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Día: 15 de julio de 2025 (página 1 de 1)

Rusia podría retirar del servicio a su único portaaviones

A diferencia de las potencias imperialistas, Rusia no posee una aviación naval digna de tal nombre. Nunca le ha dado gran importancia, ni siquiera durante la Guerra Fría, porque su estrategia es defensiva y no tiene otro escenario que el propio suelo. Desde los tiempos de la URSS, priorizó los bombarderos estratégicos de largo alcance, los misiles de largo alcance y las capacidades submarinas.

Sin embargo, en los años setenta del pasado siglo, fabricó cuatro portaaviones de propulsión convencional en la denominada configuración “stobar” (Short Takeoff But Arrested Recovery) (*). De ellos, solo el Bakú (Almirante Gorshkov) sigue en servicio hoy en día pero en la India, bajo el nombre de INS Vikramaditiya.

A partir de 1983 se construyeron otros dos buques del mismo tipo: el Varyag, vendido por Ucrania a China, que lo convirtió en el CNS Liaoning, y el Almirante Kuznetsov, el único portaaviones de la Armada rusa.

Puesto en servicio en 1995, doce años después del inicio de su construcción, el Almirante Kuznetsov fue desplegado en el Mediterráneo oriental en octubre de 2016 para apoyar al ejército ruso en Siria. Ha sido su única operación de combate. En un ejemplo de que tanto para la URSS como para Rusia, los portaaviones son un adorno muy costoso.

Tras su único despliegue, el Almirante Kuznetsov se dirigió a Severodvinsk para su modernización. Esto implicó la sustitución de cuatro de sus ocho calderas, su equipamiento con nuevos sistemas (guerra electrónica, comunicaciones, defensa aérea) y la modernización de su sistema de combate e instalaciones aeronáuticas. Se preveía que este proyecto durara tres años.

Sin embargo, ocho años después, el portaaviones aún no ha reanudado su ciclo operativo, a pesar de que el astillero United Shipbuilding Corporation (USC) había asegurado que estaría listo para las pruebas a partir de 2024.

Como tantas otras armas, el Almirante Kuznetsov se ha quedado obsoleto en muy poco tiempo. Puede que nunca vuelva a zarpar. El 11 de julio el periódico ruso Izvestia reveló que la Armada rusa y la USC estaban considerando finalizar el programa de modernización del portaaviones, que sería cancelado. A la espera de una decisión, las obras se han suspendido.

Queda por ver si Rusia reemplazará su único portaaviones en el futuro. En los últimos años, se han anunciado varios proyectos, pero ninguno se ha materializado hasta la fecha.

Los portaaviones plantean dos estrategias diferentes a Rusia. Para el almirante Serguei Avakyants, antiguo comandante de la Flota Rusa del Pacífico, no son necesarios, son demasiado caros y muy vulnerables. “El futuro pertenece a los portaaviones robóticos y a los drones», escribe en el Izvestia. Por lo tanto, detener las reparaciones del Almirante Kuznetsov “sería una decisión totalmente acertada”, concluye.

El oficial de reserva Vasily Dandykin opina lo contrario. “El hecho de que muchos países, como India y China, estén desarrollando flotas de portaaviones sugiere que estos buques son necesarios”, afirmó. Ilya Kramnik, miembro del Centro de Estudios de Planificación Estratégica de la Academia Rusa de Ciencias, comparte esta opinión. “Una flota moderna es impensable sin apoyo aéreo, y la ausencia de portaaviones significa que todo depende del apoyo de la aviación costera”, asegura. Aunque está a favor de retirar el Almirante Kuznetsov, dado que está obsoleto, Krmanik aboga por la construcción de un portaaviones más pequeño.

Según él, el caza Su-33 es demasiado grande para un portaaviones. A falta de aparatos del tamaño adecuado, Rusia podría recurrir a China para obtener los aviones de alerta aérea J-35 y KJ600. A menos que para entonces Sujoi desarrolle una versión naval del Su-75 Checkmate.

(*) La configuración “stobar” (Short Takeoff But Arrested Recovery) es típica de la Marina soviética. Es un sistema de despegue y aterrizaje cortos de los aparatos en la plataforma de los portaaviones. Los aviones se lanzan por catapultas y aterrizan utilizando cables de captura.

La formación de un nuevo complejo militar industrial en Europa

La política europea de rearme exige disponer de un complejo militar-industrial, que ahora no existe por la desindustrialización de la década de los ochenta del siglo pasado. Alemania lo está creando a marchas forzadas y a golpe de subvenciones públicas, a pesar de que  durante mucho tiempo en Berlín han sido reticentes a adoptar una política industrial pública, el modelo típico de Francia, y a aumentar el déficit.

El complejo militar-industrial debe ser integrado, es decir, compuesto por industrias militares tanto como civiles. Los fabricantes europeos de armas tienen que recurrir a empresas civiles porque la Guerra de Ucrania ha demostrado que no basta con fabricar armas, como en tiempos de paz: hay que hacerlo en masa y para ello se necesita mano de obra cualificada, capaz de producir en cadena.

El verano pasado el proveedor de automoción Continental AG anunció un acuerdo con Rheinmetall, un gigante armamentístico alemán cuya cartera de pedidos se ha disparado desde el estallido de la Guerra de Ucrania y la política alemana de rearme. Tras este acuerdo, Rheinmetall ha contratado a trabajadores cualificados de Continental AG, cuya planta, afectada por la crisis del sector automovilístico alemán y amenazada de cierre, fue captada por Rheinmetall.

El proveedor automotriz está en conversaciones con Hensoldt, un fabricante de los radares que utiliza el ejército ucraniano. El objetivo es el mismo: aprovechar el hundimiento del sector automotriz para negociar la contratación de varios cientos de trabajadores cualificados.

Además de los trabajadores cualificados, Rheinmetall también se quiere apoderar de las fábricas. El grupo anunció recientemente su intención de adquirir la planta de Osnabrück, una fábrica cerrada por Volkswagen, que el monopolio quiere reconvertir. Rheinmetall espera utilizarla para producir vehículos militares.

El grupo armamentista alemán no es el único que se está apoderando de la industria civil. A principios de este año, KNDS adquirió una antigua planta ferroviaria de Alstom en Görlitz, que el grupo tenía previsto cerrar para marzo de 2026. KNDS planea ensamblar allí el tanque de batalla principal Leopard 2 y el vehículo de combate de infantería Puma.

Paralelamente algunos monopolios industriales civiles que buscan diversificar sus fuentes de beneficios tienen la mira puesta en la industria de defensa. Es el caso de Volkswagen, recientemente ha confesado su intención de producir equipo militar. La producción se centrará especialmente en vehículos comerciales, transportes y automóviles individuales susceptibles de ser adaptados para uso militar.

El Ministerio francés del ejército ha contratado a Renault para trabajar en la producción de una fábrica de drones en Ucrania y la empresa alemana Daimler Trucks ha firmado una alianza estratégica con Arquus, fabricante francés de vehículos blindados ligeros.

Acelerar los ritmos de producción

Los fabricantes civiles tienen que aportar una importante experiencia a los militares: la producción en masa. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, los países europeos han comenzado a readaptar sus fábricas a la producción en masa para reponer rápidamente los inventarios, históricamente bajos, ya que la necesidad había desaparecido desde el final de la Guerra Fría. La capacidad industrial operaba a un ritmo lento, justo lo suficiente para garantizar lo mínimo indispensable.

Un fabricante de armas es capaz de producir 500 vehículos, mientras que su homólogo civil produce millones. Para ciertos equipos militares, la capacidad de producir grandes cantidades y simplificar los procesos de producción también implica saber comprar materias primas a granel.

Rheinmetall ha visto aumentar su cartera de pedidos un 45 por cien, de 38.000 millones de euros en 2023 a 55.000 millones de euros el año pasado. Ahora va a recibir 40.000 millones de euros en nuevos pedidos.

Lo mismo ocurre en MDBA, el fabricante europeo de misiles, cuya cartera de pedidos nunca ha estado tan abarrotada (37.000 millones de euros) ni ha tenido ingresos tan elevados (4.900 millones de euros el año pasado).

Esto exige una producción a niveles sin precedentes, una tarea abrumadora para una industria acostumbrada a unos ritmos de producción mucho más lentos. El año pasado el ministro francés del Ejército, Sebastien Lecornu, denunció una producción de armas excesivamente lenta, que se debía a la costumbre de operar “justo a tiempo” y a la falta de suficientes reservas de materias primas y componentes.

La necesidad de reclutar mano de obra cualificada

Después de décadas de desindustrialización, Europa carece de trabajadores cualificados para satisfacer las necesidades de la industria de guerra. Solo Francia necesita 100.000 científicos y técnicos.

El grupo siderúrgico alemán ThyssenKrupp busca 1.500 trabajadores para sus astilleros de Wismar, en el norte de Alemania, donde se fabrican barcos y submarinos. Rheinmetall, por su parte, planea aumentar su plantilla en un 29 por cien para 2028, lo que suponen 9.000 trabajadores adicionales, principalmente ingenieros, técnicos y obreros cualificados.

A los fabricantes de armamento les atraen especialmente los sistemas autónomos, la inteligencia artificial y la conectividad.

De momento las empresas europeas no han podido responder a las expectativas. Desde el estallido de la guerra en Ucrania, el 78 por cien del gasto militar europeo ha beneficiado a otros países. Estados Unidos por sí solo se ha llevado el 63 por cien del pastel.

Alemania tiene otro problema adicional: el coste de la energía. Por eso va a destinar 4.000 millones de euros en subvenciones a sus industrias pesadas para ayudarlas a afrontar el aumento de los costes energéticos.

La Unión Europea quiere formar un frente común contra los aranceles de Estados Unidos

En plena negociación con Estados Unidos, Bruselas prepara diversas respuestas a los aumentos arancelarios estadounidenses. Entre las opciones que se barajan, la Unión Europea podría formar un frente común con Canadá y Japón, también importantes socios comerciales de Estados Unidos.

La decisión de Trump, anunciada en una carta publicada el sábado, ha generado un clima de tensión, mientras las negociaciones comerciales entre Bruselas y Washington continúan.

Esta semana, la comisaria europea de Competencia, Teresa Ribera, viaja a India para profundizar las relaciones con los nuevos acuerdos comerciales y tiene previsto realizar otras paradas en países de la región Asia-Pacífico.

“Necesitamos explorar con otros países hasta dónde podemos llegar en la región del Pacífico”, declaró la comisaria desde Pekín.

En principio el plan parece ser fortalecer el comercio entre los diferentes bloques comerciales castigados por los aranceles de Estados Unidos.

La Unión Europea aún confía en llegar a un acuerdo con Estados Unidos tras las renovadas amenazas de Trump de imponer aranceles del 30 por cien el 1 de agosto, pero la paciencia se agota. “Tengo la intención de volver a hablar con mis homólogos estadounidenses más tarde hoy, ya que no puedo imaginar dejar las cosas como están sin un esfuerzo real”, declaró el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic.

Sin embargo, añadió, “debemos prepararnos para cualquier eventualidad, incluyendo, de ser necesario, contramedidas proporcionadas y bien calibradas para restablecer el equilibrio en nuestra relación transatlántica”.

“La incertidumbre actual causada por aranceles aduaneros injustificados no puede continuar indefinidamente”, apuntó Maros Sefcovic.

Bruselas tiene que cambiar el planteamiento

“Obviamente, la situación desde el sábado debe llevarnos a cambiar nuestro planteamiento”, dijo el ministro francés de Comercio Exterior, Laurent Saint-Martin, en Bruselas el lunes, antes de una reunión de ministros de la Unión Europea. No debe haber “ningún tabú”, insistió, incluso anunciando las primeras represalias.

“Queremos un acuerdo, pero hay un viejo dicho: ‘Si quieres la paz, debes prepararte para la guerra’”, declaró el ministro danés de Asuntos Exteriores, Lars Lokke Rasmussen.

Ursula von der Leyen, que negocia en nombre de los Estados miembros de la Unión Europea, ha optado por esperar por el momento, presionada especialmente por países como Alemania, cuyas ventas a Estados Unidos representan la mayor parte de las exportaciones totales de la Unión Europea.

El domingo anunció que por el momento la Unión Europea no tomaría represalias contra los aranceles estadounidenses al acero y al aluminio, con la esperanza de alcanzar un acuerdo. “Siempre hemos sido muy claros en nuestra preferencia por una solución negociada. Sigue siendo así, y aprovecharemos el tiempo que tenemos hasta el 1 de agosto”, declaró Ursula von der Leyen.

Sin embargo, Bruselas ha preparado un paquete de medidas de represalia adicionales, que podrían implementarse si Estados Unidos opta por aranceles del 30 por cien a las importaciones procedentes de la Unión Europea.

Represalias por valor de 100.000 millones de euros

La Unión Europea ya amenazó en mayo con imponer aranceles a las mercancías estadounidenses por un valor aproximado de 100.000 millones de euros, incluyendo automóviles y aviones, si las negociaciones fracasaban, a pesar de que un diplomático sugirió que la lista final se había reducido a 72 000 millones de euros.

Los países europeos intentan mantenerse unidos en este asunto, aunque sus economías no están igualmente expuestas a las subidas arancelaria de Estados Unidos.

El sábado Macron instó a la Comisión Europea a “defender resueltamente los intereses europeos” y “acelerar la preparación de contramedidas creíbles”. Por su parte, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, advirtió el domingo sobre la posibilidad de una “guerra comercial” en Occidente.

“Europa tiene el poder económico y financiero para afirmar su posición y alcanzar un acuerdo justo y sensato. Italia hará su parte. Como siempre”, declaró en un comunicado.

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