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Día: 13 de mayo de 2025 (página 1 de 1)

Google podría verse involucrado en los juicios por el genocidio que Israel está cometiendo en Gaza

La responsabilidad por crímenes de guerra es más ambigua cuanto más se aleja del acto de matar. Google no suministra armas a los matarifes de Gaza, pero ofrece servicios informáticos que les permiten hacerlo, siendo su función última el uso letal de esas armas. Según el derecho internacional, sólo los países, no las empresas, tienen obligaciones en materia de crímenes de guerra.

No obstante, si el Proyecto Nimbus se vinculara directamente con un crimen de guerra u otro crimen contra la humanidad, los cabecillas de Google se podrían enfrentar a responsabilidades criminales bajo el derecho internacional, a través de un organismo como el Tribunal Penal Internacional, que tiene jurisdicción tanto en Cisjordania como en Gaza.

Un dictamen de octubre del año pasado emitido por el Tribunal Internacional de Justicia, que arbitra disputas entre estados miembros de la ONU, instó a los países a “tomar todas las medidas razonables” para impedir que las empresas hagan cualquier cosa que pueda contribuir a la ocupación ilegal de Cisjordania. Si bien no son vinculantes, los dictámenes consultivos del Tribunal Internacional de Justicia tienen una enorme autoridad jurídica.

Establecer la responsabilidad criminal de Google en relación con la ocupación de Cisjordania o las matanzas en curso en Gaza implica un cálculo jurídico complejo, que depende de su grado de conocimiento sobre la manera en que se usan sus servicios, la previsibilidad de los crímenes facilitados por esos servicios y la manera en que contribuyen a la perpetración de los crímenes.

Antes de firmar su lucrativo contrato Nimbus con Israel, Google sabía que no podía controlar lo que sus fuerzas armadas harían con la tecnología de computación en la nube. El gigante tecnológico comprendió el riesgo de proporcionar herramientas de aprendizaje automático y de nube de última generación a un país acusado de crímenes de guerra desde siempre.

Google no sólo no puede supervisar ni impedir que Israel utilice sus aplicaciones para asesinar a los palestinos, sino que el contrato le obliga a bloquear las investigaciones criminales de otros países sobre el uso de su tecnología por parte de Israel. Además, la tecnología requería una colaboración estrecha con el aparato de seguridad israelí (incluidos ejercicios conjuntos e intercambio de inteligencia), algo sin precedentes en los acuerdos de Google con otros países.

Un consultor externo contratado por Google para evaluar el acuerdo recomendó que la empresa retuviera herramientas de aprendizaje automático e inteligencia artificial de Israel debido a los factores de riesgo.

El conocimiento de Google sobre los riesgos supone una responsabilidad criminal para la empresa por crímenes de guerra. La cuestión de la culpabilidad, raramente discutida, ha crecido en importancia a medida que Israel entra en el tercer año de lo que ha sido ampliamente reconocido como un genocidio, con los accionistas presionando a la empresa para que analice si su tecnología contribuye a los crímenes de guerra en Gaza.

El New York Times fue el primero en informar sobre partes del documento interno, pero la incapacidad reconocida por Google para supervisar el uso que hace Israel de sus herramientas no había sido revelada previamente.

En enero de 2021, apenas tres meses antes de que Google ganara el contrato Nimbus junto con Amazon, los directivos de computación en la nube de la empresa se enfrentaron a un dilema.

El contrato del Proyecto Nimbus (en aquel entonces llamado “Selenite” en Google) es una jugosa fuente de ingresos. Un centro de datos en la nube a medida para Israel, sujeto a la soberanía y la ley israelíes, le reporta a Google 3.300 millones de dólares entre 2023 y 2027, no solo vendiendo al ejército de Israel, sino también a su sector financiero y a empresas como la farmacéutica Teva.

Pero Google reconoce que los servicios en la nube “podrían usarse o vincularse con las violaciones de derechos humanos, incluida la actividad israelí en Cisjordania”, lo que resultaría en un “daño a la reputación”, advirtió la empresa.

En un informe, Google reconoció la necesidad de mitigar los riesgos para la imagen pública de Google. Pero también deja claro que existe un obstáculo profundo para cualquier intento de supervisión: el contrato del Proyecto Nimbus está redactado de tal manera que Google se vería en gran medida privado de información sobre lo que exactamente estaba haciendo su cliente y, si alguna vez saliera a la luz algún abuso, se le impediría hacer algo al respecto.

A Google sólo se le daría “una visibilidad muy limitada” sobre la manera en que se utilizan sus aplicaciones. A la empresa “no se le permitió restringir los tipos de servicios e información que el gobierno (incluido el Ministerio de Defensa y la Agencia de Seguridad de Israel) decide migrar” a la nube.

Los intentos de impedir que los militares o el espionaje israelí utilicen Google Cloud de forma que perjudiquen a Google “pueden verse limitados por los términos de la licitación, ya que los clientes tienen derecho a utilizar los servicios por cualquier motivo excepto la violación de la ley aplicable al cliente”, dice el documento. Una sección posterior del informe señala que el Proyecto Nimbus estaría bajo la jurisdicción de Israel que, al igual que Estados Unidos, no forma parte del Estatuto de Roma y no reconoce al Tribunal Penal Internacional.

Si el Proyecto Nimbus cae bajo escrutinio legal fuera de Israel, Google debe “rechazar, apelar y resistir las solicitudes de acceso de gobiernos extranjeros”. Google señaló que eso podría poner a la empresa en desacuerdo con gobiernos extranjeros si intentan investigar el Proyecto Nimbus. El contrato requiere que Google “implemente procesos estrictos y personalizados para proteger datos confidenciales del gobierno”, según un informe interno posterior, que fue redactado después de que la empresa ganara su licitación. Esta obligación se mantendría incluso si implicara violar la ley: “Google no debe responder a las solicitudes de divulgación de información de las autoridades policiales sin consultar y, en algunos casos, aprobar por parte de las autoridades israelíes, lo que podría hacer que infrinjamos el ordenamiento jurídico internacional”.

Además de su trabajo para el ejército israelí, Google, a través del Proyecto Nimbus, vende servicios en la nube a Israel Aerospace Industries, el fabricante de armas estatal cuyas municiones han devastado Gaza. Otro cliente confirmado del Proyecto Nimbus es la Autoridad de Tierras de Israel, una institución pública que, entre otras responsabilidades, distribuye parcelas de tierra en Cisjordania ocupada y anexionada ilegalmente.

Rheinmetall se frota las manos gracias al rearme europeo

Piezas, municiones, proyectiles, vehículos militares… El holding alemán Rheinmetall se diversifica y apunta más alto, anunciando la creación de una empresa conjunta para construir satélites militares.

Después de los tanques y los proyectiles, Rheinmetall apunta al firmamento. El fabricante de equipos alemán ha firmado un memorando de entendimiento con el fabricante finlandés Iceye para establecer una empresa conjunta para la producción de satélites de observación militar. La empresa, denominada Rheinmetall Iceye Space Solution, será propiedad en un 60 por cien de Rheinmetall y en un 40 por cien de Iceye.

Para llevar a cabo este proyecto, el fabricante alemán reconvertirá parte de su fábrica de Neuss, cerca de Düsseldorf, que hasta ahora producía piezas de automoción. El inicio de operaciones está previsto para el segundo trimestre de 2026.

La asociación de Rheinmetall con Iceye no es casualidad: fundada en 2014, la empresa finlandesa está especializada en la fabricación de radares de apertura sintética (SAR) para observación y cartografía. Iceye ha lanzado alrededor de cuarenta satélites desde 2018.

La principal ventaja del radar SAR es su capacidad de proporcionar imágenes diurnas de alta resolución, independientemente de las condiciones climáticas o interferencias, como el humo. Una ventaja definitiva para satisfacer las necesidades militares en términos de vigilancia, reconocimiento, inteligencia y adquisición de objetivos.

Con esta nueva actividad, el conglomerado alemán se consolida aún más en el sector de defensa. Rheinmetall, fabricante de municiones y proyectiles, proveedor del gigante estadounidense Lockheed Martin e implicado en programas de armamento como el Future Combat Air System, también busca crear vínculos fuertes con socios extranjeros.

El holding se benefició de las consecuencias de la guerra en Ucrania, pero también del aumento del presupuesto de defensa de Alemania. Los resultados anuales indican un aumento del 36 por cien en las ventas en 2024, alcanzando los 9.800 millones de euros.

En febrero del año pasado anunció que había llegado a un acuerdo con un socio ucraniano para crear una fábrica de municiones de artillería en Ucrania, seis meses después de firmar otro acuerdo para la reparación de vehículos militares. Más recientemente, Rheinmetall y Lockheed Martin acordaron construir una planta de producción de misiles y cohetes en suelo alemán.

Históricamente el origen de Rheinmetall está en los Porsche, una familia de raigambre nazi, por lo que algunos consideran a Rheinmetall como un competidor estratégico de Estados Unidos. Sin embargo, la mayor parte de las acciones están en manos de fondos buitre de Estados Unidos, como BlackRock o Vanguard.

Cualquier acuerdo con Ucrania que no sea una capitulación es un regalo de Rusia

Durante una reunión anterior en la Casa Blanca, Trump, entonces en su primer mandato, recibió a Zelensky en una posición bastante desequilibrada. El recién elegido ucraniano, que buscaba reconocimiento en la escena internacional, se encontró frente a un presidente estadounidense reacio a ofrecer una solidaridad clara y multiplicando demandas encubiertas en asuntos internos en lugar de reafirmar su apoyo incondicional a Ucrania. Este momento marcó el inicio de una política compleja entre ambos países, donde los cálculos políticos parecían primar sobre las alianzas tradicionales.

Hoy, mientras la guerra en Ucrania continúa, ese recuerdo resuena en la decisión de Trump de apoyar públicamente una propuesta de Putin. El presidente estadounidense pidió la aceptación inmediata de la oferta rusa de conversaciones directas, contradiciendo la línea común planteada por los dirigentes europeos. Esta postura inesperada vuelve a trastornar el equilibrio diplomático establecido en los últimos meses.

Menos de 24 horas antes de esta declaración, Trump había mostrado una postura de coordinación con los europeos, apoyando la solicitud conjunta de un alto el fuego de treinta días antes de cualquier negociación. Este planteamiento fue expuesto por Francia, Alemania, Gran Bretaña, Polonia y Ucrania, unidos en torno a un objetivo: congelar temporalmente los combates para abrir la puerta al diálogo. El plan europeo se hizo añicos rápidamente cuando Trump cambió su tono y emitió un mensaje instando a Kiev a entablar inmediatamente un diálogo directo con Moscú.

Este giro diplomático ha socavado la estrategia de Macron y el canciller alemán Friedrich Merz, quienes volvían sonrientes de Kiev, rodeados de papelinas de coca en un convoy del tren en compañía del británico Keir Starmer.

Los europeos pretendían lograr un cese previo de las hostilidades para evitar que las conversaciones se conviertan en una simple maniobra táctica rusa. Por su parte, Zelensky indicó que está abierto a reunirse con Putin, pero sólo después de obtener un acuerdo de alto el fuego, condición que considera esencial para dar credibilidad a cualquier iniciativa diplomática.

Es un error creer que en esta guerra hay algo que negociar. Cualquier acuerdo que no sea una capitulación es un regalo por parte de Rusia y su única ventaja es acelerar el fin inevitable de las hostilidades.

Por lo demás, el empeño de los europeos por el cese de las hostilidades intenta empañar el ridículo del agotamiento de los arsenales, no sólo de los ucranianos, sino también de los europeos. La Guerra de Ucrania podría ser la primera que se acabe porque una de las partes se ha quedado sin munición.

La urgencia de Trump es diferente. Se pasa a la postura de Putin, una vez más, aunque eso signifique aislarse de sus “socios” de siempre porque ya no ayudan: se han convertido en un lastre. La posición de la Casa Blanca ahora mismo es acabar con la guerra a toda costa, cuanto antes mejor y le importa un bledo lo que propongan los europeos. A su vez, esa posición es consecuencia, entre otras cosas, de la misma situación: si Europa no puede enviar más armamento a Ucrania, a Estados Unidos le ocurre lo mismo: ni puede ni quiere.

Luego están las famosas “garantías de seguridad” que en los medios de intoxicación siempre hacen referencia a Ucrania: hay que ofrecer “garantías de seguridad” al gobierno de Kiev, no al de Moscú. Así se repite exactamente el planteamiento de los Acuerdos de Minsk, de los que los europeos se burlaron, lo cual costó la vida a 14.000 personas en el Donbas.

Las “garantías de seguridad” son las que exige Rusia y las va a obtener, por las buenas o por las malas. Lo demás es un intento de salvar la cara por parte de los europeos y sus marionetas de Kiev.

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