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Día: 7 de marzo de 2025 (página 1 de 1)

Trump deja la reconstrucción de Gaza en manos de Arabia saudí

Un mes después del alto el fuego, Gaza ha quedado fuera del foco mediático, salvo para anunciar el goteo de liberaciones de presos. Parece que la Franja no va a tener ningún futuro, o que el futuro no es de sus habitantes sino de los países con intereses en Oriente Medio.

Netanyahu se había empeñado en el desplazamiento interno de los palestinos dentro del enclave para facilitar la ubicación y destrucción de los túneles y acabar con cualquier forma de resistencia organizada.

Para eliminar a la resistencia palestina, personificada en Hamas, los planes más ambiciosos pretenden deportar a la población fuera de Gaza e instalarla en Egipto y Jordania.

Aparentemente Trump se acogió a esta última propuesta, acompañada de una provocación y un hilarante vídeo que ha logrado su objetivo: desviar la atención de la estrategia de posguerra.

La primera llamada telefónica que hizo Trump después de su investidura fue al príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salman. El plan de Estados Unidos consiste en presionar a los países del Golfo -y especialmente a Arabia saudí- para financiar la reconstrucción de Gaza y normalizar sus lazos con Israel.

En 2020 Netanyahu ya hizo una maniobra similar de distracción: amagar con anexionarse partes de Cisjordania para obligar a los países del Golfo a negociar. A cambio de suspender la anexión, Emiratos Árabes Unidos aceptó normalizar sus relaciones con Israel.

Ahora el plan es el mismo: Trump amenaza con la deportación en masa de los palestinos fuera de Gaza, para obligar a Arabia saudí a financiar la reconstrucción del enclave, es decir, para que los palestinos se queden “en paz”.

La situación es mucho más peligrosa de lo que algunos suponen porque ahora mismo, como muestran las imágenes de Gaza, los palestinos no tienen nada que perder porque ya lo han perdido todo; no sólo las viviendas sino, sobre todo, a sus propios familiares. Para ellos la continuación de los bombardeos y las matanzas israelíes no añade ningún sufrimiento adicional.

Permitir que la miseria y la destrucción se agraven en Gaza es un grave error, incluso para Israel. Muchos israelíes comparten la opinión de que, en efecto, no hay nada que perder y que la guerra es la única manera de salir adelante… para el que venza.

A los países árabes también les espera una prueba dura, que ya vivieron en épocas anteriores con los refugiados palestinos. Algunos deportados de Gaza se han radicalizado a causa de la guerra y buscan venganza en los países vecinos. Egipto ha tenido este problema durante casi 20 años, perdiendo a un presidente asesinado. Jordania sufrió en 1970-1971 y Líbano a su vez a mediados de la década de los setenta.

En la cumbre árabe celebrada el martes, Egipto ya presentó un plan de reconstrucción. Es algo imprescindible para que los palestinos tengan algo que perder, como casi todo el mundo. Es una inversión esencial en la estabilidad política y social de los países vecinos, sobre todo los del Golfo Pérsico.

El plan 2030 del príncipe saudí necesita convertir a una región tradicionalmente convulsa, como Oriente Medio, en un oasis de paz y tranquilidad. De lo contrario, la próxima Supercopa de España no se podrá jugar en Riad, ni los Mundiales de fútbol en Qatar.

Estados Unidos tiene un segudo instrumento de presión sobre los saudíes: la reconstrucción de Gaza es necesaria para que Israel se comprometa en la creación de un Estado palestino, que es la política que siguen en Riad. Para normalizar las relaciones con Israel, Mohamed Bin Salman exige la creación de un Estado palestino, que no es posible con los palestinos deportados fuera de Gaza.

Pero no se puede vender la piel del oso antes de cazarlo. Para reconstruir Gaza primero Israel debe respetar el alto el fuego y sacar a las tropas de la Franja.

El príncipe de Emiratos Árabes Unidos, Mohammed Bin Sayed Al Nahyan, le ha dicho al Secretario de Estado, Marco Rubio, que Abu Dhabi rechaza cualquier intento de expulsar a los palestinos de su tierra.

Crisis sin precedentes del Banco Central Europeo

Como informamos hace unos días, el Bundesbank ha anunciado pérdidas históricas y ahora hay que añadir que el Banco Central Europeo no le va a la zaga. La crisis tampoco tiene precedentes desde la creación del euro. Años de política monetaria expansiva, la subida de los tipos de interés y el despilfarro (“gastos de personal”) han multiplicado el agujero, que alcanzó casi 8.000 millones de euros el año pasado.

Como resultado de las tasas de interés más altas de los bancos centrales, está aumentando el temor a las quiebras financieras. Cuando se agote la confianza, el castillo de naipes se va a derrumbar abruptamente.

Hace poco más de dos años, el Banco Central Europeo emprendió una nueva política de restricciones monetarias. No sólo ha reducido sus compras de activos, sino que ha aumentado drásticamente sus tipos de interés.

El pasado otoño, el tipo de los depósitos subió al 4 por cien, mientras que el de refinanciación fue del 4,5 por cien. Eso obligó al Banco a pagar los depósitos colocados por los bancos a niveles sin precedentes, mientras que había aplicado una política de tipos de remuneración negativas desde 2014.

Los depósitos bancarios no sólo se convirtieron en una partida de gastos, mientras que entre 2014 y 2022 fueron una fuente de beneficios, sino que aumentaron.

Las masivas recompras de bonos, llevadas a cabo desde 2015 para contener la inflación, han permitido a los bancos aumentar sus reservas. Esta política monetaria improductiva, esterilizada lentamente en tiempos de tipos de interés negativos, ha sellado el balance del Banco Central Europeo una vez que el tipo de depósito ha vuelto a ser positivo.

Los gastos son diez veces mayores que los ingresos

El año pasado el Banco anunció 800 millones de euros en ingresos. La suma incluye la diferencia entre el coste de producción de la moneda y su valor nominal a lo largo del año, las transacciones cambiarias positivas, así como los escasos intereses devengados por los bonos del Banco.

Al mismo tiempo, la remuneración de los depósitos alcanzó los 74.000 millones de euros, casi diez veces los recursos recibidos.

En un momento en que los políticos europeos manipulan las cifras reales de gasto y decenas de miles de millones de amenazas fiscales, esta cifra puede parecer insignificante. Pero debe pagarse al capital del Banco , que era de sólo 5.000 millones de euros en su creación antes de ser elevado a lo largo de los años a 11.000 millones de euros, de los cuales sólo se habían liberado 8.900 millones de euros a comienzos de año.

Así que en el último año, el Banco perdió el equivalente al 73 por cien de su capital. Es el segundo año consecutivo que el Banco avisa de que sus cuentas están en números rojos. En 2023 sufrió unas pérdidas de casi 8.000 millones, que compensaron por la utilización de las disposiciones sobre el riesgo. Gracias a una recuperación de 6.600 millones de provisiones, la pérdida final se redujo a 1.260 millones de euros.

Pero este año, después de utilizar todas sus disposiciones, no han podido compensar las pérdidas. Así, en dos años, han tenido que consignar en el balance más de 9.200 millones de euros a la espera de compensarlos con los beneficios futuros.

En los próximos años las pérdidas van a continuar, aunque su ritmo se va a reducir después de los preocupantes niveles alcanzados en 2023 y 2024.

A pesar de las pérdidas, el Banco es muy generoso con el personal que tiene enchufado en las oficinas. Sus cuentas muestran un importante aumento de los “gastos de personal”, que pasaron de 676 millones de euros en 2023 a 844 millones en 2024. El aumento es del 25 por cien, muy por encima de la inflación europea y no relacionado con el aumento de sus funciones.

Macron prepara a Francia para una economía de guerra

Francia nunca había caído tan bajo. Los índices de popularidad de Macron están por los suelos y fuera de sus fronteras sus simpatías no son superiores. El miércoles se dirigió a los franceses en un discurso televisado que atrajo a 15 millones de espectadores.

Macron es especialmente beligerante hacia Rusia desde la humillación que sufrió en su última reunión en el Kremlin con Putin en torno a aquella mesa gigantesca.

En su infinita torpeza, en una situación como la actual, al Presidente francés no se le ocurrió otra cosa que mentar las armas nucleares. Prometió iniciar conversaciones para “proteger a los países europeos con las fuerzas de disuasión nuclear francesas”. En Moscú se han tomado las palabras como lo que son: un chantaje.

Actualmente Francia se opone a un alto el fuego y encabeza el “partido de la guerra”. Pero si alguien cree que eso es consecuencia de la Guerra de Ucrania se equivoca. En 2017 el gobierno de París aprobó dos leyes de programación militar para duplicar el presupuesto de los ejércitos en 2030.

A Macron eso no le parece suficiente. Quiere más armas y más dinero para fabricarlas, a costa de lo que sea. En su discurso Macron anunció una inversión adicional para el rearme y ha llamado al gobierno a ponerse a trabajar “lo antes posible” para buscar financiación.

Puso el ejemplo de Dinamarca que, para rearmar a su ejército, ha elevado la edad de jubilación a los 70 años. Francia necesita aprobar “nuevas opciones presupuestarias” por la “evolución de las amenazas” y Macron ha anunciado “inversiones adicionales […] que se han vuelto indispensables” para el ejército.

No se trata sólo de gastar más dinero. Además de reforzar el ejército, el aumento de los gastos militares debería “acelerar la reindustrialización de todas nuestras regiones”, dijo Macron.

El gobierno francés enfrenta, pues, dos programas paralelos: la reforma de la administración y la eficiencia del dinero gastado. La militarización exige una reforma a fondo de los aparatos del Estado. “Serán nuevas inversiones que requieren financiación privada, pero también pública […] Requieren reformas, opciones, coraje”, añadió.

Macron ha pedido al gobierno que trabaje lo antes posible en unas nuevas fuentes de financiación, con una condición que no tardará en desaparecer: “Sin aumentar los impuestos”. Macron tiene previsto convocar una reunión con los ministerios responsables de la guerra para tratar esta cuestión.

“Desde la toma de posesión de Donald Trump hemos sabido que debemos prepararnos para una economía de guerra”, dicen los asesores del gobierno francés. Eso exige, entre otras medidas, recortes en la administracón pública, en los salarios y en las jubilaciones.

“Uno puede encontrar una mayoría en la Asamblea una vez que todas las misiones de los servicios públicos han sido analizadas”, dicen los asesores.

El gobierno ha hecho un llamamiento a la movilización del ahorro francés, que podría implicar la creación de un nuevo fondo para la guerra. “El hecho de que esto [el aumento de los gastos miitares] no se pueda hacer mediante subidas de impuestos es importante”, señala uno de los consejero del gobierno.

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