Diego Herchhoren
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Diego Herchhoren
Diego Herchhoren Antes del 30 de septiembre, el Gobierno deberá tener listo para su debate el borrador de Presupuestos Generales del Estado y el llamado «techo de gasto», es decir, el objetivo de «déficit» asumible por las arcas públicas.
Serán unos presupuestos marcados por una estimación de caída del PIB de entre el 9 y el 14%. Si bien el PIB es un indicador útil para medir la acumulación de capital y por tanto no es indicador de bienestar, si lo ponemos al lado de otros parámetros (por ejemplo parámetros históricos) puede sernos útil para hacer un análisis de previsibilidad de determinados acontecimientos.
En esta línea, y para hacernos una idea de la magnitud de esta quiebra estructural que va a tener España en los próximos meses, hay que recordar que en el año 2009, año de la quiebra de millones de personas y aumento del desempleo, la pobreza y los desahucios, la caída del PIB fue del 3,6%. Repasemos: 2009, 3,6%; 2020, entre el 9% y 14%.
Siendo prácticos, estamos ante una «tragedia griega» pero agrandada, no por el género teatral, sino por su equivalencia a la quiebra del país heleno entre 2010 y 2015, de la que no se ha recuperado. La consultora Phoenix Capital Rearch, una agencia con notable experiencia en cabildeo en el mercado de deuda de EEUU, publicaba en el año 2012 un análisis premonitorio sobre España que parece haberse cumplido punto por punto:
«Expresado en términos sencillos, España es como Grecia, solo que más grande y peor. Según el Banco de Pagos Internacionales, España tiene créditos pendientes en todo el mundo por valor de más de un billón de dólares: debe a Gran Bretaña 51.000 millones, a Estados Unidos 187.000 millones, a Francia 224.000 millones y a Alemania nada menos que 244.000 millones.»
Es decir, la parasitaria economía española no resiste un vendaval de mes y medio de duración. Esto tiene que ver además con la caída de ingresos públicos padecida en los últimos trimestres, que lejos de enfermedades y pandemias, venían en caída desde hace tiempo. Y volvamos a recordar la regla de oro del capitalismo europeo (incorporada a la norma española mediante la Ley de Estabilidad Presupuestaria): gasto por encima del 3%, equivale a intervención del gobierno por parte de las autoridades monetarias de la UE.
Esto tiene una consecuencia inmediata: la caída de los ingresos públicos. Si nos damos cuenta, las medidas adoptadas por el gobierno PSOE-UP para limitar la quiebra han sido la de profundizar la economía de las finanzas y los bienes raíces; la economía real -industria, medidas anticíclicas para reanimar el consumo o destinar al consumo interno los productos afectados por las restricciones arancelarias de EEUU- no ha sido reanimada, y los subsidios estatales se han convertido en transferencias de renta con dos ejes: líneas de avales a la banca, para evitar su caída ante el previsible aumento de la morosidad, y subsidios del hambre -mal llamados «renta básica»- para las capas más bajas, con evidentes tintes de política de seguridad nacional de cara a evitar posibles revueltas.
Si España solicita el rescate, la conclusión inevitable es la fractura de la Unión Europea y su reducción a un pequeño club selecto de países industrializados, ya que la incapacidad de la economía nacional de hacer frente a los pagos de los bonos de deuda soberana será una caída del mercado de deuda por falta de confianza. Una recomendación para las clases medias y para quien dependa de los ingresos públicos: retiren su dinero del banco y garanticen sus sueldos de inmediato. España no puede ya asegurar que pueda hacer frente en el corto plazo ni sus salarios públicos (funcionariado y jubilaciones) ni sus depósitos bancarios.
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Y es que bajo este título queremos expresar algo que va mucho más allá de las consideraciones legales del Real Decreto 463/2020. Si bien es cierto que la política de “normalizar la excepción” no es la primera vez que se aplica en la España constitucional (en 2009 el PSOE gobernó en Euskadi suprimiendo previamente a un 15% del electorado abertzale), sí es cierto que esta es la primera vez que se aplica de manera generalizada.
Ha sido suspendido el derecho a la libertad ambulatoria, el derecho de manifestación, se está aplicando vigilancia exhaustiva a las redes sociales mediante fórmulas de investigación prospectiva -prohibidas en nuestro derecho- y que se han anunciado como el que anuncia una oferta de patatas fritas, y además, se ha promovido desde la propia Administración fórmulas de adhesión política con las estructuras del régimen encargadas de preservar el statu quo (Policía, Guardia Civil y Fuerzas Armadas). Y por los mensajes que se transmiten, esta “normalización de la excepción” viene para quedarse.
Uno de los grandes problemas que tienen los pueblos con escasa cultura política (el pueblo español no la tiene) es la imposibilidad de percibir la trastienda de aquellas decisiones que precisamente mayor trascendencia tiene para la sociedad. Por ejemplo, la externalización de servicios públicos o la intermediación de las Empresas de Trabajo Temporal (ETT’s) fueron bien vistas cuando se anunciaron, porque formalmente acababan con la ineficiencia de la Administración y obligaban a la masa salarial “a ganarse el pan” porque se había transmitido a la sociedad que el empleado público era generalmente vago y aun encima no se le podía despedir. Sin embargo, bastaba hacer una lectura de cómo iba a ser el mundo del trabajo a una década vista para concluir que se trataba de una gran mentira, y el empobrecimiento generalizado de estos últimos años es la consecuencia de aquello que con tan buenos ojos una mayoría de la clase trabajadora española aceptó sin rechistar (o al menos no tanto como se debía).
El Estado de Alarma es un caso idéntico cuyas consecuencias serán advertidas, si nada lo impide, dentro de un tiempo y con mucha sangre en el río, y es que la tibia y complaciente respuesta de la izquierda española nos augura mucho dolor. Es sorprendente como en los cenáculos progres se habla del futuro “distópico” de decenas de películas de culto pero sin embargo mantienen una ceguera insoportable ante la evidencia que tiene ante sus narices.
El Ejército Español, a modo de ejemplo, intentó poner en marcha la llamada semanas atrás “Operación Zendal”, por la que las Fuerzas Armadas acompañarían equipos de vacunación durante varias semanas, y donde se harían test forzosos a miles de personas. No es una escena de los fascistas que gobiernan en la Inglaterra de la serie Years and Years; es España, abril de 2020 y ante nuestras propias narices.
El jurista y filósofo austríaco Hans Kelsen afirmaba que “la interpretación es un acto de voluntad” y cuando un gobierno delega en las fuerzas de seguridad -con un largo culto al abuso de poder- la aplicación individual de una norma en blanco, se pone en juego tanto reglas jurídicas como metajurídicas (en profano: el gobierno envía un mensaje de libertad de actuación al ejecutor de la norma).
La decisión de los escalones operativos de las Fuerzas Armadas y de la Policía o la Guardia Civil no es ajena tampoco a la política o a las ideologías, de la misma manera que no lo son los preceptos de una ley respecto a la ideología o ideologías que alumbran la política.
Cuando un Ministro del Interior, que tiene un triste pasado en materia de derechos humanos en la llamada “lucha antiterrorista” extrae del contenido general del Real Decreto -que en principio tenía como única finalidad luchar contra una supuesta emergencia sanitaria- que se deben perseguir “los bulos” por una cuestión de orden público, quiere decir que hay algo metajurídico en este Estado de Alarma; un mensaje que los elementos más reaccionarios de la estructura del Estado han captado perfectamente.
Porque si estuviéramos bajo la égida de un gobierno progresista, podría haber conclusiones metajurídicas de muy distinto pelaje. Podrían haberse intervenido los depósitos bancarios superiores a determinadas cantidades para hacer frente a la emergencia económica, a los efectos de garantizar la liquidez de las ayudas a quien lo está pasando peor. Se podría haber promovido un decreto de garantías alimentarias que proporcionara alimentos frescos a los sectores más vulnerables de la sociedad.
Sin embargo no ha sido así, ya que por un lado se ha librado 200.000 millones de euros en avales a la banca para que no sufra pérdidas por posibles impagos de las líneas de crédito que se han comprometido a entregar, y por otro se sigue discutiendo si las rentas más bajas tienen derecho o no a 426 míseros euros al mes, ya que según “prestigiosos economistas”, esto podría hacer “quebrar el sistema”.
Este ejemplo que hemos dado puede ser de cierta dificultad técnica, pero hay algunos más burdos: el más evidente es que el único uso del espacio público puede hacerse sólo para ir a trabajar, y ya está. Ese sueño del fascismo español de aquello de “de casa al trabajo y del trabajo a casa” es ya una realidad.
Inevitablemente, cuando nos encontramos ante un cercenamiento de derechos fundamentales encubierto en una nebulosa normativa, es habitual que quien quiera analizar o predecir qué pasos se van a dar, tenga que utilizar una cierta “bola de cristal” o hacer cierta “política ficción”, como decía Manuel Vázquez Montalbán. Puede haber cierto margen de error, pero normalmente se suele acertar.
Una de las predicciones que podemos sacar es que se avecina una reducción drástica de la conflictividad laboral. ¿Quien se animaría en las actuales circunstancias a exigir mejoras en sus condiciones salariales “cuando todos deberíamos remar en la misma dirección”?.
En filosofía del derecho, esto sería la fundamentación metafísica de la realidad. ¿Cuál sería “esa misma dirección”?, volver a la normalidad. ¿Y cuál es esa normalidad?, la de un marco político y económico donde las diferencias económicas entre el que más tiene y el que menos sigan progresando como hasta ahora. La conclusión es esta: no hay lugar para la redistribución de la riqueza bajo una situación de excepción.
Y esta es precisamente la conclusión que cualquier comunista tiene que atacar con máxima energía, puesto que la excepción ahora es la norma. Los abusos policiales se han generalizado; se han prohibido las reuniones públicas; se ha penalizado el debate sobre la veracidad de los datos sobre qué es el coronavirus; se han intervenido las comunicaciones de manera masiva…y podemos continuar.
Con todas las reservas que toda afirmación respecto al futuro debe comportar, puede decirse que la trama ideológica del Estado de Alarma coincide a la perfección con los principios políticos que las principales empresas españolas vienen sosteniendo desde hace tiempo. Se trata de una oportunidad de oro para el capital, y las consecuencias se empiezan a notar.
Si hay convicción política de los comunistas de que estamos bajo un Estado de Excepción y donde las garantías mínimas que hasta ahora existían han sido suprimidas, entonces nuestro deber es rebelarnos contra este Estado de Alarma. Si no tenemos esa convicción, deberemos esperar a contar los muertos que dejará no el coronavirus, sino el capitalismo.
Las acciones de la empresa farmacéutica Gilead Sciences se han disparado tras la publicación de un supuesto estudio de la Universidad de Medicina de Chicago que mostraba ua rápida recuperación en 125 pacientes infectados con el Covid-19 que han sido tratados con Remdesevir, un antiviral cuya patente ostenta el propio laboratorio.
La noticia ha corrido como la pólvora y los medios de comunicación de todo el mundo están repitiendo como loros la esperanza en esta vacuna. Sin embargo, esta historia parece repetir el guion que en su día se desarrolló con la Gripe A, ya que uno de los principales accionistas de esta empresa es el ex Secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, y que fue en su día su Director General.
Gilead Science, uno de los principales proveedores de tecnología química del Pentágono, es además el laboratorio responsable de la muerte de 73 ciudadanos georgianos víctimas de los experimentos que esta empresa realizó en el período 2007-2018, y que según denunciaron en su día portavoces del gobierno de la Federación Rusa, responden a experimentos de guerra bacteriológica.
En el caso de la declarada “epidemia” de Gripe A del año 2009 fue el Tamiflú, también inventado por Gilead Sciences y que forma parte del catálogo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el medicamento galardonado como “eficaz” para curar la gripe causada por el virus mutado H1N1, causante de los brotes de la llamada influenza porcina en México y Estados Unidos.
El consejero de la malograda OMS, Marion Koopmans, declaró en marzo de 2018 al diario The Telegraph advirtiendo del peligro que suponía una enfermedad a la que se bautizó como X, siendo la primera vez en la historia de la medicina mundial en la que se hacía un llamamiento para prevenirse de una enfermedad inexistente. Les aseguramos que no es una broma.
El comunicado en su día difundido decía que “La enfermedad X representa el conocimiento de que una epidemia internacional grave podría ser causada por un patógeno que actualmente se desconoce”, algo así como el hombre del saco.
Quien afirmó esta estupidez fue John-Arne Rottingen, director ejecutivo del Consejo de Investigación de Noruega y asesor científico del comité de la OMS.
También dijo que la enfermedad X podría ser provocada por una enfermedad zoonótica, una que salta de animales a humanos, y luego propagarse para convertirse en una epidemia o pandemia de la misma manera que el virus de la gripe A.
No hace falta reducir estos datos a “teorías de la conspiración”, pues básicamente lo que hizo la OMS es dar un cheque en blanco para la creación de supuestas enfermedades, para luego fabricar los remedios. Sería algo parecido a provocar una guerra para luego vender hospitales.
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El adjetivo de moda: conspiranoico. La forma de reducir una idea al absurdo con objeto de denigrarla: teoría de la conspiración.
No vamos a proponer una tesis alternativa del origen y trasfondo del coronavirus, sino que vamos a hacer un ejercicio de seis puntos, consistente en hacer una simulación sobre todo lo que está ocurriendo en estas últimas semanas, pero purgando el manido coronavirus de la ecuación.
Esta historia simulada habría empezado en enero de 2020.
2. Las principales empresas recortan actividad
Esto ha traído como consecuencia despidos masivos en varios sectores. El caso de Acciona, contratista de la fábrica Ford de Almussafes (Valencia) es el laboratorio de una crisis generalizada. Aparte, el sector agrícola se ha echado a la calle a tenor de la caída de sus ingresos y la especulación en el sector agroalimentario, así como los precios que imponen los sectores más concentrados de la producción de alimentos a nivel mundial.
3. Comienzan las protestas
Ha habido varios cortes de carretera por parte de los agricultores, así como manifestaciones y disturbios en algunas ciudades. Aparte, ha habido una sangría de desahucios como consecuencia del aumento de los precios de la vivienda, y hay una especie de «calma chicha» que la propia Policía viene advirtiendo desde hace meses.
4. Gabinete de crisis
Los datos de desempleo comienzan a preocupar. A la cifra oficial hay que añadir autónomos que han perdido poder adquisitivo y las personas que viven en la economía informal, que se estiman en dos millones de personas. La cosa se calienta, y todo parece estar a punto de una mecha.
5. Contención social: subsidios y despliegue policial
El gobierno enfrenta la situación con dos líneas de actuación en materia de seguridad nacional: la provisión de un ingreso mínimo que permita descomprimir la carestía ligeramente, y una contención en la calle con el despliegue de Policía Nacional, Guardia Civil y Fuerzas Armadas.
6. ¿Calma?
No lo sabemos. La situación en el resto del mundo tampoco acompaña a la deseada «paz social» y solo una terapia de choque podría hacer que la población no respondiera a este desastre echándose a la calle. Si bien las consecuencias de esta crisis vienen de hace tiempo y estaban ya previstas, lo peor está por venir.
Esta simulación es una mera fantasía del autor; cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.




«Por ejemplo, en 2001, todo el mundo sabía que las personas acusadas de haber secuestrado los aviones implicados en los acontecimientos del 11 de septiembre no aparecían en las listas de pasajeros de esos aviones. Sin embargo, bajo el shock de los acontecimientos, la gran mayoría aceptó sin chistar las acusaciones absurdas que emitía el entonces director del FBI -un tal Robert Muller- contra los «19 secuestradores aéreos». Otro ejemplo: todos saben que el Irak gobernado por el presidente Saddam Hussein disponía únicamente de viejos cohetes Scud soviéticos de sólo 700 kilómetros de alcance, pero numerosos estadounidenses hermetizaron las puertas y ventanas de sus casas para protegerse de los gases que el «diabólico dictador» planeaba lanzar utilizar contra Estados Unidos. Hoy en día, tratándose del Covid-19, el confinamiento voluntario a domicilio es lo que convence a cada cual de que la amenaza realmente existe«, afirma Thierry Meyssan en Red Voltaire.
Hay que recordar que el confinamiento de personas sanas sigue siendo una medida que no tiene unanimidad en la comunidad científica, ya que existen criterios que apuntan que sólo deben ser confinadas aquellas personas que presenten o hayan estado en entornos con síntomas.
Y sobre todo, hay que recordar que el índice de mortalidad de esta epidemia no es significativo en comparación con una gripe común, bastante más mortal.
Según el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, y el presidente francés, Emmanuel Macron, el confinamiento de toda la población a domicilio no apunta a vencer la epidemia sino a ganar tiempo ante el contagio para que los hospitales no colapsen ante una afluencia excesiva de enfermos. En otras palabras, no es una medida de carácter médico sino de naturaleza puramente administrativa y no hará disminuir la cantidad de personas infectadas sino que sólo distribuirá los casos en un periodo de tiempo más largo. España, bajo el gobierno de PSOE-Unidas Podemos, ha seguido a pies juntillas esta lógica.
Para convencer a los italianos y a los franceses de que esa decisión se justifica, el primer ministro italiano Conte y el presidente francés Macron dijeron contar con el apoyo de comités de expertos científicos. Por supuesto, esos comités no tienen objeción en que la gente se mantenga se quede en casa… pero tampoco se oponían a que continuaran sus ocupaciones habituales. Después, Conte y Macron hicieron obligatoria la presentación de un formulario oficial por parte de las personas que salen a la calle. Se trata de una declaración personal bajo palabra de honor que las personas presentan llenando un documento que lleva el membrete del ministerio del Interior, declaración que no es objeto de ninguna verificación.
Sobre la base de esas recomendaciones, pedí que se adoptaran medidas en siete áreas cruciales.
Esas medidas incluían: no restringir los viajes ni el comercio a raíz de la información actual; incrementar el apoyo internacional a los entornos frágiles; acelerar el desarrollo de vacunas, tratamientos y medios de diagnóstico; intensificar las medidas para luchar contra los rumores y la información errónea; examinar y fortalecer los planes nacionales de preparación para emergencias sanitarias con miras a frenar el brote; intercambiar datos, conocimientos y experiencias con la OMS y el mundo; y basar los esfuerzos por derrotar el brote en un espíritu de solidaridad y colaboración.«
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| Imágenes del evento difundidas por Bloomberg |
Diego Herchhoren
El simulacro de pandemia titulado Evento 201 fue un ejercicio de simulación de alto nivel que tuvo lugar el 18 de octubre de 2019 en el hotel The Pierre, de Manhattan, según la agencia Bloomberg, que tuvo acceso exclusivo al mismo.
I’m observing something simultaneously terrifying and inspiring. Health and business leaders are practicing response to a simulated global pandemic. It could happen. It will happen #Event201 @JHSPH_CHS @JohnsHopkinsSPH @gatesfoundation @wef @bloomberg pic.twitter.com/3X5pWDJQBD— Janet Wu (@JanetWuNews) October 18, 2019
«Crear eventos como este lleva más de un año de planificación y una inversión de cientos de miles de dólares, pero las lecciones aprendidas son incalculables«, dijo Morhard a Bloomberg.
A pandemic could wipe out populations and cripple markets. This prep exercise organized by the Johns Hopkins Ctr for Health Security, The Gates Foundation and World Economic Forum #Event201 @JohnsHopkinsSPH @gatesfoundation @BillGates @melindagates @wef @BloombergDotOrg pic.twitter.com/XdJZdx5o9T— Janet Wu (@JanetWuNews) October 18, 2019
Y otro el 4 de marzo de 2020, que decía: “Los anfitriones June Grasso y Ed Baxter presentan las mejores historias del día de Bloomberg Radio, Bloomberg Television y más de 120 oficinas de Bloomberg News en todo el mundo en Bloomberg Radio de Bloomberg Best. Los puntos destacados incluyen … Janet Wu sobre el impacto potencial de la próxima pandemia».
El plan de la Plataforma de Acción COVID-19 del Foro Económico Mundial y la OMS incluyen la recaudación de aproximadamente 12 mil millones de dólares para crear y distribuir una vacuna contra el coronavirus, incluyendo en el grupo de trabajo a corporaciones como Volkswagen, Bank of America y Deloitte.
Para «unir a la comunidad global«, el grupo de trabajo «empoderará a los líderes nacionales y reforzará las llamadas a la solidaridad, incluso mediante la movilización de referentes juveniles mundiales, embajadores de los medios de comunicación y de la sociedad civil«. Y el último enfoque es «movilizar la cooperación y el apoyo empresarial para la respuesta al COVID-19: aprovechar los grandes datos y la inteligencia artificial para mitigar el impacto y mejorar la toma de decisiones«. En síntesis, hay quien instruyó la idea de una pandemia mundial, alguien que la ejecutó y alguién que vio una oportunidad. Probablemente sean las mismas personas.
@elbuenjuicio