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Autor: Redacción (página 1227 de 1357)

La conquista del corazón de los pueblos de oriente (y 5)

El capitán Theodor Oberländer

Entre otras funciones, el capitán Theodor Oberländer había sido delegado regional en Prusia oriental de la VDA (Verein für das Deutschtum im Ausland, Asociación para la promoción de la identidad alemana en el extranjero) y en 1955 fue ministro “des Vertriebenen”, que podemos traducir como ministro “para los alemanes emigrados o expatriados”. Desde el final de la guerra había formado el “Bund der Vertriebenen”, la Liga de los Emigrantes, un partido nazi integrado en la vida política de la República Federal de Alemania y hacia aquellas fechas fusionado con la CSU. Oberländer no solamente salvó su vida sino la de muchos nazis impidiendo que cayeran en manos soviéticas. Sabía que en manos de los imperialistas todo iba a ser diferente y que Alemania sería lo que tenía que ser. Sólo había que intentar lo mismo por otras vías. La República Federal de Alemania tenía que convertirse un III Reich sin cruces gamadas… pero con los mismos nazis de siempre.

La VDA es una asociación privada que desde la unificación alemana en 1871 despliega las posiciones pangermanistas con las que los imperialistas alemanes han justificado siempre su expansionismo. Se trata de crear enclaves alemanes, como ya hicieron en 1920, y germanizar Dinamarca, Yugoeslavia, Polonia y determinadas regiones de la URSS. Para ello crearon un banco en Holanda que blanqueaba dinero procedente de operaciones secretas. Con fondos públicos alemanes compraron empresas y grupos de prensa en el extranjero. Había que formar poderosos consorcios de intereses que reclamaran la autonomía cultural, luego la independencia y, finalmente, la anexión a Alemania.

Bajo el nazismo, la VDA ocupó un lugar central en la estrategia hitleriana, sobre todo en Checoslovaquia. El espionaje sólo era una de sus variadas funciones.

A comienzos de la II Guerra Mundial, las minorías alemanas en el este de Europa prestaron una ayuda logística muy importante para la entrada de la Wehrmacht. Los miembros de la VDA desempeñaban funciones policiales, perseguían a la resistencia y exterminaban a la población local. En la URSS los especialistas de la VDA seguían un programa de germanización y, como en Argentina en 1973, secuestraron a niños que podían formar parte de dichos programas para integrarlos en familias alemanas. Los que no podían ser asimilados eran entregados a la SS para su exterminio.

En 1945 los aliados prohibieron la VDA clasificándola entre las organizaciones nazis importantes y confiscando sus propiedades. Pero dos años después los viejos cuadros ya la habían revitalizado de nuevo, a pesar de la prohibición. Su jefe entonces era Hans Steinacher y su lema “raza y hegemonía”. Lo único que cambió fue su rabioso antisemitismo.

A partir de 1952 las biografías se cruzaron. Oberländer es nombrado ministro para los alemanes emigrados y, con su apoyo, la VDA, sin cambiar su nombre, recupera su estatuto oficial y sus sólidos contactos con el Ministerio de Asuntos Exteriores, que recomienza a utilizar a los afiliados de la VDA para “tareas precisas en el extranjero”.

En 1961 Steinacher mantiene una entrevista con el gobierno federal para realizar “trabajos conjuntos” y obtiene financiación secreta para ejecutarlas. Todas las redes de la VDA en el este de Europa coinciden con las antiguas que previamente había tendido Reinhardt Gehlen y forman parte del espionaje previo y posterior a la guerra mundial.

Tras Steinacher, Rudolf Aschenauer dirige la VDA hasta finales de los años setenta. Su biografía es como la de Oberländer y todos los demás: nazi y miembro de la SA, las tropas de asalto, tras la guerra mundial fue abogado de la organización nazi “Stille Hilfe” (Ayuda Silenciosa) que defendía a los criminales de guerra en los procesos judiciales. En los años cincuenta perteneció a diversos movimientos nazis y servía de enlace entre el “Deutsche Reichspartei” (Partido del Imperio Alemán) y el Ministerio del Interior, cuyo titular era Schröder, otro de sus colegas en la SA.

En muchos aspectos, por ejemplo en la diplomacia, la política oficial alemana llega a confundirse con la política nazi de la VDA y destacados miembros de esta asociación ocupan cargos clave no solamente en partidos políticos alemanes sino incluso en la Presidencia de la República y en la Unión Paneuropea. Por supuesto, en nómina también figuran europarlamentarios, de esos que denuncian el genocidio checheno de 1944…

Así que volvemos a hablar de Chechenia.

En enero de 1995 el máximo dirigente de la VDA, Karsten Schlamelcher, apareció muerto en su apartamento, muy cerca de Bonn. Su familia dijo que había sido asesinado, pero el caso se cerró sin averiguar los culpables. Schlamelcher era conocido en Alemania como el hombre de la maleta: tras la caída del muro de Berlín era quien llevaba el dinero alemán, millones de marcos, hacia el este y los Balcanes, hasta el punto de que había convertido a la VDA en un poder fáctico en los antiguos países del Pacto de Varsovia. El carácter aparentemente privado de la VDA no le impidieron percibir fuertes sumas procedentes de fondos reservados que no eran precisamente subvenciones. Sólo en 1990 y 1991 recibió de los ministerios alemanes del Interior y de Asuntos Exteriores, cien millones de marcos, teóricamente para repatriar a los alemanes que vivían en el exterior. En realidad se trataba de vincular a esos países al imperialismo alemán, sacándolos de la influencia de Estados Unidos.

Schlamelcher recorrió todo el este de Europa. Curiosamente sólo se denunciaron las actividades de la VDA en países como Dinamarca o Bélgica, es decir, en occidente, pero sabemos que su penetración en el este y en los Balcanes fue mucho más intensa. La división y la guerra de Yugoeslavia son obra directa de esta tarea subterránea porque no era suficiente con liquidar el socialismo: había que dividir aquellos países, repartirse las áreas de influencia, alejar a los competidores y rivales.

Chechenia es otro ejemplo parecido de eso.

La conquista del corazón de los pueblos de oriente (4)

El general soviético-checheno Dudaiev
El 23 de febrero de 1944 los chechenos estaban o en el exilio o en su país, o combatiendo en el Batallón Bergmann o combatiendo en el Ejército Rojo. La inmensa mayoría estaban en su país y combatiendo en las filas del Ejército Rojo. Los demás, los que acompañaban a la Wehrmacht en su retirada, se dedicaban a ahorcar guerrilleros en Grecia. Sin embargo, los que se quedaron en la URSS fueron introducidos -todos- en 180 trenes y trasladados al otro lado del Mar Caspio, a Kazajistán.

A partir de aquí todo lo demás es falso y forma parte de la guerra sicológica imperialista:

— no fueron trasladados a Siberia
— no murió la mitad en el trayecto porque duró unas pocas horas
— no se trataba de ninguna venganza.

En este punto habría que establecer muchas precisiones históricas. La evacuación no cayó sólo sobre los chechenos sino sobre varios pueblos caucásicos. En aquellos trenes entraron -insistimos- todos los chechenos: también los militantes del Partido bolchevique, los funcionarios soviéticos, los cooperativistas de los koljoses, etc. Por tanto, no sólo se desplazó a la sociedad sino que se desplazó al Estado, a la propia República chechena, con todo lo que se pudo poner sobre los raíles: no marcharon las escuelas pero marcharon los maestros, no marcharon los hospitales pero marcharon los médicos, y así sucesivamente.

Menos atrevidos, algunos como Jruschov no hablan de genocidio pero sí de deportación, de castigo. El Ejército Rojo no se vengó sino que impartió justicia con los chechenos colaboracionistas en cuanto los capturaron, especialmente al finalizar la guerra mundial. No era el caso de los que se quedaron, que fueron evacuados por razones puramente militares.

En febrero de 1944 la guerra continuaba y aún no se podía saber si Alemania estaba en condiciones de contratacar, en qué dirección lo haría y si, en tal caso, Turquía entraría en ella o no. Lo cierto es que al otro lado de la frontera estaban desplegadas gran número de divisiones turcas.

No hay ninguna guerra moderna sin grandes desplazamientos de población. En la guerra civil española, el gobierno del PNV envió por barco a Londres a una buena partida de niños vascos y lo mismo hizo el Frente Popular, que envió otro contingente a Moscú. Cuando al final de la guerra cayó Barcelona, salieron a Francia casi dos millones de republicanos, cuatro veces más que los chechenos. Lo que diferencia a los desplazamientos soviéticos durante la II Guerra Mundial de todos los demás (y de todas las demás guerras) es que, en lugar de caóticos, fueron cuidadosamente preparados y planificados para que las poblaciones padecieran el mínimo posible. En 1941, antes del comienzo de la guerra, Stalin (de quien dicen que el ataque nazi le pilló de improviso) también desplazó grandes contingentes de población, unas por razones económicas y otras, como los alemanes del Volga, por evidentes razones políticas. No es por casualidad que todos esos desplazamientos afectaran a poblaciones fronterizas o que podían ser alcanzadas por la guerra. Como bien sabían los imperialistas, las fronteras fueron siempre el punto débil de la defensa soviética y la guerra con Finlandia y las anexiones de los países bálticos en 1940 tenían ese objetivo estratégico.

El desplazamiento era puramente temporal. En 1956 el pueblo checheno retornó a su tierra natal. La República Autónoma de Chechenia e Ingushetia volvió a figurar en los mapas (imaginamos que también en el de Michelín y en el de Repsol). Se establecieron diversas reparaciones para ellos. El gobierno soviético otorgó facilidades especiales para la educación superior de los chechenos, lo cual permitió que se graduaran numerosos profesionales e incluso oficiales del Ejército soviético. Por ejemplo, Dudaiev y Masjadov, los dos primeros dirigentes de Chechenia tras la caída de la URSS, eran de aquellos niños deportados durante la guerra y alcanzaron -nada menos- que el rango de generales del Ejército soviético. Nos tratan de hacer creer en una oposición irredenta de los chechenos a integrarse en la URSS que nosotros no advertimos por ninguna parte. Se nos antoja un poco difícil comprender cómo aquellos dos niños, Dudaiev y Masjadov, que padecieron tan salvaje deportación y que vieron exterminar a su pueblo (a sus familiares, a sus vecinos, a sus amigos) a manos del Ejército soviético, se integraran luego en ese mismo Ejército, cómo juran bandera, alcanzan el grado de generales y se les pone al mando de escuadrones enteros de bombarderos atómicos. Y se nos hace imposible comprender cómo luego, en 1991, vuelven a su país y su pueblo les elige como máximos dirigentes de la nueva República…

Aquí algo falla estrepitosamente. Las cosas no encajan. Por ejemplo, nos quieren hacer creer que al regresar de su deportación a los chechenos se les habían quitado sus propiedades, cuando todos pensábamos que la propiedad privada se había abolido en la URSS…

Por cierto, hablando de este retorno, tenemos otra duda aritmética: cómo es posible que Chechenia haya padecido el primer y único genocidio de la historia en el que regresan más habitantes de los que tuvieron que marchar. La propaganda imperialista nos quiere hacer creer que la mitad de los chechenos murieron durante el viaje que los trasladó a Kazajistán; si salieron 400.000, llegaron 200.000 a su destino y cincuenta años después -a pesar de un continuo genocidio soviético- eran 1.200.000, eso significa que la población se había multiplicado por seis, lo cual arroja un fabuloso crecimiento demográfico.

¿Genocidio o “baby boom”?

La conquista del corazón de los pueblos de oriente (3)

Georgiano con el uniforme nazi
Dentro de la Wehrmacht se formaron en 1942 unidades de combate georgianas, azeríes y norcaucásicas a las que se le dio el nombre de Legiones Voluntarias Orientales. A diferencia de otras parecidas, como las bálticas, no formaban parte de la Waffen SS sino del ejército regular alemán y estaban dirigidas por mandos alemanes. Estas Legiones eran las siguientes: de Turkestán, de Azerbaián, de Georgia, de Armenia, de los Tártaros y de los Montañeses, que es donde se integraron los chechenos (“Nordkaukasische Sondergruppe”) formando tres batallones: los 801, 802 y 803. Cada batallón musulmán disponía de un “mullah” para las ceremonias religiosas y para arengar a la tropa en la batalla contra los impíos bolcheviques. Habían sustituido la media luna por la cruz gamada, cualquier cosa antes que la hoz y el martillo. En total las Legiones Orientales sumaban 90.000 mercenarios encuadrados en 90 batallones (seis divisiones) de los que sólo 20 entraron en combate en el Cáucaso; a ellos hay que añadir 200 compañías con labores de retaguardia, es decir, para hacer el trabajo sucio represivo. Estas fuerzas eran superiores a las que Alemania dispuso en la región durante la I Guerra Mundial. Los mercenarios de estas Legiones fueron reclutados por el general Ernst Köstring: alemán nacido en Moscú, participó en la I Guerra Mundial, luego fue asesor del atamán Skoropadski durante la guerra civil rusa y la etapa de “independencia” de Ucrania y, finalmente, desde 1927 fue agregado militar de la embajada alemana en Moscú hasta el dia antes del ataque a la URSS. Otro personaje de las Legiones era el general Bicerachov, un fanático zarista que ya había combatido a los bolcheviques en Bakú en 1918 a sangre y fuego. Otra joya era el príncipe cherkés Klyc-Girej, antiguo comandante de la “División Salvaje”, la caballería caucásica que había participado en la I Guerra Mundial y luego contra el Ejército Rojo en la guerra civil. Las hordas que se aprestaban a “liberar” el Cáucaso, además de los jefes nazis, tenían mandos autóctonos de esta calaña.

Pero esto no es lo principal ni tampoco lo más interesante; lo verdaderamente significativo es que, además de esas Legiones, y siempre bajo el mando de oficiales alemanes, los nazis formaron unidades autóctonas del Abwehr, el Servicio de Inteligencia Militar, para la cual realización de operaciones “especiales”, espionaje, sabotaje y guerra sicológica, tanto en el frente como en la retaguardia. Eran conocidas con el nombre de “Brandenburgo” y fueron las primeras en utilizar a los viejos contrarrevolucionarios y exiliados, lo cual es lógico porque el espionaje y el sabotaje son la antesala de la guerra.

Entre las operaciones “especiales” de los brandenburgueses está la creación de la “Organización Tamara” anotada en el Diario de Operaciones del Alto Mando del Ejército alemán tres días antes del ataque a la URSS. Su objetivo era desencadenar una insurrección en Georgia a las órdenes del teniente Kramer y del suboficial Hauffe, ambos del Abwehr, aunque promovida por comandos especiales compuestos por georgianos. Estos comandos se reclutaron y entrenaron en Rumanía, un país que formaba parte del Eje fascista y donde desde 1917 había una colonia muy importante de exiliados zaristas y “nacionalistas”. El jefe del Abwehr en persona, el almirante Canaris, pasó revista a “sus” hombres durante la jura de bandera. Es fácil imaginar a todos aquellos “nacionalistas” (en realidad contrarrevolucionarios de la más baja estofa) vestidos con uniforme alemán, jurando lealtad eterna y ofrendar su vida para mejor gloria de Alemania y su Führer.

La “Organización Tamara” fracasa por el propio fracaso del Plan Barbarroja y la dilatación de la guerra.

Entonces el Abwehr encomienda a Theodor Oberländer, un profesor universitario convertido en capitán del servicio de inteligencia militar, la formación de la Unidad Especial Bergmann (“Sonderverband Bergmann”). El capitán Oberländer era otro experto conocedor de los pueblos caucásicos, materia de la que impartía sus cursos en la Universidad y que vio entonces la oportunidad de llevar sus teorías a la práctica. Su concepción era similar a la de Rosenberg: para ganar la guerra no se podía aplastar a los pueblos de la URSS, sino todo lo contrario, había que aprovecharlos, engañarlos y prometerles cualquier cosa, incluso la “independencia”, con tal de utilizarlos como carne de cañón contra la URSS.

Oberländer dividió la unidad Bergmann en tres compañías: en la primera estaban los georgianos, en la tercera los azeríes y en la segunda los norcaucásicos, entre ellos los chechenos. Desde Berlín se impidió que las unidades extranjeras que combatían en la guerra dentro del ejército alemán sobrepasaran el rango de un batallón, por lo que la unidad Bergmann llegó a ser el Batallón Bergmann, si bien sus fuerzas reales eran muy superiores. Sus tareas eran las propias de las operaciones “especiales”: preparar el terreno para la llegada de las fuerzas de vanguardia, promover el descontento entre la población, socavar la retaguardia del Ejército Rojo, incendio, sabotaje, etc. Es ocioso subrayar que muchas de estas operaciones se realizaban previa infiltración tras las líneas enemigas, vistiendo uniformes del Ejército Rojo y con armamento soviético. Una vez conquistado el Cácaso y mientras los alemanes seguían avanzando, la misión del Batallón era de “limpieza” represiva: ahorcar a los comunistas, a los koljosianos, a los guerrilleros, a los funcionarios soviéticos y, finalmente, formar los ejércitos de los nuevos Estados “independientes”

Pero el Batallón Bergmann no era más que uno de tantas otras fuerzas autóctonas que luchaban bajo uniforme alemán contra sus propios compatriotas (lo cual resulta también muy “nacionalista”), y no en el frente precisamente sino en las tareas más sucias y criminales de retaguardia. Ya hemos mencionado el caso de las Legiones de Voluntarios; vamos a enumerar algunas otras:

— RNNA o Ejército Nacional del Pueblo Ruso al mando del coronel Bojarski (seis batallones, unos 10.000 criminales) que no luchaba en el frente sino contra la guerrilla en tareas policiacas de “limpieza”
— el 120 Regimiento de Cosacos del Don al mando del coronel Kononov, unos 3.000 también dedicados a labores policiacas de retaguardia
— el Ost Ausbildung Regiment “Mitte”, cinco batallones bajo la dirección del teniente coronel Janenko; también realizaba operaciones antiguerrilleras
— RONA o Ejército de Liberacion del Pueblo Ruso, casi 20.000 pistoleros a las órdenes del general Kaminski, siempre en misiones de “limpieza”
— la Brigada Druzina del teniente coronel Rodionov, creada por la Waffen SS.

Dentro de los planes de guerra del Cáucaso, el Ministerio alemán de Asuntos Exteriores convocó una reunión con los dirigentes en el exilio de los pueblos autóctonos del Cáucaso para abordar la ocupación como una auténtica liberación y atraerse así a Turquía a esta campaña. Presidió la reunión el conde Von Schulemburg, el mismo que había dirigido a las tropas alemanas destacadas en Georgia al final de la I Guerra Mundial, el mismo que en 1939, cuando era embajador en Moscú, preparó la firma del Pacto Molotov-Von Ribbentrop. En la reunión había muchos viejos conocidos que llegaron hasta Berlín desde Turquía. Estaba el checheno Said Beck Shamil; estaba el ingushe Dzabagi, antiguo Presidente de la República de los Pueblos del Cáucaso; estaba Jakub, dirigente del partido azerí “Mussawat”; estaba Bagration, príncipe heredero de Georgia…

Los temas de negociación no sólo concernían a la limpieza de comunistas del Cáucaso; también había que expulsar de allá a todos los rusos, eslavos y, en general, a los no originarios de la región. La limpieza debía ser a la vez política y étnica.

No vamos a narrar la guerra del Cáucaso que, al mando de Von Kleist, se inició en el verano de 1942 y llegó justo hasta el rió Terek, penetrando sólo unos pocos kilómetros en territorio checheno. Seis meses después, en diciembre del mismo año, los nazis y sus acompañantes volvieron a fracasar y recularon hasta las estepas del Don. Con ellos huyeron los colaboracionistas que no pudieron ser inmediatamente apresados. En combates feroces, las Legiones Orientales tuvieron numerosas bajas y se tuvieron que unir al Batallón Bergmann que, fuera de su ámbito y de la misiones previstas, tuvo que reconvertirse en Crimea en una unidad de combate, algo para lo que no estaba entrenado.

Al final de la guerra, conscientes del destino que les esperaba, las compañías del Batallón Bergmann trataron de entregarse a los británicos y a los norteamericanos, sabedores de que con ellos tenían más posibilidades de salvar el pellejo que con los soviéticos. No todos lo lograron; algunos fueron entregados al Ejército Rojo, identificados y pasados por la armas. Ya hemos presentado muy brevemente las biografías de algunos de aquellos pretendidos “libertadores” del Cáucaso. Podemos explorar la biografía de algunos otros que lograron escapar, como el comandante azerí Fatalibejli-Dudanginski, un desertor del Ejército Rojo que se pasó al bando contrario, donde ascendió en el Batallón Bergmann y llegó a mandar una compañía cuando cayeron muertos los mandos alemanes. No fue capturado al final de la guerra y de la represión se pasó a la política, llegando a convertirse en uno de los dirigentes del exilio anticomunista azerí. Pero no se libró de su justo castigo: un agente del contraespionaje soviético le ejecutó en Munich en 1954. El mariscal Von Kleist fue capturado por los ingleses en 1945, entregado a los yugoeslavos, quienes a su vez lo entregaron a los soviéticos, donde murió en un presidio en 1954. Escapó Theodor Oberländer, el creador del Batallón, que luego fue diputado y ministro en la República Federal de Alemania en la década de los años cincuenta. Fue juzgado en rebeldía en la República Democrática Alemana en 1960 y condenado por crímenes de guerra a cadena perpetua. Había dirigido la matanza de Lvov. Lamentablemente la sentencia no se pudo ejecutar. Tras la caída del muro, Oberländer tuvo la desfachatez de limpiar -era su especialidad- su memoria: en 1993 inició un pleito para anular la sentencia dictada en Alemania oriental y lo peor es que lo logró porque -dijeron los nuevos tribunales “democráticos” de Berlín- el fallo anterior se había fundado en pruebas “falsas”. Pudo morir plácidamente cinco años después en Bonn con la conciencia muy tranquila.

Para mayor gloria del Batallón Bergmann, vamos a finalizar narrando que continuó cumpliendo las funciones para las que había sido adiestrado, especialmente la lucha antiguerrilera en Ucrania, Grecia y Yugoeslavia, cuyos habitantes conocieron la brutalidad y el salvajismo de sus métodos de “limpieza”. La II Compañía, en la cual servían precisamente los chechenos, fue destinada al final de la guerra a Polonia; más concretamente fue la que aplastó inmisericordemente la sublevación del ghetto de Varsovia…

El uniforme de los soldados de las Legiones Orientales sólo se diferenciaba del de la Wehrmacht por un pequeño detalle: en su gorro llevaban como insignia un “kindjal”, la navaja caucásica. Los chechenos que asesinaron dentro de las unidades alemanes, son criminales de guerra, aunque imaginamos que también serían absueltos por los tribunales imperialistas alemanes, como su jefe, el capitán Oberländer. Limpieza de sangre, limpieza étnica, limpieza política… la política nazi e imperalista es siempre limpia y por eso queda también limpia de pruebas. A ellos sí hay que absolverles; a nosotros, los comunistas, a los que estamos en las barricadas contra el fascismo, a nosotros hay que condenarnos. Nosotros además de criminales somos mentirosos. Y somos criminales porque llevamos al pueblo checheno al “genocidio” el 23 de febrero de 1944.

Vamos a comprobar también esto…

La conquista del corazón de los pueblos de oriente (2)

Alfred Rosenberg
Pero los imperialistas no dejan de acechar. El 10 de junio de 1921 el gobierno francés promueve en París la formación de la Unión de Repúblicas del Cáucaso, integrada por contrarrevolucionarios zaristas georgianos, azeríes, armenios y montañeses. Se produce un levantamiento reaccionario en Georgia en agosto de 1924, al año siguiente es derrotado el imán Najmudin, aunque la situación se agrava especialmente partir de la colectivización de 1929 que desata la lucha contra los “bey”, los campesinos acomodados, equivalente de los kulaks en Rusia. Los jeques islámicos reaparecen encabezando una resistencia feroz. Entre 1931 y 1934 se registran 69 atentados contra bolcheviques, cooperativistas y funcionarios sólo en Ingushetia-Chechenia. Se produce un éxodo -otro más- hacia Turquía de los montañeses que no aceptan la colectivización.

Al otro lado de la frontera turco-soviética, se mantenía la misma política de Ataturk de preservar buenas relaciones con la URSS. Sin embargo, en algunos sectores reaccionarios, el panturquismo seguía latente; en Turquía seguían viviendo los desplazados por el Imperio zarista y a ellos se unirían los contrarrevolucionarios que salieron de la URSS en tres las oleadas sucesivas: tras la Revolución de Octubre (1917), la guerra civil (1920) y la colectivización (1929). Al otro lado de la frontera, todos esos desplazados esperaban la revancha y aunque ya no tenían el apoyo del gobierno, otro apoyo -aún más fuerte- vino a sustituirle: Alemania. Las tesis panturquistas coinciden con las pangermanistas. En 1936 Gerhard Von Mende publica su obra “Der nationale Kamf der Russlandturken” (La lucha nacional de los turcomanos de Rusia) y muy poco después tendrá ocasión de llevar a cabo sus proyectos como dirigente del Ministerio alemán para los Territorios Ocupados del Este. Los nazis también publican en 1938 el libro de Mirza Bala “Historia de la nación azerí” y tratan de captar la atención de Turquía sobre los pueblos musulmanes del Cáucaso para integrarla en los planes que los nazis tienen sobre la región.

No se trató sólo de los pueblos islámicos. Salvo los armenios, la mayor parte de los contrarrevolucionarios del Cáucaso en el exilio se agruparon en 1928 en la Liga Prometeo, con sede en Varsovia, que se atribuía la representación de los pueblos “oprimidos” de la URSS.

Los imperialistas alemanes también utilizaron a los georgianos durante la I Guerra Mundial para socavar la retaguardia rusa. En Berlín existía un Comité Nacional Georgiano encabezado por el príncipe Macabeli y Tsereteli, que en 1915 reclutó una Legión Georgiana de 1.200 hombres para combatir junto al Ejército turco en Transcaucasia.

Lo mismo cabe decir de los armenios, si bien en este caso, la vinculación de los contrarrevolucionarios es con las potencias occidentales, a causa de su enfrentamiento con Turquía, que ocasionó -no lo olvidemos- un siniestro genocidio. Pero también hasta allá llegaban los tentáculos alemanes: entre 1926 y 1945 Paul Rohrbach, especialista en las minorías nacionales soviéticas, es presidente de la Sociedad Germano-Armenia.

Por tanto, tras la I Guerra Mundial los imperialistas alemanes retoman una parte de las redes contrarrevolucionarias organizadas fuera de la URSS, especialmente las panturquistas, con el fin de utilizarlas en su propio beneficio, y pronto las reforzarán para ponerlas en funcionamiento. Los servicios secretos de Alemania controlaban los contactos que el Imperio Otomano había tenido en Chechenia y las afianzaron con los “bey” opuestos a la colectivización y que diez años después formaron el denominado gobierno checheno en el exilio encabezado por Israilov y Sheripov. En junio de 1942 este gobierno fantoche checheno reparte una circular pidiendo a la población que “reciba a los alemanes como huéspedes bienvenidos” y declara que los nazis serían saludados con hospitalidad si reconocían la independencia de Chechenia.

El Cáucaso entra en el Plan Barbarroja de invasión de la URSS de una forma directa y estratégica. Los nazis calculan derribar a la URSS en 10 semanas, pero la heroica resistencia del Ejército Rojo les obliga a prorrogarlo y modificar el proyecto original. Una vez frenados en 1941, los nazis se aprestan a una guerra más prolongada. Durante el verano del año siguiente concentran sus fuerzas en el frente sur, donde la gigantesca batalla de Stalingrado ha eclipsado a la guerra caucásica, en la que los nazis llegaron hasta la ribera del rio Terek, a las mismas puertas de Grozni.

Atacando el Cáucaso los objetivos nazis eran múltiples, entre otros:

— alcanzar los pozos de petróleo de Bakú
— forzar a Turquía a entrar en la guerra al lado del Eje
— enfrentarse a los británicos en Persia y Asia central.

Es bien sabido que, en su escalafón racista, los nazis consideran a los eslavos como infrahumanos (“untermensch”), por lo que podemos imaginarnos la estimación que tenían hacia otros pueblos, como el checheno. A efectos prácticos había dos posiciones entre ellos. Algunos, como Alfred Rosenberg, eran partidarios de la “independencia” de los pueblos del este, de respetar su idiosincrasia y mantener relaciones de colaboración con ellos. Pero también había quienes pretendían simplemente someterlos a la fuerza y reducir a sus habitantes a la servidumbre. Esta última política es la que impusieron el primer año de la guerra, donde las espantosas masacres cometidas en Ucrania y Bielorrusia lanzan a las masas a la resistencia y a la guerra de guerrillas. Al año siguiente aprendieron del fracaso, suavizaron sus modales y trataron de incorporar a los pueblos auctóctonos del Cáucaso a sus filas. Se imponían las tesis de Rosenberg, uno de tantos nazis nacidos en la Rusia zarista, grandes conocedores del país, su idioma y su cultura. De origen alemán pero nacido en Estonia, Rosenberg había estudiado ingeniería en Moscú, de donde huyó tras la Revolución de Octubre, trasladándose a Alemania, siendo con Hitler uno de los fundadores del partido nazi.

Tras la derrota de la URSS, Rosenberg estaba destinado a ser el ministro del Reich para los Territorios Ocupados del Este, y para cada uno de ellos (Báltico, Ucrania, Bielorrusia, Cáucaso) tenía planes específicos del papel que debían desempeñar en el futuro (“Generalplan Ost”).

En Alemania, Rosenberg reclutó para los nazis a muchos viejos zaristas y “nacionalistas”, como el georgiano Alexander Nikuradze. Físico, seguidor de las teorías reaccionarias de Spengler y Haushofer, Nikuradze se nacionalizó alemán, se afilió al Partido nazi y fue uno de los que colaboró con Rosenberg para establecer una alianza entre el III Reich y los países del Cáucaso con el fin de “liberar” a éstos del “yugo” soviético. Esa alianza tomaría la forma de una “Confederación” de todos los pueblos caucásicos encabezada por Georgia, que era el único país de la región que tras la I Guerra Mundial, durante su “independencia”, se había alineado con el Reich.

Por tanto, en 1942, una vez fracasado el año anterior el plan de colonización y sometimiento en Ucrania y Bielorrusia, se imponen para el Cáucaso las tesis de Rosenberg y su “Generalplan Ost”. Pero este plan no asume las tesis panturquistas sino las del georgiano Nikuradze. Por tanto, para los nazis, los chechenos y demás pueblos islámicos del Cáucaso sólo eran carne de cañón preparada para ser triturada en el frente. En efecto, una parte del Plan General para el Este es utilizar tropas autóctonas, caucásicas, en la lucha contra el Ejército Rojo, dar la apariencia de que no se trataba de una invasión extranjera sino de una guerra civil contra los bolcheviques, continuación de la anterior.

La conquista del corazón de los pueblos de oriente (1)

Hoy apenas podemos concebir siquiera la magnitud impresionante que supuso la creación de la URSS como una comunidad de naciones precisamente en un momento histórico en el que en todo el mundo capitalista los Estados multinacionales desaparecían y en el que se producían gravísimos dramas, como el salvaje genocidio armenio en 1920. A muy pocos kilómetros de distancia, el panorama nacional a un lado y otro de las fronteras soviéticas era radicalmente dispar. En el Imperio Austro-Húngaro había once nacionalidades; en la Unión Soviética más de cien.

Certeramente apuntó Stalin que mientras en occidente las naciones habían precedido a los Estados, en oriente sucedió al revés (1). Lo mismo cabe decir de la URSS, donde se concedió un estatuto nacional (y por tanto un reconocimiento político) a pueblos que, por su enorme atraso, no formaban verdaderamente unidades nacionales. La política nacional de la URSS, dijo Stalin, era igualitaria y otorgó el mismo tratamiento político a las nacionalidades clásicas (como Ucrania o Georgia) que a las pequeñas tribus, muchas de ellas inmersas en otros conjuntos nacionales y subyugadas por ellos. Así, existía un enclave armenio en territorio azerí (Nagorno Karabaj) y un enclave azerí en Armenia (Najichevan). Lo mismo sucedía con el encave abjasio dentro de Georgia. Según la nueva disposición nacional igualitaria de la URSS, los georgianos tenían los mismos derechos que los rusos, pero, a su vez, los abjasios tenían los mismos derechos que los georgianos.

En el V Congreso de la Internacional Comunista un militante turco dijo que los imperialistas aspiraban a conquistar los territorios de oriente, mientras los comunistas aspiraban a conquistar el corazón de oriente. Esto supuso un impacto social de primer orden en las sociedades caucásicas, especialmente entre aquéllas de tradición nómada, que fueron dotadas de todas los servicios de un Estado: un aparato político, un partido comunista local, una estructura estatal (Consejo de Ministros, gobierno republicano, jefe de Estado), una cultura nacional de la que la lengua era la piedra angular, una Universidad y una Academia de Ciencias y unos símbolos nacionales, como bandera e himno. La Revolución de Octubre aplica todos los derechos nacionales a una región que, por tradición histórica y cultural, los desconoce y forja todos los elementos conceptuales históricos, etnográficos y lingüísticos que proporcionan legitimidad al estatuto político de las nuevas repúblicas nacionales. Su existencia, a falta de un nacionalismo anterior que las fundamentara, está justificada por el desarrollo del estatuto que el proletariado soviético les confiere.

Esas naciones existen y sobreviven hoy gracias a la Revolución; esas naciones progresaron gracias al titánico esfuerzo de la URSS. Y por tanto, su dramática situación actual tiene ese mismo origen: ya no existe la URSS. Los imperialistas jamás han reconocido y jamás reconocerán nunca este gigantesco avance de la humanidad que, en medio de las más terribles condiciones externas, es ejemplar y sin precedentes en la historia. Por todo ello es comprensible que su esfuerzo esté destinado a ocultarlo y tergiversarlo.

Aquello rompió los moldes tradicionales: la URSS dividió para unir y unió para dividir. En primer lugar, fragmentó las grandes superestructuras que se pretendían crear artificialmente sobre bases lingüísticas, culturales (panturquismo) o religiosas (panislamismo). En segundo lugar, rompió con las arcaicas estructuras sociales basadas en los linajes o en la religión. Por ejemplo, Stalin dirigió un mensaje al I Congreso de Mujeres de la República Montañesa, que agrupaba -entre otras- a las mujeres chechenas e ingushes. Stalin, que no pudo asistir por encontrarse enfermo, les llama a que se organicen para impulsar la revolución (2). No es difícil imaginar el impacto que este tipo de situaciones tuvo que tener en una sociedad islámica que relegaba a la mujer a las labores del hogar.

Como es natural, los janes tradicionales perdieron sus prerrogativas políticas, pero no las abandonaron de buena gana. Esto se observa con más claridad aún en 1929, con la colectivización, que en 1917.

En 1917 estalló una gran revolución en Rusia pero en muchas regiones el viejo Estado zarista simplemente se desplomó y los bolcheviques, acuciados por la guerra civil, no llegaron inmediatamente. Por ello, varios pueblos del Cáucaso proclamaron su independencia. En mayo de 1918 se proclamó la República de los Pueblos del norte del Cáucaso, de la que formaron parte los chechenos junto con otros pueblos. Como dijo Stalin, esa República era inviable desde todos los puntos de vista:

— no interesaba a las potencias imperialistas vencedoras de la guerra mundial
— tampoco a la contrarrevolución zarista
— Turquía había sido derrotada y, a su vez, debía defenderse de los tiburones imperialistas.

Durante la guerra civil el viejo ejército zarista que invade el Cáucaso lo integran cosacos, los viejos enemigos de los montañeses musulmanes, comandados por el general blanco Anton Denikin. Su objetivo es tanto aplastar a los bolcheviques como a los independentistas caucásicos. En la nueva Turquía a la que se dirigen los independentistas, Ataturk no les presta apoyo y, además, firma un tratado internacional con los bolcheviques. Además se reproducen las ancestrales disputas internas entre ellos. En marzo de 1919 armenios y azeríes se enfrentan por Nagorno-Karabaj.

La única posibilidad para todos los pueblos de la región es unirse entre ellos y unirse a los bolcheviques. Así lo hace el jeque dagestano Unzun Hayi y, partir de septiembre de 1919, las zonas liberadas por la alianza de los bolcheviques y los independentistas forman el Emirato del norte del Cáucaso.

En 1920 acaba la guerra civil en el Caúcaso con la derrota de Denikin. El Ejército Rojo controla Chechenia, donde es recibido como una fuerza de liberación. Los imperialistas aprenden rápido y cambian de estrategia. Tras la muerte de Unzun Hayi, se vuelven “nacionalistas” y convierten a los nuevos países independizados en plataformas desde las que preparan el ataque a los soviets. Como observó el IV Congreso de la Internacional Comunista, “se armó un dique de pequeños estados vasallos alrededor de Rusia para sofocar a esta última en la primera ocasión”. Para aplastar a los bolcheviques, los imperialistas promueven en setiembre de 1920 un levantamiento de los montañeses contra los soviets. Lo dirige Said Beck Shamil, nieto del mítico León de Daguestán. Los bolcheviques no caen en la provocación y el enfrentamiento. El 16 de octubre de 1920 Stalin viaja a Vladikavkaz y, con el apoyo de Ordjonikidzé y Kirov, convoca dos Congreso de representantes, uno de los pueblos de Daguestán y otro de los montañeses. En este último pronuncia un discurso clave en el que afirma que los bolcheviques no van a hacer concesiones porque se encuentren en una situación de debilidad sino todo lo contrario; tras la victoria en la guerra civil están fuertes y esa es la importancia de los planes que les presentan a los caucasianos. Van a adoptar una serie de medidas a largo plazo porque están convencidos de que son justas. Por el contrario, dice Stalin, las que se toman bajo presión, a regañadientes, no pueden ser duraderas. En fin, les dice que no trata de ganarse su apoyo, y añade:


Camaradas montañeses, el antiguo periodo de la historia de Rusia, aquel durante el cual los zares y los generales zaristas menospreciaban vuestros derechos, aniquilaban vuestras libertades, aquel periodo de opresión y de esclavitud ha acabado para siempre. Hoy, cuando el poder ha pasado en Rusia a manos de los obreros y de los campesinos, no debe haber oprimidos en el país.
 
Acordando vuestra autonomía, Rusia os restituye con ella la libertades que os robaron los zares sedientos de sangre y los generales zaristas opresores. Es decir que vuestra vida interior se debe edificar según vuestro modo de existencia, vuestros usos y costumbres, bien entendido, dentro del marco de la Constitución general de Rusia.

De inicio, Stalin decreta una amnistía para los sublevados y, sobre todo, consigue el apoyo del campesinado pobre checheno con la reforma agraria. Finalmente, explica el proyecto de crear una Unión de Repúblicas Socialistas en la que todos los pueblos montañeses dispondrán de una amplia autonomía que, en la práctica, significaba la independencia total. Moscú no podía interferir en los asuntos internos de la República montañesa ni en su ordenamiento legal. Ahora bien, les dice Stalin, aunque el poder soviético ha tomado medidas contra los cosacos, que habían agredido a los montañeses, y les ha desahuciado de las granjas para instalar en ellas a los chechenos, eso no autoriza a éstos a humillar a aquellos, agredirles, robarles el ganado o violar a sus mujeres porque “el poder soviético defiende a los ciudadanos de Rusia a título igual, sin distinción de nacionalidad, sean cosacos o montañeses” (3).

Las propuestas de Stalin fueron aceptadas y el levantamiento de Said Beck Shamil cesó sin derramamiento de sangre. El Congreso de los pueblos de la Montaña acabó constituyendo la República Autónoma Socialista Soviética de la Montaña (Gorskaya), junto con Nazran, Vladikavkaz, Kabardia, Balkaria y Karatchaev. Luego se fueron degajando de ella estas últimas nacionalidades, hasta que desapareció el 7 de julio de 1924. A partir de entonces Chechenia fue una Región Autónoma (Oblast) integrada en la República Autónoma de Chechenia-Ingushetia.

Notas:
(1) Stalin, Las tareas inmediatas del Partido en la cuestión nacional, Oeuvres, tomo V, pg.26.
(2) Stalin, Las tareas inmediatas del Partido en la cuestión nacional, Oeuvres, tomo V, pg.59.
(3) Stalin, Congreso de los pueblos de Terek, Oeuvres, tomo IV, pg.347.

El Califato Islámico quiere extenderse a China

El Califato Islámico está incrementando su propaganda en chino mandarín para iniciar una guerra en China. El grupo ha publicado recientemente una canción en chino en sus redes sociales. Los cantantes tienen una pronunciación muy buena por lo que podrían ostentar dicha nacionalidad.

La letra versa sobre los supuestos éxitos del grupo yihadista y su ideología, según el Wall Street Journal. El contenido y el idioma demuestran que el Califato Islámico busca extender su lucha a China, indica el periódico.

China posee un problema de seguridad en la Región Autónoma de Xinjiang, donde viven los uigures, una minoría de origen turco que habla un idioma emparentado con este último. Al menos 1.200 de miembros de esa etnia luchan ahora en Siria e Iraq en las filas del Califato Islámico. En el propio Xinjiang se han producido varios atentados y varios grupos allí buscan la independencia de China y la creación del “Turquestán Oriental”.

El hecho de que la canción esté en chino y no en el idioma uigur indica que el Califato Islámico busca extender su influencia más allá de Xinjiang y podría intentar influir también a la etnia hui, que cuenta con más de 10 millones y profesa el Islam. Sin embargo, los huis nunca han mostrado tendencias separatistas o conflictivas hacia Pekín. El afamado navegante chino Zheng He, que vivió en el siglo XV y llegó a las costas de África, era miembro de esta etnia.

Otros analistas creen que la canción en mandarín es simplemente una advertencia a China para que no se implique en la lucha contra el Califato Islámico en Siria e Irak.

El mes pasado, el Califato Islámico asesinó por primera vez a un ciudadano chino y en otro vídeo declaran a Taiwán como un país independiente.

De este modo, la canción y los últimos actos del Califato Islámico podrían ir dirigidos a crear una ansiedad en la sociedad china, una técnica utilizada por los wahabíes en todo el mundo y a través de la historia.

Estas amenazas podrían tener, sin embargo, el efecto contrario y llevar a los chinos a implicarse en una guerra preventiva en Siria, como ha hecho Rusia.

Fuente: http://www.almanar.com.lb/spanish/adetails.php?eid=114002&cid=26&fromval=1

El 22 por ciento de la población israelí es pobre

El miércoles el Instituto Nacional de Seguridad de Israel publicó su informe anual según el cual 1.709.300 habitantes vivían en la pobreza el año pasado, una cifra que supone el 22 por ciento de la población total.

El número de pobres muestra una tendencia al alza en comparación con el año anterior.

Según el informe, un individuo con un ingreso mensual de menos de 3.077 NIS (nuevo shekel israelí) o 796 dólares, se considera pobre, al igual que cualquier pareja que gane menos de 4.923 shekels (1.274 dólares) al mes.

El autor del informe, Daniel Gottlieb, dijo que el aumento de la pobreza era más probable debido a la reducción del régimen de asignaciones por los hijos en 2013.

“Hubo un aumento continuo de los precios de la vivienda y el alquieler y un agravamiento de la pobreza, en parte debido a la reducción de las asignaciones por hijos, que influyó en 2014”.

Las ONG se apresuraron en reaccionar al informe, criticando fuertemente al gobierno de Tel Aviv por sus políticas económicas.

“Las cifras del informe son impactantes, como de costumbre, pero no sorprende. Los pobres en Israel no son de suficiente interés para el régimen”, dijo el presidente de la Fraternidad Internacional de Cristianos y Judíos, el rabino Yechel Eckstein.

“El sufrimiento de cientos de miles de ancianos, niños y familias que se han derrumbado bajo el peso de la pobreza, es una vergüenza y una ‘amenaza real’ a la situación social”, agregó.

Israel tiene la segunda tasa más alta de pobreza dentro de la OCDE. Sólo México tiene una tasa peor que Israel en la lista.

El pacto de Ciudadanos con los mercenarios del imperialismo

“La candidatura Libertas-Ciudadanos a las elecciones europeas de 2009, encabezada por el abogado Miguel Durán, no fue una página menor de la intrahistoria de Ciudadanos, sino que ese partido hoy es la proyección, en buena medida, de aquella iniciativa política, en alianza con el multimillonario irlandés, Declan Ganley. Página oscura que debe aclarar Albert Rivera, míster transparencia. Y ningún momento mejor que ahora, en mítines, ruedas de prensa o en los debates con los otros candidatos”. Quien así habla es Enrique de Diego, periodista  y fundador de Intereconomía que ha roto su silencio para explicar uno de los capítulos más oscuros de Ciudadanos, el partido que según todas las encuestas podría disputar la victoria el próximo 20 de diciembre al Partido Popular y al PSOE.

Enrique de Diego desvela cómo se fraguó el pacto entre Ciudadanos y Libertas, qué papel jugó el multimillonario Declan Ganley en la operación que sitúo como candidato de la formación naranja a Miguel Durán, las vías de financiación de las que supuestamente Albert Rivera se sirvió para promocionar su aventura electoral y el papel que presuntamente jugó el presidente de Intereconomía, Julio Ariza, en esta oscura operación que según de Diego contó con el beneplácito del Partido Popular.

Un relato sobre el que Ciudadanos ha declinado pronunciarse. La formación de Albert Rivera ha rechazado la posibilidad de desmentir o matizar lo desvelado por Enrique de Diego, quien en 2009 era uno de los rostros principales de Intereconomía y comunicador clave de la llamada ‘caverna mediática’.

¿Por qué se fraguó el pacto entre Ciudadanos y Libertas?

Esa candidatura era una más de las que se presentaban en cada nación europea, bajo el patrocinio del multimillonario irlandés Declan Ganley. Se trataba de llevar al Parlamento Europeo un grupo o lobby pro-vida y eso indica el oportunismo proverbial de Albert Rivera que entonces presentaba a Ciudadanos, en tiempos de vientos menos favorables, como de centro-izquierda y llevaba en su programa una clara postura favorable al aborto y a la eutanasia. Declan Ganley había puesto en marcha Libertas como movimiento para impulsar el “no” irlandés en el referéndum sobre el Tratado de Lisboa en 2008.

¿Quién es Declan Ganley?

Declan Ganley hizo su fortuna, tras la caída del Muro de Berlín, con negocios con Letonia: importación de aluminio siberiano y explotación de la riqueza maderera de la república báltica. De ahí fue expandiendo un imperio -Ganley Group of Companies y Rivada Networks- con relación con el mundo de la comunicación a través de cable […] Es un multimillonario que se propuso llevar al Parlamento Europeo a un grupo euroescéptico y con una postura clara a favor del derecho a la vida.

¿Qué papel jugó Julio Ariza en el pacto entre Ganley y Rivera?

En España, Julio Ariza consiguió ser el hombre de Ganley. Lo hizo haciendo valer su condición de católico, su militancia provida y presentándose como el propietario de un influyente grupo de comunicación, que aseguraba la obtención de representación. La candidatura fue el pacto de Julio Ariza y Albert Rivera, más un pequeño partido, Unión del Pueblo Salmantino, que tenía una treintena de concejales en pueblos pequeños. Albert Rivera obtenía, a cambio, un trato de favor mediático por parte de Intereconomía, cuestión que entonces le era fundamental.

¿Cómo llegaron a tener tanta afinidad Ariza y Rivera?

Ambos son exmilitantes del PP de Cataluña. Julio Ariza fue el número dos de Alejo Vidal-Quadras, el secretario general del PP catalán. Cuando, a petición de Jordi Pujol, José María Aznar descabezó al PP catalán, Vidal-Quadras y Ariza encargaron una encuesta para conocer las expectativas de voto en el caso de que rompieran con el PP y se presentaran con unas siglas enfrentadas con el nacionalismo. Las expectativas no eran malas: 4 diputados autonómicos. Pero Vidal-Quadras prefirió pactar una sinecura en FAES y un puesto ulterior en la Eurocámara, y también estaba en proceso de divorcio, así que quería poner tierra de por medio. Vidal Quadras y Ariza abandonaron Cataluña rumbo a Madrid, pero frente al poder tortuoso y esterilizante de los Fernández dejaron un foco de resistencia en Nuevas Generaciones.

Fue a las juventudes del PP a las que se afilió Alberto Rivera, con ficha de 10 de septiembre de 2002, avalada por los afiliados 18.813 y 24.221, con cuota de 30 euros anuales. Rivera permaneció como militante del PP hasta tres meses antes de ser elegido presidente de Ciudadanos, formación que surgía, con el lanzamiento de preclaros intelectuales, precisamente para llenar el vacío dejado por elvidalquadrismo. En noviembre de 2006, la secretaría de prensa de Ciudadanos emitió una delirante y mendaz nota, en la que se decía que “Albert Rivera nunca ha militado en ningún partido, nunca ha pagado ninguna cuota a ningún partido político y nunca ha tenido carnet de militante alguno. La única militancia en la que ha ejercido y ejerce es en el sindicato UGT. En todo momento Rivera ha reconocido que, como muchas otras personas en Cataluña, ha buscado su representación política en partidos tradicionales y ha votado a CiU, PSC y PP en diversas elecciones sin que de ello pueda desprenderse que ha sido militante en ninguno de esos partidos”. Reescribía así su biografía Albert Rivera.

¿Contaba la operación de lanzamiento de Ciudadanos-Libertas con el beneplácito del PP?

Sí. Julio Ariza siempre pactaba este tipo de operaciones con el PP, y específicamente con Mariano Rajoy, a quien vendió la operación como una forma de frenar a UPyD, que en aquellos años iba con velocidad de crucero, aunque había cometido el error de descuidar el flanco catalán, centrada en Madrid, que es donde se atisbaba negocio y botín electoral. De esa manera, Julio Ariza no se enfrentaba con el PP y podía participar en una operación europea.

Libertas-Ciudadanos puede interpretarse como parte de ese “juego sucio” de Julio Ariza en favor del PP y de Mariano Rajoy, del que esperaba que fuera su cuerno de la abundancia. Con Libertas-Ciudadanos se frenaba a UPyD, que no había conseguido consolidarse en Cataluña, en favor de Ciudadanos, considerada una marca blanca del PP, alguien con quien se podía pactar en el futuro. También, de paso, se cerraba cualquier posibilidad a Alternativa Española, de Rafael López Diéguez, que había hecho de la oposición al aborto su principal bandera, poniendo en evidencia las contradicciones del PP en esa materia.

¿Existía financiación para promocionar el pacto de Ciudadanos con Libertas?

Dinero hubo. Y no poco […] La clave es que iba a haber dinero, mucho dinero, que Declan Ganley, el irlandés, como se le denominaba, con alborozo esperanzado, en los pasillos del Grupo Intereconomía, era inmensamente rico. Eso iba a catapultar a Intereconomía.

Declan Ganley era una oportunidad de oro, un multimillonario de chequera fácil y Albert Rivera estaba bien dispuesto a cambiar de principios y a pasar del centroizquierda proclamado a la derecha euroescéptica y confesionalmente católica. Quienes conocen personalmente a Albert Rivera coinciden en definirle como un oportunista.

¿Cómo se obtuvo el dinero para financiar esta aventura electoral?

Miembros del equipo de investigación de Intereconomía, según numerosas fuentes directas y solventes, viajaron a Dublín para recogerlo (he contado este episodio en mi libro Dando caña).

¿Quién encabezó la candidatura Ciudadanos-Libertas? ¿Y por qué?

Para encabezar la lista, Julio Ariza fichó a su amigo y abogado, Miguel Durán, expresidente de la ONCE, con terminales periodísticas dentro del Grupo, y, desde luego, no la mejor imagen para una oferta regeneracionista, como la que se decía pretender.

¿Cómo se produjo el ‘fichaje’ de Miguel Durán?

Fue Albert Rivera quien fichó, directa y personalmente, a Miguel Durán como cabeza de lista de la candidatura Libertas-Ciudadanos a las elecciones europeas de 2009. El presidente de Intereconomía, Julio Ariza, actuó de mediador, los puso en contacto. La operación terminó por concretarse en el restaurante Príncipe y Serrano, de la capital de España, del Grupo Arturo, propiedad del expresidente de CEIM, Arturo Fernández.

Lo de Duran con Libertas-Ciudadanos fue un fichaje exprés que sorprendió a propios y extraños. Según declaró el propio Durán, “el primer ‘input’ lo tuvo en enero pero dijo que no: ‘Yo estaba muy bien con mis pequeños negocios y mis tertulias. Cuando ya me había olvidado, el 24 de marzo, Julio Ariza me llamó para preguntarme si podía darle mi teléfono a Albert Rivera, que estaba interesado en hablar conmigo. Quedé a comer con Rivera el día 25. Me dijo que para hacer algo en las europeas necesitaban a alguien con tirón, a un candidato que fuera conocido, y que había pensado en mí”.

Al día siguiente, el ex presidente de la ONCE quedó a cenar con el empresario irlandés Declan Ganley. Durán dijo lo siguiente del encuentro: “Ganley me explicó por qué había votado ‘no’ al Tratado de Lisboa y yo le dije que no iba a ser un candidato títere, que me gustaba el trabajo en equipo”.

Finalmente, el 14 de abril, en el restaurante Príncipe y Serrano, cerraban el acuerdo con la firma de dos ejemplares, uno en inglés y otro en español. La firma se hizo en presencia tanto de Albert Rivera como de Julio Ariza, quien, por cierto, tenía un amplio intercambio publicitario con el Grupo Arturo, así que el almuerzo corrió a cargo de Intereconomía.

¿Quién es Miguel Durán?

Miguel Durán lideró Tele 5 en su etapa más chabacana, la Tele 5 de las Mama Chicho. Y luego había sido imputado por el juez Baltasar Garzón, aunque el sumario terminó archivándose. Miguel Durán fue presidente de Tele 5 y Onda Cero, como proyección de su cargo de presidente de la ONCE y en calidad de hombre de Silvio Berlusconi. Durán fue relevado en 1996 por cambio del accionariado. Fue imputado en 1998 por Baltasar Garzón y acusado por el fiscal Anticorrupción, Carlos Castresana, quien le imputaba tres delitos continuados contra la Hacienda pública, falsedad, otorgamiento de contrato simulado y administración desleal, y pedía 14 años de cárcel y 133 millones de euros. Fue absuelto por la Audiencia el 19 de abril de 2007. Durán siempre argumentó que el objetivo era Silvio Berlusconi, cuya imputación tuvo que dejarse en suspenso al acceder a la presidencia de Italia. Pero aquello dejó una sombra de duda en la biografía de Miguel Durán. Sus polémicas como presidente de la ONCE y luego en la oposición habían sido agrias. Algunas de las más sucias artimañas se habían canalizado a través de Intereconomía. Actualmente, Miguel Durán es el abogado de Julio Ariza en el sumario por los ataques informáticos a la web PrNoticias, de Pedro Aparicio. No era Durán un personaje sin aristas y mucho menos una personalidad que sugiriera algo así, por alguna de sus costuras, como regeneración.

¿Qué papel jugó Durán en la coalición Ciudadanos – Libertas?

Miguel Durán ejerció, en aquel tiempo, de militante, dirigente y portavoz de Ciudadanos, de hombre fuerte de Albert Rivera. No fue un personaje accesorio, sino que tomó parte activa en la formación, que vivía un momento sumamente delicado, puesto que tenía tres diputados en el Parlament, además de Albert Rivera, estaban José Domingo y Antonio Robles, que abogaban por la integración en UPyD, formación entonces mucho más fuerte. Albert Rivera se negaba. Años después, se volverían las tornas.

¿Qué opinión guarda Miguel Durán de su aventura política?

Miguel Durán se quejaba, de continuo, de carencia de medios. Es posible, y así lo apuntan las fuentes, que Julio Ariza considerara que ese dinero (el aportado por Ganley), un millón de euros, era el mínimo pago a la publicidad dada a la candidatura, con la presencia continua de Miguel Durán en los programas de debate, y también con la proyección de Albert Rivera, que pasó a ser un habitual, en su calidad de aliado tácito del PP frente al ascenso de UPyD.

¿Cómo acabó la aventura de Ciudadanos con Libertas?

Fue un completo fracaso: obtuvo 22.903 votos, el 0,15 de los emitidos. Los mejores resultados los obtuvo en Cataluña: Barcelona (0,41%), Tarragona (0,28), Lérida (0,21), Gerona (0,20) y Salamanca (0,37). Es un cadáver en el armario de Albert Rivera, que debe aclarar, con pelos y señales, si quiere tener credibilidad en su reconversión de galán centrista. Sería necesario que se hicieran públicas las finanzas de aquella operación y que Albert Rivera, tan pulcro, en apariencia, aclare su participación. Podría citarse, en la comisión de investigación necesaria, a declarar a Declan Gauley y a quienes viajaron a Dublín. Y, por supuesto, a Julio Ariza, Miguel Durán y Albert Rivera.

Fuente: http://www.elplural.com/2015/12/05/uno-de-los-fundadores-de-intereconomia-rompe-su-silencio-y-desvela-el-oscuro-pacto-entre-albert-rivera-y-el-millonario-irlandes-que-financio-a-ciudadanos/

Los amiguetes del sheriff de Benidorm

Como cualquier sheriff de película, el comisario Juan Carlos Hernández Muñoz hace y deshace a su antojo en la comisaría de Benidorm y dispensa un trato de favor a amiguetes, como Alexey Shirikov, un empresario de origen ruso que estudió en la Universidad de Alicante.

Shirikov tiene una relación de amistad íntima con el sheriff, tanto que asiste a los cumpleaños de los hijos del empresario.

Hasta fechas recientes, era habitual ver a Shirikov frecuentado en varias la galería de tiro de la comisaria, como tirador selecto que es.

El empresario reside en Altea Hills, es administrador de varias sociedades mercantiles como Realty Lab Altea Hills o Almar Altea Europromociones, entre otras, radicadas en el levante pero cuyos accionistas finales están en Rusia, entre otras.

Shirikov tiene un trato preferencial en la Brigada Extranjería y Documentación, concretamente en la expedición de NIES, documentos, que habitualmente son necesarios para cualquier transacción económica de inversión de ciudadanos extranjeros en España.

Incluso en dos ocasiones, con motivo de la festividad del día de la policía, el empresario ha sido galardonado con un premio concedido por la Dirección General de la Policía a propuesta del sheriff Hernández Muñoz.

Se reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera

Margaret Thatcher
En todo el mundo las emisiones de CO2 a la atmósfera se han mantenido constantes e incluso se han reducido ligeramente desde 2013 hasta hoy, según un artículo publicado en el boletín Nature Climate Change.

Por su parte, un artículo firmado por Justin Gillis y Chris Buckley en el New York Times asegura que las emisiones de CO2 a la atmósfera ya han alcanzado su punto más alto. Según los autores, para este año se espera una caída del 0,6 por ciento. Esta reducción contrasta con el crecimiento del 2,4 por ciento al año en la última década.

Las explicaciones sobre los motivos por los cuales se han reducido dichas emisiones no coinciden. En cualquier caso, no tienen nada que ver con la aplicación del Protocolo de Kyoto, ni tampoco con preocupaciones de tipo ecologista.

Se trata de factores puramente económicos. Algunos de ellos están ligados a la profunda crisis económica en la que están sumidos la mayor parte de las grandes potencias. Pero esta explicación tampoco es suficiente porque en China el crecimiento continúa y, sin embargo, este año las emisiones se han reducido un 2 por ciento.

Otros derivan de la transformación tecnológica de los aparatos productivos del capitalismo. Hoy los medios de producción son mucho más eficaces que hace 30 años, cuando se inició la renovación de los sistemas de producción industrial. Se produce lo mismo con un consumo mucho menor de combustible que antes.

En buena parte los combustibles tradicionales, especialmente el carbón, han sido sustituidos por otros, como los mal llamados “renovables”, así como por la energía nuclear. La sustitución ha permitido la diversificación de las fuentes de energía y una menor dependencia de los proveedores tradicionales de energía, como los países productores de petróleo.

No obstante, es un error creer que en el futuro el consumo de combustibles tradicionales, especialmente el carbón, se va a reducir. Desde 2000 el consumo mundial de carbón ha crecido más rápidamente que cualquier otra fuente de energía.

El germen de la Unión Europea fue el carbón o, mejor dicho, la llamada “Comunidad Europea del Carbón y del Acero” creada en 1950. Lo que empezó con el carbón también acabó con el carbón: con la interminable huelga de los mineros en la Inglaterra en 1984 contra los planes económicos Margaret Thatcher.

Lo mismo que otros países europeos (Alemania, Francia, España), en los ochenta Gran Bretaña inició la liquidación pura y simple del obsoleto sistema industrial británico, calificado como “sucio” desde el punto de vista ecologista, para sustituirlo por otro “limpio”.

Por eso un editorial publicado el 2 de noviembre de 2006 por la revista científica Nature hacía una apología descarada de la “Dama de Hierro”, a la que se ha calificado como la verdadera inspiradora de la teoría del calentamiento planetario.

Siendo primera ministra, su discurso de 1988 ante la Royal Society, la Academia británica de Ciencias, fue antológico; le dio un vuelco a la ciencia. Hasta entonces casi todos los expertos hablaban del peligro del enfriamiento del planeta. A partir de entonces casi todos hablan de lo contrario.

Pero más turbio aún que ese giro en la ciencia fue el giro en la política, cuando la izquierda reformista, los verdes y los ecosocialistas siguieron los pasos de una de las representantes más características de la reacción política mundial de los últimos tiempos.

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