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Día: 28 de febrero de 2025 (página 1 de 1)

Renault tendrá que pagar más de mil millones de euros para volver a Rusia

Renault abandonó Rusia en 2022 y tendrá que enfrentarse a una dura situación económica si quiere volver. El monopolio francés vendió su participación del 68 por cien en Avtovaz y Lada por un rublo simbólico en NAMI (Central Automobile and Engine Research and Engine Research and Development Institute), que es un instituto de investigación ruso especializado en la industria automotriz.

Según el presidente del grupo Avtovaz, Maxim Sokolov, tendrá que compensar las inversiones realizadas en su ausencia, estimada en unos 1.100 millones de euros.

Antes de su retirada, Renault inyectaba entre 200 y 220 millones de euros al año para modernizar la producción de Avtovaz. Pero desde su marcha, la empresa rusa ha aumentado significativamente sus inversiones: 275 millones de euros en 2023, casi 400 millones de euros en 2024 y este año las previsiones son de 450 millones de euros, al menos.

Las cantidades comprometidas por Avtovaz superan ahora con creces las inversiones anuales medias realizadas por Renault antes de su retirada.

Sokolov advierte que si Renault planea regresar a Rusia, la factura será elevada. El precio de entrada no será igual al precio de salida, subrayó. La marca francesa no podrá recuperar sus activos sin tener en cuenta las inversiones realizadas por Avtovaz para continuar su desarrollo.

Renault cedió sus instalaciones rusas en 2022 para cumplir las sanciones económicas contra Rusia. Sus acciones en Avtovaz fueron transferidas al Instituto NAMI, bajo la supervisión del Ministerio de Industria y Comercio de Rusia, mientras que su fábrica en Moscú pasó bajo control municipal.

Si Renault quiere volver no solo tendrá que negociar con el gobierno ruso, sino pagar el coste de las inversiones realizadas durante su ausencia. Una ecuación compleja que podría ralentizar su regreso al mercado ruso.

No hay ningún acuerdo entre Estados Unidos y Ucrania para pagar las armas con los minerales

Después de los insultos de Trump a Zelensky, ambos han llegado a un confuso acuerdo para que Ucrania pague su deuda con Estados Unidos con sus yacimientos minerales, aunque los medios no han sido capaces de concretar ningún detalle.

No está clara la cuantía de la “ayuda” que Estados Unidos ha prestado hasta la fecha a Ucrania, aunque se habla de 350.000 millones de dólares. Tampoco se sabe la cantidad a devolver. No se sabe si el dinero acabará en el Tesoro público, o en la reconstrucción de la posguerra, o en los bolsillos de las empresas. No es posible decir qué yacimientos estarán destinados al pago de la deuda, aunque algunos aseguran que la producción de petróleo y gas han quedado fuera.

Algunas fuentes aseguran que Ucrania creará un fondo, que depositará el dinero en él y que Estados Unidos sería el propietario del mismo, al menos en parte. Se habla de la mitad, incluida la propiedad de las empresas mineras ya existentes.

Huele a podrido. Parece una campaña de imagen para rebajar la tensión: Kiev y Washington están de acuerdo pero dejan los detalles para después de la guerra. Es decir, no hay tal acuerdo.

Las minas ucranianas son una ocurrencia de Zelensky

La entrega de las minas ucranianas a cambio de las armas estadounidenses fue una propuesta de Zelensky del otoño pasado, cuando el gobierno de Biden todavía estaba en la Casa Blanca y el Congreso era reacio a aprobar más paquetes de “ayuda”. Además de dar otra muestra de servilismo, Zelensky quiso ponerles un cebo en la boca; la codicia de los capitalistas haría el resto.

Pero mientras Trump habla de 350.000 millones de dólares, Zelensky valora las entregas en 70.000 millones y dice, además, que fueron donaciones a fondo perdido, no préstamos a devolver.

Cuando Zelensky pone como cebo a los minerales, lo que quiere no es pagar las armas del pasado sino comprar las del futuro. Eso hay que entenderlo también en el sentido de que los minerales servirían para pagar el coste de la reconstrucción del país. Todo el paquete, el pasado y el futuro, llegaría a los 500.000 millones de dólares, que es una cifra que Zelensky ha lanzado al aire, como tantas otras.

El baile de cifras

No hay una cifra sobre lo que Estados Unidos ha suministrado realmente a Ucrania por una razón bien simple: las cifras que se han barajado hasta ahora son falsas. En el pasado se redujeron porque era necesario aprobar las “ayudas” y en el futuro hay que inflarlas porque ha llegado el momento de cobrar. Lo que antes era “ayuda” ahora es botín de guerra.

Zelensky se ha pillado los dedos con su baile de cifras. La “ayuda” de Estados Unidos a Ucrania incluye el pago de los sueldos de los funcionarios en los últimos tres años. El propio Zelensky ha reconocido que el costo de pagar los sueldos de los funcionarios ucranianos y las pensiones de los jubilados es de 8.000 millones de dólares al mes. En tres años la cifra se acerca a los 300.000 millones, sin incluir la “ayuda” militar.

En total, es probable que la cuantía de la deuda oscile entre 300.000 y 400.000 millones de dólares. Pero en Estados Unidos los medios hablan de 500.000 millones. La diferencia no sería una deuda sino el coste de la reconstrucción de Ucrania después de que termine la guerra.

En cualquier caso, es obvio que estamos en presencia de un cambalache absurdo porque el reparto del botín ucraniano no puede ser anterior a la terminación de la guerra, que es el primero y único acuerdo auténtico para acabar con la guerra.

Estados Unidos quiere cobrar de Ucrania y la Unión Europea de Rusia

Los europeos no negociaron su “ayuda” con Zelensky sino con Biden. El acuerdo al que llegaron fue que los 150.000 millones de dólares proporcionados a Ucrania no eran donaciones sino préstamos, que Kiev tendrá que devolver algún dia.

Por lo tanto, a pesar de la charlatanería, los países europeos nunca han ayudado realmente a Ucrania. Además, acaban de anunciar otro préstamo de 20.000 millones de dólares para permitir al ejército ucraniano proseguir la guerra hasta el verano.

Por el otro lado están los 300.000 millones de dólares en activos robados a Rusia que están en poder en los bancos europeos. Si los países europeos creen que van a destinar esos activos para cubrir el costo de la reconstrucción de Ucrania, como han sugerido, están equivocados, y lo veremos en el acurdo de paz que se firme… si es que se firma alguno y si es que se firma con los europeos.

En la reconstrucción, que es el segundo botín de guerra, querrán participar empresas europeas, que cobrarán con dinero ruso. Por lo tanto, parece que Estados Unidos quiere cobrar de Ucrania y la Unión Europea de Rusia.

No sería un mal chanchullo si no fuera porque las empresas estadounidenses están muy presentes en Ucrania desde el Golpe de Estado fascista de 2014 y querrán su parte en el botín de la reconstrucción. Hay cientos de filiales de empresas estadounidenses y muchos negocios ucranianos son propiedad indirecta de bancos y especuladores estadounidenses. El fondo de 500.000 millones de dólares que Trump quiere crear para Ucrania va a ir a parar a las empresas estadounidenses que operan en Ucrania.

Otra cuestión que no puede pasar desapercibida: si Trump llega a un acuerdo con los rusos, querrá quedarse con una parte al menos de la reconstrucción de Crimea, el Donbas y demás zonas que queden en poder de Rusia. Putin también ha abierto esa puerta y no sólo se ha referido a que Rusia posee minas de tierras raras que puede compartir con Estados Unidos, sino a algo más general: después de la firma del acuerdo de paz, están dispuestos a recibir inversiones de capital procedentes de Estados Unidos.

Como es evidente, ahora en Ucrania se habla más de dinero que de armas y puede dar la impresión equivocada que ambas cosas son diferentes. Sin embargo, en la mesa negociadora las partes van a hablar de ambas cosas porque las dos se tienen que resolver al mismo tiempo.

Lo contrario es vender la piel del oso antes de cazarlo.

La congelación de la ‘ayuda’ exterior de Estados Unidos frena la desestabilización en Irán

Ayer el Tribunal Supremo convalidó el decreto de Trump congelando la “ayuda” exterior, lo que comprende al fondo NERD (Near East Regional Democracy) del Departamento de Estado, que durante más de diez años ha gastado en secreto cientos de millones para desestabilizar Irán.

La congelación del flujo de dinero ha sumido en el caos al caballo de Troya iraní.

El año pasado Biden pidió 65 millones de dólares para el fondo con el fin de promover disturbios en Irán, incluyendo 16 millones de dólares para promocionar “la libertad en internet” (1).

El fondo fue creado en 2009 para Oriente Medio y no está claro si es un nuevo formato del Fondo para la Democracia de Irán, creado por Bush en 2006 con el objetivo explícito de derrocar al gobierno iraní. Los detalles de sus operaciones y beneficiarios no siempre son públicos, aunque están muy centrados en Irán.

Aparentemente la iniciativa fue abandonada por Obama tres años después aunque, de hecho, fue rediseñado, como mostró un reportaje del New York Times en 2011. Le sustituyó la iniciativa “Libertad en internet”, que pretendía desplegar redes digitales anónimas para que la oposición pudiera comunicarse en Irán, pero también en Siria y Libia.

La intoxicación en las redes sociales

Washington trataba de crear una legión de profesionales de la desestabilización en Irán y proporcionarles los recursos telemáticos necesarios para coordinarse clandestinamente. Las referencias del informe del Congreso al programa “Libertad en internet” demuestran que las manipulaciones en las redes sociales siguen hasta hoy.

Un informe publicado en 2020 por el Proyecto para la Democracia en Oriente Medio, con sede en Washington, indica que el descrédito del NERD había llegado a tal punto que había organizaciones que evitaban cuidadosamente cualquier contacto con el fondo.

Aquel mismo año el Financial Times informó que las actividades del NERD se intensificaron en la etapa anterior de Trump en la Casa Blanca para alentar las protestas en Irán. Elaboraron aplicaciones informáticas e instalaron servidores para intoxicar, ayudar a la desestabilización, acceder a sitios web censurados y evitar el rastreo de la policía iraní.

Curiosamente, al tiempo que describía a Irán como una “prisión digital”, por la censura, el Financial Times admitía que las principales redes sociales occidentales son accesibles en Irán y que la población puede consultar fácilmente los medios occidentales.

Anonimato en internet: sí, o no, o depende

Como de costumbre, los receptores del dinero del NERD no aparecían, con la excepción de Psiphon, un proveedor de VPN (redes digitales anónimas) asociado durante mucho tiempo con figuras desacreditadas de la oposición iraní en el exilio, y controlados por el OTF (Open Technology Fund).

Originalmente, el OTF arrancó en 2012 como una criatura de Radio Free Asia, uno de aquellos subproductos del programa “Libertad en internet”. A su vez Radio Free Asia fue fundada y financiada en 1950 por la CIA dentro de una operación de propaganda anticomunista de la Guerra Fría.

No obstante, sólo tres millones de iraníes usan Psiphon, menos del cuatro por ciento de la población.

En 2019 el OTF se convirtió en un tinglado oscuro sin ánimo de lucro que sigue recibiendo fondos del gobierno de Estados Unidos, principalmente a través de la Agencia de Estados Unidos para los Medios Mundiales (USAGM).

Uno de los cabecillas del OTF ha confesado abiertamente que su plan es desestabilizar al gobierno iraní. Algunos, como Pedro Sánchez, quieren acabar con el anonimato en internet, pero el discurso cambia cuando se trata de ciertos países, como Irán, donde se trata de impulsar el anonimato a toda costa.

En septiembre del año pasado, Biden aumentó la financiación para el NERD porque los 55 millones de dólares invertidos el año anterior no produjeron la agitación esperada durante las elecciones. Se celebró una reunión de la Casa Blanca con algunos de los mayores monopolios tecnológicos (Amazon, Cloudflare, Google y Microsoft), para pedirles que ampliaran el ancho de banda para el OTF.

Como explicó Laura Cunningham, directora de la OTF, la mayor parte del presupuesto se destina a albergar el tráfico de la red generado por su amplia gama de aplicaciones anónimas de desestabilización digital, entre ellas Signal y Tor.

El OTF ha apoyado a los fabricantes de este tipo de aplicaciones informáticas, pero no tiene los recursos suficientes para hacer frente al aumento de la demanda. Por ello los monopolios tecnológicos aceptaron la petición de la Casa Blanca y le ampliaron el ancho de banda.

Las presiones del gobierno de Estados Unidos han sido fundamentales para que las grandes empresas tecnológicas presten sus servicios a los desestabilizadores profesionales de Irán.

Trump desestabiliza los planes de desestabilización

Pero al congelar la “ayuda” exterior, Trump ha desorganizado los planes del NERD para desestabilizar Irán. Un informe publicado el 27 de enero en el periódico Iran International, financiado por Arabia saudí y hostil a la República Islámica, mencionó a muchos de los receptores anónimos de los fondos estadounidenses.

El reportaje deploraba que los subsidios hubieran sido interrumpidos, incluyendo aquellos que estaban destinados a “medios extranjeros de comunicación en lengua persa”.

Las redes digitales anónimas (VPN) proporcionadas por Estados Unidos, que utilizan unos 20 millones de iraníes, también han quedado paralizadas por la congelación de fondos. Una ONG financiada por la CIA reconocía al periódico que “en Irán hoy internet no tiene ningún sentido sin VPN” (3). Como los demás recursos tecnológicos que utiliza la oposición iraní, dependen enteramente del patrocinio de Washington para funcionar.

Pero las consecuencias de la congelación de los fondos no se limitan a las herramientas para intoxicar a través de las redes sociales. Si el dinero del NERD no vuelve a fluir en el plazo de un mes, el caballo de Troya iraní desaparecerá casi por completo. Incluso si la ayuda del NERD se reanuda, las consecuencias serán irreversibles porque muchos iraníes nunca volverán a usar los servicios digitales que presta Estados Unidos.

The Cradle cree que el fin de la injererencia de Washington en Irán podría crear nuevas oportunidades para un compromiso diplomático entre ambas partes. Es complicado, pero no imposible. Después de gastar 600 millones de dólares en diez años en fomentar la desestabilización, sin mucho éxito, Estados Unidos también podría probar nuevas tácticas golpistas, aún más contundentes.

(1) https://thecradle.co/articles/leaked-documents-expose-us-interference-projects-in-iran
(2) http://news.bbc.co.uk/2/hi/middle_east/8315120.stm
(3) https://www.peace-mark.org/en/articles/165-11-2/

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