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Día: 25 de marzo de 2025 (página 1 de 1)

La intervención occidental en Ucrania es una guerra indirecta contra Rusia

No ha trascendido mucho acerca de lo que Rusia negocia con Estados Unidos para llegar a un acuerdo de alto el fuego en Ucrania. Según el viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Alexander Grushko, Rusia quiere garantías “incondicionales” sobre Ucrania, en particular la negativa categórica al envío de “fuerzas de mantenimiento de la paz” de la OTAN a territorio ucraniano, sea cual sea el pretexto invocado por la Alianza.

Para Rusia no hay más que una única garantía: mantener a Ucrania lejos de la OTAN. Las potencias occidentales deben dejar de interferir en los asuntos internos de Ucrania, como llevan haciendo desde que en 2014 derrocaron al gobierno legítimo de Kiev.

Pero Rusia no se quita de la cabeza el fiasco de los Acuerdos de Minsk. Occidente nunca cumple sus compromisos. La OTAN no podía instalarse a las puertas de Rusia. Obama y Bush siguienron hablando, como sus predecesores, del eterno “nuevo comienzo”, pero las relaciones se han seguido deteriorando aún más.

Rusia tiene motivos más sobrados para mantenerse en estado de alerta. Hablar de la OTAN y de fuerzas de mantenimiento “de la paz”, es una incongurencia, dice Grushko en una entrevista. “Conocemos bien la historia de la OTAN, y aunque se jacten de ser una alianza defensiva, la historia real de la OTAN está hecha de operaciones militares, de agresiones injustificadas contra Estados desarmados, para afirmar una vez más su hegemonía en los asuntos mundiales y regionales”, asegura.

Por lo tanto, todas esas discusiones “sobre los soldados de la paz de la OTAN en Ucrania” están totalmente fuera de lugar. No importa la etiqueta bajo la cual el contingente de la OTAN se despliegue en el territorio ucraniano, ya sea bajo la de la Unión Europea, la OTAN o un país miembro. “Nos importa poco. Si son desplegados con el consentimiento de Ucrania, eso significa que se encuentran en plena zona de conflicto, con todas las consecuencias que ello implica”, añade Grushko.

Rusia considera que la intervención occidental en Ucrania, ya sea a través de expediciones de armas o de combatientes extranjeros, es una guerra indirecta. El envío de tropas de la OTAN disiparía toda ambigüedad, con el riesgo de un aumento de tensiones sin precedentes.

El jueves está convocada una reunión en París para discutir el envío de soldados británicos dentro de la “coalición de voluntarios”. Parece que en la Unión Europea no hay más que “amantes de la paz”. Nada menos que 30 países están dispuestos a enviar tropas de mantenimiento “de la paz”. Alguno debe creer que primero va a llegar un acuerdo de paz a Ucrania y luego van a enviar tropas para mantener esa paz (o ese acuerdo de paz).

No deben escuchar bien. Putin, ha puesto como condición para cualquier alto el fuego el cese de la ayuda militar occidental a Ucrania y ha rechazado la presencia de tropas extranjeras en Ucrania en el marco de un acuerdo de alto el fuego.

El primer ministro británico, Keir Starmer, se esfuerza junto a Macron por constituir una «coalición de países voluntarios» dispuestos a contribuir “de una manera u otra”. La reunión del jueves estaría dedicada a la fase operativa de su plan de mantenimiento de la paz en caso de alto el fuego.

El Guardian no se cansa de repetir que el gobierno de Londres tiene intención de enviar soldados británicos a Ucrania “si se llega a un acuerdo de alto el fuego” (1). El portavoz de Keir Starmer ha declarado que serían necesarios “miles de soldados” para apoyar a Ucrania “durante varios años” en caso de un alto el fuego, “ya sea por mar, por tierra o en el aire”, precisa el diario.

Por lo  tanto, estamos entendiendo muy mal, tanto la paz como el acuerdo de paz. Desde Londres lo que nos dicen no es nada de eso, sino lo mismo de siempre: apoyar a Ucrania. Lo ha explicado Luke Pollard, el ministro británico de Defensa: la “coalición voluntarios” debe ser una fuerza creíble que “permitirá a Ucrania beneficiarse de una paz duradera”.

La primera conclusión de Pollard es, pues, que ahora mismo la paz sólo interesa a Ucrania.

La segunda es que los europeos harán lo que les digan desde Washington.  El gobierno de Londres “no desplegará tropas en Ucrania sin el apoyo de Estados Unidos”, dice Pollard (2). Por lo tanto, la “coalición de países voluntarios” ha nacido muerta porque Reino Unido no participará sin la autorización de Estados Unidos, que es quien tiene el mando a distancia en sus manos.

“Para reunir a los países europeas y a otros aliados de todo el mundo con el fin de preparar una fuerza que asegure la paz, será necesario un respaldo estadounidense, una implicación estadounidense”, concluyó Pollard.

(1) https://www.theguardian.com/uk-news/2025/mar/21/uk-military-ukraine-russia-war
(2) https://www.politico.eu/article/uk-wont-deploy-troops-ukraine-without-us-support-says-minister-luke-pollard/

El gran salto adelante de la industria farmacéutica china

China es conocida desde hace mucho tiempo por producir medicamentos genéricos, suministrar ingredientes básicos y gestionar ensayos clínicos para la industria farmacéutica. Pero ahora sus empresas farmacéuticas también están a la vanguardia de la tecnología, produciendo medicamentos innovadores más baratos que los de sus competidores. China se ha convertido en el segundo país desarrollador de nuevos medicamentos, detrás de Estados Unidos.

El Keytruda, utilizado contra el cáncer, figura entre los medicamentos más lucrativos jamás vendidos. Desde su lanzamiento en 2014, sus ventas han reportado más de 130.000 millones de dólares a Merck, el grupo farmacéutico que lo creó en Estados Unidos.

Sin embargo, en septiembre del año pasado, un medicamento experimental tuvo resultados nunca antes vistos. En ensayos de fase avanzada sobre el cáncer de pulmón no microcítico, casi duplicó la esperanza de vida de los pacientes sin agravación de la enfermedad, pasando a 11,1 meses, contra 5,8 meses para el Keytruda. Estos resultados son realmente asombrosos, al igual que la empresa de biotecnología que lo diseñ, Akeso, que es china.

Las empresas farmacéuticas occidentales vuelven su mirada hacia el este para encontrar nuevas ideas. Debido a la expiración de las patentes de sus medicamentos, corren el riesgo de perder hasta 140.000 millones de dólares en ventas anuales para 2030. El año pasado, cerca de un tercio de los grandes acuerdos de patentes que concluyeron (los de un valor de 50 millones de dólares o más) lo hicieron con empresas chinas, es decir, tres veces más que en 2020. Entre 2020 y 2024 el valor total de los medicamentos patentados por empresas chinas en el mundo se multiplicó por 15, alcanzando los 48.000 millones de dólares. En noviembre Merck pagó 588 millones de dólares a LaNova Medicines, otra empresa de biotecnología china, para obtener los derechos de una terapia similar a la producida por Akeso.

Hace casi veinte años el gobierno chino declaró que la biotecnología era una prioridad estratégica, aunque hasta 2015 las cosas no empezaron a moverse, después de que la agencia reguladora de medicamentos iniciara reformas ambiciosas. Contrató personal y procesó un retraso de 20.000 solicitudes de medicamentos en dos años. Los ensayos clínicos se han racionalizado y alineado con las normas internacionales. El tiempo necesario para aprobar una primera serie de ensayos en humanos había pasado de 501 días antes de las reformas a 87 días.

La financiación privada de las empresas biotecnológicas chinas pasó de 1.000 millones de dólares en 2016 a 13.400 millones de dólares en 2021. El vasto mercado interno de China ha contribuido a atraer a grandes productores de medicamentos a su territorio, trayendo consigo sus talentos. La instauración de una regulación bursátil más flexible ha permitido a los inversores en biotecnología retirarse más fácilmente del mercado.

Con más intelecto y dinero, las empresas chinas han superado la etapa de la simple reproducción de medicamentos occidentales. En lugar de esperar la expiración de las patentes y fabricar genéricos, han adoptado una estrategia “fast follower”: toman medicamentos conocidos y los modifican para mejorar su seguridad, eficacia o modo de administración. El desarrollo de un medicamento comienza a menudo con la identificación de un objetivo, generalmente una proteína relacionada con una enfermedad. Luego buscan moléculas capaces de bloquear o reforzar la función del objetivo. Como los “fast followers” no parten de cero, pueden llevar a cabo ensayos más rápidos y menos costosos.

Entre 2021 y 2024 el número de medicamentos chinos en desarrollo se ha duplicado, alcanzando los 4.391. Los tratamientos innovadores o completamente originales representan cerca del 42 por cien de este total. El enfoque chino ha sido particularmente eficaz en los ADC (Antibody Drug Conjugate), un medicamento contra el cáncer en el que un anticuerpo está unido a una carga útil de quimioterapia a través de un enlace químico. Como los componentes esenciales del tratamiento ya existen, su éxito depende de la eficacia de su combinación.

Ensayos clínicos más rápidos que en Occidente

La rapidez es otra ventaja. En China los ensayos clínicos, la etapa más larga y costosa del desarrollo de un medicamento, se hacen dos veces, incluso tres veces más rápido que en cualquier otro lugar del mundo. Una población de pacientes importante facilita el reclutamiento, y los hospitales y los médicos son incentivados por el gobierno a apoyar la investigación.

La rapidez en la ejecución de los ensayos hace que los medicamentos chinos sean aún más atractivos para la industria mundial. Aunque la información clínica proviene principalmente de pacientes chinos, en lugar de una muestra más representativa de la población mundial, ayuda a los inversores y a las empresas farmacéuticas a identificar tratamientos prometedores. A medida que la calidad de los datos de China ha mejorado, los reguladores han prestado más atención. Los resultados de los ensayos chinos de Akeso fueron lo suficientemente convincentes para que la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) decidiera llevar el medicamento directamente a los ensayos de fase final.

Pocas empresas chinas venden medicamentos directamente en América. Su política es firmar acuerdos de patentes: una empresa vende los derechos de comercialización de su medicamento fuera de China a cambio de un pago inicial y otros gastos. El competidor del Keytruda ha firmado una licencia con Summit Therapeutics, una empresa estadounidense de biotecnología, por un monto inicial de 500 millones de dólares, con hasta 5.000 millones de dólares en pagos adicionales y una parte de las regalías.

Es el modelo “newco” por el que una empresa farmacéutica china cede su clínica a una empresa estadounidense dirigida por un equipo local experimentado. La empresa matriz conserva una participación, lo que le permite beneficiarse de ventajas además de los royalties si el medicamento tiene éxito.

La guerra comercial con Estados Unidos es preocupante

Los precios de los medicamentos están menos controlados en la primera economía mundial que en China, por lo que los pacientes estadounidenses representan una importante fuente de ingresos para las empresas biotecnológicas chinas. Por eso la guerra comercial con Estados Unidos es preocupante para las empresas farmacéuticas chinas.

Hasta ahora, Estados Unidos solo ha aplicado restricciones comerciales a los productos de alta tecnología; las empresas biotecnológicas chinas han pasado entre las grietas de la red. Una tentativa de impedir que las empresas chinas proporcionen ciertos servicios y equipos biotecnológicos está en suspenso en el Congreso. Pero con Trump amenazando con imponer aranceles sobre las importaciones de productos farmacéuticos, la biotecnología podría no salir indemne por mucho tiempo.

La venta de la producción a Estados Unidos a través de acuerdos de licencia solo ofrece una protección limitada. Las empresas biotecnológicas chinas obtienen derechos de licencia más reducidos para sus medicamentos experimentales que sus homólogas estadounidenses a causa de los riesgos arancelarios. Por impresionante que sea el ritmo al que China innova, tendrá que enfrentarse a unas fuerzas políticas que marchan hacia la fragmentacion del mercado mundial.

La guerra en el Mar Báltico prosigue bajo una cortina de humo

Como ya hemos expuesto en entradas anteriores, el gobierno británico intenta abrir un frente de guerra naval en el Mar Báltico que, además de la captura de buques, ha desatado agresiones no convencionales, como ataques terroristas “negables” y, eventualmente, un bloqueo conjunto finlandés-estonio del Golfo de Finlandia.

En una entrevista, el Secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolai Patrushev, confirma que los británicos están tensando la cuerda en el Mar Báltico, añadiendo que su objetivo es frenar las negociaciones entre Rusia y Estados Unidos para lograr un alto el fuego en Ucrania (*).

Aunque Trump ya está al corriente de los planes británicos, Rusia le ha informado oficial y personalmente sobre ellos y le ha pedido que disuada a sus aliados regionales de apoyarlos.

A través de la OTAN los británicos llevan a cabo ciberataques contra los equipos de navegación de los barcos rusos y, según Patrushev, podrían ser los difusores de las recientes acusaciones de sabotaje en el Báltico, lo que ha llevado a a los países ribereños a incrementar y coordinar su presencia naval. Esa proliferación, dice el dirigente ruso, constituye una amenaza para los intereses de Rusia y podría conducir a ataques terroristas contra sus oleoductos submarinos, petroleros y cargueros secos.

Rusia va a responder a esta amenaza mediante drones submarinos y el fortalecimiento de su flota en el Báltico.

Una de las amenazas convencionales es la alianza entre Finlandia y Estonia para bloquear a Rusia en el Golfo de Finlandia. Patrushev advierte que su país está capacitado para desbaratar esa alianza “y castigar a los agresores“.

A partir de ahí, la entrevista de centra en Finlandia, de la cual Patrushev indica que tiene una población amistosa, a diferencia de su gobierno, que ha entrado en la OTAN y ha tardado décadas en quitar la svástica de los aviones de su aerolínea.

El gobierno de Finlandia, añade, distorsiona la historia para no mencionar el objetivo de la “Gran Finlandia“, que consiste en ocupar el noroeste de Rusia, colocar a sus habitantes en campos de concentración y exterminar a los eslavos. Al igual que Finlandia fue utilizada por los nazis en 1939 como trampolín para una agresión contra la URSS, Patrushev también advierte que la OTAN la podría utilizar hoy como trampolín para una agresión contra Rusia.

La ‘flota fantasma’ es el pretexto para algo mucho peor que las fantasmadas

Uno de los últimos ejemplos de la situación en el Mar Báltico es la captura en enero del buque Eventin, que había zarpado del puerto ruso de Ust-Luga con destino a Egipto. El carguero estaba registrado bajo pabellón panameño y fue incautado por Alemania tras quedar a la deriva cerca de la isla de Rügen, debido a una avería en sus motores.

Alemania confiscó un petrolero en un acto abierto de piratería porque, supuestamente, estaba vinculado a la “flota fantasma” rusa y transportaba unas 100.000 toneladas de crudo, con un valor aproximado de 40 millones de euros.

El Kremlin afirma no tiene información sobre el propietario del barco ni las razones exactas de la incautación.

El 14 de marzo la Dirección General de Aduanas alemana emitió una orden de confiscación, lo que significa que tanto el buque como su carga han pasado a ser propiedad del gobierno alemán.

La decisión se formalizó después de un importante revuelo interno entre varios ministerios alemanes y después de que a finales de febrero la Unión Europea incluyera al Eventin en su lista de sanciones, identificándolo como parte de la “flota fantasma” rusa.

Por lo tanto, primero capturan el buque y luego justifican la piratería incluyéndolo dentro de las sanciones contra Rusia, lo cual es una chapuza a la cual es mejor que los europeos no se acostumbren porque las consecuencias pueden ser imprevisibles.

Inicialmente, Alemania remolcó el barco a aguas seguras en el puerto de Sassnitz con el pretexto de evitar un posible derrame de crudo que podía contaminar las aguas. Pero luego el gobierno alemán decidió no permitirle continuar su viaje, justificando la confiscación con otro pretexto fabricado para la ocasión: evitar que Rusia burlara las sanciones y emitir una señal de advertencia al Kremlin de que no van a tolerar el tránsito de petróleo ruso por el Mar Báltico.

Pero Alemania sigue sin atreverse a tomar una decisión sobre lo que va a hacer con el buque y su carga. El Ministerio de Finanzas alemán confirmó que hay “medidas aduaneras en curso”, pero señaló que no son aún “jurídicamente vinculantes”, lo que indica que podría iniciarse algún tipo de “juicio”, lo cual es otro rasgo característico de la piratería.

El derecho marítimo se fundamenta en el principio de libertad de navegación, mientras que las sanciones impuestas por la Unión Europea son ilegales. Rusia tiene derecho a desplazar sus buques por cualquier océano del mundo y la captura de uno de ellos es un acto de piratería y una declaración de guerra, que en este momento no interesa hacer oficial ni a Alemania ni a Rusia.

Sólo en caso de guerra se puede capturar un buque mercante, junto con su carga, lo cual técnicamente se denomina “derecho de presa”. El proceso tiene que acabar finalmente en un juzgado que debe “legalizar” la captura, según el derecho internacional… siempre que Alemania le declare la guerra a Rusia oficialmente.

(*) https://oborona.ru/product/zhurnal-nacionalnaya-oborona/zashchitit-interesy-rossii-na-baltike-i-v-arktike-46770.shtml

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