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Día: 30 de mayo de 2025 (página 1 de 1)

Las defensas antiaéreas que vende Estados Unidos nunca han funcionado en Ucrania

La semana pasada el antiguo comandante en jefe del ejército ucraniano, Valery Zaluzhny, dió una evaluación pesimista de la guerra en Ucrania. Rusia ha superado a Ucrania en innovación en el campo de batalla. Ucrania “ya no logra generar y desarrollar innovaciones de forma continua, ni siquiera en áreas donde ayer llevábamos ventaja sobre el enemigo” (1).

“El enemigo ya nos ha superado y nos estamos quedando atrás; debemos ser honestos al respecto”, declaró.

Zaluzhny confirma que Rusia está librando una guerra de desgaste y para responder a ella es necesario “socavar la economía y el componente social para privar a Rusia de la oportunidad de desarrollo científico y tecnológico y desencadenar procesos de agitación social y desintegración”.

El antiguo dirigente militar no especificó cómo podrían lograrlo. Probablemente, se refería no solo a la guerra de drones que Rusia está ganando, sino también al mal estado de las defensas antiaéreas de Ucrania.

Baterías antiaéreas estadounidenses contra misiles rusos

Cada día las televisiones muestran los estragos de los bombardeos rusos sobre objetivos militares en Ucrania, sin explicar las causas de ello. ¿Carece Ucrania de defensa antiaérea? La respuesta es negativa: Estados Unidos ha vendido sistemas Patriot, cada uno de los cuales cuesta mil millones de dólares, pero son inoperantes. Desde el principio no han cumplido su propósito de proporcionar una defensa fiable contra los misiles rusos.

Al día siguiente, al comentar el bombardeo nocturno sobre Kiev, el portavoz de la Fuerza Aérea Ucraniana, Yuriy Ignat, confirmó el argumento de Zaluzhny: Rusia ha mejorado sus misiles balísticos, por lo que los sistemas Patriot han perdido su eficacia para derribarlos (2). Los misiles Iskander-M, que atacan siguiendo una trayectoria balística, se han mejorado y modernizado significativamente.

“Hablamos de ataques de engaño de radar, que cada misil puede realizar al acercarse al objetivo. También existe el vuelo de misiles a lo largo de una trayectoria cuasi balística, cuando el misil no vuela en línea recta, sino que ya está maniobrando”, añadió Ignat.

Las versiones más nuevas del Iskander utilizan señuelos para interferir los radares de la defensa antiaérea. También maniobran durante la fase final de su vuelo, lo que los hace prácticamente imposibles de interceptar.

En su reportaje sobre el ataque a gran escala contra Ucrania el sábado de la semana pasada, el Washington Post señaló que los sistemas de defensa antiaérea Patriot habían fallado (3). El asalto ruso involucró cerca de 400 misiles y drones, incluyendo nueve misiles balísticos que las defensas aéreas de Ucrania, ya de por sí sobrecargadas y con poco personal, no lograron interceptar.

Algunos de los misiles rusos destruyeron al menos una batería de defensa antiaérea Patriot, que consta de un radar, una estación de control de combate y dos o más vehículos de lanzamiento.

Los sistemas Patriot ya fracasaron en la Guerra del Golfo

La batería Patriot destruida en el ataque del fin de semana pasado no fue la primera en ser alcanzada, según la revista Military Watch (4). El número total de sistemas destruidos asciende a diez, lo que probablemente supone más de la mitad del total proporcionado por Estados Unidos y sus aliados.

El sistema de defensa aérea Patriot es bastante antiguo. La primera versión se utilizó hace 35 años durante la primera guerra estadounidense contra Irak. En gran medida ya fracasó en su misión. En 1992, un informe titulado “Efectividad del sistema de misiles Patriot durante la Operación Tormenta del Desierto” reveló que, de los 158 misiles disparados durante la Guerra del Golfo, el 45 por cien se lanzaron contra objetivos falsos.

Un informe realizado a principios de la década de los noventa señaló que “la tasa de intercepción del Patriot durante la Guerra del Golfo fue muy baja. Los resultados de estos estudios preliminares indican que la tasa de intercepción del Patriot podría ser muy inferior al 10 por cien, si no nula”. Incluso los adversarios más primitivos podrían evadir fácilmente la intercepción, concluyó el informe.

Tras revelarse las deficiencias del sistema Patriot durante la Guerra del Golfo se introdujeron nuevas versiones del radar y los misiles Patriot, el PAC-2 y el PAC-3. Los países occidentales abrigaron la esperanza de que su modernización le permitiera ofrecer una defensa mucho más eficaz contra los ataques con misiles balísticos.

Esas esperanzas se vieron frustradas por su rendimiento durante la invasión de Irak en 2003, y aún más 14 años después, cuando variantes aún más modernizadas no lograron interceptar un ataque improvisado con misiles balísticos lanzado por los yemeníes contra Arabia Saudí en 2017. Imágenes satelitales, fotos y vídeos de los ataques mostraron que los misiles yemeníes no fueron neutralizados, a pesar de las afirmaciones contrarias de fuentes gubernamentales saudíes y estadounidenses. Al menos una ojiva voló sin problemas sobre Arabia Saudí, a pesar del amplio arsenal de baterías Patriot modernizadas que protegían la zona afectada.

Las dudas planteadas recientemente por funcionarios ucranianos sobre la fiabilidad de los sistemas Patriot frente a los ataques con misiles balísticos rusos se enmarcan, por lo tanto, en un largo rosario de decepciones, con importantes consecuencias para los ejércitos de la OTAN y el noreste asiático, que dependen de este sistema para su defensa.

Otra debilidad del sistema Patriot es la notable escasez de municiones necesarias para su funcionamiento. Según The Economist, la tasa de producción actual de los sistemas Patriot es de 650 misiles al año (5). Durante el mismo período, Rusia produjo 750 misiles balísticos a aproximadamente el 10 por cien del precio de un misil Patriot.

Ucrania: lo mismo que el rey desnudo

A pesar de su ineficacia, Ucrania quiere adquirir más, según el Washington Post (6), aunque Trump se muestra reacio. La urgente necesidad de Ucrania de misiles Patriot se hizo evidente durante el bombardeo del fin de semana pasado. Según las fuerzas de defensa aérea ucranianas, dos de estos misiles apuntaban a Kiev, donde se cree que están estacionadas al menos dos unidades Patriot.

Es probable que una de estas unidades Patriot ya no exista.

El periódico no explica por qué Ucrania pide más sistemas Patriot cuando, como afirma el mismo reportaje, no están cumpliendo con su función. La explicación es que no les queda otro remedio. Más vale un Patriot que nada. Lo mismo que al rey desnudo, a Ucrania le asusta más su menguante arsenal de sistemas de defensa antiaérea que los drones rusos. Es posible que alguna vez los lanzadores Patriot hayan contrarrestado algún misil balístico disparado por Rusia y en Kiev rezan para que el milagro se repita.

El Washington Post parece insinuar que Ucrania no intercepta los misiles Iskander porque carece de Patriot. Pero no es verdad. Un vídeo del ataque del sábado pasado muestra dos baterías disparando al menos 14 misiles Patriot antes de que uno de ellos se incendie.

Ninguno de los 14 misiles de defensa aérea disparados impactó el misil balístico entrante.

(1) https://strana.news/news/485446-zaluzhnyj-zajavil-chto-rossija-obohnala-ukrainu-po-innovatsijam-na-fronte.html
(2) https://strana.news/news/485500–rossija-modernizirovala-svoi-rakety-chto-uslozhnilo-rabotu-dlja-pvo.html
(3) https://archive.ph/V1Aw1#selection-259.0-263.163
(4) https://militarywatchmagazine.com/article/patriot-effectiveness-questioned-ukrainian-air-force
(5) https://archive.ph/uadH5#selection-1127.0-1140.0
(6) https://archive.ph/J5Wgz#selection-263.0-267.154

La ‘revolución del esquisto’ toca a su fin en Estados Unidos

Las empresas estadounidenses de esquisto están cerrando plataformas de perforación y reduciendo la producción, ya que los precios mundiales del petróleo hacen que la extracción no sea rentable. El auge del esquisto en Estados Unidos está llegando a su fin. Estados Unidos ya no puede esperar un crecimiento de la producción como el de hace una década.

El auge del esquisto en Estados Unidos toca a su fin. Las empresas petroleras y de gas cierran plataformas de perforación y recortan gastos, a pesar de las promesas de Trump de aumentar la producción.

Las evaluaciones de la rentabilidad de los productores de esquisto varían. La encuesta trimestral del Banco de la Reserva Federal de Dallas señala que las empresas estadounidenses de esquisto necesitan un precio de al menos 65 dólares por barril para salir del umbral de pérdidas, mientras que los precios del petróleo WTI de Estados Unidos han caído por debajo de los 62 dólares por barril (*).

El punto de equilibrio para la extracción de yacimientos de esquisto estadounidenses sin desarrollar es de 45 dólares por barril. A modo de comparación, el punto de referencia para yacimientos fácilmente explotables en Oriente Medio es de 27 dólares por barril.

Los costos de producción en Estados Unidos varían considerablemente para los proyectos de esquisto. Sin embargo, los hidrocarburos de esquisto son inicialmente caros. Los estadounidenses comenzaron a extraer petróleo y gas de esquisto no por un deseo de lujo. Para la década de los setenta, se hizo evidente que los yacimientos convencionales estadounidenses se estaban agotando, y para mantener los volúmenes de extracción en los niveles anteriores, comenzaron a otorgar exenciones fiscales para nuevos desarrollos. Pero hasta el cambio de siglo esta estrategia no empezó a dar frutos y comenzó la “revolución del esquisto”.

Inicialmente, se trataba de la extracción de gas, luego, el condensado de gas y ahora el llamado petróleo de esquisto.

Otro factor que impulsó la “revolución del esquisto” fueron los altos precios del gas. Si los precios del gas en Estados Unidos no hubieran sido los más altos del mundo durante el cambio de siglo, la “revolución del esquisto” podría no haber ocurrido.

La tecnología de extracción está mejorando, pero la extracción de petróleo de esquisto sigue siendo cara. Precisamente por eso, cuando el precio del petróleo cayó por debajo de los 70 dólares por barril, las estadísticas mostraron inmediatamente una disminución en el número de plataformas de perforación en Estados Unidos. La producción está disminuyendo en comparación con las cifras máximas de 2022-2023.

El número de plataformas de perforación rotatorias para la extracción de petróleo crudo y gas natural en Estados Unidos en 2022 era de 723 unidades, y en 2023, de 687. En febrero del año pasado, solo seguían operando 590 unidades. Si nos remontamos a 2012, Estados Unidos contaba con casi 2.000 plataformas de perforación: casi cuatro veces más que hoy.

Los yacimientos más rentables, con menores costos y mayor rentabilidad, se están agotando porque se perforaron primero, especialmente durante los períodos de crisis de precios de 2015 y 2020. Aún quedan yacimientos en Estados Unidos con pozos geológica y económicamente más complejos, cuya operación es más costosa. La continuidad de la extracción de petróleo de esquisto dependerá de la situación económica mundial. Si los precios del petróleo suben a 80 dólares por barril, la producción estadounidense aumentará; pero si los precios bajan o se mantienen bajos, la producción también disminuirá.

El volumen de producción en Estados Unidos está determinado exclusivamente por factores económicos, a diferencia del costo del petróleo en el mercado mundial, en particular la política estadounidense. Si Estados Unidos impone sanciones más estrictas contra Irán o Rusia y, por consiguiente, reduce las exportaciones de petróleo, los precios subirán. En consecuencia, los proyectos estadounidenses serán más rentables y se perforará y extraerá más petróleo en Estados Unidos.

La importancia del gas de esquisto para Estados Unidos es difícil de sobrestimar. En primer lugar, gracias al crecimiento de la extracción de gas de esquisto, los precios en el mercado interno se han situado entre los más bajos del mundo. Recientemente, mil metros cúbicos de gas en Estados Unidos costaban 100 dólares, en comparación con los 150 dólares actuales. No es de extrañar que Estados Unidos atraiga fácilmente plantas de la Unión Europea, donde los precios del gas son varias veces más altos.

La revolución del gas de esquisto ha beneficiado significativamente a la economía estadounidense, impulsando el crecimiento del PIB, el mercado laboral y la balanza comercial gracias al aumento de las exportaciones. Además, el petróleo nacional ha liberado a Estados Unidos de su dependencia de proveedores extranjeros, como Arabia Saudita. Las consecuencias políticas de la “revolución del esquisto” han permitido a Estados Unidos ser mucho más independiente en Oriente Medio y aplicar una política económica menos dependiente de las petromonarquías del Golfo.

Antes de la “revolución del esquisto”, Estados Unidos dependía del petróleo de Oriente Medio procedente de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak y otros países. Arabia Saudí siempre contó con la protección estadounidense, no solo política sino también económica. Era uno de los principales proveedores de petróleo de Estados Unidos, razón por la cual este último se interesaba en la estabilidad de Oriente Medio: los conflictos podían provocar la interrupción del suministro de petróleo de Oriente Medio a Estados Unidos.

Ahora, el circuito comercial ha cambiado. El petróleo de Arabia Saudí fluye principalmente hacia China y, de ser un garante de la seguridad de Arabia Saudí, Estados Unidos se está convirtiendo en una amenaza.

(*) https://www.ft.com/content/2ca65bb8-335d-4fe4-a43a-7fb20bc9d396

Hamas sigue resistiendo al ejército israelí en Gaza 600 días después

Tras 600 días de bloqueo, bombardeos y asesinatos masivos, la determinación de la resistencia palestina permanece intacta y que el pueblo de Gaza es su fuerza motriz, escribe el israelí Amir Bohbot para el sitio web de noticias “Walla”.

Hamas resiste y continúa reforzando sus filas, incluso después de 600 días de implacable agresión israelí contra la Franja de Gaza. La campaña relámpago que el ejército israelí pretendía se ha estancado, sin lograr sus objetivos estratégicos.

Hamas no solo ha mantenido sus posiciones, sino que trabaja activamente para restablecer su infraestructura militar y fortalecer su estructura política en la Franja de Gaza. Israel trata de eludir al gobierno de Hamas en la Franja mediante supuestas iniciativas humanitarias, incluida la distribución directa de ayuda, considerada por muchos como un intento de fragmentar la sociedad civil palestina e imponer una autoridad alternativa.

A pesar de la destrucción sin precedentes, las decenas de miles de muertes y el terrible sufrimiento infligido a la población civil de Gaza, Hamas no ha abandonado su exigencia fundamental: el cese total de las hostilidades como requisito previo para la liberación de los 58 prisioneros israelíes, con garantías internacionales vinculantes. Además, las esperanzas de Israel de que la manipulación de la ayuda y la ocupación militar debilitarían la resistencia palestina no se han materializado.

Bohbot señala que el ejército israelí aún considera a Hamas desde una perspectiva institucional obsoleta, evaluándolo según criterios militares y de gobernanza tradicionales, mientras que el movimiento palestino continúa adaptándose, preservando sus combatientes y armas, y operando tanto dentro como fuera de Gaza.

El reportaje de Bohbot refleja una tendencia creciente en los círculos militares israelíes de que son los propios palestinos quienes constituyen la verdadera fuerza impulsora, quienes siguen apoyando a Hamas como una forma de expresar su determinación frente al bloqueo y la ocupación.

“Mientras no se rompa el vínculo entre Hamas y la calle, no habrá posibilidad de colapso interno”, reconoce Bohbot, citando la evaluación del Estado Mayor israelí. El reportaje admite que la fuerza de Hamas no proviene de estructuras de mando convencionales, sino de profundos lazos sociales, compromiso ideológico y legitimidad popular.

“No hay vacío en la Franja de Gaza. El espíritu militante de Hamas está en auge”, declaró un alto funcionario de defensa israelí durante un foro privado. El movimiento, señala el informe, está reclutando a miles de nuevos miembros, nombrando comandantes y asignando puestos de mando, asegurando así la sucesión a pesar de los incesantes bombardeos.

Bohbot también destaca las deficiencias internas del aparato de seguridad israelí. Las operaciones israelíes en el sur no han sido comparables a las llevadas a cabo contra Hezbolah en el norte. Si bien las ofensivas anteriores han atraído la atención mundial, la campaña de Gaza ha puesto de manifiesto las limitaciones de la estrategia militar israelí y las profundas vulnerabilidades de su Comando Sur.

Mientras el ejército israelí intenta extender su control sobre tres cuartas partes de Gaza e imponer programas de ayuda para obtener rédito político, algunos militares creen que Hamas podría estar reteniendo prisioneros como moneda de cambio para asegurar su supervivencia política. Mientras tanto, Israel se divide y hay preocupación por la moral de los reservistas, las dificultades económicas y el creciente número de soldados de carrera que abandonan el ejército.

Si las iniciativas diplomáticas, en particular los intentos estadounidenses de avanzar en las negociaciones, fracasan, el ejército israelí se verá obligado a acelerar e intensificar los combates para lograr algún resultado.

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