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Día: 9 de diciembre de 2024 (página 1 de 1)

El gobierno de Siria resistió 13 años y cayó en 13 días

La Siria que una vez conocimos, ya no existe. Lo que está en juego es su subsistencia como Estado. En su forma actual, el país fundado en 1946, podría desaparecer completamente del mapa de Oriente Medio.

Lo que hay que explicar no son sólo los motivos de la caída del gobierno de Bashar Al Assad, sino también la rapidez con la que se ha producido. No tiene sentido que una guerra que se prolongó durante 13 años termine con una ofensiva de apenas 13 días.

El detonante principal ha sido que la dirección política de Siria estaba dividida, de lo que se desprende una labor de zapa de los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel, que comprende la traición de una parte de la cúpula y, desde luego, de ciertas unidades del ejército.

Esa división interna paralizó la capacidad de resistencia, lo que explica la rapidez con la que se han desenvuelto los acontecimientos.

El gobierno sirio también bajó la guardia como consecuencia de los cantos de sirena que recibió por parte de la Liga Árabe y, especialmente, de los padrinos saudíes. Desde 2021 Bashar Al Assad fue invitado y recibido en los países árabes con toda clase de ceremoniales.

Los países del Golfo le prometieron que los terroristas iban a permanecer en Idlib, así como una ayuda económica a fondo perdido. Las garantías fueron confirmadas por las potencias occidentales, pero las promesas nada tenían que ver con la realidad: las sanciones de Europa y Estados Unidos siguieron repercutiendo en la sociedad siria.

Mientras los terroristas se fortalecían en Idlib, el ejército sirio también quedó anestesiado por los Acuerdos de Astaná entre Rusia, Irán y Turquía, comprometidos a contener a los yihadistas en Idlib.

Antes del inicio de la guerra en Líbano, Irán advirtió repetidamente a los sirios del fortalecimiento de los terroristas en Idlib. “Teníamos información de que HTS iba a atacar Alepo desde Idlib. Toda la información se transmitió al gobierno sirio. Lo que nos sorprendió fue la incapacidad de las fuerzas sirias para enfrentarse al HTS, la reacción del ejército y la inesperada rapidez de los acontecimientos. El propio Bashar Al Assad se vio sorprendido por su ejército”, ha dicho hoy el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi.

El martes de la semana pasada Araqchi dijo que estaban dispuestos a enviar de tropas a Siria para luchar contra los terroristas, si así lo solicitaba el gobierno sirio. El ofrecimiento cayó en saco roto porque el gobierno de Damasco confiaba en las promesas de los países árabes y de Occidente.

Este proceso continuó hasta las últimas horas de la caída de Assad. La presencia de funcionarios iraníes al más alto nivel para negociar con él demostró la seria determinación de Irán de fortalecer a Damasco. Pero Assad cometió un error estratégico al confiar en promesas de otros países árabes y de Occidente.

Hasta el último minuto, Irán intentó convencer a Assad de la gravedad de la situación, que se dio cuenta demasiado tarde de que las promesas de La Liga Árabe y las potencias occidentales eran falsas.

“Sabíamos que era un plan de los Estados Unidos y el régimen sionista, pero en el terreno y en la inteligencia, nuestros amigos estaban completamente al tanto de los movimientos en Idlib, y toda la información se transmitió al gobierno sirio”, ha añadido Araqchi. “Creo que el ejército sirio había sido capturado por la guerra sicológica”.

En los últimos años el ejército sirio fue desmantelado progresivamente, perdiendo su capacidad de combate, lo cual sólo en parte se explica la labor de zapa de los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel.

En 2018 Rusia le propuso al gobierno sirio reformar el ejército, ofreciéndose a suministrar nuevos equipos a crédito. Los sirios rechazaron la propuesta.

Las bajas en filas se contaron por cientos de miles, al menos 230.000. Actualmente el ejército árabe sirio tenía un componente de cerca 300.000 efectivos. Todos los comandantes sirios de combate que lucharon con el ejército ruso desde 2015 fueron destituidos de los puestos de mando del ejército regular. Las unidades entrenadas fueron disueltas. Durante el año pasado se nombraron nuevos comandantes en todas las divisiones y brigadas en las zonas de Alepo, Idlib y Hama. Todos ellos desertaron con sus soldados.

Por el contrario, después de años de adiestramiento en Idlib, los yihadistas sirios, muchos de ellos mercenarios extranjeros, estaban excepcionalmente bien armados y equipados. Contaban con drones, artillería, comunicaciones Starlink, mando profesional e incluso equipos de visión nocturna.

Organizar el proletariado, defender su salud

Las revoluciones políticas, de ordinario frecuentes, suelen surgir de improviso, y su influjo no perdura. Son fuegos fatuos, y de ellas, sólo excepcionalmente, los pueblos obtienen beneficios positivos. Por regla general, no responden a las esperanzas que en ellas pusieron los que para promoverlas realizaron proezas y llegaron a sacrificar sus propias vidas. Las revoluciones que pueden llamarse sociales son contadas y se produjeron después de largos lapsos de tiempo y cada uno de ellos ha señalado un período histórico
(Santiago Valentí. Las sectas y las sociedades secretas a través de la historia. 1912)

“Una célula es una complicadísima maquinaria que lleva en su interior un programa y los mecanismos necesarios para ejecutar sus instrucciones: transformación de energía, redes de información y regulación, generación de estructuras internas y externas, protección contra sustancias extrañas… Pero esta máquina, además de funcionar de manera autónoma, tiene una peculiar capacidad: sus instrucciones permiten su propia reproducción”
(Máximo Sandín. Lamarck y los mensajeros. 1995)

Durante años, siglos, el proletariado ha podido subsistir a pesar de la permanente explotación, gracias a su capacidad de organización.

Organización, de la cual el núcleo primario ha sido la familia tradicional, con todas sus deficiencias y las prácticas autoritarias del “jefe de familia”, pero a pesar de todo, ha sido un reducto en el cual, si bien ha existido y existe todavía un orden jerárquico que se denomina patriarcado, ha estado también el lugar en el cual, con la colaboración de todos sus miembros se han superado momentos extremadamente difíciles derivados de los continuos cambios organizados por el capital, con sus consecuencias de pobreza, precariedad, y el hambre en muchas ocasiones. Ha sido la célula básica para la supervivencia y reproducción.

Del mismo modo, la tarea organizativa basada en una estructura celular, dentro de las formaciones revolucionarias ha sido el elemento fundamental tanto para el mantenimiento de éstas, como para multiplicar su influencia en el seno de la sociedad y como reproductoras de militantes. Ha jugado un papel clave en la formación de la conciencia de clase entre el proletariado, en su organización como clase social y el mantenimiento de ésta de forma sostenida.

Hace falta una pregunta: ¿Organización comunista, para qué? ¿Para mejorar las condiciones de venta de la fuerza de trabajo? ¿Para construir una nueva sociedad?

Si es para mejorar las condiciones mercantiles de la venta de la fuerza de trabajo tal vez no hace falta un tipo de organización de este tipo, basta con aceptar la democracia representativa y los mecanismos derivados de ella: sistemas electorales, peso específico de los representantes (diputados, concejales, etc.), organizaciones sindicales, y otras autorizadas con el objetivo de realizar alguna que otra mejora dentro de los límites establecidos que tienen su punto y final en la sacralidad de la propiedad privada de la tierra y de los medios de producción.

Si es para construir una nueva sociedad la cosa ya es más complicada, pues el objetivo debe ser organizar personas y con ellas su compromiso firme de transformación social. Esta apuesta comporta una serie de mecanismos de funcionamiento, los cuales suponen un ejercicio de responsabilidad personal y colectiva enmarcada en una trayectoria coherente con el objetivo final. Este acto de responsabilidad supone la aceptación de querer formar parte de una clase social capaz de realizar esta transformación en todos los ámbitos de la vida.

Una de las fuerzas principales, tal vez la más poderosa, que ha hecho triunfar las revoluciones, no ha sido la material, pues en este plano toda revolución es más débil que el Estado. La principal fuerza de una revolución ha sido su fuerza moral, la perspectiva de conseguir un bien común para la mayoría de la sociedad y la impresión que ha causado en millones de personas por su atractivo liberador. Y esta fuerza depende de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Sin esta fuerza moral nunca hubiera sido posible ninguna revolución.

La experiencia histórica colectiva acumulada, ha tenido sus momentos de fortaleza cuando ha sido basada en la célula, ya sea ésta legal, semilegal o clandestina. Una unidad básica inserta en medio de un colectivo ya sea en un centro de trabajo, de estudio, militar, cultural, asociativo, vecinal…

Lo cierto es que la fragmentación de los centros productivos ha comportado una serie de problemas, agraviados por las modificaciones de las condiciones de trabajo, las movilidades funcionales y geográficas, las jornadas continuadas con descansos personalizados, los trabajos a tiempo parcial, fijos discontinuos, temporales, a domicilio, de subcontratos, etc. Todo ello tiene que hacer replantear la estructura celular basada casi exclusivamente en los grandes centros industriales.

La producción industrial y manufacturera se ha alejado de las sociedades ricas de los centros imperialistas, y nuestro país está dentro de estos centros, y como resultado la estructura organizativa que puede ser viable en otras sociedades de la periferia no puede ser aplicada a la nuestra. Asimismo pasa con la proletarización del la agricultura que aquí tiene unas características totalmente diferentes de las que puede tener Asia, África o América Latina.

Así la constitución de una célula comunista no puede ser una elaboración teórica inmutable en el tiempo y el espacio, sino una estructura dinámica y dialéctica que debe tener en cuenta las dificultades objetivas en que se puede encontrar derivadas de las condiciones concretas en que viven y trabajan las personas integrantes de la misma. Debe tener presente la formación política e ideológica de las personas que la integran, pues puede ocurrir que experiencias en otros tipos de organizaciones (sindicatos, asociaciones, etc.) haga que, inconscientemente, transmitan valores que corresponden a la clase antagónica.

Si se llega a la conclusión de la necesidad de organizar una célula comunista se tendrían que tener en cuenta unas cuestiones: La identificación de sus componentes en un proyecto determinado y siempre en correspondencia con un hito final, la construcción de un nuevo tipo de sociedad y de relaciones, donde la ética del ser –individual y colectiva- supere la ética del tener. Y, la exigencia de tener criterio propio como condición de militante.

Estos criterios deben presidir las tareas dentro del llamado movimiento obrero, entendido éste como el conglomerado diverso antes referido. La clase no nace, la clase se hace y la tarea de los comunistas es precisamente la de organizar a los proletarios como clase social para encabezar una revolución social que tenga en su horizonte algo más que mejoras materiales.

Como expresa Santiago Valentí: “A poco que se analice la evolución de las sociedades, se comprenderá porqué las revoluciones políticas se han repetido en un mismo pueblo durante una centuria, y porqué, en cambio, han transcurrido algunos siglos sin registrarse una sola revolución social. La razón es obvia; las primeras son obra de un partido o cuando más de una coalición de elementos políticos, unidos por un objetivo común, que consiste en derribar los poderes constituidos; en cambio, las revoluciones sociales revisten tal complejidad, suponen tal cúmulo de factores y de fuerzas en tensión, alcanzan tales proporciones, que su influjo trasciende más allá del territorio donde tuvieron lugar, y son no sólo una enseñanza para todo un país y toda una época, sino también un ejemplo para la humanidad entera”.

En el momento actual, la base sólida para recuperar y rehacer un movimiento revolucionario debería tener como eje de actuación inmediato, la organización celular de los militantes comunistas. Una célula comunista debe ser antagónica con una “ludoteca política”, tan de moda por parte de las llamadas izquierdas.

La lección que podemos sacar de todo esto, es que por un lado la organización es una herramienta para el mantenimiento, fortalecimiento y reproducción de los comunistas. Pero si el partido tiene como objetivo la organización para su propio mantenimiento, sin la vista puesta en los objetivos a largo plazo, aparece la instrumentalización y la carencia de canales para la elaboración y decisión en la toma de decisiones por parte de los militantes, el resultado no es otro que su autodestrucción.

¿Qué organización ante la fábrica sin humo llamada ‘sector servicios’?

Mientras las empresas estaban ubicadas en el medio urbano existía una simbiosis entre lo que sucedía en la empresa y lo que sucedía en el lugar de residencia. Cualquier problema en el tejido social repercutía dentro de los centros de trabajo y a la inversa. Este contexto perduró hasta los años 70 del siglo XX. A partir de entonces se realizó una gran operación de reestructuración del capital: se inventaron los “peligros” que representaban las industrias en los centros poblacionales, y a partir de este panorama se trasladaron a los polígonos industriales. En esta magna operación, unas empresas aprovecharon para cerrar, otras consiguieron la recalificación de sus terrenos al pasar de zona industrial a zona urbana edificable, multiplicando por mil el precio del metro cuadrado de terreno. Al mismo tiempo una concesión a los campesinos que disponían de tierra alrededor de las ciudades, los cuales vieron multiplicado el precio de sus terrenos al pasar de la calificación de rural a industrial. Los únicos perdedores de esta operación fueron los trabajadores, unos despedidos, otros obligados a la compra de vehículo para llegar a su puesto de trabajo, otros buscando una vivienda algo más cerca de los polígonos. Paralelamente se desestructuraron los barrios tradicionales obreros, ya sea por los cambios de residencia, ya sea por la llegada de nuevas gentes, inmigrantes sobre todo, que no tenían ninguna vinculación ni de amistad, ni cultural con los autóctonos que quedaban.

Bares, restaurantes, tiendas para todo tipo de baratijas, oficinas, empresas de limpieza, comercios outlet, peluquerías, manicuras, agencias de viajes, bricolajes, etc., conformaron una red difusa en la cual se mueve un proletariado desorientado, sin vinculación estrecha con el vecindario y con apenas vinculación con los cientos de pequeños talleres o empresas ubicadas en los polígonos industriales.

Fue el inicio del auge del llamado sector servicios, término abstracto en el cual se integran tanto el director de un banco como una mujer de la limpieza, cajera de supermercado o los repartidores a domicilio. En 2023 el sector servicios representó más del 68 por cien del PIB español.

Considerando la distribución de las empresas españolas por sectores de producción (excluida la agricultura y la pesca), el 82,8 por cien ejerce su actividad en el sector servicios (incluyendo el 20,2 por cien en comercio), el 11,8 por cien son empresas del sector construcción y el 5,5 por cien del sector industrial.

Estos grandes cambios han afectado la salud del proletariado. De hecho, la salud no es un concepto unívoco sino una construcción sociocultural relativa en cada momento histórico. Con independencia de la época en que se generaron, en la actualidad estas concepciones conviven contradictoriamente, orientando toda la gama de prácticas sociales y sanitarias.

La salud del proletariado

En 1996 Robert G. Evans, Morris L. Barer y Theorore R. Marmor, con el título de “¿Por qué alguna gente está sana y otra no? Los determinantes de la salud de las poblaciones”, estudian la salud basada en el concepto de grupos sociales. Inician su libro respondiendo la pregunta de su título de la siguiente forma: “La gente que ocupa las posiciones sociales más altas vive más tiempo. Mientras tanto, además, disfruta de mejor salud”. En efecto, un importante número de estudios, en muchos países, ha mostrado la existencia de correlación entre la esperanza de vida y la frecuencia de otros indicadores de salud con indicadores de estatus social, como por ejemplo ingresos económicos, nivel educativo, ocupación, lugar de residencia, etc.

Pero en las reivindicaciones en materia de salud, las consignas han sido y son, de “más”. Más médicos, más enfermeros, más ambulatorios, más camas hospitalarias, más medicamentos, más, más, más… de lo mismo. En una concepción generalizada de que todos estamos enfermos y exigimos paliativos a nuestro estado.

Nadie habla de salud dentro del movimiento obrero organizado o del proletariado en general, solamente de enfermedad, aunque si alguien se atreve a preguntar a un facultativo la causa de la misma o su origen, la respuesta en la inmensa mayoría de los casos es de “etiología desconocida”, pues indagar el origen de la enfermedad del proletariado conlleva a poner en tela de juicio la totalidad del sistema capitalista.

Cierto es que existen voces, colectivas algunas de ellas, que denuncian el entramado de la llamada Big Pharma, otros colectivos denuncian las contaminaciones industriales y alimentarias, otros la corrupción de la OMS, y así tanto a nivel de nuestro país como a nivel internacional, pero todos ellos haciendo caso omiso de una visión global y la relación de la salud con la lucha de clases.

Desde una perspectiva comunista, con una visión de totalidad, deberíamos intentar, al lado de la denuncia, una propuesta de salud proletaria, lo cual debe significar el paso de la concepción enfermiza a la concepción de salud con lo cual la reivindicación no deba ser de más de lo mismo sino de algo cualitativamente distinto.

Ello debe significar una reapropiación de la autoestima personal del proletariado, que del mismo modo en que se le ha despojado de los saberes técnicos ya desde la llamada “organización científica del trabajo” de Taylor, se le ha despojado de la capacidad de conocimiento del propio cuerpo y mente, dejando estos a manos de “profesionales” desde el nacimiento hasta la muerte, convirtiendo al proletariado en una máquina de crear plusvalor, y convirtiendo la sanidad en el instrumento de reparación de la máquina para que pueda continuar su funcionamiento.

El consumo de antidepresivos en España no deja de aumentar. En diez años se ha disparado un 50 por cien, según indica el último Informe Anual del Sistema Nacional de Salud. En el año 2022, la dosis diaria definida de este tipo de fármacos fue de 98,8 por cada 1.000 habitantes (DHD), un aumento del 48.48 por cien con respecto a 2012, cuando la dosis diaria fue de 66,2. De acuerdo con el informe, el 34 por cien de la población padece algún problema de salud mental.

Y en la infancia y adolescencia (menores de 25 años), los problemas de salud mental más frecuentemente registrados son los trastornos de ansiedad, seguidos de los trastornos específicos del aprendizaje, aumentando entre 2019 y 2022 un 29,5 por cien, y un 26,6 por cien respectivamente (1).

No hay que buscar mucho para encontrar el origen de estas cifras de desequilibrios mentales, pues tienen un nombre: violencia de clase.

Y para enfrentar esta violencia hay personas, las hay, esparcidas en centros de trabajo, de estudio, o de residencia sin ninguna vinculación entre ellas. Tarea de los comunistas en el movimiento obrero ha de ser vincularlas entre ellas, organizarlas, formarlas para convertir dicha masa amorfa en una clase social capaz de resistir los embates del Imperialismo S.A., y avanzar hacia una nueva sociedad.

¿Qué hacer?

Consumo fármacos opioides en Receta Oficial+Mutuas DHD (Dosis Diarias Definidas por 1.000 habitantes y día 2010-2019 en España

Elaborar una propuesta que englobe los llamados “accidentes de trabajo” con su secuela de muertes e invalideces, los cuales debemos calificarlos como “violencia de clase”, junto a las distintas enfermedades derivadas de los ritmos de trabajo, de las contrataciones precarias, etc., así como la drogadicción derivada del trabajo (ejemplo de la pandemia de fentanilo, tramadol y otros opiáceos ingeridos para no perder una jornada de trabajo).

El capital y sus secuaces ya no recetan paliativos solamente a personas con graves enfermedades terminales, sino que recetan drogas para no interrumpir el ciclo de recomposición del capital (desde simples analgésicos hasta potentes opioides) sin contar la inmensa ingesta de antidepresivos, ansiolíticos, etc.

Pero además de intoxicar al proletariado para continuar produciendo plusvalía, pretenden condicionar cualquier atisbo de rebeldía desde la más tierna infancia mediante la drogadicción de las criaturas proletarias bajo el pretexto del TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad).

Debemos poner sobre la mesa la drogadicción de las criaturas así catalogadas y la responsabilidad de los funcionarios de la educación, de los padres y madres en la ingestión de metilfenidato y otras drogas.

Incremento del consumo de metilfenidato en niños y adolescentes (1992-2015)

Un elaborado informe publicado en el número 133 del volumen 38 de la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría titulado “Psicoestimulantes para el TDAH: análisis integral para una medicina basada en la prudencia”, en sus conclusiones establece que: “El TDAH se presenta como un fenómeno con prevalencia variable y consumo de fármacos creciente. La evolución de su constructo ha experimentado cambios sustanciales, permaneciendo desconocida su etiología. Los argumentos a favor de una hipótesis biológica son poco consistentes y, a falta de marcadores biológicos fiables, las escalas de síntomas no se correlacionan bien con la funcionalidad de los individuos. La terapia no farmacológica merece ser mejor investigada, destacando la terapia conductual por su potencial utilidad. Los medicamentos podrían aportar cierta eficacia en síntomas a corto plazo, sin garantía de mejora en variables relevantes a largo plazo. Crecen los tratamientos en población adulta y se reemplaza progresivamente el metilfenidato por la lisdexanfetamina. Destacan los efectos adversos cardiovasculares, psiquiátricos y endocrinos” (2).

En el libro “Niñ@s hiper”, el psicoanalista José Ramón Ubieto y el catedrático de Psicología Marino Pérez, denuncian que “los niños son movidos y poniendo una etiqueta de TDAH. En todo el movimiento infantil hemos hecho del TDAH una epidemia”.

En España más de 250.000 menores toman psicoestimulantes para combatir el TDAH, según los últimos estudios de prevalencia de ese trastorno en España del Instituto Nacional de Seguridad Social (datos del año 2019). La prescripción médica depende de los servicios de orientación y salud mental, quienes normalmente reciben un informe de la escuela en el que se describe un posible caso de TDAH.

Pero, tras la denuncia de ciertos profesionales, todo queda en un apartado de “irresponsabilidad profesional” sin establecer la ligazón con la situación estresante en la que se desarrolla la vida de los menores en los hogares proletarios, como consecuencia de la incapacidad e impotencia de los padres para enfrentarse al sistema, dada la desorganización y fragmentación y la inexistencia de una potente organización comunista que plantee un conjunto de medidas para restablecer la salud psico-física del proletariado.

Luchar por la salud del proletariado es también luchar por una cultura proletaria, alejada de la alienación del consumo superfluo, de los estándares implantados por el capital, cultura que debe englobar el conocimiento del propio cuerpo, de sus síntomas y signos, de saber a que responden, de hallar el responsable de los mismos y de combatirlo en una síntesis que englobe la lucha de clases por la realización de intereses inmediatos con los intereses fundamentales del proletariado.

Todo lo que hagamos en referencia a la salud del proletariado y su autoafirmación como sujetos de la historia, y no como simples objetos de la misma, será en ausencia de referentes actuales, por lo cual no debe preocuparnos si el camino es largo y cometemos errores. Pero es una tarea fundamental para los comunistas en el movimiento obrero, que va más allá de las consignas sindicalistas solamente centradas en el precio de la venta de la fuerza de trabajo.

(1) https://theobjective.com/sanidad/2024-08-06/consumo-antidepresivos-crece-ansiedad/
(2) https://dx.doi.org/10.4321/s0211-57352018000100016

Los ‘yihadistas moderados’ triunfan en Siria

Cuando en 2011 los imperialistas desataron la guerra contra Siria, Al Qaeda y el Califato Islámico eran una misma organización. El Frente Al Nosra se creó en enero de 2012 y Abu Bakr Al Baghdadi puso a Abu Mohammad Al Jolani al frente de la organización.

El verdadero nombre de Abu Muhammad Al Jolani es Ahmed Hussein Al Shara. Se lo cambió para denotar una supuesta procedencia de la región del Golán sirio (“Golani”), aunque nació en Riad en 1982, donde su padre trabajaba como ingeniero petrolero, y creció en los suburbios de Damasco.

Partió hacia Irak en 2003, unas semanas antes del inicio de la invasión estadounidense, y se unió a Al Qaeda. Fue detenido por la policía irakí y encarcelado en Camp Bucca, la prisión donde Baghdadi pasó varios meses encerrado.

Después de su liberación en 2008, regresó a Al Qaeda. En abril de 2013 se separaró cuando Baghdadi creó el Califato Islámico e intentó que Al Nosra se incorporara a sus filas, mientras Jolani quería mantener su propia autonomía dentro Siria.

Entonces Jolani anunció que Al Nosra era el verdadero representante de Al Qaeda. “Los hijos de Al Nusra juran lealtad al jeque Ayman Al Zawahiri”, dijo Jolani en un mensaje de vídeo en 2014, refiriéndose al entonces dirigente de Al Qaeda.

El objetivo inmediato de Al Nosra era derrocar al gobierno de Assad y establecer un régimen islámico en Siria bajo la sharia.

Desde su nacimiento, el Califato Islámico concentró los ataques de las potencias regionales, surgiendo el otro gran mito intoxicador de la Guerra de Siria: el de los “yihadistas moderados”.

Jolani supone mantener un perfil bajo y construyó su propio bastión en Idlib, donde se concentraron yihadistas de diferentes partes del país bajo la tutela de Turquía.

Uno de los grupos que se sumaron a Jolani fue el “Ejército Libre de Siria”, actualmente llamado “Ejército Nacional Sirio”, que había sido reclutado, financiado, organizado y entrenado por el gobierno de Ankara.

Con tantos componentes diferentes, la etiqueta “Al Nosra” acabó siendo una carga y comenzó otro baile de siglas. Primero fue Fateh Al Sham, que en 2017 se reconvirtió Hayat Tahrir Al Sham (HTS), declarando que había roto los vínculos con Al Qaeda.

Las nuevas siglas se convertían en políticamente correctas al declarar que no luchaban contra Occidente sino sólo contra el gobierno de Assad. “Nunca se permitirá que Siria sirva como plataforma de lanzamiento para ataques contra Occidente”, dijo en una entrevista de 2015.

“La solución es simple”, dijo en otra entrevista en febrero de 2021. “Tenemos que […] abordar las causas en lugar de los síntomas. La causa de este problema, de esta enorme catástrofe, es este régimen [el de Assad]. Una vez que él ya no esté allí, esa enorme catástrofe desaparecerá. Por lo tanto, el principal problema sería derrocar este régimen, ejercer presión para derrocarlo por cualquier medio posible”.

Los terroristas malos están en Gaza y los buenos en Damasco

Durante años Qatar financiació a Hamas por cuenta de Israel. El objetivo era separar a los palestinos de la OLP y dividirlos, como ya hemos explicado en entradas anteriores.

Todo fue bien hasta que, como suele ocurrir, la criatura se volvió contra su creador, un viraje que el año pasado condujo finalmente al ataque del 7 de octubre. Al enemistarse con Israel, Hamas dejó de ser lo que había sido para losmedios de intoxicación, convirtiéndose en los “terroristas” oficiales.

Durante este tiempo los financiadores, es decir Qatar, albergaban la oficina de dirección política del movimiento palestino y llevaban a cabo un papel de mediador entre ambas partes, Hamas e Israel, con un cierto éxito ya que lograron un alto el fuego temporal que permitió el intercambio de prisioneros.

terrorismo golani siria islamalgama

La noticia ha pasado desapercibida, pero la captura de Damasco por los terroristas se produjo al mismo tiempo que los ministros de Asuntos Exteriores de Rusia, Irán y Turquía se reunían en Qatar.

Simultáneamente a la reunión, Qatar cerraba las oficinas políticas de Hamas, o sea, que en Palestina se acabó la política; ya sólo queda el “terrorismo”.

Hay que dar por supuesto siempre que los “terroristas” son los palestinos, no los israelíes.

Como explicamos hace años en una entrada, la Guerra de Siria es -en parte- una guerra de gasoductos. Qatar y Europa pretenden de sustituir al gas ruso con una tubería que debería atravesar Siria hacia el Mediterráneo y Turquía.

El mundo se divide en “terroristas” buenos y malos desde que en los años ochenta del siglo pasado Estados Unidos apoyó a los talibanes para que lucharan contra la URSS. Fueron los buenos hasta que en 2001 el Séptimo de Caballería invadió el país para luchar contra ellos. Entonces se convirtieron en malos.

Ahora los terroristas buenos se han apoderado de Damasco y han dejado de ser terroristas. En 2017 Estados Unidos aún no había calificado a Mohammad Al Golani, el dirigente de HTS (“Hayat Tahrir Al Sham”), como el “terrorista bueno”, pero ya concede entrevistas a la cadena CNN y un periódico europeo lo califica de “pragmático”.

Hay que tener mucho cuidado con el lenguaje porque, como hemos repetido tantas veces, es un instrumento del imperialismo, lo mismo que los medios de comunicación que lo utilizan y lo retuercen.

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