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| La burguesía española a veces vé fantasmas |
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| Garzón y Rajoy durante su romance en la lucha antiterrorista |
El diario español Publico ha difundido una información de la periodista Patricia López que parece que no ha tenido el eco y la trascendencia debida: los vínculos del ex juez Baltasar Garzón con la oposición venezolana y su papel de interlocutor para favorecer un alzamiento militar contra el gobierno constitucional de Nicolás Maduro Moros.
En el año 2003 se da el pistoletazo de salida a una operación que el periodista Oriol Malló (víctima de torturas en una detención ordenada por Garzón previo a las Olimpiadas de Barcelona 92) describió en su libro El cártel español. En ella se hace un repaso a toda la historia del intervencionismo de las grandes multinacionales españolas a lo largo del Siglo XX latinoamericano, y se detiene en un episodio infame silenciado por los aduladores del ex juez.
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| Garzón, Kissinger, Uribe y Felipe González en 2005 |
Corría el inicio del s.XXI cuando Álvaro Uribe Vélez accedía a la Presidencia de Colombia con la promesa de acabar con la guerrilla. Empresas españolas interesadas en las áreas estratégicas del país latinoamericano veían con preocupación la actividad revolucionaria de las FARC y el ELN, puesto que tenían intereses contrapuestos a estas organizaciones armadas y, para asegurar la inversión, necesitaban de un fuerte compromiso estatal en acabar con ellas sea como sea.
Al año siguiente, Garzón y el ex Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional española Javier Zaragoza desembarcaban en Colombia para dar respaldo y asesoramiento a la iniciativa del uribismo «Proyecto de Estatuto Antiterrorista«, que establecía medidas de aislamiento de los detenidos relacionados con el conflicto colombiano y que fue muy criticado por Naciones Unidas y la OEA por atentar contra derechos civiles consagrados. No obstante, Garzón y Zaragoza insistieron en ese entonces ante los legisladores del uribismo que ese era «un proyecto de mínimos» ya que según ellos, la lucha antiterrorista debía ser «realista». La Ley de Justicia y Paz que tanto elogió Garzón fue calificada como una «ley de impunidad» del paramilitarismo, entre otros, por Michael Fruhling, vocero de Naciones Unidas sobre el conflicto.
El asesoramiento de Garzón y Zaragoza en esta ley de impunidad fue tan exitoso, que en 2005 el entonces rey Juan Carlos I otorgaría personalmente a Uribe la Orden de Isabel la Católica con el fin de «premiar la lealtad acrisolada y los méritos contraídos en favor de la prosperidad de aquellos territorios«. Garzón incluso llegó a criticar la extradición a EEUU de varios dirigentes del paramilitarismo por narcotráfico ya que, a su juicio, eran un «obstáculo a la paz».
Varias organizaciones firmaron en 2012 una carta abierta al entonces presidente de Colombia Juan Manuel Santos afirmando que «Nos duele que haya sido Baltasar Garzón quién haya avalado en un primer momento el proceso de reingeniería paramilitar, llamado desmovilización, por la seguridad democrática de Álvaro Uribe Vélez, afirmando que era un modelo de justicia.»
«A volver, vamos a volver», era el grito de campaña de los simpatizantes de la ex presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner en diciembre de 2015 cuando Mauricio Macri, contra pronóstico, el ex Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires triunfaba en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales argentinas.
El contexto
Este ministerio de nueva creación sería dirigido por Nilda Garré, militante del Frente Grande e histórica de la izquierda peronista que había tenido un protagonista rol en la depuración de las Fuerzas Armadas argentinas de quienes habían tenido participación en la última dictadura militar. Su nombramiento se precipitó por la muerte del joven militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra a manos de un grupo parapolicial con vínculos con la Policía Federal, mientras participaba de una protesta de trabajadores ferroviarios en las vías del Ferrocarril Roca, que conecta Buenos Aires con La Plata. La conclusión y el mandato de Cristina Kirchner parecía evidente: para evitar una maniobra de desestabilización había que depurar las Fuerzas de Seguridad.
El incidente diplomático del Globemaster se desató pocas semanas después de su toma de posesión, y la fuerza policial que intervino en aquel operativo de análisis del material incautado a los EEUU, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), no era cualquiera. La PSA es una policía de nueva creación que vino a sustituir durante el gobierno de Néstor Kirchner a la Policía Aeronáutica Nacional (PAN), dependiente de la Fuerza Aérea, y cuyo primer director, Marcelo Saín, se propuso dos premisas: «que ni la DEA [la agencia antidroga norteamericana] ni el FBI pongan un pie acá«. Lo que encontró la PSA en aquella maleta eran armas y drogas difícilmente compatibles con un esquema de seguridad democrática. La cosa era tan grave que los marines que custodiaban aquel bulto se pasaron seis horas sentados sobre ella para que los funcionarios argentinos no pudieran abrirla, hasta que tras diversas gestiones diplomáticas, se accedió a la maleta.
La reacción de Garré a este incidente (supervisado minuto a minuto por Cristina Kirchner) fue rescindir los convenios de colaboración de las cuatro fuerzas federales, PSA, Policía Federal, Prefectura y Gendarmería Nacional con las agencias de EEUU, principalmente el FBI y la DEA. Pero sin embargo, esta medida drástica no fue del todo cumplida, ya que las policías provinciales siguieron contaminadas por la influencia de las agencias policiales de EEUU, con quienes compartían información, seguimientos y de quienes adquirían material policial.
«Vamos por todo»
Con estos antecedentes y con los editoriales de los diarios resaltando esta frase que Cristina Kirchner realizaba en febrero de 2012 en el homenaje a los 200 años de la bandera nacional en la ciudad de Rosario, los medios del monopolio mediático alertaban de una «chavización» del gobierno argentino. Y los hechos parecían darles la razón.
El déficit de la balanza energética nacional, en aquel momento controlada en exclusiva por entidades privadas, motivó en abril de ese año el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que intervenía la ex empresa estatal YPF, en manos de la española Repsol, y la posterior nacionalización del 51% de las acciones.
La escenografía de cómo se desarrollaron los acontecimientos fue electrizante. Por un lado, grupos de militantes y simpatizantes del kirchnerismo poblaron aquellos días tanto la Plaza de Mayo como la Plaza de los Dos Congresos, mientras que el Ministro de Planificación Federal, Julio de Vido acudía acompañado de su escolta de la Policía Federal y varios miembros de su equipo al lujoso edificio del barrio de Puerto Madero para echar personalmente a los ejecutivos españoles. Para colmo, el gobierno español de Mariano Rajoy levantaba la defensa de Repsol como una cuestión de Estado (a pesar no ser una empresa española) y abría una crisis diplomática sin precedentes.
Además, a diferentes episodios del enfrentamiento del gobierno nacional con los factores de poder tradicionales se sumaba la iniciativa presidencial de retomar el histórico reclamo por la soberanía argentina en el archipiélago de Malvinas. Es decir, el país se polarizaba y se generaba un debate nacional sobre aspectos clave de la economía donde empezaron a discutirse, tímidamente, la distribución de la riqueza, el sistema de transportes, derechos civiles, el modelo productivo, etc.
Los camioneros entran al plató
El sindicato de camioneros, conducido por el histórico dirigente de la CGT Hugo Moyano, había sido hasta este momento un aliado imprescindible del kirchnerismo. Se trataba de un gremio que creció al costado del crecimiento económico general, ya que el aumento de la producción interna y la amplia demanda vino acompañada de enormes inversiones en transporte por carretera.
Moyano es uno de esos dirigentes sindicales que se mueve entre el obrerismo y la mafia. Lidera un conglomerado gremial con inversiones en el transporte por carretera, salud o el turismo que podía verse afectado por otro problema que acuciaba al comercio interior: los sobrecostes del transporte por camión.
El gremio de camioneros es una rama de la CGT que fue amamantada por los Estados Unidos a partir de la caída de Juan Domingo Perón en 1955. En aquél entonces, el sistema de transporte argentino estaba basado en la política autárquica del peronismo y con un fuerte desarrollo del ferrocarril como transporte de cargas y pasajeros barato para un país de enormes dimensiones. En 1956, los EEUU se veían en el problema de dar salida a la industria militar de posguerra, viendo en la fabricación de coches y camiones una alternativa de reconversión de su maquinaria de guerra, necesitando crear mercados compradores de todos sus excedentes de producción.
Desalojado y perseguido el peronismo, Argentina adopta a partir de los años 60 un plan ideado por el general norteamericano Thomas Larkin para incorporar paulatinamente el camión y hacer desaparecer el ferrocarril. Por esta razón histórica, el gremio de camioneros ha estado vinculado, al igual que en Chile o Brasil, a las peores políticas y represiones en la historia argentina. El mismo Hugo Moyano fue en los 70 miembro de la Triple A en Bahía Blanca, participando de los operativos donde fueron asesinados y agredidos varios militantes de la izquierda peronista, según el testimonio del ex militante del PST Carlos Petroni.
Los trailers bloquean las refinerías de YPF
En junio de 2012, tras varias amenazas y tira y aflojas de la CGT con el gobierno argentino, Hugo Moyano hace un sorprendente anuncio desde los estudios del canal TN, vinculado al grupo Clarín. Convoca a un paro nacional al que se adherirían los principales gremios del transporte, además del sindicato de camioneros, en lucha por un difuso horizonte salarial que no se concreta pero que viene cargado de reproches políticos hacia el gobierno de Cristina Kirchner.
El 19 de junio de 2012, piquetes alineados con Moyano empiezan a bloquear las refinerías de YPF en lo que viene a ser el primer paro nacional contra la flamante empresa nacional. Es la reacción de un gremio estratégico a una decisión de amplia popularidad. El objetivo era crear un clima de desabastecimiento y generar pánico entre las clases medias porteñas y cordobesas, que demandaran un cambio de gobierno con recetas de mano dura.
Moyano contaba al principio con el apoyo de los sindicatos ferroviarios (UTA y La Fraternidad), que serían los que permitirían inclinar la balanza, pero la escasa popularidad del paro hizo que se bajaran de la huelga, fracturándose la CGT en dos escisiones.
Prefectura y Gendarmería Nacional se amotinan
La dirigente trotskysta Vilma Ripoll, que se acercó al Edificio Guardacostas (situado a 500 metros de la Casa Rosada, sede de la Presidencia) a solidarizarse con los «compañeros prefectos» fue agredida y expulsada de la toma al grito de «zurda de mierda».
Y puntualicemos algo. La Gendarmería Nacional estaba dirigida en ese momento por el que fuera oficial de enlace en los 90 del dispositivo Gendarmería-DEA para la lucha antidroga, Hector Schenone, amigo de la embajada de EEUU y uno de los asistentes a los «cursos» que la agencia norteamericana hacía a las policías latinoamericanas en aquella infame década.
Una liquidación salarial indebida en un cuerpo de estas características era evidente que iba a sublevar a la tropa. Se hizo una liquidación errónea de los sueldos con el único fin de promover un amotinamiento que impusiera condiciones políticas al gobierno de Cristina Kirchner y que desplazara a la «vieja montonera» Nilda Garré. Y lo consiguieron.
Si bien Nilda Garré siguió siendo titular durante un tiempo más del Ministerio de Seguridad, la toma de decisiones se desplazó a un político de un perfil muy distinto, el médico militar Sergio Berni, quien desde marzo ya había sido nombrado Secretario de Seguridad. Berni fue un ex militar que participó y simpatizó con el movimiento militar carapintada, que en los años 80 había protagonizado varias sublevaciones en protesta contra los juicios por los crímenes que el propio Ejército había protagonizado durante la última dictadura. Lo vendieron como un «político duro y pragmático», pero lo cierto es que tras su pose fascistoide se encubría un rediseño de la política de seguridad que restablecía la autonomía que las fuerzas policiales habían perdido con la gestión de Garré, algo que los EEUU venían demandando insistentemente.
Era la victoria más importante de la Estación de la CIA en Buenos Aires.
La agitación callejera
Curiosamente, días antes de esta asonada policial, el fiscal federal Luís Horacio Comparatore abría una investigación preliminar donde advertía que se estaban produciendo tanto en Capital Federal como en el conurbano bonaersense una serie de episodios que podrían deberse a un «plan de desestabilización». Comparatore cruzó varios datos de caos organizado en hospitales públicos y de delincuencia callejera que se habrían producido con connivencia policial.
«Nuestra modesta experiencia es que siempre cuando se empiezan a movilizar las aguas, es porque hay un viento que sopla de algún lado. Es mucha casualidad que de golpe estando la Presidenta en el exterior, (aparezcan) los cacerolazos…«, afirmó entonces el fiscal a varios medios de comunicación. Incluso varios dirigentes políticos del kirchnerismo fueron escrachados en sus domicilios por grupos de la derecha.
Parecía un guión preestablecido, que culminaría con una gigantesca movilización el 8 de noviembre de 2012, que todas las radios y medios de comunicación del Grupo Clarín se encargaron de agitar. Al año siguiente, los organizadores de aquellas protestas reconocieron que recibían financiación de la American Task Force Argentina, el lobby de fondos buitre de EEUU en el país, perjudicados por la política económica proteccionista de Cristina Kirchner.
Epílogo
El año concluía con imágenes que siempre han tenido un impacto emocional en la sociedad argentina: los saqueos de supermercados. San Fernando, Zárate y Bariloche eran epicentros de una violencia inusitada que tuvo un saldo de 11 muertos, entre ellos un policía, por disparos tanto de fuerzas de seguridad como seguridad privada.
En un país donde el consumo se encontraba en niveles récord, asociar los saqueos a la pobreza parecía un despropósito, independientemente de la simpatía o antipatía que el lector pueda tener con el kirchnerismo.
El año 2012 fue un año de imposición de condicionantes que forjaron el futuro del gobierno argentino, y sus dirigentes no quisieron darse cuenta.
Una nota para concluir: El Brigadier Mayor (R) del Ejército de los Estados Unidos Richard
Goetze, uno de los especialistas estadounidenses en Seguridad Nacional,
Guerra No Convencional y Operaciones de Información, fue uno de los asesores contratados por el ministro de defensa Arturo Puricelli en octubre de 2012 para entrenar a tres docenas de funcionarios civiles de su cartera que versaba sobre la necesidad de emplear a las Fuerzas Armadas en la seguridad interior, algo prohibido en Argentina precisamente por la experiencia de la dictadura militar y por la UNASUR, pero claro, el empleado norteamericano fue agregado militar en la Argentina durante los peores años del terrorismo de Estado.

Durante el año 2012, la agregaduría de defensa de la Embajada norteamercana en Buenos Aires era dirigida por el coronel Patrick D.
Hall, quien estaba asignado en Caracas cuando el presidente Hugo
Chávez denunció la injerencia militar estadounidense en la política de
su país y que condujo al posterior golpe dirigido por Pedro Carmona Estanga en abril de 2002.
En Argentina no hizo falta llegar a tanto. Fueron los extraños compañeros de cama que hay en el peronismo los que contribuyeron a que los años venideros impusieran un giro a la derecha del kirchnerismo que terminó como tenía que terminar.
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| Garzón junto a Uribe, Kissinger y Felipe González |
Diego Herchhoren
La sección española del organismo publicó en el 2008 un informe titulado «Destinos inconfesables, obligaciones incumplidas: España en la guerra contra el terror», donde se detallaba el caso de varios ciudadanos españoles y británicos secuestrados por EEUU en la base naval de Guantánamo
y donde la propia policía española que acudió a entrevistarse con ellos
le detalló al ex magistrado español las condiciones de reclusión. Amnesty
lo denunció como un hecho flagrante de encubrimiento de hechos de
tortura frente a quienes no se había podido demostrar su culpabilidad
por medios lícitos. Wikileaks publicó documentos donde detallaba la cabal información que Baltasar Garzón procuraba a la delegación diplomática norteamericana en Madrid, según explica el cable 07MADRID2282.
La foto que ilustra este artículo está extraída de la Cátedra «Rey Juan Carlos» de la Universidad de Nueva York, donde Garzón hacía sus famosos «cursos» financiados por el Banco Santander y CEPSA. En ella Garzón organizaba una cátedra sobre Derechos Humanos y Seguridad Nacional donde participaban Felipe González, creador de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), Henry Kissinger, valedor del Plan Cóndor en América Latina o el criminal Álvaro Uribe Vélez, ex Presidente de Colombia, responsable de miles de asesinatos en el conflicto Colombiano a través de las agrupaciones paramilitares. Estos datos no eran ajenos a la denuncia que hacía en ese momento Amnistía Internacional.
El organismo de derechos humanos realizó este informe en el año 2008(1) tras destaparse los primeros indicios de los llamados «Vuelos de la CIA»,
un operativo liderado por la Administración de EEUU para secuestrar
ilegalmente y en cualquier lugar del mundo a ciudadanos «sospechados» de
delitos de terrorismo, operativo del que habrían participado varios
gobiernos europeos que liberaron su espacio aéreo para el acceso y
trabajo de estos grupos de tareas del Ejército de EEUU. Entre ellos se encontraba el gobierno español, según publicó en su momento la organización Wikileaks más adelante, en 2010(2).
A partir de las informaciones provistas por el Gobierno de EEUU al
Gobierno español, el ex juez Baltasar Garzón formuló imputación en el
año 2003 de pertenencia a Al Qaeda a cuatro ciudadanos de origen árabe que se encontraban secuestrados en la base naval de Guantánamo (Cuba). Sus nombres eran Hamed Abderramán Ahmed Hmido, Lahcen Ikassrien, Jamiel Abdul Latif Al Banna, Abu Anas, y Omar Deghayes.(3)
Según detalla Amnesty, varios funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía
español acudieron a Guantánamo a interrogar a los imputados por Garzón.
Dichos interrogatorios estuvieron llevados a cabo por personal de la Unidad Central de Información Exterior,
pero lo más llamativo es que fueron los propios policías españoles
quienes explicaron a Garzón las condiciones de reclusión y los
mecanismos de tortura empleados. Si Garzón hubiera tenido en cuenta
estos elementos, su imputación hubiera sido archivada, a tenor de la
expresa nulidad que tienen en el proceso penal español las declaraciones
obtenidas bajo tortura o en condiciones de detención ilegal,
sobradamente acreditadas en el caso de Guantánamo, incluso por la propia
policía actuante y en un ámbito fuera de lo común.
Según la policía española, los secuestrados se encontraban «sin ningún tipo de derechos«.
Los agentes vieron el reducido tamaño de las celdas; todas ellas
separadas por rejas y una especie de malla metálica. Pudieron, además,
comprobar que las camas estaban suspendidas en el aire y que los
detenidos podían salir a un patio interior cada tres días durante un
cuarto de hora. Según el testimonio del policía ante el juez, los
interrogatorios a los detenidos tenían lugar en una especie de vagones
que, según insinuó el policía al juez, eran propicios para la tortura u
otros malos tratos: «“…están habilitados una especie de vagones
también donde se llevan a estos hombres a los que se quiere interrogar, y
bueno, el sitio sí es propicio para…”…«, según declaró el agente con LP 14620 que declaró el 23 de septiembre de 2003 ante Garzón.
“Aún tengo miedo de la luz artificial y no duermo bien, uno no se
recupera de esos trastornos fácilmente. Nunca volveremos a ser los
mismos. Algunas personas que no han estado allí imaginan celdas oscuras y
agujeros, pero aquello era un infierno muy luminoso”, declaró Omar Deghayes en una entrevista realizada con el periodista vasco Daniel Burgui(4).
A pesar de estos hechos, el ex magistrado continuó la imputación contra
estos cuatro ciudadanos, uno de ellos español, a sabiendas de la
ilegalidad de las pruebas obtenidas. Esto supuso la reclusión de un
total de seis años para los imputados, tres en Guantánamo, y tres en
España en libertad vigilada en el caso del español, y seis en el caso de
los británicos, cuyas condenas fueron declaradas radicalmente nulas por
el Tribunal Supremo ibérico.
Sin embargo, Baltasar Garzón prosiguió con su implacable persecución(5). Un día antes de reunirse con el Embajador de EEUU en Madrid, Eduardo Aguirre, el 20 de diciembre de 2007 dictó una Euroorden
de detención contra los tres británicos que mantuvo recluídos en
Guantánamo y que EEUU había decidido extraditarlos a Reino Unido por
razones humanitarias. Al día siguiente, Garzón departía junto al
Embajador Aguirre sobre estas y todas las cuestiones de interés para la
política exterior de EEUU que estaban radicadas en la Audiencia Nacional
española, aportando ideas para la mejora de las relaciones bilaterales e
incluso proponiendo la creación de la figura de un «agregado judicial»
para la Embajada de España en Washington, según publica el cable
filtrado por Wikileaks(6).
Baltasar Garzón se declaró competente en enero de ese año para
investigar las torturas y malos tratos contra personas detenidas en la
base naval de Guantánamo, torturas que como evidencia Amnesty, conocía
desde hacía algunos años antes. El cable de la Embajada de EEUU en
Madrid 09MADRID440 filtrado por Wikileaks describe la preocupación de la
diplomacia norteamericana por este movimiento judicial de Garzón. No
obstante hay que aclarar en determinados casos que los análisis de la
política española que hacen los diplomáticos norteamericanos es muy
alejada de la realidad; en el cable 04MADRID613 llega a calificar una
posible coalición de gobierno del PSOE junto a Izquierda Unida como «coalición de extrema izquierda».
Sin embargo, el todavía fiscal jefe de la Audiencia Nacional española Javier Zaragoza
tranquilizó a los diplomáticos de EEUU, dando por sentado que tras el
boom mediático de Garzón por abrir semejante procedimiento, lo dejaría
morir, y así fue(7). Nada se ha vuelto a hablar de la famosa
investigación de Garzón sobre Guantánamo. Si un usuario de Google teclea
las palabras «Garzón» y «Guantánamo» seguidas, aparecerán numerosas
referencias informativas a la decisión del ex magistrado de llevar
adelante una presunta «investigación», pero para tranquilidad de EEUU,
todo quedó en palabras y la información que manejaba Zaragoza (fiscal
que durante muchos años trabajó junto a Garzón en la lucha
antiterrorista) era cierta.
Las fuentes de referencia sobre estos hechos parten de dos orígenes: el
propio documento de la sección española de Amnesty, pero también de
Wikileaks, organización que ha contratado al propio Garzón como abogado
de su redactor jefe Julian Assange. Llama la atención que la
organización liderada por el australiano recabe los servicios de quien
hasta hace poco tiempo acudía a la Embajada de EEUU en Madrid a
proporcionar información y dar recomendaciones sobre cómo proceder en
hechos que han sido calificados por numerosos organismos internacionales
como crímenes contra la humanidad.
Con semejantes antecedentes de este abogado defensor, frente a un poder
como el de EEUU que ha sopesado incluso el asesinato selectivo del
australiano, la defensa y la vida de Julian Assange corren serio
peligro.
Omar Deghayes, secuestrado en Guantánamo, opinaba sobre Garzón: “Primero
nos dice que somos terroristas, que somos mala gente y de pronto un día
cambia de parecer y nos pide autorización para encausar a Dick Cheney y
George Bush. Me lo pidió a mí y otros como Jamil Abdul, los dos que
supuestamente debíamos ser juzgados en España por él. Toda una locura”.
1-http://es.scribd.com/doc/173368239/Destinos-Inconfesables-Obligaciones-Incumplidas-1
2-http://www.publico.es/internacional/349723/el-gobierno-tolero-los-vuelos-ilegales-de-la-cia-sobre-territorio-espanol
3-http://elpais.com/diario/2003/12/30/espana/1072738819_850215.html
4-http://www.dburgui.com/blog/2012/01/11/omar-deghayes-%E2%80%9Cquiza-garzon-pretendia-ganar-fama-o-hacer-carrera-con-guantanamo%E2%80%9D/
5-http://www.diariodenavarra.es/20071221/nacional/garzon-acusa-liberado-guantanamo-integracion-organizacion-terrorista.html?not=2007122102525954&dia=20071221&seccion=nacional&seccion2=terrorismo
6-http://www.wikileaks.org/plusd/cables/07MADRID2282_a.html
7-http://www.wikileaks.org/plusd/cables/09MADRID440_a.html
Un mensaje de WhatsApp enviado el 4 de noviembre por el suboficial segundo Roberto Daniel Medina a su hermana decía: “El lunes nos buscaba un helicóptero inglés y ayer los chilenos. Hay mucho movimiento allá”. De acuerdo a la información hecha pública por la Armada Argentina, el mensaje había sido enviado desde las proximidades de la capital de Tierra del Fuego, el territorio más meridional de Argentina, tras un breve paso del submarino por el archipiélago de Malvinas.
El ARA San Juan es uno de esos casos de extraña autonomía que las Fuerzas Armadas argentinas han mantenido a pesar del proceso de “desmalvinización”, sobre todo, en materia nuclear. Su encargo fue ordenado en 1974 por el gobierno de Isabel Perón, respondiendo así a las demandas de un sector del Ejército que, si bien coincidía con los EEUU en su visceral anticomunismo, veía con recelo el intervencionismo o la sumisión que esto podía tener de cara al futuro. Su nuclearización fue un proyecto desarrollado en la década de 1980, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, pero abortado por problemas presupuestarios, y reanudado en 2010 bajo el mandato de Cristina Kirchner.
Al igual que ocurriera en el año 2000 con el submarino nuclear ruso Kursk, del que años después se supo gracias a las revelaciones del ex oficial del ejército ruso Dimitri Khalezov que portaba cabezas nucleares y que fue abatido, la nuclearización de un submarino argentino ha sido un evidente riesgo militar para las fuerzas armadas británicas en el archipiélago de Malvinas, que en 2010 sumaban esta amenaza a otro proyecto militar similar anunciado en 2009 por Brasil.
Si bien sendos anuncios se hacían “bajo respeto” del Tratado de No Proliferación Nuclear, es lógico que esta forma de propulsión puede tener utilidades más que obvias en la industria armamentística. Esta hipótesis de conflicto ya fue planteada en 2014 cuando la propia Cristina Kirchner declaró que Malvinas es “la base nuclear de la OTAN en el Atlántico Sur”, en referencia a las cabezas nucleares instaladas por la Royal Air Force en la Base de Monte Agradable, ubicada en Puerto Argentino (“Port Stanley”, según la denominación británica).
Y es que esta opción argentina por la nuclearización de su armada rompía con uno de los compromisos históricos asumidos en la década de 1990 por el entonces presidente Carlos Ménem. Uno de los incidentes diplomáticos protagonizados por Argentina en esta materia ocurrió precisamente en 2006.
Uno de los científicos más prestigiosos del país, Conrado Varotto, director desde 1994 de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), puso especial empeño en la construcción de un cohete. De acuerdo a su criterio, con un cohete nacional, la Argentina podría poner en órbita sus propios satélites sin tener que alquilar cohetes extranjeros lanzados desde plataformas en el exterior. Esto es, sin depender de las prioridades, disponibilidades y precios de terceros países. Según el periodista Santiago O’Donnell, autor del libro “Politileaks”, sólo ocho países en el mundo podían hacer eso, y Varotto quería que la Argentina ingresara en ese “club selecto”.
No es baladí recordar que la tecnología que usa un cohete para transportar un satélite es prácticamente la misma que utiliza para llevar una bomba. En términos prácticos, un cohete satelital es casi lo mismo que un misil. Y la Argentina les había prometido a los Estados Unidos que no iba a construir más tecnología para misiles. Por lo tanto, había prometido que no iba a desarrollar cohetes.
La promesa argentina de no hacer cohetes “por un tiempo razonable” data de principios de la década de 1990, época de las llamadas “relaciones carnales” del gobierno de Carlos Menem con los EEUU, poco antes de que Varotto se hiciera cargo de la CONAE. En ese momento, la Argentina venía de desmantelar el proyecto Cóndor, una colaboración con Irak y Egipto iniciada después de la guerra de las Malvinas para desarrollar un misil de largo alcance. A cambio del desmantelamiento, la Argentina había sido premiada con el título de “aliado extra OTAN”. Sin embargo y a pesar de las dificultades internas y externas, desde el año 2009, militares argentinos trabajan abiertamente en la fabricación de un misil de largo alcance, algo que ha despertado enormes recelos tanto en EEUU como en Gran Bretaña. Uno de los cables de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires así lo reflejaba:
“En la década de 1980, principios de 1990, la Argentina participó activamente en el desarrollo del programa de misiles balísticos Cóndor, que claramente tenía la intención de producir misiles militares MTCR Categoría I, incluso para exportar a Egipto e Irak. (Nota: Un sistema de misiles MTCR Categoría I es el que puede transportar una carga útil de por lo menos 500 kg a un alcance al menos de 300 kilómetros. Fin de la nota.) El programa Cóndor generaba una grave preocupación de proliferación de misiles y un factor irritante importante en nuestra relación bilateral. Esa situación se vio agravada por los intentos de la Argentina de camuflar —y por lo tanto mantener— el programa Cóndor llamándolo un SLV (cohete espacial). El programa de SLV y los misiles balísticos son casi idénticos en diseño, fabricación y funcionamiento. Sus tecnologías son esencialmente intercambiables, y prácticamente no hay tecnologías que apoyan el desarrollo SLV que no faciliten también el desarrollo de misiles balísticos. Cualquier cohete capaz de poner en órbita un satélite también es, por definición, un MTCR Categoría I. También es intrínsecamente capaz de transportar armas de destrucción masiva (WMD) contra objetivos en tierra, y muchos países han cargado con armamento los mismos cohetes que usaron para lanzar satélites.
Y los avances en el desarrollo militar de alta tecnología han sido una evidente fuente de preocupación, hasta el punto de ordenarse meses atrás de la desaparición de ARA San Juan la compra de un escudo antimisiles para el archipiélago. Y evidentemente, la hipótesis de conflicto asumida por el gobierno británico para tomar esta decisión es que su ejército debe defenderse con esta herramienta de misiles de corto y medio alcance como los que está desarrollando de manera sigilosa los centros de transferencia de tecnología militar de Argentina.
Según el portal web “El Destape”, Mauricio Macri y su ministro de Defensa pidieron permiso al Senado –hace tan sólo tres meses– para realizar un simulacro con un submarino tipo ARA San Juan “posado en el fondo del mar” e “imposibilitado de salir a la superficie”. Este pedido fue rechazado por la Cámara de Diputados.
El expediente con la solicitud, que lleva las firmas del Presidente y Oscar Aguad, ingresó al Senado el 25 de julio pasado. Pero incluso más atrás, el ARA San Juan había participado en 2016 de un ejercicio de guerra antisubmarina donde el mismo iba a ser el objetivo de un ataque de adiestramiento de unidades aeronavales.
Con todo ello, el más inquietante de todos estos operativos en los que se involucraba el ARA San Juan es el llamado Operativo Cormorán, un ejercicio multimodal en el que participaban tropas de EEUU, Inglaterra y Argentina que también fue rechazado por la Cámara de Diputados, que tiene mayoría opositora, ya que los términos del citado operativo eran en la práctica un simulacro de invasión de fuerzas extranjeras.
En cualquier caso, no es la primera vez en la historia que los simulacros de catástrofes son la mejor de las coberturas para una catástrofe de verdad, que en este caso ha supuesto la desaparición de 44 personas sin que haya quedado un solo trozo de chapa, ropa o aceite que pueda rescatarse.
| Información difundida por la Agencia Efe |
“Fuentes de la lucha antiterrorista aseguran que los Mossos no informaron ni a la Policía Nacional ni a la Guardia Civil de lo ocurrido, un día antes del doble ataque perpetrado en la Ciudad Condal,
en Alcanar, donde supuestamente empezó todo”.

Desde que comenzó la guerra en Siria, miles de camiones de Estados Unidos y con ayuda occidental han estado fluyendo en territorio controlado por los yihadistas. La colaboración humanitaria se ha convertido en un importante mecanismo de financiación y soporte occidental al ISIS, financiación que no solo permite a esta organización mantener a sus mercenarios, sino que también facilita el trabajo de retaguardia.