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Día: 10 de febrero de 2025 (página 1 de 1)

‘No le digais a mi madre que me he quedado ciego’

El palestino Muhammad Barrash pasó 22 años de su vida en las cárceles israelíes, sufriendo ceguera, dolor y desatención médica. Fue liberado finalmente el sábado. Su historia es la de un sufrimiento inimaginable. En 2002 un proyectil israelí cayó en el corazón de Ramallah, en Cisjordania. La explosión le arrancó la pierna izquierda, le dañó la derecha y lo dejó parcialmente ciego. Al año siguiente el ejército israelí lo capturaron. Fue condenado a tres cadenas perpetuas más 40 años adicionales.

La prisión empeoró su sufrimiento. Un año después de su detención, Barrash perdió la vista por completo. Su ojo derecho herido se deterioró debido a problemas médicos no tratados. Pero le ocultó este secreto a su madre: “No le digais a mi madre que me he quedado ciego”, escribió en 2012 en una carta desde la prisión. “Ella me ve, pero yo no la veo a ella. Sonrío y finjo cuando ella muestra las fotos de mis hermanos y amigos. No sabe que la oscuridad se ha apoderado de mí”.

Durante años, los carceleros israelíes le negaron atención médica. Esperó interminablemente un trasplante de córnea, pero la intervención nunca tuvo lugar. Su cuerpo tenía las cicatrices de la metralla de guerra incrustadas en su carne, y el estado de su pierna derecha se deterioró. En 2021 descubrió que los carceleros israelíes le habían dado medicamentos para el colesterol caducados, lo que empeoró su estado.

Mientras tanto, su madre esperaba. Luchó para poder visitarle y soñaba con verle libre. El sábado su hijo salió de prisión. Ya no está tras las rejas, pero está marcado para siempre por los años de abandono y sufrimiento que soportó.

Su liberación se produce dentro de la primera fase del acuerdo de intercambio de prisioneros entre la resistencia palestina e Israel. Para muchos, la biografía de Barrash simboliza las brutales condiciones a las que están sometidos los presos palestinos en las cárceles israelíes.

A pesar de la ceguera, las heridas y el sufrimiento, Barrash sobrevivió. Es libre, pero las cicatrices son indelebles.

Torturas sin precedentes

Las desgarradoras experiencias de los presos palestinos en las cárceles israelíes han sido durante mucho tiempo un motivo de preocupación internacional. Informes recientes indican una preocupante escalada de la tortura y los malos tratos.

Según la Asociación de Presos Palestinos, los reclusos liberados en el reciente intercambio muestran signos de torturas y hambre “sin precedentes”. Los presos liberados llevan monos de prisión de color gris manchados, evidencia de abusos prolongados. Los testimonios revelan que muchos de ellos han sido brutalmente golpeados, tenían costillas rotas, sufrieron una desatención médica sistemática y fueron privados de comida deliberadamente. Algunos sufren de enfermedades de la piel no tratadas, como sarna, que se agravan por el duro ambiente carcelario.

Los palestinos detenidos tras las matanzas israelíes de octubre de 2023 en Gaza han sido sometidos a un trato brutal. 34 de ellos han muerto en circunstancias inexplicables o como resultado de supuestos ataques cardíacos mientras permanecían detenidos. Los supervivientes han detallado palizas horribles, desnudos integrales y otros métodos de tortura. Los relatos sugieren que algunos fueron torturados hasta la muerte, lo que ha provocado querellas judiciales internacionales contra Israel.

Amnistía Internacional también ha observado un marcado aumento de las detenciones administrativas por parte de los israelíes, lo que conduce a encierros arbitrarios de palestinos en toda la Cisjordania ocupada. La organización denuncia que los detenidos son sometidos a tratos inhumanos y degradantes y que los casos de tortura y muertes bajo detención no se investigan. Este tipo de abusos evidencia un problema sistemático dentro del sistema represivo israelí.

La policía británica quiere acceder a las informaciones de los usuarios de Apple

Una orden de la policía británica exige el acceso secreta a las copias de seguridad de Apple protegidas en la nube en todo el mundo. Quieren que Apple les deje abierta una puerta trasera que les permita recuperar todo el contenido que cualquier usuario de la empresa en el mundo haya archivado en sus servidores.

La orden no sólo permite revisar el material cifrado de una determinada cuenta, sino todos los contenidos archivados.

La oficina del Secretario del Interior entregó a Apple un documento llamado aviso de capacidad técnica, ordenándole proporcionar acceso bajo la Ley de Poderes de Investigación de Gran Bretaña de 2016, que permite a la policía exigir asistencia a las empresas cuando sea necesario para reunir pruebas.

La ley, llamada “Carta de Espionaje” por sus críticos, convierte en delito penal revelar que el gobierno ha hecho tal solicitud, por lo que la vulneración de derechos se tiene que mantener en el más estricto secreto.

El gobierno de Biden ha estado siguiendo el caso de cerca desde que Reino Unido indicó por primera vez a la multinacional que quería tener libre acceso a los documentos archivados en la nube.

Apple dijo que se negaría, pero no porque se haya empeñado en defender los derechos fundamentales de sus usuarios, sino para defender un área de negocio. Hay archivos que no se pueden poner a la vista de todos, ni siquiera de la policía, ni siquiera con autorización judicial.

Es más, a Apple no le permiten advertir a sus usuarios que su sistema de cifrado ya no es seguro, por lo que la empresa tiene que vender un producto falsificado. El usuario paga por cifrar unos documentos que, en realidad, quedan al descubierto.

Desde los primeros días de internet, las múltiples centrales de espionaje, así como la policía, han exigido acceso libre a todos los datos que circulan por la red. El cifrado de cabo a rabo (de “extremo a extremo”, lo llaman los informáticos) dificulta la labor de control y vigilancia de la población.

Algunos países exigen “puertas traseras” a las empresas, que luego aprovechan otros. Se crea así un mercadillo de segunda mano de documentos que deberían ser confidenciales y que acaban en manos de cualquiera: de cualquier policía, de cualquier país, de cualquiera que tenga poder o dinero para apoderarse de ello.

Ocurrió en Grecia en 2004. Supuestos “piratas informáticos” interceptaron conversaciones telefónicas del primer ministro y de altos funcionarios políticos, policiales y militares del país, y las grabaciones acabaron pasando de las manos de unos a las de los otros.

Lo mismo cabe decir de Pegasus, un programa de espionaje del que disponen las policías de todos aquellos países que han podido permitirse pagar el precio a Israel.

Si un sistema de comunicación abre una puerta trasera, será utilizada no sólo por un determinado gobierno o una determinada policía, sino por otros.

La pretensión británica no tiene precedentes en ningún país del mundo. Desde el siglo XVI en Inglaterra enseñan que “Mi casa es mi castillo”, pero cuatro siglos después es una frase vacía. El derecho a la intimidad desaparece muy rápidamente y tras él irán desapareciendo todos los demás derechos y libertades fundamentales.

En diciembre, en una rueda de prensa conjunta de dirigentes del FBI, un miembro del Departamento de Seguridad Nacional instó a los estadounidenses a no confiar en el servicio telefónico estándar para defender su intimidad y a usar servicios cifrados de cabo a rabo.

Ese mismo mes, el FBI, la Agencia de Seguridad Nacional y la Agencia de Seguridad Cibernética y de Infraestructura recomendaron docenas de medidas para prevenir una sopuesta ola de piratería informática china.

—https://www.bbc.co.uk/news/articles/c20g288yldko https://www.washingtonpost.com/technology/2025/02/07/apple-encryption-backdoor-uk/

Los países bálticos se desenganchan de la red eléctrica rusa

Aunque está de moda hablar de “geopolítica”, son los mercados, los gasoductos, las redes eléctricas y los puertos los que dibujan los mapas políticos, más que las propias fronteras.

En el este de Europa los suministros de electricidad se diseñaron de una manera que no siempre es posible cambiar rápidamente. En Moldavia, Hungría, Eslovaquia y otros países lo padecen cada día.

Los países dependen uno de otros para el suministro energético y no siempre les permiten elegir al vendedor. La Unión Europea presiona para que ciertos países del este no reciban suministros de Rusia. Hay veto que se justifica con la retórica de la “dependencia” porque Bruselas pretende que dependan de cualquiera, excepto de Rusia.

En Europa oriental la reconfiguración de las redes de suministro no se hizo tras la caída del Telón de Acero en 1990 porque los mercados energéticos no entienden de mutaciones políticas ni de fronteras, sobre todo si los países son títeres cuyos hilos los mueven desde Bruselas, como ocurre con los tres países bálticos.

Estonia, Letonia y Lituania han iniciado ahora una transformación radical de su infraestructura energética, para reafirmar su sumisión a la OTAN y a la Unión Europea, aunque sea a costa de pagar un sobreprecio. El sábado se desconectaron de la red eléctrica rusa.

Fue una operación técnica compleja, fruto de varios años de preparación, que ha costado 1.600 millones de euros. Se llevó a cabo en medio de unas medidas de seguridad paranoicas, que se justificaron con el pretexto de unos posibles “sabotajes rusos” que se han puesto de moda en todo el continente europeo desde los cortes de los cables submarinos en el Mar Báltico, en los que han llegado a involucrar a China.

Los helicópteros y drones polacos vigilaron las conexiones, mientras que la policía y los voluntarios estonios se encargaban de las infraestructuras críticas. La desconexión incluyó una fase de pruebas en modo aislado de 24 horas, que debía permitir a los tres países comprobar la estabilidad de sus redes antes de la integración final en el sistema europeo a través de Polonia.

Antes la electricidad procedía del este y ahora procede del oeste, aunque en los tres países bálticos sólo hablan de una “independencia” que no existe. ¿No habían logrado la independencia en 1990? ¿no es una dependencia distinta?

La presencia de Ursula von der Leyen en las celebraciones previstas en Vilnius subraya que no se trata sólo de un mero cambio de la empresa suministradora. Es más que el simple cambio de una infraestructura. Es el símbolo de un nuevo rumbo político. En 2022 los tres países cesaron las compras de electricidad y gas rusos, pero su dependencia persistía a través del control de Moscú de la frecuencia de la red, un elemento vital para industrias que requieren un suministro estable.

Al final todo se resume en unan factura mensual. De momento, los tres gobiernos han tranquilizado a la población: los cambios “técnicos” no afectarán a los precios. A la población hay que acostumbrarla con pequeños cambios, sobre todo cuando al final las familias tienen que pagar el precio.

En los tres países bálticos la inflación ha sido brutal en los últimos diez años, del orden del 40 por cien. La caída del nivel de vida ha sido muy importante y el fardo del suministro eléctrico no se podía añadir a la cesta de la compra, al menos de momento.

Mientras tanto, los tres países bálticos no van a enganchar su red al enclave ruso de Kaliningrado, que ahora tendrá que operar aisladamente, incluso de la red rusa.

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