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Día: 30 de junio de 2025 (página 1 de 1)

Hasta los canguros tiemblan en Australia a causa de una ola de frío récord

La costa este de Australia se ha visto afectada por una ola de frío récord, lo que confirma que este invierno llega más frío de lo habitual. La temperatura mínima de Canberra, de -7,2ºC, es la más baja desde 2018 y la más baja para un mes de junio desde 1986.

El interior de Nueva Gales del Sur batió varios récords de temperatura en junio, incluyendo Bathurst, que llegó a alcanzar los -7,5ºC, y Scone, que registró una temperatura mínima de -5,1ºC. El termómetro cayó a -1,6ºC en Campbelltown, al suroeste de Sídney, lo que la convirtió en la mañana más fría en cinco años.

Según Miriam Bradbury, de la Oficina de Meteorología, “las últimas dos mañanas hemos visto entre 4 y 8ºC por debajo de la media en gran parte de la costa este”.

A medida que ha llegado el invierno, las temperaturas se han desplomado y las heladas se extendieron por Nueva Gales del Sur, Victoria y algunas partes de Queensland. Pero la época más fría del año aún está por venir.

La Oficina de Meteorología asegura que las condiciones de El Niño afectarán a Australia en la segunda mitad del año. Los fenómenos de El Niño ocurren cuando las temperaturas superficiales del agua de mar en el Pacífico tropical central y oriental son más cálidas de lo habitual, mientras que los fenómenos de La Niña se caracterizan por aguas más frías de lo habitual. Estos cambios provocan una alteración en la circulación atmosférica.

La temperatura más fría jamás registrada en Australia fue el 29 de junio de 1994 en Charlotte Pass, cuando el termómetro bajó hasta -23ºC.

Las nuevas tecnologías como herramientas de dominación

Con el tiempo Zbigniew Brzezinski ha llegado a ser muy conocido por varias razones. Fue Asesor de Seguridad Nacional durante el gobierno de Jimmy Carter y cofundó la Comisión Trilateral con David Rockefeller. Como académico, en 1997 escribió una obra cásica “El gran tablero mundial” sobre la importancia de Asia occidental para el imperialismo (1).

Es menos conocido como autor otro ensayo de 1970, “Entre Dos Eras”, en el que anticipa el papel de la nuevas tecnologías en los mecanismos sociales de dominación (2). Según Brzezinski entonces la humanidad se encontraba en una transición, pasando de la era industrial a una nueva era que él llama “tecnotrónica” que se distingue por el creciente poder de la tecnología digital, los medios de comunicación, las redes informáticas y, fundamentalmente, la cibernética.

En 1970 Brzezinski ya hablaba de una sociedad hiperconectada, estructurada en torno al flujo constante de información digital, donde el individuo es a la vez consumidor y producto, sujeto activo y objeto pasivo.

Los individuos se convertirían en “objetos manipulables”, inmersos en un océano de información filtrada, seleccionada y dirigida por sistemas tecnocráticos opacos. El condicionamiento de masas implica una sobreabundancia de información. Pero no para informar, sino para saturar, desdibujar los puntos de referencia y ahogar el significado en el flujo informe del entretenimiento.

Esta sutil manipulación, este filtrado de realidades y este arte de la distracción constituyen precisamente lo que hoy se llama “ingeniería social”, una técnica avanzada que, como decía Arthur C. Clarke, es indistinguible de la magia.

Según Brzezinski, la tecnotrónica permite una vigilancia masiva tan sofisticada que se vuelve casi invisible. Es una “transparencia forzosa” capaz de archivar y analizar la información más personal de los individuos en tiempo real. Los límites entre la vida privada y la pública, entre la realidad física y la virtual, se difuminan, lo que constituye una transformación radical de las relaciones sociales y políticas.

Lo que en realidad está ocurriendo es una transferencia de la soberanía popular a estructuras burocráticas, financieras y tecnológicas que escapan a los controles democráticos tradicionales. El poder político se desplaza hacia instituciones internacionales y tecnocráticas capaces de ejercer funciones de gobierno supranacional basadas en una racionalidad tecnológica supuestamente neutral, libre de aparentes restricciones ideológicas.

Las nuevas técnicas se asocian a las estrategias sicológicas para inducir estados alterados de conciencia, adhesión inconsciente, una forma de fascinación colectiva que facilita la domesticación de las masas. El control social tecnológico entra así en una dimensión que roza lo psicológico, explotando profundos mecanismos cognitivos y emocionales para mejorar el dominio sobre las sociedades.

Los seres humanos son una red interconectada de datos, un recurso cognitivo que se canaliza, extrae y dirige según las necesidades del capital. Este fenómeno encaja con la actual guerra cognitiva, una guerra librada contra los pueblos, ya no mediante la fuerza bruta de las armas tradicionales, sino mediante la captura sutil y constante de la atención, las emociones y los deseos. Es una guerra contra su capacidad de desear cosas distintas a las que el capitalismo puede satisfacer y rentabiliizar.

En 1970 Brzezinski ya comprendió que la cibernética, nacida en los laboratorios militares, no era una simple ciencia de la información, sino una doctrina para controlar sociedades complejas. El ciclo de retroalimentación entre la información sensorial, el procesamiento cognitivo y la producción conductual se convierte en un nuevo campo de la ingeniería. El deseo es la variable a disciplinar.

En su libro, Brzezinski cita a Gordon J.F. McDonald, miembro de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, quien contribuyó a la obra colectiva “Hacia el año 2018”, publicada por la Asociación de Política Exterior: “La tecnología permitirá a los dirigentes de los principales países del mundo librar una guerra secreta de la que solo una pequeña fracción de los miembros de las fuerzas de seguridad estará al tanto” (3).

Lo que antes era una especulación prospectiva ahora se está verificando ante nuestros ojos en los múltiples dispositivos de vigilancia masiva, algoritmos predictivos, campañas virales cuidadosamente orquestadas y operaciones psicológicas digitales destinadas a influir en las percepciones y los comportamientos colectivos. La guerra ya está en marcha. No es una hipótesis paranoica: es un hecho observable. Es una guerra por saturación, por hipnosis, por fragmentación. No se declara, se infiltra. No explota, implosiona.

Nadie oculta nada. Todo está a plena luz del día, que es la estrategia de encubrimiento más efectiva de todas. El encubrimiento mediante la obviedad, que es el tema central del cuento de Edgar Allan Poe, “La carta robada”. Es lo que también explican Marshall McLuhan y Barrington Nevitt: “Solo los secretos más insignificantes merecen protección. Los grandes descubrimientos están protegidos por la incredulidad pública” (4).

Las nuevas tecnologías permiten hoy cumplir con la utopía de control cognitivo de Brzezinski, que es preocupante porque permanece invisible en gran medida, rodeado por la saturación de información y la ilusión de autonomía que ofrecen las terminales digitales.

(1) https://archive.org/details/el-gran-tablero-mundial-zbigniew-brzezinski
(2) https://archive.org/details/pdfy-z5FBdAnrFME2m1U4
(3) https://archive.org/details/towardyear201800fore/page/n5/mode/2up
(4) https://archive.org/details/taketodayexecuti00mars

La Unión Europea castiga a los africanos que no se muerden la lengua

Después de años de silencio, los pueblos africanos ya no ocultan su odio hacia el colonialismo europeo, de nuevo y viejo cuño. Los medios de propaganda se hacen los sorprendidos y echan la culpa a los rusos: le han lavado el cerebro a los africanos.

No hace mucho un medio ponía el foco en los “griots”, especie de juglares o cuentacuentos subsaharianos que recitan historias y leyendas populares en las aldeas. Resulta que los rusos han convencido a los “griots” para enfrentar a los africanos con Europa.

Hoy Nathalie Yamb podría ser una nueva “griot” que asoma a las pantallas de los móviles para propagar a los cuatro vientos su protesta contra las políticas antiafricanas de Bruselas, que no ha tardado en reaccionar. El jueves el Consejo Europeo le prohibió la entrada en el “jardín”, acusando a la suizo-camerunesa de tener vínculos con empresas militares rusas.

De paso, “ha congelado sus activos financieros” en Europa, o sea, le han robado el dinero, exactamente igual que al Banco Central de Rusia.

Por si no se habían dado cuenta, aquí los derechos y libertades desaparecieron hace tiempo. En Bruselas ya no admiten ni el más mínimo asomo de crítica y, si te descuidas, te roban la cartera.

En su canal de YouTube, la africana no se muerde la lengua y, naturalmente, haciendo gala de la originalidad que reluce en Bruselas, la acusan de ser “prorrusa”. Ahora se han acordado de que en 2019 desempeñó un papel activo en la Cumbre Rusia-África de Sochi, difundiendo mensajes en favor del Kremlin.

La represión contra Yamb no es nueva. Desde 2022 tiene prohibida la entrada en territorio francés, lo que no le ha impedido continuar con sus denuncias, que los africanos siguen con atención, tanto en Europa como en el Continente Negro.

La intervención de tres sociólogos israelíes crea polémica en el gremio académico

La semana que viene comienza en Rabat el Foro Mundial de Sociología, que ha causado un inesperado choque ideológico. El anuncio de la participación de tres acdémicos israelíes ha provocado una ola de indignación en las universidades marroquíes.

Una ponencia que versa sobre Hamas da ganas de omitar y otra que aborda el desplazamiento de la población israelí no hay por dónde cogerla. Varios colectivos marroquíes, entre ellos la Campaña Marroquí para el Boicot Académico y Cultural (MACBI), han expresado su rechazo categórico a la participación israelí. Consideran que las instituciones de origen de los investigadores están directamente vinculadas a las estructuras que apoyan la ocupación militar de los territorios palestinos.

Algunos universitarios marroquíes han exigido la retirada de las invitaciones, argumentando que un foro de este tipo no puede servir como escaparate para las voces asociadas al terrorismo de Estado. Sindicalistas del sector de la educación superior, así como especialistas en ciencias sociales, también han expresado su oposición.

Ante las protestas, los organizadores del foro optaron por mantener el programa tal como se diseñó originalmente. La Asociación Internacional de Sociología, encargada del evento, destacó la importancia de garantizar lo que llaman “espacio de debate abierto”, incluso aunque ciertas opiniones resulten insultantes.

Según la Asociación, no hay que marginar la basura intelectual. Eliminar a los ponentes por su nacionalidad o punto de vista constituiría un ataque a la diversidad intelectual.

Este argumento es rechazado por quienes aseguran que las universiades no son una cloaca o, al menos, que se debe tapar el hedor. Varios organismos internacionales han instado a las universidades a romper sus vínculos con las instituciones que participan en la legitimación del terrorismo de Estado y la ocupación de Palestina. La supuesta neutralidad académica no es más que una máscara que oculta una forma de complicidad.

Lo que se suponía que debía ser una apacible reunión, se encuentra sumida en una agitación que trasciende el mundillo universitario. En Rabat, el debate ha comenzado y sus repercusiones podrían resonar mucho más allá de las aulas.

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