre ellos y los intereses externos de Europa se puedan salvaguardar en su conjunto. Al mismo tiempo, los estados europeos deben conservar su libertad e independencia, para actuar de acuerdo con sus diferentes situaciones y misiones nacionales y cumplir su función particular dentro del marco más amplio, en un espíritu alegre y creativo. La fuerza y la seguridad de Europa no dependen de la subordinación impuesta o exigida por una potencia europea a la otra, sino de la unión de todos. El problema europeo solo se puede resolver sobre una base federal por la cual los estados europeos resuelvan por libre voluntad, basados en un reconocimiento de esta necesidad, unirse en una comunidad de estados soberanos. Esta comunidad se puede designar confederación europea”.

Hasta la hoy famosa y fracasada Constitución Europea es una iniciativa de los nazis. El borrador nazi de Constitución para la Nueva Europa proclamaba el derecho de cada país a organizar su vida nacional como considere adecuado, siempre que respete sus obligaciones hacia la comunidad europea. Otros documentos repetían la misma idea. La actual guerra es también una guerra por la unidad y libertad de Europa, escribió Renthe-Fink:

“Sus objetivos son crear y garantizar una paz duradera para los países europeos […] eliminar las causas de las guerras europeas, sobre todo el sistema de equilibrio de poder […] superar el particularismo europeo mediante la cooperación libre y pacífica entre los pueblos europeos. La lealtad a Europa no significa sujeción sino cooperación franca basada en igualdad de derechos. Cada pueblo europeo debe participar a su manera en la nueva Europa. El único requerimiento es que los estados europeos sean francamente leales a Europa, de la cual son miembros”.

Finalmente, Renthe-Fink añadía: “Cada estado continental debe permanecer consciente de su responsabilidad hacia la Comunidad Económica Europea”. El autor de los proyectos hitlerianos sostenía que no deseaba una burocracia supranacional, ni siquiera un sistema de conferencias intergubernamentales. Cualquier pretensión supranacional podía generar sospechas hacia las ambiciones imperialistas alemanas.

El europeísmo nazi

El europeísmo es, pues, un invento nazi; ellos fueron los primeros en elaborar planes (económicos y políticos) de integración europea. Si extractáramos algunos discursos de la época de Hitler, Goebbels, Ribbentrop y otros dirigentes nazis sin mencionar la fuente, muchos pensarían que son actuales y que se trata de parlamentarios de la eurocámara.

Mucho antes de llegar al poder, en 1932, el dirigente nazi Alfred Rosenberg ya asistió a un congreso de Europa en Roma. Luego Hitler y todos sus portavoces hicieron frecuentes referencias a Europa durante su época de dominación terrorista, incluso antes de la guerra. Hay varias compilaciones, entre ellas un libro profusamente ilustrado, titulado simplemente Europa, cuya introducción escribió Ribbentrop. En 1937, por ejemplo, declaró en el mitin del partido nazi en Nuremberg que quizá estemos más interesados en Europa de lo que otros países necesitan estarlo. Nuestro país, nuestro pueblo, nuestra cultura y nuestra economía han surgido de condiciones europeas generales. En consecuencia, debemos ser enemigos de cualquier intento de introducir elementos de discordia y destrucción en esta familia europea de pueblos.

Poco después, en 1938, Rudolf Hess organizó una presentación en el Congreso del partido nazi, llamada La lucha por el destino de Europa en el Este, que explicaba por qué la colonización alemana de Rusia llevaría la civilización europea a los bárbaros eslavos.

En 1940 Joseph Goebbels dijo: “Estoy convencido de que dentro de cincuenta años la gente ya no pensará en términos de países”. El jefe nazi de propaganda creía que el federalismo alemán podía ser un modelo para Europa porque la absorción de los estados alemanes por parte del imperio alemán había funcionado. Así los estados europeos se podían integrar armónicamente sin atentar contra su identidad: “Si nosotros, con nuestra perspectiva de la Gran Alemania, no tenemos interés en atentar contra las peculiaridades económicas, culturales o sociales de, por ejemplo, los bávaros y los sajones, tampoco tenemos interés en atentar contra la individualidad económica, social o cultural de, por ejemplo, el pueblo checo”.

Los lacayos europeos de los nazis también aceptaban que Alemania era un modelo: Vidkun Quisling declaró que la Confederación Alemana podía servir como modelo para la cooperación con otros estados europeos. Goebbels aseguraba que “nunca hemos tenido la intención de imponer por la fuerza este nuevo orden o reorganización de Europa. De ningún modo debéis pensar que cuando los alemanes traemos un nuevo orden a Europa lo hacemos con el propósito de sofocar a otros pueblos”. Se explayaba sobre el carácter realista de la integración europea: “A mi juicio la concepción que una nación tiene respecto de su propia libertad se debe armonizar con los hechos actuales y las simples cuestiones de eficiencia y propósito. Así como ningún miembro de una familia tiene derecho a turbar la paz por motivos egoístas, no se puede permitir que ninguna nación europea se interponga en el camino de un proceso general de organización”. En el mismo tono, un funcionario del ministerio nazi de Empleo declaró que Alemania podía afirmar que no estaba luchando por sí misma, sino por Europa. Una versión del proyecto nazi de Confederación Europea sostenía que el papel de Alemania en Europa consistía en reconciliar los intereses particulares de los estados europeos con los intereses de Europa en su conjunto. A esta aspiración se sumaba la opinión de que los intereses y necesidades de Alemania están esencial e inseparablemente ligados con los de Europa.

Con frecuencia los nazis enfatizaban que los estados debían unirse voluntariamente a la nueva Europa. “Liderazgo no significa dominación sino protección externa y responsabilidad interna”, era su consigna. Hitler y Mussolini no querían sometimiento sino cooperación sincera: “Todos los pueblos europeos que se han probado históricamente son bienvenidos como miembros de la nueva Europa. Su desarrollo nacional y cultural en libertad e independencia está garantizado”. Cínicamente alegaban que los ejemplos de Finlandia, Hungría, Bulgaria, Rumanía, Croacia y Eslovaquia, países militarmente ocupados todos ellos, demostraban que no había intención de intervenir en los asuntos internos de otros estados: “Nuestro único requerimiento es que los estados europeos sean miembros sinceros y entusiastas de Europa”. Los imperialistas alemanes creyeron encontrar, por fin, un nuevo modo de dirigir Europa sin dominarla: “La idea del liderazgo, que será el concepto dominante de la nueva vida internacional de Europa, es la negación de los métodos imperialistas de una época pasada: significa reconocimiento de la confiada cooperación de estados menores e independientes para abordar las nuevas tareas comunales”.

De la misma manera, Arthur Seyss-Inquart escribió que nadie deseaba ver una Europa dominada por Alemania: “Nuestro único deseo es que surja una Europa que sea realmente europea y consciente de su misión europea”. Después de la invasión de la Unión Soviética, Signal, un periódico de circulación masiva en los tiempos gloriosos del III Reich, señaló también que no habría una Europa alemana: “En realidad los soldados del Reich no solo defienden la causa de su patria sino que protegen cada nación europea digna de ese nombre”. El problema estaba en quienes no eran dignos de ese nombre…

Una constante en la estrategia imperialista nazi consistía en hablar de sus socios y vecinos y pregonar la idea de que la búsqueda común de intereses compartidos había reemplazado a la rivalidad y la competencia capitalistas. Los hitlerianos también fueron pioneros de la globalización y dedicaron mucha atención a asuntos como el sentido europeo de comunidad. Anton Reithinger, gerente del monopolio I. G. Farben, en la conferencia de la Comunidad Económica Europea de 1942, habló del equilibrio entre los diversos intereses de los socios del espacio económico europeo, por una parte, y los intereses comunes de todos los pueblos europeos, por la otra: “Para poner estos intereses en práctica se requiere […] una creencia en la idea europea y en la misión europea de Alemania”.

Los arquitectos de la Nueva Europa

Pero las múltiples declaraciones nazis que se puedan aportar son muy poco comparadas con los planes concretos que dibujaron para la integración económica y política de Europa. No hablamos de que se parezcan a las que luego se pusieron en práctica tras la guerra; lo que estamos diciendo exactamente es que son las mismas, es decir, que la Unión Europea fue diseñada por los nazis.

Los planes nazis de integración europea eran tanto políticos como económicos. Como dijo Heinrich Hunke, se reconoce la necesidad de un orden político para la cooperación económica de los pueblos. Desde mediados de 1941 Goebbels comenzó a intervenir más en la cuestión europea y le dedicó numerosos discursos, mítines y artículos periodísticos. Llenó las páginas de su semanario Das Reich con consignas europeístas: La nueva Europa, El nuevo orden europeo, el Lebensraum de Europa o La visión de una nueva Europa. Entretanto, Ribbentrop señalaba que la lucha contra el bolchevismo, que unía a muchos pueblos del este de Europa, evidenciaba “una creciente unidad moral de Europa dentro del Nuevo Orden que nuestros grandes líderes han proclamado y preparado para el futuro de las naciones civilizadas. Aquí se encuentra el sentido profundo de la guerra contra el bolchevismo. Es signo de la regeneración espiritual de Europa”.

Dentro del Ministerio del Exterior, ese interés culminó con la creación de un comité de Europa en el otoño de 1942. Integraban el comité funcionarios del Ministerio del Exterior y expertos del Instituto para el Estudio de Países Extranjeros. Las luminarias eran Alfred Six, director del Instituto de Asuntos Exteriores -que organizó en 1941 una conferencia llamada La nueva Europa, para 303 estudiantes de 38 países- y Werner Daitz.

En marzo de 1943, se habían trazado planes muy avanzados para una confederación europea. Esos planes adoptaron la forma de constituciones y tratados que delineaban las competencias y la estructura de la futura confederación. El 21 de marzo de 1943 Ribbentrop escribió una nota que comienza así: “Soy de la opinión de que, como ya le he propuesto al Führer en mis actas anteriores, deberíamos proclamar cuanto antes, en cuanto hayamos alcanzado un éxito militar significativo, la Confederación Europea en forma muy específica”. Lo único que paralizó a los nazis en la proclamación oficial de su Confederación Europea fue que el éxito militar significativo que Ribbentrop esperaba no se produjo y las hordas hitlerianas fueron aplastadas en Stalingrado.

El plan de Ribbentrop proponía invitar a los jefes de los estados en cuestión (Alemania, Italia, Francia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Croacia, Serbia, Grecia y España) para firmar el instrumento que daría existencia a la Confederación. Junto al memorándum había un borrador que hablaba del destino común de los pueblos europeos y del objetivo de garantizar que nunca estallen guerras entre ellos. También preveía la abolición de barreras aduaneras entre los estados participantes.

En junio de 1943, un funcionario presentó los elementos básicos de un plan para la nueva Europa a un miembro del Comité de Europa. En medio de los habituales mentiras acerca del anhelo de paz de las naciones, la sección titulada La organización económica de Europa anticipaba un comercio basado en el principio de la preferencia europea frente a los países no europeos, con el objetivo de llegar a una unión aduanera europea, un centro de clearing europeo y tipos de cambio estables en Europa, con miras a una unión monetaria europea; y la armonización de las condiciones laborales, lo que parece querer decir que todos los trabajadores europeos deberían ingresar en campos de concentración. El proyecto también anticipaba conferencias en cada especialidad (trabajo, agricultura y demás) para decidir las políticas aplicables a toda la Confederación.

Este documento fue seguido en agosto de 1943 por una Nota sobre la fundación de una Confederación Europea en la que Renthe-Fink escribió:


“En la tremenda lucha por el futuro de Europa, los alemanes somos campeones de un nuevo y mejor orden donde todos los pueblos europeos hallarán un lugar legítimo y digno. Hasta ahora hemos evitado hacer una propuesta concreta en lo concerniente a la cuestión europea […] Si ahora presentáramos la idea de una solución confederada, basada en la libre cooperación entre naciones independientes, ella consolidaría la confianza de los pueblos europeos en nuestra política y aumentaría su voluntad de seguir nuestra guía y trabajar por nuestra victoria”.

Aunque los principios encarnados en el acto constitutivo de la Confederación Europea anexos al memorándum especificaban que la Confederación era una comunidad de estados soberanos que se garantizaban mutuamente la libertad y la independencia, está claro que, bajo la batuta hitleriana, la confederación ejercería un control casi total sobre los asuntos internos de sus estados miembros: “La economía europea será planificada conjuntamente por los estados miembros según sus intereses comunes y nacionales, decía el documento. El objetivo era incrementar la prosperidad material, la justicia social y la seguridad social en los estados individuales, y desarrollar los recursos materiales y laborales de Europa […] para proteger la economía europea de las crisis y las amenazas económicas externas. Sugería que las barreras aduaneras que impiden aumentar el comercio entre los miembros de la Confederación se eliminarán gradualmente y que el sistema intraeuropeo de comunicaciones por ferrocarril, autopistas y vías fluviales y aéreas se desarrollará de acuerdo con un plan unificado”.

El plan europeo de integración de Renthe-Fink preveía la necesidad de un Consejo Económico compuesto por representantes de los estados miembros, el cual se dividiría en comités destinados al comercio, la industria y la navegación, los asuntos de economía y moneda, las cuestiones laborales y sociales, la alimentación, la agricultura y los bosques. El documento repetía los objetivos definitivos de la Confederación:

“La solución de los problemas económicos, con miras a la inmunidad frente a un bloqueo; la regulación del comercio sobre la base de la preferencia por Europa frente al resto del mundo, con miras a una unión aduanera europea y un mercado libre europeo; un sistema central de clearing europeo y tasas de cambio estables en Europa, con miras a una unión monetaria europea. Los objetivos incluirían la estandarización y mejoramiento de las condiciones de empleo y seguridad social, así como la planificación de largo plazo de la producción industrial, agropecuaria y forestal
”.

Como vemos, la producción agropecuaria ocupaba un lugar prominente en los documentos nazis sobre Europa. Era preciso que la agricultura europea fuera autosuficiente.

Los documentos nazis también manifestaban que la integración de Europa era inevitable a causa del desarrollo tecnológico. Solían sostener que la fragmentación de los recursos económicos de Europa era un grave obstáculo para la prosperidad y el progreso social de los diversos países. Se requería coordinación y planificación económica: “Con el objeto de alentar el comercio mutuo y crear un gran mercado europeo, se eliminarán progresivamente las aduanas y otras barreras entre los países”.

Otro proyecto nazi es lo que cincuenta años después los europeístas llamaron redes transeuropeas, una avanzadilla de la modernidad actual. Según Renthe-Fink, la experiencia ha mostrado que el actual sistema de comunicaciones de Europa es inadecuado para el aumento de la demanda. La red interna de ferrocarriles, carreteras y líneas aéreas se desarrollará de acuerdo con un plan común. También el ministro vichysta Jacques Benoist-Méchin, lamentaba la centralización del sistema de transporte francés, como si París fuera el único centro del mundo, y exigía nuevas arterias que se conectaran con las carreteras alemanas e italianas para dar a la infraestructura de transporte de Francia un carácter genuinamente europeo. Un orador de la conferencia sobre la Comunidad Económica Europea proclamó que el futuro pertenece al transporte motorizado.

Las sorpresas de los adelantos nazis no tienen fin. Otro ejemplo es el Tratado Europeo contra el terrorismo de 1977, que está literalmente extraído del Pacto entre Hitler y Mussolini, el llamado Pacto Antikomintern, el acuerdo contra los comunistas. Por eso cuando Rumanía se incorporó a la Unión Europea, emitió una declaración contra el comunismo y, al mismo tiempo, rehabilitó con todos los honores la figura de Antonescu, la versión local de Hitler, Mussolini y Franco.

Europa es justamente eso y nada más que eso.

Fuente: la censurada web antorcha.org

Ruanda según la Audiencia Nacional: el mundo al revés

John Carlin

Podemos suponer que el juez Fernando Andreu de la Audiencia Nacional española reaccionó como casi todo el mundo a los atentados yihadistas que el viernes se cobraron 66 vidas en tres continentes. Lo que no podemos suponer es que el juez Andreu, que fue noticia la semana pasada por su loable pretensión de utilizar el vigor de la ley española contra el terrorismo internacional, hubiera reaccionado con similar estupefacción hace exactamente 21 años cuando se estaba llevando a cabo una de las grandes atrocidades del siglo XX, el genocidio de Ruanda.

Esto es curioso por dos motivos. Primero, porque en abril, mayo y junio de 1994, cuando el juez Andreu ya era mayor de edad y estaba capacitado para leer periódicos, la gente moría en Ruanda a un ritmo no de 66, sino de 8.000 personas al día, liquidadas casi todas con un sadismo que supera la imaginación del yihadista más psicópata. Segundo, porque cabe pensar que el juez Andreu algo sabe de Ruanda, ya que en 2008 inició un proceso judicial contra 40 militares ruandeses que él acusa, entre otros crímenes, de genocidio. El juez fue noticia el lunes pasado a raíz de que uno de los 40, un general llamado Karenzi Karake, fue detenido en Londres a petición suya para que compareciera ante un tribunal español.

El problema es que el juez Andreu cometió un error cuando escribió su sumario hace siete años: se equivocó de genocidio. De las 181 páginas del sumario solo se puede desprender una conclusión: que una fuerza armada liderada por la minoría tribal tutsi se propuso exterminar a la mayoría tribal hutu. Lo cual está tan lejos de la verdad como decir que los responsables del genocidio durante la Segunda Guerra Mundial fueron no los nazis, sino los aliados.

El sumario del juez Andreu empieza con una resumida versión de la historia de Ruanda a partir de 1990. Dice que en aquel año un grupo “terrorista” inició “una serie de actividades de carácter criminal”. Se refiere al Frente Patriótico Ruandés (FPR), un movimiento rebelde predominantemente tutsi cuyo objetivo era derribar al Gobierno, compuesto por miembros de la etnia dominante hutu. El juez Andreu escribe en el tercer párrafo de su sumario que en 1994, “mediante la violencia”, el FPR obtuvo el poder. Esto es verdad, como lo es que los aliados derrotaron a los nazis “mediante la violencia” en 1945. Lo que omite mencionar el juez Andreu es que si el FPR no hubiese tomado el poder el 4 de julio de 1994, poniendo fin a un genocidio que acabó con las vidas de más de 800.000 personas en 100 días, casi todos asesinados a machetazos, el régimen hutu hubiera cumplido con su sistemática misión exterminadora y matado a todos los tutsis que aún quedaban vivos […]

A continuación, el juez Andreu dice en su sumario que el nuevo Gobierno del FPR pretendió “la eliminación de la etnia mayoritaria”, o sea los hutus, afirmación manifiestamente absurda ya que, entre muchas otras cosas, el FPR encarceló a 120.000 hutus que presuntamente participaron en las masacres de los tutsis, el 90% de los cuales hoy han sido liberados.

[…] Gourevitch, que ahora trabaja en un segundo libro sobre Ruanda, dijo que el juez Andreu había presentado “una visión del mundo al revés, una ficción tóxica, objetivamente demencial”. Gourevitch me remitió a un cable clasificado filtrado por Wikileaks en el que el embajador estadounidense en Ruanda en 2008 describe el sumario del juez Andreu como “escandaloso y erróneo”. El cable del embajador agrega: “El proceso español a los 40 militares ruandeses ofrece una versión irreconocible de uno de los episodios más dolorosos y violentos de la historia de Ruanda, distorsionando la verdad establecida, inventando matanzas”.

[…] Los parientes y amigos de tres cooperantes españoles asesinados en Ruanda en enero de 1997, la razón por la cual el juez Andreu tiene jurisdicción sobre ciudadanos ruandeses, también desearán que se haga justicia. Pero no será posible debido a que el proceso abierto por el juez Andreu carece totalmente de credibilidad.

El juez Andreu nunca llegará a la verdad porque la interpretación histórica y política en la que se fundamentan sus investigaciones es poco más fiable que la interpretación que podría haber dado Joseph Goebbels del papel nazi en Europa entre 1939 y 1945. ¿Qué dirían los españoles, se pregunta uno, si un juez ruandés se propusiera investigar el “genocidio” llevado a cabo en la Guerra Civil española y se limitara a pormenorizar las atrocidades cometidas del lado republicano, presentando a los agresores del bando franquista como inocentes víctimas? Lo que diría todo el mundo. Que es una distorsión de la verdad, un escándalo, una locura y, ante todo, una ridiculez.

Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/06/28/actualidad/1435521693_245519.html

(¿La Audiencia Nacional lo cuenta todo al revés? Nos suena bastante a algunos casos que conocemos…)

Israel admite su apoyo a las milicias sirias

El lunes el ministro israelí de Defensa, Moshe Yalon, reconoció que su gobierno ayuda a las milicias sirias que combaten contra el gobierno de Damasco, a condición de que aseguren la frontera común entre ambos países.

El ministro realizó estas declaraciones en un encuentro con diplomáticos extranjeros celebrado en Tel-Aviv.

Otra de las condiciones del apoyo es la protección de la minoría drusa ante un potencial enemigo, según relata la prensa israelí.

“Cuando alguien es herido en las cercanías de nuestra frontera, se le deben ofrecer cuidados”, declaró el ministro, según relato del periódico palestino Al-Quds News. Yalon declaró también que a través de los sirios heridos Israel trata de que los rebeldes comprendan que si quieren que el apoyo israelí continúe, deben atenerse estrictamente a esas condiciones.

Según Yalon más de 1.000 sirios han recibido atención médica en hospitales isralíes desde el comienzo de la guerra en 2011. “Israel continuará actuando con sensibilidad y compasión hacia los drusos”, añadió, según indica el Times of Israel. “Los rebeldes del otro lado de la frontera también aprecian nuestra sensibilidad por su suerte”.

La semana pasada una muchedumbre de drusos en los altos del Golán atacaron a una ambulancia israelí que transportaba a dos milicianos sirios de la oposición. Uno de ellos falleció a causa de las heridas.

El ministro israelí afirmó que los drusos actuaron de manera irresponsable. “El individuo de la ambulancia no estaba afiliado al Frente Al-Nosra y su muerte provocará llamamientos a la venganza”.

Según los dirigentes israelíes, más de 100.000 drusos viven en el norte de Israel, de los cuales 20.000 en los altos del Golán que Israel ocupa.

Las consecuencias geopolíticas de la crisis griega en el Mediterráneo

Kostas Isychos
Ayer el Viceministro de Defensa griego, Kostas Isychos, fue entrevistado en La Cafetera de radiocable.com

Con España “tenemos un problema político, no personal”, dice Kostas Isychos, el viceministro de Defensa griego. Isychos fue entrevistado ayer en el programa La Cafetera de radiocable.com donde incluyó al pueblo español en el futuro «diferente» que, en su opinión, ambos pueblos tienen “que crear”.

Preguntado por el temor de los EEUU a que la crisis griega altere los equilibrios en el mediterráneo, Kostas Isychos señaló: “cambios geopolíticos y consecuencias geopolíticas habrá”.

La preocupación manifestada por EEUU es que Grecia termine alineándose con Rusia, creando un frente mediterráneo hasta ahora inexistente, escenario que Kostas Isychos no descarta: “Está abierto como una alternativa”, dice en La Cafetera. Isychos atribuye esa responsabilidad a la propia unión europea: “un país que se encuentra completamente chantajeado por los centros europeos no puede seguir compartiendo obligaciones que ya no son comunes”.

El programa conectó de nuevo también con Hibai Arbide, periodista que reside en Atenas. Arbide muestra un retrato muy diferente al que hace la prensa española sobre «el caos» griego: «La mayoría de los cajeros simplemente no tenían dinero. Había una importante cola pero en un lugar del centro junto al que pasan los corresponsales internacionales, y que estaba formada por turistas. El resto de los cajeros simplemente estaban vacíos. No había estas colas».

También participó en La Cafetera Sonia Camallonga de la Marea Granate -españoles que residen en el exterior-. Camallonga denunció en el programa los numerosos problemas con los que se están encontrando los expatriados que intentan utilizar la tarjeta sanitaria española.

La Cafetera sometió a debate en la red el tratamiento que dan a la actualidad las portadas de los periódicos del día.

Fuente: http://www.radiocable.com/viceministro-de-defensa-griego-dice-en-la-cafetera-que-habra-cambios-y-consecuencias-geopoliticas-en-el-mediterraneo.html

El corralito griego ha llegado para quedarse

Imaginemos que el domingo en el referéndum de Grecia gana el sí. El Gobierno griego (este u otro distinto) tiene un mandato claro del pueblo a aceptar las condiciones que le pone Europa y firman un acuerdo, un cuarto plan de rescate. ¿Ya no hace falta corralito, verdad? ¿O sí?

Realmente una vez que se establecen controles de capitales es muy complicado levantarlos. El siguiente plan de rescate puede ser por los próximos dos o tres años pero el pueblo griego ya sabe que se puede quedar sin su dinero. Y por tanto en cuanto se levantan los controles todo el mundo acude a sacarlos. La próxima no me pillan, piensa la gente. De hecho muchos llevan pensándolo bastantes años.

Ahora bien, ¿cuál es la solución? Básicamente esperar a que la economía griega esté suficientemente estabilizada, con crecimiento, sin problemas bancarios, generando empleo… como para no temer que la gente quiera sacar el dinero del país. Esto son muchos años o un trabajo muy bien hecho (cosa que no han hecho los sucesivos Gobiernos griegos).

Por tanto el corralito está para quedarse. Si votan sí porque no hay forma de levantarlo sin que se fugue el dinero. Y si votan no porque Grecia se tiene que salir del Euro de alguna forma y forzar a los depositantes a convertir sus ahorros a la nueva moneda. Quizá el fin del corralito lo veamos antes si Grecia se sale del Euro que si se queda en él.

http://www.elblogsalmon.com/entorno/grecia-el-corralito-ha-llegado-para-quedarse

La trama Púnica de corrupción salpica a la monarquía

Como los demás políticos de pega, los miembros de la Casa Real viven de la imagen. Como no son nada tienen que aparentar algo y para eso contratan a empresas especializadas en inflar globos vacíos de aire, como Eico Online Reputation Management y Madiva Editorial y Publicidad, propiedad de Alejandro de Pedro Llorca.

Dichas empresas están especializadas en reputación en línea y su dueño aparece implicado en la Operación Púnica. El antiguo consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid Salvador Victoria y la antigua consejera autonómica de Educación, Lucía Figar, se encuentran entre los políticos imputados por la presunta contratación irregular de las empresas de relaciones públicas Pedro Llorca.

Los contratos de Pedro Llorca con instituciones públicas motivaron su ingreso en prisión provisional el pasado mes de octubre. No salió de la cárcel de Estremera hasta enero tras abonar una fianza de 50.000 euros. Su tarea consistía en lavar la reputación personal de los miembros de la Casa Real y los políticos. El juez le acusa de haber trabajado de forma irregular para la Comunidad de Madrid, una consejería de la Región de Murcia, la Diputación de León y varios ayuntamientos de diferentes puntos de España.

Luego le pagaban con fondos del erario público mediante facturas falsas. El acusado sostiene que entre los organismos que contrataron sus servicios de imagen y reputación en internet y redes sociales, se encontraba la Casa Real, una institución que, sin embargo, han tratado de que no sea salpicada por el procedimiento.

Sus servicios de imagen y reputación incluían la censura de las opiniones negativas que se publicaban en foros y redes sociales sobre sus máximos dirigentes y también la fabricación de noticias positivas para relegar a posiciones secundarias en los principales buscadores las informaciones críticas sobre ellos.

Así falsificaron las cuentas de la deuda griega

En los años noventa el Tratado de Maastricht, del que ya nadie habla, impuso a los países europeos lo que entonces se calificó como “criterios de convergencia” para poder entrar en el euro, una serie de indicadores económicos uniformes, entre ellos el porcentaje de deuda, que se fijó en un máximo del 60 por ciento del PIB y el déficit público, que no podía superar el 3 por ciento.

En 1999 a Grecia le falsearon la contabilidad para poder entrar en el euro. En Bruselas todos lo saben y todos lo admiten porque creyeron que se trataba de un truco pasajero. Por su milenaria historia, Grecia era un país simbólico de la misma Europa, e incluso de eso que llaman “Occidente”, y no podía quedar fuera de la moneda única.

El engaño se conocía desde mucho tiempo atrás. En un informe de 2004 Eurostat ya denunció la “falsificación generalizada de los datos sobre el déficit y la deuda por parte de las autoridades griegas”(1). Con el desplome económico generalizado de 2007, el asunto dejó de ser un truco y se convirtió en una crisis interna e internacional. Actualmente el porcentaje de deuda de Grecia sobre el PIB es del 13 por ciento.

En un ejercicio de hipocresía, la Comisión Europea se rasgó las vestiduras y reconoció que había “descubierto” un fraude. Pero para entonces no sólo había un fraude sino dos. A la deuda griega se le sumó la deuda municipal de Italia cuando el Tribunal de Cuentas de aquel país advirtió de que durante décadas los contratos financieros de los ayuntamientos habían ocultado una parte de la deuda y, por lo tanto, los desequilibrios fiscales de las cuentas públicas.

Ambos fraudes situaron en el centro del huracán al italiano Mario Draghi, actual presidente del Banco Central Europeo. En el caso de Grecia, Draghi había sido vicepresidente para Europa del banco de negocios estadounidense Goldman Sachs. En el caso de los ayuntamientos italianos Dragi fue presidente del Banco central italiano entre 2006 y 2011. Pero en la década de los noventa ocupó el cargo de director general del Tesoro italiano, período durante el que se fraguó la ocultación del agujero municipal.

Dragi no sólo fue un gestor de Goldman Sachs sino también socio y, por lo tanto, beneficiario de los chanchullos financieros de la multinacional. Por falsear los números el banco estadounidense se llevó un botín de 600 millones de euros. No es de extrañar que cuando en 2011 Draghi presentó sus credenciales ante el Parlamento europeo tuviera que dar explicaciones de su gestión al frente de Goldman Sachs. Naturalmente que dijo que nunca supo nada del ocultamiento de la deuda griega.

Además de rasgar las vestiduras farisaicas de Bruselas, el fraude rasgó las de la propia Grecia. En 2009 el nuevo gobierno griego del “socialista” Yorgos Papandreu dijo “escandalizarse” por los trucos contables utilizados por Goldman Sachs para ocultar la deuda. Ese tipo de “escándalos” siempre funcionan de la misma manera manera: eran trucos propios del gobierno anterior, en los que los “socialistas” no tenían ninguna responsabilidad. Sin embargo, los gobiernos “socialistas” de Costas Simitis también utilizaron exactamente los mismos trucos (2).

Para tapar un fraude, Papandreu cometió otro: puso al frente de la Agencia de Deuda Pública griega a Petros Christodoulou que también había sido un lacayo de Goldman Sachs y, por lo tanto, conocía sus trucos contables a la perfección.

Pero el banco estadounidense no era sólo un asesor ajeno al gobierno griego sino el intermediario oficial de las emisiones de deuda del país heleno. La mayor parte de ella se emitía en moneda extranjera, sobre todo yenes y dólares, con lo que la fluctuación de divisas alteraba el coste real de las emisiones.

La deuda griega no es más que una estafa preparada por Goldman Sachs con la complicidad de la Unión Europea y la oligarquía financiera griega. Ahora pregúntense Ustedes cómo es posible que toda esta gentuza no esté en la cárcel. La respuesta es que no se pueden condenar ellos mismos, porque en Bruselas no hay nadie limpio. Los manejos de Draghi hubieran sido imposibles sin una tupida red de complicidades en el seno de las instituciones europeas, del poder político y del capital financiero. Donde hay un fraude hay un ocultamiento, un silencio y en 2010 Jean Claude Trichet, entonces presidente del Banco Central Europeo, se negó a entregar los documentos requeridos para conocer la verdadera dimensión de la deuda griega.

Durante dos años, el Banco Central Europeo y los grupos de presión pusieron en marcha a sus contactos para proteger a Draghi y no permitir que se llevaran a cabo auditorías en torno de las irregularidades cometidas en Grecia. Las comisiones del Parlamento europeo designadas para investigar la estafa chocaron sistemáticamente contra las redes de intereses que protegían un euro edificado sobre una cadena de mentiras. Merkel en persona respaldó a Draghi. La canciller alemana destacó que los planes del especulador sobre solvencia y estabilidad económica “coincidían con las de Alemania”.

Pues si es así, ahora que no se lamente -ni ella ni nadie- ni eche las culpas a Grecia.


(1) Eurostat confirma que Grecia redujo su déficit con derivados de Goldman Sachs, http://cincodias.com/cincodias/2011/05/13/mercados/1305380839_850215.html
(2) How Goldman Sachs Helped Greece to Mask its True Debt, http://www.spiegel.de/international/europe/greek-debt-crisis-how-goldman-sachs-helped-greece-to-mask-its-true-debt-a-676634.html

El terrorismo racista en Estados Unidos es tan antiguo como el país

Mi abuela contaba de los hombres del Klan que andaban a caballo por la noche en Luisiana. Ella los había visto con sus ropas blancas que brillaban en la oscuridad como también había visto a personas negras que se escondían en los pantanos para escapar de ellos. Antes de que ella llegara a este mundo, durante la Reconstrucción, los miembros del Ku Klux Klan creían que podían asustar a una población negra supersticiosa y con una libertad recién conquistada. Llevaban trajes terroríficos pero no se escondían exactamente –muchos antiguos dueños de esclavos y algunos vecinos podían ser reconocidos debajo de las sábanas blancas. Ellos eran los exorcistas enmascarados, una manera de mantener el control usando el terror. Además de matar y golpear a los negros, a menudo afirmaban ser los fantasmas de los soldados confederados muertos.

Se podría argumentar, por supuesto, que no hay fantasmas de la Confederación, porque la Confederación aún no ha muerto. Las estrellas y las barras viven, orgullosamente estampadas, en las camisetas y las placas de los carros; el símbolo por excelencia de la esclavitud, la bandera, aún vuela sobre el Capitolio de Carolina del Sur. El asesinato no ha parado tampoco, y como botón de muestra ahí está la muerte de nueve personas de raza negra en una iglesia en Charleston esta semana. El sospechoso, que es de raza blanca y que el viernes fue acusado de nueve cargos de asesinato, le dijo al grupo de estudio bíblico al que después masacró: “Tengo que hacerlo… Ustedes violan a nuestras mujeres y están tomando nuestro país y se tienen que ir”.

Los medios de comunicación han sido reacios a clasificar el tiroteo de Charleston como terrorismo, a pesar de lo inquietante que es el eco de la historia del terrorismo en nuestro país. El terrorismo estadounidense se originó con el fin de restringir el movimiento y la libertad de los recién liberados estadounidenses negros quienes, por primera vez, comenzaron a ganar un poco de poder político. El Acta del Ku Klux Klan fue una de las primeras piezas que tuvo en cuenta la legislación antiterrorista de Estados Unidos. Cuando se promulgó la ley federal en 1871, nueve condados de Carolina del Sur se colocaron bajo la ley marcial, y decenas de personas fueron arrestadas. Los temores del pistolero Charleston –hombres negros que violan a mujeres blancas, negros que toman el país– son los mismos temores que sentían los miembros del Klan, que utilizaron la violencia y la intimidación para controlar a las comunidades de negros libertos.

Incluso con estos paralelismos, todavía escuchamos interminables especulaciones sobre los motivos del atacante de Charleston. La gobernadora Nikki Haley de Carolina del Sur difundió un mensaje de Facebook en el que decía que “aunque todavía no conocemos todos los detalles, sí sabemos que nunca vamos a entender lo que motiva a alguien a entrar en uno de nuestros lugares de culto y quitarle la vida a otra persona”.

A pesar de los informes de que el asesino declaró su odio racial antes de disparar a los miembros del grupo de oración, sus motivos son inescrutables. Incluso después de que se difundieran fotos en las que el sospechoso llevaba una chaqueta adornada con las banderas de Rhodesia y de Sudáfrica durante la era del apartheid o que estuviera junto a un automóvil con las placas de la bandera confederada -una prueba tangible de su alineación con la ideología violenta, segregacionista- sus acciones se mantuvieron supuestamente indescifrables. Un tweet del Seattle Times (ahora suprimido) preguntaba si en el pistolero se “concentra el mal o es un dulce niño”, The Wall Street Journal lo calificó “solitario” y el alcalde de Charleston lo llamó “sinvergüenza”, sin embargo, las designaciones aparentemente obvias –asesino, terrorista, criminal, racista– no aparecen en ninguna parte.

Este es el privilegio de la tez blanca en Estados Unidos: si un terrorista es blanco, sus actos de violencia nunca serán relacionados con su color de piel. Un terrorista blanco tiene motivos únicos y complejos; está más allá de toda comprensión. Puede ser un solitario perturbado o un monstruo. Es un enfermo mental o el mal personificado. El terrorista blanco existe únicamente como una díada de extremos: o es humanizado hasta el punto de despertar simpatía o es casi tan monstruoso como un ser mitológico. De cualquier manera, nunca es indicativo de un problema global que tiene que ver con el color de piel, ni está relacionado con una sociedad racista. Él solo se representa a sí mismo. Un terrorista blanco será definido de cualquier modo que permita calificarlo como una anomalía, sin conexión con la larga historia del terrorismo racista de Estados Unidos.

Siempre me llamó la atención esta reticencia no sólo para nombrar al terrorismo cometido por los blancos estadounidenses, sino al propio adjetivo “blanco” en los actos de violencia racial. En un artículo reciente del New York Times sobre la historia de los linchamientos, las víctimas son descritas repetidamente como negros. Ni una sola vez, sin embargo, los protagonistas de los actos violentos han sido descritos como lo que son: blancos. En cambio, las turbas blancas dedicadas al linchamiento son simplemente descritas como “un grupo de hombres” o “una turba”. En un artículo sobre la violencia racial, esta supresión es absurda. El color de las víctimas es relevante, sin embargo, la raza de los asesinos no lo es.

Si estamos dispuestos a admitir el color de la piel de los negros que fueron linchados, ¿por qué no estamos dispuestos a admitir que la raza es la razón de por qué fueron linchados? En el discurso tras la matanza de Charleston, el presidente Obama mencionó el color blanco sólo una vez –en una cita del reverendo Martin Luther King Jr. que intenta fomentar la armonía interracial. Obama reconoció ambiguamente que “esta no es la primera vez que las iglesias negras han sido atacadas”, pero omitió especificar las causas de los ataques a dichas iglesias. Usa un tiempo verbal pasivo que es el eco de la misma extraña vaguedad, la renuencia a nombrar incluso al terrorismo de los blancos, como si las iglesias negras hubieran sido atacadas por una fuerza sin cuerpo; y no por gente real motivada por una ideología racista cuyas raíces se extienden más allá de la fundación del país.

Entiendo que resulte cómodo guardar silencio. Si no se habla de la violencia blanca, si no se la reconoce, si se considera que los terroristas blancos son santos o demonios, no tenemos que lidiar con la realidad mucho más complicada de la violencia racial. En la actualidad, el terror por razones raciales ya no se presenta con capuchas y batas blancas. Usted puede ser alguien de 21 años de edad, que tiene muchos amigos negros en Facebook y cuenta chistes racistas inofensivos y cometer un acto atroz de violencia racial. No podemos separarnos de los monstruos porque los monstruos no existen. Los monstruos han sido siempre seres humanos.

En la imaginación contemporánea de Estados Unidos, el terrorismo es extranjero y tiene la piel oscura. Los terroristas no tienen motivaciones complejas. No nos exhortamos, unos a otros, a no emitir ningún juicio hasta conocer su historia en Facebook o escuchar las entrevistas a sus amigos. No se invita a psicólogos para analizar el estado mental de esas personas. Sabemos de inmediato por qué matan. En cambio, un terrorista blanco es un enigma. Un terrorista blanco no tiene historia, ni contexto, ni origen. Sigue siendo por siempre una incógnita. De su existencia no se habla. Lo vemos pero fingimos no verlo. Es un fantasma que flota en la noche.

Brit Bennett http://www.telesurtv.net/opinion/El-terrorismo-racista-en-EE.UU.-es-tan-antiguo-como-el-pais-20150625-0056.html

El compromiso de Francia con el Frente Al-Nosra

Francia siempre se ha esforzado por impedir que el Frente Al-Nosra, la filial de Al-Qaeda en Siria, fuera incluido en la lista de organizaciones terroristas internacionales de la ONU. El Presidente francés Sarkozy había puesto todos los medios a su alcance para expulsar a Bashar Al-Ashad de Damasco y la llegada de los socialistas en mayo de 2012 empeoró las cosas aún más, si cabe. Francia necesitaba utilizar a los fundamentalistas como fuerza de choque.

Lo que no hizo la ONU lo hizo Estados Unidos, que incluyó a Al-Nosra en su propio listado, lo cual fue duramente criticado por Laurent Fabius, ministro francés de Asuntos Exteriores.

Una carta confidencial fechada el 29 de abril de 2013, dirigida por la delegación marroquí en la ONU a su Ministerio en Rabat, ha puesto al descubierto la política de los socialimperialistas franceses en Siria. El gobierno de Damasco, dice la carta, quiere que la ONU incluya al Frente Al-Nosra en el listado de organizaciones terroristas internacionales, pero Francia se opone, temerosos por la posibilidad de que se descubra que la llamada “oposición siria” no es otra cosa que terrorismo.

Para impedirlo el ministro francés de Asuntos Exteriores llevó a cabo una serie de negociaciones bajo cuerda, dice la delegación marroquí. El plan, que ha sido aprobado por Gran Bretaña, consiste en añadir discretamente al Frente Al-Nosra en el listado de sanciones impuestas contra Al-Qaeda en Irak. De esa manera el gobierno francés contaba con contrarrestar el plan del gobierno sirio y la “oposición” no quedaría estigmatizada.

La carta alude también a la posición de Arabia saudí sobre el mismo asunto. Tampoco desea que Al-Nosra sea incluida en el listado de la ONU, entre otros motivos porque la autocracia de Riad podía quedar al descubierto como patrocinadora de grupos terroristas. El delegado saudí en la ONU le confesó a su homólogo marroquí: “Es imposible estigmatizar a Al-Nosra mientras nosotros los sostengamos, armemos y financiemos. Es imposible que se diga y escriba que nosotros somos aliados del terrorismo”.

El 31 de mayo de 2013 Francia perdió la batalla y Al-Nosra fue incluida en el listado de la ONU, poniendo en peligro la campaña mediática orquestada por la prensa mundial acerca de la “oposición siria”. Cuando el setiembre del año siguiente Al-Nosra liberó a 45 cascos azules que mantenía secuestrados, el gobierno francés apoyó el rescate que pedían los secuestradores: que los borraran de la lista negra de la ONU. El chantaje no salió adelante. Pero, ¿por cuánto tiempo? Ahora Kerry, lo mismo que Qatar, apoya a los franceses y también quiere sacar a Al-Nosra del listado.

La memoria es frágil. En muy poco tiempo el Califato Islámico ha dejado a Al-Qaeda casi como si fuera una ONG. ¿Es que ya nadie se acuerda del 11-S?

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